lunes, 27 de febrero de 2012

Erase una vez un país……..


No quisiera ponerme nostálgico, ni parecer un viejo que mira hacia atrás, pero en una conversación con un amigo, en un bar de Rosario, me surgieron algunas imágenes que me gustaría compartir.
Había una vez, hace mucho tiempo atrás, en el siglo pasado, un país muy hermoso, en él su gente vivía muy feliz, casi no existía la pobreza, los indigentes podían contarse con los dedos de la mano.
Eran los tiempos que, en palabras de un viejo caudillo popular, reinaba el fifty fifty, la mitad de los ingresos para los trabajadores y la otra mitad para los capitalistas.
En ese país la gente por las noches se sentaba en las puertas de sus casas, en la vereda y charlaba amenamente de puerta a puerta, los vecinos constituían un gran grupo solidario, y la solidaridad estaba anclada en ese compartir cotidiano.
Cuando a algún vecino le pasaba algo, un accidente, una enfermedad, allí estaba la mano amiga de todos los demás para ayudarlo, poniendo cada uno lo que podía, el auto para trasladar al enfermo, el mas pudiente, el menos pudiente el cuerpo que cuidaba diligentemente al enfermo por la noche, o la banquita entre todos para ayudar a la familia a pasar el mal rato.
Los vecino se conocían mucho porque vivían toda su vida en un mismo lugar, la casa que habitaban la habían adquirido con un crédito hipotecario a cincuenta años que pagaban en cuotas semestrales de cinco o seis pesos, los chicos jugaban en las puertas de sus casas y se convertían en una pandilla de la cuadra, muchas veces se identificaban por el nombre de la calle o por el del barrio, “es Carlos el de Beethoven”, o “vamos a buscar a José el de La Florida”
Los jóvenes no debíamos esperar hasta la mayoría de edad para salir de noche, lo hacíamos desde muy pequeños, y no porque tuviéramos padres desaprensivos o flexibles, sino porque no corríamos riesgos, la calle era segura para nosotros, desde muy chiquitas las nenas se iban a tomar un pinino al centro, y cuando digo muy chiquitas hablo de seis o siete años.
Las fiestas de fin de año eran muy esperadas, había varios motivos, los regalos de navidad y reyes, la posibilidad de tirar cohetes en la calle, de detonar rompe portones o morteros, que eran tubos de metal con un tornillo sostenido por un alambre, se colocaba un poco de pólvora adentro y al golpear el tornillo que se incrustaba en el interior del tubo detonaba con fuerza pero sin riesgo.
Por las noches de la víspera de una fiesta de fin de año, todos los vecinos salían a la calle, colocaban sus mesas unas junto a las otras y ponían encima lo que tenían y todos comían de esa larga mesa comunitaria, escuchaban música, bailaban, se reían, como todo pueblo que es feliz, que siente que es hermoso vivir.
Cuando alguien quería comprar algo y no contaba con el dinero, lo hacía a crédito, pero el aval para dar el crédito era la palabra del comprador, la palabra empeñada era sagrada, era frecuente que la gente dijera, el pobre lo único que tiene es la palabra, no la va a perder por no pagar una cuota.
Había confianza, unos y otros se respetaban y confiaban, como desconfiar del vecino, del paisano de la misma tierra, si mas que un vecino era parte de una gran familia.
Los políticos hacían de la honestidad un emblema, se cuenta que en Santa Fe hubo un gobernador que puso un ministro de economía que desfalcó la provincia, y Crespo, que era el apellido del gobernador vendió su estancia para reponer la plata que el otro había robado, porque él lo había nombrado y era responsable de los actos de todas las personas que nombraba.
No se necesitaban llaves, las puertas que daban a la calle permanecían abiertas y los vecinos entraban a las casas sin llamar, solo un ruido o un grito para avisar al propietario que habían llegado, los ladrones casi no existían, y los pocos que habían eran profesionales, porque era su profesión, y tenían códigos éticos y morales, como no herir a la víctima, hacer el menor daño posible, tratar de robar a los que mas tienen…..
Los trabajadores no tenían la zozobra de poder perder su trabajo en cada momento, cuando una persona entraba a trabajar a una organización lo mas probable es que permaneciera en ella hasta que se jubilara, el empresario sabía que era importante su trabajador y lo cuidaba, y hasta se solía decir que había una mancomuñón entre trabajadores y empresarios. Los dirigentes sindicales todavía eran en un buen número trabajadores, se reconocían como tales y vivían como trabajadores. Algunos gremios prohibían a sus dirigentes incursionar en la política, el sindicalista debía ser sindicalista.
El país era surcado por extensa red ferroviaria que les permitía a todos los trabajadores transitar de un lugar a otro a un costo irrisorio. Había trenes que unían pequeños poblados con las grandes ciudades, se llamaban locales y había cuatro y seis horarios de trenes locales, y rápidos que paraban en algunas estaciones pero que hacían, por ejemplo, el recorrido de Rosario a Bs. As. en tres horas y con una máquina a vapor.
Los sindicatos tenían hoteles de veraneo y todos los trabajadores contaban con la posibilidad de tener vacaciones en diferentes destinos turísticos.
En esos años se recuerda poco la mendicidad callejera, el trabajo infantil, el abuso sexual a niños y adolescentes, el mobbing o el acoso sexual en el trabajo, el burn out, etc., todos síndromes que fueron pensados y relatados mucho tiempo después.
Y hablando de salud, todo trabajador tenía su obra social que le cubría la atención de su salud, tanto en lo que respecta a la consulta médica como a los medicamentos. Era impensado que un ciudadano no fuera atendido como correspondía por no tener recursos, siempre tenía atención en salud, porque si no tenia obra social, los hospitales le brindaban atención médica de calidad, y además estaban abastecidos.
La educación era obligatoria y gratuita desde el siglo XIX cuando se dictó la ley 1420, en el secundario había una amplia red de escuelas secundarias con diferentes terminalidades (bachillerato, mercantil, técnica, profesional) que otorgaban títulos que calificaban para tener buenos empleos, mas aun, muchas empresas reclutaban sus trabajadores de esas escuelas porque la educación media era de calidad y acorde a los requerimientos del mercado laboral.
La universidad era también de excelencia, tanto que los profesionales de ese país cuando migraban eran muy solicitados en los llamados países centrales porque tenían un expertis muy importante en sus profesiones.
Los trabajadores contaban con todos los artefactos que hacían más cómoda la vida cotidiana, los compraban en cuotas en la ferretería del lugar y lo pagaban regularmente.
Un hombreador de bolsa, un peón golondrina, podían ahorrar y comprar un terreno en cuotas y edificarse su propia casa, ladrillo por ladrillo, con el aporte de sus vecino, los que a cambio de un asado pagado por el propietario se reunían para techar la vivienda.
En ese país una vez los militares creyeron que podían hacer mejor las cosas que los civiles y echaron al presidente de la casa de gobierno, ese presidente que había mejorado la vida de sus conciudadanos, se fue a la calle solo y tomó un taxi para irse a la estación a tomar un tren a su pueblo, porque ni auto tenía, el como otros de su partido, no solo no se llevaron nada que no fuera suyo, muchas veces hasta perdieron lo que tenían antes de acceder a la función pública , como aquel presidente que apodaban “el peludo” que también fue desalojado del poder por la soberbia y la avaricia de militares asesinos y civiles ávidos de ganancias corruptas.
Ese país que duró hasta los primeros años de los setenta del siglo pasado ha desaparecido y sus ciudadanos atónitos se miran unos a otros y se preguntan ¿Qué nos pasó?.
Hoy desconfían, sienten recelo de sus vecinos, hay envidia, avaricia, los lazos sociales casi no existen.
Los políticos no solo son corruptos, sino que se jactan de serlo, como aquel presidente que puso a sus amigos en la Corte Suprema de Justicia, generando lo que se llamó una mayoría automática porque aplicaba el per saltum impidiendo que los funcionarios acusados de corrupción fueran castigados, y el muy orondo dijo “que va a haber corrupción en mi país si ningún funcionario fue condenado o está preso”. Durante esos años un sindicalista afirmaba que “para que el país saliera de la crisis debíamos (él como sindicalista y los demás dirigentes sindicales y políticos) dejar de robar por lo menos por dos años”, ese sindicalista que es un empresario rico y famoso por ser un corrupto reconocido que se jacta de ello.
Quino tan sagaz muestra en una viñeta a un político que va recorriendo su casa y dice, “antes tratábamos de ocultar a las manchas, ahora las encuadramos y las exhibimos como blasones”.
Tal fue la corrupción que en una provincia se decía que tras del palacio de un senador había una gran ciudad oculta por el palacio.
Hablamos de inseguridad, pero que nos pasó para que niños jóvenes elijan matar antes que estudiar, robar antes que jugar, violar antes que amar.
Que nos pasó para que el hijo del villero que había podido construirse su casa de material y abandonar la villa, hoy deba pelear y ser un okupa para tener un pedacito de tierra donde edificar su morada y que los demás nos enojemos porque nos dicen que es un criminal que roba la propiedad a los otros.
Que nos pasó para que en varias oportunidades, desde que llegó la democracia hayamos visto saqueos a supermercados de masas hambrientas, o familias comiendo de la basura allí donde la tiran las clases medias.
Porque no solo cambió la economía, la estructura social, cambió nuestra cultura, nuestros v alores, nuestra manera de ser. Hoy soportamos a una prensa canalla que nos miente para defender sus negocios, izquierdistas de ayer hoy defienden los intereses de esa prensa canalla porque les paga buenos sueldos, que nos pasó para que hallamos caído tan bajo.
Se ataca a un gobierno que quiere recuperar el país del cuento, aquel que tuvimos hace sesenta años, en busca de que, de la gran estancia del siglo XIX, de la miseria y la explotación, del deshonor y la mentira, de las oligarquías con olor a bota como les decía Sarmiento.
Es hora de que seriamente nos preguntemos ¿que nos pasó? Para abrir paso a la segunda pregunta ¿Qué podemos hacer?
Hasta la próxima.

martes, 14 de febrero de 2012

Porque no soy kirschnerista.


Muchas veces me he preguntado acerca de mi identidad política, aun cuando era joven pensaba que debía pertenecer a algún colectivo político.
Luego, con los años, y algunas lecturas, comencé a desarrollar la idea de que, la pertenencia a algún partido político es un corsé al pensamiento.
De alguna u otra manera, los grandes pensadores en el campo de la lucha de clases, cuando desarrollaron su obra mas profunda,  estuvieron generalmente mediados de las estructuras partidarias y de la acción directa, porque no participaban en las mismas o porque no podían tener la libertad de participar por estar el exilio o en la cárcel.
En el último caso estoy pensando en la vida de Antonio Gramcsi, ya que su mayor obra intelectual esta reunida en los llamados “Cuadernos de la Cárcel” en la que pasó la mayor parte de su vida. En la historia del movimiento obrero existen pensadores importantes como Antón Panakuec, Sylvia Pankhurst, Alejandra Kolontai, Aleksandre Chliapnikov y tantos otros pensadores que se reunieron en una corriente de pensamiento denominada “La oposición obrera” y que al igual que Rosa de Luxemburgo tuvieron que enfrentar el autoritarismo de Lenin, dentro del movimiento bolchevique.
En nuestro país y en el campo de la Psicología, tenemos uno de los ejemplos mas  interesantes de personas que, para poder desarrollar un pensamiento crítico tuvieron que romper con la estructura partidaria del Partido Comunista, el mas insigne es tal vez José Bleger, expulsado del partido por haber osado editar un libro, “Psicoanálisis y dialéctica materialista”, en tiempos en que el Psicoanálisis para lo marxistas ortodoxos, como Jorge Thenon, era sinónimo de pensamiento burgués.
No fue el único pensador expulsado del partido, los “Cuadernos de pasado y presente”, una publicación rupturista con el pensamiento ortodoxo marxista, pudieron ver la luz porque Pancho Aricó y Juan Carlos Portantiero se vieron obligados a emigrar del Partido Comunista, por la opresión reinante dentro del mismo, lo que les impedía directamente poder pensar.
El estar participando de una estructura partidaria, obliga al sujeto a acomodar su pensamiento a lo que el partido dice, y esto no es solo una ley que vale para el Partido Comunista, casi todos los partidos de izquierda sufren el mismo efecto.
Retomando la famosa frase de Rosa de Luxemburgo en la que dice que (cito de memoria) la dictadura del proletariado es la dictadura de un sector de la sociedad sobre toda la sociedad, y dentro del proletariado, la dictadura de un sector del mismo, el partido, sobre toda la clase, y dentro del partido, la dictadura de un grupo, el comité central, sobre todo el partido, y dentro del comité central la dictadura de un hombre sobre todo el comité, Ud. camarada Lenin, aunque Rosa no lo haya explicitado, esto es la consecuencia de una concepción autoritaria y dictatorial, sobre la cual se construyeron todas los partidos de izquierda, el famoso centralismo democrático, que en los hechos no es otra cosa que la sumisión de todos los militantes partidarios a la dirección y en general a algún miembro carismático de la misma.
En las formaciones políticas de izquierda, es frecuente encontrar una serie de figuras que destruyeron todos los ideales y aspectos progresivos y críticos del pensamiento socialista y anarquista, y que se acentuaron una vez que los partidos revolucionarios tomaron el poder por medio de la violencia, como ocurrió en Rusia, China, Vietnam, Cuba y tantos otros.
En Rusia, no fue solo el Estalinismo el que produjo el genocidio del partido bolchevique, que cobró la vida de grandes revolucionarios como Trostky, Kamenev, Sinoviev , Bujarin, Kirov y tantos otros, sino la estructura política que se vertebró después de octubre y que había sido anticipada por Lenin en el “Que hacer”, “El Partido, problemas de organización” y el “Izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo”.
La tesis fundamental consistía en que en tiempos convulsionados, el partido debía tener una estructura clandestina y gran ejecutividad, por lo tanto las líneas políticas generales se resolvían en los congresos partidarios y en el espacio entre congresos las decisiones las tomaba el Comité Central.
Una figura fuerte y decidida al interior de las estructuras políticas, puede imponer las ideas, y como generalmente ocurre, sin debate.
Acaso no fue lo que ocurrió con Lenin, cuando resolvió la represión de Kronstadt, al sublevarse los anarquistas contra el centralismo autoritario de lo bolcheviques o cuando los conservadores de ese partido clausuraron la obra de Vera Schmidt  en el Hogar de niños de Moscú 1925, o la represión que significó la Revolución Cultural de Mao Tse Tung (o Mao Zedong) tan solo para afirmar el poder del líder, o los fusilamientos del General Ochoa, El coronel De La Guardia, el Capitán Jorge Martínez y Amado Pradón en La Habana acusados de narcotráfico, curiosamente  luego que Ochoa criticara ácidamente a los hermanos Castro en una fiesta privada.
En nuestro país tenemos figuras paradigmáticas que se sustentan o sustentaron eternamente en la conducción de partidos de izquierda como la de Américo Ghioldi en el Partido Socialista, Victorio Codovilla en el Partido Comunista, Jorge Altamira en el Partido Obrero, Otto Vargas en el Partico Comunista Revolucionario, Mario Roberto Santucho en el Partido Revolucionario de los Trabajadores o Mario Firmerich en el grupo Montoneros. Todos ellos y tantos mas se encaramaron en las organizaciones políticas, expulsaron a los que no pensaban como ellos, arrasaron con el debate interno e impusieron férreas disciplinas partidarias que inviabilizaban el disenso al interior de sus organizaciones.
En estas formaciones, se define autoritariamente una línea política que luego los militantes reproducen sin someter a la crítica. A lo largo de la corta historia de la izquierda revolucionaria en nuestro país, que surge por desprendimientos de los partidos de izquierda tradicional en las décadas del cincuenta y sesenta, se pueden observar una infinita multiplicidad de rupturas de esas organizaciones y el surgimiento de nuevas sectas mas pequeñas, a tal punto esto es así, que existe un viejo chiste que afirma que se necesitan tres personas para formar un partido de izquierda, uno es la base que se van a disputar los otros dos  en la ruptura.
Existe un hecho contrastable con los datos de la realidad, ninguno de estos partidos obtuvo en la historia electoral de Argentina más del cinco por ciento de los votos[1], es decir que en 60 años estos partidos no han contado con el apoyo popular en elecciones representativas. Su incidencia fue mayor en momentos de dictadura, y sobre la estructura sindical, como el caso de la dirigencia clasista de Córdoba con Salamanca, Flores, Páez, Tosco u otros dirigentes, muy contados, como Pichinini en Santa Fe u Ongaro en la CGT de los Argentinos.
Esta ausencia de apoyo popular nunca es explicada por los militantes, sencillamente porque no es discutida al interior de las organizaciones, y si alguien plantea el debate es expulsado, el centralismo democrático es el reino de la opinión única.
La actividad de debate se remite a discutir la línea política elaborada por la dirección y a tratar de memorizar los argumentos que en la misma se desarrollan.
¿No es acaso extraño para un militante de un partido de izquierda estar en un acto de las patronales agrarias?, las mismas que participaron en el genocidio de los setenta, o Ud. ¿no pensaría que algo anda mal si apoya a dictadores asesinos o genocidas como Saddam Husein o Muammar Al Khadafi, o a algunos regímenes teocráticos y reaccionarios del mundo árabe como el de Irán?; o no le produciría algo de “cosita”, estar en la Plaza de Mayo vivando al genocida Galtieri cuando la toma de Malvinas o afirmar que Videla era un general democrático porque la línea del partido debía estar en sintonía con la de Moscú.
Si Ud. participa de una estructura política es muy probable que su capacidad crítica se atenúe, será crítico con los que no forman parte de esa estructura política, pero será acrítico con lo que ocurre al interior del partido. Esta es una de las razones (no la única) por la que esas formaciones no se desarrollan, no tienen retorno de sus ideas, si la sociedad no los sigue, la que está equivocada es la sociedad, hay que trabajar para que cambie y acepte la línea del partido como la verdad revelada.
Y esto no es solo por una cuestión de autoritarismo, de miedo a ser segregado[2], es un problema teórico que, sin ánimo de publicitarme, tratamos, junto a Emilia Domínguez Rodríguez, de desarrollar en nuestro libro “Universidad y poder”[3].
El punto de descarga fundamental de la teoría marxista de la toma del poder, desarrollada con mayor extensión por Trotsky y Lenin reside en la cuestión de la conciencia. Toda la teoría marxista es una construcción dual del hombre, en ella se notan muy claramente las ideas de espíritu[4] y de la concepción sustancialista de la conciencia.
Para ellos existe una conciencia proletaria, revolucionaria que reside en la clase obrera, esa conciencia liberadora es la que le permitirá a la clase trabajadora acaudillar al resto de las clases para llevar adelante la revolución social. El problema surge cuando se intenta definir como se produce y como se enuncia esa conciencia y en segundo lugar quién es el enunciador.
Lenin resolvió este problema estableciendo que si bien la conciencia de clase reside en la clase obrera, son los intelectuales pequeños burgueses, que mediante una operación de desclasamiento, abandonan sus propios intereses de clase y asumen los de la clase obrera.
Por lo tanto, la conciencia sería una sustancia que se encuentra encarnada en el ser obrero. No pueden existir diferentes formas de conciencia proletaria, solo hay una, la conciencia revolucionaria, y el enunciador, el pequeño burgués desclasado, al realizar la operación de enunciación, se convierte en la conducción de la clase.
La pregunta siguiente sería como sabe el enunciador que su enunciado es correcto, pues muy sencillo, porque siendo marxista tiene la herramienta para hacerlo. El marxismo no es solo una ideología, es a la vez un concepción del mundo y un método científico, ya Engels lo había afirmado en “Del socialismo utópico al científico”, por lo tanto un marxista que aplica las reglas de método científico hará un análisis correcto de la realidad, el marxismo se convierte en la palabra científica que le permite a sus seguidores saber que están en el camino correcto, cualquier semejanza con la Biblia o el Corán es pura casualidad.
No se trata de verificar, de investigar, de someter a la crítica nuestras ideas y presupuestos, sino de creer, porque si yo tengo un método científico y lo aplico con corrección, el resultado es la producción de conocimiento científico, cualquier semejanza con el positivismo decimonónico y la noción del método ars evidendi de esa corriente epistemológica es pura casualidad.
Entonces, a pesar de todas las cosas importantes que se han hecho en los últimos años, fundamentalmente en la política de Derechos Humanos y libertad de expresión, a pesar de gozar el país de una libertad de cuestionamiento y crítica inédita, aun cuando creo que estamos ante una política de Estado que intenta proteger a los ciudadanos mas vulnerables, y un gobierno encabezado por una estadista de la talla de Cristina, de saber que se han hecho leyes muy progresivas como el matrimonio igualitario y la ley de medios y se ha juzgado a los militares responsables del genocidio y se está comenzando a juzgar a sus cómplices civiles, no puedo ser kirschnerista.
Porque me considero un intelectual libre, porque como Castoriadis espero el desarrollo de una sociedad autónoma, donde la palabra de cada uno tenga igual valor, donde no busquemos padres fundadores y pensemos que cada día estamos refundando la sociedad, construyendo nuevas normas entre todos, donde no sea tabú estar a favor de la despenalización de la droga o del aborto, en la que no haya ricos tan ricos y pobres tan pobres y todos tengan lo fundamental para la vida (casa, alimento, educación, esparcimiento, libros, etc.), donde exista libertad de iniciativa, y donde se respete el derecho de cada ciudadano a encarar la aventura de ser, como decía Mafalda, el Gerente Ejecutivo de su propia personalidad, por todo ello no puedo ser kirschnerista, porque no puedo integrar estructuras limitantes como las de los partidos políticos.
Hasta la próxima.


[1] Salvo en algunas elecciones regionales como en Salta o Capital Federal en las algún partido de izquierda obtuvo un porcentaje mayor.
[2] Sobre este tema, que e vincula a la cuestión de la libertad recomiendo el artículo del suplemento Tiempo de Ocio y Relax en el que se hace una recensión del libro “Te atreves a ser libre” de Alejandro Borgo, Planeta 2011.
[3] Bonantini C., Domínguez Rodríguez E. (2006) Universidad y poder. Editorial Fundación Ross. Rosario.
[4] Marx y sus seguidores siempre sostuvieron la noción de espíritu.

lunes, 6 de febrero de 2012

Dios y el inconsciente freudiano


Dios y el inconsciente freudiano.
Pancho Ibáñez tenía un slogan en su programa de televisión, decía que “todo tiene que ver con todo” y en esta comunicación trataré de demostrar que algo de razón tenía.
Tanto el inconsciente freudiano como la noción de Dios comparten un origen común, los dos son constructos de la mente humana.
La creencia en Dios surge cuando el hombre no puede comprender ciertas cosas de la naturaleza, de esta manera en un comienzo existieron múltiples creencias, que originaban diversos dioses.
No podría afirmar con exactitud si las primitivas creencias son inferiores a la actual creencia en un solo Dios, son parte de la misma lógica mítica que tiene una fuerza tremenda para atenuar la angustia de muerte que atraviesa a toda nuestra especie. Desde que podemos tener las primeras ideas abstractas, sabemos que nuestro tiempo es limitado, tal vez no sabemos lo limitado que es, y lo rápido que llegamos al final de la opción de tiempo que nos brinda la vida, pero tenemos conocimiento de que no contamos con la posibilidad de hacer todo lo que queremos sino solo lo que ese tiempo nos permite.
A un humano le resulta muy angustiante pensar que en algún momento la luz se apaga y que si bien el mundo seguirá andando, nosotros ya no seremos parte de él, ni de nada.
La muerte es el mayor de los misterios y tal vez el único misterio que nuestra mente jamás podrá desentrañar, ni siquiera mas allá de ella, porque solo la nada esta mas allá.
Siendo muy joven tuve una experiencia muy interesante, debiendo ser operado de várices, se me sometió a una anestesia total, solo recuerdo que alguien me hablaba mientras estaba en el quirófano y me decía que cuente en forma regresiva de tres a cero, la siguiente impresión fue escuchar voces y notar que estaba en una habitación fuera de quirófano, habían pasado varias horas, de ellas no tengo ningún registro.
La diferencia entre el sueño y la muerte, es que si bien en las dos hay una ausencia de conciencia, en el primero la misma no es total, por cuanto las imágenes oníricas pueblan nuestro psiquismo durante el sueño. La anestesia total, es un sueño sin imágenes, es la ausencia total de conciencia y lo más parecido que encuentro ala muerte. Tal vez por ello puedo ser agnóstico, porque no temo a la muerte, considero que ella es la solución a todos nuestros padeceres, y, si bien, es hermoso vivir, morir no es la contrapartida de la vida, sino el epílogo sublime de la misma, epílogo, que, por otra parte, cualquiera sea nuestra condición social, no podemos eludir, ricos o pobres, habremos de rendirnos siempre y caer en sus brazos en algún momento.
Pero este punto de vista existencial, no tiene por qué ser compartido por todos, desde muy temprano en la existencia humana, nuestros antepasados, debieron batallar contra todo ese universo desconocido que poblaba sus vidas (el rayo, el trueno, las tempestades, las sequías, la muerte) y necesariamente tuvieron que buscar una explicación a aquello que no entendían y que tanto lo angustiaba. Así durante generaciones se fue construyendo el concepto de lo divino (diversos dioses, un dios).
Se ha intentado demostrar que el monoteísmo es una forma evolucionada de la religión, creo que no, es solo una de las forma que asume el mito, y aún en las religiones monoteístas están subsumidos los sistemas de creencias de las religiones que no lo son. Por ejemplo los santos de la Iglesia Católica constituyen la forma en que esta creencia incorporó dentro de sí a las prácticas politeístas. Existe santos para todo, para el trabajo, para la fertilidad, etc., para lo que Ud. quiera tiene un santo.
Todo lo que pueden exhibir las religiones como propio de la deidad son producciones del hombre (el Corán del islamismo, la Biblia de los católicos, las Vedas y el upanishad del hinduismo, la Torá delos hebreos, etc.), fueron escritas por hombres, mas aún hombres histórica y socialmente determinados. Podríamos decir que el hombre no fue hecho a imagen y semejanza de Dios, sino que Dios fue construido a imagen y semejanza del hombre.
La religión tiene dos componentes fundamentales, uno de atenuación de la angustia existencial y el otro de dominio. Del primero hemos hablado, el segundo es la función que tiene toda religión de reprimir los deseos humanos y posibilitar un sujeto domesticado que en su miedo al mas allá asume la aceptación acrítica de las significaciones sociales imaginaras que pueblan su existencia y son prescriptas para su aceptación plena y sometida del orden social existente.
No en vano las religiones reprimen la sexualidad, impelen al sujeto a aceptar las desdichas de esta vida porque será premiado con una vida mejor luego, implican el sometimiento a la autoridad de un supuesto creador y por lo tanto a su iglesia, etc. .La religión no libera, oprime y ayuda a perpetuar la opresión de las clases dominantes y por lo tanto es funcional al sistema de clases que existe en las sociedades estratificadas, de las que el capitalismo es una de las formas mas sofisticadas.
A esta altura de nuestra exposición el lector se preguntará “¿y esto que tiene que ver con el inconsciente freudiano?
El inconsciente freudiano es también un constructo artificial del hombre. Como la idea de Dios, el inconsciente fue  ideado y producido por los hombres, solo que de una determinada corriente psicológica y mucho mas modernamente que la idea de Dios.
Hacia 1900 Freud terminó de coronar una línea de reflexiones que habían comenzado en sobre fines del siglo XIX y que se publicaron en 1895 en un pequeño artículo denominado “Estudios sobre la histeria” y que constituían un interesante análisis del material recogido por Josef  Breuer, que trataba a una paciente con síntomas de conversión histérica.
En el año 1899, con fecha adelantada en la portada que decía 1900,  Freud publicó “La interpretación de los sueños”, con esta obra comenzaba a construirse el modelo teórico del Psicoanálisis, naciendo una nueva disciplina y modo de entender al hombre, el Psicoanálisis. En este libro Freud desarrolla los conceptos de consciente, pre consciente e inconsciente. El edificio teórico no terminaría de construirse durante la vida de Freud y continuaría siendo erigido por algunos de sus seguidores (Jung, Adler, Lacan, Klein, etc.)
Existen algunas obras complementarias que acompañaría a la “Interpretación de los sueños” (1899) y que son parte de la arquitectura teórica del modelo, “El Yo y el Ello” (1923), “Psicopatología de la vida cotidiana” (1901), “Tres ensayos de una teoría sexual”, “El chiste y su relación con el inconsciente” (1905), “Introducción al narcisismo (1914) “Mas allá de principio del placer” (1920) “Inhibición, síntoma y angustia” (1925), “Esquema del Psicoanálisis” (1938).
No es el objeto de este escrito detallar la estructura conceptual el edificio freudiano, solo hacer notar que en todo este recorrido se estructura lo que es conocido como el modelo Freudiano del aparato psíquico, el que se puede resumir en dos tópicas, la primera que define la existencia de los niveles de: consiente, pre consiente e inconsciente, y la segunda que establece la existencia del YO, el Súper Yo y el Ello, el modelo se completa con un arsenal conceptual que entre otros conceptos incluye el de represión primaria y secundaria, principio del placer y de realidad, los mecanismos inconscientes de condensación y desplazamiento, las teorías de la angustia, teorías de la pulsión, etc., constituyendo uno de los modelos mas complejos y prolíficos del siglo XX.
Como correctamente indica González Rey[1] un modelo constituye un conjunto de hipótesis que generan una inteligibilidad múltiple y simultanea sobre un sistema complejo que se expresa de diferentes formas. Rescatamos la idea de hipótesis para definir un modelo, y le agregamos la noción de construcción, en este sentido el edificio teórico del psicoanálisis es solo un modelo teórico que busca comprender el hecho psíquico (tanto normal como patológico). Dentro de este modelo existe una centralidad fundamental, la de la energía sexual, Freud centra sus hipótesis explicatorias y desarrolla sus teorías sobre la base de un dato preciso de la condición de la sociedad humana, la represión de la sexualidad.
El punto central de la crítica al psicoanálisis consiste en que el mismo se agota en lo intrapsíquico, no otorgándole la atención debida a la participación de lo social en la construcción del aparato psíquico.
Considerar lo social en su importancia plena, hubiera significado no poder hablar de universales (como el complejo de Edipo) que determinan el desarrollo de la estructura psíquica, el hombre, la vivir en sociedad, no solo transforma a la misma, sino que se transforma a sí mismo, por decirlo de alguna manera, el ser humano es un mutante biológico que cambia en cada momento y la parte mas superficial y dúctil de su estructura la constituye precisamente los fenómenos mentales, y es la que con mayor velocidad evoluciona.
Nos encontramos pues, frente a un modelo artificialmente construido, que permite interpretar los aconteceres de la vida psíquica en tanto y cuanto esa interpretación se realice en los límites del modelo. Para poder validar los constructos teóricos que se construyen desde la empriria, es necesario hacerlo desde el interior del modelo hermenéutico, ya que en la medida en que el observador se sitúa por fuera del sistema puede ver las irregularidades y discordancias que el mismo tiene.
Al igual que la creencia religiosa, es una construcción que requiere de la fe, la fe en el modelo, de quienes operan con el mismo.
Desde un posicionamiento diferente es necesario que los datos se validen con herramientas que están por fuera de las estructuras conceptuales que realizaron el constructo, solo de esta manera abandonamos la creencia y nos internamos en el campo del pensamiento crítico.
No afirmamos que la fe esté mal, es parte del sistema cultural que el propio hombre ha construido a lo largo de su corta historia natural, tampoco consideramos que los modelos teóricos sean incorrectos, la ciencia no avanza por certezas sino por dudas y errores, se apodera del conocimiento luego de haberlo intentado en múltiples oportunidades y aprendemos mas de los equívocos que de los aciertos.
De lo que se trata es de reconocer cuando trabajamos con datos fiables, comprobables y cuando nos movemos en la terreno de las conjeturas, y el Psicoanálisis, dicho por un importante número de psicoanalistas, es parte de las “ciencias conjeturales”.
Hasta la próxima.



[1] Gonzales Rey F. (2011) El sujeto y la subjetividad en la Psicología Social. Noveduc.