Hablar del transporte constituye un problema complejo. Por un lado la cuestión remite a un punto de vista ideológico, que tiene que ver con la concepción del Estado, por el otro es un problema técnico que afecta a diferentes estructuras de organización social.
Comencemos el debate por el primer punto. El tema del transporte urbano de pasajeros (a este problema hacemos referencia) se inscribe en el debate sobre los límites del Estado.
Existen dos concepciones diametralmente opuestas, en el marco del sistema capitalista, respecto a la manera de gestionar el Estado. Por un lado, el neo liberalismo sostiene que el Estado debe ser mínimo, la ilusión del Estado barato a la que hacia referencia Marx. Este Estado mínimo es un Estado que solo debe dedicarse a las funciones que los privados no pueden ejercer, por ejemplo la seguridad.
Sería un imposible que el monopolio de la violencia para reprimir el delito, o el monopolio de la administración de justicia estuviera en manos de privados.
Cuando la justicia no era monopolio del Estado, en tiempos feudales, los nobles dirimían sus controversias por medio de la espada y ganaba el más fuerte u organizado. La instalación de los tribunales como lugar en el que se ventilan los pleitos es relativamente moderna y remite a la época de la constitución de los Estados Nacionales, es decir el momento de las monarquías absolutas que desarrollan la unidad nacional borrando las fronteras internas y colocando en manos del monarca el cobro de los impuestos, las regulaciones judiciales, etc.
Otro de los puntos que se reconocen como obligación del Estado desde el neo liberalismo, aunque no con la fuerza del primer tópico son la salud y la educación, y digo no con la misma fuerza porque muchos liberales entienden que la iniciativa privada debe hacerse cargo de estas funciones.
Para el neoliberalismo el resto de las relaciones sociales caen en la órbita del mercado, y es este el gran regulador social, el Estado no puede ni debe intervenir regulando los mercados laborales, el intercambio económico, no debe tener empresas ni regular los servicios públicos a los que necesariamente ve como patrimonio de los actores privados.
La gestión del Estado a partir de las ideas liberales ya ha tenido una larga experiencia de fracaso social y éxito económico para los burgueses. Cuando se privatizó aerolíneas se la regaló a empresarios inescrupulosos (Iberia incluido) que la vaciaron y la llevaron a la quiebra, cuando se les entregó los ferrocarriles a los privados se eliminaron casi todos los servicios de pasajeros, cuando el transporte se pasó en las ciudades a manos privadas además de ser malo y deficiente fue caro y los sufrieron los trabajadores que debían utilizarlo, cuando la energía estuvo en manos de los empresarios privados el servicio fue malo y caro, cuando la previsión se le entrego a los financistas (AFJP) se quedaron con los aportes de los trabajadores en concepto de comisiones leoninas e hicieron negociados en la inversión de los fondos favoreciendo a grupos mediáticos como Clarín, cuando se les entregó el servicio de obras sanitarias no solo empeoró y se encareció, además tuvieron que devolver las empresas al Estado por estar muy mal administradas, cuando Macri se hizo cargo del Correo Argentino se perdió una empresa de servicios muy buena y terminó quebrándola y devolviéndola a manos del Estado, y podríamos seguir con los cuando muchas veces mas.
Desde el otro extremo encontramos a los que piensan que si bien una economía totalmente en manos del Estado no garantiza la equidad y el desarrollo de todos los ciudadanos, es necesario concebir un Estado que tenga funciones regulatorias en cuestiones que son básicas para el funcionamiento de la sociedad.
El fracaso de las economías totalmente estatales, fue notorio en los llamados socialismos reales, sobre todo en relación a la calidad de los de lo producido, a la eficiencia de la administración empresarial, a cuestiones que tienen que ver con el management de los recursos humanos, a la igualdad de oportunidades, al premio a la dedicación y el esfuerzo, etc.
En algún momento la izquierda deberá debatir porqué estas economías derivaron en formas sociales que lejos de eliminar la injusticia profundizaron las brechas existentes en las sociedades como son el caso de Cuba y China, o porqué evolucionaron hacia formas de capitalismo salvaje, con aristas mafiosas e improntas autoritarias como el caso de Rusia o los países del este Europeos.
Es un debate acerca del carácter y la forma de desarrollo progresivo de las sociedades, de la importancia de la cultura y las formas de conciencia en la transformación de las mismas, de los ritmos y de los actores de la transformación y de las formas de construcción democrática igualitaria y solidaria.
Pero mientras ese debate se da, debemos atender a los problemas que nos plantea la vida en el capitalismo, que hoy por hoy constituye el único sistema económico existente en el mundo.
En este punto, lograr mayores niveles de igualación social, de inclusión dentro del sistema capitalista, exige un rol mucho mas activo del Estado.
El estado no puede limitarse a la seguridad pública y la administración de la justicia (como pretenden algunos liberales), debe entender acerca de una cantidad de funciones que le permitan equilibrar la sociedad.
Entre estas funciones están la regulación del mercado laboral, la dotación de una educación general y gratuita para todos los ciudadanos y que además sea diversificada y atienda a las necesidades de le los mercados laborales, de manera de aumentar la inclusión social. Tiene que constituir un soporte defensivo a las inequidades que cometen los empresarios y las organizaciones con los trabajadores siguiendo el principio de la defensa del mas débil y tiene que ser un promotor del empleo y el trabajo garantizando mayores oportunidades laborales para todos, sobre la base de trabajo genuino que permita satisfacer todas las necesidades sociales de los trabajadores.
Ya hemos hecho referencia a la importancia de la intervención del Estado en la educación garantizando la igualdad de oportunidades para todos en materia educativa, pero también debe garantizar la salud de la población, sobre todo de los sectores mas vulnerables de la sociedad que tienen el derecho inalienable de contar con la misma atención médica que puede tener el mas pudiente de los ciudadanos. Para ello debe intervenir en el mercado de salud garantizando, por medio de efectores públicos de diferentes complejidades, instalados donde la gente vive, que todos tengan el acceso garantizado a la atención en salud y a los medicamentos prescriptos.
El estado debe regular y administrar todas las empresas de servicios esenciales para la población, como la energía, las telecomunicaciones (incluidos los medios de comunicación masiva), los servicios de saneamiento ambiental, los servicios postales, la previsión social y ya entrando en nuestro tema los medios de transporte, tanto interprovinciales como locales.
Veamos la cuestión del transporte. Durante la década menemista y el gobierno radical de De La Rúa se privatizaron los medios de transporte, ello implicó la eliminación de ramales ferroviarios por no ser rentables, supuso poner el transporte de pasajeros en manos exclusivamente privadas, con los cual las rutas se sobresaturaron de camiones y colectivos. Además los pasajes de ómnibus sobre la bases de prácticas monopólicas se hicieron inalcanzables para los mas vulnerables y el transporte de mercaderías creció exponencialmente en rutas y autopistas.
Se hicieron grandes negociados con los sistemas de peajes que además de empeorar el estado de las rutas, incrementando el nivel de accidentes viales, encareció la circulación de los ciudadanos.
En las ciudades ocurrió algo parecido, los privados instalaron desde los años sesenta, cuando se hicieron cargo de los transportes urbanos sistemas de desplazamiento urbano de muy baja calidad, muy poco confortables y excesivamente caros, y si en algunos lugares no se incrementaron, como el caso de Bs. As. Fue por los subsidios que el Estado les brinda a los empresarios, a las empresas de peajes, etc.
Además en las ciudades asistimos al incremento de la masa de vehículos que han ingresado al sistema vial, que solo en el último año son mas de 700.000 y que han tenido un número de ingreso superior a los 500.000 vehículos anuales en los últimos diez años.
El resultado es que tenemos ciudades con tránsito caótico, sobresaturado de vehículos y con tremenda polución ambiental porque los mismos circulan a base de motores a explosión mayoritariamente.
Cuando uno recorre las grandes capitales europeas observa una serie de condiciones importantes con respecto al transporte.
En primer lugar es un transporte limpio, confortable y accesible a los ciudadanos. En el sistema de transporte de Madrid observamos que el pasajero viaja en coches con aire acondicionado y calefacción, con todas las comodidades cubiertas, frecuencias cortas entre coche y coche y con un sistema de pago que lo hace accesible a todos.
El ciudadano normal paga por todo el mes un abono que en la sección B1 que incluye localidades aledañas a Madrid no supera los 70 euros. Con ese importe puede viajar dentro del radio prefijado todos los días, todas las veces que desee, tanto en micros como en el metro (subterráneo).
Todo el sistema de Metro esta monitoreado por cámaras de televisión y cuenta con personal de vigilancia en todo el recorrido. La red de Metro de Madrid se completa con un sistema ferroviario de excelencias, denominado cercanías, que se articula con el sistema de Metro y el de Ómnibus. La ciudad además cuenta con una serie de autopistas que son anillos concéntricos que permiten vincular puntos opuestos sin tener que acceder al cetro de la misma. Además en las estaciones de las poblaciones aledañas a Madrid hay gigantescas playas de estacionamiento para que los usuarios estacionen sus vehículos sin costo.
Que conclusiones sacamos de estas cuestiones. En primer lugar que el transporte urbano e interurbano debe estar en manos de los Estados municipales y provinciales, para los que, garantizar un trasporte de calidad, rapidez y eficiencia es una inversión y no un gasto. Debe tener sistemas de cancelación que permitan un fácil acceso del usuarios a los mismos y deben ser confortables para motivar su uso.
En segundo lugar deben ser subterráneos en la mayor medida posible. Una red de transporte subterránea es más rápida y más limpia. Podría decirse que en Rosario por ejemplo no hay un componente poblacional que garantice su instalación. Pues bien esto es falso, porque al ser una inversión, no es esperable un rédito directo, el rédito reside con logros indirectos, por ejemplo disminuir la cantidad de vehículos privados que llevando en general una sola persona, dificultan el flujo vehicular en la ciudad. Al disminuir la cantidad de autos, se mejora el flujo de tránsito y además se disminuye la contaminación, y ese efecto es mayor porque al ser subterráneo ni siquiera contamina auditivamente (si uno se sienta en un bar de cualquier esquina céntrica en la vereda es casi imposible hablar por el ruido ambiente).
Frente al argumento del costo y de la baja circulación de pasajeros por km en Rosario se debe considerar que, empezar hoy una red de subterráneos, es dar solución a un problema a veinte o treinta años en el horizonte de visibilidad, es planificar para el futuro. La pregunta sencilla es, porqué en Bs. As. a comienzos del siglo XX se comenzó la red de subterráneos, si se hubieran tenido en cuenta los criterios mencionados nunca se hubiera iniciado y si no se hubieran tenido en cuenta luego no se habría detenido y hoy no existiría en Bs. As. el caos de transporte que existe.
Por lo tanto existen algunas medidas para tener en cuenta con el tema del transporte urbano. 1) El transporte urbano debe estar en manos del Estado Municipal; 2) El mismo debe tener el criterio de inversión tanto en infraestructura como en costo para el usuario, porque el interés es facilitar el transporte barato, rápido y cómodo del usuario; 3) El sistema de transporte debe ser limpio, no contaminante, respetando el ecosistema y la salud de la población, 4) Para cumplir con estos criterios el transporte urbano debe ser fundamentalmente subterráneo y auxiliado por un sistema tranviario de superficie y un sistema de autovías de enlace; 5) El sistema de trasporte urbano debe ser complementado con un sistema de transporte de cercanías que una las poblaciones aledañas con las grandes ciudades y que se vincule al llegar a las ciudades con el sistema de subterráneo.
Estos criterios son los que se pueden observar en los países llamados desarrollados en los que impera un espíritu de resolución técnica de los problemas y no la administración clientelar de los lugares técnicos a que nos tiene acostumbrada la política vernácula, que privilegia la colaboración de militantes ineptos para las funciones técnicas antes que a técnicos especializados en las funciones públicas.
Hasta la próxima.
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