Desde hace unos días una duda recorría mis debilitadas neuronas, ¿Por qué Gerardo Morales odia tanto a Milagro Sala?
Sería un error de análisis superficial considerar que la odia por ser su adversaria, menos aún por ser kirchnerista o peronista.
Si fuera un odio político, más debiera odiar al “perro” Santillán que, por lo menos en un momento, fue comunista, y es sabido que la derecha odia y teme más a los comunistas que a los peronistas, con estos últimos puede hacer alianzas, como por ejemplo la que hizo con el Frente Renovador de Masa.
El odio de Gerardo es mucho más profundo, discriminador y con una raigambre de clase.
Por siglos los de su clase, bandoleros, contrabandistas, mercenarios, aventureros asolaron América a punta de pistolón y espada, mataron a los integrantes de los pueblos originarios que se les opusieron y esclavizaron a los que se sometieron.
Curiosamente, esa esclavitud se basó en los preceptos de la iglesia, esclavizar era entonces sinónimo de cristianizar, y como hay, la oligarquía les ofrecía a los pueblos originarios un mundo extra terrenal en el gozarían de todo lo que estos bárbaros les arrebataban por la fuerza.
La mita, el yanaconazgo, la encomienda eran parte de las herramientas jurídicas con las que los colonizadores sometieron a nuestros pueblos originarios.
El tema de Gerardo me empezó a dar vueltas en la cabeza cuando volví a ver “Los santos inocentes”, esta película fantástica narra las condiciones de explotación y servidumbre a las que fueron sometidos los obreros rurales españoles hasta entrada la década del 60´. En uno de sus pasajes narra una reunión de burgueses agrarios donde una persona joven, dueño de un cortijo, afirma no entender a los jóvenes (explotados) de su época (entre las décadas del 50´ y el 60´ cuando España comenzaba a despertar de la larga pesadilla franquista). Estos jóvenes trabajadores rurales no respetaban las jerarquías y migraban a las grandes ciudades en busca de oportunidades. La sociedad es jerárquica, afirma el terrateniente, esto es el orden natural, como no lo pueden entender.
Allí encontré la clave para comprender el odio enfermizo de Morales a Sala. No odia a Milagro, ella es tan solo un símbolo de una etnia que ya no está dispuesta a seguir siendo explotada por los señoritos que por siglos los humillaron. Milagro es una para Morales la representación del miedo que sienten estos sectores parásitos, que en su vida supieron lo que es trabajar, lo que es sentir el hambre de sus hijos, sentir como mueren de enfermedades prematuras o curables por falta de una medicina social al servicio de los más vulnerables y que hoy toman conciencia de sus derechos y dicen a voz de cuello, “no más”, que se movilizan para luchar por sus derechos, por la tierra que los oligarcas les robaron, por sus creencias, en definitiva por su dignidad humana, y los Morales temen, temen como teme el tirano que durante años usurpó el poder y siente que este se le está diluyendo de las manos como la arena seca.
Morales no es Morales, es también una representación social de una clase que durante la colonia usufructuó derechos ilegítimamente obtenidos a punta de pistola y que después de la revolución de mayo sacralizó en la constitución, donde se preocuparon porque la misma respetara la santidad de la propiedad privada, el privilegio de las elites explotadoras y sus derechos omnímodos sobre las clases sometidas, en gran parte del norte argentino perteneciente a las etnias originarias.
Morales odia que una “sucia india” como ellos mencionan a los pueblos originarios, se haya atrevido a pensar por sí misma, asumiendo conciencia de clase para sí, que salga a la arena política a disputarle el poder a los de su clase parásita.
Y más aún, Milagro se atrevió no solo a discutir lo “natural” para Gerardo, la jerarquía social, la estructura piramidal en cuyo vértice están los que mandan y gozan de la riqueza y en la base los que obedecen y nada tienen.
Cuando era joven se contaba en Gálvez, la ciudad mediterránea de Santa Fe en la que pasé mi infancia, que un día un peón de estancia fue a la casa de su patrón, un rico estanciero, y le solicitó humildemente un aumento de su salario, porque con la miseria que le pagaba no podía vivir, el estanciero, no dijo nada, entró a la casa, salió con una escopeta de dos caños, y le descerrajó dos balazos y lo mató en el acto. Por supuesto, como el estanciero sabía, estuvo muy poco tiempo detenido, que vale la vida de un obrero, que importa que haya muerto, importa que se atrevió a cuestionar, aunque mínimamente, el poder del estanciero y este en su “derecho natural”, lo mató.
Esta es la matriz de pensamiento de una burguesía agraria atrasada y conservadora que perdura en el norte argentino, para ellos los trabajadores son nada y solo sirven para servirlos, pero cuando se organizan, forman un movimiento social, y más aún, demuestran ser excelentes gestores de los dineros públicos, en la primitiva conciencia de los conservadores, más que un avance, es una terrible afrenta.
Como una “india” como Milagro se atrevió a construir viviendas dignas, escuelas para los suyos, piscinas, espacios recreativos, no se la podía dejar en libertad, si hasta se atrevió a ser electa diputada por el parlamento regional (el Parlasur), luego que pretendería, ser gobernadora, presidenta. Paremos la mano dijo Gerardo, se está subvirtiendo el orden natural, debemos encerrarla, pero no al cuerpo de Milagro, sino a sus ideas, Gerardo no comprendió que quiso decir Sarmiento cuando dijo “barbaros, las ideas no se matan” (ni se encierran agrego yo).
Gerardo no comprendió que la democracia que el pretende instalar en Jujuy ya casi no existe en el mundo, y el mundo se volvió contra él, la ONU, la OEA, La Comisión Interamericana de Derechos humanos, Amnistía Internacional, constitucionalistas que supuestamente son de su palo como Roberto Gargarella, o periodistas adictos al neoliberalismo como Joaquín Morales Solá, reconocieron el error de Gerardo, pero como dicen en Jujuy, Gerardo además de conservador es psicótico, y un psicótico no puede leer la realidad, y cada organismo, cada medio de prensa, cada jurista que cuestiona el encarcelamiento arbitrario de Milagro, es kirchnerista o está influenciado por el kirchnerismo, el mundo al que Gerardo quiere abrirse, al que quiere ingresar de la mano de Cambiemos, es un mundo kirchnerista, pequeño delirio, solo cabe una pregunta, no hay psicólogos o psiquiatras que en acto de humanidad lo traten a Gerardo, porque en Alemania un psicótico con delirios de grandeza terminó asesinando a propios y extraños y provocó una catástrofe de proporciones en la historia del siglo XX.
Entendemos que Gerardo no es Hitler, es tan solo un pequeño cabo con pretensiones de Führer, pero su delirio puede llevar a que haga un desastre y por qué no, se corre el riesgo de que asesine a alguien, en primer lugar, a Milagro, la ley de fugas fue ampliamente utilizada en un pasado reciente en Argentina por estos sectores de la burguesía conservadora.
Los que nos oponemos a la barbarie radical en Jujuy debemos considerar dos cuestiones, en primer lugar que cuando cuestionamos a un psicótico no valen las palabras, en su delirio Gerardo cree que solo él tiene la razón, y a los terratenientes jujeños les conviene porque con él hacen pingues negocios, y por lo tanto, es tiempo que pasemos de las palabras a los hechos, debemos hacer una marcha federal inversa, de Argentina a Jujuy. Todas las organizaciones democráticas y sociales como la CONADU, la CONADU histórica, CTERA, las CTA, los organismos de derechos humanos, madres, abuelas, etc., partidos de izquierda, movimientos piqueteros tienen la capacidad de organizar una gran marcha sobre Jujuy para pedir la libertad de Milagro Sala, porque tanto Milagro como Gerardo son dos representaciones fuertes y antagónicas de la Argentina, Milagro de la Argentina democrática y libertaria, inclusiva y solidaria, de reivindicación de los humildes, de los desheredados de la tierra, Gerardo de la Argentina oligárquica e invasora, parásita y explotadora, heredera de la dictadura genocida, amante de la muerte y la inequidad, insensible, corrupta, venal.
Hoy los argentinos debemos decidir cuál de las dos argentinas queremos, pero debemos hacerlo en las calles jujeñas, lograr liberar a Milagro es romper nuestras propias cadenas, esas que el conservadurismo de Cambiemos está anudando a nuestro derredor, y entonces el himno nacional será una realidad “oíd el ruido de rotas cadenas” librándonos para siempre de los parásitos oligárquicos.
Hasta la próxima.
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