Estimado lector, le llamará la atención el título del aporte de hoy, pero creo que es importante discutir sobre el origen de la reflexión en el hombre. En el comienzo fue la Filosofía, la Filosofía constituía un saber general y solo muy tardíamente, este saber general es separado en partes específicas, dando lugar a los diferentes territorios de la Ciencia, algunos autores definen el comienzo de esa labor en la producción de Aristóteles quien habría sentado las bases para el comienzo de la territorialización de la Filosofía.
Y de allí la importancia del título, porque hay un momento plenamente animal del hombre en el proceso de la evolución de las especies, momento que se extiende hasta que el hombre puede comenzar a preguntarse por las causas y consecuencias de aquello que lo rodea. De allí que muchos autores consideren que la Filosofía comienza cuando el hombre es capaz de formular la pregunta ¿que es esto?, o dicho de otro modo la Filosofía comienza con el asombro, cuando el hombre sale de sí mismo y de las atenciones de sus necesidades inmediatas y puede empezar a pensar en la posibilidad de tener una actitud proactiva en el mundo.
El asombro es entonces, una de las condiciones de posibilidad más importante del conocimiento, el sujeto primitivo que transitaba por el mundo sin cuestionarse nada, solo comiendo, bebiendo y cubriendo sus necesidades básicas de procreación, comienza a preguntarse acerca del porque de su existencia en la vida, porque ocurren esos fenómenos que no comprende, porque existen los truenos y la lluvia, para que sirve el fuego, que importancia tienen los demás animales, quien es él en el universo y una serie de interrogantes que participan de eso que denominamos el asombro.
En esta empresa que implica adentrarse en la territorialidad del asombro, que por cierto no es una empresa individual sino colectiva, de especie y que no tiene un punto de partida sino que se va dando en todo momento, en la medida en que la acción del hombre en la naturaleza va especializando cada vez mas cada uno de sus órganos, y en especial su sistema nervioso central, se posibilita la emergencia del conocimiento y no solo surge el conocimiento, sino que debemos reflexionar sobre la principal característica conocimiento, el hecho de traer dentro de sí la necesidad de ser transmitido, ya que un conocimiento que no se transmite no existe, un conocimiento que no impacta en un Otro no tiene sentido de ser.
Ese impacto en el Otro hace que una información, un dato, etc., para que merezca ser llamado conocimiento, deba tener como condición, que la percepción que impacta en el alma del observador, sea incorporada por este y a través de esa operación de introyección deba hacerse carne en su pasión.
Algunos distinguen conocimiento de sabiduría, la sabiduría sería la acumulación de saber, de experiencia de vida, mientras que el conocimiento sería la acumulación de datos. Creo que no hay conocimiento sin sabiduría y que la sabiduría utiliza el conocimiento como insumo.
En realidad, parafraseando a Descartes con su conocida duda metódica, podemos decir que no sabemos nada, no poseemos nada, ya que como venimos al mundo nos vamos de él, sin conciencia de lo que existe, de lo que es y de lo que será, pero sí hay algo que sentimos, el conocimiento. Desde niños tenemos lo que Ivan Pavlov denominó el reflejo de investigación, una voluntad hacia el conocimiento, un pasión por enterarnos de aquello que nos está vedado y que solo con nuestra acción pesquisante podemos obtener, el conocimiento es el motor que derriba los tabúes, que impele al sujeto hacia una actitud irreverente contra el conjunto de dogmas y verdades establecidas por Otros en otros tiempos y lugares.
No discurro sobre esas categorías de verdad y error, lo erróneo para mi será acertado para otro y viceversa, no busco la verdad, busco expresarme y mostrar lo que siento a los demás, no considero que existan sabios o iluminados, por el contrario creo que todos tenemos un conocimiento dentro, y que solo hay que dejarlo fluir, diríamos con Sócrates que a través de la catarsis podemos romper el velo que nos invalida en la comprensión de lo que es y en la búsqueda de significados, lo que ocurre es que las sociedades al crear las figuras del oráculo, el sabio, el investigador, el científico, invalidaron a la gran masa de seres humanos que ya no fueron capaces de producir conocimientos, porque ello solo era posible para aquellos que esa misma sociedad estratificada e injusta había designado como capaces de hacerlo.
Para volver a pensar, como existía en los comienzos de la especie, en una sociedad heterogénea pero de iguales, cooperativa y solidaria, capaz de generar sus propias normas y con autonomía de construcción social, solo hay que demoler las barreras que nos impone la cultura, prejuicios, preconceptos, creencias y miedos y dejar que nuestro interior fluya al exterior conectándose con todo lo que nos rodea desde una actitud crítica autocrítica, es decir desde una perspectiva reflexiva.
Vivimos atados a una cultura heteróma que no impone formas de vida a través de reglas que no hacemos y que a veces no comprendemos
A veces hacemos cosas ridículas solo porque no las cuestionamos, por ejemplo salgo de la playa con el torso desnudo ya que en la playa nadie me dijo nada respecto a cómo andar en ella, no existen reglas de vestimenta allí, puedo ir desnudo o con un traje de etiqueta, todo es posible, pero quiero subir a un colectivo y no me dejan, escucho el imperativo autoritario del chofer: póngase y la camisa, me dice y yo lo hago sin protestar.
Me podría cansar dando ejemplos de la vida cotidiana, un sujeto esta contra la despenalización del aborto porque dice que está a favor de la vida sin embargo el mismo sujeto apoya la pena de muerte sin cuestionarse aunque eso también es sesgar una vida o no cuestiona las guerras, mas aun las apoya en nombre de la patria, la nación aunque ello sea segar millones de vidas.
Pensamos lo que los medios de comunicación, las organizaciones escolares, la familia, etc., nos indican que debemos pensar y cuando nos salimos de esos moldes descubrimos un mundo nuevo, distinto.
Eso es lo que Castoriadis define como la autonomía, la posibilidad de que podamos darnos nuestras propias reglas cuestionando las que existen, la idea es ser autónomo en el pensamiento y en la acción
Cuesta mucho ser consecuente con esta manera de ver al ser humano y su acción en el mundo, porque hay una gran presión social a la uniformidad, si todos piensan así, no puedo pensar distinto, porque tengo miedo que me segreguen.
Este imperativo social, el de la uniformidad, además de colonizar nuestra autonomía, es funcional a la heteronomía social, que es lo que permite que persistan en el tiempo los privilegios que los poderosos fueron construyendo a lo largo del desenvolvimiento social, y esa es una carga muy pesada y hace que la gente se deje dominar por pensamientos ajenos a ellos mismos y asuman una identidad artificial.
Pero no se trata de ser distinto solo porque es representativo de una manera de ser rebelde, muchas veces ser diferente es ser como todos, por ejemplo en la moda, seguimos la moda para tener un estilo propio y resulta que es el estilo de todos.
Como decíamos al principio el cambio social empieza cuando somos capaces de cuestionarnos lo que existe, aun nuestro propio existente, aquello que nosotros producimos, cuando no nos conformamos con ninguna explicación por muy buena que sea, por muy coherente que sea, sino cuando somos los aventureros que en el devenir de la vida pretendemos siempre ir más allá de lo posible, más allá de lo imaginable.
Hasta la próxima
Posdata: este articulo es producto de una charla por chat con mi amiga Sony
Posdata: este articulo es producto de una charla por chat con mi amiga Sony
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