domingo, 27 de noviembre de 2016

Y en eso llegó Fidel


Siempre me gustó la canción de Carlos Puebla, sobre todo la parte de “seguir de modo cruel, la costumbre del garito, hacer de Cuba un garito y en eso llegó Fidel” seguida por el estribillo, “Se acabó la diversión, llegó el comandante y mandó a parar”, porque en esa canción se expresa el antes y después del triunfo de la revolución cubana. Cuando me enteré de la muerte del Comandante de América escribí en Facebook: “Podemos haber tenido diferencias con Fidel, pero hoy son nada. Se fue un grande, hoy se apagó una de las llamas más potentes de la historia humana, los pobres, los desposeídos, los vulnerables de América Latina ya no tendremos esa figura ecuménica que nos daba seguridad. El Hidalgo Quijote se fue, muchos son los molinos que cayeron ante su avance, muchos más los que tendremos que derribar, pero su figura, su ejemplo, crecerá día a día como la del Che, nos acompañará siempre. Al lado de cada revolucionario, de cada humanista, de cada solidario, seguirá caminando el legendario Fidel. Hasta la victoria siempre. Comandante.” Esa canción expresa la situación, no solo de Cuba, sino de la América Latina, tierra irredenta, despojada de su identidad y de su dignidad por los diversos imperialismos que la avasallaron a lo largo de varios siglos. Antes de la revolución, Cuba era, efectivamente, el garito pornográfico de EE.UU. Los mafiosos americanos se habían apoderado de la isla con la anuencia de un dictador sanguinario, Fulgencio Batista. Cuando el grupo de revolucionarios desembarco en las playas cubanas, luego de la terrible travesía del Granma, lo hizo cerca de la playa Las Coloradas, y no imaginaba que estaba empezando a escribir una de las páginas más gloriosas de la historia de la lucha de los oprimidos y explotados con el capitalismo. En solo tres años un puñado de guerrilleros que no superaban la docena se convirtió en una fuerza imparable que derrumbó el corrupto régimen de Batista. A lo largo de casi 60 años el castrismo gobernó la isla. Como decía en Facebook, no todos fueron aciertos, pero tampoco no todos fueron errores. Como en todos los países en que existieron gobiernos preocupados por sus ciudadanos, que buscaron mejorar la calidad de vida de los mismos, achicar la brecha entre pobres y ricos, mejorar la educación y la salud, a Cuba se la criticó despiadadamente, y la principal crítica centro en la falta de democracia. Claro, habría que preguntarse de que democracia estamos hablando, los que criticaron a Fidel, son los demócratas que tiraron las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, son los que bombardean a diario los pueblos del medio oriente, los que cometieron un verdadero genocidio en Vietnam, los que fundaron en panamá la “Escuela de las Américas” para enseñarles a los militares genocidas de América Latina a torturar, matar, oprimir y explotar a quienes estaban en contra de los intereses de Washington y de las grandes burguesías nativas y aliadas. Se puede discutir si en Cuba en estos últimos 57 años hubo una auténtica democracia obrera o si el régimen cubano decantó hacia un socialismo burocrático en el que una minoría dirigente y elitista fue la que tomó las decisiones en nombre del conjunto de los trabajadores, se puede discutir si hubiera o no sido posible construir un modelo democrático basado en la democracia directa, con consejos obreros y asambleas populares, por multiplicidad de actores políticos, con libertad absoluta de crítica, en definitiva, se puede discutir el grado de libertad que existió en la isla. Algunos estarán de acuerdo con las estructuras políticas del castrismo, otros en desacuerdo y algunos acordarán con algo y criticarán el resto. Pero lo que no se puede discutir es que un Cuba se constituyó en un estado soberano, donde las decisiones se tomaron dentro de ese estado, resistiendo la presión terrible del imperialismo americano, la crítica falaz e interesada de los medios de comunicación, y un bloqueo ilegal que condenó al pueblo cubano al sufrimiento y la carencia. Argentina, país rico si los hay, ¿cuánto hubiera resistido un bloqueo de tal magnitud, que impidiera que entrara los más elemental y necesario al país?, ¿los que salieron a la calle pidiendo que liberen las exportaciones, que vendan dólares, que querían viajar al exterior por placer?, cuantas manifestaciones a sus gobernantes hubieran hecho por esa carencia, aun cuando ello fuera causado por la voracidad del régimen capitalista significado en EE.UU. No hay que llamarse a error, Castro no estuvo solo durante estos 57 años, vivió acompañado por su pueblo que lo bancó, porque su proyecto dotó a la isla de educación, salud y previsión social a aquellos que en su inmensa mayoría tenían negados estos derechos. En Cuba no hay analfabetos, en Cuba la salud es gratuita para todos, en cuba todos tienen derecho a una vejez segura, no es precisamente lo que ocurre en el resto de los países de América Latina, y menos aún en EE.UU. Pero Castro no se contentó con generar cambios en Cuba, tuvo una destacada acción política en América y diversas regiones del planeta, donde además de ayuda logística y militar a los movimientos de liberación nacional, otros ejércitos ayudaron a conquistar la libertad cultural e ideológica, los ejércitos de educadores, de alfabetizadores, que llevaron las letras a todo el subcontinente, los ejércitos de médicos y trabajadores de la salud que conquistaron el cariño de los desheredados del planeta, Cuba, además de hablar de solidaridad revolucionaria, la practicó efectivamente y ese es uno de los grandes aportes del castrismo al cambio cultural de la humanidad. Castro nos deja además de sus cientos de discursos, como el que pronunció en la escalinata de la Facultad de Derecho cuando vino la última vez a Argentina, y que fue ovacionado por miles de presentes, la primer y la segunda declaración de la Habana, verdaderas piezas de referencia para los que luchan contra la opresión y la explotación capitalista y me animo a decir, que constituyen el “Manifiesto comunista” del siglo XX. Alguien dijo que Castro no constituye una referencia para los más jóvenes, que las remeras del Che no se venden más en la ribera del Sena como hasta hace algunos años, que solo los más viejos nos acordamos de ellos, a esas personas les digo que no es el consumo capitalista el que define la grandeza de los revolucionarios y la adhesión a sus ideas, sino la claridad y la honestidad de sus objetivos, puede que en un período histórico no se mencione a algunos pensadores y revolucionarios, pero luego, en otros vuelven con más fuerza, con más ímpetu. La generación de los setenta resucitó a Marx, Lenin y Trotsky, la burguesía tembló hasta sus cimientos ante el ejemplo de China, Vietnam y Cuba, y gastó miles de billones de dólares en guerras genocidas contra sus líderes y los pueblos como en la guerra de Vietnam, como los miles de operaciones de la CIA contra Mao, con las operaciones solventadas por EE.UU. de los sicarios mercenarios “contras” que trataron de avasallar a los sandinistas y al pueblo nicaragüense, como la financiación de Bahía de Cochinos en Cuba y los cientos de atentados fracasados contra Castro. Castro en vida era un peligro para la opresión capitalista, Fidel muerto es un fantasma que se extiende por América Latina y el mundo aterrando la salvaje agonía eterna del capitalismo. La Cuba de Fidel es el ejemplo histórico y actual que nos dice que se puede vencer al capitalismo, que se puede construir una sociedad mejor, sin explotadores, ni explotados. Ella le quita la significación errónea que los burgueses tratan de darle a la propiedad privada de los medios de producción, elevándola al rango de lo sagrado y absoluto. Muchos son los “gusanos” que salieron en Miami a festejar la muerte de Castro, otros miles festejarán en América Latina y en el mundo, son los mismos que votaron el Brexit, que votaron contra el tratado de paz en Colombia, a Trump, que votarán a Marie Le Pen, que siguen a Rajoy, a Merkel, son los que se benefician del injusto régimen capitalista o los ingenuos que creen que la copa derramará algún día y que se mueren esperando una vida mejor, mientras rapiñan a los más necesitados los pocos recursos que les sirven para que sobreviva su ilusión sin saber que el infierno es el capitalismo y que el único paraíso que existe es el que podemos construir solidaria y cooperativamente en este mundo cruel e individualista. Castro dejó de ser un ser vivo que empuñaba la llama de la libertad y la reivindicación de los humildes y desheredados de la tierra, para convertirse en una llama más potente que ilumina el faro de la lucha revolucionaria. Creo fervientemente que miles de millones de ciudadanos del mundo (muchos de ellos jóvenes), tomarán la posta de Fidel y defenderán su legado al grito de “Fidel está vivo, Fidel no se murió, la puta madre que lo parió.” A los 67 años no soy tan viejo como para no continuar luchando aun en un medio colonizado por el escepticismo, ni tan joven como como para poder vivir el tiempo en que la utopía se transforme en una realidad, ya que como como dijera el escritor, la revolución es un sueño eterno, tan eterno como la memoria de los revolucionarios que dejaron su vida por ella. Hasta la próxima

domingo, 20 de noviembre de 2016

No todo es lo que parece.


Muchas veces me he preguntado por el valor de la historia, para que sirve conocer el pasado. Podría responder a este interrogante con un lugar común, para no volver a repetir los errores, pero la Argentina refuta ampliamente esa tesis y valida otra, el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, sabiendo que esa piedra es la misma. Hace unos días encontré en Facebook, en un reportaje a un científico israelí que refuta varios de los mitos de la historia del pueblo judío. Por estos mismos días, se puede ver una serie sobre Moisés y los diez mandamientos. No es novedad las divergencias que existen sobre la figura histórica de Moisés. Mucho se ha escrito sobre los diversos mitos de Moisés que aparecen en la literatura antigua, aun el propio Freud le dedicó un trabajo a este tema. Pero lo interesante del investigador de la Universidad de Tel Aviv, Israel Finkelstein, es que sostiene que el más importante de los libros sagrados del cristianismo y de los judíos, el Pentateuco no constituye una revelación divina, sino por el contrario, es el producto de la imaginación humana y fue escrito mucho después de la fecha en que se pensaba que había sido producido, respondiendo su escritura, a motivos mucho más políticos que sagrados. Lo interesante de la afirmación del científico israelí es que sostiene que muchos de los hechos narrados en el libro ni siquiera son versiones de acontecimientos históricos, sino que nunca ocurrieron, como por ejemplo el éxodo judío de Egipto. Respecto del éxodo, ha habido intentos científicos de explicar las plagas con que Moisés, la mano de Dios, azotó a Egipto para que el faraón Ramsés II permitiera que los judíos se fueran, pero pocos se animaron a ir más allá y afirmar que el éxodo no existió. El pentateuco está formado por cinco libros (Génesis, Levítico, Éxodo, los Números y el Deuteronomio), y uno de ellos, el “Éxodo”, relata la epopeya del pueblo judío en la búsqueda de la tierra prometida y que según diversos investigadores, se establece como fecha del éxodo aproximadamente el año 1250 A.C. Finkestein afirma que el éxodo nunca existió, más aún no existen rastros de la permanencia de los judíos por más de 400 años en Egipto. ( para ampliar la información recomiendo leer el reportaje de “La Nación” a este científico el 25 de enero de 2006, o ingresar al blog https://blogdeestudiosbiblicos.wordpress.com/tag/israel-finkelstein/ en donde se documenta este relato y se discute la falacia de la escritura del Pentateuco). El Pentateuco fue compilado aproximadamente en el siglo VII a.c. por orden de Josias rey de Judá con fines ideológicos y políticos y para servir a sus planes de unificar los reinos israelíes. Lo que se pone en evidencia es que los textos sagrados (hebreos, cristianos, islámicos, etc.) son obras literarias de los hombres destinados a construir hipótesis sobre lo que ignoraban, el origen del hombre. Al igual que los mitos politeístas, las religiones monoteístas, para cubrir su ignorancia sobre el acontecer humano en épocas remotas, construyeron mistos originarios. Estos mitos, además de explicar lo ignorado, creaban una superestructura jurídico ideológica que ordenaba la vida de los mortales y estaba destinada a basamentar el derecho divino de los reyes y de las clases dominantes, lo curioso es que cuando la humanidad avanzó científicamente y pudo explicar esas cuestiones, los mitos establecidos por los antiguos guardaron todo el rigor de fe, aunque ahora ya circunscriptos a la lógica de los creyentes. Se sostiene un debate en paralelo, donde las superestructuras religiosas fueron cambiando algunas partes de su relato por lo grotesco e increíble de los mismos, o explicaron esos relatos en clave moderna, y por otro lado el sistema científico técnico que fue destituyendo esos relatos en base a pruebas científicas y datos corroborados con las modernas técnicas de investigación. Pero el discurso científico no escapa a las explicaciones mágicas, o muchas veces, queda atrapado en la maraña de creencias religiosas. Este es el caso de quienes tratan de explicar el éxodo, de los que buscan datos para fundamentar la existencia de un diluvio universal, etc. Los científicos son un producto de su época y están atravesados por las mismas dudas e ignorancias de la misma, solo que para fundamentar sus opiniones (que muchas veces no son más que eso, opiniones) cuentan con el arsenal teórico conceptual que les provee la acumulación científica a lo largo de varios milenios. Pero esa acumulación científica opera como un magma de significaciones sociales imaginarias, es decir muchos de los relatos se hallan entrelazados, anulados, superados y vueltos a instaurar dentro del mismo magma, y el resultado es que las personas tienden a creer aquellos relatos que tienen mayor nivel de aceptación y están universalmente extendidos. Es por ello que las llamadas religiones monoteístas universales (cristianismo, islamismo, budismo, judaísmo, etc.) lograron vencer en el debate religioso a las religiones politeístas localizadas, en la medida en que su relato proveía de fuentes universales que supuestamente indicaban la veracidad de ese relato de manera ecuménica. Por otra parte, las religiones “universales” se constituyeron en un importante dispositivo de dominación que legitimó el poder de los estados terrenales, sosteniendo sucesivamente, argumentos que legitimaban las monarquías, los déspotas, los imperios, las repúblicas burguesas, etc. El cristianismo, por ejemplo, sostuvo la legitimidad del imperio romano, luego fue el soporte de legitimación de los señores feudales, sin dudar se constituyó en un aparato ideológico de las monarquías absolutas y luego fue quien más argumentos proveyó para legitimar el orden burgués. El sentido de la religión no es el de la búsqueda de la verdad y la justicia, por el contrario, es el de naturalizar la injusticia y la opresión mediante relatos míticos y fabulosos que le son inculcados al ser humano desde su infancia, y que como dijimos en varias oportunidades, se sostienen porque nos dan una esperanza de una vida después de la muerte, apagando la intensidad de la angustia que produce el reconocimiento de la infinitud de nuestra existencia. Los otros puntos de apoyo del relato religioso son el sometimiento del sujeto a preceptos heteronómicos que fueron producidos por nuestros ancestros y a los cuales debe aceptar sin crítica, cuando a un creyente se le agotan los argumentos racionales para sostener sus ideas religiosas su respuesta última será “es una cuestión de fe”. Aun en nuestros días escuchamos historias fantásticas de aparecidos, de vírgenes de madera sangrante, de niñas que relatan sus encuentros con seres supra naturales, etc. A nadie se le ocurriría reconocer la existencia de Elfos y Nereidas, pocos aceptarían escuchar el canto de las sirenas, aunque literariamente perfectas, muy pocos aceptan la veracidad de los relatos de la Ilíada o la Odisea, y no hay muchos que crean en la existencia de la Atlántida, sin embargo esos relatos míticos tienen la misma base de veracidad que el Pentateuco o el nuevo testamento, libros que fueron escritos por sujetos humanos concretos y con marcados intereses políticos ideológicos orientados a perpetuar la explotación del hombre por el hombre. Es por eso que no todo es lo que parece, y mucho de lo que consideramos claro y evidente, cuando se lo analiza en profundidad, basados en datos científicamente corroborados, lo que encontramos es la desolación que produce la incertidumbre. Incertidumbre que produce una profunda angustia porque no solo no sabemos para qué estamos en el mundo cada uno de nosotros, sino que no sabemos cuál es nuestro destino como nación, como especie, ni siquiera es posible sostener que el universo es siempre el mismo, sino que fluctúa y cambia constantemente. Si nos enfrentamos a la posibilidad de nuestra extinción como especie, si hoy sabemos que el propio planeta corre el riesgo de constituirse en una roca yerma e inhabitable, que en un futuro, tal vez, no muy lejano sea como otras rocas inhabitables del sistema solar, como podremos seguir adelante, construyendo para que, y porque, y esos interrogantes que ni la ciencia puede responder, por el grado de complejidad que ha alcanzado nuestro sistema de conocimiento, cada vez más abarcativo, cada vez más ignorante, cada vez más difícil de concebir y entender, entonces es el simple relato mítico religioso el que provee a los seres humano una isla segura en la cual refugiarse después de la tempestad, allende el naufragio. Y todo ello se asienta en las estructuras de formación intelectual de los seres humanos, destinadas a que el pensamiento sea solo patrimonio de unos pocos, que la actitud reflexiva y crítica sea herramienta de una minoría, porque el sistema capitalista, mis queridos amigos, no necesita gente que piense, sino que obedezca y acepte su destino como inevitable a cambio de la ilusión trascendente de la vida más allá de la vida. Hasta la próxima.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Cambio de época.


Los cambios materiales son claramente perceptibles, sobre todo en una sociedad como la actual, en la que la ciencia y la tecnología avanzan a pasos agigantados, dando lugar a lo que se ha dado en llamar la era exponencial. Solo con echar un vistazo hacia atrás, unos treinta años digamos, es posible observar los grandes cambios producidos. En la década del 80’ las computadoras de escritorio todavía gateaban (aun cuando las primeras P.C. se construyeron a fines de los 70’, recién comenzaba a insinuarse internet (el 1 de enero de 1983, ARPANET cambió el protocolo NCP por TCP/IP. Ese mismo año, se creó el IAB con el fin de estandarizar el protocolo TCP/IP y de proporcionar recursos de investigación a Internet), el que se considera el primer celular, el Motorola Dina tac 8000x apareció por primera vez en el año de 1983, los más importantes instrumentos de nuestra vida cotidiana surgen en las décadas del 60’ y el 70’ pero recién se constituyen como productos masivos en la década del ochenta. Es pues relativamente fácil reconocer los cambios materiales de nuestra vida cotidiana, pero cuando se trata de nuestra vida anímica, y por ello entiendo los valores, ideas, políticas, etc., la cuestión se hace muy difícil. Podemos datar la primera computadora, el primer día de internet, el primer teléfono celular, mas, es muy difícil, establecer el día que la sociedad comenzó a cambiar su signo político, cuando se empezaron a producir los cambios culturales. Lo que sí es posible, es observar largos períodos, y detectar el ellos las marcas culturales dominantes, para luego en las comparaciones establecer las diferencias culturales de época. El final de la segunda guerra mundial, además de la derrota de las ideologías autoritarias (fascismo, nazismo, otras sobrevivieron, pero circunscriptas a espacios territoriales muy acotados como el caso del falangismo español) que habían sido hegemónicas desde los años veinte, treinta y parte de los cuarenta (aunque sus raíces se remontaban al siglo XIX), significó para la humanidad una profunda reflexión sobre las consecuencias del acceso al poder de estos movimientos extremos. Por otro lado, si bien los triunfadores se erigieron como la reserva democrática de la sociedad humana (Francia, Inglaterra, EE.UU., etc.) hubo otro gran triunfador que no comulgaba con la llamada democracia burguesa, el recientemente constituido bloque soviético (la URSS existía desde 1922), que se había consolidado en base a la incorporación de Polonia, Hungría, los Estados Bálticos, Checoslovaquia, Yugoeslavia, etc., a la zona se hegemonía rusa. Desde tiempos de Lenin el socialismo había discutido las características de sus sistemas políticos, económicos y de relaciones exteriores, rápidamente, la burocracia del PCUS se convirtió en la estructura de poder poderosa, pero con contenidos autoritarios que se verían remarcados durante el período estalinista. Los socialismos reales (como se denominaba a los países del bloque soviético) se constituyeron en la contrapartida del capitalismo occidental, desarrollándose un importante conflicto subterráneo (conocido como la guerra fría) que se extendería hasta el período 1989-1991, con la caída del muro de Berlín y el desmembramiento de URSS, pasándose de un mundo bipolar al mundo de hegemonía americana. La existencia del bloque comunista, la necesidad de desarrollar las economías occidentales desbastadas por la guerra obligó a desarrollar un período de crecimiento económico y social determinado por la aplicación de políticas keynesianas en lo económico, y el estado de bienestar en lo social, fue más que una concesión burguesa a los sectores oprimidos y explotados, una política delineada por los grandes países capitalistas con el fin de limitar la expansión del ideario socialista motorizado por la URSS. Se puede afirmar que en el período que va de 1945 a 1991 se libró en el mundo una dura batalla ideológica entre la izquierda y la derecha. En el marco de la confrontación ideológica (casi podría decirse ecuménica) y por las necesidades de desarrollo económico, los países capitalistas más avanzados (liderados por EE.UU.) desarrollaron un estado de bienestar, logrando reducir la pobreza extrema que habían sufrido durante los siglos anteriores al XX, incorporando a la llamada clase media a importantes sectores de su población. Un ejemplo de este proceso lo encontramos en el mismo EE.UU. donde se consolida el llamado sueño americano, según el cual la clase obrera podía dotar de previsibilidad a sus vidas, mejorándolas mediante el acceso a bienes inalcanzables en épocas anteriores (como la casa, el auto, una vida confortable de consumos desbocados, etc.), pero fundamentalmente, teniendo la certeza que su vida podía mejorar si trabajaba duro, y lo que es más importante, la conciencia de una movilidad social ascendente que le permitía a sus hijos acceder a empleos de mayor calidad o tener estudios avanzados. Para el norteamericano de estos años existía la convicción de que la vida de sus hijos iba a ser mejor que la suya. El consumismo tenía un objetivo adicional, constituye como afirma Slavoj Zisek, una doble sujeción al capitalismo como sistema, ya que el trabajador es impelido a consumir más allá de sus posibilidades, y cuando no puede pagar lo consumido se le ofrece el crédito que lo endeuda progresivamente a lo largo de toda su vida, de esta manera se lo domestica, dado que si pierde su trabajo pierde la posibilidad de cumplir con sus compromisos y pierde el estado de confort del que goza. El mundo asiste a un crecimiento cultural extraordinario, las ideas de izquierda que habían sido perseguidas comienzan a ser expuestas en las universidades y Marx se convierte en un fenómeno editorial inédito. En Europa asistimos al crecimiento de una intelectualidad de izquierda marxista, cuya influencia perfora el aparato del estado y las formaciones políticas centro-izquierdistas como los partidos socialistas. Las universidades y el mundo de la cultura, se pueblan de nombres como Chomsky. Petras, Foucault, Sartre, Castoriadis, Bourdieu, Laplanche, Morin, Habermas, etc., que formulan y reformulan las teorías en un magma de creación sociológica inagotable. Las juventudes se radicalizan, y se constituyen en un fuerte ariete contra la explotación capitalista y en reclamo de más democracia y de mayor calidad de vida. Tal vez el punto más alto esta signado por los años 68 y 69 cuando asistimos al mayo francés y a las revueltas estudiantiles en todo el mundo. En la calle se instituye un nuevo modelo de vida y de cultura cotidiana marcado por las ideas de solidaridad, cooperación, crecimiento educativo y cultural, búsqueda de la paz y profundización de los valores democráticos. La vida adquiría sentido en tanto y en cuanto sus vicisitudes eran determinadas por los ideales de transparencia, honestidad, amor al prójimo, pero fundamentalmente, guiado este ideario, se viabiliza una concepción política en la que primaban los valores de igualdad, lucha contra la explotación capitalista, autodeterminación de los pueblos, etc. Si algo era distintivo en la juventud de esos años, es su claro compromiso con el socialismo (que cada uno entendía a su manera) y un fuerte rechazo a las ideologías de extrema derecha como los movimientos neonazis que comenzaban a estructurarse en estos países. En los países no desarrollados, el signo es la descolonización, las guerras de liberación nacional (sobre todo en Asia y África) y el reclamo de la autodeterminación de los pueblos. Si la respuesta a los reclamos en el mundo desarrollado fue el estado de bienestar, en los países no desarrollados fueron las dictaduras represivas, que con el paso de los años fueron cada vez más violentas y genocidas y que tuvieron como contrapartida el surgimiento de una izquierda radical que vio en la lucha armada el único camino al poder obrero y el socialismo. América Latina se ve permeada en todo su cuerpo social por guerrillas más o menos importantes, más o menos duraderas, más o menos exitosas como el sandinismo en Nicaragua, el Frente Farabundo Martí en El Salvador, la guerrilla guatemalteca, las guerrillas argentinas (ERP. Montoneros, FAR, FAP, FAL, etc.) el MIR chileno, los Tupamaros uruguayos, Las FARC en Colombia, la guerrilla guevarista en Bolivia, etc. La cuestión de la lucha armada no solo encarnó en el pensamiento latinoamericano, también en la vieja Europa se constituyeron grupos armados como Fracción Ejército Rojo en Alemania, las Brigadas Rojas en Italia, o en el propio EE.UU. los Panteras Negras. Son años de gran debate, de pensamiento crítico, de lucha callejera. Marx, Lenin, Gramcsi, y muchos otros pensadores revolucionarios eran frecuentemente visitados por los jóvenes de aquellos años. Las escasas y breves experiencias constitucionales que se intercalaban entre dictadura y dictadura estuvieron marcadas por el respeto a los derechos ciudadanos, la democracia y la libertad de pensamiento. Podría decirse que la época que va de 1945 a 1991 estuvo determinada por las palabras cambio, socialismo y revolución, la búsqueda de la tolerancia y el respeto a la disidencia. Los escasos grupos de extrema derecha eran muy reducidos y no tenían influencia en la vida cultural de los países, adquiriendo importancia como grupos de choque de los sectores más regresivos de la sociedad. En los sesenta y setenta asistimos a poderosas manifestaciones contra la guerra, al desarrollo de movimientos anti sistema como los hippies, a la búsqueda de formas de vida comunitaria, parecía que el mundo se encaminaba definitivamente a una era de paz y tolerancia. Pero parecía, porque de pronto todo cambió. Hoy asistimos a un cambio de época que esta signado por la prevalencia del individualismo (tanto en término de los sujetos como de las naciones), por la emergencia de las viejas ideas fascistas, nacionalistas, de extrema derecha que llevaron al mundo a la hecatombe de los 40’. Resurgieron los extremismos religiosos, pero ahora de la mano de un comportamiento asesino que no respeta la vida, el disenso, la libertad de creencia, como es el caso de los extremismos islámicos. Asistimos en los países desarrollados a brotes de xenofobia, racismo, discriminación, que están basado en el miedo al otro diferente, ese otro que viene de diferentes latitudes a “robarles” lo que les pertenece, fundamentalmente su trabajo (cuando es una verdad de perogrullo que lo inmigrantes realizan los trabajos más bajos que los ciudadanos de esos países no quieren realizar). Asistimos a conflictos armados de carácter religioso o étnico con características de salvajismo inusitado, donde los vecinos se asesinan los unos a los otros como en la guerra de la ex Yugoslavia. El nuevo tiempo que pretende consolidarse como forma de vida se ha expresado en muchos ejemplos como el Brexit en Gran Bretaña donde se votó por separarse de la Unión Europea, el triunfo del no en el plebiscito para aprobar el acuerdo de paz con las FARC en Colombia, el triunfo de Donald Trump, candidato de la extrema derecha del partido republicano en EE.UU., el crecimiento de los partidos autoritarios y xenófobos en Europa como por ejemplo el Frente Nacional en Francia, y los ejemplos son innumerables para citarlos a todos. En Argentina observamos con preocupación cómo legisladores como Picheto reproducen el desdén y la desvalorización del inmigrante latinoamericano, en definitiva, asistimos a una pérdida de los valores más caros al desarrollo humano. En las escuelas, donde deberían sostenerse esos valores de cooperación y solidaridad, ocurre lo contrario, se desarrolla una cultura de la competencia, donde los niños rivalizan por sacar más nota, como si una buena calificación garantizara el saber, se les enseña a memorizar antes que a analizar y extraer conclusiones propias, se los obliga a asumir como verdad el discurso del docente, se evalúa la educación con procedimiento que solo busca desmerecer el verdadero acto educativo, el acto de integrar el conocimiento a la experiencia propia. El resultado de esta enseñanza centrada en la rivalidad, en la búsqueda del logro personal en lugar de la aventura del conocimiento compartido, son los crecientes enfrentamientos entre miembros de la comunidad educativa (padres contra docentes, alumnos contra alumnos) que dan lugar a experiencias de bulling, agresiones al diferente, lesiones a las niñas más lindas de parte de otras que no soportan esa diferencia constitucional y que pretenden desfigurar lo que ellas creen que no son (sin entender que la belleza física es la expresión del interior de las personas). En este cambio de paradigma cultural los mass media tienen un rol fundamental. Muchas veces se ha discutido el papel de los medios de comunicación de masas en la determinación de los rumbos políticos sincrónicos, por ejemplo, la posibilidad de que estos medios tengan un factor determinante en una elección. La experiencia demuestra que, si bien los medios de comunicación influyen en las decisiones de los actores políticos, ellos por sí mismo no son suficiente para determinar el éxito o fracaso de una propuesta electoral, ejemplos hay muchos, pero algunos más recientes, muestran que esta idea es inexacta, por lo menos parcialmente. Uno de los ejemplos es el triunfo de Cristina Fernández de Kirchner en la elección de 2011, cuando teniendo en su contra la mayor parte de los medios hegemónicos, ganó con el 54 % de los votos. Otro ejemplo, es el de Donald Trump, que, teniendo en su contra a gran parte de los medios hegemónicos, siendo un candidato anti sistema (es decir rechazado por el establishment político y aun empresarial de EE.UU.) ganó las recientes elecciones presidenciales. Si el rol de los medios no produce cambio en lo sincrónico, cuál es la influencia social que los mismos tienen en el cambio estructural que estamos padeciendo en la sociedad global. Podría decirse que la fundamental acción de los mass media es la acción diacrónica, es decir, extendida en el tiempo. El capitalismo del siglo XIX y parte del XX basó la acción de control social de la burguesía sobre las clases subalternas en la represión. Es conocido que las revoluciones proletarias que se sucedieron con posterioridad a la gran revolución francesa fueron ahogadas en sangre por los burgueses. Los ejércitos y las fuerzas de seguridad se constituyeron en el brazo armado del estado burgués. Pero como señalara Mao Tse Tung, con las bayonetas se puede hacer cualquiera cosa, menos sentarse sobre ellas. La burguesía aprendió que la represión violenta de los movimientos populares no era la mejor garantía de su dominio de clase, y a partir del desarrollo de las tecnologías de las comunicaciones y las informaciones comenzó a pergeñar un plan de largo alcance que le permitiera circunscribir la prédica revolucionaria a ámbitos cada vez más reducidos, aislando a los sectores impugnadores de la sociedad capitalista con una acción permanente de debate ideológico. Lenin estableció la diferencia entre la agitación y la propaganda. Por la primera, entendía la acción de llevar pocas ideas para muchos. La agitación se dirige a las emociones, a la parte menos racional del ser humano, lo que trata es desarrollar un estado de horda, en la que los sujetos individuales se funden en el conjunto, pierden su identidad para asumir la identidad de la masa. La propaganda en cambio, se trata de muchas ideas para pocos, es una acción general y permanente que busca cimentar las bases de una adhesión consciente a la base doctrinaria del que la realiza. La propaganda busca que el sujeto que adhirió emotivamente por la agitación, pueda anclar esas ideas a su propia experiencia subjetiva, viendo el interés general como un interés propio. Los mass media lo que realizan es formación doctrinaria en los actores sociales. De lo que se trata es que los ciudadanos vayan mas allá de la simple adhesión y consideren a los intereses de la clase dominante como propios. La propaganda de los mass media se dirige a todos los actores sociales, pero busca encarnar en aquellos que son más proclives a mimetizarse con la clase dominante, la pequeña burguesía. Si los profesionales, periodistas, educadores, cuadros de dirección en el aparato productivo asumen como propios los intereses de la clase dominante, ellos funcionaran como polea de transmisión a los sectores más subalternizados de la sociedad. Es un error creer que el objetivo de la prédica de los medios tiene como target fundamental al kirchnerismo, este sector político es solo un chivo expiatorio que sirve para poner en acto lo que le ocurre a quienes desafían el dominio de la gran burguesía, si Ud. ve y escucha atentamente a los periodistas “antikirchneristas” verá que en forma implícita desarrollan un discurso orientado a imponer los valores más importantes de la ética burguesa. Se defiende la propiedad privada, un concepto de honestidad ajeno a los intereses de los trabajadores (deshonesto es alguien que roba una cartera, pero un presidente que evade pagar impuestos con cuentas off shore no lo es), se plantea como natural el orden en el que unos tienen derecho a gozar de todas las posibilidades que el capitalismo plantea, mientras la gran mayoría no posee nada, se discrimina a los trabajadores (los argentinos, los pobres son vagos, no les gusta trabajar, no se esfuerzan). Pero la propaganda no se ejerce solo de un modo expositivo, es necesario también adormecer la conciencia crítica de los ciudadanos, para ello cuentan con las escuelas, ámbito por excelencia del disciplinamiento social, donde el niño y el joven aprenden a obedecer. A no rebelarse contra la injusticia, a permanecer callado y ajeno a la explotación y la opresión, a no rebelarse contra los sistemas de clase corruptos de la justicia burguesa. Este adormecimiento de la conciencia es completado por programas de televisión bizarros que sostienen lo más deleznable de la cultura del sometimiento, el uso de los cuerpos femeninos, la humillación de la mujer, o programas de supuesto corte político en los que se ataca sin piedad a aquellos jóvenes que se comprometen con la política. Esta acción “educativa” de los medios sostenida a lo largo de décadas fue sedimentando en todos los estratos sociales y es la que está permitiendo la formación de una nueva subjetividad acorde a los tiempos del cambio vertiginoso. Parafraseando a Bill Clinton en su debate con George Bush, es la subjetividad estúpidos. Lo que la burguesía ha comprendido es que, para mantener su dominio, luego de la caída de la URSS, necesitaba realizar un cambio profundo en la subjetividad de los actores sociales, y emprendió la tarea utilizando los mass media como herramienta principal, hay asistimos a los efectos de ese cambio de subjetividad, pero aún es tiempo de reformular la subjetividad instalada en los últimos treinta años. Hasta la próxima.

sábado, 5 de noviembre de 2016

El simulacro en educación.


La educación ha sido desde el siglo XX para algunos, la estrella de la trasformación. Los diferentes regímenes políticos que se construyeron bajo la hegemonía del capitalismo proveyeron a la misma de una importancia trascendental, sobre todo en lo referente a los mitos de la eliminación de la pobreza y las desigualdades sociales. Pero a que nos referimos cuando hablamos de educación. Según el diccionario etimológico, educación proviene del sustantivo latino educatio, onis, derivado de educare. Educare ‘educar’, ‘criar’, ‘alimentar’ se formó mediante el prefijo ex- ‘fuera’ y el verbo ducere ‘guiar’, ‘conducir’, originado en el indoeuropeo deuk-. Es decir que loa palabra educación posee un doble sentido, como educare es criar, alimentar, pero como educere remite a guiar conducir. Es interesante reflexionar sobre esta doble raíz del termino porque los dos sentidos tienen que ver con el proceso educativo, ya que no es posible conducir, guiar, sino se alimenta y cría al infante en condiciones adecuadas (nutrición, salud, ecosistema adecuado, etc.) Porque puse por título “El simulacro de la educación”, porque en nuestros países no se educa, se simula que se educa. Además de los ítems que señalé respecto a lo que implica la calidad de educación, también es necesario destacar una idea que vengo sosteniendo desde hace mucho tiempo desde este blog, educar no es conformar, es decir hacer conforme a un modelo, supone una operación muy compleja que en su base pivotea sobre un concepto poco presente en las escuelas y las tecnologías educativas, el pensamiento crítico. El pensamiento crítico es una forma de reflexión en la que el sujeto parte de la idea que lo que tiene frente a sí, no necesariamente es lo que le dicen que es, y por lo tanto es necesario que aplique su descernimiento para elucidar lo que en realidad la cosa “es”. Voy a trabajar a partir de un concepto, cuando hablamos de salud a que nos estamos refiriendo. Si siguiéramos a las definiciones más clásicas, por ejemplo, las primeras de la OMS, diríamos que la salud es ausencia de enfermedad, pero esta definición no contiene muchos de los elementos que hacen a una vida saludable como por ejemplo vivir en un entorno saludable, tal vez por ello es que la OMS a la definición de salud le agregó un plus de bienestar (“La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social"). La página, http://concepto.de/salud-segun-la-oms/#ixzz4P9sN0ilk nos informa que para la OMS “la salud contiene una serie de factores que la componen. Para comenzar, el estado de adaptación al medio ya sea biológico o sociocultural; el estado fisiológico de equilibrio; el equilibrio entre la forma y la función de un organismo y la perspectiva biológica y social como las relaciones familiares o los hábitos. Es la estrecha relación y semejanza entre estos aspectos lo que determina el completo estado de salud de un ser particular y es la carencia de uno de ellos lo que genera cualquier estado de enfermedad. Toda enfermedad consta de una relación entre un huésped (sujeto), un agente (síndrome) y ambiente (factores que intervienen)”. Podríamos seguir buscando y encontraríamos muchas definiciones, que dependen de la perspectiva ideológica y teórica del enunciador. Lo común es que en la docencia universitaria se produzcan dos conductas simétricas de los profesores y alumnos. Por un lado, los docentes le exigen al alumno que repita sistemáticamente lo que ellos piensan, por el otro, el alumno requiere de sus docentes que le brinden definiciones para repetir en esas monstruosas maquinarias de tortura que llamamos exámenes. El acto de conocimiento es entonces, una simulación en la que el docente pregunta para que el alumno conteste precisamente lo que él desea. El alumno hace como si le interesara lo que está diciendo y creyera en ello y el docente, como si creyera la fe del alumno en lo que dice. En este simulacro, la evaluación es una parte importante del simulacro de la educación. Cuál sería la otra posibilidad, que ambos, docente y alumno, sobre la base de la lectura y análisis de los textos teóricos y de su confrontación con los datos de la realidad, debatan, en el acto de la evaluación, los diferentes pareceres que construyen por el impacto de los conceptos trabajados en la subjetividad de cada uno. Allí no importa si la reflexión del alumno es compartida por el docente, lo central es el proceso de reflexión cooperativa y la base conceptual en la que se apoya cada uno. Dos digresiones importantes. La primera es que las definiciones, si algún valor tienen, decía Engels, es la de constituir un punto de partida para la reflexión. La segunda, en términos de Enrique Pichón Riviere, es que un conocimiento es tal cuando se incorpora al mundo interno del sujeto cognoscente y realiza un clivaje con la experiencia de ese sujeto. Repetir un concepto no es demostración de conocimiento, muchas veces me han dicho los médicos que en sus exámenes de anatomía en la Facultad de Medicina debían saber cuáles eran los 206 huesos del cuerpo humano, pero cuando interrogamos a un médico sobre este “conocimiento” en la mayoría de los casos solo recuerda aquellos que hacen a su práctica especializada. En la universidad, la más importante y extendida forma de enseñanza está constituida por la clase magistral, en la misma el profesor se para frente a los alumnos y desarrolla durante dos o más horas un tema, la interacción es casi nula y por experiencia sabemos que cuando asistimos a largas conferencias, solo una pequeña porción de las mismas, y en algunos casos nada, queda en nuestra memoria. Esto ocurre por diversos factores, a veces la gran cantidad de alumnos dificulta la interacción, otras el ego del docente impide el debate productivo, muchas veces el contenido trabajado no está en el foco de atención del alumno, o no tiene relación con la experiencia vivida por este, pero en la generalidad de los casos, una clase magistral es un dialogo inexistente, en las que las personas no escuchan, ni atienden. Otro de los problemas del simulacro consiste en la obsolescencia de los contenidos en relación a los cambios tecnológicos y sociales. Por dar un ejemplo, en la Facultad de Psicología de Rosario, se mantuvo el plan de estudios durante más de 30 años, la sociedad en ese lapso de tiempo había cambiado al punto tal que para un sujeto nacido en la década del ochenta resultaba muy difícil entender el mundo de los nacidos en décadas anteriores, pero los contenidos que se daban en la facultad eran los mismos. Los textos utilizados llegaron a repetirse en más de 37 programas, muchos de ellos correspondían al siglo XIX (mas allá de la vigencia que pudieran tener), en ese período existieron muy pocas investigaciones que produjeran nuevos conocimientos, y las publicaciones eran casi inexistentes y de bajo nivel de formalización científica. En este contexto, la fo4rmación en Psicología se constituyó en un simulacro. Pero para no cargar las tintas en esta disciplina, veamos la formación en una de las carreras de alta tecnología, la de ingeniero en sistemas. Acá encontramos un dato relevante, la mayoría de los estudiantes abandonan antes de terminar la carrera, y cuando se investiga las causas del abandono la respuesta es que en la práctica privada encuentra una mayor actualización tanto del equipamiento como de los programas. La enseñanza discurre por carriles en los que el hardware es casi obsoleto en las facultades y se enseñan software que están casi fuera del uso cotidiano. Existen pocas unidades académicas en las que se produzcan conocimientos, aunque el supuesto leiv motiv de la política universitaria sea la investigación, pero, además, encontramos el agravante que esa producción la realizan investigadores formados, con poco o nada, según los casos, de inserción de los alumnos en esos proyectos. Esta “desconexión” entre lo que se enseña en las facultades y los requerimientos del mercado laboral, tiene que ver, además del equipamiento, la actualización y la producción de conocimientos, con el carácter napoleónico de la Universidad (segmentada en facultades, carreras y cátedras con poca o ninguna conexión entre sí) y la perspectiva burocrática del proceso de formación de los futuros profesionales. El problema de las vías paralelas por las que transitan la universidad y los requerimientos de la sociedad no es solo un problema del nivel superior de la educación, incumbe a todo el sistema educativo y los problemas del mismo son muy parecidos, ya que tienen un mismo origen, el carácter burocrático de la formación. Hace tiempo que las escuelas secundarias no forman para la práctica laboral de los actores de la educación (los alumnos). El alumno que no continúa en la universidad para formarse en su desempeño laboral, debe recurrir, ya no a la educación no formal, sino a la educación informal, que es la que se obtiene de los compañeros de trabajo en la vida laboral cotidiana. Cuando la educación media utilizaba los tornos paralelos de un metro y medio de bancada, o las viejas máquinas de contabilidad, el joven que ingresaba al mercado laboral debía lidiar con tornos de control numérico o computadoras avanzadas con las que nunca había tenido contacto, con el correr de los años estas dificultades se acentuaron. La educación formal, graduada y por niveles, al igual que la universidad napoleónica constituyen formas burocráticas de impartir conocimientos que necesitan ser transformadas, Discutir el cambio en educación es discutir la ruptura de las lógicas pedagógicas y didácticas heredadas, es proponer nuevas lógicas, nuevas matrices de relación entre los actores y la educación y nuevas estructuras de organización del sistema educativo. También supone la necesidad de retornar al financiamiento educativo como una inversión y no como un gasto, una inversión no tiene topes ni límites, la formación de recursos humanos siempre requiere más. No creo equivocarme si digo que en Argentina la cantidad de patentes anuales no supera los dos dígitos. España estaba en una situación similar en las décadas de los setenta y ochenta, actualmente tiene más de dos mil patentes anuales, que son muchas menos que las más de diecisiete mil patentes anuales de Japón, pero muchas más que la nada de los setenta. Como logró este crecimiento, con inversión, donde por años el dinero fue a un agujero negro, pero que, a través de un largo período, esa “pérdida” sensible de recursos, redituó en la formación de una masa crítica de científicos que le permitió tener organizaciones de punta como por ejemplo el Centro de cirugía de mínima invasión de la Universidad de Extremadura. La escuela primaria tiene un problema adicional, no ha podido superar la impronta de la escuela en su creación, continúa con los viejos sistemas que apuntan a disciplinar la mano de obra, se limita a los niños rebeldes y críticos (como en general ocurre en los niveles posteriores, aunque en proporciones distintas y con técnicas de represión diferentes) y se obliga a los niños a realizar actividades que van contra natura de su propio desarrollo exigiéndoles absorber conocimientos que nunca van a aplicar en su vida y segmentando los conocimientos en función de los diferentes extractos sociales (a los muy pobres de escuelas marginales hay que darles de comer más que educarlos), y los más ricos de las escuelas privilegiadas tienen una erudición banal que poco sirve para poder desempeñarse como actores sociales de privilegio. En general, esto ocurre porque el diseño de las leyes, planes de estudio, programas, didácticas, etc., están en manos de funcionarios ministeriales que poco o nada saben de las necesidades educativas del medio social, o no están al tanto de las transformaciones vertiginosas de la ciencia y la tecnología y su impacto sobre el mercado laboral. Por dar un ejemplo, en menos de 50 años, las profesiones actuales (y no solo las universitarias, sino todas) serán obsoletas, ¿habrán previsto esos funcionarios este horizonte de visibilidad y organizado la formación para evitar la crisis que se avecina?, la respuesta es necesariamente que no. Y en que me apoyo para no creerlo, en el proceso de tratamiento de la ley de educación de la provincia de Santa Fe, en el que ni siquiera los docentes (ni hablar de padres y alumnos) han sido convocados para que definan criterios de los cambios en el sistema educativo (se realizan sí, simulacros participativos en los que las resoluciones están escritas de antemano). No discutimos temas centrales como cuál es la actividad formativa que deben tener los niños en relación a su desarrollo biológico y psíquico, se continúan con cuestiones que plantean mayor tiempo de los niños encerrados en las escuelas cárceles y con tareas para el hogar que les impiden disfrutar de la niñez y tener actividades propias de un infante, el resultado, los niños odian la escuela, detestan el aprendizaje, porque más que ser una aventura del conocimiento, se constituye en una rutina aburrida y tediosa que no les aporta nada, en la que lo principal es cumplir con los ritos burocráticos de la escuela. Si queremos discutir la educación, debemos empezar por discutir estas y otras cuestiones de fondo y no temas insustanciales como los que se están discutiendo en este momento. Hasta la próxima.

miércoles, 19 de octubre de 2016

Estación añoranza.


Hoy no voy a escribir sobre política, realidad, etc., sino sobre los recuerdos. El diario “La Capital” publicó un suplemento del “Barrio de la Sexta” de Rosario con un con junto de fotos de tiempos más esplendorosos. Allí hay una fotografía de los momentos en que parte en 1911 el primer tren a Bahía Blanca desde la estación de ferrocarril ubicada en Riobamba y Beruti. Se agolparon los recuerdos de mis comienzos en la Universidad, sobre todo cuando en 1983 se hizo cargo de la Universidad Nacional de Rosario la Coordinadora, un conjunto de jóvenes radicales alfonsinistas entusiastas con ideas socialdemócratas que impusieron como decano de la Facultad de Humanidades y Artes a Fernando Prieto, un licenciado en historia con larga trayectoria en educación. Me sumé, como secretario estudiantil de la facultad, a un equipo de grandes educadores que había participado de la conducción de la educación en tiempos del primer Gobierno de Silvestre Begnis, que había ganado las elecciones en 1958, y que, en el marco del proyecto desarrollista, llevó como ministro de educación a Ramón Alcalde, un escritor muy innovador en materia de educación que había participado junto a los hermanos Viñas, León Rozitchner, Oscar Masotta, Noé Jitrik, Juan José Sebreli en el grupo que potenció la revista “Contorno”. Alcalde reunió un destacado equipo de colaboradores, entre los cuales Prieto sería una pieza clave de su equipo, acompañado en su gestión por otro legendario de la educación, el Dr. Ovide Menin. No era casualidad que Menin estuviera en esa gestión, era como Prieto un radical histórico que decantó cuando el partido se dividió en dos mitades, la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP) y la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI). La UCRI abandonaría posteriormente su identidad radical para refundarse como el movimiento desarrollista (MID), pero lo interesante es que Menin, Prieto y otra figura señera de la educación santafesina, Raúl Ageno constituyeron el trío que fundo una de las publicaciones educativas dirigidas a los maestros más importante de Rosario, la revista “Hacer”, que según me contara el propio Menin, llego a editar unos 29 números de pedagogía de izquierda. La revista se hizo a pulmón en largas reuniones del bar del Hotel Savoy en Rosario. En 1978 se realizó el primer encuentro de Psicología Educativa en el que participé siendo un reciente egresado, allí conocí a Raúl Ageno que en esa época contaba más de 50 años. También participaron Enrique Bares y Roberto Scagliola que por entonces realizaban una muy interesante experiencia educativa conjunta en el Hospital Centenario. Tal vez fue mi primer encuentro, pero tuvo la particularidad de anudar lazos con uno de los personajes importantes de la Psicología Educativa en Rosario, como lo era Ageno. Con Raúl entablamos una sociedad más productiva para mí que para él, y de la mano de otro entrañable personaje, Rolando Bucci, por entonces estudiante de Psicología, luego psicólogo y trabajador incansable de la causa de los más vulnerables, lo que lo llevó a fundar un complejo educativo en una villa años más tarde, ya recibido. Los tres, por iniciativa de Rolando, fundamos el Centro de Estudios e Investigaciones “Antítesis” en el que se agruparon una cantidad de maduros profesores e intelectuales progresistas perseguidos por la dictadura. En 1983, en el consultorio de Ageno, conocí a Ovide Menin, recién llegado de Costa Rica, donde había estado exilado desde 1976. Ovide era un profesional con una trayectoria extraordinaria, había participado en numerosas universidades latinoamericanas como profesor y funcionario, había estado en Canadá y también en Europa (España y Francia). Cuando Prieto tomo el control de Humanidades y Artes los convocó, como lo hizo con un conjunto de intelectuales muy destacado, entre los que recuerdo a la que fue secretaria académica Gladys Rímini, a la epistemóloga Esther Díaz de Khobila primera directora de la escuela de Filosofía en democracia, a María Luisa Aracena que se hizo cargo de la escuela de Historia, El legendario Raúl Naranjo co autor del video Tucumán arde e impulsor de la Biblioteca Vigil, la dirección de la escuela de Antropología la tuvo Germán Fernández Guizzetti y colaboraron con él Edgardo Garbulsky y Héctor Vázquez que serían directores de la escuela de Antropología, Marta Varela que se hizo cargo de la escuela de Música, Maricha Gianni luego directora de la escuela de letras y Gloria Annoni que reorganizó la escuela de Psicología. Desde el inicio se organizaron dos grupos antagónicos, Annoni, Menin, Khobila, Hernández Larguía se reunieron en torno a la “Coordinadora” cuyos referentes estudiantiles eran Gustavo Caponi, Sandra Cucurullo, Gabriela Abecasis y Dario Maiorana (futuro rector de la Universidad), y el resto formó un grupo que podríamos denominar de izquierda, muy críticos del radicalismo gobernante entre los que se contaban Marta Bonaudo, Edgardo Garbulsky, Maricha Gianni, Gladys Rimini, Hilda Abichain, etc. Prieto intentó durante esos dos primeros años hacer equilibrio entre estos dos grupos cuyo antagonismo tenia, a mi entender, más que ver con viejos antagonismos de militancia y afanes de poder, que con diferencias ideológicas marcadas. La crisis se desató cuando se normalizó la Universidad y se llamó a elecciones de decanos y rectores. La fuerte presencia de los estudiantes vinculados al partido comunista aliados al grupo estudiantil del Partido Intransigente, llevó a Prieto a hacer opción por el grupo de izquierda, dejando de lado a los más cercanos a los radicales. Estos últimos se presentaron a elecciones llevando como candidato a Ovide Menin y en un consejo muy cerrado Prieto ganó por 9 votos (un graduado, 3 estudiantes y cinco docentes) a 7 votos (1 estudiante, 3 graduados y 3 docentes). Cuando gana el rectorado Juan Carlos Millet, el grupo alfonsinista organiza una movida para crear la Facultad de Psicología separada de la Facultad de Humanidades. Liderados por la directora de la escuela y el 15 de diciembre de1987, la Asamblea Universitaria de la Universidad Nacional de Rosario, crea la Facultad. El debate se centralizó en la planta docente y no docente que se llevaría la nueva facultad y el lugar donde prestaría sus servicios. La Facultad se organizó con menos de 100 docentes y 19 no docentes. Recuerdo que Gloria Annoni recorría las calles de Rosario buscando un espacio físico, en algún momento fue un ex convento la posibilidad, pero una Facultad de psicología en un ex convento era como poner un cabaret en la catedral de San Pedro (aun cuando la Facultad era un ex convento) Recalamos en unos viejos galpones que fueron construidos para que transitoriamente funcionara la Facultad de Arquitectura hasta que le construyeran su nueva sede, allí fue a parar en 1988 la Facultad de Psicología, en esos viejos galpones de techo de fibrocemento, muy precarios en los que funcionó hasta que se hizo el nuevo edificio en 2010. Como se enlaza esto con la nota de “La Capital”, pues que los galpones estaban en la llamada “Siberia” el centro universitario que funciona en la República de la Sexta, y al leer el diario tomé conciencia que allí al costado de la facultad se hallaba la vieja estación de trenes, donde ahora funciona la escuela de ingeniería mecánica. Hace poco, se remodeló el patio del bar de la facultad y allí se encontraron los adoquines del viejo complejo de la estación, y seguramente el propio local del bar era una de las dependencias de la misma. Bajo nuestros pies se encuentra la encrucijada en la que se reúnen el pasado y el presente y se proyecta el futuro. Un pasado que rememora una argentina en la que los sectores populares contaban con el ferrocarril como medio de transporte económico y eficiente, donde el populoso barrio de la sexta reunía a inmigrantes que buscaron a América como tierra de redención, porque la Argentina proponía un nuevo mundo en el que podrían escapar de las guerras y la miseria de Europa. La república de la sexta, construida en torno a esa estación ferroviaria, era una barriada obrera, tierra de trabajadores que forjaban su futuro en el día a día. Hoy se encuentra el Centro Universitario Rosario (CUR) y hasta allí llegan alrededor de 2000 estudiantes por años con la ilusión de formarse como psicólogos. Estos estudiantes son nietos o bisnietos de aquellos inmigrantes que vinieron de diferentes países de Europa buscando una nueva vida, y ellos han tomado la posta de desafiar al destino. Cada día llegaba a la Facultad en la que comencé como estudiante y hoy ejerzo como profesor, y me encontraba con psicólogos de diferentes generaciones, juntos hacíamos una amalgama de profesionales de la salud mental, juntos cultivamos ese pedacito de tierra, abonándola con el poco o mucho conocimiento que poseíamos, con las experiencias que intercambiábamos, con los saludos fraternales, porque los casi cien psicólogos que iniciamos la facultad en el lejano 1987, éramos todos amigos, conocidos o amables contendientes. En ese bar que funciona sobre los terrenos de la estación compartíamos las mañanas junto a los amigos queridos y compañeros de trabajo como Guillermo Ryan, Miguel Michelín, Ana Tosi, Marta Abonizio, y con miembros de otras cátedras como Raúl Ageno, Ovide Menin, Luis Giunípero, Jorge Beso, Juan Carlos Coria, Lucía Bertolano, Alicia Alvares, Cecilia Satriano, Enrique Barés, Norberto Boggino, Guillermo Molina, Antonio Gentile y tantos otros. Luego se comenzaron a sumar nuestros alumnos, convertidos en docentes y hoy relevo de una generación que sentó, bien o mal, las bases de la facultad. Así aparecieron mis queridos amigos y colaboradores, Víctor Quiroga, Flaviana Ponce, María Romina Cattaneo, Melisa Mandolesi, Miguel Gallego, Daniel Poyo García, Luis Turco, Marian Milicich, Brenda Turco, Mauricio Cervigni, Salvador Rizzotto, Horacio Tartaglia, que además de agregar frescura e ímpetu a los proyectos, hoy toman la posta de esa fascinante empresa del conocimiento. Tal vez sea tiempo de reflexión, tiempo para pensar y no para actuar, la facultad necesita un fuerte cambio, pero que necesariamente debe significar un retorno a sus raíces, al espíritu abierto a todas las tendencias teóricas, a todos los conocimientos. Como ocurre con los pueblos, no se puede proyectar el futuro si en el presente no somos capaces de recordar el pasado, tener una memoria activa de lo que se hizo antes que nosotros, recorrer la línea de tiempo, porque esa línea no tiene ni principio, ni fin, somos nada más que un átomo en una sucesión de acontecimientos, ni más ni menos importantes, pero también somos recuerdos encarnados, experiencias realizadas, sueños incumplidos. Si no somos capaces de recordar a los que ya no están, si creemos que solo los que estamos podemos hacer historia, el viento del olvido barrera todo. A los que estamos, a los que fueron y a los que vendrán. Hasta la próxima

jueves, 13 de octubre de 2016

Paredes limpias, conciencias sucias


En estas últimas semanas ha recrudecido el ritmo de las protestas contra la inseguridad, en otras entradas he discutido estas movilizaciones, no porque no exista el derecho a movilizarse para exigir seguridad y reclamar justicia, sino por los contenidos de una parte de esas movilizaciones. En algunas de ellas hemos visto grupos de ciudadanos violentos, que han pretendido linchar a algún sospechoso de robo, y además existen reclamos de mayor mano dura, más represión, leyes más duras y eso si es preocupante. En primer lugar, quiero tomar algunas palabras de Michel Foucault que me fueron recordadas en Facebook en estos días. En “Redes de poder” Foucault afirma que la delincuencia tiene una cierta utilidad económico-política en las sociedades que conocemos. La utilidad mencionada podemos revelarla fácilmente "cuanto más delincuentes existan más crímenes existirán, cuantos más crímenes hayan, más miedo tendrá la población y cuanto más miedo haya en la población más aceptable y deseable se vuelve el sistema de control policial. La existencia de ese pequeño peligro interno permanente es una de las condiciones de aceptabilidad de ese sistema de control, lo que explica porque en los periódicos, en la radio, en la televisión, en todos los países del mundo sin ninguna excepción, se concede tanto espacio a la criminalidad como si se tratase de una novedad en cada nuevo día. No dudo que es legítimo el reclamo contra la inseguridad, pero atendamos a lo que nos dice este autor, la burguesía utiliza permanentemente el reclamo de la inseguridad, agita su fantasma, para desviar la atención de todos lo ciudadanos de otras cuestiones que deberían ocuparnos y preocuparnos. Foucault sostiene que en el siglo XIX la burguesía, frecuentemente agitaba el fantasma de la inseguridad, por la presencia de salteadores de caminos, tema que también aparece en argentina, donde los frecuentes asesinatos de colonos llevaban a la prensa a solicitar una acción más represiva de parte de las autoridades. La intención de la clase dominante, no era obviamente terminar con el delito, sino contar con herramientas que les permitiera reprimir con fuerza a una clase obrera que cada vez amenazaba más su dominio de clase. El reclamo de la inseguridad, que se orienta a los delitos de arrebato, entraderas, violaciones, etc., (algunos de los cuales terminan en asesinato de las víctimas) ha calado muy hondo en los sectores medios, los que son proclives a tomar el discurso discriminatorio y represivo de los medios de comunicación. En el reciente encuentro de mujeres en Rosario, un sector de una movilización de cuarenta cuadras, realizó algunas pintadas en los muros de la ciudad. Además, se produjo un enfrentamiento entre los manifestantes y la policía que terminó con varias mujeres heridas. El accionar de la policía fue francamente delictivo, existen fotos en las que un policía patea con borceguíes a una casi niña tirada en el suelo, la policía usó balas de goma apuntadas directamente a la cabeza de las manifestantes y acometió con violencia contra las mismas. Este accionar recuerda épocas que creíamos superadas, pero presentes. La policía tuvo la misma conducta que durante las dictaduras, viendo a los manifestantes como enemigos y no como ciudadanos que protestan. Lo importante es que el gobierno provincial, en boca de su ministro de gobierno, Pullaro, lejos de criticar la actitud de los policías, salió a acusar a las manifestantes, hablando incluso de infiltrados, lenguaje siniestro muy propio de las dictaduras. Algunos periodistas, apoyaron la represión, y también se sumaron al coro de críticas reaccionarias, generando una operación de prensa destinada a descalificar a las mujeres que protestaban. Muchos ciudadanos salieron a criticar las pintadas, horrorizándose por las paredes sucias, creo que esto demuestra hasta qué punto ha calado el proceso de endoculturación llevado adelante por el relato macrista sostenido a rajatablas por los medios de comunicación y sus periodistas mercenarios. Para analizar mi análisis decidí recurrir a un documento gráfico, la foto que acompaño fue publicada por el diario La Capital en página 8 de la edición del 11 de octubre de 2016.
Si el lector observa atentamente la foto, las dos mujeres están mirando las pintadas, no creo que tomen nota del indigente que está durmiendo a la intemperie dado que esto ya es un paisaje cotidiano en la argentina de Macri. Camino toda la ciudad desde que llegué a ella en los lejanos años 70', todas las paredes estaban y están un asco por pintadas de hinchas de fútbol, partidos políticos, grafitis varios, etc., y en estos años si bien existieron protestas, sobre todo por las campañas políticas, nunca escuché que los señores periodistas se hicieran cruces por este evento ciudadano. Además, si las mujeres se expresaron dejando sus ideas en las paredes para compartirlas con todos, la municipalidad tiene siempre la posibilidad de limpiar las mismas (creo que no debería hacerlo), como ha dicho que va a hacer. Pintar consignas en las paredes es un acto de libertad de expresión de mujeres (y de todos los ciudadanos) que se juegan por ideas igualitarias. Lo curioso es que en los medios hablan de las paredes sucias, pero no de la represión salvaje de la narco-policía, se quejan de las paredes sucias y no ven, como las mujeres de la foto, a los mendigos durmiendo en la calle a la intemperie, eso sí es horrible, porque ningún ciudadano argentino debería estar en esa situación. La pregunta que surge es que hacen los gobiernos nacionales, provinciales y locales por estos ciudadanos argentinos puedan tener condiciones de vida mas dignas?. Tal vez la clase media debería comenzar a procesar sus propios pensamientos y no interesarse tanto por la estética ciudadana, pero a la pequeña burguesía que habita en el centro de la ciudad, y más recientemente en barrios cerrados o en costa norte, en suntuosos departamentos o casas muy confortables no les importa el sufrimiento de los pobres y los indigentes, importa tener paredes limpias, aunque la sociedad sea un asco. Hasta la próxima

domingo, 9 de octubre de 2016

El regreso de Herr Hitler.


Durante el siglo XX la humanidad fue arrastrada a uno de los períodos de locura y muerte más tenebrosos de su historia. En Europa triunfaron las ideas más peligrosas para nuestra convivencia. Primero fue Italia donde luego de la marcha sobre Roma el 22 de mayo de 1922, un ex socialista y ex director del periódico Avanti, Benito Mussolini se encaramaba al poder peninsular fundando un régimen fascista tan o más temible que lo que luego sería Franco en España. Después fue el turno del que podría afirmar sin ruborizarse “yo el peor de todos”, Adolfo Hitler, es un ignoto pintor alemán que llegaría al poder en Alemania en enero de 1933. Apoyado sin tapujos por estos dos criminales, con la complicidad de los “democráticos” países occidentales, que callaron las atrocidades franquistas y no asistieron a la tambaleante república española, se desarrolló la guerra civil española, donde un caudillo fascista y autoritario se hizo con el poder a punta de pistola (no creo necesario señalar que me refiero a Francisco Franco), Podríamos decir que de la mano de estos tres siniestros personajes y de tantos otros que pulularon en la Europa de la post primera guerra mundial, el mundo se sumió en una borrachera de sangre y torturas, y cientos de millones de seres humanos pagaron con sus vidas la noche más negra de la historia humana. Ahora bien, seria equivocado adscribir solo a estos nefastos personajes la exclusiva responsabilidad de lo que pasó en las décadas del 30’ y el 40’, ellos fueron los ejecutores de una ideología de muerte y destrucción que tuvo muchas víctimas, pero también beneficiarios, fundamentalmente la burguesía concentrada que integraba e integra el complejo industrial armamentista y los ricos comerciantes e industriales que sostenían estos regímenes autoritarios y marcharon gozosos a la guerra porque veían grandes ganancias en la conflagración que se avecinaba. Hitler, Mussolini, Hirohito, eran los ejecutores, pero detrás de ellos estaban los partícipes necesarios de tanta muerte y destrucción y sus cómplices (conscientes o no), las capas medias que se fanatizaron y asumieron lo peor de la humanidad en cuanto a valores e ideas. La historia humana demuestra que la política en términos globales, tiene un carácter pendular, y luego de tanta destrucción, de tantos asesinatos, genocidios, era lógico que el mundo cambiara de fase, nuevas políticas, nuevos valores se adueñaron de la estructura de pensamiento de los líderes mundiales y se trasvasaron a las masas, la post guerra dejó la sensación de que por fin la humanidad había aprendido la lección y se encaminaba rumbo a un cambio profundo en sus lógicas ideacionales. Eran tiempos de reconstrucción, de elaboración del duelo de parte de las víctimas, tanto de un bando como del otro, porque, aseguran los historiadores, la historia la escriben los que ganan, y el salvajismo parecía que era solo de los que perdieron la guerra (Alemania, Italia, Japón), pero en una guerra, todos son salvajes, todos son genocidas. Mi padre relataba que estando en una sobremesa con un emigrado italiano, le preguntó, cual es peor invasor, los alemanes o los americanos, y su interlocutor le contesto, todos los invasores son feroces por igual, todos son malos. Estando en Budapest en 1999, le pregunté a un taxista si consideraba peores a los soviéticos o a los americanos, y me contestó, son lo mismo, a todos les interesa obtener una ganancia robándonos a los pueblos lo poco que tenemos. Curiosidades del saber popular, no hay burgueses buenos, todos tienen un solo valor (aunque mientan ante una cámara de televisión) el dinero y la ganancia. O acaso las atrocidades que cometió EE.UU. durante la guerra fueron menores que las que cometieron sus deleznables contrincantes. Por supuesto que no, y como para muestra basta un botón, recordemos a Hiroshima y Nagasaki, donde los americanos probaron la bomba atómica usando como conejillos de indias a los pobres japoneses. La diferencia entre los que mandan y los que son gobernados estriba en la responsabilidad que tienen sobre sus acciones, pero ambos son partícipes necesarios de las atrocidades, y las capas medias, a lo largo de la historia de la humanidad, han jugado siempre un papel patético sosteniendo dictadores y genocidas. Lo interesante es que las décadas de 60’, 70’ y hasta la del 80’, estuvieron determinadas por un cambio en el comportamiento de las masas. En la sociedad humana se impusieron nuevos viejos valores como la solidaridad, la paz, el amor por el “Otro”, la cooperación mundial, el deseo de lograr sociedades más igualitarias, más equitativas, más democráticas, en las que la vida humana tuviera un valor fundamental, casi podría decirse “sagrado”. Ello no implica que en la segunda mitad del siglo XX no existieran guerras, genocidios, matanzas, persecuciones, dictaduras, etc. Lo que significa es que los valores universales diseñados por el hombre a lo largo de la historia y plasmados en documentos fundamentales como la “Carta de derechos del hombre y del ciudadano” incorporada a la constitución de los EE.UU. cuando fenecía el siglo XVIII y por la misma época también adoptada por los revolucionarios franceses, significó uno de los legados más trascendentales del liberalismo burgués. Más allá de las intenciones ocultas o manifiestas de la burguesía, que siempre borró con el codo lo que escribió con la mano, lo real es que las masas, y, sobre todo, las masas de jóvenes del “baby boom” abrazaron con entusiasmo los valores más caros al verdadero liberalismo, dando origen a movimientos como el movimiento hippie, o a las juventudes que avanzaron convencidas del valor del socialismo como sistema social durante las décadas del 60’ y 70’. Algunos líderes, influenciados por las revoluciones violentas triunfantes proclamaron que la violencia era la partera de la historia (frase de Marx por excelencia) creyendo que era necesario arrebatarle por la fuerza el poder a la burguesía, pero aun ellos creían en los valores de paz, concordia, educación, solidaridad. Las juventudes de la segunda mitad del siglo XX se caracterizaron por el profundo idealismo que guiaba a su accionar político, y buscaron con denuedo una sociedad más justa e igualitaria. Para la burguesía, eran importante sostener hipócritamente estos valores, aunque luego, tras las bambalinas del poder, sostuvieran las más penosas guerras coloniales que sostenían la depredación de los pueblos colonizados para incrementar sus fortunas manchadas de sangre. La idea de la violencia, que ve al “Otro” al que piensa distinto, al que tiene una fe distinta, al que sostiene propuestas diferentes, como un enemigo que hay que destruir, es un producto que se reinstala con inusitada ferocidad en nuestras sociedades en la década del noventa, luego de la caída del muro de Berlín y del laboratorio socialista en el mundo, los regímenes soviéticos, o llamados socialistas reales. Cuando la burguesía triunfante ya no tiene frente a sí al enemigo “comunista”, y no necesita continuar haciendo demagogia, desarrolla, fundamentalmente, a través de los medios de comunicación, la idea de que el individualismo había superado al colectivismo. A partir de entonces, la búsqueda del éxito individual por sobre el papel de los intereses colectivos, constituye la piedra angular de la nueva construcción social. No importa quienes sufran o se perjudiquen de mis éxitos, lo importante es que “YO” sea exitoso, la pobreza dejará de ser algo execrable en los actos humanos, porque ahora se reconoce que pobres hubo siempre (aunque se seguirá sosteniendo un discurso contra la pobreza, pero con una matriz hipócrita). El resultado es bien sabido, hoy en el mundo el 1% de la población mundial es dueña del 50% de los bienes existentes. La burguesía más concentrada siguió impulsando guerras atroces en las que lucraban los complejos industriales armamentistas en primer lugar, pero donde, la clase en su conjunto se vio favorecida por las políticas criminales del imperio, en una era del mundo unipolar en el que EE.UU. reinaba apoyando guerras fratricidas, dictadores genocidas, y fundamentalismos delirantes. Todo lo que era negocio, era política de estado para el capitalismo, aunque en los foros internacionales los políticos burgueses condenaran discursivamente tanta muerte y desolación. Los medios de comunicación de masas desarrollaron una incansable y subterránea prédica en favor de ese individualismo irreverente que servía para hacer negocios, valorizaron una cierta “democracia” formal, pero vaciada de contenido que les permitía a los capitalistas hacer buenos negocios. Batieron el parche contra los populismos, nos dijeron millones de veces que vivíamos en sociedades inseguras, nos vendieron recetas neoliberales y teorías del derrame, que en la práctica significaron más pobreza, más indigencia, más muerte, más desolación en el mundo, y nuevamente los sectores medios compraron ese discurso lindante con el fascismo, con el autoritarismo, con la discriminación. En América Latina vimos como caían gobiernos que buscaban algo más de igualdad, un poco más de oportunidades para los sectores más vulnerables, no se trataba de gobiernos anticapitalistas, sino de gobiernos populares como los que cayeron en la Europa de los 30’ y los 40’. Al igual que en los países islámicos o europeos, se impulsó a los movimientos fundamentalistas, a los nuevos movimientos fascistas como los skinheades, para hacer caer esos gobiernos populares (algunos de ellos con fuertes prácticas autoritarias y corruptas, por cierto) o para impulsar mayor consenso hacia políticas conservadoras o neoliberales que permitieran a la burguesía apoderarse de los recursos naturales o maximizar sus ganancias a costa de los sectores más empobrecidos de la sociedad. El resultado del eterno batallar de los sectores más conservadores de la burguesía contra ideas o gobiernos populares es el desarrollo de un amplio sector social (fundamentalmente las capas medias) con un pensamiento retrógrado que no soporta las libertades, se escandaliza ante un ratero que roba una cartera y trata de lincharlo, pero cierra los ojos ante los desaguisados de los gobiernos conservadores que roban impunemente el patrimonio y el futuro de los pueblos y se moviliza al son de la música retrógrada que permite escuchar el canto de las sirenas que clama por mayor represión, más cárceles, menos libertades, en el mejor de los casos, o que lisa y llanamente abraza el fundamentalismo y sigue los pasos de líderes mesiánicos que al grito de “Alá es grande” imponen dictaduras atroces en las que la vida no vale nada y la muerte es su leiv motiv. La cultura de la violencia y la discriminación también crece en los llamados países desarrollados. Por ejemplo en Alemania, donde Ángela Merkel, canciller derechista de la Unión Cristianodemócrata (CDU), fue humillada en la última contienda electoral por Alternativa por Alemania (AfF) grupo xenófobo, antiinmigración, de ultraderecha. Mekel perdió las elecciones porque los alemanes de Mecklemburgo-Pomerania Occidental rechazaron su política a favor de la recepción de los refugiados sirios. En EE.UU. existe la posibilidad de que un candidato xenófobo, Donald Trump, gane las elecciones. Además de derechista y xenófobo confeso, Trump es un machista que humilla a las mujeres y por sobre todo un peligro para la humanidad si llega al control de la nación más poderosa del planeta. Esta cultura de la violencia y la muerte tuvo un jalón de importancia en América Latina, precisamente en Colombia, donde hace unos días, de manera casi inexplicable, el 50% de los ciudadanos que respondieron al llamado del presidente Santos a expresar su opinión sobre el tratado de paz que buscaba poner fin a 50 años de guerra civil en ese país, se pronunciaron por el no al tratado y por lo tanto por la continuidad de la confrontación. Explicaciones debe haber muchas, tal vez la acción de los grupos ilegales (paramilitares, traficantes de droga, sectores de la derecha conservadora, etc.) para los cuales la muerte de miles de colombianos se ha constituido en un negocio lucrativo, que les permite desarrollar sus actividades ilícitas como la venta de armas, la usurpación de las tierras de los campesinos pobres, la explotación de los mismos cuando el estado no está presente, las jugosas comisiones que pagan los narcotraficantes, en definitiva, todas las posibilidades de lucro ilegal que les permite una sociedad sin estado presente, en la que se impone la ley del más fuerte y no los derechos de los ciudadanos y el respeto a la vida. Para imponer sus intereses, estos sectores contaron con la ayuda inestimable de los medios de comunicación que contaron el relato contrario a la paz y la convivencia, medios que sistemáticamente conforman una conciencia conservadora en el sector social más permeable a su prédica (las capas medias) y que, en el poderoso giro a la derecha de la población mundial se han conformado en el ariete de penetración de las ideas más retardatarias en extensas capas sociales, aun los más desfavorecidos por el reparto cada vez más desigual de la riqueza. Lo que estos sectores debieran reflexionar es que, así comenzó la aventura nazi fascista europea que condujo a la humanidad a una de las hecatombes más lamentables de su historia. Pero también debemos reflexionar quienes nos encuadramos en lo que denominamos (como dije en un artículo anterior) pensamiento social avanzado, sobre todo el conjunto de la izquierda, que no ha podido vulnerar la espesa coraza reaccionaria del pensamiento de la derecha conservadora. Es necesario que pensemos como actuar en el futuro cercano para prevenir el escenario de terror al que se está deslizando la humanidad en este presente trágico. Hasta la próxima.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Educación y calidad de educación.


Durante la década del ochenta y parte de los noventa desarrollé un proyecto de investigación que se vio plasmado en una obra en dos tomos, (Bonantini C., (1994, 1996) Educación y Sociedad. Historia social de la educación media argentina. Tomos 1 y 2 UNR Editora, Rosario.) en la que realicé un estudio comparativo entre el desarrollo económico social de Argentina y las diferentes propuestas educativas. De la investigación surgió que no existe una correspondencia absoluta entre los momentos socio-históricos y las propuestas educativas, situación que denominé relaciones de interdependencia y asimetría. La educación fue un tema central desde los orígenes de la nacionalidad y a lo largo de nuestra historia se desarrollaron diferentes proyectos educativos. Han existido notables proyectos, como los de Sarmiento y Alberdi, que buscaban el desarrollo de los hábitos industriosos en un momento en que la industria en Argentina era casi inexistente. También, es un dato importante, el hecho de ser la educación considerada a lo largo de estos años, como un motor de igualación social. Tuvimos un Congreso Pedagógico a fines del siglo XIX impulsado por Sarmiento y presidido por Onésimo Leguizamón que fue capaz de debatir la educación y elaborar la ley 1420 de educación universal, laica y gratuita, ley señera en América Latina y tal vez en el mundo. Cuando en 1993 terminé el proyecto y me reorienté a otros temas, en Argentina el 27% de la población se encontraba en algún punto del sistema educativo formal. Con tasas de analfabetismo muy bajas (no eran superiores al 3%) Argentina constituía junto a Cuba, Uruguay y Costa Rica los países con mayor nivel de alfabetización de América Latina. Otro dato importante está determinado por las características estables (podría decirse de inmovilidad) de las curriculas de formación en nuestro país. Solo a modo de ejemplo, la currícula de formación de bachilleres prácticamente no sufrió modificaciones entre 1863 año de la fundación del Colegio Nacional de Bs. As y la década del 70 en el siglo XX cuando empezaron a realizarse cambios. Es que el desarrollo de la ciencia y la tecnología tenían largo tiempos. Después de la segunda guerra mundial, los desarrollos tecnológicos fueron cada vez más acelerados, de manera tal que las tecnologías de uso frecuente comenzaron a acortar sus tiempos de vida. Por dar un ejemplo, el sistema de discos de pasta tuvo una duración de más de 70 años, su sucesor no tuvo tanta suerte, poco más de una década. En la actualidad hemos ingresado en lo que muchos estudiosos denominan la era exponencial, es decir, los cambios tecnológicos se aceleran cada vez más y las tecnologías de uso frecuente duran cada vez menos. Este dato es muy importante porque los cambios científicos y tecnológicos impactan en forma directa sobre el mercado de trabajo y las demandas educativas que interpelan a la educación. Muchos empleos que parecían eternos, hoy son inexistentes, por ejemplo, los fabricantes de sulkys ya no existen, los artesanos que realizaban los relieves de los edificios tampoco, más cercano a nuestros días, están desapareciendo lo letristas y cartelistas y podríamos citar muchos más, el detalle es que estas ocupaciones eran, en muchas oportunidades, heredadas por los hijos y constituían tradiciones familiares que perduraron a lo largo del siglo XX, en cambio, las profesiones que hoy existen y las que están apareciendo tendrán mucho menos suerte, y por lo tanto una vida más corta. Según los expertos, de las profesiones que hoy existen en menos de 50 años, muchas habrán desaparecido, se calcula que alrededor del 80% las profesiones actuales dejarán de existir. La característica de la sociedad exponencial es que los cambios son tan vertiginosos que resulta muy difícil al actor poder introyectarlos, se trata de una sociedad de cambios violentos, que se complejiza a cada momento y cuyo signo es la incerteza. Mientras que en las cómodas sociedades pastoriles e industriales de los siglos XVIII, XIX y XX podíamos planificar nuestras vidas con horizontes de visibilidad de 50 o 60 años, hoy ello ya no es posible y por lo tanto necesitamos ir transformando nuestro expertis al ritmo de la sociedad. A comienzos del siglo XX un obrero solo necesitaba para poder trabajar algún conocimiento de lecto-escritura (no determinante) conocimientos rudimentarios de las operaciones matemáticas y algún que otro conocimiento cultural (conocer la letra del himno, por ejemplo), en la actualidad el mismo trabajador no podría conseguir empleo y necesita para poder desempeñarse en la producción conocimientos de computación, si es posible de idiomas, conocimientos de tecnologías automatizadas y conocimientos culturales más amplios. Esta situación es de suma importancia a la hora de pensar la educación en Argentina, dado que es frecuente que los diferentes gobiernos hablen mucho de educación y hagan poco por ella. En primer lugar, es necesario cambiar la matriz neoliberal que piensa a la educación como un gasto y no como una inversión, la educación junto a la ciencia y la tecnología son las inversiones más importantes que puede realizar un país que pretende crecer y ubicarse entre los más desarrollados, es por ello que nunca existirá un presupuesto adecuado en educación, ciencia y tecnología, siempre se requerirá más. En segundo lugar, es necesario pensar que se entiende por educación y por calidad de educación. Si se observan los discursos de los políticos y funcionarios en el área de educación, necesariamente uno tiene que colegir que la calidad de la educación consiste en tener 180 días de clase al año, es un número mágico y nadie podría decir porque no 179 o 181. Medir la calidad de la educación por la cantidad de días de clase es un verdadero desatino. Un alumno puede pasar 365 días dentro de la escuela y ello no es indica que reciba una buena formación. La calidad de la educación está en relación con la capacidad del sistema educativo de dar respuestas a los desafíos que impone la sociedad en materia de formación de recursos humanos. Una educación será de calidad cuando forme profesionales en las diferentes áreas capaces de brindar los servicios necesarios que la comunidad requiere. Por ejemplo, si formamos albañiles, el resultado de la formación que brindamos deberá constituir a los beneficiarios en profesionales de la albañilería capaces de desempeñarse en la construcción con los conocimientos necesarios para realizar edificaciones (conocimiento de los materiales, de las normas de seguridad, de las operaciones necesarias para construir, etc.). También la calidad de la educación tiene que ver con las características de formación desde el punto de vista de la subjetividad de los educandos, y este es un punto de vista muchas veces ignorado. Cuando hablamos de subjetividad nos referimos a la manera que tienen los grupos humanos y sus unidades elementales de vincularse socialmente, de reconocer el ambiente en el que se mueven, de tomar decisiones basados, tanto en las normas, como en los usos y las costumbres. La calidad de la educación guarda relación con la estructura y funciones del sistema educativo. En nuestro país lo dominante es la estructura formal, organizada por niveles (pre escolar, primario, medio y superior -universitario y no universitario-) Es una estructura muy rígida que no permite ingresar a la misma por ningún punto que no sea el primer nivel y exige al educando tener el nivel anterior completo para acceder al siguiente. Esta rigidez del sistema educativo formal tiene una fuerte función expulsiva del sistema, ya sea porque por características de vulnerabilidad el educando debe abandonar el sistema para ganarse la vida o porque directamente no resiste las condiciones de disciplina exigente que el sistema tiene. Muchos autores han desarrollado las críticas a lo que se denomina el sistema bancarizado, en el cual los alumnos son dispuestos de manera tal que solo pueden ver la nuca de su compañero y todos ven a la maestra. Por el contrario, la maestra, a la manera de un panóptico, puede ver a todos los alumnos, con lo cual se coloca en una posición de poder, que desde el comienzo, nos brinda una excelente explicación de cuál es el objetivo fundamental de la educación formal, disciplinar. Pavlov hablaba de lo que denominaba el reflejo de investigación, reflejo que los seres humanos tenemos desde nuestro nacimiento y que nos permite conocer el mundo circundante y lograr nuestra individuación. El niño, desde el nacimiento, desarrolla un interés por conocer todo y lo realiza de la manera más simple, con la experiencia, sus manos, su boca, sus pies, su cuerpo en general se constituye en una caja de herramientas en la aventura del conocer. Por lo tanto, el desarrollo del conocimiento no requiere como principal elemento de la disciplina, sino de la libertad. Solo en un ambiente de libertad, el niño puede crear sus propios programas de conocimiento, realimentarlos con sus logros y formalizar nuevos programas, el educador (padre, maestro) se constituye en un guía, que no otorga el conocimiento, por el contrario, genera alternativas para que el educando pueda escoger en libertad sus propios caminos de conocimiento. Es la familia la encargada, por medio de la represión, de iniciar el largo camino de cercenamiento de este reflejo de investigación, por ejemplo, los niños reconocen su sexualidad a través de tocarse los genitales, esta actividad, lejos de ser algo malo, se constituye en una vía de conocimiento eficaz que generalmente es reprimida por las figuras parentales o familiares cercanas. La escuela continúa esta represión sistemática sobre el niño, en la escuela encontramos todo un arsenal de medidas punitivas destinadas a amedrentar al educando que van desde las sanciones (amonestaciones) a la extorsión mediante los sistemas competitivos de evaluación. Al poner nota desarrollando la competencia entre pares y discriminando a los más vulnerables, la evaluación es desnaturaliza en su carácter esencial, dado que la misma constituye un momento más del aprendizaje en el que el educando reflexiona sobre el porqué y para qué de los conocimientos adquiridos. En cambio, la prueba, el examen, esos curiosos instrumentos de tortura que posee la escuela moderna, no buscan determinar los conocimientos desde la perspectiva de su utilidad y uso, sino desde la posibilidad repetitiva de un discurso enunciado por el docente que sacraliza un cierto saber existente sin posibilidad de ser cuestionado. Imaginemos que un alumno realiza un profundo cuestionamiento a lo que el docente desarrolló en las clases, y más allá de si lo que el alumno dice es correcto o incorrecto, lo importante es que ese alumno ha desarrollado su pensamiento reflexivo y crítico, y aunque ahora se equivoque, en el futuro seguramente tendrá muchos logros. En nuestra escuela, la crítica es vista desde una perspectiva negativa, el alumno que critica incomoda el saber sacralizado y es reprimido, y se le dejan dos caminos, continuar con su rebeldía siendo castigado por ello, o adaptarse a las exigencias represivas de la escuela repitiendo aquello cuyo significado ignora. Un ejemplo, (a+b)2=a2+2ab+b2, esto es un binomio cuadrado perfecto, sé que es correcto, pero no sé porque, no entiendo que es lo que hace que sea así, y ello porque en la escuela me enseñaron repetitivamente ese dato. Mi promedio en Análisis Matemático era 10 en la escuela secundaria, sin embargo, hoy no sé qué es un límite, una derivada, una integral, todos ellos contenidos esenciales de análisis matemático. La calidad de la educación sería una función que permite al sistema la flexibilidad para poder facilitar el desarrollo del pensamiento reflexivo y crítico, en definitiva, para incentivar la autonomía del educando en la construcción de su propio conocimiento. Por supuesto que desarrollar una calidad desde esta perspectiva exige una mayor inversión que la que se dedica en los sistemas bancarizados actuales, en los cuales el principal objetivo es disciplinar la futura fuerza de trabajo, y facilitar a los trabajadores actuales (los padres) el desarrollo de sus actividades productivas mediante el encierro disciplinar del educando en la escuela. Una propuesta de libertad implicaría necesariamente romper el sistema educativo formal, o por lo menos flexibilizarlo para que pueda servir a las diferentes subjetividades en juego en la escuela. Esto no es una utopía, en algún momento, en el gobierno de Carlos Menem, durante la gestión de Susana Decibe, se trataron de implementar los Trayectos Técnicos Pedagógicos (TTP) propuesta que pretendía introducir alguna flexibilidad en el rígido sistema formal, dado que estos trayectos, dirigidos a trabajadores en actividad, no requerían del secundario completo y como se organizaban por módulos, el alumno podía acreditar uno o más módulos sin tener que hacer todo el trayecto. En general en los diferentes países europeos se implementan formas de educación de este tipo, orientadas a formar a las subjetividades que por diferentes motivos no resisten el disciplinamiento escolar (cantidad de horas por día, cargas de trabajo, necesidad de acreditar todos los conocimientos, etc.), donde el alumno, en muchos casos, es el que determina su propia trayectoria de aprendizaje. Porque se sostiene la obsolescencia de un sistema educativo rígido y tan poco eficiente, simplemente porque para la burguesía la educación es un gasto y desde esa perspectiva fija límites a ese gasto. La perspectiva renovadora que estoy comentando requiere el desarrollo de infraestructuras mucho más onerosas que las ruinosas existencias edilicias actuales. Las escuelas públicas son noticia frecuente en la prensa, pero no por la excelencia de sus servicios, sino por los accidentes producto de instalaciones eléctricas defectuosas, mamposterías en mal estado, vidrios rotos, falta de calefacción. En la Universidad Nacional de Rosario, durante más de veinte años asistimos a clases en un ambiente degradado en el que en invierno pasábamos frio y en verano calor, con aulas que eran viejas construcciones precarias, techos de asbesto y sin ningún tipo de recursos tecnológicos para el dictado de clases. El anterior gobierno construyó un nuevo edificio, pero no es suficiente. La calidad de la educación requiere de un ejercicio docente renovado tanto en lo técnico, como en lo pedagógico. Este es otro punto al que los gobiernos no prestan atención. No son pocas las oportunidades en que los docentes para asistir a cursos de formación deben hacerlo en horas extra clase porque los 180 días de clase impiden licencias formativas. Pero además estos cursos son enlatados que no responden a las necesidades regionales, ni prestan atención a las características y determinantes subjetivos de los alumnos. Por lo general, en el burocratizado sistema de administración de la educación, los cursos no son la búsqueda de nuevos conocimientos, sino la búsqueda de certificados que acrediten puntos en la carrera docente. Los cursos de formación docente no interpelan el conocimiento existente, no constituyen al docente en un actor de producción de nuevos conocimientos, solo reproducen la conservadora relación áulica entre el docente y sus alumnos, solo que acá el docente es el alumno que asiste pasivamente a exposiciones que en la generalidad de los casos no le sirven para mejorar su práctica profesional. Y si la formación docente deja mucho que desear, mucho peor es las condiciones y medio ambiente de trabajo, que además de un hábitat lamentable, como señalamos más arriba, implican cargas psíquicas onerosas que someten al trabajador de la educación a un intenso sufrimiento psíquico. Existen una multiplicidad de estudios realizados en nuestro país referidos a este tema. Malestar docente, accidentes cardiovasculares y cerebrovasculares, burn out, síndrome de desgaste por empatía, gastroenterocolitis, cefaleas frecuentes, etc., son algunas de las causas por las que los docentes se ven obligados a pedir licencias frecuentes en el mejor de los casos, tareas pasivas en casos más problemáticos y en el peor de los casos observamos hasta muertes por esas condiciones de trabajo. La pobreza y la indigencia desvirtúan la finalidad de la escuela, la que se transforma en un espacio de sobrevivencia de los niños que concurren a la misma más por la necesidad de la copa de leche o una comida diaria que por el afán de conocimientos. Algún antropólogo recogió en sus registros de campo una frase nítida de la situación, una maestra decía que antes los padres preguntaban al niño, cuando este regresaba de la escuela, que aprendiste hoy, en cambio ahora le preguntan qué comiste hoy. El docente siente en su sensibilidad más profunda esta situación (que por cierto no está lejana de su propio deterioro económico, producto de los salarios miserables que recibe) y sufre tanto la violencia de un entorno desesperado por las necesidades básicas insatisfechas, como la presencia en el aula de niño que violentados ejercen violencia, el bulling se enseñorea de las relaciones entre los educandos. Estos son temas que nunca se discuten en los ministerios de educación, o si se lo hace es solo como formalidad, porque la realidad nos indica que no se destinan recursos para remover las causas del deterioro de la salud de los docentes. Calidad de educación implica curriculas construidas por todos los actores del proceso educativo, es decir considerando las características y necesidades regional y local. En cambio la discusión de las reformas educativas son discutidas hoy de manera centralizada por los “expertos” que poco saben de los problemas reales de la educación, y son convidados de piedra en ese debate los padres, los actores territoriales, y hasta los propios docentes y alumnos. Hace muchos años la Red Cualitativa de Investigaciones en Educación desarrollo un importante instrumento que permitía a los docentes investigar su propia práctica, los talleres de educadores, en lo que el saber técnico solo aportaba conocimientos para el debate de las condiciones y medio ambiente de trabajo y de la práctica docente. No he vuelto a escuchar de ellos. Calidad educativa también supone la apertura del aula, que debe extenderse más allá de los muros de la escuela y poner a los educandos (sobre todo a los más pequeños) en contacto con la naturaleza, a comprender y amar el ambiente, a reconocer el valor de las redes solidarias, a tener una experiencia viva de su entorno inmediato y mediato, a valorar a todos los seres vivos, a reconocer sus derechos y los de los demás, aun de aquellas criaturas que no portan conciencia. Calidad de educación es formar al niño en nuevos y viejos valores, como la cooperación para el logro de objetivos comunes, la no discriminación por razones de sexo, etnia o capacidades diferentes, la solidaridad expresada en la vocación de servicio al que lo necesita y la lucha contra las expresiones de violencia, cualesquiera que sean. Pero no, para nuestros políticos conservadores, radicales, liberales, socialistas, lo más importante son los 180 días de clase, no importa que durante ellos el niño se comporte como un salvaje metropolitano, que se destruyan unos a otros para subir un video a las redes sociales, que se desfigure a la compañerita porque es más linda (como si la belleza fuera un valor único e inmutable), que la violencia se dé entre pandillas juveniles que ni siquiera saben cuáles son sus diferencias, lo importante son los 180 días de clase, para que los padres puedan amontonar a sus hijos en ese hospicio en que se convierte la escuela, mientras ellos son explotados y oprimidos por los capitalistas. Es hora de realizar un debate profundo sobre la educación y la calidad de educación, porque en ello se nos va el futuro de las próximas generaciones. Hasta la próxima.