jueves, 21 de julio de 2016

La angustia de existir.


Cada especie es un experimento de la naturaleza, no existen experimentos fracasados o exitosos, solo experimentos que en algún momento concluyen. Estos experimentos no son realizados conforme a algún plan maestro, o si existe no lo conocemos, ni tenemos por el momento capacidad de conocerlo. La naturaleza es una entidad creada por el hombre para justificar el desenvolvimiento del universo, pero, a mi entender no tiene ni vida, ni conciencia, es solo desarrollo experimental que se constituye sin patrones ni guía. Los seres humanos como especie constituimos uno de esos experimentos en desarrollo, como en su momento lo fueron los dinosaurios, por algún motivo aquel experimento finalizó, porque de no haber sido así, los que reinan en el mundo seguramente tendrían cola. Cada individuo humano como particularidad de la especie cumple un ciclo, ciclo que a la vez está inscripto dentro de otro ciclo que es el de la propia especie, cada uno de nosotros contribuye al desarrollo de ese ciclo mayor. La particularidad comparte con la universalidad rasgos distintivos, o dicho de otro, la particularidad es la concreción de la universalidad. En nuestro caso, somos una particularidad que, integrada a lo universal, evidencia una suma de diferencias entre cada uno de los sujetos particulares. No existen dos entidades humanas iguales, podemos compartir algunos accidentes, pero en esencia cada uno de nosotros es único e irrepetible, pero a la vez, cada uno de nosotros comparte con el resto el ser concreción de la universalidad. Uno de los rasgos que compartimos, cualquiera sea nuestra posición en el mundo, nuestra conciencia del mismo o nuestros objetivos dentro de él, es que nacemos, nos desarrollamos y morimos. Destino inexorable de cada ser humano, como dije en otras oportunidades, somos conscientes de que constituimos un proyecto en desarrollo hacia la desaparición, y es esa conciencia la que nos constituye en seres creativos, depredadores, impetuosos, seres que no pueden vivir si no tienen proyecto o que cuando hay vacío de proyecto se autodestruyen. Nuestra finitud de existencia solo tiene consuelo en dos posibilidades, la trascendencia por la fe, a través de diferentes teorías muy controvertidas y nunca verificadas como la transmigración de las almas o la eternidad de las mismas. El alma, como construcción ontológica del ser humano, nunca ha podido ser conocida, es tal vez como el inconsciente del psicoanálisis, quees piedra angular de la teoría Psicoanalítica pero no existen pruebas de su existencia, es solo una hipótesis sobre la que se construyó un determinado conocimiento. El alma es una construcción de la fé religiosa, de cualquier fe religiosa, si algo tienen en común las distintas creencias es la fe en la existencia del alma, la psique para los griegos. El alma occidental es un ente que se construye a partir de un mito, el Mito de Psique, es un alma inmortal que en las religiones moderna acalla el ruidoso sonar de la angustia colectiva e individual cuando estallan las alarmas de la inexistencia posible, de la vacuidad de la muerte, de la inconsistencia de la vida material. El alma es el vehículo que puede transitar más allá del final y adentrarse en otra dimensión, en la que nos espera la liberación de la angustia y la ansiedad de la muerte, porque allí domina la eternidad de la vida. Si prescindimos del alma como afrontamos el tormento de la desaparición, la segunda hipótesis más vinculada a las filosofías materialistas también limita con la eternidad, pero en este caso, la eternidad de la que hablamos es la de la especie. Nuestra vida adquiere sentido cuando logramos inscribirla en un mega proyecto que es el de la reivindicación de la especie. La especie es eterna, si nosotros somos parte de ella, también somos plausibles de lograr la eternidad. Recuerdo haber leído un libro muy interesante de George Orwell, 1984 se llamaba, en la que un personaje perteneciente a la burocracia dominante en una dictadura que se sostenía por la imagen del Gran Hermano responde a la pregunta del ciudadano que está torturando, respecto de la existencia de Gran Hermano, Gran Hermano no existe, él es una forma de mantener la ilusión que permite dominar a las masas, lo que realmente existe es la burocracia, y ella nos permite trascender la finitud de la existencia, al ser parte de la burocracia, cada uno de nosotros obtiene su propia eternidad en la eternidad de la existencia de la burocracia de dominación. En el materialismo la noción de la Naturaleza, ocupa un lugar muy próximo al de un Dios omnipotente, solo que en este caso no constituye una conciencia que esta por fuera de la especie, por fuera de la materialidad del mundo, sino que es esa propia materialidad en desarrollo la que construye, a través de los hombres la significancia de la vida. La pregunta que cabe en esta segunda opción es la misma que se le podría hacer al personaje de 1984, que pasa si la burocracia se extingue, que pasa si la humanidad se extingue, Pregunta complicada, porque nos lleva al límite de la razón materialista en el que la pregunta por la esencia retorna de lo reprimido con fuerza de interpelación, dado que en ese límite pierde sentido la inclusión del proyecto particular de cada ser humano como parte del proyecto universal de la especie, si la especie es un anti proyecto, si su evolución no concibe reglas, sino que está sujeta a la espontaneidad, no tenemos la certeza de que podamos perdurar en ella, pierde sentido, además de nuestros proyectos particulares, algunos de los mecanismos de sostenimiento de la especie como por ejemplo la reproducción, nuestros hijos, y los hijos de nuestros hijos, y los hijos de los hijos de nuestros hijos, deberían saber que solo son un experimento que no tiene objetivos, ni sentido, son solo un experimento. La pregunta retumba en la conciencia del materialista con la misma fuerza que retumbaría en la creencia del religioso, que pasa si en realidad Dios es finito, si su existencia es finita, todo lo creado por él gozaría de esa misma propiedad, la de la finitud y por lo tanto podría desaparecer, el paraíso se transforma en un infierno compartido con el infierno del materialista que sabe o instuye la finitud de la existencia humana, que, como los dinosaurios pueden llegar a desaparecer. Pero no es una fantasía, ni un artefacto destinado a organizar nuestro pensamiento desde otra perspectiva, existen muchos científicos que creen en la hipótesis que refiere a la desaparición de las sociedades evolucionadas, las sociedades evolucionadas serían las creadoras de las causas de su propia desaparición y a juzgar por las acciones de la sociedad actual, que agrede hasta el paroxismo al planeta que la contiene, esto no está muy lejos de la realidad. Los estudios más serios de la actividad humana sobre el planeta, sobre todo a partir de la revolución industrial y la universalización de la cultura capitalista muestran que vamos hacia un precipicio del que no podremos librarnos, porque tal vez, ya pasamos el límite de lo permitido por la naturaleza, el planeta podría tener como destino su destrucción y con él toda la vida existente. Es entonces el momento en el que la hipótesis de la extinción de la especie cobra realidad, verosimilitud y en este escenario la pregunta que nos acucia es ¿entonces,para que hacemos lo que hacemos? Esta pregunta no tiene carácter de clase, es una posición de transversalidad para todos los seres humanos, para el capitalista que se interroga para que quiere acumular riquezas que no podrá gastar ni en varias existencias y que sus descendientes no podrán gozar por la perspectiva del holocausto; para el trabajador que, si se interroga de esta manera, se esfuma el sentido de su trabajo, el sentido de todo lo que quiere o ha construido, el vacío de la nada nos invade y en ese vacio no existe respuesta posible que mitigue nuestra angustia, posición peligrosa la del filósofo que se interna en estos vericuetos de la razón, porque puede ser reconocido como la maldad que viene a destruir la ilusiones, y todos sabemos que cuando la noticia es muy mala, nuestra actitud como seres humanos es matar al mensajero. Más allá de la hipótesis de la extinción de la especie, más allá de la extinción de la vida en la tierra, la ciencia nos provee de teorías inquietantes que afectan nuestra tranquila existencia en este mundo. El Big Bang es una teoría sobre el origen del universo, que hasta le pone números a su existencia, catorce mil millones de años y afirma que en el comienzo el universo era una maza muy concentrada de energía que en un momento explotó por su tensión interna y comenzó a expandirse creando todo los que existe, materia, espacio, tiempo, pero, y aquí viene la mala noticia, nadie puede afirmar que esa expansión sea eterna, es más, los científicos afirman que la expansión del universo en un momento comenzará a desacelerarse y en algún otro momento el universo comenzará a contraerse de nuevo, hasta el momento de su colapso (Big Crunch) y en ese proceso arrasaría galaxias, estrellas y planetas, la Vía Láctea, el Sistema Solar y nuestro planeta incluidos, y si eso ocurre aunque sea en unos, digamos veinte o treinta mil millones de años, igual nuestros proyectos, como los proyectos de la humanidad no tienen destino, No se angustie entonces, relájese y goce, la cuestión, tal vez, es vivir. Hasta la próxima,

sábado, 9 de julio de 2016

Agresividad y violencia.


Quiero discutir estos dos términos porque en el lenguaje común existen algunos equívocos. En primer lugar, ambos términos gozan de muy mala prensa en nuestros días. Cuando se hace referencia a que una persona es agresiva generalmente es una crítica y cuando se habla de violencia se la ve como una mala cuestión. Pero no siempre ha sido así, en general en la historia humana, por lo menos en la historia conocida, la agresividad y la violencia han sido dos atributos valorados. Comencemos por ver que significa cada una de estos términos para luego ver las vicisitudes socio-históricas. Según los diferentes diccionarios, violencia proviene del latín violentia, y por lo general hace referencia a algo que está fuera de su estado natural. Sería una acción que se realiza con fuerza, ímpetu o brusquedad. También hace referencia a lo que se hace contra la voluntad. El diccionario la define como un comportamiento deliberado con el fin de producir daños físicos o psíquicos a otra persona o grupo de personas, yo le agregaría también, con el fin de procurar algún bien material o resultado satisfactorio. Un investigador noruego Johan Galtung, definió tres tipos de violencia; a) cultural, que se manifiesta en el arte, la ciencia o la religión; b) estructural, sería la que acontece en los sistemas sociales como consecuencia de la insatisfacción de las necesidades que tenemos; y c) directa, que es la que se ejerce física y psícamente contra las personas, contra el medio ambiente, o los bienes privados o comunes. Dentro de este último tipo entran los robos, los asesinatos, los saqueos, etc. Existe una forma de violencia que a veces no es considera como tal, es aquella que el estado ejerce sobre las personas, como por ejemplo la represión o la pena de muerte. Mahatma Ghandi, conocido por su teoría de la no violencia y por la búsqueda del cumplimiento de los objetivos sociales mediante acciones pacíficas, sin embargo, afirmaba que nadie está exento de ejercer la violencia dado que la misma es una característica propia de los seres humanos. Decíamos más arriba que la violencia no siempre tuvo la mala prensa de la que goza en la actualidad, que por otra parte se trata de posturas hipócritas, dado que mucho de los que preconizan la paz ejercen la violencia contra pueblos enteros asesinando a millones de personas por años. Un dato interesante es que solo en el siglo veinte murieron 6.000 millones de personas, según afirma el informe de Devid Mc Candless, de las cuales un 17,8% habrían muerto por la mano del hombre, alrededor de 978 millones de personas. En este tópico se incluyen guerras, muertes violentas (asesinatos, por ejemplo), accidentes, etc. En las diferentes guerras del siglo XX las estadísticas mencionan más de 130 millones de personas muertas. El uso de la violencia, no solo no era reprobado a lo largo de la historia, sino que incluso era ponderado. Los romanos tenían lo que llamaban la rex nullius, derecho de conquista, por la cual todo lo conseguido por la conquista (que obviamente era violenta) correspondía al conquistador. En la historia humana los genocidios, las matanzas por cuestiones ideológicas o religiosas, han sido moneda corriente, y no solo se trata de matanzas simples por acción de las armas en confrontaciones, en muchas de ellas hubo manifestaciones extremas de sadismo y brutalidad, donde la tortura al semejante era moneda corriente. En el caso de Argentina, la violencia ocupó una parte importante de la historia nacional. Los historiadores cuentan más de 150 batallas durante el siglo XIX. En el siglo XX son conocidas las matanzas como la de la Patagonia, la semana trágica. El genocidio de los setenta, etc. Durante los años de plomo 1960/1980 la violencia poseía un estatus privilegiado. Frases como las de Marx, “la violencia es la partera de la historia”, o las de Perón, “la violencia en manos del pueblo no es violencia, es justicia”, “la violencia de los de abajo es provocada por la violencia de los de arriba”, constituían el combustible que alimentaba los programas revolucionarios basados en la transformación del capitalismo como resultado del uso de las armas. La burguesía no siempre enunció propósitos pacíficos, a lo largo de su formación los líderes burgueses desataron la violencia revolucionaria en defensa de sus intereses, y su punto más álgido los constituye, tal vez, la revolución francesa, en la que miles murieron en enfrentamientos militares o en la guillotina. Lenin preconizaba el uso de la violencia para los objetivos liberadores y decía que la burguesía no cedería su poder a menos que el proletariado se lo arrancara con la fuerza de la insurrección. Es de destacar que la violencia a la que se refería era la lucha del colectivo de trabajadores (insurreccional) dado que rechazaba la violencia individual (por ejemplo, el terrorismo) al que consideraba una desviación pequeño burguesa y decía que los actos terroristas constituían crímenes individuales y miserables. Luego de su triunfo, la burguesía buscará monopolizar el uso de la violencia en el Estado, al que ella controlaba, y de esta manera, el Estado ejecutó represiones violentas que le costaron la vida a millones de ciudadanos disconformes con las consecuencias del sistema capitalista. Volviendo a los años de plomo, casi todas las agrupaciones estudiantiles y políticas revolucionarias preconizaban la lucha armada para lograr la liberación de los trabajadores, algunos mediante la insurrección armada, otros mediante la construcción de un ejército del pueblo, solo algunas fracciones residuales del partido Socialista y el Partido Comunista proclamaban la búsqueda de una revolución pacífica, el resto veía a la lucha callejera del pueblo como pre condición para la toma del poder. En esos años se tenía fresca la revolución cubana, donde un grupo de guerrilleros había tomado el poder mediante las armas, la revolución china que mediante una guerra popular prolongada encabezada por Mao Tse Tung, había derrotado al ejército nacionalista burgués de Chiang Kai Shek y la epopeya de Viet Nam que bajo el liderazgo de Ho Chi Minh, derrotaron a los franceses y luego al mayor imperio en la historia de la humanidad EE.UU. Se consideraba violencia, además de la represión de los gobiernos a las luchas obreras y populares (plan CONINTES de Frondizi, represión de la noche de los bastones largos de Onganía, masacre de Trelew durante la dictadura de Lanusse, genocidio ilegal durante la última dictadura militar, etc.), las políticas de ajuste que se implementaban y conducción a la pobreza y la indigencia a los trabajadores, la violencia cultural que ejerce la iglesia (con sus normas ultraconservadoras con respecto al sexo, el aborto, etc.) y la educación de clase que se imparte en las escuelas adormeciendo el pensamiento crítico, etc. Hoy sería muy difícil encontrar colectivos políticos que impulsaran en democracia el uso de la violencia, aunque en los setenta en Europa surgieron grupos terroristas que en democracia tomaron las armas contra el Estado capitalista como por ejemplo las Brigadas Rojas en Italia, la Fracción Ejército Rojo en Alemania, el IRA en Irlanda del Norte, etc. Pero si son conocidas formas de violencia estatal, donde los planes de ajustes neoliberales socaban las condiciones de vida de los sectores populares y conducen a fragmentos de la clase media a la pobreza y a la indigencia. Estas políticas llevan al hambre y a la desesperación a millones de ciudadanos que viven hacinados en viviendas precarias, sin las mínimas condiciones de salud, en zonas donde no hay cloacas, agua potable, etc. En esa desesperación, en la historia reciente en Argentina, hemos visto los llamados saqueos, donde miles de desesperados primero pedían comida y cuando se la negaban la tomaban haciendo uso de la violencia colectiva. Otra forma de violencia a la que lleva la explotación capitalista es el delito, jóvenes (y no tan jóvenes) sin futuro se lanzan a recuperar el futuro que el injusto sistema capitalista le ha arrebatado mediante la acción individual dando lugar a arrebatos, asesinatos, secuestros, y todo aquello que ha dado en denominarse inseguridad. Esta inseguridad va acompañada de otra forma de violencia que estigmatiza a los jóvenes y los persigue, sin tener en cuenta que el delincuente es también una víctima de un sistema codicioso en el que una ínfima mayoría posee todo y la gran mayoría no pose nada. Creo que no basta con algunos clisés a los que nos tiene acostumbrado la intelectualidad burguesa y pequeña burguesa como por ejemplo justificar la persecución y discriminación violenta del Estado contra los vulnerables en conflicto con la ley, pero reclamarle al Estado, como forma de tapar su conciencia culpable, mayor educación y empleo para estos sectores, cuando las soluciones solo pueden venir de la mano de mayor igualdad, inclusión y políticas sociales que brinden futuro a los sectores vulnerables. Y en este punto se hace necesario introducir el otro tema del título, la cuestión de la agresividad. Este término goza también de mala prensa, aunque menor que el de la violencia. La palabra agresividad es un término compuesto del latín, conformado por el prefijo ad que significa hacia, gradior que puede entenderse como andar o ir, ito que equivale a relación activa y el sufijo dad que significa cualidad. Podríamos interpretarlo como andar o ir activamente. La agresividad proviene de la Biología que la vincula al instinto sexual y a la territorialidad. Si bien en el lenguaje común se la ve como sinónimo de actuar o responder violentamente, también debe rescatarse su acepción como brío, pujanza o decisión para emprender alguna acción o enfrentar las dificultades. En Psicología suele considerársela como conjunto de patrones de actividad que pueden manifestarse con intensidad variable, desde las expresiones verbales y gestuales hasta la agresión física. En una sociedad en la que se valora lo individual, la salida personal antes que la colectiva, donde una publicidad habla de una sociedad meritocrática en la que se exaltan los valores individuales, la competencia, donde la mezquindad juega un papel importante y donde existe el sálvese quien pueda, la agresividad debería tener una alta consideración. Lo paradójico es que la agresividad, considerando valores de solidaridad, cooperación, asociatividad, búsqueda del bien común, etc., también juega un papel importante, pero como entidad colectiva, como resolución de los problemas comunes en el marco de la igualdad y la inclusión y donde el aporte individual, motorizado por el empuje, la constancia y la pujanza se constituyen en atributos que pueden ser extrapolados al grupo. Por lo tanto, violencia y agresividad, como puede leerse son conceptos situacionales y relativos, no solo a los momentos socio-históricos, sino también dentro de la contemporaneidad de un colectivo social y responden a las condiciones de vida y a los proyectos de sociedad que pretendemos construir. Hasta la próxima.

domingo, 3 de julio de 2016

La burguesía progresista.


En la década del setenta, existía entre los muchos grupos de izquierda, un debate que nunca fue saldado. Existe o no existe un sector de la burguesía que puede denominarse progresista, o toda la burguesía constituye un bloque político reaccionario. El debate no era menor, durante los sesenta y los setenta la izquierda discutió lo que se llamaba el carácter de la revolución. Lo que en buen romance implicaba definir el tipo de poder que se debía construir luego de la toma del mismo. Siguiendo una tradición iniciada por la llamada teoría de la dependencia, entre cuyos exponentes se contaban Cardozo y Farletto (el mismo Cardozo que fue presidente de Brasil y que hoy hace alianza con la derecha más reaccionaria para dar un golpe de estado contra el gobierno del P.T., y publicaba “Dependencia y desarrollo en América Latina”, F. Cardozo y E. Farletto, Siglo XXI 1977, Bs. As.) el debate se centraba en el carácter colonial, semicolonial o independiente de América Latina. Fue un largo debate y su importancia residía en que, si la Argentina era una colonia o semicolonia, se habilitaba el desarrollo de una lucha en pos de la liberación nacional. De ello resultaba que, el carácter de la revolución que para ese momento histórico no era la construcción de una sociedad socialista, sino la unión de los sectores nacionales contra la llamada oligarquía cipaya (la gran burguesía terrateniente, financiera e industrial) que se subordinaba al capital imperialista y a través de la cual, ese capital ejercía el control del país. El pueblo, constituía un concepto genérico que reunía a todos los sectores sociales interesados en la liberación nacional. En términos económicos estos sectores eran el proletariado urbano y rural, la mediana y pequeña burguesía nacional, el campesinado medio y pobre, la pequeña burguesía, etc. En términos políticos, el frente nacional estaba conformado por el peronismo que históricamente lideró la llamada lucha por la liberación nacional y una serie de partidos burgueses y pequeños burgueses que iban del dentro hacia la izquierda. Para todos lo que suscribían la teoría de la dependencia la contradicción principal era imperio nación y luego se dirimirían las contradicciones secundarias entre la burguesía y los demás sectores explotados y oprimidos. Este es el origen fuerte del progresismo en argentina, y está vinculado a la idea del cambio revolucionario por etapas (clásica concepción del estalinismo en contraposición al trotskismo que definía la revolución permanente). En esta revolución por etapas, se debía llevar adelante una revolución democrática burguesa que desalojara del poder a la llamada oligarquía e instaurara un poder popular. La idea era que se debía realizar en esta etapa las tareas democráticas burguesas que habían quedado pendientes desde la revolución de mayo de 1810 y nunca se habían cumplido (independencia económica del país, eliminación de los resabios feudales y semifeudales, instauración de una democracia representativa, realización de la reforma agraria, etc.). Desde esa perspectiva existían sectores de la burguesía que se consideraban progresistas, es decir que aun contenían un potencial de cambio en sus necesidades de desarrollo y que este sector progresista tenía contradicciones con la gran burguesía colonialista. El peronismo encarnó desde sus inicios el pensamiento de este modelo de desarrollo en el que, la mediana y la pequeña burguesía aliadas a los trabajadores, llevaría a la Argentina por la senda del progreso social, económico y político. Un sector de la izquierda marxista, que tenía coincidencias con el peronismo, se opuso a su proyecto desarrollista, y para poder justificar sus disidencias preconizó para la Argentina la teoría del fascismo desde algunos de sus sectores (fundamentalmente el Partido Comunista Argentino que enrolado en el estalinismo que sostenía la lucha democrática de los trabajadores contra los fascismo -Italia y Alemania hasta 1945- y luego la lucha democrática contra el imperialismo americano durante la guerra fría) y otros sectores de la izquierda (fundamentalmente de raíz trotskista) que sostenían que el peronismo era una propuesta burguesa bonapartista (recomiendo leer el XVIII Brumario de Luis Bonaparte de Carlos Marx) que buscaba convertirse en mediador del conflicto entre burgueses y proletarios pero que siempre laudaría en favor de la burguesía. Hubo un pequeño sector de la izquierda, de efímera existencia, que sostuvo, basado en textos de Marx que la Argentina era un país independiente y que lo que estaba a la orden del día era la revolución socialista y la instauración de un estado obrero. Esta polémica de los setenta subsiste en las dos primeras décadas del tercer milenio, aunque los términos no tengan la misma significación. Hoy el término progresista se ha banalizado por su uso masivo y hasta sectores profundamente reaccionarios, como el macrismo y la derecha radical se definen como progresistas, preconizan el cambio y no sería raro (ya lo hicieron los militares con Onganía cuando designaron su golpe como revolución nacional) que comenzaran a hablar de una revolución en Argentina. La teoría de la dependencia fue lentamente abandonada y solo conservó lo que Cardozo y Farletto denominaron el desarrollismo (que en Argentina tuvo su máxima expresión en el gobierno de Arturo Frondizi). La caída del peronismo (como de muchos populismos en América Latina) significó el comienzo de la llamada égida neoliberal. El neoliberalismo, lo hemos dicho en varias publicaciones, constituye la propuesta de organización del estado y la sociedad sobre la base de la teoría del mercado como regulador social, por lo cual el Estado debe circunscribirse a las funciones elementales que el mercado no provee, como por ejemplo seguridad (represión), salud y educación. Porque esta teoría neoliberal tuvo tanto anclaje sobre los sectores más concentrados de la economía argentina (grandes capitales financieros, los capitanes de la industria, los monopolios exportadores como las cerealeras e importadores y los terratenientes agrarios), la respuesta la encontramos en el carácter de la estructura económica argentina. Nuestro país, como por lo general América Latina, tiene, en términos cuantitativos, un mercado interno pequeño (40 millones de consumidores) y su principal producción son los commodities, es decir, cualquier mercancía con uso comercial, como cereales, petróleo, minería, etc.), la estructura industrial tiene un desarrollo reciente en términos temporales (si bien la teoría de la sustitución de las importaciones surgió durante las grandes guerras cuando se desarrolló una débil estructura manufacturera) y comienza a tener volumen a partir de 1945 con el peronismo (que crea un importante sector de empresas medianas y pequeñas que prácticamente no existían) y se profundiza durante los años del desarrollismo (incluido el gobierno de Illia que podríamos denominar un desarrollismo social). Entre 1945 y 1975 se sientan las bases industriales de Argentina y se constituye un sector de burguesía media con peso económico y político, que generalmente estuvo aliado a la clase obrera en la medida en que su interés por el desarrollo del mercado interno convergía con la demanda de mejores salarios y nivel de vida de los trabajadores (ver Bonantini C. Historia de la Educación Media Argentina. UNR editora, Rosario 1994 y 1996 tomos I y II). Como hemos definido en otras publicaciones, la pugna entre estos dos sectores burgueses se dio en términos de teorías económicas, la gran burguesía que adscribía a las teorías neoliberales de mercado y la pequeña y mediana burguesía que se sumó a las teorías neo keynesianas. A partir del regreso a la democracia representativa, con el derrumbe del poder militar, la gran burguesía comenzó a hacer una serie de ensayos para conservar el poder político que antes tenía de la mano de golpes cívico-militares que reprimían salvajemente a la población. Fueron ensayos de creación de partidos propios (UCD de Alsogaray), de infiltración en los grandes partidos populares (menemato 1989-1999 y delaruismo posterior) y finalmente un partido propio que llegó al poder con la estructura territorial del radicalismo de derecha, es decir el macrismo). En América Latina se dieron procesos similares en los que el retiro de los EE.UU. como consecuencia de la profunda crisis capitalista y la caída de la teoría de la seguridad nacional, acompañado por un proceso creciente de valorización de los comodities, que, con marchas y contramarchas, llevó al poder en toda la región a partidos populares de tendencia centroizquierdista (Venezuela, Bolivia, Perú, Chile, Ecuador, Brasil, Paraguay, Uruguay). En este proceso político tuvo importancia el fin del mundo unipolar donde el dominio de EE.UU. fue casi absoluto y la emergencia de nuevos bloques económicos y políticos como la U.E., el Mercosur, la UNASUR, el BRICS, etc.). Precisamente, en América del Sur, el desarrollo de Brasil como potencia emergente (económica e industrial) permitió que desde los tempranos años de la democracia se comenzara a pergeñarse un bloque de naciones que se constituyera en un espacio de libre comercio y brindara a los capitales internacionales y nacionales un mercado amplio facilitando la producción en escala que hacía más competitivas a las economías regionales. Desde el comienzo el Mercosur fue mucho más que una unión aduanera, como correctamente afirman algunos autores, (vg. Cicaré A. La educación como factor de integración en el Mercosur, Cuadernos Sociales 14/15, UNR Editorial, Rosario 2015), se configuró como una propuesta de integración económica, social, educativa y de desarrollo científico tecnológico. En los últimos 30 años asistimos en el área del Mercosur y la UNASUR a procesos de desarrollo económico, fundamentalmente industrial, integración social, disminución de la pobreza, desarrollo científico-tecnológico que no registra antecedentes en la historia de la región. El otro dato, es como hemos dicho, la adscripción a las teorías neo keynesianas basadas en la demanda que llevaron a mejorar el consumo en América Latina generando millones de nuevos “clase media” que se incorporaron al mercado de consumidores. Las cifras son elocuentes, crecimiento de la industria automotriz, alimentaria, metalmecánica, artículos de confort hogareño, de las telecomunicaciones e internet, del turismo nacional e internacional, etc. Pero también, y esto es un dato nuevo muy significativo, creció la inclusión en términos de derechos y la igualación, en términos de visibilidad de las minorías discriminadas hasta hace pocos años, La ampliación de los derechos democráticos, de los derechos civiles, de los derechos humanos, de los derechos de las minorías son datos relevantes e incontrastables en la América Latina de los últimos 30 años. Todo esto ha sido posible por la alianza que establecieron los sectores explotados y oprimidos con un sector del capital, y ello se explica en los logros electorales de los grandes líderes latinoamericanos como Cristina Fernández de Kirchner, Ignacio Lula Da Silva, Michelle Bachelet, Evo Morales, Rafael Correa, Hugo Chávez, José Mujica, Fernando Lugo. Etc. El crecimiento de la llamada clase media en este espacio geográfico, posibilitado por las políticas de inclusión y desarrollo de América Latina, es también su debilidad, por cuanto los sectores medios son muy volubles en lo referente a las ideas y tienden a mimetizarse con la gran burguesía a la que admiran y en la medida en que crece su nivel de vida en lugar de mantener la alianza con los trabajadores y sectores vulnerables (como en la Argentina de 2001 con la consigna piquetes cacerolas la lucha es una sola) buscan alejarse de los mismos y a debilitar lo que se ha dado en llamar el campo popular. La historia no está escrita. Es hora de reflexión y acción. Hasta la próxima

viernes, 24 de junio de 2016

Santos, ídolos, pecadores y seres humanos.


Cuando era niño solía leer un comic que se llamaba “Vidas ejemplares”. La revista narraba la existencia de personajes de la historia de la humanidad que habían tenido una vida intachable. Por aquellos años, la ingenuidad de la infancia hacía que yo creyera esas historias. La revista tenía un fin ideológico, se trataba de educar al lector en ciertos valores tales como el altruismo, la honestidad, la valentía, la entereza, etc. Por lo general las vidas ejemplares narraban las historias de santos, aunque también había números en los que se contaba las peripecias existenciales de laicos. Traigo a colación este recuerdo porque en Argentina hemos desarrollado una gran capacidad para construir iconos que son vendidos como el ejemplo de la pureza, con un conjunto de valores a los que hay que imitar. Estos ídolos pueden ser religiosos, mitológicos, civiles. Por allí caminan de la mano el guachito Gil junto a la difunta Correa, en alguna esquina encontramos a Gilda y en algún lugar de la Pcia de Bs. As el potro Rodrigo, la primera con ermitas por su calidad de “santa” el segundo como ícono popular. Durante años endiosamos a un excelente futbolista y lo elevamos a la característica de Dios (por lo menos la mano de Dios) y también en la época de la dictadura canonizamos a las madres de Plaza de Mayo, construyendo el ícono Hebe. Con menor suerte Favaloro y Maradona son parte de la iconografía vernácula, y algunos políticos fueron elevados a la deidad, o acaso no hablamos de San Perón y Santa Evita, y otros más laicos, los hay los que son sinónimo de virtudes como la honestidad (Illia) o de la educación (Sarmiento), y en general los políticos apetecen llegar a ser canonizados para tener su lugar en loa historia popular. Pero con la misma velocidad que construimos una deidad, los argentinos la destruimos, y entonces surgen dos preguntas, ¿en todos lados es así? y ¿Cuál es la causa de esta volubilidad de nuestras emociones? Creo que, si bien las figuras arquetípicas de la nacionalidad y la vida cotidiana de los países son sometidas a la crítica en todo el mundo, en general se las respeta y se es muy cuidadosa a la hora de evaluar sus conductas- Gandhi no es vituperado en la India, Mandela es una figura respetada en Sudáfrica, el propio Kennedy es respetado por los americanos, Napoleón es un héroe para los franceses, y así los diferentes países tienen sus iconos a los que admiran y respetan. En cambio, en Argentina, los ídolos suben y caen del pedestal al ritmo del merengue que entonan los medios masivos de comunicación o como en el tango cambalache van mesclados unos con otros. En los ochenta y noventa, Hebe era endiosada por la gran mayoría de los argentinos (la respetaban aun aquellos que hablaban de las locas de plaza de mayo). Si alguien se atrevía a hacerle una crítica, era inmediatamente vituperado, y debemos reconocer que, aunque Hebe es un ejemplo de la lucha popular contra la dictadura tuvo expresiones controvertidas (como aquella vez que dijo que se alegraba de los yanquis que murieron en las torres gemelas), pero estas expresiones desafortunadas no invalidan lo que significa su trayectoria en defensa de los derechos humanos. Además, Hebe es un ejemplo de honestidad y entereza, aunque algunos medios de la derecha argentina pretendan ensuciarla (sobre todo por la estafa perpetrada por Schoklender en el caso de sueños compartidos). Desde el deporte, Maradona, sobre todo luego del mundial 86 se convirtió en un Dios laico de los argentinos. Durante años, asistimos a las crónicas de la perfección de Maradona en la que los periodistas vendían una imagen muy distante del ser humano. Otros ídolos como Favaloro, tuvieron menor suerte, pero luego de suicidarse comenzaron a tener el respeto que se le había negado en vida. Ni hablar de Perón y Evita, dioses del Olimpo argentino, que desde lo alto del monte gobiernan las voluntades de unos y son objeto de la crítica insidiosa de otros. Muchos de estos ídolos, sobre todo los que vienen del campo de la política, son objeto de veneración un día y al día siguiente son profundamente denostados. Luego de la “revolución libertadora”, Perón paso de ser el padre amado por la mayoría, a ser un ladrón, abusador de menores, corrupto, y no se lo encerró en una cárcel, solo porque se fue a tiempo. Los argentinos olvidaron como durante casi diez años millones de trabajadores, vulnerables, pequeños comerciantes, etc., se reunían para venerar al líder todopoderoso, y como los mismos que lo denostaron durante dieciocho años, mágicamente comenzaron a vivarlo cuando el viejo líder volvió del exilio. Un capítulo curioso es el de los santos de la iglesia católica. Sicarios, contrabandistas, asesinos, ladrones, figuran en el santoral y son venerados por la grey católica sin que se les cruce por la cabeza el mínimo atisbo de duda respecto a su santidad. Solo por dar un ejemplo, San Pablo era un asesino al servicio de los dignatarios judíos y como un homólogo de la inquisición que vendría después, se dedicaba a perseguir y matar nazarenos. Santo Domingo y su s seguidores eran los responsables de la inquisición, y aunque muchos lo veneren como santo, asesinaba a los herejes sin piedad ni compasión, sino indáguese sobre el genocidio que hizo la primera cruzada interna de la cristiandad contra los cátaros en la occitania francesa, donde el nivel de genocidio llegó al punto de que un monje dominico en el sitio de una ciudad occitana dijo a degüello (o sea mátenlos a todos) y ante la pregunta del general, ¿eminencia allí hay de los nuestros?, contesto, no importa Dios sabrá distinguirlos. Ningún creyente, católico, musulmán, duda de las bondades de Jesús o Mahoma. Sin embargo, el primero, aun con todas sus virtudes, pecaba y seguramente tuvo mucho de que arrepentirse a la hora de su partida, y el segundo era un militar conquistador bajo cuya espada murieron miles en vida, y millones después de muerto. Acaso San Francisco de Asís era más o menos santo que el actual Francisco, o tenía sus manchas ocultas que la historia y el mito se encargaron de borrar cuidadosamente. Nadie es santo, todos somos solo seres humanos, con virtudes y defectos, pero seres humanos que al final no nos vamos a sentar a la diestra, ni a la siniestra de Dios, sino que seremos polvo, por decir una grosería, de un polvo venimos y al polvo vamos. Entonces porque embanderarnos en discursos hipócritas que nos hablan de un cúmulo de virtudes de los santos, si ni siquiera somos capaces de seguir la máxima atribuida a Jesús, “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Creo que esta tan mal endiosar a las personas como vituperarlas luego, porque en ninguna de las dos oportunidades reconocemos lo que son humanos, comunes y corrientes. Hace unos días en el Facebook escribí unas líneas porque me emocionó un reportaje que Víctor Hugo realizó a Maradona. En el mismo, Diego se mostró en su faceta humana como nunca, apareció un Maradona humilde, capaz de reconocer a los que participaron con él del logro mundial, preocupado por los más vulnerables, generoso. No desconozco los defectos del Diego, se de sus cuestiones íntimas ventiladas en los medios aviesamente porque no les gustan sus posiciones políticas o simplemente porque para los medios de comunicación ventilar la mugre que todos tenemos en nuestra intimidad es lucrativo. Pero lo que sí sé, es que la intimidad es del Diego y sus familiares y que como decía la Tía Veneranda, en las cosas de la familia los de afuera son de palo. Más que criticar al Diego por sus cosas íntimas (si tuvo muchas mujeres, si no reconoció hijos, si se peleó con otras, si no drogó o no, lo que tenemos que valorar es lo que Diego y muchos otros nos dieron en un momento crítico de nuestra historia, un campeonato mundial, una alegría inmensa, que, como el mismo dijo, nos permitió sentirnos reivindicados por tanta muerte cometida por milicos aventureros que mandaron a nuestros pibes al muere a manos de los expertos asesinos ingleses. Diego y su equipo nos dieron una alegría que permitió que elaboráramos nuestra complicidad en la matanza, ¿o acaso millones de argentinos no nos alegramos cuando invadieron Malvinas?, ¿acaso no fueron miles y miles los que vivaron a Galtieri en la Plaza de mayo?, y en los bares, cuántos debimos callar la bronca por lo que considerábamos una aventura insensata de los milicos asesinos so pena de ser agredidos por los mismos que hoy se hacen cruces por la aventura militar insensata. Los argentinos tenemos que empezar a ser más autocríticos, y pensar porque endiosamos a personas que no son más que ciudadanos con un poco de prensa. Nos desesperamos para decir hola Susana, te amo, a una analfabeta, sin cultura, de derecha casi fascista, que proclama la necesidad de la pena de muerte a los delincuentes, pero que en su momento para evadir al fisco compro por intermedio de un minusválido un Mercedes Benz que cuando la descubrieron ocultó en un gallinero para no hacerse cargo de su delito. Vemos a una señora conservadora almorzar con lo más granado de la derecha argentina y dilapidar insensateces a diestra y siniestra, mintiendo y prejuzgando solo por el magro placer de tener un poco de pantalla en sus últimos días. Son tantos los ídolos de barro que construimos, esos que no nos dan nada, solo opio para nuestros cerebros, que anestesian nuestro pensamiento, que trafican ideología, que nos sumergen en un espectáculo bizarro que solo busca impedir que podamos asumir la crítica existencial de nuestras condiciones de vida, que los verdaderos ídolos, esos que nos dieron mucho como Maradona, o como Estela de Carlos, Hebe de Bonafini, el Che Guevara, Illia, Alfonsín, son mancillados con una crítica superflua o son olvidados en los márgenes de la historia. Para pensarlo Hasta la próxima.

lunes, 20 de junio de 2016

En defensa de la palabra.


En algunas oportunidades se me ha criticado mi estilo de escritura, se lo ha considerado como agresivo y con una cierta violencia verbal, Algunas personas que me quieren me han formulado la siguiente crítica: “Así no vas a convencer a nadie”. Durante algún tiempo estuve meditando sobre esta cuestión y porque me impresionó tanto esa crítica, tal vez por el afecto que le tengo a quienes la formularon, tal vez porque en algún momento de mi vida he querido convencer a las grandes masas. En los setenta, cuando participábamos de los grandes movimientos revolucionarios, cuando el mundo estaba convulsionado y la agresividad y violencia verbal eran tremendamente más implacables que la actual, se intentaba, a través de dos mecanismos de lucha política, convencer a los demás de lo acertado de la línea política del partido en el que participábamos. Las dos herramientas de trabajo de los militantes eran la agitación y la propaganda, en términos de un gran dirigente político de la izquierda, Vladimir Ilich Ulianov (Lenin) la agitación consistía en formular pocas ideas para muchos, se expresaba a través de consignas concisas pero contundentes, por ejemplo, la consigna bolchevique “todo el poder a los soviets”. El agitador debía estimular emociones en la masa, agitar era tocar la fibra más sensible de los trabajadores y estimularlos a movilizarse contra el orden existente. En la medida en que los trabajadores se movilizaban iban ganando en conciencia respecto a la maldad del sistema capitalista, de manera tal que la movilización, motorizada por la agitación política, se constituía en la puerta de entrada a la conciencia socialista. Cuando el trabajador había hecho carne que algo de la sociedad estaba mal, que sus penurias no se debían al accionar de tal o cual gobierno, sino a las condiciones de explotación y represión a las que lo sometía el sistema capitalista, entraba a jugar la propaganda. La propaganda consistía en muchas ideas para pocos, era la tarea de profundización y construcción del militante revolucionario socialista, el trabajador que se había acercado intelectualmente a la organización revolucionaria a partir de una huelga, una toma de facultad, una movilización, ahora debía comenzar a consumir la literatura revolucionaria que lo hacía transitar el camino hacia su constitución en sujeto revolucionario. La literatura consistía fundamentalmente en la lectura (individual o colectiva) de la prensa revolucionaria, el diario del partido, los documentos de debate interno de la organización, y esporádicamente la lectura de los textos de los padres fundadores de la revolución socialista (Marx, Engels, Lenin, Trotsky, etc.). Lo interesante es que el novel integrante de la periferia del partido debía reconocerse como un revolucionario marxista (leninista, trotskista, castrista, guevarista, maoísta, etc., según la definición teórica de las diferentes sectas de izquierda) aun cuando nunca hubiera leído a Marx, la adscripción a una teoría era un acto de fe, tan de fe como la de un católico, o un musulmán. Los partidos tenían militantes y adherentes (o periferia). Los primeros eran los que agitaban la línea partidaria en nombre propio, los que supuestamente conocían las raíces del pensamiento de la organización, eran además de agitadores propagandistas, los segundos en cambio no podían hablar en nombre del partido, y ellos se encargaban de las tareas básicamente de agitación. Lo curioso es que unos y otros pregonaban ideas como la revolución armada, la insurrección, el socialismo, el gobierno obrero, obrero y popular, definían al país como dependiente del imperialismo, como semicolonia o colonia sin demasiado conocimiento teórico-práctico de los que significaban esas ideas, de las bases de sustentación de las mismas. Todos los partidos de izquierda se reconocían marxistas pero muy pocos de sus militantes habían leído siquiera algunas páginas de Marx, lo poco que conocían era a través de la transmisión oral de sus líderes o lo que se parafraseaba en la prensa partidaria. En aquella época, pretender realizar grupos de estudio para leer y debatir a los grandes pensadores revolucionarios era sancionado como teoricista e implacablemente perseguido. Las organizaciones de izquierda de los setenta, basadas en su funcionamiento interno en el llamado centralismo democrático, no debatían, la palabra del (o de los) líderes se imponía verticalmente, todas las decisiones eran tomadas por el comité central y los congresos partidarios que se realizaban de tiempo en tiempo (con una mayor participación de los miembros del partido) eran una parodia de la democracia. En estos congresos se votaba siempre la línea partidaria y quien se oponía a ella era generalmente expulsado de la organización. Como consecuencia de este rígido sistema de democracia interna, más cercana a la representación que a la autogestión se configuraban liderazgos muy fuertes y autoritarios en las organizaciones, y se producción frecuentes rupturas en las mismas, dado que en la medida en que en las cúpulas dirigentes existían diferencias de forma o contenido, siempre alguno tenía que irse y formar su propia secta. Es notable el pensamiento de Rosa de Luxemburgo quien en uno de sus trabajos critica de esta manera (cito de memoria) al centralismo democrático: “la dictadura del proletariado es la dictadura de una clase sobre la otra (del proletariado sobre la burguesía), y dentro del proletariado es la dictadura de un grupo social (el partido) sobre todo el proletariado, y dentro del partido es la dictadura de una fracción de este (el comité central) sobre el resto del partido, y dentro del comité central la dictadura de un hombre (Ud. camarada Lenin) sobre el resto del comité. Este modelo de funcionamiento fue extendido, cuando los bolcheviques tomaron el poder, a la gestión del supuesto estado obrero. Estamos frente a una concepción autoritaria que consideraba que el interés de la sociedad era determinado por el partido, de manera tal que el interés social era el interés partidario. No había lugar para la crítica, la dictadura del proletariado se transformó en una dictadura sin más aditamento y en nombre de ella se asesinó a millones de personas, entre ellos muchos de los que fueron dirigentes revolucionarios junto a Lenin (Kamenev, Sinoiev, Bujarin, Trotsky, y tantos otros fusilados o asesinados en nombre del socialismo. El socialismo implantado en la Unión Soviética desde sus comienzos no fue otra cosa que un capitalismo monopolista de estado en el que los miembros del partido constituían una capa burocrática que se beneficiaba del poder de manera corrupta, y donde los viejos burgueses se convertían en gerentes de las fábricas que les habían expropiados. El esto es cosa conocida, en la década de los ochenta los estados socialistas abrieron el camino a la usurpación de las empresas estatales por los miembros del partido y se retornó al capitalismo sin más, aunque en algunos países como China, Vietnam, Cuba se continuaron con un modelo de capitalismo monopolista de estado sostenido por dictaduras que oprimieron y oprimen a sus pueblos en beneficio de unos pocos, recreando burguesías nuevas que sostienen el sistema, que también se basa en la explotación y el dominio de las masas trabajadoras por los miembros de estas nuevas burguesías aliadas al capitalismo internacional y sostenidas por un estado autoritario y en algunos casos terrorista como en Camboya con los Khmer Rojos o en Corea del norte. Volviendo al comienzo, a las críticas bien intencionadas de aquellos que me quieren, luego de la reflexión llegué a la conclusión de que realmente escribo para expresar lo que siento, no para convencer a nadie. Con casi 67 años, una carrera profesional completa, al borde de mi jubilación, para la cual no necesito esperar nada, solo debo pedirla cuando lo desee, y sin ningún interés de participar en partido político alguno, sin ningún interés de tener cargo de gestión alguno, escribo para quien desee leerme, al que no le gusta lo que escribo, solo tiene que dejar de leerlo. Sin adscripción política alguna, puedo decir lo que pienso, lo que siento, lo que surge de muchos años de lecturas y experiencias y solo busco establecer una conexión en el debate de todos aquellos que, como yo, están dispuestos a discutir honestamente, sin dobleces o engaños, buscando nuevas ideas, sin la urgencia del cambio, con la certeza que el cambio rápido nunca es bueno, que trae más tragedias que felicidad, más destrucción que construcción. Tengo la íntima convicción que cada idea que se siembra, cada pensamiento que se formula, germinará regado por el tiempo, y será planta con el cuidado de aquellos que en esta y en las generaciones venideras sabrán cambiar de a poco la naturaleza voraz y destructiva del ser humano por una cultura de paz y confianza. Estoy convencido que no seré yo, ni mi generación los que convenciendo a otros construiremos el socialismo, eso llevará generaciones, pero con amor, con altruismo, con dedicación, con solidaridad, cada uno de nosotros puede agregar su granito de arena al gran edificio social que hará de nuestra especie algo nuevo, algo necesario que aporte a la construcción universal sin violencia, sin pobreza, sin sufrimiento. Hasta la próxima.

martes, 14 de junio de 2016

¿Democracia?


Mucho se ha discutido sobre la democracia desde los griegos hasta hoy. Pero sigue sin definirse el problema fundamental, el de la resolución colectiva de los temas atinentes al bien común. Es, a mi entender, parcial, definir a la democracia como gobierno del pueblo, la acepción generalizada nos dice, del griego demos : pueblo, kratos : gobierno. Pero existe otra etimología, que poco se discute, y casi nada se ve en las escuelas, en el griego clásico el demoi era el plural de demos, que no eran otra cosa que agrupaciones de linaje en las que estaban inscriptos los griegos atenienses varones, descendientes de atenienses por vía materna y paterna desde tiempos inmemoriales, los que los constituían una minoría en la sociedad, incluso dentro de la población libre. Fuera de la democracia ateniense quedaban los libertos, los esclavos, las mujeres, los metecos, es decir, la mayor parte de la población. La democracia ateniense que duró menos de dos siglos derivó en un sistema integrado por tres niveles, la asamblea del pueblo (varones que portaban armas), el consejo consultivo que estaba integrado por los ancianos y los notables, y un poder ejecutivo que estaba reservado a un rey o un cuerpo de magistrados integrantes de la oligarquía. Es cierto que la participación en las asambleas (de aquellos que estaban autorizados) era a igualdad de derechos, todos podían expresarse y se votaba universalmente. En Grecia existían tres espacios diferenciados, la ekklesia, o lugar público de debate de los problemas comunes, el agora o espacio semipúblico en el que se debatían problemas filosóficos y políticos (ejemplo la academia de Platón era parte del ágora) y el oikos o espacio privado. La democracia se asentaba en la ekklesia que es donde los griegos ciudadanos, mayores de 18 años debatían en pie de igualdad, nombraban magistrados, aprobaban leyes, decidían sobre la paz y la guerra o sobre litigios y problemas que planteaban los participantes que podían expresarse con total libertad. Otra de las instituciones de la democracia griega era el consejo que estaba integrado por los ancianos y los ciudadanos más respetados. Contaban con ejecutivos de las decisiones de la asamblea y el Consejo: los magistrados: los estrategos, los arcontes y los tesoreros. Los magistrados presidian los tribunales de justicia. Los estrategas, que eran 10, uno por cada tribu, eran los jefes de los ejércitos que, dependiendo de sus éxitos militares, podían alcanzar gran prestigio y ejercer un papel esencial en el gobierno de la ciudad. A los arcontes les estaba reservado los asuntos civiles y administrativos o presidían ceremonias religiosas. Los tesoreros estaban encargados de la hacienda Como vemos la democracia fue desde sus comienzos un espacio restringido, tan restringido como lo es en la actualidad. Tal vez, una de las formas más democráticas que conoció la historia humana sea la de la comuna de París, surgida de un movimiento insurreccional que gobernó la ciudad de París del 18 de marzo al 28 de mayo de 1871, intentando desarrollar un proyecto de carácter autogestionario. La comuna es hija de la derrota del ejército imperial y el cautiverio de Luis Napoleón III a manos de las tropas prusianas. La comuna se rebeló contra el gobierno de Thiers, quien se instaló en Versalles al no poder doblegar a los parisinos. En los dos meses que duró la misma dejó una marca imborrable en la historia de las instituciones políticas de la humanidad, al punto tal que Marx la consideraba como propia y sostenía que constituía la primera toma de poder de las clases proletarias en la historia de Europa occidental, describiéndola, según nos dice Rougerie, Jacques (Paris libre- 1871. pp. 264-270) como el primer ejemplo concreto de una dictadura del proletariado en la que el Estado es tomado por los obreros. La comuna dividió definitivamente los caminos de anarquistas y marxistas, ya que para los primeros el signo era haber arrebatado el poder al estado francés para crear un poder revolucionario sin depender de una vanguardia organizada. La comuna promulgó decretos revolucionarios, entre los que se contaban la autogestión de las fábricas abandonadas por sus dueños, la creación de guarderías para los hijos de las obreras, la separación de la iglesia del Estado, la obligación de las iglesias de acoger las asambleas de vecinos y de sumarse a las labores sociales, la condonación de los alquileres impagados e intereses de las deudas, la revocabilidad de los mandatos de los representantes, etc. Las medidas que promulgaba la comuna obedecían a la necesidad de paliar la pobreza generalizada que había causado la guerra. Asediada por el gobierno nacional, la comuna cayó rápidamente y sus defensores fueron duramente reprimidos. Tras un mes de combates, la reconquista del casco urbano provocó una fiera lucha calle por calle, la llamada “Semana Sangrienta (Semaine sanglante)” del 21 al 28 de mayo donde murieron más de 10000 personas y se incendiaron monumentos históricos y edificios, sometiéndose a Paris a la ley marcial por cinco años. La comparación de las diversas formas de organización de la democracia nos permite visualizar al menos dos formas de la misma, la democracia como procedimientos y la democracia sustancial. La democracia como procedimientos, o democracia representativa, es la que más difusión ha tenido. Según ella, los ciudadanos no deliberan, ni gobiernan, sino a través de sus representantes (como indica por ejemplo la constitución argentina), los representantes, que son elegidos por un mandato medido en años, una vez elegidos no rinden cuentas a nadie, pueden o no cumplir con sus promesas de campañas (un viejo político argentino decía que si hubiera dicho lo que pensaba hacer no lo votaba nadie y si hiciera lo que prometió el país sería inviable), En la democracia representativa el representante no rinde cuentas ni siquiera al partido por el que fue electo. Los casos de transfuguismo (ser elegido por un partido y pasarse a otro una vez en funciones) son moneda corriente. El representante, opera en su cargo según sus intereses, y raramente obedece a los intereses más generales. Los ciudadanos, tienen por única participación democrática, elegir cada tantos años a quien decidirá sobre su vida, y por lo general, nunca se enteran de las decisiones que toman aquellos por los que votaron. La democracia como representación, no está solamente instalada a nivel de las instituciones generales de la sociedad, las instituciones particulares de la misma (universidades, clubes, etc.) también están regidas por la institución de la representación. En la Universidad Nacional de Rosario (caso que conozco en profundidad) existe una elite burocrática (cuyas significaciones sociales imaginarias van desde la derecha hasta la izquierda) que gobierna la universidad desde 1984, excluyendo de la participación en la gestión al conjunto de los ciudadanos universitarios. Las reuniones de los cuerpos colegiados se realizan en medio de un caos normativo, donde los reglamentos de funcionamiento, o no existen, o son torsionados a gusto de los representantes. Por lo general en las votaciones de estos organismos se argumenta extensivamente, pero lo que vale es la ecuación de los números, quien más votos tiene decide, en la mayoría de los casos al margen de los reglamentos. En casi cuarenta años de docente jamás fui informado de los debates y decisiones del consejo, solo se informa aquellas decisiones con consecuencias operativas. Si los cuerpos colegiados son arbitrarios, los ejecutivos lo son más, con una serie de herramientas (como decisiones ad referéndum) con las que soslayan a los cuerpos colegiados. Poder participar en elecciones, el ciudadano universitario debe ser parte de las corporaciones que se disputan el poder, si no se participa en ellas, no se puede ser representante. Esta modalidad de la democracia representativa, que también funciona a nivel nacional, es la que permite que los partidos políticos sean los que determinan las representaciones, es decir, no es una democracia de los ciudadanos, sino de los partidos. Si Ud. quiere ser diputado, senador, presidente, y no está en un partido, olvídese, a menos que tenga el suficiente dinero como para crear su propio partido. En muchos países, por no decir en la generalidad, se votan largas listas sábanas, el ciudadano ni siquiera sabe a quién vota, ni las propuestas de las corporaciones a las que vota, solo sabe que vota a un determinado partido o alianza, nada más. En algunos lugares se han tratado de desarrollar formas más participativas, como los referéndums, los plebiscitos, la derogación del mandatos, los presupuestos participativos, asambleas populares, etc. Es lo que se ha llamado democracia participativa, que se define como un modelo de convivencia política en el que los ciudadanos tienen mayor influencia en la toma de decisiones. Para lograrla es necesario concientizar a los ciudadanos en la necesidad de implicarse en el proceso democrático, asumiendo un papel activo en la escena de gestión. La democracia sustancial es aquella en la que el poder de la decisión reposa en el conjunto de ciudadanos, los que a través de asambleas determinan directamente los rumbos a seguir. Aun en los países capitalistas existen formas de democracia directa como en los cantones suizos. La tecnología podría proveer, en un futuro cercano, de herramientas en tiempo real que hagan posible este tipo de gestión, en los hechos en algunos países se está trabajando en lo que se denominan organismos de gestión participativos en tiempo real. En América Latina hemos logrado acumular múltiples experiencias de gestión democrática en los últimos 30 o 40 años, países como Bolivia, Ecuador, Venezuela, Uruguay, Argentina, Brasil, en mayor medida y Chile, Perú, Paraguay, Colombia en menor medida, han transitado caminos de ampliación democrática. La ampliación democrática va más allá de la participación del ciudadano como abstracción, supone la ampliación de derechos, límites al capital, sistemas impositivos progresivos, inclusión de minorías segregadas, pluralidad de medios de comunicación, y un conjunto de tecnologías políticas que constituyen un avance en el proceso de construcción de una sociedad igualitaria, cooperativa, autogestionaria y por sobre todas las cosas, basadas en valores éticos y morales como el respeto a la vida, a la opinión del otro, la honestidad, la sinceridad, el respeto al medio ambiente, para lo que las comunidades tienen una herramienta invalorable, la educación crítica y reflexiva. Hasta la próxima.

domingo, 5 de junio de 2016

La Grieta


En Argentina, y creo que en todo el mundo hay panegíricos de los sistemas y panegíricos de los gobiernos. En la actualidad se han multiplicado los panegíricos del gobierno de Mauricio Macri. Tomo el término, que corrientemente significa un discurso en honor y alabanza a alguien, en su sentido negativo, es decir, el trabajo intelectual, sobre todo periodístico, orientado a alabar al gobierno intentando burdamente que este discurso no sea visto como una alabanza. Los periodistas militantes del gobierno del PRO-RADICALISMO usan por lo general lo que en un momento dio en llamarse el elogio diferido, es decir, criticar a alguien para terminar alabándolo. Este elogio diferido tiene invariablemente, entre los escribas y comunicadores amanuenses del gobierno actual, un punto de partida. Este punto de partida, a mi entender, no es casual ni arbitrario, el periodismo militante está en línea con el relato de la nueva derecha en el gobierno que ha definido como leiv motiv del ejercicio del poder autoritario dos caminos muy claros, por un lado el encarcelamiento o la judicialización de los líderes populares vinculados al anterior gobierno (por caso Milagro Sala, Cristina Fernández de Kirchner, Máximo Kirchner, Aníbal Fernández, Axel Kiciloff, y tantos otros) con el claro objeto de impedir que puedan competir en las próximas elecciones, lo que piensan lograrlo de la mano de jueces y fiscales corruptos y venales como el Fiscal Marijuan, el Juez Bonadío y muchos más, por lo general jueces y fiscales de la dictadura o designados por el gobierno menemista para garantizar su impunidad y que ahora están al servicio de la nueva derecha argentina genocida (por ejemplo Milagro Sala lleva más de cinco meses presa sin juicio y hasta persiguen a sus abogados o presionan a sus seguidores extorsionándolos con la posible cárcel para que declaren lo que al Gobernador corrupto Gerardo Morales le conviene), y por el otro, a través de una prensa aliada, en la que los periodistas enuncian un relato producido en las altas esferas de los medios de comunicación masiva (Vilas, Magneto, etc.). Es a partir de este objetivo fundamental, que pretende, además de descalificar a los funcionarios del gobierno anterior, deja en claro que la gran burguesía va a intentar impedir por todos los medios posibles, que accedan al gobierno sectores políticos que no comulguen con sus intereses. El elogio diferido, que da lugar al discurso panegírico de los periodistas (Majul, Lanata, Plagel, Franco, Vilouta, Wiñazky, Feidmann, Longobardi, Novaresio, y tantos otros) al servicio de la mentira, las operaciones de prensa, el ocultamiento de la información, la difamación pública de los actores políticos, el prejuzgamiento de las causa judiciales, la defensa de una justicia podrida hasta la médula, comienza invariablemente con la denostación del gobierno anterior, como vía de atemperar aquellas críticas que ya no pueden silenciar, y luego de realizar algún comentario crítico se pasa invariablemente a destacar las “virtudes del gobierno” tratando de minimizar el feroz ajuste que condena a los argentinos al hambre y la miseria. Precisamente, Luis Novaresio, en el diario La Capital del 5/6/2016 presenta una columna que incluye todos estos elementos. El título de la columna. es sumamente sugestivo, “Seis meses más de la grieta”. La grieta, concepto enunciado por otro obsecuente relator del régimen marista, Jorge Lanata, aunque más encumbrado y con más roce con el poder de la nueva derecha que Novaresio, que es tan solo un oscuro periodista pueblerino que recaló en Bs. As. y en base a un disciplinamiento total al dueño de los medios en los que trabaja (América y La Capital), Daniel Vilas, líder del “Grupo 1” de medios de comunicación pudo acceder a la pantalla televisiva. En realidad, la grieta es un curioso invento de Lanata según el cual los argentinos fuimos divididos por la acción ideológica del “relato” kirchnerista que no admitía poder aceptar el discurso del otro. Lo interesante es que este supuesto es absolutamente falso, el discurso kirchnerista siempre admitió la pluralidad de ideas, lo que hizo fue manifestar, generalmente en la voz de la presidenta Cristina Fernández su desacuerdo con los presupuestos políticos de la derecha argentina y los medios hegemónicos que lo sostenían. No escuche en la gran cantidad de cadenas nacionales, que la presidenta indicara la persecución política o judicial de sus opositores, si escuche a los opositores decir barbaridades de la presidenta y de su gobierno, mentir descaradamente, utilizar denunciadoras seriales y falaces como Margarita Stolbizar, Elisa Carrió y Graciela Ocaña (quien fue ministra de salud del gobierno kirchnerista y despedida por su ineficiencia en el manejo del área) para atacar al gobierno con causas que luego se demostraban como falaces, como aquella vez que Carrio con la complicidad de Clarín monto un numerito con cajas traídas de EE.UU. que demostraban la corrupción y que luego quedó en la nada, o las cuentas en un banco de EE.UU. de Máximo Kirchner y la ex ministra de defensa Nilda Garré, que el propio banco desmintió su existencia. Lo curioso que estas denunciadoras seriales, “amantes” de la ética y la vida republicana, jamás denuncian al gobierno macrista (tanto en los más de ocho años de gobierno macrista en CABA, como en estos seis meses de gobierno) inmerso en múltiples escándalos de corrupción, sobornos, coimas, entrega de la obra pública a amigos, parientes y favorecedores, sobreprecios en las importaciones del estado (como el gas que Shell, la empresa de la que es socio el ministro Aranguren, vende vía Chile), la compra de dólares a futuro por parte de los mismos funcionarios del gobierno macrista que luego decidieron la devaluación haciendo ingentes ganancias, etc. etc. No vi en los discursos de la presidenta agravios personales, ataques a la intimidad, mentiras sobre la conducta, sobre la moral, de sus opositores políticos, y si, en cambio, los vi en las múltiples tapas del libelo de Editorial Perfil, Noticias, si escuché las diatribas, prejuicios porque la presidenta era mujer, difamaciones, en Lanata, Carrió y tantos otros. No contabilizo presos políticos en los doce años de gobierno kirchnerista, como si puedo hacerlo en los seis meses del Gobierno PRO-RADICALISMO. No recuerdo persecuciones judiciales feroces, arbitrarias, basadas en falsas denuncias o en la tergiversación de las pruebas, como si lo observo en esos mismo jueces y fiscales que enjuician al gobierno anterior, pero que, a la hora de impulsar causas contra el poder económico y político de esta dictadura, le cantan el arrorró para que duerman el sueño de los justos. Allí están la evasión durante más de una década del diario La Nación durmiendo en la Corte Suprema, El robo a mano armada de Papel Prensa ejecutado por la banda de organizaciones criminales encabezada por La Nación y Clarín, los múltiples juicios por escuchas ilegales que hizo Macri, los conocidos sobornos a periodistas como el pago de 14 millones a Majul por hacer campaña a favor del régimen, el escandaloso negociado de Niembro que no aparece en los encabezados de la prensa canalla, las cuentas off shore de Macri con las que evadió impuestos y lavó dinero, los escandalosos negociados del presidente con su amigo Caputo y su propia familia dándoles contratos leoninos, tan leoninos que los contratos de Baez serían el cambio chico de la corrupción. Esa “grieta”, estimado “periodista” Novaresio, no fue creada y ensanchada por los kirchneristas (y conste que ni fui, ni soy kirchnerista, solo un humilde profesor universitario con pensamiento propio), sino por los periodistas militantes de la nueva derecha autoritaria argentina como vos, Lanata, Majul, Longobardi, Feidman, Bonelli, Alfano, los Leuco, Van Der Koy, Blanc, Castro y tantos otros que a diario envenenaron y envenenan de odio a la mayoría de los argentinos con el único objetivo de garantizar el poder de la nueva derecha argentina. Pero además, y esto es un punto de vista muy importante, la famosa grieta no es tal, como afirmas vos Novaresio, siempre hubo “grieta” en Argentina desde la misma revolución de mayo, Saavedra y Moreno, unitarios y federales, conservadores y radicales, peronistas y antiperonistas, militares y civiles, derecha e izquierda, nacionalistas y liberales, pero estas falsas antinomias siempre ocultaron la verdadera contradicción en nuestro país, el antagonismo entre la burguesía y el proletariado, entre capitalistas y trabajadores que llevó a matanzas feroces como en la Patagonia donde murieron en 1919 cientos de obreros por defender sus derechos, fusilados por el asesino ejército argentino y su comandante Falcón, como las matanzas de la semana trágica cuando los obreros de los Talleres Vasena salieron a defender sus derechos, los fusilamientos de Joaquín Pennina y Severino Di Giovanni, los fusilados en José León Suárez, los mártires de la dictadura genocida, los asesinados el 20 y 21 de diciembre de 2001 y tantos más que cayeron por las balas de los uniformados o en las cámaras de tortura de las dictaduras para sostener las ideas económicas del neoliberalismo. Por eso, mal que te pese Novaresio, la grieta, como vos la llamás, no se cerrará mientras la burguesía continúe explotando y oprimiendo al pueblo trabajador, siempre habrán millones de trabajadores dispuestos a defender sus derechos en las calles, en las fábricas, en las universidades. A lo que asistimos hoy, es a un recrudecimiento de la lucha de clases, que será mucho más álgida en los próximos meses, a menos que la dictadura macrista deponga su actitud de beligerancia contra el pueblo y respete las conquistas alcanzadas por los trabajadores. En todo el siglo XX la característica de la economía fue la consecuencia de la aplicación de políticas neoliberales, de ajustes salvajes que atendían a las necesidades e intereses de los sectores hegemónicos más concentrados de la burguesía en detrimento de los sectores medios, los trabajadores y las PYMES. Después de 12 años de ensayo keynesiano pudimos comprobar que, aun bajo el capitalismo, es posible llevar adelante políticas económicas que favorezcan una mayor igualdad en el reparto de la renta nacional y el mejoramiento de las condiciones de vida de los sectores más vulnerables. Está en nosotros corregir el error que cometimos en las elecciones presidenciales del 2015. Hasta la próxima

viernes, 27 de mayo de 2016

Ateos, agnósticos y creyentes.


Para iniciar esta conversación creo conveniente distinguir estos tres términos. Ateo etimológicamente significa sin dios (a=sin, theo=dios). El ateo es una persona que niega la existencia de cualquier dios o entidad supra natural. Es frecuente confundir a un ateo con un agnóstico. Los agnósticos, no rechazan la posibilidad de que exista de una deidad, sino que consideran que lo divino escapa de la comprensión humana y, por lo tanto, desconocen su eventual su existencia. La diferenciación entre ateo y agnóstico no es menor. Mientras el ateo rechaza la existencia de un dios (o dioses) de plano, sin conceder ninguna posibilidad, ubicándose por lo tanto en un mismo plano con el creyente, dado que rechazar la existencia de un objeto sin tener la verificación científica, se constituye inmediatamente en una creencia, el agnóstico se coloca en una posición científica y dado que por el momento, no tiene los conocimientos necesarios para determinar la inexistencia o existencia de dios, pone el problema entre paréntesis, y lo ubica correctamente en el plano de la creencia, plano en el que la ciencia no tiene nada que decir. Es decir el creyente dirá creo, el ateo no creo y el agnóstico se desinteresará del problema. Podemos afirmar que existen razonamientos acertados que conducen a valorar la existencia de un dios o dioses como producto de la imaginación humana. Muchos autores han demostrado (y en este blog hemos recogido sus opiniones) la existencia de un período pre religioso en la humanidad. Estamos hablando de un tiempo en el que los seres humanos no creían en la trascendencia o en la vida después de la muerte. Ello queda registrado en el hallazgo de restos humanos totalmente despojados de enseres domésticos. Estos cuerpos ni siquiera eran enterrados, cuando alguien moría directamente su cuerpo quedaba abandonado por la horda trashumante que no se detenía en su camino sin fin. Solo muy tardíamente comienza a verificarse restos humanos acompañados de enseres domésticos o posesiones personales que dan la pista de la creencia de la vida después de la muerte. Estos cuerpos eran enterrados para protegerlos y se le colocaban sus posesiones a fin de las tengan en el otro mundo. En general la creencia religiosa parece haber surgido como modo mítico explicatorio de lo que el hombre no podía entender (fuerzas de la naturaleza, el misterio de la muerte, etc.). Luego la religión transita por diferentes intereses. La división de la sociedad en clases sociales requiere de una superestructura de dominación que justifique las diferencias sociales y los privilegios de las clases dominantes. En la sociedad humana se organizan verdaderas constelaciones de poder y existen sujetos que se especializan en el diálogo con dios o los dioses y diosas. Los sacerdotes que habitan en los templos se convierten en verdaderos sostenes de los poderes terrenales. Al sostenerse el imaginario de que el poder dominante no es propio de la temporalidad, sino que es asignado por un ser o seres que están más allá de la física (origen de la metafísica, recordemos que la metafísica es una rama de la filosofía que estudia los problemas centrales del pensamiento filosófico: el ser en cuanto tal, el absoluto, dios, el mundo, el alma.), La religión se organiza a partir de la existencia de los misterios que escapan a la comprensión humana (que es el alma, que significa su trascendencia, que ocurre más allá de la muerte, etc.), pero su organización no es casual, ocurre en un tiempo histórico determinado en el que existe además del temor a lo desconocido, la necesidad de dominación de quienes comienzan a apropiarse de la propiedad común del clan. Existen algunas cuestiones que no son discutidas (sobre todo en la religión monoteísta). En las religiones politeístas los dioses y diosas constituían un clan que estaba más allá de los hombres y que intervenían en forma directa en su cotidianeidad (como lo demuestran los mitos referentes al héroe generalmente mitad humano mitad dios por ser concebido entre un dios y una humana o viciversa). Pero en todas las religiones el dios supremo es siempre un hombre. Zeus, Buda (que no era estrictamente un dios) Jesucristo, Jehová, Ala, siempre son varones. Esto está relacionado claramente con la existencia de la sociedad patriarcal y por ende con la sociedad de clases. Ni siquiera las feministas se atreven a impugnar que dios sea masculino, en lugar de poner en tela de juicio esta identidad sexual y plantear la existencia de una diosa como gobernante del universo. Un dato es muy claro, a lo largo de la historia de las religiones los dioses o dios fueron creados por la imaginación radical a imagen y semejanza de los seres humanos. Todos ellos tienen una imagen similar a las de los hombres y mujeres (aun aquellos que son mitad humanos, mitad animales como los dioses egipcios tienen rasgos de lo humano) En la actualidad asistimos a recrudecimiento de la fe religiosa. Tras un largo período inaugurado tal vez por el iluminismo y que tuvo su punto más alto en la revolución francesa, la fe religiosa que había retrocedido, dando más espacio al laicismo en la vida social, en el tercer milenio parece haber tomado nueva fuerza y reaparece en formas retrógradas como los fundamentalismos autoritarios que gobiernan en buena parte del mundo. La característica de la fe, es que ella es irracional, no importa cuán disparatado sea su contenido, se tiene fe. Por ejemplo, en las redes sociales, podemos observar pedidos para curar enfermos mediante la oración, en Rosario hay un fenómeno social que es parte de lo que se llama curas sanadores, el padre Ignacio congrega a miles de creyentes cada año que esperan ser curados de enfermedades incurables, para las cuales la medicina no tiene respuesta, Esta creencia de los curas sanadores abreva en una antigua creencia supersticiosa según la cual la enfermedad era una consecuencia de las fuerzas malignas que se apoderaban de los cuerpos. Jesús y los apósteles son tal vez, los primeros curas sanadores de la historia de la religión, siguiendo las ideas de su líder, Jesús, ellos creían que aquel que tenía fe y que rechazaba esas fuerzas malignas se podía curar. Esta irracionalidad de la fe ha llevado en la historia de la humanidad a los peores genocidios, ejemplo de ello son las guerras religiosas, o las matanzas irracionales en función de la fe. La inquisición, las cruzadas, o actualmente el fundamentalismo religioso de los grupos islámicos son parte de lo pernicioso de estas creencias llevadas a su máximo exponente. Lo curioso es que personas muy formadas, inteligentes, creen en estas cuestiones, cuando los mitos religiosos no pueden ser probados por ningún dato histórico. Tomemos algunos ejemplos, el antiguo y el nuevo testamento fueron escritos por hombres después de los sucesos, algunas veces pasaron muchos años entre que el hecho ocurrió y el momento de la narración. Son documentos que contienen ambigüedades, contradicciones, pero, por sobre todo, son escritos humanos, ningún dios los escribió, ningún dios los dicto. Generalmente los “originales” de estos documentos se han perdido, por ejemplo, las tablas de Moisés se rompieron, o fueron entregados misteriosamente a un profeta, como en el caso del Corán, que rebela la palabra de Allah (Ala en su castellanización, que significa El) que fue dictada a Mahoma por Yibril (el arcángel Gabriel), pero sin existir ninguna prueba de ese dictado. En todas las religiones existe un mito fundacional en el que dios o los dioses rebelan su existencia a los humanos, pero los humanos corrientes nunca han visto a un dios, solo algunos mitos como el de la virgen María que se le aparecía a Bernardita en Lourdes pero que tampoco existen pruebas de la ocurrencia del hecho o la imaginería popular que crea santos como el gauchito Gil. Otro de los factores que llevan a la existencia de creyentes es el peso de la ideología familiar, millones de cristianos, musulmanes, budistas, etc., lo son por haber nacido en hogares de esas confesiones, son cristianos como podrían haber sido seguidores de cualquier otro ídolo. En lo profundo de la psiquis moderna está el inmenso temor a la desaparición. Los humanos vivimos apegados a la vida y tememos por el fin de la existencia de cada uno de nosotros. Voy a comentar algunas experiencias personales que tal vez sean una pista, si se las piensa, para entender un poco más a la fe religiosa. En algún momento me operaron de várices y por ello me hicieron anestesia total con pentotal. Mi experiencia fue estar en el quirófano escuchando las voces de los médicos y enfermeras y de golpe todo ruido, toda imagen, toda sensación desapareció. La sensación inmediata fue escuchar nuevamente ruidos y voces, pero para ello habían pasado varias horas y no estaba en el quirófano, sino en una sala post operatoria. Creo que esta es la sensación más parecida a la muerte, cuando todo desaparece para el sujeto, cuando ninguna sensación existe, es como si se apagara la luz y la oscuridad total nos invadiera, pero es una oscuridad sin nada, es la nada total. Y en ello reside la necesidad de creer en otras vidas, en la trascendencia, porque los humanos no resistimos la posibilidad de ser nada, podemos aceptar que fuimos nada, pero no que vamos a ser nada, podemos aceptar que en algún momento no estábamos en el mundo, pero nunca que no estaremos. La religión nos provee de esa fantasía, la posibilidad de eludir el final, y que el final sea solo un principio. Pero además de atenuar la ansiedad y la angustia del ser humano, la religión utiliza estos miedos y angustias para imponer instituciones que ordenan la vida social según el imaginario social dominante, según el interés de la clase social dominante. Pero hablaba de la función de la familia en la determinación de la fe religiosa. Y allí encuentro en mi historia personal un determinante muy importante. En algún momento se me narró que, al lecho de muerte de mi abuelito materno, sus familiares llevaron un cura para que le diera la extremaunción, el viejo al verlo exclamó “saquen de aquí a ese cuervo” y se negó a recibirla. Mi madre, que se consideraba católica, se cuestionaba su fe, no comprendía mitos como los de la virgen María, si era virgen, como tuvo un hijo solía decir y como este cuestionaba otros mitos, y obviamente, no era de ir a misa. Estas son formas que expresan como la racionalidad popular cuestiona a las religiones, aunque el peso de la institución religiosa es tan grande que no pueden escapar a ella, existen intersticios por los que se cuela la razón, y yo como producto de esos intersticios terminé siendo agnóstico. Hasta la próxima.

miércoles, 25 de mayo de 2016

La dignidad del empleo público.


Los gobiernos neoliberales, cuando deciden realizar ajustes contra el pueblo, una de las primeras variables que utilizan es el empleo público. Esto es así porque para la burguesía lo público se reduce a la administración del estado y el uso de la fuerza armada para defender sus instituciones dominantes. Para los que pretenden un país distinto, que se rija por los valores de la solidaridad, la concordia, la paz, el respeto a los derechos humanos, a la diversidad, el Estado tiene muchas otras funciones, y si agregamos la necesidad de desarrollar la ciencia y la tecnología, de multiplicar las industrias, de aumentar la igualdad, entonces esa multiplicidad de funciones crece tanto en cantidad como en calidad. No es necesario discutir que el objetivo del gobierno actual en la Argentina es retornar al país agroexportador de los comienzos del siglo XX. Para fundamentar esta opinión basta con tomar dos indicadores macroeconómicos, el crecimiento agrario y el industrial. El superávit comercial de abril (a solo cinco meses del comienzo del gobierno del PRO-RADICALISMO) creció el 64% frente al año pasado, en dólares americanos fue de 332 millones (en igual mes de 2015 había sido de 202 millones) según datos del INDEC. Este resultado se debe, por un lado, a la baja de las importaciones de combustibles (32%), y al flujo comercial, fundamentalmente con Brasil, EE.UU., y con China que le compra a la Argentina mayoritariamente productos primarios. Mientras tanto la industria cayó un 4,8% (en términos interanuales). Aunque en abril la industria se vio resentida por la menor disponibilidad de granos. Estamos frente a un modelo que privilegia la producción exportable de productos primarios por sobre el desarrollo industrial, en este marco conceptual es lógico que al macrismo no le interese el mercado interno, o más precisamente le dé menos importancia al mercado interno que al externo. De eso se trata el ajuste y por lo tanto la asimetría del mismo, de transferir una masa importante de recursos de los sectores ligados al mercado interno hacia los sectores ligados al mercado externo, y por lo tanto, lo sufren solo los que están vinculados críticamente al consumo interno, como las PYMES, los trabajadores, los profesionales, etc. En los primeros cinco meses de gobierno aumentaron las rentas de la gran burguesía (petroleras, agroexportadoras, cerealeras, etc.) y cayeron en picada las de las PYMES, empresas recuperadas, sectores más vulnerables de la producción agraria (como los tamberos que ven caer su producción por efectos de las inundaciones y los bajos precios) y fundamentalmente los salarios de los trabajadores y las jubilaciones. Por lo tanto, el modelo del macrismo es un modelo agro-exportador que pretende retrotraer a la Argentina al período histórico anterior a los años 30´, años del paraíso terrateniente, del país agroexportador que se enorgullecía de ser el granero del mundo. donde el Estado estaba al servicio de la gran burguesía oligárquica (aquella que viajaba a Europa con la vaca en el barco para que sus hijos tomaran leche selecta). El Estado de esa época tiene que ver con el Estado mínimo buscado por el neoliberalismo después de la caída de Perón. Este Estado mínimo se desinteresa de todo lo que pueda ser inversión educativa, de salud, en ciencia y tecnología o desarrollo humano. Los neoliberales piensan al Estado tan solo como una maquinaria represiva y administrativa, no le otorgan ninguna otra función, aunque por cuestiones de gobernabilidad y búsqueda de consenso mientan sobre sus objetivos ideológicos, políticos y sociales. Por ejemplo, Macri en campaña hablo de llegar a pobreza cero, los pobres en tan solo cinco meses de gobierno crecieron en más de 1,5 millones, frecuentemente habla de solucionar los problemas de los más vulnerables, y veta una ley contra los despidos en un momento en que los mismos crecen en forma exponencial. Se conduele de los sin techo que moran en las calles de las grandes ciudades y disminuye las partidas de asistencia social, vivienda, etc., y para ayudarlos los elimina o los oculta. Pero una de las principales metas de neoliberalismo ha sido el equilibrio fiscal, y pretende lograrlo mediante la eliminación masiva del empleo público. Esta operación de reducción del empleo público ha sido una constante en las dictaduras y las experiencias de gobiernos democráticos como el de Menem y De La Rua, y es retomada por el macrismo. Para poder despojar de su sustento a miles de familias trabajadoras sin pagar el costo político que implica su insensibilidad social la gran burguesía cuenta con la ayuda de los medios de comunicación concentrados que baten el parche del costo de los empleados público. Hablan de que son ñoquis, que no van a sus trabajos, que son ineficientes, que el Estado es una estructura obesa que ha engordado por las políticas clientelares (pero no dicen que en los cinco últimos meses el macrismo llenó el Estado de parientes amigos y favorecedores en altos cargos, incluyendo amantes, familiares, chongos, clientes políticos, etc.) y en general descargan una batería de epítetos mentirosos e insultantes contra los empleados públicos. Esto lo han hecho siempre, cuando Menem quiso eliminar los ferrocarriles y despojar a los trabajadores de sus ingresos lo primero que hizo fue desfinanciar la empresa y acusarla de ineficiente), es decir, a la gran burguesía no le basta con despedir a los trabajadores, además debe denigrarlos, para que su discurso penetre en el corpus social y sea aceptado por los ciudadanos. Es necesario desmitificar la idea de que el empleo público es alto en argentina, es mucho más bajo que en países desarrollados, incluso en EE.UU. Pero, ¿quiénes son los empleados públicos? En ellos tenemos diferentes categorías, administradores, científicos, educadores, miembros de las fuerzas de seguridad, transportistas, tecnólogos, agentes sanitarios, etc. En cada instante de su vida el ciudadano se encuentra con un empleado público que lo asiste, sin ellos su vida, en la compleja sociedad moderna sería un imposible. Veamos algunos ejemplos. Cuando un ciudadano se enferma, si no tiene recursos, debe recurrir a un hospital, allí lo atiende un empleado público que lo recibe, otro que lo cura y tal vez alguno que trabaja solucionando sus problemas sociales. Cuando manda a la escuela a sus hijos, estos estudian en un ambiente limpio y saludable porque hay empleados públicos para asear las escuelas, aprenden porque hay empleados públicos que enseñan, la escuela sostiene el proceso educativo porque hay personas que la administran. Cuando ve televisión digital abierta y utiliza las telecomunicaciones es gracias a Arsat que trabajan para que un satélite de comunicaciones ocupe la órbita geoestacionaria. Cuando prende la luz es gracias a los empleados públicos que operan las centrales atómicas, las centrales hidroeléctricas, las centrales tradicionales. Cuando envía sus hijos a la Universidad para tratar de que tengan un futuro mejor puede hacerlo porque hay auxiliares administrativos y de maestranza que sostienen a la misma y profesores e investigadores que forman a sus hijos y producen conocimiento. Cuando él y sus hijos son beneficiarios de planes sociales como el PROCREAR, el Plan de Salud Reproductiva, el Plan Conectar Igualdad y tantos otros es gracias a la asistencia de los empleados públicos. Cuando se jubila puede hacerlo porque hay empleados públicos en el ANSESS, o si tiene un problema laboral encontrará asistencia en los empleados del MTSS, si tiene una diferencia comercial, personal, si ha sido víctima de algún delito recurre al sistema judicial que está integrado por empleados públicos. En definitiva, en cada paso que da un ciudadano en la sociedad se encuentra con un empleado público que lo asiste, lo orienta, lo contiene, entonces, porque creer el relato del neoliberalismo que los empleados públicos son ineficientes, inútiles, ñoquis. El macrismo en estos cinco meses ya despojó de su trabajo a miles de empleados públicos (administrativos, científicos, profesionales) y está resintiendo el menú de servicios del Estado, sobre todo el que requieren los sectores más vulnerables, pero nada le importa, porque al neoliberalismo no le importa la gente, el neoliberalismo es un proyecto social y económico en el que sobran más de diez millones de personas. Un gran burgués no va al hospital, no manda a sus hijos a la escuela pública, no necesita la energía eléctrica del Estado (suele tener generadores privados), no requiere de la asistencia social, y sobre todo, como solo le importa exportar productos primarios no se interesa por el desarrollo de la industria y la ciencia y la tecnología. Pero para el resto de la sociedad los empleados públicos no son un gasto, son una inversión. Soy profesional, científico, profesor universitario, pero por sobre todas las cosas, soy un empleado público y estoy orgulloso de serlo. Hasta la próxima.

domingo, 22 de mayo de 2016

Los efectos terribles del neoliberalismo sobre los pobres.


En una publicación de Facebook decía que lo que el actual gobierno de Argentina no puede comprender, porque sus intereses van en una dirección opuesta a la de los intereses de los sectores sociales más desfavorecidos, es que lo que uno de los determinantes más importantes de la crisis capitalista reside en la desigualdad social que el propio sistema produce. Señalo que la miopía gobernante está relacionada con sus intereses porque estos son los de un sector de la burguesía poco interesada en desarrollar el mercado interno, como si lo estuvo el sector que gobernó entre 2002 y 2015. Cuando el interés de la fracción burguesa en el poder se centra en el mercado externo y en los acuerdos y alianzas que puede tener con los sectores de la gran burguesía internacional, poco interés puede tener con la situación interna del mercado, y si lo tiene, es mas a los efectos de dominio y sostenimiento a su poder que a razones económicas. Para analizar la situación actual de la Argentina es necesario inscribirla en la situación internacional. La economía capitalista internacional es la que está en crisis, y esta crisis tiene una razón estructural. La concentración de la riqueza crece desmesuradamente al punto tal que, el 0,7 % de la población mundial que hace unas décadas era propietaria del 43% de los bienes mundiales, en la actualidad posee más del 50%. La contrapartida económica de esta situación es que la tasa de ganancia mundial, según Michel Robert, Andrew Kliman y Peters Jones pasó del 45% (calculada en costos históricos) al 32 % en 2011, lo que tuvo como consecuencia la baja de la inversión en el capitalismo, dado que, en él, lo más importante para realizar nuevas inversiones es la rentabilidad. La consecuencia obvia, es el estancamiento que registramos en la economía mundial. Es decir, que la contradicción del sistema es que en la medida en que aumenta la concentración económica, la tasa de ganancia tiende a disminuir (Marx lo definía como la tendencia decreciente de la tasa de ganancia en el capitalismo) y por lo tanto se hace lugar a una crisis de superproducción y subconsumo. Esto fue analizado muy profundamente por Keynes, que observó que los asalariados gastan el 100% de sus ingresos en manutención y bienes durables y dado que no poseen capacidad de ahorro, al decrecer sus ingresos tienden a constreñir su consumo. El efecto, es el que provocan siempre la aplicación de las recetas neoliberales que tienden a realizar una fuerte transferencia de ingresos de los sectores económicamente más desfavorecidos a los sectores de la burguesía más concentrada, dado que esta transferencia se realiza mediante la disminución de los aportes tributarios de estos últimos sectores al fisco y con ajustes que implican la reducción de los ingresos de los sectores económicamente más vulnerables. Es interesante observar que mientras en el mundo la tasa de ganancia decrecía, por efecto de la aplicación de políticas neoliberales, en Argentina creció. Gabriel Milichena en un artículo publicado en Realidad Económica, una publicación del IADE de mayo de 2016, presenta un interesante cuadro que analiza el largo período que va de 1961 a 2007 en el que se observa claramente que la tasa de ganancia estructural en argentina, vista desde la perspectiva tendencial, creció en este período. La curva de la tendencia es muy clara, a partir de fines de la década del noventa muestra un sentido creciente que se mantiene después del 2007. Si observamos las curvas de la tasa de ganancia empresarial y estructural vemos que tienen un comportamiento similar, casi en paralelo, aunque la tasa de ganancia empresarial transita por debajo de la estructural. Mirando el gráfico observamos algunos puntos de inflexión de las curvas. 1970, 1975, 1979, 1982, 1987, 1990, 2001. Si comparamos estas caídas con el mapa político y con la aplicación de recetas económicas neoliberales como la que actualmente aplica el gobierno de Macri vemos que coinciden. 1970 es la crisis del gobierno de la dictadura de Onganía que lo dejará fuera de juego rápidamente. 1975 coincide con el llamado rodrigazo cuando la derecha peronista aplica el feroz ajuste neoliberal. 1979 marca el comienzo del fin de la dictadura. Aunque en este momento la caída fue menor esta se irá profundizando hasta 1982, año de la aventura militar de Malvinas con la que la dictadura claramente derrotada y en retirada buscó salvar algo del desastre. 1987 es el momento de gran error del alfonsinismo que busca cambiar el rumbo que había iniciado el plan austral acosado por las presiones corporativas de los militares, el empresariado y los sindicatos. En 1990 tenemos un momento de inflexión cuando Menem afronta la idea de equiparar el peso al dólar para superar la crisis y logra en base a la entrega de las joyas de la abuela y un terrible endeudamiento externo sostener una economía anti inflacionaria que durante algunos años da resultados políticos, sobre todo porque la inflación de un dígito permitió en 1994-1995 lograr el llamado voto cuota con el que pudo ganar las elecciones. A partir de 1998 comienza a registrarse una caída de la tasa de ganancia estructural que tiene su pico en 2001-2002 cuando el plan de estabilización iniciado por Cavallo durante el gobierno de Menem y continuado por el mismo Cavallo durante el gobierno de De La Rua, finaliza en un caos con los argentinos de diferentes clases sociales impugnando el hambre y la corrupción y salen, la clase media a reclamar contra el corralito que les impedía sacar sus depósitos (en pesos y dólares) de los bancos y los sectores trabajadores y vulnerables para reclamar comida y mejores condiciones de vida y de trabajo, ambos unidos en la consigna, “piquetes y cacerolas la lucha es una sola”. Los argentinos olvidamos algunos indicadores de ese momento, además de existir una población con problemas de empleo cercana al 40% (considerando ocupados, desocupados, inactivos), un festival de bonos basuras con los que los estados provinciales falsificaban moneda para afrontar los gastos corrientes, una pobreza e indigencia que alcanzaban indicadores del 70 % en las mediciones más benignas (pobreza medidas en términos de la canasta ampliada cercana al 50% e indigencia en términos de la canasta básica del 23%), una deuda externa fabulosa que superaba el 100% del PBI, y lo más importante, el costo humano que dejaba el modelo neoliberal, decenas de muertos por la represión en todo el país y millones de ciudadanos comiendo de la basura directamente. Un helicóptero que se llevaba al último gobierno radical (en 100 años por golpe, impericia, desgobierno, etc. ningún gobierno radical terminó su mandato) y lo que es más importante, la bancarrota del estado expresada por el default que declararon los legisladores y que tantos padeceres costara a los argentinos. Que observamos a partir de ese momento, la pesificación asimétrica de Duhalde y un plan de desarrollo que haría eje en el mercado interno, en el crecimiento del consumo y en el desarrollo industrial y social del país con el kirchnerismo, es decir la irrupción del neo keynesianismo expresado por el MIT en la economía nacional. El comportamiento de la tasa de ganancia (tanto estructural como empresarial) manifiesta un crecimiento casi vertical lo que demuestra que ganancias y condiciones de vida no son contradicciones incompatibles, sino que responden a políticas de estado, de las que, el neo keynesianismo se ha manifestado como una de las más adecuadas para el capitalismo democrático. En otro gráfico el autor de referencia muestra también como al aumentar la tasa de ganancia aumenta la utilización de la capacidad instalada lo que necesariamente se verá reflejado en la disminución de la población con problemas de empleo que en 2015 rondará el 10%. Se produce de esta manera una incorporación de nuevos trabajadores al mercado laboral y de la mano de las políticas kirchneristas un aumento del salario real con el consiguiente aumento delo consumo que alcanzó en el período guarismos records para nuestro país. Justo es reconocer que muchos son los temas sociales pendientes que dejó la experiencia kirchnerista, desde un alto porcentaje de trabajadores informales, que según estimaciones superan el 40% (que no son alcanzados por las diferentes leyes que se dictaron en el período para sostener el nivel salarial, tener una política previsional inclusiva que llevó a que casi el 100 % de los que estaban en condiciones de jubilarse lo hicieran, una mayor estabilidad laboral, creación de cientos de miles de puestos de trabajo reales, etc.) y los problemas de corrupción estructural del estado que continúan en la actualidad, etc. Pero también es necesario observar que en los primeros cinco meses del gobierno del PRO-RADICALISMO se rompió la curva de crecimiento por efecto de la restauración del neoliberalismo en Argentina. Hoy vemos como comienza a crecer la desocupación, como cae el salario real, el crecimiento del endeudamiento en términos del PBI, la destrucción de la malla de contención social construida por el kirchnerismo, aumento desmesurado de la inflación y traslado de ingresos en proporciones gigantescas de los sectores más pobres y vulnerables de la argentina a los más ricos y concentrados. La historia tendrá la palabra. Hasta la próxima.