En este aporte quisiera, si me permiten presentarlo de esta manera, filosofar sobre la cuestión de la violencia.
En Argentina, estamos asistiendo a una serie de reclamos, de los más necesitados, que salen a las calles para pedir por cuestiones básicas que deberían estar resueltas para todos los ciudadanos, desde hace mucho tiempo, nos referimos al problema de la vivienda y el derecho a la alimentación.
En el último mes, han sucedido una serie de tomas de predios públicos o semipúblicos y presiones a las puertas de supermercados, el denominador común es la búsqueda de los actores más vulnerables de la sociedad de ser escuchados por algún medio.
Frente a estos reclamos asistimos a una curiosa paradoja, otro sector de la ciudadanía, con tal vez las mismas carencias o con un poco mas de holgura, salen a la calle a enfrentar a los pobres de solemnidad, exigiendo que sean reprimidos, expulsados, avasallados y acometen contra ellos con piedras, palos y armas de fuego inclusive.
Que es lo que ha llevado a este enfrentamiento de pobres contra pobres?
Analicemos algunos de los dichos que se han escuchado respecto de los “okupas”.
“Son delincuentes”, “son extranjeros que se vuelvan a su país”, “yo trabajé duro para hacerme una casita y a estos les regalan todo”, “no es justo que estos vagos sean premiados por cometer delitos”, etc., etc.
Es interesante escuchar esto de personas que son pobres o cuanto más, una clase media carenciada, y más desconcertante es que recurran a la acción directa contra sus hermanos de clase porque ocupan un predio público.
En primer lugar, debemos condenar toda forma de violencia, tanto de los que ocupan, como de los que agreden a los ocupantes.
En los setenta muchos jóvenes pensábamos que el camino a la construcción de una sociedad más igualitaria y justa pasaba por la violencia. Recordemos la famosa sentencia de Marx, “la violencia es la partera de la historia”, o lo que decía un líder de la burguesía (Perón), “la violencia en manos de los humildes no es violencia, es justicia”, Otra de las frases célebres es “a la violencia de los de arriba hay que responderle con la violencia de los de abajo”. El leiv motiv de los setenta era la violencia, y así la violencia en las calles dio paso a las organizaciones armadas, a los asesinatos cometidos en nombre del pueblo por grupos de iluminados que se creían los intérpretes de los intereses de la clase obrera, rol en el que la única autorización que tenían era la propia. Este espiral de violencia no nació desde abajo, justo es reconocerlo, sino que comienza con una burguesía retrógrada y autoritaria que fue capaz de dictar leyes como la Ley de Residencia, que realizó feroces y sanguinarias represiones como en la Semana Trágica y la Patagonia en 1919, que asesinó con juicios construidos a militantes anarquistas y socialistas, se continuó con esta respuesta desesperada de grupos pequeños burgueses que se concibieron como los nuevos mesías y reemplazaron la acción política por la lucha armada, retomando aquello de Von Klausevich, la guerra es la continuación de la política por otros medios. Y en este espiral tomando a la violencia revolucionaria como excusa la dictadura militar instaló el estado terrorista autoritario que masacro a más de treinta mil personas.
Es que cuando la violencia se desata ya nadie la controla, y cuando amaina, ya es tarde para los que perdieron la vida en el tiempo en que duró.
Mi pregunta es, vale la vida de Ferreyra, de los Tobas de Formosa y de tantos otros, una sociedad más justa, yo creo que la sociedad igualitaria no debe demandar ni una sola vida humana en su consecución, que ningún joven debe inmolarse para cambiar la sociedad porque la vida, si algo tiene de importante es vivirla de punta a punta, y no abortarla en nombre de una ideología o de un interés supremo.
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