domingo, 27 de noviembre de 2016

Y en eso llegó Fidel


Siempre me gustó la canción de Carlos Puebla, sobre todo la parte de “seguir de modo cruel, la costumbre del garito, hacer de Cuba un garito y en eso llegó Fidel” seguida por el estribillo, “Se acabó la diversión, llegó el comandante y mandó a parar”, porque en esa canción se expresa el antes y después del triunfo de la revolución cubana. Cuando me enteré de la muerte del Comandante de América escribí en Facebook: “Podemos haber tenido diferencias con Fidel, pero hoy son nada. Se fue un grande, hoy se apagó una de las llamas más potentes de la historia humana, los pobres, los desposeídos, los vulnerables de América Latina ya no tendremos esa figura ecuménica que nos daba seguridad. El Hidalgo Quijote se fue, muchos son los molinos que cayeron ante su avance, muchos más los que tendremos que derribar, pero su figura, su ejemplo, crecerá día a día como la del Che, nos acompañará siempre. Al lado de cada revolucionario, de cada humanista, de cada solidario, seguirá caminando el legendario Fidel. Hasta la victoria siempre. Comandante.” Esa canción expresa la situación, no solo de Cuba, sino de la América Latina, tierra irredenta, despojada de su identidad y de su dignidad por los diversos imperialismos que la avasallaron a lo largo de varios siglos. Antes de la revolución, Cuba era, efectivamente, el garito pornográfico de EE.UU. Los mafiosos americanos se habían apoderado de la isla con la anuencia de un dictador sanguinario, Fulgencio Batista. Cuando el grupo de revolucionarios desembarco en las playas cubanas, luego de la terrible travesía del Granma, lo hizo cerca de la playa Las Coloradas, y no imaginaba que estaba empezando a escribir una de las páginas más gloriosas de la historia de la lucha de los oprimidos y explotados con el capitalismo. En solo tres años un puñado de guerrilleros que no superaban la docena se convirtió en una fuerza imparable que derrumbó el corrupto régimen de Batista. A lo largo de casi 60 años el castrismo gobernó la isla. Como decía en Facebook, no todos fueron aciertos, pero tampoco no todos fueron errores. Como en todos los países en que existieron gobiernos preocupados por sus ciudadanos, que buscaron mejorar la calidad de vida de los mismos, achicar la brecha entre pobres y ricos, mejorar la educación y la salud, a Cuba se la criticó despiadadamente, y la principal crítica centro en la falta de democracia. Claro, habría que preguntarse de que democracia estamos hablando, los que criticaron a Fidel, son los demócratas que tiraron las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, son los que bombardean a diario los pueblos del medio oriente, los que cometieron un verdadero genocidio en Vietnam, los que fundaron en panamá la “Escuela de las Américas” para enseñarles a los militares genocidas de América Latina a torturar, matar, oprimir y explotar a quienes estaban en contra de los intereses de Washington y de las grandes burguesías nativas y aliadas. Se puede discutir si en Cuba en estos últimos 57 años hubo una auténtica democracia obrera o si el régimen cubano decantó hacia un socialismo burocrático en el que una minoría dirigente y elitista fue la que tomó las decisiones en nombre del conjunto de los trabajadores, se puede discutir si hubiera o no sido posible construir un modelo democrático basado en la democracia directa, con consejos obreros y asambleas populares, por multiplicidad de actores políticos, con libertad absoluta de crítica, en definitiva, se puede discutir el grado de libertad que existió en la isla. Algunos estarán de acuerdo con las estructuras políticas del castrismo, otros en desacuerdo y algunos acordarán con algo y criticarán el resto. Pero lo que no se puede discutir es que un Cuba se constituyó en un estado soberano, donde las decisiones se tomaron dentro de ese estado, resistiendo la presión terrible del imperialismo americano, la crítica falaz e interesada de los medios de comunicación, y un bloqueo ilegal que condenó al pueblo cubano al sufrimiento y la carencia. Argentina, país rico si los hay, ¿cuánto hubiera resistido un bloqueo de tal magnitud, que impidiera que entrara los más elemental y necesario al país?, ¿los que salieron a la calle pidiendo que liberen las exportaciones, que vendan dólares, que querían viajar al exterior por placer?, cuantas manifestaciones a sus gobernantes hubieran hecho por esa carencia, aun cuando ello fuera causado por la voracidad del régimen capitalista significado en EE.UU. No hay que llamarse a error, Castro no estuvo solo durante estos 57 años, vivió acompañado por su pueblo que lo bancó, porque su proyecto dotó a la isla de educación, salud y previsión social a aquellos que en su inmensa mayoría tenían negados estos derechos. En Cuba no hay analfabetos, en Cuba la salud es gratuita para todos, en cuba todos tienen derecho a una vejez segura, no es precisamente lo que ocurre en el resto de los países de América Latina, y menos aún en EE.UU. Pero Castro no se contentó con generar cambios en Cuba, tuvo una destacada acción política en América y diversas regiones del planeta, donde además de ayuda logística y militar a los movimientos de liberación nacional, otros ejércitos ayudaron a conquistar la libertad cultural e ideológica, los ejércitos de educadores, de alfabetizadores, que llevaron las letras a todo el subcontinente, los ejércitos de médicos y trabajadores de la salud que conquistaron el cariño de los desheredados del planeta, Cuba, además de hablar de solidaridad revolucionaria, la practicó efectivamente y ese es uno de los grandes aportes del castrismo al cambio cultural de la humanidad. Castro nos deja además de sus cientos de discursos, como el que pronunció en la escalinata de la Facultad de Derecho cuando vino la última vez a Argentina, y que fue ovacionado por miles de presentes, la primer y la segunda declaración de la Habana, verdaderas piezas de referencia para los que luchan contra la opresión y la explotación capitalista y me animo a decir, que constituyen el “Manifiesto comunista” del siglo XX. Alguien dijo que Castro no constituye una referencia para los más jóvenes, que las remeras del Che no se venden más en la ribera del Sena como hasta hace algunos años, que solo los más viejos nos acordamos de ellos, a esas personas les digo que no es el consumo capitalista el que define la grandeza de los revolucionarios y la adhesión a sus ideas, sino la claridad y la honestidad de sus objetivos, puede que en un período histórico no se mencione a algunos pensadores y revolucionarios, pero luego, en otros vuelven con más fuerza, con más ímpetu. La generación de los setenta resucitó a Marx, Lenin y Trotsky, la burguesía tembló hasta sus cimientos ante el ejemplo de China, Vietnam y Cuba, y gastó miles de billones de dólares en guerras genocidas contra sus líderes y los pueblos como en la guerra de Vietnam, como los miles de operaciones de la CIA contra Mao, con las operaciones solventadas por EE.UU. de los sicarios mercenarios “contras” que trataron de avasallar a los sandinistas y al pueblo nicaragüense, como la financiación de Bahía de Cochinos en Cuba y los cientos de atentados fracasados contra Castro. Castro en vida era un peligro para la opresión capitalista, Fidel muerto es un fantasma que se extiende por América Latina y el mundo aterrando la salvaje agonía eterna del capitalismo. La Cuba de Fidel es el ejemplo histórico y actual que nos dice que se puede vencer al capitalismo, que se puede construir una sociedad mejor, sin explotadores, ni explotados. Ella le quita la significación errónea que los burgueses tratan de darle a la propiedad privada de los medios de producción, elevándola al rango de lo sagrado y absoluto. Muchos son los “gusanos” que salieron en Miami a festejar la muerte de Castro, otros miles festejarán en América Latina y en el mundo, son los mismos que votaron el Brexit, que votaron contra el tratado de paz en Colombia, a Trump, que votarán a Marie Le Pen, que siguen a Rajoy, a Merkel, son los que se benefician del injusto régimen capitalista o los ingenuos que creen que la copa derramará algún día y que se mueren esperando una vida mejor, mientras rapiñan a los más necesitados los pocos recursos que les sirven para que sobreviva su ilusión sin saber que el infierno es el capitalismo y que el único paraíso que existe es el que podemos construir solidaria y cooperativamente en este mundo cruel e individualista. Castro dejó de ser un ser vivo que empuñaba la llama de la libertad y la reivindicación de los humildes y desheredados de la tierra, para convertirse en una llama más potente que ilumina el faro de la lucha revolucionaria. Creo fervientemente que miles de millones de ciudadanos del mundo (muchos de ellos jóvenes), tomarán la posta de Fidel y defenderán su legado al grito de “Fidel está vivo, Fidel no se murió, la puta madre que lo parió.” A los 67 años no soy tan viejo como para no continuar luchando aun en un medio colonizado por el escepticismo, ni tan joven como como para poder vivir el tiempo en que la utopía se transforme en una realidad, ya que como como dijera el escritor, la revolución es un sueño eterno, tan eterno como la memoria de los revolucionarios que dejaron su vida por ella. Hasta la próxima

domingo, 20 de noviembre de 2016

No todo es lo que parece.


Muchas veces me he preguntado por el valor de la historia, para que sirve conocer el pasado. Podría responder a este interrogante con un lugar común, para no volver a repetir los errores, pero la Argentina refuta ampliamente esa tesis y valida otra, el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, sabiendo que esa piedra es la misma. Hace unos días encontré en Facebook, en un reportaje a un científico israelí que refuta varios de los mitos de la historia del pueblo judío. Por estos mismos días, se puede ver una serie sobre Moisés y los diez mandamientos. No es novedad las divergencias que existen sobre la figura histórica de Moisés. Mucho se ha escrito sobre los diversos mitos de Moisés que aparecen en la literatura antigua, aun el propio Freud le dedicó un trabajo a este tema. Pero lo interesante del investigador de la Universidad de Tel Aviv, Israel Finkelstein, es que sostiene que el más importante de los libros sagrados del cristianismo y de los judíos, el Pentateuco no constituye una revelación divina, sino por el contrario, es el producto de la imaginación humana y fue escrito mucho después de la fecha en que se pensaba que había sido producido, respondiendo su escritura, a motivos mucho más políticos que sagrados. Lo interesante de la afirmación del científico israelí es que sostiene que muchos de los hechos narrados en el libro ni siquiera son versiones de acontecimientos históricos, sino que nunca ocurrieron, como por ejemplo el éxodo judío de Egipto. Respecto del éxodo, ha habido intentos científicos de explicar las plagas con que Moisés, la mano de Dios, azotó a Egipto para que el faraón Ramsés II permitiera que los judíos se fueran, pero pocos se animaron a ir más allá y afirmar que el éxodo no existió. El pentateuco está formado por cinco libros (Génesis, Levítico, Éxodo, los Números y el Deuteronomio), y uno de ellos, el “Éxodo”, relata la epopeya del pueblo judío en la búsqueda de la tierra prometida y que según diversos investigadores, se establece como fecha del éxodo aproximadamente el año 1250 A.C. Finkestein afirma que el éxodo nunca existió, más aún no existen rastros de la permanencia de los judíos por más de 400 años en Egipto. ( para ampliar la información recomiendo leer el reportaje de “La Nación” a este científico el 25 de enero de 2006, o ingresar al blog https://blogdeestudiosbiblicos.wordpress.com/tag/israel-finkelstein/ en donde se documenta este relato y se discute la falacia de la escritura del Pentateuco). El Pentateuco fue compilado aproximadamente en el siglo VII a.c. por orden de Josias rey de Judá con fines ideológicos y políticos y para servir a sus planes de unificar los reinos israelíes. Lo que se pone en evidencia es que los textos sagrados (hebreos, cristianos, islámicos, etc.) son obras literarias de los hombres destinados a construir hipótesis sobre lo que ignoraban, el origen del hombre. Al igual que los mitos politeístas, las religiones monoteístas, para cubrir su ignorancia sobre el acontecer humano en épocas remotas, construyeron mistos originarios. Estos mitos, además de explicar lo ignorado, creaban una superestructura jurídico ideológica que ordenaba la vida de los mortales y estaba destinada a basamentar el derecho divino de los reyes y de las clases dominantes, lo curioso es que cuando la humanidad avanzó científicamente y pudo explicar esas cuestiones, los mitos establecidos por los antiguos guardaron todo el rigor de fe, aunque ahora ya circunscriptos a la lógica de los creyentes. Se sostiene un debate en paralelo, donde las superestructuras religiosas fueron cambiando algunas partes de su relato por lo grotesco e increíble de los mismos, o explicaron esos relatos en clave moderna, y por otro lado el sistema científico técnico que fue destituyendo esos relatos en base a pruebas científicas y datos corroborados con las modernas técnicas de investigación. Pero el discurso científico no escapa a las explicaciones mágicas, o muchas veces, queda atrapado en la maraña de creencias religiosas. Este es el caso de quienes tratan de explicar el éxodo, de los que buscan datos para fundamentar la existencia de un diluvio universal, etc. Los científicos son un producto de su época y están atravesados por las mismas dudas e ignorancias de la misma, solo que para fundamentar sus opiniones (que muchas veces no son más que eso, opiniones) cuentan con el arsenal teórico conceptual que les provee la acumulación científica a lo largo de varios milenios. Pero esa acumulación científica opera como un magma de significaciones sociales imaginarias, es decir muchos de los relatos se hallan entrelazados, anulados, superados y vueltos a instaurar dentro del mismo magma, y el resultado es que las personas tienden a creer aquellos relatos que tienen mayor nivel de aceptación y están universalmente extendidos. Es por ello que las llamadas religiones monoteístas universales (cristianismo, islamismo, budismo, judaísmo, etc.) lograron vencer en el debate religioso a las religiones politeístas localizadas, en la medida en que su relato proveía de fuentes universales que supuestamente indicaban la veracidad de ese relato de manera ecuménica. Por otra parte, las religiones “universales” se constituyeron en un importante dispositivo de dominación que legitimó el poder de los estados terrenales, sosteniendo sucesivamente, argumentos que legitimaban las monarquías, los déspotas, los imperios, las repúblicas burguesas, etc. El cristianismo, por ejemplo, sostuvo la legitimidad del imperio romano, luego fue el soporte de legitimación de los señores feudales, sin dudar se constituyó en un aparato ideológico de las monarquías absolutas y luego fue quien más argumentos proveyó para legitimar el orden burgués. El sentido de la religión no es el de la búsqueda de la verdad y la justicia, por el contrario, es el de naturalizar la injusticia y la opresión mediante relatos míticos y fabulosos que le son inculcados al ser humano desde su infancia, y que como dijimos en varias oportunidades, se sostienen porque nos dan una esperanza de una vida después de la muerte, apagando la intensidad de la angustia que produce el reconocimiento de la infinitud de nuestra existencia. Los otros puntos de apoyo del relato religioso son el sometimiento del sujeto a preceptos heteronómicos que fueron producidos por nuestros ancestros y a los cuales debe aceptar sin crítica, cuando a un creyente se le agotan los argumentos racionales para sostener sus ideas religiosas su respuesta última será “es una cuestión de fe”. Aun en nuestros días escuchamos historias fantásticas de aparecidos, de vírgenes de madera sangrante, de niñas que relatan sus encuentros con seres supra naturales, etc. A nadie se le ocurriría reconocer la existencia de Elfos y Nereidas, pocos aceptarían escuchar el canto de las sirenas, aunque literariamente perfectas, muy pocos aceptan la veracidad de los relatos de la Ilíada o la Odisea, y no hay muchos que crean en la existencia de la Atlántida, sin embargo esos relatos míticos tienen la misma base de veracidad que el Pentateuco o el nuevo testamento, libros que fueron escritos por sujetos humanos concretos y con marcados intereses políticos ideológicos orientados a perpetuar la explotación del hombre por el hombre. Es por eso que no todo es lo que parece, y mucho de lo que consideramos claro y evidente, cuando se lo analiza en profundidad, basados en datos científicamente corroborados, lo que encontramos es la desolación que produce la incertidumbre. Incertidumbre que produce una profunda angustia porque no solo no sabemos para qué estamos en el mundo cada uno de nosotros, sino que no sabemos cuál es nuestro destino como nación, como especie, ni siquiera es posible sostener que el universo es siempre el mismo, sino que fluctúa y cambia constantemente. Si nos enfrentamos a la posibilidad de nuestra extinción como especie, si hoy sabemos que el propio planeta corre el riesgo de constituirse en una roca yerma e inhabitable, que en un futuro, tal vez, no muy lejano sea como otras rocas inhabitables del sistema solar, como podremos seguir adelante, construyendo para que, y porque, y esos interrogantes que ni la ciencia puede responder, por el grado de complejidad que ha alcanzado nuestro sistema de conocimiento, cada vez más abarcativo, cada vez más ignorante, cada vez más difícil de concebir y entender, entonces es el simple relato mítico religioso el que provee a los seres humano una isla segura en la cual refugiarse después de la tempestad, allende el naufragio. Y todo ello se asienta en las estructuras de formación intelectual de los seres humanos, destinadas a que el pensamiento sea solo patrimonio de unos pocos, que la actitud reflexiva y crítica sea herramienta de una minoría, porque el sistema capitalista, mis queridos amigos, no necesita gente que piense, sino que obedezca y acepte su destino como inevitable a cambio de la ilusión trascendente de la vida más allá de la vida. Hasta la próxima.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Cambio de época.


Los cambios materiales son claramente perceptibles, sobre todo en una sociedad como la actual, en la que la ciencia y la tecnología avanzan a pasos agigantados, dando lugar a lo que se ha dado en llamar la era exponencial. Solo con echar un vistazo hacia atrás, unos treinta años digamos, es posible observar los grandes cambios producidos. En la década del 80’ las computadoras de escritorio todavía gateaban (aun cuando las primeras P.C. se construyeron a fines de los 70’, recién comenzaba a insinuarse internet (el 1 de enero de 1983, ARPANET cambió el protocolo NCP por TCP/IP. Ese mismo año, se creó el IAB con el fin de estandarizar el protocolo TCP/IP y de proporcionar recursos de investigación a Internet), el que se considera el primer celular, el Motorola Dina tac 8000x apareció por primera vez en el año de 1983, los más importantes instrumentos de nuestra vida cotidiana surgen en las décadas del 60’ y el 70’ pero recién se constituyen como productos masivos en la década del ochenta. Es pues relativamente fácil reconocer los cambios materiales de nuestra vida cotidiana, pero cuando se trata de nuestra vida anímica, y por ello entiendo los valores, ideas, políticas, etc., la cuestión se hace muy difícil. Podemos datar la primera computadora, el primer día de internet, el primer teléfono celular, mas, es muy difícil, establecer el día que la sociedad comenzó a cambiar su signo político, cuando se empezaron a producir los cambios culturales. Lo que sí es posible, es observar largos períodos, y detectar el ellos las marcas culturales dominantes, para luego en las comparaciones establecer las diferencias culturales de época. El final de la segunda guerra mundial, además de la derrota de las ideologías autoritarias (fascismo, nazismo, otras sobrevivieron, pero circunscriptas a espacios territoriales muy acotados como el caso del falangismo español) que habían sido hegemónicas desde los años veinte, treinta y parte de los cuarenta (aunque sus raíces se remontaban al siglo XIX), significó para la humanidad una profunda reflexión sobre las consecuencias del acceso al poder de estos movimientos extremos. Por otro lado, si bien los triunfadores se erigieron como la reserva democrática de la sociedad humana (Francia, Inglaterra, EE.UU., etc.) hubo otro gran triunfador que no comulgaba con la llamada democracia burguesa, el recientemente constituido bloque soviético (la URSS existía desde 1922), que se había consolidado en base a la incorporación de Polonia, Hungría, los Estados Bálticos, Checoslovaquia, Yugoeslavia, etc., a la zona se hegemonía rusa. Desde tiempos de Lenin el socialismo había discutido las características de sus sistemas políticos, económicos y de relaciones exteriores, rápidamente, la burocracia del PCUS se convirtió en la estructura de poder poderosa, pero con contenidos autoritarios que se verían remarcados durante el período estalinista. Los socialismos reales (como se denominaba a los países del bloque soviético) se constituyeron en la contrapartida del capitalismo occidental, desarrollándose un importante conflicto subterráneo (conocido como la guerra fría) que se extendería hasta el período 1989-1991, con la caída del muro de Berlín y el desmembramiento de URSS, pasándose de un mundo bipolar al mundo de hegemonía americana. La existencia del bloque comunista, la necesidad de desarrollar las economías occidentales desbastadas por la guerra obligó a desarrollar un período de crecimiento económico y social determinado por la aplicación de políticas keynesianas en lo económico, y el estado de bienestar en lo social, fue más que una concesión burguesa a los sectores oprimidos y explotados, una política delineada por los grandes países capitalistas con el fin de limitar la expansión del ideario socialista motorizado por la URSS. Se puede afirmar que en el período que va de 1945 a 1991 se libró en el mundo una dura batalla ideológica entre la izquierda y la derecha. En el marco de la confrontación ideológica (casi podría decirse ecuménica) y por las necesidades de desarrollo económico, los países capitalistas más avanzados (liderados por EE.UU.) desarrollaron un estado de bienestar, logrando reducir la pobreza extrema que habían sufrido durante los siglos anteriores al XX, incorporando a la llamada clase media a importantes sectores de su población. Un ejemplo de este proceso lo encontramos en el mismo EE.UU. donde se consolida el llamado sueño americano, según el cual la clase obrera podía dotar de previsibilidad a sus vidas, mejorándolas mediante el acceso a bienes inalcanzables en épocas anteriores (como la casa, el auto, una vida confortable de consumos desbocados, etc.), pero fundamentalmente, teniendo la certeza que su vida podía mejorar si trabajaba duro, y lo que es más importante, la conciencia de una movilidad social ascendente que le permitía a sus hijos acceder a empleos de mayor calidad o tener estudios avanzados. Para el norteamericano de estos años existía la convicción de que la vida de sus hijos iba a ser mejor que la suya. El consumismo tenía un objetivo adicional, constituye como afirma Slavoj Zisek, una doble sujeción al capitalismo como sistema, ya que el trabajador es impelido a consumir más allá de sus posibilidades, y cuando no puede pagar lo consumido se le ofrece el crédito que lo endeuda progresivamente a lo largo de toda su vida, de esta manera se lo domestica, dado que si pierde su trabajo pierde la posibilidad de cumplir con sus compromisos y pierde el estado de confort del que goza. El mundo asiste a un crecimiento cultural extraordinario, las ideas de izquierda que habían sido perseguidas comienzan a ser expuestas en las universidades y Marx se convierte en un fenómeno editorial inédito. En Europa asistimos al crecimiento de una intelectualidad de izquierda marxista, cuya influencia perfora el aparato del estado y las formaciones políticas centro-izquierdistas como los partidos socialistas. Las universidades y el mundo de la cultura, se pueblan de nombres como Chomsky. Petras, Foucault, Sartre, Castoriadis, Bourdieu, Laplanche, Morin, Habermas, etc., que formulan y reformulan las teorías en un magma de creación sociológica inagotable. Las juventudes se radicalizan, y se constituyen en un fuerte ariete contra la explotación capitalista y en reclamo de más democracia y de mayor calidad de vida. Tal vez el punto más alto esta signado por los años 68 y 69 cuando asistimos al mayo francés y a las revueltas estudiantiles en todo el mundo. En la calle se instituye un nuevo modelo de vida y de cultura cotidiana marcado por las ideas de solidaridad, cooperación, crecimiento educativo y cultural, búsqueda de la paz y profundización de los valores democráticos. La vida adquiría sentido en tanto y en cuanto sus vicisitudes eran determinadas por los ideales de transparencia, honestidad, amor al prójimo, pero fundamentalmente, guiado este ideario, se viabiliza una concepción política en la que primaban los valores de igualdad, lucha contra la explotación capitalista, autodeterminación de los pueblos, etc. Si algo era distintivo en la juventud de esos años, es su claro compromiso con el socialismo (que cada uno entendía a su manera) y un fuerte rechazo a las ideologías de extrema derecha como los movimientos neonazis que comenzaban a estructurarse en estos países. En los países no desarrollados, el signo es la descolonización, las guerras de liberación nacional (sobre todo en Asia y África) y el reclamo de la autodeterminación de los pueblos. Si la respuesta a los reclamos en el mundo desarrollado fue el estado de bienestar, en los países no desarrollados fueron las dictaduras represivas, que con el paso de los años fueron cada vez más violentas y genocidas y que tuvieron como contrapartida el surgimiento de una izquierda radical que vio en la lucha armada el único camino al poder obrero y el socialismo. América Latina se ve permeada en todo su cuerpo social por guerrillas más o menos importantes, más o menos duraderas, más o menos exitosas como el sandinismo en Nicaragua, el Frente Farabundo Martí en El Salvador, la guerrilla guatemalteca, las guerrillas argentinas (ERP. Montoneros, FAR, FAP, FAL, etc.) el MIR chileno, los Tupamaros uruguayos, Las FARC en Colombia, la guerrilla guevarista en Bolivia, etc. La cuestión de la lucha armada no solo encarnó en el pensamiento latinoamericano, también en la vieja Europa se constituyeron grupos armados como Fracción Ejército Rojo en Alemania, las Brigadas Rojas en Italia, o en el propio EE.UU. los Panteras Negras. Son años de gran debate, de pensamiento crítico, de lucha callejera. Marx, Lenin, Gramcsi, y muchos otros pensadores revolucionarios eran frecuentemente visitados por los jóvenes de aquellos años. Las escasas y breves experiencias constitucionales que se intercalaban entre dictadura y dictadura estuvieron marcadas por el respeto a los derechos ciudadanos, la democracia y la libertad de pensamiento. Podría decirse que la época que va de 1945 a 1991 estuvo determinada por las palabras cambio, socialismo y revolución, la búsqueda de la tolerancia y el respeto a la disidencia. Los escasos grupos de extrema derecha eran muy reducidos y no tenían influencia en la vida cultural de los países, adquiriendo importancia como grupos de choque de los sectores más regresivos de la sociedad. En los sesenta y setenta asistimos a poderosas manifestaciones contra la guerra, al desarrollo de movimientos anti sistema como los hippies, a la búsqueda de formas de vida comunitaria, parecía que el mundo se encaminaba definitivamente a una era de paz y tolerancia. Pero parecía, porque de pronto todo cambió. Hoy asistimos a un cambio de época que esta signado por la prevalencia del individualismo (tanto en término de los sujetos como de las naciones), por la emergencia de las viejas ideas fascistas, nacionalistas, de extrema derecha que llevaron al mundo a la hecatombe de los 40’. Resurgieron los extremismos religiosos, pero ahora de la mano de un comportamiento asesino que no respeta la vida, el disenso, la libertad de creencia, como es el caso de los extremismos islámicos. Asistimos en los países desarrollados a brotes de xenofobia, racismo, discriminación, que están basado en el miedo al otro diferente, ese otro que viene de diferentes latitudes a “robarles” lo que les pertenece, fundamentalmente su trabajo (cuando es una verdad de perogrullo que lo inmigrantes realizan los trabajos más bajos que los ciudadanos de esos países no quieren realizar). Asistimos a conflictos armados de carácter religioso o étnico con características de salvajismo inusitado, donde los vecinos se asesinan los unos a los otros como en la guerra de la ex Yugoslavia. El nuevo tiempo que pretende consolidarse como forma de vida se ha expresado en muchos ejemplos como el Brexit en Gran Bretaña donde se votó por separarse de la Unión Europea, el triunfo del no en el plebiscito para aprobar el acuerdo de paz con las FARC en Colombia, el triunfo de Donald Trump, candidato de la extrema derecha del partido republicano en EE.UU., el crecimiento de los partidos autoritarios y xenófobos en Europa como por ejemplo el Frente Nacional en Francia, y los ejemplos son innumerables para citarlos a todos. En Argentina observamos con preocupación cómo legisladores como Picheto reproducen el desdén y la desvalorización del inmigrante latinoamericano, en definitiva, asistimos a una pérdida de los valores más caros al desarrollo humano. En las escuelas, donde deberían sostenerse esos valores de cooperación y solidaridad, ocurre lo contrario, se desarrolla una cultura de la competencia, donde los niños rivalizan por sacar más nota, como si una buena calificación garantizara el saber, se les enseña a memorizar antes que a analizar y extraer conclusiones propias, se los obliga a asumir como verdad el discurso del docente, se evalúa la educación con procedimiento que solo busca desmerecer el verdadero acto educativo, el acto de integrar el conocimiento a la experiencia propia. El resultado de esta enseñanza centrada en la rivalidad, en la búsqueda del logro personal en lugar de la aventura del conocimiento compartido, son los crecientes enfrentamientos entre miembros de la comunidad educativa (padres contra docentes, alumnos contra alumnos) que dan lugar a experiencias de bulling, agresiones al diferente, lesiones a las niñas más lindas de parte de otras que no soportan esa diferencia constitucional y que pretenden desfigurar lo que ellas creen que no son (sin entender que la belleza física es la expresión del interior de las personas). En este cambio de paradigma cultural los mass media tienen un rol fundamental. Muchas veces se ha discutido el papel de los medios de comunicación de masas en la determinación de los rumbos políticos sincrónicos, por ejemplo, la posibilidad de que estos medios tengan un factor determinante en una elección. La experiencia demuestra que, si bien los medios de comunicación influyen en las decisiones de los actores políticos, ellos por sí mismo no son suficiente para determinar el éxito o fracaso de una propuesta electoral, ejemplos hay muchos, pero algunos más recientes, muestran que esta idea es inexacta, por lo menos parcialmente. Uno de los ejemplos es el triunfo de Cristina Fernández de Kirchner en la elección de 2011, cuando teniendo en su contra la mayor parte de los medios hegemónicos, ganó con el 54 % de los votos. Otro ejemplo, es el de Donald Trump, que, teniendo en su contra a gran parte de los medios hegemónicos, siendo un candidato anti sistema (es decir rechazado por el establishment político y aun empresarial de EE.UU.) ganó las recientes elecciones presidenciales. Si el rol de los medios no produce cambio en lo sincrónico, cuál es la influencia social que los mismos tienen en el cambio estructural que estamos padeciendo en la sociedad global. Podría decirse que la fundamental acción de los mass media es la acción diacrónica, es decir, extendida en el tiempo. El capitalismo del siglo XIX y parte del XX basó la acción de control social de la burguesía sobre las clases subalternas en la represión. Es conocido que las revoluciones proletarias que se sucedieron con posterioridad a la gran revolución francesa fueron ahogadas en sangre por los burgueses. Los ejércitos y las fuerzas de seguridad se constituyeron en el brazo armado del estado burgués. Pero como señalara Mao Tse Tung, con las bayonetas se puede hacer cualquiera cosa, menos sentarse sobre ellas. La burguesía aprendió que la represión violenta de los movimientos populares no era la mejor garantía de su dominio de clase, y a partir del desarrollo de las tecnologías de las comunicaciones y las informaciones comenzó a pergeñar un plan de largo alcance que le permitiera circunscribir la prédica revolucionaria a ámbitos cada vez más reducidos, aislando a los sectores impugnadores de la sociedad capitalista con una acción permanente de debate ideológico. Lenin estableció la diferencia entre la agitación y la propaganda. Por la primera, entendía la acción de llevar pocas ideas para muchos. La agitación se dirige a las emociones, a la parte menos racional del ser humano, lo que trata es desarrollar un estado de horda, en la que los sujetos individuales se funden en el conjunto, pierden su identidad para asumir la identidad de la masa. La propaganda en cambio, se trata de muchas ideas para pocos, es una acción general y permanente que busca cimentar las bases de una adhesión consciente a la base doctrinaria del que la realiza. La propaganda busca que el sujeto que adhirió emotivamente por la agitación, pueda anclar esas ideas a su propia experiencia subjetiva, viendo el interés general como un interés propio. Los mass media lo que realizan es formación doctrinaria en los actores sociales. De lo que se trata es que los ciudadanos vayan mas allá de la simple adhesión y consideren a los intereses de la clase dominante como propios. La propaganda de los mass media se dirige a todos los actores sociales, pero busca encarnar en aquellos que son más proclives a mimetizarse con la clase dominante, la pequeña burguesía. Si los profesionales, periodistas, educadores, cuadros de dirección en el aparato productivo asumen como propios los intereses de la clase dominante, ellos funcionaran como polea de transmisión a los sectores más subalternizados de la sociedad. Es un error creer que el objetivo de la prédica de los medios tiene como target fundamental al kirchnerismo, este sector político es solo un chivo expiatorio que sirve para poner en acto lo que le ocurre a quienes desafían el dominio de la gran burguesía, si Ud. ve y escucha atentamente a los periodistas “antikirchneristas” verá que en forma implícita desarrollan un discurso orientado a imponer los valores más importantes de la ética burguesa. Se defiende la propiedad privada, un concepto de honestidad ajeno a los intereses de los trabajadores (deshonesto es alguien que roba una cartera, pero un presidente que evade pagar impuestos con cuentas off shore no lo es), se plantea como natural el orden en el que unos tienen derecho a gozar de todas las posibilidades que el capitalismo plantea, mientras la gran mayoría no posee nada, se discrimina a los trabajadores (los argentinos, los pobres son vagos, no les gusta trabajar, no se esfuerzan). Pero la propaganda no se ejerce solo de un modo expositivo, es necesario también adormecer la conciencia crítica de los ciudadanos, para ello cuentan con las escuelas, ámbito por excelencia del disciplinamiento social, donde el niño y el joven aprenden a obedecer. A no rebelarse contra la injusticia, a permanecer callado y ajeno a la explotación y la opresión, a no rebelarse contra los sistemas de clase corruptos de la justicia burguesa. Este adormecimiento de la conciencia es completado por programas de televisión bizarros que sostienen lo más deleznable de la cultura del sometimiento, el uso de los cuerpos femeninos, la humillación de la mujer, o programas de supuesto corte político en los que se ataca sin piedad a aquellos jóvenes que se comprometen con la política. Esta acción “educativa” de los medios sostenida a lo largo de décadas fue sedimentando en todos los estratos sociales y es la que está permitiendo la formación de una nueva subjetividad acorde a los tiempos del cambio vertiginoso. Parafraseando a Bill Clinton en su debate con George Bush, es la subjetividad estúpidos. Lo que la burguesía ha comprendido es que, para mantener su dominio, luego de la caída de la URSS, necesitaba realizar un cambio profundo en la subjetividad de los actores sociales, y emprendió la tarea utilizando los mass media como herramienta principal, hay asistimos a los efectos de ese cambio de subjetividad, pero aún es tiempo de reformular la subjetividad instalada en los últimos treinta años. Hasta la próxima.

sábado, 5 de noviembre de 2016

El simulacro en educación.


La educación ha sido desde el siglo XX para algunos, la estrella de la trasformación. Los diferentes regímenes políticos que se construyeron bajo la hegemonía del capitalismo proveyeron a la misma de una importancia trascendental, sobre todo en lo referente a los mitos de la eliminación de la pobreza y las desigualdades sociales. Pero a que nos referimos cuando hablamos de educación. Según el diccionario etimológico, educación proviene del sustantivo latino educatio, onis, derivado de educare. Educare ‘educar’, ‘criar’, ‘alimentar’ se formó mediante el prefijo ex- ‘fuera’ y el verbo ducere ‘guiar’, ‘conducir’, originado en el indoeuropeo deuk-. Es decir que loa palabra educación posee un doble sentido, como educare es criar, alimentar, pero como educere remite a guiar conducir. Es interesante reflexionar sobre esta doble raíz del termino porque los dos sentidos tienen que ver con el proceso educativo, ya que no es posible conducir, guiar, sino se alimenta y cría al infante en condiciones adecuadas (nutrición, salud, ecosistema adecuado, etc.) Porque puse por título “El simulacro de la educación”, porque en nuestros países no se educa, se simula que se educa. Además de los ítems que señalé respecto a lo que implica la calidad de educación, también es necesario destacar una idea que vengo sosteniendo desde hace mucho tiempo desde este blog, educar no es conformar, es decir hacer conforme a un modelo, supone una operación muy compleja que en su base pivotea sobre un concepto poco presente en las escuelas y las tecnologías educativas, el pensamiento crítico. El pensamiento crítico es una forma de reflexión en la que el sujeto parte de la idea que lo que tiene frente a sí, no necesariamente es lo que le dicen que es, y por lo tanto es necesario que aplique su descernimiento para elucidar lo que en realidad la cosa “es”. Voy a trabajar a partir de un concepto, cuando hablamos de salud a que nos estamos refiriendo. Si siguiéramos a las definiciones más clásicas, por ejemplo, las primeras de la OMS, diríamos que la salud es ausencia de enfermedad, pero esta definición no contiene muchos de los elementos que hacen a una vida saludable como por ejemplo vivir en un entorno saludable, tal vez por ello es que la OMS a la definición de salud le agregó un plus de bienestar (“La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social"). La página, http://concepto.de/salud-segun-la-oms/#ixzz4P9sN0ilk nos informa que para la OMS “la salud contiene una serie de factores que la componen. Para comenzar, el estado de adaptación al medio ya sea biológico o sociocultural; el estado fisiológico de equilibrio; el equilibrio entre la forma y la función de un organismo y la perspectiva biológica y social como las relaciones familiares o los hábitos. Es la estrecha relación y semejanza entre estos aspectos lo que determina el completo estado de salud de un ser particular y es la carencia de uno de ellos lo que genera cualquier estado de enfermedad. Toda enfermedad consta de una relación entre un huésped (sujeto), un agente (síndrome) y ambiente (factores que intervienen)”. Podríamos seguir buscando y encontraríamos muchas definiciones, que dependen de la perspectiva ideológica y teórica del enunciador. Lo común es que en la docencia universitaria se produzcan dos conductas simétricas de los profesores y alumnos. Por un lado, los docentes le exigen al alumno que repita sistemáticamente lo que ellos piensan, por el otro, el alumno requiere de sus docentes que le brinden definiciones para repetir en esas monstruosas maquinarias de tortura que llamamos exámenes. El acto de conocimiento es entonces, una simulación en la que el docente pregunta para que el alumno conteste precisamente lo que él desea. El alumno hace como si le interesara lo que está diciendo y creyera en ello y el docente, como si creyera la fe del alumno en lo que dice. En este simulacro, la evaluación es una parte importante del simulacro de la educación. Cuál sería la otra posibilidad, que ambos, docente y alumno, sobre la base de la lectura y análisis de los textos teóricos y de su confrontación con los datos de la realidad, debatan, en el acto de la evaluación, los diferentes pareceres que construyen por el impacto de los conceptos trabajados en la subjetividad de cada uno. Allí no importa si la reflexión del alumno es compartida por el docente, lo central es el proceso de reflexión cooperativa y la base conceptual en la que se apoya cada uno. Dos digresiones importantes. La primera es que las definiciones, si algún valor tienen, decía Engels, es la de constituir un punto de partida para la reflexión. La segunda, en términos de Enrique Pichón Riviere, es que un conocimiento es tal cuando se incorpora al mundo interno del sujeto cognoscente y realiza un clivaje con la experiencia de ese sujeto. Repetir un concepto no es demostración de conocimiento, muchas veces me han dicho los médicos que en sus exámenes de anatomía en la Facultad de Medicina debían saber cuáles eran los 206 huesos del cuerpo humano, pero cuando interrogamos a un médico sobre este “conocimiento” en la mayoría de los casos solo recuerda aquellos que hacen a su práctica especializada. En la universidad, la más importante y extendida forma de enseñanza está constituida por la clase magistral, en la misma el profesor se para frente a los alumnos y desarrolla durante dos o más horas un tema, la interacción es casi nula y por experiencia sabemos que cuando asistimos a largas conferencias, solo una pequeña porción de las mismas, y en algunos casos nada, queda en nuestra memoria. Esto ocurre por diversos factores, a veces la gran cantidad de alumnos dificulta la interacción, otras el ego del docente impide el debate productivo, muchas veces el contenido trabajado no está en el foco de atención del alumno, o no tiene relación con la experiencia vivida por este, pero en la generalidad de los casos, una clase magistral es un dialogo inexistente, en las que las personas no escuchan, ni atienden. Otro de los problemas del simulacro consiste en la obsolescencia de los contenidos en relación a los cambios tecnológicos y sociales. Por dar un ejemplo, en la Facultad de Psicología de Rosario, se mantuvo el plan de estudios durante más de 30 años, la sociedad en ese lapso de tiempo había cambiado al punto tal que para un sujeto nacido en la década del ochenta resultaba muy difícil entender el mundo de los nacidos en décadas anteriores, pero los contenidos que se daban en la facultad eran los mismos. Los textos utilizados llegaron a repetirse en más de 37 programas, muchos de ellos correspondían al siglo XIX (mas allá de la vigencia que pudieran tener), en ese período existieron muy pocas investigaciones que produjeran nuevos conocimientos, y las publicaciones eran casi inexistentes y de bajo nivel de formalización científica. En este contexto, la fo4rmación en Psicología se constituyó en un simulacro. Pero para no cargar las tintas en esta disciplina, veamos la formación en una de las carreras de alta tecnología, la de ingeniero en sistemas. Acá encontramos un dato relevante, la mayoría de los estudiantes abandonan antes de terminar la carrera, y cuando se investiga las causas del abandono la respuesta es que en la práctica privada encuentra una mayor actualización tanto del equipamiento como de los programas. La enseñanza discurre por carriles en los que el hardware es casi obsoleto en las facultades y se enseñan software que están casi fuera del uso cotidiano. Existen pocas unidades académicas en las que se produzcan conocimientos, aunque el supuesto leiv motiv de la política universitaria sea la investigación, pero, además, encontramos el agravante que esa producción la realizan investigadores formados, con poco o nada, según los casos, de inserción de los alumnos en esos proyectos. Esta “desconexión” entre lo que se enseña en las facultades y los requerimientos del mercado laboral, tiene que ver, además del equipamiento, la actualización y la producción de conocimientos, con el carácter napoleónico de la Universidad (segmentada en facultades, carreras y cátedras con poca o ninguna conexión entre sí) y la perspectiva burocrática del proceso de formación de los futuros profesionales. El problema de las vías paralelas por las que transitan la universidad y los requerimientos de la sociedad no es solo un problema del nivel superior de la educación, incumbe a todo el sistema educativo y los problemas del mismo son muy parecidos, ya que tienen un mismo origen, el carácter burocrático de la formación. Hace tiempo que las escuelas secundarias no forman para la práctica laboral de los actores de la educación (los alumnos). El alumno que no continúa en la universidad para formarse en su desempeño laboral, debe recurrir, ya no a la educación no formal, sino a la educación informal, que es la que se obtiene de los compañeros de trabajo en la vida laboral cotidiana. Cuando la educación media utilizaba los tornos paralelos de un metro y medio de bancada, o las viejas máquinas de contabilidad, el joven que ingresaba al mercado laboral debía lidiar con tornos de control numérico o computadoras avanzadas con las que nunca había tenido contacto, con el correr de los años estas dificultades se acentuaron. La educación formal, graduada y por niveles, al igual que la universidad napoleónica constituyen formas burocráticas de impartir conocimientos que necesitan ser transformadas, Discutir el cambio en educación es discutir la ruptura de las lógicas pedagógicas y didácticas heredadas, es proponer nuevas lógicas, nuevas matrices de relación entre los actores y la educación y nuevas estructuras de organización del sistema educativo. También supone la necesidad de retornar al financiamiento educativo como una inversión y no como un gasto, una inversión no tiene topes ni límites, la formación de recursos humanos siempre requiere más. No creo equivocarme si digo que en Argentina la cantidad de patentes anuales no supera los dos dígitos. España estaba en una situación similar en las décadas de los setenta y ochenta, actualmente tiene más de dos mil patentes anuales, que son muchas menos que las más de diecisiete mil patentes anuales de Japón, pero muchas más que la nada de los setenta. Como logró este crecimiento, con inversión, donde por años el dinero fue a un agujero negro, pero que, a través de un largo período, esa “pérdida” sensible de recursos, redituó en la formación de una masa crítica de científicos que le permitió tener organizaciones de punta como por ejemplo el Centro de cirugía de mínima invasión de la Universidad de Extremadura. La escuela primaria tiene un problema adicional, no ha podido superar la impronta de la escuela en su creación, continúa con los viejos sistemas que apuntan a disciplinar la mano de obra, se limita a los niños rebeldes y críticos (como en general ocurre en los niveles posteriores, aunque en proporciones distintas y con técnicas de represión diferentes) y se obliga a los niños a realizar actividades que van contra natura de su propio desarrollo exigiéndoles absorber conocimientos que nunca van a aplicar en su vida y segmentando los conocimientos en función de los diferentes extractos sociales (a los muy pobres de escuelas marginales hay que darles de comer más que educarlos), y los más ricos de las escuelas privilegiadas tienen una erudición banal que poco sirve para poder desempeñarse como actores sociales de privilegio. En general, esto ocurre porque el diseño de las leyes, planes de estudio, programas, didácticas, etc., están en manos de funcionarios ministeriales que poco o nada saben de las necesidades educativas del medio social, o no están al tanto de las transformaciones vertiginosas de la ciencia y la tecnología y su impacto sobre el mercado laboral. Por dar un ejemplo, en menos de 50 años, las profesiones actuales (y no solo las universitarias, sino todas) serán obsoletas, ¿habrán previsto esos funcionarios este horizonte de visibilidad y organizado la formación para evitar la crisis que se avecina?, la respuesta es necesariamente que no. Y en que me apoyo para no creerlo, en el proceso de tratamiento de la ley de educación de la provincia de Santa Fe, en el que ni siquiera los docentes (ni hablar de padres y alumnos) han sido convocados para que definan criterios de los cambios en el sistema educativo (se realizan sí, simulacros participativos en los que las resoluciones están escritas de antemano). No discutimos temas centrales como cuál es la actividad formativa que deben tener los niños en relación a su desarrollo biológico y psíquico, se continúan con cuestiones que plantean mayor tiempo de los niños encerrados en las escuelas cárceles y con tareas para el hogar que les impiden disfrutar de la niñez y tener actividades propias de un infante, el resultado, los niños odian la escuela, detestan el aprendizaje, porque más que ser una aventura del conocimiento, se constituye en una rutina aburrida y tediosa que no les aporta nada, en la que lo principal es cumplir con los ritos burocráticos de la escuela. Si queremos discutir la educación, debemos empezar por discutir estas y otras cuestiones de fondo y no temas insustanciales como los que se están discutiendo en este momento. Hasta la próxima.