viernes, 24 de junio de 2016

Santos, ídolos, pecadores y seres humanos.


Cuando era niño solía leer un comic que se llamaba “Vidas ejemplares”. La revista narraba la existencia de personajes de la historia de la humanidad que habían tenido una vida intachable. Por aquellos años, la ingenuidad de la infancia hacía que yo creyera esas historias. La revista tenía un fin ideológico, se trataba de educar al lector en ciertos valores tales como el altruismo, la honestidad, la valentía, la entereza, etc. Por lo general las vidas ejemplares narraban las historias de santos, aunque también había números en los que se contaba las peripecias existenciales de laicos. Traigo a colación este recuerdo porque en Argentina hemos desarrollado una gran capacidad para construir iconos que son vendidos como el ejemplo de la pureza, con un conjunto de valores a los que hay que imitar. Estos ídolos pueden ser religiosos, mitológicos, civiles. Por allí caminan de la mano el guachito Gil junto a la difunta Correa, en alguna esquina encontramos a Gilda y en algún lugar de la Pcia de Bs. As el potro Rodrigo, la primera con ermitas por su calidad de “santa” el segundo como ícono popular. Durante años endiosamos a un excelente futbolista y lo elevamos a la característica de Dios (por lo menos la mano de Dios) y también en la época de la dictadura canonizamos a las madres de Plaza de Mayo, construyendo el ícono Hebe. Con menor suerte Favaloro y Maradona son parte de la iconografía vernácula, y algunos políticos fueron elevados a la deidad, o acaso no hablamos de San Perón y Santa Evita, y otros más laicos, los hay los que son sinónimo de virtudes como la honestidad (Illia) o de la educación (Sarmiento), y en general los políticos apetecen llegar a ser canonizados para tener su lugar en loa historia popular. Pero con la misma velocidad que construimos una deidad, los argentinos la destruimos, y entonces surgen dos preguntas, ¿en todos lados es así? y ¿Cuál es la causa de esta volubilidad de nuestras emociones? Creo que, si bien las figuras arquetípicas de la nacionalidad y la vida cotidiana de los países son sometidas a la crítica en todo el mundo, en general se las respeta y se es muy cuidadosa a la hora de evaluar sus conductas- Gandhi no es vituperado en la India, Mandela es una figura respetada en Sudáfrica, el propio Kennedy es respetado por los americanos, Napoleón es un héroe para los franceses, y así los diferentes países tienen sus iconos a los que admiran y respetan. En cambio, en Argentina, los ídolos suben y caen del pedestal al ritmo del merengue que entonan los medios masivos de comunicación o como en el tango cambalache van mesclados unos con otros. En los ochenta y noventa, Hebe era endiosada por la gran mayoría de los argentinos (la respetaban aun aquellos que hablaban de las locas de plaza de mayo). Si alguien se atrevía a hacerle una crítica, era inmediatamente vituperado, y debemos reconocer que, aunque Hebe es un ejemplo de la lucha popular contra la dictadura tuvo expresiones controvertidas (como aquella vez que dijo que se alegraba de los yanquis que murieron en las torres gemelas), pero estas expresiones desafortunadas no invalidan lo que significa su trayectoria en defensa de los derechos humanos. Además, Hebe es un ejemplo de honestidad y entereza, aunque algunos medios de la derecha argentina pretendan ensuciarla (sobre todo por la estafa perpetrada por Schoklender en el caso de sueños compartidos). Desde el deporte, Maradona, sobre todo luego del mundial 86 se convirtió en un Dios laico de los argentinos. Durante años, asistimos a las crónicas de la perfección de Maradona en la que los periodistas vendían una imagen muy distante del ser humano. Otros ídolos como Favaloro, tuvieron menor suerte, pero luego de suicidarse comenzaron a tener el respeto que se le había negado en vida. Ni hablar de Perón y Evita, dioses del Olimpo argentino, que desde lo alto del monte gobiernan las voluntades de unos y son objeto de la crítica insidiosa de otros. Muchos de estos ídolos, sobre todo los que vienen del campo de la política, son objeto de veneración un día y al día siguiente son profundamente denostados. Luego de la “revolución libertadora”, Perón paso de ser el padre amado por la mayoría, a ser un ladrón, abusador de menores, corrupto, y no se lo encerró en una cárcel, solo porque se fue a tiempo. Los argentinos olvidaron como durante casi diez años millones de trabajadores, vulnerables, pequeños comerciantes, etc., se reunían para venerar al líder todopoderoso, y como los mismos que lo denostaron durante dieciocho años, mágicamente comenzaron a vivarlo cuando el viejo líder volvió del exilio. Un capítulo curioso es el de los santos de la iglesia católica. Sicarios, contrabandistas, asesinos, ladrones, figuran en el santoral y son venerados por la grey católica sin que se les cruce por la cabeza el mínimo atisbo de duda respecto a su santidad. Solo por dar un ejemplo, San Pablo era un asesino al servicio de los dignatarios judíos y como un homólogo de la inquisición que vendría después, se dedicaba a perseguir y matar nazarenos. Santo Domingo y su s seguidores eran los responsables de la inquisición, y aunque muchos lo veneren como santo, asesinaba a los herejes sin piedad ni compasión, sino indáguese sobre el genocidio que hizo la primera cruzada interna de la cristiandad contra los cátaros en la occitania francesa, donde el nivel de genocidio llegó al punto de que un monje dominico en el sitio de una ciudad occitana dijo a degüello (o sea mátenlos a todos) y ante la pregunta del general, ¿eminencia allí hay de los nuestros?, contesto, no importa Dios sabrá distinguirlos. Ningún creyente, católico, musulmán, duda de las bondades de Jesús o Mahoma. Sin embargo, el primero, aun con todas sus virtudes, pecaba y seguramente tuvo mucho de que arrepentirse a la hora de su partida, y el segundo era un militar conquistador bajo cuya espada murieron miles en vida, y millones después de muerto. Acaso San Francisco de Asís era más o menos santo que el actual Francisco, o tenía sus manchas ocultas que la historia y el mito se encargaron de borrar cuidadosamente. Nadie es santo, todos somos solo seres humanos, con virtudes y defectos, pero seres humanos que al final no nos vamos a sentar a la diestra, ni a la siniestra de Dios, sino que seremos polvo, por decir una grosería, de un polvo venimos y al polvo vamos. Entonces porque embanderarnos en discursos hipócritas que nos hablan de un cúmulo de virtudes de los santos, si ni siquiera somos capaces de seguir la máxima atribuida a Jesús, “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Creo que esta tan mal endiosar a las personas como vituperarlas luego, porque en ninguna de las dos oportunidades reconocemos lo que son humanos, comunes y corrientes. Hace unos días en el Facebook escribí unas líneas porque me emocionó un reportaje que Víctor Hugo realizó a Maradona. En el mismo, Diego se mostró en su faceta humana como nunca, apareció un Maradona humilde, capaz de reconocer a los que participaron con él del logro mundial, preocupado por los más vulnerables, generoso. No desconozco los defectos del Diego, se de sus cuestiones íntimas ventiladas en los medios aviesamente porque no les gustan sus posiciones políticas o simplemente porque para los medios de comunicación ventilar la mugre que todos tenemos en nuestra intimidad es lucrativo. Pero lo que sí sé, es que la intimidad es del Diego y sus familiares y que como decía la Tía Veneranda, en las cosas de la familia los de afuera son de palo. Más que criticar al Diego por sus cosas íntimas (si tuvo muchas mujeres, si no reconoció hijos, si se peleó con otras, si no drogó o no, lo que tenemos que valorar es lo que Diego y muchos otros nos dieron en un momento crítico de nuestra historia, un campeonato mundial, una alegría inmensa, que, como el mismo dijo, nos permitió sentirnos reivindicados por tanta muerte cometida por milicos aventureros que mandaron a nuestros pibes al muere a manos de los expertos asesinos ingleses. Diego y su equipo nos dieron una alegría que permitió que elaboráramos nuestra complicidad en la matanza, ¿o acaso millones de argentinos no nos alegramos cuando invadieron Malvinas?, ¿acaso no fueron miles y miles los que vivaron a Galtieri en la Plaza de mayo?, y en los bares, cuántos debimos callar la bronca por lo que considerábamos una aventura insensata de los milicos asesinos so pena de ser agredidos por los mismos que hoy se hacen cruces por la aventura militar insensata. Los argentinos tenemos que empezar a ser más autocríticos, y pensar porque endiosamos a personas que no son más que ciudadanos con un poco de prensa. Nos desesperamos para decir hola Susana, te amo, a una analfabeta, sin cultura, de derecha casi fascista, que proclama la necesidad de la pena de muerte a los delincuentes, pero que en su momento para evadir al fisco compro por intermedio de un minusválido un Mercedes Benz que cuando la descubrieron ocultó en un gallinero para no hacerse cargo de su delito. Vemos a una señora conservadora almorzar con lo más granado de la derecha argentina y dilapidar insensateces a diestra y siniestra, mintiendo y prejuzgando solo por el magro placer de tener un poco de pantalla en sus últimos días. Son tantos los ídolos de barro que construimos, esos que no nos dan nada, solo opio para nuestros cerebros, que anestesian nuestro pensamiento, que trafican ideología, que nos sumergen en un espectáculo bizarro que solo busca impedir que podamos asumir la crítica existencial de nuestras condiciones de vida, que los verdaderos ídolos, esos que nos dieron mucho como Maradona, o como Estela de Carlos, Hebe de Bonafini, el Che Guevara, Illia, Alfonsín, son mancillados con una crítica superflua o son olvidados en los márgenes de la historia. Para pensarlo Hasta la próxima.

lunes, 20 de junio de 2016

En defensa de la palabra.


En algunas oportunidades se me ha criticado mi estilo de escritura, se lo ha considerado como agresivo y con una cierta violencia verbal, Algunas personas que me quieren me han formulado la siguiente crítica: “Así no vas a convencer a nadie”. Durante algún tiempo estuve meditando sobre esta cuestión y porque me impresionó tanto esa crítica, tal vez por el afecto que le tengo a quienes la formularon, tal vez porque en algún momento de mi vida he querido convencer a las grandes masas. En los setenta, cuando participábamos de los grandes movimientos revolucionarios, cuando el mundo estaba convulsionado y la agresividad y violencia verbal eran tremendamente más implacables que la actual, se intentaba, a través de dos mecanismos de lucha política, convencer a los demás de lo acertado de la línea política del partido en el que participábamos. Las dos herramientas de trabajo de los militantes eran la agitación y la propaganda, en términos de un gran dirigente político de la izquierda, Vladimir Ilich Ulianov (Lenin) la agitación consistía en formular pocas ideas para muchos, se expresaba a través de consignas concisas pero contundentes, por ejemplo, la consigna bolchevique “todo el poder a los soviets”. El agitador debía estimular emociones en la masa, agitar era tocar la fibra más sensible de los trabajadores y estimularlos a movilizarse contra el orden existente. En la medida en que los trabajadores se movilizaban iban ganando en conciencia respecto a la maldad del sistema capitalista, de manera tal que la movilización, motorizada por la agitación política, se constituía en la puerta de entrada a la conciencia socialista. Cuando el trabajador había hecho carne que algo de la sociedad estaba mal, que sus penurias no se debían al accionar de tal o cual gobierno, sino a las condiciones de explotación y represión a las que lo sometía el sistema capitalista, entraba a jugar la propaganda. La propaganda consistía en muchas ideas para pocos, era la tarea de profundización y construcción del militante revolucionario socialista, el trabajador que se había acercado intelectualmente a la organización revolucionaria a partir de una huelga, una toma de facultad, una movilización, ahora debía comenzar a consumir la literatura revolucionaria que lo hacía transitar el camino hacia su constitución en sujeto revolucionario. La literatura consistía fundamentalmente en la lectura (individual o colectiva) de la prensa revolucionaria, el diario del partido, los documentos de debate interno de la organización, y esporádicamente la lectura de los textos de los padres fundadores de la revolución socialista (Marx, Engels, Lenin, Trotsky, etc.). Lo interesante es que el novel integrante de la periferia del partido debía reconocerse como un revolucionario marxista (leninista, trotskista, castrista, guevarista, maoísta, etc., según la definición teórica de las diferentes sectas de izquierda) aun cuando nunca hubiera leído a Marx, la adscripción a una teoría era un acto de fe, tan de fe como la de un católico, o un musulmán. Los partidos tenían militantes y adherentes (o periferia). Los primeros eran los que agitaban la línea partidaria en nombre propio, los que supuestamente conocían las raíces del pensamiento de la organización, eran además de agitadores propagandistas, los segundos en cambio no podían hablar en nombre del partido, y ellos se encargaban de las tareas básicamente de agitación. Lo curioso es que unos y otros pregonaban ideas como la revolución armada, la insurrección, el socialismo, el gobierno obrero, obrero y popular, definían al país como dependiente del imperialismo, como semicolonia o colonia sin demasiado conocimiento teórico-práctico de los que significaban esas ideas, de las bases de sustentación de las mismas. Todos los partidos de izquierda se reconocían marxistas pero muy pocos de sus militantes habían leído siquiera algunas páginas de Marx, lo poco que conocían era a través de la transmisión oral de sus líderes o lo que se parafraseaba en la prensa partidaria. En aquella época, pretender realizar grupos de estudio para leer y debatir a los grandes pensadores revolucionarios era sancionado como teoricista e implacablemente perseguido. Las organizaciones de izquierda de los setenta, basadas en su funcionamiento interno en el llamado centralismo democrático, no debatían, la palabra del (o de los) líderes se imponía verticalmente, todas las decisiones eran tomadas por el comité central y los congresos partidarios que se realizaban de tiempo en tiempo (con una mayor participación de los miembros del partido) eran una parodia de la democracia. En estos congresos se votaba siempre la línea partidaria y quien se oponía a ella era generalmente expulsado de la organización. Como consecuencia de este rígido sistema de democracia interna, más cercana a la representación que a la autogestión se configuraban liderazgos muy fuertes y autoritarios en las organizaciones, y se producción frecuentes rupturas en las mismas, dado que en la medida en que en las cúpulas dirigentes existían diferencias de forma o contenido, siempre alguno tenía que irse y formar su propia secta. Es notable el pensamiento de Rosa de Luxemburgo quien en uno de sus trabajos critica de esta manera (cito de memoria) al centralismo democrático: “la dictadura del proletariado es la dictadura de una clase sobre la otra (del proletariado sobre la burguesía), y dentro del proletariado es la dictadura de un grupo social (el partido) sobre todo el proletariado, y dentro del partido es la dictadura de una fracción de este (el comité central) sobre el resto del partido, y dentro del comité central la dictadura de un hombre (Ud. camarada Lenin) sobre el resto del comité. Este modelo de funcionamiento fue extendido, cuando los bolcheviques tomaron el poder, a la gestión del supuesto estado obrero. Estamos frente a una concepción autoritaria que consideraba que el interés de la sociedad era determinado por el partido, de manera tal que el interés social era el interés partidario. No había lugar para la crítica, la dictadura del proletariado se transformó en una dictadura sin más aditamento y en nombre de ella se asesinó a millones de personas, entre ellos muchos de los que fueron dirigentes revolucionarios junto a Lenin (Kamenev, Sinoiev, Bujarin, Trotsky, y tantos otros fusilados o asesinados en nombre del socialismo. El socialismo implantado en la Unión Soviética desde sus comienzos no fue otra cosa que un capitalismo monopolista de estado en el que los miembros del partido constituían una capa burocrática que se beneficiaba del poder de manera corrupta, y donde los viejos burgueses se convertían en gerentes de las fábricas que les habían expropiados. El esto es cosa conocida, en la década de los ochenta los estados socialistas abrieron el camino a la usurpación de las empresas estatales por los miembros del partido y se retornó al capitalismo sin más, aunque en algunos países como China, Vietnam, Cuba se continuaron con un modelo de capitalismo monopolista de estado sostenido por dictaduras que oprimieron y oprimen a sus pueblos en beneficio de unos pocos, recreando burguesías nuevas que sostienen el sistema, que también se basa en la explotación y el dominio de las masas trabajadoras por los miembros de estas nuevas burguesías aliadas al capitalismo internacional y sostenidas por un estado autoritario y en algunos casos terrorista como en Camboya con los Khmer Rojos o en Corea del norte. Volviendo al comienzo, a las críticas bien intencionadas de aquellos que me quieren, luego de la reflexión llegué a la conclusión de que realmente escribo para expresar lo que siento, no para convencer a nadie. Con casi 67 años, una carrera profesional completa, al borde de mi jubilación, para la cual no necesito esperar nada, solo debo pedirla cuando lo desee, y sin ningún interés de participar en partido político alguno, sin ningún interés de tener cargo de gestión alguno, escribo para quien desee leerme, al que no le gusta lo que escribo, solo tiene que dejar de leerlo. Sin adscripción política alguna, puedo decir lo que pienso, lo que siento, lo que surge de muchos años de lecturas y experiencias y solo busco establecer una conexión en el debate de todos aquellos que, como yo, están dispuestos a discutir honestamente, sin dobleces o engaños, buscando nuevas ideas, sin la urgencia del cambio, con la certeza que el cambio rápido nunca es bueno, que trae más tragedias que felicidad, más destrucción que construcción. Tengo la íntima convicción que cada idea que se siembra, cada pensamiento que se formula, germinará regado por el tiempo, y será planta con el cuidado de aquellos que en esta y en las generaciones venideras sabrán cambiar de a poco la naturaleza voraz y destructiva del ser humano por una cultura de paz y confianza. Estoy convencido que no seré yo, ni mi generación los que convenciendo a otros construiremos el socialismo, eso llevará generaciones, pero con amor, con altruismo, con dedicación, con solidaridad, cada uno de nosotros puede agregar su granito de arena al gran edificio social que hará de nuestra especie algo nuevo, algo necesario que aporte a la construcción universal sin violencia, sin pobreza, sin sufrimiento. Hasta la próxima.

martes, 14 de junio de 2016

¿Democracia?


Mucho se ha discutido sobre la democracia desde los griegos hasta hoy. Pero sigue sin definirse el problema fundamental, el de la resolución colectiva de los temas atinentes al bien común. Es, a mi entender, parcial, definir a la democracia como gobierno del pueblo, la acepción generalizada nos dice, del griego demos : pueblo, kratos : gobierno. Pero existe otra etimología, que poco se discute, y casi nada se ve en las escuelas, en el griego clásico el demoi era el plural de demos, que no eran otra cosa que agrupaciones de linaje en las que estaban inscriptos los griegos atenienses varones, descendientes de atenienses por vía materna y paterna desde tiempos inmemoriales, los que los constituían una minoría en la sociedad, incluso dentro de la población libre. Fuera de la democracia ateniense quedaban los libertos, los esclavos, las mujeres, los metecos, es decir, la mayor parte de la población. La democracia ateniense que duró menos de dos siglos derivó en un sistema integrado por tres niveles, la asamblea del pueblo (varones que portaban armas), el consejo consultivo que estaba integrado por los ancianos y los notables, y un poder ejecutivo que estaba reservado a un rey o un cuerpo de magistrados integrantes de la oligarquía. Es cierto que la participación en las asambleas (de aquellos que estaban autorizados) era a igualdad de derechos, todos podían expresarse y se votaba universalmente. En Grecia existían tres espacios diferenciados, la ekklesia, o lugar público de debate de los problemas comunes, el agora o espacio semipúblico en el que se debatían problemas filosóficos y políticos (ejemplo la academia de Platón era parte del ágora) y el oikos o espacio privado. La democracia se asentaba en la ekklesia que es donde los griegos ciudadanos, mayores de 18 años debatían en pie de igualdad, nombraban magistrados, aprobaban leyes, decidían sobre la paz y la guerra o sobre litigios y problemas que planteaban los participantes que podían expresarse con total libertad. Otra de las instituciones de la democracia griega era el consejo que estaba integrado por los ancianos y los ciudadanos más respetados. Contaban con ejecutivos de las decisiones de la asamblea y el Consejo: los magistrados: los estrategos, los arcontes y los tesoreros. Los magistrados presidian los tribunales de justicia. Los estrategas, que eran 10, uno por cada tribu, eran los jefes de los ejércitos que, dependiendo de sus éxitos militares, podían alcanzar gran prestigio y ejercer un papel esencial en el gobierno de la ciudad. A los arcontes les estaba reservado los asuntos civiles y administrativos o presidían ceremonias religiosas. Los tesoreros estaban encargados de la hacienda Como vemos la democracia fue desde sus comienzos un espacio restringido, tan restringido como lo es en la actualidad. Tal vez, una de las formas más democráticas que conoció la historia humana sea la de la comuna de París, surgida de un movimiento insurreccional que gobernó la ciudad de París del 18 de marzo al 28 de mayo de 1871, intentando desarrollar un proyecto de carácter autogestionario. La comuna es hija de la derrota del ejército imperial y el cautiverio de Luis Napoleón III a manos de las tropas prusianas. La comuna se rebeló contra el gobierno de Thiers, quien se instaló en Versalles al no poder doblegar a los parisinos. En los dos meses que duró la misma dejó una marca imborrable en la historia de las instituciones políticas de la humanidad, al punto tal que Marx la consideraba como propia y sostenía que constituía la primera toma de poder de las clases proletarias en la historia de Europa occidental, describiéndola, según nos dice Rougerie, Jacques (Paris libre- 1871. pp. 264-270) como el primer ejemplo concreto de una dictadura del proletariado en la que el Estado es tomado por los obreros. La comuna dividió definitivamente los caminos de anarquistas y marxistas, ya que para los primeros el signo era haber arrebatado el poder al estado francés para crear un poder revolucionario sin depender de una vanguardia organizada. La comuna promulgó decretos revolucionarios, entre los que se contaban la autogestión de las fábricas abandonadas por sus dueños, la creación de guarderías para los hijos de las obreras, la separación de la iglesia del Estado, la obligación de las iglesias de acoger las asambleas de vecinos y de sumarse a las labores sociales, la condonación de los alquileres impagados e intereses de las deudas, la revocabilidad de los mandatos de los representantes, etc. Las medidas que promulgaba la comuna obedecían a la necesidad de paliar la pobreza generalizada que había causado la guerra. Asediada por el gobierno nacional, la comuna cayó rápidamente y sus defensores fueron duramente reprimidos. Tras un mes de combates, la reconquista del casco urbano provocó una fiera lucha calle por calle, la llamada “Semana Sangrienta (Semaine sanglante)” del 21 al 28 de mayo donde murieron más de 10000 personas y se incendiaron monumentos históricos y edificios, sometiéndose a Paris a la ley marcial por cinco años. La comparación de las diversas formas de organización de la democracia nos permite visualizar al menos dos formas de la misma, la democracia como procedimientos y la democracia sustancial. La democracia como procedimientos, o democracia representativa, es la que más difusión ha tenido. Según ella, los ciudadanos no deliberan, ni gobiernan, sino a través de sus representantes (como indica por ejemplo la constitución argentina), los representantes, que son elegidos por un mandato medido en años, una vez elegidos no rinden cuentas a nadie, pueden o no cumplir con sus promesas de campañas (un viejo político argentino decía que si hubiera dicho lo que pensaba hacer no lo votaba nadie y si hiciera lo que prometió el país sería inviable), En la democracia representativa el representante no rinde cuentas ni siquiera al partido por el que fue electo. Los casos de transfuguismo (ser elegido por un partido y pasarse a otro una vez en funciones) son moneda corriente. El representante, opera en su cargo según sus intereses, y raramente obedece a los intereses más generales. Los ciudadanos, tienen por única participación democrática, elegir cada tantos años a quien decidirá sobre su vida, y por lo general, nunca se enteran de las decisiones que toman aquellos por los que votaron. La democracia como representación, no está solamente instalada a nivel de las instituciones generales de la sociedad, las instituciones particulares de la misma (universidades, clubes, etc.) también están regidas por la institución de la representación. En la Universidad Nacional de Rosario (caso que conozco en profundidad) existe una elite burocrática (cuyas significaciones sociales imaginarias van desde la derecha hasta la izquierda) que gobierna la universidad desde 1984, excluyendo de la participación en la gestión al conjunto de los ciudadanos universitarios. Las reuniones de los cuerpos colegiados se realizan en medio de un caos normativo, donde los reglamentos de funcionamiento, o no existen, o son torsionados a gusto de los representantes. Por lo general en las votaciones de estos organismos se argumenta extensivamente, pero lo que vale es la ecuación de los números, quien más votos tiene decide, en la mayoría de los casos al margen de los reglamentos. En casi cuarenta años de docente jamás fui informado de los debates y decisiones del consejo, solo se informa aquellas decisiones con consecuencias operativas. Si los cuerpos colegiados son arbitrarios, los ejecutivos lo son más, con una serie de herramientas (como decisiones ad referéndum) con las que soslayan a los cuerpos colegiados. Poder participar en elecciones, el ciudadano universitario debe ser parte de las corporaciones que se disputan el poder, si no se participa en ellas, no se puede ser representante. Esta modalidad de la democracia representativa, que también funciona a nivel nacional, es la que permite que los partidos políticos sean los que determinan las representaciones, es decir, no es una democracia de los ciudadanos, sino de los partidos. Si Ud. quiere ser diputado, senador, presidente, y no está en un partido, olvídese, a menos que tenga el suficiente dinero como para crear su propio partido. En muchos países, por no decir en la generalidad, se votan largas listas sábanas, el ciudadano ni siquiera sabe a quién vota, ni las propuestas de las corporaciones a las que vota, solo sabe que vota a un determinado partido o alianza, nada más. En algunos lugares se han tratado de desarrollar formas más participativas, como los referéndums, los plebiscitos, la derogación del mandatos, los presupuestos participativos, asambleas populares, etc. Es lo que se ha llamado democracia participativa, que se define como un modelo de convivencia política en el que los ciudadanos tienen mayor influencia en la toma de decisiones. Para lograrla es necesario concientizar a los ciudadanos en la necesidad de implicarse en el proceso democrático, asumiendo un papel activo en la escena de gestión. La democracia sustancial es aquella en la que el poder de la decisión reposa en el conjunto de ciudadanos, los que a través de asambleas determinan directamente los rumbos a seguir. Aun en los países capitalistas existen formas de democracia directa como en los cantones suizos. La tecnología podría proveer, en un futuro cercano, de herramientas en tiempo real que hagan posible este tipo de gestión, en los hechos en algunos países se está trabajando en lo que se denominan organismos de gestión participativos en tiempo real. En América Latina hemos logrado acumular múltiples experiencias de gestión democrática en los últimos 30 o 40 años, países como Bolivia, Ecuador, Venezuela, Uruguay, Argentina, Brasil, en mayor medida y Chile, Perú, Paraguay, Colombia en menor medida, han transitado caminos de ampliación democrática. La ampliación democrática va más allá de la participación del ciudadano como abstracción, supone la ampliación de derechos, límites al capital, sistemas impositivos progresivos, inclusión de minorías segregadas, pluralidad de medios de comunicación, y un conjunto de tecnologías políticas que constituyen un avance en el proceso de construcción de una sociedad igualitaria, cooperativa, autogestionaria y por sobre todas las cosas, basadas en valores éticos y morales como el respeto a la vida, a la opinión del otro, la honestidad, la sinceridad, el respeto al medio ambiente, para lo que las comunidades tienen una herramienta invalorable, la educación crítica y reflexiva. Hasta la próxima.

domingo, 5 de junio de 2016

La Grieta


En Argentina, y creo que en todo el mundo hay panegíricos de los sistemas y panegíricos de los gobiernos. En la actualidad se han multiplicado los panegíricos del gobierno de Mauricio Macri. Tomo el término, que corrientemente significa un discurso en honor y alabanza a alguien, en su sentido negativo, es decir, el trabajo intelectual, sobre todo periodístico, orientado a alabar al gobierno intentando burdamente que este discurso no sea visto como una alabanza. Los periodistas militantes del gobierno del PRO-RADICALISMO usan por lo general lo que en un momento dio en llamarse el elogio diferido, es decir, criticar a alguien para terminar alabándolo. Este elogio diferido tiene invariablemente, entre los escribas y comunicadores amanuenses del gobierno actual, un punto de partida. Este punto de partida, a mi entender, no es casual ni arbitrario, el periodismo militante está en línea con el relato de la nueva derecha en el gobierno que ha definido como leiv motiv del ejercicio del poder autoritario dos caminos muy claros, por un lado el encarcelamiento o la judicialización de los líderes populares vinculados al anterior gobierno (por caso Milagro Sala, Cristina Fernández de Kirchner, Máximo Kirchner, Aníbal Fernández, Axel Kiciloff, y tantos otros) con el claro objeto de impedir que puedan competir en las próximas elecciones, lo que piensan lograrlo de la mano de jueces y fiscales corruptos y venales como el Fiscal Marijuan, el Juez Bonadío y muchos más, por lo general jueces y fiscales de la dictadura o designados por el gobierno menemista para garantizar su impunidad y que ahora están al servicio de la nueva derecha argentina genocida (por ejemplo Milagro Sala lleva más de cinco meses presa sin juicio y hasta persiguen a sus abogados o presionan a sus seguidores extorsionándolos con la posible cárcel para que declaren lo que al Gobernador corrupto Gerardo Morales le conviene), y por el otro, a través de una prensa aliada, en la que los periodistas enuncian un relato producido en las altas esferas de los medios de comunicación masiva (Vilas, Magneto, etc.). Es a partir de este objetivo fundamental, que pretende, además de descalificar a los funcionarios del gobierno anterior, deja en claro que la gran burguesía va a intentar impedir por todos los medios posibles, que accedan al gobierno sectores políticos que no comulguen con sus intereses. El elogio diferido, que da lugar al discurso panegírico de los periodistas (Majul, Lanata, Plagel, Franco, Vilouta, Wiñazky, Feidmann, Longobardi, Novaresio, y tantos otros) al servicio de la mentira, las operaciones de prensa, el ocultamiento de la información, la difamación pública de los actores políticos, el prejuzgamiento de las causa judiciales, la defensa de una justicia podrida hasta la médula, comienza invariablemente con la denostación del gobierno anterior, como vía de atemperar aquellas críticas que ya no pueden silenciar, y luego de realizar algún comentario crítico se pasa invariablemente a destacar las “virtudes del gobierno” tratando de minimizar el feroz ajuste que condena a los argentinos al hambre y la miseria. Precisamente, Luis Novaresio, en el diario La Capital del 5/6/2016 presenta una columna que incluye todos estos elementos. El título de la columna. es sumamente sugestivo, “Seis meses más de la grieta”. La grieta, concepto enunciado por otro obsecuente relator del régimen marista, Jorge Lanata, aunque más encumbrado y con más roce con el poder de la nueva derecha que Novaresio, que es tan solo un oscuro periodista pueblerino que recaló en Bs. As. y en base a un disciplinamiento total al dueño de los medios en los que trabaja (América y La Capital), Daniel Vilas, líder del “Grupo 1” de medios de comunicación pudo acceder a la pantalla televisiva. En realidad, la grieta es un curioso invento de Lanata según el cual los argentinos fuimos divididos por la acción ideológica del “relato” kirchnerista que no admitía poder aceptar el discurso del otro. Lo interesante es que este supuesto es absolutamente falso, el discurso kirchnerista siempre admitió la pluralidad de ideas, lo que hizo fue manifestar, generalmente en la voz de la presidenta Cristina Fernández su desacuerdo con los presupuestos políticos de la derecha argentina y los medios hegemónicos que lo sostenían. No escuche en la gran cantidad de cadenas nacionales, que la presidenta indicara la persecución política o judicial de sus opositores, si escuche a los opositores decir barbaridades de la presidenta y de su gobierno, mentir descaradamente, utilizar denunciadoras seriales y falaces como Margarita Stolbizar, Elisa Carrió y Graciela Ocaña (quien fue ministra de salud del gobierno kirchnerista y despedida por su ineficiencia en el manejo del área) para atacar al gobierno con causas que luego se demostraban como falaces, como aquella vez que Carrio con la complicidad de Clarín monto un numerito con cajas traídas de EE.UU. que demostraban la corrupción y que luego quedó en la nada, o las cuentas en un banco de EE.UU. de Máximo Kirchner y la ex ministra de defensa Nilda Garré, que el propio banco desmintió su existencia. Lo curioso que estas denunciadoras seriales, “amantes” de la ética y la vida republicana, jamás denuncian al gobierno macrista (tanto en los más de ocho años de gobierno macrista en CABA, como en estos seis meses de gobierno) inmerso en múltiples escándalos de corrupción, sobornos, coimas, entrega de la obra pública a amigos, parientes y favorecedores, sobreprecios en las importaciones del estado (como el gas que Shell, la empresa de la que es socio el ministro Aranguren, vende vía Chile), la compra de dólares a futuro por parte de los mismos funcionarios del gobierno macrista que luego decidieron la devaluación haciendo ingentes ganancias, etc. etc. No vi en los discursos de la presidenta agravios personales, ataques a la intimidad, mentiras sobre la conducta, sobre la moral, de sus opositores políticos, y si, en cambio, los vi en las múltiples tapas del libelo de Editorial Perfil, Noticias, si escuché las diatribas, prejuicios porque la presidenta era mujer, difamaciones, en Lanata, Carrió y tantos otros. No contabilizo presos políticos en los doce años de gobierno kirchnerista, como si puedo hacerlo en los seis meses del Gobierno PRO-RADICALISMO. No recuerdo persecuciones judiciales feroces, arbitrarias, basadas en falsas denuncias o en la tergiversación de las pruebas, como si lo observo en esos mismo jueces y fiscales que enjuician al gobierno anterior, pero que, a la hora de impulsar causas contra el poder económico y político de esta dictadura, le cantan el arrorró para que duerman el sueño de los justos. Allí están la evasión durante más de una década del diario La Nación durmiendo en la Corte Suprema, El robo a mano armada de Papel Prensa ejecutado por la banda de organizaciones criminales encabezada por La Nación y Clarín, los múltiples juicios por escuchas ilegales que hizo Macri, los conocidos sobornos a periodistas como el pago de 14 millones a Majul por hacer campaña a favor del régimen, el escandaloso negociado de Niembro que no aparece en los encabezados de la prensa canalla, las cuentas off shore de Macri con las que evadió impuestos y lavó dinero, los escandalosos negociados del presidente con su amigo Caputo y su propia familia dándoles contratos leoninos, tan leoninos que los contratos de Baez serían el cambio chico de la corrupción. Esa “grieta”, estimado “periodista” Novaresio, no fue creada y ensanchada por los kirchneristas (y conste que ni fui, ni soy kirchnerista, solo un humilde profesor universitario con pensamiento propio), sino por los periodistas militantes de la nueva derecha autoritaria argentina como vos, Lanata, Majul, Longobardi, Feidman, Bonelli, Alfano, los Leuco, Van Der Koy, Blanc, Castro y tantos otros que a diario envenenaron y envenenan de odio a la mayoría de los argentinos con el único objetivo de garantizar el poder de la nueva derecha argentina. Pero además, y esto es un punto de vista muy importante, la famosa grieta no es tal, como afirmas vos Novaresio, siempre hubo “grieta” en Argentina desde la misma revolución de mayo, Saavedra y Moreno, unitarios y federales, conservadores y radicales, peronistas y antiperonistas, militares y civiles, derecha e izquierda, nacionalistas y liberales, pero estas falsas antinomias siempre ocultaron la verdadera contradicción en nuestro país, el antagonismo entre la burguesía y el proletariado, entre capitalistas y trabajadores que llevó a matanzas feroces como en la Patagonia donde murieron en 1919 cientos de obreros por defender sus derechos, fusilados por el asesino ejército argentino y su comandante Falcón, como las matanzas de la semana trágica cuando los obreros de los Talleres Vasena salieron a defender sus derechos, los fusilamientos de Joaquín Pennina y Severino Di Giovanni, los fusilados en José León Suárez, los mártires de la dictadura genocida, los asesinados el 20 y 21 de diciembre de 2001 y tantos más que cayeron por las balas de los uniformados o en las cámaras de tortura de las dictaduras para sostener las ideas económicas del neoliberalismo. Por eso, mal que te pese Novaresio, la grieta, como vos la llamás, no se cerrará mientras la burguesía continúe explotando y oprimiendo al pueblo trabajador, siempre habrán millones de trabajadores dispuestos a defender sus derechos en las calles, en las fábricas, en las universidades. A lo que asistimos hoy, es a un recrudecimiento de la lucha de clases, que será mucho más álgida en los próximos meses, a menos que la dictadura macrista deponga su actitud de beligerancia contra el pueblo y respete las conquistas alcanzadas por los trabajadores. En todo el siglo XX la característica de la economía fue la consecuencia de la aplicación de políticas neoliberales, de ajustes salvajes que atendían a las necesidades e intereses de los sectores hegemónicos más concentrados de la burguesía en detrimento de los sectores medios, los trabajadores y las PYMES. Después de 12 años de ensayo keynesiano pudimos comprobar que, aun bajo el capitalismo, es posible llevar adelante políticas económicas que favorezcan una mayor igualdad en el reparto de la renta nacional y el mejoramiento de las condiciones de vida de los sectores más vulnerables. Está en nosotros corregir el error que cometimos en las elecciones presidenciales del 2015. Hasta la próxima

viernes, 27 de mayo de 2016

Ateos, agnósticos y creyentes.


Para iniciar esta conversación creo conveniente distinguir estos tres términos. Ateo etimológicamente significa sin dios (a=sin, theo=dios). El ateo es una persona que niega la existencia de cualquier dios o entidad supra natural. Es frecuente confundir a un ateo con un agnóstico. Los agnósticos, no rechazan la posibilidad de que exista de una deidad, sino que consideran que lo divino escapa de la comprensión humana y, por lo tanto, desconocen su eventual su existencia. La diferenciación entre ateo y agnóstico no es menor. Mientras el ateo rechaza la existencia de un dios (o dioses) de plano, sin conceder ninguna posibilidad, ubicándose por lo tanto en un mismo plano con el creyente, dado que rechazar la existencia de un objeto sin tener la verificación científica, se constituye inmediatamente en una creencia, el agnóstico se coloca en una posición científica y dado que por el momento, no tiene los conocimientos necesarios para determinar la inexistencia o existencia de dios, pone el problema entre paréntesis, y lo ubica correctamente en el plano de la creencia, plano en el que la ciencia no tiene nada que decir. Es decir el creyente dirá creo, el ateo no creo y el agnóstico se desinteresará del problema. Podemos afirmar que existen razonamientos acertados que conducen a valorar la existencia de un dios o dioses como producto de la imaginación humana. Muchos autores han demostrado (y en este blog hemos recogido sus opiniones) la existencia de un período pre religioso en la humanidad. Estamos hablando de un tiempo en el que los seres humanos no creían en la trascendencia o en la vida después de la muerte. Ello queda registrado en el hallazgo de restos humanos totalmente despojados de enseres domésticos. Estos cuerpos ni siquiera eran enterrados, cuando alguien moría directamente su cuerpo quedaba abandonado por la horda trashumante que no se detenía en su camino sin fin. Solo muy tardíamente comienza a verificarse restos humanos acompañados de enseres domésticos o posesiones personales que dan la pista de la creencia de la vida después de la muerte. Estos cuerpos eran enterrados para protegerlos y se le colocaban sus posesiones a fin de las tengan en el otro mundo. En general la creencia religiosa parece haber surgido como modo mítico explicatorio de lo que el hombre no podía entender (fuerzas de la naturaleza, el misterio de la muerte, etc.). Luego la religión transita por diferentes intereses. La división de la sociedad en clases sociales requiere de una superestructura de dominación que justifique las diferencias sociales y los privilegios de las clases dominantes. En la sociedad humana se organizan verdaderas constelaciones de poder y existen sujetos que se especializan en el diálogo con dios o los dioses y diosas. Los sacerdotes que habitan en los templos se convierten en verdaderos sostenes de los poderes terrenales. Al sostenerse el imaginario de que el poder dominante no es propio de la temporalidad, sino que es asignado por un ser o seres que están más allá de la física (origen de la metafísica, recordemos que la metafísica es una rama de la filosofía que estudia los problemas centrales del pensamiento filosófico: el ser en cuanto tal, el absoluto, dios, el mundo, el alma.), La religión se organiza a partir de la existencia de los misterios que escapan a la comprensión humana (que es el alma, que significa su trascendencia, que ocurre más allá de la muerte, etc.), pero su organización no es casual, ocurre en un tiempo histórico determinado en el que existe además del temor a lo desconocido, la necesidad de dominación de quienes comienzan a apropiarse de la propiedad común del clan. Existen algunas cuestiones que no son discutidas (sobre todo en la religión monoteísta). En las religiones politeístas los dioses y diosas constituían un clan que estaba más allá de los hombres y que intervenían en forma directa en su cotidianeidad (como lo demuestran los mitos referentes al héroe generalmente mitad humano mitad dios por ser concebido entre un dios y una humana o viciversa). Pero en todas las religiones el dios supremo es siempre un hombre. Zeus, Buda (que no era estrictamente un dios) Jesucristo, Jehová, Ala, siempre son varones. Esto está relacionado claramente con la existencia de la sociedad patriarcal y por ende con la sociedad de clases. Ni siquiera las feministas se atreven a impugnar que dios sea masculino, en lugar de poner en tela de juicio esta identidad sexual y plantear la existencia de una diosa como gobernante del universo. Un dato es muy claro, a lo largo de la historia de las religiones los dioses o dios fueron creados por la imaginación radical a imagen y semejanza de los seres humanos. Todos ellos tienen una imagen similar a las de los hombres y mujeres (aun aquellos que son mitad humanos, mitad animales como los dioses egipcios tienen rasgos de lo humano) En la actualidad asistimos a recrudecimiento de la fe religiosa. Tras un largo período inaugurado tal vez por el iluminismo y que tuvo su punto más alto en la revolución francesa, la fe religiosa que había retrocedido, dando más espacio al laicismo en la vida social, en el tercer milenio parece haber tomado nueva fuerza y reaparece en formas retrógradas como los fundamentalismos autoritarios que gobiernan en buena parte del mundo. La característica de la fe, es que ella es irracional, no importa cuán disparatado sea su contenido, se tiene fe. Por ejemplo, en las redes sociales, podemos observar pedidos para curar enfermos mediante la oración, en Rosario hay un fenómeno social que es parte de lo que se llama curas sanadores, el padre Ignacio congrega a miles de creyentes cada año que esperan ser curados de enfermedades incurables, para las cuales la medicina no tiene respuesta, Esta creencia de los curas sanadores abreva en una antigua creencia supersticiosa según la cual la enfermedad era una consecuencia de las fuerzas malignas que se apoderaban de los cuerpos. Jesús y los apósteles son tal vez, los primeros curas sanadores de la historia de la religión, siguiendo las ideas de su líder, Jesús, ellos creían que aquel que tenía fe y que rechazaba esas fuerzas malignas se podía curar. Esta irracionalidad de la fe ha llevado en la historia de la humanidad a los peores genocidios, ejemplo de ello son las guerras religiosas, o las matanzas irracionales en función de la fe. La inquisición, las cruzadas, o actualmente el fundamentalismo religioso de los grupos islámicos son parte de lo pernicioso de estas creencias llevadas a su máximo exponente. Lo curioso es que personas muy formadas, inteligentes, creen en estas cuestiones, cuando los mitos religiosos no pueden ser probados por ningún dato histórico. Tomemos algunos ejemplos, el antiguo y el nuevo testamento fueron escritos por hombres después de los sucesos, algunas veces pasaron muchos años entre que el hecho ocurrió y el momento de la narración. Son documentos que contienen ambigüedades, contradicciones, pero, por sobre todo, son escritos humanos, ningún dios los escribió, ningún dios los dicto. Generalmente los “originales” de estos documentos se han perdido, por ejemplo, las tablas de Moisés se rompieron, o fueron entregados misteriosamente a un profeta, como en el caso del Corán, que rebela la palabra de Allah (Ala en su castellanización, que significa El) que fue dictada a Mahoma por Yibril (el arcángel Gabriel), pero sin existir ninguna prueba de ese dictado. En todas las religiones existe un mito fundacional en el que dios o los dioses rebelan su existencia a los humanos, pero los humanos corrientes nunca han visto a un dios, solo algunos mitos como el de la virgen María que se le aparecía a Bernardita en Lourdes pero que tampoco existen pruebas de la ocurrencia del hecho o la imaginería popular que crea santos como el gauchito Gil. Otro de los factores que llevan a la existencia de creyentes es el peso de la ideología familiar, millones de cristianos, musulmanes, budistas, etc., lo son por haber nacido en hogares de esas confesiones, son cristianos como podrían haber sido seguidores de cualquier otro ídolo. En lo profundo de la psiquis moderna está el inmenso temor a la desaparición. Los humanos vivimos apegados a la vida y tememos por el fin de la existencia de cada uno de nosotros. Voy a comentar algunas experiencias personales que tal vez sean una pista, si se las piensa, para entender un poco más a la fe religiosa. En algún momento me operaron de várices y por ello me hicieron anestesia total con pentotal. Mi experiencia fue estar en el quirófano escuchando las voces de los médicos y enfermeras y de golpe todo ruido, toda imagen, toda sensación desapareció. La sensación inmediata fue escuchar nuevamente ruidos y voces, pero para ello habían pasado varias horas y no estaba en el quirófano, sino en una sala post operatoria. Creo que esta es la sensación más parecida a la muerte, cuando todo desaparece para el sujeto, cuando ninguna sensación existe, es como si se apagara la luz y la oscuridad total nos invadiera, pero es una oscuridad sin nada, es la nada total. Y en ello reside la necesidad de creer en otras vidas, en la trascendencia, porque los humanos no resistimos la posibilidad de ser nada, podemos aceptar que fuimos nada, pero no que vamos a ser nada, podemos aceptar que en algún momento no estábamos en el mundo, pero nunca que no estaremos. La religión nos provee de esa fantasía, la posibilidad de eludir el final, y que el final sea solo un principio. Pero además de atenuar la ansiedad y la angustia del ser humano, la religión utiliza estos miedos y angustias para imponer instituciones que ordenan la vida social según el imaginario social dominante, según el interés de la clase social dominante. Pero hablaba de la función de la familia en la determinación de la fe religiosa. Y allí encuentro en mi historia personal un determinante muy importante. En algún momento se me narró que, al lecho de muerte de mi abuelito materno, sus familiares llevaron un cura para que le diera la extremaunción, el viejo al verlo exclamó “saquen de aquí a ese cuervo” y se negó a recibirla. Mi madre, que se consideraba católica, se cuestionaba su fe, no comprendía mitos como los de la virgen María, si era virgen, como tuvo un hijo solía decir y como este cuestionaba otros mitos, y obviamente, no era de ir a misa. Estas son formas que expresan como la racionalidad popular cuestiona a las religiones, aunque el peso de la institución religiosa es tan grande que no pueden escapar a ella, existen intersticios por los que se cuela la razón, y yo como producto de esos intersticios terminé siendo agnóstico. Hasta la próxima.

miércoles, 25 de mayo de 2016

La dignidad del empleo público.


Los gobiernos neoliberales, cuando deciden realizar ajustes contra el pueblo, una de las primeras variables que utilizan es el empleo público. Esto es así porque para la burguesía lo público se reduce a la administración del estado y el uso de la fuerza armada para defender sus instituciones dominantes. Para los que pretenden un país distinto, que se rija por los valores de la solidaridad, la concordia, la paz, el respeto a los derechos humanos, a la diversidad, el Estado tiene muchas otras funciones, y si agregamos la necesidad de desarrollar la ciencia y la tecnología, de multiplicar las industrias, de aumentar la igualdad, entonces esa multiplicidad de funciones crece tanto en cantidad como en calidad. No es necesario discutir que el objetivo del gobierno actual en la Argentina es retornar al país agroexportador de los comienzos del siglo XX. Para fundamentar esta opinión basta con tomar dos indicadores macroeconómicos, el crecimiento agrario y el industrial. El superávit comercial de abril (a solo cinco meses del comienzo del gobierno del PRO-RADICALISMO) creció el 64% frente al año pasado, en dólares americanos fue de 332 millones (en igual mes de 2015 había sido de 202 millones) según datos del INDEC. Este resultado se debe, por un lado, a la baja de las importaciones de combustibles (32%), y al flujo comercial, fundamentalmente con Brasil, EE.UU., y con China que le compra a la Argentina mayoritariamente productos primarios. Mientras tanto la industria cayó un 4,8% (en términos interanuales). Aunque en abril la industria se vio resentida por la menor disponibilidad de granos. Estamos frente a un modelo que privilegia la producción exportable de productos primarios por sobre el desarrollo industrial, en este marco conceptual es lógico que al macrismo no le interese el mercado interno, o más precisamente le dé menos importancia al mercado interno que al externo. De eso se trata el ajuste y por lo tanto la asimetría del mismo, de transferir una masa importante de recursos de los sectores ligados al mercado interno hacia los sectores ligados al mercado externo, y por lo tanto, lo sufren solo los que están vinculados críticamente al consumo interno, como las PYMES, los trabajadores, los profesionales, etc. En los primeros cinco meses de gobierno aumentaron las rentas de la gran burguesía (petroleras, agroexportadoras, cerealeras, etc.) y cayeron en picada las de las PYMES, empresas recuperadas, sectores más vulnerables de la producción agraria (como los tamberos que ven caer su producción por efectos de las inundaciones y los bajos precios) y fundamentalmente los salarios de los trabajadores y las jubilaciones. Por lo tanto, el modelo del macrismo es un modelo agro-exportador que pretende retrotraer a la Argentina al período histórico anterior a los años 30´, años del paraíso terrateniente, del país agroexportador que se enorgullecía de ser el granero del mundo. donde el Estado estaba al servicio de la gran burguesía oligárquica (aquella que viajaba a Europa con la vaca en el barco para que sus hijos tomaran leche selecta). El Estado de esa época tiene que ver con el Estado mínimo buscado por el neoliberalismo después de la caída de Perón. Este Estado mínimo se desinteresa de todo lo que pueda ser inversión educativa, de salud, en ciencia y tecnología o desarrollo humano. Los neoliberales piensan al Estado tan solo como una maquinaria represiva y administrativa, no le otorgan ninguna otra función, aunque por cuestiones de gobernabilidad y búsqueda de consenso mientan sobre sus objetivos ideológicos, políticos y sociales. Por ejemplo, Macri en campaña hablo de llegar a pobreza cero, los pobres en tan solo cinco meses de gobierno crecieron en más de 1,5 millones, frecuentemente habla de solucionar los problemas de los más vulnerables, y veta una ley contra los despidos en un momento en que los mismos crecen en forma exponencial. Se conduele de los sin techo que moran en las calles de las grandes ciudades y disminuye las partidas de asistencia social, vivienda, etc., y para ayudarlos los elimina o los oculta. Pero una de las principales metas de neoliberalismo ha sido el equilibrio fiscal, y pretende lograrlo mediante la eliminación masiva del empleo público. Esta operación de reducción del empleo público ha sido una constante en las dictaduras y las experiencias de gobiernos democráticos como el de Menem y De La Rua, y es retomada por el macrismo. Para poder despojar de su sustento a miles de familias trabajadoras sin pagar el costo político que implica su insensibilidad social la gran burguesía cuenta con la ayuda de los medios de comunicación concentrados que baten el parche del costo de los empleados público. Hablan de que son ñoquis, que no van a sus trabajos, que son ineficientes, que el Estado es una estructura obesa que ha engordado por las políticas clientelares (pero no dicen que en los cinco últimos meses el macrismo llenó el Estado de parientes amigos y favorecedores en altos cargos, incluyendo amantes, familiares, chongos, clientes políticos, etc.) y en general descargan una batería de epítetos mentirosos e insultantes contra los empleados públicos. Esto lo han hecho siempre, cuando Menem quiso eliminar los ferrocarriles y despojar a los trabajadores de sus ingresos lo primero que hizo fue desfinanciar la empresa y acusarla de ineficiente), es decir, a la gran burguesía no le basta con despedir a los trabajadores, además debe denigrarlos, para que su discurso penetre en el corpus social y sea aceptado por los ciudadanos. Es necesario desmitificar la idea de que el empleo público es alto en argentina, es mucho más bajo que en países desarrollados, incluso en EE.UU. Pero, ¿quiénes son los empleados públicos? En ellos tenemos diferentes categorías, administradores, científicos, educadores, miembros de las fuerzas de seguridad, transportistas, tecnólogos, agentes sanitarios, etc. En cada instante de su vida el ciudadano se encuentra con un empleado público que lo asiste, sin ellos su vida, en la compleja sociedad moderna sería un imposible. Veamos algunos ejemplos. Cuando un ciudadano se enferma, si no tiene recursos, debe recurrir a un hospital, allí lo atiende un empleado público que lo recibe, otro que lo cura y tal vez alguno que trabaja solucionando sus problemas sociales. Cuando manda a la escuela a sus hijos, estos estudian en un ambiente limpio y saludable porque hay empleados públicos para asear las escuelas, aprenden porque hay empleados públicos que enseñan, la escuela sostiene el proceso educativo porque hay personas que la administran. Cuando ve televisión digital abierta y utiliza las telecomunicaciones es gracias a Arsat que trabajan para que un satélite de comunicaciones ocupe la órbita geoestacionaria. Cuando prende la luz es gracias a los empleados públicos que operan las centrales atómicas, las centrales hidroeléctricas, las centrales tradicionales. Cuando envía sus hijos a la Universidad para tratar de que tengan un futuro mejor puede hacerlo porque hay auxiliares administrativos y de maestranza que sostienen a la misma y profesores e investigadores que forman a sus hijos y producen conocimiento. Cuando él y sus hijos son beneficiarios de planes sociales como el PROCREAR, el Plan de Salud Reproductiva, el Plan Conectar Igualdad y tantos otros es gracias a la asistencia de los empleados públicos. Cuando se jubila puede hacerlo porque hay empleados públicos en el ANSESS, o si tiene un problema laboral encontrará asistencia en los empleados del MTSS, si tiene una diferencia comercial, personal, si ha sido víctima de algún delito recurre al sistema judicial que está integrado por empleados públicos. En definitiva, en cada paso que da un ciudadano en la sociedad se encuentra con un empleado público que lo asiste, lo orienta, lo contiene, entonces, porque creer el relato del neoliberalismo que los empleados públicos son ineficientes, inútiles, ñoquis. El macrismo en estos cinco meses ya despojó de su trabajo a miles de empleados públicos (administrativos, científicos, profesionales) y está resintiendo el menú de servicios del Estado, sobre todo el que requieren los sectores más vulnerables, pero nada le importa, porque al neoliberalismo no le importa la gente, el neoliberalismo es un proyecto social y económico en el que sobran más de diez millones de personas. Un gran burgués no va al hospital, no manda a sus hijos a la escuela pública, no necesita la energía eléctrica del Estado (suele tener generadores privados), no requiere de la asistencia social, y sobre todo, como solo le importa exportar productos primarios no se interesa por el desarrollo de la industria y la ciencia y la tecnología. Pero para el resto de la sociedad los empleados públicos no son un gasto, son una inversión. Soy profesional, científico, profesor universitario, pero por sobre todas las cosas, soy un empleado público y estoy orgulloso de serlo. Hasta la próxima.

domingo, 22 de mayo de 2016

Los efectos terribles del neoliberalismo sobre los pobres.


En una publicación de Facebook decía que lo que el actual gobierno de Argentina no puede comprender, porque sus intereses van en una dirección opuesta a la de los intereses de los sectores sociales más desfavorecidos, es que lo que uno de los determinantes más importantes de la crisis capitalista reside en la desigualdad social que el propio sistema produce. Señalo que la miopía gobernante está relacionada con sus intereses porque estos son los de un sector de la burguesía poco interesada en desarrollar el mercado interno, como si lo estuvo el sector que gobernó entre 2002 y 2015. Cuando el interés de la fracción burguesa en el poder se centra en el mercado externo y en los acuerdos y alianzas que puede tener con los sectores de la gran burguesía internacional, poco interés puede tener con la situación interna del mercado, y si lo tiene, es mas a los efectos de dominio y sostenimiento a su poder que a razones económicas. Para analizar la situación actual de la Argentina es necesario inscribirla en la situación internacional. La economía capitalista internacional es la que está en crisis, y esta crisis tiene una razón estructural. La concentración de la riqueza crece desmesuradamente al punto tal que, el 0,7 % de la población mundial que hace unas décadas era propietaria del 43% de los bienes mundiales, en la actualidad posee más del 50%. La contrapartida económica de esta situación es que la tasa de ganancia mundial, según Michel Robert, Andrew Kliman y Peters Jones pasó del 45% (calculada en costos históricos) al 32 % en 2011, lo que tuvo como consecuencia la baja de la inversión en el capitalismo, dado que, en él, lo más importante para realizar nuevas inversiones es la rentabilidad. La consecuencia obvia, es el estancamiento que registramos en la economía mundial. Es decir, que la contradicción del sistema es que en la medida en que aumenta la concentración económica, la tasa de ganancia tiende a disminuir (Marx lo definía como la tendencia decreciente de la tasa de ganancia en el capitalismo) y por lo tanto se hace lugar a una crisis de superproducción y subconsumo. Esto fue analizado muy profundamente por Keynes, que observó que los asalariados gastan el 100% de sus ingresos en manutención y bienes durables y dado que no poseen capacidad de ahorro, al decrecer sus ingresos tienden a constreñir su consumo. El efecto, es el que provocan siempre la aplicación de las recetas neoliberales que tienden a realizar una fuerte transferencia de ingresos de los sectores económicamente más desfavorecidos a los sectores de la burguesía más concentrada, dado que esta transferencia se realiza mediante la disminución de los aportes tributarios de estos últimos sectores al fisco y con ajustes que implican la reducción de los ingresos de los sectores económicamente más vulnerables. Es interesante observar que mientras en el mundo la tasa de ganancia decrecía, por efecto de la aplicación de políticas neoliberales, en Argentina creció. Gabriel Milichena en un artículo publicado en Realidad Económica, una publicación del IADE de mayo de 2016, presenta un interesante cuadro que analiza el largo período que va de 1961 a 2007 en el que se observa claramente que la tasa de ganancia estructural en argentina, vista desde la perspectiva tendencial, creció en este período. La curva de la tendencia es muy clara, a partir de fines de la década del noventa muestra un sentido creciente que se mantiene después del 2007. Si observamos las curvas de la tasa de ganancia empresarial y estructural vemos que tienen un comportamiento similar, casi en paralelo, aunque la tasa de ganancia empresarial transita por debajo de la estructural. Mirando el gráfico observamos algunos puntos de inflexión de las curvas. 1970, 1975, 1979, 1982, 1987, 1990, 2001. Si comparamos estas caídas con el mapa político y con la aplicación de recetas económicas neoliberales como la que actualmente aplica el gobierno de Macri vemos que coinciden. 1970 es la crisis del gobierno de la dictadura de Onganía que lo dejará fuera de juego rápidamente. 1975 coincide con el llamado rodrigazo cuando la derecha peronista aplica el feroz ajuste neoliberal. 1979 marca el comienzo del fin de la dictadura. Aunque en este momento la caída fue menor esta se irá profundizando hasta 1982, año de la aventura militar de Malvinas con la que la dictadura claramente derrotada y en retirada buscó salvar algo del desastre. 1987 es el momento de gran error del alfonsinismo que busca cambiar el rumbo que había iniciado el plan austral acosado por las presiones corporativas de los militares, el empresariado y los sindicatos. En 1990 tenemos un momento de inflexión cuando Menem afronta la idea de equiparar el peso al dólar para superar la crisis y logra en base a la entrega de las joyas de la abuela y un terrible endeudamiento externo sostener una economía anti inflacionaria que durante algunos años da resultados políticos, sobre todo porque la inflación de un dígito permitió en 1994-1995 lograr el llamado voto cuota con el que pudo ganar las elecciones. A partir de 1998 comienza a registrarse una caída de la tasa de ganancia estructural que tiene su pico en 2001-2002 cuando el plan de estabilización iniciado por Cavallo durante el gobierno de Menem y continuado por el mismo Cavallo durante el gobierno de De La Rua, finaliza en un caos con los argentinos de diferentes clases sociales impugnando el hambre y la corrupción y salen, la clase media a reclamar contra el corralito que les impedía sacar sus depósitos (en pesos y dólares) de los bancos y los sectores trabajadores y vulnerables para reclamar comida y mejores condiciones de vida y de trabajo, ambos unidos en la consigna, “piquetes y cacerolas la lucha es una sola”. Los argentinos olvidamos algunos indicadores de ese momento, además de existir una población con problemas de empleo cercana al 40% (considerando ocupados, desocupados, inactivos), un festival de bonos basuras con los que los estados provinciales falsificaban moneda para afrontar los gastos corrientes, una pobreza e indigencia que alcanzaban indicadores del 70 % en las mediciones más benignas (pobreza medidas en términos de la canasta ampliada cercana al 50% e indigencia en términos de la canasta básica del 23%), una deuda externa fabulosa que superaba el 100% del PBI, y lo más importante, el costo humano que dejaba el modelo neoliberal, decenas de muertos por la represión en todo el país y millones de ciudadanos comiendo de la basura directamente. Un helicóptero que se llevaba al último gobierno radical (en 100 años por golpe, impericia, desgobierno, etc. ningún gobierno radical terminó su mandato) y lo que es más importante, la bancarrota del estado expresada por el default que declararon los legisladores y que tantos padeceres costara a los argentinos. Que observamos a partir de ese momento, la pesificación asimétrica de Duhalde y un plan de desarrollo que haría eje en el mercado interno, en el crecimiento del consumo y en el desarrollo industrial y social del país con el kirchnerismo, es decir la irrupción del neo keynesianismo expresado por el MIT en la economía nacional. El comportamiento de la tasa de ganancia (tanto estructural como empresarial) manifiesta un crecimiento casi vertical lo que demuestra que ganancias y condiciones de vida no son contradicciones incompatibles, sino que responden a políticas de estado, de las que, el neo keynesianismo se ha manifestado como una de las más adecuadas para el capitalismo democrático. En otro gráfico el autor de referencia muestra también como al aumentar la tasa de ganancia aumenta la utilización de la capacidad instalada lo que necesariamente se verá reflejado en la disminución de la población con problemas de empleo que en 2015 rondará el 10%. Se produce de esta manera una incorporación de nuevos trabajadores al mercado laboral y de la mano de las políticas kirchneristas un aumento del salario real con el consiguiente aumento delo consumo que alcanzó en el período guarismos records para nuestro país. Justo es reconocer que muchos son los temas sociales pendientes que dejó la experiencia kirchnerista, desde un alto porcentaje de trabajadores informales, que según estimaciones superan el 40% (que no son alcanzados por las diferentes leyes que se dictaron en el período para sostener el nivel salarial, tener una política previsional inclusiva que llevó a que casi el 100 % de los que estaban en condiciones de jubilarse lo hicieran, una mayor estabilidad laboral, creación de cientos de miles de puestos de trabajo reales, etc.) y los problemas de corrupción estructural del estado que continúan en la actualidad, etc. Pero también es necesario observar que en los primeros cinco meses del gobierno del PRO-RADICALISMO se rompió la curva de crecimiento por efecto de la restauración del neoliberalismo en Argentina. Hoy vemos como comienza a crecer la desocupación, como cae el salario real, el crecimiento del endeudamiento en términos del PBI, la destrucción de la malla de contención social construida por el kirchnerismo, aumento desmesurado de la inflación y traslado de ingresos en proporciones gigantescas de los sectores más pobres y vulnerables de la argentina a los más ricos y concentrados. La historia tendrá la palabra. Hasta la próxima.

miércoles, 20 de abril de 2016

Los intelectuales y la política.


Es una interesante discusión la que remite al rol de los intelectuales en la política y la sociedad. No es lo mismo un intelectual que un político. El político es una fracción de la intelectualidad, pero no todos los intelectuales son políticos. Que es lo que constituye el elemento de diferenciación por el cual un intelectual se convierte en político y se constituye en un sector social diferenciado de los intelectuales. Gramcsi, en su artículo “La formación de los intelectuales” define que en sentido general todos los seres humanos son intelectuales, dado que todos poseen la capacidad de razonar, y poder, a través del pensamiento y la palabra, influir sobre los otros seres humanos. Ahora bien, una parte de los seres humanos que constituyen una sociedad determinada se diferencian del resto de los ciudadanos porque utilizan su intelecto como medio de vida (profesionales, periodistas, científicos, filósofos, etc.), a estos sujetos, en sentido general llamamos intelectuales, en la medida en que el trabajo intelectual, más allá de ser una parte de su vida, se constituye en su medio de subsistencia. Ahora bien, no todos los intelectuales son iguales, Bordieu, aporta un concepto interesante, la noción de campo, habla de la existencia en el seno de la sociedad de campos de poder y campos intelectuales, los intelectuales producen, y en la medida en que producen tienen una influencia específica sobre la sociedad. Dado que su principal ocupación es la producción intelectual y que esa producción no es ingenua, sino que está destinada a lograr una cierta influencia en los procesos sociales, los intelectuales, con su producción construyen un campo de poder. Según sea la influencia de ese campo de poder, mayor será la posibilidad de extender el campo mismo y por lo tanto la influencia social. Por ejemplo, algunos intelectuales muy reconocidos por su trayectoria y por la representación que la sociedad tiene de ellos, tienen mayores posibilidades de influir en los procesos sociales. Por ejemplo, no es lo mismo que un enunciado sea explicitado por Noam Chomsky que sea un humilde profesor de la Universidad quien lo haga. Evidentemente las opiniones de Chomsky son mas codiciadas por los grandes medios de comunicación y tiene acceso a los principales periódicos, revistas científicas, editoriales, lo que le permite ser el centro de un campo de poder bastísimo. Otro ejemplo, en el campo de la economía es el de Josep Stiglitz, premio nobel a la economía y cuya palabra es muy respetada y escuchada en temas de economía. Volviendo a Gramcsi, define que cuando una clase toma el poder realiza la cooptación de los intelectuales tradicionales en tanto desarrolla su propia capa de intelectuales orgánicos. La nueva clase en el poder requiere de todo un ejército de intelectuales destinados además de justificar su visión del mundo, a constituir las capas técnico-administradoras que le permiten desarrollar la producción. Este conjunto de intelectuales le da homogeneidad y conciencia de la propia función, no solo en el campo económico y social, sino también en el político, cultural e ideológico. Además de los técnicos y administradores, el capitalista crea los intelectuales que le dan forma a la nueva cultura, al nuevo derecho. En la compleja sociedad de la información se hizo necesario diversificar y complejizar la estructura del campo intelectual, desarrollar nuevos intelectuales orgánicos que permitieran garantizar el dominio de la clase hegemónica, la burguesía. A lo largo del siglo veinte, la apuesta de dominación estuvo centrada en el dominio por la fuerza, apoyada en los militares. Este proyecto fracasó, por como dijo Mao Tse Tung en una máxima interesante, con las bayonetas puede hacerse cualquier cosa, menos sentarse encima de ellas. Hacía referencia al hecho de que la clase burguesa no podía confiar su dominio solo a la estructura militar de ocupación, como lo pretendía el estado absolutista para sostener su dominio. En América Latina durante la primera mitad del siglo veinte y parte de la segunda, las burguesías nacionales pretendieron sostener un modelo de acumulación capitalista que fuera regenteado por un partido militar que accedía al poder mediante golpes de estados y se sostenía en él mediante diferentes formas de represión física a los trabajadores y sectores subordinados de la sociedad. Hoy existe un interés en denominar a las diferentes aventuras golpistas como golpes militares, escamoteando de la realidad el carácter cívico militar de esos golpes, ningún ejercito puede sostenerse en una asonada, si un sector de la sociedad no lo acompañaba en la aventura, y todos los golpes de estado en América Latina fueron de carácter cívico-militar. El fracaso de la estrategia de control social mediante el partido militar dio paso a la reformulación de la estrategia de control de la gran burguesía en nuestro subcontinente. Si el signo de los primeros 70´ u 80´ años del siglo XX (según las características de los procesos particulares de cada país) fueron las dictaduras cívico-militares, a partir de los 80´ comienza a modificarse esta estrategia, dando paso a procesos “democratizadores” en los que los gobernantes eran elegidos por el voto popular. Al sostenerse la democracia representativa y en un momento de intenso reflujo de la lucha de clases, comienza a establecerse en toda América Latina diversos gobiernos integrados por partidos centristas o centro derechistas (peronismo y radicalismo en Argentina, los partidos de la derecha liberal y el Partido del Movimiento Democrático Brasilero en Brasil, los gobiernos de los partidos Colorado y Blanco en Uruguay, la concertación y los restos del pinochetismo en Chile, etc. El nuevo milenio trae como nota la emergencia de una nueva representación política, los sectores menos concentrados de la burguesía, interesados en el mercado interno y en el desarrollo económico productivo diversificado comienzan a desarrollar un esquema de poder basado en postulados de distribución de la riqueza y ampliación de los derechos de los ciudadanos, es lo que se ha dado en llamar la Nueva Izquierda Latinoamericana (chavismo, kirchnerismo, frenteamplismo, peteismo, etc.) en el que nuevos liderazgos significan nuevas formas de enfrentar viejos problemas. Las nuevas categorías de intelectuales son ahora los comunicadores, todo un ejército de periodistas, politólogos, filósofos, economistas, abogados, etc., que debaten en el escenario de los medios masivos de comunicación tratando de lograr la hegemonía de uno u otro sector burgués. No son políticos, son intelectuales en el sentido que le hemos dado al término. No están vinculados a las empresas productivas, ni a los sectores del agro o la industria, no forman parte del aparato productivo, son comunicadores, “expertos” que construyen la realidad y se la brindan armada según los intereses del sector burgués al que están orgánicamente vinculados. Decimo y reiteramos, no son comunicadores, ni periodistas, ni informadores, no están interesados en la veracidad de la información que vierten, solo les interesa como adecuar los hechos a las necesidades del sector burgués al que sostienen. Generalmente no brindan información, sino que opinan y sus opiniones son recortes de las informaciones, agregados inexistentes a los hechos, o en muchos casos directamente falsedades. Recientemente en internet ha circulado un nuevo término que describe muy claramente a estos “comunicadores”, globotomía, que es el arte de convencer a los ciudadanos que todo lo bueno que les pasó se debe a una razón mala, y que todo lo malo que les pasa, se debe a una buena razón. Esta nueva capa de intelectuales son los creadores de la famosa grieta en la Argentina y que luego de crearla, se la adjudican a los kirchneristas, son los que justifican la violencia actual, pero que se escandalizaban y denunciaban supuesta falta de libertad antes, son los modifican la agenda que versa sobre lo que los argentinos necesitan, antes era la inseguridad, ahora no se habla de ello, son los que todo lo malo que ocurre, se lo adjudican a la pesada herencia, son los que señalan corruptos, pero solo de un lado, como si la corrupción fuera patrimonio de un solo color político o partido. Entre los diferentes grupos de intelectuales orgánicos que se alinean con uno u otro sector de la burguesía, están los intelectuales que no responden a ninguno de estos intereses, porque sencillamente no responden a la burguesía como clase, estos sectores intelectuales que no participan de ningún partido político, ejercen la crítica a uno y otro sector y guardan independencia intelectual de todos ellos. En el decir de Holloway, son los que no buscan ni estar en el poder, ni sentir el calor del poder, son los que pretenden cambiar el mundo sin tomar el poder, porque saben que cuando se participa en la lucha política, aunque no se esté adherido a ningún partido, se deben meter en el barro de la política y utilizar las mismas herramientas oscuras e inmorales que utilizan los políticos. Y hablando de los políticos, en general podríamos decir que los políticos (la llamada clase política, o en sentido general, aquellos que viven de la política) son intelectuales, pero son un sector segmentado de la intelectualidad, dado que ellos si participan del barro de la política y medran de esa participación. Son los que compiten por el voto ciudadano utilizando cualquier recurso para lograrlo, prometiendo lo que no van a hacer y haciendo cuando ganan lo que no prometieron, son los que cuando están en el gobierno pierden la capacidad crítica hacia el poder y que hacen renacer esa capacidad crítica cuando vuelven al llano. Los políticos están subordinados a la necesidad de participar de lo público como medio de vida, necesitan tener acceso a la gestión y desde allí generar prebendas a quienes los ayudaron a llegar (punteros) para poder sostenerse, son parte de la superestructura de dominación del estado burgués. El sector de los intelectuales críticos-reflexivos al que hacía referencia más arriba, no necesita ser políticamente correcto, porque ningún gobierno constituye un beneficio para su modo de vida, todos los gobiernos tienen, lo quieran o no, un nivel de corrupción, porque el error es pretender que la corrupción es patrimonio de una gestión, la corrupción está intrínsecamente ligada al sistema capitalista, porque este sistema nació y se desarrolló con la corrupción como un elemento estratégico de sobrevivencia. No solo ha habido corrupción en todos los gobiernos desde el reinicio de la democracia, sino que la misma se ha profundizado de gobierno en gobierno, el actual gobierno de Macri ya ha superado los niveles de corrupción del gobierno anterior solo que este gobierno tiene un escudo protector de los medios de comunicación que no ponen en las pantallas los grandes hechos de corrupción como lo hacían hasta el 2015. El otro sector orgánico de la intelectualidad burguesa es el que está formado por los miembros del sistema de justicia, que hoy se comporta de igual manera que como lo hacían los militares en los primeros dos tercios del siglo pasado. El llamado poder judicial es un sistema destinado a disciplinar a las masas y a generar la caída de los gobiernos que no son enteramente confiables para la gran burguesía. Poder judicial y poder mediático son las dos patas de la superestructura de dominación burguesa en el que anidan los intelectuales orgánicos destinados a garantizar la dominación de la burguesía como clase. Hasta la próxima.

sábado, 16 de abril de 2016

Clases sociales.


El concepto de clases sociales, si bien tiene un uso generalizado, no constituye, a mi entender un constructo ni homogéneo, ni unívoco y menos científicamente definido. Carlos Marx, que tanto aporto a la teoría social, nunca se dispuso a definir un constructo que atravesaba toda su obra. Para él, era mas importante, los análisis sobre la realidad socioeconómica con el fin de tener desarrollos que potenciaran la acción política, que detenerse a realizar desarrollos teórico-conceptuales. Tanto es así que, en su obra, solo en “El Capital”, al final del texto, se encuentra un apartado que lleva por titulo, “Clases”, en el cual comienza a trabajar este concepto, lamentablemente solo alcanza a escribir una página, ya que al final de la misma nos encontramos con un texto que dice: “aquí se interrumpe el manuscrito”. Por lo tanto, este monumental pensador, dejó a todos los que quisieron adentrarse en su obra y utilizar sus aportes para desarrollar análisis económicos y sociales, huérfanos de un concepto cardinal para el conocimiento de las sociedades tanto en sus aspectos sincrónicos como diacrónicos, Algunos autores han tratado llenar ese hueco, uno de ellos es el prestigioso profesor Erik Wright, quien abordó el tema en su tesis doctoral presentada en la Universidad de California y luego cuando estuvo a cargo de un programa de doctorado de la Universidad de Wisconsin titulado “Análisis de clase y cambio históricos”. Genéricamente y como manera de iniciar el debate podríamos considerar a las clases sociales como un producto de la estratificación social que se verifica en contextos socio-económicos: 1) grupos de individuos que se definen por una misma categorización de sus formas de relacionarse con los medios materiales de producción (particularmente la forma de obtención de sus rentas), o 2) una conciencia de clase entendida como la creencia en una comunidad de intereses entre un tipo específico de relaciones socioeconómicas. La doctrina marxista intenta descubrir la objetividad de la existencia de las clases (clasificaciones) socialmente relevantes a través de la formación de intereses subjetivos y yuxtapuestos y en contraposición a otros grupos de intereses comprendidos en forma similar. Las clases sociales aparecen entonces como dualidades antagónicas en un contexto histórico de conflicto, donde el método de análisis más eficiente es el materialismo histórico. De ese enfrentamiento, mediado por la historia, surge la lucha de clases que es la manifestación misma del conflicto de los intereses económicos de los individuos. Podemos denominar clases a grandes grupos de hombres que se diferencian por: 1. su lugar en el sistema históricamente determinado de la producción social 2. por su relación (en la mayoría de los casos confirmada por las leyes) hacia los medios de producción 3. por su papel en la organización social del trabajo y, por consiguiente, 4. por los medios de obtención y por el volumen de la parte de riqueza social de que disponen. Las clases son grupos de hombres en los que unos pueden atribuirse el trabajo de otros gracias a la diferencia del lugar que ocupan en un determinado sistema de la economía social. Las clases sociales existen desde los albores de la historia, por lo menos de la historia escrita, diría Marx. Cuando el hombre abandona la vida nómade y sedentaria, fundamentalmente por el descubrimiento y desarrollo de la agricultura, comienza un proceso de acumulación que paulatinamente va a fragmentar la sociedad en diferentes grupos especializados, los militares, los agricultores, los burócratas, etc. En la media en que los clanes comienzan a tener excedentes productivos, surge la necesidad de determinar cómo se debe repartir ese excedente, no solo entre los actuales miembros del clan, también entre los descendientes de los miembros contemporáneos del mismo. El hombre recolector y cazador vivía en función del día a día, si había sequía, o no había caza, buscaba otros espacios en los que sí los hubiera. El hombre agricultor, al estar fijado a la tierra, debe realizar las previsiones necesarias para afrontar las contingencias de la naturaleza. La producción de excedentes con fines de ahorro lleva a la necesidad de cuidar de esos excedentes, la necesidad de invocar a los dioses para que den condiciones propicias al clan, la necesidad de administrar la producción y los derechos emergentes de la misma, las guerras con otros clanes a los que les resulta más fácil apropiarse de lo producido por otros, y conduce a una especialización creciente de la sociedades primitivas produciendo nuevos actores sociales especializados: el militar, el religioso, el administrador, el esclavo, etc. Marx afirma que en la historia reciente de la humanidad han existido algunos modos de producción típicos y dominantes, característicos de determinados momentos históricos. El comunismo primitivo donde todos los bienes son de propiedad común, el modo de producción asiático, caracterizado por la propiedad común de la tierra, pero que ya conlleva formas de apropiación particular de los excedentes, el modo de producción antiguo en el que el dato fundamental es la universalización de la esclavitud y el surgimiento de formas de propiedad privada, el modo de producción feudal caracterizado por la ruptura de las grandes formaciones estatales y un poder feudal diversificado con una figura clave de dominación el vasallaje, donde el siervo de la gleba es dueño de los medios de producción pero esclavo atado a la tierra y finalmente el modo de producción capitalista en el que las dos clases más importantes son la burguesía (heredera de los maestros de los gremios feudales y que se apropia de los medios de producción) y el proletariado (integrado por quienes, en general, provenientes de las zonas rurales comienzan a tener como único medio de subsistencia la venta de su fuerza de trabajo). El capitalismo es pues un sistema en el que la sociedad se encuentra dividida en dos clases sociales antagónicas desde la perspectiva de sus intereses estratégicos y complementarias en la subsistencia del sistema social y por lo tanto de las clases mismas. Como he afirmado en diversas entradas, el capitalismo es un sistema social que se forjó a lo largo de muchas generaciones, la burguesía como clase subordinada ya existía embrionariamente en el modo de producción antiguo, solo que, cuando el sistema económico hubo madurado, comenzaron a surgir una serie de revoluciones burguesas que fueron construyendo paulatinamente la hegemonía mundial de la burguesía como clase, y es la revolución francesa el momento en que la burguesía revolucionaría toma por asalto el poder y difunde sus intereses como intereses generales de la sociedad. Para poder desarrollarse la burguesía necesitaba fortalecer los estados nacionales, eliminar las barreras internas al comercio en el estado nación, conquistar nuevas áreas geográficas del planeta, fortalecer la idea del mercado como elemento regulador de la economía, determinar la riqueza de las naciones como un producto del trabajo y la producción, desarrollar los mecanismos de financiamiento de los emprendimientos productivos, tener como objeto de la producción el trabajo libre asalariado, determinar el costo de la fuerza de trabajo para ponderar sus ganancias, etc. La ciencia y la tecnología crecerán a pasos agigantados en las diferentes etapas del capitalismo, a saber, el capitalismo libre concurrencista en el cual los propietarios concurren en igualdad de oportunidades a un mercado e intercambian allí sus productos, el capitalismo monopólico que surge en la segunda mitad del siglo XIX y en el que algunas empresas se convierten en gigantes reguladores de las acciones del mercado y finalmente el capitalismo global en el que los estados nación pierden su fuerza reguladora y es el gran mercado mundial el encargado de fijar la reglas. En este proceso, conviven, surgen y se consolidan en la sociedad viejas clases sociales y nuevas clases y sectores de clase. En un comienzo, en la sociedad capitalista convivían las viejas clases oligárquicas provenientes del feudalismo y dueñas de la mayor parte de la propiedad territorial, el clero y los militares como parte de este conglomerado de clases parásitas propias de los anteriores regímenes y la nueva burguesía productora. Para poder contar con la mano de obra asalariada, la burguesía debió desatar las ataduras de los siervos a la tierra y empujarlos hacia las ciudades donde los alojó en condiciones de vida brutales (hacinamiento, indigencia, mortalidad infantil, trabajo infantil, etc.) y los convirtió en trabajadores asalariados. La burguesía paulatinamente se fue configurando como clase dominante en la que dos sectores muy importantes se disputaban el poder, la burguesía bancaria y la burguesía industrial, aunque en la época del capitalismo monopólico esta fracción dominante de la clase burguesa se unificó en lo que se denomina la burguesía financiera, que surge del casamiento de la industria y los bancos. Pero este no es el único sector burgués existente, en el capitalismo surgen otros sectores de la clase burguesa, comúnmente denominados sectores medios que agrupan a la mediana burguesía y a la burguesía pequeña y la pequeña burguesía. En la sociedad global, si bien toda la burguesía comparte un interés común de clase, la subsistencia de la propiedad individual de los medios de producción y el derecho a la explotación asalariada, tiene a su interior diversas contradicciones de clase. La gran burguesía (sobre todo en los países latinoamericanos) es propietaria terrateniente y controla los porcentajes casi totales de las tierras existentes, y es propietaria de los grandes bancos y grandes emprendimientos y comerciales fundamentalmente ligados al mercado global y a la exportación e importación. La burguesía media y la burguesía pequeña en cambio, por los volúmenes de producción industrial y por la escasa dimensión de sus propiedades territoriales, es fundamentalmente subsidiaria del mercado interno, depende del consumo de los trabajadores (en primer lugar) y del resto de la sociedad. Porqué decimos esto, pues porque sencillamente el trabajador es el único actor social que gasta el casi 100% de sus ingresos en el consumo (de alimentos en primer lugar, y de otros bienes y servicios luego). La burguesía media y pequeña es parte de la clase burguesa, pero tiene con la gran burguesía contradicciones no antagónicas, pero que, en determinados momentos se convierten en decisivas a la hora de poner en práctica sus proyectos de poder. Uno de esos momentos son las crisis sociales, momentos en los cuales, por su menor capacidad de acumulación, este sector burgués es mucho más sensible a los vaivenes de la economía y suele buscar alianza con los sectores trabajadores, el peronismo de 1945 a 1955 es un claro ejemplo de búsqueda de alianza con los trabajadores en el marco de un estado que se veía a sí mismo como bonapartista, es decir, por encima de los intereses de las clases sociales. Al depender del mercado interno este sector burgués tiende a desarrollar políticas económicas más cerca del keynesianismo, con eje en el aumento y diversificación del consumo, políticas de inclusión social, mejoramiento e la calidad de vida de los trabajadores, etc., que, a la puesta en práctica de políticas neoliberales con eje en la demanda, impulsadas generalmente por los sectores más concentrados de la burguesía fuertemente ligada a la actividad financiera y al mercado externo. Esto hace que para los trabajadores no sea lo mismo gobiernos neoliberales que populares. Mientras que bajo gobiernos neoliberales los trabajadores se empobrecen, se les recortan derechos sociales, económicos y democráticos, disminuye la asistencia social a los sectores más vulnerables de la sociedad, cae la calidad de los servicios sociales y previsionales que reciben, bajo los gobiernos populares asistimos a un escenario de mayor inclusión social, aumento de los derechos de los trabajadores en términos de mayor participación en el mercado de consumo, acceso a la vivienda, mejoramiento de la calidad educativa, servicios sanitarios más eficientes, aumento de la ampliación democrática, etc. El último peldaño antes de la clase más básica de la sociedad burguesa, los trabajadores, está la pequeña burguesía. Este sector integrado mayoritariamente por los profesionales, también incluye a pequeños comerciantes, propietarios rurales minifundistas, es decir aquellos que teniendo un medio de producción (un comercio, un título universitario, un pedazo de tierra cultivable) no pueden generar excedentes económicos, o tienen escasas posibilidades de afrontar los vaivenes de la economía en virtud del ahorro que pueden realizar. Este sector es muy vulnerable a los cambios de las políticas económicas y se ve fuertemente afectado por las mismas. Si bien los extractos más bajos de la burguesía tienen mayores intereses en común con los trabajadores, ellos a lo largo de la constitución de su conciencia de clase, han tendido a construir un imaginario social instituyente, según el cual se sienten más identificados con los explotadores que con los explotados, ello debido también a su particular inserción en la estructura económica, en la cual, de alguna manera comparten con la gran burguesía la propiedad de los medios de producción. Por dar una expresión gráfica que vi en una viñeta en Facebook hace poco, esta denominada clase media es un peón de ajedrez que frente a un espejo se ve rey. Aunque es un sector muy castigado por las políticas neoliberales (en Argentina hubieron varias épocas como la dictadura post peronista, el gobierno de Frondizi, las dos dictaduras militares posteriores -1966/73 y 1976/83-, el gobierno menemista, el gobierno de la Alianza, y actualmente el gobierno de Macri) tiende a confiar más en estas políticas, porque, aunque por lo general posee mayores herramientas intelectuales para analizar la realidad, es más fácilmente colonizable por la acción de los medios de comunicación hegemónicos, en virtud del imaginario social instituyente al que hacíamos referencia, imaginario que solo se fractura en épocas de extrema presión económica y social (ejemplo en el 2001 en Argentina) pero que, en la medida en que tiene una situación económica más desahogada, vuelve a reconstituirlo. En general es portadora de una vana ilusión, creer que puede asimilarse a los sectores más concentrados de la burguesía, así, este sector fue el que clamaba por la libertad de comprar dólares (cuestión que solo beneficia a los sectores más concentrados con capacidad de ahorro en dólares) cuando no tiene, o tiene una capacidad ínfima de ahorro en dólares. Finalmente, en la base de la sociedad están los trabajadores, que son los que no tienen ninguna propiedad de medios de producción y su única capacidad de subsistencia reside en la posibilidad de la venta de su fuerza de trabajo. Para ellos las políticas neoliberales son como el veneno de un alacrán, que invade todo su corpus social y que indefectiblemente tiende a arrebatarle los derechos conseguidos en épocas de bonanza. Ejemplo de ello son la reducción de salarios, el aumento de la edad jubilatoria, sistemas previsionales basados en la utilidad económica y no en la necesidad de los usuarios, perdida de las fuentes de trabajo, maltrato laboral que conduce a nuevas enfermedades laborales (moobing, burn out, acoso moral, acoso laboral, síndrome de desgaste por apego, workholic, etc.) y fundamentalmente hambre y miseria por la menor participación en la riqueza producida. En Latinoamérica, durante años de penetración ideológica, se ha constituido un imaginario social instituyente, que forma parte del imaginario de la burguesía y la asiste en su tarea de colonización y dominación de los extractos de clase más bajos (burguesía pequeña, pequeña burguesía y trabajadores) que es la idea de la pertenencia al llamado primer mundo. Para pertenecer al primer mundo hay que desarrollar políticas de control monetario, reducción del déficit fiscal, reducción de la inflación, equilibrio de la balanza de pago, políticas monetarias restrictivas que hacen uso del aumento de los tipos de interés, reducción de la carga impositiva a los más ricos, libertad absoluta de comercio con el mundo, levantamiento de las barreras importadoras y exportadoras, liberalización del tipo de cambio, regulación de la economía por el mercado, etc. Lo curioso es que nadie se pregunta sobre la aplicación de estas recetas en el llamado primer mundo donde por ejemplo existen políticas proteccionistas, barreras arancelarias, control del flujo de inversiones, control de cambios, control de las utilidades empresariales, impuestos progresivos a la renta etc., para sostener el nivel de vida de sus ciudadanos, y para lo cual contribuye la exacción a los países con menores índices de desarrollo. Un ejemplo de esto último es las grandes masas de fuga de capitales que se han verificado en América Latina en los últimos 100 años producto de los envíos de remesas de utilidades a las empresas matrices, especulación financiera, etc., lo que necesariamente, y por imperio de las ideas del Consenso de Washington y la Trilateral Comissión primero y del Fondo Monetario Internacional después (que no son otra cosa que las teorías del neoliberalismo económico enunciado con mayor claridad por la Escuela de Chicago), con el consiguiente empobrecimiento y abandono de los sectores más pobres de las sociedades latinoamericanas. Es un proceso que tiene matices parecidos al saqueo perpetrado por España, Inglaterra, Francia y demás potencias coloniales cuando se apropiaron de las riquezas de este continente en beneficio propio. En los últimos 100 años América Latina ha producido más riquezas que todo el mundo “desarrollado”, sin embargo, ha aumentado la pobreza, se han perjudicado las condiciones de vida de los más vulnerables y se ha reprimido ferozmente a todos los que se rebelaron contra la injusticia y la explotación. Hoy América Latina intenta ponerse de pie de la mano de gobiernos populares que constituyen un polisémico mosaico de partidos y organizaciones que se agrupan bajo el nombre genérico de “Nueva Izquierda Latinoamericana” y que buscan reivindicar a los más vulnerables, como es el caso de Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, Ignacio Lula Da Silva y Dilma Rousseff en Brasil, Néstor y Cristina Kirchner en Argentina, Michelle Bsachelet y Ricardo Lagos en Chile, Tabaré Vásquez y José Mujica en Uruguay, Hugo Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela, Daniel Ortega en Nicaragua, Mauricio Funes y Salvador Sánchez Cerén en El Salvador y Fernando Lugo en Paraguay y que mediante la implementación de políticas económicas heterodoxas y programas sociales de inclusión han logrado en los últimos 20 años disminuir la pobreza y mejorar las condiciones de vida . Lo curioso es que muchos de los sectores de la pequeña burguesía revolucionarista ve con desconfianza o rechaza a estos gobiernos (criticándolos como populistas) y apoya a los gobiernos de derecha como es el caso de muchos intelectuales que hasta hace poco se definían como progresistas o de izquierda y que hoy apoyan sin tapujos el brutal ajuste de Macri en Argentina, actitud solo explicable en términos de la mediatización que estos sectores tienen con la producción, de sus imaginario social instituyente y del odio o desconfianza hacia los movimientos populares y a los sectores más pobres de la sociedad. Repito lo que dije en mi anterior entrada, el capitalismo no es ni el mejor, ni el último sistema socioeconómico de la sociedad humana, es un sistema injusto que hay que tratar de derribar, pero que esa tarea tal vez lleve mucho tiempo, pero vale la pena intentarlo. Hasta la próxima