domingo, 20 de noviembre de 2016

No todo es lo que parece.


Muchas veces me he preguntado por el valor de la historia, para que sirve conocer el pasado. Podría responder a este interrogante con un lugar común, para no volver a repetir los errores, pero la Argentina refuta ampliamente esa tesis y valida otra, el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, sabiendo que esa piedra es la misma. Hace unos días encontré en Facebook, en un reportaje a un científico israelí que refuta varios de los mitos de la historia del pueblo judío. Por estos mismos días, se puede ver una serie sobre Moisés y los diez mandamientos. No es novedad las divergencias que existen sobre la figura histórica de Moisés. Mucho se ha escrito sobre los diversos mitos de Moisés que aparecen en la literatura antigua, aun el propio Freud le dedicó un trabajo a este tema. Pero lo interesante del investigador de la Universidad de Tel Aviv, Israel Finkelstein, es que sostiene que el más importante de los libros sagrados del cristianismo y de los judíos, el Pentateuco no constituye una revelación divina, sino por el contrario, es el producto de la imaginación humana y fue escrito mucho después de la fecha en que se pensaba que había sido producido, respondiendo su escritura, a motivos mucho más políticos que sagrados. Lo interesante de la afirmación del científico israelí es que sostiene que muchos de los hechos narrados en el libro ni siquiera son versiones de acontecimientos históricos, sino que nunca ocurrieron, como por ejemplo el éxodo judío de Egipto. Respecto del éxodo, ha habido intentos científicos de explicar las plagas con que Moisés, la mano de Dios, azotó a Egipto para que el faraón Ramsés II permitiera que los judíos se fueran, pero pocos se animaron a ir más allá y afirmar que el éxodo no existió. El pentateuco está formado por cinco libros (Génesis, Levítico, Éxodo, los Números y el Deuteronomio), y uno de ellos, el “Éxodo”, relata la epopeya del pueblo judío en la búsqueda de la tierra prometida y que según diversos investigadores, se establece como fecha del éxodo aproximadamente el año 1250 A.C. Finkestein afirma que el éxodo nunca existió, más aún no existen rastros de la permanencia de los judíos por más de 400 años en Egipto. ( para ampliar la información recomiendo leer el reportaje de “La Nación” a este científico el 25 de enero de 2006, o ingresar al blog https://blogdeestudiosbiblicos.wordpress.com/tag/israel-finkelstein/ en donde se documenta este relato y se discute la falacia de la escritura del Pentateuco). El Pentateuco fue compilado aproximadamente en el siglo VII a.c. por orden de Josias rey de Judá con fines ideológicos y políticos y para servir a sus planes de unificar los reinos israelíes. Lo que se pone en evidencia es que los textos sagrados (hebreos, cristianos, islámicos, etc.) son obras literarias de los hombres destinados a construir hipótesis sobre lo que ignoraban, el origen del hombre. Al igual que los mitos politeístas, las religiones monoteístas, para cubrir su ignorancia sobre el acontecer humano en épocas remotas, construyeron mistos originarios. Estos mitos, además de explicar lo ignorado, creaban una superestructura jurídico ideológica que ordenaba la vida de los mortales y estaba destinada a basamentar el derecho divino de los reyes y de las clases dominantes, lo curioso es que cuando la humanidad avanzó científicamente y pudo explicar esas cuestiones, los mitos establecidos por los antiguos guardaron todo el rigor de fe, aunque ahora ya circunscriptos a la lógica de los creyentes. Se sostiene un debate en paralelo, donde las superestructuras religiosas fueron cambiando algunas partes de su relato por lo grotesco e increíble de los mismos, o explicaron esos relatos en clave moderna, y por otro lado el sistema científico técnico que fue destituyendo esos relatos en base a pruebas científicas y datos corroborados con las modernas técnicas de investigación. Pero el discurso científico no escapa a las explicaciones mágicas, o muchas veces, queda atrapado en la maraña de creencias religiosas. Este es el caso de quienes tratan de explicar el éxodo, de los que buscan datos para fundamentar la existencia de un diluvio universal, etc. Los científicos son un producto de su época y están atravesados por las mismas dudas e ignorancias de la misma, solo que para fundamentar sus opiniones (que muchas veces no son más que eso, opiniones) cuentan con el arsenal teórico conceptual que les provee la acumulación científica a lo largo de varios milenios. Pero esa acumulación científica opera como un magma de significaciones sociales imaginarias, es decir muchos de los relatos se hallan entrelazados, anulados, superados y vueltos a instaurar dentro del mismo magma, y el resultado es que las personas tienden a creer aquellos relatos que tienen mayor nivel de aceptación y están universalmente extendidos. Es por ello que las llamadas religiones monoteístas universales (cristianismo, islamismo, budismo, judaísmo, etc.) lograron vencer en el debate religioso a las religiones politeístas localizadas, en la medida en que su relato proveía de fuentes universales que supuestamente indicaban la veracidad de ese relato de manera ecuménica. Por otra parte, las religiones “universales” se constituyeron en un importante dispositivo de dominación que legitimó el poder de los estados terrenales, sosteniendo sucesivamente, argumentos que legitimaban las monarquías, los déspotas, los imperios, las repúblicas burguesas, etc. El cristianismo, por ejemplo, sostuvo la legitimidad del imperio romano, luego fue el soporte de legitimación de los señores feudales, sin dudar se constituyó en un aparato ideológico de las monarquías absolutas y luego fue quien más argumentos proveyó para legitimar el orden burgués. El sentido de la religión no es el de la búsqueda de la verdad y la justicia, por el contrario, es el de naturalizar la injusticia y la opresión mediante relatos míticos y fabulosos que le son inculcados al ser humano desde su infancia, y que como dijimos en varias oportunidades, se sostienen porque nos dan una esperanza de una vida después de la muerte, apagando la intensidad de la angustia que produce el reconocimiento de la infinitud de nuestra existencia. Los otros puntos de apoyo del relato religioso son el sometimiento del sujeto a preceptos heteronómicos que fueron producidos por nuestros ancestros y a los cuales debe aceptar sin crítica, cuando a un creyente se le agotan los argumentos racionales para sostener sus ideas religiosas su respuesta última será “es una cuestión de fe”. Aun en nuestros días escuchamos historias fantásticas de aparecidos, de vírgenes de madera sangrante, de niñas que relatan sus encuentros con seres supra naturales, etc. A nadie se le ocurriría reconocer la existencia de Elfos y Nereidas, pocos aceptarían escuchar el canto de las sirenas, aunque literariamente perfectas, muy pocos aceptan la veracidad de los relatos de la Ilíada o la Odisea, y no hay muchos que crean en la existencia de la Atlántida, sin embargo esos relatos míticos tienen la misma base de veracidad que el Pentateuco o el nuevo testamento, libros que fueron escritos por sujetos humanos concretos y con marcados intereses políticos ideológicos orientados a perpetuar la explotación del hombre por el hombre. Es por eso que no todo es lo que parece, y mucho de lo que consideramos claro y evidente, cuando se lo analiza en profundidad, basados en datos científicamente corroborados, lo que encontramos es la desolación que produce la incertidumbre. Incertidumbre que produce una profunda angustia porque no solo no sabemos para qué estamos en el mundo cada uno de nosotros, sino que no sabemos cuál es nuestro destino como nación, como especie, ni siquiera es posible sostener que el universo es siempre el mismo, sino que fluctúa y cambia constantemente. Si nos enfrentamos a la posibilidad de nuestra extinción como especie, si hoy sabemos que el propio planeta corre el riesgo de constituirse en una roca yerma e inhabitable, que en un futuro, tal vez, no muy lejano sea como otras rocas inhabitables del sistema solar, como podremos seguir adelante, construyendo para que, y porque, y esos interrogantes que ni la ciencia puede responder, por el grado de complejidad que ha alcanzado nuestro sistema de conocimiento, cada vez más abarcativo, cada vez más ignorante, cada vez más difícil de concebir y entender, entonces es el simple relato mítico religioso el que provee a los seres humano una isla segura en la cual refugiarse después de la tempestad, allende el naufragio. Y todo ello se asienta en las estructuras de formación intelectual de los seres humanos, destinadas a que el pensamiento sea solo patrimonio de unos pocos, que la actitud reflexiva y crítica sea herramienta de una minoría, porque el sistema capitalista, mis queridos amigos, no necesita gente que piense, sino que obedezca y acepte su destino como inevitable a cambio de la ilusión trascendente de la vida más allá de la vida. Hasta la próxima.

No hay comentarios:

Publicar un comentario