viernes, 27 de mayo de 2016

Ateos, agnósticos y creyentes.


Para iniciar esta conversación creo conveniente distinguir estos tres términos. Ateo etimológicamente significa sin dios (a=sin, theo=dios). El ateo es una persona que niega la existencia de cualquier dios o entidad supra natural. Es frecuente confundir a un ateo con un agnóstico. Los agnósticos, no rechazan la posibilidad de que exista de una deidad, sino que consideran que lo divino escapa de la comprensión humana y, por lo tanto, desconocen su eventual su existencia. La diferenciación entre ateo y agnóstico no es menor. Mientras el ateo rechaza la existencia de un dios (o dioses) de plano, sin conceder ninguna posibilidad, ubicándose por lo tanto en un mismo plano con el creyente, dado que rechazar la existencia de un objeto sin tener la verificación científica, se constituye inmediatamente en una creencia, el agnóstico se coloca en una posición científica y dado que por el momento, no tiene los conocimientos necesarios para determinar la inexistencia o existencia de dios, pone el problema entre paréntesis, y lo ubica correctamente en el plano de la creencia, plano en el que la ciencia no tiene nada que decir. Es decir el creyente dirá creo, el ateo no creo y el agnóstico se desinteresará del problema. Podemos afirmar que existen razonamientos acertados que conducen a valorar la existencia de un dios o dioses como producto de la imaginación humana. Muchos autores han demostrado (y en este blog hemos recogido sus opiniones) la existencia de un período pre religioso en la humanidad. Estamos hablando de un tiempo en el que los seres humanos no creían en la trascendencia o en la vida después de la muerte. Ello queda registrado en el hallazgo de restos humanos totalmente despojados de enseres domésticos. Estos cuerpos ni siquiera eran enterrados, cuando alguien moría directamente su cuerpo quedaba abandonado por la horda trashumante que no se detenía en su camino sin fin. Solo muy tardíamente comienza a verificarse restos humanos acompañados de enseres domésticos o posesiones personales que dan la pista de la creencia de la vida después de la muerte. Estos cuerpos eran enterrados para protegerlos y se le colocaban sus posesiones a fin de las tengan en el otro mundo. En general la creencia religiosa parece haber surgido como modo mítico explicatorio de lo que el hombre no podía entender (fuerzas de la naturaleza, el misterio de la muerte, etc.). Luego la religión transita por diferentes intereses. La división de la sociedad en clases sociales requiere de una superestructura de dominación que justifique las diferencias sociales y los privilegios de las clases dominantes. En la sociedad humana se organizan verdaderas constelaciones de poder y existen sujetos que se especializan en el diálogo con dios o los dioses y diosas. Los sacerdotes que habitan en los templos se convierten en verdaderos sostenes de los poderes terrenales. Al sostenerse el imaginario de que el poder dominante no es propio de la temporalidad, sino que es asignado por un ser o seres que están más allá de la física (origen de la metafísica, recordemos que la metafísica es una rama de la filosofía que estudia los problemas centrales del pensamiento filosófico: el ser en cuanto tal, el absoluto, dios, el mundo, el alma.), La religión se organiza a partir de la existencia de los misterios que escapan a la comprensión humana (que es el alma, que significa su trascendencia, que ocurre más allá de la muerte, etc.), pero su organización no es casual, ocurre en un tiempo histórico determinado en el que existe además del temor a lo desconocido, la necesidad de dominación de quienes comienzan a apropiarse de la propiedad común del clan. Existen algunas cuestiones que no son discutidas (sobre todo en la religión monoteísta). En las religiones politeístas los dioses y diosas constituían un clan que estaba más allá de los hombres y que intervenían en forma directa en su cotidianeidad (como lo demuestran los mitos referentes al héroe generalmente mitad humano mitad dios por ser concebido entre un dios y una humana o viciversa). Pero en todas las religiones el dios supremo es siempre un hombre. Zeus, Buda (que no era estrictamente un dios) Jesucristo, Jehová, Ala, siempre son varones. Esto está relacionado claramente con la existencia de la sociedad patriarcal y por ende con la sociedad de clases. Ni siquiera las feministas se atreven a impugnar que dios sea masculino, en lugar de poner en tela de juicio esta identidad sexual y plantear la existencia de una diosa como gobernante del universo. Un dato es muy claro, a lo largo de la historia de las religiones los dioses o dios fueron creados por la imaginación radical a imagen y semejanza de los seres humanos. Todos ellos tienen una imagen similar a las de los hombres y mujeres (aun aquellos que son mitad humanos, mitad animales como los dioses egipcios tienen rasgos de lo humano) En la actualidad asistimos a recrudecimiento de la fe religiosa. Tras un largo período inaugurado tal vez por el iluminismo y que tuvo su punto más alto en la revolución francesa, la fe religiosa que había retrocedido, dando más espacio al laicismo en la vida social, en el tercer milenio parece haber tomado nueva fuerza y reaparece en formas retrógradas como los fundamentalismos autoritarios que gobiernan en buena parte del mundo. La característica de la fe, es que ella es irracional, no importa cuán disparatado sea su contenido, se tiene fe. Por ejemplo, en las redes sociales, podemos observar pedidos para curar enfermos mediante la oración, en Rosario hay un fenómeno social que es parte de lo que se llama curas sanadores, el padre Ignacio congrega a miles de creyentes cada año que esperan ser curados de enfermedades incurables, para las cuales la medicina no tiene respuesta, Esta creencia de los curas sanadores abreva en una antigua creencia supersticiosa según la cual la enfermedad era una consecuencia de las fuerzas malignas que se apoderaban de los cuerpos. Jesús y los apósteles son tal vez, los primeros curas sanadores de la historia de la religión, siguiendo las ideas de su líder, Jesús, ellos creían que aquel que tenía fe y que rechazaba esas fuerzas malignas se podía curar. Esta irracionalidad de la fe ha llevado en la historia de la humanidad a los peores genocidios, ejemplo de ello son las guerras religiosas, o las matanzas irracionales en función de la fe. La inquisición, las cruzadas, o actualmente el fundamentalismo religioso de los grupos islámicos son parte de lo pernicioso de estas creencias llevadas a su máximo exponente. Lo curioso es que personas muy formadas, inteligentes, creen en estas cuestiones, cuando los mitos religiosos no pueden ser probados por ningún dato histórico. Tomemos algunos ejemplos, el antiguo y el nuevo testamento fueron escritos por hombres después de los sucesos, algunas veces pasaron muchos años entre que el hecho ocurrió y el momento de la narración. Son documentos que contienen ambigüedades, contradicciones, pero, por sobre todo, son escritos humanos, ningún dios los escribió, ningún dios los dicto. Generalmente los “originales” de estos documentos se han perdido, por ejemplo, las tablas de Moisés se rompieron, o fueron entregados misteriosamente a un profeta, como en el caso del Corán, que rebela la palabra de Allah (Ala en su castellanización, que significa El) que fue dictada a Mahoma por Yibril (el arcángel Gabriel), pero sin existir ninguna prueba de ese dictado. En todas las religiones existe un mito fundacional en el que dios o los dioses rebelan su existencia a los humanos, pero los humanos corrientes nunca han visto a un dios, solo algunos mitos como el de la virgen María que se le aparecía a Bernardita en Lourdes pero que tampoco existen pruebas de la ocurrencia del hecho o la imaginería popular que crea santos como el gauchito Gil. Otro de los factores que llevan a la existencia de creyentes es el peso de la ideología familiar, millones de cristianos, musulmanes, budistas, etc., lo son por haber nacido en hogares de esas confesiones, son cristianos como podrían haber sido seguidores de cualquier otro ídolo. En lo profundo de la psiquis moderna está el inmenso temor a la desaparición. Los humanos vivimos apegados a la vida y tememos por el fin de la existencia de cada uno de nosotros. Voy a comentar algunas experiencias personales que tal vez sean una pista, si se las piensa, para entender un poco más a la fe religiosa. En algún momento me operaron de várices y por ello me hicieron anestesia total con pentotal. Mi experiencia fue estar en el quirófano escuchando las voces de los médicos y enfermeras y de golpe todo ruido, toda imagen, toda sensación desapareció. La sensación inmediata fue escuchar nuevamente ruidos y voces, pero para ello habían pasado varias horas y no estaba en el quirófano, sino en una sala post operatoria. Creo que esta es la sensación más parecida a la muerte, cuando todo desaparece para el sujeto, cuando ninguna sensación existe, es como si se apagara la luz y la oscuridad total nos invadiera, pero es una oscuridad sin nada, es la nada total. Y en ello reside la necesidad de creer en otras vidas, en la trascendencia, porque los humanos no resistimos la posibilidad de ser nada, podemos aceptar que fuimos nada, pero no que vamos a ser nada, podemos aceptar que en algún momento no estábamos en el mundo, pero nunca que no estaremos. La religión nos provee de esa fantasía, la posibilidad de eludir el final, y que el final sea solo un principio. Pero además de atenuar la ansiedad y la angustia del ser humano, la religión utiliza estos miedos y angustias para imponer instituciones que ordenan la vida social según el imaginario social dominante, según el interés de la clase social dominante. Pero hablaba de la función de la familia en la determinación de la fe religiosa. Y allí encuentro en mi historia personal un determinante muy importante. En algún momento se me narró que, al lecho de muerte de mi abuelito materno, sus familiares llevaron un cura para que le diera la extremaunción, el viejo al verlo exclamó “saquen de aquí a ese cuervo” y se negó a recibirla. Mi madre, que se consideraba católica, se cuestionaba su fe, no comprendía mitos como los de la virgen María, si era virgen, como tuvo un hijo solía decir y como este cuestionaba otros mitos, y obviamente, no era de ir a misa. Estas son formas que expresan como la racionalidad popular cuestiona a las religiones, aunque el peso de la institución religiosa es tan grande que no pueden escapar a ella, existen intersticios por los que se cuela la razón, y yo como producto de esos intersticios terminé siendo agnóstico. Hasta la próxima.

miércoles, 25 de mayo de 2016

La dignidad del empleo público.


Los gobiernos neoliberales, cuando deciden realizar ajustes contra el pueblo, una de las primeras variables que utilizan es el empleo público. Esto es así porque para la burguesía lo público se reduce a la administración del estado y el uso de la fuerza armada para defender sus instituciones dominantes. Para los que pretenden un país distinto, que se rija por los valores de la solidaridad, la concordia, la paz, el respeto a los derechos humanos, a la diversidad, el Estado tiene muchas otras funciones, y si agregamos la necesidad de desarrollar la ciencia y la tecnología, de multiplicar las industrias, de aumentar la igualdad, entonces esa multiplicidad de funciones crece tanto en cantidad como en calidad. No es necesario discutir que el objetivo del gobierno actual en la Argentina es retornar al país agroexportador de los comienzos del siglo XX. Para fundamentar esta opinión basta con tomar dos indicadores macroeconómicos, el crecimiento agrario y el industrial. El superávit comercial de abril (a solo cinco meses del comienzo del gobierno del PRO-RADICALISMO) creció el 64% frente al año pasado, en dólares americanos fue de 332 millones (en igual mes de 2015 había sido de 202 millones) según datos del INDEC. Este resultado se debe, por un lado, a la baja de las importaciones de combustibles (32%), y al flujo comercial, fundamentalmente con Brasil, EE.UU., y con China que le compra a la Argentina mayoritariamente productos primarios. Mientras tanto la industria cayó un 4,8% (en términos interanuales). Aunque en abril la industria se vio resentida por la menor disponibilidad de granos. Estamos frente a un modelo que privilegia la producción exportable de productos primarios por sobre el desarrollo industrial, en este marco conceptual es lógico que al macrismo no le interese el mercado interno, o más precisamente le dé menos importancia al mercado interno que al externo. De eso se trata el ajuste y por lo tanto la asimetría del mismo, de transferir una masa importante de recursos de los sectores ligados al mercado interno hacia los sectores ligados al mercado externo, y por lo tanto, lo sufren solo los que están vinculados críticamente al consumo interno, como las PYMES, los trabajadores, los profesionales, etc. En los primeros cinco meses de gobierno aumentaron las rentas de la gran burguesía (petroleras, agroexportadoras, cerealeras, etc.) y cayeron en picada las de las PYMES, empresas recuperadas, sectores más vulnerables de la producción agraria (como los tamberos que ven caer su producción por efectos de las inundaciones y los bajos precios) y fundamentalmente los salarios de los trabajadores y las jubilaciones. Por lo tanto, el modelo del macrismo es un modelo agro-exportador que pretende retrotraer a la Argentina al período histórico anterior a los años 30´, años del paraíso terrateniente, del país agroexportador que se enorgullecía de ser el granero del mundo. donde el Estado estaba al servicio de la gran burguesía oligárquica (aquella que viajaba a Europa con la vaca en el barco para que sus hijos tomaran leche selecta). El Estado de esa época tiene que ver con el Estado mínimo buscado por el neoliberalismo después de la caída de Perón. Este Estado mínimo se desinteresa de todo lo que pueda ser inversión educativa, de salud, en ciencia y tecnología o desarrollo humano. Los neoliberales piensan al Estado tan solo como una maquinaria represiva y administrativa, no le otorgan ninguna otra función, aunque por cuestiones de gobernabilidad y búsqueda de consenso mientan sobre sus objetivos ideológicos, políticos y sociales. Por ejemplo, Macri en campaña hablo de llegar a pobreza cero, los pobres en tan solo cinco meses de gobierno crecieron en más de 1,5 millones, frecuentemente habla de solucionar los problemas de los más vulnerables, y veta una ley contra los despidos en un momento en que los mismos crecen en forma exponencial. Se conduele de los sin techo que moran en las calles de las grandes ciudades y disminuye las partidas de asistencia social, vivienda, etc., y para ayudarlos los elimina o los oculta. Pero una de las principales metas de neoliberalismo ha sido el equilibrio fiscal, y pretende lograrlo mediante la eliminación masiva del empleo público. Esta operación de reducción del empleo público ha sido una constante en las dictaduras y las experiencias de gobiernos democráticos como el de Menem y De La Rua, y es retomada por el macrismo. Para poder despojar de su sustento a miles de familias trabajadoras sin pagar el costo político que implica su insensibilidad social la gran burguesía cuenta con la ayuda de los medios de comunicación concentrados que baten el parche del costo de los empleados público. Hablan de que son ñoquis, que no van a sus trabajos, que son ineficientes, que el Estado es una estructura obesa que ha engordado por las políticas clientelares (pero no dicen que en los cinco últimos meses el macrismo llenó el Estado de parientes amigos y favorecedores en altos cargos, incluyendo amantes, familiares, chongos, clientes políticos, etc.) y en general descargan una batería de epítetos mentirosos e insultantes contra los empleados públicos. Esto lo han hecho siempre, cuando Menem quiso eliminar los ferrocarriles y despojar a los trabajadores de sus ingresos lo primero que hizo fue desfinanciar la empresa y acusarla de ineficiente), es decir, a la gran burguesía no le basta con despedir a los trabajadores, además debe denigrarlos, para que su discurso penetre en el corpus social y sea aceptado por los ciudadanos. Es necesario desmitificar la idea de que el empleo público es alto en argentina, es mucho más bajo que en países desarrollados, incluso en EE.UU. Pero, ¿quiénes son los empleados públicos? En ellos tenemos diferentes categorías, administradores, científicos, educadores, miembros de las fuerzas de seguridad, transportistas, tecnólogos, agentes sanitarios, etc. En cada instante de su vida el ciudadano se encuentra con un empleado público que lo asiste, sin ellos su vida, en la compleja sociedad moderna sería un imposible. Veamos algunos ejemplos. Cuando un ciudadano se enferma, si no tiene recursos, debe recurrir a un hospital, allí lo atiende un empleado público que lo recibe, otro que lo cura y tal vez alguno que trabaja solucionando sus problemas sociales. Cuando manda a la escuela a sus hijos, estos estudian en un ambiente limpio y saludable porque hay empleados públicos para asear las escuelas, aprenden porque hay empleados públicos que enseñan, la escuela sostiene el proceso educativo porque hay personas que la administran. Cuando ve televisión digital abierta y utiliza las telecomunicaciones es gracias a Arsat que trabajan para que un satélite de comunicaciones ocupe la órbita geoestacionaria. Cuando prende la luz es gracias a los empleados públicos que operan las centrales atómicas, las centrales hidroeléctricas, las centrales tradicionales. Cuando envía sus hijos a la Universidad para tratar de que tengan un futuro mejor puede hacerlo porque hay auxiliares administrativos y de maestranza que sostienen a la misma y profesores e investigadores que forman a sus hijos y producen conocimiento. Cuando él y sus hijos son beneficiarios de planes sociales como el PROCREAR, el Plan de Salud Reproductiva, el Plan Conectar Igualdad y tantos otros es gracias a la asistencia de los empleados públicos. Cuando se jubila puede hacerlo porque hay empleados públicos en el ANSESS, o si tiene un problema laboral encontrará asistencia en los empleados del MTSS, si tiene una diferencia comercial, personal, si ha sido víctima de algún delito recurre al sistema judicial que está integrado por empleados públicos. En definitiva, en cada paso que da un ciudadano en la sociedad se encuentra con un empleado público que lo asiste, lo orienta, lo contiene, entonces, porque creer el relato del neoliberalismo que los empleados públicos son ineficientes, inútiles, ñoquis. El macrismo en estos cinco meses ya despojó de su trabajo a miles de empleados públicos (administrativos, científicos, profesionales) y está resintiendo el menú de servicios del Estado, sobre todo el que requieren los sectores más vulnerables, pero nada le importa, porque al neoliberalismo no le importa la gente, el neoliberalismo es un proyecto social y económico en el que sobran más de diez millones de personas. Un gran burgués no va al hospital, no manda a sus hijos a la escuela pública, no necesita la energía eléctrica del Estado (suele tener generadores privados), no requiere de la asistencia social, y sobre todo, como solo le importa exportar productos primarios no se interesa por el desarrollo de la industria y la ciencia y la tecnología. Pero para el resto de la sociedad los empleados públicos no son un gasto, son una inversión. Soy profesional, científico, profesor universitario, pero por sobre todas las cosas, soy un empleado público y estoy orgulloso de serlo. Hasta la próxima.

domingo, 22 de mayo de 2016

Los efectos terribles del neoliberalismo sobre los pobres.


En una publicación de Facebook decía que lo que el actual gobierno de Argentina no puede comprender, porque sus intereses van en una dirección opuesta a la de los intereses de los sectores sociales más desfavorecidos, es que lo que uno de los determinantes más importantes de la crisis capitalista reside en la desigualdad social que el propio sistema produce. Señalo que la miopía gobernante está relacionada con sus intereses porque estos son los de un sector de la burguesía poco interesada en desarrollar el mercado interno, como si lo estuvo el sector que gobernó entre 2002 y 2015. Cuando el interés de la fracción burguesa en el poder se centra en el mercado externo y en los acuerdos y alianzas que puede tener con los sectores de la gran burguesía internacional, poco interés puede tener con la situación interna del mercado, y si lo tiene, es mas a los efectos de dominio y sostenimiento a su poder que a razones económicas. Para analizar la situación actual de la Argentina es necesario inscribirla en la situación internacional. La economía capitalista internacional es la que está en crisis, y esta crisis tiene una razón estructural. La concentración de la riqueza crece desmesuradamente al punto tal que, el 0,7 % de la población mundial que hace unas décadas era propietaria del 43% de los bienes mundiales, en la actualidad posee más del 50%. La contrapartida económica de esta situación es que la tasa de ganancia mundial, según Michel Robert, Andrew Kliman y Peters Jones pasó del 45% (calculada en costos históricos) al 32 % en 2011, lo que tuvo como consecuencia la baja de la inversión en el capitalismo, dado que, en él, lo más importante para realizar nuevas inversiones es la rentabilidad. La consecuencia obvia, es el estancamiento que registramos en la economía mundial. Es decir, que la contradicción del sistema es que en la medida en que aumenta la concentración económica, la tasa de ganancia tiende a disminuir (Marx lo definía como la tendencia decreciente de la tasa de ganancia en el capitalismo) y por lo tanto se hace lugar a una crisis de superproducción y subconsumo. Esto fue analizado muy profundamente por Keynes, que observó que los asalariados gastan el 100% de sus ingresos en manutención y bienes durables y dado que no poseen capacidad de ahorro, al decrecer sus ingresos tienden a constreñir su consumo. El efecto, es el que provocan siempre la aplicación de las recetas neoliberales que tienden a realizar una fuerte transferencia de ingresos de los sectores económicamente más desfavorecidos a los sectores de la burguesía más concentrada, dado que esta transferencia se realiza mediante la disminución de los aportes tributarios de estos últimos sectores al fisco y con ajustes que implican la reducción de los ingresos de los sectores económicamente más vulnerables. Es interesante observar que mientras en el mundo la tasa de ganancia decrecía, por efecto de la aplicación de políticas neoliberales, en Argentina creció. Gabriel Milichena en un artículo publicado en Realidad Económica, una publicación del IADE de mayo de 2016, presenta un interesante cuadro que analiza el largo período que va de 1961 a 2007 en el que se observa claramente que la tasa de ganancia estructural en argentina, vista desde la perspectiva tendencial, creció en este período. La curva de la tendencia es muy clara, a partir de fines de la década del noventa muestra un sentido creciente que se mantiene después del 2007. Si observamos las curvas de la tasa de ganancia empresarial y estructural vemos que tienen un comportamiento similar, casi en paralelo, aunque la tasa de ganancia empresarial transita por debajo de la estructural. Mirando el gráfico observamos algunos puntos de inflexión de las curvas. 1970, 1975, 1979, 1982, 1987, 1990, 2001. Si comparamos estas caídas con el mapa político y con la aplicación de recetas económicas neoliberales como la que actualmente aplica el gobierno de Macri vemos que coinciden. 1970 es la crisis del gobierno de la dictadura de Onganía que lo dejará fuera de juego rápidamente. 1975 coincide con el llamado rodrigazo cuando la derecha peronista aplica el feroz ajuste neoliberal. 1979 marca el comienzo del fin de la dictadura. Aunque en este momento la caída fue menor esta se irá profundizando hasta 1982, año de la aventura militar de Malvinas con la que la dictadura claramente derrotada y en retirada buscó salvar algo del desastre. 1987 es el momento de gran error del alfonsinismo que busca cambiar el rumbo que había iniciado el plan austral acosado por las presiones corporativas de los militares, el empresariado y los sindicatos. En 1990 tenemos un momento de inflexión cuando Menem afronta la idea de equiparar el peso al dólar para superar la crisis y logra en base a la entrega de las joyas de la abuela y un terrible endeudamiento externo sostener una economía anti inflacionaria que durante algunos años da resultados políticos, sobre todo porque la inflación de un dígito permitió en 1994-1995 lograr el llamado voto cuota con el que pudo ganar las elecciones. A partir de 1998 comienza a registrarse una caída de la tasa de ganancia estructural que tiene su pico en 2001-2002 cuando el plan de estabilización iniciado por Cavallo durante el gobierno de Menem y continuado por el mismo Cavallo durante el gobierno de De La Rua, finaliza en un caos con los argentinos de diferentes clases sociales impugnando el hambre y la corrupción y salen, la clase media a reclamar contra el corralito que les impedía sacar sus depósitos (en pesos y dólares) de los bancos y los sectores trabajadores y vulnerables para reclamar comida y mejores condiciones de vida y de trabajo, ambos unidos en la consigna, “piquetes y cacerolas la lucha es una sola”. Los argentinos olvidamos algunos indicadores de ese momento, además de existir una población con problemas de empleo cercana al 40% (considerando ocupados, desocupados, inactivos), un festival de bonos basuras con los que los estados provinciales falsificaban moneda para afrontar los gastos corrientes, una pobreza e indigencia que alcanzaban indicadores del 70 % en las mediciones más benignas (pobreza medidas en términos de la canasta ampliada cercana al 50% e indigencia en términos de la canasta básica del 23%), una deuda externa fabulosa que superaba el 100% del PBI, y lo más importante, el costo humano que dejaba el modelo neoliberal, decenas de muertos por la represión en todo el país y millones de ciudadanos comiendo de la basura directamente. Un helicóptero que se llevaba al último gobierno radical (en 100 años por golpe, impericia, desgobierno, etc. ningún gobierno radical terminó su mandato) y lo que es más importante, la bancarrota del estado expresada por el default que declararon los legisladores y que tantos padeceres costara a los argentinos. Que observamos a partir de ese momento, la pesificación asimétrica de Duhalde y un plan de desarrollo que haría eje en el mercado interno, en el crecimiento del consumo y en el desarrollo industrial y social del país con el kirchnerismo, es decir la irrupción del neo keynesianismo expresado por el MIT en la economía nacional. El comportamiento de la tasa de ganancia (tanto estructural como empresarial) manifiesta un crecimiento casi vertical lo que demuestra que ganancias y condiciones de vida no son contradicciones incompatibles, sino que responden a políticas de estado, de las que, el neo keynesianismo se ha manifestado como una de las más adecuadas para el capitalismo democrático. En otro gráfico el autor de referencia muestra también como al aumentar la tasa de ganancia aumenta la utilización de la capacidad instalada lo que necesariamente se verá reflejado en la disminución de la población con problemas de empleo que en 2015 rondará el 10%. Se produce de esta manera una incorporación de nuevos trabajadores al mercado laboral y de la mano de las políticas kirchneristas un aumento del salario real con el consiguiente aumento delo consumo que alcanzó en el período guarismos records para nuestro país. Justo es reconocer que muchos son los temas sociales pendientes que dejó la experiencia kirchnerista, desde un alto porcentaje de trabajadores informales, que según estimaciones superan el 40% (que no son alcanzados por las diferentes leyes que se dictaron en el período para sostener el nivel salarial, tener una política previsional inclusiva que llevó a que casi el 100 % de los que estaban en condiciones de jubilarse lo hicieran, una mayor estabilidad laboral, creación de cientos de miles de puestos de trabajo reales, etc.) y los problemas de corrupción estructural del estado que continúan en la actualidad, etc. Pero también es necesario observar que en los primeros cinco meses del gobierno del PRO-RADICALISMO se rompió la curva de crecimiento por efecto de la restauración del neoliberalismo en Argentina. Hoy vemos como comienza a crecer la desocupación, como cae el salario real, el crecimiento del endeudamiento en términos del PBI, la destrucción de la malla de contención social construida por el kirchnerismo, aumento desmesurado de la inflación y traslado de ingresos en proporciones gigantescas de los sectores más pobres y vulnerables de la argentina a los más ricos y concentrados. La historia tendrá la palabra. Hasta la próxima.