Los gobiernos neoliberales, cuando deciden realizar ajustes contra el pueblo, una de las primeras variables que utilizan es el empleo público.
Esto es así porque para la burguesía lo público se reduce a la administración del estado y el uso de la fuerza armada para defender sus instituciones dominantes.
Para los que pretenden un país distinto, que se rija por los valores de la solidaridad, la concordia, la paz, el respeto a los derechos humanos, a la diversidad, el Estado tiene muchas otras funciones, y si agregamos la necesidad de desarrollar la ciencia y la tecnología, de multiplicar las industrias, de aumentar la igualdad, entonces esa multiplicidad de funciones crece tanto en cantidad como en calidad.
No es necesario discutir que el objetivo del gobierno actual en la Argentina es retornar al país agroexportador de los comienzos del siglo XX. Para fundamentar esta opinión basta con tomar dos indicadores macroeconómicos, el crecimiento agrario y el industrial.
El superávit comercial de abril (a solo cinco meses del comienzo del gobierno del PRO-RADICALISMO) creció el 64% frente al año pasado, en dólares americanos fue de 332 millones (en igual mes de 2015 había sido de 202 millones) según datos del INDEC.
Este resultado se debe, por un lado, a la baja de las importaciones de combustibles (32%), y al flujo comercial, fundamentalmente con Brasil, EE.UU., y con China que le compra a la Argentina mayoritariamente productos primarios.
Mientras tanto la industria cayó un 4,8% (en términos interanuales). Aunque en abril la industria se vio resentida por la menor disponibilidad de granos.
Estamos frente a un modelo que privilegia la producción exportable de productos primarios por sobre el desarrollo industrial, en este marco conceptual es lógico que al macrismo no le interese el mercado interno, o más precisamente le dé menos importancia al mercado interno que al externo.
De eso se trata el ajuste y por lo tanto la asimetría del mismo, de transferir una masa importante de recursos de los sectores ligados al mercado interno hacia los sectores ligados al mercado externo, y por lo tanto, lo sufren solo los que están vinculados críticamente al consumo interno, como las PYMES, los trabajadores, los profesionales, etc.
En los primeros cinco meses de gobierno aumentaron las rentas de la gran burguesía (petroleras, agroexportadoras, cerealeras, etc.) y cayeron en picada las de las PYMES, empresas recuperadas, sectores más vulnerables de la producción agraria (como los tamberos que ven caer su producción por efectos de las inundaciones y los bajos precios) y fundamentalmente los salarios de los trabajadores y las jubilaciones.
Por lo tanto, el modelo del macrismo es un modelo agro-exportador que pretende retrotraer a la Argentina al período histórico anterior a los años 30´, años del paraíso terrateniente, del país agroexportador que se enorgullecía de ser el granero del mundo. donde el Estado estaba al servicio de la gran burguesía oligárquica (aquella que viajaba a Europa con la vaca en el barco para que sus hijos tomaran leche selecta).
El Estado de esa época tiene que ver con el Estado mínimo buscado por el neoliberalismo después de la caída de Perón. Este Estado mínimo se desinteresa de todo lo que pueda ser inversión educativa, de salud, en ciencia y tecnología o desarrollo humano.
Los neoliberales piensan al Estado tan solo como una maquinaria represiva y administrativa, no le otorgan ninguna otra función, aunque por cuestiones de gobernabilidad y búsqueda de consenso mientan sobre sus objetivos ideológicos, políticos y sociales.
Por ejemplo, Macri en campaña hablo de llegar a pobreza cero, los pobres en tan solo cinco meses de gobierno crecieron en más de 1,5 millones, frecuentemente habla de solucionar los problemas de los más vulnerables, y veta una ley contra los despidos en un momento en que los mismos crecen en forma exponencial. Se conduele de los sin techo que moran en las calles de las grandes ciudades y disminuye las partidas de asistencia social, vivienda, etc., y para ayudarlos los elimina o los oculta.
Pero una de las principales metas de neoliberalismo ha sido el equilibrio fiscal, y pretende lograrlo mediante la eliminación masiva del empleo público.
Esta operación de reducción del empleo público ha sido una constante en las dictaduras y las experiencias de gobiernos democráticos como el de Menem y De La Rua, y es retomada por el macrismo.
Para poder despojar de su sustento a miles de familias trabajadoras sin pagar el costo político que implica su insensibilidad social la gran burguesía cuenta con la ayuda de los medios de comunicación concentrados que baten el parche del costo de los empleados público.
Hablan de que son ñoquis, que no van a sus trabajos, que son ineficientes, que el Estado es una estructura obesa que ha engordado por las políticas clientelares (pero no dicen que en los cinco últimos meses el macrismo llenó el Estado de parientes amigos y favorecedores en altos cargos, incluyendo amantes, familiares, chongos, clientes políticos, etc.) y en general descargan una batería de epítetos mentirosos e insultantes contra los empleados públicos.
Esto lo han hecho siempre, cuando Menem quiso eliminar los ferrocarriles y despojar a los trabajadores de sus ingresos lo primero que hizo fue desfinanciar la empresa y acusarla de ineficiente), es decir, a la gran burguesía no le basta con despedir a los trabajadores, además debe denigrarlos, para que su discurso penetre en el corpus social y sea aceptado por los ciudadanos.
Es necesario desmitificar la idea de que el empleo público es alto en argentina, es mucho más bajo que en países desarrollados, incluso en EE.UU.
Pero, ¿quiénes son los empleados públicos?
En ellos tenemos diferentes categorías, administradores, científicos, educadores, miembros de las fuerzas de seguridad, transportistas, tecnólogos, agentes sanitarios, etc.
En cada instante de su vida el ciudadano se encuentra con un empleado público que lo asiste, sin ellos su vida, en la compleja sociedad moderna sería un imposible.
Veamos algunos ejemplos.
Cuando un ciudadano se enferma, si no tiene recursos, debe recurrir a un hospital, allí lo atiende un empleado público que lo recibe, otro que lo cura y tal vez alguno que trabaja solucionando sus problemas sociales.
Cuando manda a la escuela a sus hijos, estos estudian en un ambiente limpio y saludable porque hay empleados públicos para asear las escuelas, aprenden porque hay empleados públicos que enseñan, la escuela sostiene el proceso educativo porque hay personas que la administran.
Cuando ve televisión digital abierta y utiliza las telecomunicaciones es gracias a Arsat que trabajan para que un satélite de comunicaciones ocupe la órbita geoestacionaria.
Cuando prende la luz es gracias a los empleados públicos que operan las centrales atómicas, las centrales hidroeléctricas, las centrales tradicionales.
Cuando envía sus hijos a la Universidad para tratar de que tengan un futuro mejor puede hacerlo porque hay auxiliares administrativos y de maestranza que sostienen a la misma y profesores e investigadores que forman a sus hijos y producen conocimiento.
Cuando él y sus hijos son beneficiarios de planes sociales como el PROCREAR, el Plan de Salud Reproductiva, el Plan Conectar Igualdad y tantos otros es gracias a la asistencia de los empleados públicos.
Cuando se jubila puede hacerlo porque hay empleados públicos en el ANSESS, o si tiene un problema laboral encontrará asistencia en los empleados del MTSS, si tiene una diferencia comercial, personal, si ha sido víctima de algún delito recurre al sistema judicial que está integrado por empleados públicos.
En definitiva, en cada paso que da un ciudadano en la sociedad se encuentra con un empleado público que lo asiste, lo orienta, lo contiene, entonces, porque creer el relato del neoliberalismo que los empleados públicos son ineficientes, inútiles, ñoquis.
El macrismo en estos cinco meses ya despojó de su trabajo a miles de empleados públicos (administrativos, científicos, profesionales) y está resintiendo el menú de servicios del Estado, sobre todo el que requieren los sectores más vulnerables, pero nada le importa, porque al neoliberalismo no le importa la gente, el neoliberalismo es un proyecto social y económico en el que sobran más de diez millones de personas.
Un gran burgués no va al hospital, no manda a sus hijos a la escuela pública, no necesita la energía eléctrica del Estado (suele tener generadores privados), no requiere de la asistencia social, y sobre todo, como solo le importa exportar productos primarios no se interesa por el desarrollo de la industria y la ciencia y la tecnología.
Pero para el resto de la sociedad los empleados públicos no son un gasto, son una inversión.
Soy profesional, científico, profesor universitario, pero por sobre todas las cosas, soy un empleado público y estoy orgulloso de serlo.
Hasta la próxima.
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