lunes, 26 de marzo de 2012

Espíritu y materia.


El debate entre espíritu y materia ha enardecido los ánimos intelectuales a lo largo de la historia escrita de la humanidad. Entre los que se podrían ubicar en el campo del materialismo podemos citar, entre otros a: Anaximandro, Tales de Mileto, Heráclito
Anaxímenes, Demócrito, Francis Bacon, Thomas Hobbes, Pierre Gassendi, René Descartes
Karl Marx; mientras que entre los idealistas más conocidos encontramos entre otros a: Emanuel Kant, Johann Gottlieb Fichte, George Wilhelm Friedrich Hegel, Pierre Duhem, Karl Popper, Friedrich Wilhelm Joseph, Gottlob Ernst Schulze, Karl Leonhard Reinhold, Friedrich Schleiermacher, Friedrich Heinrich Jacobi.
Podríamos decir que uno de los puntos que deslinda las aguas en forma tajante es la cuestión del monismo o dualismo. Los materialistas mas extremos son monistas, el hombre es tan solo materia, y la conciencia es una propiedad emergente de esa materia, mientras que para los idealistas mas acérrimos un dato insoslayable es la división del hombre en materia y espíritu, y en Hegel, «lo absoluto», esta dado por la «idea», y se manifiesta  bajo las formas de naturaleza y de espíritu.
Las religiones son las más interesadas en la noción de “espíritu”, dado que el espíritu contiene la parte inmortal del hombre, y que al cesar la materia continúa en otros mundos o en otros cuerpos.
Para ver la noción de espíritu en las religiones recurrimos la pagina de Koinonia. Allí se habla de una noción clásica y una moderna. Para la clásica el espíritu, separado de la materia (cuerpo) es la parte inmortal, inteligente y trascendente del hombre, en la muerte el espíritu se separa del cuerpo e ingresa en otro mundo, de carácter no asequible a la razón material. La versión actual del espíritu, en un intento de romper con el dualismo concibe al espíritu como el modo propio de ser humano, cuya esencia sería la libertad.
El espíritu es pues la forma más elevada de la vida y no solo en el ser humano sino en todos los seres del universo.
Como he reflexionado en otros escrito, esta idea del espíritu, surge ante lo desconocido, aquello que por no conocer sus causas, produce un intenso temor en el ser humano. En los comienzos eran el rayo, los truenos, las enfermedades epidémicas, etc.; todo lo que producía daño y no se podían conocer sus causas, daba lugar a explicaciones míticas que poco a poco cedieron el paso a las primeras instituciones religiosas.
De todos esos fenómenos de la vida humana, existen algunos que todavía permanecen insondables a nuestro entendimiento, y que tal vez permanezcan en ese estado por mucho tiempo, así por ejemplo sobre algunos de ellos existen hipótesis que abren preguntas, como es el caso del origen del universo, en el que la Ciencia nos habla del Big Bang o explosión original que dio origen al Universo conocido, de todas maneras queda por preguntarnos: ¿Antes del Big Bang que existía, otro Universo que desapareció?.
Sobre otras cuestiones de la vida no hay muchas respuestas, por ejemplo sobre la muerte, pocas son las ideas al respecto, y es tal vez por ello, que la noción de espíritu, constituye un importante consuelo ante la angustia existencial de muerte, que nos atraviesa a cada instante de nuestra vida.
Castoriadis escribió un excelente artículo sobre el mito de Prometeo[1], en el que explica el cambio que se produce en 25 años en el pensamiento griego respecto al origen del hombre, pero del que tomo un punto que no es central para Castoriadis, pero si para nuestra cuestión en debate, el problema de la muerte en la constitución del hombre.
Castoriadis nos dice que en Esquilo los pre humanos eran como sombras vacías, que veían sin ver, sin sacar provecho a la mirada, escuchaban sin escuchar, y sus largas vidas trascurrían sin un orden, al azar, y no podían prever la muerte, en definitiva eran seres monstruosos, no aptos para la vida.
Prometeo les da signos, puntos de referencia estables, que les permiten la aprehensión y la medida del tiempo, para ello los dota de los números ya que podeos decir que el tiempo es el número el movimiento según el antes y el después.
Pero  la muerte, surge como una enfermedad inevitable para todos los mortales, en el mito, Prometeo les da a los hombres esperanza ciega,  es esa esperanza ciega la que evita que sean aplastados, porque la idea de la muerte tiene un efecto aplastante para todos nosotros.
Dice Castoriadis que el conocimiento de la muerte y la posibilidad de un hacer/crear constituyen al hombre, y que la búsqueda del conocimiento se agudiza en vez de ahogarse ante la conciencia de la muerte.
Estamos ante una situación en la que la angustia de muerte en el ser humano, se constituye en un motor para la creación, pero a la vez para la gran mayoría, es también una posibilidad de parálisis, de la cual muchos salen por medio del pensamiento mágico, no importa la muerte si existe la trascendencia, y la trascendencia solo puede estar asegurada por un principio inmortal, que es el espíritu.
Si existe la posibilidad de que la carne corrompible del cuerpo pueda ser abandonada por el nosotros mismos, por nuestro espíritu que es nuestra verdadera existencia, ya sea para migrar a otra dimensión u otra existencia, o para volver a encarnarse en otra carne, en otro cuerpo, o nuestra creación actual no solo es parte de un largo proceso de perfeccionamiento del espíritu, sino un obra infinita que continuamos en otro cuerpo u otra vida, la vida puede hacerse mas tolerable.
Desde la posición materialista no necesariamente se niega el espíritu, sería más correcto decir que se niega la existencia del alma en su concepción inmortal. Marx, por ejemplo, en diversas oportunidades habla del espíritu. En “La sagrada familia”, por ejemplo, nos dice: “La más importante propiedad de la materia es el movimiento, pero no solamente un movimiento mecánico y matemático, sino más como tendencia, como espíritu vital, como tensión, o según la expresión de Jacobo Böehme, como «tormento» de la materia”. Erich Fromm sostiene que para Marx el hombre se caracteriza por el principio del movimiento, al que no entiende como mecánico sino como un impulso, en términos de energía o vitalidad creadora, para él es la pasión humana en búsqueda de objeto la fuerza esencial el hombre, y en este sentido se enlaza con el espíritu, resultando un dato interesante que para su constructo Marx cite a un místico como Jacobo Böehme.
Como vemos, en el materialismo no existe una versión única, y encontramos propuestas dualista como la que acabamos de transcribir.
Retomando Koinonia, existe una postura materialista que se relaciona con la idea del monismo idealista, me refiero al monismo materialista, expresado entre otros por el epistemólogo argentino Mario Bunge[2].
Este autor participa de una corriente que se denomina monismo emergentista que considera que la psiquis es una realidad objetiva. Para él la evolución va haciendo emerger de la realidad cosas nuevas, una de ellas es la psiquis, dado que toda la realidad es material, la psiquis no puede no ser material. Por lo tanto la define como una propiedad emergente de la materia (del sistema nervioso). No es espíritu, algo separado de la materia, sino una propiedad de la materia misma. El ser humano es pues una totalidad, en la cual no puede ser separada la materia (el cuerpo) de esa propiedad emergente (la psiquis) que actúan constituyendo una sola entidad.
Somos una unidad que se desenvuelve en un contexto sociocultural, que por lo tanto se encuentra determinada por el contexto que nos obliga a cambiar para poder adaptarnos activamente a los nuevos contextos en que nos desenvolvemos.
Pero también somos un existencia signada por la finitud de la misma, y ello como dijimos mas arriba genera un angustia paralizante que solo puede ser superada por el instinto de creación, porque en definitiva, somos tan solo animales con poder de significación, que contamos con una capacidad de imaginar lo que no es, y en esa posibilidad radica nuestra potencialidad creadora, porque no solo creamos lo instrumentos, la cultura, la sociedad, sino que en el movimiento de la creación no creamos a nosotros mismos.
Hasta la próxima.



[1] Castoriadis C. (2001) Antropogenesis en Esquilo  autocreación en Sófocles. En: Figuras delo pensable. Fondo de Cultura. México
[2] Bunge M. (1981). Materialismo y ciencia. Editorial Ariel. Bs. As.

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