miércoles, 6 de abril de 2016

El hoy de aquellos jóvenes de ayer (La parábola del hombre blanco)


Los años setenta fueron pesados, muy pesados, un dato interesante es que la derecha del movimiento estudiantil la constituían los llamados partidos reformistas (el Partido Socialista Popular y el Partido Comunista) todo el resto del espectro universitario se reunía bajo lo que genéricamente se llamaba la izquierda revolucionaria. En los setenta, con las sucesivas rupturas de los partidos que participaban de este sector, surgieron una serie de agrupaciones de base fundamentalmente estudiantil (aunque en algunos casos con referentes obreros) que se agruparon bajo la designación de izquierda socialista), Las diferencias entre ambos sectores eran respecto al tipo de revolución (democrático burguesa o socialista), a la caracterización económica y política del país (estado capitalista con formaciones semi feudales que implicaban una fase de construcción burguesa o capitalismo que no implicaba más que la revolución socialista) y estado dependiente económica y políticamente del imperialismo o estado capitalista independiente en lo político con una dependencia económica y financiera. O sea, que el último sector en surgir era el más radicalizado. En él, participaban en Rosario, grupos como el Socialismo Revolucionario, el Grupo de Izquierda de Acción Revolucionaria, Alternativa Socialista y otros. Aquellos jóvenes de los setenta, no creían en la democracia que llamaban burguesa (representativa o de procedimientos) y preconizaban una democracia sustancial o directa. En algunos casos se tenía como objetivo la necesidad de lograr la máxima ampliación de la democracia burguesa, esos jóvenes eran profundamente anticapitalistas. En el marco de la dictadura que fue de 1966 a 1973 estos grupos se desarrollaron creciendo en número de militantes y en ideas, y en la medida en que crecían, se convertían en grupos más fundamentalistas. Con la llegada de la democracia en 1973 reaparecieron los llamados partidos burgueses que habían estado en el freezer durante la misma y coparon la arena política. Las elecciones de 1973 pusieron de manifiesto la supremacía de estos partidos y la incapacidad de la izquierda para responder a las nuevas condiciones políticas, algunos grupos hablaron de la trampa burguesa que llevaba a votar cada cuatro años al opresor de turno y tuvieron como estrategia la abstención, el voto en blanco o la impugnación del voto. Algunos grupos de la izquierda revolucionaria optaron en gran medida por participar, pero con magros resultados (rara vez superaron el 2 o 3% de los votos). Los grupos de la izquierda socialista que en un momento habían congregado a multitudes de miles de jóvenes en sus actos asamblearios se disgregaron, los militantes desertaron y hacia fines de 1975 poco y nada quedaba de ellos. La dictadura completó esta acción matando o desapareciendo a los militantes que quedaban u obligando al exilio (interno o externo) al resto. En 1984 los sobrevivientes de estas agrupaciones ya habían mutado, eran profesionales exilados que volvían con los oropeles conseguidos en Europa y sus sueños revolucionarios de los sesenta y los setenta se habían transformado en sueños socialdemócratas de búsqueda de una sociedad más justa. Alfonsín se convirtió en un líder que tuvo un efecto imán sobre estos jóvenes radicales de ayer, su discurso, sin llegar a ser socialista tenía un contenido democrático profundo, que recordaba a la experiencia de Illía. Por otra parte, el peronismo había elegido mostrar su cara más siniestra, copado claramente por la derecha del movimiento, lo representaban personajes como Luder y Herminio Iglesias entre otros. El alfonsinismo no defraudó las humildes expectativas de la izquierda que lo seguía, el juicio a las juntas, un programa económico keynesiano enunciado por el ministro Grispún, la democratización de la universidad, el Programa Alimentario Nacional, eran medidas que llevaban a pensar en una primavera capitalista luego del crudo invierno genocida del 76 al 83. Fuimos muchos los que en distintos niveles participamos en la estructura de gobierno del radicalismo alfonsinista. Algunos como Portantiero, Nun, Aricó y otros participaron en la estructuración del discurso democrático alfonsinista que tuvo su punto más alto de enunciación en el discurso de Parque Norte que elaborara el Grupo Esmeralda que contaba con la participación de Portantiero, Giussanni y otros. En la universidad, claramente gobernada por el sector más de izquierda del alfonsinismo, la Junta Coordinadora Nacional algunos veíamos como posible la transformación política y científica de la misma sobre la base de principios, de autonomía y cogobierno, que hacia 1986 se comenzaron a plasmar en decanos, rectores y consejos directivos elegidos por el voto democrático de docentes, estudiantes y graduados (en algunas universidades se incluiría a no docentes) Es curioso como algunos de los emigrados mantenían el discurso decimonónico de la izquierda y veían la participación en esferas de gobierno como un pecado de lesa humanidad y traición al socialismo, yo mismo conservo una carta de una militante que luego de solicitarme un trámite de aval que realicé me criticó por mi participación en la gestión de la universidad y dijo que conmigo no quería tener nada que ver, a pesar de haber sido amigos de cenar juntos. A algunos la palabra socialdemocracia nos producía cierto escozor, impregnados de la doctrina leninista de confrontación entre comunistas y socialdemócratas en Europa, veíamos a estos últimos como reformistas al servicio del mantenimiento del sistema capitalista. En la diáspora de la izquierda fuimos aislándonos y cada uno fue adhiriendo a un sector tradicional de la política argentina (peronismo, radicalismo, socialismo) y algunos nunca adherimos a ningún partido en particular. La izquierda revolucionaria continuó sosteniendo sus viejas estructuras e ideas porque gozaban de una mayor y más afianzada estructura organizacional que resistió a la dictadura en la clandestinidad y reapareció en la legalidad durante el alfonsinismo. Con el tiempo comencé a tener novedades de los viejos compañeros de ruta, algunos alfonsinistas, otros adhirieron al menemismo en sus inicios, pero muchos de ellos comenzaron a desarrollar su vida profesional ligados a grandes empresas o con importantes carreras profesionales. Muchos de los migrantes en democracia se insertaron en empresas europeas y tuvieron altos cargos de gestión en las mismas, otros llegaron a ser CEOs de corporaciones en Argentina, algunos desarrollaron estudios de arquitectura exitosos, otros participaron en ministerios de gobiernos socialistas, radicales o peronistas, socialistas o radicales, aun los más extremista mutaron y aceptaron la colaboración con las estructuras de gestión del capitalismo. La universidad fue un espacio de trabajo privilegiado para los sectores de la izquierda, ya que, si bien puede decirse que la democracia representativa burguesa funcionó con escasa represión y sin proscripción desde 1983, en la universidad es el espacio privilegiado de la libertad de expresión y de enseñanza. No creo recordar ningún caso de persecución por las ideas políticas o por las adscripciones ideológicas académicas en la universidad (por lo menos con una gran seguridad en la UNR y con menor conocimiento en otras universidades). Han existido hechos de violencia contra periodistas, manifestantes, sindicalistas (por dar algunos ejemplos el asesinato de Kotecky y Santillán, la muerte del periodista Cabezas, de Mariano Ferreyra, de Fuentealba, entre otros) pero no fue la represión indiscriminada el leiv motiv de estos años. Los militantes de izquierda como Jorge Altamira, Miryam Bregman, Silvia Vilches, Nicolás del Caño, Nestor Pitrola, Marcelo Ramal participaron sin censura en los programas de televisión y radio, la represión a manifestaciones obreras y piqueteras fue casi nula durante los años del kirchnerismo. En otras presentaciones he afirmado que el principal problema de la izquierda para participar en la política en épocas de democracia representativa reside en la falta de una teoría de la democracia y el estado adecuada a los tiempos post modernos, si uno observa las presentaciones televisivas de los integrantes de partidos marxistas puede constatar que los expositores solo proponen medidas declamativas o reivindicativas, pero que no aportan soluciones concretas a los problemas de los trabajadores hoy (desempleo, bajos salarios, trabajo informal, trabajo en negro, vivienda, educación, salud, etc.). No recuerdo que ningún partido de izquierda haya presentado en democracia un programa completo de transformación social en el marco del estado capitalista como ocurriera en Suecia y demás países nórdicos en las décadas del 30, 40, y fundamentalmente en la post guerra. En Alemania, el programa del partido socialdemócrata constaba de unas 50 páginas (lo conservo) en los 70 y abarcaba la acción del gobierno socialdemócrata en todas las áreas del estado. Mientras esto ocurre con los partidos marxistas de la corriente revolucionaria de los 70, los de la corriente socialista desaparecieron literalmente, y sus militantes, como afirme más arriba hoy son CEOs de empresas, Ministros, profesionales exitosos, algunos todavía interesados en la problemática de los más vulnerables, otros, migraron hacia corrientes más de derecha y hoy es común ver a viejos militantes de estas formaciones como militantes del PRO o defendiendo las posturas de este sector político. La amiga a la que me refería arriba y que cuestionara mi participación efímera en la gestión de la universidad alfonsinista hoy en Facebook afirma que: “En estos días de FB mi muro se ve inundado de insultos y descalificación contra el nuevo gobierno de Argentina, porque los ajustes incluyen devaluación, despidos, aumento de los precios de las tarifas, transportes, etc…….Porque a quien se le ocurre, que mientras todo el mundo mundial paga las tarifas a un precio estándar, los argentinos tienen que tenerlas subvencionadas……..Mientras que todo el mundo mundial tiene una tarea para diversificar lo que come (ya se sabe, la comida es un arma de dominación de las masas) los argentinos se vuelven agresivos porque no pueden pagar la carne (que se encuentra ahora mismo, después de los aumentos, a un precio que -desde hace generaciones—ningún europeo, estadunidense o asiático, ha tenido la suerte de pagar jamás……Y no entiendo como los argentinos no recuerdan que no hace ni 2 años también el gobierno de CF llevó a cabo una devaluación del 40% y nadie salió a la calle. No son las personas que dirigen el gobierno a las que hay que combatir (si han ganado por voto democrático y no han delinquido) sino sus políticas de corrupción institucionalizada y de fraude económicos………..El nuevo gobierno -sin que esto signifique mi aprobación, ni que todo lo que hace lo haga bien- hace lo que tiene que hacer en un mundo global, donde, las relaciones con el mundo son imprescindibles y las nacionalidades no tienen cabida, por lo menos de la forma sentimental que aman los argentinos….” Este discurso PRO es el mismo que enuncian los medios concentrados de comunicación, fundamentalmente los grupos Clarín y La Nación, igual al de Rajoy en España, Merkel en Alemania, Camerón en Gran Bretaña. Obama en EE.UU., es el discurso del hombre blanco que no entiende que en Latinoamérica un salario mínimo es de 50 a 100 dólares (en argentina es de 400 gracias a las políticas de consumo de los últimos 12 años) cuando en España, caso que conozco un poco es alrededor de 1000 Euros, unos 18.000 pesos argentinos, es decir el triple, no se entiende que en tres meses tuvimos una inflación reconocida por el gobierno de más del 20% (anualizada sería de más del 60%) y los salarios aun no aumentaron(o sea que el gobierno de derecha ya le comió gran parte de sus ingresos a los trabajadores por medio de la inflación), hubo una devaluación del 50% y eso impacta en toda la economía, las tarifas aumentaron entre un 300% y un 700% y eso impacta en los bolsillos de los más vulnerables, hay detenciones de líderes populares arbitrarias, represión violenta a manifestantes, tiroteos contra actos de la oposición, despidos masivos injustificados, persecución a medios y periodistas opositores al gobierno y todo eso en el marco de una serie de medidas que aumentan las ganancias de los más ricos como la baja de las retenciones al agro, a las exportadoras, a las mineras, a los grandes conglomerados industriales que viven del mercado externo, reducción de los impuestos a los autos de alta gama, en definitiva una gigantesca transferencia de recursos de los más pobres a los más ricos. Además, se beneficia con contratos jugosos de obras públicas a amigos del presidente como Caputo, al grupo Clarín, etc., a la vez que se clausuran programas como el de salud reproductiva, conectar igualdad, se da de baja a prestigiosos científicos en los centros tecnológicos como ARSAT, INTI, INTA, Atucha, se desmantela Tecnópolis, y la frutilla del postre es la aparición del nombre del presidente en Panamá papers, la investigación de un consorcio de periodistas de diferentes medios internacionales sobre el uso de empresas off shore para lavar dinero y evadir impuestos, donde Macri aparece como presidente o director al menos en tres empresas en Panamá que datan de la época en que él era ya jefe de gobierno de Bs. As. En el discurso del hombre blanco no hay lugar para sentimentalismos porque el sufrimiento de la gente no importa, como no importa que los intendentes del conurbano bonaerense tengan cada día más pedidos de copa de leche o útiles escolares, o que los comedores escolares comiencen a no dar abasto, cosa que no ocurría desde el 2001. El hombre blanco piensa que hay que pagar la luz a precio internacional, pero no medita que la mitad de los argentinos no la puede pagar porque el sueldo o los ingresos no les alcanza ni siquiera para comprar comida todo el mes. Poco importa que el gas se vaya por las nubes, que el transporte sea carísimo (el colectivo que tomo para ir de Roldán a Rosario, unos 13 km. Pasó de los 13 pesos en 2015 a los actuales 27 pesos, un poco más de 1,5 Euros y un ómnibus de Rosario a Bs As, 300 km, cuesta 370 pesos, unos 200 Euros) el hombre blanco reclama que debemos ingresar al mundo globalizado y si a los trabajadores no les alcanza para el bus, entonces que caminen, si no tienen para el gas que cocinen con ramitas, si no tienen para el alquiler existe toda una gama de villas de emergencia con hermosas casitas de cartón o chapas levantadas en el cirujeo donde se pueden ir a vivir. Poco le importa que haya cada vez más pobres durmiendo a la intemperie porque no tienen ni siquiera una casilla donde dormir o que cada vez se vean más revolviendo los conteiner en busca de desechos alimentarios u objetos para comerciar y así poder comer con lo que consiguen por su venta. Tampoco importa que se paren las obras que además de dar trabajo a millones garantizaban empezar a pensar en el saneamiento ambiental, en el control de las inundaciones, en la circulación. Si los trabajadores se quedan sin empleo es el costo de vivir en este paradisíaco mundo capitalista que constituye la única opción de organización social. Este pensamiento único olvida que ese mismo argumento lo tenían los esclavistas, los feudales y si no hubieran existido Espartaco, Cicerón, Sócrates, Rousseau. Voltaire, Smith, Ricardo, Marx, etc., hoy el hombre blanco diría, la sociedad es esclavista, si, el esclavismo es malo, sí, pero es lo mejor que hay, o es lo único que hay. Pero no todos los integrantes de la izquierda socialista devenimos en hombres blancos, algunos nos mantuvimos en nuestro pensamiento, por supuesto que no es el mismo de los setenta, que cambiamos, que pudimos cometer errores, pero seguimos pensando en una sociedad solidaria, igualitaria, fraternal y seguimos pensando que el capitalismo debe abolirse, que el trabajo asalariado no debe existir, que todos deben tener vivienda digna, luz, agua corriente, gas, vacaciones, educación, salud y todo ello custodiado por un estado al que le preocupa más su gente que el mundo global de los avariciosos y codiciosos capitalistas que solo piensan en acumular poder y dinero. Somos los que pensamos que la democracia burguesa representativa no es la única forma de organizar la política, que existen ya hoy formas de democracia directa y semidirecta, y de gestión colectiva del estado. Somos los que pensamos que la utopía es la guía de la ilusión y que no todos son iguales, hay algunos políticos que como un faro decidieron construir para su gente, aunque se haya equivocado, pueden haber errado el camino, pero ellos también aportaron al cambio social, y no los llamamos populistas, los llamamos populares. Yo no soy kirchnerista, mucho menos peronista, pero he aprendido a no odiar a los peronistas como me inculcaron durante los años de opresión y he aprendido a valorar lo que ellos hicieron por nosotros, como lo hizo Illía, Alfonsín y otros políticos burgueses, al fin y al cabo nuestros máximos íconos, los padres fundadores, San Martin, Belgrano, Alberdi, Sarmiento, y tantos otros eran también políticos burgueses, buscaban construir una sociedad capitalista y también se equivocaron, también a veces erraron el camino pero los queremos por lo que nos dieron, y señores, aunque sé que al hombre blanco no le va a gustar, don Néstor y Cristina en Argentina, como Chaves en Venezuela, Evo morales en Bolivia, Alan García en Perú, Rafael Correa en Ecuador, Ignacio Da Silva (Lula) y Dilma Rousseff en Brasil, Fernando Lugo en Paraguay, José Mujica y Tabaré Vázquez en Uruguay y Michelle Bachelet en Chile, América Latina creció y tuvo felicidad porque la gente tuvo lo que los europeos y americanos por siglos les negaron, y en Argentina conquistamos durante los doce años del kirchnerismo una multitud de derechos sociales y económicos. No todos somos iguales, y no estoy solo, todos los miércoles me reúno a comer con mi amigo Miguel (desde ahora lo llamaré los almuerzos de los sobrevivientes) y hablamos, como lo hacemos con muchos otros, de política, economía, sociedad, vida cotidiana, en fin de todo y tengo la alegría de encontrar un partener que como yo continúa sosteniendo los ideales de la juventud, que puede ser crítico y autocrítico, pero que nunca traicionó sus ideas y por eso lo valoro, por su coherencia, por su sensibilidad, por no aceptar ser el hombre blanco moderno, Resistimos porque no queremos ser como el hombre blanco de jóvenes incendiarios y de viejos bomberos. Hasta la próxima.

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