miércoles, 9 de febrero de 2011

Mi hijo es un pelotudo


La frase atribuida por Gabriela Cerruti a Franco Macri refiriéndose a su hijo Mauricio       Macri en su libro “El pibe”[1],  nos permite iniciar una reflexión sobre la relación entre política y gestión pública y privada.
¿Cómo funciona la designación de las personas para la gestión de las organizaciones? En las organizaciones privadas el reclutamiento de colaboradores tiene la característica de contrato laboral, es decir el responsable de recursos humano integra a la organización, mediante un contrato de trabajo, a las personas que van a colaborar con ella. Por supuesto, este reclutamiento tiene características diferentes según se trate de personas asignadas al escalón más bajo de la pirámide organizacional o de quienes tienen a su cargo la dirección estratégica de la misma.
En la consultoría es frecuente encontrar situaciones problemáticas en relación a la gestión, sobre todo a nivel de las empresas familiares, dado que al superponerse los subsistemas familiar y organizacional, es frecuente la existencia de conflictos en relación a quien toma las decisiones y la legitimidad de las mismas. En las grandes empresas nos encontramos con una situación que se encuentra a mitad de camino entre la selección de cuadros directivos que observamos en empresas familiares y medianas y pequeñas empresas y los métodos frecuentes en el aparato del Estado.
En las grandes empresas existe una lucha política, y cuando hablamos de lucha política nos referimos a la pugna de intereses contrapuestos que enarbolan las diferentes coaliciones internas de las mismas. Esta situación implica tácticas y estrategias en el proceso de lucha por el poder dentro de la organización. Se constituyen formas organizativas que sin tomar la forma de partidos políticos recurren a diferentes métodos de confrontación que van de las traiciones, las coaliciones, la propaganda, el liderazgo construido, etc.
En esas confrontaciones se juega también el clientelismo familiar y político. En la organización aparecen ubicados en los altos cargos miembros del clan familiar que tiene la mayoría accionaria de la empresa, que según Cerruti, fue el caso de Mauricio Macri quien se hizo cargo de las empresas del grupo SOCMA[2] por la sesión graciosa de funciones que realizó su padre Franco y cuyo resultado fueron una serie de desaguisados que entre otras cosas llevaron a que el grupo perdiera la concesión de la producción de automóviles FIAT que tenía la empresa Sevel.
Pero existe una diferencia fundamental entre este estilo de gestión familiarista y clientelar en la empresa privada y en el Estado, mientras que en la primera los errores de gestión son pagados por la organización[3], en el segundo caso el que se ve afectado es el erario público, es decir lo pagamos todos los habitantes de un país.
Por lo tanto si “mi hijo es un pelotudo” y funde la empresa el problema y los costos son a cargo mío y de los demás socios de la empresa, pero si estamos en la esfera pública se perjudican todos los ciudadanos.
En general el modelo familiarista y clientelar ha constituido casi una constante en la política argentina, cuando alguien accede a cargos de responsabilidad en el aparato del Estado por elección ciudadana o por el dedo de alguien encumbrado “democráticamente”, designa en diferentes puestos de responsabilidad a parientes, amigos y favorecedores[4].
Un candidato para poder ganar debe tener muchos votos, es lógico que el solo no puede convencer a todos los m miembros de su comunidad de sus habilidades para gobernar.
Además de la propaganda televisiva, radial y escrita necesita de un ejército de personas que consigan esos votos, para ello organiza sus huestes con un sistema casi militar que va de los coroneles o dirigentes encumbrados que va a ocupar altos cargos en la administración pública si gana, pasando por los punteros o suboficiales que son los que organizan el territorio y finalmente los militantes rasos o soldados que son la fuerza de choque en el territorio.
Cuando accede al poder debe “recompensar” los esfuerzos de sus seguidores, nombrando ministros a sus coroneles, en cargos subalternos a sus suboficiales y en cargos menores a sus soldados, de esta manera la administración pública se puebla de un ejército que la ocupa y que ejerce diferentes cargos sin conocer sus funciones.
Se podría decir que eso ocurre en todos lados, bueno no es tan así, en los países más desarrollados, los partidos políticos cuentan con escuelas de formación de cuadros técnicos que se preparan para el momento de gobernar, estos cuadros ocupan los lugares estratégicos y el resto de los puestos (la mayoría) de la administración siguen ocupados por los mismos que lo hicieron en anteriores administraciones y que seguirán ocupándolos en los gobiernos posteriores, constituyéndose en una especie de memoria colectiva y técnica que perdura en el tiempo y que es refractarias a los diferentes intereses políticos partidarios.
Esta metodología de administración evita un fenómeno recurrente en nuestro país, cada administración que se hace cargo del Estado hace borrón y cuenta nueva, deja de lado proyectos y programas de sus antecesores, aun cuando sean muy buenos o útiles, y promueve nuevas ideas y proyectos.
Otras veces el saber técnico se vuelve contra la administración, ya que el político (diputado, senador, etc.) desconoce muchos de los temas sobre lo que tiene que emitir opiniones o votar y solo tiene como soporte sus asesores (recordemos que tiene un número limitado de asesores, que lo instruyen sobre un número limitado de cuestiones) y allí funciona el denominado centralismo democrático de las organizaciones políticas, se hace lo que mandan los que saben y dirigen. Acaso en los debates parlamentarios participan todos los diputados, por supuesto que no, frecuentemente solo lo hacen los presidentes de bancada, miembros informantes y el resto levanta la mano o aprieta el pulsador para votar lo que le han indicado.
La estructura de la administración pública en el sistema representativo de gobierno en la Argentina es muy onerosa e ineficiente, requeriría de cambios organizacionales de la misma que mejoren la calidad de servicio.
Pero, sería un error hacer estos cambios desde la perspectiva de la organización privada, es necesario realizarlos desde un punto de vista original y propio de “lo público” para no caer en los mismos errores de la organización privada que más arriba criticamos.
No pretendo dar recetas ni propuestas únicas, solo algunas ideas fuerza que considero que pueden cambiar el rumbo de la administración. Pienso que es necesario dar autonomía a las administraciones municipales, traspasar empresas, servicios y funciones a la misma, incrementar la democracia plena en el territorio, mejorar el nivel de representatividad de los funcionarios públicos elegidos (concejales, administradores, etc.), incrementar los organismos de control ciudadano y democratizar su funcionamiento, promover las formas participativas y colectivas en la toma de decisiones de cuestiones importantes que afectan el interés público.
Si comenzamos a discutir estas cuestiones podremos empezar a caminar por el sendero de la transformación autogestionaria de nuestra sociedad.
Hasta la próxima.


[1] Cerruti G. (2010) El pibe. Planeta. Bs. As.
[2] En 1985 fue Gerente General de Sevel, en 1992 vicepresidente y en 1994 presidente.
[3] Nótese que digo la organización y no por los empresarios porque generalmente los que pagan los platos rotos de los desaguisados de los gestores son en primer término los trabajadores de la misma.
[4] Por ejemplo en un provincia la mayoría de los puestos de gestión son designados a dedo por los políticos que ganan las elecciones, cosa que no ocurre en países avanzados, por ejemplo en Francia un Ministro de educación solo puede designar a su secretario ya que los restantes puestos ministeriales son “de carrera” y se accede a ellos por concurso público.

sábado, 22 de enero de 2011

Economía y democracia.

Podría decirse que la gran revolución francesa de 1789 fue la que abrió las puertas al capitalismo democrático.
La principal consigna de la revolución era “Libertad, Igualdad y Fraternidad”, pero al interior de la amplia coalición de clases que batalló contra el “ancien régimen” habían sectores muy contradictorios, por un lado la burguesía revolucionaria encarnada por La Fayette, Sieyes, Dantón, Robespierre, Marat, Saint Just, Desmoulins, etc., para los que la libertad era la parte más importante de la consigna y por el otro los sans culottes, los ciudadanos más pobres de París liderados por Roux, Herbert, Ducroquet, Lasumur, etc., que se ubicaban en el polo de la igualdad de la consigna.
A lo largos de estos siglos la sociedad burguesa ha sostenido esta tensión entre libertad e igualdad. Mientras los más ricos, los incluidos en el sistema reclamaban por las libertades individuales (libertad de expresión, libertad de tránsito, derecho a la propiedad, libertad de comercio), los más pobres, los excluidos, lo hacían por la igualdad, por iguales condiciones de vida, por la dignidad humana que implica estudiar, comer, tener un hogar decente.
En nuestros días, en argentina, asistimos a esta tensión que se expresa en que los indigentes, los oprimidos, los que no tienen nada, ocupan espacios públicos reclamando por aquello que la constitución les otorga, una vivienda, mientras la burguesía se horroriza porque le limitan la libertad de esparcimiento en esos parques o porque un piquete de quienes reclaman trabajo o comida les limita la libertad de tránsito.
Las libertades que el sistema democrático burgués instituye no son absolutas sino que relativas y dependen del posicionamiento socio-económico e histórico de quienes pretendan ejercerlas. Veamos algunos ejemplos. Para que le sirve tener libertad de tránsito al ciudadano que no puede ni pagar un pasaje urbano de colectivos. A quien sirve la libertad de expresión en una sociedad en la que los medios de difusión están en unas pocas manos, obviamente a los poseedores de esos medios, que de esa manera ejercen el control de la opinión pública y una verdadera tiranía mediática sobre la sociedad.
Los sectores más vulnerables de la sociedad si bien necesitan indispensablemente la libertad para poder ejercer la protesta y reclamar contra las injusticias y postergaciones a las que son sometidos por la arbitrariedad del mercado, fundamentalmente necesitan de un Estado que desarrolle políticas activas de promoción social que le permitan tener derechos iguales a gozar de su existencia como pueden hacerlo aquellos que han sido favorecidos por su cuna de nacimiento.
En este punto quiero retomar un viejo artículo de Przeworski y Wallerstein[1]en el que se analiza las características funcionales de la relación con la economía de los diferentes grupos sociales. Con mucha claridad los autores desarrollan la idea sobre que lo característico de las políticas económicas de derecha es que ponen el énfasis en la libertad del mercado y que serían claramente explicitadas poco después de ser publicado el artículo de referencia por el llamado Consenso de Washington[2] que básicamente implicaba
1.                 Disciplina fiscal
2.                 Reordenamiento de las prioridades del gasto público
3.                 Reforma Impositiva
4.                 Liberalización de los tipos de interés
5.                 Un tipo de cambio competitivo
6.                 Liberalización del comercio internacional (trade liberalization)
7.                 Liberalización de la entrada de inversiones extranjeras directas
8.                 Privatización
9.                 Desregulación
10.             Derechos de propiedad
Estos puntos indican que las políticas que fueron a partir de allí impulsadas por el Fondo Monetario Internacional ( FMI), el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio (OMC), que funcionaban como verdaderos ministerios supranacionales, se colocarán en el polo del mercado, preconizando las libertades de mercados como elemento fundamental de la regulación de la economía y tratando de desactivar el marco asistencial que implico el Welfare State instituido a partir de las políticas keinesianas y neokeinesianas.
Estas políticas conocidas como el neoliberalismo tendrán efectos catastróficos sobre las economías de los países en vías de desarrollo, y dentro de ellos sobre los sectores más vulnerables de la sociedad.
El desempleo, el crecimiento de la pobreza y la indigencia, el desmantelamiento de los servicios esenciales que prestaba el Estado en materia de comunicaciones, transporte, salud, educación, etc., fueron algunas de las calamidades de esta política.
A partir de la aplicación de políticas impositivas regresivas que restaron tributación a los más ricos sobrecargando tributariamente a los más pobres por vía de los impuestos indirectos como el I.V.A , impuesto a los débitos bancarios, etc. y con la transferencia de servicios esenciales del Estado al ámbito privado como la Seguridad Social, o el desmantelamiento de medios de transportes masivos como el ferrocarril se llegó a marcas inéditas de desocupación, pobreza e indigencia en la Argentina[3], consiguiendo finalmente al quiebre del Estado con la incautación de los dineros privados (corralito de los depósitos bancarios) la rebelión popular de los sectores mas postergados impulsados por la necesidad y el hambre y de los sectores medios por la pérdida de sus ahorros con la consecuente caída del gobierno radical y la declaración del default.
La salida de la situación crítica de nuestro país fue de la mano de políticas activas orientadas al consumo. La devaluación asimétrica permitió bajar los costos internos e incrementar la producción. El Estado pasó de tener un papel ausente en el mercado a constituirse en un regulador social que atendió las necesidad de los más desprotegidos y se hizo cargo de sus funciones vitales como la previsión social y la salud.
Pero, si se introdujeron políticas proactivas que definieron un crecimiento del producto bruto interno, disminución de la indigencia y la pobreza, menor tasa de desocupación, atención a la niñez como por ejemplo el subsidio universal por hijo, la Argentina vive todavía una situación de fragmentación social e inequidad que está muy lejos del compromiso entre democracia y capitalismo que se define en el artículo de  Przeworski y Wallerstein. Estos autores refieren que para que exista la democracia en las sociedades capitalistas modernas debió existir un compromiso de clases sociales por el cual quienes no poseen los medios de producción consideran legítima la propiedad privada que sobre mismos tiene el capital y los capitalistas aceptan las instituciones políticas que permiten a los grupos sociales subalternos reclamar respecto a la asignación de recursos y distribución del ingreso que se realiza en la sociedad[4].
Es en virtud de este compromiso histórico entre las clases contendientes en la sociedad capitalista que se hace posible el surgimiento de la democracia moderna y su posterior desarrollo.
Los partidos socialistas de accidente adoptaron programas económicos que se orientaron a mejorar las condiciones de trabajo y de vida de los sectores trabajadores, algunos de ellos, como en el caso de Suecia o Francia antes de la guerra y la gran mayoría después de la misma. La intervención del Estado regulando a través de herramientas impositivas las tasas de inversión del capital permitieron morigerar la renta del mismo en la Comunidad Económica Europea y países como Alemania, Francia, Suecia, Dinamarca, etc. Entraron en un período de crecimiento, que aunque tuvo crisis en los últimos 60 años ha permitido a los sectores trabajadores alcanzar estándares de vida muy interesantes.
El uso de la carga impositiva, a diferencia de lo que plantea el neo liberalismo económico que pivotea en la menor carga impositiva a los sectores más concentrados de la economía, se orienta a que quien más gana más pague, con alícuotas diferenciales a quienes más ganan[5].
Si estas herramientas se combinan con premios que impliquen desgravaciones impositivas a la inversión productiva, el Estado puede planificar programas de desarrollo productivo a largo alcance regulando la renta que obtienen las empresas capitalistas pero a la vez garantizándoles un mercado de consumo más extenso por la inclusión de los trabajadores con mayor capacidad de compra[6].
Los trabajadores y aquellos que se definen como intelectuales orgánicos de los mismos, que comparten el sueño de una sociedad más justa, solidaria y autónoma también tienen que poner en revisión sus presupuestos de acción. No se trata de un sacrificio vano en pos de la quimera de una sociedad distinta que será construida por nuestra generación. Los cambios sociales son muy lentos y ameritan mucho más que una generación para concretarse, como hemos dicho en otra parte, el capitalismo se fue construyendo a lo largo de más de diez siglos y no fue un iluminado el líder del cambio, ni un partido ni, ni una coalición de gobierno, fueron millones y millones de seres anónimos (empresarios, maestros de gremios, comerciantes, aprendices, trabajadores, campesinos, intelectuales, políticos, etc.) que a lo largo de ese tiempo aportaron cada uno su granito para transformar la sociedad feudal que estallaría en junio de 1789.
Hoy ya no es posible pensar en términos de pleno empleo, estas consignas son ineficaces porque el desempleo es una condición del desarrollo capitalista. Las empresas más débiles, mas obsoletas, en las que el capital no invierte o que su expertis se remite a tecnologías en desuso en el sociedad, tienen como destino la desaparición y sus trabajadores el desempleo, o en la competencia de mercado las organizaciones que tienen estrategias de penetración más inteligentes y eficaces que otras tienden a eliminar a las menos eficaces. Los trabajadores no pueden sostener tercamente la existencias de empresas que con su inviabilidad tienden a perjudicar la producción en su conjunto, sino véase el caso de la Ex Unión Soviética, donde una de las causas de su caída del régimen político residió en la obsolescencia e ineficiencia de muchas de sus empresas. Como sostienen Przeworski A y Wallerstein M en el capitalismo tardío además de no ser funcional luchar por el pleno empleo por los argumentos que anteceden y por ser una quimera irrealizable en el marco del mismo, es una contradicción, ya que si se considera al empelo como una esclavitud asalariada, no se lucharía por la esclavitud asalariada de todos los trabajadores.
De lo que se trata de de aportar al desarrollo de un Estado eficiente que profundice el desarrollo productivo y la re distribución de la riqueza por diferentes medios, un Estado con posibilidades de otorgar a todos sus ciudadanos un seguro de existencia económica básica para él y su familia durante el tiempo que esté desempleado, y que le brinde las herramientas formativas necesarias para que pueda desarrollar un nuevo expertis o profundizar el que tiene a fin de reinsertarse favorablemente en el mercado de trabajo.
Se trata de lograr que haya más trabajo pero de calidad, con menos horas en la empresa y con más horas para disfrutar, porque la consigna debe ser “trabajar para vivir antes que vivir para trabajar”.
Trabajo decente no solo implica ganar lo suficiente para nuestro sustento, sino que la sociedad otorgue a todos sus miembros tiempo libre y herramientas culturales e intelectuales para pensar nuestra existencia y a la sociedad misma, para poder tener un pensamiento autónomo antes que el pensamiento heterónomo y colonizado con el que los mass medias nos embrutecen día a día.
Hasta la próxima.



[1] Przeworski A y Wallerstein M (1989) El capitalismo democrático en la encrucijada. Punto de vista Nº 34. Año 12 Julio/septiembre. Bs. As.
[2] El Consenso de Washington fue formulado originalmente en un documento de trabajo presentado por John Williamson en noviembre de 1989 ("What Washington Means by Policy Reform") ante una conferencia organizada por el Institute for International Economics muy poco después del artículo de Przeworski A y Wallerstein M
[3] 23% de desocupación abierta, que paso el 40 % de población con problemas de empleo si se considera la sub ocupación y con cerca de la mitad de la población por debajod e la línea de pobreza y un cuarto por debajo de la indigencia entre fines de la década del 90 y comienzos de la primera década del milenio..
[4] Przeworski A y Wallerstein M (1989) El capitalismo democrático en la encrucijada. Punto de vista Nº 34. Año 12 Julio/septiembre. Bs. As.
[5] Por ejemplo si alguien gana 5000 Euros tendrá una alícuota del, digamos 10% pero si otra persona gana 100000 Euros su alícuota no será del 10% sino, digamos, del 20% y se incrementará cuanto mayor sean las ganancias del contribuyente.
[6] Sabido es que los trabajadores tienen baja capacidad de ahorro y que invierten casi todo lo que ganan en el consumo diario.

lunes, 17 de enero de 2011

Periodismo, periodistas, medios de comunicación y poder.

La primera pregunta que surge al abordar este tema es: ¿Qué es un periodista?, la respuesta más sencilla sería, el que escribe en un periódico. Según el diccionario de la Real Academia Española, periodista es un profesional de la información. Una persona que prepara o presenta las noticias por cualquier medio de comunicación social.
El periodista es un profesional que trabaja con un insumo básico que son las noticias, pero también podríamos decir que al trabajar con noticias puede llegar a convertirse en un cronista, un narrador de acontecimientos.
Hasta acá todo bien, el periodista sería una persona que releva la información cotidiana y la presenta para su consumo por los lectores, radioescuchas o televidentes del medio en el que trabaja.
En los últimos años se ha desatado una verdadera guerra en la profesión del periodismo, periodistas que apoyan el proyecto gubernamental versus periodistas que apoyan el proyecto opositor.
Aclaremos que hablamos de proyectos y no de partidos porque tanto de uno, como de otro lado se constituyen bloque históricos de poder que va mas allá de los partidos, englobando partidos políticos, medios de comunicación, corporaciones patronales, gremios etc.
Creo que el problema surge cuando se nos pretende hacer creer que existe un periodismo independiente como lo afirma el eslogan de TN. No existe periodismo independiente, desde su surgimiento el periodismo mantuvo estrechos lazos con los diferentes bloques de poder.
El periodismo surge de la necesidad que tenemos los seres humanos de conocer lo que ocurre en nuestro entorno inmediato y mediato. En la edad media los informadores eran los juglares y los saltimbanqui, que viajaban de ciudad en ciudad comunicando los acontecimientos de los lugares donde habían estado. Podríamos decir que el periodismo es uno de los hijos dilectos de la invención de la imprenta, ya que con su surgimiento se hizo posible imprimir hojas sueltas en las que se narraban los sucesos recientes y el correo fue una forma de hacer llegar noticias. Pero aún en esta época la información se veía sometida a una serie de filtros antes de llegar al consumidor, filtros que subsisten aun hoy. Por ejemplo el informador debía adecuar el texto para saltear la censura o las consecuencias de lo que decía, filtraba la información según sus propios intereses, aun cuando esta operación no se realizara de manera consciente, etc.
El problema surge cuando se piensa que el periodismo puede mostrar la verdad, ser objetivo e independiente.
Comencemos por analizar el primer supuesto. La lengua española tiene varias acepciones para este término:
·                    Verdad: proviene del verbo latino veritas y significa conformidad de las cosas con el concepto que la mente se forma de ellas.
·                    Conformidad de lo dicho con lo pensado o sentido.
·                    Propiedad que tiene una cosa de mantenerse inmutable.
·                    Proposición o juicio que según la razón no se puede negar.
Como podemos ver la verdad es una percepción del sujeto que se adecúa al objeto según la particular forma de percibir del primero.
Hablar de la verdad implica considerar los intereses que lleva a una persona a aceptar algo como verdadero, dos personas no pueden considerar unívocamente una misma verdad, cada una de ellas le imprimirá al contenido del concepto la impronta de su propia subjetividad, subjetividad que se halla social e históricamente determinada.
Para analizar más profundamente el problema de la verdad recurrimos al concepto de “significaciones imaginarias sociales”  que son el modo de ser de una sociedad, constituyen y hacen posible los objetos sociales. Condicionan y orientan el pensar y hacer social. Es una posición primera que inaugura e instituye lo histórico – social precediendo al imaginario social instituyente.
La verdad es una de esas significaciones imaginarias sociales y es parte del magma de significaciones que produce las instituciones sociales imaginarias en un determinado momento histórico social.
Cuando entramos en el campo del periodismo podemos ver con mayor claridad este concepto, el periodista cuando escribe está determinado por estas significaciones imaginarias sociales, y por los intereses propios y colectivos del grupo social al que pertenece.
En cuanto al tema de la objetividad ha sido intensamente debatido en el campo de las ciencias sociales, la objetividad siempre es una subjetividad puesta en acto. Lo objetivo es la expresión de la subjetividad cognoscente, por lo tanto, cuando hablamos de objetividad debemos reconocer que la misma implica un sujeto que la enuncia y por lo tanto sujeta a las determinaciones que determinan al ser en situación.
Finalmente la cuestión de la independencia, no existe periodismo independiente, en el capitalismo el periodista es un empleado de las corporaciones mediáticas y por lo tanto sujeto a las determinaciones editoriales de esas corporaciones. El periodista no puede escribir contra la línea editorial del medio en el que trabaja porque pierde el trabajo y mucho menos puede escribir contra los intereses de la corporación y sus aliados económicos, existen casos de periodistas en Rosario que por comunicar ciertos negocios del dueño de una Radio local fueron despedidos o el caso de los tres periodistas que realizaron preguntas incómodas a De Narváez uno de los dueños de Canal 2 y todo los programas en los que participaban fueron sacados del aire o el caso de un periodista de Rosario que trabajaba en el programa de Grondona “el periodista liberal que siempre dice la verdad” y fue despedido sin explicaciones por disentir con don Mariano. Si el periodismo es independiente como dice TN porque en ningún programa de este canal de noticias se entrevista a los Russo, Barragán, Barone, Victor Hugo Morales o cualquiera de los periodistas que critican firmemente al grupo Clarín,
Desmitificada la noción de periodismo pasemos a las otras cuestiones de nuestro título. En la sociedad capitalista tardía, la burguesía sostiene su dominio más que en la represión, en el control. Ya no se trata de agredir físicamente a quienes se oponen a la organización social, se trata de lograr que su voz no sea escuchada, por medio del silenciamiento que los excluye de la pantalla pública o que oculta e invisibiliza sus acciones, el ejemplo más claro es como los medios del grupo Clarín ocultan o distorsionan los actos masivos cuando no son amigables a sus intereses.
Para que pueda ocurrir el segundo fenómeno, la invisibilización de las acciones, es necesario que exista una alta concentración de los medios de comunicación, como ocurre en la actualidad en nuestro país, si los medios están concentrados en pocas manos, los propietarios de esos medios podrán acordar lo que dicen o no dicen, lo que muestran o no muestran.
En el capitalismo la libertad de prensa es libertad para que los dueños de los medios de prensa nos digan o muestren lo que ellos quieren decir o mostrar y los periodistas que son sus empleados deben obedecer a los dictados de los gestores de los medios.
Solo en Internet y en las nuevas formas de comunicación que este medio posibilita encontramos los ciudadanos formas de comunicarnos horizontal y directamente y podemos darle un poco mas de realidad a eso de la libertad de la información.
Pero aún así ello es limitado porque lo gobiernos encuentran formas de reprimir, eliminar, a aquellos instrumentos que divulgan ciertas informaciones que no les convienen a los gobiernos o a las corporaciones, véase sino lo que paso con Wiki Leaks, o como ciertos gobiernos como el de China censuran algunas páginas obligando a medios como Google a no publicarlas en China.
Pero existen otras formas mediante las que el poder económico censura la libertad de expresión. Por ejemplo puede creer el lector que una empresa que tiene negocios “non santos” continuará anunciando en un canal que denuncia esos negocios, y sería tan ingenuo como para pensar que si la cuenta de publicidad es muy grande un canal va a aceptar que se denuncie a esa empresa por ese medio, que periodista se atrevería a denunciar los negocios sucios a menos que desee quedarse sin trabajo.
Y existe una cuestión más que demuestra la importancia de los medios de comunicación en nuestra época, hoy muchas corporaciones desarrollan estructuras mediáticas para tener una herramienta que le permita hacer negocios con sus empresas productivas de manera más fluida. Magnetto, el CEO de Clarín, ha dicho que en los primeros años de gobierno se le debe presionar para sacarle la mayor cantidad de prebendas económicas posibles y cuando esto ya no es posible se debe presionar para que caigan y volver a empezar el círculo con otro gobierno.
Es que en el entramado complejo de la sociedad actual existe una fuerte imbricación entre comunicación, economía y poder. Y cuando hablamos del poder no nos referimos solamente al poder del Estado, ya que el estado constituye un nodo de la red de poder que atraviesa la sociedad, existiendo otros nodos en otras redes que son tan o más poderosos que el Estado, sean los negocios lícitos o no, como por ejemplo las grande corporaciones financieras, mediáticas o los carteles de la droga.
Es por eso que frente a esta configuración social existente, lo único que tenemos los ciudadanos comunes es nuestra capacidad crítica que nos permita elucidar los contenidos de la masa de información con la que somos bombardeados para poder pensar acerca de aquello que nos rodea desde una perspectiva autónoma
Hasta la próxima

miércoles, 5 de enero de 2011

¿Que es esto?

Estimado lector, le llamará la atención el título del aporte de hoy, pero creo que es importante discutir sobre el origen de la reflexión en el hombre. En el comienzo fue la Filosofía, la Filosofía constituía un saber general y solo muy tardíamente, este saber general es separado en partes específicas, dando lugar a los diferentes territorios de la Ciencia, algunos autores definen el comienzo de esa labor en la producción de Aristóteles quien habría sentado las bases para el comienzo de la territorialización de la Filosofía.
Y de allí la importancia del título, porque hay un momento plenamente animal del hombre en el proceso de la evolución de las especies, momento que se extiende hasta que el hombre puede comenzar a preguntarse por las causas y consecuencias de aquello que lo rodea. De allí que muchos autores consideren que la Filosofía comienza cuando el hombre es capaz de formular la pregunta ¿que es esto?, o dicho de otro modo la Filosofía comienza con el asombro, cuando el hombre sale de sí mismo y de las atenciones de sus necesidades inmediatas y puede empezar a pensar en la posibilidad de tener una actitud proactiva en el mundo.
El asombro es entonces, una de las condiciones de posibilidad más importante del conocimiento, el sujeto primitivo que transitaba por el mundo sin cuestionarse nada, solo comiendo, bebiendo y cubriendo sus necesidades básicas de procreación, comienza a preguntarse acerca del porque de su existencia en la vida, porque ocurren esos fenómenos que no comprende, porque  existen los truenos y la lluvia, para que sirve el fuego, que importancia tienen los demás animales, quien es él en el universo y una serie de interrogantes que participan de eso que denominamos el asombro.
En esta empresa que implica adentrarse en la territorialidad del asombro, que por cierto no es una empresa individual sino colectiva, de especie y que no tiene un punto de partida sino que se va dando en todo momento, en la medida en que la acción del hombre en la naturaleza va especializando cada vez mas cada uno de sus órganos, y en especial su sistema nervioso central, se posibilita la emergencia del conocimiento y no solo surge el conocimiento, sino que debemos reflexionar sobre la principal característica conocimiento, el hecho de traer dentro de sí la necesidad de ser transmitido, ya que un conocimiento que no se transmite no existe, un conocimiento que no impacta en un Otro no tiene sentido de ser.
Ese impacto en el Otro hace que una información, un dato, etc., para que merezca ser llamado conocimiento, deba tener como condición, que la percepción que impacta en el alma del observador, sea incorporada por este y a través de esa operación de introyección deba hacerse carne en su pasión.
Algunos distinguen conocimiento de sabiduría, la sabiduría sería la acumulación de saber, de experiencia de vida, mientras que el conocimiento sería la acumulación de datos. Creo que no hay conocimiento sin sabiduría y que la sabiduría utiliza el conocimiento como insumo.
En realidad, parafraseando a Descartes con su conocida duda metódica, podemos decir que no sabemos nada, no poseemos nada, ya que como venimos al mundo nos vamos de él, sin conciencia de lo que existe, de lo que es y de lo que será, pero sí hay algo que sentimos, el conocimiento. Desde niños tenemos lo que Ivan Pavlov denominó el reflejo de investigación, una voluntad hacia el conocimiento, un pasión por enterarnos de aquello que nos está vedado y que solo con nuestra acción pesquisante podemos obtener, el conocimiento es el motor que derriba los tabúes, que impele al sujeto hacia una actitud irreverente contra el conjunto de dogmas y verdades establecidas por Otros en otros tiempos y lugares.
No discurro sobre esas categorías de verdad y error, lo erróneo para mi será acertado para otro y viceversa, no busco la verdad, busco expresarme y mostrar lo que siento a los demás, no considero que existan sabios o iluminados, por el contrario creo que todos tenemos un conocimiento dentro, y que solo hay que dejarlo fluir, diríamos con Sócrates que a través de la catarsis podemos romper el velo que nos invalida en la comprensión de lo que es y en la búsqueda de significados, lo que ocurre es que las sociedades al crear las figuras del oráculo, el sabio, el investigador, el científico, invalidaron a la gran masa de seres humanos que ya no fueron capaces de producir conocimientos, porque ello solo era posible para aquellos que esa misma sociedad estratificada e injusta había designado como capaces de hacerlo.
Para volver a pensar, como existía en los comienzos de la especie,  en una sociedad heterogénea pero de iguales, cooperativa y solidaria, capaz de generar sus propias normas y con autonomía de construcción social, solo hay que demoler las barreras que nos impone la cultura, prejuicios, preconceptos, creencias y miedos y dejar que nuestro interior fluya al exterior conectándose con todo lo que nos rodea desde una actitud crítica autocrítica, es decir desde una perspectiva reflexiva.
Vivimos atados a una cultura heteróma que no impone formas de vida a través de reglas que no hacemos y que a veces no comprendemos
A veces hacemos cosas ridículas solo porque no las cuestionamos, por ejemplo salgo de la playa con el torso desnudo ya que en la playa nadie me dijo nada respecto a cómo andar en ella, no existen reglas de vestimenta allí, puedo ir desnudo o con un traje de etiqueta, todo es posible, pero quiero subir a un colectivo y no me dejan, escucho el imperativo autoritario del chofer: póngase y la camisa, me dice y yo lo hago sin protestar.
Me podría cansar dando ejemplos de la vida cotidiana, un sujeto esta contra la despenalización del aborto porque dice que está a favor de la vida sin embargo el mismo sujeto apoya la pena de muerte sin cuestionarse aunque eso también es sesgar una vida o no cuestiona las guerras, mas aun las apoya en nombre de la patria, la nación aunque ello sea segar millones de vidas.
Pensamos lo que los medios de comunicación, las organizaciones escolares, la familia, etc., nos indican que debemos pensar y cuando nos salimos de esos moldes descubrimos un mundo nuevo, distinto.
Eso es lo que Castoriadis define como la autonomía, la posibilidad de que podamos darnos nuestras propias reglas cuestionando las que existen, la idea es ser autónomo en el pensamiento y en la acción
Cuesta mucho ser consecuente con esta manera de ver al ser humano y su acción en el mundo, porque hay una gran presión social a la uniformidad, si todos piensan así, no puedo pensar distinto, porque tengo miedo que me segreguen.
Este imperativo social, el de la uniformidad, además de colonizar nuestra autonomía, es funcional a la heteronomía social, que es lo que permite que persistan en el tiempo los privilegios que los poderosos fueron construyendo a lo largo del desenvolvimiento social, y esa es una carga muy pesada y hace que la gente se deje dominar por pensamientos ajenos a ellos mismos y asuman una identidad artificial.
Pero no se trata de ser distinto solo porque es representativo de una manera de ser rebelde, muchas veces ser diferente es ser como todos, por ejemplo en la moda, seguimos la moda para tener un estilo propio y resulta que es el estilo de todos.
Como decíamos al principio el cambio social empieza cuando somos capaces de cuestionarnos lo que existe, aun nuestro propio existente, aquello que nosotros producimos, cuando no nos conformamos con ninguna explicación por muy buena que sea, por muy coherente que sea, sino cuando somos los aventureros que en el devenir de la vida pretendemos siempre ir más allá de lo posible, más allá de lo imaginable.
Hasta la próxima
Posdata: este articulo es producto de una charla por chat con mi amiga Sony

miércoles, 29 de diciembre de 2010

La ira del ciudadano.

En este aporte quisiera, si me permiten presentarlo de esta manera, filosofar sobre la cuestión de la violencia.
En Argentina, estamos asistiendo a una serie de reclamos, de los más necesitados, que salen a las calles para pedir por cuestiones básicas que deberían estar resueltas para todos los ciudadanos, desde hace mucho tiempo, nos referimos al problema de la vivienda y el derecho a la alimentación.
En el último mes, han sucedido una serie de tomas de predios públicos o semipúblicos y presiones a las puertas de supermercados, el denominador común es la búsqueda de los actores más vulnerables de la sociedad de ser escuchados por algún medio.
Frente a estos reclamos asistimos a una curiosa paradoja, otro sector de la ciudadanía, con tal vez las mismas carencias o con un poco mas de holgura, salen a la calle a enfrentar a los pobres de solemnidad, exigiendo que sean reprimidos, expulsados, avasallados y acometen contra ellos con piedras, palos y armas de fuego inclusive.
Que es lo que ha llevado a este enfrentamiento de pobres contra pobres?
Analicemos algunos de los dichos que se han escuchado respecto de los “okupas”.
“Son delincuentes”, “son extranjeros que se vuelvan a su país”, “yo trabajé duro para hacerme una casita y a estos les regalan todo”, “no es justo que estos vagos sean premiados por cometer delitos”, etc., etc.
Es interesante escuchar esto de personas que son pobres o cuanto más, una clase media carenciada, y más desconcertante es que recurran a la acción directa contra sus hermanos de clase porque ocupan un predio público.
En primer lugar, debemos condenar toda forma de violencia, tanto de los que ocupan, como de los que agreden a los ocupantes.
En los setenta muchos jóvenes pensábamos que el camino a la construcción de una sociedad más igualitaria y justa pasaba por la violencia. Recordemos la famosa sentencia de Marx, “la violencia es la partera de la historia”, o  lo que decía un líder de la burguesía (Perón), “la violencia en manos de los humildes no es violencia, es justicia”,  Otra de las frases célebres es “a la violencia de los de arriba hay que responderle con la violencia de los de abajo”. El leiv motiv de los setenta era la violencia, y así la violencia en las calles dio paso a las organizaciones armadas, a los asesinatos cometidos en nombre del pueblo por grupos de iluminados que se creían los intérpretes de los intereses de la clase obrera, rol en el que la única autorización que tenían era la propia. Este espiral de violencia no nació desde abajo, justo es reconocerlo, sino que comienza con una burguesía retrógrada y autoritaria que fue capaz de dictar leyes como la Ley de Residencia, que realizó feroces y sanguinarias represiones como en la Semana Trágica y la Patagonia en 1919, que asesinó con juicios construidos a militantes anarquistas y socialistas, se continuó con esta respuesta desesperada de grupos pequeños burgueses que se concibieron como los nuevos mesías y reemplazaron la acción política por la lucha armada, retomando aquello de Von Klausevich, la guerra es la continuación de la política por otros medios. Y en este espiral tomando a la violencia revolucionaria como excusa la dictadura militar instaló el estado terrorista autoritario que masacro a más de treinta mil personas.
Es que cuando la violencia se desata ya nadie la controla, y cuando amaina, ya es tarde para los que perdieron la vida en el tiempo en que duró.
Mi pregunta es, vale la vida de Ferreyra, de los Tobas de Formosa y de tantos otros, una sociedad más justa, yo creo que la sociedad igualitaria no debe demandar ni una sola vida humana en su consecución, que ningún joven debe inmolarse para cambiar la sociedad porque la vida, si algo tiene de importante es vivirla de punta a punta, y no abortarla en nombre de una ideología o de un interés supremo.

El Mahatma Gandhi, lucho toda su vida por una sociedad más justa, pero siempre predicó la necesidad de la no violencia y la desobediencia civil como instrumento de esa lucha, él sabía que una vida que se trunca no se recupera jamás.

Y no se llame a engaño el lector, esto no implica dejar de oponerse a la injusticia del sistema capitalista, o reclamar por mejores condiciones de vida y de existencia, no supone conformarnos con esta democracia representativa defectuosa que tenemos, en la que políticos corruptos y mentirosos lucran haciendo favores a los empresarios o dilapidando los recursos del Estado ya sea por corrupción, ineficiencia o falta de ideas.

Por el contrario, frente al problema de las ocupaciones debemos solidarizarnos con los necesitados que carecen de viviendas, reclamando que se generen recursos para viviendas sociales provenientes de la aplicación de impuestos a las viviendas suntuosas (que son las que más se edificaron en los últimos años) a los capitales ociosos y especulativos, a las grandes fortunas, a las herencias, etc.

Lograr que los que más tienen financien la construcción de viviendas dignas para todos los que no las tienen, en lugar de acometer contra estos últimos como si fueran los villanos. Los villanos en la argentina actual son los que pagan salarios de hambre, los que contratan trabajadores en negro, las empresas parásitas que viven a costilla del estado (como los peajes, transportes, telefónicas, etc.), los que no cuidan de la salud y la seguridad de sus trabajadores y que además empujan a los pobres en operaciones de dudosa eficacia y baja moralidad a que ocupen para desestabilizar al gobierno.

En los setenta la izquierda creía que el poder estaba centralizado en el Estado, que éste era el gendarme de los propietarios, hoy, a partir de las enseñanzas de Foucault, sabemos que si bien una parte del poder está en el Estado, también ejercen poder las corporaciones mediáticas, los capitanes de la industria, los sindicatos patronales del agro (Sociedad Rural Argentina, Confederaciones Rurales Argentinas, Federación agraria Argentina), la jerarquía eclesiástica, etc...

Pero también sabemos que cada uno de los ciudadanos tenemos un poder y que ese poder de juntarnos para reclamar, para denunciar, es muy fuerte.

El poder es un entramado reticular que se esparce en la sociedad, no es algo dado sino una construcción cotidiana, y el mayor poder es unirnos quienes estamos sojuzgados y oprimidos, en lugar de pelear unos contra otros para beneficio de los parásitos que nos oprimen y sojuzgan, todo ello con el más profundo respeto a la vida y al disenso, a la circulación de la palabra y a la negación de cualquier tipo de hegemonía en las ideas.

Hasta la próxima.


sábado, 18 de diciembre de 2010

Sobre Villa Soldati.

Creo que es muy importante realizar un análisis minucioso y atento de lo que está pasando a partir de la ocupación del Parque Indoamericano.
El análisis debe ser despojado de intereses partidarios y no tiene que someterse a los imaginarios culturales o ideológicos dominantes y fraccionales.
En “Sobre la justicia” comencé a esbozar una crítica al derecho a la propiedad concebido en el capitalismo como un derecho absoluto.
Ninguno de los actores sociales actuales, ni los sujetos particulares, ni el Estado, pueden validar el título de propiedad sobre algún espacio territorial. En ese artículo trataba de demostrar que toda la propiedad territorial existente es producto de un despojo violento a sus propietarios originarios. Aplicando el principio de la “res nulius” romano los conquistadores europeos se apoderaron de todos los espacios territoriales de nuestra América, y aquellos territorios que no arrebataron los españoles a los pueblos originarios, lo hicieron más tarde sus descendientes o socios que fueron arribando a estas costas, quienes, genocidio de los aborígenes, de por medio, procedieron a robar las tierras a los pueblos masacrados.
Descartada esta primera cuestión, analicemos ahora el problema de la propiedad en este momento. Los poseedores (expropiadores) de la tierra son muy pocos y ya casi no quedan áreas del planeta por repartir, por lo que los desposeídos (los expropiados) no tienen posibilidades de acceder a un trozo de tierra en el marco de las normas capitalistas, porque para ello deben tener un capital para poder adquirirla.
Sabido es que la propiedad inmobiliaria ha constituido (junto con la especulación bancaria y algunos negocios ilícitos del capitalismo) una de las formas más lucrativas de especulación.
Esto es tan así que en la actualidad las grandes economías capitalistas se encuentran en crisis producto de los desaguisados que el capital financiero realizó en las últimas décadas especulando en el mercado inmobiliario (las llamadas hipotecas basura).
El resultado de esta especulación fue el encarecimiento sin límites de las propiedades urbanas y rurales, lo que hace que los trabajadores en relación de dependencia, cuentapropistas, etc., estén técnicamente imposibilitados de acceder a algún lote de terreno en el cual construir su vivienda. Por ejemplo un departamento de dos dormitorios en Rosario llega a costar entre 60.000 y 80.000 dólares es decir cerca de 320.000 pesos, piense el lector como puede acceder un jubilado que gana 250 dólares por mes o un trabajador cuyo salario no alcanza los 800 dólares (3.091 pesos según el diario la prensa del 10 de diciembre de 2010), necesitaría trabajar más de ocho años para poder llegar a comprar una vivienda (eso si no comiera, se vistiera, etc.).
Ahora bien, debemos considerar que ese salario promedio lo reciben por lo general las personas que participan de mercados de trabajo primarios (en blanco, con protección social y sanitaria, etc.) pero es sabido que en general existe una gran franja de trabajadores que no acceden ni a la tercera parte de ese salario, cuando tienen un salario y no se ven obligados a subsistir de la dádiva pública (los llamados planes sociales) o de la mendicidad encubierta (recoger elementos vendibles de la basura, abrir puertas de taxis, limpiar parabrisas, cuidar autos, etc.)
Si para los primeros llegar a la casa propia es una utopía, para los segundos se trata de un imposible total, y están condenados a sobrevivir en condiciones miserables en los llamados “asentamientos precarios”, lo cuales originalmente eran chozas construidas con materiales de rezago (chapas, cartones, etc.) y que poco a poco se han ido transformando junto a la droga en uno de los rentables negocios inmobiliarios de las bandas mafiosas que asolan la villas de emergencia y que viven a costa de la súper explotación de los más pobres (cobrando alquileres por las viviendas precarias, o vendiendo los terrenos en los que se ha asentado  la villa como ocurre en la Villa 31 de Retiro).
En este marco, en nuestro país no se cumple ni lo que preconiza la constitución, que en el artículo 14 bis dice: El trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes, las que asegurarán al trabajador: condiciones dignas y equitativas de labor; jornada limitada; descanso y vacaciones pagados; retribución justa; salario mínimo vital móvil; igual remuneración por igual tarea; participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección; protección contra el despido arbitrario; estabilidad del empleado público; organización sindical libre y democrática, reconocida por la simple inscripción en un registro especial.
Queda garantizado a los gremios: concertar convenios colectivos de trabajo; recurrir a la conciliación y al arbitraje; el derecho de huelga. Los representantes gremiales gozarán de las garantías necesarias para el cumplimiento de su gestión sindical y las relacionadas con la estabilidad de su empleo.
El Estado otorgará los beneficios de la seguridad social, que tendrá carácter de integral e irrenunciable. En especial, la ley establecerá: el seguro social obligatorio, que estará a cargo de entidades nacionales o provinciales con autonomía financiera y económica, administradas por los interesados con participación del Estado, sin que pueda existir superposición de aportes; jubilaciones y pensiones móviles; la protección integral de la familia; la defensa del bien de familia; la compensación económica familiar y el acceso a una vivienda digna (esen)
Si quienes no tienen ninguna vivienda, y menos una vivienda digna, como indica la constitución y que a lo largo de varias generaciones han visto vedada esa posibilidad para sus mayores y están viendo que también estará vedada para ellos porque el Estado no cumple con lo que la constitución manda, ocupan terrenos públicos o privados, como puede considerarse que ello constituye un delito, en realidad, quien delinque es el funcionario que incumple la ley fundamental: La Constitución. Y el incumplimiento de los diferentes funcionarios a lo largo de la historia ha creado las condiciones que llevan en su desesperación a que los postergados y marginados recurran a acciones extremas para hacerse escuchar.
Yo les digo a los vecinos de Villa Soldati que no es a los “okupas” a los que tienen que tirarles piedras, sino a los Macri, los Carrió, los Cobos, los Duhalde y a toda esa pléyade de políticos oportunistas, corruptos, insensibles, faltos de ideas que no cumplen con los mandatos que les dan quienes los votan.
Y les digo a todos los que tienen responsabilidades de gestión, no vale más decir que el gobierno de la ciudad incumple, que el gobierno nacional no hace, que los gobiernos provinciales no desarrollan, no vale tirarse la pelota unos con otros porque estamos en un límite, límite en el cual los que hasta ahora aguantaron mansos tanta inacción, tanta falta de ideas, tanta corrupción, hoy comienzan a decir basta, se ponen de pie e inician la larga marcha que llevará primero al “que se vayan todos” de nuevo y luego a la construcción de nuevas formas de relaciones entre los ciudadanos, más solidarias, más cooperativas, más francas, más sinceras, donde de nuevo en la Argentina del mañana, comience a tener valor la palabra dada como lo fue en la argentina del pasado y donde los vecinos en vez de tirarnos piedras, nos ayudemos los unos a los otros porque somos hermanos.
Hasta la próxima

miércoles, 8 de diciembre de 2010

La política y la planificación.

Este es un tema no menor en nuestra sociedad. Argentina es desde hace muchas décadas un país inmediatista. Esto significa que en nuestro país no se planifica para el futuro. Lejos están aquellos planes quinquenales que enunciara Perón y que pretendían sentar las bases para el desarrollo del país a mediano plazo.
Este hacer para el hoy, sin planificar para el mañana, tiene que ver con una cultura inmediatista profundamente enraizada en la práctica política argentina, que además tiene anclaje en una estructura organizativa de la gestión de lo público vinculada al prebendarismo y al asistencialismo de base clientelar.
En el primer caso el capitalismo argentino es una forma de acumulación económica que está encuadrada en lo que podríamos llamar capitalismo de amigos. Las grandes corporaciones hacen fuertes apuestas en los procesos electorales de manera de posicionarse lo más cerca posible de la burocracia de gestión, como modo de poder obtener fuertes ganancias mediante las prebendas que pueden obtener del Estado.
Este modelo de acumulación no es patrimonio, ni de un partido político, ni de un tipo de concepción económica, todos los partidos y desde las diferentes teorías económicas, cuando tienen posibilidades de gestión, generan alrededor de los gobiernos, un conjunto de corporaciones que lucran con los favores estatales.
Esta forma de gestionar lo público no es nueva ni se verifica solamente en Argentina, países como Italia son arquetipos de esta manera paradigmática de gestionar la economía.
En nuestro país existen dos factores adicionales que históricamente trabaron el desarrollo económico social. Por un lado la corrupción endémica que este modelo de acumulación generó a los largo de los años en que se ha venido implementando. Por el otro, Argentina es un mercado muy pequeño  (40. Millones de habitantes) como para constituir un espacio económico atractivo para las grandes inversiones de capitales.
Nuestro país es fundamentalmente,  un exportador de materias primas con escaso valor agregado, es de notar que el crecimiento económico de los últimos años vino de la mano de dos cuestiones claves, el extraordinario rédito del cultivo de soja y una política de acumulación basada en un dólar significativamente alto.
Este segundo factor permitió sostener la licuación de los costos internos y le agregó un plus de competitividad a las empresas productoras, el ingreso de grandes masas de divisas por vía del superávit económico motorizado por las exportaciones de la soja que ha pasado los mil dólares la tonelada, permitió sostener ese dólar alto. Es muy notoria la diferencia con el principal socio económico de Argentina, Brasil, país en el cual el dólar cotiza a 1,69 reales por dólar, o si lo queremos en pesos argentinos a 2,35 pesos por real. La diferencia es que Brasil tiene un modelo de acumulación que se basa en la planificación a largo plazo[1], en el desarrollo de un sector industrial con fuerte inversión tecnológica, para un mercado interno casi cinco veces mayor que el de Argentina.
Esta falta de planificación no es solo patrimonio de los gobiernos de turno, atraviesa todas las formaciones políticas que participan del reparto de la torta del poder. En lugar de desarrollar estudios orientados a la constitución de equipos técnicos que formulen políticas de largo plazo para cuando tengan responsabilidades de gobierno, los partidos opositores solo han sabido discutir en el parlamento la constitución de espurias alianzas políticas (el llamado grupo A) que amalgama en forma oportunista al conjunto del arco opositor desde los “izquierdistas” Proyecto Sur o el Partido Socialista pasando por el centro constituido por la U.C.R. hasta la derecha conservadora del llamado Peronismo Federal[2] o la derecha conservadora y reaccionaria del P.R.O. con el solo objeto de obtener beneficios políticos y obstaculizar la acción de gobierno.
Pero esta improvisación de los modelos de acumulación, que es una de las causas de las cíclicas crisis económicas por las que atravesó y atraviesa nuestro país, no solo la encontramos en la esfera de la política. El sector empresarial (tanto rural, industrial o financiero) basa su economía de desarrollo en este modelo prebendario y asistencialista.
Por ejemplo, es poco frecuente encontrar en las empresas un departamento I+D que dedique recursos a la investigación para el desarrollo de nuevos productos.
Las grandes corporaciones como las telefónicas basan su desarrollo en la posición casi monopólica que detentan en el mercado (dos prestadoras de telefonía fija y tres de telefonía móvil) que les permite usufructuar productos de baja calidad en materia de servicios a altos precios y que utilizan el prebendarismo al que hacíamos referencia para sostener ese modelo de explotación salvaje de los usuarios. Ejemplo de lo que afirmo es la manera en que está detenida implementación de la portabilidad del número telefónico que hace que las prestadoras tengan una clientela cautiva y que los usuarios no sean considerados en sus reclamos ante las notorias deficiencias de los servicios.
Otro ejemplo es el desarrollo del monopolio vial que se produjo cuando se eliminaron los ferrocarriles facilitando grandes ganancias a empresas de transporte público de pasajeros y de cargas comerciales ante la inexistencia de otra posibilidad, lo que llevó a un crecimiento desmesurado de los valores de los pasajes que crecieron casi un mil por ciento en los últimos diez años.
Como podemos ver la ausencia de planificación no es un problema alejado de las cuestiones que afectan nuestra vida cotidiana, ello hace que los ciudadanos tengamos que sufrir malos servicios, soportar costos innecesarios, pagar precios altísimos y ver como se mantiene la indigencia y la pobreza mientras crece el consumo y el dispendio en los sectores económicamente más favorecidos de la población[3].
Esto es también un tema a discutir, hasta la próxima,


[1] Véase el caso Petrobras que busco durante un cuarto de siglo petróleo y encontró reservas gigantes en un país que casi no tenía petróleo
[2] Que también fue un conclave oportunista de diferentes proyectos del peronismo que quedó afuera del armado gubernamental
[3] Una producción record de automóviles y seguramente un record de turistas tanto en las playas argentinas como en el exterior.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Sobre la justicia.

Existe una prédica constante a favor de la justicia. Cuando tenemos algún problema con un vecino y no lo resolvemos con el diálogo recurrimos a la justicia. Ahora bien, alguna vez nos preguntamos que es la justicia y que es ser justo en el capitalismo tardío.
En primer lugar la justicia no es más que una institución, es la institución del conjunto de normas que regulan la vida social tal y como podemos observarla en la cotidianeidad. Por lo tanto desde el comienzo sabemos que la justicia, tal como se pregona en esta sociedad no es más que una quimera.
Las leyes, en la mayoría de los casos (por no decir en todos) nos son impuestas, o por nuestros predecesores que dictaron leyes que al estar vigente debemos acatar o sufrir las consecuencias. Por ejemplo en muchos países (por ejemplo en EE.UU o Irán.) existen leyes que penan la homosexualidad, ello no quiere decir que esas leyes sean correctas, que defiendan el bien común o que mejoren la calidad de vida, tan solo son una rémora de una sociedad patriarcal e hipócrita que prohibía en público lo que se permitía a escondidas. Si analizamos el código penal vigente encontraremos muchas de estas leyes perimidas que al no ser abolidas siguen vigentes aunque nadie las cumpla.
Otras leyes absurdas son el reflejo de una sociedad contradictoria, así por ejemplo una mujer no puede mostrar parte de su cuerpo porque es un atentado a la moral, en cambio el hombre sí puede mostrar esas partes, nos podemos desnudar en una playa pero no en la vía pública, y así enumeraríamos cientos de reglas sin sentido que debemos acatar aun cuando sepamos que no tienen sentido.
Veamos un caso tan importante como categórico, si uno quiere entrar en un campo no puede porque la constitución defiende la propiedad privada. Pero hagámosno esta pregunta, ¿el campo siempre fue propiedad del dueño?, tal vez éste dueño actual nos diga que él lo adquirió a otro anterior, y este a otro y así, pero si seguimos la cadena llegaremos a que todos los campos de nuestro país y de América pertenecían a los pueblos originarios y les fueron arrebatados por la fuerza. Segunda pregunta: ¿Si algún descendiente del legítimo dueño litiga en la “justicia” se le devolverá el campo? Seguro que no, y si recurre a los hechos ocupándolo la misma justicia lo sancionará por no respetar la propiedad privada.
Por lo tanto, en el capitalismo la propiedad privada es de quien posee los medios de producción y la justicia en su última consecuencia estará para defender el derecho de los poseedores.
Por supuesto hay diferentes tipos de poseedores, están los que tienen todas las tierras, industrias, bancos, capitales y quienes tienen pequeñas posesiones y se aferran a ellas como el último baluarte de sus vidas.
Este hecho es el que permite que el capitalismo se sostenga, y que mientras haya pequeños poseedores se podrá generar una ilusión, que la defensa de la propiedad privada sea la defensa de todas las propiedades y por lo tanto de grandes y pequeños poseedores.
Y acá llegamos a la cuestión de la justicia. La ilusión anterior se soporta en una segunda ilusión, que todos somos iguales ante la ley y que la justicia es igual para todos.
Veamos que tan cierta es esta cuestión. Los representantes del pueblo votaron una ley hace ya casi dos años, la llamada “Ley de medios audiovisuales” esta ley afecta los intereses del Grupo Clarín, el grupo mediante presentaciones ante jueces de distintos lugares del país ha logrado que se frene la ley. Esos jueces que frenaron la ley son jueces que se desempeñaban durante la dictadura, como el Juez Carbone, que fue un gran colaborador de la dictadura militar de Videla y con sus fallos ahora es un gran colaborador del monopolio multimedios. Es decir, si Ud. tiene el suficiente dinero podrá inclinar la balanza de la justicia hacia sus intereses, mediante la manipulación de jueces corruptos, jueces que profesan su misma ideología, o con artimañas legales realizadas por buffet de abogados que cobran cientos de miles de dólares por sus servicios. Ahora si Ud. es uno de esos ciudadanos de a pié que tiene una modesta casita y se le ocurrió firmar una garantía a algún amigo en apuros, entonces, su majestad la justicia caerá con todo el rigor sobre sus espaldas.
En derecho dicen que el principio fundamental de la justicia es la equidad, en la práctica el principio fundamental de la justicia es con cuantos recursos económicos cuenta para ganar un pleito, frenar una ley o todo lo que sea conveniente a sus intereses.