La mejor definición de un economista neoliberal es que es un profesional que explica de manera complicada cosas que son sencillas de entender.
Si uno se detiene a pensar el discurso de un economista neoliberal frente a una cámara de televisión, encontrará que, tras ese discurso técnico, lleno de teoría, con gran profusión de datos, con todas las fórmulas tan inimaginables como inentendibles, se encuentra un profundo vacío, una ausencia de contenido, y esto es así porque si el discurso de los economistas neoliberales se hiciera con la sencillez que tiene la economía, nadie estaría dispuesto a aceptar en la práctica lo que los neoliberales proponen, a riesgo de ir contra sí mismo.
La esencia del neoliberalismo consiste en “retornar" a las fuentes del pensamiento económico, solo que, pasaron trescientos años y las sociedades cambiaron en algunas cosas, por ejemplo, hoy existen mayores derechos, mayores libertades, mayor confort, más acceso a la comunicación y al conocimiento y los ciudadanos podemos tener mayores posibilidades de evaluación de las propuestas de quienes gobiernan.
Un neoliberal es un economista que piensa la economía en función de la trama de relaciones sociales que existía en el pasado y proyecta su pensamiento al futuro tratando de que la sociedad retroceda a ese pasado, es, por lo tanto, alguien que construye imágenes de un pasado futuro.
En el siglo XVII la inmensa mayoría de las personas eran analfabetas, no tenía acceso, no a la educación superior, sino que no podían acceder a la educación básica, un neoliberal piensa que la educación solo debe ser para una elite gobernante, que los sectores sociales subordinados no necesitan educarse, para que, si ellos han nacidos para trabajar y ser explotados. Si vemos las actuaciones de los representantes del neoliberalismo (Michetti, Prat Gay) en el parlamento y lo que votan en materia de educación veremos que ello coincide con esta manera de concebir la sociedad.
Un neoliberal es alguien que considera que el mercado es el mecanismo de regulación social por antonomasia, afirma que el Estado cuando se incluye en la arena económica y toma decisiones termina destruyendo las posibilidades de crecimiento y desarrollo económico. En sociedades que tienen gran parte de su población en la miseria más indigna, para un neoliberal no es necesario que el Estado intervenga en la economía para tratar de modificar las esas condiciones de existencia.
Cuando el mercado es el regulador de la vida social el futuro comienza a ser pasado. ¿Porque el mercado no puede ser el regulador de la vida económica y social?, porque ello significa ceder el espacio del dominio a la ley del más fuerte.
En los siglos XVII y XVIII y XIX al salario lo fijaba el patrón y lo hacía desde una posición de fuerza. Más aun, cuando la clase de los empleadores no disponía de mano de obra libre, por efecto de las relaciones de servidumbre propias del feudalismo tardío y muchos siervos de la gleba escapaban a las ciudades con el fin de eludir sus condiciones miserables de existencia, esas propias condiciones y la presencia de multitudes agolpadas contra las puertas de las fábricas, se constituían la herramienta de poder más importante de los empleadores que, en el marco de mercado regulador fijaban salarios miserables, (recordemos que en los comienzos del capitalismo no existían las tradeunión –sindicatos-). Pero cuando, producto del desarrollo del capitalismo, escaseaba la mano de obra libre, los capitalistas implementaban leyes que les garantizaran la posibilidad de continuar teniendo mano de obra barata. En Inglaterra en el siglo XVII se dictó la primera Ley de Pobres (1601) y más tarde se dicta la Ley de Asentamiento (1662) que tiene por objetivo regular la absorción por parte del capitalismo de la mano de obra disponible para la creación del naciente proletariado asalariado. Esta nueva Ley de Pobres, transformó el “sistema de ayuda” a través de un modelo de reclutamiento de mano de obra sustituyendo la ayuda a los más vulnerables por la incorporación a casas de trabajo (workhouses), en condiciones deplorables y con salarios muchos menores de los existentes en cualquier empleo.
En los miserables se narra cual es el destino de los trabajadores hambrientos o sin trabajo, que intentan desesperados conseguir el pan a cualquier costo y terminan en situación de esclavitud.
El trabajador aislado es juguete fácil del capitalista en el libre juego de la oferta y la demanda. El esclavo devino en siervo y este en trabajador libre, pero parafraseando a Marx, la única libertad de la que disponía el trabajador “libre” era la de morirse de hambre sino aceptaba la esclavitud asalariada.
Claro que el mercado en esos tiempos era mucho más simple y la sociedad no tenía la complejidad de la que ahora goza. Y la burguesía pugnaba por hacerse un lugar en las relaciones de dominio de la sociedad y por lo tanto era un aliado natural en la lucha de los desposeídos contra las clases oligárquicas que dominaban la escena. Además, la burguesía tenía un objetivo revolucionario que la galvanizaba como clase, tomar el poder para constituir un Estado funcional a sus intereses.
Hoy, ni la burguesía tiene esa unidad de intereses, ni el Estado es el mismo Estado de aquellos tiempos. La burguesía en la medida en que el capitalismo se desarrolló fue atomizándose en diversos estamentos con intereses diferenciados, y esos intereses comenzaron a expresarse en las teorías económicas, y los padres fundadores del liberalismo se configuraron en la “economía clásica” (Smith, Ricardo, etc.) que era revisitada y criticada continuamente. El Estado tampoco continuó inalterable, el desarrollo de la ciencia y la tecnología le impusieron nuevos deberes y el Estado no solo fue considerado para preservar la seguridad (interior y exterior), brindar educación y salud, sino que comenzó a incursionar en áreas que antes eran privativas del mercado.
Comienzan a surgir lo que se denominaron empresas estatales, organizaciones productivas o de servicios que intervenían en áreas en las que el capital privado poseía poca o nula capacidad de inversión. La mayor complejidad de la sociedad incremento la cantidad y tipo de empresas en manos del Estado. Ferrocarriles, correos, empresas de telecomunicaciones, servicios eléctricos, administración central, organizaciones de salud, educación etc., comenzaron a ser moneda frecuente en las sociedades occidentales. Si tuviéramos que ver un país en el que continuó reinando el imaginario liberal de los siglos XVII, XVIII y XIX, va a ser muy difícil encontrarlo, tal vez EE.UU. podría ser uno de los pocos ejemplos.
La división de la clase dominante a la que hacíamos referencia, dio lugar a intereses que, sin llegar a ser antagónicos, condujeron a enfrentamientos enconados entre los burgueses, muchas veces resueltos por la vía de las armas mediante revoluciones, golpes de estado cruentos, etc.
Como hemos afirmado en anteriores artículos, hoy existen en Argentina dos grandes sectores de clase burguesa, la gran burguesía (terrateniente, financiera e industrial) que básicamente es tributaria del mercado externo, y la mediana burguesía, la burguesía pequeña y la pequeña burguesía, para las cuales el consumo es un dato insoslayable en sus condiciones de existencia. Pero además estos sectores necesitan del control de las mercancías que ingresan al país ya que por su propia debilidad no pueden competir con las grandes corporaciones internacionales que fabrican pagando salarios miserables (como los de los siglos XVIII y XIX) a sus trabajadores, fundamentalmente de Asia y África y con volúmenes de producción inalcanzables para nuestros industriales locales.
Esto no ocurre solo en América Latina, también en Europa. Un empresario español que fabricaba camisas, fue a China, Cuando le propusieron visitar la fábrica donde los chinos hacían las camisas, el empresario pregunto extrañado: “¿pero esa región está inundada” el guía chino sonrió y le dijo: ya verá. En la fábrica, que efectivamente estaba inundada, los trabajadores laboraban sobre tarimas con pantalones y botas de pesca, el guía le indicó que uno de las claves del boom chino era no interrumpir la producción por ningún motivo. Cuando el empresario comenzó a negociar la compra se le indicó que los chinos vendían conteiner de un millón de camisas como pedido mínimo. Este empresario cesó la producción en España y comenzó a importar camisas despidiendo a sus trabajadores, hoy España tiene un 25% de su mano de obra desocupada.
Esta escena se repite en diversos países del llamado tercer mundo, fundamentalmente en el denominado “lejano oriente” y en muchos de ellos empresas como Adidas, Nike, etc., pagan menos de un dólar diario a sus trabajadores sometidos poco menos que a una situación de esclavitud.
Como la economía de los siglos XVII, XVIII y XIX, los neoliberales piensan solo en la ganancia y no tienen una dimensión humana de la economía. José Nun en un artículo de Página 12 (cito de memoria) narra que en Pakistán un presidente encomendó a un economista neoliberal que le presentara un plan económico para salir de la crisis que había en el país. El economista elaboró un plan conteniendo precisos objetivos a lograr con la implementación del mismo. Pasado un tiempo el economista concurrió al palacio presidencial a rendir informe de la marcha de la economía e indicó al presidente que todos los objetivos del plan habían sido cumplidos. El presidente asombrado le dijo: pero el pueblo se halla en una situación más miserable que la que tenía antes. El economista neoliberal respondió, los seres humanos y sus condiciones de vida no son problema de la economía.
A veces se nos dice que no es necesario mirar el pasado, que no tenemos que quedarnos detenidos en el pasado, que debemos olvidar lo que paso, no escarbar más en ese pasado, pero la historia nos enseña que investigar el pasado es un ejercicio de memoria, porque lo que se olvida se puede volver a repetir. No recordar quienes fueron y que hicieron en el pasado los políticos nos puede condenar irremediablemente a construir un futuro pasado.
La democracia burguesa no es el sistema de gobierno más perfecto, pero al decir de Lenin el mucho más perfecta que la mejor de las dictaduras. Ella nos permite tener algún grado de participación en la formulación del modelo económico que nos va a regir en los próximos años y ello nos obliga en el momento del voto a utilizar toda nuestra flexibilidad de pensamiento, nuestra capacidad crítica en la defensa de nuestros intereses individuales, familiares y sociales.
En Argentina pasamos por varios gobiernos neoliberales, algunos en dictadura, otros en democracia, en todos ellos aumento la pobreza y la indigencia, para no repetir el pasado y tener un futuro futuro es necesario tener memoria.
Hasta la próxima
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