Este es un tema no menor en nuestra sociedad. Argentina es desde hace muchas décadas un país inmediatista. Esto significa que en nuestro país no se planifica para el futuro. Lejos están aquellos planes quinquenales que enunciara Perón y que pretendían sentar las bases para el desarrollo del país a mediano plazo.
Este hacer para el hoy, sin planificar para el mañana, tiene que ver con una cultura inmediatista profundamente enraizada en la práctica política argentina, que además tiene anclaje en una estructura organizativa de la gestión de lo público vinculada al prebendarismo y al asistencialismo de base clientelar.
En el primer caso el capitalismo argentino es una forma de acumulación económica que está encuadrada en lo que podríamos llamar capitalismo de amigos. Las grandes corporaciones hacen fuertes apuestas en los procesos electorales de manera de posicionarse lo más cerca posible de la burocracia de gestión, como modo de poder obtener fuertes ganancias mediante las prebendas que pueden obtener del Estado.
Este modelo de acumulación no es patrimonio, ni de un partido político, ni de un tipo de concepción económica, todos los partidos y desde las diferentes teorías económicas, cuando tienen posibilidades de gestión, generan alrededor de los gobiernos, un conjunto de corporaciones que lucran con los favores estatales.
Esta forma de gestionar lo público no es nueva ni se verifica solamente en Argentina, países como Italia son arquetipos de esta manera paradigmática de gestionar la economía.
En nuestro país existen dos factores adicionales que históricamente trabaron el desarrollo económico social. Por un lado la corrupción endémica que este modelo de acumulación generó a los largo de los años en que se ha venido implementando. Por el otro, Argentina es un mercado muy pequeño (40. Millones de habitantes) como para constituir un espacio económico atractivo para las grandes inversiones de capitales.
Nuestro país es fundamentalmente, un exportador de materias primas con escaso valor agregado, es de notar que el crecimiento económico de los últimos años vino de la mano de dos cuestiones claves, el extraordinario rédito del cultivo de soja y una política de acumulación basada en un dólar significativamente alto.
Este segundo factor permitió sostener la licuación de los costos internos y le agregó un plus de competitividad a las empresas productoras, el ingreso de grandes masas de divisas por vía del superávit económico motorizado por las exportaciones de la soja que ha pasado los mil dólares la tonelada, permitió sostener ese dólar alto. Es muy notoria la diferencia con el principal socio económico de Argentina, Brasil, país en el cual el dólar cotiza a 1,69 reales por dólar, o si lo queremos en pesos argentinos a 2,35 pesos por real. La diferencia es que Brasil tiene un modelo de acumulación que se basa en la planificación a largo plazo[1], en el desarrollo de un sector industrial con fuerte inversión tecnológica, para un mercado interno casi cinco veces mayor que el de Argentina.
Esta falta de planificación no es solo patrimonio de los gobiernos de turno, atraviesa todas las formaciones políticas que participan del reparto de la torta del poder. En lugar de desarrollar estudios orientados a la constitución de equipos técnicos que formulen políticas de largo plazo para cuando tengan responsabilidades de gobierno, los partidos opositores solo han sabido discutir en el parlamento la constitución de espurias alianzas políticas (el llamado grupo A) que amalgama en forma oportunista al conjunto del arco opositor desde los “izquierdistas” Proyecto Sur o el Partido Socialista pasando por el centro constituido por la U.C.R. hasta la derecha conservadora del llamado Peronismo Federal[2] o la derecha conservadora y reaccionaria del P.R.O. con el solo objeto de obtener beneficios políticos y obstaculizar la acción de gobierno.
Pero esta improvisación de los modelos de acumulación, que es una de las causas de las cíclicas crisis económicas por las que atravesó y atraviesa nuestro país, no solo la encontramos en la esfera de la política. El sector empresarial (tanto rural, industrial o financiero) basa su economía de desarrollo en este modelo prebendario y asistencialista.
Por ejemplo, es poco frecuente encontrar en las empresas un departamento I+D que dedique recursos a la investigación para el desarrollo de nuevos productos.
Las grandes corporaciones como las telefónicas basan su desarrollo en la posición casi monopólica que detentan en el mercado (dos prestadoras de telefonía fija y tres de telefonía móvil) que les permite usufructuar productos de baja calidad en materia de servicios a altos precios y que utilizan el prebendarismo al que hacíamos referencia para sostener ese modelo de explotación salvaje de los usuarios. Ejemplo de lo que afirmo es la manera en que está detenida implementación de la portabilidad del número telefónico que hace que las prestadoras tengan una clientela cautiva y que los usuarios no sean considerados en sus reclamos ante las notorias deficiencias de los servicios.
Otro ejemplo es el desarrollo del monopolio vial que se produjo cuando se eliminaron los ferrocarriles facilitando grandes ganancias a empresas de transporte público de pasajeros y de cargas comerciales ante la inexistencia de otra posibilidad, lo que llevó a un crecimiento desmesurado de los valores de los pasajes que crecieron casi un mil por ciento en los últimos diez años.
Como podemos ver la ausencia de planificación no es un problema alejado de las cuestiones que afectan nuestra vida cotidiana, ello hace que los ciudadanos tengamos que sufrir malos servicios, soportar costos innecesarios, pagar precios altísimos y ver como se mantiene la indigencia y la pobreza mientras crece el consumo y el dispendio en los sectores económicamente más favorecidos de la población[3].
Esto es también un tema a discutir, hasta la próxima,
[1] Véase el caso Petrobras que busco durante un cuarto de siglo petróleo y encontró reservas gigantes en un país que casi no tenía petróleo
[2] Que también fue un conclave oportunista de diferentes proyectos del peronismo que quedó afuera del armado gubernamental
[3] Una producción record de automóviles y seguramente un record de turistas tanto en las playas argentinas como en el exterior.
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