martes, 26 de julio de 2011

El fenómeno Del Sel, que significa?


En las elecciones de Santa Fe, hubo sin duda, un dato novedoso, un comicastro de segunda categoría, sin trayectoria política, y sin ninguna idea de que hacer en caso de acceder a la casa gris, casi gana las elecciones.
Pero por nuevo, este dato no deja de ser repetido, en nuestra reciente historia democrática, hemos asistido a diversos experimentos de esta índole, deportistas como Carlos Reutemann y Daniel Scioli, cantantes como Palito Ortega, genocidas como Antonio Bussi, accedieron a la gestión, todos ellos por voto popular, per, por lo general, iniciados en la gestión por la mano de algún político de fuste.
Casi todos duraron dos mandatos, pero lo común en ellos es que luego de transitar el aparato del estado se eclipsaron y desaparecieron de la escena pública. Otra característica saliente de este tipo de experimentos, es la ideología de derecha que portan por lo general estos “noveles” políticos.
El caso de Miguel Del Sel no es distinto. Sus principales características son una ausencia total de ideas respecto a la gestión de lo público, en los debates que pudimos ver en Santa Fe se lo observó balbucear frases incoherentes, plagadas de lugares comunes, en las que manifestaba que él estaba allí solo por la voluntad de Macri.
Otra de las características de este “político” capo cómico es que no poseía ni posee ninguna estructura técnica para gobernar, como herramientas de trabajo exhibió un voluntarismo extremo y una inocencia e ingenuidad rayana con la psicosis.
Entonces dos son las preguntas que deberíamos formularnos, la primera es acerca de si Miguel Del Sel tenía derecho a postularse, y la respuesta es taxativa, por supuesto, como tuvo derecho la pornostar italiana “La chicholina”, o el payaso Kinko en los EE.UU. y tantos otros.
La segunda pregunta es qué significa este tipo de postulaciones. A mi modesto entender constituyen un vaciamiento de la política, es, por usar un término remanido, la “tinelización” de la misma.
La política se connota con construcción de futuro, con gestión de lo público, con proyectos estructurados de acción, con debate ideológico, con intercambio y lucha de ideas. Y acá es donde consideramos patética la postulación de Del Sel, no porque es un cómico que quiere intervenir en política, sino porque su intención es hacer de la política una pieza superficial y chabacana. Es patético ver a una masa informe con miles de globitos saludando a un cómico que en el escenario solo hace lo que siempre hizo, actuar de clown, con su lenguaje de “la Tota” Del Sel, a juzgar por sus ideas manifestadas en los debates ni siquiera superó la mediocridad general de la política, y no podía hacerlo porque él no postulaba, actuaba.
Pero lo más dramático es el juego del escondite que los medios de comunicación monopólicos hicieron con lo ocurrido en las elecciones de Santa Fe.
Se preocuparon por mostrar la “derrota” del kischnersmo, manipulando las cifras, mostrando las que les convenía, ocultando las otras.
Analicemos un poco las cifras.
Es cierto que el cómico sacó el 35% de los votos, que Rossi solo alcanzó el 22% y que Bonfatti ganó con un exiguo 38%.
Esta mañana busqué en Clarín la información sobre las elecciones, se coloca a grandes títulos la excelente elección del PRO (35,17%), pero nada se dice dela excelente elección de María Eugenia Bielsa (34,70%), candidata a diputada por el kischnerismo que llevó a su lista al triunfo en el rubro diputados con la misma cantidad de votos que Del Sel. Se informa del triunfo de Bielsa en un cuadradito de cinco por cinco cm en el interior del diario y poco o nada se analiza respecto al novedoso hecho, único en todos estos años de democracia, y creería que en las elecciones que se dieron a lo largo de la historia de Santa Fe,  que constituye que el gobernador electo no tiene mayoría en diputados porque su partido perdió la elección, no es esto acaso un dato tan o más importante que el hándicap electoral de Del Sel.
Los sesudos periodistas de Clarín, con todo su curriculum, no analizan, como lo hubieran hecho si la situación hubiera sido al revés, que si bien Rossi sacó el 22% de los votos es mas del doble del 9% que sacó hace dos años y que el PCyS bajó mas de diez puntos puntos del porcentaje alcanzado cuando Binner ganó la gobernación hace cuatro años.
Tampoco se informa que el Pro en el rubro diputados sacó menos del 15% de los votos y que el candidato a senador de ese partido tuvo el 13% de los votos en el departamento Rosario.
No pude leer ningún comentario sobre un hecho que se repite desde que se inauguró el “novedoso” método de boleta única, en diputados 303.699 votos no fueron a ningún partido, fueron impugnados, anulados, en blanco, etc., es decir el 16,20%. Esto muestra que un importante número de ciudadanos no comprenden el sistema de voto y se equivocan, poniendo de manifiesto, junto al desconocimiento respecto a quien votamos, las falencias de este sistema de elección. Y no vale decir que las listas están expuestas en las cabinas de votos, porque se imaginan cuanto demoraría un ciudadano que pretendiera leer cada una de estas listas al momento de votar, la elección se haría interminable.  
Es muy claro, si observamos el mapa del voto, notamos que el candidato Rossi fue castigado con el rechazo de los ciudadanos de las pequeñas ciudades con población agraria, que no le perdonan su papel protagónico en el parlamento apoyando la 125 cuando las avariciosas patronales agrarias pugnaban por una mayor porción (a la cuantiosa que tienen ahora) de la renta nacional en el reparto.
Esas patronales agrarias que nos quieren hacer creer que Argentina es el campo, sin reconocer que la Argentina son todos los sectores económicos que se desempeñan en nuestro país. O acaso, esas mismas patronales que nos venden el paradigma de que el agro es casi el único sector que produce no usan los bienes producidos por la industria, el conocimiento que les brindan los científicos y técnicos, etc. Esto lo digo sin dejar de reconocer el valor que tiene el campo en la producción de la riqueza nacional, o la importante trasformación de este sector de la economía con la inclusión de tecnologías de punta en la explotación agraria.
En Santa Fe cada uno de los sectores en pugna ganó algo, el oficialismo provincial ganó la gobernación y la Cámara de Senadores, el kischnerismo ganó la Cámara de Diputados, el PRO y Duhalde hicieron una elección inesperada que les reditúa de cara a las generales de octubre. Hasta Proyecto Sur tuvo su rédito y con sus casi 60.000 votos logró una banca para Carlos Del Frade, un incansable luchador de las causas de los más humildes, con larga militancia en las luchas de los trabajadores de prensa, un periodista honesto y profesional que sin duda va a darle una dinámica distinta al nuevo parlamento denunciando y apoyando las reivindicaciones de los trabajadores.
Hoy al mediodía, en el programa que hace Carlos Vilarodona, en la FM Tango Rosario, se dio un interesante debate acerca de lo que nos dejaban estas elecciones, me quedo con algunas conclusiones, la que enunciara José Luis Comas planteando la necesidad de re significar la acción política para no caer en el brutal vaciamiento de ideología, contenidos y propósitos que se está tratando de hacer con la política, y el comentario de Carlos Vilarodona respecto que en este momento se hace necesario que los santafesinos nos pensemos a nosotros mismos, que reflexionemos sobre lo que estamos haciendo como colectivo social en nuestra provincia.
Es necesario que todos pensemos acerca de los más de 600.000 conciudadanos que decidieron votar por Del Sel, que los interroguemos acerca de lo que hubiera  significado que el cómico ganara la elección, en los finales de los ochenta los argentinos votamos a un caudillo mesiánico, que se creía heredero de Facundo Quiroga, y que envuelto en su poncho riojano accedió a la Casa Rosada y, en la medida que cambió su aspecto físico y sus ideas, entregó todas las empresas del Estado a los voraces empresarios subsidiarios de un gobierno corrupto, llevando a la Argentina a la peor de las crisis de su historia, que terminó con una gigantesca deuda externa, con los mayores índices de desocupación, pobreza, indigencia, corrupción y marginalidad y con decenas de muertos en la protestas de quienes terminaron reclamando que se vayan todos.
Todo ese movimiento desesperado de los argentinos terminó con él “nos quedamos todos” que enunció el caudillo santiagueño Juárez y solo con sacrificio y esfuerzo conjunto pudimos remontar la crisis.
Sabemos que los problemas de los argentinos, como los de cualquier colectivo social del mundo no los arreglan ni un hombre, ni un gobierno, ni una generación, pero sino comenzamos a hacer un examen de conciencia respecto de a quien votamos, a que actitud tenemos frente al poder, a no ser pasivos sino activos en el reclamo a los políticos, el 2001 ya pasó, pero lo seguimos teniendo a nuestro frente, como un eterno retorno a las humillaciones que sufrimos en el pasado.
Hasta la próxima.

lunes, 18 de julio de 2011

Amia, 17 Años, políticos y después?

Hoy se cumplen 17 años del atentado más violento que registran los anales terroristas de nuestro país. Aquella mañana, mientras estaba en casa, mi hija Ana paula, con sus tímidos 6 años, compartía el balcón del departamento de sus tíos con su hermano de 14, cuando el estrépito desencajó la Buenos Aires del primer mundo que nos había vendido un caudillo del interior, que mientras cambiaba sus ideas transmutaba su fisonomía, tal vez para parecer más rubio y europeo o asemejarse a su ídolo, el presidente WASP de los EE.UU de esa época.
En la orgía de vanidades que embriagaba a los argentinos de la década del noventa, nos enteramos que el supuesto primer mundo no venía solo, traía consigo las atrocidades que en ese momento golpeaban los distintos paisajes de Europa y el resto del mundo.
Es muy difícil explicar el porqué de la insensatez, de la irracionalidad que segó tantas vidas humanas (ni argentinos, ni judíos, ni franceses, seres humanos), que rompió tantos sueños, que destruyó tantas familias.
Mi lazo con el pueblo judío es de muy largo tiempo, siempre compartí algo con él, tal vez por ello, aunque no soy paisano, mi primera novia era judía, la madre de mis hijos también lo es.
Existen muchas cosas que me asombran de ese pueblo, la unión que produce su libro colectivo, el Talmud, que es una obra que recoge principalmente las discusiones rabínicas sobre leyes judías, tradiciones, costumbres, leyendas e historias, un código de existencia que mantuvo unido a ese pueblo en las peores circunstancias.
Tal vez me impactó mucho el relato de Howad Fast, quien en “Mis gloriosos hermanos” describe la rebelión de los macabeos en el año 167 antes de cristo y relata con crudeza la epopeya de los judíos en la búsqueda de su liberación de la elite macedonia gracoparlante que dirigía el impero Seléucida, o el relato bíblico del cruce del desierto en busca de la tierra prometida.
Reconozco que es una generalización, pensar que todos los integrantes de un colectivo social son iguales, entre los judíos, como entre cualquier pueblo existe la doble contradicción, tienen raíces y costumbres que los hermanan, (como ocurre con nuestros pueblos originarios de la América Latina) y diferencias sociales que los separan, pero merecen todo el respeto porque constituyen un ejemplo de perseverancia y lucha contra la opresión y la discriminación.
Entonces, como podíamos sentirnos cuando la mano anónima y cobarde del asesino nos atacó aquel 18 de julio de 1994, poniendo una bomba en la A.M.I.A., porque todos los seres humanos que creemos en la vida fuimos cobardemente agredidos en ese atentado, y de alguna manera una parte de nosotros se fue con la A.M.I.A.
Y si creíamos que todo terminaba allí, que la violencia ejercida sobre nosotros se limitaba al atentado, estábamos muy equivocados, en los años posteriores fuimos víctimas de una violencia mayor que la explosión, fuimos burlados por representantes políticos, jueces, policías corruptos que consagraron la impunidad, no solo de los autores materiales, sino de aquellos que ni siquiera estaban o están en nuestro territorio.
Año tras años, los familiares de las víctimas asistieron al dramático rito de recordar a sus ausentes, año tras año reclamaron justicia, y la justicia no llegó, quedó encerrada en los laberintos de la conspiración de los necios que creen que se puede tapar el sol con la mano.
Algunos delos responsables del encubrimiento ya son ancianos y confunden la inflación mensual con la anual o no pueden recordar el nombre del ministro de economía que nombrarían si ganaran, pero otros, que eran muy jóvenes en aquellos años continúan en la política activa.
Esos, los que hacen gala de su humanidad, son los mismos que nombran a acusados de complicidad con el atentado, en cargos de seguridad y dicen afanosamente que son buenos policías.
Esos, son los que usan sus fuerzas de seguridad para perseguir y agredir a los más vulnerables de la ciudad.
Esos son los que avalan la ilegitimidad de las patronales agrarias cuando cortan rutas para aumentar los réditos de su avaricia y se rasgan las vestiduras cuando los piqueteros cortan una calle.
Esos, son los que claman por castigo a los pobres que ocupan predio reclamando lo que la constitución le otorga y que los políticos les niegan, una vivienda digna.
Esos son los que reclaman justicia para los poderosos porque les brindan mendrugos de cámara, o les hacen campaña, pero piden mano dura con los pobres que roban casi siempre por extrema necesidad y porque son excluidos en una sociedad de privilegios.
Esos son los que no sostienen su discurso hipócrita, preconizando luchar contra la corrupción y son más corruptos que lo que critican.
Y entonces, la bronca contra la impunidad que gozan los responsables del atentado contra la A.M.I.A. se vuelve desazón y angustia cuando vemos que los propios miembros de la comunidad agredida van de la mano de los agresores haciendo campaña con “esos” que seguramente no sienten ni siquiera pena por lo que pasó. Y para colmo dicen ser rabinos y se jactan de su “intelectualidad”. Es conveniente recordarle a “esos” que además dicen ser guías espirituales, que un intelectual es ante todo un provocador que interpela a la sociedad contra la injusticia de los poderosos, y no un genuflexo que sirve a los más ricos y acomodados de la sociedad.
Y ya que recordamos a los intelectuales, es bueno compartir nuestra bronca con los artistas, sobre todo aquellos artistas que levantan su arte contra la opresión, aquellos que manifiestan su indignación con los comportamientos de quienes deberían ser la parte más avanzada de nuestra sociedad, aquellos que por tener a su disposición todos los modos y herramientas de pensamiento deberían ser críticos de los fariseos que entran a nuestro templo, la sociedad argentina. No critico a Fito Páez, como criticar a quien puso de manifiesto la azorada conciencia de muchísimos argentinos que vieron a los porteños votar por “esos”, pero también trato de comprender a quienes votan por sus verdugos, que votan por los que los someten a un caos de tránsito, que los humillan obligándolos a transitar por un ciudad llena de basura, que creen que a lo pobres hay que darles palos y palabras necias. Trato de entender el potencial de los medios de comunicación que ven en Macri al defensor de la derecha oligárquica que nos desprecia por ser tan solo mano de obra barata y no ciudadanos tan dignos como ellos.
En el acto de hoy habló un representante de Memoria Activa, tal vez el grupo más digno de los que produjo la A.M.I.A., pero más allá del interés y el valor de su discurso, es importante la significación que encierra el concepto de “Memoria activa”, el llamado a ejercitar la memoria, a reconocer a todos los cómplices del atentado, a los externos que están refugiados en sus espacios jerárquicos de un país islámico y a los ejecutores materiales e intelectuales locales, pero también a quienes fueron cómplices con sus dichos, sus maniobras de ocultamiento, de dilación, y a quienes con el antisemitismo militante o no, fueron también parte de la conspiración, a aquellos que callaron, que dijeron que era una pena que también hallan muerto argentinos, como si los miembros de la comunidad judía no lo fueran, a los que cada día humillan nuestra dignidad discriminando seres humanos por su apariencia, por sus enfermedades, por sus diferencias.
Y entonces sí, como dijo Fito, algunos sujetos que pueblan Buenos Aires, y todo el país merecen nuestro asco, sin remordimientos, porque si no los repudiamos ahora, si no repudiamos el huevo dela serpiente que anida en nuestra sociedad, estamos condenados a repetir la ignominia, y los seres humanos no nos merecemos ni A.M.I.A., ni las Torres Gemelas, ni ninguna muerte atroz en nombre de ideas sean religiosas o revolucionarias.
Hasta la próxima.

miércoles, 13 de julio de 2011

Que somos cuando decimos quienes somos

En estos últimos días, plagados de información electoral, asistimos a una parafernalia de definiciones de los argentinos.
Los políticos, los periodistas, los faranduleros, todo el mundillo de los mass media se preguntan quiénes son los porteños, los santafesinos, los argentinos y se ensayan una multitud de identidades que pretenden resolver el enigma de porque se vota como se vota.
El dato nuevo es el intento de definir la eficacia del voto  través de una cierta identidad colectiva. Esta operación intelectual no es nueva en Argentina, y es una simple copia de lo que hacen los comunicadores en diferentes partes del mundo.
La identidad de los argentinos puebla las imágenes y las páginas humorísticas de muchos productos editoriales de diferentes países. Los argentinos somos vistos como megalómanos, con esa impronta de que Dios es argentino, que somos los mejores en todo, también se nos atribuye ser los mejores verseros, los que hablamos con un tono de dulzura, como los que creemos que somos los mejores amantes etc.
El primer error del intento de dotar a un colectivo de una identidad consiste en la generalización que ello implica, un argentino puede tener una identidad común con un alemán o un norteamericano mayor que con otro argentino. Por ejemplo un obrero argentino comparte con sus pares alemanes o norteamericanos su identidad de trabajador, identidad que no comparte por ejemplo con un burgués dueño de un fábrica, allí encontraríamos identidades de clase compartidas más allá de las nacionalidades.
Este error tiene consecuencias en la manera de conceptualizar a la sociedad. La equivocación más típica del populismo, es adjudicar identidades colectivas a actores sociales de un determinado país. Por ejemplo la noción de pueblo, cuando nos referimos al mismo, ¿a qué hacemos referencia?, ¿qué intereses comunes existen en el pueblo?
El pueblo es una noción que puede ser utilizada para referir a colectivos sociales que comparten intereses comunes, pero solo a condición, de que esos intereses satisfagan el interés de cada uno de sus integrantes, por ejemplo los pueblos aborígenes resisten la denominación de pueblo, pero no es correcto cuando se trata de designar a colectivos que tienen intereses heterogéneos.
En nuestro país, como ocurrió en diferentes períodos históricos en distintos lugares, es frecuente que se utilice la noción de pueblo en el segundo sentido. Pero la pregunta es qué tiene de común un trabajador (miembro del “pueblo”) con un empresario, un financista, etc. Para llevar al ridículo la noción de pueblo, podríamos decir que el mismo está integrado por un ladrón o un homicida y un policía, el pueblo aúna dentro del concepto sujetos sociales que tienen intereses antagónicos, y entonces, cual es la utilidad de este concepto. Pues bien, el populismo tiene mucho aprecio por la noción de pueblo porque permite ocultar las contradicciones existentes en la sociedad, tratando de aparentar la comunidad de intereses entre quienes son lo contrario, pares antagónicos en el desenvolvimiento social.
Y podemos encontrar una tercera noción incorrecta, la noción de que en la argentina encontramos un “pueblo” que tiene intereses comunes, que comparte una suerte de gen, el gen argentino que definiría la igualdad de los integrantes de este “pueblo”.
La Argentina es un territorio poblado por una multiplicidad de etnias, algunas originarias, otras, producto de la inmigración de los siglos XIX y XX, que hizo que en nuestro país haya una de las mayores diversidades genéticas. Este “pueblo argentino” está compuesto por sujetos que cuando les conviene se llevan cuantiosos recursos financieros a otras partes más redituables[1], por los integrantes de los sectores medios que ante las crisis no dudan de cambiar su pasaporte argentino[2] por el español o el italiano y migrar a Europa. Los integrantes del “pueblo” a diferencia de los pueblos originarios no obran en función del colectivo, sino que se desenvuelven guiados por su interés particular.
Existe otro interés unido al concepto de pueblo, es la noción de caudillo. El caudillo es quien dirige al “pueblo”, y éste deposita en aquel toda su confianza y lo sigue acríticamente, sin cuestionarlo. Nuestro país sufrió largas guerras civiles en el siglo XIX producto del enfrentamiento entre los caudillos de las diferentes regiones. Es así que se libraron más de trescientas batallas entre unitarios y federales, entre federales, entre unitarios, entre caudillos aliados y antagónicos, entre caudillos antagónicos, etc.
El caudillismo es una forma anacrónica de dominación basada en la confianza ciega que el colectivo tiene en un caudillo carismático, que por lo general convence al mismo de que su proyecto individual es el proyecto de todo el pueblo.
Al ser un proyecto personal se constituye en un conjunto de ideas clientelares y familiaristas que no tiene una planificación a largo plazo, el poder del caudillo reside en la posibilidad que tiene de hacer favores a sus seguidores lo que lo siguen por su carisma y por su condición de atender sus necesidades o laudar en los pleitos. Es además una rémora de la sociedad feudal y no es casual que esta estructura se corresponda a relaciones de producción pre capitalistas que subsisten en espacios nacionales poco desarrollados y con un fuerte componente de pobreza e ignorancia.
En el siglo veinte asistimos a la presencia de algunos caudillos carismáticos que ejercieron este tipo de dominio, Irigoyen en los años veinte y Perón en los Cuarenta y cincuenta.
La sociedad se compone de individuos que se agrupan en organizaciones con intereses heterogéneos, y que pugnan por hacer prevalecer sus intereses dentro de los colectivos.
Esos individuos desarrollan representaciones sociales y efectúan atribuciones de sentidos a aquellas personas que, formando parte del estrato burocrático que constituyen los políticos, se insertan en la burocracia de gestión. Esa atribución de sentido conforma las diferentes subjetividades que existen en una sociedad determinada en un momento histórico social.
No son ni buenas ni malas, las personas que interactúan en una sociedad determinada actúan de acuerdo a las ideas que se construyen desde estas subjetividades, las que se configuran por la acción de los mass media, por las tradiciones sociales existentes, por la acción formativa de la educación tanto escolar como familiar, por la presión social que ejercen los grupos de amigos, por los intereses específicos que tiene cada uno de los sujetos, etc.
Cuando nos preguntamos porque ganó Macri en todo Capital Federal, debemos buscar la respuesta en las características de la subjetividad de los porteños. En primer lugar, cuánto es el tiempo que gobernó en ese territorio una fuerza política, no digamos de izquierda, sino de centro. Tan solo en los pocos años que estuvo Ibarra y que fue desalojado por la presión de vecinos en el caso de Cromagnon. El resto del tiempo el voto de Bs. As fue orientado mayoritariamente hacia los políticos de derecha (De la Rua, Macri, etc.). Más aún, durante la crisis del campo, cuando las patronales agrarias codiciosas (emparentadas con el apoyo a la terrible represión de la última dictadura) salieron a la calle a pedir mayores beneficios para el sector, una gran cantidad de porteños salieron a apoyarlas.
Lo raro no es que gane Macri con el 47%, lo raro es que Filmus y Solanas, con un imaginario más centrista, hayan logrado más del 40% por ciento de los votos en la Capital Federal.
Ahora, porque Macri, que tiene pocas condiciones de líder, que fue a elecciones con un discurso desprovisto de contenido, precedido de una acción de gobierno plagado de denuncias de corrupción, de represión a indigentes, de ineficacia en la gestión, cosechó tantos votos. En primer lugar, porque basó su campaña en el modelo neoliberal de sujeto individualista tan arraigado en los sectores más favorecidos de la sociedad porteña. El P.R.O., apoyado por el repiqueteo del discurso de los monopolios mediáticos,  instaló una idea que en la burguesía y pequeño burguesía porteña, se introduce con facilidad, y es la afirmación que la situación económica favorable que tienen, no se debe a la acción de gobierno, sino a la capacidad de trabajo y creatividad de cada uno de ellos, la bonanza económica, no es una cuestión social, sino una mera cuestión de esfuerzo individual.
En segundo lugar , la subjetividad porteña se encuentra permeada por el imaginario de que el kischnerismo es de izquierda[3], corrupto, ateo, etc. O acaso el lector piensa que ese electorado de derecha de Capital vio con buenos ojos la ley de matrimonio igualitario, el juzgamiento a los responsables del genocidio, etc.
Para analizar los resultados de las elecciones de Capital es necesario tener en cuenta este dato de la realidad, nuestro país no es un colectivo con ideas progresistas o de izquierda. El hecho que en algún momento, algún político de izquierda haya cosechado algunos votos, no quiere decir que el electorado tenga un concepto transformador de la sociedad. El argentino actual, y más aún el capitalino, es un sujeto estático, que no quiere oír hablar de cambios, palabra que por demás ha perdido todo contenido al ser usada masivamente por sujetos de diferentes posturas políticas. Es un ciudadano que piensa más desde su interés personal, que en proyectos colectivos que tienen horizontes de visibilidad de largo alcance.
El imaginario revolucionario de los setenta fue sepultado junto a los miles de desaparecidos  y la represión salvaje de la dictadura, hoy es necesario empezar de nuevo, reconstruyendo los valores olvidados, uniéndonos entre los que somos las víctimas del sistema, no confiando en aquellos políticos burgueses que buscan usarnos para profundizar la iniquidad social.
Es el momento de impulsar el debate por la autonomía social, por la unión de los que no tienen voz, los piqueteros, los okupas, los explotados, para lograr un nuevo horizonte de futuro en Argentina.  
            Hasta la próxima

[1] Se calcula que la cantidad de dólares que los burgueses que forman parte del llamado “pueblo argentino tienen en el exterior es equivalente a nuestra deuda externa.
[2] Esto no es una crítica sino una constatación empírica
[3] NO olvidemos el decurso de las patronales agrarias alertando a que quieres cambiar la bandera por “un sucio trapo rojo” o la idea de que la presidenta y todo el gobierno son montoneros, etc.