sábado, 26 de mayo de 2012

El hartazgo de muchos argentinos.


Hay quiero ser emotivo, quiero transmitir mi hartazgo, como el de muchos argentinos, con un cierto periodismo, ese periodismo encarnado como figura paradigmática por el periodista Jorge Sanata, y a la vez pedir encarecidamente a su entorno, que como en el caso de un enfermo terminal se recurre a la eutanasia, alguien tenga piedad del gordo y le muestre los videos de lo que hace, porque francamente, el único calificativo que le cabe es el de patético.
Pero Sanata no es el único, si bien él es quien mejor expresa a ese periodismo mercenario, al servicio de la gran burguesía reaccionaria que es dueña de las tierras, los bancos y los monopolios mediáticos, la nómina de estos medios es muy extensa.
Si uno recorre los diferentes canales puede llegar a envenenarse con el odio, las injurias, las falsedades, las opiniones interesadas, el ocultamiento de información, los pronósticos fatalistas, que segregan periodistas asalariados de los medios hegemónicos, como Alfredo Leuco, Pepe Eliaschev, José Antonio Díaz, Ernesto Tenenbaum,  Marcelo Zlotogwiazga, Nelson Castro, Joaquín Morales Solá, Magdalena Ruiz Guiñazú, Marcelo Bonelli, Julio Blanck, Eduardo Van der Kooy, Chiche Gelbung, Marcelo Longobardi, y tantos otros.
Estos periodistas como Sanata me recuerdan a Groucho Marx quien decía que él tenía principios, y que si a uno no les gustaban tenía otros para ofrecer, al igual que Groucho, estos “periodistas independientes” tienen un variado menú de principios para ofrecer según quienes los contraten.
Lo que Sanata y su troupe de amigos independientes no se dan cuenta, es que no solo ofenden a la Presidenta con sus fantochadas, ofenden la inteligencia de por lo menos el 54% de los argentinos, que votaron convencidos de que un nuevo modelo de acumulación capitalista se está construyendo en Argentina, como paso previo a una sociedad igualitaria y autónoma.
Sanata, que pretende vanamente emular al genial Tato Bores, no informa ni divierte, solo da pena en su intento por ensuciar y degradar todo lo que el oficialismo hace, como por ejemplo sus comentarios sobre el comercio con Angola, hablando de una plaza del candombe, cuando se refiere aun lugar de homenaje, que ese país realizó con las mujeres que combatieron en la independencia.
Añorando los años en que Menem y De a Rúa nos “metían” en el primer mundo de la convertibilidad (como Grecia entró al mundo del Euro) del cual salimos con las cifras de pobreza e indigencia mas altas que existieron en el siglo XX en nuestro país, Sanata defiende que se pueda comerciar con EE.UU que mantiene un sitio ilegal de tortura en Guantánamo, que sostiene un prepotente e ilegal bloqueo contra un país independiente como Cuba, que participó del asesinato del Che, de Allende y de miles de revolucionarios latinoamericanos a través de agentes suyos como Michael Vernon Townley Welsch (que participó e la logística del golpe contra Allende), Félix Ismael Rodríguez.(que ordenó la muerte de Che), etc., pero no con Angola, que es un país del tercer mundo y no del primero como España, Grecia, etc.
En la misma línea de Sanata, José Antonio Díaz (aquel que dijo que el bicentenario estaba devaluado haciendo alusión a que no iba a congregarse nadie en los festejos), se la pasa haciendo pronósticos catastróficos sobre la marcha de la economía, como en algún momento lo hizo Broda cuando anunció un dólar a diez pesos, o tantos otros “economistas objetivos”. Claro como el capitalismo es un sistema contradictorio de crisis cíclicas, basta con decir que va a ocurrir una crisis y esperar, ya que se supone que en algún momento va a haber una crisis, solo que hace diez años que esperan el momento y no llega y por añadidura existen medios periodísticos “malvados”, que les recuerdan sus pronósticos como lo hacen “Duro de Domar”, “6, 7, 8”, Tiempo Argentino, CN 23, lo que hace que estos mercenario añoren aquellos años del discurso único, en el que podían decir cualquier estupidez sin que nadie les recuerde lo que decían.
Del impresentable Pepe Eliaschev no hay nada que decir, solo basta escucharlo para darse cuenta de la similitud ideológica que guarda con otros dinosaurios conservadores como Mariano Grondona, Mario Vargas Llosa, Luis Majul, Osvaldo Pepe, Marco Aguinis, Tomás Abraham, etc., creo que el problema de Eliaschev es que hace ya mucho tiempo que se le detuvo la neurona trotona (la única neurona que tiene y da vueltas en su cerebro y que cada tanto al moverse engancha un pensamiento) y por eso no puede hilvanar dos ideas coherentes.
No hablemos de los progres como Tenenbaum y Marcelo Zlotogwiazga, el primero escribió un libro “¿Que les pasó?”, ahora a la vista de su defensa del propagandista estrella de la dictadura genocida, Gelbung, en nombre de la libertad de expresión, que parece que para él solo vale para los periodistas opositores, y de sus manipulaciones de los entrevistados para que digan lo que él quiere que digan, debería escribir una segunda parte, le sugiero un título “¿Qué me pasó?”, como decía el gigantesco Atahualpa, “no hay flojo que no se venda por una sucia moneda, aunque siempre en mi patria queda criollaje que la defienda”.
A algunos “periodistas”, como Grondona, Longobardi, Guiñazú, Morales Solá, no es necesario comentarlos, ya los escuchamos mucho durante la dictadura, hablando de los subversivos terroristas, como bien lo denunciara una publicación, “Los sofistas y la prensa canalla” editada por Eduardo Varela Cid cuando recién comenzaba la democracia en 1984, en el que se critica de manera muy fuerte a muchos medios y periodistas por ser el sostén intelectual e informativo de la ultima dictadura militar. Las criticas van fundamentalmente contra Editorial Atlántida (Revista Gente, Somos y Para Ti) y algunos periodistas que escribían a favor de la dictadura en ella como Mariano Grondona, Renee Sallas, etc., pero silenciando cuidadosamente el papel de los medios hegemónicos durante el genocidio o los podemos identificar en el abundante material escrito y gráfico que existe del período que va de1973 a 1984.
Creo que es hora de que la mayoría silenciosa, aquellos sin voz (en los medio de prensa), comencemos a ser parte de la crítica hacia los canallas que no solo defienden los espurios intereses de los sectores mas concentrados de capitalismo, que hagamos sentir nuestra voz para que esos mercenarios a sueldo de los medios hegemónicos dejen de creer que nos pueden manipular. Es hora de que en cada bar en una mesa de café, que en cada charla en la mesa familiar, en conferencia a la que asistamos, en cada momento en que podamos denunciarlos, lo hagamos, no importa lo exiguo de la cantidad de personas que nos escuchen, no importa lo largo o corto del recorrido de nuestra prédica, importa que una, cien, millones de voces de los ciudadanos de a pie nos hagamos sentir desde donde podamos, desde un blog como yo ahora o desde cualquier lugar, que no los escuchemos mas, que no miremos sus programas, para que dejen de mentirnos y dejen de ofender nuestra inteligencia.
La gran burguesía durante el siglo veinte tuvo el control de la circulación de la palabra, ahora gracias a los grandes adelantos tecnológicos como Internet o la telefonía celular existen otras voces que pueden circular, y la palabra se ha podido liberar de las ataduras que le impedían desplegar todas sus potencias revolucionarias y transformadoras.
Parafraseando una consigna podemos decir “Ni olvido, ni perdón, caerán los mentirosos y serán incinerados en la hoguera de las vanidades”, con el combustible de la crítica implacable de un pueblo que no acepta mas que se hable en nombre de él, que quiere ser su propia voz y tener sus propias ideas producidas en el marco de la autonomía social que tan brillantemente propugnara Cornelius Castoriadis.
Hasta la próxima

martes, 15 de mayo de 2012

Trabajo y felicidad en el capitalismo


Este trabajo es una presentación realizada e un Taller en Córdoba, se presentaba un libro de Christian Baudelot y Michel Gollac  ¿Trabajar para ser feliz? La felicidad y l trabajo en Francia de Editorial Miño y Dávila.
La pregunta que formulan los autores es muy interesante, pero a la vez complicada, porque reúne en su enunciado dos cuestiones que en la sociedad de las TICs son sumamente complejas.
Creo conveniente aclarar que el libro contiene una primera parte teórica donde interpela no solo al trabajo, y a la felicidad, y que constituye una invitación al debate dentro del campo delimitado por la investigación realizada en Francia, y que buscó obtener datos sobre la sensación de felicidad en el trabajo de los franceses.
El trabajo de investigación fue realizado sobre datos de la Encuesta Permanente de Condiciones de Vida de los Hogares (EPCV) en 1997 que efectúa el INSEE (Insttut National de la Statistique et des Etudes Económiques).
Comenzaré mi análisis desde un punto que considero seguro, que es el de la razón etimológica de las palabras.
Etimológicamente, entre los latinos, feliz venía de felix que significa fecundo, y se relaciona con el verbo felare que es chupar o mamar, es decir que se vincula al acto de amamantamiento,  en griego el término  para designar a la felicidad es eudaimonia que se usaba para expresar bienestar, felicidad, buena fortuna, abundancia. La palabra es compuesta, tenemos eu que significa bien y daimón, daimono (luego derivaría a Daimoio (demonio), eudaimón es quién tiene un buen espíritu o buen ánimo, en definitiva un buen dios.
Por lo tanto la palabra felicidad es una acción activa que privilegia el dar sobre el recibir y que se relaciona con placeres ancestrales en la vida humana o con la cercanía a la divinidad.
La felicidad sería pues un estado caracterizado por la sensación de bienestar que evoca momentos prototípicos de la vida de un sujeto.
En la sociedad contemporánea, basada en el consumo, la felicidad se relaciona más con la posesión gratificante de bienes que con el bienestar mental y físico.
De todas maneras subsisten formas arqueológicas de representación que remiten a la idea medieval de la felicidad anclada a la vida celestial, como correctamente se señala en el libro, y de la misma como estado de plenitud psicofísica, que acerca la idea a la de la salud.  
Podemos tomar un camino de análisis de la relación de la felicidad con el trabajo en el que, cuanto menos, veamos que constituye un relación de ambigüedad y ambivalencia.
Si bien, en las respuestas al cuestionario aplicado por Baudelot y Gollac, aparecen indicadores que participan de la relación entre felicidad y trabajo (tener trabajo, que mi hija encuentre trabajo, tener salud, dinero, amor, familia, etc.) creo que estamos ante un concepto que podríamos decir que es un falso amigo, ya que, a mi entender estas vinculaciones aparecen porque el trabajo es, en la sociedad capitalista, el medio que poseen los proletarios para poder obtener los recursos que satisfagan sus necesidades más elementales.
Y este es el punto en el que me propongo interpelar al texto, formulando una nueva pregunta, tantas veces escuchada en la vida cotidiana: “Trabajamos para vivir o vivimos para trabajar?”.
Una digresión, se comenta que Ángela Merkel hizo referencia a que los alemanes trabajaban más horas que los españoles y que en ello residía una de las razones del mayor bienestar de los alemanes. Cuando su interlocutor le señaló que los españoles trabajaban más horas, Merkel dijo “entonces es peor de lo que pensaba” (es decir, en ese momento ella pensó, no son vagos, son inútiles).
La concepción de vida de los alemanes se teje alrededor de la noción de esfuerzo y eficiencia permanente, el alemán (en el decir de los españoles) trabaja sin resuello once meses y en el duodécimo ser emborracha con cerveza, que le sirven con eficiencia cantineros, en las ciudades balnearias ibéricas.
Como es de público conocimiento, la palabra trabajo proviene de un instrumento de tortura, el tripaliari, que era el aspa en el que se ataba al esclavo para azotarlo. A lo largo de la historia, las clases sojuzgadas han utilizado términos que remiten al sufrimiento para designar al trabajo, el yugo, el laburo, o términos que remiten a lo que el trabajo asalariado representa para el trabajador, es decir vender su cuerpo (fuerza de trabajo diría Marx) por dinero, no es casual que en nuestras fábricas trabajar, y perdonen el término, cuando se habla de ir a trabajar, se dice “vamos a poner la concha” utilizando una metáfora que alude al desempeño de las meretrices.
Los griegos y los romanos denostaban el trabajo manual, para ellos trabajar con la manos, con materias corruptas significaba corromperse y además una humillación, por ello tenían un ejército de esclavos que hacían esas tareas que para ellos eran denigrantes.
Hoy en argentina existen émulos de esos ancestros de la humanidad que ven al trabajo como algo sucio, a lo que ellos no se acercan, son las clases privilegiadas que viven de la renta y usufructúan el esfuerzo de los demás.
En este punto de las reflexiones que el libro motivó en mí, surge la cuestión del empleo, que como bien señala el texto, es un bien cada vez más escaso, hoy Europa, con diecisiete millones de desocupados, vive algo que los argentinos experimentamos durante la segunda década infame (el menemismo-delarruismo), es decir una sociedad desequilibrada por las altas tasas de desempleo.
El texto narra adecuadamente cual es el sentir de los desempleados, y no solo que acuerdo con lo que dice, sino que también lo expresamos en nuestro libro “El mito de Saturno. Desocupación y vida cotidiana” y lo profundizamos en “Trabajo y no trabajo: la otra mirada”.
El desempleo afecta la psiquis de los desempleados, su vida de relación (familiar y con sus vecinos) su autoestima, y todo lo que se afirma en la parte teórica de este texto. Nosotros, en “El mito” fuimos mas allá y afirmamos que “la desocupación constituye una patología social del capitalismo que en el fin del milenio, afecta individual y colectivamente a la salud de las persona”[1].
En su irracionalidad el sistema capitalista condena a grandes franjas de la población (fundamentalmente jóvenes) a la inactividad laboral, retarda su ingreso al primer trabajo y los hacina en barrios despojados de los más elementales derechos sanitarios y sociales. A los mayores de cuarenta y cinco años los excluye permanentemente  del mercado de trabajo y por lo tanto del consumo y mediante planes de ajuste neoliberales los condena a la miseria, sin asistencia sanitaria, sin formación, y en general ello se hace para sostener las ganancias de los grandes bancos y corporaciones internacionales.
El sufrimiento del proletario es grande en la organización laboral, donde se ve sometido a cargas físicas, psíquicas y mentales, a un ambiente nocivo de trabajo, a exigencias de eficiencia y eficacia. Los nuevos manuales de gestión de recursos humanos impelen a los técnicos a que le reclamen al trabajador que intensifique su ritmo de trabajo, que se comprometa con la organización, que sea un operario emgaggement, positivo, comprometido, pero, con quien, con una empresa que no trepidará en lanzarlo a la calle si le es conveniente reducir su plantilla, ya sea por crisis, por incorporación tecnológica o simplemente por estrategia de negocios.
En este punto vemos que podemos esbozar una primera conclusión, en un sistema en que lo fundamental es la ganancia, y al que no le importa el trabajador, es imposible pensar en términos de felicidad en el trabajo, mas aun cuando el trabajador tiene sobre sí la espada de Damocles de la desocupación, la miseria y el hambre.
El segundo punto que en la lectura del libro me siento interpelado, y al que me quiero referir, es al papel del trabajo en la constitución de la humanidad.
Los autores hacen referencia a Dominique Medá[2], quien critica la concepción antropológica del trabajo, que a mi entender se encuentra en el propio Marx. Marx consideraba que el trabajo constituía la esencia del hombre, la idea es que el hombre se constituye en el proceso de trabajo. Yo discuto esa idea, primero, fundamentalmente porque considero que no existen las esencias, segundo porque no creo que el hombre esté dotado de un espíritu, y en tercer lugar porque el trabajo menos que menos constituye una esencia. El trabajo es una acción, que organizado en términos de herramientas, permite dotar de una cierta lógica al proceso de producción. Esa lógica varía según los diferentes modos de producción y también varía según los patrones de acumulación de cada sociedad (hay sociedades más piramidales y otras más planas)
Vuelvo a mi pregunta y ensayo una respuesta, entre vivir para trabajar y trabajar para vivir, me inclino por la segunda opción. La gran mayoría de los seres humanos, trabajamos porque no tenemos otra opción, porque tenemos que conseguir los recursos alimentarios, para pagar el alquiler, etc. En definitiva trabajamos porque existimos y para poder seguir existiendo.
Aparece en este punto de mi análisis un nuevo concepto, viejo concepto que tan magistralmente definió Sartre, el de la existencia.
Sartre decía que la vida humana es un proyecto hacia la muerte, que proyectamos nuestra propia muerte, pero que ese hacer proyecto es lo que nos permite seguir viviendo y luchar por conservar la vida.
Desde otro lugar teórico Castoriadis[3], trabajando el mito de Prometeo analiza el cambio que en 25 años hubo en la concepción griega del origen del hombre. En Esquilo los proto seres humanos aparecen como zombis, sin ningún tipo de motivación. Lo que Prometeo les da, simbolizado en el fuego, es el conocimiento, conocimiento que transforma a esos seres monstruosos inhábiles para la vida en seres humanos, y ese conocimiento es la certeza de la finitud de su existencia.
A mayor conciencia de lo escaso de la existencia, mayor compulsión a la realización. Vivimos para existir, pero esa existencia tiene una marca cultural y social, que nos impele a la creación de todo tipo (intelectual, material, artística, bélica, etc.).
Es en el proceso creativo que el trabajo se encarna, para darle posibilidades a la existencia humana, el trabajo debe encarnar en la creación, es tal vez por ello que durante siglos haya soportado la ambigüedad de ser algo oneroso, gravoso y a la vez muy requerido.
Resulta obvio que no es posible generalizar sobre los efectos que tiene el trabajo en la percepción subjetiva de la felicidad, pero podemos trazar algunas líneas de significancia, ya que como correctamente se señala en el texto, esta percepción, aunque muy variable de individuo a individuo, puede construirse como cuadrantes de generalización, en los cuales encontramos que el polo de la satisfacción engloba mas a quienes tienen un cierto estatus social y organizacional, un mayor dominio tanto de los objetivos como de los procesos de trabajo; que a quienes están en el punto más bajo de las pirámides sociales y organizacionales, quienes tienen un horizonte de visibilidad muy corto y solo pueden percibir las tareas que ellos realizan y a lo sumo las de sus vecinos de tareas.
Es por ello que su involucramiento en la organización se va a ver más dificultado, solo el miedo en contextos de inestabilidad laboral y social como los que vivimos en la década del noventa en Argentina con más del 50% de la población económicamente activa con problemas de empleo[4] o que se está viviendo en la Unión Europea actualmente con, como expresamos mas arriba, más de 17.000.000 de desocupados, pude lograr, y ello es también materia de discusión, que los sectores explotados y oprimidos puedan sostener el mencionado involucramiento en la organización.
Volviendo a el texto que nos convoca, me quedo con dos partes fundamentales del mismo, la apertura teórica que brinda elementos para comprender la naturaleza del trabajo en el marco de una sociedad de explotación y privilegios, segmentada en clases y estratos sociales, y su parte final en la que se enuncian algunas hipótesis muy interesantes, de las cuales, creo, la más importante es el análisis de las diferencias entre la crítica de artista y la crítica social y la posibilidad de la conjunción de ambas en el drama del trabajo.
Pero por sobre todo, el rescate que el texto realiza de las potencialidades que como intelectuales tenemos, quienes participamos de los análisis de los procesos sociales que se verifican en el campo del trabajo.
Podemos aportar mayores conocimientos que permitan el procesamiento de la conciencia social de los trabajadores respecto a la situación en que realizan sus tareas, desarrollar tecnologías sociales y organizacionales que permitan mitigar el sufrimiento psíquico que produce el trabajo, ampliar en la conciencia de los sectores vulnerables el campo de reclamos por mayores derechos sociales y laborales,  desmitificar ciertas tecnologías blandas que solo pretenden reordenar el sufrimiento, ocultando sus efectos nocivos, denunciar las condiciones y medio ambiente de trabajo a la que son sometidos los trabajadores modernos y ampliar los espacios de ciudadanía e inclusión, remarcando como dijimos más arriba, la visualización de las masas de trabajadores jóvenes que cada vez les cuesta más incluirse, y que cuando lo hacen, muchas veces son sometidos a condiciones inhumanas de empleo y de los trabajadores mayores de cuarenta años que por razones de salud al perder su trabajo quedan permanentemente excluidos del mercado laboral.
Para cerrar, creo que el texto es más que eso, es una invitación al debate, a la polémica profunda que nos debemos quienes trabajamos en este campo, y a discutir nuestro compromiso social y humano. O participamos del simulacro o nos hacemos cargo de nuestro lugar de intelectuales y somos capaces de comprometernos con la crítica social a todo orden laboral injusto.
No se trata de tener una mirada escéptica dela realidad, de sentir que nada es posible, se trata  repensar nuestro aporte a la construcción social justa y solidaria, pero por sobre todo, tener presente que, a diferencia de los intelectuales de los setenta, que contaban con un paradigma que orientaba su reflexión (el socialismo) y un marco teórico (el pensamiento de Marx) hay tenemos que partir de la reconstrucción del pensamiento social crítico, y en ese recomienzo no tenemos un padre, porque la historia lo ha destituido del lugar sacralizado en el que lo habíamos puesto contra su voluntad, hoy somos todos hermanos en la búsqueda de una nuevo paradigma teórico y social
Hasta la próxima.



  



[1] Bonantini C., Simonetti G. et al (199) El mito de Saturno. Desocupación y vida cotidiana. UNR Editora. Rosario. Pagina 76.buenos
[2] Medá D. (1998) El empleo, un bien en vías de extinción. Paidos. Buenos Aires.
[3] Castoriadis C. (1999) Figuras de lo pensable. Antropogénesis en Esq2uilo y auto creación en Sófocles. EUDEBA. Buenos Aires
[4] La población con problemas de empleo engloba a desempleados, subempleados e inactivos.

lunes, 7 de mayo de 2012

La curiosa postal televisiva del PRO y el P.O., o la izquierda alemana y la República de Weimar.


Días atrás, en el programa de Maximiliano Montenegro (Plan M) en uno de los bloques, coincidieron, un militante del P.O. y uno del P.R.O., para debatir sobre la expropiación de Repsol-YP.
Esto no tendría importancia, sino fuera por lo que se pudo ver en la pantalla chica, a lo largo del bloque. Primero el representante de la derecha mas rancia y elitista de la Argentina (el P.R.O.), cuestionó la expropiación de Repsol-Y.P.F., desde su punto de vista neoliberal, que sostiene que el Estado no debe intervenir en la economía y que todas las empresas deben estar en manos privadas.
Luego, el representante del trotskismo argentino, comenzó una larga perorata, oponiéndose a esta expropiación de la empresa petrolera, dado que según sus decires, ello significaba que continuara en manos de los capitalistas y demás argumentos de este sector de la izquierda.
Lo interesante fue que, al enfocar la cámara al representante del P.R.O., este asentía con alegría y aprobaba todo lo que decía el miembro del Partido Obrero.
Lo que acabo de narrar es una muestra palpable de la falta de política en Argentina, tanto en la izquierda como en la derecha, ya que la política es el arte de organizar los recursos para lograr obtener espacios de poder que se traduzcan en capacidad de toma de decisiones.
Trataré de explicar lo que digo con un ejemplo histórico. En los fines de la segunda década del siglo XX, más precisamente el 11 de agosto de 1919, la Alemania derrotada en la guerra, proclamaba, en la ciudad de Weimar, una constitución democrática, que da origen a lo que se conocerá como la República de Weimar.
La agitación obrera que había comenzado en la Alemania derrotada y humillada en la gran guerra, con la proclamación en noviembre de 1918 del primer consejo de trabajadores y soldados (soviet) en Kiel, y luego se extendió rápidamente a las grandes ciudades como Berlín y otras, en demanda de sufragio universal y la abdicación del Emperador.
En el manejo del Estado estaba en manos del débil gobierno socialdemócrata de Friedrich Ebert. La Liga de los Espartaquistas, dirigida por Karl Liebknecht y Rosa de Luxemburgo se separa de los socialistas independientes (que a su vez constituían una escisión del Partido Socialdemócrata Alemán) negándose a participar en las elecciones del 19 de enero de 1919, iniciando el camino hacia la fundación del Partido Comunista Alemán (KPD) con un programa que incluía 24 proposiciones para la protección de la revolución, algunas de las cuales eran el desarme del ejército y la policía, la supresión del régimen parlamentario y la socialización de la economía a través de la confiscación de grandes fortunas, bancos, propiedades y fábricas, de los transportes y los medios de comunicación y la idea de colocar la producción bajo la dirección del nuevo Estado proletario.
A comienzos de enero los Espartaquistas iniciaron una aventura insurreccional en medio de un debate entre sus principales dirigentes, mientras Karl Liebknecht preconizaba la insurrección para derribar el gobierno de Ebert, Rosa de Luxemburgo se oponía a la aventura.
El movimiento terminó siendo aplastado por comandos parapoliciales (Freikorps) convocados por Gustav Noske para derrotar el levantamiento.
Un dato curioso de este período histórico es que Antón Drexler y Karl Harrer fundan el 5 de enero una organización que se llamó Partido Obrero Alemán, y que luego de la incorporación de Adolf  Hitler en octubre de ese año pasó a ser el Partido Nacional Socialista Obrero Alcmán de los Trabajadores.
Porque traigo a colación esta historia y que vínculo tiene con la anécdota televisiva.
La izquierda siempre tuvo la impronta, y podría decirse la fantasía, de una revolución rápida (de esto ya he hablado). Existe en su seno una fuerte tendencia espontaneísta que considera que el cambio social será el resultado de la acción decidida de un grupo (más o menos numeroso) de convencidos militantes, que se lanzan a la insurrección y acaudillan tras de sí a un fracción importante de la población.
Esta idea de cambio desconoce un dato fundamental de los procesos mentales de las masas, y es que estas no evolucionan rápidamente, sino que por el contrario su cambio de mentalidad acompaña desde atrás a lo grandes cambios que se van produciendo en la esfera de la producción social.
El capitalismo maduró durante mas de diez siglos para que la conciencia social pudiera generar un hecho histórico de ruptura a nivel dela superestructura político-ideológico que se sintetiza en la revolución francesa, pero cuyo pensamiento y cultura se fue construyendo a los largo de esos siglos en forma paulatina a través de grandes pensadores como Descartes, Bacon, Locke, Bruno, Diderot, Hobbes, Leibniz, Espinoza, Voltaire, Rousseau, Montesquieu, D´Alambert,  Adam Smith, Ricardo y tantos otros.
El pensamiento de los intelectuales no se trasvasa como por arte de magia a las masas, ellas deben hacer su propio proceso, en el que las ideas de los intelectuales tienen un papel importante.
Los cambios solo son duraderos y profundos cuando la masa realmente llega a interiorizarlos y tomar las ideas como una construcción que le es propia. Por ejemplo la noción legal de la propiedad es una noción que hoy no es cuestionada por ningún ciudadano en el marco capitalista, sin embargo la propiedad no siempre tuvo la impronta legal actual, en la antigüedad ella era producto de lo que los Romanos denominaban Rex Nullius o derecho de conquista. Cuando esta noción se convierte en parte del acervo intelectual del conjunto de los moradores de un territorio y es acompañada de una superestructura legal que la legitima, allí el cambio se consolida y por ello el capitalismo es hoy un modo de producción hegemónico en nuestro planeta.
Cuando la masa es arrastrada y una elite intelectual se arroga el derecho de procesar en términos de conocimiento y pensamiento en su lugar, el resultado son aventuras autoritarias que no tienen ni fin, ni destino, como ocurrió con la experiencia bolchevique en Rusia, la revolución china, el castrismos y los diversos ensayos de los socialismos reales que terminaron siendo dictaduras a imagen y semejanza de cualquier dictadura producida por la experiencia humana.
Por lo tanto, ¿debemos negar la acción del pensamiento de izquierda en la sociedad?, de ninguna manera, el pensamiento crítico y contestatario es un motor que ayuda al procesamiento de las masas, proveyéndolo de herramientas fundamentales. Muchos de los logros y  avances de la humanidad en materia económica, de derechos humanos y de derechos sociales son producto del aporte de intelectuales de izquierda que lucharon por la dignidad e los trabajadores, contra la explotación capitalista por los derechos de las minorías (homosexuales, inmigrantes, etc.), por la igualdad e la mujer y tantas otras reivindicaciones democráticas y sociales. El pensamiento de Marx, Engels, Rosa de Luxemburgo, Bakunin, y tantos otros permitió el desarrollo de la conciencia social y económica de las masas, haciendo cada vez más imposible el retorno  los períodos del capitalismo salvaje e impulsando las luchas contra el racismo, la discriminación, la injusticia, los genocidios, etc.
Ello no significa que la historia haya terminado, muy por el contrario, si los privilegiados aceptan los cambios es porque frente a sí tienen una masa consciente de sus derechos, porque se continúa construyendo nuevas formas de subjetividad que se rebelan contra el mandato de sumisión frente a los poderosos.
Ejemplo de ello es que la derecha, aun cuando secuestra palabras como lucha contra la pobreza, solidaridad, mejoramiento de la calidad de vida, mejoramiento de la calidad institucional, continúa denotado a las ideas de izquierda que preconizan una sociedad mas igualitaria y justa, y en se batalla, ellos tienen claro quienes son sus enemigos, y bajo las formas mas solapadas, arremeten contra aquellos que significan un peligro para sus privilegios por sostener y criticar la injustica y la desigualdad.
Una forma de esta crítica la vemos en lo que hace Ceferino Reato, que tras un disfraz democrático, trata de vituperar a pensadores íntegros como Eduardo Anguita, y como no lo puede atacar por sus ideas y por su honestidad, lo ataca diciendo que fue militante del P.R.T., como si ello constituyera un delito o una mancha para Anguita. Enarbolando la teoría de los dos demonios, este conspicuo miembro de la derecha salvaje argentina se esconde tras la mentira de la objetividad (soy un escritor objetivo), mientras publicita a genocidas como Videla que le otorgan graciosamente entrevistas.
Para Reato es lo mismo un error que un delito. Sr. Reato, Videla es un genocida, que asesino impunemente a miles de argentinos, mientras que las organizaciones guerrilleras de los setenta constituían formaciones políticas voluntaristas de jóvenes militantes que se levantaron contra el la dictadura de la llamada “Revolución Argentina” (Onganía, Levingston, Lanusse) primero y del “Proceso de Reorganización Nacional” (Videla, Viola Galtieri, Bignone) que instauró en Argentina un Estado terrorista y que creyeron, equivocadamente, que la vía armada constituía un camino al derrocamiento de los dictadores y a la construcción de una sociedad mas justa e igualitaria.
Los Reato, Grondona, Gelblung, Magnetto, Fontevecchia, y actualmente sus empleados especializados como Lanata, Tenenbaun, Castro, Van Der Koy, Blanc, Morales Solá y tantos otros son parte de la inteligencia del estáblisment que trata de sostener los lugares de privilegio conseguidos con siglos de sufrimiento y explotación de sus semejantes.
La izquierda si quiere contribuir al progreso social y humano, debe comenzar por entender que la política no es el enunciado de conceptos maximalistas, es la crítica permanente, el aporte constructivo a los procesos sociales que están en el sentido progresivo del cambio, reconociendo sus aliados (aun cuando no piensen ni hagan lo que ella piensa y hace), e identificar a sus enemigos, que son los enemigos de la democracia, el pensamiento libre y transformador, el cambio social, porque equivocarse en este momento histórico nos puede llevar a ser, como los comunistas alemanes, un aporte que pavimente el camino de la llegada al poder de lo peor de la sociedad, después de la socialdemocracia en Alemania no vino el socialismo y la democracia, vinieron Hitler y los nazis..
Hasta la próxima