jueves, 25 de noviembre de 2010

Poder e influencia.

Hoy quiero proponer a la discusión un tema muy interesante. Este tema tiene diversas aristas. Por un lado implica una discusión respecto al uso del lenguaje en los medios de comunicación y el rigor conceptual que estos deben tener esos medios. Por otra parte, supone discutir que razones existen en la sociedad contemporánea para usar a las palabras sin ningún tipo de rigor. La discusión de este tópico, nos permite además, que debatamos las diferencias entre estos términos y las consecuencias que tienen sobre la vida cotidiana.
En página 34 del Diario Clarín del martes 23 de noviembre de 2010, encontramos un titular en el que se expresa y cito textualmente “Elegidas por Time. Hillary, Tatcher y Madonna, entre las más poderosas del siglo pasado.”
En el texto el periodista usa los términos poder e influencia como sinónimos. Si bien en algún lugar esto puede figurar así, en el contexto de la nota, de ninguna manera puede usarse influencia como sinónimo de poder.
En el artículo se mencionan mujeres como la Madre Teresa de Calcuta, Virginia Wolf, Margaret Mead junto a Hillary Clinton, Margaret Tatcher, Indira Gandhi y otras.
Puede el lector acaso comparar los significados de las vidas y acciones de los dos grupos de mujeres mencionadas.
En el primer grupo observamos a un conjunto de mujeres que han tenido una importante influencia en la vida humana. Mujeres que con su acción y pensamiento y solo con ello pudieron dejar una marca muy importante en los lugares que transitaron, ya sean materiales o intelectuales.
En cambio en el segundo grupo encontramos a mujeres que efectivamente tuvieron poder, pero que no produjeron grandes cambios en el recorrido de la humanidad.
Acaso podría hoy un Inglés decir que cambios notables, de fondo, sustanciales introdujo la conservadora ministra inglesa, o como transformó su sociedad la canciller norteamericana, o que cambios produjo en la vida y la cultura de los Hindúes Indira.
El segundo grupo de mujeres fueron gobernantes, orientaron su acción a sostener el modelo de sociedad que existía en sus países, no les importaba producir grandes cambios sino sostener la sociedad de privilegios que las encumbró en sus lugares de poder.
En cambio el primer grupo está integrado por mujeres que hicieron de sus vidas una permanente búsqueda del conocimiento, de  servicio a los más vulnerables o de aportes intelectuales y culturales.
El segundo grupo es un grupo con influencia en la humanidad, sus huellas perdurarán mucho más allá de lo imaginado, como perdura hoy el pensamiento de los grandes filósofos griegos como Aristóteles y Platón, o de importantes científicos como Lavoisier, Newton, Einstein y tantos otros.
Ellos no podían tomar decisiones sobre los bienes o las vidas de los otros, pero sí tuvieron una notable influencia en las mismas por lo que produjeron. En cambio el segundo grupo de mujeres tomó y toma decisiones que determinan los rumbos de las naciones y con ellas de sus habitantes.
Cuando un Bismarck o un Roosevelt o el Emperador Hirohito, o Hitler o Mussolini, tomaron las decisiones de ir a la guerra significó la muerte y la destrucción de las vidas de millones de personas y de sus bienes. Eso es poder, la capacidad de decisión que una persona tiene en función del lugar que ocupa en la sociedad. El poder genera influencia, y en los hechos las personas con poder producen modas, cambian economías, etc., pero los intelectuales (científicos, escritores, gentes de teatro, etc.) cuentan por lo general con tan solo sus ideas y sus conocimientos para producir cambios en la vida humana, y lo hacen con una gran pasión por lo que realizan orientados por intereses en los que prevalece la producción de conocimientos o la producción de una obra trascendente para la humanidad. Y a eso en sentido estricto, debe llamarse influencia, o acaso Shakespeare, Miguel de Cervantes Saavedra, y tantos otros no continúan formando los espíritus de millones de personas a muchos años de su desaparición.
El poder es un bien efímero que puede durar más o menos años, pero que siempre se nos escurre entre los dedos como la arena, la influencia que producen las ideas, los conocimientos, la creación en cambio es roca sólida que instala a los productores en un mármol perenne del que nunca van a salir.
Porque es importante establecer esta diferencia en la cotidianeidad actual?
El oficio del periodista no es solo informar, no es una profesión aséptica, alejada de los intereses mundanos y orientada por la búsqueda de la verdad.
Muy por el contrario, el periodista está sujeto a los intereses del dueño del medio en el que trabaja, si su línea de pensamiento no coincide con el propietario tiene dos caminos, o se va del medio o se somete y escribe lo que no piensa y siente. No es necesario nombrar los casos de periodistas despedidos de los medios por ser consecuentes con sus ideas (Setecasse, López Foressi y tantos otros. También están los otros, los que abdicaron de sus ideas y se sometieron a los medios hegemónicos como Lanatta, Tenenbaun, Sarlo y tantos otros).
Los periodistas son el instrumento del que se valen los medios para codificar la realidad de la manera que a ellos les interesa. Ocultan noticias, deforman otras, manipulan datos, etc. La televisión y los medios de prensa actuales, sobre todo los pertenecientes al monopolio Clarín – Nación han utilizado hasta el hartazgo estos trucos y deshonestidades.
Pero una de las herramientas más importantes para poder realizar este tipo de operaciones de prensa es bastardear el lenguaje, quitarle su contenido y hacer que las palabras signifiquen cualquier cosa o todas las cosas, o mas precisamente que tengan cada día el significado que los medios hegemónicos quieren que tengan.
Cuando esto se logra, cuando las palabras tienen los significados que los medios les atribuyen y cuando esos significados pueden ser cambiados a diarios y a voluntad, la sociedad pierde una de sus herramientas defensivas contra el abuso de poder  y el autoritarismo: la precisión del lenguaje. Y en virtud de esto se corrompe una lengua tan rica como precisa como es el español.
Creo que es importante reflexionar sobre estas cuestiones y tener un rol activo en la defensa de nuestro idioma exigiendo a los que utilizan las palabras que tengan la responsabilidad de usarlas como deben usarse.
Hasta la próxima

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