viernes, 29 de agosto de 2014
Quo Vadis Argentina.
La Argentina está en un momento muy crítico, y no es solo por el problema del dólar blue, de la inflación, de la caída de la producción industrial y del consumo, la inseguridad, los fondos buitres o Griesa, existe un problema mucho más grave que es la base de todos los problemas que acontecen en este país, es la falta de un proyecto político a largo plazo y la falta de cuadros políticos dirigenciales que lo lleven a cabo.
En el modo capitalista de producción siempre han existido diferentes modelos de acumulación que pugnan en el marco de una estructura de gestión única, la democracia representativa.
Para que funcione este modelo de gestión del Estado es necesario que existan algunas condiciones importantes. Una de ellas es la división de poderes ejecutivo, legislativo y judicial.
El ejecutivo es siempre quien tiene a su cargo la gestión directa y las operaciones de sostenimiento del sistema. Así por ejemplo quien detenta este poder es el encargado de determinar políticas económicas, de sostener las funciones de seguridad, de salud, educación, asistencia social. Estas funciones no son en resguardo de los intereses del “pueblo” ya que el fin último del estado burgués es la defensa de los privilegios de clase de la burguesía, privilegios que se sostienen mediante la defensa de la propiedad privada de los medios de producción.
Ahora bien, en un Estado burgués no existe un interés único, la clase dominante que se encuentra dividida en diversos sectores definidos por la concentración del capital y la propiedad, tiene intereses muy distintos, y aunque tenga intereses estratégicos comunes a toda la clase (eso es lo que le da el carácter de clase única) tiene otros intereses específicos de cada sector que en determinados momentos adquieren la forma de antagonismos políticos muy fuertes. Cada uno de estos sectores de la clase dominante, tenía, en la teoría político económica clásica formas partidocráticas específicas.
En Argentina de los años setenta existían partidos burgueses con representaciones más o menos nítidas, el peronismo y el radicalismo referenciaban a sectores de la burguesía media, mientras que la gran burguesía financiera industrial, comercial y agraria que desde el siglo XIX había sido incapaz de construir una fuerza que pugnara en la arena política (democracia burguesa) por acaudillar a los demás sectores subordinados a ella, buscaba atajos para imponer sus planes de dominación.
Es por ello que el rol político de construcción de hegemonía de este sector estuvo residente desde el golpe de 1930 en las fuerzas armadas.
El llamado partido militar sería el encargado en lograr el control del Estado mediante golpes militares para poner en marcha estrategias de acumulación que favorecieran a la gran burguesía.
Entre 1930 y 1984 el Estado argentino sería sucesivamente cooptado por gobiernos surgidos de las urnas y dictaduras militares que interrumpían los procesos democráticos burgueses.
Si analizamos los planes económicos y sociales de estos diferentes tipos de gobierno veremos que mientras los militares conculcaban los derechos civiles y democráticos de los trabajadores y de la pequeña y mediana burguesía favoreciendo el interés de la gran burguesía, los gobiernos surgidos de las urnas (Irigoyen, Alvear, Perón, Frondizi, Illia, etc.) desarrollaban políticas que favorecían mayoritariamente a los sectores menos concentrados del capital.
Mientras los gobiernos militares abrían las fronteras aduaneras para el ingreso de capitales especuladores y financieros, favorecían las exportaciones del agro, impulsaban la concentración financiera e industrial, desarrollaban políticas orientadas a conculcar derechos laborales, etc., los gobiernos “democráticos” desarrollaban políticas orientadas a crear mayores espacios de acumulación basados en el mercado interno, favoreciendo los derechos laborales y creando sistemas de asistencia social y sanitaria que beneficiaban fundamentalmente a los trabajadores.
Para poder visualizar esta dicotomía entre las políticas de los diferentes gobiernos observemos el artículo 14 bis de la constitución, la creación del INTI, el INTA, el CONICET, y de tantos organicismos de ciencia y tecnología, los programas económicos orientados a favorecer el desarrollo de las pequeñas y medianas empresas, las políticas salariales expansivas, el aumento del consumo y de la inclusión social, el desarrollo de planes de vivienda, la creación de organismos de control de las exportaciones como la Junta Nacional de Granos, el IAPI y tantos otros, las medidas de protección a la industria local, etc.
Todo lo que lograba la alianza de la mediana burguesía con la pequeña burguesía y los trabajadores, todas las leyes que favorecían a los sectores más vulnerables de la sociedad, eran sistemáticamente destituidas por los gobiernos militares que en nombre de supuestas revoluciones nacionales avanzaban en la aplicación de políticas orientadas a saquear a los sectores populares.
En este proceso de la historia argentina existen algunos momentos clave, uno de ellos es la emergencia de sectores revolucionarios que en los sesenta y los setenta rompen con las viejas estructuras de la izquierda argentina (Partido Comunista y Partido Socialista) y redefinen el camino a la sociedad socialista, aparecen así las organizaciones que retomando algunas estrategias y definiciones clásicas del marxismo comienzan a plantear la necesidad de cambiar la estructuras capitalistas de dominación mediante revoluciones violentas que se basaban en proyectos de guerra de guerrillas o insurrecciones armadas.
En la primera etapa de este proceso, el viejo líder carismático de la Argentina, Perón, apoya a parte de estos sectores y también preconiza la violencia como instrumento de cambio (recuérdese aquello de la violencia de los de abajo la genera la violencia de los de arriba, el apoyo a la juventud maravillosa encarnada en Montoneros, el ascenso de Galimberti en el aparato político del peronismo, etc.), pero cuando la burguesía observó que el desarrollo de estos sectores de izquierda revolucionaria impactaba más allá de la universidad, penetrando en organizaciones gremiales, sociales, comunitarias, comenzó un lento desplazamiento hacia políticas represivas cada vez más duras. No es necesario recordar lo que fue el genocidio entre 1974 y 1984 con un saldo de 30.000 desaparecidos y con la destrucción económica y productiva del país con las políticas neoliberales de los militares,
Y acá surge un segundo llamado de atención de la sociedad argentina. Si la izquierda era peligrosa para el desarrollo de los negocios, lo militares condujeron al país al desastre de manera sistemática, lo cual los hacía más peligrosos para el desarrollo de los negocios.
Es por ello que en 1984, luego del desastre bélico de Malvinas y con un país quebrado económica y socialmente, la burguesía decide ensayar un nuevo experimento político de democracia representativa parlamentaria.
La gran burguesía decide tratar de crear un partido de derecha que la represente y la estructura tuvo el nombre de Nueva Fuerza al mando de Alvaro Alsogaray. Pero nuevamente la gran burguesía constató que cuando sus intereses económicos se traducían en políticas, no generan consenso en los sectores más débiles de la sociedad, es por ello que la siguiente estrategia fue la de infiltrar a los partidos que tradicionalmente habían representado intereses sustancialmente diferentes a los de la gran burguesía.
Este experimento es el que encarna Carlos Menem, quien llegando al poder de la mano de los sectores populares, pone en marcha un plan económico neoliberal que defiende los intereses de aquel sector que en la campaña electoral decía combatir.
El menemismo repite y profundiza las políticas conservadoras y hambreadoras de las dictaduras, y los resultados están a la vista.
En la crisis del 2001 cuando se agota el ciclo neoliberal hay en la argentina más del 60% de podres y más del 20% de indigentes, la industria local estaba desmantelada, y los únicos sectores beneficiados por el menemismo y el delarruismo eran el capital financiero e industrial concentrado y los sectores más concentrados del agro representados en la Sociedad Rural, las CRA, etc.
La derecha argentina aprendió del proceso democrático que no se logra consenso político sino se muestra una sensibilidad hacia los pesares de los sectores más vulnerables de la sociedad, abandonó el rígido modelo de pensar basado en la libertad de mercado (o por lo menos no lo defiende en público) y se montó en relatos que ponen de manifiesto la necesidad de terminar con la pobreza, y atender a los reclamos de los más necesitados.
También ponderó el valor de los medios de comunicación como instrumentos de lucha política y herramienta de construcción de imaginarios colectivos nuevos.
Surge la idea del político como tecnócrata, calificado para gestionar el Estado, y omnipresente en los medios de comunicación amigos.
Se toman reivindicaciones que basadas en datos existentes son artificialmente creadas por los medios como la inseguridad, la corrupción, la inflación, etc.
La base de los discursos de la nueva derecha argentina es no decir nada que manifieste sus reales intereses, montarse sobre la agitación de la emotividad que realizan los medios sobre temas como los enunciados más arriba y no definir, no ya un plan de gobierno, sino ni siquiera medidas económicas aisladas.
De lo que se trata es de denostar permanentemente todas las medidas de gobierno, estar en contra de todo, sostener que todo se hace mal, pero sin proponer nada a cambio, sin decir como harían desde su óptica lo que dicen que está mal.
Piense el lector, un gobierno que hizo todo mal (cosa que no es así como lo hemos dicho desde estas páginas hasta el cansancio) se podría haber sostenido durante doce años, o la república estaría actualmente en una quiebra total.
Esto lleva a que la oposición, herramienta fundamental de gestión de la democracia representativa, no exista, por lo menos en términos de propuesta, y que actúe permanentemente de manera irresponsable, farandulesca e hipócrita.
La falta de una democracia representativa legítima, basada en el juego electoral de recambios periódicos, de debate político y de gestión conjunta entre quienes gobiernan y quienes se oponen es una de las mayores dificultades del sistema político argentino y un peligroso camino que nos puede conducir al desastre.
Hasta la próxima.
domingo, 17 de agosto de 2014
Los pibes chorros.
Desde hace mucho tiempo la sociedad se siente conmovida por la inseguridad. Es un tema que viene de lejos, tan lejos como la sociedad de clases.
La existencia del delito esta intrínsecamente ligada a la división de la sociedad en clases poseedoras y clases desposeídas.
Cuando uno escucha en la televisión un reportaje a un joven que se define como un pibe chorro y presta atención a la profundidad de su pensamiento, no puede menos que admirarse de como ese joven, que tiene poco recorrido por el sistema educativo formal, puede enunciar tan claramente la problemática de los marginados sociales.
El joven dice, “un pibe chorro cuando sale a robar sale a recuperar lo que el porvenir le va a negar siempre”, e inmediatamente agrega, los pibes chorros no sienten que están robando, sus códigos morales son diferentes.
Pensemos en un joven que cuando camina por las calles la gente lo esquiva como a ropa con piojos por ser “negrito” que en un país que como Argentina, donde no hay negros, tiene tal condición el que tiene la piel un poco más oscurita que el resto, o se viste con un look particular, vaqueros buzo con capucha y gorrita, lo cual hace que lo denominen como “gorrita”, que en la etimología de la clase media refiere al que sale a robar, el enemigo.
Ese “gorrita” como dicen las señoras gordas que se sientan a tomar el té en la calle Florida, es alguien a quien el sistema le robó el futuro, lo despojó hasta de la más remota ilusión de tener una vida decorosa, donde pueda disfrutar de todo lo que la ciencia y la tecnología ha creado para el hombre y que la publicidad inunda el psiquismo con sus anuncios permanentes tales como “si querés tener un estilo de vida (burgués y opulento) debes tomar Gancia.
Ese pibe chorro ha sido condenado mucho antes que la justicia de su fallo, y la condena es anterior a su nacimiento, y es una condena despiadada que lo envía de por vida a estar sumergido en la miseria y el abandono de una villa de emergencia, en una casa hecha con chapas o cartones, sufriendo frio en invierno y terribles calores en el verano.
Es ese mismo sujeto que el taxista nos dice “estos tipos están como están porque son vagos, no les gusta trabajar, el gobierno les regala todo, se cuelgan de la luz, no pagan el agua, no pagan impuestos y tienen LCD y equipos de música en sus ranchos”, claro que cuando le preguntamos al taxista, y porque no te vas a vivir vos a una villa si es tan lindo, levanta la música y se va por la tangente del silencio.
Decíamos que la sociedad de clases es una sociedad injusta, en la que unos viven en la opulencia y lo muestran y otros a veces no tienen ni para comer. Pero los primeros necesitan que alguien les limpie la mierda en sus casas y en la ciudad, necesitan ver que alguien es miserable para gozar de su misérrimo bienestar de clase media. Necesitan que los pobres hagan esos trabajos que ellos consideran degradantes y que además lo hagan por sumas miserables, y entonces sí, un pobre que se somete, que opera como el esclavo en Roma o Atenas, haciendo los llamados por los griegos trabajo corruptos, que ellos no quieren ni por asomo realizar, será un ciudadano honesto. Pero si ese pobre se revela, con las armas que tiene y sale a arrebatar, a cortar calles, etc., entonces es un “negro de mierda” delincuente que hay que sacar de la vista y hundirlo en las cárceles.
Es cierto que en todas las sociedades de clases existieron pobres y ricos, pero el capitalismo ha exacerbado esas diferencias, ha llevado hasta el paroxismo la acumulación de bienes en manos de unos pocos (según algunas estadísticas el 1% de la población mundial es propietaria del 40% de todos los bienes que hay en el planeta) mientras que la inmensa mayoría se debate por lograr una comida diaria y trabaja por un dólar diario en condiciones miserables.
La derecha política y económica arremete contra el gobierno acusándolo de la inseguridad, las clases medias acompañan ese movimiento especulativo y falaz con movilizaciones en las que claman por seguridad y contra la corrupción.
Existen una serie de inexactitudes en este discurso, la primero y la más flagrante es que para algún sector de la sociedad argentina, sobre todo los que se encuentran dentro de la General Paz, pareciera que la inseguridad, como la inflación, la corrupción, son males de este gobierno, son males kirschneristas.
Olvidó muy rápidamente los crímenes atroces de la dictadura, que asesinó a miles de militantes populares y olvidó la corrupción de muchos de los economistas neoliberales que saquearon al país para beneficiar a los grandes bancos (principalmente extranjeros) a los grupos económicos concentrados (como Tetchin, Loma Negra, Clarín, La Nación, etc.).
Olvidó cuando veía a Neustadt y Grondona alabando al presidente privatizador que entrego el patrimonio nacional, destruyó la infraestructura ferroviaria, rifó el futuro de los jubilados con el negocio nefasto y fraudulento de las AFJP.
Tanto durante la dictadura, como durante el menemato, esa clase media que hoy ataca al gobierno y clama por inseguridad y repudia la corrupción, fue cómplice de los desmadres de estos gobiernos disfrutando de la plata dulce, del deme dos que caracterizó a los argentinos en Miami, mientras los neoliberales destruían la industria, llevaban la inflación a las nubes y condenaban a la más abyecta miseria a miles de argentinos.
La clase media reaccionaria argentina es muy desmemoriada (tanto que pareciera que tiene algunos síntomas de Alzheimer) se ha olvidado del año 2001 cuando fierros y cacerolas en mano arremetía contra los frontispicios de los bancos al grito de que le devuelvan sus ahorros en tiempos de Cavallo y el corralito. Ya no recuerda cuando arremete contra los piqueteros en nombre de su libertad de circulación, pidiendo que la justicia los penalice, la famosa consigna “Piquetes, cacerolas, la lucha es una sola”.
El problema para estos sectores ideológicos que son portadores de un pensamiento simplista y que vociferan consignas al compás de las melodías reaccionarias que entonan los periodistas Lanata, Bonelli, Van Der Kooy, y algunos intelectuales que desde la izquierda han virado a posiciones discriminatorias y reaccionarias como Beatriz Sarlo, Martín Caparrós, Ernesto Tenenbaum, y tantos otros que han descubierto que el campo (la Sociedad Rural, las Confederaciones Rurales, etc.) es revolucionarias, y que lo hacen para tener la miserable popularidad de unos minutos en pantalla que satisface su egolatrismo y los conduce a su bancarrota ideológica.
Lo más peligroso fue cuando esta clase media, en el más claro sentido de violencia nazi salió a linchar delincuentes, como si los males del país lo ocasionaran unos pocos jóvenes que salen a buscar la vida con el robo, el arrebato, las salideras, etc.
La violencia que existe en Argentina es el producto de las campañas negativas de los medios de comunicación concentrados que estimulan a la gente a pensar que se está matando una persona por metro cuadrado cada minuto, cuando la realidad no es esa, ya que la violencia “criminal” en nuestro país es la más baja de América Latina y casi a los mismos niveles que la de EE.UU y Canadá.
Cuando una sociedad promociona como sus valores más importantes el éxito basado en la posesión de cuerpos definidos por esa misma sociedad como ideales (llevando a las mujeres a atentar contra su salud para poseer esas lolas y colas que son la autopista rápida al triunfo,) , cuando una sociedad es indiferentes a la miseria de unos a costa de la opulencia de otros y naturaliza la existencia de la villa 31 junto a las fastuosas torres y edificios de Puerto Madero, cuando una sociedad insulta sin conocer a ciudadanos que bregan por la igualdad (como los porteños que hablan de esa “negra ladrona y corrupta de Milagros Salas sin conocerla, ni a ella, ni a su manera de pensar, ni a su obra) cuando hemos caído tan bajo para pensar que el delito y la inseguridad se resuelve con códigos penales más duros (cuando todos los datos científicos demuestran que en los países que tienen la más dura de las penas, la pena de muerte, el delito y la inseguridad, además de no decrecer, se expande a ritmo acelerado), cuando una sociedad se hace la distraída y mira para otro lado cuando economistas, periodistas, políticos, militares, religiosos, etc., que participaron en actos de corrupción y vandalismo a lo largo de toda su historia, está condenada a sufrir los mismos horrores una y otra vez.
Si no ejercemos la memoria, el pensamiento crítico, como en España y muchos países europeos volverán los días de desocupación, la explotación y la miseria, volverán los descuentos a jubilados, la flexibilización laboral, la entrega de las empresas nacionales, la soberbia y el maltrato de las patronales capitalistas amparadas por la impunidad.
No nos equivoquemos, la inseguridad no es que un “gorrita” (como dicen los burgueses reaccionarios) nos arrebate la cartera con unos miserables pesos, la inseguridad es la que espera a todos los trabajadores cuando la derecha se adueñe del estado y se lance voraz a arrebatar a los trabajadores lo poco que tienen.
Son tiempos de cambio, y como todos los tiempos de cambio, los reaccionarios conspiran desde sus madrigueras de las manos de sus comunicadores favoritos, sus empleados del mes.
Hasta la próxima.
jueves, 14 de agosto de 2014
La patología del Nazareno.
En primer lugar quiero aclarar que estas ideas se vierten en el marco del más profundo respeto por los creyentes y sus creencias y no significan ningún menoscabo de la figura histórica del Nazareno como sujeto histórico social y de su importancia en el desarrollo de la humanidad.
Muy lejos de mi intención está atacar a las creencias religiosas, a los creyentes o a sus iglesias.
Dicho esto creo que es necesario ayudar a la lectura del neófito en cuestiones de Psiquiatría. Comenzaré con la explicitación de algunos términos consensuados (en mayor o menor medida) por la comunidad científica en el campo de la Psicología y la Psiquiatría.
En primer lugar deseo hacer una aproximación al concepto de Psicosis. Se trata de una patología psíquica caracterizada por la presencia de delirios y las alucinaciones. Es un concepto genérico que incluye enfermedades tales como la paranoia y la esquizofrenia, y que está vinculado a la pérdida de contacto con la realidad.
El psicótico, podríamos decir, se caracteriza por una alteración global de la personalidad que se ve acompañada de un trastorno grave del sentido de la realidad.
En general, en Psiquiatría y Psicología se la considera como un estado psíquico descripto como una escisión de la personalidad o pérdida de contacto con la realidad.
Las personas que padecen trastornos psicóticos pueden presentar alucinaciones o delirios y pueden exhibir cambios en su personalidad y pensamiento desorganizado. Estos síntomas pueden ser acompañados por un comportamiento inusual o extraño, así como por dificultad para interactuar socialmente y la incapacidad para llevar a cabo actividades de la vida diaria.
Las personas que son diagnosticadas clínicamente como psicóticas pueden estar teniendo simplemente experiencias particularmente intensas o angustiantes
Los trastornos psicóticos son trastornos mentales graves que causan ideas y percepciones anormales. Las personas con psicosis, como hemos dicho pierden el contacto con la realidad.
Dos de los síntomas principales que presentan estas personas son delirios y alucinaciones. Los delirios son falsas creencias, por ejemplo creer que uno es el elegido por Dios.
Las alucinaciones son percepciones falsas, como escuchar, ver o sentir algo que no existe.
Como vemos los delirios y las alucinaciones constituyen dos de los síntomas más importantes de la Psicosis.
El delirio es un estado psíquico caracterizado por la presencia de una gran excitación e intranquilidad, desorden de las ideas y alucinaciones. También puede decirse que constituye un dicho o hecho disparatado, insensato o carente de sentido común.
Etimológicamente proviene del término latino "de-lirare" que significa salir del surco al labrar la tierra. Desde este lugar etimológico la palabra migró al campo psíquico para significar la creencia que "se sale" de la norma establecida por el grupo de pertenencia social. En psiquiatría, implica que la creencia es patológica. Como patología, es distinta de una creencia basada en información falsa o incompleta o de ciertos efectos de la percepción como son llamados, más precisamente, apercepción o ilusión.
El delirio, o idea delirante, debe cumplir varios requisitos:
• ser una idea firmemente sostenida pero con fundamentos lógicos inadecuados.
• ser incorregible con la experiencia o con la demostración de su imposibilidad.
• ser inadecuada para el contexto cultural del sujeto que la sostiene.
En cambio la alucinación es una percepción de imagen, objeto o un estímulo exterior inexistentes que son considerados como reales. Una alucinación es una percepción que no corresponde a ningún estímulo físico externo. Sin embargo, la persona vivencia esa percepción como real. Por ello, la alucinación es considerada como una seudo-percepción dada la ausencia de un estímulo externo. Es distinta de la ilusión, que es una percepción distorsionada de un estímulo que existe efectivamente. Las alucinaciones pueden ocurrir en cualquier modalidad sensorial - visual, auditiva, olfativa, gustativa, táctil, proprioceptiva, equilibrioceptiva, nociceptiva, termoceptiva o varias mezcladas. El primer científico que habló de ellas fue Jean Étienne Dominique Esquirol, el primer psiquiatra que utilizó el término con su significado actual en la década de 1830, si bien se empleaba desde el siglo XVI para designar a una mente divagante.
Hay estudios que muestran que las experiencias alucinatorias son comunes en la población en general. En EE.UU. cerca del 10% de la población experimenta alucinaciones leves o sutiles. En una encuesta reciente, realizada a 13.000 personas, un 39% de las mismas afirmaron experimentar experiencias alucinatorias vívidas y severas, no necesariamente vinculadas con el uso de drogas. Las alucinaciones acústicas o auditivas también existen.
Existen diferentes aproximaciones teóricas a la causa de las alucinaciones pero no es el propósito de este artículo avanzar en este sentido.
Establecidos los términos de referencia quiero realizar un primer abordaje, somero, de la figura del Nazareno.
Como es sabido el mito nos habla de una persona real y concreta que nació y vivió en un lugar cercano a Jerusalén bajo el imperio romano, en tiempos de los emperadores Octavio Augustus y Tiberio. En ese momento Israel estaba bajo el dominio de los romanos pero contaba con un monarca propio y una cierta autonomía, el monarca era Herodes el Grande, tristemente famoso por la matanza de los inocentes.
Este judío, hijo de un carpintero, José, y un ama de casa María, creció en un hogar judío de escasos recursos.
Aunque no voy a hacer una biografía, porque interesa más ver cuáles eran las características del psiquismo del Nazareno, es interesante saber que de su infancia se conoce muy poco y que desde muy joven comenzó con su prédica.
Más allá de los contenidos innovadores que su prédica tenía frente a los anquilosados contenidos del judaísmo clásico, y sus contenidos que se relacionaban con la necesidad de una reivindicación de los pobres a quienes dirigía sus palabras, poco es lo que se sabe realmente sobre cuál era su dogma, ya que el nuevo evangelio fue escrito por personas que como Lucas, no participaron de los eventos que se sucedieron durante la vida del Nazareno y sus relatos refieren lo que otros apóstoles, como Pablo recordaban de esos hechos.
Si se sabe que a su muerte muchos de sus discípulos se continuaron considerando judíos y predicaban en las comunidades judías, asistían a las sinagogas y disputaban con los religiosos judíos el carácter sagrado del Mesías.
Lo importante es que el nazareno se creía el hijo de Dios, y que su misión en la tierra era crear las condiciones para la expansión de la palabra de su “Padre”.
El afirmaba que hablaba con su padre y con otros seres fantásticos como Satanás, recuérdese el relato de los cuarenta días que el mito dice que pasó en el desierto. En las crónicas cristianas se asevera que el nazareno habló con Dios y con Satanás que repetidamente lo tentó para que pecara.
Las crónicas aseveran que el Nazareno realizó acciones sobrenaturales como resucitar muertos, reproducir panes, curar enfermos, etc. Sus discípulos también practicaban esta suerte de sanación por el espíritu y la Fé.
Es que en esa época se creía que la enfermedad era consecuencia de un espíritu que había sido ganado por el mal y por lo tanto tener fe en Dios y cumplir con sus mandatos llevaba a la sanación.
Este modelo de actitud religiosa se mantiene en la actualidad mediante los llamados curas sanadores, o en otras formas de cristianismo que aseguran realizar milagros con sus creyentes enfermos.
La que sí se puede intuir del Nazareno es que además de ser un brillante orador, tenía un gran poder de seducción y ante un auditorio básicamente analfabeto y supersticioso hacía “milagros” que luego eran contados y agrandados por sus seguidores.
Era un predicador que no tenía un cuerpo teórico para predicar, más bien se apoyaba en los elementos centrales de su religión, el judaísmo, y a partir de allí formulaba nuevos caminos que conducirían a la verdadera fe, pero sin abandonar su calidad de judío.
Recuérdese que el “Mesías” es una figura muy anunciada en la religión de los judíos.
Por lo tanto, el Nazareno, además de creer en un ser inexistente (Dios) afirmaba ser su hijo, enviado por este para redimir a su pueblo.
En la psiquis del Nazareno encontramos los dos elementos de las psicosis, un contenido delirante que lo lleva a creer que es el hijo de Dios, contenido que en ningún momento puede ser comprobable, ya que cree ser el hijo de una entidad inexistente que nunca se ha manifestado ante los humanos, más allá de los mitos y fabulaciones religiosas.
Pero a la vez en los relatos aparece la presencia de alucinaciones, él está convencido que es el hijo de Dios y además en su estada en el desierto, por ejemplo, afirma haber visto a su padre y haber sido tentado por el demonio.
Se trata pues de una persona que padecía severos trastornos psicóticos con delirios y alucinaciones. Lo interesante es que convenció a un puñado de discípulos que a su muerte se desparramaron por el mundo antiguo llevando lo que suponían era la palabra de Dios y que lentamente fueron construyendo los contenidos de una nueva fe y separándose de la religión judía, al punto de que hoy ningún cristiano reconoce su origen judío.
El hombre necesita de la religión, y en artículos anteriores hemos fundamentado esta opinión, y por eso desde su más temprana infancia histórica comenzó a construir mitos y dioses, politeístas, monoteístas, etc., lo real es que el Nazareno fue capaz de formar un equipo de hombres que divulgaron su pensamiento religioso convencidos de que era el hijo de Dios, así como Mahoma fue capaz de comenzar a construir el islamismo, Buda el budismo, y tantas otras religiones.
El cristianismo tuvo la sagacidad de incorporarse a la superestructura de la sociedad antigua y constituirse en una religión de estado en occidente, creando una institución tan sólida como represiva que sirvió a los largo de casi dos mil años a los planes de dominación de las clases privilegiadas de la sociedad humana.
Sin embargo debemos tener en cuenta que el cristianismo es aún una religión joven, otras creencias duraron mucho más tiempo que él, algunos dioses Romanos y Griegos superaron ampliamente los dos mil años y luego sucumbieron al tiempo, implacable enemigo de todas las creencias.
Hasta la próxima.-
sábado, 26 de julio de 2014
La religión como alucinación y estructura de poder.
Partamos de un hecho concreto, que Dios no existe. La inexistencia de Dios ha sido demostrada hasta el hartazgo por diferentes científicos ateístas,
La primera premisa que vamos a tener en cuenta es que Dios es una creación del hombre, y no al revés, que el hombre es una creación de Dios como pretenden las diferentes religiones. Por lo tanto la expresión bíblica “Dios creó al Hombre a su imagen y semejanza”, debe reformularse con otra que diga “El hombre creó a Dios a su imagen y semejanza”.
Esta científicamente demostrado por las teorías evolucionistas que el Universo es el producto del Big Bang o gran explosión inicial, de una masa concentrada que existía antes de la explosión. Luego de la gran explosión, el universo comenzó a expandirse, del polvo cósmico fueron surgiendo los planetas, estrellas, satélites, etc.
En nuestro planeta, como posiblemente en otros planetas del universo, por la conjugación fortuita (recordemos que Engels había dicho en el siglo XIX que el azar, la casualidad, o lo fortuito es aquello cuyas causas desconocemos) de diversos factores, se desarrollaron condiciones para la vida orgánica, y de aquél primer micro organismo simple surgieron diferentes formas de vida que se fueron complejizando hasta llegar al homo sapiens.
No tengo pensado desarrollar la teoría evolucionista, solo me interesa indicar que el conocimiento científico demuestra a través de diversas disciplinas como la naturaleza es una autocreación, sin necesidad de la intervención de ninguna fuerza externa a ella, por decirlo de alguna manera, la naturaleza es un sistema autopoiético que se desenvuelve dentro de sus límites de operación.
Es importante esta aclaración porque, desde tiempos cercanos a los comienzos de la aparición de la especie humana en la tierra, nuestros ancestros se han formulado la pregunta por el origen.
Existen dos preguntas que no tienen respuesta, por lo menos en el terreno de lo científico, la primera es la que indicamos arriba, la pregunta por el origen, la segunda es la pregunta por el más allá de la vida individual.
Estas preguntas están presentes en las culturas de la antigüedad, y al día de hoy, los seres humanos continuamos formulándonos los mismos interrogantes.
Por este agujero negro del conocimiento humano, que no es infinito, sino que tiene límites, es por donde se cuela el pensamiento religioso.
La angustia frente a la muerte, y la imposibilidad de conocer el origen hasta sus últimas consecuencias, han desvelado a nuestros ancestros y continúan desvelándonos a nosotros.
Para poder soportar la angustia, fue necesario buscar explicaciones, y allí surgen los mitos religiosos.
El mito, palabra que proviene del griego mythos es un relato de hechos maravillosos cuyos protagonistas son personajes sobrenaturales (dioses, monstruos) o extraordinarios (héroes). Los mitos forman parte del sistema religioso y de la cultura. Según Levi Strauss el mito tienen tres atributos: 1) se trata de una pregunta existencial, 2) está constituido por contrarios irreconciliables y 3) proporciona la reconciliación de esos polos para poner fin a la angustia.
Desde mi modesta opinión, los mitos son relatos fundamentales en cualquier sistema religioso (monoteísmo, politeísmo, etc.) porque permiten explicar aquello que no resiste el análisis racional. El mito no es ni verdadero, ni falso, el mito es, y se despliega como un relato que solo puede ser aceptado o rechazado, según el observador este dentro o fuera del campo de visualización de la creencia.
Los antiguos respondían al interrogante del origen con un mito, por ejemplo el mito de Prometeo encadenado que relata Esquilo, o los diversos mitos que encontramos en el origen de las diferentes culturas.
El mito moderno es la existencia de Dios, si no podemos explicar el origen, situemos algún ser sobrenatural que es quién ha creado todo lo existente.
Dios, o los dioses, constituyen la manera en que las diferentes culturas enhebraron sus creencias y sus conocimientos para explicar aquello que no conocían y que para comprenderlo no contaban con las herramientas de conocimiento necesarias.
Todo creyente, para fundamentar la existencia de Dios, lo que hace es preguntar por el antes, de manera que en la cadena explicatorio lleguemos a un punto ciego, donde el creyente nos dirá, ves antes estuvo Dios, y cuando nosotros preguntemos ¿y antes de Dios que hubo?, nos responderá, Dios es eterno, antes de Él no hubo nada, una respuesta que no explica nada, ya que el no creyente podría decir que la Naturaleza es eterna y tendría el mismo viso de veracidad.
La siguiente pregunta que debemos formularnos es ¿los humanos siempre tuvimos creencias religiosas?
La arqueología tiene una respuesta negativa para este interrogante. Los estudios arqueológicos sobre los restos humanos prehistóricos demuestras que la costumbre de sepultar a los muertos primero y con enseres y armas después no fue una costumbre que existió siempre, se han encontrado restos de seres humanos que simplemente quedaron tapados por sedimentación. ¿Que nos demuestra esto?, que la humanidad tuvo un período pre-religioso, un período en el cual los hombres no se preguntaban por el mas allá o por el origen, en el cual no enterraban a los muertos, simplemente los dejaban tirados, como ocurre en el caso de las diferentes especies animales.
El desarrollo de la conciencia religiosa tiene que ver con la evolución humana. En la medida en que el ser humano comienza a dejar de ser un mero recolector o depredador y empieza a poder sintetizar nuevos conocimientos que le permiten desarrollar herramientas y armas, en su cerebro se va produciendo una profunda metamorfosis que da lugar a las diferentes áreas especializadas de su arquitectura neuronal, generando redes neurosemánticas que le permiten componer objetos abstractos y complejos.
La idea de Dios, o de los dioses es uno de esos objetos.
Si analizamos las diferentes configuraciones imaginarias de las religiones podemos ver que si bien no existe un recorrido lineal, en la historia el hombre fue desplazando sus ideas religiosas de objetos más o menos sobrenaturales, fantásticos y múltiples a un Dios único con forma humana.
Ese Dios, como corresponde a una sociedad patriarcal como lo es la hebrea, necesariamente tenía que ser hombre, no podía ser mujer en tanto las mujeres eran en las sociedades antiguas sujetos de segundo orden sin derechos políticos o patrimoniales.
Luego devino la construcción de los relatos sistematizados. Esa construcción tiene que ver con la estructuración de las clases sociales en la sociedad humana y el paso del derecho materno al derecho paterno consolidando el patriarcalismo como forma de organización social, la aparición de la monogamia y por lo tanto de un modelo de familia, y el comienzo de la acumulación primitiva que por vía de la herencia fortalece la división de la sociedad en clases opresoras y clases oprimidas.
Al dividirse la sociedad en clases y estamentos comienzan a cristalizarse en ella los diferentes grupos sociales (militares, religiosos, trabajadores, esclavos, extranjeros. etc.) con el crecimiento de la desigualdad entre los componentes de la sociedad, desigualdad que se extenderá a los descendientes de esos mismos grupos sociales.
En las sociedades primitivas existen una serie de actores tradicionales que ejercen el poder y gozan de privilegios, los militares, los sacerdotes, los nobles o patricios. Generalmente eran personas vinculadas a los fundadores originarios de los clanes donde el poder se había distribuido de manera no uniforme según el grado de influencia de cada grupo social.
Uno de los grupos con mayor grado de influencia lo constituyeron los religiosos, encargados de sostener y a acrecentar el poder por vía del convencimiento de los explotados y oprimidos de la inevitabilidad de su destino y la esperanza de una vida mejor mas allá de la muerte.
Mao Tse Tung, dijo una vez que con las bayonetas se puede hacer cualquier cosa menos sentarse sobre ellas, y este pensamiento es la síntesis de lo que los sectores dominantes de la sociedad han aprendido a lo largo de miles de años de desarrollo social inequitativo.
El dominio no podía sustentarse sobre la exclusiva posesión del poder militar, porque los esclavos que ocupaban todos los niveles de la vida cotidiana se convirtieron en ejércitos de oprimidos que podían revelarse en cualquier momento.
El pensamiento religioso que había surgido como una necesidad de enfrentar el miedo y la angustia que dominaban la existencia de los seres primitivos ante la inmensidad de fuerzas desconocidas que los amenazaban (los truenos, rayos, volcanes, maremotos) y frente a la ansiedad por el futuro, no terrenal, sino más allá de la propia vida, rápidamente se evidenció como una herramienta de control social, que se fue diseminando por el tejido societal y más tarde o más temprano terminó controlando todos los aspectos de la vida humana (sexualidad, libertad, formas de pensamiento, etc. .)
Los enunciadores de estas verdades inmutables eran los religiosos, aquellos que poseían ese supuesto saber sobre los dioses y sus designios. Ellos pasaron a ser los interlocutores de esos dioses construidos por ellos mismos y a la vez se constituyeron en el estamento más “ilustrado” de la sociedad.
Fueron los encargados de explicar porque los dioses se comunicaban solo con este sector social, crearon los instrumentos de ejercicio de su poder y de los estamentos privilegiados de la sociedad, en una palabra fueron los constructores privilegiados de la superestructura de dominación social.
Así a lo largo de muchas generaciones fueron capaces de producir intelectualmente los instrumentos que garantizaron el sometimiento de la masa social a unos poco privilegiados.
Estos instrumentos, con el paso del tiempo ganaron en sofisticación y capacidad de penetración en las mentes primitivas.
Muchas veces constituyeron relatos infantiles que se combinaban con producciones intelectuales complejas, de ello dan cuenta tanto el Corán de los musulmanes como la Biblia de los cristianos.
Libros que supuestamente expresan la palabra de un Dios, pero que fueron escritos por hombres de carne y hueso como nosotros.
En mi próxima entrada desarrollare misa ideas sobre el carácter alucinatorio de la religión.
Hasta la próxima
jueves, 17 de julio de 2014
Universidad, academia y conflicto docente.
viernes, 4 de julio de 2014
Sobre el cambio social.
Luego de estas petit vacaciones vuelvo a conectarme con Uds. Hoy quiero salir un poco de la coyuntura, aunque no tanto.
Pretendo discutir que es el cambio y en este sentido es interesante saber que la palabra cambio proviene del latín cambium que significa trueque, acción de cambiar una cosa por otra.
Muchos políticos saben mucho de esta etimología, porque constantemente nos intentan cambiar una cosa por otra, sino recordemos al inefable Menem que sentenció que un político promete muchas cosas que sabe que no va a cumplir y cuando lo eligen hace cosas que nunca prometió.
También los medios de prensa son partícipes de este conocimiento de la palabra, ya que en forma constante tratan de que veamos lo que no es, es decir, cambian la realidad, aunque en forma virtual.
La palabra cambio ha tenido vicisitudes muy importantes. En los 70´ era patrimonio del acervo político de la izquierda, no era pensable un grupo de izquierda que no estuviera entre sus postulados el cambio social.
Por el contrario, la derecha conservadora veía en el cambio una actitud destituyente, subversiva. No es casual, fiel a sus principios este sector de la sociedad, siempre supuso que en los procesos de cambio quedaban interdictos sus privilegios de clase.
Hoy los herederos de esa derecha han modificado su relato político, aunque no su programa.
Esos claros representantes de la derecha política hablan de cambio social, de necesidad de reivindicar a los vulnerables sociales, de luchar por erradicar la pobreza, etc., aunque no abandonan su programa de alianzas con lo más rancio de la oligarquía agrícola-ganadera y defienden a lo peor del capital financiero internacional.
También sostienen las banderas de la represión, y aunque no hablen directamente de reprimir a los trabajadores y a los sectores populares, sostienen la necesidad de una política de combate a la inseguridad, que esconde tras un discurso seductor para la burguesía media y para la pequeña burguesía ciudadana, el intento de aumentar el rol represivo de la legislación y la represión directa a los trabajadores en lucha.
Si bien, discursivamente sostienen que hay que aumentar la penas a los delincuentes, también deslizan solapadamente la necesidad de establecer un orden social que termine con los piquetes defendiendo una supuesta libertad de tránsito que no respetaron los agrarios durante el proceso de la resolución 125, que permita reprimir a las ocupaciones de predio que realizan aquellos marginados que han sido excluidos de la mínima dignidad de poseer un techo en el que vivir, etc.
No es la primera vez que la derecha acomete contra las libertades, ya vimos el mismo intento que hoy encarna Masa y el frente renovador, Macri, Carrió en la década del noventa solo que en aquel momento los actores eran el gobierno de Menem, y el ingeniero Juan Carlos Blumberg y el inefable Bernardo Neustadt.
Pero decíamos que el programa de gobierno de la derecha no ha cambiado, los Macri, los Masa, los Carrió continúan adorando el dios del mercado, sostienen las políticas neoliberales del consenso de Washington y la escuela de Chicago.
En esencia, lo que vemos es gatopardismo, la derecha en lugar de combatir el cambio, lo preconiza, en lugar de defender los privilegios, habla de combatir la pobreza, pero sus objetivos son muy claros, vaciar a la palabra cambio de todo contenido, apoyarse en la democracia representativa formal que le permite enunciar cualquier discurso, aun algunos que tienen rasgos de progresistas, para luego en el gobierno llevar adelante sus programas de ajuste, represión y maximización de las ganancias de los sectores más recalcitrantes de la burguesía a costa del hambre y la miseria de los sectores populares.
Esto lo vimos cuando cabalgaba por las pampas (solo que su corcel era el menemovil) el caudillo riojano, prometiendo salariazo y revolución productiva, recitando a Perón y posicionándose en el lugar reivindicatorio de los humildes que en algún momento encarnara Evita, pero que luego de asumir se dedicó a rifar el patrimonio nacional, malvender las empresas públicas, favorecer a la oligarquía agraria, destruir la industria nacional y condenar a la pobreza y a la indigencia a miles de argentinos, despojándolos de su derecho al empleo con una desocupación y subocupación que estuvo por encima del 40%, quitándoles el futuro previsional con la ley de AFJP que le permitió a los grandes monopolios como el multimedios Clarín, City Banks y muchos otros apoderarse del sistema jubilatorio para esquilmarlo y quedarse con el aporte de los trabajadores, o destruyendo los sistemas de seguridad e higiene en el trabajo con la nefasta ley de ART, luego de la cual la vida del trabajador valía menos que una llave inglesa.
La tarea de Menem la continúo otro neoliberal, De La Rúa, solo que esta vez no provenía del peronismo sino del radicalismo, que junto al Partido del Frente Grande conformaron la Alianza, progresista en lo discursivo pero reaccionaria en los hechos.
Ellos promovieron de la mano de De La Rúa, Flamarique, Bulrich la ley de asociaciones profesionales que pretendía atar las protestas obreras para llevar adelante su plan de ajuste y hambre contra los trabajadores para poder sostener la convertibilidad que se caía a pedazos.
Todos sabemos cómo terminó el experimento, con la crisis más importante que tuvo la Argentina, con toda la sociedad en las calles y con un tendal de muertos.
Es que a la derecha conservadora solo le importan sus intereses, no importa la cantidad de muertes que signifique sostenerlos. Esto es así en Argentina y en el mundo, sino observemos las incursiones armadas de los EE.UU, Francia, Inglaterra contra otros estados para defender los negocios de la burguesía internacional.
Aun cuando algunos de los regímenes derrocados por la OTAN sean dictaduras salvajes y asesinas como en Irak o en Afganistán, ello no justifica el avasallamiento de las los pueblos, el asesinato masivo que cometen los países centrales cuando intervienen y el saqueo sistemático de los recursos de esos países una vez terminada su misión “liberadora”.
Ya hemos dicho que el cambio social no es producto, ni de una minoría iluminada de pequeños burgueses que en nombre de la clase obrera instauran su propia dictadura, ni de fuerzas militares imperialistas que en nombre de la libertad avasallan los estados y saquean sus riquezas.
Los cambios sociales son el producto de la maduración en términos culturales, ideológicos y sociales de los integrantes de una determinada sociedad. En general esos cambios son muy lentos y no ocurren en una generación, sino que se van dando a lo largo de varias generaciones.
Sino observemos cuanto demoró la humanidad en abolir la esclavitud, que por cierto aunque es ilegal, persiste en muchas geografías, cuando demoró la reivindicación de la mujer como sujeto igual de derecho que el hombre, que por cierto está lejos de haber madurado, cuánto tiempo lleva la instauración de democracias representativas, en el mundo, que por cierto no existen en todo el mundo y que esa democracia representativa está muy lejos de llegar a ser una verdadera democracia participativa a la que todos los intelectuales democráticos aspiramos.
Es necesario formular colectivamente un verdadero plan de reformas sociales y políticas y unirnos todos los sometidos por la explotación capitalista para impulsarlo.
Pero debemos entender algo que preconizaban los antiguos griegos, no solo hay un decir, debe haber una práctica que sustente ese decir, no es posible defender la solidaridad, la democracia, la igualdad, la participación, la honestidad y demás valores fundamentales de una sociedad nueva si en la práctica sostenemos lo contrario, privilegiando nuestros intereses personales o de secta política, favoreciendo el clientelismo y la mediocridad porque eso va en la dirección de los propósitos enunciados por un partido, destrozando la participación colectiva para imponer los puntos de vista, etc.
Así solo caminamos hacia un abismo mayor que el que perfila la sociedad capitalista.
Hasta la próxima
sábado, 21 de junio de 2014
Democracia y dictadura.
En nuestra anterior comunicación hablé sobre la dictadura del proletariado, la célebre fórmula de Marx para lograr construir el socialismo.
También me referí al papel que juega la noción de conciencia en la práctica marxista y como esa conciencia es exterior a la clase obrera, es la conciencia que se descubre por la aplicación del método científico, el materialismo histórico.
La conciencia de clase para sí, es decir, conciencia que debe tener la clase obrera que además de ser una clase diferente a la burguesía, es la clase llamada a liberar a toda la sociedad de clases, según la teoría marxista se expresa en el partido de los trabajadores,
Nos preguntábamos como saber que los postulados de un determinado partido de izquierda se corresponden con la conciencia de la clase revolucionaria, y la respuesta es que ello es así porque el materialismo histórico es “el” método científico para analizar la realidad de la sociedad de clases.
Los que integran el partido son los encargados de determinar cuáles son los intereses de la clase y son los que a través de la agitación y la propaganda revolucionaria, educan a la clase para que tome conciencia de sus intereses históricos.
Ahora bien, si el partido revolucionario parte de la premisa de negar la democracia liberal porque es democracia burguesa, un mecanismo para sostener el engaño que les permite a los burgueses continuar explotando a los trabajadores, los que creen que participan porque periódicamente se los convoca a emitir un sufragio que determine cuál de los políticos burgueses va a ejercer la gestión del Estado, por medio de la democracia burguesa, decíamos, es imposible acceder al poder por medio del sufragio, controlar el Estado burgués, desmontar su democracia de dominación y construir un Estado proletario basado en la dictadura del proletariado.
Pero recordamos la cita de Rosa de Luxemburgo en la que critica la noción de dictadura del proletariado leninista y la define como una forma más de dictadura burguesa.
Como el poder es para el marxismo un poder centralizado y negativo, la dominación burguesa se corporiza en el control de las estructuras del Estado (parlamento, fuerzas de represión, burocracia de gestión, etc.),.
El marxismo piensa al poder como negativo porque el poder es un poder que coarta el desarrollo humano, es poder de reprimir, de perseguir. Y es centralizado porque ese poder está en manos del Estado controlado por la burguesía.
El resultado de este esquema de organización del pensamiento político se ha expresado en la forma y el contenido que tuvieron y tienen las distintas experiencias socialistas marxistas. Desde la revolución de octubre a la fecha los “estados obreros” constituyeron formas dictatoriales que conculcaron la libertad de los ciudadanos y eliminaron físicamente a todo aquel que se opuso a las determinaciones del partido.
Es un error adscribir la persecución política y las atrocidades cometidas por el régimen soviético solo a una persona, Stalin. La persecución política ya se había verificado cuando estaba Lenin al mando del Estado de los Soviets. Lenin persiguió tanto a la oposición de derecha (mencheviques, socialistas revolucionarios, etc.) como a la oposición de izquierda encarnada por el secretario general de los sindicatos rusos Chliapnikov y Kollontai la primera ministra de acción social del gobierno bolchevique. Este sector del Partido Bolchevique defendía la idea de que los consejos obreros eran los elementos indispensables al poder revolucionario, y en esto se oponían al ala derecha de los bolcheviques que, a semejanza de los mencheviques, defendían la presencia de las asambleas obreras con el único objetivo de auxiliar y consolidar el poder oficial de la burguesía que había derrocado al zarismo.
La verdadera democracia obrera no debía basarse en la persecución de los disidentes, sino por el contrario, en la libre expresión de las ideas en el marco de las asambleas obreras.
Se trataba de pasar de la democracia como procedimiento a una democracia sustancial en la que todas las voces tenían igual valor.
Sin embargo Lenin primero y Stalin después eligieron el expediente burocrático de silenciar a quienes se les oponían, que tuvo como resultado de una feroz matanza que durante las décadas del veinte y el treinta, que llevó a la tumba a millones de personas, entre ellos toda la guardia bolchevique.
Este procedimiento se aplicó en todos los llamados Estados obreros posteriores (China, Viet Nam, Camboya, Laos, Cuba, etc.) con terribles genocidios y matanzas de quienes discrepaban con los partidos comunistas.
La burguesía supo aprovechar muy bien esta desviación burocrática y autoritaria del pensamiento de Marx y el comunismo paso a ser sinónimo de represión, dictadura, intolerancia.
En la medida en que los comunistas creyeron en la posibilidad de liberar a la sociedad mediante la violencia revolucionaria, y que consideraron que ella debía ser ejercida por el partido revolucionario se perdió todo el contenido libertario del marxismo, con experimentos sociales donde el interés supremo no era la solidaridad, la libertad, la igualdad, sino el interés del partido y por lo tanto se desató al interior de los partidos comunistas una feroz lucha para tener el poder que desangró a muchas generaciones de revolucionarios.
El poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente. Los regímenes soviéticos se transformaron en formas autoritarias y burocráticas de gobierno donde todo valía para tener el poder, aun el asesinato en masa, se perdieron todos los principios éticos y morales y la corrupción generalizada se adueñó del partido y del Estado con las consecuencias que son de público conocimiento.
La cultura revolucionaria de los viejos anarquistas y comunistas que tenían como máxima la honestidad y la fidelidad a la verdad en la que creían dio paso al oportunismo y los partidos comunistas que crecieron en occidente derraparon como consecuencia de su sometimiento a los dictados del poder central soviético, que los llevó a sostener las alianzas oportunistas como por ejemplo en Argentina, apoyar la Unión democrática contra Perón, a diferentes personajes de derecha y gobiernos dictatoriales como el de la última dictadura genocida.
Los partidos de la izquierda revolucionaria, a los que hicimos referencia en nuestra anterior entrada en este blog, que rompen con la izquierda tradicional desde una perspectiva de renovación y vuelta a las fuentes doctrinarias del marxismo, no pudieron superar el contenido autoritario subyacente a la teoría y fueron furgón de cola de los más variados partidos burgueses, como el apoyo a López Rega, a Herminio Iglesias, o diferentes alquimias electorales de abstención, anulación del voto, etc., o como ocurrió en la última huelga del 10 de abril 2014, llamada por los dos corruptos burócratas (Barrionuevo y Moyano) donde los partidos de izquierda fueron furgón de cola de la burocracia gremial y trataron vanamente de darle “su” contenido político a la huelga.
Pero lo más importante es que ninguno de estos partidos autodenominados revolucionarios supieron construir un programa de gobierno y de gestión de la sociedad, que los hiciera creíbles ante la mirada de los obreros que supuestamente representaban.
En los pequeños espacios en los que estos partidos se desenvolvieron siempre hicieron gala del autoritarismo, la sordera ideológica, la falta de autocrítica ante sus errores, y su política se sostuvo en la infiltración de organizaciones gremiales y populares con el fin de cooptarlas para el partido o destruirlas.
Un ejemplo de lo que digo lo podemos ver en la participación de estos actores políticos en las asambleas populares que surgieron después de la insurrección popular del 20 y 21 de diciembre 2001.
Tuve oportunidad de participar en algunas de ellas en Rosario y pude ver como los partidos de izquierda marxistas “bajaron” sus aparatos militantes imponiendo su organización y número para debatir y sacar las resoluciones que les interesaban en función de sus presupuestos ideológicos, sin respetar a los ciudadanos que concurrían individualmente, sin pertenecer a ninguna organización política partidaria, el resultado está a la vista, ninguna de aquellas asambleas sobrevivió y la experiencia quedó trunca.
Como en el medioevo, cuando los monjes cristianos ocultaban los libros que consideraban subversivos e impedían que pudieran ser leído por el vulgo, la izquierda marxista revolucionaria trata de ocultar la tradición contestataria de izquierda encarnada en la oposición obrera en la Unión Soviética, o por la oposición de izquierda en diferentes países como la obra de Chliapnikov, Alejandra Kollontai, Antón Pannekoek, Silvia Pankhurst, y tantos otros que encarnaron el alma libertaria y revolucionaria del marxismo.
Sinceramente creo que no lo lograran, como creo que no podrán superar el 4% de los votos en elecciones nacionales.
Hasta la próxima.
sábado, 14 de junio de 2014
Con el 4% como techo.
En esta oportunidad trataré de analizar el porqué de los fracasos de la izquierda marxista en la arena electoral.
Primero es conveniente establecer que cuando hablo de fracaso de la izquierda en los procesos electorales no es necesario fundamentar la opinión, dado que a lo largo de la historia de nuestro país, rara vez la izquierda marxista supero a nivel nacional el 4% de los votos .
A qué se debe que la izquierda que a nivel de la movilización callejera o en determinados conflictos gremiales haya obtenido consenso y que luego en elecciones en las que se eligen representantes para gobernar el país nunca cuente con respaldos significativos, ni siquiera de la clase obrera a la que dice ser su representante.
Creo que la pista para entender esto estriba en que los trabajadores reconocen en los miembros de los partidos de izquierda a militantes honestos y comprometidos con las luchas obreras, que le reconocen sus buenas intenciones y a veces los significan como conducción de sus luchas gremiales, pero, solo de sus luchas gremiales.
El problema fundamental es que los sectores más vulnerables no le otorgan entidad a los llamados partidos revolucionarios para ejercer la conducción de los intereses generales del país, prefieren a los políticos profesionales de los llamados partidos burgueses (peronismo, radicalismo, diversos partidos de derecha o socialdemócratas) que han desarrollado a lo largo del siglo veinte una aquilatada experiencia de gestión en sucesivos gobierno democráticos.
Veamos la cuestión en números. Desde la fundación la Unión Cívica Radical en 1891, desarrolló una larga lucha reivindicatoria por comicios libres, tres revoluciones armadas de por medio (1890, 1893 y 1905) logra que se sancione la ley 8871 que impulsara el presidente Roque Sáenz Peña de voto universal, secreto, y obligatorio, promulgada el 12 de diciembre de 1812, y gana las elecciones de 1916 llevando como candidato a Hipólito Irigoyen, inaugurando la democracia representativa en Argentina (hasta esa fecha solo hubo simulacros de elecciones que fueron fraudulentas).
O sea, pasaron casi 100 años. Los radicales gobernaron (en diferentes variantes UCR, UCRI, UCRP) durante aproximadamente 31 años (1916/22 Irigoyen, 1922/28 Alvear, 1928/30 Irigoyen, 1958/62 Frondizi, 1963/66 Illía, 1983/89 Alfonsín, 1999/2001 De La Rúa) los peronistas lo hicieron alrededor de 38 años (1945/55 Perón, 1973/76 Perón-Isabel Perón, 1989/99 Menem, 2002/2003 Duhalde, 2003/2007 Kirschner, 2007/2014 Fernández) los otros 30 años fueron la década infame entre 1932/1938 donde gobernaron los conservadores con el radicalismo proscripto y elecciones fraudulentas y dictaduras productos de golpes de estados dados por los militares con la complicidad de sectores civiles (1930/32 Uriburu, 1943/45 Rawson, Ramírez y Farrell, 1955/58 Leonardi y Aramburu, 1966/73 Onganía, Levingston y Lanusse, 1976/83 Videla, Viola, Galtieri y Bignone).
Por lo tanto radicales y peronistas se han alternado en el gobierno en períodos democráticos representativos y los conservadores de derecha durante dictaduras militares.
Acá encontramos el primer error en la lectura marxista, se parte de la necesidad de la revolución y se establece que las elecciones se constituyen en parte de una táctica propagandística, al decir de Lenin, en las elecciones burguesas se participa solo para cargos legislativos, para usar el parlamento como tribuna de denuncia de la explotación burguesa, el poder no se puede tomar por elecciones, sino mediante revoluciones violentas .
La violencia es la partera de la historia afirmaría Marx, y a partir de allí la izquierda marxista se apoyó en esa idea para la toma del poder.
En la década del 60’ y del 70’ surgen en Argentina lo que luego se conocería como la Izquierda Revolucionaria. Este sector político surge de la ruptura de los partidos tradicionales como el Partido Comunista, del que surge en 1966 el PC (CNRR) luego Partido Comunista Revolucionario (PCR), del Partido Socialista surgirá Vanguardia Comunista (VC), uno de los partidos maoístas de esos años, del peronismo surgirán el Peronismo Revolucionario y la Juventud Universitario Peronista (JUP) y su brazo armado los “Montoneros”, aparecerán herederos del débil movimiento trotskista de las décadas anteriores como Política Obrera (luego Partido Obrero) el Partido Obrero (PO) Revolucionario de los Trabajadores (PORT) de Posadas, el GOM dirigido por Nahuel Moreno que en su fusión con el grupo de los Santucho el FRIP hará nacer al PRT rápidamente escindido en PRT “La Verdad” y PRT “El Combatiente” este último dará origen al ERP una de las guerrillas marxista de los 70’..
Posteriormente, entre 1968 y 1970 surgen en el campo marxista una serie de organizaciones revolucionarias que constituyen la denominada Izquierda Socialista. Estos grupos son el producto de, o bien, la ruptura de los partidos de la Izquierda Revolucionaria, como por ejemplo el Socialismo Revolucionario (SR) de la ruptura del PCR, u Orientación Socialista, grupo formado por los rupturistas con el PRT “El Combatiente”, u otros grupos que se fueron formando con el amalgamiento de grupos de estudiantes que formaban los llamados grupos independientes como el Grupo de Izquierda de Acción Revolucionaria (GIAR), la Línea de Izquierda Revolucionaria (LIR) y el Frente de Agrupaciones de Izquierda Medicina (FADIM) que tenían como promotores a los grupos de superficie de la Fuerzas Armadas de Liberación (FAL), u otros grupos como Los Grupos Revolucionarios Socialistas (GRS) y “El Obrero” o la Línea de Acción Popular (LAP) y tantos otros.
A la Izquierda Revolucionaria los identificaba, con sus variantes, la caracterización de Argentina como una semi colonia del imperialismo yanqui, la existencia junto a la producción capitalista de rasgos de producción semi feudales y la necesidad de realizar en forma previa a la revolución socialista tareas democráticas que completaran la revolución burguesa. Por eso el carácter de la revolución tenía para estos sectores el formato de un frente popular.
La Izquierda Socialista en cambio caracterizaba a Argentina como un país capitalista independiente política y económicamente, donde la burguesía había recorrido todas sus reformas de clase y en donde solo cabía la revolución socialista y el poder obrero. Para esta tarea era menester construir un partido de clase, un partido obrero revolucionario, que a diferencia de los miembros de la Izquierda revolucionaria, que preconizaban que las diferentes sectas (PCR, PO, VC, etc., eran el embrión del partido de clase) aún no existía. La tarea del momento era el desarrollo teórico de la revolución para construir el programa del partido y el partido mismo,
Toda esta izquierda, revolucionaria o socialista, a excepción del Partido Comunista y el Partido Socialista, consideraban la necesidad de la violencia para la toma del poder, o bien por la insurrección armada de los trabajadores y el pueblo dirigidos por su partido revolucionario o mediante la lucha armada, creando un ejército popular revolucionario que tomaría el poder mediante la guerra de guerrillas al modelo de la revolución cubana.
El núcleo fundamental de la estrategia transformadora de este actor político será desde la década del 50’ hasta el advenimiento de la democracia, la cuestión de la violencia revolucionaria. Todos sus cuadros, toda su producción teórica, se construye desde este punto de descarga social.
La izquierda de signo marxista nunca considero la posibilidad de la toma del poder y la transformación social por medio de elecciones democráticas. Se consideraba a la democracia representativa como democracia burguesa al servicio de la explotación capitalista.
Era frecuente leer documentos en los que se fundamenta que contenido y forma en el capitalismo responden a la misma visión de la sociedad, la forma es la democracia representativa y el contenido la explotación capitalista.
En general la izquierda se movía más cómoda en las dictaduras, durante la cuales no tenía que lidiar con los políticos burgueses, ni teorizar sobre la utilización táctica de las instituciones democráticas del capitalismo.
En el experimento democrático que fue del 73 al 76 la mayoría de los partidos de izquierda llamaron a votar en blanco, a impugnar el voto, a no votar.
Entre el surgimiento de esta izquierda en la década del 60’ y el reinicio de la democracia representativa en Argentina hay un lapso temporal de treinta años, los partidos de izquierda congregaron en su militancia a los más jóvenes que se iniciaron en la política de la mano de las experiencias de la revolución rusa, china, vietnamita, cubana, etc., en este escenario era lógico que la producción intelectual se orientara más hacia la idea de la revolución como un acto inmediato y violento, antes que pensar el cambio social como un proceso con un largo horizonte de visibilidad, horizonte que a veces no puede ser alcanzado por una sola generación.
Pasados treinta años de continuidad democrática, los jóvenes dirigentes de los 60’ ya no son tan jóvenes, han envejecido con las teorías que sustentaban y no han podido deconstruir el pensamiento marxista para adecuar la teoría a la sociedad capitalista post industrial, en la cual el poder de la burguesía como clase ya no se sustenta tanto en la represión abierta a los sectores contestatarios, sino en el control que puede ejercer mediante el manejo0 de los medios masivos de comunicación social. No importa que tanto impugne un intelectual la cultura y el poder burgués en tanto su palabra pueda ser silenciada por una abrumadora cantidad de medios que llegan a todos los ciudadanos, mientras que los intelectuales solo llegan a un círculo muy reducido de personas.
Hay un segundo punto problemático, reside en el corazón de la teoría marxista., nos referimos a la teoría de la conciencia.
El actor fundamental de la revolución social en el régimen de producción capitalista es para Marx el proletariado, es la clase social que al liberarse de la opresión será capaz de liberar a la sociedad en su conjunto.
Tanto en Marx como en sus seguidores, el proletariado como clase social debe tener conciencia de los intereses sus históricos, la abolición del trabajo asalariado y la destrucción de la sociedad clasista para arribar al comunismo, la sociedad en la que cada uno da según su capacidad y recibe según su necesidad, según la clásica formula marxista.
Surgen una serie de interrogantes críticos al respecto que podemos formularlos en las siguientes preguntas: a) Es el proletariado una clase con unidad de intereses o en el seno del mismo se expresan diferentes intereses que responden a las distintas culturas que desarrollan los trabajadores en el proceso de producción y a su ubicación en la pirámide social del capitalismo?, b) si aceptamos que el proletariado es una clase social con unidad de intereses, la conciencia de cuáles son esos intereses cómo y por quien es producida?.
Surgen una serie de cuestiones vinculadas a estos interrogantes. En primer lugar es dudoso que podamos englobar a todos los trabajadores en un destino de clase único, deberíamos utilizar una definición de trabajadores tan estricta que se reduciría el número de mismos a dimensiones muy pequeñas, si en cambio utilizamos una definición amplia, que englobe tanto a trabajadores manuales como intelectuales, el número crece pero aumenta la diversidad. Es que dentro de la llamada clase trabajadora encontramos a gerentes, jefes, supervisores, obreros, etc., cuyos intereses y posicionamientos sociales varían de acuerdo a las diferentes categorías y a las diferentes ramas de la economía capitalista.
Por lo tanto, si recordamos que para Marx es la existencia la que determina la conciencia, y es el la práctica donde se desarrollan las diferentes formas de conciencia, es lógico que existan entre los trabajadores conciencias diferenciadas, por no decir antagónicas.
Marx distinguían entre conciencia en sí y conciencia para sí. Por la primera entendía a la conciencia que tiene una clase social de ser una clase diferenciada, por ejemplo que los obreros se consideren y reconozcan como una clase distinta a la burguesía y a la pequeña burguesía. De acuerdo con Marx, esta forma de conciencia es la que se expresa en la conciencia gremial o tradeunionista o sindical. En cambio reservaba el término conciencia para sí para hablar de la conciencia que además de reconocer a una clase como diferenciada al resto de las clases, reconoce el destino histórico de esa clase, por ejemplo la de ser la clase llamada a transformar la sociedad. Esta segunda forma de conciencia sería la que se expresa en la organización de los obreros como partido revolucionario.
Como vemos es una cuestión, cuanto menos, para pensar.
Si, hipotéticamente, acepto sin críticas la unidad de intereses de los trabajadores, entonces surge la pregunta, ¿quién y cómo enuncia cual es la conciencia que deben tener los mismos, como surge esa conciencia? La respuesta clásica del marxismo fue que la conciencia a la clase trabajadora le viene de afuera, del partido revolucionario que expresa el nivel más alto de organización y conciencia de los trabajadores. El problema surge cuando preguntamos cuál de los múltiples partidos que militan en la sociedad es el partido revolucionario. Si la conciencia proviene de afuera de la clase, entonces no es la clase la que produce la conciencia sino otro actor social. En la historia de las revoluciones marxistas ese actor es la pequeña burguesía. Ni Lenin, ni Trotsky, ni Mao, ni Castro, ni ninguno de los dirigentes revolucionarios son proletarios, en general son intelectuales pequeño burgueses que intentan liderar al proletariado para llevar adelante la lucha revolucionaria.
En el campo de la práctica en nuestro país es que hemos tenido en los últimos 60 años una multiplicidad de partidos revolucionarios que se auto instituyeron en portadores de la conciencia revolucionaria de la clase obrera, por supuesto con presupuestos políticos muy diferentes, cuando no antagónicos.
El segundo problema, que se relaciona con el título de esta ponencia, es respecto a la forma de gobierno y la representación política de la izquierda marxista.
La fórmula de poder clásica de la izquierda ha sido la de la dictadura revolucionaria del proletariado. Convoquemos a una de las más grandes marxistas para que no defina la dictadura del proletariado, nos referimos a Rosa de Luxemburgo en Reforma y revolución . Rosa afirma que la dictadura del proletariado es la dictadura de un sector de la sociedad (el proletariado) sobre toda la sociedad, y al interior del proletariado la dictadura de un sector del proletariado (el partido) sobre todo el proletariado, y al interior del partido la dictadura de un sector del partido (el comité central) sobre todo el partido y al interior del comités central, la dictadura de un hombre (Ud. camarada Lenin) sobre todo el comité central..
En “La revolución rusa” dirá :
"Cuando se elimina todo esto, ¿qué queda realmente? En lugar de los organismos representativos surgidos de elecciones populares generales, Lenin y Trotski implantaron los soviets como única representación verdadera de las masas trabajadoras. Pero con la represión de la vida política en el conjunto del país, la vida de los soviets también se deteriorará cada vez más. Sin elecciones generales, sin una irrestricta libertad de prensa y reunión, sin una libre lucha de opiniones, la vida muere en toda institución pública, se torna una mera apariencia de vida, en la que sólo queda la burocracia como elemento activo. Gradualmente se adormece la vida pública, dirigen y gobiernan unas pocas docenas de dirigentes partidarios de energía inagotable y de experiencia ilimitada. Entre ellos, en realidad, dirigen sólo una docena de cabezas pensantes, y de vez en cuando se invita a una élite de la clase obrera a reuniones donde deben aplaudir los discursos de los dirigentes, y aprobar por unanimidad las mociones propuestas. En el fondo, entonces, una camarilla. Una dictadura, por cierto: no la dictadura del proletariado sino la de un grupo de políticos, es decir, una dictadura en el sentido burgués, en el sentido del gobierno de los jacobinos (¡la postergación del Congreso de los Soviets de periodos de tres meses a seis!). Sí, podemos ir aún más lejos; esas condiciones pueden causar inevitablemente una brutalización de la vida pública..."
La izquierda marxista desestima la democracia representativa, la considera como una forma de dominación burguesa, y si uno no cree en algo es muy difícil que pueda comprenderlo y actual dentro de ese algo. Para ella la democracia burguesa solo tiene un fin utilitario para avanzar en el camino revolucionario.
Creo que la izquierda marxista tiene lo que Bachelard denominaría “un obstáculo epistemológico” para comprender el funcionamiento de la sociedad capitalista, y por ende, encerrada en la torre de cristal de sus propias teorías no logra formular un discurso creíble para la sociedad, por lo que no penetra en la subjetividad de los actores subordinados de la sociedad capitalista, no logra que su discurso sea creíble para amplias masas de la población y en ello reside su límite del 4% de los votos.
Hasta la próxima
lunes, 19 de mayo de 2014
Tolerancia.
El término tolerancia proviene del latín “tolerans” que es pasado participio de “tolerare, que significa soportar, cargar, aguantar; en el griego existe un verbo “tlénai” que también implica soportar, de este término viene el nombre de Atlas que habiendo perdido la lucha contra la titanomaquía fue obligado a cargar o soportar el mundo sobre sus hombros.
La tolerancia constituye uno de los valores humanos, que no son innatos, sino que han sido construidos a los largo de la historia de la humanidad.
Como la honradez y la confianza, la igualdad, la solidaridad, son significaciones sociales imaginarias que ordenan la vida humana. La inclusión de estos valores en la cotidianeidad social sería un símbolo de desarrollo de las sociedades. Las sociedades más avanzadas tenderían a ser más tolerantes, a soportar o cargar con las diferencias sociales y étnicas que existen en su seno, mientras que la intolerancia, sería un signo de atraso, propio de organizaciones sociales en las que se privilegian valores propios de un pasado siniestro de la humanidad.
Veamos algunos ejemplos interesantes. En el diario “La Capital” del 19 de mayo de 2012 se publica una noticia que ha tomado estado público en todo el planeta. Sintéticamente, es el caso de Meriam Yehya Ibrahim, una joven médica sudanesa de 28 años. Meriam está embarazada y es madre a la vez de un niño de 20 meses. De madre católica, y padre musulmán, que la abandonó a los 8 meses, Meriam adoptó la fe religiosa de su madre y se casó con un joven discapacitado (esta en silla de ruedas) que también es católico.
En Sudan se adoptó la Sharía en 1983, la ley musulmana que fue instituida en el medioevo. Según esta ley, atrasada y autoritaria, un creyente no puede cambiar de fe, de hacerlo incurre en apostasía. Como Meriam es mujer, y es sabido el desprecio de la Sharía por las mujeres a las que les concede poco más de estatus que un objeto que puede parir hijos, debe adoptar la fe religiosa de su padre (islamismo) aunque este la haya abandonado de muy chica, no puede elegir la fe de su madre. Meriam fue educada desde pequeña en la fe cristiana de su madre y por eso se casó con un ciudadano de esa misma fe. El estado teocrático de Sudán, anuló (a través de su sistema jurídico) el matrimonio de Meriam sin su consentimiento. Como Meriam continúo cohabitando con su marido legal, también incurrió en el delito de adulterio. El padre de los hijos de Meriam no tiene derecho a ser padre de los sus hijos, además de estar en estado de abandono porque dependía de los cuidados de Meriam debido a su discapacidad, por lo que el niño de veinte meses está alojado en la misma cárcel que su madre.
Sudán adopto la Sharía como ley del estado, como lo hicieron otros países de la región como Irán, Afganistán, Arabia Saudita, etc., que retrocedieron bárbaramente por el túnel de la historia a la Edad Media con su secuela de violencia, intolerancia, antisemitismo, salvajismo, fanatismo religioso, etc.,
A Meriam se le exigió retractarse públicamente de su fe católica y adoptar la fe musulmana, ella valientemente se opuso a traicionar sus creencias por lo que el Juez Abas Mohamed al Jalifa la condenó a cien latigazos y a morir ahorcada. Esta decisión ha concitado el repudio unánime de todos los países civilizados que no comulgan con los estados teocráticos, autoritarios del medio oriente.
El segundo caso al que quería hacer referencia es más vernáculo y se refiere a la entrega de los Martín Fierro en la noche del domingo 18 de mayo de 2014 en Buenos Aires, Argentina.
Es notorio que el grupo Clarín a través de su mafioso mayor, Magnetto, compró para Canal trece una cantidad de estatuillas con el fin de tener mayor popularidad. Muchos programas (más allá de su calidad) como Farsantes se vieron maximizados en sus logros por los miembros corruptos de APTRA que respondió a la generosidad de Magnetto brindándole a Canal 13 y a sus programas y actores la mayor cantidad y los más importantes premios. Algunos programas, que son de muy mal gusto, poblados de lugares comunes, mentiras y groserías, como el programa que conduce Jorge Lanata, “Periodismo para todos” (los que piensan como Lanata), incitan a la violencia contra los que pensamos distintos y ofende a otros periodistas con términos como boludo, estúpido, hijo de puta, con los que los califica todo el tiempo, y en casos extremos diciendo, como le dijo a Luis Ventura que “si los dos no podemos vivir en la misma ciudad prefiero pegarte un tiro y matarte” (palabras más, palabras menos), fueron premiados.
Dos actitudes pudieron verse en la pantalla que dan cuenta de la baja calidad moral y humana del Sr. Lanata. Llegó al escenario a recibir su premio seguido por sus files acólitos (el pavo real adelante, los súbditos un paso atrás) y solo dijo “Uds. vieron este bidón de nafta, quiero agradecer a APTRA que evitó que me prendiera fuego en el escenario”, dicho esto con un gesto autoritario ordenó a sus desdichados colaboradores que se retiraran con él, los que al igual que los esclavos romanos o griegos obedecieron al mandamás del programa.
En ambos ejemplos encontramos un encaje perfecto con la palabra intolerancia, es decir ausencia de tolerancia.
Lanata no tolera al “Otro” porque no puede soportar la diferencia, en el mundo de su monada psíquica solo existe él y nadie más. Como afirma Eduardo Blaustein en el título de su libro “Las locuras del Rey Jorge”, Lanata tiene muchos síntomas propios de un psicótico, encerrado en su estrecho y mediocre mundo interno y arrastrando en su mediocridad a quienes colaboran con él.
Tres preguntas surgen de los hechos. 1) Medirá Magneto los costos de sostener a este infame “periodista”? Porque si bien tiene como dividendo que Lanata es un burro de carga que en función de su avaricia extrema, su falta de moral y su egolatría (egomanía) arremete contra el gobierno y al mejor estilo de Goebbels miente, falsifica las noticias, desacredita a funcionarios y políticos que no piensan como él, cada vez tiene menos credibilidad y cada vez se acentúan más sus aspectos patológicos, entre los cuales resalta su apología de la violencia. Pareciera que no, a juzgar por la actitud autocrática y desencajada de Adrián Suar, su gerente de programación que subió repetidamente al escenario para agradecer a sus proveedores de APTRA los premios adquiridos por el grupo.
Segunda pregunta, 2) Hará APTRA una autocrítica de sus decisiones y comenzará a romper el negocio que tiene con el grupo Clarín (lo que se evidencia que en los últimos años es Canal 13 quien trasmite la entrega de premios) tratando de logran un poco más de credibilidad para el bastardeado premio?. No son pocos los periodistas honestos e íntegros que como Víctor Hugo Morales se negaron a participar en las ternas para no convalidar el fraude de los premios Martín fierro, y son muchos los que no asisten a la ceremonia de entrega. Además, periodistas con los que no tengo ningún acuerdo como el Negro Fernández Oro, se atreven a decir (aunque sea un chiste): “llegué tarde a la ceremonia de APTRA y escuché, rufián, sinvergüenza, inmoral, estafador, alcahuete, bandido y pensé cuanta violencia en la entrega de los premios, pero inmediatamente alguien me tranquilizó cuando me dijo que en realidad estaban pasando lista a los miembros de APTRA”.
Tal vez el ejemplo de nuestro país es menor y no reviste la importancia del de Sudán, pero es importante, porque en las sociedades en las que no se combate la intolerancia, en las que los ciudadanos aceptamos que patanes como Lanata, Van der Koy, Castro, Lomgobardi, etc., insulten y humillen a los funcionarios, aún a la Presidenta, nos deslizamos por la pendiente de la violencia.
Violencia que vemos en las calles, en el comportamiento cotidiano, en la falta de solidaridad, en los autos que son tirados encima de los peatones por sus conductores en las esquinas, en los ajusticiamientos de chicos en la calle, en la agresión a periodistas que no acuerdan con los objetivos de las manifestaciones, en el futbol, en las escuelas, en los asesinatos de chicos por sus compañeros, etc.
Por supuesto que toda esta violencia no es culpa de sujetos como Lanata, porque es un fenómeno complejo en el que intervienen muchos factores, pero si no ponemos frenos a las locuras de ciertos periodistas, si no criticamos el fundamentalismo extremo de algunos comunicadores, si no recuperamos los valores con los que se construyó nuestra sociedad, caeremos inevitablemente en la grieta que quienes la crearon, se encargan de agrandar cada día, aunque digan que están en desacuerdo con esa manera autoritaria y mezquina de relacionarse, mientras tratan de imponernos a los argentinos, con el dominio que les asegura su lugar de privilegio en los medios de comunicación, una subjetividad atroz contra la que debemos luchar.
Traía al comienzo, el terrible ejemplo de Sudán y su intolerancia religiosa, al lector esta noticia le parecerá exótica, lejana, impropia de una sociedad democrática como la nuestra.
Piense el lector que en alguna oportunidad, tal vez hace muchos años, algún sudanés pensaría igual de lo que ocurría en Arabia Saudita o Afganistán, pero al aceptar los discursos corruptos y violentos de los sicarios de los medios de comunicación de masas creo las condiciones para llegar a la Sudán actual, y de ello es responsable toda la sociedad, no recorramos el mismo camino.
Hasta la próxima.
miércoles, 14 de mayo de 2014
Confianza.
La palabra confianza es una palabra compuesta de raíz latina, la integran el término “con” que significa junto, todo y la palabra “fides” que es fe, honestidad, confianza es por lo tanto con fe, y remite a la acción de tener una gran seguridad de algo o de alguien.
Según Lawrence Cornu la confianza constituye “una hipótesis sobre la conducta futura del otro. Es una actitud que concierne el futuro, en la medida en que este futuro depende de la acción de un otro. Es una especie de apuesta que consiste en no inquietarse del no-control del otro y del tiempo”
Elegí comenzar por definir la palabra confianza porque creo que la sociedad capitalista moderna es una sociedad de confianza.
Veamos la cuestión con detenimiento, la democracia representativa se basa en la confianza, los ciudadanos confiamos en quienes votamos, confiamos en que van a cumplir con lo prometido, en que van a hacer honor a su palabra .
Cada elección es un voto de confianza y como bien dice Cornu es una apuesta al futuro, a lo que la persona en la que confiamos hará en el futuro.
La confianza constituye un valor importante para el funcionamiento social, que, con otro grupo de valores (el respeto, la solidaridad, la cooperación, etc.) son vitales para el desarrollo de la potencialidad de lo humano.
La confianza no solo se expresa en las relaciones políticas, en todos los órdenes de la vida cotidiana este valor está presente.
En nuestra vida cotidiana realizamos una multitud de operaciones, tomamos una gran cantidad de decisiones, basados en la confianza. Por ejemplo prestamos objetos, dinero sin tener ningún documento que lo avale, en muchos intercambios comerciales la transacción se basa en la confianza que existe entre los que la realizan, en las relaciones pedagógicas el alumno deposita su confianza en el saber del profesor, en fin. nuestra vida se desarrolla dentro de marcos de confianza.
No podemos vivir sin la confianza, y esto no es solo un imperativo moral, es una condición que emana de los límites de nuestro equipamiento biológico.
Los seres humanos solo podemos conocer aquello que se encuentra en el campo de nuestros sentidos. Por ejemplo, se puede estar a favor o en contra del régimen político-social que impera un país determinado, pero si no vivimos en el mismo, solo podemos tomar la decisión de estar a favor o en contra con los datos que no provienen de nuestros sentidos, sino que nos son suministrados por los medios de comunicación.
Ahora bien, en el mundo moderno, en esta sociedad de las comunicaciones y las informaciones, en la que estamos híper informados, en la que podemos conocer los sucesos en tiempo real, en el mismo momento que ocurren, así ocurran en el otro extremo del planeta, todos sabemos, y desde estas páginas lo he dicho hasta el cansancio, que la información no es objetiva, que los medios de comunicación de masas no son neutros, muy por el contrario, los diferentes medios de comunicación se alinean con los distintos grupos sociales que existen en la aldea global.
Por lo tanto, lo que nos informan no es la noticia cruda y dura, tal como ocurre, sino que la información pasa por el tamiz ideológico de la línea editorial del medio de que se trate, y de esta manera el dato primario sufre una mutilación, aspectos del mismos son cambiados o reformulados, de acuerdo a los intereses que el medio de comunicación sostiene.
Para la CNN Cuba constituye un país “comunista” en el que gobierna un grupo totalitario que impide que el pueblo escoja libremente su estilo de vida. Si en cambio leemos Gramma, Cuba constituye una democracia avanzada en la que los obreros son los que ejercen el poder y el conjunto del pueblo participa de todas las decisiones que el gobierno toma.
Suponga el lector que ha leído o escuchado los dos medios, y que nunca ha estado en Cuba, ¿a quién debe creerle? Y si escoge una de las dos versiones, ¿Por qué escoge una y no la otra?
Con respecto a la primera pregunta creo que no debería creer en ninguna de las dos versiones ya que ambas están sesgadas por la ideología. Con respecto a la segunda pregunta, estamos en presencia de un caso típico de confianza, el lector repite una de las dos versiones porque confía en el medio que la propaga.
Más aun, la confianza en el medio nos lleva a que sistemáticamente leamos un mismo medio y que consideremos, a partir de la “desconfianza” que lo puesto de manifiesto por los otros medios está amañado o no se ajusta a la verdad.
Y acá entra en juego otro concepto muy importante, el de la capacidad crítica, los seres humanos contamos con la posibilidad de poner en tela de juicio todas las informaciones que nos llegan. No es un acto de desconfianza contrastar la manera que relatan un determinado hecho diferentes medios de comunicación, es el ejercicio de la crítica el que nos permite valorar, analizar, contrastar y en definitiva construir opinión sobre los aconteceres de nuestra sociedad y el mundo.
Debemos someter a la crítica hasta lo más evidente. Aun cuando miramos un video debemos tratar de ver en el mismo las incoherencias, las contradicciones, y las diferencias con otros videos. Todos sabemos que en televisión existe lo que se denomina edición, que no es otra cosa que la mutilación de la noticia en bruto, cortando partes, ensamblando diferentes momentos de la locución, con el objeto de lograr que el entrevistado diga lo que no dijo, manifieste lo que nunca pensó.
El mundo de las telecomunicaciones, de internet, nos posibilita buscar información más allá de los medios masivos de comunicación. Hoy el usuario de información cuenta con una caja de herramientas que le permite acceder a la información de manera directa o dicho en términos de este artículo, de manera más confiable.
Podemos entablar diálogos con usuarios de información que están en otras latitudes con herramientas del tipo del correo electrónico, con otras que nos ponen en contacto directo con esos usuarios como Messenger o Skype, podemos acceder a diferentes medios de comunicación del mundo a través de la red, y a partir de esta búsqueda de información tener elementos de juicio más valederos para construir nuestro propio punto de vista, nuestra propia opinión.
Por supuesto que esta acción es mucho más incómoda que aceptar lo que los diferentes medios de comunicación nos dan cocinado y masticado para que metabolicemos en nuestra subjetividad luego de haber ingerido la información. Supone una mayor carga de trabajo, implica destinar más tiempo a la reflexión, que por lo general no tenemos, porque en el ajetreo de la intensa vida moderna, no nos podemos dar el tiempo para pensar, y el que no piensa consume acríticamente lo que los diferentes medios le sirven.
Pero esta actitud consumista, sin reflexión crítica es sumamente peligrosa para las personas y también para las sociedades.
La burguesía como clase dominante necesita de la desunión, del fraccionamiento de los diferentes sectores populares, como decía el tío Eleuterio, divide y reinarás. Es por ello que muchos medios de comunicación no se contentan con dar una información sesgada, con esa información apuntan a crear recelos entre la población, a que nos considerernos unos enemigos de otros, a desconfiar de nuestros semejantes, etc.
Es así que desde los medios se construyen arquetipos de lo que supuestamente es un delincuente, un tipo de piel oscura, que vive en una villa, que anda con gorrita y que camina por las calles asesinando a mansalva a inocentes ciudadanos.
Esta prédica de algunos comunicadores hace que frecuentemente, cuando nos cruzamos con una persona que se aproxima al arquetipo desconfiemos de ella, que la consideremos algo así como un degenerado asesino en potencia, cuando lo que tenemos enfrente es una persona igual a nosotros, con sufrimientos y penas, con alegrías e ilusiones.
El caso más patético lo vimos cuando el cronista preguntaba en Bs. As. por Milagros Salas, la mítica dirigente del movimiento Tupac Amaru en Jujuy. La respuesta, luego que Salas fuera denostada e injuriada por el Rey Jorge , era que se trataba de una negra de mierda, de una delincuente que vivía de los subsidios del Estado, etc.
Lo interesante es que los entrevistados que la denostaban no la conocían, nunca la habían visto, muchos ni siquiera habían estado en Jujuy, pero la pérfida acción de ciertos periodistas en determinados medios de comunicación había instalado la imagen y la gente acríticamente, injuriaba a una mujer que dedica su vida a ayudar a sus compañeros sin pedir nada a cambio.
Porque alguien puede asumir semejante conducta, pues porque tiene confianza en el medio, pero no es una confianza ingenua, ese alguien ha sido colonizado por el medio, su capacidad crítica está anulada o latente o en el peor de los casos porque el medio está en línea con sus propios intereses o con su visión del mundo.
En el extremo más radical hacia la derecha política, vemos que el nazismo se caracterizó por sembrar la discordia en la sociedad. El método de gobierno de los totalitarismos es precisamente destruir la confianza entre los ciudadanos, anular su capacidad crítica mediante la mentira y la exacerbación del fanatismo y crear una enemigo inexistente en el cual depositar todos los males de la sociedad, el nazismo alemán lo hizo con el pueblo judío al que acusó de todos los males de Alemania y mediante una campaña de difamación y mentiras contra los judíos convenció a una parte importante de los alemanes (sobre todo a la pequeña y media burguesía) que estas personas eran la encarnación de la depravación en el mundo, ocultando que lo perverso y depravado de la sociedad alemana eran precisamente los nazis, que llevaron al mundo a uno de los mayores holocaustos de la historia de la humanidad.
Seamos cuidadosos, cuando estigmatizamos a luchadores populares como Milagros Salas Luis D’Elias, a periodistas como los miembros del panel de 678 o Víctor Hugo Morales, a jóvenes militantes políticos como los miembros de La Cámpora, a niños y jóvenes por el color de su piel o el lugar en el que viven, podemos estar cayendo en la peor de las ideologías, el nazismo, y recordemos el poema de Martín Niermoller: “Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas guardé silencio porque yo no era comunista, Cuando encarcelaron a los socialdemócratas guardé silencio porque yo no era socialdemócrata. Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas no proteste porque yo no era sindicalista. Cuando vinieron a llevarse a los judíos no proteste porque yo no era judío. Cuando vinieron a buscarme no había nadie más que pudiera protestar”.
Hasta la próxima
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