jueves, 28 de marzo de 2013

Sobre la religión.

Sin pretender ser oportunista, creo que en este momento socio-histórico se impone un debate profundo sobre la cuestión religiosa. Partimos de una hipótesis muy fuerte, la religión no constituye parte de esencia alguna del ser humano. Los seres humanos no somos creyentes por naturaleza, sino que la religión constituye un atavío cultural históricamente determinado. Estudios arqueológicos muestran que el hombre primitivo no sepultaba a los miembros de la horda que morían. La sepultura es una práctica muy posterior en el desarrollo humano que comienza a realizarse, tal vez, por cuestiones higiénicas. Se han descubierto enterrados restos de seres humanos que no tenían ningún utensilio consigo, esto demuestra que en un momento del desarrollo del homo sapiens no existía la creencia en un alma inmortal separada del soma entre los miembros de la horda. Las sepulturas, que en un período posterior se encontraron, en las que junto a los fósiles de seres humanos yacían diversos utensilios domésticos son una muestra del comienzo de la creencia en una vida después de la vida, se enterraban a los individuos con sus objetos personales porque se pensaba que le serían necesarios en la otra vida. La existencia de sepulturas sin estos objetos indican dos posibilidades, o que el sujeto no fue sepultado y quedó a la intemperie hasta que la erosión lo tapó; o que en un momento de la historia humana no se tenía la creencia de la existencia de vida más allá de la muerte. La pregunta que no hacemos inmediatamente es: ¿por qué los primitivos comenzaron a creer en la existencia de una vida después de la muerte? Es razonable suponer que el misterio de la muerte los angustiaba tanto como a nosotros, el hecho de dejar de ser, sería para los primitivos como para el hombre moderno, una fuente de angustia y sufrimiento intolerable que era necesario forcluir de alguna manera. Frente al hecho inexorable de la finitud de la existencia, al primitivo solo le quedaba un camino, negar esa finitud imaginando que una vez que el cuerpo cesaba de funcionar, algo de él, de su mente continuaba existiendo. No es casual que el término con que designamos nuestra vida anímica, la psiquis, provenga de un término griego que equivale a alma , y digo no es casual porque lo único que no podemos perder es nuestra psiquis, sin ella no somos lo que somos. Podemos perder un brazo, una pierna, nos pueden trasplantar cualquier órgano menos el cerebro que es la base material de nuestro pensamiento, y quien organiza nuestra psiquis. Por lo tanto lo primero que pretendemos conservar instintivamente es nuestra vida anímica, no queremos convertirnos en materia inerte, y en función de este instinto de conservación de la psiquis, que es lo que nos da conciencia de existencia, es que los primitivos imaginaron que la psiquis debía continuar existiendo, por ello psiquis es equivalente de alma, aunque a mi entender no es lo mismo, ya que el concepto de alma implica ya la presencia de una significación imaginaria social religiosa, cuando el hombre puede imaginar el alma, puede comenzar a construir el pesado edificio que constituyen las religiones. Es necesario realizar una distinción, la idea de la trascendencia de la vida humana da lugar a la religión, pero la religión no es solo una consecuencia ideológica de esta idea, la religión es una construcción que se relaciona con la construcción social y con las relaciones de dominio de las sociedades de clase a lo largo de la historia. Podríamos decir que la religión es un aprovechamiento de la idea de la trascendencia humana que se orienta hacia otros fines. Con el surgimiento de las primitivas ideas religiosas comienza a estructurarse una serie de jerarquías sociales, la sociedad comunista primitiva, caracterizada por el igualitarismo, en la que cada uno aportaba lo que podía y consumía lo que necesitaba, comienza a resquebrajarse, y a través de sucesivas transformaciones, da origen a la sociedad dividida en clase. Engels afirma que la sociedad primitiva estaba regida por el derecho materno, ya que dado que los clanes convivían en uniones grupales con libre comercio sexual, se podía saber quién era la madre de un sujeto pero no quien era el padre. Cuando estos clanes comienzan a ser sedentarios y se dedican a la agricultura, se generan excedentes económicos y con ello la necesidad de transmitir a la descendencia la acumulación primitiva. Es ese el momento en que la humanidad instaura la monogamia y el derecho paterno, la familia monogámica permite saber quién es el padre de un sujeto, el derecho paterno permite transmitir la acumulación originaria (tanto en términos de bienes como en atributos de poder) a los hijos, ya que el trabajo materno, el trabajo doméstico, no produce excedentes para acumular. En la medida en que la sociedad se escinde en clases es necesario crear los aparatos de dominación que permitan profundizar las relaciones de dominio. Uno de estos aparatos es la administración del Estado, y en el vértice de la administración encontramos al adalid, el jefe, el Rey. Para poder garantizar su poder ese Rey debe contar con un brazo armado que impida la rebelión de los sometidos, pero la sola represión no puede garantizar el dominio, ya que la multitud de seres sojuzgados, que es cada vez mayor (esclavos, sirvientes, trabajadores, siervos) se puede rebelar y no existe fuerza que pueda mantener sometido siempre a un colectivo. En esa encrucijada aparece la religión que se constituye en un aparato ideológico del Estado al servicio del sometimiento. Antes de continuar debemos hacer una digresión, no es lo mismo la creencia religiosa, la creencia en la existencia de un ser superior, que la existencia una ideología y de un edificio jerárquico de dominación, la religión y las iglesias. Todas las religiones se estructuraron en base a una organización jerárquica en la cual el sumo sacerdote, el papa, el chamán, el brujo se encuentran en la cúpula y son quienes portan la palabra revelada de dios o los dioses. En todas las religiones Dios ha revelado su palabra a través de un profeta, en el Cristianismo, esa palabra esta revelada en La Biblia, que fue escrita en distintos momentos, por distintas personas, en algunos casos mucho tiempo después de los hechos que la Biblia relata. La creencia en estos libros requiere de la anulación del juicio crítico que le permitiría a los sujetos reconocer, aunque mas no sea como extraño, que la supuesta palabra de Dios, los Mesías, etc., siempre aparecieron en la antigüedad o en la Edad Media, ninguno de ellos surge en momentos en que el desarrollo de la ciencia y la técnica desarticularía cualquier intento de falsificación o fraude como lo fueron los supuestos milagros de estos Mesías. Por lo tanto, la religión necesita de una condición fundamental para su desarrollo, la anulación del juicio crítico. Volviendo a nuestro análisis, decíamos que la religión es una institución. Una poderosa institución que a lo largo de los siglos determinó que es lo permitido y que es lo prohibido. La anulación del juicio crítico es lo que le permite a la religión lograr la sumisión de sus creyentes, y afirmarse sobre supuestos de indudable falsedad, o cuanto menos de muy dudosa autenticidad. Suponer que un muerto puede resucitar, que alguien puede caminar sobre las aguas, que de una estatua emane sangre, que alguna deidad le hable a una ignota pastorcita, constituye un claro ejemplo de hasta donde la religión logra anular el juicio crítico e imponer estas falacias. Pero la religión no es un juego de niños, con cuentos que se narran al final del día cuando estos se van a dormir, a lo largo de la historia de la humanidad, las distintas civilizaciones, crearon diversas organizaciones con el fin de mantener el dominio sobre el pensamiento primitivo y mágico de los hombres. Estas organizaciones, algunas más rígidas, otras más flexibles, algunas con mayor duración, otras más breves, son las que sostuvieron a la humanidad en un estadio de pensamiento salvaje y supersticioso que garantizó el poder, no solo de la religión sino de las clases dominantes que se beneficiaron con su existencia. Reyes que se sostenían por su origen divino, Papas que son los vicarios de Dios y entrelazan sus intereses con esos reyes, la burguesía que vio claramente el potencial de la religión para adormecer el pensamiento crítico de los trabajadores, todos ellos vieron en la religión y específicamente en las organizaciones estables de ésta, las iglesias, sectas, sinagogas, mezquitas una herramienta de notable eficiencia para sostener sus dominio de clase y sus privilegios. La religión como institución imaginaria social es profundamente reaccionaria y conservadora. Podrá alegarse que existen curas villeros, sacerdotes del tercer mundo, etc., pero ellos nunca son actores de las decisiones religiosas que toman las jerarquías y al ser un vehículo de transmisión de esta ideología oscurantista, proponiendo a los pobres soportar la existencia penosa a cambio de una supuesta existencia posterior a la muerte, en que se verán recompensados por sus penurias en la vida terrenal, se constituyen en cómplices de las relaciones de dominio y esclavitud que siempre tuvieron los sectores dominantes apoyados por todas las religiones. No es casual que las religiones se opongan a las reivindicaciones más importantes de la liberación humana, como lo son el derecho de las mujeres a disponer de sus cuerpos, la igualación de derechos para las minorías sexuales, la represión de la libertad sexual, y que sostuvieran el mantenimiento de relaciones familiares y sociales que facilitan el dominio de clase, la represión del pensamiento crítico, etc. El campo de la sexualidad merece un análisis especial, las religiones y especialmente las religiones universales (catolicismo, islamismo, etc.) siempre trabajaron en el sentido de reprimir la sexualidad. No es necesario hacer historia al respecto, solo bastas mirar las determinaciones actuales de las diferentes religiones respecto al sexo para comprobar la veracidad de esta afirmación. Como hipótesis de trabajo arriesgo que la sexualidad constituye un motor de desarrollo de las fuerzas revolucionarias que anidan en la sociedad, en tanto el impulso sexual es reprimido y la sexualidad solo permitida en el marco de la familia reaccionaria que las religiones predican, se sostiene un corsé al libre desenvolvimiento de los hombres y mujeres, garantizando el derecho patriarcal y la dominación sobre amplios sectores de la sociedad, sobre todo de las mujeres, que se ven reducidas a una mera máquina de sostenimiento de las tareas del hogar y de ser instrumentos del placer privado. Cuanto más reprimida la pulsión sexual, mas sometido está el sujeto, que se ve limitado en el desenvolvimiento de sus potencialidades críticas, hundido en cuadros neuróticos, frustrado por el deseo que nunca se satisface, y reprimido su reflejo de rebelión porque además está obligado a sostener estructuras económicas familiares, relaciones de consumo irracionales y ataduras a créditos, que impiden que pueda reflexionar sobre sus condiciones de vida y de trabajo y tener una acción activa de cambio social y cultural. En otro trabajo trataremos de realizar un recorrido por la historia negra de las religiones, baste en este con reiterar lo que dijimos en otro escrito, el problema no es Bergoglio, es la religión, estúpidos. Hasta la próxima.

viernes, 15 de marzo de 2013

El Papa es argentino, Maradona y Messi también.

El universo mediático fue sacudido en este novel 2013 por una serie de noticias fundamentales, Ratzinger renunció, murió Chávez, Murió Robert Castell, eligieron un Papa argentino. Cháves ocupó las planas de todos los medios durante días, y curiosamente el debate no fue tan arduo como se esperaba, en general, los medios hegemónicos, podríamos decir que, trataron relativamente bien la imagen del líder revolucionario latinoamericano. El caso de Bergoglio está siendo distinto, aún en el propio oficialismo se ha desatado una polémica muy importante. Es que este sacerdote es parte de la historia argentina reciente, y esa historia contiene una dictadura genocida cuyas consecuencias aún hoy sufrimos los argentinos. La dictadura genocida no fue una dictadura militar, no fueron solo militares usurpando el poder ilegal e legítimamente, fue una dictadura cívico militar, en la que fueron cómplices de las fuerzas armadas un sinnúmero de empresarios, banqueros, religiosos, periodistas, académicos, sindicalistas, etc. Hoy se conoce el papel de los dueños del Ingenio Ledesma en la represión salvaje en el norte argentino, sabemos la complicidad de los Acevedo, dueños de Acindar en la desaparición de trabajadores de esa empresa y su involucramiento directo, con Martínez de Hoz en el proceso de exterminio planificado de personas, y el rol de otras empresas como Astarsa, Dalmine-Siderca, Ford, Mercedez Benz, en el genocidio. El capital financiero internacional y el gran capital financiero nacional fueron a través de sus bancos quienes financiaron la aventura militar que término con treinta mil desaparecidos. El sindicalismo argentino también aportó recursos a la dictadura, algunos, como la comisión de los 25 creada en 1977, confrontaron con los militares, y a comienzos de 1979 realizaron el primer paro de protesta contra el gobierno militar, pero no todos compartían la actitud combativa de Roberto García (taxistas), Demetrio Lorenzo (alimentación), Saúl Ubaldini (cerveceros), Ricardo Pérez (camioneros), José Rodríguez (SMATA), Roberto Digón (tabaco) y Raúl Ravitti (ferroviarios) , en forma paralela a estos dirigentes hubieron otros que fueron parte del movimiento cívico militar que sostenía a la dictadura y colaboraron formando la Comisión de Gestión y Trabajo, como afirma Martín Borja, encabezada por Ramón Baldassini (telepostales) y conformada por los sindicatos no intervenidos. Es el mismo Baldassini el encargado de pintar de rosa para el exterior la situación de los trabajadores cuando, en 1978, representa a la Argentina en la Asamblea Anual de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Más tarde, aquella dirigencia títere quedaría convertida en la Comisión Nacional del Trabajo, que contaba entre sus filas nada menos que a Jorge Triaca -quince años después ministro de Trabajo e interventor de Somisa en la era de despidos menemista- y al millonario y flexibilizador Armando Cavallieri, entre otros. Los académicos son innumerables, ellos formaban profesionales acordes a las exigencias de la dictadura y propagandizaban las ideas autoritarias en los diferentes niveles de la educación. De los periodistas ya hemos hablado en extenso en este blog y no vale la pena insistir sobre ello. Dejé para el final el papel de la iglesia, sobre todo la Iglesia Católica. Si bien es cierto que en la misma hubieron sacerdotes y monjas comprometidos, que lucharon contra la dictadura, algunos de ellos incluso fueron secuestrados y torturados, como los padres jesuitas Francisco Jalics y Orlandio Yorio, otros como el obispo Angelelli fueron asesinados intentando que su muerte apareciera como un accidente, pero en general la iglesia Católica tuvo cuanto menos una actitud cómplice con la dictadura y justificó sus desmanes, cuando no participó directamente en las torturas y desapariciones como en el caso del cura Christian Federico von Wernich, que como capellán del ejército fue detenido desde 2003 por su participación en delitos de lesa humanidad en los centros clandestinos de detención Puesto Vasco, Coti Martínez y el Pozo de Quilmes, y fue condenado el 9 de octubre de 2007 a reclusión perpetua por hallarlo culpable de 34 casos de privación ilegal de la libertad, 31 casos de tortura y 7 homicidios calificados. La memoria es el único medio con el cual se puede evitar que vuelva a suceder lo que ocurrió en los años aciagos de la última dictadura, es por ello que en este momento en que se pretende hacernos creer que Bergoglio es casi Jesucristo en la tierra, debemos recordar quien fue y que hizo durante la dictadura. Los periodistas están divididos, los vinculados a la derecha tratan de hacer aparecer ante la gente una imagen de un cura futbolero, humilde, honrado jugado con causas populares, del otro lado están los que tienen una actitud crítica hacia Bergoglio y lo critican por su participación en el proceso militar, yendo de los que lo comprometen con el genocidio a los que lo critican por sus silencios cómplices. Tanto desde el gobierno, como desde la oposición se trata de utilizar el impacto popular de que un argentino haya sido nombrado Papa para llevar agua para su molino, como estadista la Jefe de Estado asistirá a la ceremonia de asunción del Papa (también lo hizo durante la asunción de Ratzinger), y reivindicó desde su condición de católica la importancia de que un latinoamericano haya alcanzado el más alto rango dentro de la iglesia, desde su movimiento algunos se alinearon con esta visión, otros más críticos, trataron de sostener la memoria. Desde la oposición, sobre todo la derecha, ven esperanzados a este nuevo Papa, y además de cantar loas por él, tratan de barrer bajo la alfombra algunos aspectos oscuros del pasado del Cardenal Bergoglio durante la dictadura. Los sectores más radicales de la derecha vernácula se ilusionan con la idea de tener un Papa que actúe como catalizador de la política interna y ven la aparición de un Lech Walesa argentino (tal vez a Moyano) que venga a terminar con lo que, para estos sectores, es un “dictadura comunista”. Más allá de lo controversial que es la figura del nuevo pontífice y de su actuación durante la dictadura, tema que será discutido por los tribunales y la historia, creo que lo fundamental es considerar, como lo hice más arriba, el rol de la institución religión en la vida de los pueblos. La religión es el opio de los pueblo habría dicho Marx en “Contribución a la crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel” en 1844. Las religiones, que en algunos casos tienen un rol instituyente en la sociedad, por ejemplo el cristianismo surgió como un pensamiento dinámico a favor de los oprimidos del mundo, generalmente, cuando se institucionalizan, se convierten en un instrumento ideológico de dominación de las clases poseedoras de la sociedad. Esto es lo que ocurrió con el cristianismo, que perseguido luego de la desaparición de sus principales padres iniciadores, termina constituyéndose en religión del Estado Romano bajo el Emperador Constantino El Grande, hecho que se institucionaliza definitivamente en el Concilio de Nicea (325). Las religiones tuvieron a lo largo de la historia dos objetivos fundamentales, constituir una subjetividad generalizada que facilitó a lo largo de la historia la opresión de las clases subordinadas de la sociedad y reprimir aquellas pulsiones que en el ser humano se constituyen como un efecto instituyente, fundamentalmente, la pulsión sexual. De allí el carácter conservador y reaccionario que tienen todas las religiones. La iglesia Católica Argentina, como toda la Iglesia Católica Apostólica y Romana no escapa a esta caracterización, y a lo largo de nuestra corta historia, la Iglesia constituyó una de las herramientas fundamentales de la opresión de los trabajadores en nuestro país. Como institución burocrática y conservadora, su función es enajenar el pensamiento crítico de los trabajadores y generar la creencia en una vida en el más allá que los compensará de las desventuras en esta vida. Pero la Iglesia, además de este rol ideológico conservador, tiene también un rol político en la sociedad, y en tanto organización burocrática de dominación, se constituye junto al ejército y los mass media, en la herramienta con que cuenta la derecha conservadora que representa al gran capital financiero, a los patrones latifundistas del agro y a los grandes burgueses de las ciudades, para mantener su función de privilegio a costa del hambre y la miseria de millones de trabajadores y excluidos. Alegrase porque la curia retardataria de la Iglesia Católica Mundial, esos 115 reaccionarios al servicio de la opresión capitalista mundial, eligieron un argentino como Papa, es como alegrarse de los triunfos de los ejércitos imperialistas en el mundo, es someterse y dejarse colonizar por el pensamiento más antiguo, dominante y reaccionario. Es por ello que más que alegrarme de que Bergoglio sea un Papa Argentino, yo prefiero tener una cuotita de satisfacción porque Maradona y Messi son argentinos. Hasta la próxima

viernes, 8 de marzo de 2013

Falacias de la democracia.

El actual sistema representativo, que el capitalismo casi ha universalizado, se construye sobre una serie de falacias. Ante de proceder al análisis del tema propuesto, creo conveniente hacer una salvedad, el peor sistema democrático, es mil veces mejor que la dictadura, aunque no por ello podemos afirmar que sea el mejor sistema de gobierno. Una de las grandes falacias, sobre la que ya hemos discurrido, es la llamada libertad de prensa, según los epígonos de la democracia, en el sistema político actual todos tienen la palabra. La verosimilitud de este aserto queda desmitificada cuando recurrimos a nuestra experiencia cotidiana, ¿Acaso cada uno de nosotros puede opinar libremente ante los mass media?, Acaso no es perfectamente constatable que en los programas de radio y televisión, que son los que realmente permiten exponer públicamente las ideas ante la masa poblacional, solo participan algunos privilegiados como los políticos, los expertos o los funcionarios. ¿En cuantos programas, en cuantas páginas de periódicos, el lector ha visto al hombre de la calle opinando? Solo puede verlo participando en encuestas pre fabricadas, orientadas a obtener un resultado preestablecido a las preguntas que se formulan y donde la veracidad de los resultados solo lo sabe quién las realiza y analiza. Esta característica de la participación mediática de solo estas categorías de “ciudadanos” es congruente con el carácter de la democracia como procedimiento que se ha instalado en argentina desde los albores de la nacionalidad. En este tópico la Constitución de la Nación Argentina es meridianamente clara “El pueblo no delibera ni gobierna, sino a través de sus representantes”, lo que en buen romance debe entenderse como que el pueblo no gobierna, sino que lo hacen los representantes políticos de la clase dominante, es tal vez por esta circunstancia que ellos son denominados con cierta precisión “la clase política”. Si bien en la antigua Grecia no todos los habitantes del Ático participaban de la democracia , esos ciudadanos autorizados a participar lo hacían a través de democracia directa asamblearia y en pie de igualdad. Pero además los ciudadanos griegos tenían otras instancias de deliberación, mientras que el espacio público estaba constituido por la “Ekklesia” , la que contrastaba con el espacio privado, el “Oykos” , entre ambos se situaba un espacio semipúblico, el “Agora” , el Ágora es el lugar del debate por excelencia en la antigua Grecia, en este espacio los atenienses discutían todo y de todo. Como podemos ver, en Atenas el sujeto político por excelencia era el ciudadano que participaba en un plano de igualdad en todos los procesos de toma de decisiones. Es por supuesto algo muy distinto a lo que ocurre en nuestra democracia parlamentaria burguesa, en la que en la medida en que la ciudadanía se ha ido universalizando, ha ido perdiendo en profundidad, dando paso a una democracia cada vez más formal y cada vez menos sustancial. La circulación de la palabra, la posibilidad de que todos los ciudadanos que lo deseen tengan acceso a los medios de comunicación de masas, la posibilidad de que no se delegue en unos pocos las decisiones que afectan a la gran mayoría, es lo que en los últimos doscientos años ha conspirado contra el aumento de la igualdad, y por lo tanto, contra el mejoramiento de la calidad de vida en el capitalismo tardío. Los ciudadanos de a pie, en el mejor de los casos, pueden debatir sobre la cosa pública en sus charlas de café, en las que a pesar de tratarse todos los temas y barajar soluciones creativas a los problemas, la audiencia del ponente no sobrepasa las tres o cuatro personas. Por lo tanto la libertad de prensa es libertad para que los dueños de los medios de prensa determinen que es lo que deben y no deben decir sus empleados, los llamados periodistas independientes. Con el monopolio de la palabra y de su circulación, los medios de comunicación de masas tienen una importante herramienta para poder instalar la agenda pública de debate, y a través de la digitación discrecional de los contertulios que aparecen en los programas de radio y televisión y que escriben en la prensa escrita, determinar los temas que se deben conocer y cómo interpretar la realidad, según los intereses de la clase dominante, por lo tanto, pueden tener el monopolio de las opiniones que a los burgueses les interesa que tomen el llamado “estado público”. El lector atento, que además de visitar este blog mira tv o escucha radio sabe que a los distintos programas concurren solo un grupo de ciudadanos, no mayor a las trescientas personas por año, con el agravante que se repiten hasta el cansancio de acuerdo a los intereses ideológicos de los conductores. Así en programas de periodistas de derecha como Grondona, Van Der Koy, Castro, Morales Solá, etc., siempre van Julio Bárbaro, Alfonso Prats Gay, Roberto Gargarella, Santiago Kovadloff, Carlos Melconian, Martín Redrado, la inefable pitonisa Elisa Carrió, el frustrado cineasta devenido a político Pino Solanas y el “pibe” Mauricio Macri entre otros, y es casi imposible ver a algún funcionario de gobierno. Lo mismo ocurre en los programas oficialistas a los que solo asisten aquellos actores que comulgan con el gobierno. Los investigadores, profesores universitarios, autoridades de casas de estudios, raramente son invitados a participar en los mass media, mucho menos los maestros, los albañiles, los empleados de banco, las amas de casa, etc. Es así que se producen groseras distorsiones de la realidad, por ejemplo se habla de que el gobierno actual no ha resuelto problemas como la pobreza, la inseguridad, la inflación, la deuda externa, etc., pero no se dice que esos problemas no fueron creados por esta administración sino que son cuestiones que se producen en Argentina desde la década del 70´ cuando las dictaduras militares rompieron la curva de desarrollo social inclusivo que había ido configurándose a partir del primer gobierno peronista. Tampoco se dice nada de la responsabilidad que tuvieron en el deterioro de las condiciones de vida, además de los militares genocidas de las dos últimas dictaduras, los civiles que las apoyaron y participaron de la masacre de la juventud trabajadora argentina, como por ejemplo los grandes banqueros, los miembros de la Sociedad Rural, de Conniagro, y demás entidades patronales agropecuarias, los burócratas traidores que desde hace años usurpan la representación de los trabajadores para enriquecerse a costa del empobrecimiento de sus representados, los políticos corruptos que vendieron cuanta empresa pública existía, o que levantaron los ferrocarriles, o que cometieron el otro genocidio, condenando al hambre y a la miseria a millones de argentinos que pertenecías a la clase media. Se ocultan experiencias transformadoras y revolucionarias que se dieron en nuestro país a partir de la crisis de 2001. Casi nadie habla de las empresas recuperadas, de las luchas de los trabajadores por sostener su fuente de recursos de vida ante la deserción de los patrones explotadores, ya nadie se refiere a lo que fue el movimiento de asambleas populares luego de la caída de De La Rúa en las que miles de argentinos se reunían en esas Ágoras improvisadas en parques, puertas de escuelas, etc., para debatir sobre la crisis, poco se conoce de las experiencias realizadas por diversas Ongs para paliar el problema de la desocupación en la década del 90 y en los primeros años del nuevo siglo, etc. En definitiva la llamada “opinión pública” es la opinión que publican los medios de comunicación de masas y que no es otra cosa que las formaciones discursivas que sus dueños quieren que circule, objetivo que logran gracias a la labor de los periodistas mercenarios y sumisos que obedecen al patrón, como antes lo hacía el pobre peón de estancia. La verdadera democracia, la democracia sustancial, que es aquella en la que se rompe la heteronomía y a través de la autonomía de los ciudadanos que resuelven en pie de igualdad sus asuntos públicos, todavía está por desarrollarse, mientras tanto hoy más que nunca se impone la consigna de luchar por la ampliación de la democracia burguesa y la universalización de los derechos ciudadanos. Hasta la próxima.