domingo, 24 de mayo de 2015

Sobre la política burguesa.


Para la burguesía la política no constituye un elemento central de su actividad. Con esta afirmación no pretendemos desconocer que para esta clase social la política es una herramienta fundamental para ejercer el poder, simplemente queremos reflexionar respecto de porque la burguesía hace política. Hubo un momento en la historia de la humanidad en que la burguesía constituía una clase revolucionaria, cuyo objetivo era liberarse de las relaciones de opresión a las que era sometido por la oligarquía feudal. Hasta la revolución francesa la burguesía disputaba en el terreno económico con el ancien régimen y buscaba cambiar la estructura económica y política de la antigua sociedad. Pensadores como Rousseau, Locke, Montesquieu, Voltaire, Diderot batallaron desde el campo de las ideas constituyéndose en intelectuales orgánicos revolucionarios de la clase en ascenso. Desde el campo de la economía algunos pensadores como Smith, Ricardo, Locke, Jefferson sentaron las bases teóricas fundamentales del funcionamiento económico del capitalismo. Lo que caracteriza este momento histórico es que hay una clase interesada en el cambio social y la política se constituye en la herramienta de transformación por antonomasia. La burguesía otorgaba más importancia a la política que a la consolidación de sus intereses económicos individuales. Hoy ella ve a la política tan solo como un medio para hacer negocios. Un conocido político rosarino decía (parafraseando la fórmula marxista D-M-D usar el dinero para producir mercancías que permitan ganar más dinero) que la nueva fórmula del capitalismo era D-P-D, usar el dinero para participar en política que permita ganar más dinero. Para la burguesía la participación en política no busca transformar las relaciones de producción vigentes (dado que ello significa su propia sepultura), ni tan siquiera ve a la política como una herramienta útil para mejorar las condiciones de existencia de los sectores más vulnerables de la sociedad, la política para cualquier político burgués constituye un medio de hacer negocios para acrecentar su patrimonio personal y el de sus relaciones. Es allí donde reside una de las características fundamentales de la práctica política actual, la falta de contenido de los debates políticos. En la política actual, ya no se trata de un proyecto colectivo, debatido por todos los integrantes de un partido político y en el que, el que ocupa el liderazgo es el que resume los elementos sustanciales del proyecto, se trata de propuestas facciosas, de grupo o individuos a las que el colectivo se suma como estrategia para sostener privilegios personales. Es cierto que existe un clivaje entre los proyectos personales y el interés general de clase. Ningún gobernante u opositor desarrolla propuestas destinadas a abolir la propiedad privada en general y mucho menos la de los medios de producción, aun cuando esa característica de la propiedad en el capitalismo sea la causa central de las relaciones de asimetría social. La gran causa de la pobreza y la indigencia en el sistema capitalista estriba en que este es un sistema de acumulación piramidal que progresivamente aumenta la distancia entre la base pobre o indigente de la sociedad y el vértice rico. En otras presentaciones hemos hecho notar que según los datos de las organizaciones capitalistas más prestigiosas unas 600.000 familias son dueñas de aproximadamente el 40% de los bienes totales del planeta y hemos destacado que las diferencias de riquezas entre los más pobres y los más ricos son hoy mayores que las sociedades antiguas. Otra de las características actuales de la política y la economía burguesa es su indiferenciación de lo que se dio en llamar negocios sucios (tráfico de armas, de drogas, trata de personas, blanqueo de dinero, etc.) y los llamados negocios limpios (empresas legales como fábricas, bancos, etc.). En la medida en que las mafias “ilegales” se desarrollaron económicamente y creció su poder de fuego comenzaron a coaptar a políticos, miembros del aparato jurídico y de las fuerzas de seguridad, empresarios, etc., y en un paso evolutivo posterior estos mismos actores “ilegales” compraron o constituyeron sus propias empresas “legales” incorporándose al sistema económico, al punto tal, que en muchos casos es muy difícil distinguir a un “honrado banquero”, un “empresario intachable” o un “político honesto” de los grande capos mafiosos, los que por lo general son socios de los primeros. En todos los países capitalistas existe corrupción, la gran mayoría de los empresarios, banqueros, políticos, etc., utilizan el dinero proveniente de negocios ilícitos para sufragar sus propias necesidades económicas. Los grandes capos narcos salvaron de la quiebra a grandes bancos en 2007, que por lo demás lavan el dinero de ellos, Roosevelt utilizó los favores de Charlie Lucky Luciano en su campaña presidencial, los narcos mejicanos, colombianos, italianos, rusos, nigerianos gastan fortunas en el soborno de políticos, jueces, fiscales, policías, en el siglo XX conocidos políticos italianos como Giulio Andreotti mantenían relaciones con las mafias, en nuestro país, Argentina, en la Provincia de Santa Fe y Bs. As las planas mayores de las policías, y diversos miembros del poder judicial son sospechados de connivencia con los mafiosos, en definitiva, la ingenuidad o la hipocresía de los llamados a acabar con la corrupción choca contra el entramado mafioso de las bandas ilegales y las empresas legales, los miembros de los poderes judiciales y los políticos. Se desnuda así otra de las características de la política burguesa, su carácter corrompible. Por supuesto que no todos los políticos son iguales, así como la burguesía no constituye una clase homogénea. En otras entradas hemos sostenido que en nuestro país existe una lucha enconada entre dos proyectos de acumulación capitalista, uno, el del gran capital financiero, de las grandes corporaciones industriales, de los grupos mediáticos monopólicos que no tienen una ligazón estrecha con el mercado interno, y que por lo tanto sus declamaciones contra la pobreza poco se diferencia del llanto lastimero de señoras gordas de la burguesía mientras dan limosna a los pobres y desamparados en la puerta de la iglesia, la mezquita o la sinagoga. La gran burguesía no solo que no le interesa disminuir y mucho menos eliminar la pobreza, sino que además siente un desprecio discriminatorio hacia los sectores más vulnerables de la sociedad. Sus intelectuales orgánicos que son parte de los partidos de derecha o de la derecha de los partidos, como por ejemplo el radicalismo, el PRO, el Frente Renovador, la derecha peronista, sostienen, como lo hicieron Sanz, Carrió, Chiche Duhalde, Miguel Del Sel, etc., que los pobres se gastan lo que se les da por planes sociales en droga o vicios, que las mujeres se embarazan para cobrar esos planes o que cuando se embarazan están haciendo salario, es lógico, son los representantes políticos de los sectores que piensan que los delincuentes, traficantes de droga, asesinos son pobres, de gorrita, tez oscurita, y que se niegan a observar los verdaderos delincuentes detrás de los sillones de gestión de las grandes corporaciones empresariales. El otro sector en pugna, es lo que eufemísticamente se llama burguesía nacional, pero que no es más que un sector de la burguesía interesado en el desarrollo del mercado interno como vía de incrementar el consumo ya que ellos dependen del mismo. Este sector que históricamente estuvo representado por los grandes partidos populares, ante la defección del radicalismo que abandonó las banderas históricas del partido luego de la muerte de Raúl Alfonsín, solo tiene como representante político a un sector del peronismo, el kichnerismo. El kichnerismo constituye el ala liberal popular de la representación política de la burguesía, lo que se ha puesto de manifiesto en su orientación a la defensa irrestricta de los derechos humanos, los juicios a los responsables del genocidio, el aval a las organizaciones humanitarias como las madres, las abuelas, las ONGs contra la discriminación y la trata, el impulso a reformas en el código civil, la aprobación del matrimonio igualitario, el derecho a la identidad de travestis y trans, la ley de medios audiovisuales que ha permitido a sectores vulnerables acceder a la palabra, los planes de asistencia económica como la asignación universal por hijo, la asistencia educativa, jurídica y económica a madres adolescentes, el sostenimiento de derechos de los trabajadores como las paritarias, el 82% móvil en diversos sectores de los jubilados, la inclusión en el sistema previsional de casi todos los beneficiarios, el cumplimiento de derechos insoslayables como el derecho a la vivienda a través de planes como PROCREAR, la recuperación de empresas saqueadas durante el menemismo como YPF, aguas, correos, aerolíneas, ferrocarriles, el desarrollo de estrategias económicas neo keynesianas que impulsaron el consumo social, los intentos bloqueados por la derecha de reformar la justicia heredada de la dictadura, el aumento del presupuesto educativo otorgando mayores salarios a los docentes y construyendo miles de metros cuadrados de escuelas y universidades y tantos logros más que sería largo de enumerar. Creo que este sector político se ha constituido en la centro izquierda de la política burguesa en un país que tiene una derecha económica y mediática muy fuerte y no posee una izquierda orgánica que desarrolle un proyecto propio de los trabajadores en el sistema capitalista. Proyecto ejecutable en el marco del sistema, que contenga medidas que impliquen que la carga tributaria la soporten los que más tienen (la burguesía concentrada, la burguesía media y pequeña) y no los sectores de menores recursos (sectores medios y pobres de la sociedad), que limite las utilidades de las grandes corporaciones de producción y servicios como terminales automotrices, grandes fábricas de alimentos y cadenas de distribución de los bienes y servicios (en Francia, Inglaterra y otros países capitalistas las empresas ven limitados sus márgenes de ganancia sobre la inversión a un dígito mientras que en nuestro país suman tres cuatro dígitos). Que limite la transmisibilidad de los bienes por medio de impuestos draconianos a la herencia que aporten recursos al Estado para desarrollar bienestar social, que penalice con cárcel efectiva la evasión impositiva y la fuga de divisas, que aplique impuestos a los bienes y eventos suntuosos (autos de miles de dólares, mansiones de costo incalculables, fiestas suntuosas de millones de dólares, etc.) que amplíe la democracia incorporando el referéndum, el plebiscito, la discusión igualitaria en asambleas populares de la distribución de los recursos en las ciudades, la electividad popular y mandatos fijos de los miembros del poder judicial y de los mandos de las fuerzas de seguridad, aun de los miembros de la Corte Suprema de Justicia, la revocabilidad de los mandatos por iniciativa popular, la democratización de las organizaciones gremiales limitando los mandatos de sus dirigentes y eliminando las dinastías gremiales como la de los Moyano, el desarrollo de efectivas políticas de salud por el Estado que brinde mejores y más eficientes servicios que las organizaciones privadas del rubro, en definitiva un proyecto que tienen que construir los sectores vulnerables y que nada pueden esperar de una izquierda que desde su nacimiento ha demostrado una terrible incapacidad para poder enunciar, poner en práctica y ganar voluntades para un proyecto de transformación social auténtico y autogestionario. Hasta la próxima

sábado, 9 de mayo de 2015

Porque pensamos como pensamos.


Cuando pensamos lo que pensamos, ¿estamos pensando lo que pensamos?. La pregunta puede parecer ridícula, pero no lo es tanto si reflexionamos sobre la manera en que pensamos y en base a que se organiza nuestro pensamiento. En la modernidad, los actores sociales tenemos la posibilidad de acceder a un cuantum de información muy grande, casi podríamos decir infinita, pero esa información no es exactamente la que necesitamos para gestionar nuestras vidas y nuestros intereses, y en muchos casos cumple un papel negativo en el procesamiento de la información, dado que por su magnitud nos avasalla y nos dificulta que logremos discriminar lo necesario de lo superfluo. Nuestra herramienta más poderosa para poder procesar adecuadamente la información, es como hemos señalado en numerosas oportunidades, la capacidad reflexiva y crítica. En nuestro trabajo intelectual es necesario que reconozcamos los factores que intervienen en el procesamiento de la información. Cuando pensamos, lo hacemos desde las operaciones propias de nuestro aparato psíquico, pero no solo a nivel del Yo, sino que también participan en el proceso contenidos propios de nuestro inconsciente. Por otra parte, a los largo de nuestras vidas nos vemos bombardeados por la acción de los medios de comunicación de masas. Un mito de la modernidad consiste en que la acción de los medios de comunicación de masas nos permite acceder en tiempo real a toda la información disponible, este mito no tiene en cuenta que no solo incorporamos la información que nuestra conciencia percibe, sino que también lo hacemos con mucha información subliminal que participa de la transferencia informativa de esos medios, pero que, a la manera de los virus informáticos, penetra en nuestro psiquismo sin que tengamos noticias de ello. Un ejemplo muy simple es cuando Ud. va a un cine y sale con una ganas tremendas de tomar una Coca Cola, lo que ha ocurrido es que Ud. ha recibido información enmascarada, imágenes de milisegundos de la bebida incluidas en la película, que su conciencia no percibe, pero que Ud. ha incorporado. Un supuesto básico subyacente es que la información que transmiten los de medios de comunicación es inocuo, que somos lo seres humanos los que la procesamos. Esto no es exacto, ya que la transmisión de los mass media se realiza en forma persistente, creando en nuestro psiquismo, la ilusión de que un hecho ha ocurrido, aun cuando no sea veraz. La información se adultera, se modifica, se transmite mutilada, de manera de adecuarla a lo que a esos medios les interesa que llegue a nosotros. De esta manera se construye una subjetividad colectiva que lleva a establecer trincheras antagónicas frente a los hechos del acontecer diario y a que cada uno de nosotros adopte una posición en pro o en contra totalmente acrítica. Un ejemplo es cuando a alguien se le pregunta por algo y contesta que es así porque lo escuchó en TN. Para lograr este nivel de sometimiento de la subjetividad colectiva los medios de comunicación han construido artificios conceptuales del estilo de “periodismo independiente”, “información objetiva”, que ocultan que la información que nos envían ha sido adulterada y se nos transmite tamizada de manera que nuestras decisiones sean funcionales a sus intereses y a los del sector social que representan. Esto lleva a que consideremos acríticamente como verdadero lo que en más de una oportunidad no los es y a que la sociedad se escinda en bandos antagónicos que no son capaces de escucharse los unos a los otros. Veamos algunos ejemplos En Argentina, trabaja como juez en la Corte Suprema de Justicia de la Nación una persona de 98 años, que a pesar de que la reforma constitucional de 1994 estableció que la edad límite para retirarse de la corte es a los 75 años, se mantiene en su puesto por una acordada de los propios jueces de la corte que dictaminaron que ellos se podían retirar a la edad que quisieran dado que habían asumido antes de la reforma. Desde el oficialismo se sostiene que una persona de esa edad no puede cumplir con las ingentes obligaciones que implica el cargo, se pone en tela de juicio la buena salud del ministro y se piensa que debería retirarse, más aún se sostiene que el juez realiza su trabajo por medio de otro juez oculto que es quien le elabora los dictámenes y él solo los firma. Desde la oposición se considera que esta postura es un ataque contra la independencia de la justicia, que es inhumano considerar que por la edad alguien no puede cumplir con las exigencias del cargo y que es otro intento de domesticar la justicia para que sea funcional al gobierno. En el medio estamos los ciudadanos que recibimos las consecuencias del accionar de los jueces que a través de sus sentencias determinan lo que es legal de lo que no lo es, y que tomamos posición frente a esta polémica. Es sabido que las posturas del oficialismo y la oposición se relacionan con la pertenencia política del juez Fayt, que es el único juez que queda de los nombrados por Alfonsín en 1984. Es un juez que desde 2003 viene sistemáticamente fallando en contra del gobierno actual y a favor de sectores concentrados del poder mediático. Por ejemplo, falló contra la constitucionalidad de la ley de medios y desde hace más de 10 años cajonea la resolución de la corte respecto a una acción legal entablada por la AFIP contra el diario ”La Nación“ por evasión de impuestos. Antes de tomar posición sobre el porque dicen lo que dicen la oposición o el oficialismo, preguntémonos que dirían estos diferentes actores si en lugar de Fayt el que tuviera 98 años fuera un juez que hubiera fallado más a favor del gobierno, por ejemplo Zaffaroni que aunque tuvo muchos fallos a favor del gobierno (por ejemplo en la ley de medios) también en oportunidades fallo contra del ejecutivo. Es seguro que en este caso Macri, Massa, Carrió, Solanas, Sans, Aguad, etc., que los medios del grupo Clarín, La Nación, Perfil, que los periodistas mercenarios de esos grupos como Lanata, Majul, Castro, Bonelli, Van de Koy, Blanc, Leuco, etc., se hubieran atropellado para exigir que el juez Zaffaroni se fuera dando argumento similares a los que hoy da el gobierno y que los oficialistas hubieran defendido la permanencia del juez con los mismos argumentos de la oposición. Si somos críticos, si no nos enrolamos tras intereses que no son los nuestros, veremos que Fayt se queda por la misma disputa de poder que tiene la oposición con el gobierno alrededor de nombrar el sucesor de Zaffaroni, Lo que la oposición busca es ser ella la que cubra las vacantes en el supuesto de que gane las elecciones con el objeto de tener una corte adicta. No es ni más ni menos esta lucha por el control de la Corte Suprema de Justicia lo que se oculta tras esta polémica, es la práctica que ha llevado a tener en nuestro país jueces conservadores (muchos de ellos que heredamos de la dictadura o el menemismo) y cuya plataforma de acción es el sostenimiento de una justicia al servicio de los privilegiados y jueces que se agrupan en el colectivo “Justicia legítima” más cercanos al kirchnerismo, que tienen como plataforma de acción el cambio estructural de la justicia. Los seres humanos tenemos una capacidad limitada de conocimiento y percepción de la realidad. Sabemos de lo que pasa en otras partes del mundo a través de lo que leemos en diarios, libros o lo que escuchamos por la radio o miramos en la televisión. Quien tiene el control de la circulación de la información, tiene el control sobre nosotros los ciudadanos, sobre lo que podemos pensar, como debemos pensar. El control de la comunicación ha reemplazado al viejo palito de abollar ideologías, haciendo superfluo reprimir a alguien por sus ideas o prácticas políticas. Tal vez es por ello que los sectores más concentrados de la burguesía apuestan a hegemonizar la circulación de libros, revistas, programas informativos, más que a reprimir la escritura de esos libros, artículos o programas. Una idea que no circula, que no se comunica a las amplias masas, es una idea que pierde su carácter subversivo (en el buen sentido de la palabra). Es tal vez es por ello que el grupo Clarín ha hegemonizado la circulación de diarios y revistas a través de su distribuidora monopólica y que ahora se ha lanzado a dominar el mercado de venta de libros a través de su empresa Cúspide para determinar hasta donde circulan los libros que no son afines a sus intereses, o que empresas distribuidoras de films tratan de monopolizar su comercialización de los mismos. Se ha preguntado el lector cuantas buenas películas no ha visto porque las distribuidoras monopólicas deciden no enviarlas, o sobre el carácter estructurante de una cierta subjetividad colectiva deseada por la gran burguesía, de las películas que si distribuyen. Las películas, las revistas, los artículos, todas las obras intelectuales que consumimos a diario, aun las que se reclaman científicas tienen un objetivo de dominación, de domesticación, orientado a crear en nosotros un imaginario de comprensión de las realidades afín a los intereses de los poderosos. Este punto de vista permite comprender como el neoliberalismo, un pensamiento económico que va contra los intereses de las mayorías y acrecienta las riquezas de unos pocos a costa del hambre y la miseria de todos puede ser percibido por las victimas del mismo como una propuesta económica que los favorece. Los medios de comunicación nos muestran milagros como el de Corea del Sur, de India, de Singapur, de Taiwán, países que desde una situación de ostracismo, sin desarrollo económico, son denominados hoy los tigres del Pacífico porque cuentan con amplias tasas de crecimiento económico, y nosotros admiramos a esos países, y hasta imaginamos recorrer sus mismos caminos, porque lo que no se nos dice, es que las grandes empresas como Adidas, Nike, General Motors, Ford, Coca Cola, etc. Hacen pingues negocios teniendo mano de obra casi esclava trabajando para ellos en esos países por uno o dos dólares diarios, sin derechos gremiales, viviendo hacinados, con una magra alimentación porque su salario no les alcanza para lo elemental, ni que hablar de educar a sus hijos o tener un cuidado adecuado de la salud. Ese orden de cosas es con el que sueñan nuestros burgueses autóctonos, y los Macri, Massa, Carrió son los empleados que tienen para lograrlo, como en su momento fue la dictadura militar, el menemismo o el delarruismo. Por ello pensar porque pensamos como pensamos no es una trivialidad, implica poder reflexionar críticamente sobre lo que vemos o escuchamos, comprender que una mentirosa serial y despiadada antiobrera como Carrió no es un accidente en nuestra “democracia” sino que representa hasta qué punto pueden domesticarnos y engañarnos. Y como ejemplo vaya una perla. Como Carrió se paseó por todos los canales opositores difundiendo su teoría de la conspiración entre China, Irán, Venezuela, Cuba y sus cómplices vernáculos para matar a Nismann, la fiscal Fein la citó y luego de 4 horas en las que este Jesucristo moderno con faldas contó su disparatada teoría de la confabulación, la fiscal le pregunto si tenía pruebas, si contaba con elementos probatorios y Carrió dijo que no contaba con ninguna prueba, dejando en claro que ante la realidad el delirio no tiene espacio. Se puede mentir en TN que para eso está, para mentir y difundir las mentiras que apoyan sus propios intereses, pero cuando se enfrenta a preguntas concretas, sin el soporte de los amanuenses de turno, el rey queda desnudo, y allí se ve que Carrió no es más que una pobre psicótica usada por los sectores más reaccionarios y como Macri. Hasta la próxima.

domingo, 3 de mayo de 2015

Huérfanos.


El siglo XIX se caracterizó por la construcción de grandes teorías, teorías abarcadoras del todo social. Marx, Engels, Freud, Weber, son ejemplos de construcciones totalizadoras que pretendían, no solo explicar las condiciones del régimen capitalista, de la sexualidad, de la vida social, etc., sino que marcaban un camino de cambio para desarrollar nuevas condiciones de convivencia social. Marx, en “El Capital”, desarrolla una minuciosa descripción del sistema capitalista desmitificando muchos de los conceptos del liberalismo económico como el de la libertad de mercado como hacedora de la felicidad social, o incorporando conceptos fundamentales para la lectura superestructural del capitalismo, como el fetichismo de la mercancía y su consecuente concepto de alienación. Si bien los conceptos económicos de Marx conmovieron la estructura de pensamiento burgués, fue tal vez su concepto de praxis política la que llevó al desarrollo de una terrible onda represiva en ese siglo y el que le siguió. Para la burguesía de esos momentos era intolerable un filósofo que además de discurrir en su laboratorio como lo hacían los pensadores alemanes, también pensara en actuar políticamente para aportar al cambio social, lo que se sintetiza en la frase de Marx, hasta ahora los filósofos pensaron la realidad, de lo que se trata es de transformarla. El concepto de comunismo se constituyó en el más temido y a la vez el más perseguido por los gobernantes burgueses de todo el mundo, al punto tal que Marx habla en el “Manifiesto comunista” de un fantasma que recorre Europa, el fantasma del comunismo. Los comunistas, mucho más que los anarquistas se constituyeron en el punto de descarga de la represión capitalista, ello fundamentalmente debido, a que el anarquismo, con su concepto de pasar del capitalismo al comunismo sin fases intermedias, no podía, al negar la necesidad del estado como instrumento de la lucha por el poder y el sostenimiento del mismo, constituirse en un rival de peso de los representantes orgánicos de la burguesía. Los socialistas/comunistas que adhirieron a las teorías marxistas debatieron con los anarquistas la necesidad de desarrollar, en primer lugar un instrumento político que acaudillara a la clase obrera en la lucha por el socialismo, el partido de clase, y una vez alcanzado este objetivo, la necesidad de contar con un instrumento de gestión para sostenerse en el poder, el Estado. Mientras los anarquistas batallaban por la destrucción del Estado, de toda forma de Estado, los comunistas le replicaban que era necesario un instrumento de represión en manos de la clase obrera para evitar que la contrarrevolución retomara el control social y deshiciera las conquistas sociales alcanzadas por los trabajadores en el proceso revolucionario. Durante el siglo XX la principal polémica en la izquierda giró alrededor de las características de la lucha revolucionaria en el resto de los países capitalistas del mundo, mientras se construía el socialismo en la U.R.S.S.. Con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) U.R.S.S. como ejemplo, y los anarquistas derrotados, no en el plano teórico sino en el campo de lucha revolucionaria, ya que prácticamente desaparecieron (sobre todo en la segunda mitad del siglo XX) de la escena política mundial, el leninismo se impone como la continuación del marxismo revolucionario, sobre todo porque puede exhibir una concreción de la idea del socialismo, el llamado socialismo real soviético. La producción teórica del marxismo pierde fuerza ya que se circunscribe a la cuestión de la toma del poder, y luego del advenimiento de Stalin y el estalinismo en la U.R.S.S. solo se trata de construir fuerzas revolucionarias que apoyen la concreción del socialismo en un solo país (la U.R.S.S.) con lo que se desactiva la idea de la Internacional Socialista de los trabajadores (la Internacional en épocas de Marx y Lenin) y los partidos comunistas del mundo pasan a ser meras filiales del Comintern (Comité Internacional) de la U.R.S.S. Aun los sectores más radicalizados de la izquierda marxista continuaron sosteniendo algunos de los puntos de vistas más críticos del leninismo como la teoría del partido, el carácter socialista del Estado soviético (aun cuando vieran el él un estado obrero burocratizado como el caso de los seguidores de Trotsky) y la necesidad de reemplazar el estado burgués por el estado obrero, pero manteniendo las características represivas del primero, solo que en el caso del segundo, esa represión tenía un sentido positivo por su objetivo de impedir el retorno de la burguesía al poder y por ser el proletariado en sujeto histórico en nombre de quién la represión se llevaba a cabo. Excedería los límites del presente artículo debatir la teoría del poder, solo, y a glosa de explicación, diremos que uno de los pocos intelectuales que discutió con fundamentos la teoría del poder de los movimientos que él llamó marxistizados (para diferenciarlos del pensamiento de Marx) fue Michel Foucault, quien en diversos escritos (sobre todo el capítulo metodológico de “Microfísica del poder”) desarrolló una importante crítica a algunos de los puntos centrales de las construcciones marxistas de fines del siglo XIX y comienzos del XX. Foucault critica la teoría centralizada del poder y la valoración negativa del mismo. El poder, para este autor, no es un poder centralizado que está solo en manos de un Estado represivo y cuya función es tan solo mantener el control social para la burguesía, sino que el mismo circula por la sociedad, el poder asume, más que la perspectiva topográfica de un punto a partir del cual se disemina maniatando a los actores sociales en derredor del interés de la clase hegemónica, una característica reticular, lo que existen en las sociedad son redes de poder y el poder más que estar en un lugar determinado, circula el corpus social. Encontramos nodos de poder en esas redes, pero estos nodos no son fijos sino que varían de acuerdo a las condiciones sociales, y el poder que alguien tiene en un determinado contexto, desaparece en cuando se modifica su contexto de actuación. Por ejemplo el poder que ejerce un funcionario en una ciudad no lo acompaña cuando cambia de locación geográfica. La segunda cuestión desarrollada por Foucault es su crítica a la teoría negativa del poder, el poder, en los desarrollos clásicos de los partidos comunistas de occidente era visto como negativo, es decir, su función consistía en impedir, su ejercicio llevaba a tratar de que la clase obrera no pueda rebelarse contra el sistema de opresión. Esta idea estába en línea con ciertas características de la sociedad industrial de los siglos XVII, XVIII y XIX y con las características que asumía la democracia tutelada en ese período histórico, en el cual los movimientos revolucionarios eran ferozmente reprimidos por lo que se denominaban las fuerzas de ocupación al servicio de la burguesía. En el siglo XX con el desarrollo de la tercera revolución industrial, las relaciones vinculares entre las diferentes clases sociales comienzan a modificarse, y el poder asume con mayor nitidez su característica positiva, es decir no solo es un poder que impide, negativo, sino que pone de manifiesto su característica positiva, como fuerza que permite, y sobre todo esto en el marco de su comprensión reticular. En la sociedad post industrial, la sociedad de las TICs (Sociedad de las Tele Informaciones y Comunicaciones) la burguesía ha logrado tener un efecto de mayor control y penetración en el imaginario de las clases subordinadas de manera que no es necesario el uso de la fuerza como único mecanismo de control y sometimiento social. Hoy, el desarrollo de los mass media ha posibilitado un mayor control de los ciudadanos, quienes somos observados, a la manera de un gran hermano, hasta en nuestros espacios más íntimos. La información se constituye, a través de su manejo monopólico por los grandes medios de comunicación, en un modelador de la manera de pensar, de los gustos, de las construcciones culturales, de los arquetipos corporales, etc. con un profundo efecto de adocenamiento social. Aun en los medios intelectuales se establecen modas digitadas por los grandes centros mediáticos de construcción de realidades, las que determinan los caminos de la investigación social mediante prebendas, subsidios y ayudas que delimitan que es lo que hay que investigar y lo que debe mantenerse oculto. Se estructura un sistema de organización científica de carácter vertical y determinado por parámetros formales controlados por los grandes centros de desarrollo que operan en función del interés burgués. A partir de la llamada grounded theory (o teoría fundamentada) ya no es necesario, ni significativo el desarrollo de teorías omniabarcadoras sino que hay que centrarse en estudios muchos menos ambiciones, más acotados (minorías significativas, cuestiones etnográficas, etc.) que van a determinar los rumbos del desarrollo intelectual del siglo XX. Si el siglo XIX estuvo determinado por grandes construcciones teóricas abarcadoras, que pretendían dar cuenta de la sociedad en la totalidad de sus aspectos, los padres fundadores de esas teorías son seguidos por los teóricos del siglo XX que se constituyen en formas parásitas de los mismos desarrollando algunos aspectos de las teorías fundadoras. Así, a Marx y su lectura del capitalismo le sucederá un Lenin que no producirá una nueva teoría sino que le agregara un ismo al pensamiento de Marx y al suyo propio constituyendo el marxismo-leninismo forma parásita (parafraseando a Sartre) del pensamiento fundador, al que solo agrega algunos aspectos (como la teoría del imperialismo, o del partido) y modificando o tratando de modificar la esencia transformadora del pensamiento del padre fundador. En el desarrollo de esta tendencia, los revolucionarios actuales son los nietos de aquellos hijos de los padres fundadores y se encuentran huérfanos de producciones teóricas heredadas como la pudieron tener sus padres. Hoy estamos en una encrucijada de la historia en la que se hace necesario el desarrollo de una teoría abarcadora del funcionamiento de la sociedad post-industrial, que aunque no arranca de cero, debe trabajar en la construcción teórica desde un profundo abismo que la separa de los grandes desarrollos del siglo XIX La crítica y la reflexión son los puentes con los que contamos para cruzar el abismo, la pregunta es ¿podremos? Hasta la próxima.