martes, 23 de mayo de 2017

Respecto a la atracción sexual entre personas.


La humanidad, como todas las especies de la tierra, solo tiene una manera de sobrevivir y es reproduciéndose. Individualmente tenemos nuestra vida acotada, y aunque hemos extendido mucho nuestra longevidad en el siglo XX, solo tenemos una esperanza de vida promedio que no supera los 80 años. Somos tal vez una de las especies más longevas del planeta y tenemos la capacidad de aumentar nuestra longevidad década a década, y aunque en doscientos o trescientos años podamos llegar a una esperanza de vida al nacer de más de doscientos años, seguiremos siendo mortales. La naturaleza previó un mecanismo para poder continuar el experimento de la vida y el mismo es la reproducción, incluida la vida humana. En los comienzos la reproducción aparecía a nuestros ancestros como un mecanismo instintivo al que debían darle curso, y lo hacían indiscriminadamente, apareándose el macho con la primera hembra que tuviera a su alcance, tal como funciona la reproducción en los animales. En algún otro escrito he referido que, Engels, siguiendo a Morgan, formuló la apreciación sobre la vida familiar de los primitivos. Los mismos vivían en familias ampliadas, endogámicas, compartiendo el espacio de refugio y todo lo demás, desde la comida, los enseres, hasta las mujeres, existía un libre comercio sexual entre machos y hembras. Solo cuando el hombre se hizo sedentario y comenzó a cultivar la tierra, obteniendo los elementos fundamentales para la vida de su trabajo, y no de la simple recolección que había imperado hasta ese momento, la economía familiar se separó de la economía de producción. Los humanos no somos iguales, compartimos similitudes, genética, pero desde el nacimiento comenzamos a diferenciarnos los unos de los otros, el ambiente hará el resto, la construcción social terminará la obra con las leyes, prohibiciones y tabúes. La acumulación diferenciada de los diferentes hombres de la tribu planteó la necesidad de la distribución y fundamentalmente la legación de lo acumulado, ya que en la medida en se producía más de lo necesario para la reproducción de la vida, un plus iba quedando, convirtiéndose en riqueza para entregar a los descendientes. Del libre comercio sexual de los orígenes, que permitía saber de qué mujer era hijo o hija alguien, pero no de que hombre, surgió la necesidad de saber quién era el padre del recién nacido, para ello la monogamia constituyó una institución “eficiente”. Hemos dicho que la implantación de la monogamia determina el paso del derecho materno al paterno y con ello el surgimiento de la sociedad patriarcal. Además de esto, la monogamia instaura el secuestro del cuerpo femenino, el que pasa de la libre disponibilidad sexual a la propiedad privada de uno de los machos de la gens, ya que en la medida en que el macho tiene la propiedad del cuerpo femenino puede tener la “certeza” de su paternidad. La monogamia no se basa en el amor sexual, muy por el contrario, ella es la negación de la sexualidad ejercida en plenitud de las necesidades humanas. La monogamia está asentada en un contrato, el contrato matrimonial que establece que dos humanos que aceptan el contrato solo pueden disfrutar de sus respectivos cuerpos y circunscribir la sexualidad al estrecho margen del matrimonio. De esta manera, en la medida en que una mujer solo tiene sexo con su marido, tal como dice el código napoleónico, los hijos de ese matrimonio serán hijos del marido. Esta cuestión, muy funcional al desarrollo de la propiedad privada y a las relaciones de dominación patriarcal, no siempre funcionó, más precisamente nunca funcionó, dado que, desde las primitivas civilizaciones, al hombre, dentro del marco patriarcalista se le permitía tener relaciones sexuales por fuera de la institución del matrimonio y la mujer se las ingeniaba para desarrollar su deseo cuando este no estaba referido al hombre con el que se había casado. Un interrogante surge respecto a la relación entre la monogamia y el amor romántico. Al amor romántico se lo podría definir como la manifestación de atracción física y personal entre dos sujetos, como una afinidad compartida entre dos individuos, también podríamos decir que el amor es un sentimiento que comparten dos personas aleatorias que se encuentran y no pueden evitar atraerse entre sí. Ahora bien, ese amor romántico es una construcción de Occidente, ya que en Oriente y aún en nuestro propio pasado la relación de atracción entre dos personas era concebida como placer, como simple goce físico, y la pasión, en su sentido trágico y doloroso, no solamente es escasa, sino que, además, y, sobre todo, era despreciada por la moral corriente como una enfermedad frenética. En las antiguas civilizaciones, el patriarcalismo secundarizó el rol de la mujer, la que por lo general era considerada para atender los hijos que procreaba. El sexo en el matrimonio tenía como fin la reproducción, el deseo, la excitación, el goce desenfrenado que implica la atracción física se obtenía por fuera de la institución matrimonial. Las bodas no eran producto de una fantasía romántica, en el que un hombre y una mujer desarrollaban la atracción mutua y la búsqueda del uno al otro como un lazo eterno, tal como se concibe al matrimonio en la modernidad, por el contrario, las bodas eran concertadas, algunas veces por los padres a muy temprana edad, y en muchos casos los consortes solo se conocían en el momento de la boda. A partir de la misma, la mujer concurría a la cama del macho solo cuando este se lo requería y como dijimos, con fines reproductivos. A lo largo de la historia, observamos como la mujer adquiere el carácter de una mercancía, ello es muy visualizable en el concepto de la dote, es decir lo que el novio pagaba a la familia de la novia para poder contraer matrimonio, este concepto de la dote estuvo vigente en nuestras sociedades occidentales hasta muy entrado el siglo XX. Si Ud. vio películas de héroes legendarios que aman incondicionalmente a sus mujeres, cree que Marco Antonio y Cleopatra vivieron un romance apoteótico, o se enterneció con el romance de Romeo y Julieta, le tengo malas noticias, estos romances no existían, a lo largo de la historia occidental el sexo desenfrenado se disfrutaba en las bacanales romanas, en las gigantescas orgías de la nobleza en la edad media y moderna. Es a partir de la época victoriana en la que el amor romántico comienza a instalarse como una configuración social imaginaria de la sociedad occidental. El objeto del mismo fue reprimir la sexualidad libremente expresada, constreñir la satisfacción del deseo al mero marco de la sexualidad matrimonial con fines reproductivos. El amor asume nuevas formas, la relación entre las personas, y, a partir de entonces, deberá seguir por canales normatizados. Se instituye el noviazgo, durante el cual, las partes del mismo, no podrán tener encuentros carnales. El tabú de la virginidad es una búsqueda incansable de los hombres desde entonces, el hombre, en la noche de bodas exhibía la sábana manchada de sangre en la ventana como muestra de la toma de posesión de la virginidad femenina. Por supuesto que muchas mujeres no llegaban vírgenes al matrimonio, pero se las ingeniaban y se pasaban trucos para aparentarlo en la noche de bodas. La iglesia y particularmente la católica tuvo una gran responsabilidad en la represión de la sexualidad, al punto tal que, en el matrimonio los conjugues no gozaban de la desnudes del cuerpo, acaeciendo la penetración a través de una rajadura en el camisón femenino. Como afirma Castoriadis, la sexualidad humana se diferencia de la animal en que en la segunda el placer es placer de órgano y con fines meramente reproductivos, en cambio en la compleja psiquis humana la sexualidad no tiene solamente ese carácter, los humanos gozan con la imaginación, satisfacen la pulsión con la fantasía, a veces gozan más con el recuerdo que con la relación concreta, recurren a artificios que les brindan placer, etc. etc. ¿Entonces surge la pregunta en que consiste el acto de amar en los seres humanos, es acaso el matrimonio una institución adecuada al desarrollo social? Para responder debemos separar los conceptos de sexo, amor y cariño. En general no es cierto que un hombre se conforme con tener a lo largo de su vida relaciones sexuales con una sola mujer, por el contrario, el hombre es un cazador nato (y la mujer también, aunque de manera diferente) y desea a diferentes mujeres a lo largo de su vida, si acepta el camino de la fidelidad matrimonial es porque se hace cargo de la demanda cultural y la represión del deseo que impone la cultura. Esto no significa que una pareja no sienta atracción mutua a lo largo de su vida, lo que discute es que esa atracción sea solamente con su pareja. Son conocidos los desbordes que acontecen en las llamadas despedidas de solteros en las que los amigos del novio lo llevan a cabaret, prostíbulos, etc., como último acto de sexualidad frenética para que renuncie a partir de allí, a la misma, en las últimas décadas las mujeres han asumido también esas prácticas. El sexo, o mejor dicho la liberación sexual, como bien lo concebía Wilhelm Reich, es revolucionario, es un motor de transformación social porque impacta en el centro de la ideología capitalista, la propiedad privada de los cuerpos. Desde la sociedad permanentemente se estimula a sus miembros para desatar las fuerzas de la sexualidad. Se reclama a los miembros la posesión de cuerpos hermosos, de decisión pulsional que lleve a satisfacer todos los mandatos de la misma, se muestran en los medios de comunicación los cuerpos desnudos o semidesnudos mientras se prohíbe la desnudes, y ello ocurre porque el sexo es uno de los mayores negocios que ha desarrollado el capitalismo, el sexo como tal o la presencia del mismo en las artes y los espectáculos, es tan solo eso, un negocio. Si una mujer afirma que le quiere que la quieran por lo que ella es y no por su cuerpo, tal vez sea cierto esto en parte, porque la belleza corporal es tan solo una percepción realizada desde la subjetividad del que percibe. Un cuerpo atrayente para unos puede no serlo para otros, pero es errónea en cuanto, objetivamente, el cuerpo y lo que con él hacemos es fundamental para atraer al otro. La seducción es una herramienta fundamental para atraer al otro, y ella no solo implica la forma de vestir, lo que se muestra y no se muestra, sino también los gestos, el lenguaje, las ideas, todo lo que ponemos en juego para lograr el efecto de unión sexual con la persona que deseamos. Sin seducción es muy difícil lograr atraer al otro, sino que otra cosa es la vestimenta, porqué las mujeres usan prendas determinadas como polleras cortas, escotes pronunciados, prendas ajustadas, y los hombres buscan ropas que marquen sus formas, que tapen sus defectos. Nos vestimos para excitar al otro, sobre todo cuando nuestro deseo sexual está a flor de piel, como ocurre en la juventud y la primera madurez, lo cual no quiere decir que el deseo desaparezca posteriormente, por el contrario, a diferencia de lo que afirmaba Platón, el deseo no es ese tirano del que nos despojamos cuando somos ancianos, el deseo sexual solo muere cuando nuestra conciencia desaparece. No se debe confundir amor sexual con el cariño que sienten dos personas y el anclaje de su relación a las múltiples experiencias que han vivido a lo largo de la misma, el deseo sexual perdura y si en algunas personas suele no existir, no es una condición natural, sino patológica. En las últimas décadas han comenzado a pulular experiencias diferentes de familia y matrimonio, algunas como la pareja abierta en la que los miembros admiten relaciones por fuera de la convivencia, otras como los clubes 'swinger' en los que las parejas tienen experiencias sexuales de intercambio con otras parejas, relaciones sexuales colectivas (tríos, cuartetos, camas redondas, etc.), formas de relaciones de pareja cama afuera, en definitiva, en el mundo moderno la experiencia sexual entre los seres humanos busca romper el cerco al que fue sometida en los últimos siglos y quiere liberarse de las ataduras para poder gozar en plenitud de la más rica experiencia el ser humano. Hasta la próxima.

martes, 16 de mayo de 2017

Disparen contra Hebe.


Estoy convencido que nadie en Argentina cree que Hebe de Bonafini se haya quedado con un solo peso que no fuera de ella. Ni siquiera la derecha que odia lo que ella significa, puede llegar a creerlo, porque precisamente por ello la odia, porque Hebe, con sus aciertos y errores, representa lo mejor de las virtudes del pueblo trabajador que lucha contra la esclavitud del trabajo asalariado, la convicción que solo la confrontación pacífica y organizada podrá redimirlo de las penas y sufrimientos que el capitalismo le hace sufrir. Cuando la derecha persigue a Hebe de Bonafini, no es a la persona a la que persiguen, sino lo que Hebe significa. Con sus casi 90 años es un ícono de la lucha contra el genocidio. Los que hoy la persiguen, son los mismos de ayer, tal vez con diferentes métodos que los que en el pasado usó la dictadura asesina, ya que antes se mataba, torturaba, desaparecía a los luchadores populares, y hoy se los acosa con un sistema judicial corrupto y al servicio de los grandes intereses corporativos de la gran burguesía industrial y financiera y las corporaciones mediáticas, la prensa canalla, que miente, falsifica realidades, crea campañas mediáticas para engañar al pueblo. Quienes persiguen a Hebe son los viejos socios de la dictadura militar genocida, los que, como los Macri, los Roca, los Bulgheroni, Perez Companc, Lacroze de Fortabat, Roemers, etc., aumentaron significativamente sus fortunas con negociados a costa del estado, y como por ejemplo, vemos como a veces se beneficiaron de la estatización de la deuda privada convirtiéndola en pública y licuando sus pasivos en dólares, operación en la que “de acuerdo con los documentos a los que accedió Tiempo Argentino, gracias a la estatización de la deuda privada fueron beneficiadas más de 70 empresas. Entre las firmas nacionales más importantes se encuentran Sevel, por entonces, del Grupo Macri; Acindar, del ex ministro de Economía Alfredo Martínez de Hoz; Loma Negra, de los Fortabat; y Compañía Naviera, de la familia Pérez Companc. También hay corporaciones extranjeras, como Techint, IBM, Ford y Fiat. Y, por supuesto, el listado incluye al sector financiero: Banco Río, Banco Francés, Citybank y Supervielle, entre otros (La segunda ciudad, Clorinda, marzo de 2016, http://www.lasegundaciudad.com.ar/pag=1603200002.htmen. En otras oportunidades robaron empresas como lo hicieron Magneto del grupo Clarín y Saguier y Mitre de “La Nación”, que a punta de pistola, torturas y amenazas de muerte le arrebataron “Papel prensa” a Graiver y Papaleo, y tantos otros casos de ilícitos cometidos por la gran burguesía que para hacer negocios no trepida en romper sus propias leyes. Mientras estos apellidos siniestros de la historia argentina pasada y presente hacían y hacen negocios sucios y corruptos con el estado argentino, Hebe luchaba en soledad contra la dictadura en sus rondas de los jueves de las madres de plaza de mayo, con tan solo dos armas para llevar adelante ese combate desigual, la palabra y la integridad moral. Es precisamente eso lo que la burguesía no puede soportar, que haya personas que como Hebe les señalen su hipocresía y sus lacras que durante años los hicieron cometer delitos de lesa humanidad contra el pueblo argentino. Se acusa a Hebe de robar fondos públicos y se la embarga por 250 millones de pesos, saben que Hebe no posee ni unas cien milésimas partes de esos 250 millones de pesos, vive en su casa de siempre y con los mismos recursos con los que contaba durante la dictadura, ello es conocido, pero no dicho por los medios que pretenden ensuciar su imagen pegándola a un delincuente como Sergio Schoklender. La honestidad de Hebe ni siquiera puede ser puesta en duda, decir que Hebe robó o malversó fondos del estado es equivalente a que se hubiera dicho en el siglo XIX que San Martín robó el dinero destinado al ejército de los andes. Hebe está en la misma línea de significación social imaginaria que San Martín, Belgrano, Moreno, Castelli y tantos otros padres fundadores de nuestra nacionalidad. Es tan humana como ellos, y como ellos puede haberse equivocado en algunas posturas políticas, en algunas expresiones discursivas, pero en toda su vida tuvo una conducta intachable, y si para muestra vale un botón, recordemos que rechazó indemnizaciones como lo dice Horacio Gonzales con más claridad que yo: “Hebe aconsejó rechazar las indemnizaciones, es posible que pensando sobre la base de una idea nunca formulada explícitamente, que pertenece al acervo de los grandes movimientos del espíritu –sobre todo de las religiones mundiales– que en la conmemoración de los muertos deciden abandonar la forma “burguesa” proclamando que “un hombre es todos los hombres”. Página 12, 14/07/2011. El macrismo intenta hacernos pensar que somos todos iguales, todos corruptos y corruptibles, y esto no es así, algunos ciudadanos como los funcionarios del actual gobierno, Macri, Masa, Stolbizer, Carrió son corruptos, falsos o hipócritas, pero no todos somos como ellos. Somos muchos los argentinos que pretendemos seguir el ejemplo de Hebe de Bonafini, de San Martín, del Che Guevara, de Belgrano, somos muchos los argentinos que intentamos no corrompernos, que vivimos de nuestro trabajo y que, aunque muchas veces nos equivocamos, siempre buscamos lo mejor para nuestra gente, y lo hacemos honestamente, sin dobleces como lo hacen quienes critican a Hebe. Los pobres, los indigentes, los trabajadores, los intelectuales, los profesionales, los docentes, los estudiantes, en definitiva el pueblo que somos todos nosotros, todos los que cada día salimos a ganarnos el pan con esfuerzo y trabajo, los que desde muy temprano ganamos las calles, transitamos distancias importantes en medios de comunicación deplorables, no somos iguales a “ellos” los ricos avariciosos que quieren (y son) cada vez más ricos, los que gobiernan para que el país sea cada vez más desigual, para que seamos menos solidarios, para que nos desunamos y no luchemos, y de esa manera poder “ellos” conservar sus privilegios. No somos iguales a “ellos”, los que mienten frente a las cámaras de televisión, en los diarios y en las radios por un sucio salario, manchado con la sangre de los explotados y oprimidos. A Hebe no la pueden tocar porque Hebe no está sola, porque si la lastiman nos lastiman a todos, porque Hebe somos todos y cada uno de los argentinos/as que cada día nos ganamos el pan, los que vivimos la incertidumbre del hoy y el temor por el mañana, los que luchamos, los que pensamos, los que ejercemos el juicio crítico y no aceptamos lo que existe como natural e inmodificable, y frente a nosotros tenemos a los que desde siempre nos arrebataron las esperanzas y las ilusiones. Hebe es Mandela de Sudáfrica, es Mao de China, es Lenin de Rusia, es Rosa de Luxemburgo de Alemania, es Andrés Nin de España, es Gramcsi de Italia, es Castro de Cuba, Mahatma Gandhi de la India, Pepe Mujica de Uruguay, Rafael Correa de Ecuador, Carlos Mariátegui de Perú, Sandino de Nicaragua, Farabundo Martí de El Salvador, Hugo Chávez de Venezuela, Lula de Brasil, Evo Morales de Bolivia, pero es también cada uno de los latinoamericanos que aun con sus diferencias, sus ideologías disímiles, sus sueños compartidos, luchan contra la explotación a los que nos somete el capitalismo. Se equivoca la derecha, no puede ensuciar a Hebe porque ella es una configuración social imaginaria que representa y contienes la búsqueda incansable por nuestros pueblos sudamericanos de su redención y que no es una lucha de ahora, comenzó cuando en 1492 los españoles pisaron por primera vez América y fueron enfrentados por Tupac Amarú, Bernardo de Monteagudo, José Martí, Simón Bolívar y tantos otros que buscaron un nuevo mundo de iguales, sin discriminaciones y con una justicia social auténtica y no el simulacro de justicia que hoy existe. Y la reacción contra el 2x1, esa resolución infame de una Corte Suprema de Justicia integrada por infames que pretendió llevar adelante la propuesta del macrismo de conceder un indulto encubierto a los genocidas, rechazada por casi el 90% de la población y más de 500.000 personas se movilizaron en todo el país, demuestra que Hebe como representante de la lucha contra la dictadura genocida y portaestandarte de la bandera “juicio y castigo a los culpables” y del grito desesperado de una población que no quiere volver al pasado expresado en un “nunca más” apoteótico es nuestro prócer. Defender a Hebe es demostrar que la lucha continúa, porque el presente es de lucha para que el futuro sea nuestro. Hasta la próxima.

jueves, 13 de abril de 2017

ODIO.


Existe una creencia acerca de que la humanidad es una especie determinada por el amor. El odio, la violencia, la discriminación, aparecen en los imaginarios sociales como formas anómalas del “ser” humano. Para entender mejor, un violador pondría de manifiesto una forma de perversión de un humano, cuando en realidad el violador es alguien que no controla sus impulsos ancestrales, dominado por los instintos más primitivos, sale a capturar sus presas para satisfacer esos impulsos, tal como lo hizo la humanidad a lo largo de muchísimos siglos. El primer genocidio de la historia lo realizó el homo sapiens hace miles y miles de años destruyendo a otra especie en la tierra, los neardanthales. Los ejércitos de ocupación, de cualquier nacionalidad o etnia, han matado, torturado, violado, vejado, sistemáticamente y ello aun en el siglo XX. Algunos crímenes de guerra no fueron sancionados porque quién los cometió fue el ejército triunfante como es el caso del genocidio realizado por EE.UU. tirando dos bombas atómicas contra las ciudades de Hiroshima y Nagasaki que estaban en el territorio de un Japón absolutamente derrotado. Esta afirmación nos lleva de lleno a la pregunta: ¿Cuál es la esencia del ser humano? El ser humano es una animal salvaje, depredador, violento, que mata aun a los de su propia especie y a otras especies sin motivos, solo para satisfacer sus impulsos instintivos más ancestrales. ¿Qué es la caza de animales sino una expresión de esta violencia depredadora del ser humano?, ¿qué es la destrucción sistemática del medio ambiente para satisfacer la codicia de riquezas ilimitadas de unos pocos? Aun hoy persiste la esclavitud, aunque formalmente ilegalizada, pero que hasta hace unos pocos cientos de años era legal, primero podía ser esclavo cualquier persona (sin importar su etnia o color de piel) luego, los negros se convirtieron en especímenes esclavizables. La discriminación y el odio por cuestiones de religión, color de piel, etnia. nacionalidad fue masiva y constante a lo largo de los siglos, llevando a verdaderos genocidios como el de los armenios a manos de los turcos o los judíos a manos de los alemanes, o la matanza de bosnios fundamentalmente musulmanes a manos de los serbios aun en pleno siglo veinte. En nuestros días asistimos a una creciente ola de xenofobia en diferentes países, tanto de Europa como en Norte América (los éxitos electorales de Trump, Le Pen o las ultraderechas xenófobas de Alemania, Holanda, etc. lo demuestran). Los asesinatos masivos por cuestiones religiosas fueron una constante de la humanidad. En Francia, producto de la primera cruzada interna de la cristiandad, hubo un genocidio de Cátaros llevado adelante por la Iglesia Católica de Roma en el siglo XIII. A lo largo de los siglos la inquisición impulsó la civilización del amor cristiano a caballo de matanzas, torturas, persecuciones que realizaba la inquisición católica de la mano fundamentalmente de los dominicos, aun en América casi desaparecieron los pueblos originarios al ser exterminados por los españoles y portugueses. Aún hoy, en pleno siglo XXI asistimos a las matanzas, asesinatos, terrorismo salvaje de los grupos islámicos fundamentalistas como Al Queda o el ISIS que lanzan, como lo hicieron sus ancestros guerras santas contra los infieles, es decir los que no piensan como ellos. Si esta es la característica constituyente del ser humano ¿porque se sostiene desde las religiones, la filosofía, la política, que el ser humano es una criatura cooperativa, solidaria, amorosa, contemplativa? Esto ocurre porque la cultura ha intentado a lo largo de los siglos reprimir estos instintos violentos de los seres humanos. A lo largo de la historia humana, fundamentalmente desde que nos convertimos en grupos sedentarios, hace unos 8 a 10 mil años el ser humano ha intentado establecer un marco normativo de la convivencia, tratando de limitar la libertad de depredación contra los propios miembros de la especie. Las diferentes civilizaciones establecieron normas para penar la violencia humana, claro que a veces se combatió fuego con fuego, como el código Hammurabi, que establecía la famosa ley del talión (ojo por ojo, diente por diente) o la pena de muerte en países “civilizados como China, EE. UU, etc. La humanidad perfeccionó los mecanismos reparadores y como dice Michel Foucault reemplazó la ley del más fuerte donde las diferencias eran resueltas a punta de espada por los estrados judiciales donde el juez que reemplazaba al soberano (rey o presidente) en las diferentes regiones laudaba en los pleitos. La violación permitida en la edad media, como por ejemplo el “derecho de pernada”, que permitía al señor feudal violar a la mujer del vasallo en la noche de bodas, con el correr de los siglos fue penada, la prohibición del robo y el asesinato practicado por las bandas dominantes de seres humanos a lo largo de los siglos ingresó a los códigos, la esclavitud fue abolida en casi todo el mundo, aunque persisten formas de esclavitud como la que llevan adelante los proxenetas con las mujeres. Hay formas de violencia y terror que no fue abolidas, la violencia de las elites dominantes contra las clases dominadas, que producen genocidios invisibles por la desigualdad social, que condena a la pobreza e indigencia a miles de millones de seres humanos con sus efectos hambre, desnutrición, miseria, muerte por enfermedades curables, etc. El terrorismo de estado, como por ejemplo en Argentina entre 1976 y 1983 (como en muchos países de América Latina y África) que destruyó miles de vidas, especialmente jóvenes. Si el ser humano es amor, ¿porque persiste la desigualdad, la discriminación, la represión salvaje, aun en la llamada democracia burguesa? Es que, aunque la cultura haya intentado someter, sobre todo a través de mecanismos como la sublimación, la violencia, la carga instintiva aun domina gran parte del ser y hacer humano. La violencia está en nosotros, no es algo solamente producido por el exterior, tendemos a apoderarnos de lo que pretendemos, a dominarlo, a violentarlo. Existe una gran diferencia entre el sexo y el amor, el amor es una forma de cultura con la que los seres humanos revestimos nuestras pulsiones sexuales, el cariño, la ternura, el cuidado hacia el ser que amamos está determinado por la cultura, no es instintivo, desde que nacemos somos educados para dominar las pulsiones violentas, para ocultar el deseo de posesión, algunos lo logran, otros son violadores. Ciudadanos comunes, “pacíficos”, son capaces de cometer actos violentos inaceptables como el linchamiento público y bestial de jóvenes en conflicto con la ley que son atrapados por la horda de vecinos después de un acto de pillaje. Y así como la cultura trata de domesticar el ser violento, algunos gobiernos incentivan el odio y la violencia como herramienta de dominación política y social. En Argentina, en el último año hemos asistido a una escalada de violencia directa desde el Estado que reprime cada vez más salvajemente cualquier impugnación al gobierno del Cambiemos, heridos por la represión, presos políticos, salvajes atropellos contra sedes partidarias, manifestaciones de discriminación, etc., son moneda corriente en estos días, y si no son percibidos como tales por los ciudadanos comunes, es porque los medios de comunicación masiva ocultan, distorsionan, tergiversan estos hechos. El domingo 9 de abril de 2017 la policía reprimió salvajemente a una manifestación de docentes que pretendía instalar una carpa de protesta en Plaza de los Dos Congresos en Bs. As. Como tengo la costumbre de ver como tratan el tema los diferentes medios de noticias realicé zapping, solo el canal C5N transmitía la represión en vivo desde la plaza, el resto de los canales lo ignoraron hasta que horas después no fue posible seguir ocultándolo, entonces pusieron al aire la represión, pero en vez de designarla con este término, hablaron de la acción de la policía evitando el delito de ocupar el espacio público y acusaron a los docentes, fundamentalmente mujeres, algunas mayores, de atacar, con sus manos solamente, a los policías, que estaban armados con palos y escudos. Es como decir que la culpa de que EE.UU. tirara las bombas atómicas en Japón, fue de los japoneses (cosa que hizo el gobierno norteamericano). Pero hubo otra violencia, la de los periodistas de los medios hegemónicos que atacaron sin piedad a las víctimas, los docentes, que pretenden ganar un sueldo que, aunque mas no sea, iguale la línea de pobreza (muchos sueldos docentes en Argentina están por debajo de la línea de pobreza) con viejos argumentos falaces como que hay mucho ausentismo en la docencia, que trabajan pocas horas, que las pruebas PISA demuestran que la educación de los niños es mala, etc., argumentos que no rebatiré en este escrito porque ya han sido extensamente refutados por los propios docentes y especialistas en educación. Este discurso violento utiliza un supuesto amor a los niños y estos periodistas dicen que los paros docentes perjudican a los alumnos más pobres porque no están en las aulas y no tienen 180 días de clase al año, pero oculta algunas cuestiones como las escuelas conteiner (niños pobres que toman clases en conteiner de mercaderías) las escuelas desvencijadas (se la caen los techos o tienen los vidrios rotos obligando a los niños a padecer frío) que son alrededor de un 40% de las escuelas del país según los expertos. Estos mismos periodistas de los medios hegemónicos (Grupo Clarín, La Nación, América, etc.) predican la violencia contra los piqueteros (ciudadanos en estado de extrema pobreza que cortan calles o rutas en afán e ser escuchados y que el gobierno les acerque soluciones a sus tribulaciones), e incitan a la violencia de las clases medias motorizadas a las que colocan como víctimas de tránsito obstaculizado por la protesta de esos indigentes. Estamos pues en un cuadro en el que el ser violento de los argentinos es incentivado a estar a flor de piel por el gobierno y los medios de comunicación, y ello tiene consecuencias, una de las más importantes es un espiral de violencia que se sabe cuándo empieza, pero nunca donde acaba. La realidad cotidiana de Argentina hoy es movilizaciones cotidianas, cortes de rutas y calles, huelgas, toma de colegios, etc., y la respuesta del gobierno a las legítimas protestas es la represión violenta y la de sus cómplices de los medios de comunicación el incentivo a tomar justicia por mano propia, a denostar a los que protestan, a ocultar o desfigurar los actos violentos del gobierno. Las primeras consecuencias se están viendo, en Santa Fe un camionero desenganchó su acoplado, se subió al camión y embistió a un piquete produciendo muerte entre los que protestaban, los manifestantes le quemaron el camión indignados. En otro piquete un motociclista embistió a los manifestantes hiriendo gravemente a una joven y hace unos días un automovilista de 50 años recibió la orden de la policía de desviarse en una calle de Rosario por una manifestación de obreros de General Motors que protestaban frente al Ministerio de Trabajo por suspensiones y la desobedeció, aceleró y embistió a los manifestantes hiriendo a tres, luego paso un semáforo en rojo e intentó huir siendo apresado por la policía. Como hemos dicho, esta violencia se desata, entre otros motivos, por la acción represiva del gobierno que naturaliza el ataque a los ciudadanos que protestan y el repiqueteo justificatorio de los medios de comunicación que atacan impiadosamente a quienes protestan por la caída de los ingresos, la pobreza y la indigencia a la que son sometidos. Estos cómplices de las políticas de humillación del pueblo argentino para aumentar la riqueza de unos pocos (de adentro y afuera) mienten a sabiendas y promueven el odio contra el otro diferente que se ve despojado de su futuro y el de sus hijos por la acción de políticas económicas codiciosas de los grandes burgueses. La paradoja es que mientras ellos cobran jugosos sueldos por su traición a sus conciudadanos mas necesitados, criticando los paros de los trabajadores, los piquetes de los indigentes, diciendo que no respetan el derecho de los demás, sin importarles que tanto son conculcados los derechos a una vida digna, a la educación de calidad, a la salud que tienen los que protestan. Esta situación es en extremo peligrosa, no debemos olvidar que tanta inequidad y violencia, llevada a cabo por sucesivos gobiernos (especialmente militares después de 1955) llevó primero a las protestas, ello a represión violenta, y luego los jóvenes se radicalizaron y todo confluyó en una escalada de violencia que se detuvo con el retorno de la democracia representativa durante la transparente gestión de uno de los pocos estadistas del siglo Raúl Alfonsín, pero que costo miles de vidas. En Argentina estamos recorriendo el mismo camino, y la responsabilidad de la violencia tiene un nombre, el gobierno de derecha de los sectores más concentrados de la burguesía con la complicidad de los medios de prensa y sus periodistas títeres y antiéticos. Está en nosotros restablecer la convivencia dominando al monstruo que llevamos adentro, retomando el proceso de construcción de una cultura de paz, igualdad y bienestar interrumpido el 10 de diciembre de 2015, y ello solo será posible si los responsables cambian el rumbo de su proyecto inequitativo de país. Hasta la próxima

viernes, 7 de abril de 2017

El político y la democracia.


El término política tiene varios significados, deriva de “politeia”, para los griegos, teoría de la polis. También se relaciona con “politiké techné”, es decir al arte de vivir en sociedad, arte social o de las cosas de estado. Para Aristóteles el hombre es un “zoom politikon” un hombre social. Siguiendo a Cornelius Castoriadis, quien creo, era uno de los mayores conocedores del mundo griego antiguo, la ciudad (polis) no era un concepto referido a la estructura física, en la antigua grecia la polis era el cuerpo social, y todos los ciudadanos eran responsables de las decisiones que se tomaban. Es importante distinguir ciudadanos de habitantes, dado que en las ciudades griegas no todos los habitantes eran ciudadanos, los esclavos, los metecos, las mujeres, los niños no eran ciudadanos en sentido estricto y por ello no participaban de los asuntos de la polis). En cada ciudad, por ejemplo Atenas, se consideraba ciudadano a aquella persona que tenía al menos sus padres atenienses. Para los griegos, lo importante era la participación en el espacio para la toma de las decisiones, la ekklesía o asamblea del pueblo, en ella podían participar todos los ciudadanos. Por supuesto que este criterio de participación varió entre los siglos X y IV a.c. Solón establece los derechos políticos de las diferentes categorías de ciudadanos estableciendo un régimen timocrático, es decir derechos políticos en función de la riqueza. Los más pobres, los tetes se veían afectados en sus derechos políticos hasta aproximadamente el año 450 en que solo se les vedó tener el cargo de arconte. Es interesante ver como en Grecia antigua los miembros de las clases superiores los pentakosiomédimnoi y los hippéis tenían obligaciones extras como la de suministrar elementos a la ciudad como por ejemplo una nave o armamento. La clase más numerosa era la de los hoplitas que por los recursos que tenían podían poseer armas y participar en las acciones bélicas como soldados, los tetes en cambio solo participaban en el ejército como siloi armados con hondas o flechas. En Grecia la democracia era concebida por la oposición entre el pueblo (demos) y los aristoi (los mejores) vs. los oligoi, los pocos numerosos (oligarquía) y la política estaba referida a la toma de decisiones, el colectivo de ciudadanos era autónomo, en el sentido en que se dotaba de sus propias leyes. Para Aristóteles el ciudadano era aquel que toma parte en el juicio, en el sentido judicial (krisis) y es parte del poder (arkhé). El Estado entre los griegos tenía una significación diferente a la que tiene la actualidad, en donde el estado está constituido básicamente por los administradores de justicia, los servidores públicos y la burocracia. En Grecia, la mayoría de estas funciones eran ejercidas por los esclavos, porque para el ciudadano griego el horizonte era la trascendencia, que obtenía en su participación política, lo importante eran sus dichos y hechos. Las actividades puramente productivas eran banausicas (de banauso hombre grosero y sin cultura) y de allí el cierto desprecio que los griegos tenían por el trabajo manual. La democracia es el imperio de la libertad (eleutheros=libre) y la igualdad (isonomía, igualdad de ley para todos) para los ciudadanos, y lo que la define es el principio de participación de todos. Todos los ciudadanos podían hablar y votar en la ekklesía que se reunía por lo general en días fijos en el Pnyx, montaña situada en el Aerópago. En los otros órganos como la Boulé (consejo) que estaba constituida por quinientos ciudadanos, los arcontes (magistrados) que eran 9, los estrategos (grado equivalente al de un general del ejército) que eran 10, la heleia (tribunal ateniense de jurados) constituida por 6000 atenienses, los ciudadanos que ocupaban esos cargos eran elegidos por sorteo, y por lo general una o dos veces en su vida un ciudadano ocupaba uno de esos cargos. Los grandes reformadores de Grecia fueron Clístenes y Pericles que le dieron forma a la democracia e introdujeron muchas de estas reformas que ampliaron la participación. Pero esta participación además de un derecho era un imperativo, los ciudadanos que no se ocupaban de los asuntos públicos eran parásitos. Tenemos un concepto de democracia en el que prevalece la participación y la autonomía, en la que el ciudadano como parte de la polis o cuerpo de ciudadanos tiene el imperativo de participar y donde todo es definido por todos en un ámbito de democracia directa y en el que las funciones administrativas son delegadas a los esclavos y los magistrados y demás funcionarios de lo que denominaríamos la justicia son elegidos por sorteo entre los miembros de la ekkesía. La política lejos de ser una función de unos pocos, era una obligación de todos. Este concepto contrasta con el concepto moderno y hegemónico de democracia, en la que la política bajo el reino de la burguesía lejos de ser una cuestión de todos, es una función de una minoría, “la clase política”, que es quien toma las decisiones al margen y sin consultar al cuerpo ciudadano. En la sociedad capitalista actual existen deferentes formas de “democracia” entre las dos grandes concepciones que son la democracia directa y la democracia representativa. En Suiza rige un sistema de democracia directa, en el que todos los ciudadanos pueden intervenir directamente en la toma de decisiones, ya que toda revisión de la constitución, toda adhesión a organizaciones supranacionales (Ej.: Unión Europea) y todas las leyes federales declaradas urgentes, deben ser sometidas al voto del pueblo. El principado de Liechtenstein, es el que, luego de Suiza, tiene mayor grado de implantación y de uso de las herramientas de la democracia directa. Los ciudadanos tienen acceso a la iniciativa popular legislativa, al referéndum abrogativo y al referéndum obligatorio en caso de reforma constitucional. En muchos países europeos existen formas de democracia directa como Italia que posee el referéndum abrogativo (sirve para derogar leyes de igual o menor rango que la propuesta). Lituania dispone del referéndum constitucional obligatorio, de la iniciativa popular legislativa (cualquier ciudadano u órgano puede iniciar una ley aun sin ser miembro del poder legislativo) y del referéndum abrogativo. España y Eslovenia poseen iniciativa legislativa, aunque no vinculante y referéndum abrogativo. Dentro de lo que se denomina democracia se establece la distinción entre democracia plena, imperfecta, régimen híbrido y regímenes autoritarios. En un estudio realizado por la Unidad de Inteligencia de The Economist, EIU por sus siglas en inglés (publicado en https://es.wikipedia.org/wiki/’Indice_de_democracia) en 2016 notamos que solo 28 países contaban con democracia plena, entre ellos los escandinavos, Noruega, Islandia, Suecia, Nueva Zelanda, Dinamarca, Canadá, Irlanda, Suiza, Finlandia, Australia figuran entre los 10 primeros en ese orden, en el orden 19 ubicamos a Uruguay que es el último catalogado como con democracia plena, en el 20 y 21 a Japón y EE.UU. considerados como los primeros con democracia imperfecta, Argentina ocupa el número 49, y los últimos de democracia imperfecta son Senegal, 74, Papúa Nueva Guinea 75 y Moldavia 76, el resto se los define como régimen híbrido, desde los que ocupan los puestos 77, 78, 79 que son Zambia, Georgia y Honduras, hasta los que están en los puestos 114, 115 y 116, Irak, Mozambique y Haití. Por último, son considerados régimen autoritario desde Mauritania 117, Jordania 117, y Níger 117, hasta Chad 165, Siria 166 y Corea del Norte 167. Son observables formas de democracia directa en períodos revolucionarios como los Soviets de la Revolución Rusa de 1917, en la revolución francesa de 1789, los consejos obreros en Alemania en 1919, etc. La diferencia entre democracia directa y representativa es la que va de las sociedades autónomas a las heterónomas. Mientras que las primeras se caracterizan por decidir sus propias leyes y normas, en las segundas los sujetos con determinados por normas que han sido formulados por fuera del colectivo social, aun en otras épocas históricas. En más de una oportunidad hemos afirmado que por la Constitución en Argentina el pueblo no delibera ni gobierna, sino a través de sus representantes. Esto ha lleva a que en nuestro país las decisiones que determinan la vida diaria, la fortuna o no fortuna, las normas de vida, la propiedad, etc., del colectivo de ciudadano sea gerenciada por un grupo muy pequeño de personas a la que se ha dado en llamar clase política. Además de “el pueblo no delibera ni gobierna, sino a través de sus representantes”, para ser representante, por las normas electorales Ud. debe pertenecer a un partido político, lo que implica que su criterio está determinado por las normas de ese partido que en general anteceden al ingreso de los ciudadanos al mismo. Un ciudadano, digamos de a pie, no es consultado para tomar ninguna decisión. Ni aun aquellas que hipotecan el futuro de sí mismo y de sus descendientes como la toma de deuda externa y su pago, la venta de empresas del estado (que son de todos), los cambios previsionales, jurídicos, etc. El ciudadano no tiene ninguna injerencia en la constitución del sistema jurídico, que constituye una elite autónoma del colectivo social designada de por vida de acuerdo a los intereses familiares, amistosos o políticos del gobernante de turno. Muchos de los jueces y fiscales del sistema jurídico actualmente en vigencia fueron nombrados por la dictadura genocida. Además de lo dudoso de los nombramientos que se hacen por supuestos concursos en los que solo puede participar abogados, estos burócratas defienden intereses de clase o de sector sin tapujos, como, por ejemplo, el uso como herramienta de confrontación política que se le ha dado al sistema judicial, en el que más que impartir “justicia” el sistema jurídico argentino se ha convertido en un dispositivo de propaganda política, realización de operaciones mediáticas, persecución a opositores, etc. El poder ejecutivo se caracteriza por ser un sistema en el que los candidatos prometen el oro y el moro, para luego incumplir todas sus promesas de campaña, esto es tan así que el presidente actual, Mauricio Macri, sostuvo que si decía lo que pensaba hacer no lo votaba nadie. En la misma línea un ex presidente, Carlos Saúl Menem sostuvo que un candidato promete lo que nunca va a hacer y luego hace lo que nunca prometió. Ni siquiera esta democracia representativa permite que uno elija a sus representantes, dado que la elección se realiza por medio de listas sábanas que incluyen una cantidad de candidatos que nunca son conocidos por los ciudadanos. Un residente de Rosario en la provincia de Santa Fe vota a candidatos del norte de la provincia o del sur que figuran en las listas, pero de los cuales no tiene ninguna idea y esos candidatos que son electos sin que nadie los conozca, pueden levantar la mano para votar cualquier ley que se les antoje. El lector notará la diferencia que existe con la democracia griega y esta diferencia estriba en dos conceptos claramente diferentes, el de la representación y el de la participación. La representación, necesariamente conduce a la constitución de una elite no democrática que se perpetua personalmente o como cuerpo en la conducción de la sociedad, que toma decisiones al margen del colectivo y a la que solo le importan sus intereses de clase, de grupo o individuales. A esto se agrega que frecuentemente los representantes son cooptados por actores del sector privado, por dinero, para la toma de decisiones. Decíamos más arriba que un ciudadano ateniense por los menos una vez en su vida era designado para ser miembro de alguna de las instituciones de decisión (a veces más de una vez), en Argentina, la gran mayoría de los ciudadanos no ocupa cargos de gestión, los cargos electivos son 16508 en todo el país, es decir que sobre 42 millones de habitantes solo el 0,04% ocupa cargos, suponiendo que muchas personas se reeligen reiteradamente, la cifra de ciudadanos con posibilidades es mucho menor. Veamos otro punto, en Argentina según la Cámara Electoral Nacional existen 662 partidos políticos que reúnen un total de 8.371.967, es decir, un 21% de la población. Considerando que en los 34 años de democracia representativa nunca se superó el 30% de los afiliados que participan de la vida interna de los partidos eligiendo autoridades, candidatos, en convenciones, etc., podemos colegir que cuanto más, el 6 % de la población “participa” en política. Este modelo de representación se repite en universidades, organizaciones sindicales, organizaciones sociales, etc. Si la democracia griega era limitada porque solo podían participar los ciudadanos, y no podían hacerlo los metecos, las mujeres, los esclavos, etc., en la Argentina es mucho más limitada porque solo el 5% de los ciudadanos tienen participación, el resto son convidados de piedra y responsables a la hora de pagar los costos de la fiesta “democrática. Hasta la próxima

viernes, 10 de marzo de 2017

Introspección.


Circula por las redes sociales una foto que, a juzgar por el pie, donde hay una foto de Mauricio Macri y un texto que dice “Yo estoy con vos”, ha sido enviada por el macrismo. La foto contiene un mensaje que dice y cito textualmente “Inmigrantes que hicieron grande este país fueron nuestros ABUELOS. Nunca hicieron una villa miseria, nunca tiraron una manta en la vía pública, nunca cortaron las calles y nunca pidieron un plan social o pensión. VINIERON A TRABAJAR.” Como tengo una vieja deuda con el racismo y la discriminación que va más allá de mi conciencia actual, quiero analizar este texto y confrontarlo con una cierta cultura que viví en mi lugar de residencia hasta los 18 años, pero que creo, a juzgar por mi experiencia cotidiana, permea a muchos sectores sociales de la argentina. Mis ancestros eran italianos del norte, de la Emilia Romana, mi abuelo vivía en un pueblito, San Próspero, en la comuna de Savigno cerca de Boloña. Mis abuelos vinieron con la inmigración en el siglo XIX y se establecieron en la ciudad de Gálvez. Provincia de Santa Fe. El abuelo Pio Ettore entró a trabajar en el ferrocarril y según cuenta la tradición familiar las cosas fueron bien hasta que un día alguien robó unas herramientas y el capataz lo acusó a él. El orgullo del abuelo se sintió dañado y renunció a su trabajo. Como el ferrocarril era la principal fuente de trabajo en Gálvez, el abuelo y su familia sobrevivieron como pudieron, pero la pobreza se cobró en su cuerpo los sacrificios y murió muy joven, de una enfermedad (creo que respiratoria) dejando a un hijo de 9 años y cinco hermanas mayores adolecentes. La familia sobrevivió con dignidad, es cierto, gracias al trabajo de todas las hermanas que se emplearon en tareas de servidumbre, pero tuvieron una vida de privaciones y pobreza. Mi abuela murió en la década del 50 a los 83 años ciega y sin movilidad, la pobreza también se cobró en su cuerpo tanta carencia. Mi tía Anita (una de las razones por las hoy mi hija lleva ese nombre) derrochaba dulzura y venia frecuentemente a mi casa paterna con montones de regalos comprados con esfuerzo en Casa Tía, pero el trabajar toda su vida cama adentro para una familia de Santa Fe deterioró su cuerpo y su mente y terminó sus días, producto de un Alzheimer o una demencia senil, en una sillita en el patio de mi casa sin reconocer siquiera a su hermano del alma. Crecí en el seno de esta familia de inmigrantes que trabajaron toda su vida pero que en general murieron en la pobreza o como parte de una clase media baja. Mi padre con gran esfuerzo logró criar cuatro hijos y salir de la pobreza, trabajo hasta la extenuación en una empresa eléctrica, pasó su vida alejado de nosotros, vagando en soledad por los pueblos de la provincia, durmiendo en hoteles baratos y esperando las vacaciones anuales que le permitieran compartir unos días con su mujer e hijos. Mi madre tuvo que asumir la conducción del hogar, pero ambos nos dieron un regalo que valoro y aprecio, educación, mi hermano y yo obtuvimos el título de Técnicos Mecánicos en la ENET 1 de Gálvez, el terminó trabajando en la misma empresa que nuestro padre y yo migré a Rosario e ingresé a la Universidad. Mi hermana mayor concurrió a una escuela profesional para mujeres, según el imaginario machista de la época que veía a la mujer en la casa cuidando hijos y la otra terminó en Rosario sus estudios de bachiller. Creo que progresamos todos, pero seguimos siendo miembros de una clase media baja, el techo que tuvieron millones de descendientes de inmigrantes, y digo techo porque muchos más millones son pobres o indigentes, viven en asentamientos precarios (villas). Sin agua o cloacas, con un medio ambiente rodeado de inmundicias, plagado de enfermedades curables, pasando frio en invierno y calor en verano, con pocas posibilidades de acceso a la educación primaria, menos en la secundaria y casi ninguna en la universitaria, viviendo un presente carenciado sin futuro. Volvamos al texto, “Nunca hicieron una villa miseria”, este argumento es falso, la gran mayoría de los inmigrantes vivían en las grandes ciudades hacinados en conventillos, en condiciones miserables, tal vez los que migraron al campo pudieron tener una casa de ladrillo y barro construida con sus manos, pero no era precisamente un palacio. En las décadas del 50’ y 60’ ocurrió un fenómeno interesante, muchos hijos de inmigrantes, que vivían en villas de emergencia y producto de las políticas keynesianas que favorecieron la industrialización y el consumo pudieron salir de ellas, tener sus casas de material y gozar de algunos placeres de clase media como el turismo, acceso a la salud, etc. Pero esa línea ascendente de integración social ser interrumpe en 1966 con el golpe contra Illia, y a partir de 1975 con el plan Rodrigo se profundiza la pobreza y la indigencia. En 1974 el índice de pobreza era del 4,57%, en 1982 del 21,55%, en 1985 del 14,19%, en 1989 llegó al 32,29%, en 2002 alcanzó el 42,29%, en 2006 bajó al 18,22% en 2010 vuelve a crecer 29,5%, en 2015 28,7% y en 2016 32,9%. La indigencia pasó del 5,19% en 1982, al 2,56% en 1985, 11,66 en 1989, 16,22% en 2002, 5,79 en 2006, 8,3 en 2010, 5,30% en 2015 y 6,30% en 2016. Fuentes INDEC y EDSA-UCA). En general las estadísticas de los diferentes entes dedicados a la medición de la pobreza varían, pero muestran una curva decreciente de la pobreza y la indigencia hasta 1975, crece durante la dictadura militar para tener una breve baja en la primera parte del gobierno de Alfonsín, creciendo en la segunda, vuelve a ceder en los primeros años de los 90’ y alcanza su pico máximo en 2002. El programa neokeynesiano del kirchnerismo retrotrae la pobreza y la indigencia a niveles de mediados de los 80’ pero vuelve a crecer hacia 2010 y da un salto en 2016. Las villas de emergencia son el producto de la migración de los pobres del campo, desalojados por la falta de trabajo por incorporación tecnológica (cosechadoras, sembradoras, etc.) y de las malas condiciones laborales y de salud combinadas con salarios bajos inflación y devaluaciones que adelgazaron los bolsillos de los trabajadores. Las mismas se reducen hasta la década del 70 pero luego vuelven a crecer, producto de que los hijos de los trabajadores que habían logrado salir de ellas deben volver por el empobrecimiento creciente durante los planes neoliberales de dictaduras y gobierno democráticos. Por lo tanto, los compañeros que viven en asentamientos precarios no lo hacen porque les gusta, sino porque en las grandes ciudades no tienen otra opción por la falta de terrenos para construir sus casas, por la falta de recursos para hacerlo, por carencia de apoyo financiero y social del estado, altos alquileres, etc. Y es falso que los abuelos inmigrantes no vivieran hacinados y condiciones deplorables, existe gran cantidad de datos gráficos que demuestran las condiciones de hacinamiento, indigencia y pobreza en que vivían nuestros abuelos, fundamentalmente en las ciudades. En cuanto a “nunca tiraron una manta en la vía pública, nunca cortaron las calles y nunca pidieron un plan social o pensión”, es cuanto menos equivocado ya que en la década del 40 por ejemplo hubo una gran conflictividad social, con huelgas y movilizaciones, que alcanzó un punto alto en la gran movilización del 17 de octubre de 1945, y no tiraban mantas en las calles porque la indigencia no eran tan grande como ahora. Alguien podría pensar que un ser humano que tira un colchón o una manta en la calle para dormir lo hace de puro extravagante, o de vago, solo en el desvarío de una parte de la pequeña burguesía discriminadora puede caber esa idea. Lo hacen porque no tienen donde dormir, porque no tienen para pagar una pensión y están obligados a pernoctar en la calle. Las otras dos cuestiones, cortar calles y cobrar planes sociales, son producto de la inequidad de la Argentina, donde 10 familias tienen más del 50% de los bienes, y la gran mayoría vive en la miseria. Los planes sociales y los piquetes son hijos de las políticas neoliberales, los primeros como una forma de tapar el empobrecimiento de las grandes masas, y los segundo ante el hartazgo de los ciudadanos con NBI (necesidades básicas insatisfechas) que reclamaban y no eran escuchados. Son el producto de las malas elecciones, sobre todo de los sectores de clase media que llevan al poder a gobernantes corruptos, codiciosos e inescrupulosos como Mauricio Macri, que cuando tienen poder solo piensan en hacer negocios ellos y sus amigos, parientes y favorecedores a costa del hambre y la miseria de los trabajadores. En argentina aumentó en un año 11,5 millones la cifra de pobres y ello no se debe a vagancia o desidia, sino que es porque se aumentó la luz, el agua, el gas, los peajes, a niveles insoportables y ello se transfirió a los precios generando una inflación que duplicó la de 2015 y los años anteriores, todo ello para bajar los subsidios a las mineras, a los terratenientes, a los agroexportadores y favorecer la bicicleta financiera de los bancos que ganan fortunas con la especulación o para robar 70 mil millones de pesos auto perdonándose una deuda como la del Correo Argentino. En este último año vivimos un proceso exponencial de concentración de la riqueza en cada vez menos manos a costa de los trabajadores, por eso se agudiza la lucha de clases con grandes movilizaciones docentes, de empleados públicos, de miembros de las pequeñas y medianas empresas, de las mujeres trabajadoras, por eso las organizaciones sociales hacen piquetes, por eso los pobres piden ayuda al estado, son formas de decir que no aguantamos más la vejación y la humillación de la pobreza, de no poder llevar un plato de comida a nuestros hogares, de ver esfumarse no solo nuestro futuro, sino fundamentalmente el de nuestros hijos. Pero la foto de referencia contiene un ingrediente más, la estigmatización de la pobreza. Los británicos en la época isabelina consideraban la existencia de pobres merecedores y no merecedores, los primeros eran los minusválidos, los huérfanos que requerían la asistencia del estado, los segundos en cambio eran pobres porque querían, dado que contaban con las capacidades de trabajar y si no lo hacían era por desidia. La burguesía tuvo e instaló en la sociedad siempre el imaginario según el cual el que no progresaba era porque era un vago, el que trabajaba y se esforzaba vivía cada vez mejor. Lo que la burguesía ocultó siempre es que si vagos hablamos hay que hablar de los empresarios, financistas, que no se esfuerzan para nada y ganan millones a costa del esfuerzo de trabajadores mal pagos que se hacinaron y hacinan en las barriadas obreras de las grandes ciudades. Este imaginario respecto del trabajo oculta que en un proceso laboral existen dos clases de sujetos fundamentales, los dueños del capital y los que solo pueden ofrecer su fuerza de trabajo, estos últimos lograron con luchas y mártires disminuir la jornada de trabajo de las 144/168 hs. semanales de trabajo en los siglos XVIII y XIX a las actuales 30/44. Para un burgués del siglo XIX una persona que trabajaba 30 hs semanales era un vago, para un burgués dentro de 50 años una persona que trabaja 20 hs semanales será algo común. El trabajo constituye un valor importante, por él nos mantenemos, educamos nuestros hijos, pagamos nuestra vivienda, pero no lo es todo, no constituye el centro de nuestras vidas, porque los seres humanos necesitamos compartir con las personas que amamos, divertirnos, hacer turismo, recrearnos, tanto o más que trabajar, y para que esta utopía suceda deberemos arrancarles a los burgueses lo que les robaron a nuestros abuelos, a nuestros padres e impedir que nos sigan robando a nosotros o a nuestros hijos y ello solo es posible con piquetes, huelgas, movilizaciones, lucha. Un último comentario, el pensamiento racista y discriminador que subyace al texto de la foto no es nuevo. Recuerdo como se enojaba mi inefable tía Anita cuando nos escuchaba decir ante algo mal hecho que era cosa de negros. Hace años se instalaron en Gálvez unos pobres e iniciaron un barrio precario, pero muchos de sus habitantes creen que la causa de la inseguridad es porque están esos pobres, la pequeña burguesía estigmatiza al pobre, al villero, al indigente, al home less, pero ello se debe a un profundo temor de llegar a estar algún día en esa situación, algo terrible para un actor social que pretende identificarse con la burguesía y sus usos. La gran burguesía, fundamentalmente identificados con el macrismo no toleran que los pobres quieran gobernarse a sí mismo, no toleran distribuir sus bienes obtenidos de manera corrupta mediante la explotación y el robo al estado, la evasión de impuestos o los actos de contrabando y mafia que han realizados por más de dos siglos. En argentina es hora de decir basta. Hasta la próxima.

martes, 7 de marzo de 2017

En honor a los docentes.


Hace algunos días leí una nota en la que el redactor se refería a la intensa emoción que implica para una persona escribir su propio nombre. La lectura me trajo muchos recuerdos y me llevó a los lejanos tiempos de la escuela primaria, en el colegio nacional n° 34 de Gálvez. Recordé a algunas de las maestras, que en aquella época eran señoritas, y algunas señoras casadas como la Sra. de Chavero, la señorita Luque, la señorita Pérez, al maestro Giovannini, o la más recordada y tierna de las maestras que tuve, la Srta. Gorosito. En ese tiempo, ella no tendría más de 20 años, pero quedó grabada a fuego en mi corazón, por sus enseñanzas, por sus palabras, pero, por sobre todo, por el profundo amor por sus niños. Con ella aprendía, además de conocimientos útiles en mi vida hasta hoy, los valores importantes de una sociedad solidaria. Tal vez lo más importante que me enseñó la señorita Gorosito fue a confiar en mí mismo, a creer en mis potencialidades, a ir hacia adelante. En la primaria aprendí las letras, los números, la geografía, la historia, pero también aprendí a ser crítico, a desconfiar de lo que era incuestionable, a buscar mis propias respuestas. Allí forjé a mis primeros amigos y amigas, esos compañeros y compañeras inolvidables que me acompañaron durante 8 años en la aventura de aprender. Construimos una relación que estuvo soldada con la alegría de vivir y el compañerismo, aun hoy, cuando solemos encontrarnos algunos, disfrutamos de abrazarnos, de recordar viejas anécdotas que ocurrieron en los patios vetustos de esa entrañable escuela. En esa escuela tuve mis primeras rebeldías, que llevaron a la Sra. De López a decirle a mi madre, muchos años después, en una mercería, “Ud. Es la mama de Carlitos, ese niño era la piel de judas en la escuela”. Íbamos a la escuela con alegría, disfrutábamos de esas cuatro o cinco horas que pasábamos en ella, en tiempos en los que nuestro país no había pasado las experiencias dolorosas que vinieron después de la mano de dictaduras cívico militar sangrientas que lo asolaron. Por esos años había claridad en los valores, un juez era un juez, un periodista buscaba la verdad, un político buscaba el bien común, el policía era ese señor que nos decían en la escuela estaba en las esquinas para cuidarnos, lo demás existía, pero eran excepciones. Recuerdo que los maestros y maestras cobraban tarde y mal, la remuneración de la tarea docente era, por lo general, un segundo sueldo en la familia. La maestra era considerada por el imaginario colectivo la segunda madre y la escuela el segundo hogar. Pero por sobre todo íbamos a la escuela a aprender, a formarnos, no íbamos por la copa de leche que en los hechos no existía, no íbamos a almorzar porque para ello teníamos la mesa familiar, todos los niños que iban a la 34 tenían sus cuatro comidas diarias, y era una escuela para niños de clase media o media baja, hijos de trabajadores. Todos con el guardapolvo blanco, sin diferencias, todos iguales y todos tratados como iguales por los maestros y maestras, que mejor aprendizaje social que ese, la de unos adultos que nos trataban como iguales, que impartían justicia en el aula con equidad, que se preocupaban por todos, y si alguna vez estaban atentos a lo que le pasaba a algún alumno o alumna era porque constituía el eslabón más débil de la cadena, o porque estaba pasando un mal momento. En la escuela aprendimos que de nada vale el dinero sino se es honrado, que de nada valen los bienes materiales sino somos solidarios con los demás, si no nos preocupamos por los que menos tienen, por lo que más sufren. En esas décadas del 50´y 60´Argentina no era un paraíso, pero era una Argentina que querríamos recuperar. Crecí en una pequeña ciudad de provincia, de solo 15.000 habitantes, en la que se dejaban las puertas abiertas, pocas eran las ventanas que tenían rejas, y en general era más por estética, los vecinos no tocaban timbre entraban hasta el patio al grito de Clemencia estas allí. La palabra inseguridad tenía otro sentido, era el miedo a que lo que hacíamos nos lastimara, o era inseguro un cable pelado, pero nunca tenía la semántica policial que tiene ahora. Recuerdo que recorría las 10 o 12 cuadras que separaban mi casa de la escuela solo o con mis compañeros de escuela, no recuerdo el amontonamiento de padres a la salida esperando a sus hijos, volvíamos tan solos como habíamos ido, únicamente las maestras con sus rostros bondadosos, en la puesta de la escuela esbozaban un hasta mañana niños, mientras nosotros “blancas palomitas” como en la tira de Jacinta Pichimahuida, corríamos a nuestras casas a escuchar por la radio “el León de Francia” o “Míster Fox lo sabía”, o cuando llegó la televisión para ver “Cuero Crudo” o “el Zorro”. La escuela estaba en consonancia con una sociedad que pretendía educar a sus hijos en valores, en el amor por el trabajo y por el conocimiento, en el amor por el prójimo. Era una escuela que pertenecía a una sociedad en la que los fines de años los vecinos se saludaban amablemente, a veces ponían sus mesas en la calle y compartían el bullicioso despido del año, o cuando un vecino necesitaba algo sabía que el vecino de al lado lo iba a ayudar en lo que pudiera. Pero también era una sociedad en la que la pobreza y la indigencia retrocedían año a año, la clase media engordaba y todos los argentinos teníamos sueños. ¿Cuándo se rompió esa sociedad?, tal vez el 28 de junio de 1966 cuando las hordas salvajes del miedo echaron a un viejo y honesto presidente de la casa de gobierno (que debió tomar un taxi para irse) para comenzar a instalar una nueva subjetividad, en la cual el sueño de una Argentina más justa y equitativa se fue por las cloacas, abriendo paso a la avaricia y el descontrol de los que buscaban solo ganancias. Los medios de comunicación dejaron paso a nuevos programas, a nuevos noticieros, a nuevas novelas, y la escuela se quedó sola, muy sola tratando de proteger los viejos valores de una sociedad que estaba cambiando aceleradamente. Los maestros dejaron de ser apóstoles y se comenzaron a verse a sí mismo como trabajadores, crearon sus sindicatos, salieron a las calles a defender sus derechos. Aun en dictadura, recuerdo haber asistido en 1970, a una marcha docente en la que se prohibían los carteles partidarios, los maestros eran trabajadores, pero no eran partidistas, no pertenecían a un partido como maestros. La sociedad no pudo procesar el cambio, no pudo entender porque la segunda madre salía a las calles a pedir mejor sueldo, acaso no tenía el sueldo de su marido que la mantuviera. Es que la sociedad cambiaba, pero seguía siendo machista, seguía teniendo el sesgo patriarcal. Cambiaron los planes de estudio para la formación de maestros, desaparecieron las escuelas normales, pero la escuela sigue siendo el lugar donde los niños aprenden a escribir su nombre por primera vez. Es innegable que la escuela actual está en crisis, es innegable que necesita cambios, pero también es innegable que continúa teniendo el sesgo igualador de aquellos años. Hoy se le pide a la escuela, y por ende a los maestros y maestras, que cubran lo que la sociedad niega. Se han desvirtuado sus funciones, para algunos padres es el lugar donde arrojan a sus hijos mientras van a trabajar, para otros es el comedor gratuito, pero para todos, la formación moral y ciudadana está lejos de ser una de las funciones primordiales de la escuela. Los primeros, cuando hay una huelga de maestros no se fijan que cobran sueldos que los ubican entre la línea de pobreza y la de indigencia. Quieren que sus hijos tengan 180 días de clase, para que ellos puedan ir tranquilos a sus trabajos, sabiendo que el o los hijos están en el aguantadero público o privado. Sería interesante más que investigar cuanto saben los chicos que asisten a las escuelas, saber cuánto le preguntan los padres sobre lo que aprendieron. Los segundos, acorralados por la pobreza que no les da tregua, necesitan imperiosamente alimentar a sus hijos y muchas veces los magros sueldos que cobran no les alcanza para las cuatro comidas diarias. Entonces en vez de preguntar al hijo que aprendió hoy en la escuela, suelen preguntarle que comió hoy en la escuela hijo. La sociedad se ha vuelto más violenta, y de eso saben mucho los maestros y maestras de muchas escuelas donde los niños se agreden mutuamente, agreden a sus educadores, donde padres son violentos con los maestros y maestras, donde los directivos muchas veces están más pendientes del formulario burocrático que de organizar creativamente el aprendizaje. Y entonces el maestro o la maestra son unos superhéroes no reconocidos por la sociedad. Enseñan, dan de comer, cuidan a los niños, son mediadores de conflictos, y por sobre todo son víctimas del salvajismo de una sociedad que dejó atrás el paisaje pastoril para trastocarse en la selva inclemente que es la sociedad neoliberal. En esta Argentina racista, discriminadora, cuando hay una huelga docente no ocurre lo que vi en aquella huelga del 70 cuando padres y alumnos acompañaban a sus maestros y maestras que reclamaban en las calles. Hoy la prensa canalla, los comunicadores al servicio de esa prensa canalla pretenden instalar en la sociedad que los docentes son vagos, que trabajan pocas horas, que son privilegiados, que les quitan a los niños el derecho a asistir a la escuela, como si al gobierno actual le interesara la educación de los niños, como si les interesara la educación de los argentinos. Hoy más que nunca debemos estar junto a los maestros y maestras, porque solo hay una manera de tener educación de calidad y es empezando por tener escuelas dignas con docentes bien pagos, los demás es pura cháchara de la burguesía conservadora que lo que busca es que cada vez seamos más ignorantes. Hasta la próxima.

domingo, 29 de enero de 2017

Andá a laburar, vago.


Como es sabido, el principal interés del capitalismo como sistema económico, es la ganancia. Para incrementar las ganancias, el capitalista debe bajar los costos, entre los costos considerados por los capitalistas, según la afirmación de Mauricio Macri está en primer lugar los salarios, por lo tanto, un capitalista para maximizar su negocio ha de pagar los salarios más bajos posibles y lograr el mayor rendimiento de sus trabajadores en la jornada laboral. Un capitalista vernáculo, aduce que no puede competir con los productos importados porque son mucho más baratos, dado que en sus países de origen se pagan salarios muchos más bajos, lo cual es una verdad a medias. Analicemos la cuestión, es cierto que Adidas, Nike, y otras empresas depredadoras transnacionales, por tomar un caso, pagan salarios bajísimos a sus trabajadores en países como India, Filipinas, Pakistán, Kazajistán, Kirguistán, etc. Pero no es menos cierto que en los países avanzados, como por ejemplo Luxemburgo, Noruega, Austria, EE. UU, Reino Unido, etc., se pagan salarios mucho más altos (diferencias que van de 10 a 200 dólares diarios) y sin embargo tienen economías competitivas, sin contar los costos adicionales que hay en países con una alta protección del trabajador que no o lo tienen los países más pobres. Cuál es el secreto, pues la alta productividad del trabajo producto de la incorporación tecnológica, y por otro lado la existencia de mercados internos en los países más desarrollados que viven del consumo interno, y que potencian las ganancias de sus capitalistas. Por lo tanto, la primera conclusión a la que arribamos es que con salarios bajos no se logra desarrollar un país, solo se logra aumentar la pobreza extrema y la dependencia de los centros de poder económico mundial. En países como Argentina, en donde su salario promedio ronda los 55 dólares diarios y con baja incorporación tecnológica en gran parte de sus industrias, la lógica capitalista ubicaría la clave para desarrollarse es la inversión genuina en tecnología y el sostenimiento e incremento de los salarios para lograr un mercado interno que fortalezca a las empresas y las motive a invertir para poder competir. Pero es sabido que en nuestro país, los gobiernos conservadores de derecha que gobernaron la mayor parte de nuestra historia, siempre apostaron a la competitividad de los productos primarios en los mercados internacionales, ello no solo es evidente en los datos de la evolución económica, sino también en la subjetividad de los actores locales que definen al país como el granero del mundo, centrando como el mayor y más importante jugador de nuestra economía a los productores agrarios y apostando muy poco al desarrollo industrial. La Argentina tuvo momentos de expansión industrial en los períodos de las grandes confrontaciones bélicas mundiales, en las entre guerras y en las post guerras, periodos en los que los países beligerantes estaban destruidos y requerían de materias primas. A partir de la década del 60’ y particularmente luego de la gran crisis de 1975 (Rodrigazo) Argentina no supo implementar planes de desarrollo industrial y su economía naufragó en los ajustes neoliberales que veían en las restricciones económicas a los sectores obreros y populares un modo de incrementar el reparto desigual de la renta, enriqueciendo a los grandes propietarios y empobreciendo a la clase obrera y a crecientes sectores de la clase media. Los ajustes siempre implicaron recortes en los gastos sociales, disminución de las plantillas, precarización del trabajo, aumento de las jornadas laborales, disminución de los salarios, etc. Su consecuencia a lo largo de las sucesivas gestiones neoliberales fue la constricción del mercado interno, la caída del consumo por menor poder adquisitivo del salario en virtud de los recortes y aumento de la pobreza y la indigencia que ha tenido una curva ascendente constante a partir de los comienzos de la década del 70’. Hoy Argentina está nuevamente gobernada por los mariscales de su derrota, los neoliberales, solo que en virtud de la mala prensa que tiene la palabra ajuste, hoy se la denomina sinceramiento, pero sus consecuencias son las mismas que surgieron cuando se aplicaron recetas neoliberales, aumento de la desocupación, recorte de los gastos sociales, caída de los salarios, menor consumo, incremento de la pobreza y la indigencia en beneficio de la concentración de los bienes en pocas manos, etc. Frente a la nueva catástrofe económica que se avecina, el gobierno de Mauricio Macri ha comenzado a desarrollar propuestas negativas para la mayoría social como el quite de los subsidios a los servicios lo que ha redundado en su encarecimiento, trata de bajar los salarios, ha producido una fenomenal transferencia de ingresos hacia los sectores económicamente más concentrados como el agro, las mineras, los exportadores, etc. Todas estas medidas ni siquiera se han demostrado beneficiosas en el largo plazo ni para la gran burguesía que comienza a ver un horizonte de oscuros nubarrones en su porvenir económico. Entre las medidas desesperadas que se plantean tomar se encuentra la modificación de la ley de contratos de trabajo (ya modificaron por decreto la ley de ART precarizando más el trabajo y aumentando los riesgos de los trabajadores) con el argumento de que el problema de la argentina es que no se trabaja. Hemos visto al propio presidente y sus ministros hablar de la baja productividad y la poca contracción al trabajo de los argentinos. La inefable hipócrita, Elisa Carrió, que durante el año de gobierno de Cambiemos ha mostrado su ideología reaccionaria y depredadora al servicio de la superexplotación de la clase trabajadora, se ha sumado al coro de políticos y periodistas amanuenses que claman contra la poca vocación de trabajo de los argentinos. El papel de la prensa, sobre todo de los periodistas a sueldo para decir (y ocultar) lo que le conviene al régimen de acumulación implacable que pretende construir la derecha conservadora en argentina es fundamental. Antes de implementar alguna medida de carácter reaccionario, estos periodistas inundan las percepciones de los argentinos de falsedades haciéndoles creer la versión de los problemas que tiene el gobierno. Entonces, el problema de la Argentina no es la falta de inversión, la casi inexistencia del mercado interno, la voracidad de la gran burguesía que quiere cada vez más ganancias, las asimetrías sociales insoportables que en tan solo un año ha desarrollado el gobierno de Macri, sino la actitud de los trabajadores argentinos que no tienen ganas de trabajar. Veamos una perla en “La Capital” del 29 de enero de 2017. El reaccionario y derechista periodista Diego Vega, en una columna en la página 12 de esta edición afirma: “Demasiados discursos políticamente correctos que deberían entender que un país se pone en marcha trabajando, y no plagado de feriados.” Para Vega, el problema de la Argentina son los feriados, no la asimetría social y las políticas de hambre y miseria implementadas por el gobierno nacional, y por supuesto, aunque no los dice explícitamente, es la cantidad de feriados que en tiempos del kirchnerismo tenían los trabajadores que viajaban por todo el país haciendo mini turismo, y como Olmedo el idiota diputado salteño, Vega piensa que hay que ponerse a trabajar. Que cree Vega que han hecho los trabajadores a lo largo de dos siglos de vida nacional, tal vez para Vega se rascaron el higo a dos manos. El discurso del “aquí no trabaja nadie”, “lo que pasa es que los argentinos son una manga de vagos” es un discurso que además de falso de toda falsedad, está en línea con las políticas de superexplotación de la derecha vernácula. Veamos los datos de las horas trabajadas en los diversos países de nuestro planeta. Según la consultora GetVoiP con datos de los gobiernos de Singapur, Japón, el departamento de trabajo de EE.UU. y la U.E., elaboró los cuadros que acompañamos, en los que se evidencia con claridad que en Argentina se trabaja mucho, ubicándose en el puesto 36 en un orden que va de los que menos horas trabajan por semana a los que más trabajan por semana, trabajándose más de 2000 horas anuales que la ubica muy por encima de los países más desarrollados en cantidad de horas trabajadas. Cuando observamos el cuadro de salarios medios en el mundo, Argentina se ubica en el puesto 41, teniendo un salario medio inferior a países como Lituania, Jamaica, Rusia Estonia, Bosnia, Macedonia, Hungría, etc. Resulta claro que los medios de comunicación hegemónicos pretenden convencernos que los trabajadores debemos ser pobres e indigentes, como dijo el inefable presidente del Banco Nación Javier González Fraga, debemos dejar de creer que los trabajadores con nuestro salario podemos comprar celulares, televisores, casas, hacer turismo y mini turismo y convencernos que nuestro destino es vivir en asentamientos precarios. El intento en el discurso neoliberal es que seamos positivos, porque como dijera otro inefable ministro Marcos Peña, ser crítico, no necesariamente es ser inteligente, claro porque si somos todos boludos ellos pueden explotarnos a piaccere. Para que no nos sigan engañando busquemos información, veamos lo que ocurre en el mundo, luchemos, solo así el futuro será nuestro. Hasta la próxima.

jueves, 26 de enero de 2017

Crónicas Marxianas. por Carlos Bonantini: Las invasiones bárbaras (e hipócritas)

Crónicas Marxianas. por Carlos Bonantini: Las invasiones bárbaras (e hipócritas): Los romanos denominaban bárbaros a aquellos pueblos que no estaban incluidos en su imperio. Por lo general el peyorativo refería la falta d...

Las invasiones bárbaras (e hipócritas)


Los romanos denominaban bárbaros a aquellos pueblos que no estaban incluidos en su imperio. Por lo general el peyorativo refería la falta de conocimiento del griego y el latín de los miembros de estas comunidades. En general, el barbarismo fue conocido como un estadio intermedio entre el salvajismo y la civilización, encarnada por supuesto, por los romanos. Lo curioso es que ese “otro” al que se referían los romanos, poseía una cultura y una civilización en muchos puntos más avanzada que la de los romanos, al punto tal que el propio imperio sucumbió al avance de los llamados barbaros, a medida en que fue pudriéndose lentamente encerrado en sus propios prejuicios y fanatismos. En argentina, en democracia, durante algún tiempo, se construyó una cultura de la inclusión, de respeto hacia el “otro”, fueron tiempos en que se intentó construir una cultura de la solidaridad, de la inclusión, de la cooperación, tiempos en los que las personas sentíamos la necesidad de ayudar al más vulnerable, en que no discriminábamos al que era diferente, tiempos en los que parecía que el racismo y la xenofobia eran cosas del pasado. Los argentinos buscamos durante algún tiempo caminar juntos, de la mano, sintiéndonos hermanos, pero hoy constatamos que aquello fue tan solo un espejismo, En las sombras, las tenebrosas fuerzas del oscurantismo estaban agazapadas para dar el zarpazo y retrotraer la república democrática a la edad de piedra. Curiosamente, esta restauración conservadora se hizo mediante un relato que hipócritamente nos habla de la felicidad, del estar unidos, de respetar la opinión del otro, mientras que en la práctica, se está construyendo una país con presos políticos, con ciudadanos cada vez más pobres y con cada vez menos derechos, y en la vereda de enfrente, ciudadanos cada vez más ricos, con la totalidad de los derechos, llegando al caso de poder poseer un lago y evitar que los argentinos gocemos de nuestras bellezas naturales. A diferencia de Roma, en donde las invasiones bárbaras duraron varios siglos, en argentina, los propios argentinos, instalamos a los bárbaros en la casa de gobierno y nos sometimos a ellos sin decir nada. Y los bárbaros, que se camuflaron de civilizados, mostrándose con elegantes trajes de CEOs, hablando sofisticadas jergas de empresarios, haciendo alarde de una erudición vacía de contenido, y en un abrir y cerrar de ojos acometieron salvajemente contra lo que tanto nos había costado construir. Con suaves modales de sicarios entrenados, con voces seductoras cuidadosamente estudiadas, no dijeron que reconstruíamos un país entre todos, que los años anteriores habían sido una ilusión, que los pobres no podíamos tener celulares, LCD, hacer turismo, tener salud de primera, educación de calidad, y comenzaron a esculpir la denigrante es-(cultura) en la que ellos, los salvadores de la civilización estaban en la cúspide para salvarnos de nosotros mismos, que de una vez y para siempre debíamos aceptar nuestro destino miserable y el orden natural en el que, los seres humanos, tenemos destinos preestablecidos según los cuales los más adaptados, los más eficaces, los que han sabido forjarse una posición tienen el derecho (aunque sea un derecho heredado) de gozar de sus riquezas, y los otros, los que nunca tuvieron oportunidades, lo que no recibieron educación de calidad, los que nacieron en hogares humildes, en asentamientos precarios, ellos tienen que conformarse con su horizonte oscuro y trabajar sin denuedo para garantizar las utilidades que les permitan a los elegidos gozar de todos los derechos y bienes. La pregunta que surge es muy sencilla, ¿cómo hicieron unos pocos (no más del 5% de la población) para construir una subjetividad sometida que lleva al otro 95% a aceptar tanta miseria e indignidad? Es lo que en el mundo se llama la revolución conservadora que se estructuró a partir del fin de la segunda guerra mundial, pero que sentó sus bases durante la década de los 80’ cuando la derecha conservadora pudo empezar a ver los frutos de su obra de restauración conservadora en el mundo. Cristian Laval y Pierre Dardot, en su libro: “La nueva razón del mundo” de Editorial Gedisa, nos dicen que erróneamente se definió al neoliberalismo como un plan económico, lo cual es, pero que es mucho más que ello, “el neoliberalismo antes que una ideología o una política económica es, de entrada y ante todo, una racionalidad, y que, en consecuencia, tiende a estructurar y organizar, no solo la acción de los gobernantes, sino también la conducta de los propios gobernados” (pagina15 de “La nueva razón social del mundo”.) Lo que se había basado en la restauración conservadora de los ochenta, se afianza en los noventa cuando se produce la debacle del socialismo real. La burguesía ya no tiene los límites que el precario dique de los estados llamados “socialistas” había impuesto a sus proyectos de rapiña internacional y entonces se lanza desaforadamente a la colonización de la subjetividad de los dominados mediante un mecanismo que no solo incluye a la complicidad de los académicos, que comienzan a deconstruir el discurso keynesiano que había posibilitado el estado de bienestar en los países capitalistas infiltrando a los dirigentes políticos con sus teorías estrambóticas como la del derrame, sino que tienen en sus manos una herramienta mucho más contundente y con mayor poder de penetración en las culturas subordinadas: los medios de comunicación. La construcción de esta nueva subjetividad no es tarea de un día, ni de un gobierno, es un plan sistemático trazado por los centros de poder mundial para lograr el sometimiento consensuado de los sectores más vulnerables de la sociedad. Es mucho más que un plan económico, es el desarrollo pleno del pensamiento heredado, basado en la heteronomía normativa, según la cual las normas no son construidas por los actores sociales, ni siquiera por actores presentes, sino que los ciudadanos respetamos normas heredadas que vienen desde el fondo de los tiempos bajo la forma de significaciones sociales imaginarias que permiten moldear instituciones fundamentales para la explotación social, como por ejemplo la sacralidad de la propiedad privada, la distribución injusta de los bienes, los derechos de los más poderosos que les permiten hacer y deshacer las vidas de los dominados, etc. Por supuesto, que los 10 hombres y mujeres más ricos del mundo tengan el 50% de los bienes mundiales conduce necesariamente a la construcción de un ejército de marginales, excluidos, pobres de solemnidad sin propiedades ni derechos, los que habitan casillas miserables, en medio de ecosistemas inmundos y enfermantes, sin ningún derecho que no sea la mendicidad o el sometimiento a condiciones miserables de vida y de trabajo. En el medio, una extendida “clase media” que tiene algunas posesiones y que por ello cree imaginariamente que es parte del mundo de los privilegiados, los que en las bacanales de la burguesía comen las sobras y creen estar sentados en el banquete. Este sector social, tremendamente vulnerable, blanco de los jóvenes y personas con conflicto con la ley, los que sin tener conciencia de ello impugnan el pensamiento heredado y salen por las calles a recuperar lo que la sociedad les ha arrebatado por generaciones, su vida y su futuro, clama angustiosa e infructuosamente por lo que llaman su seguridad, sin ver que la seguridad (o inseguridad) es parte del sistema social injusto que hunde en la miseria y deja sin futuro a las grandes mayorías populares. Como los bárbaros necesitan a este sector disciplinado y obediente del lado de sus intereses, desde los medios agitan el discurso de la inseguridad y la emprenden contra todos aquellos jóvenes que son portadores de cara o de gorrita, de tez oscura, con algún antecedente inmigratorio, que se atreven a incursionar en el ejido urbano. El pensamiento bárbaro en la actualidad se caracteriza por su falta de horizonte de visibilidad y la necesidad de dar respuestas, aunque estas sean inconexas y no coordinadas. Entonces, al discurso la ablación de los derechos conquistados, se suma el relato del encierro, y gritan como energúmenos, nos están matando como a moscas, que desaparezcan, que los encierren, no importa su edad. Tienen que ser encerrados y torturados y por qué no, ajusticiados. Así aparecen propuestas de bajar la edad de imputabilidad para que se pueda penar a los niños, de hacer leyes más duras que penen a los pobres con encierros en condiciones más denigrantes que las que tienen en libertad, diferentes formas de espionaje a los ciudadanos que, a la manera de gran hermano, pretenden controlar y que sepan que son controlados para lograr el efecto de subordinación de clase más tremendo, la auto subordinación. Estamos muy cerca de que, como en otros países de Sudamérica salgan bandas de autodefensa a perseguir y matar jóvenes para terminar con la “inseguridad”. La sociedad se está barbarizando, está construyendo una constricción ciudadana cada vez más asfixiante, está retomando los senderos de las dictaduras genocidas que pulularon en épocas nefastas de nuestra historia reciente, y solo nosotros, los ciudadanos podemos reconstruir una sociedad de valores en la que la solidaridad, la salud de la población, el bienestar general, la igualdad social, la libertad de pensamiento, el derecho a asociarse sin temor a ser encarcelado primen sobre el modelo en el que el lucro y el rendimiento son valores esenciales. Hasta la próxima.

jueves, 12 de enero de 2017

La razón de la existencia.


Desde sus orígenes, la humanidad corrió desesperadamente en busca de un horizonte que siempre se encontraba en la línea de fuga de la vida, en ese punto inalcanzable. El sentido de la vida es un interrogante que torturó a todos los grandes pensadores de la humanidad, y para evadir imaginariamente este tormento, ellos crearon las utopías, relatos fantásticos de mundos magnificentes, que nadie había conocido, pero al que todos anhelaban encontrar. Las utopías, tienen el valor de ser inalcanzables, pero constituyen un punto de referencia para la vida de los hombres. El carácter de la utopía es ese, ser algo de lo que habla, que se lo busca, que se construye permanentemente, pero que, como la línea del horizonte, cuando más marchamos, más lejos está. Detrás de la construcción de las utopías, se encuentra la pregunta por el sentido de la vida. No es necesario ser filósofo, cualquiera de nosotros, criaturas mundanas, removibles, perecederas, que sabemos que tenemos fecha de vencimiento, aun cuando en la etiqueta no figure, nos hemos preguntado en algún momento, ¿para que vivimos?, ¿para qué vivo? Luchamos, trabajamos, criamos hijos, construimos empresas, nos odiamos, nos hacemos zancadillas, y todo para que, si al final, como dice el mandato bíblico, “del polvo venimos y al polvo vamos”. Pero es justamente ese destino inexorable el que nos impulsa a crear. La creación es una hermosa gambeta que, cual eximios jugadores, hacemos a la muerte, es como decirle, vos nos vas a llevar, pero nosotros quedaremos en este lugar, en nuestras creaciones, y eso no lo podés evitar. El poeta, el pintor, el intelectual, el político, todos tratan de hacer obra, pero también el obrero, el albañil, el administrativo, el comerciante, hacen obra, o, mejor dicho, hacen la obra que los hace a ellos. Forjamos nuestra identidad, modelamos nuestra subjetividad a través de la acción, pero esa acción no es ciega, es más que una acción, es una visión, que nutre nuestro psiquismo, que construye nuestra identidad. Cada uno de nosotros contempla extasiado su obra, se regocija en ella, como el padre lo hace en su hijo cada vez que nota que está recorriendo el camino del desarrollo. Se cuenta que Gaudí, murió mirando la sagrada familia, la iglesia catalana que él había diseñado. Para verla en su totalidad camino hacia atrás y no pudo ver al tranvía que se lo llevó puesto. Cuando me contaron la historia no pude evitar pensar que ideas cruzaron por la mente del arquitecto en el preciso momento en que extasiado miraba su obra y era atropellado por un tranvía. Muchas veces me he preguntado, que haré cuando deje de trabajar en la universidad, que será de mi vida, he pasado en ella (como estudiante, egresado y profesor) casi medio siglo, he vivido experiencias intensas, y lo que eufemísticamente puedo llamar mi obra (algunos libros, varias decenas de artículos y unos cientos de ponencias a congresos) la he realizado tras los muros de la facultad de psicología. No admito otra vida que no sea en esa organización, parafraseando a un empresario que un día, mirando por la ventana, dijo, hay vida fuera de nuestra empresa, allí en la calle hay personas que se ríen, que lloran, que comen y que nunca pertenecieron a esta empresa, yo podría decir hay vida después de la universidad, ella no es toda la sociedad, peor aún, es tan solo un átomo de la sociedad, solo una ínfima parte de los cuarenta y pico de millones de habitantes de la argentina que están en la universidad (en las universidades nacionales hay 1.824.904 alumnos, 189.692 docentes, 49144 administrativos, es decir 2.063.740 personas) menos del 5% de la población, y sin embargo para nosotros la universidad es el mundo, más que ello es el universo completo de vida, sensaciones, emociones, pasiones, etc. Pero, y esto es significativo, el porcentaje de la producción intelectual de los integrantes de la universidad es muy pequeño relativo a la producción intelectual del país (libros, diarios, multimedios, etc.). Porque si es tan poco significativo lo que producimos, porque si nuestra incidencia en el producto interno bruto es tan insignificante, los universitarios creemos ser el motor fundamental de la creación, pues, porque, lo que muros adentro de la misma se hace, es nuestra obra, es lo que significa nuestras vidas y es lo que determina nuestra razón de ser, de existir. Es muy interesante observar como un hecho tan presente en nuestra existencia, tan inquietante al momento de enfrentarnos a ella, la muerte, no registra muchas reflexiones sobre sus características, significado y biología. En general, lo mucho que hay escrito sobre la muerte, se refiere a las reflexiones sobre la vida después de la muerte. Los seres humanos necesitan esquivar a la muerte que saben que los espera en algún lugar, en algún momento, con búsquedas utópicas como las de la vida después de la muerte, y por ello crearon entidades como el alma, el espíritu, entidades que están unidas a la materia corrompible que constituye la fisiología humana, pero que, en el momento del pasaje a la inercia de esa materia, se despega de la misma y adquiere autonomía para ingresar a una dimensión distinta, nueva, eterna, placentera. Todas las religiones se crearon para mitigar este miedo ancestral de los humanos a su desaparición, y todas inventaron algún tipo de mundo transmaterial en el que se depositaron las almas que abandonan los cuerpos sin vida. Sin embargo, la muerte constituye un dato igualitario para la especie, ella acontece a todos los seres humanos, no importa que sean ricos, pobres, feos, hermosos, inteligentes necios, todos terminamos siendo abrazados por esta señora que inexorablemente nos lleva al valle del olvido. A veces pienso, a que le tememos más, a dejar de existir, o a ser olvido. Tomemos un ejemplo, si alguien me pregunta quien fue mi padre o mi madre contestaré inmediatamente, si me pregunta quienes fueron mis abuelos, tal vez pueda responder pero me costará un esfuerzo intelectual mayor, si me indagan sobre la identidad de mis bisabuelos es muy difícil que pueda contestar, necesariamente tendré que recurrir a una investigación, ni pensar que la pregunta se refiera a mis tatarabuelos, o a mis choznos, directamente creo que ni con una investigación podría contestar, y entonces me cuestiono, quien era aquel sujeto que por primera vez usó mi apellido, que pensaba, que hacía, que sentía, y siento la congoja de no poder saberlo. Tal vez él se halla preguntado si lo recordaría alguien unos cientos de años después. Soy el último eslabón de una larga cadena que se remonta a los primeros organismos unicelulares, esta cadena es única y llega hasta mí, como miles de millones de cadenas llegan hasta cada uno de los seres humanos que existimos, mi cadena se continúa en mis hijos, ellos podrán cortarla o continuarla en sus hijos, como mis ancestros lo hicieron en su momento, pero reflexionar sobre esto, me permite esclarecer acerca de la obra que cada humano realiza con la gestación de los hijos, sostener a la especie, que es un inmenso colectivo de más de siete mil millones de personas, cada uno como punto actual de su cadena, cada uno como punto de continuidad en sus hijos de esa cadena. Cada uno de nosotros que muere sin hijos, es una cadena que se corta, es una ruptura del mandato de la vida, que existe y se sostiene evitando a la muerte en la continuidad de esas largas cadenas de existencia. La lucha entre la vida y la muerte, es la lucha por la existencia, personal, individual, pero también colectiva, de la especie, que sistemáticamente se niega a desaparecer y que por ello constituye un organismo supraindividual que perdura en el mecanismo de procreación. Todos estamos de paso por el mundo, es como una visita turística, estamos un tiempo, vemos, disfrutamos y nos vamos, algunos son más recordados por la magnitud de la obra, Platón, Aristóteles, Buda, Cristo, Confucio, Marx, Freud, y tantos otros que persisten y son hablados en diferentes momentos, otros no tienen esa presencia, pero son dichos y recordados en menor cuantía, otros desaparecen arrastrados por el viento del olvido que arrastra las arenas de la vida, pero todos han dejado una huella en la existencia, grande o pequeña, y la razón de su vida ha sido esa obra que perdura más allá de la muerte. Hasta la próxima.

sábado, 31 de diciembre de 2016

El paraíso terrateniente.


A lo largo de nuestra historia como país independiente la burguesía argentina ha tenido en común un interés estratégico, el dominio del capital sobre el trabajo. En este canon coinciden todos los burgueses, la propiedad privada es sagrada, derecho que les garantiza usufructuar su posición de privilegio como dueños de los medios de producción. Mao sostenía que para analizar la estructura social de un determinado país y sus connotaciones políticas era necesario determinar dos tipos de contradicciones, la contradicción secundaria que es la que puede existir entre diferentes sectores de una misma clase social y que por lo tanto es resoluble en el marco del modo de producción y la contradicción principal que es la existente entre diferentes clases sociales y que solo es resoluble por medio de una revolución social, de un cambio copernicano que transforme las estructuras societarias. Hubo un momento muy importante en la historia argentina, que Milciades Peña, el conocido escritor e historiador trotskista, denomina el paraíso terrateniente. En este período, que genéricamente va desde la revolución de mayo hasta fines del siglo XIX, la burguesía argentina funcionó como un solo bloque en el que los terratenientes ganaderos eran hegemónicos. Si bien había otros sectores, como la burguesía comercial porteña, o algunos nodos de artesanos productores en el interior del país, estos no tenían ni la fuerza política ni económica para hacer frente a la gran burguesía terrateniente reunida en torno a la Sociedad Rural Argentina. Es un momento de gloria para este sector que hacía muy buenos negocios exportando carneas y productos primarios al mundo, especialmente a Gran Bretaña, esa burguesía, que Sarmiento denominó la oligarquía con olor a bosta de vacas, tenía un proyecto de país para unos pocos, en el que la industria no tenía ningún espacio. Los nombres arquetípicos son muy conocidos en la historia, Alzaga Unzúe, Patrón Costas, Menditeguy, Martínez de Hoz, Anchorena, Mitre, Pérez Compan, Menéndez Behety. Ocampo, etc. En el siglo XIX fueron los que tuvieron un poder omnímodo y basaron su patrón de acumulación en la explotación de los peones rurales, y en la persecución de los gauchos que, aunque con ingenuidad, se rebelaban a su poder. Es un momento en el que la burguesía cumple el rol de gerenciamiento de los intereses imperialistas, particularmente los británicos, como quedó demostrado en la guerra contra el Paraguay industrial y pujante. El Dr. Francia inició un proyecto industrialista que llevó al Paraguay a ser el primer país de América que producía hierro en altos horno. Este fue un proyecto de una burguesía inteligente que continuaron los sucesores de Francia. El Paraguay de los López era un pésimo ejemplo en América desde la óptica de los intereses británicos. Era un país rico, ordenado y próspero, se bastaba a sí mismo y no necesitaba productos manufacturados provenientes de Inglaterra. Abastecía de yerba y tabaco a toda la región y su madera en Europa cotizaba alto. Veinte años había durado la presidencia del padre, don Carlos Antonio López, hasta su muerte en 1862, al que continuó su hijo el Mariscal Francisco Solano López. Las oligarquías nativas sumisas al imperio inglés, no solo inventaron una guerra, la guerra de la triple alianza, sino que cuando entraron en Paraguay arrasaron el país que a partir de entonces quedó sumido en la más profunda de las miserias y atraso. Eran tiempos del fraude y la represión a cualquier intento de diferenciación política. Felipe Varela, el Chacho Peñaloza, caudillos del interior pagarán con su vida la rebelión contra el poder de la burguesía ganadera de Bs. As. Recién en el último cuarto de siglo comienzan a aparecer ideas diferentes enunciadas por intelectuales del propio riñón de la oligarquía. Sarmiento y Alberdi definirán un programa industrial en un país que no tenía industrias. Ambos visualizarán la necesidad de logran atraer a los obreros industriosos de norte de Europa para crear una masa crítica de trabajadores industriales. El problema fue el mismo que el que relata Marx cuando se refiere a Mr. Peel, industrial ingles que tuvo la idea de poner una fábrica sobre el río Swan, llevando obreros y máquinas, pero cuando llegaron al destino los obreros vieron las tierras libres y abandonaron a Peel y comenzaron a labrarlas. Marx dice pobre Mr. Peel no entendió que el obrero lo es porque está dentro de un sistema social en el que no puede poseer medios de producción, pero cuando los tiene a mano abandona esa condición. Los obreros que venían de Europa (fundamentalmente Italia, España) ante la inmensidad de la pampa se lanzaron a colonizar las tierras vírgenes. Un puñado de ellos, emparentados con las labores industriales comenzaron a fundar fábricas como, Cambaceres, Biecker, Terrabussi, Canale, Hergo, Franchini, Maderoff, etc., y que en 1887 fundan la Unión Industrial Argentina. La inmigración, el desarrollo de un sector profesional necesario para abastecer de cuadros de dirección a las nuevas empresas, la constitución de una masa de obreros industriales hace surgir nuevas clases en argentina, las que originariamente serán representadas políticamente por dos grandes partidos, la Unión Cívica Radical y el Partico Socialista Argentino. Surgen entre los sectores burgueses tradicionales agrupados en los partidos conservadores y la Sociedad Rural Argentina, y los nuevos sectores burgueses medios y pequeños burgueses contradicciones secundarias que no siempre serán resueltas por la vía pacífica, como ocurrió con la revolución del parque en 1890 y el levantamiento radical de 1905. El centenario encontró una Argentina tan convulsionada que los festejos fueron en el marco del estado de sitio. El siglo XX se caracterizó por el ascenso de las mal llamadas clases medias representadas primero por el radicalismo y luego por el peronismo. Estos movimientos de profunda raigambre popular concedieron nuevas libertades y derechos a los trabajadores sindicalizados y la argentina se convirtió en un país en el que el ascenso social era posible. Entre 1916 y el final de siglo XX se sucedieron períodos de democracia representativa burguesa y dictaduras militares o democracias tuteladas. Mientras en los primeros los sectores subordinados de la sociedad adquirían derechos en base a su conciencia “en si” (que son una clase social) motor de sus movilizaciones y luchas reivindicativas, los golpes y dictaduras militares abrogaban esas conquistas y volvían hacia atrás la rueda de la historia. Desde 1984 asistimos a un período inédito en la historia argentina de 32 años ininterrumpidos de gobiernos democráticos y representativos, algunos de los cuales, Alfonsín y Kirchner respondieron a las matrices radicales y peronistas de origen popular y democrático y otros como los de De La Rua y Menem fueron cooptados por la derecha conservadora. La novedad que se instaura en 2015 es la de un gobierno conservador en el que los empresarios ganan el poder por elecciones. Macri representa lo que en el decir popular se llama el país atendido por sus dueños. Por primera vez el poder real (económico) coincide con el poder formal (político) y se comienza a ensayar un programa de restauración conservadora con el que se pretende recomponer la gloria del paraíso terrateniente. No es casual que las primeras medidas del macrismo se orientaran a beneficiar a los terratenientes, al capital financiero, a las mineras y los exportadores, que constituyen la base económica de su gobierno, en detrimento de las conquistas obtenidas por los sectores trabajadores y profesionales durante los doce años de gobierno kirchnerista. Lo peligroso de esta restauración es que no se limita a una nueva redistribución de la riqueza, sino que ha cooptado al poder judicial y ha judicializado la política, poniendo en marcha un dispositivo de persecución contra los opositores políticos, que aunque originalmente revista el ropaje de persecución del kirchnerismo, en poco tiempo se mostrará como un amplio plan destinado a conculcar los derechos de los trabajadores y la libertad de expresión de aquellos que no aceptan el sometimiento a la gran burguesía conservadora en esta moderna alianza de los capitalistas terratenientes, exportadores y capitanes de la industria, que reúnen a la gran industria que hace negocios con el estado y la obra pública. Por primera vez en 32 años la argentina tiene presos políticos, se reprime ferozmente las protestas obreras, se persigue a opositores, se domestica al aparato de justicia para ponerlo al servicio del gobierno, y se busca eliminar conquistas históricas como paritarias, agremiación libre, generar contratos de trabajo basura, aumentar la precariedad laboral, etc. Este paraíso terrateniente lo es para unos pocos (menos del 10% de la población) o para aquellos que ingenuamente se identifican con sus verdugos y creen en el derrame de la riqueza concentrada en un bajo porcentaje de los ciudadanos. Los medios de comunicación se han monopolizado y en ellos solo se puede escuchar las voces de amanuenses o sicarios de la palabra al servicio de sus patrones y tapan los desaguisados del gobierno y los actos de corrupción generalizados que comenten los funcionarios estatales. En argentina tenemos un estado que se está corrompiendo hasta la médula en donde su presidente es evasor fiscal, contrabandista, coimero, etc. Esta corrupción generalizada ha llevado a aumentar la deuda externa a niveles preocupantes y el déficit fiscal producto del desmanejo e los fondos públicos para beneficiar a unos pocos creando una situación de dificultad crónica para. además de los habitantes actuales, a las generaciones futuras. Solo la movilización popular podrá derrumbar el paraíso terrateniente como ya lo hizo en otros momentos de nuestra historia. Hasta la próxima.