viernes, 29 de agosto de 2014
Quo Vadis Argentina.
La Argentina está en un momento muy crítico, y no es solo por el problema del dólar blue, de la inflación, de la caída de la producción industrial y del consumo, la inseguridad, los fondos buitres o Griesa, existe un problema mucho más grave que es la base de todos los problemas que acontecen en este país, es la falta de un proyecto político a largo plazo y la falta de cuadros políticos dirigenciales que lo lleven a cabo.
En el modo capitalista de producción siempre han existido diferentes modelos de acumulación que pugnan en el marco de una estructura de gestión única, la democracia representativa.
Para que funcione este modelo de gestión del Estado es necesario que existan algunas condiciones importantes. Una de ellas es la división de poderes ejecutivo, legislativo y judicial.
El ejecutivo es siempre quien tiene a su cargo la gestión directa y las operaciones de sostenimiento del sistema. Así por ejemplo quien detenta este poder es el encargado de determinar políticas económicas, de sostener las funciones de seguridad, de salud, educación, asistencia social. Estas funciones no son en resguardo de los intereses del “pueblo” ya que el fin último del estado burgués es la defensa de los privilegios de clase de la burguesía, privilegios que se sostienen mediante la defensa de la propiedad privada de los medios de producción.
Ahora bien, en un Estado burgués no existe un interés único, la clase dominante que se encuentra dividida en diversos sectores definidos por la concentración del capital y la propiedad, tiene intereses muy distintos, y aunque tenga intereses estratégicos comunes a toda la clase (eso es lo que le da el carácter de clase única) tiene otros intereses específicos de cada sector que en determinados momentos adquieren la forma de antagonismos políticos muy fuertes. Cada uno de estos sectores de la clase dominante, tenía, en la teoría político económica clásica formas partidocráticas específicas.
En Argentina de los años setenta existían partidos burgueses con representaciones más o menos nítidas, el peronismo y el radicalismo referenciaban a sectores de la burguesía media, mientras que la gran burguesía financiera industrial, comercial y agraria que desde el siglo XIX había sido incapaz de construir una fuerza que pugnara en la arena política (democracia burguesa) por acaudillar a los demás sectores subordinados a ella, buscaba atajos para imponer sus planes de dominación.
Es por ello que el rol político de construcción de hegemonía de este sector estuvo residente desde el golpe de 1930 en las fuerzas armadas.
El llamado partido militar sería el encargado en lograr el control del Estado mediante golpes militares para poner en marcha estrategias de acumulación que favorecieran a la gran burguesía.
Entre 1930 y 1984 el Estado argentino sería sucesivamente cooptado por gobiernos surgidos de las urnas y dictaduras militares que interrumpían los procesos democráticos burgueses.
Si analizamos los planes económicos y sociales de estos diferentes tipos de gobierno veremos que mientras los militares conculcaban los derechos civiles y democráticos de los trabajadores y de la pequeña y mediana burguesía favoreciendo el interés de la gran burguesía, los gobiernos surgidos de las urnas (Irigoyen, Alvear, Perón, Frondizi, Illia, etc.) desarrollaban políticas que favorecían mayoritariamente a los sectores menos concentrados del capital.
Mientras los gobiernos militares abrían las fronteras aduaneras para el ingreso de capitales especuladores y financieros, favorecían las exportaciones del agro, impulsaban la concentración financiera e industrial, desarrollaban políticas orientadas a conculcar derechos laborales, etc., los gobiernos “democráticos” desarrollaban políticas orientadas a crear mayores espacios de acumulación basados en el mercado interno, favoreciendo los derechos laborales y creando sistemas de asistencia social y sanitaria que beneficiaban fundamentalmente a los trabajadores.
Para poder visualizar esta dicotomía entre las políticas de los diferentes gobiernos observemos el artículo 14 bis de la constitución, la creación del INTI, el INTA, el CONICET, y de tantos organicismos de ciencia y tecnología, los programas económicos orientados a favorecer el desarrollo de las pequeñas y medianas empresas, las políticas salariales expansivas, el aumento del consumo y de la inclusión social, el desarrollo de planes de vivienda, la creación de organismos de control de las exportaciones como la Junta Nacional de Granos, el IAPI y tantos otros, las medidas de protección a la industria local, etc.
Todo lo que lograba la alianza de la mediana burguesía con la pequeña burguesía y los trabajadores, todas las leyes que favorecían a los sectores más vulnerables de la sociedad, eran sistemáticamente destituidas por los gobiernos militares que en nombre de supuestas revoluciones nacionales avanzaban en la aplicación de políticas orientadas a saquear a los sectores populares.
En este proceso de la historia argentina existen algunos momentos clave, uno de ellos es la emergencia de sectores revolucionarios que en los sesenta y los setenta rompen con las viejas estructuras de la izquierda argentina (Partido Comunista y Partido Socialista) y redefinen el camino a la sociedad socialista, aparecen así las organizaciones que retomando algunas estrategias y definiciones clásicas del marxismo comienzan a plantear la necesidad de cambiar la estructuras capitalistas de dominación mediante revoluciones violentas que se basaban en proyectos de guerra de guerrillas o insurrecciones armadas.
En la primera etapa de este proceso, el viejo líder carismático de la Argentina, Perón, apoya a parte de estos sectores y también preconiza la violencia como instrumento de cambio (recuérdese aquello de la violencia de los de abajo la genera la violencia de los de arriba, el apoyo a la juventud maravillosa encarnada en Montoneros, el ascenso de Galimberti en el aparato político del peronismo, etc.), pero cuando la burguesía observó que el desarrollo de estos sectores de izquierda revolucionaria impactaba más allá de la universidad, penetrando en organizaciones gremiales, sociales, comunitarias, comenzó un lento desplazamiento hacia políticas represivas cada vez más duras. No es necesario recordar lo que fue el genocidio entre 1974 y 1984 con un saldo de 30.000 desaparecidos y con la destrucción económica y productiva del país con las políticas neoliberales de los militares,
Y acá surge un segundo llamado de atención de la sociedad argentina. Si la izquierda era peligrosa para el desarrollo de los negocios, lo militares condujeron al país al desastre de manera sistemática, lo cual los hacía más peligrosos para el desarrollo de los negocios.
Es por ello que en 1984, luego del desastre bélico de Malvinas y con un país quebrado económica y socialmente, la burguesía decide ensayar un nuevo experimento político de democracia representativa parlamentaria.
La gran burguesía decide tratar de crear un partido de derecha que la represente y la estructura tuvo el nombre de Nueva Fuerza al mando de Alvaro Alsogaray. Pero nuevamente la gran burguesía constató que cuando sus intereses económicos se traducían en políticas, no generan consenso en los sectores más débiles de la sociedad, es por ello que la siguiente estrategia fue la de infiltrar a los partidos que tradicionalmente habían representado intereses sustancialmente diferentes a los de la gran burguesía.
Este experimento es el que encarna Carlos Menem, quien llegando al poder de la mano de los sectores populares, pone en marcha un plan económico neoliberal que defiende los intereses de aquel sector que en la campaña electoral decía combatir.
El menemismo repite y profundiza las políticas conservadoras y hambreadoras de las dictaduras, y los resultados están a la vista.
En la crisis del 2001 cuando se agota el ciclo neoliberal hay en la argentina más del 60% de podres y más del 20% de indigentes, la industria local estaba desmantelada, y los únicos sectores beneficiados por el menemismo y el delarruismo eran el capital financiero e industrial concentrado y los sectores más concentrados del agro representados en la Sociedad Rural, las CRA, etc.
La derecha argentina aprendió del proceso democrático que no se logra consenso político sino se muestra una sensibilidad hacia los pesares de los sectores más vulnerables de la sociedad, abandonó el rígido modelo de pensar basado en la libertad de mercado (o por lo menos no lo defiende en público) y se montó en relatos que ponen de manifiesto la necesidad de terminar con la pobreza, y atender a los reclamos de los más necesitados.
También ponderó el valor de los medios de comunicación como instrumentos de lucha política y herramienta de construcción de imaginarios colectivos nuevos.
Surge la idea del político como tecnócrata, calificado para gestionar el Estado, y omnipresente en los medios de comunicación amigos.
Se toman reivindicaciones que basadas en datos existentes son artificialmente creadas por los medios como la inseguridad, la corrupción, la inflación, etc.
La base de los discursos de la nueva derecha argentina es no decir nada que manifieste sus reales intereses, montarse sobre la agitación de la emotividad que realizan los medios sobre temas como los enunciados más arriba y no definir, no ya un plan de gobierno, sino ni siquiera medidas económicas aisladas.
De lo que se trata es de denostar permanentemente todas las medidas de gobierno, estar en contra de todo, sostener que todo se hace mal, pero sin proponer nada a cambio, sin decir como harían desde su óptica lo que dicen que está mal.
Piense el lector, un gobierno que hizo todo mal (cosa que no es así como lo hemos dicho desde estas páginas hasta el cansancio) se podría haber sostenido durante doce años, o la república estaría actualmente en una quiebra total.
Esto lleva a que la oposición, herramienta fundamental de gestión de la democracia representativa, no exista, por lo menos en términos de propuesta, y que actúe permanentemente de manera irresponsable, farandulesca e hipócrita.
La falta de una democracia representativa legítima, basada en el juego electoral de recambios periódicos, de debate político y de gestión conjunta entre quienes gobiernan y quienes se oponen es una de las mayores dificultades del sistema político argentino y un peligroso camino que nos puede conducir al desastre.
Hasta la próxima.
domingo, 17 de agosto de 2014
Los pibes chorros.
Desde hace mucho tiempo la sociedad se siente conmovida por la inseguridad. Es un tema que viene de lejos, tan lejos como la sociedad de clases.
La existencia del delito esta intrínsecamente ligada a la división de la sociedad en clases poseedoras y clases desposeídas.
Cuando uno escucha en la televisión un reportaje a un joven que se define como un pibe chorro y presta atención a la profundidad de su pensamiento, no puede menos que admirarse de como ese joven, que tiene poco recorrido por el sistema educativo formal, puede enunciar tan claramente la problemática de los marginados sociales.
El joven dice, “un pibe chorro cuando sale a robar sale a recuperar lo que el porvenir le va a negar siempre”, e inmediatamente agrega, los pibes chorros no sienten que están robando, sus códigos morales son diferentes.
Pensemos en un joven que cuando camina por las calles la gente lo esquiva como a ropa con piojos por ser “negrito” que en un país que como Argentina, donde no hay negros, tiene tal condición el que tiene la piel un poco más oscurita que el resto, o se viste con un look particular, vaqueros buzo con capucha y gorrita, lo cual hace que lo denominen como “gorrita”, que en la etimología de la clase media refiere al que sale a robar, el enemigo.
Ese “gorrita” como dicen las señoras gordas que se sientan a tomar el té en la calle Florida, es alguien a quien el sistema le robó el futuro, lo despojó hasta de la más remota ilusión de tener una vida decorosa, donde pueda disfrutar de todo lo que la ciencia y la tecnología ha creado para el hombre y que la publicidad inunda el psiquismo con sus anuncios permanentes tales como “si querés tener un estilo de vida (burgués y opulento) debes tomar Gancia.
Ese pibe chorro ha sido condenado mucho antes que la justicia de su fallo, y la condena es anterior a su nacimiento, y es una condena despiadada que lo envía de por vida a estar sumergido en la miseria y el abandono de una villa de emergencia, en una casa hecha con chapas o cartones, sufriendo frio en invierno y terribles calores en el verano.
Es ese mismo sujeto que el taxista nos dice “estos tipos están como están porque son vagos, no les gusta trabajar, el gobierno les regala todo, se cuelgan de la luz, no pagan el agua, no pagan impuestos y tienen LCD y equipos de música en sus ranchos”, claro que cuando le preguntamos al taxista, y porque no te vas a vivir vos a una villa si es tan lindo, levanta la música y se va por la tangente del silencio.
Decíamos que la sociedad de clases es una sociedad injusta, en la que unos viven en la opulencia y lo muestran y otros a veces no tienen ni para comer. Pero los primeros necesitan que alguien les limpie la mierda en sus casas y en la ciudad, necesitan ver que alguien es miserable para gozar de su misérrimo bienestar de clase media. Necesitan que los pobres hagan esos trabajos que ellos consideran degradantes y que además lo hagan por sumas miserables, y entonces sí, un pobre que se somete, que opera como el esclavo en Roma o Atenas, haciendo los llamados por los griegos trabajo corruptos, que ellos no quieren ni por asomo realizar, será un ciudadano honesto. Pero si ese pobre se revela, con las armas que tiene y sale a arrebatar, a cortar calles, etc., entonces es un “negro de mierda” delincuente que hay que sacar de la vista y hundirlo en las cárceles.
Es cierto que en todas las sociedades de clases existieron pobres y ricos, pero el capitalismo ha exacerbado esas diferencias, ha llevado hasta el paroxismo la acumulación de bienes en manos de unos pocos (según algunas estadísticas el 1% de la población mundial es propietaria del 40% de todos los bienes que hay en el planeta) mientras que la inmensa mayoría se debate por lograr una comida diaria y trabaja por un dólar diario en condiciones miserables.
La derecha política y económica arremete contra el gobierno acusándolo de la inseguridad, las clases medias acompañan ese movimiento especulativo y falaz con movilizaciones en las que claman por seguridad y contra la corrupción.
Existen una serie de inexactitudes en este discurso, la primero y la más flagrante es que para algún sector de la sociedad argentina, sobre todo los que se encuentran dentro de la General Paz, pareciera que la inseguridad, como la inflación, la corrupción, son males de este gobierno, son males kirschneristas.
Olvidó muy rápidamente los crímenes atroces de la dictadura, que asesinó a miles de militantes populares y olvidó la corrupción de muchos de los economistas neoliberales que saquearon al país para beneficiar a los grandes bancos (principalmente extranjeros) a los grupos económicos concentrados (como Tetchin, Loma Negra, Clarín, La Nación, etc.).
Olvidó cuando veía a Neustadt y Grondona alabando al presidente privatizador que entrego el patrimonio nacional, destruyó la infraestructura ferroviaria, rifó el futuro de los jubilados con el negocio nefasto y fraudulento de las AFJP.
Tanto durante la dictadura, como durante el menemato, esa clase media que hoy ataca al gobierno y clama por inseguridad y repudia la corrupción, fue cómplice de los desmadres de estos gobiernos disfrutando de la plata dulce, del deme dos que caracterizó a los argentinos en Miami, mientras los neoliberales destruían la industria, llevaban la inflación a las nubes y condenaban a la más abyecta miseria a miles de argentinos.
La clase media reaccionaria argentina es muy desmemoriada (tanto que pareciera que tiene algunos síntomas de Alzheimer) se ha olvidado del año 2001 cuando fierros y cacerolas en mano arremetía contra los frontispicios de los bancos al grito de que le devuelvan sus ahorros en tiempos de Cavallo y el corralito. Ya no recuerda cuando arremete contra los piqueteros en nombre de su libertad de circulación, pidiendo que la justicia los penalice, la famosa consigna “Piquetes, cacerolas, la lucha es una sola”.
El problema para estos sectores ideológicos que son portadores de un pensamiento simplista y que vociferan consignas al compás de las melodías reaccionarias que entonan los periodistas Lanata, Bonelli, Van Der Kooy, y algunos intelectuales que desde la izquierda han virado a posiciones discriminatorias y reaccionarias como Beatriz Sarlo, Martín Caparrós, Ernesto Tenenbaum, y tantos otros que han descubierto que el campo (la Sociedad Rural, las Confederaciones Rurales, etc.) es revolucionarias, y que lo hacen para tener la miserable popularidad de unos minutos en pantalla que satisface su egolatrismo y los conduce a su bancarrota ideológica.
Lo más peligroso fue cuando esta clase media, en el más claro sentido de violencia nazi salió a linchar delincuentes, como si los males del país lo ocasionaran unos pocos jóvenes que salen a buscar la vida con el robo, el arrebato, las salideras, etc.
La violencia que existe en Argentina es el producto de las campañas negativas de los medios de comunicación concentrados que estimulan a la gente a pensar que se está matando una persona por metro cuadrado cada minuto, cuando la realidad no es esa, ya que la violencia “criminal” en nuestro país es la más baja de América Latina y casi a los mismos niveles que la de EE.UU y Canadá.
Cuando una sociedad promociona como sus valores más importantes el éxito basado en la posesión de cuerpos definidos por esa misma sociedad como ideales (llevando a las mujeres a atentar contra su salud para poseer esas lolas y colas que son la autopista rápida al triunfo,) , cuando una sociedad es indiferentes a la miseria de unos a costa de la opulencia de otros y naturaliza la existencia de la villa 31 junto a las fastuosas torres y edificios de Puerto Madero, cuando una sociedad insulta sin conocer a ciudadanos que bregan por la igualdad (como los porteños que hablan de esa “negra ladrona y corrupta de Milagros Salas sin conocerla, ni a ella, ni a su manera de pensar, ni a su obra) cuando hemos caído tan bajo para pensar que el delito y la inseguridad se resuelve con códigos penales más duros (cuando todos los datos científicos demuestran que en los países que tienen la más dura de las penas, la pena de muerte, el delito y la inseguridad, además de no decrecer, se expande a ritmo acelerado), cuando una sociedad se hace la distraída y mira para otro lado cuando economistas, periodistas, políticos, militares, religiosos, etc., que participaron en actos de corrupción y vandalismo a lo largo de toda su historia, está condenada a sufrir los mismos horrores una y otra vez.
Si no ejercemos la memoria, el pensamiento crítico, como en España y muchos países europeos volverán los días de desocupación, la explotación y la miseria, volverán los descuentos a jubilados, la flexibilización laboral, la entrega de las empresas nacionales, la soberbia y el maltrato de las patronales capitalistas amparadas por la impunidad.
No nos equivoquemos, la inseguridad no es que un “gorrita” (como dicen los burgueses reaccionarios) nos arrebate la cartera con unos miserables pesos, la inseguridad es la que espera a todos los trabajadores cuando la derecha se adueñe del estado y se lance voraz a arrebatar a los trabajadores lo poco que tienen.
Son tiempos de cambio, y como todos los tiempos de cambio, los reaccionarios conspiran desde sus madrigueras de las manos de sus comunicadores favoritos, sus empleados del mes.
Hasta la próxima.
jueves, 14 de agosto de 2014
La patología del Nazareno.
En primer lugar quiero aclarar que estas ideas se vierten en el marco del más profundo respeto por los creyentes y sus creencias y no significan ningún menoscabo de la figura histórica del Nazareno como sujeto histórico social y de su importancia en el desarrollo de la humanidad.
Muy lejos de mi intención está atacar a las creencias religiosas, a los creyentes o a sus iglesias.
Dicho esto creo que es necesario ayudar a la lectura del neófito en cuestiones de Psiquiatría. Comenzaré con la explicitación de algunos términos consensuados (en mayor o menor medida) por la comunidad científica en el campo de la Psicología y la Psiquiatría.
En primer lugar deseo hacer una aproximación al concepto de Psicosis. Se trata de una patología psíquica caracterizada por la presencia de delirios y las alucinaciones. Es un concepto genérico que incluye enfermedades tales como la paranoia y la esquizofrenia, y que está vinculado a la pérdida de contacto con la realidad.
El psicótico, podríamos decir, se caracteriza por una alteración global de la personalidad que se ve acompañada de un trastorno grave del sentido de la realidad.
En general, en Psiquiatría y Psicología se la considera como un estado psíquico descripto como una escisión de la personalidad o pérdida de contacto con la realidad.
Las personas que padecen trastornos psicóticos pueden presentar alucinaciones o delirios y pueden exhibir cambios en su personalidad y pensamiento desorganizado. Estos síntomas pueden ser acompañados por un comportamiento inusual o extraño, así como por dificultad para interactuar socialmente y la incapacidad para llevar a cabo actividades de la vida diaria.
Las personas que son diagnosticadas clínicamente como psicóticas pueden estar teniendo simplemente experiencias particularmente intensas o angustiantes
Los trastornos psicóticos son trastornos mentales graves que causan ideas y percepciones anormales. Las personas con psicosis, como hemos dicho pierden el contacto con la realidad.
Dos de los síntomas principales que presentan estas personas son delirios y alucinaciones. Los delirios son falsas creencias, por ejemplo creer que uno es el elegido por Dios.
Las alucinaciones son percepciones falsas, como escuchar, ver o sentir algo que no existe.
Como vemos los delirios y las alucinaciones constituyen dos de los síntomas más importantes de la Psicosis.
El delirio es un estado psíquico caracterizado por la presencia de una gran excitación e intranquilidad, desorden de las ideas y alucinaciones. También puede decirse que constituye un dicho o hecho disparatado, insensato o carente de sentido común.
Etimológicamente proviene del término latino "de-lirare" que significa salir del surco al labrar la tierra. Desde este lugar etimológico la palabra migró al campo psíquico para significar la creencia que "se sale" de la norma establecida por el grupo de pertenencia social. En psiquiatría, implica que la creencia es patológica. Como patología, es distinta de una creencia basada en información falsa o incompleta o de ciertos efectos de la percepción como son llamados, más precisamente, apercepción o ilusión.
El delirio, o idea delirante, debe cumplir varios requisitos:
• ser una idea firmemente sostenida pero con fundamentos lógicos inadecuados.
• ser incorregible con la experiencia o con la demostración de su imposibilidad.
• ser inadecuada para el contexto cultural del sujeto que la sostiene.
En cambio la alucinación es una percepción de imagen, objeto o un estímulo exterior inexistentes que son considerados como reales. Una alucinación es una percepción que no corresponde a ningún estímulo físico externo. Sin embargo, la persona vivencia esa percepción como real. Por ello, la alucinación es considerada como una seudo-percepción dada la ausencia de un estímulo externo. Es distinta de la ilusión, que es una percepción distorsionada de un estímulo que existe efectivamente. Las alucinaciones pueden ocurrir en cualquier modalidad sensorial - visual, auditiva, olfativa, gustativa, táctil, proprioceptiva, equilibrioceptiva, nociceptiva, termoceptiva o varias mezcladas. El primer científico que habló de ellas fue Jean Étienne Dominique Esquirol, el primer psiquiatra que utilizó el término con su significado actual en la década de 1830, si bien se empleaba desde el siglo XVI para designar a una mente divagante.
Hay estudios que muestran que las experiencias alucinatorias son comunes en la población en general. En EE.UU. cerca del 10% de la población experimenta alucinaciones leves o sutiles. En una encuesta reciente, realizada a 13.000 personas, un 39% de las mismas afirmaron experimentar experiencias alucinatorias vívidas y severas, no necesariamente vinculadas con el uso de drogas. Las alucinaciones acústicas o auditivas también existen.
Existen diferentes aproximaciones teóricas a la causa de las alucinaciones pero no es el propósito de este artículo avanzar en este sentido.
Establecidos los términos de referencia quiero realizar un primer abordaje, somero, de la figura del Nazareno.
Como es sabido el mito nos habla de una persona real y concreta que nació y vivió en un lugar cercano a Jerusalén bajo el imperio romano, en tiempos de los emperadores Octavio Augustus y Tiberio. En ese momento Israel estaba bajo el dominio de los romanos pero contaba con un monarca propio y una cierta autonomía, el monarca era Herodes el Grande, tristemente famoso por la matanza de los inocentes.
Este judío, hijo de un carpintero, José, y un ama de casa María, creció en un hogar judío de escasos recursos.
Aunque no voy a hacer una biografía, porque interesa más ver cuáles eran las características del psiquismo del Nazareno, es interesante saber que de su infancia se conoce muy poco y que desde muy joven comenzó con su prédica.
Más allá de los contenidos innovadores que su prédica tenía frente a los anquilosados contenidos del judaísmo clásico, y sus contenidos que se relacionaban con la necesidad de una reivindicación de los pobres a quienes dirigía sus palabras, poco es lo que se sabe realmente sobre cuál era su dogma, ya que el nuevo evangelio fue escrito por personas que como Lucas, no participaron de los eventos que se sucedieron durante la vida del Nazareno y sus relatos refieren lo que otros apóstoles, como Pablo recordaban de esos hechos.
Si se sabe que a su muerte muchos de sus discípulos se continuaron considerando judíos y predicaban en las comunidades judías, asistían a las sinagogas y disputaban con los religiosos judíos el carácter sagrado del Mesías.
Lo importante es que el nazareno se creía el hijo de Dios, y que su misión en la tierra era crear las condiciones para la expansión de la palabra de su “Padre”.
El afirmaba que hablaba con su padre y con otros seres fantásticos como Satanás, recuérdese el relato de los cuarenta días que el mito dice que pasó en el desierto. En las crónicas cristianas se asevera que el nazareno habló con Dios y con Satanás que repetidamente lo tentó para que pecara.
Las crónicas aseveran que el Nazareno realizó acciones sobrenaturales como resucitar muertos, reproducir panes, curar enfermos, etc. Sus discípulos también practicaban esta suerte de sanación por el espíritu y la Fé.
Es que en esa época se creía que la enfermedad era consecuencia de un espíritu que había sido ganado por el mal y por lo tanto tener fe en Dios y cumplir con sus mandatos llevaba a la sanación.
Este modelo de actitud religiosa se mantiene en la actualidad mediante los llamados curas sanadores, o en otras formas de cristianismo que aseguran realizar milagros con sus creyentes enfermos.
La que sí se puede intuir del Nazareno es que además de ser un brillante orador, tenía un gran poder de seducción y ante un auditorio básicamente analfabeto y supersticioso hacía “milagros” que luego eran contados y agrandados por sus seguidores.
Era un predicador que no tenía un cuerpo teórico para predicar, más bien se apoyaba en los elementos centrales de su religión, el judaísmo, y a partir de allí formulaba nuevos caminos que conducirían a la verdadera fe, pero sin abandonar su calidad de judío.
Recuérdese que el “Mesías” es una figura muy anunciada en la religión de los judíos.
Por lo tanto, el Nazareno, además de creer en un ser inexistente (Dios) afirmaba ser su hijo, enviado por este para redimir a su pueblo.
En la psiquis del Nazareno encontramos los dos elementos de las psicosis, un contenido delirante que lo lleva a creer que es el hijo de Dios, contenido que en ningún momento puede ser comprobable, ya que cree ser el hijo de una entidad inexistente que nunca se ha manifestado ante los humanos, más allá de los mitos y fabulaciones religiosas.
Pero a la vez en los relatos aparece la presencia de alucinaciones, él está convencido que es el hijo de Dios y además en su estada en el desierto, por ejemplo, afirma haber visto a su padre y haber sido tentado por el demonio.
Se trata pues de una persona que padecía severos trastornos psicóticos con delirios y alucinaciones. Lo interesante es que convenció a un puñado de discípulos que a su muerte se desparramaron por el mundo antiguo llevando lo que suponían era la palabra de Dios y que lentamente fueron construyendo los contenidos de una nueva fe y separándose de la religión judía, al punto de que hoy ningún cristiano reconoce su origen judío.
El hombre necesita de la religión, y en artículos anteriores hemos fundamentado esta opinión, y por eso desde su más temprana infancia histórica comenzó a construir mitos y dioses, politeístas, monoteístas, etc., lo real es que el Nazareno fue capaz de formar un equipo de hombres que divulgaron su pensamiento religioso convencidos de que era el hijo de Dios, así como Mahoma fue capaz de comenzar a construir el islamismo, Buda el budismo, y tantas otras religiones.
El cristianismo tuvo la sagacidad de incorporarse a la superestructura de la sociedad antigua y constituirse en una religión de estado en occidente, creando una institución tan sólida como represiva que sirvió a los largo de casi dos mil años a los planes de dominación de las clases privilegiadas de la sociedad humana.
Sin embargo debemos tener en cuenta que el cristianismo es aún una religión joven, otras creencias duraron mucho más tiempo que él, algunos dioses Romanos y Griegos superaron ampliamente los dos mil años y luego sucumbieron al tiempo, implacable enemigo de todas las creencias.
Hasta la próxima.-
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