Es una interesante discusión la que remite al rol de los intelectuales en la política y la sociedad.
No es lo mismo un intelectual que un político. El político es una fracción de la intelectualidad, pero no todos los intelectuales son políticos.
Que es lo que constituye el elemento de diferenciación por el cual un intelectual se convierte en político y se constituye en un sector social diferenciado de los intelectuales.
Gramcsi, en su artículo “La formación de los intelectuales” define que en sentido general todos los seres humanos son intelectuales, dado que todos poseen la capacidad de razonar, y poder, a través del pensamiento y la palabra, influir sobre los otros seres humanos.
Ahora bien, una parte de los seres humanos que constituyen una sociedad determinada se diferencian del resto de los ciudadanos porque utilizan su intelecto como medio de vida (profesionales, periodistas, científicos, filósofos, etc.), a estos sujetos, en sentido general llamamos intelectuales, en la medida en que el trabajo intelectual, más allá de ser una parte de su vida, se constituye en su medio de subsistencia.
Ahora bien, no todos los intelectuales son iguales, Bordieu, aporta un concepto interesante, la noción de campo, habla de la existencia en el seno de la sociedad de campos de poder y campos intelectuales, los intelectuales producen, y en la medida en que producen tienen una influencia específica sobre la sociedad. Dado que su principal ocupación es la producción intelectual y que esa producción no es ingenua, sino que está destinada a lograr una cierta influencia en los procesos sociales, los intelectuales, con su producción construyen un campo de poder. Según sea la influencia de ese campo de poder, mayor será la posibilidad de extender el campo mismo y por lo tanto la influencia social.
Por ejemplo, algunos intelectuales muy reconocidos por su trayectoria y por la representación que la sociedad tiene de ellos, tienen mayores posibilidades de influir en los procesos sociales. Por ejemplo, no es lo mismo que un enunciado sea explicitado por Noam Chomsky que sea un humilde profesor de la Universidad quien lo haga. Evidentemente las opiniones de Chomsky son mas codiciadas por los grandes medios de comunicación y tiene acceso a los principales periódicos, revistas científicas, editoriales, lo que le permite ser el centro de un campo de poder bastísimo. Otro ejemplo, en el campo de la economía es el de Josep Stiglitz, premio nobel a la economía y cuya palabra es muy respetada y escuchada en temas de economía.
Volviendo a Gramcsi, define que cuando una clase toma el poder realiza la cooptación de los intelectuales tradicionales en tanto desarrolla su propia capa de intelectuales orgánicos. La nueva clase en el poder requiere de todo un ejército de intelectuales destinados además de justificar su visión del mundo, a constituir las capas técnico-administradoras que le permiten desarrollar la producción. Este conjunto de intelectuales le da homogeneidad y conciencia de la propia función, no solo en el campo económico y social, sino también en el político, cultural e ideológico.
Además de los técnicos y administradores, el capitalista crea los intelectuales que le dan forma a la nueva cultura, al nuevo derecho.
En la compleja sociedad de la información se hizo necesario diversificar y complejizar la estructura del campo intelectual, desarrollar nuevos intelectuales orgánicos que permitieran garantizar el dominio de la clase hegemónica, la burguesía.
A lo largo del siglo veinte, la apuesta de dominación estuvo centrada en el dominio por la fuerza, apoyada en los militares.
Este proyecto fracasó, por como dijo Mao Tse Tung en una máxima interesante, con las bayonetas puede hacerse cualquier cosa, menos sentarse encima de ellas. Hacía referencia al hecho de que la clase burguesa no podía confiar su dominio solo a la estructura militar de ocupación, como lo pretendía el estado absolutista para sostener su dominio.
En América Latina durante la primera mitad del siglo veinte y parte de la segunda, las burguesías nacionales pretendieron sostener un modelo de acumulación capitalista que fuera regenteado por un partido militar que accedía al poder mediante golpes de estados y se sostenía en él mediante diferentes formas de represión física a los trabajadores y sectores subordinados de la sociedad.
Hoy existe un interés en denominar a las diferentes aventuras golpistas como golpes militares, escamoteando de la realidad el carácter cívico militar de esos golpes, ningún ejercito puede sostenerse en una asonada, si un sector de la sociedad no lo acompañaba en la aventura, y todos los golpes de estado en América Latina fueron de carácter cívico-militar.
El fracaso de la estrategia de control social mediante el partido militar dio paso a la reformulación de la estrategia de control de la gran burguesía en nuestro subcontinente.
Si el signo de los primeros 70´ u 80´ años del siglo XX (según las características de los procesos particulares de cada país) fueron las dictaduras cívico-militares, a partir de los 80´ comienza a modificarse esta estrategia, dando paso a procesos “democratizadores” en los que los gobernantes eran elegidos por el voto popular.
Al sostenerse la democracia representativa y en un momento de intenso reflujo de la lucha de clases, comienza a establecerse en toda América Latina diversos gobiernos integrados por partidos centristas o centro derechistas (peronismo y radicalismo en Argentina, los partidos de la derecha liberal y el Partido del Movimiento Democrático Brasilero en Brasil, los gobiernos de los partidos Colorado y Blanco en Uruguay, la concertación y los restos del pinochetismo en Chile, etc.
El nuevo milenio trae como nota la emergencia de una nueva representación política, los sectores menos concentrados de la burguesía, interesados en el mercado interno y en el desarrollo económico productivo diversificado comienzan a desarrollar un esquema de poder basado en postulados de distribución de la riqueza y ampliación de los derechos de los ciudadanos, es lo que se ha dado en llamar la Nueva Izquierda Latinoamericana (chavismo, kirchnerismo, frenteamplismo, peteismo, etc.) en el que nuevos liderazgos significan nuevas formas de enfrentar viejos problemas.
Las nuevas categorías de intelectuales son ahora los comunicadores, todo un ejército de periodistas, politólogos, filósofos, economistas, abogados, etc., que debaten en el escenario de los medios masivos de comunicación tratando de lograr la hegemonía de uno u otro sector burgués.
No son políticos, son intelectuales en el sentido que le hemos dado al término. No están vinculados a las empresas productivas, ni a los sectores del agro o la industria, no forman parte del aparato productivo, son comunicadores, “expertos” que construyen la realidad y se la brindan armada según los intereses del sector burgués al que están
orgánicamente vinculados.
Decimo y reiteramos, no son comunicadores, ni periodistas, ni informadores, no están interesados en la veracidad de la información que vierten, solo les interesa como adecuar los hechos a las necesidades del sector burgués al que sostienen. Generalmente no brindan información, sino que opinan y sus opiniones son recortes de las informaciones, agregados inexistentes a los hechos, o en muchos casos directamente falsedades.
Recientemente en internet ha circulado un nuevo término que describe muy claramente a estos “comunicadores”, globotomía, que es el arte de convencer a los ciudadanos que todo lo bueno que les pasó se debe a una razón mala, y que todo lo malo que les pasa, se debe a una buena razón.
Esta nueva capa de intelectuales son los creadores de la famosa grieta en la Argentina y que luego de crearla, se la adjudican a los kirchneristas, son los que justifican la violencia actual, pero que se escandalizaban y denunciaban supuesta falta de libertad antes, son los modifican la agenda que versa sobre lo que los argentinos necesitan, antes era la inseguridad, ahora no se habla de ello, son los que todo lo malo que ocurre, se lo adjudican a la pesada herencia, son los que señalan corruptos, pero solo de un lado, como si la corrupción fuera patrimonio de un solo color político o partido.
Entre los diferentes grupos de intelectuales orgánicos que se alinean con uno u otro sector de la burguesía, están los intelectuales que no responden a ninguno de estos intereses, porque sencillamente no responden a la burguesía como clase, estos sectores intelectuales que no participan de ningún partido político, ejercen la crítica a uno y otro sector y guardan independencia intelectual de todos ellos.
En el decir de Holloway, son los que no buscan ni estar en el poder, ni sentir el calor del poder, son los que pretenden cambiar el mundo sin tomar el poder, porque saben que cuando se participa en la lucha política, aunque no se esté adherido a ningún partido, se deben meter en el barro de la política y utilizar las mismas herramientas oscuras e inmorales que utilizan los políticos.
Y hablando de los políticos, en general podríamos decir que los políticos (la llamada clase política, o en sentido general, aquellos que viven de la política) son intelectuales, pero son un sector segmentado de la intelectualidad, dado que ellos si participan del barro de la política y medran de esa participación.
Son los que compiten por el voto ciudadano utilizando cualquier recurso para lograrlo, prometiendo lo que no van a hacer y haciendo cuando ganan lo que no prometieron, son los que cuando están en el gobierno pierden la capacidad crítica hacia el poder y que hacen renacer esa capacidad crítica cuando vuelven al llano.
Los políticos están subordinados a la necesidad de participar de lo público como medio de vida, necesitan tener acceso a la gestión y desde allí generar prebendas a quienes los ayudaron a llegar (punteros) para poder sostenerse, son parte de la superestructura de dominación del estado burgués.
El sector de los intelectuales críticos-reflexivos al que hacía referencia más arriba, no necesita ser políticamente correcto, porque ningún gobierno constituye un beneficio para su modo de vida, todos los gobiernos tienen, lo quieran o no, un nivel de corrupción, porque el error es pretender que la corrupción es patrimonio de una gestión, la corrupción está intrínsecamente ligada al sistema capitalista, porque este sistema nació y se desarrolló con la corrupción como un elemento estratégico de sobrevivencia.
No solo ha habido corrupción en todos los gobiernos desde el reinicio de la democracia, sino que la misma se ha profundizado de gobierno en gobierno, el actual gobierno de Macri ya ha superado los niveles de corrupción del gobierno anterior solo que este gobierno tiene un escudo protector de los medios de comunicación que no ponen en las pantallas los grandes hechos de corrupción como lo hacían hasta el 2015.
El otro sector orgánico de la intelectualidad burguesa es el que está formado por los miembros del sistema de justicia, que hoy se comporta de igual manera que como lo hacían los militares en los primeros dos tercios del siglo pasado. El llamado poder judicial es un sistema destinado a disciplinar a las masas y a generar la caída de los gobiernos que no son enteramente confiables para la gran burguesía.
Poder judicial y poder mediático son las dos patas de la superestructura de dominación burguesa en el que anidan los intelectuales orgánicos destinados a garantizar la dominación de la burguesía como clase.
Hasta la próxima.
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