Quiero ir preso, pero en Noruega. Veamos las condiciones carcelarias y el régimen de punición al delito en Noruega, muy similar al de todos los países mas desarrollados social y económicamente de Europa del norte.
Noruega es un país con bastante territorio para con una exigua población, tiene 5.000.000 de personas.
Solo el 0,074 % (3.700 ciudadanos) de la población esta preso por diversos delitos. Una cifra muy baja si la comparamos por ejemplo con Gran Bretaña que es el doble 0,14 % (86.000 ciudadanos) sobre 60.000.000 de habitantes o EE.UU. donde el 0,72% (2.300.000 ciudadanos) de sus 319.000.000 de habitantes esta encarcelado, o con Argentina que tiene el 0,15 % de sus ciudadanos (61.000) presos.
Los datos indican que en Noruega solo el 20 % de los reos reinciden, guarismo muy bajo si consideramos que EE.UU. tiene una tasa de reincidencia del 47%, Reino Unido del 57 %, Francia el 39%.
El concepto que atraviesa la legislación noruega es el de la rehabilitación y reinserción social de los delincuentes, es por ello que la máxima pena (cualquiera sea el delito incluyendo el asesinato) es de 21 años.
Cuáles son las condiciones de reclusión en este país.
Fieles a sus criterios de rehabilitación y no de castigo, las condiciones carcelarias tienen particularidades interesantes.
Frente a Oslo, la capital del país hay una pequeña isla que tiene una cárcel, Bastoy, que es considerada la prisión mas bonita del mundo.
En esta cárcel los guardias no están armados, los presos viven en cabañas de madera en vez de estar en lúgubres celdas de dos por dos. Como recreación se les permite andar en bicicleta o jugar al tenis, también pueden usar las playas. La prisión cuenta con cine y sauna, en una palabra, la prisión no se basa en la represión y el castigo, en Noruega se considera que una persona que ha delinquido tiene los mismos derechos que cualquier ciudadano, en una palabra por haber delinquido una persona no deja de ser humano y tener los mismos derechos humanos que el resto.
Comparemos esto con la Argentina, donde los políticos como Masa, Macri, etc. basan sus campañas en prometer mayores penas carcelarias, mayor rigor con los presos, o donde los periodistas como Antonio Laje se hacen cruces porque se les da a los presos un salario por su trabajo dentro de la cárcel.
El representante de la derecha que más ha tomado la bandera de la “lucha contra la inseguridad” es Masa. Este ex funcionario del gobierno kirchnerista (ocupó el cargo de jefe de ministros) que fue durante varios años militante de la juventud de la U.C.D. retoma sus viejos fueros de derecha y construye una propuesta para disminuir la inseguridad basada en políticas represivas, Entre sus propuestas se destacan el aumento de las penas a las personas en conflicto con la ley, la eliminación del garantismo, una reforma del servicio penitenciario para hacerlo más traumático para los detenidos de lo que es ya ahora, la ley de derribo que permite abatir cualquier avión en el aire sospechado de narcotráfico, emplear las fuerzas armadas en la lucha contra el narcotráfico, bajar la imputabilidad a los 14 años.
En los términos de esta derecha “civilizada” las personas que cometen delito dejan de ser personas y pierden sus derechos ciudadanos. En el lenguaje popular el delincuente es una basura que debe ser eliminada, y acicateado por la prédica de la prensa amarillista que envenena a diario las cabezas de los ciudadanos, se lo presenta como un modelo de persona caracterizado por ser un joven en situación de pobreza, sin valores, consciente de que viola la ley, generalmente con la piel de color más oscura, etc.
Ya hemos analizado el carácter racista de este identiquit que lo único que logra es estigmatizar a los jóvenes y generar una psicosis persecutoria sobre los mismos.
Si bien Masa dice que su reforma carcelaria pasa por cambiar el carácter de depósito de las prisiones por cárceles que inserten socialmente a los jóvenes, es sabido que las cárceles son espacios de tortura y violencia contra los internos, con reglamentos y sistemas encarnados en guardias con una formación militar y autoritaria y por lo general corrompidos que viven de las dádivas que obtienen de los familiares de los internos. El planteo de cárceles que brinden educación, salud, trabajo y máxima seguridad es falso e incoherente, dado que la máxima seguridad es antagónica con las primeras tres premisas.
La cárcel es un elemento de represión que pretende excluir a un chivo expiatorio (el joven en conflicto con la ley) de la sociedad y de esa manera establecer el imaginario que si se excluye a algunos se elimina el delito y la corrupción.
El delito y la corrupción son intrínsecos a la sociedad capitalista actual, en todas las sociedades existen los llamados delincuentes, en todas las sociedades son reprimidos y encarcelados, la diferencia es que en algunas, como vimos más arriba, el ciudadanos que es limitado en su libertad no deja de ser ciudadano, no pierde sus derechos y garantías elementales.
Como hemos observado en EE.UU. hay 2.300.000 presos, un cuarto del total de los presos del mundo, y eso a pesar de que allí hay pena de muerte, hay sistemas represivos que permiten a los policías que asesinen a ciudadanos impunemente, sin embargo, el delito y la inseguridad a lo largo de las décadas ha crecido en este país, como claramente lo demuestran no solo las estadísticas, sino como crece el número de presos.
Masa debería atender más el ejemplo de países como Noruega, de pensar en organizaciones que contengan a los jóvenes más que encerrarlos, de desarrollar metodologías de formación en libertad, con guardias que en lugar de aterrar, torturar, golpear, asesinar a los internos se dediquen a ayudarlos a procesar sus errores y a trabajar en el desarrollo de un marco motivacional que les permita repensar su historia y formular un proyecto de futuro.
Con Masa más que un estadista tendremos cómo presidente un pastor represivo e inquisidor, que perseguirá a los jóvenes por estar en conflicto con la ley, luego por ser adictos, por su manera de pensar y finalmente los perseguirá solo por ser jóvenes.
El joven que “delinque” no es que lo hace por perverso, o mata porque no tiene valores, o roba porque es vago y haragán, ese joven es un producto de una sociedad que lo estigmatiza, que lo margina, que vulnera sus derechos.
Cuando hablamos del joven que mercadea droga, tenemos que observar algunas cuestiones, lo hace porque es un camino más recto para conseguir lo que la sociedad le niega por haber nacido en un ámbito de indigencia, en segundo lugar puede vender droga porque existe un mercado cada vez más amplio que la compra y en tercer lugar porque el tráfico de droga involucra a miles de empresarios “honestos”, de militares y policías cómplices, de políticos corruptos, de bancos que lavan el dinero, de empresas sostenidas o con accionistas directamente vinculados al narcotráfico (cuestiones que no son solo ocurrentes en Argentina, más aún ocurren en países como EE.UU., la Unión Europea, etc.).
Los salvadores de la inseguridad como Masa nunca se refieren a los otros delincuentes, los más peligrosos, esos que visten traje y corbata, que se reúnen con ellos para aportar a sus campañas y luego recibir los favores en sus conductas ilícitas. Lo que no nos dice Masa es que va a hacer con los que evaden impuestos, los que fugan divisas al exterior, los que roban con los precios abusivos, los que tienen trabajo en negro, los que tienen trabajadores en sistemas de esclavitud (como el presidente de la Sociedad Rural Argentina, Etchevere), de esos delincuentes masa no habla, solo se refiere al raterito que roba una cartera, un supermercado o un maxi kiosco, y a esos jóvenes es a los que plantea hacerles caer todo el peso de la ley, tronchando sus vidas en cárceles inmundas que los transforman en delincuentes perfectos.
Masa habla de muchas estadísticas, pero nunca menciona que en Argentina hay casi 70.000 presos, y que esos presos son provenientes de sectores vulnerables, porque los ricos que roban y matan cuando los atrapan tienen buenos abogados para hacerlos zafar de la cárcel, si el lector no está de acuerdo lo invito a ver Relatos Salvajes, la hermosa película argentina que en uno de sus actos describe correctamente esta situación.
Tampoco habla de los asesinos que causan el mayor número de muertes con sus actos, los conductores de vehículos irresponsables, que matan en nuestras calles y rutas a miles de personas por cruzar semáforos en rojo, ir a altas velocidades, conducir en estado de ebriedad o drogados, etc., y que no son precisamente jóvenes indigentes o vulnerables sino integrantes de clase alta o personajes notables del cine o el teatro, de ellos Masa no dice nada, no habla de mandar a la cárcel al que mate en un accidente en la vía pública en alguna de estas condiciones. Y no puede hablar de ello porque si lo hace es posible que tenga que empezar a meter presos a familiares, hijos de familiares, familiares de empresarios, etc.
Lo peor que podemos hacer los ciudadanos en aras de la seguridad es no permitir que nos conculquen nuestras libertades y garantías, a la inseguridad no se la enfrenta con mayor punición, con más cárceles, sino con políticas sociales y educativas que modifiquen los estadíos de conciencia de los ciudadanos y con políticas económicas que permitan mayor igualdad, más derechos, más respeto por los jóvenes.
Con políticos como Masa en el gobierno aumentaran los derechos de los ricos de avasallar a los pobres y la sociedad será cada vez más injusta, inequitativa e insegura.
Hasta la próxima.
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