viernes, 24 de junio de 2016

Santos, ídolos, pecadores y seres humanos.


Cuando era niño solía leer un comic que se llamaba “Vidas ejemplares”. La revista narraba la existencia de personajes de la historia de la humanidad que habían tenido una vida intachable. Por aquellos años, la ingenuidad de la infancia hacía que yo creyera esas historias. La revista tenía un fin ideológico, se trataba de educar al lector en ciertos valores tales como el altruismo, la honestidad, la valentía, la entereza, etc. Por lo general las vidas ejemplares narraban las historias de santos, aunque también había números en los que se contaba las peripecias existenciales de laicos. Traigo a colación este recuerdo porque en Argentina hemos desarrollado una gran capacidad para construir iconos que son vendidos como el ejemplo de la pureza, con un conjunto de valores a los que hay que imitar. Estos ídolos pueden ser religiosos, mitológicos, civiles. Por allí caminan de la mano el guachito Gil junto a la difunta Correa, en alguna esquina encontramos a Gilda y en algún lugar de la Pcia de Bs. As el potro Rodrigo, la primera con ermitas por su calidad de “santa” el segundo como ícono popular. Durante años endiosamos a un excelente futbolista y lo elevamos a la característica de Dios (por lo menos la mano de Dios) y también en la época de la dictadura canonizamos a las madres de Plaza de Mayo, construyendo el ícono Hebe. Con menor suerte Favaloro y Maradona son parte de la iconografía vernácula, y algunos políticos fueron elevados a la deidad, o acaso no hablamos de San Perón y Santa Evita, y otros más laicos, los hay los que son sinónimo de virtudes como la honestidad (Illia) o de la educación (Sarmiento), y en general los políticos apetecen llegar a ser canonizados para tener su lugar en loa historia popular. Pero con la misma velocidad que construimos una deidad, los argentinos la destruimos, y entonces surgen dos preguntas, ¿en todos lados es así? y ¿Cuál es la causa de esta volubilidad de nuestras emociones? Creo que, si bien las figuras arquetípicas de la nacionalidad y la vida cotidiana de los países son sometidas a la crítica en todo el mundo, en general se las respeta y se es muy cuidadosa a la hora de evaluar sus conductas- Gandhi no es vituperado en la India, Mandela es una figura respetada en Sudáfrica, el propio Kennedy es respetado por los americanos, Napoleón es un héroe para los franceses, y así los diferentes países tienen sus iconos a los que admiran y respetan. En cambio, en Argentina, los ídolos suben y caen del pedestal al ritmo del merengue que entonan los medios masivos de comunicación o como en el tango cambalache van mesclados unos con otros. En los ochenta y noventa, Hebe era endiosada por la gran mayoría de los argentinos (la respetaban aun aquellos que hablaban de las locas de plaza de mayo). Si alguien se atrevía a hacerle una crítica, era inmediatamente vituperado, y debemos reconocer que, aunque Hebe es un ejemplo de la lucha popular contra la dictadura tuvo expresiones controvertidas (como aquella vez que dijo que se alegraba de los yanquis que murieron en las torres gemelas), pero estas expresiones desafortunadas no invalidan lo que significa su trayectoria en defensa de los derechos humanos. Además, Hebe es un ejemplo de honestidad y entereza, aunque algunos medios de la derecha argentina pretendan ensuciarla (sobre todo por la estafa perpetrada por Schoklender en el caso de sueños compartidos). Desde el deporte, Maradona, sobre todo luego del mundial 86 se convirtió en un Dios laico de los argentinos. Durante años, asistimos a las crónicas de la perfección de Maradona en la que los periodistas vendían una imagen muy distante del ser humano. Otros ídolos como Favaloro, tuvieron menor suerte, pero luego de suicidarse comenzaron a tener el respeto que se le había negado en vida. Ni hablar de Perón y Evita, dioses del Olimpo argentino, que desde lo alto del monte gobiernan las voluntades de unos y son objeto de la crítica insidiosa de otros. Muchos de estos ídolos, sobre todo los que vienen del campo de la política, son objeto de veneración un día y al día siguiente son profundamente denostados. Luego de la “revolución libertadora”, Perón paso de ser el padre amado por la mayoría, a ser un ladrón, abusador de menores, corrupto, y no se lo encerró en una cárcel, solo porque se fue a tiempo. Los argentinos olvidaron como durante casi diez años millones de trabajadores, vulnerables, pequeños comerciantes, etc., se reunían para venerar al líder todopoderoso, y como los mismos que lo denostaron durante dieciocho años, mágicamente comenzaron a vivarlo cuando el viejo líder volvió del exilio. Un capítulo curioso es el de los santos de la iglesia católica. Sicarios, contrabandistas, asesinos, ladrones, figuran en el santoral y son venerados por la grey católica sin que se les cruce por la cabeza el mínimo atisbo de duda respecto a su santidad. Solo por dar un ejemplo, San Pablo era un asesino al servicio de los dignatarios judíos y como un homólogo de la inquisición que vendría después, se dedicaba a perseguir y matar nazarenos. Santo Domingo y su s seguidores eran los responsables de la inquisición, y aunque muchos lo veneren como santo, asesinaba a los herejes sin piedad ni compasión, sino indáguese sobre el genocidio que hizo la primera cruzada interna de la cristiandad contra los cátaros en la occitania francesa, donde el nivel de genocidio llegó al punto de que un monje dominico en el sitio de una ciudad occitana dijo a degüello (o sea mátenlos a todos) y ante la pregunta del general, ¿eminencia allí hay de los nuestros?, contesto, no importa Dios sabrá distinguirlos. Ningún creyente, católico, musulmán, duda de las bondades de Jesús o Mahoma. Sin embargo, el primero, aun con todas sus virtudes, pecaba y seguramente tuvo mucho de que arrepentirse a la hora de su partida, y el segundo era un militar conquistador bajo cuya espada murieron miles en vida, y millones después de muerto. Acaso San Francisco de Asís era más o menos santo que el actual Francisco, o tenía sus manchas ocultas que la historia y el mito se encargaron de borrar cuidadosamente. Nadie es santo, todos somos solo seres humanos, con virtudes y defectos, pero seres humanos que al final no nos vamos a sentar a la diestra, ni a la siniestra de Dios, sino que seremos polvo, por decir una grosería, de un polvo venimos y al polvo vamos. Entonces porque embanderarnos en discursos hipócritas que nos hablan de un cúmulo de virtudes de los santos, si ni siquiera somos capaces de seguir la máxima atribuida a Jesús, “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Creo que esta tan mal endiosar a las personas como vituperarlas luego, porque en ninguna de las dos oportunidades reconocemos lo que son humanos, comunes y corrientes. Hace unos días en el Facebook escribí unas líneas porque me emocionó un reportaje que Víctor Hugo realizó a Maradona. En el mismo, Diego se mostró en su faceta humana como nunca, apareció un Maradona humilde, capaz de reconocer a los que participaron con él del logro mundial, preocupado por los más vulnerables, generoso. No desconozco los defectos del Diego, se de sus cuestiones íntimas ventiladas en los medios aviesamente porque no les gustan sus posiciones políticas o simplemente porque para los medios de comunicación ventilar la mugre que todos tenemos en nuestra intimidad es lucrativo. Pero lo que sí sé, es que la intimidad es del Diego y sus familiares y que como decía la Tía Veneranda, en las cosas de la familia los de afuera son de palo. Más que criticar al Diego por sus cosas íntimas (si tuvo muchas mujeres, si no reconoció hijos, si se peleó con otras, si no drogó o no, lo que tenemos que valorar es lo que Diego y muchos otros nos dieron en un momento crítico de nuestra historia, un campeonato mundial, una alegría inmensa, que, como el mismo dijo, nos permitió sentirnos reivindicados por tanta muerte cometida por milicos aventureros que mandaron a nuestros pibes al muere a manos de los expertos asesinos ingleses. Diego y su equipo nos dieron una alegría que permitió que elaboráramos nuestra complicidad en la matanza, ¿o acaso millones de argentinos no nos alegramos cuando invadieron Malvinas?, ¿acaso no fueron miles y miles los que vivaron a Galtieri en la Plaza de mayo?, y en los bares, cuántos debimos callar la bronca por lo que considerábamos una aventura insensata de los milicos asesinos so pena de ser agredidos por los mismos que hoy se hacen cruces por la aventura militar insensata. Los argentinos tenemos que empezar a ser más autocríticos, y pensar porque endiosamos a personas que no son más que ciudadanos con un poco de prensa. Nos desesperamos para decir hola Susana, te amo, a una analfabeta, sin cultura, de derecha casi fascista, que proclama la necesidad de la pena de muerte a los delincuentes, pero que en su momento para evadir al fisco compro por intermedio de un minusválido un Mercedes Benz que cuando la descubrieron ocultó en un gallinero para no hacerse cargo de su delito. Vemos a una señora conservadora almorzar con lo más granado de la derecha argentina y dilapidar insensateces a diestra y siniestra, mintiendo y prejuzgando solo por el magro placer de tener un poco de pantalla en sus últimos días. Son tantos los ídolos de barro que construimos, esos que no nos dan nada, solo opio para nuestros cerebros, que anestesian nuestro pensamiento, que trafican ideología, que nos sumergen en un espectáculo bizarro que solo busca impedir que podamos asumir la crítica existencial de nuestras condiciones de vida, que los verdaderos ídolos, esos que nos dieron mucho como Maradona, o como Estela de Carlos, Hebe de Bonafini, el Che Guevara, Illia, Alfonsín, son mancillados con una crítica superflua o son olvidados en los márgenes de la historia. Para pensarlo Hasta la próxima.

lunes, 20 de junio de 2016

En defensa de la palabra.


En algunas oportunidades se me ha criticado mi estilo de escritura, se lo ha considerado como agresivo y con una cierta violencia verbal, Algunas personas que me quieren me han formulado la siguiente crítica: “Así no vas a convencer a nadie”. Durante algún tiempo estuve meditando sobre esta cuestión y porque me impresionó tanto esa crítica, tal vez por el afecto que le tengo a quienes la formularon, tal vez porque en algún momento de mi vida he querido convencer a las grandes masas. En los setenta, cuando participábamos de los grandes movimientos revolucionarios, cuando el mundo estaba convulsionado y la agresividad y violencia verbal eran tremendamente más implacables que la actual, se intentaba, a través de dos mecanismos de lucha política, convencer a los demás de lo acertado de la línea política del partido en el que participábamos. Las dos herramientas de trabajo de los militantes eran la agitación y la propaganda, en términos de un gran dirigente político de la izquierda, Vladimir Ilich Ulianov (Lenin) la agitación consistía en formular pocas ideas para muchos, se expresaba a través de consignas concisas pero contundentes, por ejemplo, la consigna bolchevique “todo el poder a los soviets”. El agitador debía estimular emociones en la masa, agitar era tocar la fibra más sensible de los trabajadores y estimularlos a movilizarse contra el orden existente. En la medida en que los trabajadores se movilizaban iban ganando en conciencia respecto a la maldad del sistema capitalista, de manera tal que la movilización, motorizada por la agitación política, se constituía en la puerta de entrada a la conciencia socialista. Cuando el trabajador había hecho carne que algo de la sociedad estaba mal, que sus penurias no se debían al accionar de tal o cual gobierno, sino a las condiciones de explotación y represión a las que lo sometía el sistema capitalista, entraba a jugar la propaganda. La propaganda consistía en muchas ideas para pocos, era la tarea de profundización y construcción del militante revolucionario socialista, el trabajador que se había acercado intelectualmente a la organización revolucionaria a partir de una huelga, una toma de facultad, una movilización, ahora debía comenzar a consumir la literatura revolucionaria que lo hacía transitar el camino hacia su constitución en sujeto revolucionario. La literatura consistía fundamentalmente en la lectura (individual o colectiva) de la prensa revolucionaria, el diario del partido, los documentos de debate interno de la organización, y esporádicamente la lectura de los textos de los padres fundadores de la revolución socialista (Marx, Engels, Lenin, Trotsky, etc.). Lo interesante es que el novel integrante de la periferia del partido debía reconocerse como un revolucionario marxista (leninista, trotskista, castrista, guevarista, maoísta, etc., según la definición teórica de las diferentes sectas de izquierda) aun cuando nunca hubiera leído a Marx, la adscripción a una teoría era un acto de fe, tan de fe como la de un católico, o un musulmán. Los partidos tenían militantes y adherentes (o periferia). Los primeros eran los que agitaban la línea partidaria en nombre propio, los que supuestamente conocían las raíces del pensamiento de la organización, eran además de agitadores propagandistas, los segundos en cambio no podían hablar en nombre del partido, y ellos se encargaban de las tareas básicamente de agitación. Lo curioso es que unos y otros pregonaban ideas como la revolución armada, la insurrección, el socialismo, el gobierno obrero, obrero y popular, definían al país como dependiente del imperialismo, como semicolonia o colonia sin demasiado conocimiento teórico-práctico de los que significaban esas ideas, de las bases de sustentación de las mismas. Todos los partidos de izquierda se reconocían marxistas pero muy pocos de sus militantes habían leído siquiera algunas páginas de Marx, lo poco que conocían era a través de la transmisión oral de sus líderes o lo que se parafraseaba en la prensa partidaria. En aquella época, pretender realizar grupos de estudio para leer y debatir a los grandes pensadores revolucionarios era sancionado como teoricista e implacablemente perseguido. Las organizaciones de izquierda de los setenta, basadas en su funcionamiento interno en el llamado centralismo democrático, no debatían, la palabra del (o de los) líderes se imponía verticalmente, todas las decisiones eran tomadas por el comité central y los congresos partidarios que se realizaban de tiempo en tiempo (con una mayor participación de los miembros del partido) eran una parodia de la democracia. En estos congresos se votaba siempre la línea partidaria y quien se oponía a ella era generalmente expulsado de la organización. Como consecuencia de este rígido sistema de democracia interna, más cercana a la representación que a la autogestión se configuraban liderazgos muy fuertes y autoritarios en las organizaciones, y se producción frecuentes rupturas en las mismas, dado que en la medida en que en las cúpulas dirigentes existían diferencias de forma o contenido, siempre alguno tenía que irse y formar su propia secta. Es notable el pensamiento de Rosa de Luxemburgo quien en uno de sus trabajos critica de esta manera (cito de memoria) al centralismo democrático: “la dictadura del proletariado es la dictadura de una clase sobre la otra (del proletariado sobre la burguesía), y dentro del proletariado es la dictadura de un grupo social (el partido) sobre todo el proletariado, y dentro del partido es la dictadura de una fracción de este (el comité central) sobre el resto del partido, y dentro del comité central la dictadura de un hombre (Ud. camarada Lenin) sobre el resto del comité. Este modelo de funcionamiento fue extendido, cuando los bolcheviques tomaron el poder, a la gestión del supuesto estado obrero. Estamos frente a una concepción autoritaria que consideraba que el interés de la sociedad era determinado por el partido, de manera tal que el interés social era el interés partidario. No había lugar para la crítica, la dictadura del proletariado se transformó en una dictadura sin más aditamento y en nombre de ella se asesinó a millones de personas, entre ellos muchos de los que fueron dirigentes revolucionarios junto a Lenin (Kamenev, Sinoiev, Bujarin, Trotsky, y tantos otros fusilados o asesinados en nombre del socialismo. El socialismo implantado en la Unión Soviética desde sus comienzos no fue otra cosa que un capitalismo monopolista de estado en el que los miembros del partido constituían una capa burocrática que se beneficiaba del poder de manera corrupta, y donde los viejos burgueses se convertían en gerentes de las fábricas que les habían expropiados. El esto es cosa conocida, en la década de los ochenta los estados socialistas abrieron el camino a la usurpación de las empresas estatales por los miembros del partido y se retornó al capitalismo sin más, aunque en algunos países como China, Vietnam, Cuba se continuaron con un modelo de capitalismo monopolista de estado sostenido por dictaduras que oprimieron y oprimen a sus pueblos en beneficio de unos pocos, recreando burguesías nuevas que sostienen el sistema, que también se basa en la explotación y el dominio de las masas trabajadoras por los miembros de estas nuevas burguesías aliadas al capitalismo internacional y sostenidas por un estado autoritario y en algunos casos terrorista como en Camboya con los Khmer Rojos o en Corea del norte. Volviendo al comienzo, a las críticas bien intencionadas de aquellos que me quieren, luego de la reflexión llegué a la conclusión de que realmente escribo para expresar lo que siento, no para convencer a nadie. Con casi 67 años, una carrera profesional completa, al borde de mi jubilación, para la cual no necesito esperar nada, solo debo pedirla cuando lo desee, y sin ningún interés de participar en partido político alguno, sin ningún interés de tener cargo de gestión alguno, escribo para quien desee leerme, al que no le gusta lo que escribo, solo tiene que dejar de leerlo. Sin adscripción política alguna, puedo decir lo que pienso, lo que siento, lo que surge de muchos años de lecturas y experiencias y solo busco establecer una conexión en el debate de todos aquellos que, como yo, están dispuestos a discutir honestamente, sin dobleces o engaños, buscando nuevas ideas, sin la urgencia del cambio, con la certeza que el cambio rápido nunca es bueno, que trae más tragedias que felicidad, más destrucción que construcción. Tengo la íntima convicción que cada idea que se siembra, cada pensamiento que se formula, germinará regado por el tiempo, y será planta con el cuidado de aquellos que en esta y en las generaciones venideras sabrán cambiar de a poco la naturaleza voraz y destructiva del ser humano por una cultura de paz y confianza. Estoy convencido que no seré yo, ni mi generación los que convenciendo a otros construiremos el socialismo, eso llevará generaciones, pero con amor, con altruismo, con dedicación, con solidaridad, cada uno de nosotros puede agregar su granito de arena al gran edificio social que hará de nuestra especie algo nuevo, algo necesario que aporte a la construcción universal sin violencia, sin pobreza, sin sufrimiento. Hasta la próxima.

martes, 14 de junio de 2016

¿Democracia?


Mucho se ha discutido sobre la democracia desde los griegos hasta hoy. Pero sigue sin definirse el problema fundamental, el de la resolución colectiva de los temas atinentes al bien común. Es, a mi entender, parcial, definir a la democracia como gobierno del pueblo, la acepción generalizada nos dice, del griego demos : pueblo, kratos : gobierno. Pero existe otra etimología, que poco se discute, y casi nada se ve en las escuelas, en el griego clásico el demoi era el plural de demos, que no eran otra cosa que agrupaciones de linaje en las que estaban inscriptos los griegos atenienses varones, descendientes de atenienses por vía materna y paterna desde tiempos inmemoriales, los que los constituían una minoría en la sociedad, incluso dentro de la población libre. Fuera de la democracia ateniense quedaban los libertos, los esclavos, las mujeres, los metecos, es decir, la mayor parte de la población. La democracia ateniense que duró menos de dos siglos derivó en un sistema integrado por tres niveles, la asamblea del pueblo (varones que portaban armas), el consejo consultivo que estaba integrado por los ancianos y los notables, y un poder ejecutivo que estaba reservado a un rey o un cuerpo de magistrados integrantes de la oligarquía. Es cierto que la participación en las asambleas (de aquellos que estaban autorizados) era a igualdad de derechos, todos podían expresarse y se votaba universalmente. En Grecia existían tres espacios diferenciados, la ekklesia, o lugar público de debate de los problemas comunes, el agora o espacio semipúblico en el que se debatían problemas filosóficos y políticos (ejemplo la academia de Platón era parte del ágora) y el oikos o espacio privado. La democracia se asentaba en la ekklesia que es donde los griegos ciudadanos, mayores de 18 años debatían en pie de igualdad, nombraban magistrados, aprobaban leyes, decidían sobre la paz y la guerra o sobre litigios y problemas que planteaban los participantes que podían expresarse con total libertad. Otra de las instituciones de la democracia griega era el consejo que estaba integrado por los ancianos y los ciudadanos más respetados. Contaban con ejecutivos de las decisiones de la asamblea y el Consejo: los magistrados: los estrategos, los arcontes y los tesoreros. Los magistrados presidian los tribunales de justicia. Los estrategas, que eran 10, uno por cada tribu, eran los jefes de los ejércitos que, dependiendo de sus éxitos militares, podían alcanzar gran prestigio y ejercer un papel esencial en el gobierno de la ciudad. A los arcontes les estaba reservado los asuntos civiles y administrativos o presidían ceremonias religiosas. Los tesoreros estaban encargados de la hacienda Como vemos la democracia fue desde sus comienzos un espacio restringido, tan restringido como lo es en la actualidad. Tal vez, una de las formas más democráticas que conoció la historia humana sea la de la comuna de París, surgida de un movimiento insurreccional que gobernó la ciudad de París del 18 de marzo al 28 de mayo de 1871, intentando desarrollar un proyecto de carácter autogestionario. La comuna es hija de la derrota del ejército imperial y el cautiverio de Luis Napoleón III a manos de las tropas prusianas. La comuna se rebeló contra el gobierno de Thiers, quien se instaló en Versalles al no poder doblegar a los parisinos. En los dos meses que duró la misma dejó una marca imborrable en la historia de las instituciones políticas de la humanidad, al punto tal que Marx la consideraba como propia y sostenía que constituía la primera toma de poder de las clases proletarias en la historia de Europa occidental, describiéndola, según nos dice Rougerie, Jacques (Paris libre- 1871. pp. 264-270) como el primer ejemplo concreto de una dictadura del proletariado en la que el Estado es tomado por los obreros. La comuna dividió definitivamente los caminos de anarquistas y marxistas, ya que para los primeros el signo era haber arrebatado el poder al estado francés para crear un poder revolucionario sin depender de una vanguardia organizada. La comuna promulgó decretos revolucionarios, entre los que se contaban la autogestión de las fábricas abandonadas por sus dueños, la creación de guarderías para los hijos de las obreras, la separación de la iglesia del Estado, la obligación de las iglesias de acoger las asambleas de vecinos y de sumarse a las labores sociales, la condonación de los alquileres impagados e intereses de las deudas, la revocabilidad de los mandatos de los representantes, etc. Las medidas que promulgaba la comuna obedecían a la necesidad de paliar la pobreza generalizada que había causado la guerra. Asediada por el gobierno nacional, la comuna cayó rápidamente y sus defensores fueron duramente reprimidos. Tras un mes de combates, la reconquista del casco urbano provocó una fiera lucha calle por calle, la llamada “Semana Sangrienta (Semaine sanglante)” del 21 al 28 de mayo donde murieron más de 10000 personas y se incendiaron monumentos históricos y edificios, sometiéndose a Paris a la ley marcial por cinco años. La comparación de las diversas formas de organización de la democracia nos permite visualizar al menos dos formas de la misma, la democracia como procedimientos y la democracia sustancial. La democracia como procedimientos, o democracia representativa, es la que más difusión ha tenido. Según ella, los ciudadanos no deliberan, ni gobiernan, sino a través de sus representantes (como indica por ejemplo la constitución argentina), los representantes, que son elegidos por un mandato medido en años, una vez elegidos no rinden cuentas a nadie, pueden o no cumplir con sus promesas de campañas (un viejo político argentino decía que si hubiera dicho lo que pensaba hacer no lo votaba nadie y si hiciera lo que prometió el país sería inviable), En la democracia representativa el representante no rinde cuentas ni siquiera al partido por el que fue electo. Los casos de transfuguismo (ser elegido por un partido y pasarse a otro una vez en funciones) son moneda corriente. El representante, opera en su cargo según sus intereses, y raramente obedece a los intereses más generales. Los ciudadanos, tienen por única participación democrática, elegir cada tantos años a quien decidirá sobre su vida, y por lo general, nunca se enteran de las decisiones que toman aquellos por los que votaron. La democracia como representación, no está solamente instalada a nivel de las instituciones generales de la sociedad, las instituciones particulares de la misma (universidades, clubes, etc.) también están regidas por la institución de la representación. En la Universidad Nacional de Rosario (caso que conozco en profundidad) existe una elite burocrática (cuyas significaciones sociales imaginarias van desde la derecha hasta la izquierda) que gobierna la universidad desde 1984, excluyendo de la participación en la gestión al conjunto de los ciudadanos universitarios. Las reuniones de los cuerpos colegiados se realizan en medio de un caos normativo, donde los reglamentos de funcionamiento, o no existen, o son torsionados a gusto de los representantes. Por lo general en las votaciones de estos organismos se argumenta extensivamente, pero lo que vale es la ecuación de los números, quien más votos tiene decide, en la mayoría de los casos al margen de los reglamentos. En casi cuarenta años de docente jamás fui informado de los debates y decisiones del consejo, solo se informa aquellas decisiones con consecuencias operativas. Si los cuerpos colegiados son arbitrarios, los ejecutivos lo son más, con una serie de herramientas (como decisiones ad referéndum) con las que soslayan a los cuerpos colegiados. Poder participar en elecciones, el ciudadano universitario debe ser parte de las corporaciones que se disputan el poder, si no se participa en ellas, no se puede ser representante. Esta modalidad de la democracia representativa, que también funciona a nivel nacional, es la que permite que los partidos políticos sean los que determinan las representaciones, es decir, no es una democracia de los ciudadanos, sino de los partidos. Si Ud. quiere ser diputado, senador, presidente, y no está en un partido, olvídese, a menos que tenga el suficiente dinero como para crear su propio partido. En muchos países, por no decir en la generalidad, se votan largas listas sábanas, el ciudadano ni siquiera sabe a quién vota, ni las propuestas de las corporaciones a las que vota, solo sabe que vota a un determinado partido o alianza, nada más. En algunos lugares se han tratado de desarrollar formas más participativas, como los referéndums, los plebiscitos, la derogación del mandatos, los presupuestos participativos, asambleas populares, etc. Es lo que se ha llamado democracia participativa, que se define como un modelo de convivencia política en el que los ciudadanos tienen mayor influencia en la toma de decisiones. Para lograrla es necesario concientizar a los ciudadanos en la necesidad de implicarse en el proceso democrático, asumiendo un papel activo en la escena de gestión. La democracia sustancial es aquella en la que el poder de la decisión reposa en el conjunto de ciudadanos, los que a través de asambleas determinan directamente los rumbos a seguir. Aun en los países capitalistas existen formas de democracia directa como en los cantones suizos. La tecnología podría proveer, en un futuro cercano, de herramientas en tiempo real que hagan posible este tipo de gestión, en los hechos en algunos países se está trabajando en lo que se denominan organismos de gestión participativos en tiempo real. En América Latina hemos logrado acumular múltiples experiencias de gestión democrática en los últimos 30 o 40 años, países como Bolivia, Ecuador, Venezuela, Uruguay, Argentina, Brasil, en mayor medida y Chile, Perú, Paraguay, Colombia en menor medida, han transitado caminos de ampliación democrática. La ampliación democrática va más allá de la participación del ciudadano como abstracción, supone la ampliación de derechos, límites al capital, sistemas impositivos progresivos, inclusión de minorías segregadas, pluralidad de medios de comunicación, y un conjunto de tecnologías políticas que constituyen un avance en el proceso de construcción de una sociedad igualitaria, cooperativa, autogestionaria y por sobre todas las cosas, basadas en valores éticos y morales como el respeto a la vida, a la opinión del otro, la honestidad, la sinceridad, el respeto al medio ambiente, para lo que las comunidades tienen una herramienta invalorable, la educación crítica y reflexiva. Hasta la próxima.

domingo, 5 de junio de 2016

La Grieta


En Argentina, y creo que en todo el mundo hay panegíricos de los sistemas y panegíricos de los gobiernos. En la actualidad se han multiplicado los panegíricos del gobierno de Mauricio Macri. Tomo el término, que corrientemente significa un discurso en honor y alabanza a alguien, en su sentido negativo, es decir, el trabajo intelectual, sobre todo periodístico, orientado a alabar al gobierno intentando burdamente que este discurso no sea visto como una alabanza. Los periodistas militantes del gobierno del PRO-RADICALISMO usan por lo general lo que en un momento dio en llamarse el elogio diferido, es decir, criticar a alguien para terminar alabándolo. Este elogio diferido tiene invariablemente, entre los escribas y comunicadores amanuenses del gobierno actual, un punto de partida. Este punto de partida, a mi entender, no es casual ni arbitrario, el periodismo militante está en línea con el relato de la nueva derecha en el gobierno que ha definido como leiv motiv del ejercicio del poder autoritario dos caminos muy claros, por un lado el encarcelamiento o la judicialización de los líderes populares vinculados al anterior gobierno (por caso Milagro Sala, Cristina Fernández de Kirchner, Máximo Kirchner, Aníbal Fernández, Axel Kiciloff, y tantos otros) con el claro objeto de impedir que puedan competir en las próximas elecciones, lo que piensan lograrlo de la mano de jueces y fiscales corruptos y venales como el Fiscal Marijuan, el Juez Bonadío y muchos más, por lo general jueces y fiscales de la dictadura o designados por el gobierno menemista para garantizar su impunidad y que ahora están al servicio de la nueva derecha argentina genocida (por ejemplo Milagro Sala lleva más de cinco meses presa sin juicio y hasta persiguen a sus abogados o presionan a sus seguidores extorsionándolos con la posible cárcel para que declaren lo que al Gobernador corrupto Gerardo Morales le conviene), y por el otro, a través de una prensa aliada, en la que los periodistas enuncian un relato producido en las altas esferas de los medios de comunicación masiva (Vilas, Magneto, etc.). Es a partir de este objetivo fundamental, que pretende, además de descalificar a los funcionarios del gobierno anterior, deja en claro que la gran burguesía va a intentar impedir por todos los medios posibles, que accedan al gobierno sectores políticos que no comulguen con sus intereses. El elogio diferido, que da lugar al discurso panegírico de los periodistas (Majul, Lanata, Plagel, Franco, Vilouta, Wiñazky, Feidmann, Longobardi, Novaresio, y tantos otros) al servicio de la mentira, las operaciones de prensa, el ocultamiento de la información, la difamación pública de los actores políticos, el prejuzgamiento de las causa judiciales, la defensa de una justicia podrida hasta la médula, comienza invariablemente con la denostación del gobierno anterior, como vía de atemperar aquellas críticas que ya no pueden silenciar, y luego de realizar algún comentario crítico se pasa invariablemente a destacar las “virtudes del gobierno” tratando de minimizar el feroz ajuste que condena a los argentinos al hambre y la miseria. Precisamente, Luis Novaresio, en el diario La Capital del 5/6/2016 presenta una columna que incluye todos estos elementos. El título de la columna. es sumamente sugestivo, “Seis meses más de la grieta”. La grieta, concepto enunciado por otro obsecuente relator del régimen marista, Jorge Lanata, aunque más encumbrado y con más roce con el poder de la nueva derecha que Novaresio, que es tan solo un oscuro periodista pueblerino que recaló en Bs. As. y en base a un disciplinamiento total al dueño de los medios en los que trabaja (América y La Capital), Daniel Vilas, líder del “Grupo 1” de medios de comunicación pudo acceder a la pantalla televisiva. En realidad, la grieta es un curioso invento de Lanata según el cual los argentinos fuimos divididos por la acción ideológica del “relato” kirchnerista que no admitía poder aceptar el discurso del otro. Lo interesante es que este supuesto es absolutamente falso, el discurso kirchnerista siempre admitió la pluralidad de ideas, lo que hizo fue manifestar, generalmente en la voz de la presidenta Cristina Fernández su desacuerdo con los presupuestos políticos de la derecha argentina y los medios hegemónicos que lo sostenían. No escuche en la gran cantidad de cadenas nacionales, que la presidenta indicara la persecución política o judicial de sus opositores, si escuche a los opositores decir barbaridades de la presidenta y de su gobierno, mentir descaradamente, utilizar denunciadoras seriales y falaces como Margarita Stolbizar, Elisa Carrió y Graciela Ocaña (quien fue ministra de salud del gobierno kirchnerista y despedida por su ineficiencia en el manejo del área) para atacar al gobierno con causas que luego se demostraban como falaces, como aquella vez que Carrio con la complicidad de Clarín monto un numerito con cajas traídas de EE.UU. que demostraban la corrupción y que luego quedó en la nada, o las cuentas en un banco de EE.UU. de Máximo Kirchner y la ex ministra de defensa Nilda Garré, que el propio banco desmintió su existencia. Lo curioso que estas denunciadoras seriales, “amantes” de la ética y la vida republicana, jamás denuncian al gobierno macrista (tanto en los más de ocho años de gobierno macrista en CABA, como en estos seis meses de gobierno) inmerso en múltiples escándalos de corrupción, sobornos, coimas, entrega de la obra pública a amigos, parientes y favorecedores, sobreprecios en las importaciones del estado (como el gas que Shell, la empresa de la que es socio el ministro Aranguren, vende vía Chile), la compra de dólares a futuro por parte de los mismos funcionarios del gobierno macrista que luego decidieron la devaluación haciendo ingentes ganancias, etc. etc. No vi en los discursos de la presidenta agravios personales, ataques a la intimidad, mentiras sobre la conducta, sobre la moral, de sus opositores políticos, y si, en cambio, los vi en las múltiples tapas del libelo de Editorial Perfil, Noticias, si escuché las diatribas, prejuicios porque la presidenta era mujer, difamaciones, en Lanata, Carrió y tantos otros. No contabilizo presos políticos en los doce años de gobierno kirchnerista, como si puedo hacerlo en los seis meses del Gobierno PRO-RADICALISMO. No recuerdo persecuciones judiciales feroces, arbitrarias, basadas en falsas denuncias o en la tergiversación de las pruebas, como si lo observo en esos mismo jueces y fiscales que enjuician al gobierno anterior, pero que, a la hora de impulsar causas contra el poder económico y político de esta dictadura, le cantan el arrorró para que duerman el sueño de los justos. Allí están la evasión durante más de una década del diario La Nación durmiendo en la Corte Suprema, El robo a mano armada de Papel Prensa ejecutado por la banda de organizaciones criminales encabezada por La Nación y Clarín, los múltiples juicios por escuchas ilegales que hizo Macri, los conocidos sobornos a periodistas como el pago de 14 millones a Majul por hacer campaña a favor del régimen, el escandaloso negociado de Niembro que no aparece en los encabezados de la prensa canalla, las cuentas off shore de Macri con las que evadió impuestos y lavó dinero, los escandalosos negociados del presidente con su amigo Caputo y su propia familia dándoles contratos leoninos, tan leoninos que los contratos de Baez serían el cambio chico de la corrupción. Esa “grieta”, estimado “periodista” Novaresio, no fue creada y ensanchada por los kirchneristas (y conste que ni fui, ni soy kirchnerista, solo un humilde profesor universitario con pensamiento propio), sino por los periodistas militantes de la nueva derecha autoritaria argentina como vos, Lanata, Majul, Longobardi, Feidman, Bonelli, Alfano, los Leuco, Van Der Koy, Blanc, Castro y tantos otros que a diario envenenaron y envenenan de odio a la mayoría de los argentinos con el único objetivo de garantizar el poder de la nueva derecha argentina. Pero además, y esto es un punto de vista muy importante, la famosa grieta no es tal, como afirmas vos Novaresio, siempre hubo “grieta” en Argentina desde la misma revolución de mayo, Saavedra y Moreno, unitarios y federales, conservadores y radicales, peronistas y antiperonistas, militares y civiles, derecha e izquierda, nacionalistas y liberales, pero estas falsas antinomias siempre ocultaron la verdadera contradicción en nuestro país, el antagonismo entre la burguesía y el proletariado, entre capitalistas y trabajadores que llevó a matanzas feroces como en la Patagonia donde murieron en 1919 cientos de obreros por defender sus derechos, fusilados por el asesino ejército argentino y su comandante Falcón, como las matanzas de la semana trágica cuando los obreros de los Talleres Vasena salieron a defender sus derechos, los fusilamientos de Joaquín Pennina y Severino Di Giovanni, los fusilados en José León Suárez, los mártires de la dictadura genocida, los asesinados el 20 y 21 de diciembre de 2001 y tantos más que cayeron por las balas de los uniformados o en las cámaras de tortura de las dictaduras para sostener las ideas económicas del neoliberalismo. Por eso, mal que te pese Novaresio, la grieta, como vos la llamás, no se cerrará mientras la burguesía continúe explotando y oprimiendo al pueblo trabajador, siempre habrán millones de trabajadores dispuestos a defender sus derechos en las calles, en las fábricas, en las universidades. A lo que asistimos hoy, es a un recrudecimiento de la lucha de clases, que será mucho más álgida en los próximos meses, a menos que la dictadura macrista deponga su actitud de beligerancia contra el pueblo y respete las conquistas alcanzadas por los trabajadores. En todo el siglo XX la característica de la economía fue la consecuencia de la aplicación de políticas neoliberales, de ajustes salvajes que atendían a las necesidades e intereses de los sectores hegemónicos más concentrados de la burguesía en detrimento de los sectores medios, los trabajadores y las PYMES. Después de 12 años de ensayo keynesiano pudimos comprobar que, aun bajo el capitalismo, es posible llevar adelante políticas económicas que favorezcan una mayor igualdad en el reparto de la renta nacional y el mejoramiento de las condiciones de vida de los sectores más vulnerables. Está en nosotros corregir el error que cometimos en las elecciones presidenciales del 2015. Hasta la próxima