viernes, 10 de marzo de 2017

Introspección.


Circula por las redes sociales una foto que, a juzgar por el pie, donde hay una foto de Mauricio Macri y un texto que dice “Yo estoy con vos”, ha sido enviada por el macrismo. La foto contiene un mensaje que dice y cito textualmente “Inmigrantes que hicieron grande este país fueron nuestros ABUELOS. Nunca hicieron una villa miseria, nunca tiraron una manta en la vía pública, nunca cortaron las calles y nunca pidieron un plan social o pensión. VINIERON A TRABAJAR.” Como tengo una vieja deuda con el racismo y la discriminación que va más allá de mi conciencia actual, quiero analizar este texto y confrontarlo con una cierta cultura que viví en mi lugar de residencia hasta los 18 años, pero que creo, a juzgar por mi experiencia cotidiana, permea a muchos sectores sociales de la argentina. Mis ancestros eran italianos del norte, de la Emilia Romana, mi abuelo vivía en un pueblito, San Próspero, en la comuna de Savigno cerca de Boloña. Mis abuelos vinieron con la inmigración en el siglo XIX y se establecieron en la ciudad de Gálvez. Provincia de Santa Fe. El abuelo Pio Ettore entró a trabajar en el ferrocarril y según cuenta la tradición familiar las cosas fueron bien hasta que un día alguien robó unas herramientas y el capataz lo acusó a él. El orgullo del abuelo se sintió dañado y renunció a su trabajo. Como el ferrocarril era la principal fuente de trabajo en Gálvez, el abuelo y su familia sobrevivieron como pudieron, pero la pobreza se cobró en su cuerpo los sacrificios y murió muy joven, de una enfermedad (creo que respiratoria) dejando a un hijo de 9 años y cinco hermanas mayores adolecentes. La familia sobrevivió con dignidad, es cierto, gracias al trabajo de todas las hermanas que se emplearon en tareas de servidumbre, pero tuvieron una vida de privaciones y pobreza. Mi abuela murió en la década del 50 a los 83 años ciega y sin movilidad, la pobreza también se cobró en su cuerpo tanta carencia. Mi tía Anita (una de las razones por las hoy mi hija lleva ese nombre) derrochaba dulzura y venia frecuentemente a mi casa paterna con montones de regalos comprados con esfuerzo en Casa Tía, pero el trabajar toda su vida cama adentro para una familia de Santa Fe deterioró su cuerpo y su mente y terminó sus días, producto de un Alzheimer o una demencia senil, en una sillita en el patio de mi casa sin reconocer siquiera a su hermano del alma. Crecí en el seno de esta familia de inmigrantes que trabajaron toda su vida pero que en general murieron en la pobreza o como parte de una clase media baja. Mi padre con gran esfuerzo logró criar cuatro hijos y salir de la pobreza, trabajo hasta la extenuación en una empresa eléctrica, pasó su vida alejado de nosotros, vagando en soledad por los pueblos de la provincia, durmiendo en hoteles baratos y esperando las vacaciones anuales que le permitieran compartir unos días con su mujer e hijos. Mi madre tuvo que asumir la conducción del hogar, pero ambos nos dieron un regalo que valoro y aprecio, educación, mi hermano y yo obtuvimos el título de Técnicos Mecánicos en la ENET 1 de Gálvez, el terminó trabajando en la misma empresa que nuestro padre y yo migré a Rosario e ingresé a la Universidad. Mi hermana mayor concurrió a una escuela profesional para mujeres, según el imaginario machista de la época que veía a la mujer en la casa cuidando hijos y la otra terminó en Rosario sus estudios de bachiller. Creo que progresamos todos, pero seguimos siendo miembros de una clase media baja, el techo que tuvieron millones de descendientes de inmigrantes, y digo techo porque muchos más millones son pobres o indigentes, viven en asentamientos precarios (villas). Sin agua o cloacas, con un medio ambiente rodeado de inmundicias, plagado de enfermedades curables, pasando frio en invierno y calor en verano, con pocas posibilidades de acceso a la educación primaria, menos en la secundaria y casi ninguna en la universitaria, viviendo un presente carenciado sin futuro. Volvamos al texto, “Nunca hicieron una villa miseria”, este argumento es falso, la gran mayoría de los inmigrantes vivían en las grandes ciudades hacinados en conventillos, en condiciones miserables, tal vez los que migraron al campo pudieron tener una casa de ladrillo y barro construida con sus manos, pero no era precisamente un palacio. En las décadas del 50’ y 60’ ocurrió un fenómeno interesante, muchos hijos de inmigrantes, que vivían en villas de emergencia y producto de las políticas keynesianas que favorecieron la industrialización y el consumo pudieron salir de ellas, tener sus casas de material y gozar de algunos placeres de clase media como el turismo, acceso a la salud, etc. Pero esa línea ascendente de integración social ser interrumpe en 1966 con el golpe contra Illia, y a partir de 1975 con el plan Rodrigo se profundiza la pobreza y la indigencia. En 1974 el índice de pobreza era del 4,57%, en 1982 del 21,55%, en 1985 del 14,19%, en 1989 llegó al 32,29%, en 2002 alcanzó el 42,29%, en 2006 bajó al 18,22% en 2010 vuelve a crecer 29,5%, en 2015 28,7% y en 2016 32,9%. La indigencia pasó del 5,19% en 1982, al 2,56% en 1985, 11,66 en 1989, 16,22% en 2002, 5,79 en 2006, 8,3 en 2010, 5,30% en 2015 y 6,30% en 2016. Fuentes INDEC y EDSA-UCA). En general las estadísticas de los diferentes entes dedicados a la medición de la pobreza varían, pero muestran una curva decreciente de la pobreza y la indigencia hasta 1975, crece durante la dictadura militar para tener una breve baja en la primera parte del gobierno de Alfonsín, creciendo en la segunda, vuelve a ceder en los primeros años de los 90’ y alcanza su pico máximo en 2002. El programa neokeynesiano del kirchnerismo retrotrae la pobreza y la indigencia a niveles de mediados de los 80’ pero vuelve a crecer hacia 2010 y da un salto en 2016. Las villas de emergencia son el producto de la migración de los pobres del campo, desalojados por la falta de trabajo por incorporación tecnológica (cosechadoras, sembradoras, etc.) y de las malas condiciones laborales y de salud combinadas con salarios bajos inflación y devaluaciones que adelgazaron los bolsillos de los trabajadores. Las mismas se reducen hasta la década del 70 pero luego vuelven a crecer, producto de que los hijos de los trabajadores que habían logrado salir de ellas deben volver por el empobrecimiento creciente durante los planes neoliberales de dictaduras y gobierno democráticos. Por lo tanto, los compañeros que viven en asentamientos precarios no lo hacen porque les gusta, sino porque en las grandes ciudades no tienen otra opción por la falta de terrenos para construir sus casas, por la falta de recursos para hacerlo, por carencia de apoyo financiero y social del estado, altos alquileres, etc. Y es falso que los abuelos inmigrantes no vivieran hacinados y condiciones deplorables, existe gran cantidad de datos gráficos que demuestran las condiciones de hacinamiento, indigencia y pobreza en que vivían nuestros abuelos, fundamentalmente en las ciudades. En cuanto a “nunca tiraron una manta en la vía pública, nunca cortaron las calles y nunca pidieron un plan social o pensión”, es cuanto menos equivocado ya que en la década del 40 por ejemplo hubo una gran conflictividad social, con huelgas y movilizaciones, que alcanzó un punto alto en la gran movilización del 17 de octubre de 1945, y no tiraban mantas en las calles porque la indigencia no eran tan grande como ahora. Alguien podría pensar que un ser humano que tira un colchón o una manta en la calle para dormir lo hace de puro extravagante, o de vago, solo en el desvarío de una parte de la pequeña burguesía discriminadora puede caber esa idea. Lo hacen porque no tienen donde dormir, porque no tienen para pagar una pensión y están obligados a pernoctar en la calle. Las otras dos cuestiones, cortar calles y cobrar planes sociales, son producto de la inequidad de la Argentina, donde 10 familias tienen más del 50% de los bienes, y la gran mayoría vive en la miseria. Los planes sociales y los piquetes son hijos de las políticas neoliberales, los primeros como una forma de tapar el empobrecimiento de las grandes masas, y los segundo ante el hartazgo de los ciudadanos con NBI (necesidades básicas insatisfechas) que reclamaban y no eran escuchados. Son el producto de las malas elecciones, sobre todo de los sectores de clase media que llevan al poder a gobernantes corruptos, codiciosos e inescrupulosos como Mauricio Macri, que cuando tienen poder solo piensan en hacer negocios ellos y sus amigos, parientes y favorecedores a costa del hambre y la miseria de los trabajadores. En argentina aumentó en un año 11,5 millones la cifra de pobres y ello no se debe a vagancia o desidia, sino que es porque se aumentó la luz, el agua, el gas, los peajes, a niveles insoportables y ello se transfirió a los precios generando una inflación que duplicó la de 2015 y los años anteriores, todo ello para bajar los subsidios a las mineras, a los terratenientes, a los agroexportadores y favorecer la bicicleta financiera de los bancos que ganan fortunas con la especulación o para robar 70 mil millones de pesos auto perdonándose una deuda como la del Correo Argentino. En este último año vivimos un proceso exponencial de concentración de la riqueza en cada vez menos manos a costa de los trabajadores, por eso se agudiza la lucha de clases con grandes movilizaciones docentes, de empleados públicos, de miembros de las pequeñas y medianas empresas, de las mujeres trabajadoras, por eso las organizaciones sociales hacen piquetes, por eso los pobres piden ayuda al estado, son formas de decir que no aguantamos más la vejación y la humillación de la pobreza, de no poder llevar un plato de comida a nuestros hogares, de ver esfumarse no solo nuestro futuro, sino fundamentalmente el de nuestros hijos. Pero la foto de referencia contiene un ingrediente más, la estigmatización de la pobreza. Los británicos en la época isabelina consideraban la existencia de pobres merecedores y no merecedores, los primeros eran los minusválidos, los huérfanos que requerían la asistencia del estado, los segundos en cambio eran pobres porque querían, dado que contaban con las capacidades de trabajar y si no lo hacían era por desidia. La burguesía tuvo e instaló en la sociedad siempre el imaginario según el cual el que no progresaba era porque era un vago, el que trabajaba y se esforzaba vivía cada vez mejor. Lo que la burguesía ocultó siempre es que si vagos hablamos hay que hablar de los empresarios, financistas, que no se esfuerzan para nada y ganan millones a costa del esfuerzo de trabajadores mal pagos que se hacinaron y hacinan en las barriadas obreras de las grandes ciudades. Este imaginario respecto del trabajo oculta que en un proceso laboral existen dos clases de sujetos fundamentales, los dueños del capital y los que solo pueden ofrecer su fuerza de trabajo, estos últimos lograron con luchas y mártires disminuir la jornada de trabajo de las 144/168 hs. semanales de trabajo en los siglos XVIII y XIX a las actuales 30/44. Para un burgués del siglo XIX una persona que trabajaba 30 hs semanales era un vago, para un burgués dentro de 50 años una persona que trabaja 20 hs semanales será algo común. El trabajo constituye un valor importante, por él nos mantenemos, educamos nuestros hijos, pagamos nuestra vivienda, pero no lo es todo, no constituye el centro de nuestras vidas, porque los seres humanos necesitamos compartir con las personas que amamos, divertirnos, hacer turismo, recrearnos, tanto o más que trabajar, y para que esta utopía suceda deberemos arrancarles a los burgueses lo que les robaron a nuestros abuelos, a nuestros padres e impedir que nos sigan robando a nosotros o a nuestros hijos y ello solo es posible con piquetes, huelgas, movilizaciones, lucha. Un último comentario, el pensamiento racista y discriminador que subyace al texto de la foto no es nuevo. Recuerdo como se enojaba mi inefable tía Anita cuando nos escuchaba decir ante algo mal hecho que era cosa de negros. Hace años se instalaron en Gálvez unos pobres e iniciaron un barrio precario, pero muchos de sus habitantes creen que la causa de la inseguridad es porque están esos pobres, la pequeña burguesía estigmatiza al pobre, al villero, al indigente, al home less, pero ello se debe a un profundo temor de llegar a estar algún día en esa situación, algo terrible para un actor social que pretende identificarse con la burguesía y sus usos. La gran burguesía, fundamentalmente identificados con el macrismo no toleran que los pobres quieran gobernarse a sí mismo, no toleran distribuir sus bienes obtenidos de manera corrupta mediante la explotación y el robo al estado, la evasión de impuestos o los actos de contrabando y mafia que han realizados por más de dos siglos. En argentina es hora de decir basta. Hasta la próxima.

martes, 7 de marzo de 2017

En honor a los docentes.


Hace algunos días leí una nota en la que el redactor se refería a la intensa emoción que implica para una persona escribir su propio nombre. La lectura me trajo muchos recuerdos y me llevó a los lejanos tiempos de la escuela primaria, en el colegio nacional n° 34 de Gálvez. Recordé a algunas de las maestras, que en aquella época eran señoritas, y algunas señoras casadas como la Sra. de Chavero, la señorita Luque, la señorita Pérez, al maestro Giovannini, o la más recordada y tierna de las maestras que tuve, la Srta. Gorosito. En ese tiempo, ella no tendría más de 20 años, pero quedó grabada a fuego en mi corazón, por sus enseñanzas, por sus palabras, pero, por sobre todo, por el profundo amor por sus niños. Con ella aprendía, además de conocimientos útiles en mi vida hasta hoy, los valores importantes de una sociedad solidaria. Tal vez lo más importante que me enseñó la señorita Gorosito fue a confiar en mí mismo, a creer en mis potencialidades, a ir hacia adelante. En la primaria aprendí las letras, los números, la geografía, la historia, pero también aprendí a ser crítico, a desconfiar de lo que era incuestionable, a buscar mis propias respuestas. Allí forjé a mis primeros amigos y amigas, esos compañeros y compañeras inolvidables que me acompañaron durante 8 años en la aventura de aprender. Construimos una relación que estuvo soldada con la alegría de vivir y el compañerismo, aun hoy, cuando solemos encontrarnos algunos, disfrutamos de abrazarnos, de recordar viejas anécdotas que ocurrieron en los patios vetustos de esa entrañable escuela. En esa escuela tuve mis primeras rebeldías, que llevaron a la Sra. De López a decirle a mi madre, muchos años después, en una mercería, “Ud. Es la mama de Carlitos, ese niño era la piel de judas en la escuela”. Íbamos a la escuela con alegría, disfrutábamos de esas cuatro o cinco horas que pasábamos en ella, en tiempos en los que nuestro país no había pasado las experiencias dolorosas que vinieron después de la mano de dictaduras cívico militar sangrientas que lo asolaron. Por esos años había claridad en los valores, un juez era un juez, un periodista buscaba la verdad, un político buscaba el bien común, el policía era ese señor que nos decían en la escuela estaba en las esquinas para cuidarnos, lo demás existía, pero eran excepciones. Recuerdo que los maestros y maestras cobraban tarde y mal, la remuneración de la tarea docente era, por lo general, un segundo sueldo en la familia. La maestra era considerada por el imaginario colectivo la segunda madre y la escuela el segundo hogar. Pero por sobre todo íbamos a la escuela a aprender, a formarnos, no íbamos por la copa de leche que en los hechos no existía, no íbamos a almorzar porque para ello teníamos la mesa familiar, todos los niños que iban a la 34 tenían sus cuatro comidas diarias, y era una escuela para niños de clase media o media baja, hijos de trabajadores. Todos con el guardapolvo blanco, sin diferencias, todos iguales y todos tratados como iguales por los maestros y maestras, que mejor aprendizaje social que ese, la de unos adultos que nos trataban como iguales, que impartían justicia en el aula con equidad, que se preocupaban por todos, y si alguna vez estaban atentos a lo que le pasaba a algún alumno o alumna era porque constituía el eslabón más débil de la cadena, o porque estaba pasando un mal momento. En la escuela aprendimos que de nada vale el dinero sino se es honrado, que de nada valen los bienes materiales sino somos solidarios con los demás, si no nos preocupamos por los que menos tienen, por lo que más sufren. En esas décadas del 50´y 60´Argentina no era un paraíso, pero era una Argentina que querríamos recuperar. Crecí en una pequeña ciudad de provincia, de solo 15.000 habitantes, en la que se dejaban las puertas abiertas, pocas eran las ventanas que tenían rejas, y en general era más por estética, los vecinos no tocaban timbre entraban hasta el patio al grito de Clemencia estas allí. La palabra inseguridad tenía otro sentido, era el miedo a que lo que hacíamos nos lastimara, o era inseguro un cable pelado, pero nunca tenía la semántica policial que tiene ahora. Recuerdo que recorría las 10 o 12 cuadras que separaban mi casa de la escuela solo o con mis compañeros de escuela, no recuerdo el amontonamiento de padres a la salida esperando a sus hijos, volvíamos tan solos como habíamos ido, únicamente las maestras con sus rostros bondadosos, en la puesta de la escuela esbozaban un hasta mañana niños, mientras nosotros “blancas palomitas” como en la tira de Jacinta Pichimahuida, corríamos a nuestras casas a escuchar por la radio “el León de Francia” o “Míster Fox lo sabía”, o cuando llegó la televisión para ver “Cuero Crudo” o “el Zorro”. La escuela estaba en consonancia con una sociedad que pretendía educar a sus hijos en valores, en el amor por el trabajo y por el conocimiento, en el amor por el prójimo. Era una escuela que pertenecía a una sociedad en la que los fines de años los vecinos se saludaban amablemente, a veces ponían sus mesas en la calle y compartían el bullicioso despido del año, o cuando un vecino necesitaba algo sabía que el vecino de al lado lo iba a ayudar en lo que pudiera. Pero también era una sociedad en la que la pobreza y la indigencia retrocedían año a año, la clase media engordaba y todos los argentinos teníamos sueños. ¿Cuándo se rompió esa sociedad?, tal vez el 28 de junio de 1966 cuando las hordas salvajes del miedo echaron a un viejo y honesto presidente de la casa de gobierno (que debió tomar un taxi para irse) para comenzar a instalar una nueva subjetividad, en la cual el sueño de una Argentina más justa y equitativa se fue por las cloacas, abriendo paso a la avaricia y el descontrol de los que buscaban solo ganancias. Los medios de comunicación dejaron paso a nuevos programas, a nuevos noticieros, a nuevas novelas, y la escuela se quedó sola, muy sola tratando de proteger los viejos valores de una sociedad que estaba cambiando aceleradamente. Los maestros dejaron de ser apóstoles y se comenzaron a verse a sí mismo como trabajadores, crearon sus sindicatos, salieron a las calles a defender sus derechos. Aun en dictadura, recuerdo haber asistido en 1970, a una marcha docente en la que se prohibían los carteles partidarios, los maestros eran trabajadores, pero no eran partidistas, no pertenecían a un partido como maestros. La sociedad no pudo procesar el cambio, no pudo entender porque la segunda madre salía a las calles a pedir mejor sueldo, acaso no tenía el sueldo de su marido que la mantuviera. Es que la sociedad cambiaba, pero seguía siendo machista, seguía teniendo el sesgo patriarcal. Cambiaron los planes de estudio para la formación de maestros, desaparecieron las escuelas normales, pero la escuela sigue siendo el lugar donde los niños aprenden a escribir su nombre por primera vez. Es innegable que la escuela actual está en crisis, es innegable que necesita cambios, pero también es innegable que continúa teniendo el sesgo igualador de aquellos años. Hoy se le pide a la escuela, y por ende a los maestros y maestras, que cubran lo que la sociedad niega. Se han desvirtuado sus funciones, para algunos padres es el lugar donde arrojan a sus hijos mientras van a trabajar, para otros es el comedor gratuito, pero para todos, la formación moral y ciudadana está lejos de ser una de las funciones primordiales de la escuela. Los primeros, cuando hay una huelga de maestros no se fijan que cobran sueldos que los ubican entre la línea de pobreza y la de indigencia. Quieren que sus hijos tengan 180 días de clase, para que ellos puedan ir tranquilos a sus trabajos, sabiendo que el o los hijos están en el aguantadero público o privado. Sería interesante más que investigar cuanto saben los chicos que asisten a las escuelas, saber cuánto le preguntan los padres sobre lo que aprendieron. Los segundos, acorralados por la pobreza que no les da tregua, necesitan imperiosamente alimentar a sus hijos y muchas veces los magros sueldos que cobran no les alcanza para las cuatro comidas diarias. Entonces en vez de preguntar al hijo que aprendió hoy en la escuela, suelen preguntarle que comió hoy en la escuela hijo. La sociedad se ha vuelto más violenta, y de eso saben mucho los maestros y maestras de muchas escuelas donde los niños se agreden mutuamente, agreden a sus educadores, donde padres son violentos con los maestros y maestras, donde los directivos muchas veces están más pendientes del formulario burocrático que de organizar creativamente el aprendizaje. Y entonces el maestro o la maestra son unos superhéroes no reconocidos por la sociedad. Enseñan, dan de comer, cuidan a los niños, son mediadores de conflictos, y por sobre todo son víctimas del salvajismo de una sociedad que dejó atrás el paisaje pastoril para trastocarse en la selva inclemente que es la sociedad neoliberal. En esta Argentina racista, discriminadora, cuando hay una huelga docente no ocurre lo que vi en aquella huelga del 70 cuando padres y alumnos acompañaban a sus maestros y maestras que reclamaban en las calles. Hoy la prensa canalla, los comunicadores al servicio de esa prensa canalla pretenden instalar en la sociedad que los docentes son vagos, que trabajan pocas horas, que son privilegiados, que les quitan a los niños el derecho a asistir a la escuela, como si al gobierno actual le interesara la educación de los niños, como si les interesara la educación de los argentinos. Hoy más que nunca debemos estar junto a los maestros y maestras, porque solo hay una manera de tener educación de calidad y es empezando por tener escuelas dignas con docentes bien pagos, los demás es pura cháchara de la burguesía conservadora que lo que busca es que cada vez seamos más ignorantes. Hasta la próxima.

domingo, 29 de enero de 2017

Andá a laburar, vago.


Como es sabido, el principal interés del capitalismo como sistema económico, es la ganancia. Para incrementar las ganancias, el capitalista debe bajar los costos, entre los costos considerados por los capitalistas, según la afirmación de Mauricio Macri está en primer lugar los salarios, por lo tanto, un capitalista para maximizar su negocio ha de pagar los salarios más bajos posibles y lograr el mayor rendimiento de sus trabajadores en la jornada laboral. Un capitalista vernáculo, aduce que no puede competir con los productos importados porque son mucho más baratos, dado que en sus países de origen se pagan salarios muchos más bajos, lo cual es una verdad a medias. Analicemos la cuestión, es cierto que Adidas, Nike, y otras empresas depredadoras transnacionales, por tomar un caso, pagan salarios bajísimos a sus trabajadores en países como India, Filipinas, Pakistán, Kazajistán, Kirguistán, etc. Pero no es menos cierto que en los países avanzados, como por ejemplo Luxemburgo, Noruega, Austria, EE. UU, Reino Unido, etc., se pagan salarios mucho más altos (diferencias que van de 10 a 200 dólares diarios) y sin embargo tienen economías competitivas, sin contar los costos adicionales que hay en países con una alta protección del trabajador que no o lo tienen los países más pobres. Cuál es el secreto, pues la alta productividad del trabajo producto de la incorporación tecnológica, y por otro lado la existencia de mercados internos en los países más desarrollados que viven del consumo interno, y que potencian las ganancias de sus capitalistas. Por lo tanto, la primera conclusión a la que arribamos es que con salarios bajos no se logra desarrollar un país, solo se logra aumentar la pobreza extrema y la dependencia de los centros de poder económico mundial. En países como Argentina, en donde su salario promedio ronda los 55 dólares diarios y con baja incorporación tecnológica en gran parte de sus industrias, la lógica capitalista ubicaría la clave para desarrollarse es la inversión genuina en tecnología y el sostenimiento e incremento de los salarios para lograr un mercado interno que fortalezca a las empresas y las motive a invertir para poder competir. Pero es sabido que en nuestro país, los gobiernos conservadores de derecha que gobernaron la mayor parte de nuestra historia, siempre apostaron a la competitividad de los productos primarios en los mercados internacionales, ello no solo es evidente en los datos de la evolución económica, sino también en la subjetividad de los actores locales que definen al país como el granero del mundo, centrando como el mayor y más importante jugador de nuestra economía a los productores agrarios y apostando muy poco al desarrollo industrial. La Argentina tuvo momentos de expansión industrial en los períodos de las grandes confrontaciones bélicas mundiales, en las entre guerras y en las post guerras, periodos en los que los países beligerantes estaban destruidos y requerían de materias primas. A partir de la década del 60’ y particularmente luego de la gran crisis de 1975 (Rodrigazo) Argentina no supo implementar planes de desarrollo industrial y su economía naufragó en los ajustes neoliberales que veían en las restricciones económicas a los sectores obreros y populares un modo de incrementar el reparto desigual de la renta, enriqueciendo a los grandes propietarios y empobreciendo a la clase obrera y a crecientes sectores de la clase media. Los ajustes siempre implicaron recortes en los gastos sociales, disminución de las plantillas, precarización del trabajo, aumento de las jornadas laborales, disminución de los salarios, etc. Su consecuencia a lo largo de las sucesivas gestiones neoliberales fue la constricción del mercado interno, la caída del consumo por menor poder adquisitivo del salario en virtud de los recortes y aumento de la pobreza y la indigencia que ha tenido una curva ascendente constante a partir de los comienzos de la década del 70’. Hoy Argentina está nuevamente gobernada por los mariscales de su derrota, los neoliberales, solo que en virtud de la mala prensa que tiene la palabra ajuste, hoy se la denomina sinceramiento, pero sus consecuencias son las mismas que surgieron cuando se aplicaron recetas neoliberales, aumento de la desocupación, recorte de los gastos sociales, caída de los salarios, menor consumo, incremento de la pobreza y la indigencia en beneficio de la concentración de los bienes en pocas manos, etc. Frente a la nueva catástrofe económica que se avecina, el gobierno de Mauricio Macri ha comenzado a desarrollar propuestas negativas para la mayoría social como el quite de los subsidios a los servicios lo que ha redundado en su encarecimiento, trata de bajar los salarios, ha producido una fenomenal transferencia de ingresos hacia los sectores económicamente más concentrados como el agro, las mineras, los exportadores, etc. Todas estas medidas ni siquiera se han demostrado beneficiosas en el largo plazo ni para la gran burguesía que comienza a ver un horizonte de oscuros nubarrones en su porvenir económico. Entre las medidas desesperadas que se plantean tomar se encuentra la modificación de la ley de contratos de trabajo (ya modificaron por decreto la ley de ART precarizando más el trabajo y aumentando los riesgos de los trabajadores) con el argumento de que el problema de la argentina es que no se trabaja. Hemos visto al propio presidente y sus ministros hablar de la baja productividad y la poca contracción al trabajo de los argentinos. La inefable hipócrita, Elisa Carrió, que durante el año de gobierno de Cambiemos ha mostrado su ideología reaccionaria y depredadora al servicio de la superexplotación de la clase trabajadora, se ha sumado al coro de políticos y periodistas amanuenses que claman contra la poca vocación de trabajo de los argentinos. El papel de la prensa, sobre todo de los periodistas a sueldo para decir (y ocultar) lo que le conviene al régimen de acumulación implacable que pretende construir la derecha conservadora en argentina es fundamental. Antes de implementar alguna medida de carácter reaccionario, estos periodistas inundan las percepciones de los argentinos de falsedades haciéndoles creer la versión de los problemas que tiene el gobierno. Entonces, el problema de la Argentina no es la falta de inversión, la casi inexistencia del mercado interno, la voracidad de la gran burguesía que quiere cada vez más ganancias, las asimetrías sociales insoportables que en tan solo un año ha desarrollado el gobierno de Macri, sino la actitud de los trabajadores argentinos que no tienen ganas de trabajar. Veamos una perla en “La Capital” del 29 de enero de 2017. El reaccionario y derechista periodista Diego Vega, en una columna en la página 12 de esta edición afirma: “Demasiados discursos políticamente correctos que deberían entender que un país se pone en marcha trabajando, y no plagado de feriados.” Para Vega, el problema de la Argentina son los feriados, no la asimetría social y las políticas de hambre y miseria implementadas por el gobierno nacional, y por supuesto, aunque no los dice explícitamente, es la cantidad de feriados que en tiempos del kirchnerismo tenían los trabajadores que viajaban por todo el país haciendo mini turismo, y como Olmedo el idiota diputado salteño, Vega piensa que hay que ponerse a trabajar. Que cree Vega que han hecho los trabajadores a lo largo de dos siglos de vida nacional, tal vez para Vega se rascaron el higo a dos manos. El discurso del “aquí no trabaja nadie”, “lo que pasa es que los argentinos son una manga de vagos” es un discurso que además de falso de toda falsedad, está en línea con las políticas de superexplotación de la derecha vernácula. Veamos los datos de las horas trabajadas en los diversos países de nuestro planeta. Según la consultora GetVoiP con datos de los gobiernos de Singapur, Japón, el departamento de trabajo de EE.UU. y la U.E., elaboró los cuadros que acompañamos, en los que se evidencia con claridad que en Argentina se trabaja mucho, ubicándose en el puesto 36 en un orden que va de los que menos horas trabajan por semana a los que más trabajan por semana, trabajándose más de 2000 horas anuales que la ubica muy por encima de los países más desarrollados en cantidad de horas trabajadas. Cuando observamos el cuadro de salarios medios en el mundo, Argentina se ubica en el puesto 41, teniendo un salario medio inferior a países como Lituania, Jamaica, Rusia Estonia, Bosnia, Macedonia, Hungría, etc. Resulta claro que los medios de comunicación hegemónicos pretenden convencernos que los trabajadores debemos ser pobres e indigentes, como dijo el inefable presidente del Banco Nación Javier González Fraga, debemos dejar de creer que los trabajadores con nuestro salario podemos comprar celulares, televisores, casas, hacer turismo y mini turismo y convencernos que nuestro destino es vivir en asentamientos precarios. El intento en el discurso neoliberal es que seamos positivos, porque como dijera otro inefable ministro Marcos Peña, ser crítico, no necesariamente es ser inteligente, claro porque si somos todos boludos ellos pueden explotarnos a piaccere. Para que no nos sigan engañando busquemos información, veamos lo que ocurre en el mundo, luchemos, solo así el futuro será nuestro. Hasta la próxima.

jueves, 26 de enero de 2017

Crónicas Marxianas. por Carlos Bonantini: Las invasiones bárbaras (e hipócritas)

Crónicas Marxianas. por Carlos Bonantini: Las invasiones bárbaras (e hipócritas): Los romanos denominaban bárbaros a aquellos pueblos que no estaban incluidos en su imperio. Por lo general el peyorativo refería la falta d...

Las invasiones bárbaras (e hipócritas)


Los romanos denominaban bárbaros a aquellos pueblos que no estaban incluidos en su imperio. Por lo general el peyorativo refería la falta de conocimiento del griego y el latín de los miembros de estas comunidades. En general, el barbarismo fue conocido como un estadio intermedio entre el salvajismo y la civilización, encarnada por supuesto, por los romanos. Lo curioso es que ese “otro” al que se referían los romanos, poseía una cultura y una civilización en muchos puntos más avanzada que la de los romanos, al punto tal que el propio imperio sucumbió al avance de los llamados barbaros, a medida en que fue pudriéndose lentamente encerrado en sus propios prejuicios y fanatismos. En argentina, en democracia, durante algún tiempo, se construyó una cultura de la inclusión, de respeto hacia el “otro”, fueron tiempos en que se intentó construir una cultura de la solidaridad, de la inclusión, de la cooperación, tiempos en los que las personas sentíamos la necesidad de ayudar al más vulnerable, en que no discriminábamos al que era diferente, tiempos en los que parecía que el racismo y la xenofobia eran cosas del pasado. Los argentinos buscamos durante algún tiempo caminar juntos, de la mano, sintiéndonos hermanos, pero hoy constatamos que aquello fue tan solo un espejismo, En las sombras, las tenebrosas fuerzas del oscurantismo estaban agazapadas para dar el zarpazo y retrotraer la república democrática a la edad de piedra. Curiosamente, esta restauración conservadora se hizo mediante un relato que hipócritamente nos habla de la felicidad, del estar unidos, de respetar la opinión del otro, mientras que en la práctica, se está construyendo una país con presos políticos, con ciudadanos cada vez más pobres y con cada vez menos derechos, y en la vereda de enfrente, ciudadanos cada vez más ricos, con la totalidad de los derechos, llegando al caso de poder poseer un lago y evitar que los argentinos gocemos de nuestras bellezas naturales. A diferencia de Roma, en donde las invasiones bárbaras duraron varios siglos, en argentina, los propios argentinos, instalamos a los bárbaros en la casa de gobierno y nos sometimos a ellos sin decir nada. Y los bárbaros, que se camuflaron de civilizados, mostrándose con elegantes trajes de CEOs, hablando sofisticadas jergas de empresarios, haciendo alarde de una erudición vacía de contenido, y en un abrir y cerrar de ojos acometieron salvajemente contra lo que tanto nos había costado construir. Con suaves modales de sicarios entrenados, con voces seductoras cuidadosamente estudiadas, no dijeron que reconstruíamos un país entre todos, que los años anteriores habían sido una ilusión, que los pobres no podíamos tener celulares, LCD, hacer turismo, tener salud de primera, educación de calidad, y comenzaron a esculpir la denigrante es-(cultura) en la que ellos, los salvadores de la civilización estaban en la cúspide para salvarnos de nosotros mismos, que de una vez y para siempre debíamos aceptar nuestro destino miserable y el orden natural en el que, los seres humanos, tenemos destinos preestablecidos según los cuales los más adaptados, los más eficaces, los que han sabido forjarse una posición tienen el derecho (aunque sea un derecho heredado) de gozar de sus riquezas, y los otros, los que nunca tuvieron oportunidades, lo que no recibieron educación de calidad, los que nacieron en hogares humildes, en asentamientos precarios, ellos tienen que conformarse con su horizonte oscuro y trabajar sin denuedo para garantizar las utilidades que les permitan a los elegidos gozar de todos los derechos y bienes. La pregunta que surge es muy sencilla, ¿cómo hicieron unos pocos (no más del 5% de la población) para construir una subjetividad sometida que lleva al otro 95% a aceptar tanta miseria e indignidad? Es lo que en el mundo se llama la revolución conservadora que se estructuró a partir del fin de la segunda guerra mundial, pero que sentó sus bases durante la década de los 80’ cuando la derecha conservadora pudo empezar a ver los frutos de su obra de restauración conservadora en el mundo. Cristian Laval y Pierre Dardot, en su libro: “La nueva razón del mundo” de Editorial Gedisa, nos dicen que erróneamente se definió al neoliberalismo como un plan económico, lo cual es, pero que es mucho más que ello, “el neoliberalismo antes que una ideología o una política económica es, de entrada y ante todo, una racionalidad, y que, en consecuencia, tiende a estructurar y organizar, no solo la acción de los gobernantes, sino también la conducta de los propios gobernados” (pagina15 de “La nueva razón social del mundo”.) Lo que se había basado en la restauración conservadora de los ochenta, se afianza en los noventa cuando se produce la debacle del socialismo real. La burguesía ya no tiene los límites que el precario dique de los estados llamados “socialistas” había impuesto a sus proyectos de rapiña internacional y entonces se lanza desaforadamente a la colonización de la subjetividad de los dominados mediante un mecanismo que no solo incluye a la complicidad de los académicos, que comienzan a deconstruir el discurso keynesiano que había posibilitado el estado de bienestar en los países capitalistas infiltrando a los dirigentes políticos con sus teorías estrambóticas como la del derrame, sino que tienen en sus manos una herramienta mucho más contundente y con mayor poder de penetración en las culturas subordinadas: los medios de comunicación. La construcción de esta nueva subjetividad no es tarea de un día, ni de un gobierno, es un plan sistemático trazado por los centros de poder mundial para lograr el sometimiento consensuado de los sectores más vulnerables de la sociedad. Es mucho más que un plan económico, es el desarrollo pleno del pensamiento heredado, basado en la heteronomía normativa, según la cual las normas no son construidas por los actores sociales, ni siquiera por actores presentes, sino que los ciudadanos respetamos normas heredadas que vienen desde el fondo de los tiempos bajo la forma de significaciones sociales imaginarias que permiten moldear instituciones fundamentales para la explotación social, como por ejemplo la sacralidad de la propiedad privada, la distribución injusta de los bienes, los derechos de los más poderosos que les permiten hacer y deshacer las vidas de los dominados, etc. Por supuesto, que los 10 hombres y mujeres más ricos del mundo tengan el 50% de los bienes mundiales conduce necesariamente a la construcción de un ejército de marginales, excluidos, pobres de solemnidad sin propiedades ni derechos, los que habitan casillas miserables, en medio de ecosistemas inmundos y enfermantes, sin ningún derecho que no sea la mendicidad o el sometimiento a condiciones miserables de vida y de trabajo. En el medio, una extendida “clase media” que tiene algunas posesiones y que por ello cree imaginariamente que es parte del mundo de los privilegiados, los que en las bacanales de la burguesía comen las sobras y creen estar sentados en el banquete. Este sector social, tremendamente vulnerable, blanco de los jóvenes y personas con conflicto con la ley, los que sin tener conciencia de ello impugnan el pensamiento heredado y salen por las calles a recuperar lo que la sociedad les ha arrebatado por generaciones, su vida y su futuro, clama angustiosa e infructuosamente por lo que llaman su seguridad, sin ver que la seguridad (o inseguridad) es parte del sistema social injusto que hunde en la miseria y deja sin futuro a las grandes mayorías populares. Como los bárbaros necesitan a este sector disciplinado y obediente del lado de sus intereses, desde los medios agitan el discurso de la inseguridad y la emprenden contra todos aquellos jóvenes que son portadores de cara o de gorrita, de tez oscura, con algún antecedente inmigratorio, que se atreven a incursionar en el ejido urbano. El pensamiento bárbaro en la actualidad se caracteriza por su falta de horizonte de visibilidad y la necesidad de dar respuestas, aunque estas sean inconexas y no coordinadas. Entonces, al discurso la ablación de los derechos conquistados, se suma el relato del encierro, y gritan como energúmenos, nos están matando como a moscas, que desaparezcan, que los encierren, no importa su edad. Tienen que ser encerrados y torturados y por qué no, ajusticiados. Así aparecen propuestas de bajar la edad de imputabilidad para que se pueda penar a los niños, de hacer leyes más duras que penen a los pobres con encierros en condiciones más denigrantes que las que tienen en libertad, diferentes formas de espionaje a los ciudadanos que, a la manera de gran hermano, pretenden controlar y que sepan que son controlados para lograr el efecto de subordinación de clase más tremendo, la auto subordinación. Estamos muy cerca de que, como en otros países de Sudamérica salgan bandas de autodefensa a perseguir y matar jóvenes para terminar con la “inseguridad”. La sociedad se está barbarizando, está construyendo una constricción ciudadana cada vez más asfixiante, está retomando los senderos de las dictaduras genocidas que pulularon en épocas nefastas de nuestra historia reciente, y solo nosotros, los ciudadanos podemos reconstruir una sociedad de valores en la que la solidaridad, la salud de la población, el bienestar general, la igualdad social, la libertad de pensamiento, el derecho a asociarse sin temor a ser encarcelado primen sobre el modelo en el que el lucro y el rendimiento son valores esenciales. Hasta la próxima.

jueves, 12 de enero de 2017

La razón de la existencia.


Desde sus orígenes, la humanidad corrió desesperadamente en busca de un horizonte que siempre se encontraba en la línea de fuga de la vida, en ese punto inalcanzable. El sentido de la vida es un interrogante que torturó a todos los grandes pensadores de la humanidad, y para evadir imaginariamente este tormento, ellos crearon las utopías, relatos fantásticos de mundos magnificentes, que nadie había conocido, pero al que todos anhelaban encontrar. Las utopías, tienen el valor de ser inalcanzables, pero constituyen un punto de referencia para la vida de los hombres. El carácter de la utopía es ese, ser algo de lo que habla, que se lo busca, que se construye permanentemente, pero que, como la línea del horizonte, cuando más marchamos, más lejos está. Detrás de la construcción de las utopías, se encuentra la pregunta por el sentido de la vida. No es necesario ser filósofo, cualquiera de nosotros, criaturas mundanas, removibles, perecederas, que sabemos que tenemos fecha de vencimiento, aun cuando en la etiqueta no figure, nos hemos preguntado en algún momento, ¿para que vivimos?, ¿para qué vivo? Luchamos, trabajamos, criamos hijos, construimos empresas, nos odiamos, nos hacemos zancadillas, y todo para que, si al final, como dice el mandato bíblico, “del polvo venimos y al polvo vamos”. Pero es justamente ese destino inexorable el que nos impulsa a crear. La creación es una hermosa gambeta que, cual eximios jugadores, hacemos a la muerte, es como decirle, vos nos vas a llevar, pero nosotros quedaremos en este lugar, en nuestras creaciones, y eso no lo podés evitar. El poeta, el pintor, el intelectual, el político, todos tratan de hacer obra, pero también el obrero, el albañil, el administrativo, el comerciante, hacen obra, o, mejor dicho, hacen la obra que los hace a ellos. Forjamos nuestra identidad, modelamos nuestra subjetividad a través de la acción, pero esa acción no es ciega, es más que una acción, es una visión, que nutre nuestro psiquismo, que construye nuestra identidad. Cada uno de nosotros contempla extasiado su obra, se regocija en ella, como el padre lo hace en su hijo cada vez que nota que está recorriendo el camino del desarrollo. Se cuenta que Gaudí, murió mirando la sagrada familia, la iglesia catalana que él había diseñado. Para verla en su totalidad camino hacia atrás y no pudo ver al tranvía que se lo llevó puesto. Cuando me contaron la historia no pude evitar pensar que ideas cruzaron por la mente del arquitecto en el preciso momento en que extasiado miraba su obra y era atropellado por un tranvía. Muchas veces me he preguntado, que haré cuando deje de trabajar en la universidad, que será de mi vida, he pasado en ella (como estudiante, egresado y profesor) casi medio siglo, he vivido experiencias intensas, y lo que eufemísticamente puedo llamar mi obra (algunos libros, varias decenas de artículos y unos cientos de ponencias a congresos) la he realizado tras los muros de la facultad de psicología. No admito otra vida que no sea en esa organización, parafraseando a un empresario que un día, mirando por la ventana, dijo, hay vida fuera de nuestra empresa, allí en la calle hay personas que se ríen, que lloran, que comen y que nunca pertenecieron a esta empresa, yo podría decir hay vida después de la universidad, ella no es toda la sociedad, peor aún, es tan solo un átomo de la sociedad, solo una ínfima parte de los cuarenta y pico de millones de habitantes de la argentina que están en la universidad (en las universidades nacionales hay 1.824.904 alumnos, 189.692 docentes, 49144 administrativos, es decir 2.063.740 personas) menos del 5% de la población, y sin embargo para nosotros la universidad es el mundo, más que ello es el universo completo de vida, sensaciones, emociones, pasiones, etc. Pero, y esto es significativo, el porcentaje de la producción intelectual de los integrantes de la universidad es muy pequeño relativo a la producción intelectual del país (libros, diarios, multimedios, etc.). Porque si es tan poco significativo lo que producimos, porque si nuestra incidencia en el producto interno bruto es tan insignificante, los universitarios creemos ser el motor fundamental de la creación, pues, porque, lo que muros adentro de la misma se hace, es nuestra obra, es lo que significa nuestras vidas y es lo que determina nuestra razón de ser, de existir. Es muy interesante observar como un hecho tan presente en nuestra existencia, tan inquietante al momento de enfrentarnos a ella, la muerte, no registra muchas reflexiones sobre sus características, significado y biología. En general, lo mucho que hay escrito sobre la muerte, se refiere a las reflexiones sobre la vida después de la muerte. Los seres humanos necesitan esquivar a la muerte que saben que los espera en algún lugar, en algún momento, con búsquedas utópicas como las de la vida después de la muerte, y por ello crearon entidades como el alma, el espíritu, entidades que están unidas a la materia corrompible que constituye la fisiología humana, pero que, en el momento del pasaje a la inercia de esa materia, se despega de la misma y adquiere autonomía para ingresar a una dimensión distinta, nueva, eterna, placentera. Todas las religiones se crearon para mitigar este miedo ancestral de los humanos a su desaparición, y todas inventaron algún tipo de mundo transmaterial en el que se depositaron las almas que abandonan los cuerpos sin vida. Sin embargo, la muerte constituye un dato igualitario para la especie, ella acontece a todos los seres humanos, no importa que sean ricos, pobres, feos, hermosos, inteligentes necios, todos terminamos siendo abrazados por esta señora que inexorablemente nos lleva al valle del olvido. A veces pienso, a que le tememos más, a dejar de existir, o a ser olvido. Tomemos un ejemplo, si alguien me pregunta quien fue mi padre o mi madre contestaré inmediatamente, si me pregunta quienes fueron mis abuelos, tal vez pueda responder pero me costará un esfuerzo intelectual mayor, si me indagan sobre la identidad de mis bisabuelos es muy difícil que pueda contestar, necesariamente tendré que recurrir a una investigación, ni pensar que la pregunta se refiera a mis tatarabuelos, o a mis choznos, directamente creo que ni con una investigación podría contestar, y entonces me cuestiono, quien era aquel sujeto que por primera vez usó mi apellido, que pensaba, que hacía, que sentía, y siento la congoja de no poder saberlo. Tal vez él se halla preguntado si lo recordaría alguien unos cientos de años después. Soy el último eslabón de una larga cadena que se remonta a los primeros organismos unicelulares, esta cadena es única y llega hasta mí, como miles de millones de cadenas llegan hasta cada uno de los seres humanos que existimos, mi cadena se continúa en mis hijos, ellos podrán cortarla o continuarla en sus hijos, como mis ancestros lo hicieron en su momento, pero reflexionar sobre esto, me permite esclarecer acerca de la obra que cada humano realiza con la gestación de los hijos, sostener a la especie, que es un inmenso colectivo de más de siete mil millones de personas, cada uno como punto actual de su cadena, cada uno como punto de continuidad en sus hijos de esa cadena. Cada uno de nosotros que muere sin hijos, es una cadena que se corta, es una ruptura del mandato de la vida, que existe y se sostiene evitando a la muerte en la continuidad de esas largas cadenas de existencia. La lucha entre la vida y la muerte, es la lucha por la existencia, personal, individual, pero también colectiva, de la especie, que sistemáticamente se niega a desaparecer y que por ello constituye un organismo supraindividual que perdura en el mecanismo de procreación. Todos estamos de paso por el mundo, es como una visita turística, estamos un tiempo, vemos, disfrutamos y nos vamos, algunos son más recordados por la magnitud de la obra, Platón, Aristóteles, Buda, Cristo, Confucio, Marx, Freud, y tantos otros que persisten y son hablados en diferentes momentos, otros no tienen esa presencia, pero son dichos y recordados en menor cuantía, otros desaparecen arrastrados por el viento del olvido que arrastra las arenas de la vida, pero todos han dejado una huella en la existencia, grande o pequeña, y la razón de su vida ha sido esa obra que perdura más allá de la muerte. Hasta la próxima.

sábado, 31 de diciembre de 2016

El paraíso terrateniente.


A lo largo de nuestra historia como país independiente la burguesía argentina ha tenido en común un interés estratégico, el dominio del capital sobre el trabajo. En este canon coinciden todos los burgueses, la propiedad privada es sagrada, derecho que les garantiza usufructuar su posición de privilegio como dueños de los medios de producción. Mao sostenía que para analizar la estructura social de un determinado país y sus connotaciones políticas era necesario determinar dos tipos de contradicciones, la contradicción secundaria que es la que puede existir entre diferentes sectores de una misma clase social y que por lo tanto es resoluble en el marco del modo de producción y la contradicción principal que es la existente entre diferentes clases sociales y que solo es resoluble por medio de una revolución social, de un cambio copernicano que transforme las estructuras societarias. Hubo un momento muy importante en la historia argentina, que Milciades Peña, el conocido escritor e historiador trotskista, denomina el paraíso terrateniente. En este período, que genéricamente va desde la revolución de mayo hasta fines del siglo XIX, la burguesía argentina funcionó como un solo bloque en el que los terratenientes ganaderos eran hegemónicos. Si bien había otros sectores, como la burguesía comercial porteña, o algunos nodos de artesanos productores en el interior del país, estos no tenían ni la fuerza política ni económica para hacer frente a la gran burguesía terrateniente reunida en torno a la Sociedad Rural Argentina. Es un momento de gloria para este sector que hacía muy buenos negocios exportando carneas y productos primarios al mundo, especialmente a Gran Bretaña, esa burguesía, que Sarmiento denominó la oligarquía con olor a bosta de vacas, tenía un proyecto de país para unos pocos, en el que la industria no tenía ningún espacio. Los nombres arquetípicos son muy conocidos en la historia, Alzaga Unzúe, Patrón Costas, Menditeguy, Martínez de Hoz, Anchorena, Mitre, Pérez Compan, Menéndez Behety. Ocampo, etc. En el siglo XIX fueron los que tuvieron un poder omnímodo y basaron su patrón de acumulación en la explotación de los peones rurales, y en la persecución de los gauchos que, aunque con ingenuidad, se rebelaban a su poder. Es un momento en el que la burguesía cumple el rol de gerenciamiento de los intereses imperialistas, particularmente los británicos, como quedó demostrado en la guerra contra el Paraguay industrial y pujante. El Dr. Francia inició un proyecto industrialista que llevó al Paraguay a ser el primer país de América que producía hierro en altos horno. Este fue un proyecto de una burguesía inteligente que continuaron los sucesores de Francia. El Paraguay de los López era un pésimo ejemplo en América desde la óptica de los intereses británicos. Era un país rico, ordenado y próspero, se bastaba a sí mismo y no necesitaba productos manufacturados provenientes de Inglaterra. Abastecía de yerba y tabaco a toda la región y su madera en Europa cotizaba alto. Veinte años había durado la presidencia del padre, don Carlos Antonio López, hasta su muerte en 1862, al que continuó su hijo el Mariscal Francisco Solano López. Las oligarquías nativas sumisas al imperio inglés, no solo inventaron una guerra, la guerra de la triple alianza, sino que cuando entraron en Paraguay arrasaron el país que a partir de entonces quedó sumido en la más profunda de las miserias y atraso. Eran tiempos del fraude y la represión a cualquier intento de diferenciación política. Felipe Varela, el Chacho Peñaloza, caudillos del interior pagarán con su vida la rebelión contra el poder de la burguesía ganadera de Bs. As. Recién en el último cuarto de siglo comienzan a aparecer ideas diferentes enunciadas por intelectuales del propio riñón de la oligarquía. Sarmiento y Alberdi definirán un programa industrial en un país que no tenía industrias. Ambos visualizarán la necesidad de logran atraer a los obreros industriosos de norte de Europa para crear una masa crítica de trabajadores industriales. El problema fue el mismo que el que relata Marx cuando se refiere a Mr. Peel, industrial ingles que tuvo la idea de poner una fábrica sobre el río Swan, llevando obreros y máquinas, pero cuando llegaron al destino los obreros vieron las tierras libres y abandonaron a Peel y comenzaron a labrarlas. Marx dice pobre Mr. Peel no entendió que el obrero lo es porque está dentro de un sistema social en el que no puede poseer medios de producción, pero cuando los tiene a mano abandona esa condición. Los obreros que venían de Europa (fundamentalmente Italia, España) ante la inmensidad de la pampa se lanzaron a colonizar las tierras vírgenes. Un puñado de ellos, emparentados con las labores industriales comenzaron a fundar fábricas como, Cambaceres, Biecker, Terrabussi, Canale, Hergo, Franchini, Maderoff, etc., y que en 1887 fundan la Unión Industrial Argentina. La inmigración, el desarrollo de un sector profesional necesario para abastecer de cuadros de dirección a las nuevas empresas, la constitución de una masa de obreros industriales hace surgir nuevas clases en argentina, las que originariamente serán representadas políticamente por dos grandes partidos, la Unión Cívica Radical y el Partico Socialista Argentino. Surgen entre los sectores burgueses tradicionales agrupados en los partidos conservadores y la Sociedad Rural Argentina, y los nuevos sectores burgueses medios y pequeños burgueses contradicciones secundarias que no siempre serán resueltas por la vía pacífica, como ocurrió con la revolución del parque en 1890 y el levantamiento radical de 1905. El centenario encontró una Argentina tan convulsionada que los festejos fueron en el marco del estado de sitio. El siglo XX se caracterizó por el ascenso de las mal llamadas clases medias representadas primero por el radicalismo y luego por el peronismo. Estos movimientos de profunda raigambre popular concedieron nuevas libertades y derechos a los trabajadores sindicalizados y la argentina se convirtió en un país en el que el ascenso social era posible. Entre 1916 y el final de siglo XX se sucedieron períodos de democracia representativa burguesa y dictaduras militares o democracias tuteladas. Mientras en los primeros los sectores subordinados de la sociedad adquirían derechos en base a su conciencia “en si” (que son una clase social) motor de sus movilizaciones y luchas reivindicativas, los golpes y dictaduras militares abrogaban esas conquistas y volvían hacia atrás la rueda de la historia. Desde 1984 asistimos a un período inédito en la historia argentina de 32 años ininterrumpidos de gobiernos democráticos y representativos, algunos de los cuales, Alfonsín y Kirchner respondieron a las matrices radicales y peronistas de origen popular y democrático y otros como los de De La Rua y Menem fueron cooptados por la derecha conservadora. La novedad que se instaura en 2015 es la de un gobierno conservador en el que los empresarios ganan el poder por elecciones. Macri representa lo que en el decir popular se llama el país atendido por sus dueños. Por primera vez el poder real (económico) coincide con el poder formal (político) y se comienza a ensayar un programa de restauración conservadora con el que se pretende recomponer la gloria del paraíso terrateniente. No es casual que las primeras medidas del macrismo se orientaran a beneficiar a los terratenientes, al capital financiero, a las mineras y los exportadores, que constituyen la base económica de su gobierno, en detrimento de las conquistas obtenidas por los sectores trabajadores y profesionales durante los doce años de gobierno kirchnerista. Lo peligroso de esta restauración es que no se limita a una nueva redistribución de la riqueza, sino que ha cooptado al poder judicial y ha judicializado la política, poniendo en marcha un dispositivo de persecución contra los opositores políticos, que aunque originalmente revista el ropaje de persecución del kirchnerismo, en poco tiempo se mostrará como un amplio plan destinado a conculcar los derechos de los trabajadores y la libertad de expresión de aquellos que no aceptan el sometimiento a la gran burguesía conservadora en esta moderna alianza de los capitalistas terratenientes, exportadores y capitanes de la industria, que reúnen a la gran industria que hace negocios con el estado y la obra pública. Por primera vez en 32 años la argentina tiene presos políticos, se reprime ferozmente las protestas obreras, se persigue a opositores, se domestica al aparato de justicia para ponerlo al servicio del gobierno, y se busca eliminar conquistas históricas como paritarias, agremiación libre, generar contratos de trabajo basura, aumentar la precariedad laboral, etc. Este paraíso terrateniente lo es para unos pocos (menos del 10% de la población) o para aquellos que ingenuamente se identifican con sus verdugos y creen en el derrame de la riqueza concentrada en un bajo porcentaje de los ciudadanos. Los medios de comunicación se han monopolizado y en ellos solo se puede escuchar las voces de amanuenses o sicarios de la palabra al servicio de sus patrones y tapan los desaguisados del gobierno y los actos de corrupción generalizados que comenten los funcionarios estatales. En argentina tenemos un estado que se está corrompiendo hasta la médula en donde su presidente es evasor fiscal, contrabandista, coimero, etc. Esta corrupción generalizada ha llevado a aumentar la deuda externa a niveles preocupantes y el déficit fiscal producto del desmanejo e los fondos públicos para beneficiar a unos pocos creando una situación de dificultad crónica para. además de los habitantes actuales, a las generaciones futuras. Solo la movilización popular podrá derrumbar el paraíso terrateniente como ya lo hizo en otros momentos de nuestra historia. Hasta la próxima.

lunes, 12 de diciembre de 2016

Gerardo y Milagro.


Desde hace unos días una duda recorría mis debilitadas neuronas, ¿Por qué Gerardo Morales odia tanto a Milagro Sala? Sería un error de análisis superficial considerar que la odia por ser su adversaria, menos aún por ser kirchnerista o peronista. Si fuera un odio político, más debiera odiar al “perro” Santillán que, por lo menos en un momento, fue comunista, y es sabido que la derecha odia y teme más a los comunistas que a los peronistas, con estos últimos puede hacer alianzas, como por ejemplo la que hizo con el Frente Renovador de Masa. El odio de Gerardo es mucho más profundo, discriminador y con una raigambre de clase. Por siglos los de su clase, bandoleros, contrabandistas, mercenarios, aventureros asolaron América a punta de pistolón y espada, mataron a los integrantes de los pueblos originarios que se les opusieron y esclavizaron a los que se sometieron. Curiosamente, esa esclavitud se basó en los preceptos de la iglesia, esclavizar era entonces sinónimo de cristianizar, y como hay, la oligarquía les ofrecía a los pueblos originarios un mundo extra terrenal en el gozarían de todo lo que estos bárbaros les arrebataban por la fuerza. La mita, el yanaconazgo, la encomienda eran parte de las herramientas jurídicas con las que los colonizadores sometieron a nuestros pueblos originarios. El tema de Gerardo me empezó a dar vueltas en la cabeza cuando volví a ver “Los santos inocentes”, esta película fantástica narra las condiciones de explotación y servidumbre a las que fueron sometidos los obreros rurales españoles hasta entrada la década del 60´. En uno de sus pasajes narra una reunión de burgueses agrarios donde una persona joven, dueño de un cortijo, afirma no entender a los jóvenes (explotados) de su época (entre las décadas del 50´ y el 60´ cuando España comenzaba a despertar de la larga pesadilla franquista). Estos jóvenes trabajadores rurales no respetaban las jerarquías y migraban a las grandes ciudades en busca de oportunidades. La sociedad es jerárquica, afirma el terrateniente, esto es el orden natural, como no lo pueden entender. Allí encontré la clave para comprender el odio enfermizo de Morales a Sala. No odia a Milagro, ella es tan solo un símbolo de una etnia que ya no está dispuesta a seguir siendo explotada por los señoritos que por siglos los humillaron. Milagro es una para Morales la representación del miedo que sienten estos sectores parásitos, que en su vida supieron lo que es trabajar, lo que es sentir el hambre de sus hijos, sentir como mueren de enfermedades prematuras o curables por falta de una medicina social al servicio de los más vulnerables y que hoy toman conciencia de sus derechos y dicen a voz de cuello, “no más”, que se movilizan para luchar por sus derechos, por la tierra que los oligarcas les robaron, por sus creencias, en definitiva por su dignidad humana, y los Morales temen, temen como teme el tirano que durante años usurpó el poder y siente que este se le está diluyendo de las manos como la arena seca. Morales no es Morales, es también una representación social de una clase que durante la colonia usufructuó derechos ilegítimamente obtenidos a punta de pistola y que después de la revolución de mayo sacralizó en la constitución, donde se preocuparon porque la misma respetara la santidad de la propiedad privada, el privilegio de las elites explotadoras y sus derechos omnímodos sobre las clases sometidas, en gran parte del norte argentino perteneciente a las etnias originarias. Morales odia que una “sucia india” como ellos mencionan a los pueblos originarios, se haya atrevido a pensar por sí misma, asumiendo conciencia de clase para sí, que salga a la arena política a disputarle el poder a los de su clase parásita. Y más aún, Milagro se atrevió no solo a discutir lo “natural” para Gerardo, la jerarquía social, la estructura piramidal en cuyo vértice están los que mandan y gozan de la riqueza y en la base los que obedecen y nada tienen. Cuando era joven se contaba en Gálvez, la ciudad mediterránea de Santa Fe en la que pasé mi infancia, que un día un peón de estancia fue a la casa de su patrón, un rico estanciero, y le solicitó humildemente un aumento de su salario, porque con la miseria que le pagaba no podía vivir, el estanciero, no dijo nada, entró a la casa, salió con una escopeta de dos caños, y le descerrajó dos balazos y lo mató en el acto. Por supuesto, como el estanciero sabía, estuvo muy poco tiempo detenido, que vale la vida de un obrero, que importa que haya muerto, importa que se atrevió a cuestionar, aunque mínimamente, el poder del estanciero y este en su “derecho natural”, lo mató. Esta es la matriz de pensamiento de una burguesía agraria atrasada y conservadora que perdura en el norte argentino, para ellos los trabajadores son nada y solo sirven para servirlos, pero cuando se organizan, forman un movimiento social, y más aún, demuestran ser excelentes gestores de los dineros públicos, en la primitiva conciencia de los conservadores, más que un avance, es una terrible afrenta. Como una “india” como Milagro se atrevió a construir viviendas dignas, escuelas para los suyos, piscinas, espacios recreativos, no se la podía dejar en libertad, si hasta se atrevió a ser electa diputada por el parlamento regional (el Parlasur), luego que pretendería, ser gobernadora, presidenta. Paremos la mano dijo Gerardo, se está subvirtiendo el orden natural, debemos encerrarla, pero no al cuerpo de Milagro, sino a sus ideas, Gerardo no comprendió que quiso decir Sarmiento cuando dijo “barbaros, las ideas no se matan” (ni se encierran agrego yo). Gerardo no comprendió que la democracia que el pretende instalar en Jujuy ya casi no existe en el mundo, y el mundo se volvió contra él, la ONU, la OEA, La Comisión Interamericana de Derechos humanos, Amnistía Internacional, constitucionalistas que supuestamente son de su palo como Roberto Gargarella, o periodistas adictos al neoliberalismo como Joaquín Morales Solá, reconocieron el error de Gerardo, pero como dicen en Jujuy, Gerardo además de conservador es psicótico, y un psicótico no puede leer la realidad, y cada organismo, cada medio de prensa, cada jurista que cuestiona el encarcelamiento arbitrario de Milagro, es kirchnerista o está influenciado por el kirchnerismo, el mundo al que Gerardo quiere abrirse, al que quiere ingresar de la mano de Cambiemos, es un mundo kirchnerista, pequeño delirio, solo cabe una pregunta, no hay psicólogos o psiquiatras que en acto de humanidad lo traten a Gerardo, porque en Alemania un psicótico con delirios de grandeza terminó asesinando a propios y extraños y provocó una catástrofe de proporciones en la historia del siglo XX. Entendemos que Gerardo no es Hitler, es tan solo un pequeño cabo con pretensiones de Führer, pero su delirio puede llevar a que haga un desastre y por qué no, se corre el riesgo de que asesine a alguien, en primer lugar, a Milagro, la ley de fugas fue ampliamente utilizada en un pasado reciente en Argentina por estos sectores de la burguesía conservadora. Los que nos oponemos a la barbarie radical en Jujuy debemos considerar dos cuestiones, en primer lugar que cuando cuestionamos a un psicótico no valen las palabras, en su delirio Gerardo cree que solo él tiene la razón, y a los terratenientes jujeños les conviene porque con él hacen pingues negocios, y por lo tanto, es tiempo que pasemos de las palabras a los hechos, debemos hacer una marcha federal inversa, de Argentina a Jujuy. Todas las organizaciones democráticas y sociales como la CONADU, la CONADU histórica, CTERA, las CTA, los organismos de derechos humanos, madres, abuelas, etc., partidos de izquierda, movimientos piqueteros tienen la capacidad de organizar una gran marcha sobre Jujuy para pedir la libertad de Milagro Sala, porque tanto Milagro como Gerardo son dos representaciones fuertes y antagónicas de la Argentina, Milagro de la Argentina democrática y libertaria, inclusiva y solidaria, de reivindicación de los humildes, de los desheredados de la tierra, Gerardo de la Argentina oligárquica e invasora, parásita y explotadora, heredera de la dictadura genocida, amante de la muerte y la inequidad, insensible, corrupta, venal. Hoy los argentinos debemos decidir cuál de las dos argentinas queremos, pero debemos hacerlo en las calles jujeñas, lograr liberar a Milagro es romper nuestras propias cadenas, esas que el conservadurismo de Cambiemos está anudando a nuestro derredor, y entonces el himno nacional será una realidad “oíd el ruido de rotas cadenas” librándonos para siempre de los parásitos oligárquicos. Hasta la próxima.

domingo, 4 de diciembre de 2016

La falacia democrática.


En primer lugar, quiero dejar claro que la democracia burguesa, como la que hay hoy en Argentina es mucho mejor que una dictadura militar como las que tuvimos en nuestro país. Pero la democracia burguesa, tal como está expresada en nuestra constitución, es una verdadera falacia democrática. Así como hemos afirmado que la democracia griega era una democracia limitada, en ella no podían participar los esclavos, los metecos, las mujeres, etc., en nuestra democracia encontramos también límites, y si algo tiene de universal, es el voto, el único derecho democrático del que gozan todos los ciudadanos. La democracia en Argentina ha virado a un escenario meramente mediático, en el que solo transitan actores reconocidos y donde el ciudadano común tiene vedado su paso. Pregúntese el lector cuantas veces ha concurrido a manifestar su opinión a un set de televisión, o cuantas veces ha visto ciudadanos (de a pie, como dice la expresión común) en esos set. El carnicero, el obrero, el intelectual, el maestro, etc., raramente son portadores de la palabra en los medios de comunicación. Lo grotesco es esos programas que incitan al ciudadano a participar, y esa participación se reduce a enviar un mensaje de texto o de voz, que por supuesto, son cuidadosamente seleccionados por la producción del programa, no vaya a ser que en el montón se cuele una opinión que le pueda costar un dolor de cabeza a los que hacen el programa. En los programas televisivos, cuando hay ciudadanos comunes, están en la tribuna, no tienen voz ni participación, salvo cuando se los incita a aplaudir. Rara vez un programa invita a ciudadanos con problemas para que expresen su opinión, y son una rareza los conductores que le otorgan la palabra a estos ciudadanos. Las entrevistas callejeras con intencionadas, el movilero por lo general determina con su interrogatorio la respuesta, casi siempre hace preguntas que tienen contenidas la respuesta esperada. Cuando uno mira los programas “políticos” ve siempre a los mismos invitados, los que se repiten hasta el cansancio y realizan los mismos enunciados todos los días. No existe debate, porque el debate es respetar al que habla, escucharlo con atención y refutar lo que no se acuerda, en general, en estos programas solo hay una vocinglería que aturde, pero de la que el espectador no puede llegar a entender nada porque los políticos y periodistas asistentes se tapan unos a otros. Uno puede saber la tendencia del programa por los invitados que asisten, por ejemplo, “Animales sueltos” tiene un elenco estable de conservadores reaccionarios como Feinmann, De Pablo, Zunino, Santoro, Berenstein y el conductor que es un conservador reaccionario al servicio de los mandatos del canal, Alejandro Fantino. Es un claro ejemplo de posicionamiento reaccionario y de derecha, donde las únicas opiniones son las de los defensores de las políticas conservadoras y neoliberales que asolaron al país. Lo interesante es que periodistas, diputados, funcionarios, cuando hablan siempre dicen que hay que escuchar la voz del pueblo, lo que el pueblo pide, lo que necesita, y la pregunta es: ¿han visto alguna vez a alguien integrante de esa categoría difusa? El sistema democrático de Argentina se basa en lo prescripto en la constitución que dice que el pueblo no delibera ni gobierna, sino a través de sus representantes. Ahora bien, que grado de representación tienen los representantes, si no existe ninguna ley que los obligue a cumplir con sus promesas de campaña. En la actualidad gobierna un señor que hace exactamente lo opuesto a lo que prometió en campaña, lo votan diputados que ganaron por un sector político diametralmente opuesto al del que gobierna y que luego que asumieron su cargo se convirtieron en más oficialistas que los oficialistas. Esos diputados, senadores, funcionarios, nunca dan cuenta a sus electores de lo que deciden, jamás consultan con ellos, más aún toman la decisión que se les ocurre o que se corresponde con sus intereses personales. Y por añadidura, no son votados por la gente, porque salvo algunos cargos ejecutivos en los que se vota directamente a una persona (Presidente, gobernador, intendente) en general los ciudadanos votan listas completas en las que no conocen a los que están (por ejemplo en Santa Fe votamos en una lista a alguien que vive en una ciudad de la frontera norte o sur a la que no vimos nunca, no conocemos, no sabemos cómo piensa y que una vez instalado en la cámara votará como le indique el jefe de la bancada, el ejecutivo, o se saltará de partido sin más ni más y recibirá una jugosa compensación por su cambio. Aun en escenarios de organizaciones más pequeñas y acotadas como por ejemplo las facultades los sindicatos, etc., donde hay órganos colectivos decisión y en las que tenemos al “representante” a una distancia de un brazo, estos consejeros, dirigentes no consultan sobre las decisiones que toman. y acá no importa el color político, se puede ser de derecha, centro o izquierda, siempre se seguirá la lógica del representante-representado. Pertenezco a una pequeña facultad de la Universidad Nacional de Rosario, la Facultad de Psicología, me ha desempeñado en ella como profesor durante 33 años, sin embargo nunca, y ello es taxativo, fui consultado para tomar una decisión de la facultad, nunca a mis colegas o a mí, a los estudiantes, graduados, no docentes se les preguntó si estaban de acuerdo con lo que se resolvía, los veinte consejeros que integran el consejo directivo hacen lo que les conviene a sus intereses o su facción sin consultar a los interesados, a los que sufrirán esas consecuencias. Y esta conducta fue visible durante todas las gestiones, aun las de “izquierda” como la que dirige la facultad desde 2015. La Universidad debería ser un espacio de debate por excelencia, sin embargo, es el espacio de clientelismo político, de arbitrariedad en las decisiones, de discriminación por las ideas, y en ello reside una de las causas de su notable declive de los últimos cincuenta años. En las democracias modernas, aun de claro carácter burgués, existen mecanismos de debate y decisión sobre problemas centrales a la vida ciudadana, de clara participación colectiva. Por ejemplo, en Italia, hoy se está llevando a cabo un referéndum para reformar aspectos de la constitución, no lo deciden algunos diputados, son todos los ciudadanos (en Italia y en el exterior) los que deciden aceptar o rechazar la reforma propuesta. En Gran Bretaña se votó el Brexit en un referéndum (sea bueno o malo es lo que decidieron los ciudadanos). Un ejemplo más cercano, Uruguay, mientras Menem privatizaba las joyas de la corona con una decisión inconsulta y autoritaria, los uruguayos fueron a un referéndum para vender su compañía telefónica (y rechazaron la venta). En los niveles municipales sería posible discutir y decidir sobre las cuestiones barriales de manera asamblearia, sin embargo, los políticos se oponen porque ello les quitaría parte de su poder omnímodo de representación, y por lo tanto haría más delgados sus bolsillos carentes de coimas y prebendas a cambio de su voto. Existen formas de democracia participativa, que hasta han sido aplicadas en algunos lugares del mundo y aun de nuestro país como la revocatoria de los mandatos. Es decir, si algún representante (presidente, gobernador, intendente, jefe comunal o legislador nacional, provincia o municipal) no cumple con sus propuestas de campaña, que es un verdadero contrato con sus votantes, cualquier ciudadano, que reúna una cantidad de avales, podría iniciar una acción de destitución, aun cuando le falten años para terminar su mandato. Para ello sería necesario que las propuestas más importantes de los políticos fueran registradas bajo declaración jurada y en manos de un notario. Aumentar la participación implicaría que los candidatos que se votan se correspondieran a zonas acotadas de la geografía nacional o provincial, de manera que sus propuestas referirían a la problemática de la región de origen. Es tan desconocida la identidad y trayectoria de muchos representantes que en una ciudad como Rosario de un millón de habitantes no conocemos a los concejales y no son conocidas las decisiones que toman. Una democracia participativa requiere también de un proyecto educativo que forme para la ciudadanía participativa. En las escuelas se les da a los alumnos una formación para la subordinación, para obedecer, para aceptar ser dominados, no se favorece el espíritu crítico-reflexivo. Ese estudiante que obedece sin criticar a su maestro, luego obedecerá a su patrón, a un gobernante, etc., sin cuestionamientos y la base de la vida social implica como punto de partida el cuestionamiento, no dar por verdadero nada, poner todo en tela de juicio, aun aquello que nos parezca más evidente. Vivir en una democracia participativa es más difícil para los dirigentes y más transparente para los dirigidos, pero es un camino que nos lleva al verdadero cambio social, sin falsedades ni hipocresías. Hasta la próxima.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Y en eso llegó Fidel


Siempre me gustó la canción de Carlos Puebla, sobre todo la parte de “seguir de modo cruel, la costumbre del garito, hacer de Cuba un garito y en eso llegó Fidel” seguida por el estribillo, “Se acabó la diversión, llegó el comandante y mandó a parar”, porque en esa canción se expresa el antes y después del triunfo de la revolución cubana. Cuando me enteré de la muerte del Comandante de América escribí en Facebook: “Podemos haber tenido diferencias con Fidel, pero hoy son nada. Se fue un grande, hoy se apagó una de las llamas más potentes de la historia humana, los pobres, los desposeídos, los vulnerables de América Latina ya no tendremos esa figura ecuménica que nos daba seguridad. El Hidalgo Quijote se fue, muchos son los molinos que cayeron ante su avance, muchos más los que tendremos que derribar, pero su figura, su ejemplo, crecerá día a día como la del Che, nos acompañará siempre. Al lado de cada revolucionario, de cada humanista, de cada solidario, seguirá caminando el legendario Fidel. Hasta la victoria siempre. Comandante.” Esa canción expresa la situación, no solo de Cuba, sino de la América Latina, tierra irredenta, despojada de su identidad y de su dignidad por los diversos imperialismos que la avasallaron a lo largo de varios siglos. Antes de la revolución, Cuba era, efectivamente, el garito pornográfico de EE.UU. Los mafiosos americanos se habían apoderado de la isla con la anuencia de un dictador sanguinario, Fulgencio Batista. Cuando el grupo de revolucionarios desembarco en las playas cubanas, luego de la terrible travesía del Granma, lo hizo cerca de la playa Las Coloradas, y no imaginaba que estaba empezando a escribir una de las páginas más gloriosas de la historia de la lucha de los oprimidos y explotados con el capitalismo. En solo tres años un puñado de guerrilleros que no superaban la docena se convirtió en una fuerza imparable que derrumbó el corrupto régimen de Batista. A lo largo de casi 60 años el castrismo gobernó la isla. Como decía en Facebook, no todos fueron aciertos, pero tampoco no todos fueron errores. Como en todos los países en que existieron gobiernos preocupados por sus ciudadanos, que buscaron mejorar la calidad de vida de los mismos, achicar la brecha entre pobres y ricos, mejorar la educación y la salud, a Cuba se la criticó despiadadamente, y la principal crítica centro en la falta de democracia. Claro, habría que preguntarse de que democracia estamos hablando, los que criticaron a Fidel, son los demócratas que tiraron las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, son los que bombardean a diario los pueblos del medio oriente, los que cometieron un verdadero genocidio en Vietnam, los que fundaron en panamá la “Escuela de las Américas” para enseñarles a los militares genocidas de América Latina a torturar, matar, oprimir y explotar a quienes estaban en contra de los intereses de Washington y de las grandes burguesías nativas y aliadas. Se puede discutir si en Cuba en estos últimos 57 años hubo una auténtica democracia obrera o si el régimen cubano decantó hacia un socialismo burocrático en el que una minoría dirigente y elitista fue la que tomó las decisiones en nombre del conjunto de los trabajadores, se puede discutir si hubiera o no sido posible construir un modelo democrático basado en la democracia directa, con consejos obreros y asambleas populares, por multiplicidad de actores políticos, con libertad absoluta de crítica, en definitiva, se puede discutir el grado de libertad que existió en la isla. Algunos estarán de acuerdo con las estructuras políticas del castrismo, otros en desacuerdo y algunos acordarán con algo y criticarán el resto. Pero lo que no se puede discutir es que un Cuba se constituyó en un estado soberano, donde las decisiones se tomaron dentro de ese estado, resistiendo la presión terrible del imperialismo americano, la crítica falaz e interesada de los medios de comunicación, y un bloqueo ilegal que condenó al pueblo cubano al sufrimiento y la carencia. Argentina, país rico si los hay, ¿cuánto hubiera resistido un bloqueo de tal magnitud, que impidiera que entrara los más elemental y necesario al país?, ¿los que salieron a la calle pidiendo que liberen las exportaciones, que vendan dólares, que querían viajar al exterior por placer?, cuantas manifestaciones a sus gobernantes hubieran hecho por esa carencia, aun cuando ello fuera causado por la voracidad del régimen capitalista significado en EE.UU. No hay que llamarse a error, Castro no estuvo solo durante estos 57 años, vivió acompañado por su pueblo que lo bancó, porque su proyecto dotó a la isla de educación, salud y previsión social a aquellos que en su inmensa mayoría tenían negados estos derechos. En Cuba no hay analfabetos, en Cuba la salud es gratuita para todos, en cuba todos tienen derecho a una vejez segura, no es precisamente lo que ocurre en el resto de los países de América Latina, y menos aún en EE.UU. Pero Castro no se contentó con generar cambios en Cuba, tuvo una destacada acción política en América y diversas regiones del planeta, donde además de ayuda logística y militar a los movimientos de liberación nacional, otros ejércitos ayudaron a conquistar la libertad cultural e ideológica, los ejércitos de educadores, de alfabetizadores, que llevaron las letras a todo el subcontinente, los ejércitos de médicos y trabajadores de la salud que conquistaron el cariño de los desheredados del planeta, Cuba, además de hablar de solidaridad revolucionaria, la practicó efectivamente y ese es uno de los grandes aportes del castrismo al cambio cultural de la humanidad. Castro nos deja además de sus cientos de discursos, como el que pronunció en la escalinata de la Facultad de Derecho cuando vino la última vez a Argentina, y que fue ovacionado por miles de presentes, la primer y la segunda declaración de la Habana, verdaderas piezas de referencia para los que luchan contra la opresión y la explotación capitalista y me animo a decir, que constituyen el “Manifiesto comunista” del siglo XX. Alguien dijo que Castro no constituye una referencia para los más jóvenes, que las remeras del Che no se venden más en la ribera del Sena como hasta hace algunos años, que solo los más viejos nos acordamos de ellos, a esas personas les digo que no es el consumo capitalista el que define la grandeza de los revolucionarios y la adhesión a sus ideas, sino la claridad y la honestidad de sus objetivos, puede que en un período histórico no se mencione a algunos pensadores y revolucionarios, pero luego, en otros vuelven con más fuerza, con más ímpetu. La generación de los setenta resucitó a Marx, Lenin y Trotsky, la burguesía tembló hasta sus cimientos ante el ejemplo de China, Vietnam y Cuba, y gastó miles de billones de dólares en guerras genocidas contra sus líderes y los pueblos como en la guerra de Vietnam, como los miles de operaciones de la CIA contra Mao, con las operaciones solventadas por EE.UU. de los sicarios mercenarios “contras” que trataron de avasallar a los sandinistas y al pueblo nicaragüense, como la financiación de Bahía de Cochinos en Cuba y los cientos de atentados fracasados contra Castro. Castro en vida era un peligro para la opresión capitalista, Fidel muerto es un fantasma que se extiende por América Latina y el mundo aterrando la salvaje agonía eterna del capitalismo. La Cuba de Fidel es el ejemplo histórico y actual que nos dice que se puede vencer al capitalismo, que se puede construir una sociedad mejor, sin explotadores, ni explotados. Ella le quita la significación errónea que los burgueses tratan de darle a la propiedad privada de los medios de producción, elevándola al rango de lo sagrado y absoluto. Muchos son los “gusanos” que salieron en Miami a festejar la muerte de Castro, otros miles festejarán en América Latina y en el mundo, son los mismos que votaron el Brexit, que votaron contra el tratado de paz en Colombia, a Trump, que votarán a Marie Le Pen, que siguen a Rajoy, a Merkel, son los que se benefician del injusto régimen capitalista o los ingenuos que creen que la copa derramará algún día y que se mueren esperando una vida mejor, mientras rapiñan a los más necesitados los pocos recursos que les sirven para que sobreviva su ilusión sin saber que el infierno es el capitalismo y que el único paraíso que existe es el que podemos construir solidaria y cooperativamente en este mundo cruel e individualista. Castro dejó de ser un ser vivo que empuñaba la llama de la libertad y la reivindicación de los humildes y desheredados de la tierra, para convertirse en una llama más potente que ilumina el faro de la lucha revolucionaria. Creo fervientemente que miles de millones de ciudadanos del mundo (muchos de ellos jóvenes), tomarán la posta de Fidel y defenderán su legado al grito de “Fidel está vivo, Fidel no se murió, la puta madre que lo parió.” A los 67 años no soy tan viejo como para no continuar luchando aun en un medio colonizado por el escepticismo, ni tan joven como como para poder vivir el tiempo en que la utopía se transforme en una realidad, ya que como como dijera el escritor, la revolución es un sueño eterno, tan eterno como la memoria de los revolucionarios que dejaron su vida por ella. Hasta la próxima

domingo, 20 de noviembre de 2016

No todo es lo que parece.


Muchas veces me he preguntado por el valor de la historia, para que sirve conocer el pasado. Podría responder a este interrogante con un lugar común, para no volver a repetir los errores, pero la Argentina refuta ampliamente esa tesis y valida otra, el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, sabiendo que esa piedra es la misma. Hace unos días encontré en Facebook, en un reportaje a un científico israelí que refuta varios de los mitos de la historia del pueblo judío. Por estos mismos días, se puede ver una serie sobre Moisés y los diez mandamientos. No es novedad las divergencias que existen sobre la figura histórica de Moisés. Mucho se ha escrito sobre los diversos mitos de Moisés que aparecen en la literatura antigua, aun el propio Freud le dedicó un trabajo a este tema. Pero lo interesante del investigador de la Universidad de Tel Aviv, Israel Finkelstein, es que sostiene que el más importante de los libros sagrados del cristianismo y de los judíos, el Pentateuco no constituye una revelación divina, sino por el contrario, es el producto de la imaginación humana y fue escrito mucho después de la fecha en que se pensaba que había sido producido, respondiendo su escritura, a motivos mucho más políticos que sagrados. Lo interesante de la afirmación del científico israelí es que sostiene que muchos de los hechos narrados en el libro ni siquiera son versiones de acontecimientos históricos, sino que nunca ocurrieron, como por ejemplo el éxodo judío de Egipto. Respecto del éxodo, ha habido intentos científicos de explicar las plagas con que Moisés, la mano de Dios, azotó a Egipto para que el faraón Ramsés II permitiera que los judíos se fueran, pero pocos se animaron a ir más allá y afirmar que el éxodo no existió. El pentateuco está formado por cinco libros (Génesis, Levítico, Éxodo, los Números y el Deuteronomio), y uno de ellos, el “Éxodo”, relata la epopeya del pueblo judío en la búsqueda de la tierra prometida y que según diversos investigadores, se establece como fecha del éxodo aproximadamente el año 1250 A.C. Finkestein afirma que el éxodo nunca existió, más aún no existen rastros de la permanencia de los judíos por más de 400 años en Egipto. ( para ampliar la información recomiendo leer el reportaje de “La Nación” a este científico el 25 de enero de 2006, o ingresar al blog https://blogdeestudiosbiblicos.wordpress.com/tag/israel-finkelstein/ en donde se documenta este relato y se discute la falacia de la escritura del Pentateuco). El Pentateuco fue compilado aproximadamente en el siglo VII a.c. por orden de Josias rey de Judá con fines ideológicos y políticos y para servir a sus planes de unificar los reinos israelíes. Lo que se pone en evidencia es que los textos sagrados (hebreos, cristianos, islámicos, etc.) son obras literarias de los hombres destinados a construir hipótesis sobre lo que ignoraban, el origen del hombre. Al igual que los mitos politeístas, las religiones monoteístas, para cubrir su ignorancia sobre el acontecer humano en épocas remotas, construyeron mistos originarios. Estos mitos, además de explicar lo ignorado, creaban una superestructura jurídico ideológica que ordenaba la vida de los mortales y estaba destinada a basamentar el derecho divino de los reyes y de las clases dominantes, lo curioso es que cuando la humanidad avanzó científicamente y pudo explicar esas cuestiones, los mitos establecidos por los antiguos guardaron todo el rigor de fe, aunque ahora ya circunscriptos a la lógica de los creyentes. Se sostiene un debate en paralelo, donde las superestructuras religiosas fueron cambiando algunas partes de su relato por lo grotesco e increíble de los mismos, o explicaron esos relatos en clave moderna, y por otro lado el sistema científico técnico que fue destituyendo esos relatos en base a pruebas científicas y datos corroborados con las modernas técnicas de investigación. Pero el discurso científico no escapa a las explicaciones mágicas, o muchas veces, queda atrapado en la maraña de creencias religiosas. Este es el caso de quienes tratan de explicar el éxodo, de los que buscan datos para fundamentar la existencia de un diluvio universal, etc. Los científicos son un producto de su época y están atravesados por las mismas dudas e ignorancias de la misma, solo que para fundamentar sus opiniones (que muchas veces no son más que eso, opiniones) cuentan con el arsenal teórico conceptual que les provee la acumulación científica a lo largo de varios milenios. Pero esa acumulación científica opera como un magma de significaciones sociales imaginarias, es decir muchos de los relatos se hallan entrelazados, anulados, superados y vueltos a instaurar dentro del mismo magma, y el resultado es que las personas tienden a creer aquellos relatos que tienen mayor nivel de aceptación y están universalmente extendidos. Es por ello que las llamadas religiones monoteístas universales (cristianismo, islamismo, budismo, judaísmo, etc.) lograron vencer en el debate religioso a las religiones politeístas localizadas, en la medida en que su relato proveía de fuentes universales que supuestamente indicaban la veracidad de ese relato de manera ecuménica. Por otra parte, las religiones “universales” se constituyeron en un importante dispositivo de dominación que legitimó el poder de los estados terrenales, sosteniendo sucesivamente, argumentos que legitimaban las monarquías, los déspotas, los imperios, las repúblicas burguesas, etc. El cristianismo, por ejemplo, sostuvo la legitimidad del imperio romano, luego fue el soporte de legitimación de los señores feudales, sin dudar se constituyó en un aparato ideológico de las monarquías absolutas y luego fue quien más argumentos proveyó para legitimar el orden burgués. El sentido de la religión no es el de la búsqueda de la verdad y la justicia, por el contrario, es el de naturalizar la injusticia y la opresión mediante relatos míticos y fabulosos que le son inculcados al ser humano desde su infancia, y que como dijimos en varias oportunidades, se sostienen porque nos dan una esperanza de una vida después de la muerte, apagando la intensidad de la angustia que produce el reconocimiento de la infinitud de nuestra existencia. Los otros puntos de apoyo del relato religioso son el sometimiento del sujeto a preceptos heteronómicos que fueron producidos por nuestros ancestros y a los cuales debe aceptar sin crítica, cuando a un creyente se le agotan los argumentos racionales para sostener sus ideas religiosas su respuesta última será “es una cuestión de fe”. Aun en nuestros días escuchamos historias fantásticas de aparecidos, de vírgenes de madera sangrante, de niñas que relatan sus encuentros con seres supra naturales, etc. A nadie se le ocurriría reconocer la existencia de Elfos y Nereidas, pocos aceptarían escuchar el canto de las sirenas, aunque literariamente perfectas, muy pocos aceptan la veracidad de los relatos de la Ilíada o la Odisea, y no hay muchos que crean en la existencia de la Atlántida, sin embargo esos relatos míticos tienen la misma base de veracidad que el Pentateuco o el nuevo testamento, libros que fueron escritos por sujetos humanos concretos y con marcados intereses políticos ideológicos orientados a perpetuar la explotación del hombre por el hombre. Es por eso que no todo es lo que parece, y mucho de lo que consideramos claro y evidente, cuando se lo analiza en profundidad, basados en datos científicamente corroborados, lo que encontramos es la desolación que produce la incertidumbre. Incertidumbre que produce una profunda angustia porque no solo no sabemos para qué estamos en el mundo cada uno de nosotros, sino que no sabemos cuál es nuestro destino como nación, como especie, ni siquiera es posible sostener que el universo es siempre el mismo, sino que fluctúa y cambia constantemente. Si nos enfrentamos a la posibilidad de nuestra extinción como especie, si hoy sabemos que el propio planeta corre el riesgo de constituirse en una roca yerma e inhabitable, que en un futuro, tal vez, no muy lejano sea como otras rocas inhabitables del sistema solar, como podremos seguir adelante, construyendo para que, y porque, y esos interrogantes que ni la ciencia puede responder, por el grado de complejidad que ha alcanzado nuestro sistema de conocimiento, cada vez más abarcativo, cada vez más ignorante, cada vez más difícil de concebir y entender, entonces es el simple relato mítico religioso el que provee a los seres humano una isla segura en la cual refugiarse después de la tempestad, allende el naufragio. Y todo ello se asienta en las estructuras de formación intelectual de los seres humanos, destinadas a que el pensamiento sea solo patrimonio de unos pocos, que la actitud reflexiva y crítica sea herramienta de una minoría, porque el sistema capitalista, mis queridos amigos, no necesita gente que piense, sino que obedezca y acepte su destino como inevitable a cambio de la ilusión trascendente de la vida más allá de la vida. Hasta la próxima.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Cambio de época.


Los cambios materiales son claramente perceptibles, sobre todo en una sociedad como la actual, en la que la ciencia y la tecnología avanzan a pasos agigantados, dando lugar a lo que se ha dado en llamar la era exponencial. Solo con echar un vistazo hacia atrás, unos treinta años digamos, es posible observar los grandes cambios producidos. En la década del 80’ las computadoras de escritorio todavía gateaban (aun cuando las primeras P.C. se construyeron a fines de los 70’, recién comenzaba a insinuarse internet (el 1 de enero de 1983, ARPANET cambió el protocolo NCP por TCP/IP. Ese mismo año, se creó el IAB con el fin de estandarizar el protocolo TCP/IP y de proporcionar recursos de investigación a Internet), el que se considera el primer celular, el Motorola Dina tac 8000x apareció por primera vez en el año de 1983, los más importantes instrumentos de nuestra vida cotidiana surgen en las décadas del 60’ y el 70’ pero recién se constituyen como productos masivos en la década del ochenta. Es pues relativamente fácil reconocer los cambios materiales de nuestra vida cotidiana, pero cuando se trata de nuestra vida anímica, y por ello entiendo los valores, ideas, políticas, etc., la cuestión se hace muy difícil. Podemos datar la primera computadora, el primer día de internet, el primer teléfono celular, mas, es muy difícil, establecer el día que la sociedad comenzó a cambiar su signo político, cuando se empezaron a producir los cambios culturales. Lo que sí es posible, es observar largos períodos, y detectar el ellos las marcas culturales dominantes, para luego en las comparaciones establecer las diferencias culturales de época. El final de la segunda guerra mundial, además de la derrota de las ideologías autoritarias (fascismo, nazismo, otras sobrevivieron, pero circunscriptas a espacios territoriales muy acotados como el caso del falangismo español) que habían sido hegemónicas desde los años veinte, treinta y parte de los cuarenta (aunque sus raíces se remontaban al siglo XIX), significó para la humanidad una profunda reflexión sobre las consecuencias del acceso al poder de estos movimientos extremos. Por otro lado, si bien los triunfadores se erigieron como la reserva democrática de la sociedad humana (Francia, Inglaterra, EE.UU., etc.) hubo otro gran triunfador que no comulgaba con la llamada democracia burguesa, el recientemente constituido bloque soviético (la URSS existía desde 1922), que se había consolidado en base a la incorporación de Polonia, Hungría, los Estados Bálticos, Checoslovaquia, Yugoeslavia, etc., a la zona se hegemonía rusa. Desde tiempos de Lenin el socialismo había discutido las características de sus sistemas políticos, económicos y de relaciones exteriores, rápidamente, la burocracia del PCUS se convirtió en la estructura de poder poderosa, pero con contenidos autoritarios que se verían remarcados durante el período estalinista. Los socialismos reales (como se denominaba a los países del bloque soviético) se constituyeron en la contrapartida del capitalismo occidental, desarrollándose un importante conflicto subterráneo (conocido como la guerra fría) que se extendería hasta el período 1989-1991, con la caída del muro de Berlín y el desmembramiento de URSS, pasándose de un mundo bipolar al mundo de hegemonía americana. La existencia del bloque comunista, la necesidad de desarrollar las economías occidentales desbastadas por la guerra obligó a desarrollar un período de crecimiento económico y social determinado por la aplicación de políticas keynesianas en lo económico, y el estado de bienestar en lo social, fue más que una concesión burguesa a los sectores oprimidos y explotados, una política delineada por los grandes países capitalistas con el fin de limitar la expansión del ideario socialista motorizado por la URSS. Se puede afirmar que en el período que va de 1945 a 1991 se libró en el mundo una dura batalla ideológica entre la izquierda y la derecha. En el marco de la confrontación ideológica (casi podría decirse ecuménica) y por las necesidades de desarrollo económico, los países capitalistas más avanzados (liderados por EE.UU.) desarrollaron un estado de bienestar, logrando reducir la pobreza extrema que habían sufrido durante los siglos anteriores al XX, incorporando a la llamada clase media a importantes sectores de su población. Un ejemplo de este proceso lo encontramos en el mismo EE.UU. donde se consolida el llamado sueño americano, según el cual la clase obrera podía dotar de previsibilidad a sus vidas, mejorándolas mediante el acceso a bienes inalcanzables en épocas anteriores (como la casa, el auto, una vida confortable de consumos desbocados, etc.), pero fundamentalmente, teniendo la certeza que su vida podía mejorar si trabajaba duro, y lo que es más importante, la conciencia de una movilidad social ascendente que le permitía a sus hijos acceder a empleos de mayor calidad o tener estudios avanzados. Para el norteamericano de estos años existía la convicción de que la vida de sus hijos iba a ser mejor que la suya. El consumismo tenía un objetivo adicional, constituye como afirma Slavoj Zisek, una doble sujeción al capitalismo como sistema, ya que el trabajador es impelido a consumir más allá de sus posibilidades, y cuando no puede pagar lo consumido se le ofrece el crédito que lo endeuda progresivamente a lo largo de toda su vida, de esta manera se lo domestica, dado que si pierde su trabajo pierde la posibilidad de cumplir con sus compromisos y pierde el estado de confort del que goza. El mundo asiste a un crecimiento cultural extraordinario, las ideas de izquierda que habían sido perseguidas comienzan a ser expuestas en las universidades y Marx se convierte en un fenómeno editorial inédito. En Europa asistimos al crecimiento de una intelectualidad de izquierda marxista, cuya influencia perfora el aparato del estado y las formaciones políticas centro-izquierdistas como los partidos socialistas. Las universidades y el mundo de la cultura, se pueblan de nombres como Chomsky. Petras, Foucault, Sartre, Castoriadis, Bourdieu, Laplanche, Morin, Habermas, etc., que formulan y reformulan las teorías en un magma de creación sociológica inagotable. Las juventudes se radicalizan, y se constituyen en un fuerte ariete contra la explotación capitalista y en reclamo de más democracia y de mayor calidad de vida. Tal vez el punto más alto esta signado por los años 68 y 69 cuando asistimos al mayo francés y a las revueltas estudiantiles en todo el mundo. En la calle se instituye un nuevo modelo de vida y de cultura cotidiana marcado por las ideas de solidaridad, cooperación, crecimiento educativo y cultural, búsqueda de la paz y profundización de los valores democráticos. La vida adquiría sentido en tanto y en cuanto sus vicisitudes eran determinadas por los ideales de transparencia, honestidad, amor al prójimo, pero fundamentalmente, guiado este ideario, se viabiliza una concepción política en la que primaban los valores de igualdad, lucha contra la explotación capitalista, autodeterminación de los pueblos, etc. Si algo era distintivo en la juventud de esos años, es su claro compromiso con el socialismo (que cada uno entendía a su manera) y un fuerte rechazo a las ideologías de extrema derecha como los movimientos neonazis que comenzaban a estructurarse en estos países. En los países no desarrollados, el signo es la descolonización, las guerras de liberación nacional (sobre todo en Asia y África) y el reclamo de la autodeterminación de los pueblos. Si la respuesta a los reclamos en el mundo desarrollado fue el estado de bienestar, en los países no desarrollados fueron las dictaduras represivas, que con el paso de los años fueron cada vez más violentas y genocidas y que tuvieron como contrapartida el surgimiento de una izquierda radical que vio en la lucha armada el único camino al poder obrero y el socialismo. América Latina se ve permeada en todo su cuerpo social por guerrillas más o menos importantes, más o menos duraderas, más o menos exitosas como el sandinismo en Nicaragua, el Frente Farabundo Martí en El Salvador, la guerrilla guatemalteca, las guerrillas argentinas (ERP. Montoneros, FAR, FAP, FAL, etc.) el MIR chileno, los Tupamaros uruguayos, Las FARC en Colombia, la guerrilla guevarista en Bolivia, etc. La cuestión de la lucha armada no solo encarnó en el pensamiento latinoamericano, también en la vieja Europa se constituyeron grupos armados como Fracción Ejército Rojo en Alemania, las Brigadas Rojas en Italia, o en el propio EE.UU. los Panteras Negras. Son años de gran debate, de pensamiento crítico, de lucha callejera. Marx, Lenin, Gramcsi, y muchos otros pensadores revolucionarios eran frecuentemente visitados por los jóvenes de aquellos años. Las escasas y breves experiencias constitucionales que se intercalaban entre dictadura y dictadura estuvieron marcadas por el respeto a los derechos ciudadanos, la democracia y la libertad de pensamiento. Podría decirse que la época que va de 1945 a 1991 estuvo determinada por las palabras cambio, socialismo y revolución, la búsqueda de la tolerancia y el respeto a la disidencia. Los escasos grupos de extrema derecha eran muy reducidos y no tenían influencia en la vida cultural de los países, adquiriendo importancia como grupos de choque de los sectores más regresivos de la sociedad. En los sesenta y setenta asistimos a poderosas manifestaciones contra la guerra, al desarrollo de movimientos anti sistema como los hippies, a la búsqueda de formas de vida comunitaria, parecía que el mundo se encaminaba definitivamente a una era de paz y tolerancia. Pero parecía, porque de pronto todo cambió. Hoy asistimos a un cambio de época que esta signado por la prevalencia del individualismo (tanto en término de los sujetos como de las naciones), por la emergencia de las viejas ideas fascistas, nacionalistas, de extrema derecha que llevaron al mundo a la hecatombe de los 40’. Resurgieron los extremismos religiosos, pero ahora de la mano de un comportamiento asesino que no respeta la vida, el disenso, la libertad de creencia, como es el caso de los extremismos islámicos. Asistimos en los países desarrollados a brotes de xenofobia, racismo, discriminación, que están basado en el miedo al otro diferente, ese otro que viene de diferentes latitudes a “robarles” lo que les pertenece, fundamentalmente su trabajo (cuando es una verdad de perogrullo que lo inmigrantes realizan los trabajos más bajos que los ciudadanos de esos países no quieren realizar). Asistimos a conflictos armados de carácter religioso o étnico con características de salvajismo inusitado, donde los vecinos se asesinan los unos a los otros como en la guerra de la ex Yugoslavia. El nuevo tiempo que pretende consolidarse como forma de vida se ha expresado en muchos ejemplos como el Brexit en Gran Bretaña donde se votó por separarse de la Unión Europea, el triunfo del no en el plebiscito para aprobar el acuerdo de paz con las FARC en Colombia, el triunfo de Donald Trump, candidato de la extrema derecha del partido republicano en EE.UU., el crecimiento de los partidos autoritarios y xenófobos en Europa como por ejemplo el Frente Nacional en Francia, y los ejemplos son innumerables para citarlos a todos. En Argentina observamos con preocupación cómo legisladores como Picheto reproducen el desdén y la desvalorización del inmigrante latinoamericano, en definitiva, asistimos a una pérdida de los valores más caros al desarrollo humano. En las escuelas, donde deberían sostenerse esos valores de cooperación y solidaridad, ocurre lo contrario, se desarrolla una cultura de la competencia, donde los niños rivalizan por sacar más nota, como si una buena calificación garantizara el saber, se les enseña a memorizar antes que a analizar y extraer conclusiones propias, se los obliga a asumir como verdad el discurso del docente, se evalúa la educación con procedimiento que solo busca desmerecer el verdadero acto educativo, el acto de integrar el conocimiento a la experiencia propia. El resultado de esta enseñanza centrada en la rivalidad, en la búsqueda del logro personal en lugar de la aventura del conocimiento compartido, son los crecientes enfrentamientos entre miembros de la comunidad educativa (padres contra docentes, alumnos contra alumnos) que dan lugar a experiencias de bulling, agresiones al diferente, lesiones a las niñas más lindas de parte de otras que no soportan esa diferencia constitucional y que pretenden desfigurar lo que ellas creen que no son (sin entender que la belleza física es la expresión del interior de las personas). En este cambio de paradigma cultural los mass media tienen un rol fundamental. Muchas veces se ha discutido el papel de los medios de comunicación de masas en la determinación de los rumbos políticos sincrónicos, por ejemplo, la posibilidad de que estos medios tengan un factor determinante en una elección. La experiencia demuestra que, si bien los medios de comunicación influyen en las decisiones de los actores políticos, ellos por sí mismo no son suficiente para determinar el éxito o fracaso de una propuesta electoral, ejemplos hay muchos, pero algunos más recientes, muestran que esta idea es inexacta, por lo menos parcialmente. Uno de los ejemplos es el triunfo de Cristina Fernández de Kirchner en la elección de 2011, cuando teniendo en su contra la mayor parte de los medios hegemónicos, ganó con el 54 % de los votos. Otro ejemplo, es el de Donald Trump, que, teniendo en su contra a gran parte de los medios hegemónicos, siendo un candidato anti sistema (es decir rechazado por el establishment político y aun empresarial de EE.UU.) ganó las recientes elecciones presidenciales. Si el rol de los medios no produce cambio en lo sincrónico, cuál es la influencia social que los mismos tienen en el cambio estructural que estamos padeciendo en la sociedad global. Podría decirse que la fundamental acción de los mass media es la acción diacrónica, es decir, extendida en el tiempo. El capitalismo del siglo XIX y parte del XX basó la acción de control social de la burguesía sobre las clases subalternas en la represión. Es conocido que las revoluciones proletarias que se sucedieron con posterioridad a la gran revolución francesa fueron ahogadas en sangre por los burgueses. Los ejércitos y las fuerzas de seguridad se constituyeron en el brazo armado del estado burgués. Pero como señalara Mao Tse Tung, con las bayonetas se puede hacer cualquiera cosa, menos sentarse sobre ellas. La burguesía aprendió que la represión violenta de los movimientos populares no era la mejor garantía de su dominio de clase, y a partir del desarrollo de las tecnologías de las comunicaciones y las informaciones comenzó a pergeñar un plan de largo alcance que le permitiera circunscribir la prédica revolucionaria a ámbitos cada vez más reducidos, aislando a los sectores impugnadores de la sociedad capitalista con una acción permanente de debate ideológico. Lenin estableció la diferencia entre la agitación y la propaganda. Por la primera, entendía la acción de llevar pocas ideas para muchos. La agitación se dirige a las emociones, a la parte menos racional del ser humano, lo que trata es desarrollar un estado de horda, en la que los sujetos individuales se funden en el conjunto, pierden su identidad para asumir la identidad de la masa. La propaganda en cambio, se trata de muchas ideas para pocos, es una acción general y permanente que busca cimentar las bases de una adhesión consciente a la base doctrinaria del que la realiza. La propaganda busca que el sujeto que adhirió emotivamente por la agitación, pueda anclar esas ideas a su propia experiencia subjetiva, viendo el interés general como un interés propio. Los mass media lo que realizan es formación doctrinaria en los actores sociales. De lo que se trata es que los ciudadanos vayan mas allá de la simple adhesión y consideren a los intereses de la clase dominante como propios. La propaganda de los mass media se dirige a todos los actores sociales, pero busca encarnar en aquellos que son más proclives a mimetizarse con la clase dominante, la pequeña burguesía. Si los profesionales, periodistas, educadores, cuadros de dirección en el aparato productivo asumen como propios los intereses de la clase dominante, ellos funcionaran como polea de transmisión a los sectores más subalternizados de la sociedad. Es un error creer que el objetivo de la prédica de los medios tiene como target fundamental al kirchnerismo, este sector político es solo un chivo expiatorio que sirve para poner en acto lo que le ocurre a quienes desafían el dominio de la gran burguesía, si Ud. ve y escucha atentamente a los periodistas “antikirchneristas” verá que en forma implícita desarrollan un discurso orientado a imponer los valores más importantes de la ética burguesa. Se defiende la propiedad privada, un concepto de honestidad ajeno a los intereses de los trabajadores (deshonesto es alguien que roba una cartera, pero un presidente que evade pagar impuestos con cuentas off shore no lo es), se plantea como natural el orden en el que unos tienen derecho a gozar de todas las posibilidades que el capitalismo plantea, mientras la gran mayoría no posee nada, se discrimina a los trabajadores (los argentinos, los pobres son vagos, no les gusta trabajar, no se esfuerzan). Pero la propaganda no se ejerce solo de un modo expositivo, es necesario también adormecer la conciencia crítica de los ciudadanos, para ello cuentan con las escuelas, ámbito por excelencia del disciplinamiento social, donde el niño y el joven aprenden a obedecer. A no rebelarse contra la injusticia, a permanecer callado y ajeno a la explotación y la opresión, a no rebelarse contra los sistemas de clase corruptos de la justicia burguesa. Este adormecimiento de la conciencia es completado por programas de televisión bizarros que sostienen lo más deleznable de la cultura del sometimiento, el uso de los cuerpos femeninos, la humillación de la mujer, o programas de supuesto corte político en los que se ataca sin piedad a aquellos jóvenes que se comprometen con la política. Esta acción “educativa” de los medios sostenida a lo largo de décadas fue sedimentando en todos los estratos sociales y es la que está permitiendo la formación de una nueva subjetividad acorde a los tiempos del cambio vertiginoso. Parafraseando a Bill Clinton en su debate con George Bush, es la subjetividad estúpidos. Lo que la burguesía ha comprendido es que, para mantener su dominio, luego de la caída de la URSS, necesitaba realizar un cambio profundo en la subjetividad de los actores sociales, y emprendió la tarea utilizando los mass media como herramienta principal, hay asistimos a los efectos de ese cambio de subjetividad, pero aún es tiempo de reformular la subjetividad instalada en los últimos treinta años. Hasta la próxima.