miércoles, 26 de noviembre de 2014

Pensamiento crítico.


En Argentina, es frecuente escuchar el uso de ciertos vocablos, fuertemente connotados con los intereses diferentes de las personas, vaciados de contenido por sectores con tradiciones políticas y sociológicas que en su historia fueron férreos opositores a los mismos. El vocablo cambio es uno de ellos, hoy vemos que todo el arco político opositor habla de la necesidad del cambio, que la sociedad quiere cambiar. Entre los que preconizan el cambio encontramos a representantes de la derecha más reaccionaria de la sociedad como Mauricio Macri, a sectores ultraconservadores del peronismo enrolados en la década menemista, a miembros de grupos casi fascistas o a periodistas emparentados ideológicamente con las peores dictaduras militares que asolaron nuestra sociedad como Van der Koy, Castro, Morales Solá, Lomgobardi, Majul, etc. Todos hablan de cambio, todos quieren el cambio, lo que no dicen es que cambio quieren. A juzgar por su paso en la gestión de gobierno o por sus dichos en la arena política, repudian el actual estado de cosas porque va, aunque sea en parte, contra sus intereses de clase. A los radicales que piden el cambio habría que preguntarles si pretenden cambiar para volver a las épocas de hiperinflación, o al comienzo del milenio cuando recortaron en forma nominal los salarios de los trabajadores y los jubilados en un 13%, cuando aumentaron en forma catastrófica la deuda externa, solo para solucionar los problemas del sistema financiero, es decir para cubrir los desaguisados de los banqueros. A Macri cabría preguntarle si el cambio que pretende es volver a los noventa, cuando el alababa la gestión de Carlos Menem y sus privatizaciones seriales, épocas en que se destruyó el aparato productivo nacional y se entregó por monedas el patrimonio de todos los argentinos. A los socialista se les podría preguntar si el cambio que preconizan es la vuelta a la Alianza cuando apoyaron la ley Banelco del Ministro Flamarique, ley votada por 215 diputados contra 23que se opusieron y que volvía a introducir en la Argentina los contratos basura que abrían la puerta a una mayor explotación de los trabajadores. O tal vez se desee cambiar el actual estado de libertad en el que todos pueden protestar por los tiempos de violenta represión y muertes del 2001. Como hemos afirmado muchas veces, ningún gobierno es enteramente malo o enteramente bueno, los gobiernos cometen errores y tienen aciertos, lo que diferencia a unos de otros es el balance de la obra de gobierno. Que es lo que la oposición no soporta y quiere cambiar, la Ley de Medios, EL matrimonio igualitario, el plan conectar igualdad, el procrear, el procreauto, la re estatización de YPY y Aerolíneas Argentinas, la vuelta a manos del estado del sistema previsional, la asignación universal por hijo, Tecnópolis, la construcción de miles de km de autopistas, la reactivación del sistema ferroviario de pasajeros, la mejora del sistema de trenes de cercanías en CABA/Bs AS, la reducción drástica de la deuda externa en relación al PBI, el aumento de los salarios reales, el aumento del presupuesto educativo incluido el incremento de universidades nacionales y el crecimiento de los metros cuadrados construidos en las existentes, la creación de laboratorios científicos, la creación de un Ministerio de Ciencia y Tecnología, el intento re distributivo quitando al campo las excesivas ganancias mediante las retenciones impositivas, los programas de apoyo a la industria en particular a las PYMES, la recuperación del consumo, la instalación del primer satélite propio de telecomunicaciones, el desarrollo de nuevas obras eléctricas y gasoductos, el respeto a la libertad de opinión sin ningún límite, la actitud de consentimiento a las manifestaciones de cualquier tipo, la estricta libertad de prensa, el incremento de la cantidad de jubilados, el aumento de las jubilaciones por sobre el nivel de precios, el nombramiento de una corte independiente del poder político integrada por jueces de manifiesta trayectoria judicial como Zaffaroni, Highton de Nolasco, Argibay, la sanción de leyes para perseguir la trata< de personas, los juicios a los responsables de genocidio tanto militares como civiles y eclesiásticos y tantas otras conquistas que no alcanzarían varias páginas para citarlas. Si la palabra cambio puede ser usada por quienes no desean cambiar nada de los privilegios que tuvieron y tienen los explotadores burgueses, si los políticos reaccionarios han bastardeado la palabra quitándole la importante significación que tenía en las décadas de 60´ y 70´del siglo pasado, cuando al hablar de cambio se hablaba de terminar con el sistema de relaciones capitalistas que condenaba y condena a los trabajadores al hambre y la miseria, avanzando hacia una sociedad justa y solidaria basada en la igualdad y la fraternidad, como poder distinguir a la hora de elegir quienes son los verdaderos amigos del pueblo. Es en este punto en donde quiero discutir lo que se denomina pensamiento crítico. El pensamiento crítico no implica criticar algo porque sí, porque es distinto a una configuración imaginaria. El pensamiento crítico más que a la definición de un hecho alude a un proceso mediante el cual el ser humano puede llegar a discernir entre diversas proposiciones cual es la que considera más correspondiente con su punto de vista. El proceso al que hacemos referencia implica la recolección de los datos, su evaluación, el contraste con otras evaluaciones y la conclusión. Supone la necesidad de tener honestidad intelectual y aceptar la conclusión a la que se arribe aun cuando contradiga nuestros marcos de referencia. El pensamiento crítico está íntimamente ligado a la actitud reflexiva, ya que a través de esta podemos desarrollar la analítica de los conceptos. Desde la perspectiva del pensamiento crítico todo concepto es susceptible de ser negado o contradicho, aun cuando el mismo sea un concepto central del paradigma desde el cual estamos realizando el análisis. Nada es permanente, todo fluye y en ese proceso de cambio lo que hoy puede ser considerado como una verdad, mañana puede ser una absoluta falsedad. Porque es tan importante el pensamiento crítico? En nuestra sociedad, se nos educa desde que nacemos en la aceptación de las que son consideradas verdades absolutas por la sociedad. Por ejemplo la existencia de Dios es una verdad absoluta que no puede ser sometida a la crítica. Sin ir tan al extremo, el niño debe aceptar que el razonamiento de los adultos es el más correcto, que los padres siempre tienen razón, que los mayores no pueden ser contradichos, que los científicos son los únicos que pueden saber sobre ciencia, etc., etc. Se estructura en nuestra psiquis un mecanismo por el cual, una vez que asumimos un paradigma, tendemos a movernos y pensar dentro de los límites de operaciones de ese paradigma. Es que el paradigma ocupa el lugar del padre, es el Otro indiferenciado que debe ser sostenido porque si lo abandonamos nos quedamos huérfanos. Un ejemplo muy claro es el caso de un ciudadano que adhiere a un determinado partido político, a partir de ese momento todo lo que haga o piense lo hará a través del cristal que la ideología partidaria le impone. Es interesante observar que este mecanismo funcionó aun en los llamados partidos revolucionarios, dentro de los cuales la línea que se impone es dogmáticamente sostenida por los militantes. Por ejemplo, el marxismo es considerada una de las teorías más revulsivas de la historia social, es tal vez una de las teorías que más se sustenta en la crítica total a todo lo existente, sin embargo las grandes construcciones teóricas que interpelaron a la teoría marxista y le permitieron desarrollar nuevos constructos conceptuales no surgieron desde el interior de los partidos revolucionarios, sino que fueron desarrolladas por intelectuales que actuaron por fuera de las estructuras partidarias. Los grandes pensadores marxistas que innovaron en la teoría como Anton Pannekoek, Silvia Pankrush, Alejandra Kolontai, Cornelius Castoriadis, Claude Lefort, no pertenecían a partidos establecidos. La propia Rosa de Luxemburgo que a pesar de pertenecer a un partido siempre mantuvo una perspectiva crítica a la represión que se desarrollaba al interior de los partidos revolucionarios. Como decíamos, el pensamiento crítico es un proceso por el cual cuando leemos algo partimos de la premisa de no aceptarlo inmediatamente, buscamos datos que contradigan las afirmaciones del escrito, analizamos la consistencia interna de las afirmaciones o los análisis que se realizan en el mismo, lo contrastamos con las opiniones existentes en otras producciones desarrolladas a partir de formas paradigmáticas contrapuestas con el trabajo de referencia y cotejamos las afirmaciones con nuestra experiencia. Por ejemplo, el pensamiento crítico nos lleva a que, cuando leemos una noticia en un diario, no la aceptemos como veraz, sea ese diario oficialista u opositor. La contrastamos con otras noticias, buscamos en nuestra memoria datos de lecturas anteriores que nos permitan analizar la consistencia de la información que recibimos, y si realmente tenemos pensamiento crítico, aceptaremos o rechazaremos la información no por quien la enuncia, sino por el contenido del enunciado. Cuando ejercemos el pensamiento crítico el universo informativo se transmuta, adquiere nuevas formas y a nuestra conciencia se le revelan otros hechos, otras conexiones. Por eso el pensamiento crítico es tan temido por quienes buscan someter a los ciudadanos, por quienes pretenden sostener el estado de cosas, quienes se oponen al cambio. Sin embargo, como el vocablo cambio, el pensamiento crítico ha sido profundamente bastardeado, al punto tal de que se lo ha intentado vaciar de contenido. Por ejemplo están quienes en forma permanente sostienen que hay que ser críticos, mientras esa crítica no se vuelva contra lo que ellos sostienen, contra los intereses que defienden. Son los que afirman que hay que respetar la opinión del otro, pero que se extrañan de que el otro pueda pensar distinto, y le dicen que no es objetivo, son los que se indignan de la supuesta violencia del oficialismo y agreden constantemente a todos los que argumentan a favor del oficialismo, son los que atacan virulentamente a los invitados a un programa de televisión porque no dicen lo que quieren escuchar, sino véase lo que le ocurrió a Florencia de la V o a Dadi Brieva en el diario de Mariana, o a este último y a Alex Freire en el programa de la ultra democrática Mirta Legrand (extrañamente los dos programas son del canal de Magneto, el canal 13). Alex Freire era interrumpido, agraviado, increpado por algunos patanes que asistían al programa, sobre todo por un autoritario y reaccionario como Eduardo Feinmann, que ha hecho de la violencia verbal y el acoso mediático a sus entrevistados la herramienta preferida de imposición de sus bastardos argumentos, todo ello con la complicidad de la conductora. El pensamiento crítico, la independencia de criterio de los ciudadanos, es un escollo para los reaccionarios y autoritarios de nuestra sociedad, por eso tratan por todos los medios de anularlo, por ello los ataques de los medios hegemónicos a quienes son sospechados de simpatías con el kischnerismo, y la aceptación infame y sin críticas de los acosos mediáticos de algunos “periodistas” como Lanata, Castro, Van Der Kooy, Blanc, Legrand, Longobardi, Feinmann, Majul, Morales Solá El pensamiento crítico es el único camino hacia el cambio social, el cambio de la sociedad que nos permita construir una sociedad solidaria, igualitaria, armónica, sin las indignas asimetrías sociales del capitalismo. En el lector está la posibilidad de reflexionar críticamente sobre lo que digo. Hasta la próxima.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Honestidad y delincuencia.


El significado de honestidad que más me agrada es el de armonizar las palabras con los hechos, es tener identidad y coherencia para estar orgulloso de sí mismo. La honestidad sería una forma de vivir congruente entre lo que se piensa y lo que se hace, conducta que se observa hacia los demás y se exige a cada quien lo que es debido. La palabra proviene del Latín honos que tenía el significado de premio público que se le otorgaba a aquel que se suponía recto o decente, y el premio por lo general era un cargo público, de carácter político, por eso honos significa cargo público. Por lo tanto honesti era aquel que había sido honrado con un cargo público, que fue honrado por el pueblo con las honestas. El honestus era el que había tenido cargos públicos muy altos en la política. En cambio delincuente es el participio presente de las palabras delinquens, delinquentis e implica dejar de cumplir con la norma por abandono. Por lo tanto el delincuente es el que comete una falta por abandono. Es interesante como estas palabras difieren del sentido que tienen en la actualidad pero nos dan pistas para poder analizar las conductas de honrados y delincuentes. Delincuencia es el incumplimiento de la norma por abandono, por lo tanto es una persona que ha dejado de hacer lo indicado por la misma. Ahora bien, si nos posicionamos en ese punto de descarga, perdemos de vista que, desde una mirada social y actual, que el llamado delincuente es alguien que abandona la norma porque simplemente no le interesa. Una persona que roba, mata. etc., lo hace no en función de sus decisiones individuales o morales, no es alguien que conoce la norma, que comparte el universo de la misma, y aun así decide saltarla, sino que es alguien que su vida transcurre en otro universo cultural y normativo, diferente al que comparte el resto de la población. En “000. Como la cocaína gobierna al mundo” Roberto Saviano relata una charla de un viejo mafioso a jóvenes mexicanos, en la charla dice “La regla es la regla. Las reglas no son leyes. Las leyes son para los cobardes. Las reglas son para los hombres, por eso nosotros tenemos reglas de honor. Las reglas de honor no nos dicen que tiene que ser justo, bueno, correcto. Las reglas de honor te dicen cómo se manda. Que tienes que hacer para manejar gente, dinero, poder. Las reglas de honor te dicen que tienes que hacer si quieres mandar, si quieres joder al que tienes arriba, si no quieres que te joda el que tienes debajo. Las reglas de honor no tienes que explicarlas. Están y basta. Se han hecho solas con las sangre y en la sangre de cada hombre de honor” Si analizamos atentamente este párrafo vemos que el universo cultural que ordena el pensamiento de determinados grupos sociales, es fundamentalmente diferente al del que tiene el conjunto de la sociedad. En esa diferencia entre regla de honor y ley reside la diferencia entre una persona que decide apropiarse de todo por la fuerza y la que respeta códigos y leyes. Para un joven indigente, que en el momento de su nacimiento tiene trazado su futuro de carencia, abuso, marginación, discriminación, etc., las leyes de propiedad no son más que una mera enunciación, y como dice el texto, respetarlas no es de hombres, sino de cobardes. En su mentalidad es preferible vivir unos pocos años satisfaciendo todos los deseos y necesidades que se tengan, antes que una larga vida de trabajo, sacrificio, pero que a lo largo de la misma, y sus mayores dan cuenta de esto, nunca le permitirán abandonar la existencia miserable en la que se encuentran. El llamado delincuente es un ser humano que ha comprendido el significado de la normalidad y no se encuentra satisfecho con lo que descubre, por lo tanto decide ir más allá de la normalidad, adentrarse en un camino de impugnación del asentido de la propiedad, solo que a diferencia del revolucionario que impugna en la búsqueda de nuevas relaciones sociales, el delincuente lo hace dentro del marco de la aceptación de lo que la propiedad significa, aunque le dé matices diferentes a la manera de obtener la propiedad. Para el delincuente tomar algo que no es suyo no es un delito, es recuperar lo que el futuro le arrebató, y matar no es un crimen, es simplemente un hecho de la vida, hecho al que él también está sujeto, ya que puede ser muerto en cualquier momento. La vida como valor es una significación social imaginaria de la sociedad, profundamente anclada en el humanismo. Pensemos en un primitivo que avanzaba por las praderas y veía a otro con comida, matarlo para quitarle la comida no constituía un delito, una conducta reprochable, sino una respuesta a una necesidad. Esa mentalidad ha atravesado nuestro desarrollo como especie, nos hemos matado, robado, torturado, vejado, en muchos casos sin ningún motivo, solo por el afán de posesión. Entonces cuando un chiquillo de entre 13 y 18 años sale a la calle a robar con un arma en su cintura, lo lógico es que el acto de matar no sea más que una de las tantas variables que existen en el momento de la sustracción, mata porque el otro se resistió, o porque el otro no se resistió, por alguna señal que él cree notar y que le indica una reacción del otro al despojo. La cultura, la educación, la sociedad en definitiva, constituyen formas de represión de los instintos más primitivos del ser humano, por medio de ellas la comunidad trata de reprimir esos instintos vinculados a las pulsiones de muerte, que se encuentran en todos nosotros, que son parte de nuestro equipamiento psíquico, para intentar lograr que transforme esos impulsos en acciones socialmente útiles. En situaciones extremas todos somos capaces de saltar las barreras represivas de lo social y realizar actos que en momentos de normalidad no nos atreveríamos. Por ejemplo en una guerra matamos al semejante sin conocerlo, lo hacenmos por el mero instinto de sobrevivencia. Despojar no es algo que este por fuera de la sociedad que permanente despoja a los ciudadanos de sus ilusiones, de sus sueños, de su futuro y matar no es algo ajeno a los seres humanos, solo que la gran mayoría acepta las determinaciones de las instituciones y acepta su destino como único, que no se puede cambiar y vive una vida anodina y desprovista de sentido. Aquellos que superan esa normalidad, decía, se lanzan a las calles para cambiar su vida, para gozar como lo ven en la televisión, para poder hacer lo que le place sin límites ni sufrimientos. Ahora bien estos son los delincuentes, ¿y que son los honestos’. O mejor dicho, quien puede decir que es honesto. Quien puede decir que no se ha apropiado alguna vez de algo que no le pertenecía, o que no ha infringido una ley. Quien no encontró un billete, un objeto, en la calle y no se lo puso en el bolsillo, quien no intento coimear a un inspector de tránsito para que no lo multe, quien no uso un artilugio para apoderarse de lo que no le correspondía, un lugar en la cola, un asiento en un micro, quien no ha evadido los impuestos si ha podido, quien no le ha arrebatado la mujer a otro (sea amigo o desconocido). Creo que es muy improbable que encontremos alguna persona que no haya cometido alguna infracción a las normas sociales. Cuando un pobre home less ocupa un predio que no le pertenece, comete delito o esta simplemente reclamando lo que no debería reclamar, lo que la sociedad si fuera justa debería darle, un techo en donde vivir. Cuando alguien saquea un supermercado acosado por el hambre, comete un delito o simplemente apela a un último recurso para alimentarse él y a sus hijos en situaciones de extrema pobreza. Es evidente que la definición de delincuente deberá tener gradaciones, cuanto debo robar para serlo, como debo robar para serlo, a quien debo robar para serlo. Lo mismo el que mata, si alguien me ataca con una arma y lo mato es legítima defensa, pero lo maté. Si en una pelea en un accidente golpeo a alguien y golpea contra el cordón de la calle y se muere, no quise matarlo, pero lo maté. La cuestión es a cuantas personas debo matar para ser una delincuente (asesino), a una, a diez, a cien, y en qué circunstancias soy un delincuente, matamos en las guerras, en las revoluciones, en los hechos de conmoción social, para comer, para tener lujos, para vivir, por venganza, por necesidad, por deber, ¿cuándo somos delincuentes?. Un joven que sale a robar y mata, a cuantas personas puede matar antes de que lo maten a él. A cinco, a diez, a quince, creo que en promedio no debe superar las cinco o tal vez menos. Ahora un honesto industrial que es parte del complejo militar industrial y fabrica armas, es responsable de cuantas muertes que ocasionan los artefactos que el fabrica, y cuantas personas mueren en las guerras que el promueve para vender su mercancía, guerras inútiles determinadas por intereses económicos, en definitiva por intereses de clase. Un laboratorio que oculta un fármaco porque quiere hacer negocio con otro, de cuantas muertes es responsable. Cuando especula con los precios de los fármacos (por ejemplo en el caso del SIDA) cuantas personas son víctimas de su especulación. Un laboratorio que vende productos letales para el ser humano que se usan para fumigar los campos cuantas muertes produce en el año. Una empresa como Nike o Adidas que obligan a trabajar a millón es de asiáticos a trabajar por un dólar diario o menos, cuantos obreros e hijos de obreros condenan a una muerte segura por inanición. En la frontera con EE.UU. cuantas personas son destruidas por las maquiladoras para garantizar su lucro de las grandes corporaciones estadounidenses que aumentan sus ganancias con los sueldos de hambre y las condiciones de trabajo que están totalmente prohibidas en su país. Los accionistas, miembros de los consejos de administración, gerentes y demás integrantes de bancos más poderosos de las EE.UU. y Europa que lavan el dinero del narcotráfico como el Wachovia Bank, el City Bank o el Bank of América, son honestos, ellos han podido sobrepasar la crisis del 2007 por los aportes de los fondos provenientes del narcotráfico que blanquearon y son solidariamente responsables de todas las muertes que esta actividad ocasiona en el mundo. La policía a cuantas personas ha matado en la represión a manifestaciones, no solo en los llamados países en desarrollo sino en los llamados países centrales como EE.UU. y Europa. No tenemos estadísticas, peros seguro que son millones. Ahora la pregunta ¿Ud. considera que los accionistas, miembros del directorio, gerentes, de esas empresas son delincuentes? Son perseguidos por la justicia por generar pobreza, indigencia, hambre, miseria, por matar impunemente, por robar la ilusión y la vida decente a miles de millones de seres humanos, evidentemente no, ellos son honestos, no son delincuentes como el pobre pibe que sale a robar un par de zapatillas un celular o unos pesos roñosos y que sabe que no va a pasar los veinticinco años porque antes lo va a matar un policía de gatillo fácil, una patota de ciudadanos honestos, algún delincuente rival, o alguien que hace justicia por sus propias manos. La burguesía monta su discurso de la inseguridad sobre los sentimientos de temor de la pequeña burguesía a perder lo poco que tiene, cosifica a los pobres adolecentes que en lugar de estar estudiando se juegan la vida en una carrera delictuosa, y lleva a los ciudadanos a pedir penas duras. Lástima que el grupo Clarín no pida penas más duras contra Magneto por apropiarse indebidamente de Papel Prensa, para Aranda por destruir la ecología de Entre Ríos para hacer negocios arroceros, para los CEOs de las AFJP que robaron las jubilaciones de toda una generación de argentinos., para los directivos de La Nación por no cumplir con sus deberes impositivos (evadir impuestos). Piense cuando se queja por la inseguridad. Hasta la próxima.