martes, 16 de noviembre de 2010

Política, religión y sociedad

Desde, casi los comienzos de la historia de la humanidad la religión ha constituido una poderosa herramienta de poder, que tenían a su disposición las fracciones sociales que detentaban el privilegio.
El apareamiento de los sacerdotes, sacerdotisas, brujos, yamanes, curas, rabinos, papas etc., con los estamentos privilegiados de la sociedad fue una constante, el privilegio de las clases dominantes siempre tuvo como sustento las ideas religiosas. La religión al ser una fuerza retrógrada de la sociedad era el aliado ideal de quienes quisieron (y quieren) mantener sus prerrogativas de clase sobre los sectores dominados.
Veamos un poco como funciona este mecanismo que posibilita la alianza entre la religión y las clases dominantes (y nunca al revés, es decir entre religión y dominados).
Decíamos que desde casi los comienzos de la historia de la humanidad, porque los humanos tenemos en nuestra historia un período pre religioso, las creencias en los dioses o el dios, son algo reciente en nuestra evolución, y mucho más lo es la formulación de esas poderosas organizaciones de poder que dan sustento a las creencias.
A mi entender, la idea religiosa surge del temor a lo desconocido y de la angustia ante la muerte. Estas dos cuestiones se entrelazan en la idea religiosa y posibilitan que la misma se sustente por medio del temor al castigo.
El o los dioses, se constituían en seres todopoderosos en los que se proyectaban (y proyectan) potenciadas, las características humanas, tan así es esto que el dios de la religión monoteísta es un hombre y no una mujer (cosa que no ocurría en el politeísmo donde existían dioses y diosas), es decir, a partir de la abolición del derecho materno y la institución de la monogamia, ya comenzó a prefigurarse bajo la égida de dominio machista, la figura de un dios único, todopoderoso y varonil[1].
La monogamia constituye una forma de encorsetar el deseo sexual como vía de controlar la expansión de la espiritualidad material del ser humano. En este punto es necesario destacar que la religión y particularmente las religiones monoteístas han asumido con gran énfasis la lucha contra el libre desarrollo de la sexualidad por vía de la represión del deseo. El mecanismo es simple, si es posible enjaular el deseo, imponiendo las vías deseables y permitidas para su desarrollo, será posible ejercer el control social sobre los sujetos.
La monogamia, el matrimonio, la familia y luego las instituciones educativas se han orientado permanentemente al control del deseo y al aniquilamiento de la actitud crítica y autónoma de los sujetos. No somos nosotros, los dominados, los que establecimos las normas que regulan nuestra vida social (y sexual) son los sectores dominantes (que en el ámbito de lo privado gozan de lo que prohíben en la esfera de lo público) a través de las organizaciones religiosas, los que reprimen nuestro goce y establecen una serie de normas orientadas a generar una disciplina de acatamiento y sumisión, primero a las organizaciones religiosas y luego a los que tienen el poder en la sociedad. Aprendemos desde muy pequeños, en el ámbito familiar, a obedecer, la escuela refuerza esta actitud acrítica y sometida preparándonos para aceptar pacientemente el dolor y el sufrimiento a lo largo de la vida con la ilusión de que en la trascendencia encontraremos la recompensa a tanto dolor y sufrimiento por vía del sometimiento.
Cuales fueron y son las mayores luchas de las iglesias a lo largo de la historia. ¿La lucha contra la miseria?, seguro que no, porque aunque discursivamente los curas, rabinos, pastores, etc.,  se rasguen las vestiduras contra la existencia de los pobres, critiquen la avaricia de los ricos, llamen a ser caricativos, etc., siempre fueron (y son) el sostenimiento de los poderosos, reprimiendo con sus discursos todo intento liberador de los sometidos, sino leamos los discursos de los pastores evangélicos, escuchemos los sermones de los curas desde el atrio, analicemos el papel de la inquisición católica o de las represiones de otras confesiones donde fueron dominantes. Si por ejemplo, en más de dos mil años de existencia del cristianismo, siguen habiendo tantos pobres y miserables (y aún mas) en el mundo algo de la acción religiosa contra la pobreza no funciona o funciona mal.
La Lucha por la libertad tampoco constituye un galardón de las organizaciones religiosas, ni de la religión como institución. La religión siempre estuvo al frente de cuanta forma represiva existió en la historia de la humanidad, apoyando a los sectores más conservadores de la sociedad y todas las tropelías que estos hacían, en América apoyaron el genocidio de los pueblos originarios primero, y la represión violenta de quienes se sublevaron contra la inequidad después.
Bajando a una geografía más cercana, observemos cuales son las luchas de las iglesias (católica, judía, protestantes, evangélicas, etc.) por estos lares. Casi todas ellas, salvo algunas excepciones, se opusieron a las leyes del Divorcio, del Matrimonio Igualitario, se oponen a la ley de Despenalización del Aborto, a la Despenalización del Consumo de Drogas, no apoyaron (por lo menos activamente) la ley de Democratización Medios Audiovisuales, son tenaces defensores del Tabú de la virginidad, están en contra del amor libre, se oponen a la eliminación de símbolos religiosos en los espacios públicos, guardan silencio ante el abuso de menores de parte de miembros de su organización, en fin, son tenaces opositores de todo aquello que implique autonomía y libertad para los ciudadanos de nuestro país.
Y yendo mas cerca aún en el tiempo y en la geografía, veamos a dos exponentes de un estilo de política que coincide con las ideas de las organizaciones religiosas.
La pertenencia de Carrió al sector conservador eclesiástico no exige fundamentación, ya que es ella misma la que sostiene su afinidad con la ideología conservadora de la jerarquía católica. La inefable Elisa Carrió, es un representante del más impresentable de la clase política, le gusta tener muchas y grandes cruces y pocas y pequeñas ideas. Carrió constituye el mascarón de proa de los grupos más de derecha de nuestra sociedad, conducidos políticamente con singular disciplina por el Grupo Clarín. La alianza de Carrió con el monopolio queda demostrada en cada momento con las campañas que el mismo hace a favor de ésta. En la discusión del presupuesto Carrió, según las informaciones televisivas, habría amenazado a los diputados y diputadas que pretendían dar quórum con escracharlos en TN (emisora del monopolio), inmediatamente después de la votación el monopolio mediático salió a tratar de imponer a esta impresentable política como la heroína de la cruzada antikischnerista. En mi opinión Carrió no enfrenta al gobierno por las disidencias que tiene con él, como lo haría con otros gobiernos de derecha que no fueran de su palo, sino por el contenido progresista y transformador que enuncia este gobierno, por sus medidas a favor de la democratización y la apertura democrática sostenida por Cristina. Para una miembro de la derecha conservadora y eclesiástica, el actual gobierno es indigerible, como lo es para un fascista un miembro de la izquierda marxista. Carrió defiende y sostiene en su acción política, los intereses de la alianza de dos de los sectores más importantes que apoyaron la dictadura genocida, es decir, el monopolio mediático y la jerarquía eclesiástica.
Por otro lado, mucho más pequeñita que Carrió, con menos proyección política, pero con intereses compatibles, está esa “hormiguita ingenua y trabajadora” que sostiene los valores para mi país (y que dicho y sea de paso, como ciudadano le pido humildemente que no sostenga valores que tanto daño le han hecho al país) que es ese lobo disfrazado de cordero ingenuo, la diputada Hotton, que fue parte importante en la farsa montada por Carrió, Cobos, el Peronismo Federal y el monopolio en la sesión donde se trató el presupuesto. Hotton, que de ingenua no tiene nada, aparece junto a Cobos, haciéndole campaña, ¿a que no saben dónde?, acertaron, en una asamblea evangélica, y entonces vemos claramente como todos los sectores conservadores (no nos olvidemos del Rabino Berman afín al PRO) de la derecha religiosa se están coaligando para clausurar el proceso innovador que lleva adelante la Presidenta Cristina Fernández de Kischner.
Como decía en la presentación de este blog, no soy kichnerista, pero sí apoyo criticamente a este gobierno porque con sus errores, sus fallas, es mucho mejor que esa derecha recalcitrante y cínica que pretende engañarnos con sus discursos a favor de los pobres (que nunca le importaron, ni les importan) y no quiero que nuevamente por no defender los cambios favorables al desarrollo histórico social progresivo la izquierda permita el ascenso de los sectores más reaccionarios al poder.


[1] Es interesante que existan feministas que crean en Dios y no aborden críticamente esta forma de la creencia religiosa que es una forma perseverante de la sociedad machista.

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