lunes, 19 de mayo de 2014

Tolerancia.

El término tolerancia proviene del latín “tolerans” que es pasado participio de “tolerare, que significa soportar, cargar, aguantar; en el griego existe un verbo “tlénai” que también implica soportar, de este término viene el nombre de Atlas que habiendo perdido la lucha contra la titanomaquía fue obligado a cargar o soportar el mundo sobre sus hombros. La tolerancia constituye uno de los valores humanos, que no son innatos, sino que han sido construidos a los largo de la historia de la humanidad. Como la honradez y la confianza, la igualdad, la solidaridad, son significaciones sociales imaginarias que ordenan la vida humana. La inclusión de estos valores en la cotidianeidad social sería un símbolo de desarrollo de las sociedades. Las sociedades más avanzadas tenderían a ser más tolerantes, a soportar o cargar con las diferencias sociales y étnicas que existen en su seno, mientras que la intolerancia, sería un signo de atraso, propio de organizaciones sociales en las que se privilegian valores propios de un pasado siniestro de la humanidad. Veamos algunos ejemplos interesantes. En el diario “La Capital” del 19 de mayo de 2012 se publica una noticia que ha tomado estado público en todo el planeta. Sintéticamente, es el caso de Meriam Yehya Ibrahim, una joven médica sudanesa de 28 años. Meriam está embarazada y es madre a la vez de un niño de 20 meses. De madre católica, y padre musulmán, que la abandonó a los 8 meses, Meriam adoptó la fe religiosa de su madre y se casó con un joven discapacitado (esta en silla de ruedas) que también es católico. En Sudan se adoptó la Sharía en 1983, la ley musulmana que fue instituida en el medioevo. Según esta ley, atrasada y autoritaria, un creyente no puede cambiar de fe, de hacerlo incurre en apostasía. Como Meriam es mujer, y es sabido el desprecio de la Sharía por las mujeres a las que les concede poco más de estatus que un objeto que puede parir hijos, debe adoptar la fe religiosa de su padre (islamismo) aunque este la haya abandonado de muy chica, no puede elegir la fe de su madre. Meriam fue educada desde pequeña en la fe cristiana de su madre y por eso se casó con un ciudadano de esa misma fe. El estado teocrático de Sudán, anuló (a través de su sistema jurídico) el matrimonio de Meriam sin su consentimiento. Como Meriam continúo cohabitando con su marido legal, también incurrió en el delito de adulterio. El padre de los hijos de Meriam no tiene derecho a ser padre de los sus hijos, además de estar en estado de abandono porque dependía de los cuidados de Meriam debido a su discapacidad, por lo que el niño de veinte meses está alojado en la misma cárcel que su madre. Sudán adopto la Sharía como ley del estado, como lo hicieron otros países de la región como Irán, Afganistán, Arabia Saudita, etc., que retrocedieron bárbaramente por el túnel de la historia a la Edad Media con su secuela de violencia, intolerancia, antisemitismo, salvajismo, fanatismo religioso, etc., A Meriam se le exigió retractarse públicamente de su fe católica y adoptar la fe musulmana, ella valientemente se opuso a traicionar sus creencias por lo que el Juez Abas Mohamed al Jalifa la condenó a cien latigazos y a morir ahorcada. Esta decisión ha concitado el repudio unánime de todos los países civilizados que no comulgan con los estados teocráticos, autoritarios del medio oriente. El segundo caso al que quería hacer referencia es más vernáculo y se refiere a la entrega de los Martín Fierro en la noche del domingo 18 de mayo de 2014 en Buenos Aires, Argentina. Es notorio que el grupo Clarín a través de su mafioso mayor, Magnetto, compró para Canal trece una cantidad de estatuillas con el fin de tener mayor popularidad. Muchos programas (más allá de su calidad) como Farsantes se vieron maximizados en sus logros por los miembros corruptos de APTRA que respondió a la generosidad de Magnetto brindándole a Canal 13 y a sus programas y actores la mayor cantidad y los más importantes premios. Algunos programas, que son de muy mal gusto, poblados de lugares comunes, mentiras y groserías, como el programa que conduce Jorge Lanata, “Periodismo para todos” (los que piensan como Lanata), incitan a la violencia contra los que pensamos distintos y ofende a otros periodistas con términos como boludo, estúpido, hijo de puta, con los que los califica todo el tiempo, y en casos extremos diciendo, como le dijo a Luis Ventura que “si los dos no podemos vivir en la misma ciudad prefiero pegarte un tiro y matarte” (palabras más, palabras menos), fueron premiados. Dos actitudes pudieron verse en la pantalla que dan cuenta de la baja calidad moral y humana del Sr. Lanata. Llegó al escenario a recibir su premio seguido por sus files acólitos (el pavo real adelante, los súbditos un paso atrás) y solo dijo “Uds. vieron este bidón de nafta, quiero agradecer a APTRA que evitó que me prendiera fuego en el escenario”, dicho esto con un gesto autoritario ordenó a sus desdichados colaboradores que se retiraran con él, los que al igual que los esclavos romanos o griegos obedecieron al mandamás del programa. En ambos ejemplos encontramos un encaje perfecto con la palabra intolerancia, es decir ausencia de tolerancia. Lanata no tolera al “Otro” porque no puede soportar la diferencia, en el mundo de su monada psíquica solo existe él y nadie más. Como afirma Eduardo Blaustein en el título de su libro “Las locuras del Rey Jorge”, Lanata tiene muchos síntomas propios de un psicótico, encerrado en su estrecho y mediocre mundo interno y arrastrando en su mediocridad a quienes colaboran con él. Tres preguntas surgen de los hechos. 1) Medirá Magneto los costos de sostener a este infame “periodista”? Porque si bien tiene como dividendo que Lanata es un burro de carga que en función de su avaricia extrema, su falta de moral y su egolatría (egomanía) arremete contra el gobierno y al mejor estilo de Goebbels miente, falsifica las noticias, desacredita a funcionarios y políticos que no piensan como él, cada vez tiene menos credibilidad y cada vez se acentúan más sus aspectos patológicos, entre los cuales resalta su apología de la violencia. Pareciera que no, a juzgar por la actitud autocrática y desencajada de Adrián Suar, su gerente de programación que subió repetidamente al escenario para agradecer a sus proveedores de APTRA los premios adquiridos por el grupo. Segunda pregunta, 2) Hará APTRA una autocrítica de sus decisiones y comenzará a romper el negocio que tiene con el grupo Clarín (lo que se evidencia que en los últimos años es Canal 13 quien trasmite la entrega de premios) tratando de logran un poco más de credibilidad para el bastardeado premio?. No son pocos los periodistas honestos e íntegros que como Víctor Hugo Morales se negaron a participar en las ternas para no convalidar el fraude de los premios Martín fierro, y son muchos los que no asisten a la ceremonia de entrega. Además, periodistas con los que no tengo ningún acuerdo como el Negro Fernández Oro, se atreven a decir (aunque sea un chiste): “llegué tarde a la ceremonia de APTRA y escuché, rufián, sinvergüenza, inmoral, estafador, alcahuete, bandido y pensé cuanta violencia en la entrega de los premios, pero inmediatamente alguien me tranquilizó cuando me dijo que en realidad estaban pasando lista a los miembros de APTRA”. Tal vez el ejemplo de nuestro país es menor y no reviste la importancia del de Sudán, pero es importante, porque en las sociedades en las que no se combate la intolerancia, en las que los ciudadanos aceptamos que patanes como Lanata, Van der Koy, Castro, Lomgobardi, etc., insulten y humillen a los funcionarios, aún a la Presidenta, nos deslizamos por la pendiente de la violencia. Violencia que vemos en las calles, en el comportamiento cotidiano, en la falta de solidaridad, en los autos que son tirados encima de los peatones por sus conductores en las esquinas, en los ajusticiamientos de chicos en la calle, en la agresión a periodistas que no acuerdan con los objetivos de las manifestaciones, en el futbol, en las escuelas, en los asesinatos de chicos por sus compañeros, etc. Por supuesto que toda esta violencia no es culpa de sujetos como Lanata, porque es un fenómeno complejo en el que intervienen muchos factores, pero si no ponemos frenos a las locuras de ciertos periodistas, si no criticamos el fundamentalismo extremo de algunos comunicadores, si no recuperamos los valores con los que se construyó nuestra sociedad, caeremos inevitablemente en la grieta que quienes la crearon, se encargan de agrandar cada día, aunque digan que están en desacuerdo con esa manera autoritaria y mezquina de relacionarse, mientras tratan de imponernos a los argentinos, con el dominio que les asegura su lugar de privilegio en los medios de comunicación, una subjetividad atroz contra la que debemos luchar. Traía al comienzo, el terrible ejemplo de Sudán y su intolerancia religiosa, al lector esta noticia le parecerá exótica, lejana, impropia de una sociedad democrática como la nuestra. Piense el lector que en alguna oportunidad, tal vez hace muchos años, algún sudanés pensaría igual de lo que ocurría en Arabia Saudita o Afganistán, pero al aceptar los discursos corruptos y violentos de los sicarios de los medios de comunicación de masas creo las condiciones para llegar a la Sudán actual, y de ello es responsable toda la sociedad, no recorramos el mismo camino. Hasta la próxima.

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