miércoles, 20 de abril de 2016

Los intelectuales y la política.


Es una interesante discusión la que remite al rol de los intelectuales en la política y la sociedad. No es lo mismo un intelectual que un político. El político es una fracción de la intelectualidad, pero no todos los intelectuales son políticos. Que es lo que constituye el elemento de diferenciación por el cual un intelectual se convierte en político y se constituye en un sector social diferenciado de los intelectuales. Gramcsi, en su artículo “La formación de los intelectuales” define que en sentido general todos los seres humanos son intelectuales, dado que todos poseen la capacidad de razonar, y poder, a través del pensamiento y la palabra, influir sobre los otros seres humanos. Ahora bien, una parte de los seres humanos que constituyen una sociedad determinada se diferencian del resto de los ciudadanos porque utilizan su intelecto como medio de vida (profesionales, periodistas, científicos, filósofos, etc.), a estos sujetos, en sentido general llamamos intelectuales, en la medida en que el trabajo intelectual, más allá de ser una parte de su vida, se constituye en su medio de subsistencia. Ahora bien, no todos los intelectuales son iguales, Bordieu, aporta un concepto interesante, la noción de campo, habla de la existencia en el seno de la sociedad de campos de poder y campos intelectuales, los intelectuales producen, y en la medida en que producen tienen una influencia específica sobre la sociedad. Dado que su principal ocupación es la producción intelectual y que esa producción no es ingenua, sino que está destinada a lograr una cierta influencia en los procesos sociales, los intelectuales, con su producción construyen un campo de poder. Según sea la influencia de ese campo de poder, mayor será la posibilidad de extender el campo mismo y por lo tanto la influencia social. Por ejemplo, algunos intelectuales muy reconocidos por su trayectoria y por la representación que la sociedad tiene de ellos, tienen mayores posibilidades de influir en los procesos sociales. Por ejemplo, no es lo mismo que un enunciado sea explicitado por Noam Chomsky que sea un humilde profesor de la Universidad quien lo haga. Evidentemente las opiniones de Chomsky son mas codiciadas por los grandes medios de comunicación y tiene acceso a los principales periódicos, revistas científicas, editoriales, lo que le permite ser el centro de un campo de poder bastísimo. Otro ejemplo, en el campo de la economía es el de Josep Stiglitz, premio nobel a la economía y cuya palabra es muy respetada y escuchada en temas de economía. Volviendo a Gramcsi, define que cuando una clase toma el poder realiza la cooptación de los intelectuales tradicionales en tanto desarrolla su propia capa de intelectuales orgánicos. La nueva clase en el poder requiere de todo un ejército de intelectuales destinados además de justificar su visión del mundo, a constituir las capas técnico-administradoras que le permiten desarrollar la producción. Este conjunto de intelectuales le da homogeneidad y conciencia de la propia función, no solo en el campo económico y social, sino también en el político, cultural e ideológico. Además de los técnicos y administradores, el capitalista crea los intelectuales que le dan forma a la nueva cultura, al nuevo derecho. En la compleja sociedad de la información se hizo necesario diversificar y complejizar la estructura del campo intelectual, desarrollar nuevos intelectuales orgánicos que permitieran garantizar el dominio de la clase hegemónica, la burguesía. A lo largo del siglo veinte, la apuesta de dominación estuvo centrada en el dominio por la fuerza, apoyada en los militares. Este proyecto fracasó, por como dijo Mao Tse Tung en una máxima interesante, con las bayonetas puede hacerse cualquier cosa, menos sentarse encima de ellas. Hacía referencia al hecho de que la clase burguesa no podía confiar su dominio solo a la estructura militar de ocupación, como lo pretendía el estado absolutista para sostener su dominio. En América Latina durante la primera mitad del siglo veinte y parte de la segunda, las burguesías nacionales pretendieron sostener un modelo de acumulación capitalista que fuera regenteado por un partido militar que accedía al poder mediante golpes de estados y se sostenía en él mediante diferentes formas de represión física a los trabajadores y sectores subordinados de la sociedad. Hoy existe un interés en denominar a las diferentes aventuras golpistas como golpes militares, escamoteando de la realidad el carácter cívico militar de esos golpes, ningún ejercito puede sostenerse en una asonada, si un sector de la sociedad no lo acompañaba en la aventura, y todos los golpes de estado en América Latina fueron de carácter cívico-militar. El fracaso de la estrategia de control social mediante el partido militar dio paso a la reformulación de la estrategia de control de la gran burguesía en nuestro subcontinente. Si el signo de los primeros 70´ u 80´ años del siglo XX (según las características de los procesos particulares de cada país) fueron las dictaduras cívico-militares, a partir de los 80´ comienza a modificarse esta estrategia, dando paso a procesos “democratizadores” en los que los gobernantes eran elegidos por el voto popular. Al sostenerse la democracia representativa y en un momento de intenso reflujo de la lucha de clases, comienza a establecerse en toda América Latina diversos gobiernos integrados por partidos centristas o centro derechistas (peronismo y radicalismo en Argentina, los partidos de la derecha liberal y el Partido del Movimiento Democrático Brasilero en Brasil, los gobiernos de los partidos Colorado y Blanco en Uruguay, la concertación y los restos del pinochetismo en Chile, etc. El nuevo milenio trae como nota la emergencia de una nueva representación política, los sectores menos concentrados de la burguesía, interesados en el mercado interno y en el desarrollo económico productivo diversificado comienzan a desarrollar un esquema de poder basado en postulados de distribución de la riqueza y ampliación de los derechos de los ciudadanos, es lo que se ha dado en llamar la Nueva Izquierda Latinoamericana (chavismo, kirchnerismo, frenteamplismo, peteismo, etc.) en el que nuevos liderazgos significan nuevas formas de enfrentar viejos problemas. Las nuevas categorías de intelectuales son ahora los comunicadores, todo un ejército de periodistas, politólogos, filósofos, economistas, abogados, etc., que debaten en el escenario de los medios masivos de comunicación tratando de lograr la hegemonía de uno u otro sector burgués. No son políticos, son intelectuales en el sentido que le hemos dado al término. No están vinculados a las empresas productivas, ni a los sectores del agro o la industria, no forman parte del aparato productivo, son comunicadores, “expertos” que construyen la realidad y se la brindan armada según los intereses del sector burgués al que están orgánicamente vinculados. Decimo y reiteramos, no son comunicadores, ni periodistas, ni informadores, no están interesados en la veracidad de la información que vierten, solo les interesa como adecuar los hechos a las necesidades del sector burgués al que sostienen. Generalmente no brindan información, sino que opinan y sus opiniones son recortes de las informaciones, agregados inexistentes a los hechos, o en muchos casos directamente falsedades. Recientemente en internet ha circulado un nuevo término que describe muy claramente a estos “comunicadores”, globotomía, que es el arte de convencer a los ciudadanos que todo lo bueno que les pasó se debe a una razón mala, y que todo lo malo que les pasa, se debe a una buena razón. Esta nueva capa de intelectuales son los creadores de la famosa grieta en la Argentina y que luego de crearla, se la adjudican a los kirchneristas, son los que justifican la violencia actual, pero que se escandalizaban y denunciaban supuesta falta de libertad antes, son los modifican la agenda que versa sobre lo que los argentinos necesitan, antes era la inseguridad, ahora no se habla de ello, son los que todo lo malo que ocurre, se lo adjudican a la pesada herencia, son los que señalan corruptos, pero solo de un lado, como si la corrupción fuera patrimonio de un solo color político o partido. Entre los diferentes grupos de intelectuales orgánicos que se alinean con uno u otro sector de la burguesía, están los intelectuales que no responden a ninguno de estos intereses, porque sencillamente no responden a la burguesía como clase, estos sectores intelectuales que no participan de ningún partido político, ejercen la crítica a uno y otro sector y guardan independencia intelectual de todos ellos. En el decir de Holloway, son los que no buscan ni estar en el poder, ni sentir el calor del poder, son los que pretenden cambiar el mundo sin tomar el poder, porque saben que cuando se participa en la lucha política, aunque no se esté adherido a ningún partido, se deben meter en el barro de la política y utilizar las mismas herramientas oscuras e inmorales que utilizan los políticos. Y hablando de los políticos, en general podríamos decir que los políticos (la llamada clase política, o en sentido general, aquellos que viven de la política) son intelectuales, pero son un sector segmentado de la intelectualidad, dado que ellos si participan del barro de la política y medran de esa participación. Son los que compiten por el voto ciudadano utilizando cualquier recurso para lograrlo, prometiendo lo que no van a hacer y haciendo cuando ganan lo que no prometieron, son los que cuando están en el gobierno pierden la capacidad crítica hacia el poder y que hacen renacer esa capacidad crítica cuando vuelven al llano. Los políticos están subordinados a la necesidad de participar de lo público como medio de vida, necesitan tener acceso a la gestión y desde allí generar prebendas a quienes los ayudaron a llegar (punteros) para poder sostenerse, son parte de la superestructura de dominación del estado burgués. El sector de los intelectuales críticos-reflexivos al que hacía referencia más arriba, no necesita ser políticamente correcto, porque ningún gobierno constituye un beneficio para su modo de vida, todos los gobiernos tienen, lo quieran o no, un nivel de corrupción, porque el error es pretender que la corrupción es patrimonio de una gestión, la corrupción está intrínsecamente ligada al sistema capitalista, porque este sistema nació y se desarrolló con la corrupción como un elemento estratégico de sobrevivencia. No solo ha habido corrupción en todos los gobiernos desde el reinicio de la democracia, sino que la misma se ha profundizado de gobierno en gobierno, el actual gobierno de Macri ya ha superado los niveles de corrupción del gobierno anterior solo que este gobierno tiene un escudo protector de los medios de comunicación que no ponen en las pantallas los grandes hechos de corrupción como lo hacían hasta el 2015. El otro sector orgánico de la intelectualidad burguesa es el que está formado por los miembros del sistema de justicia, que hoy se comporta de igual manera que como lo hacían los militares en los primeros dos tercios del siglo pasado. El llamado poder judicial es un sistema destinado a disciplinar a las masas y a generar la caída de los gobiernos que no son enteramente confiables para la gran burguesía. Poder judicial y poder mediático son las dos patas de la superestructura de dominación burguesa en el que anidan los intelectuales orgánicos destinados a garantizar la dominación de la burguesía como clase. Hasta la próxima.

sábado, 16 de abril de 2016

Clases sociales.


El concepto de clases sociales, si bien tiene un uso generalizado, no constituye, a mi entender un constructo ni homogéneo, ni unívoco y menos científicamente definido. Carlos Marx, que tanto aporto a la teoría social, nunca se dispuso a definir un constructo que atravesaba toda su obra. Para él, era mas importante, los análisis sobre la realidad socioeconómica con el fin de tener desarrollos que potenciaran la acción política, que detenerse a realizar desarrollos teórico-conceptuales. Tanto es así que, en su obra, solo en “El Capital”, al final del texto, se encuentra un apartado que lleva por titulo, “Clases”, en el cual comienza a trabajar este concepto, lamentablemente solo alcanza a escribir una página, ya que al final de la misma nos encontramos con un texto que dice: “aquí se interrumpe el manuscrito”. Por lo tanto, este monumental pensador, dejó a todos los que quisieron adentrarse en su obra y utilizar sus aportes para desarrollar análisis económicos y sociales, huérfanos de un concepto cardinal para el conocimiento de las sociedades tanto en sus aspectos sincrónicos como diacrónicos, Algunos autores han tratado llenar ese hueco, uno de ellos es el prestigioso profesor Erik Wright, quien abordó el tema en su tesis doctoral presentada en la Universidad de California y luego cuando estuvo a cargo de un programa de doctorado de la Universidad de Wisconsin titulado “Análisis de clase y cambio históricos”. Genéricamente y como manera de iniciar el debate podríamos considerar a las clases sociales como un producto de la estratificación social que se verifica en contextos socio-económicos: 1) grupos de individuos que se definen por una misma categorización de sus formas de relacionarse con los medios materiales de producción (particularmente la forma de obtención de sus rentas), o 2) una conciencia de clase entendida como la creencia en una comunidad de intereses entre un tipo específico de relaciones socioeconómicas. La doctrina marxista intenta descubrir la objetividad de la existencia de las clases (clasificaciones) socialmente relevantes a través de la formación de intereses subjetivos y yuxtapuestos y en contraposición a otros grupos de intereses comprendidos en forma similar. Las clases sociales aparecen entonces como dualidades antagónicas en un contexto histórico de conflicto, donde el método de análisis más eficiente es el materialismo histórico. De ese enfrentamiento, mediado por la historia, surge la lucha de clases que es la manifestación misma del conflicto de los intereses económicos de los individuos. Podemos denominar clases a grandes grupos de hombres que se diferencian por: 1. su lugar en el sistema históricamente determinado de la producción social 2. por su relación (en la mayoría de los casos confirmada por las leyes) hacia los medios de producción 3. por su papel en la organización social del trabajo y, por consiguiente, 4. por los medios de obtención y por el volumen de la parte de riqueza social de que disponen. Las clases son grupos de hombres en los que unos pueden atribuirse el trabajo de otros gracias a la diferencia del lugar que ocupan en un determinado sistema de la economía social. Las clases sociales existen desde los albores de la historia, por lo menos de la historia escrita, diría Marx. Cuando el hombre abandona la vida nómade y sedentaria, fundamentalmente por el descubrimiento y desarrollo de la agricultura, comienza un proceso de acumulación que paulatinamente va a fragmentar la sociedad en diferentes grupos especializados, los militares, los agricultores, los burócratas, etc. En la media en que los clanes comienzan a tener excedentes productivos, surge la necesidad de determinar cómo se debe repartir ese excedente, no solo entre los actuales miembros del clan, también entre los descendientes de los miembros contemporáneos del mismo. El hombre recolector y cazador vivía en función del día a día, si había sequía, o no había caza, buscaba otros espacios en los que sí los hubiera. El hombre agricultor, al estar fijado a la tierra, debe realizar las previsiones necesarias para afrontar las contingencias de la naturaleza. La producción de excedentes con fines de ahorro lleva a la necesidad de cuidar de esos excedentes, la necesidad de invocar a los dioses para que den condiciones propicias al clan, la necesidad de administrar la producción y los derechos emergentes de la misma, las guerras con otros clanes a los que les resulta más fácil apropiarse de lo producido por otros, y conduce a una especialización creciente de la sociedades primitivas produciendo nuevos actores sociales especializados: el militar, el religioso, el administrador, el esclavo, etc. Marx afirma que en la historia reciente de la humanidad han existido algunos modos de producción típicos y dominantes, característicos de determinados momentos históricos. El comunismo primitivo donde todos los bienes son de propiedad común, el modo de producción asiático, caracterizado por la propiedad común de la tierra, pero que ya conlleva formas de apropiación particular de los excedentes, el modo de producción antiguo en el que el dato fundamental es la universalización de la esclavitud y el surgimiento de formas de propiedad privada, el modo de producción feudal caracterizado por la ruptura de las grandes formaciones estatales y un poder feudal diversificado con una figura clave de dominación el vasallaje, donde el siervo de la gleba es dueño de los medios de producción pero esclavo atado a la tierra y finalmente el modo de producción capitalista en el que las dos clases más importantes son la burguesía (heredera de los maestros de los gremios feudales y que se apropia de los medios de producción) y el proletariado (integrado por quienes, en general, provenientes de las zonas rurales comienzan a tener como único medio de subsistencia la venta de su fuerza de trabajo). El capitalismo es pues un sistema en el que la sociedad se encuentra dividida en dos clases sociales antagónicas desde la perspectiva de sus intereses estratégicos y complementarias en la subsistencia del sistema social y por lo tanto de las clases mismas. Como he afirmado en diversas entradas, el capitalismo es un sistema social que se forjó a lo largo de muchas generaciones, la burguesía como clase subordinada ya existía embrionariamente en el modo de producción antiguo, solo que, cuando el sistema económico hubo madurado, comenzaron a surgir una serie de revoluciones burguesas que fueron construyendo paulatinamente la hegemonía mundial de la burguesía como clase, y es la revolución francesa el momento en que la burguesía revolucionaría toma por asalto el poder y difunde sus intereses como intereses generales de la sociedad. Para poder desarrollarse la burguesía necesitaba fortalecer los estados nacionales, eliminar las barreras internas al comercio en el estado nación, conquistar nuevas áreas geográficas del planeta, fortalecer la idea del mercado como elemento regulador de la economía, determinar la riqueza de las naciones como un producto del trabajo y la producción, desarrollar los mecanismos de financiamiento de los emprendimientos productivos, tener como objeto de la producción el trabajo libre asalariado, determinar el costo de la fuerza de trabajo para ponderar sus ganancias, etc. La ciencia y la tecnología crecerán a pasos agigantados en las diferentes etapas del capitalismo, a saber, el capitalismo libre concurrencista en el cual los propietarios concurren en igualdad de oportunidades a un mercado e intercambian allí sus productos, el capitalismo monopólico que surge en la segunda mitad del siglo XIX y en el que algunas empresas se convierten en gigantes reguladores de las acciones del mercado y finalmente el capitalismo global en el que los estados nación pierden su fuerza reguladora y es el gran mercado mundial el encargado de fijar la reglas. En este proceso, conviven, surgen y se consolidan en la sociedad viejas clases sociales y nuevas clases y sectores de clase. En un comienzo, en la sociedad capitalista convivían las viejas clases oligárquicas provenientes del feudalismo y dueñas de la mayor parte de la propiedad territorial, el clero y los militares como parte de este conglomerado de clases parásitas propias de los anteriores regímenes y la nueva burguesía productora. Para poder contar con la mano de obra asalariada, la burguesía debió desatar las ataduras de los siervos a la tierra y empujarlos hacia las ciudades donde los alojó en condiciones de vida brutales (hacinamiento, indigencia, mortalidad infantil, trabajo infantil, etc.) y los convirtió en trabajadores asalariados. La burguesía paulatinamente se fue configurando como clase dominante en la que dos sectores muy importantes se disputaban el poder, la burguesía bancaria y la burguesía industrial, aunque en la época del capitalismo monopólico esta fracción dominante de la clase burguesa se unificó en lo que se denomina la burguesía financiera, que surge del casamiento de la industria y los bancos. Pero este no es el único sector burgués existente, en el capitalismo surgen otros sectores de la clase burguesa, comúnmente denominados sectores medios que agrupan a la mediana burguesía y a la burguesía pequeña y la pequeña burguesía. En la sociedad global, si bien toda la burguesía comparte un interés común de clase, la subsistencia de la propiedad individual de los medios de producción y el derecho a la explotación asalariada, tiene a su interior diversas contradicciones de clase. La gran burguesía (sobre todo en los países latinoamericanos) es propietaria terrateniente y controla los porcentajes casi totales de las tierras existentes, y es propietaria de los grandes bancos y grandes emprendimientos y comerciales fundamentalmente ligados al mercado global y a la exportación e importación. La burguesía media y la burguesía pequeña en cambio, por los volúmenes de producción industrial y por la escasa dimensión de sus propiedades territoriales, es fundamentalmente subsidiaria del mercado interno, depende del consumo de los trabajadores (en primer lugar) y del resto de la sociedad. Porqué decimos esto, pues porque sencillamente el trabajador es el único actor social que gasta el casi 100% de sus ingresos en el consumo (de alimentos en primer lugar, y de otros bienes y servicios luego). La burguesía media y pequeña es parte de la clase burguesa, pero tiene con la gran burguesía contradicciones no antagónicas, pero que, en determinados momentos se convierten en decisivas a la hora de poner en práctica sus proyectos de poder. Uno de esos momentos son las crisis sociales, momentos en los cuales, por su menor capacidad de acumulación, este sector burgués es mucho más sensible a los vaivenes de la economía y suele buscar alianza con los sectores trabajadores, el peronismo de 1945 a 1955 es un claro ejemplo de búsqueda de alianza con los trabajadores en el marco de un estado que se veía a sí mismo como bonapartista, es decir, por encima de los intereses de las clases sociales. Al depender del mercado interno este sector burgués tiende a desarrollar políticas económicas más cerca del keynesianismo, con eje en el aumento y diversificación del consumo, políticas de inclusión social, mejoramiento e la calidad de vida de los trabajadores, etc., que, a la puesta en práctica de políticas neoliberales con eje en la demanda, impulsadas generalmente por los sectores más concentrados de la burguesía fuertemente ligada a la actividad financiera y al mercado externo. Esto hace que para los trabajadores no sea lo mismo gobiernos neoliberales que populares. Mientras que bajo gobiernos neoliberales los trabajadores se empobrecen, se les recortan derechos sociales, económicos y democráticos, disminuye la asistencia social a los sectores más vulnerables de la sociedad, cae la calidad de los servicios sociales y previsionales que reciben, bajo los gobiernos populares asistimos a un escenario de mayor inclusión social, aumento de los derechos de los trabajadores en términos de mayor participación en el mercado de consumo, acceso a la vivienda, mejoramiento de la calidad educativa, servicios sanitarios más eficientes, aumento de la ampliación democrática, etc. El último peldaño antes de la clase más básica de la sociedad burguesa, los trabajadores, está la pequeña burguesía. Este sector integrado mayoritariamente por los profesionales, también incluye a pequeños comerciantes, propietarios rurales minifundistas, es decir aquellos que teniendo un medio de producción (un comercio, un título universitario, un pedazo de tierra cultivable) no pueden generar excedentes económicos, o tienen escasas posibilidades de afrontar los vaivenes de la economía en virtud del ahorro que pueden realizar. Este sector es muy vulnerable a los cambios de las políticas económicas y se ve fuertemente afectado por las mismas. Si bien los extractos más bajos de la burguesía tienen mayores intereses en común con los trabajadores, ellos a lo largo de la constitución de su conciencia de clase, han tendido a construir un imaginario social instituyente, según el cual se sienten más identificados con los explotadores que con los explotados, ello debido también a su particular inserción en la estructura económica, en la cual, de alguna manera comparten con la gran burguesía la propiedad de los medios de producción. Por dar una expresión gráfica que vi en una viñeta en Facebook hace poco, esta denominada clase media es un peón de ajedrez que frente a un espejo se ve rey. Aunque es un sector muy castigado por las políticas neoliberales (en Argentina hubieron varias épocas como la dictadura post peronista, el gobierno de Frondizi, las dos dictaduras militares posteriores -1966/73 y 1976/83-, el gobierno menemista, el gobierno de la Alianza, y actualmente el gobierno de Macri) tiende a confiar más en estas políticas, porque, aunque por lo general posee mayores herramientas intelectuales para analizar la realidad, es más fácilmente colonizable por la acción de los medios de comunicación hegemónicos, en virtud del imaginario social instituyente al que hacíamos referencia, imaginario que solo se fractura en épocas de extrema presión económica y social (ejemplo en el 2001 en Argentina) pero que, en la medida en que tiene una situación económica más desahogada, vuelve a reconstituirlo. En general es portadora de una vana ilusión, creer que puede asimilarse a los sectores más concentrados de la burguesía, así, este sector fue el que clamaba por la libertad de comprar dólares (cuestión que solo beneficia a los sectores más concentrados con capacidad de ahorro en dólares) cuando no tiene, o tiene una capacidad ínfima de ahorro en dólares. Finalmente, en la base de la sociedad están los trabajadores, que son los que no tienen ninguna propiedad de medios de producción y su única capacidad de subsistencia reside en la posibilidad de la venta de su fuerza de trabajo. Para ellos las políticas neoliberales son como el veneno de un alacrán, que invade todo su corpus social y que indefectiblemente tiende a arrebatarle los derechos conseguidos en épocas de bonanza. Ejemplo de ello son la reducción de salarios, el aumento de la edad jubilatoria, sistemas previsionales basados en la utilidad económica y no en la necesidad de los usuarios, perdida de las fuentes de trabajo, maltrato laboral que conduce a nuevas enfermedades laborales (moobing, burn out, acoso moral, acoso laboral, síndrome de desgaste por apego, workholic, etc.) y fundamentalmente hambre y miseria por la menor participación en la riqueza producida. En Latinoamérica, durante años de penetración ideológica, se ha constituido un imaginario social instituyente, que forma parte del imaginario de la burguesía y la asiste en su tarea de colonización y dominación de los extractos de clase más bajos (burguesía pequeña, pequeña burguesía y trabajadores) que es la idea de la pertenencia al llamado primer mundo. Para pertenecer al primer mundo hay que desarrollar políticas de control monetario, reducción del déficit fiscal, reducción de la inflación, equilibrio de la balanza de pago, políticas monetarias restrictivas que hacen uso del aumento de los tipos de interés, reducción de la carga impositiva a los más ricos, libertad absoluta de comercio con el mundo, levantamiento de las barreras importadoras y exportadoras, liberalización del tipo de cambio, regulación de la economía por el mercado, etc. Lo curioso es que nadie se pregunta sobre la aplicación de estas recetas en el llamado primer mundo donde por ejemplo existen políticas proteccionistas, barreras arancelarias, control del flujo de inversiones, control de cambios, control de las utilidades empresariales, impuestos progresivos a la renta etc., para sostener el nivel de vida de sus ciudadanos, y para lo cual contribuye la exacción a los países con menores índices de desarrollo. Un ejemplo de esto último es las grandes masas de fuga de capitales que se han verificado en América Latina en los últimos 100 años producto de los envíos de remesas de utilidades a las empresas matrices, especulación financiera, etc., lo que necesariamente, y por imperio de las ideas del Consenso de Washington y la Trilateral Comissión primero y del Fondo Monetario Internacional después (que no son otra cosa que las teorías del neoliberalismo económico enunciado con mayor claridad por la Escuela de Chicago), con el consiguiente empobrecimiento y abandono de los sectores más pobres de las sociedades latinoamericanas. Es un proceso que tiene matices parecidos al saqueo perpetrado por España, Inglaterra, Francia y demás potencias coloniales cuando se apropiaron de las riquezas de este continente en beneficio propio. En los últimos 100 años América Latina ha producido más riquezas que todo el mundo “desarrollado”, sin embargo, ha aumentado la pobreza, se han perjudicado las condiciones de vida de los más vulnerables y se ha reprimido ferozmente a todos los que se rebelaron contra la injusticia y la explotación. Hoy América Latina intenta ponerse de pie de la mano de gobiernos populares que constituyen un polisémico mosaico de partidos y organizaciones que se agrupan bajo el nombre genérico de “Nueva Izquierda Latinoamericana” y que buscan reivindicar a los más vulnerables, como es el caso de Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, Ignacio Lula Da Silva y Dilma Rousseff en Brasil, Néstor y Cristina Kirchner en Argentina, Michelle Bsachelet y Ricardo Lagos en Chile, Tabaré Vásquez y José Mujica en Uruguay, Hugo Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela, Daniel Ortega en Nicaragua, Mauricio Funes y Salvador Sánchez Cerén en El Salvador y Fernando Lugo en Paraguay y que mediante la implementación de políticas económicas heterodoxas y programas sociales de inclusión han logrado en los últimos 20 años disminuir la pobreza y mejorar las condiciones de vida . Lo curioso es que muchos de los sectores de la pequeña burguesía revolucionarista ve con desconfianza o rechaza a estos gobiernos (criticándolos como populistas) y apoya a los gobiernos de derecha como es el caso de muchos intelectuales que hasta hace poco se definían como progresistas o de izquierda y que hoy apoyan sin tapujos el brutal ajuste de Macri en Argentina, actitud solo explicable en términos de la mediatización que estos sectores tienen con la producción, de sus imaginario social instituyente y del odio o desconfianza hacia los movimientos populares y a los sectores más pobres de la sociedad. Repito lo que dije en mi anterior entrada, el capitalismo no es ni el mejor, ni el último sistema socioeconómico de la sociedad humana, es un sistema injusto que hay que tratar de derribar, pero que esa tarea tal vez lleve mucho tiempo, pero vale la pena intentarlo. Hasta la próxima

miércoles, 6 de abril de 2016

El hoy de aquellos jóvenes de ayer (La parábola del hombre blanco)


Los años setenta fueron pesados, muy pesados, un dato interesante es que la derecha del movimiento estudiantil la constituían los llamados partidos reformistas (el Partido Socialista Popular y el Partido Comunista) todo el resto del espectro universitario se reunía bajo lo que genéricamente se llamaba la izquierda revolucionaria. En los setenta, con las sucesivas rupturas de los partidos que participaban de este sector, surgieron una serie de agrupaciones de base fundamentalmente estudiantil (aunque en algunos casos con referentes obreros) que se agruparon bajo la designación de izquierda socialista), Las diferencias entre ambos sectores eran respecto al tipo de revolución (democrático burguesa o socialista), a la caracterización económica y política del país (estado capitalista con formaciones semi feudales que implicaban una fase de construcción burguesa o capitalismo que no implicaba más que la revolución socialista) y estado dependiente económica y políticamente del imperialismo o estado capitalista independiente en lo político con una dependencia económica y financiera. O sea, que el último sector en surgir era el más radicalizado. En él, participaban en Rosario, grupos como el Socialismo Revolucionario, el Grupo de Izquierda de Acción Revolucionaria, Alternativa Socialista y otros. Aquellos jóvenes de los setenta, no creían en la democracia que llamaban burguesa (representativa o de procedimientos) y preconizaban una democracia sustancial o directa. En algunos casos se tenía como objetivo la necesidad de lograr la máxima ampliación de la democracia burguesa, esos jóvenes eran profundamente anticapitalistas. En el marco de la dictadura que fue de 1966 a 1973 estos grupos se desarrollaron creciendo en número de militantes y en ideas, y en la medida en que crecían, se convertían en grupos más fundamentalistas. Con la llegada de la democracia en 1973 reaparecieron los llamados partidos burgueses que habían estado en el freezer durante la misma y coparon la arena política. Las elecciones de 1973 pusieron de manifiesto la supremacía de estos partidos y la incapacidad de la izquierda para responder a las nuevas condiciones políticas, algunos grupos hablaron de la trampa burguesa que llevaba a votar cada cuatro años al opresor de turno y tuvieron como estrategia la abstención, el voto en blanco o la impugnación del voto. Algunos grupos de la izquierda revolucionaria optaron en gran medida por participar, pero con magros resultados (rara vez superaron el 2 o 3% de los votos). Los grupos de la izquierda socialista que en un momento habían congregado a multitudes de miles de jóvenes en sus actos asamblearios se disgregaron, los militantes desertaron y hacia fines de 1975 poco y nada quedaba de ellos. La dictadura completó esta acción matando o desapareciendo a los militantes que quedaban u obligando al exilio (interno o externo) al resto. En 1984 los sobrevivientes de estas agrupaciones ya habían mutado, eran profesionales exilados que volvían con los oropeles conseguidos en Europa y sus sueños revolucionarios de los sesenta y los setenta se habían transformado en sueños socialdemócratas de búsqueda de una sociedad más justa. Alfonsín se convirtió en un líder que tuvo un efecto imán sobre estos jóvenes radicales de ayer, su discurso, sin llegar a ser socialista tenía un contenido democrático profundo, que recordaba a la experiencia de Illía. Por otra parte, el peronismo había elegido mostrar su cara más siniestra, copado claramente por la derecha del movimiento, lo representaban personajes como Luder y Herminio Iglesias entre otros. El alfonsinismo no defraudó las humildes expectativas de la izquierda que lo seguía, el juicio a las juntas, un programa económico keynesiano enunciado por el ministro Grispún, la democratización de la universidad, el Programa Alimentario Nacional, eran medidas que llevaban a pensar en una primavera capitalista luego del crudo invierno genocida del 76 al 83. Fuimos muchos los que en distintos niveles participamos en la estructura de gobierno del radicalismo alfonsinista. Algunos como Portantiero, Nun, Aricó y otros participaron en la estructuración del discurso democrático alfonsinista que tuvo su punto más alto de enunciación en el discurso de Parque Norte que elaborara el Grupo Esmeralda que contaba con la participación de Portantiero, Giussanni y otros. En la universidad, claramente gobernada por el sector más de izquierda del alfonsinismo, la Junta Coordinadora Nacional algunos veíamos como posible la transformación política y científica de la misma sobre la base de principios, de autonomía y cogobierno, que hacia 1986 se comenzaron a plasmar en decanos, rectores y consejos directivos elegidos por el voto democrático de docentes, estudiantes y graduados (en algunas universidades se incluiría a no docentes) Es curioso como algunos de los emigrados mantenían el discurso decimonónico de la izquierda y veían la participación en esferas de gobierno como un pecado de lesa humanidad y traición al socialismo, yo mismo conservo una carta de una militante que luego de solicitarme un trámite de aval que realicé me criticó por mi participación en la gestión de la universidad y dijo que conmigo no quería tener nada que ver, a pesar de haber sido amigos de cenar juntos. A algunos la palabra socialdemocracia nos producía cierto escozor, impregnados de la doctrina leninista de confrontación entre comunistas y socialdemócratas en Europa, veíamos a estos últimos como reformistas al servicio del mantenimiento del sistema capitalista. En la diáspora de la izquierda fuimos aislándonos y cada uno fue adhiriendo a un sector tradicional de la política argentina (peronismo, radicalismo, socialismo) y algunos nunca adherimos a ningún partido en particular. La izquierda revolucionaria continuó sosteniendo sus viejas estructuras e ideas porque gozaban de una mayor y más afianzada estructura organizacional que resistió a la dictadura en la clandestinidad y reapareció en la legalidad durante el alfonsinismo. Con el tiempo comencé a tener novedades de los viejos compañeros de ruta, algunos alfonsinistas, otros adhirieron al menemismo en sus inicios, pero muchos de ellos comenzaron a desarrollar su vida profesional ligados a grandes empresas o con importantes carreras profesionales. Muchos de los migrantes en democracia se insertaron en empresas europeas y tuvieron altos cargos de gestión en las mismas, otros llegaron a ser CEOs de corporaciones en Argentina, algunos desarrollaron estudios de arquitectura exitosos, otros participaron en ministerios de gobiernos socialistas, radicales o peronistas, socialistas o radicales, aun los más extremista mutaron y aceptaron la colaboración con las estructuras de gestión del capitalismo. La universidad fue un espacio de trabajo privilegiado para los sectores de la izquierda, ya que, si bien puede decirse que la democracia representativa burguesa funcionó con escasa represión y sin proscripción desde 1983, en la universidad es el espacio privilegiado de la libertad de expresión y de enseñanza. No creo recordar ningún caso de persecución por las ideas políticas o por las adscripciones ideológicas académicas en la universidad (por lo menos con una gran seguridad en la UNR y con menor conocimiento en otras universidades). Han existido hechos de violencia contra periodistas, manifestantes, sindicalistas (por dar algunos ejemplos el asesinato de Kotecky y Santillán, la muerte del periodista Cabezas, de Mariano Ferreyra, de Fuentealba, entre otros) pero no fue la represión indiscriminada el leiv motiv de estos años. Los militantes de izquierda como Jorge Altamira, Miryam Bregman, Silvia Vilches, Nicolás del Caño, Nestor Pitrola, Marcelo Ramal participaron sin censura en los programas de televisión y radio, la represión a manifestaciones obreras y piqueteras fue casi nula durante los años del kirchnerismo. En otras presentaciones he afirmado que el principal problema de la izquierda para participar en la política en épocas de democracia representativa reside en la falta de una teoría de la democracia y el estado adecuada a los tiempos post modernos, si uno observa las presentaciones televisivas de los integrantes de partidos marxistas puede constatar que los expositores solo proponen medidas declamativas o reivindicativas, pero que no aportan soluciones concretas a los problemas de los trabajadores hoy (desempleo, bajos salarios, trabajo informal, trabajo en negro, vivienda, educación, salud, etc.). No recuerdo que ningún partido de izquierda haya presentado en democracia un programa completo de transformación social en el marco del estado capitalista como ocurriera en Suecia y demás países nórdicos en las décadas del 30, 40, y fundamentalmente en la post guerra. En Alemania, el programa del partido socialdemócrata constaba de unas 50 páginas (lo conservo) en los 70 y abarcaba la acción del gobierno socialdemócrata en todas las áreas del estado. Mientras esto ocurre con los partidos marxistas de la corriente revolucionaria de los 70, los de la corriente socialista desaparecieron literalmente, y sus militantes, como afirme más arriba hoy son CEOs de empresas, Ministros, profesionales exitosos, algunos todavía interesados en la problemática de los más vulnerables, otros, migraron hacia corrientes más de derecha y hoy es común ver a viejos militantes de estas formaciones como militantes del PRO o defendiendo las posturas de este sector político. La amiga a la que me refería arriba y que cuestionara mi participación efímera en la gestión de la universidad alfonsinista hoy en Facebook afirma que: “En estos días de FB mi muro se ve inundado de insultos y descalificación contra el nuevo gobierno de Argentina, porque los ajustes incluyen devaluación, despidos, aumento de los precios de las tarifas, transportes, etc…….Porque a quien se le ocurre, que mientras todo el mundo mundial paga las tarifas a un precio estándar, los argentinos tienen que tenerlas subvencionadas……..Mientras que todo el mundo mundial tiene una tarea para diversificar lo que come (ya se sabe, la comida es un arma de dominación de las masas) los argentinos se vuelven agresivos porque no pueden pagar la carne (que se encuentra ahora mismo, después de los aumentos, a un precio que -desde hace generaciones—ningún europeo, estadunidense o asiático, ha tenido la suerte de pagar jamás……Y no entiendo como los argentinos no recuerdan que no hace ni 2 años también el gobierno de CF llevó a cabo una devaluación del 40% y nadie salió a la calle. No son las personas que dirigen el gobierno a las que hay que combatir (si han ganado por voto democrático y no han delinquido) sino sus políticas de corrupción institucionalizada y de fraude económicos………..El nuevo gobierno -sin que esto signifique mi aprobación, ni que todo lo que hace lo haga bien- hace lo que tiene que hacer en un mundo global, donde, las relaciones con el mundo son imprescindibles y las nacionalidades no tienen cabida, por lo menos de la forma sentimental que aman los argentinos….” Este discurso PRO es el mismo que enuncian los medios concentrados de comunicación, fundamentalmente los grupos Clarín y La Nación, igual al de Rajoy en España, Merkel en Alemania, Camerón en Gran Bretaña. Obama en EE.UU., es el discurso del hombre blanco que no entiende que en Latinoamérica un salario mínimo es de 50 a 100 dólares (en argentina es de 400 gracias a las políticas de consumo de los últimos 12 años) cuando en España, caso que conozco un poco es alrededor de 1000 Euros, unos 18.000 pesos argentinos, es decir el triple, no se entiende que en tres meses tuvimos una inflación reconocida por el gobierno de más del 20% (anualizada sería de más del 60%) y los salarios aun no aumentaron(o sea que el gobierno de derecha ya le comió gran parte de sus ingresos a los trabajadores por medio de la inflación), hubo una devaluación del 50% y eso impacta en toda la economía, las tarifas aumentaron entre un 300% y un 700% y eso impacta en los bolsillos de los más vulnerables, hay detenciones de líderes populares arbitrarias, represión violenta a manifestantes, tiroteos contra actos de la oposición, despidos masivos injustificados, persecución a medios y periodistas opositores al gobierno y todo eso en el marco de una serie de medidas que aumentan las ganancias de los más ricos como la baja de las retenciones al agro, a las exportadoras, a las mineras, a los grandes conglomerados industriales que viven del mercado externo, reducción de los impuestos a los autos de alta gama, en definitiva una gigantesca transferencia de recursos de los más pobres a los más ricos. Además, se beneficia con contratos jugosos de obras públicas a amigos del presidente como Caputo, al grupo Clarín, etc., a la vez que se clausuran programas como el de salud reproductiva, conectar igualdad, se da de baja a prestigiosos científicos en los centros tecnológicos como ARSAT, INTI, INTA, Atucha, se desmantela Tecnópolis, y la frutilla del postre es la aparición del nombre del presidente en Panamá papers, la investigación de un consorcio de periodistas de diferentes medios internacionales sobre el uso de empresas off shore para lavar dinero y evadir impuestos, donde Macri aparece como presidente o director al menos en tres empresas en Panamá que datan de la época en que él era ya jefe de gobierno de Bs. As. En el discurso del hombre blanco no hay lugar para sentimentalismos porque el sufrimiento de la gente no importa, como no importa que los intendentes del conurbano bonaerense tengan cada día más pedidos de copa de leche o útiles escolares, o que los comedores escolares comiencen a no dar abasto, cosa que no ocurría desde el 2001. El hombre blanco piensa que hay que pagar la luz a precio internacional, pero no medita que la mitad de los argentinos no la puede pagar porque el sueldo o los ingresos no les alcanza ni siquiera para comprar comida todo el mes. Poco importa que el gas se vaya por las nubes, que el transporte sea carísimo (el colectivo que tomo para ir de Roldán a Rosario, unos 13 km. Pasó de los 13 pesos en 2015 a los actuales 27 pesos, un poco más de 1,5 Euros y un ómnibus de Rosario a Bs As, 300 km, cuesta 370 pesos, unos 200 Euros) el hombre blanco reclama que debemos ingresar al mundo globalizado y si a los trabajadores no les alcanza para el bus, entonces que caminen, si no tienen para el gas que cocinen con ramitas, si no tienen para el alquiler existe toda una gama de villas de emergencia con hermosas casitas de cartón o chapas levantadas en el cirujeo donde se pueden ir a vivir. Poco le importa que haya cada vez más pobres durmiendo a la intemperie porque no tienen ni siquiera una casilla donde dormir o que cada vez se vean más revolviendo los conteiner en busca de desechos alimentarios u objetos para comerciar y así poder comer con lo que consiguen por su venta. Tampoco importa que se paren las obras que además de dar trabajo a millones garantizaban empezar a pensar en el saneamiento ambiental, en el control de las inundaciones, en la circulación. Si los trabajadores se quedan sin empleo es el costo de vivir en este paradisíaco mundo capitalista que constituye la única opción de organización social. Este pensamiento único olvida que ese mismo argumento lo tenían los esclavistas, los feudales y si no hubieran existido Espartaco, Cicerón, Sócrates, Rousseau. Voltaire, Smith, Ricardo, Marx, etc., hoy el hombre blanco diría, la sociedad es esclavista, si, el esclavismo es malo, sí, pero es lo mejor que hay, o es lo único que hay. Pero no todos los integrantes de la izquierda socialista devenimos en hombres blancos, algunos nos mantuvimos en nuestro pensamiento, por supuesto que no es el mismo de los setenta, que cambiamos, que pudimos cometer errores, pero seguimos pensando en una sociedad solidaria, igualitaria, fraternal y seguimos pensando que el capitalismo debe abolirse, que el trabajo asalariado no debe existir, que todos deben tener vivienda digna, luz, agua corriente, gas, vacaciones, educación, salud y todo ello custodiado por un estado al que le preocupa más su gente que el mundo global de los avariciosos y codiciosos capitalistas que solo piensan en acumular poder y dinero. Somos los que pensamos que la democracia burguesa representativa no es la única forma de organizar la política, que existen ya hoy formas de democracia directa y semidirecta, y de gestión colectiva del estado. Somos los que pensamos que la utopía es la guía de la ilusión y que no todos son iguales, hay algunos políticos que como un faro decidieron construir para su gente, aunque se haya equivocado, pueden haber errado el camino, pero ellos también aportaron al cambio social, y no los llamamos populistas, los llamamos populares. Yo no soy kirchnerista, mucho menos peronista, pero he aprendido a no odiar a los peronistas como me inculcaron durante los años de opresión y he aprendido a valorar lo que ellos hicieron por nosotros, como lo hizo Illía, Alfonsín y otros políticos burgueses, al fin y al cabo nuestros máximos íconos, los padres fundadores, San Martin, Belgrano, Alberdi, Sarmiento, y tantos otros eran también políticos burgueses, buscaban construir una sociedad capitalista y también se equivocaron, también a veces erraron el camino pero los queremos por lo que nos dieron, y señores, aunque sé que al hombre blanco no le va a gustar, don Néstor y Cristina en Argentina, como Chaves en Venezuela, Evo morales en Bolivia, Alan García en Perú, Rafael Correa en Ecuador, Ignacio Da Silva (Lula) y Dilma Rousseff en Brasil, Fernando Lugo en Paraguay, José Mujica y Tabaré Vázquez en Uruguay y Michelle Bachelet en Chile, América Latina creció y tuvo felicidad porque la gente tuvo lo que los europeos y americanos por siglos les negaron, y en Argentina conquistamos durante los doce años del kirchnerismo una multitud de derechos sociales y económicos. No todos somos iguales, y no estoy solo, todos los miércoles me reúno a comer con mi amigo Miguel (desde ahora lo llamaré los almuerzos de los sobrevivientes) y hablamos, como lo hacemos con muchos otros, de política, economía, sociedad, vida cotidiana, en fin de todo y tengo la alegría de encontrar un partener que como yo continúa sosteniendo los ideales de la juventud, que puede ser crítico y autocrítico, pero que nunca traicionó sus ideas y por eso lo valoro, por su coherencia, por su sensibilidad, por no aceptar ser el hombre blanco moderno, Resistimos porque no queremos ser como el hombre blanco de jóvenes incendiarios y de viejos bomberos. Hasta la próxima.

martes, 29 de marzo de 2016

La celda.


En estos días tuve oportunidad de leer un blog de mi amigo Raúl Cerliani, el mismo me impactó mucho, y no solo por lo bien escrito y lo interesante de la narrativa, sino porque me permitió ingresar al túnel del tiempo y recordar aquellos meses de la cárcel de encausados durante la dictadura de Lanusse (26/03/71 al 25/05/73). El escrito me motivó a mantener una charla imaginaria con Raúl a manera de cooperación y agregar algunos datos escondidos por años en mi memoria. Tal como lo hiciera en el libro Crónicas Marxianas, nunca publicado, me centraré más que en un relato épico, en la vida cotidiana en la cárcel de encausados. La cárcel se hallaba en la manzana que conforman las calles Montevideo, Lagos, Richieri y Zeballos. Por aquella época, sobre la fachada de Montevideo había dos pabellones con celdas individuales y uno de ellos estaba reservado a los presos políticos. Mi detención fue fortuita, joven de escasos 22 años, me ganaba la vida vendiendo libros puerta por puerta. El trabajo era muy libre y me permitía sufragar los gastos de una militancia full time en el P.R.T. (Partido Revolucionario de los trabajadores), siendo parte del frente estudiantil conformado por la T.A.R (Tendencia Antiimperialista Revolucionaria). A las 7 de la mañana, medio dormido bajé del colectivo y me enfrenté con un retén del ejército, por aquellos días se habían comenzado a hacer operativos que consistían en cercar barrios populares y allanar casa por casa. El milico de consigna no tuvo inconvenientes en dejarme pasar, claro lo que no dejaban era salir. Yo vestía un vaquero negro, camisa del mismo color y calzaba borceguíes marrones, tenía pelo largo y barba. Un tiempo antes me habían detenido en un allanamiento a mi departamento que realizaron los “buenos muchachos” de Coordinación Federal en el que incautaron documentos del Partido Revolucionario de los Trabajadores y otros materiales, pero extrañamente, me soltaron al día siguiente. Uno de los que me detuvo estaba parado en la puerta de la comisaria 15 y me reconoció; recuerdo que me dijo “¿hola tantita, porque vos sos el tanta no?, me detuvieron y como era costumbre recibí una paliza importante, solo me salvó de la tortura que necesariamente recibiría el hecho que, en los días anteriores, para rendir examen había tomado dexamin expansul 2, por eso tenía las pupilas dilatadas, cuando me pegaban en un momento fingí que me desesperaba por un vaso de agua y me tiré al suelo aparentando tener espasmos, los sicarios se asustaron y llamaron al médico del operativo, el que dijo que pararan porque estaba drogado. Me llevaron en un celular a la alcaidía central que por entonces estaba en Santa Fe y San Lorenzo, junto a un muchacho Oviedo, al que le encontraron la colección del diario Nuestra Palabra órgano del Comité Central del Partido Comunista y al Procurador Lezcano, luego asesinado por las 3 A (Alianza Anticomunista Argentina), la organización parapolicial creada por López Rega en el gobierno de Isabelita, junto al abogado Rodríguez Araya, defensor de presos políticos. Después de estar unas semanas en alcaidía, previo decreto de puesta a disposición del poder ejecutivo me pasaron a la Cárcel de Encausados, pabellón de presos políticos. En la hospitalaria estadía me raparon y me dieron un traje azul que era como para un tipo mucho más grande que yo, me sobraban las mangas y el saco era tremendamente holgado, mi madre me contó tiempo después que cuando me vio sonrió, pero al salir a la calle abrazo a mi padre y se puso a llorar por la imagen lamentable que tenía. Creo que la ropa que nos daban era a propósito, como una suerte de tortura psíquica. Mi hermana por esos días había estado en el comando del tercer cuerpo de ejército y ante su afirmación de la inocencia de su hermano le mostraron un voluminoso expediente en el que estaba registrada toda mi vida desde que llegué a Rosario en febrero de 1971. El pabellón de presos políticos como bien señala Raúl contaba con celdas individuales, una celda por detenido, por lo general separados celda por medio para evitar que nos comunicaramos entre nosotros, con un patio central que tenía una especie de quincho que abarcaba casi todo el patio. A los presos se nos permitía una salida de la celda por día unos quince minutos, el resto nos la pasábamos en nuestras celdas con solo una ventanita por la que podíamos asomar la cabeza, el castigo por no obedecer era cerrar la ventanita y dejarnos aislados. Cada tanto pasaban una lista para que pidiéramos libros a biblioteca. En la lista aparecían libros insólitos para una cárcel en épocas de dictadura, yo escogí “El origen de la familia, la propiedad privada y el estado” de Federico Engels, al cual leí completo varias veces, por lo que recuerdo estaban también “El estado y la revolución” de Lenin, y otros libros de Marx. En cada salida, mientras caminábamos, como de querusa intercambiábamos algunas palabras con los compañeros que estaban juntos en el infortunio, además de Raúl, estaban los hermanos Michelli, Daniel y Erberto, detenidos porque en una operación rastrillo encontraron en sus casas un uniforme de la marina, un zorro gris (inspector de tránsito), cuya detención se debió a una coincidencia más que patética, llevó su jeep a reparar a un taller y el tallerista olvidó de colocarle la patente, cuando allanaron a este último por sus vínculos con la izquierda, encontraron la patente y el zorro se comió casi un año de cárcel. Otra curiosidad era un viejito cercano a los 70 años, excelente armero, que fabricaba armas para el P.R.T. y su recientemente creado E.R.P (surgió con el copamiento de la comisaría vigésima en septiembre de 1970). El mecanismo para guardar las armas era colocarlas en un tubo de oxiacetileno al cual había cortado y roscado la parte superior. Era imposible que descubrieran donde guardaba las armas que fabricaba. Todos los días salía a dar su caminata de quince minutos y cuando pasaba frente a una celda escupía la puerta. Luego me enteré que quién estaba en esa celda era quien había cantado su participación en la fabricación de armas y donde las guardaba. Entre los detenidos estaban algunos personajes muy conocidos del P.R.T. como Javier Cocoz, Emilio Hall y Lionel Mc Donald quien luego fuera el último comandante de la columna del monte Ramón Rosa Giménez, que encaró la guerrilla rural en Tucumán. Un detalle curioso era la detención de algunos jóvenes. Entre ellos estaba Freidemberg, hijo del dueño de IMIR (una especie de sanatorio/obra social privada), que fuera detenido por robar armas en diferentes armerías. Lo curioso es que constituían una bandita de jóvenes que no participaba de ninguna organización de izquierda, solo robaban cosas, entre ellas armas, junto a él detuvieron a un tal Costa, un chico Ruggiero y otro Obeid. El tal Obeid, en un rapto de insensatez, se presentó a la jefatura y dijo que se entregaba porque era parte de una banda armada, como en la jefatura lo tomaron por un loquito y lo echaron se cruzó al Comando del III Cuerpo de ejército y allí si le creyeron, Sin ideología política, ni instrucción guerrillera, la policía atrapó rápidamente a todo el grupo, el último en caer fue Freidemberg que lo atraparon en Paraná. En los interrogatorios tratando de parar la tortura dieron el nombre de Cacho De María, un militante peronista, al llegar la policía a su casa, Cacho contaba que le encontraron un afiche del Che Guevara y que por ello lo detuvieron, al salir le dijo a la madre "voy a salir un rato con los señores, enseguida vuelvo", creo que volvió un año después. Una nota de color es el apodo que me pusieron allí adentro, Flash Gordon, por mi permanente enfrentamiento a los guardias a los que les discutía las condiciones de encierro, no por valentía, sino por ignorancia y por la temeridad propia de un joven de veintidós años, además al salir a caminar hacía flexiones de los palos del quincho y eso motivo el mote que me puso Daniel Michelli. La dictadura de Onganía-Levingston-Lanusse fue, en comparación con lo que vino después del 75 una dictablanda, las condiciones de reclusión no eran tan severas y con el paso de los meses se relajaron, a tal punto que, para el 25 y el 31 de diciembre se colocaron tablones y se hizo una larga mesa para festejar las fiestas con todos los presos reunidos y en la que participaron también los guardias. De uno de ellos recuerdo su presunta simpatía y su carácter gracioso, todos los días al entrar nos contaba la cantidad de polvos echados la noche anterior, tres, cuatro decía riéndose. El dos de enero nos despertamos con que desde la superioridad habían ordenado restringir nuestras pequeñas libertades, ya no podíamos hablar de ventanita a ventanita asomando las cabezas, se cerraron las pequeñas aberturas y todo volvió como al principio. Raúl relató el entretenimiento artístico de Rubén, al que justo es agregar que fue uno de los mayores responsables del Tucumán Arde, el audiovisual que contaba la heroica lucha de los obreros de la industria del azúcar. Con el tuve oportunidad de confraternizar en profundidad al ser secretario estudiantil de la Facultad de Humanidades, siendo Decano Fernando Prieto, el que lo nombró como director de la Escuela de Bellas Artes, además del profundo respeto que le tenía por su coherencia y defensa de los derechos humanos, debo decir que era un ser excepcional, tierno y sensible y era un gusto compartir con él. En una oportunidad puse un cartel “Prohibido estacionar las bicicletas en el hall de la facultad” y fui severamente cuestionado por Rubén porque me indicó que en democracia no se podía prohibir, tuve que sacarlo y poner otro “Por favor no estacionar las bicicletas en el hall de la facultad” Hacia fines de febrero comenzaron a liberar a algunos detenidos a disposición del Poder Ejecutivo y yo obtuve mi libertad, aunque las condiciones en la cárcel se endurecieron más (según me contaron los compañeros que quedaron) cuando el E.R.P. ajustició al General Sánchez el 10 de abril de 1972. La dictadura se endureció, y en agosto de 1972 asesinó a mansalva a 22 presos políticos que se intentaron fugar del penal de Trelew anticipando lo que sería el genocidio posterior, los militares ya no tendrían presos políticos, sino que a partir de la interpretación de la orden de Isabelita de exterminar la subversión, implementarían un plan de terrorismo de Estado y exterminio (hoy conocido por todos) con secuestros ilegales en chupaderos (campos clandestinos de detención) en los que podían torturar y matar impunemente y cuando quisieran a los detenidos-desaparecidos. Espero que Raúl pueda leer estas líneas y que comparta el homenaje que significan sus palabras y las mías a los compañeros que ya no están. Hasta la próxima.

jueves, 24 de marzo de 2016

24 de marzo.


Hoy es un día muy triste, para algunos, sobre todos los nacidos en las décadas de 1940 en adelante. Para los nacidos entre 1960 y 1970, es el día de la memoria y es bueno que se hagan cargo de hechos que no vivieron, el que olvida su historia está condenado a repetirla. Para otros, que en esa época éramos muy jóvenes, es un recuerdo que nos atraviesa el corazón. Cada lunes por la mañana miro el muro en la Facultad de Psicología, en el que están escritos los nombres de los asesinados por la dictadura genocida y un "sunami" de recuerdos me envuelve y atrapa y me lleva en un vertiginoso momento a los años de plomo, aun antes del 24 de marzo de 1976. En ese muro están los nombres de jóvenes con los que hablábamos de la revolución en el "Iberia" por las tardes y en el "Odeón" por las noches, los días de tomas de Facultad reclamando igualdad y libertad, contra toda restricción al ingreso, los pizarrones atravesados por calle Entre Ríos para cobrar "peaje" a los vehículos y con esos recursos sostener la toma. Las largas charlas sobre el carácter de la revolución en el hall de la Facultad, en las que cambiaban los interlocutores, pero los debates se sostenían por horas, las interminables asambleas en las que para discutir la necesidad de un aula más empezábamos analizando la situación internacional, la nacional, la local, la de la universidad y de la facultad. Claro a las tres de la mañana los quince o veinte que quedábamos seguíamos el debate en la calle. Los tiroteos de los parapoliciales que cada tanto atacaban a balazos el frente del "Iberia" porque allí estaban los zurdos. Veo los nombres de Amaru Luque, Irma Montenegro, Juan Carlos Vicario y tantos otros con los que compartí grandes discusiones y mucho afecto y solidaridad y se me hace un nudo en la garganta. Otros no están porque se fueron en democracia como Ricardo Falcón el mítico historiador de Política Obrera (así se llamaba antes el actual Partido Obrero) que nos deleitó con sus rigurosas investigaciones de historia del movimiento obrero, o María de los Ángeles Yannuzzi que fue rigurosa en sus trabajos sobre análisis políticos, ambos formaron un conjunto de investigadores que hoy siguen sus pasos tratando de utilizar la historia como forma de reconstrucción de la memoria. Otros grandes personajes de los años 70´ como Cari Portesio eligieron otras latitudes para radicarse sin olvidar que fueron parte de esa juventud maravillosa que fue capaz de enfrentar las dictaduras sangrientas de los 60, 70, y 80. Algunos compañeros se fueron por enfermedades traicioneras, pero hoy también vaya para Cuasi Taglioni, Guillermo Ryan y el Chino Vives mi recuerdo. De todos ellos recuerdo las discusiones a la salida de la Facultad de Derecho frente a lo que hoy es el museo de la memoria (antes Comando del II cuerpo de Ejército) pasada la medianoche. Eran tiempos de lucha y de fronteras tangibles, la izquierda era izquierda y la derecha. No había espacio para tibiezas, se estaba con la revolución o se era contrarrevolucionario. Los señoritos como Platero (Macri) por aquellos años eran bebes de pecho (en 1970 tenía 11 años) pero seguramente ya despuntaba en su vida privilegiada el odio a los trabajadores y el deseo avaro de riquezas que le inculcara su padre. Los radicales eran un partido burgués conservador con veleidades de centro izquierda pero atados a la ideología capitalista y el peronismo como siempre se repartía en un ala izquierda en la que militaban la juventud peronista, el peronismo revolucionario y las formaciones especiales y un ala de derecha integrada por la burocracia sindical, el aparato político derechista del peronismo que entronizó a Isabel Perón, López Rega, las tres A y dio el puntapié inicial (con la orden de exterminar la subversión) al genocidio posterior. Los 60¨y los 70¨ fueron años de lucha en las calles, muchos con armas en la mano en la utopía de derrotar al ejercito de los militares genocidas mediante la guerrilla urbana y rural. Pudimos equivocarnos en los métodos, pero de lo que estoy muy seguro, es que las ideas eran correctas, buscábamos la igualdad, la ampliación de la democracia, la reivindicación de los trabajadores por siglos sometidos a la explotación y la represión sangrienta. No claudicábamos ante la burguesía, no entregábamos nuestros principios para tener cinco minutos de fama en la radio o la tele, éramos rigurosos en nuestros análisis, y teníamos ilusiones de verdad y de justicia. Siguiendo el mandato constitucional enfrentamos a los usurpadores del poder que se fotografiaban con los representantes del imperialismo (especialmente el norteamericano) y les otorgaban suculentos contratos a empresas transnacionales a cambio de jugosas dádivas que pagaba el pueblo trabajador con su sacrificio y sangre. Muchos de los señoritos que hoy están en el poder gozaban de la vida loca con lujos y placeres, muchos de los periodistas que hoy se tildan de objetivos adoraban a los dictadores, sino pregúntenle a Van Der Koy, a Bonelli, a Majul, a Ruiz Guiñazú, a Morales Solá, a Nelson Castro, y otros como Lanata, claudicaron y se corrompieron una paga más que jugosa de los dueños de los medios y del poder, y muchos políticos actuales como Carrió, Gerardo Morales, Sanz y tantos otros, a cuantos militares adularon durante la dictadura genocida, a cuantos les sonrieron mientras los compañeros eran masacrados en los campos de exterminio. Y hoy, al ver que algunos argentinos se fascinan con Obama, lo veneran cual síndrome de Estocolmo, cuando el país que representa y al cual preside fue ejecutor intelectual y material del genocidio, con sus embajadas, la CIA, la escuela de las Américas, formadora de militares genocidas y torturadores, de las intervenciones militares directas como en la Guatemala de Arbens, los contra el Nicaragua, Bahia de Cochinos en Cuba, del asesinato de Allende en Chile, del asesinato del Che en Bolivia, de los genocidios de Irak, Palestina, Siria, El Líbano, donde los pueblos no eran culpables de las dictaduras asesinas que estaban en el poder, y nunca pidió perdón por sus crímenes por el contrario, Obama ahora, quiere enseñarnos la moral de la paz y la concordia que EE.UU. no practica, Obama viene a hacer publicidad de Platero, como el amo que da una palmadita al burro para que obedezca. A Obama debemos decirle que se equivoca, la izquierda y la derecha son categorías vigentes. En Argentina tenemos un régimen de derecha y las consecuencias las padecemos los trabajadores, y él es cómplice y socio de la explotación y represión que el gobierno del PRO-RADICALISMO somete a los trabajadores en nuestro país. Por eso hoy, mi recuerdo a los amigos asesinados por la dictadura genocida y por dictaduras anteriores como los mártires de Trelew o por gobiernos burgueses como la matanza de la semana trágica o la Patagonia rebelde, con complicidad de EE. UU., se une al repudio de la presencia del amo imperial y sus lacayos internos el gobierno de PRO-RADICALISMO y la supuesta oposición de Masa y demás partidos burguesas opresores.

domingo, 14 de febrero de 2016

Estado de situación.


La Argentina se encuentra en uno de los momentos más difíciles de su historia, no porque este inmersa en una crisis terminal de su economía, sino porque este es un momento de encrucijada. En otras oportunidades he referido al término crisis desde su real perspectiva etimológica (del latín crisis, a su vez del griego κρίσις) constituye un momento de cambios en cualquier aspecto de una realidad organizada pero inestable. Aunque los cambios que sobrevienen a una crisis pueden ser previsibles siempre conllevan algún grado de incertidumbre en lo referido a su reversibilidad o profundidad. Si los cambios son profundos, súbitos y violentos, y sobre todo traen consecuencias trascendentales, van más allá de una crisis y se pueden denominar revolución. Las crisis pueden sobrevenir por razones lógicas de desenvolvimiento de una estructura o ser la consecuencia de las decisiones tomadas por un grupo social. Es muy difícil determinar el origen de una crisis y sus causas en el momento en que ocurren, dado que las acciones tomadas no necesariamente se corresponden con los objetivos e intenciones de quienes las toman, y las motivaciones permanecen ocultas tras una parafernalia de escusas y teorizaciones que no tienen relación con lo que está pasando. Las crisis no son puntuales, a veces duran unos días, meses, años, y su resolución es el producto de un conjunto de factores que concurren en un determinado momento, a veces aun sin la intervención de los actores sociales, y más aún, a pesar de su intervención. La última gran crisis en argentina fue la de 2001, cuando la agenda neoliberal caducó por la acción de las fuerzas económicas desquiciadas que llevaron a una alta tasa de desempleo (según Clarín del 26/07/2002 en Argentina había 3.036.000 desempleados: el 21,5% de la población económicamente activa. Y la subocupación llegó al 18,6%, esto es 2.630.000 personas o sea 40,1% de trabajadores con problemas de empleo, 5.666.000 trabajadores), secuestro de los ahorros privados de las personas de parte del Estado (el afamado corralito), endeudamiento persistente con el fin de satisfacer gastos corrientes, festival de cuasi monedas (15 provincias emitían sus cuasi monedas por más de 5000 millones de dólares), aumento de la pobreza y la indigencia a niveles inimaginables (52,8 % de pobreza y 22% de indigencia), las reservas del banco central habían casi desaparecido (estaban cerca de los 10.000 millones de dólares) y los ciudadanos salieron a las calles a manifestar su disconformidad con el estado de situación y fueron ferozmente reprimidos por el gobierno radical de De La Rua con un saldo de muchos muertos y heridos en ciudades del interior del país, totalizando 39 muertos como consecuencia de la represión en los dos días (20 y 21 de diciembre de 2001). La Argentina declaró, a través de sus representantes en el congreso, su quiebra y default de la deuda externa. En este punto álgido de la crisis neoliberal iniciada en los finales del menemato (Menem gobernó entre 1989 y 1999 en base a políticas neoliberales que continuó De La Rua) destacamos algunos hechos políticos hoy olvidados, pero que tuvieron una gran significación. En primer lugar, las consignas encarnadas en el pueblo en aquellos días eran “piquetes cacerolas, la lucha es una sola” que definía el llamado de la pequeña burguesía que salió a las calles a batir cacerolas para manifestar su angustia y desagrado ante una política económica que en la bancarrota se apropiaba de sus ahorros, a unir fuerzas con los desamparados sociales integrados en organizaciones piqueteras que venían resistiendo al neoliberalismo desde comienzos de la democracia. El segundo hecho de relevancia y que va de la mano del “que se vayan todos” es la aparición de las asambleas populares que reunían a ciudadanos enfurecidos que habían decidido deliberar (debatir) por sí mismos la problemática de un país que afectaba profundamente sus condiciones de vida. Estas asambleas se extendieron a diversos puntos del país y si no constituyeron un punto de descarga de una nueva organización política diferente a las tradicionales, y si no prosperaron fue, entre otros factores, fundamentalmente por la acción irresponsable y sectaria de algunos grupos de izquierda que volcaron sus aparatos político-partidario para coparlas, dejando como resultado la rápida extinción de las mismas. Estos dos hechos pusieron de manifiesto la desconfianza de las masas en los políticos de los partidos tradicionales y la búsqueda de nuevas formas de democracia, fundamentalmente la democracia directa. Si los partidos burgueses tradicionales pudieron reconstituirse fue porque en argentina no existió nunca un partido revolucionario capaz de organizar la rebelión de las masas en una estructura de consolidación del poder popular y construcción social transformadora. En el decir de Lenin existían condiciones revolucionarias objetivas, es decir, que los de arriba no podían gobernar como lo hacían, que los de abajo no querían seguir viviendo como vivían, y la existencia de una crisis económica objetivamente comprobable, pero que no era posible que se cuestionara el poder burgués porque no estaba presente la cuarta condición dada por Lenin, la existencia de una conciencia revolucionaria en las masas que se expresara en un programa socialista de transformación de la sociedad. La izquierda no supo, no pudo o no quiso desarrollar un plan de acción unitario y las masas por sí solas no tenían el nivel de conciencia para enfrentar al poder burgués mas allá de la mera confrontación en las calles, en una rebelión condenada al fracaso desde sus inicios. La que sí tomó nota de lo peligroso de la situación existente fue la burguesía que, a partir de allí, consideró las consecuencias catastróficas de la aplicación del programa neoliberal y decidió realizar un cambio de rumbo diametralmente opuesto tomando como guía la propuesta neo keynesiana. Al igual que en la Suecia de 1930, el neo keynesianismo aportó las herramientas heterodoxas para salir de la crisis mediante el plan económico de Duhalde-Lavagna primero y de Kirchner-Lavagna después. Durante doce años la Argentina asistió a una poderosa recuperación económica que impulsó todas las variables hacia arriba con un saldo de un crecimiento (en algunos años) del 8% del PBI anual. A diferencia de las políticas neoliberales que privilegian las ganancias de los sectores más concentrados de la economía, poniendo el énfasis en la regulación del mercado (en la oferta) y la vana ilusión de las masas en la teoría del derrame, el gobierno kirchnerista apostó al mercado interno, al consumo (puso el eje en la demanda) y en una redistribución social que garantizara un cierto nivel de previsibilidad social en el marco de un capitalismo definido por él como “capitalismo con rostro humano”. No es necesario recordar todos los logros de una década de oro para los sectores más desfavorecidos de la economía (trabajadores, desempleados, marginales, vulnerables) como el aumento en términos reales de las jubilaciones y pensiones y universalización del sistema previsional (casi el 100 % de las personas con derecho a jubilarse obtuvieron ese beneficio), la re estatización de sectores claves de la economía como Aerolíneas Argentinas, AFJP (administrados de los fondos de pensión), de empresas de agua, planes de expansión ferroviaria, digitalización de los documentos de los ciudadanos, ampliación de derechos como el matrimonio igualitario, derecho a la identidad, juicio y castigo a los culpables de delitos de lesa humanidad, mejora de los derechos humanos, aumento de la libertad de expresión a niveles desconocidos en argentina con legislaciones innovadoras como la ley de medios, acceso a la tecnología con el plan conectar igualdad, desarrollo de la asistencia social con planes como la asignación universal por hijo, aumento en términos reales de los salarios de los trabajadores con instrumentos democráticos como las paritarias, disminución de la desocupación a niveles inéditos desde hacía décadas (la desocupación fue cercana al 5% en 2015), mayor acceso al crédito mediante planes como “ahora 12”, acceso a la vivienda y a la movilidad como los planes procrear y procreauto, movilidad de los haberes jubilatorios, recuperación de parte de algunos sectores del 82% móvil (por ejemplo en los gremios docentes) aumento del presupuesto educativo y de ciencia y tecnología que superaron el 6% del PBI, creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología y desarrollo de innovaciones tecnológicas como por ejemplo ARSAT-INVAP, en definitiva una agenda de transformaciones en el marco del sistema capitalista que impulsaron a la Argentina a niveles de vida y desarrollo cercanos a las décadas del 50/60 cuando los argentinos tuvimos el mayor nivel de vida de su historia. La gran burguesía (las patronales agrarias, el gran capital financiero, los exportadores y los capitanes de la industria entre otros), si bien se benefició con este proceso, estabilizada la situación económica comenzó a trabajar, de la mano de los monopolios concentrados de comunicación (Grupo Clarín, La Nación, Perfil) en un plan orientado a desalojar del poder a la burguesía media y pequeña interesada en el desarrollo del mercado interno, encarnada en el kirchnerismo. Para ello construyeron una agenda mediática de falsificación de la información, denuncias inconsistentes, ataques infundados, operaciones de prensa llevadas adelante por sus fuerzas de elite, “periodistas” otrora prestigiados como Lanata, Leuco, o simplemente empleados de los monopolios, otrora algunos colaboradores de la dictadura genocida, como Bonelli, Levinas, Longobardi, Van Der Koy, Blanc, Majul, Plager, Bilouta, Wiñazki, etc. Fueron años de socavamiento de las bases de legitimidad y confianza en un gobierno que en 2011 obtuvo el 54% propio de los votos (Macri obtuvo en primera vuelta un 25% de votos propios) y de la mano de la imposibilidad constitucional de la renovación de mandato de Cristina Fernández de Kirchner, que lograron imponer al candidato del ajuste Mauricio Macri. Un dato de relevancia, por primera vez en democracia la Argentina tiene un gobierno atendido por sus dueños, la derecha neoliberal llegó al poder mediante los votos y no por cooptación de algún líder populista. En solo 60 días el ajuste avanzó a caballo de los DNU (decretos de necesidad y urgencia). Se licuaron los salarios con un 50% de devaluación y una alta inflación, se despidieron más de 60.000 trabajadores (estatales y privados), se encarceló líderes populares (como Milagro Sala), se entronizó el clientelismo con contratos millonarios a amigos (como los contratos dados a Caputo), se mejoraron los rendimientos de las patronales agrarias, exportadores y mineras mediante la baja de las retenciones, se reprimió salvajemente a los trabajadores en conflicto (Cresta Roja, Municipales de La Plata, se realizaron allanamientos ilegales contra centros de cultura como el centro de La Cámpora en Olivos o la murga de la villa 1.11.14, se entregó el patrimonio nacional (arreglo leonino con fondos buitres, se pretende poner techo a las paritarias, se ocultó información (por ejemplo no se da más el índice de precios del INDEC), se pretendió nombrar jueces amigos del grupo Clarin (como Rosenkrantz) o de la gran burguesía (Rosatti) a la Corte Suprema de Justicia por decreto, se disparó la inflación (que venía bajando en los último año del anterior gobierno), en definitiva, todas las medidas tomadas por el actual gobierno constituyen una transferencia de ingresos de los sectores más pobres y vulnerables hacia los sectores más ricos de la sociedad, El gobierno goza de un resguardo mediático basado en el otorgamiento de grandes beneficios a los grupos concentrados de la prensa que ocultan gran parte de las medidas que atentan contra el nivel de vida de los trabajadores y a la vez ha echado o propiciado el despido de periodistas honestos que mantienen la ética profesional y denuncian los atropellos del macrismo como Víctor Hugo Morales, los periodistas de 678 o de Radio Nacional, etc., de manera de garantizar su impunidad informativa anulando las voces críticas. Estamos en los comienzos de la articulación de una política económica neoliberal de base antipopular. Para poder lograr ello el gobierno del PRO-RADICLISMO ha tejido una intrincada alianza con otros sectores de la política como Sergio Masa del Frente Renovador, sectores de la derecha kirchnerista como algunos gobernadores, políticos afines a la anterior gestión como Uturbey, Bossio, etc., con sectores de izquierda como Donda, Tumini, Santillán, Solanas, con sectores de la justicia como el presidente de la Corte Lorenzetti, y con sectores del sindicalismo como los viejos burócratas sindicales Moyano, Barrionuevo, Calo que rápidamente negociaron prebendas como el manejo de los fondos de las obras sociales a cambio de obediencia en las paritarias que se vienen y de garantizar el control de los obreros en lucha. Solo algunas centrales (en general vinculadas a los gremios estatales muy afectados por el plan de ajuste) se mantienen enfrentadas a Macri, las que extrañamente no fueron invitadas a la reunión del presidente con los gremialistas. Es decir, asistimos a una reorganización de la gran burguesía que está articulando un plan de ajuste orientado a maximizar sus ganancias a costa de las condiciones de vida de la inmensa mayoría de los argentinos y a la desarticulación de los sectores más atacados por el gobierno del PRO-RADICALISMO, que aún no han enhebrado una respuesta colectiva salvo acciones sectoriales como el paro general de la CTA, las reacciones políticas de sectores de la izquierda o vinculados al anterior gobierno, etc. Debemos ser conscientes que se instala esta reacción conservadora que pretende un modelo político como el de EE UU., en el que republicanos y conservadores se alternan en el gobierno, pero garantizando la misma base política neoliberal, y que en el caso de argentina sería algo así como la pretendida alternancia del macrismo con el masismo o peronistas de derecha como Uturbey o Bossio, la Argentina retrocederá varios casilleros con su consecuencia de hambre, desocupación, pobreza y represión. Hasta la próxima

viernes, 5 de febrero de 2016

La lucha democrática.


Una de las asignaturas pendientes de la izquierda es su posicionamiento frente a la democracia burguesa. La izquierda ha sido capaz de enfrentar las dictaduras y elaborar agendas para momentos de gran represión política y social, pero frente al desafío del juego de la democracia burguesa sus respuestas han sido, por lo general, inertes. Desde la mitad de la década del 60’ y comienzos de los 70’, los llamados años de plomo, la izquierda en todas sus variantes creció incorporando a miles de jóvenes a sus filas. Por aquella época existían tres grandes bloques de la izquierda que eran denominados izquierda tradicional (Partido Comunista, Partido Socialista Popular) que era el único sector que defendía el tránsito pacífico al socialismo y veía en la violencia un enemigo del propio pueblo trabajador. En una asamblea estudiantil de Rosario un conocido militante del P.C.R. descargo contra este sector una fuerte chicana “Marx dijo, la violencia es la partera de la historia, yo digo, el Partido Comunista los anticonceptivos”. La izquierda tenía una fuerte implantación en los sectores estudiantiles universitarios, donde las representaciones de los particos burgueses (fundamentalmente el radicalismo, como la Franja Morada y la Coordinadora que surgieron de la reunión de la Laguna Setúbal en noviembre de 1968, pero solo avanzada la primera mitad de la década del 70’ comenzarían a tener peso en el movimiento estudiantil las ) todavía no eran un actor político privilegiado en la Universidad. Existe una definición de Lenin en “Acerca de la Juventud” donde dice que la juventud es el sector más sensible de la intelectualidad y caja de resonancia de los conflictos sociales. La universidad de los 60´y los 70´sería el eco sonoro de la alta conflictividad social existente en la Argentina por aquellos años. Frente a la gran violencia institucional llevada adelante por el Estado en manos de dictaduras cívico militares que asolaron a la Argentina a partir del golpe septembrino de 1930 contra Irigoyen la izquierda comenzó a buscar nuevos caminos alternativos a la democracia burguesa que también fue reconvirtiéndose de acuerdo a los nuevos contextos mundiales. En el contexto de la post guerra, con los regímenes totalitarios arrasados y los nuevos vientos del estado de bienestar europeo, el peronismo se constituyó un régimen bonapartista que logró a lo largo de sus 12 años en el poder (1943-1955) realizar profundas reformas sociales que permitieron desarrollar un movimiento ascendente de las clases populares (fundamentalmente los trabajadores, profesionales y pequeños y medianos empresarios) que comenzaron a gozar de un mayor nivel de vida, el famoso fifti/fifti de Perón. Los primeros que se atrevieron a criticar la clásica denominación de fascista al régimen peronista y que adoptaron la categoría de régimen bonapartista fueron los sectores trotskistas (que comienzan a tener presencia en la política de izquierda en Argentina en la década del 40’ con intelectuales como Liborio Justo -Quebracho-, Milciades Peña, Hugo Bressano Capacete -Nahuel Moreno-, Homero Cristali -Juan Posadas-) que para desarrollar este análisis se apoyaron fundamentalmente en la crítica de Marx al régimen de Luis Bonaparte, quien desarrolló una política en la que el Estado pretendía ponerse por encima de los intereses de las diferentes clases sociales y actuar como mediador de los conflictos. Más allá de la polémica sobre el carácter del gobierno peronista, lo que está claro es que el peronismo fue siempre un movimiento policlasista, que bajo una dirección burguesa encaró la reforma del estado y la sociedad logrando importantes niveles de igualación social mediante la aplicación de las teorías keynesianas. Es indudable la simpatía inicial de Perón con el fascismo mussoliniano (estuvo estudiando la organización del estado y el sindicalismo bajo Mussolini en la década del 20’) pero luego de la derrota del nazi-fascismo, Perón viró en su imaginario de la sociedad burguesa y adopto muchos de los elementos que tenía el estado de bienestar que surgió en Europa desde la década del 30 en los países escandinavos y en casi toda Europa a partir del fin de la guerra y con la ayuda del plan Marshall. Si bien perón fue derrocado en 1955, sus políticas fueron continuadas por el desarrollismo de Arturo Frondizi (1958-1962) y también por el gobierno de Arturo Illía (1963/1966), siendo este período uno de los más altos en materia de distribución de la riqueza en Argentina (ver Bonantini C. (1996) Educación y sociedad. Tomo II. UNR Editora. Rosario). Si bien el período de inclusión y crecimiento de la clase media argentina se extiende hasta 1975 (retorno del neoliberalismo a través del ministro de Isabel Perón, Celestino Rodrigo) el lapso de tiempo que va de1955 a 1983 constituye uno de los períodos más ricos de la historia de la izquierda argentina, período caracterizado por la ruptura de numerosos partidos burgueses y de izquierda (peronismo, radicalismo, socialismo, comunismo) dando origen a la llamada izquierda revolucionaria. Del Partido Socialista Argentino que se rompe en mil pedazos surge el Grupo Vanguardia Comunista, y su versión estudiantil, la Tendencia Universitaria Popular Antiimperialista Combatiente (TUPAC) de orientación maoísta. El Partido Comunista que perduró a lo largo del siglo XX, en 1967 sufre una escisión, fundamentalmente de los jóvenes de la llamada FEDE (Federación Juvenil Comunista, FJC) y se crea el P.C. (C.N.R.R), comité nacional de recuperación revolucionaria) cuya versión estudiantil era el FAUDI (Frente de Agrupaciones Universitarias de Izquierda) de orientación inicial guevarista pero que luego sumó una orientación maoísta. Algunos partidos trotskistas se sumaron a esta designación de izquierda revolucionaria como Política Obrera dirigido por Jorge Altamira, el Partido Obrero Revolucionario de los Trabajadores (PORT) de Posadas que pretendía crear una nueva cuarta internacional. La izquierda revolucionaria estaba dividida en dos grupos por el eje de la violencia revolucionaria, mientras que los grupos anteriores preconizaban la organización de las masas en el camino a una insurrección popular contra el capitalismo, otros grupos optaron, bajo el influjo de la revolución cubana y la creación posterior de la OLAS (Organización Latinoamericana de Solidaridad) por emprender la lucha armada contra la dictadura de Onganía (continuando la tradición del Ejército Guerrillero Popular (EGP) liderado por el periodista Massetti (ex director de la agencia de noticias cubana Prensa Latina) y los Uturuncos (de filiación peronista) y buscaron crear organizaciones armadas para la toma del poder. Dentro del grupo genéricamente llamado izquierda revolucionaria, que postulaba la lucha armada a partir de guerrillas urbanas estaban algunas organizaciones peronistas como las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) y Montoneros. Todos ellos desarrollaron diferentes formaciones especiales (guerrillas) reconociendo el liderazgo de Juan Perón. Otro Grupo Armado relevante era el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) el combatiente por el periódico que editaba fracción del Partido Revolucionario de los Trabajadores, la otra fracción de igual nombre dirigida por el trotskista Nahuel Moreno se reconocía por el periódico que editaba La Verdad inclinado a la lucha sindical para llegar en un futuro a la insurrección armada de los trabajadores. Finalmente, de la escisión de los grupos que formaban la izquierda revolucionaria surgieron los llamado grupos socialistas que buscaban instaurar el socialismo en argentina sin etapas intermedias (revolución democrática burguesa) mediante un gobierno obrero. La izquierda en todas sus versiones (tradicional, revolucionaria y socialista) tuvieron una presencia muy importante durante las dictaduras que van de 1955 a 1973, donde grupos como el Frente Antiimperialista y por el Socialismo (FAS) fueron capaces de organizar actos que convocaron a más de quince mil militantes, y las formaciones especiales del peronismo, FAR, FAP, Montoneros. llegaron a ser en 1973 organizaciones de masas, convocando una muchedumbre en Ezeiza con motivo de la vuelta de Perón el 20 de junio de 1973. La última dictadura arrasó mediante un régimen de terror con casi todos los objetores del régimen capitalista. Con el advenimiento de la democracia, la izquierda fue incapaz de enhebrar una propuesta creíble y a lo largo de estos más de treinta años (1983 en adelante) nunca constituyó una opción de poder. Es que su carácter espontaneista y movimientista no le permitió superar la etapa infantil de su pensamiento y quedó fijada en un imaginario contestatario incapaz de construir un programa alternativo de gobierno en el marco de la democracia burguesa, como lo hicieron los socialdemócratas escandinavos en la década del 30´. Las masas nunca acompañaron electoralmente a las organizaciones de izquierda durante estos 33 años de democracia representativa, siendo contadas las veces que los grupos de esa tendencia en conjunto superaron el 3 o 4 % de los votos. Las veces que representantes de la izquierda accedieron al parlamento no fueron capaces de hacer uso del mismo y en no pocas oportunidades se fraccionaron dentro del mismo por intereses mezquinos. Podrían desarrollarse muchas razones explicatorias para esta ausencia de representatividad en democracia de la izquierda, pero creo que una de las más importantes es la ausencia de una teoría revolucionaria que piense la lucha democrática, más allá del espontaneísmo de las masas. Pensar la lucha democrática no implica hacerlo solamente en clave política, supone incluir todas las dimensiones determinantes del imaginario democrático, la política, sí, pero también la economía, lo social, lo cultural y lo ideológico. Un sector de la izquierda genéricamente denominada socialista concibió la necesidad de desarrollar la lucha por la máxima ampliación de la democracia y en ese camino tratar de que las masas ganaran en organización y conciencia, pero fue incapaz de sobrevivir a sus propias contradicciones de clase. A mi entender, el problema reside en una concepción paternalista de la izquierda respecto a los trabajadores y sectores populares, es la izquierda la que pretende tomar el poder para dárselo a la clase obrera, de esta manera una vanguardia lúcida de pequeños burgueses organizados en sectas pretende ganar el interés de la clase obrera y tomar el poder mediante la movilización de masas, para una vez instalado en el control del estado comenzar la transformación revolucionaria de la sociedad. La dificultad de esta concepción es que siempre que la izquierda logró alcanzar el poder (Rusia 1917, China 1949, Cuba 1959, etc.) se constituyó en una capa burocrática que lejos de transformar la sociedad, asimiló todas las lacras del capitalismo y mediante luchas intestina se eliminaron unos a otros quedando un grupo enquistado en el poder que lo usó para beneficio propio. Así dieron origen a los llamados estados obreros burocratizados, donde se instalaron dictaduras violentas que conculcaron los derechos de la población y desarrollaron formas de capitalismo monopolista de estado. El esquema de estos “estados obreros burocratizados” naufragó a partir de la década del ochenta y hoy solo quedan en pie algunas dictaduras autoritarias como las de China, Viet Nam, o Cuba, donde un grupo de burócratas ejerce la tutela del pueblo y se mantiene en el poder mediante la represión y el consenso pasivo de la población. Ello no invalida logros alcanzados por este capitalismo monopolista de estado, pero de ninguna manera en ellos se abrogaron los privilegios y se terminó con las diferencias sociales, más aún, en casos como China las diferencias entre ricos y pobres crecieron y en casos como Camboya o Corea del Norte, se cometieron terribles genocidios en nombre de la revolución. Por el contrario, podemos observar que en determinados países capitalistas como los países bálticos la población en general alcanzó un alto nivel de vida en el marco de políticas de desarrollo capitalista y democracia. El problema fundamental de la izquierda, como lo ha demostrado la experiencia de Siriza en Grecia es no contar con una teoría económica alternativa al liberalismo. En los países bálticos se desarrollaron experiencias sinérgicas de administración socialista mediante la aplicación de programas de desarrollo basados en el keynesianismo. Esto permitió que algunos países alcanzaran altos estándares de vida en el marco del estado de bienestar, aunque, justo es reconocer, que no desaparecieron las diferencias sociales, sino que se atenuó la pirámide social. En otras oportunidades he sostenido que los cambios sociales no son producto ni de un líder, ni de un partido, ni siquiera de una generación, el capitalismo tuvo que madurar varios siglos para alcanzar el triunfo de la revolución democrática burguesa sobre el feudalismo y el ancien régimen. Por lo tanto, la búsqueda de un nuevo orden social todavía está en pañales y será necesario mucho tiempo hasta que se logre construir colectivamente una teoría de la transformación social. John Holloway en su libro “Cambiar el mundo sin tomar el poder” sostiene que el problema fundamental de la izquierda tradicional es que trata de cambiar el mundo en el marco de las propias reglas de dominación de la burguesía. La izquierda, sostiene el autor, pretende producir modificaciones en el marco de la política burguesa y ello la lleva a preconizar la lucha por la toma del poder, lo que en la práctica política significa pretender cambiar la sociedad con las mismas herramientas burguesas con las que el capitalismo se sostiene. El piensa en pasar, de la lucha del contra poder, es decir arrebatarle el poder a la burguesía por medios violentos o parlamentarios, a la lucha anti poder, es decir, la búsqueda de lograr visibilidad de los sectores sumergidos y reprimidos de la sociedad y desarrollar en la práctica social un debate entre todos los ciudadanos que lleve a modificar las condiciones estructurales de la conciencia y el imaginario burgués. El cree haber encontrado un ejemplo concreto de su teoría en el movimiento Ejército Zapatista de Liberación Nacional que se orientó más que a la toma del poder a la visibilización de la situación de opresión de los indígenas en Chiapas. En países como Argentina en los que el capitalismo ha logrado un nivel importante de desarrollo y autonomía política respecto a los centros capitalistas mundiales, las demandas de la población tienen una gran heterogeneidad y se corresponden a intereses muy diferentes. En nuestro país aún tenemos relaciones laborales de semi esclavitud (fundamentalmente en los grandes establecimientos agropecuarios explotados por los miembros de la Sociedad Rural Argentina (SRA). Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), CONINAGRO, etc., y una masa de trabajadores informales con bajos sueldos y sin protección previsional, junto a un importante número de trabajadores asalariados, emprendedores, etc., pero es un país en el que las relaciones capitalistas de producción constituyen el modo de explotación hegemónico, un país en el que conviven sectores en situación de vulnerabilidad y hacinamiento junto a nodos de alta tecnología que incluyen edificios inteligentes, alto uso de la informática, millones de celulares, etc. Pero nuestra dificultad es que vivimos en un país de bajo desarrollo democrático. Un sistema educativo obsoleto construye sujetos de la ideología burguesa y no es capaz de configurar una masa de ciudadanos críticos. No existe participación ciudadana en las decisiones colectivas, sino que se ha instituido una llamada “clase política” que funciona a la manera de sistema experto en la gestión del Estado con casi ninguna participación ciudadana en la toma de decisiones importantes para el futuro social. La casi única participación ciudadana se resume en el ejercicio del voto cada dos o cuatro años, luego los representantes hacen lo que se les ocurre sin consultar a los ciudadanos. En América Latina existen países con participación ciudadana como es el caso de Uruguay en el que los ciudadanos son consultados para tomar decisiones trascendentes (por ejemplo, Uruguay no pudo privatizar la empresa de telecomunicaciones porque en el referéndum para decidir el pueblo voto no). Tampoco se ha logrado un nivel de desarrollo del pensamiento crítico y reflexivo y la sociedad argentina se halla colonizada por modos de pensamiento primitivos que tienen que ver con lógicas binarias de amigo/enemigo, con el agravante de existir una fuerte monopolización de los medios de comunicación que repiquetean en la conciencia ciudadana tratando de imponer modelos de pensamiento acordes a los intereses de la gran burguesía. El sistema político es de carácter partidocrático, pero con el agravante de que en todos los partidos burgueses existe la impronta de liderazgos caudillescos que hacen que el programa no sea del partido sino del líder que eventualmente coloniza la organización y la pone a su disposición. Un ejemplo diferente de organización política lo constituye el partido socialdemócrata alemán que en los años setenta construyó un programa político que tenía más de cuarenta páginas, en el mismo se recorrían todas las áreas de gobierno y acción social, el primer ministro socialdemócrata era el líder del partido, pero con la responsabilidad de llevar adelante el programa partidario, no su propio programa acorde a sus intereses individuales o clientelares. En Argentina, salvo honrosas excepciones, el liderazgo es caudillista, alguien llega al poder y somete a las estructuras partidarias y gubernamentales mediante la inclusión en puestos claves de políticos de extrema confianza que a la vez seleccionan colaboradores de extrema confianza. La política tiene una construcción piramidal y verticalista que somete todas las decisiones al mandato del líder antes que al del pueblo. Esta construcción mesiánica de la política posibilita la emergencia de rasgos autoritarios y una corrupción estructural que se ha ido afianzando con el correr del tiempo democrático que se reinició en 1983. Si bien en los últimos doce años de gobierno kirchnerista se logró una notable ampliación de derechos tanto sociales, como culturales o económicos, ello no surgió de un debate profundo en el seno de la sociedad (salvo excepciones como por ejemplo la ley de medios, el matrimonio igualitario) sino por la acción generosa de un liderazgo progresista. El problema de este tipo de liderazgos excluyentes es que cuando desaparece el líder la derecha reaccionaria tiende a revertir los procesos de ampliación democrática que con tanto esfuerzo construyó la sociedad. Creo que debemos pensar en la ampliación democrática como una clave de la construcción social igualitaria, pero con ella sola no alcanza, es necesario realizar acciones enérgicas que involucren el cambio educativo, político y social para poder desarrollar una generación superadora a la actual en materia de autonomía del pensamiento. Ello supone que el cambio educativo, ni empieza en la escuela, ni dentro de ella supone el aumento de la calidad educativa, vista en términos de días corridos de clase. El desarrollo de la autonomía reflexiva y crítica comienza en la familia. En los primeros años de vida el niño desarrolla que Pavlov denominó el reflejo de investigación, la inquietud del infante por reconocer el mundo circundante en base a su propia experiencia exploratoria. Este reflejo es bloqueado por la acción de la familia primero, y de la escuela después, las que se encargarán de abortarlo para desarrollar un sujeto acrítico y consensual que obedezca a los padres, luego a los maestros y finalmente a los patrones sin cuestionar porque debe hacerlo. El ejercicio democrático, cuando va más allá de la mera representación, supone además de la participación ciudadana con el voto o con simulacros de presupuestos participativos que no son tales, la desaparición de la mal llamada clase política, y su reemplazo por el pueblo ejercitando soberanamente su derecho de definir las políticas sociales y económicas, pero para ello es necesario reformar la constitución de manera que el pueblo no delibere ni gobierne sino a través de sus representantes, por una fórmula que establezca que el pueblo no tiene representantes ya que es el quien delibera y gobierna. Es decir, llegar al paradigma griego de la democracia directa donde los ciudadanos ejercitan su poder sin representantes. Por supuesto que ello supone un cambio de conciencia que no se dará en un día, o un año, y que tal vez lleve mucho tiempo, por medio de un proceso en el que los ciudadanos se empoderen sobre la base del pensamiento crítico, cooperativo, solidario, igualitario y reflexivo. En ello la educación tiene mucho que ver, pero no como sistema reglado y graduado, dotado de jerarquías que reproducen las relaciones de poder dominantes que dividen a la sociedad entre opresores y oprimidos, sino un sistema donde el maestro sea tan solo un coordinador técnico de un proceso de apropiación del conocimiento realizado por un colectivo autónomo de alumnos. Si somos capaces de instituir nuevas relaciones sociales en un proceso de cambio instituyente que transforme las relaciones verticales de convivencia en un modelo transversal que involucre a todos los actores sociales estaremos asentando las bases de la sociedad futura. Sino la noche de los tiempos espera agazapada. Hasta la próxima.