domingo, 24 de mayo de 2015

Sobre la política burguesa.


Para la burguesía la política no constituye un elemento central de su actividad. Con esta afirmación no pretendemos desconocer que para esta clase social la política es una herramienta fundamental para ejercer el poder, simplemente queremos reflexionar respecto de porque la burguesía hace política. Hubo un momento en la historia de la humanidad en que la burguesía constituía una clase revolucionaria, cuyo objetivo era liberarse de las relaciones de opresión a las que era sometido por la oligarquía feudal. Hasta la revolución francesa la burguesía disputaba en el terreno económico con el ancien régimen y buscaba cambiar la estructura económica y política de la antigua sociedad. Pensadores como Rousseau, Locke, Montesquieu, Voltaire, Diderot batallaron desde el campo de las ideas constituyéndose en intelectuales orgánicos revolucionarios de la clase en ascenso. Desde el campo de la economía algunos pensadores como Smith, Ricardo, Locke, Jefferson sentaron las bases teóricas fundamentales del funcionamiento económico del capitalismo. Lo que caracteriza este momento histórico es que hay una clase interesada en el cambio social y la política se constituye en la herramienta de transformación por antonomasia. La burguesía otorgaba más importancia a la política que a la consolidación de sus intereses económicos individuales. Hoy ella ve a la política tan solo como un medio para hacer negocios. Un conocido político rosarino decía (parafraseando la fórmula marxista D-M-D usar el dinero para producir mercancías que permitan ganar más dinero) que la nueva fórmula del capitalismo era D-P-D, usar el dinero para participar en política que permita ganar más dinero. Para la burguesía la participación en política no busca transformar las relaciones de producción vigentes (dado que ello significa su propia sepultura), ni tan siquiera ve a la política como una herramienta útil para mejorar las condiciones de existencia de los sectores más vulnerables de la sociedad, la política para cualquier político burgués constituye un medio de hacer negocios para acrecentar su patrimonio personal y el de sus relaciones. Es allí donde reside una de las características fundamentales de la práctica política actual, la falta de contenido de los debates políticos. En la política actual, ya no se trata de un proyecto colectivo, debatido por todos los integrantes de un partido político y en el que, el que ocupa el liderazgo es el que resume los elementos sustanciales del proyecto, se trata de propuestas facciosas, de grupo o individuos a las que el colectivo se suma como estrategia para sostener privilegios personales. Es cierto que existe un clivaje entre los proyectos personales y el interés general de clase. Ningún gobernante u opositor desarrolla propuestas destinadas a abolir la propiedad privada en general y mucho menos la de los medios de producción, aun cuando esa característica de la propiedad en el capitalismo sea la causa central de las relaciones de asimetría social. La gran causa de la pobreza y la indigencia en el sistema capitalista estriba en que este es un sistema de acumulación piramidal que progresivamente aumenta la distancia entre la base pobre o indigente de la sociedad y el vértice rico. En otras presentaciones hemos hecho notar que según los datos de las organizaciones capitalistas más prestigiosas unas 600.000 familias son dueñas de aproximadamente el 40% de los bienes totales del planeta y hemos destacado que las diferencias de riquezas entre los más pobres y los más ricos son hoy mayores que las sociedades antiguas. Otra de las características actuales de la política y la economía burguesa es su indiferenciación de lo que se dio en llamar negocios sucios (tráfico de armas, de drogas, trata de personas, blanqueo de dinero, etc.) y los llamados negocios limpios (empresas legales como fábricas, bancos, etc.). En la medida en que las mafias “ilegales” se desarrollaron económicamente y creció su poder de fuego comenzaron a coaptar a políticos, miembros del aparato jurídico y de las fuerzas de seguridad, empresarios, etc., y en un paso evolutivo posterior estos mismos actores “ilegales” compraron o constituyeron sus propias empresas “legales” incorporándose al sistema económico, al punto tal, que en muchos casos es muy difícil distinguir a un “honrado banquero”, un “empresario intachable” o un “político honesto” de los grande capos mafiosos, los que por lo general son socios de los primeros. En todos los países capitalistas existe corrupción, la gran mayoría de los empresarios, banqueros, políticos, etc., utilizan el dinero proveniente de negocios ilícitos para sufragar sus propias necesidades económicas. Los grandes capos narcos salvaron de la quiebra a grandes bancos en 2007, que por lo demás lavan el dinero de ellos, Roosevelt utilizó los favores de Charlie Lucky Luciano en su campaña presidencial, los narcos mejicanos, colombianos, italianos, rusos, nigerianos gastan fortunas en el soborno de políticos, jueces, fiscales, policías, en el siglo XX conocidos políticos italianos como Giulio Andreotti mantenían relaciones con las mafias, en nuestro país, Argentina, en la Provincia de Santa Fe y Bs. As las planas mayores de las policías, y diversos miembros del poder judicial son sospechados de connivencia con los mafiosos, en definitiva, la ingenuidad o la hipocresía de los llamados a acabar con la corrupción choca contra el entramado mafioso de las bandas ilegales y las empresas legales, los miembros de los poderes judiciales y los políticos. Se desnuda así otra de las características de la política burguesa, su carácter corrompible. Por supuesto que no todos los políticos son iguales, así como la burguesía no constituye una clase homogénea. En otras entradas hemos sostenido que en nuestro país existe una lucha enconada entre dos proyectos de acumulación capitalista, uno, el del gran capital financiero, de las grandes corporaciones industriales, de los grupos mediáticos monopólicos que no tienen una ligazón estrecha con el mercado interno, y que por lo tanto sus declamaciones contra la pobreza poco se diferencia del llanto lastimero de señoras gordas de la burguesía mientras dan limosna a los pobres y desamparados en la puerta de la iglesia, la mezquita o la sinagoga. La gran burguesía no solo que no le interesa disminuir y mucho menos eliminar la pobreza, sino que además siente un desprecio discriminatorio hacia los sectores más vulnerables de la sociedad. Sus intelectuales orgánicos que son parte de los partidos de derecha o de la derecha de los partidos, como por ejemplo el radicalismo, el PRO, el Frente Renovador, la derecha peronista, sostienen, como lo hicieron Sanz, Carrió, Chiche Duhalde, Miguel Del Sel, etc., que los pobres se gastan lo que se les da por planes sociales en droga o vicios, que las mujeres se embarazan para cobrar esos planes o que cuando se embarazan están haciendo salario, es lógico, son los representantes políticos de los sectores que piensan que los delincuentes, traficantes de droga, asesinos son pobres, de gorrita, tez oscurita, y que se niegan a observar los verdaderos delincuentes detrás de los sillones de gestión de las grandes corporaciones empresariales. El otro sector en pugna, es lo que eufemísticamente se llama burguesía nacional, pero que no es más que un sector de la burguesía interesado en el desarrollo del mercado interno como vía de incrementar el consumo ya que ellos dependen del mismo. Este sector que históricamente estuvo representado por los grandes partidos populares, ante la defección del radicalismo que abandonó las banderas históricas del partido luego de la muerte de Raúl Alfonsín, solo tiene como representante político a un sector del peronismo, el kichnerismo. El kichnerismo constituye el ala liberal popular de la representación política de la burguesía, lo que se ha puesto de manifiesto en su orientación a la defensa irrestricta de los derechos humanos, los juicios a los responsables del genocidio, el aval a las organizaciones humanitarias como las madres, las abuelas, las ONGs contra la discriminación y la trata, el impulso a reformas en el código civil, la aprobación del matrimonio igualitario, el derecho a la identidad de travestis y trans, la ley de medios audiovisuales que ha permitido a sectores vulnerables acceder a la palabra, los planes de asistencia económica como la asignación universal por hijo, la asistencia educativa, jurídica y económica a madres adolescentes, el sostenimiento de derechos de los trabajadores como las paritarias, el 82% móvil en diversos sectores de los jubilados, la inclusión en el sistema previsional de casi todos los beneficiarios, el cumplimiento de derechos insoslayables como el derecho a la vivienda a través de planes como PROCREAR, la recuperación de empresas saqueadas durante el menemismo como YPF, aguas, correos, aerolíneas, ferrocarriles, el desarrollo de estrategias económicas neo keynesianas que impulsaron el consumo social, los intentos bloqueados por la derecha de reformar la justicia heredada de la dictadura, el aumento del presupuesto educativo otorgando mayores salarios a los docentes y construyendo miles de metros cuadrados de escuelas y universidades y tantos logros más que sería largo de enumerar. Creo que este sector político se ha constituido en la centro izquierda de la política burguesa en un país que tiene una derecha económica y mediática muy fuerte y no posee una izquierda orgánica que desarrolle un proyecto propio de los trabajadores en el sistema capitalista. Proyecto ejecutable en el marco del sistema, que contenga medidas que impliquen que la carga tributaria la soporten los que más tienen (la burguesía concentrada, la burguesía media y pequeña) y no los sectores de menores recursos (sectores medios y pobres de la sociedad), que limite las utilidades de las grandes corporaciones de producción y servicios como terminales automotrices, grandes fábricas de alimentos y cadenas de distribución de los bienes y servicios (en Francia, Inglaterra y otros países capitalistas las empresas ven limitados sus márgenes de ganancia sobre la inversión a un dígito mientras que en nuestro país suman tres cuatro dígitos). Que limite la transmisibilidad de los bienes por medio de impuestos draconianos a la herencia que aporten recursos al Estado para desarrollar bienestar social, que penalice con cárcel efectiva la evasión impositiva y la fuga de divisas, que aplique impuestos a los bienes y eventos suntuosos (autos de miles de dólares, mansiones de costo incalculables, fiestas suntuosas de millones de dólares, etc.) que amplíe la democracia incorporando el referéndum, el plebiscito, la discusión igualitaria en asambleas populares de la distribución de los recursos en las ciudades, la electividad popular y mandatos fijos de los miembros del poder judicial y de los mandos de las fuerzas de seguridad, aun de los miembros de la Corte Suprema de Justicia, la revocabilidad de los mandatos por iniciativa popular, la democratización de las organizaciones gremiales limitando los mandatos de sus dirigentes y eliminando las dinastías gremiales como la de los Moyano, el desarrollo de efectivas políticas de salud por el Estado que brinde mejores y más eficientes servicios que las organizaciones privadas del rubro, en definitiva un proyecto que tienen que construir los sectores vulnerables y que nada pueden esperar de una izquierda que desde su nacimiento ha demostrado una terrible incapacidad para poder enunciar, poner en práctica y ganar voluntades para un proyecto de transformación social auténtico y autogestionario. Hasta la próxima

sábado, 9 de mayo de 2015

Porque pensamos como pensamos.


Cuando pensamos lo que pensamos, ¿estamos pensando lo que pensamos?. La pregunta puede parecer ridícula, pero no lo es tanto si reflexionamos sobre la manera en que pensamos y en base a que se organiza nuestro pensamiento. En la modernidad, los actores sociales tenemos la posibilidad de acceder a un cuantum de información muy grande, casi podríamos decir infinita, pero esa información no es exactamente la que necesitamos para gestionar nuestras vidas y nuestros intereses, y en muchos casos cumple un papel negativo en el procesamiento de la información, dado que por su magnitud nos avasalla y nos dificulta que logremos discriminar lo necesario de lo superfluo. Nuestra herramienta más poderosa para poder procesar adecuadamente la información, es como hemos señalado en numerosas oportunidades, la capacidad reflexiva y crítica. En nuestro trabajo intelectual es necesario que reconozcamos los factores que intervienen en el procesamiento de la información. Cuando pensamos, lo hacemos desde las operaciones propias de nuestro aparato psíquico, pero no solo a nivel del Yo, sino que también participan en el proceso contenidos propios de nuestro inconsciente. Por otra parte, a los largo de nuestras vidas nos vemos bombardeados por la acción de los medios de comunicación de masas. Un mito de la modernidad consiste en que la acción de los medios de comunicación de masas nos permite acceder en tiempo real a toda la información disponible, este mito no tiene en cuenta que no solo incorporamos la información que nuestra conciencia percibe, sino que también lo hacemos con mucha información subliminal que participa de la transferencia informativa de esos medios, pero que, a la manera de los virus informáticos, penetra en nuestro psiquismo sin que tengamos noticias de ello. Un ejemplo muy simple es cuando Ud. va a un cine y sale con una ganas tremendas de tomar una Coca Cola, lo que ha ocurrido es que Ud. ha recibido información enmascarada, imágenes de milisegundos de la bebida incluidas en la película, que su conciencia no percibe, pero que Ud. ha incorporado. Un supuesto básico subyacente es que la información que transmiten los de medios de comunicación es inocuo, que somos lo seres humanos los que la procesamos. Esto no es exacto, ya que la transmisión de los mass media se realiza en forma persistente, creando en nuestro psiquismo, la ilusión de que un hecho ha ocurrido, aun cuando no sea veraz. La información se adultera, se modifica, se transmite mutilada, de manera de adecuarla a lo que a esos medios les interesa que llegue a nosotros. De esta manera se construye una subjetividad colectiva que lleva a establecer trincheras antagónicas frente a los hechos del acontecer diario y a que cada uno de nosotros adopte una posición en pro o en contra totalmente acrítica. Un ejemplo es cuando a alguien se le pregunta por algo y contesta que es así porque lo escuchó en TN. Para lograr este nivel de sometimiento de la subjetividad colectiva los medios de comunicación han construido artificios conceptuales del estilo de “periodismo independiente”, “información objetiva”, que ocultan que la información que nos envían ha sido adulterada y se nos transmite tamizada de manera que nuestras decisiones sean funcionales a sus intereses y a los del sector social que representan. Esto lleva a que consideremos acríticamente como verdadero lo que en más de una oportunidad no los es y a que la sociedad se escinda en bandos antagónicos que no son capaces de escucharse los unos a los otros. Veamos algunos ejemplos En Argentina, trabaja como juez en la Corte Suprema de Justicia de la Nación una persona de 98 años, que a pesar de que la reforma constitucional de 1994 estableció que la edad límite para retirarse de la corte es a los 75 años, se mantiene en su puesto por una acordada de los propios jueces de la corte que dictaminaron que ellos se podían retirar a la edad que quisieran dado que habían asumido antes de la reforma. Desde el oficialismo se sostiene que una persona de esa edad no puede cumplir con las ingentes obligaciones que implica el cargo, se pone en tela de juicio la buena salud del ministro y se piensa que debería retirarse, más aún se sostiene que el juez realiza su trabajo por medio de otro juez oculto que es quien le elabora los dictámenes y él solo los firma. Desde la oposición se considera que esta postura es un ataque contra la independencia de la justicia, que es inhumano considerar que por la edad alguien no puede cumplir con las exigencias del cargo y que es otro intento de domesticar la justicia para que sea funcional al gobierno. En el medio estamos los ciudadanos que recibimos las consecuencias del accionar de los jueces que a través de sus sentencias determinan lo que es legal de lo que no lo es, y que tomamos posición frente a esta polémica. Es sabido que las posturas del oficialismo y la oposición se relacionan con la pertenencia política del juez Fayt, que es el único juez que queda de los nombrados por Alfonsín en 1984. Es un juez que desde 2003 viene sistemáticamente fallando en contra del gobierno actual y a favor de sectores concentrados del poder mediático. Por ejemplo, falló contra la constitucionalidad de la ley de medios y desde hace más de 10 años cajonea la resolución de la corte respecto a una acción legal entablada por la AFIP contra el diario ”La Nación“ por evasión de impuestos. Antes de tomar posición sobre el porque dicen lo que dicen la oposición o el oficialismo, preguntémonos que dirían estos diferentes actores si en lugar de Fayt el que tuviera 98 años fuera un juez que hubiera fallado más a favor del gobierno, por ejemplo Zaffaroni que aunque tuvo muchos fallos a favor del gobierno (por ejemplo en la ley de medios) también en oportunidades fallo contra del ejecutivo. Es seguro que en este caso Macri, Massa, Carrió, Solanas, Sans, Aguad, etc., que los medios del grupo Clarín, La Nación, Perfil, que los periodistas mercenarios de esos grupos como Lanata, Majul, Castro, Bonelli, Van de Koy, Blanc, Leuco, etc., se hubieran atropellado para exigir que el juez Zaffaroni se fuera dando argumento similares a los que hoy da el gobierno y que los oficialistas hubieran defendido la permanencia del juez con los mismos argumentos de la oposición. Si somos críticos, si no nos enrolamos tras intereses que no son los nuestros, veremos que Fayt se queda por la misma disputa de poder que tiene la oposición con el gobierno alrededor de nombrar el sucesor de Zaffaroni, Lo que la oposición busca es ser ella la que cubra las vacantes en el supuesto de que gane las elecciones con el objeto de tener una corte adicta. No es ni más ni menos esta lucha por el control de la Corte Suprema de Justicia lo que se oculta tras esta polémica, es la práctica que ha llevado a tener en nuestro país jueces conservadores (muchos de ellos que heredamos de la dictadura o el menemismo) y cuya plataforma de acción es el sostenimiento de una justicia al servicio de los privilegiados y jueces que se agrupan en el colectivo “Justicia legítima” más cercanos al kirchnerismo, que tienen como plataforma de acción el cambio estructural de la justicia. Los seres humanos tenemos una capacidad limitada de conocimiento y percepción de la realidad. Sabemos de lo que pasa en otras partes del mundo a través de lo que leemos en diarios, libros o lo que escuchamos por la radio o miramos en la televisión. Quien tiene el control de la circulación de la información, tiene el control sobre nosotros los ciudadanos, sobre lo que podemos pensar, como debemos pensar. El control de la comunicación ha reemplazado al viejo palito de abollar ideologías, haciendo superfluo reprimir a alguien por sus ideas o prácticas políticas. Tal vez es por ello que los sectores más concentrados de la burguesía apuestan a hegemonizar la circulación de libros, revistas, programas informativos, más que a reprimir la escritura de esos libros, artículos o programas. Una idea que no circula, que no se comunica a las amplias masas, es una idea que pierde su carácter subversivo (en el buen sentido de la palabra). Es tal vez es por ello que el grupo Clarín ha hegemonizado la circulación de diarios y revistas a través de su distribuidora monopólica y que ahora se ha lanzado a dominar el mercado de venta de libros a través de su empresa Cúspide para determinar hasta donde circulan los libros que no son afines a sus intereses, o que empresas distribuidoras de films tratan de monopolizar su comercialización de los mismos. Se ha preguntado el lector cuantas buenas películas no ha visto porque las distribuidoras monopólicas deciden no enviarlas, o sobre el carácter estructurante de una cierta subjetividad colectiva deseada por la gran burguesía, de las películas que si distribuyen. Las películas, las revistas, los artículos, todas las obras intelectuales que consumimos a diario, aun las que se reclaman científicas tienen un objetivo de dominación, de domesticación, orientado a crear en nosotros un imaginario de comprensión de las realidades afín a los intereses de los poderosos. Este punto de vista permite comprender como el neoliberalismo, un pensamiento económico que va contra los intereses de las mayorías y acrecienta las riquezas de unos pocos a costa del hambre y la miseria de todos puede ser percibido por las victimas del mismo como una propuesta económica que los favorece. Los medios de comunicación nos muestran milagros como el de Corea del Sur, de India, de Singapur, de Taiwán, países que desde una situación de ostracismo, sin desarrollo económico, son denominados hoy los tigres del Pacífico porque cuentan con amplias tasas de crecimiento económico, y nosotros admiramos a esos países, y hasta imaginamos recorrer sus mismos caminos, porque lo que no se nos dice, es que las grandes empresas como Adidas, Nike, General Motors, Ford, Coca Cola, etc. Hacen pingues negocios teniendo mano de obra casi esclava trabajando para ellos en esos países por uno o dos dólares diarios, sin derechos gremiales, viviendo hacinados, con una magra alimentación porque su salario no les alcanza para lo elemental, ni que hablar de educar a sus hijos o tener un cuidado adecuado de la salud. Ese orden de cosas es con el que sueñan nuestros burgueses autóctonos, y los Macri, Massa, Carrió son los empleados que tienen para lograrlo, como en su momento fue la dictadura militar, el menemismo o el delarruismo. Por ello pensar porque pensamos como pensamos no es una trivialidad, implica poder reflexionar críticamente sobre lo que vemos o escuchamos, comprender que una mentirosa serial y despiadada antiobrera como Carrió no es un accidente en nuestra “democracia” sino que representa hasta qué punto pueden domesticarnos y engañarnos. Y como ejemplo vaya una perla. Como Carrió se paseó por todos los canales opositores difundiendo su teoría de la conspiración entre China, Irán, Venezuela, Cuba y sus cómplices vernáculos para matar a Nismann, la fiscal Fein la citó y luego de 4 horas en las que este Jesucristo moderno con faldas contó su disparatada teoría de la confabulación, la fiscal le pregunto si tenía pruebas, si contaba con elementos probatorios y Carrió dijo que no contaba con ninguna prueba, dejando en claro que ante la realidad el delirio no tiene espacio. Se puede mentir en TN que para eso está, para mentir y difundir las mentiras que apoyan sus propios intereses, pero cuando se enfrenta a preguntas concretas, sin el soporte de los amanuenses de turno, el rey queda desnudo, y allí se ve que Carrió no es más que una pobre psicótica usada por los sectores más reaccionarios y como Macri. Hasta la próxima.

domingo, 3 de mayo de 2015

Huérfanos.


El siglo XIX se caracterizó por la construcción de grandes teorías, teorías abarcadoras del todo social. Marx, Engels, Freud, Weber, son ejemplos de construcciones totalizadoras que pretendían, no solo explicar las condiciones del régimen capitalista, de la sexualidad, de la vida social, etc., sino que marcaban un camino de cambio para desarrollar nuevas condiciones de convivencia social. Marx, en “El Capital”, desarrolla una minuciosa descripción del sistema capitalista desmitificando muchos de los conceptos del liberalismo económico como el de la libertad de mercado como hacedora de la felicidad social, o incorporando conceptos fundamentales para la lectura superestructural del capitalismo, como el fetichismo de la mercancía y su consecuente concepto de alienación. Si bien los conceptos económicos de Marx conmovieron la estructura de pensamiento burgués, fue tal vez su concepto de praxis política la que llevó al desarrollo de una terrible onda represiva en ese siglo y el que le siguió. Para la burguesía de esos momentos era intolerable un filósofo que además de discurrir en su laboratorio como lo hacían los pensadores alemanes, también pensara en actuar políticamente para aportar al cambio social, lo que se sintetiza en la frase de Marx, hasta ahora los filósofos pensaron la realidad, de lo que se trata es de transformarla. El concepto de comunismo se constituyó en el más temido y a la vez el más perseguido por los gobernantes burgueses de todo el mundo, al punto tal que Marx habla en el “Manifiesto comunista” de un fantasma que recorre Europa, el fantasma del comunismo. Los comunistas, mucho más que los anarquistas se constituyeron en el punto de descarga de la represión capitalista, ello fundamentalmente debido, a que el anarquismo, con su concepto de pasar del capitalismo al comunismo sin fases intermedias, no podía, al negar la necesidad del estado como instrumento de la lucha por el poder y el sostenimiento del mismo, constituirse en un rival de peso de los representantes orgánicos de la burguesía. Los socialistas/comunistas que adhirieron a las teorías marxistas debatieron con los anarquistas la necesidad de desarrollar, en primer lugar un instrumento político que acaudillara a la clase obrera en la lucha por el socialismo, el partido de clase, y una vez alcanzado este objetivo, la necesidad de contar con un instrumento de gestión para sostenerse en el poder, el Estado. Mientras los anarquistas batallaban por la destrucción del Estado, de toda forma de Estado, los comunistas le replicaban que era necesario un instrumento de represión en manos de la clase obrera para evitar que la contrarrevolución retomara el control social y deshiciera las conquistas sociales alcanzadas por los trabajadores en el proceso revolucionario. Durante el siglo XX la principal polémica en la izquierda giró alrededor de las características de la lucha revolucionaria en el resto de los países capitalistas del mundo, mientras se construía el socialismo en la U.R.S.S.. Con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) U.R.S.S. como ejemplo, y los anarquistas derrotados, no en el plano teórico sino en el campo de lucha revolucionaria, ya que prácticamente desaparecieron (sobre todo en la segunda mitad del siglo XX) de la escena política mundial, el leninismo se impone como la continuación del marxismo revolucionario, sobre todo porque puede exhibir una concreción de la idea del socialismo, el llamado socialismo real soviético. La producción teórica del marxismo pierde fuerza ya que se circunscribe a la cuestión de la toma del poder, y luego del advenimiento de Stalin y el estalinismo en la U.R.S.S. solo se trata de construir fuerzas revolucionarias que apoyen la concreción del socialismo en un solo país (la U.R.S.S.) con lo que se desactiva la idea de la Internacional Socialista de los trabajadores (la Internacional en épocas de Marx y Lenin) y los partidos comunistas del mundo pasan a ser meras filiales del Comintern (Comité Internacional) de la U.R.S.S. Aun los sectores más radicalizados de la izquierda marxista continuaron sosteniendo algunos de los puntos de vistas más críticos del leninismo como la teoría del partido, el carácter socialista del Estado soviético (aun cuando vieran el él un estado obrero burocratizado como el caso de los seguidores de Trotsky) y la necesidad de reemplazar el estado burgués por el estado obrero, pero manteniendo las características represivas del primero, solo que en el caso del segundo, esa represión tenía un sentido positivo por su objetivo de impedir el retorno de la burguesía al poder y por ser el proletariado en sujeto histórico en nombre de quién la represión se llevaba a cabo. Excedería los límites del presente artículo debatir la teoría del poder, solo, y a glosa de explicación, diremos que uno de los pocos intelectuales que discutió con fundamentos la teoría del poder de los movimientos que él llamó marxistizados (para diferenciarlos del pensamiento de Marx) fue Michel Foucault, quien en diversos escritos (sobre todo el capítulo metodológico de “Microfísica del poder”) desarrolló una importante crítica a algunos de los puntos centrales de las construcciones marxistas de fines del siglo XIX y comienzos del XX. Foucault critica la teoría centralizada del poder y la valoración negativa del mismo. El poder, para este autor, no es un poder centralizado que está solo en manos de un Estado represivo y cuya función es tan solo mantener el control social para la burguesía, sino que el mismo circula por la sociedad, el poder asume, más que la perspectiva topográfica de un punto a partir del cual se disemina maniatando a los actores sociales en derredor del interés de la clase hegemónica, una característica reticular, lo que existen en las sociedad son redes de poder y el poder más que estar en un lugar determinado, circula el corpus social. Encontramos nodos de poder en esas redes, pero estos nodos no son fijos sino que varían de acuerdo a las condiciones sociales, y el poder que alguien tiene en un determinado contexto, desaparece en cuando se modifica su contexto de actuación. Por ejemplo el poder que ejerce un funcionario en una ciudad no lo acompaña cuando cambia de locación geográfica. La segunda cuestión desarrollada por Foucault es su crítica a la teoría negativa del poder, el poder, en los desarrollos clásicos de los partidos comunistas de occidente era visto como negativo, es decir, su función consistía en impedir, su ejercicio llevaba a tratar de que la clase obrera no pueda rebelarse contra el sistema de opresión. Esta idea estába en línea con ciertas características de la sociedad industrial de los siglos XVII, XVIII y XIX y con las características que asumía la democracia tutelada en ese período histórico, en el cual los movimientos revolucionarios eran ferozmente reprimidos por lo que se denominaban las fuerzas de ocupación al servicio de la burguesía. En el siglo XX con el desarrollo de la tercera revolución industrial, las relaciones vinculares entre las diferentes clases sociales comienzan a modificarse, y el poder asume con mayor nitidez su característica positiva, es decir no solo es un poder que impide, negativo, sino que pone de manifiesto su característica positiva, como fuerza que permite, y sobre todo esto en el marco de su comprensión reticular. En la sociedad post industrial, la sociedad de las TICs (Sociedad de las Tele Informaciones y Comunicaciones) la burguesía ha logrado tener un efecto de mayor control y penetración en el imaginario de las clases subordinadas de manera que no es necesario el uso de la fuerza como único mecanismo de control y sometimiento social. Hoy, el desarrollo de los mass media ha posibilitado un mayor control de los ciudadanos, quienes somos observados, a la manera de un gran hermano, hasta en nuestros espacios más íntimos. La información se constituye, a través de su manejo monopólico por los grandes medios de comunicación, en un modelador de la manera de pensar, de los gustos, de las construcciones culturales, de los arquetipos corporales, etc. con un profundo efecto de adocenamiento social. Aun en los medios intelectuales se establecen modas digitadas por los grandes centros mediáticos de construcción de realidades, las que determinan los caminos de la investigación social mediante prebendas, subsidios y ayudas que delimitan que es lo que hay que investigar y lo que debe mantenerse oculto. Se estructura un sistema de organización científica de carácter vertical y determinado por parámetros formales controlados por los grandes centros de desarrollo que operan en función del interés burgués. A partir de la llamada grounded theory (o teoría fundamentada) ya no es necesario, ni significativo el desarrollo de teorías omniabarcadoras sino que hay que centrarse en estudios muchos menos ambiciones, más acotados (minorías significativas, cuestiones etnográficas, etc.) que van a determinar los rumbos del desarrollo intelectual del siglo XX. Si el siglo XIX estuvo determinado por grandes construcciones teóricas abarcadoras, que pretendían dar cuenta de la sociedad en la totalidad de sus aspectos, los padres fundadores de esas teorías son seguidos por los teóricos del siglo XX que se constituyen en formas parásitas de los mismos desarrollando algunos aspectos de las teorías fundadoras. Así, a Marx y su lectura del capitalismo le sucederá un Lenin que no producirá una nueva teoría sino que le agregara un ismo al pensamiento de Marx y al suyo propio constituyendo el marxismo-leninismo forma parásita (parafraseando a Sartre) del pensamiento fundador, al que solo agrega algunos aspectos (como la teoría del imperialismo, o del partido) y modificando o tratando de modificar la esencia transformadora del pensamiento del padre fundador. En el desarrollo de esta tendencia, los revolucionarios actuales son los nietos de aquellos hijos de los padres fundadores y se encuentran huérfanos de producciones teóricas heredadas como la pudieron tener sus padres. Hoy estamos en una encrucijada de la historia en la que se hace necesario el desarrollo de una teoría abarcadora del funcionamiento de la sociedad post-industrial, que aunque no arranca de cero, debe trabajar en la construcción teórica desde un profundo abismo que la separa de los grandes desarrollos del siglo XIX La crítica y la reflexión son los puentes con los que contamos para cruzar el abismo, la pregunta es ¿podremos? Hasta la próxima.

lunes, 20 de abril de 2015

Hartazgo.


No se siente harto de los políticos que diariamente dicen “¿los problemas de este país son sencillos de resolver, solo se necesita gestión?” y nunca le dicen que es gestión y mucho menos como resolver los problemas de este país, peor aun, ni siquiera dicen cuales son los problemas de este país que hay que resolver o enuncian seudos problemas para ocultar los reales. Esos mismos políticos que desde hace años, cuando están en la oposición son capaces de construir el mejor país, un verdadero paraíso para vivir y que cuando son gobierno nos sumergen en el peor de los infiernos. Porque convengamos que ningún político nos va a decir que si llega al gobierno nos va a rebajar los sueldos, va a aumentar las horas de trabajo, las tarifas y los impuestos, no dirá nada de recortar gastos sociales porque ello sería un sincericidio que lo llevaría a la extinción. Algunos, justo es reconocer, en su torpeza suelen tener actos fallidos, otros no resisten un archivo, otros son francamente ineptos hasta para mentir, pero igual los votamos, ¿Por qué? No se siente harto de los periodistas que han dejado de serlo para convertirse en saltimbanquis y mercachifles que diariamente intentan enroscarnos la víbora. Tratan de vendernos una “realidad” que solo existe en sus cabezas, mejor dicho, en la cabeza de su patrón, sea este Magneto, Fontevecchia, Mitre, Saguier o cualquier otro de los magnates dueños de los monopolios mediáticos asociados a la gran burguesía argentina. No se siente harto de escuchar como estos “periodistas” nos piden ser críticos, pontifican sobre la verdad, reclaman la honestidad, preconizan la solidaridad, “luchan” por la libertad y la igualdad mientras se venden al mejor postor, mienten según indican sus patrones, critican solo a quienes sus jefes les dicen que hay que criticar, solo piensan en como llenarse los bolsillos con las buenas retribuciones que les dan por sus alcahueterías y critican la libertad de los piqueteros de pedir por sus necesidades, convocan a limitar las libertades ciudadanas, luchan sin descanso contra lo que llaman “jueces sacapresos” porque dejan libres a “los delincuentes”, y nada dicen de los jueces que ocultan los delitos de sus patrones, los atildados burgueses que roban al fisco evadiendo impuestos, que se adueñaron compulsivamente de empresas o incluso que mandaron a atacar o hasta matar a personas porque denuncian sus negociados sucios. No se siente harto de que solo denuncien la corrupción del gobierno nacional, o mas precisamente de los kirschneristas y oculten la corrupción del gobierno de la ciudad de Buenos Aires, de la ciudad de Tigre, y de los gobiernos “amigos”, o lo que es peor oculten la corrupción de los empresarios que pagan coimas, evaden impuestos, sacan ilegalmente los dólares del país, etc. No se siente harto de los que siempre saben de todo, que son expertos en todo, de los que aparecen en la pantalla chica en programas como “Intratables”, “Periodismo para todos”, “La cornisa”, etc., pero que casualmente no hablan de los sponsors políticos de sus canales o programas. La biblia junto al calefón decía Discépolo, un periodista de deportes hablando de la deuda externa, una periodista chimentera experta en el código civil, un “mediático” desarrollando teorías sexuales avanzadas, la biblia junto al calefón. Viejos periodistas comunistas como Salinas a los que solo les queda el autoritarismo estalinista defendiendo solapadamente a lo peor de la burguesía argentina, claro después de producir “El porteño” ahora produce ese Frankenstein que es periodismo para todos, de todo un poco, nada de nada, ni comedia ni periodismo, solo propaganda a favor de los medios concentrados, los políticos afines y sus propios negocios. No se siente harto de los intendentes que se acuerdan de que hay que mejorar las calles justo en las campañas electorales y que se preocupan por lo principal de las ciudades, la “estética” es decir hermosear las plazas, hacer un andarivel solo para los micros con bonitas estaciones sobre la avenida 9 de julio, pensar en construcciones carísimas como el “Palacio de la música” en Rosario, generar negocios inmobiliarios espectaculares como ocurre en las grandes ciudades del país, pero que nunca se les ocurre llevar a la práctica las necesidades reales de los mas vulnerables como hacerles cloacas, llevarle redes de agua domiciliaria, proveer de viviendas dignas a los que no tienen, hacer mas accesible la educación para todos, crear albergues dignos para los que están en situación de calle, proveer de planes de urbanización en la villas para que ningún argentino tenga que vivir bajo techos de cartones y chapas oxidadas. No se siente harto de los funcionarios que solo recorren las villas para sacarse la foto con el niño marginal, con la embarazada pobre, con el obrero inválido porque tuvo un accidente de trabajo y que después nunca más vuelven por allí……..bueno, hasta la próxima campaña. No se siente harto de los policías que declaran zonas liberadas, de los que reciben jugosas coimas de los narcos, de los que explotan a las meretrices que trabajan en la calle, los que solo pisan el acelerador de los patrulleros cuando van a buscar la pizza y la birra que no pagan porque es parte de las coimas que reciben, de los que miran para otro lado cuando están robando o violando a un ciudadano. En definitiva, no se siente harto de los políticos sin ideología, oportunistas sin programa, buscadores de empleos públicos en los que se gana mucho y no es necesario trabajar, juntadores de votos sin moral ni ética, vendedores de espejitos de colores que piensan que somos tan pelotudos que pueden decirnos cualquier cosa que total nos creemos todo, y si no les creemos, tienen los medios de comunicación amigos que están para taparles todos los chanchullos, por supuesto a cambio de jugosos favores cuando son gobierno. Le voy a decir una cosa, yo sí me siento harto y por eso quiero expresarlo, porque pienso que si todos los ciudadanos comenzamos a expresar el hartazgo que sentimos puede ocurrir algún “milagro“ como ocurrió en España y Grecia, donde millones de “indignados” (personas que como Ud. y yo se sentían hartos) ganaron la calle, crearon un partido de los ”hartos” (Podemos y Siryza) y hoy tratan de que las cosas cambien. Y hablando de cambio, también estoy harto de los que bastardean las palabras y hoy son los abanderados del cambio, para ellos (Carrió, Masa, Macri, Sanz) el cambio es volver a la república conservadora, desigual, elitista, inequitativa, represora, créame, estos personajes no planteaban el cambio cuando le lamían las botas a los milicos genocidas siendo sus empleados del mes o haciendo excelentes negocios con los bastardos que asesinaron a miles de argentinos. También me siento harto de los slogans de campaña con palabras como coraje, resulta que hoy todos tienen coraje, pero sería bueno que muchos nos dijeran si tenían el coraje de luchar contra las dictaduras, el coraje de denunciar a sus patrones cuando delinquen, el coraje de oponerse a este sistema corrupto que hambrea a las masas para sostener los intereses de una reducida elite de privilegiados. Creo que es hora que comencemos a expresarnos los que no tenemos voz, los que no tenemos partido, los que no tenemos poder de decisión, los que estamos en los márgenes de la sociedad. Es hora que comencemos a agruparnos, que no confiemos más en cómicos advenedizos, en políticos travestis, en empresarios camuflados de mesías, en policías delincuentes, en “periodistas” vendidos y que hagamos realidad la sociedad autónoma que soñó un verdadero paradigma del pensamiento crítico: Cornelius Castoriadis, una sociedad en la que las normas sean producto de la voluntad colectiva libremente ejercida, en que la gestión sea realmente una gestión de todos y con todos, una sociedad en la que nos reencontremos con una forma superadora del verdadero significado de la palabra democracia, palabra que para los griegos significaba el ejercicio de la voluntad ciudadana en la Ekklesía (asamblea pública de todos los ciudadanos) y que dejemos de confiar en los representantes, la representación es una forma bastarda de la verdadera democracia, la democracia directa, este es el primer punto de un programa revolucionario para producir el único y verdadero cambio social que nuestro país requiere. Hasta la próxima

martes, 7 de abril de 2015

Legalidad y legitimidad.


Es muy interesante analizar la relación entre estos dos términos ya que no siempre son coincidentes. Veamos en primer término que implica cada uno de ellos. La legalidad implica la existencia de un sistema de leyes que debe ser cumplido. Todas las sociedades se rigen de una u otra manera por leyes escritas o tácitas, aun las más primitivas. Legal es todo lo que se realiza dentro del marco de la ley escrita y que tenga como consecuencia supuesta el respeto por las pautas de vida y coexistencia de una sociedad dependiendo de lo que cada una de ellas entienda por tal concepto. Nuestra sociedad es heterónoma, es decir que los sujetos estamos supeditados a normas que en muchos casos no consensuamos, más aun, en no pocas oportunidades las leyes son dictadas antes de que nosotros vengamos al mundo, pero a las que debemos observar bajo amenaza de sufrir un castigo. Según Monedero, “el problema de la legitimidad encuentra su primera gran reflexión politológica vinculada a la continuidad de ciertos linajes reales (el legitimismo monárquico acuñado por Talleyrand y que actuó como uno de los ejes del Congreso de Viena), pero es a partir de la obra de Weber cuando pasa a formar parte de los conceptos fundamentales de la ciencia política, esencialmente entendida como "creencia" (Glaube) en la bondad del poder por parte de los ciudadanos, y como "pretensión" (Anspruch) por parte de los dominadores de obtener obediencia merced a la supuesta razón que les asiste para mandar y, por tanto, encontrar respuesta a sus mandatos. Es igualmente lugar común en el análisis profundo del concepto de legitimidad weberiano señalar sus inconsistencias y contradicciones que llevan a que sobre la base de una misma obra pueda constatarse la existencia de un weberianismo de derecha (Kilmansegg, que lo usa para contraponer la soberanía popular a la definición de legitimidad), otro reaccionario (Carl Schmitt, que encuentra apoyo en la obra de Weber para justificar su teoría del decisionismo y la equiparación de la legitimidad con la legalidad), uno "disolvente" (Luhmann, que negará la existencia de la legitimidad como problema real, limitándolo primero a procedimientos y en un segundo momento a mera cuestión de simpatía o antipatía hacia los gobernantes) o de un weberianismo de izquierdas (Habermas, quien insistirá en los factores culturales de la identidad y los factores negativos del desarrollo de la modernidad que conducen a deslegitimaciones, posibles crisis y agotamiento de las energías utópicas) (Heins, 1990)” (Monedero Univ. Complutense de Madrid). La legitimidad asume entonces el significado de consenso, algo es legítimo cuando existe un sentimiento compartido de la legalidad del evento, por eso Weber consideraba a la autoridad como el poder legítimo, el poder que inviste a una persona o institución y que emana del consenso que existe en una sociedad respecto al mismo, por ejemplo un presidente tiene el poder que le otorga el consenso común en los mecanismos de electividad de la primera magistratura. Pero el problema de la legitimidad agrega un nuevo punto de vista a la legalidad, ya que algo puede ser legal pero no legítimo. Por ejemplo en el derecho romano existía algo que se denominaba la res nullius o cosa de nadie, que por lo tanto era propiedad de quien la ocupaba, la Patagonia constituyó una res nullius y la conquista del desierto arrebató a los pueblos originarios sus tierras y las repartió entre los amigos de Roca. Cualquier persona que habita la argentina y tiene una propiedad (una casa, un campo) es legalmente propietario, pero no es el legítimo dueño ya que la misma es producto del robo que se realizó a los pueblos originarios mediante el derecho de conquista, es decir el conquistador puede apoderarse de todo lo que conquista, al mejor estilo romano. El concepto de legitimidad puede aplicarse a diferentes ámbitos de loa vida. Por ejemplo, la deuda externa que tiene nuestro país en el concierto internacional puede ser legal, por cuanto los prestamistas le prestaron dinero a la Argentina, pero en tanto, el préstamo fue tomado por un gobierno ilegítimo, que usurpaba el poder, al que había accedido mediante una operación delictiva (un golpe de estado) esa deuda es ilegítima. Un partido político que llega al gobierno con un determinado programa y luego toma decisiones opuestas a lo que prometió, se dice que continúa siendo legal, pero que perdió su legitimidad de origen en la medida en que rompió el mandato por el cual se lo votó. Desde mi punto de vista la legitimidad se relaciona con el concepto de autonomía de Castoriadis, según el cual, el mayor consenso social respecto a las normas es el que se logra cuando una sociedad o comunidad elabora sus propias normas y la vida social se regula por la decisión colectiva de los actores que participan de la misma, El sistema político actual; es un sistema heterónomo, en el cual no es la sociedad la que define por consenso las normas que regulan la vida social, sino que las mismas son tomadas por actores externos al colectivo social (los políticos), que además de ser una minoría social que decide en función de un mandato difuso que la sociedad le otorga con un voto, lo hace en función de normas pre establecidas (la constitución) por actores externos a la sociedad, no solo espacialmente, sino también temporalmente. Pero la sociedad burguesa tiene además otros reaseguros para evitar la irrupción de marcos normativos que rompan con los privilegios burgueses, si una determinada ley votada por el parlamento no es del gusto de un sector de la burguesía, esta tiene un sector aún más pequeño y elitista, los jueces, para abolir la legislación contraria a sus intereses. Si en un determinado momento histórico un sector de izquierda tuviera mayoría en el parlamento y accediera al gobierno no podría abolir la propiedad privada de los medios de producción por cuanto este derecho goza de jerarquía constitucional, y los jueces considerarían inconstitucional la norma. Este ejemplo muestra a las claras que legalidad y legitimidad no son sinónimos, un gobierno legítimo que cuenta con consenso popular, no puede tomar medidas que sean contrarias a la “legalidad”, es por eso que de Marx en adelante los revolucionarios consideraron que no es posible construir una sociedad igualitaria a partir de la legalidad burguesa y que una nueva sociedad solo podría ser el producto de un estado de excepción, como lo fueron la revolución francesa y la rusa, en el cuales el derecho burgués quedó abolido por imperio de la decisión de las masas movilizadas que asaltaron el poder. El problema de estos estados de excepción es que la cúpula dirigente asume que representa el interés colectivo, pero no necesariamente es así, por lo que en las grandes revoluciones de la historia ha imperado un régimen de terror que necesariamente llevó a quienes detentaron el poder a eliminar a sus rivales (ideológica y físicamente) tengan o no razón en sus argumentos. La revolución francesa primero y la rusa después se tragó en el proceso a los mejores pensadores abriendo paso a que se encaramen en el poder los oportunistas de turno como Napoleón, Stalin, etc.). Al final de estos procesos poco quedaba de la legitimidad de los movimientos y las mismas se transformaron en cascaras burocráticas que no solo no estuvieron a favor del pueblo, sino que gobernaron en contra de él, En nuestro país estamos bajo le supervisión de una “clase política” que realiza un simulacro de soberanía popular cada tantos años convocándonos a elegir cuál de los representantes burgueses deseamos que nos gobiernen, pero en ningún caso podemos elegir a un político que no sea un intelectual orgánico de la burguesía, y menos aún existe una democracia real que nos permita tomar por nosotros mismos las decisiones que atañen a nuestro futuro. Por ello creo que debiéramos discutir la necesidad de pasar de una democracia como procedimiento a una democracia sustancial, en la que, a la manera griega, sea la ekklesía (la reunión de todos los ciudadanos) la que por mayoría decida sobre nuestro presente y futuro. Mecanismos como la revocación de mandatos, el referéndum y el plebiscito, las asambleas populares, las autonomías municipales, son formas democráticas que nos acercan un poco más a una democracia sustancial, en el marco de la cual sea posible generar el consenso necesario para abolir el derecho burgués implantando un derecho de los explotados y oprimidos que posibilite construir pacíficamente una sociedad justa e igualitaria en la que los recursos no sean propiedad de unos pocos, sino que se repartan equitativamente entre todos los actores sociales.

viernes, 27 de marzo de 2015

La mesa de los sábados.


Este es un recreo para el pensamiento, hoy no hablaré de los temas que comúnmente vengo desarrollando, me dedicaré a realizar un homenaje a una de las más preciadas drogas contra la depresión, la angustia, la mala onda, el desánimo, en definitiva todos esos sentimientos que los medios monopólicos tratan de desarrollar en nosotros para colonizar nuestro pensamiento y lograr imponer políticas de explotación y ultraje que le permita a la burguesía concentrada acumular mucho más de lo que acumula. La droga es parte de la medicina alternativa, dado que no está comprobada científicamente, pero que es exitosa, todos sabemos que es exitosa. Es muy antigua, desde los albores de la humanidad se la conoce y se la ha aplicado en forma sistemática y continua. La droga a la que me refiero es la amistad, el calor de un amigo/a, que en los momentos más desesperantes puede acercarte una palabra de consuelo, un consejo desinteresado, una ayuda muy preciada, o tal vez tan solo prestarte el oído, para escucharte y permitir que puedas descargar todos los sentimientos negativos que te oprimen y te acongojan. Muchos dicen que hay diferentes tipos de amigos/as, con los cuales establecemos relaciones de cooperación mutua en la vida cotidiana, yo soy de los que piensan que existe una sola clase de amigos/as, los demás son conocidos, colegas, compañeros de trabajo o contertulios ocasionales con los cuales intercambiamos en el marco de relaciones que no tienen la profundidad de una amistad verdadera. Por eso pienso que en vida tenemos pocos amigos/as, pero los amigos/as, los verdaderos amigos/as, son esos seres humanos que están con nosotros cuando los necesitamos, que no nos abandonan en la estacada y que además no nos traicionan, ni traicionan el sentimiento profundo de unión que es la amistad, porque la amistad es pariente de la lealtad desinteresada y bien entendida. Cuando alguien nos traiciona, nos damos cuenta que ese no era tu amigo, que era un simulador que decía querernos como amigo/a pero que solo buscaba usarnos para satisfacer necesidades propias. El verdadero amigo/a no necesita pedir perdón, si se equivoca le basta con reconocerlo, y si vos sos, a la vez, verdaderamente su amigo sabrás comprenderlo. Un verdadero amigo/a nunca nos dirá, yo soy incapaz de traicionarte y soy fiel a tu amistad, porque si es verdaderamente amigo/a y nos quiere, si existe una relación profunda de amistad, si compartimos el sentimiento íntimo de solidaridad y cooperación, nunca habrá lugar para las traiciones. Cuídate de aquel, que simulando ser tu amigo/a te dice permanentemente yo te soy leal, yo no soy incapaz de traicionarte, yo te defiendo siempre y ante todos, ese, que dice ser tu amigo, no lo es, y será capaz de clavarte una puñalada por la espalda en el momento menos pensado. Dice la canción que “cuando un amigo se va queda un espacio vacío”, y es muy cierto, pero vale para aquellos amigos/as con los que perdemos el contacto porque emigran a otras latitudes o porque los perdemos en circunstancias de muerte. Con los amigos podemos discutir, enojarnos, pelear, tener opiniones diferentes, pero siempre, al final, encontraremos el abrazo fraterno con el que nos demostramos que seguimos siendo hermanos de la vida. Porque un amigo/a es precisamente eso, un hermano que elegimos para caminar juntos, para encontrarnos, para ayudarnos, para estar ahí, junto a él cuando más lo necesita, y un amigo/a nunca será capaz de enrostrarte lo que hizo por vos, nunca te dirá porque yo te di tal o cual cosa, a un amigo/a le basta con verte bien, su mayor satisfacción es ayudarte sin pedir nada a cambio. Muchas veces en nuestra vida laboral creemos encontrar amigos/as y en realidad son solo un espejismo, son personas que se nos acercan por conveniencia, son personas que no nos valoran por lo que somos sino por lo que tenemos o somos capaces de darles. No estoy diciendo que sean malas personas, por el contrario, vivir en sociedad es relacionarse y en ese relacionamiento (que se dá en distintos niveles de paridad) damos y recibimos. Lo que ocurre es que el dar y recibir de un amigo se distingue por el sentimiento que acompaña la acción y por ética basada en el sentimiento que conlleva el desinterés por lo que uno dá. Los verdaderos amigos/as son parte de nuestra historia, porque nuestra historia es la suya y la suya es una historia nuestra. No importa si los conocemos de hace cincuenta años, o si somos amigos/as desde hace mucho menos tiempo, lo que importa es su actitud frente a nosotros y nuestros problemas y necesidades, a veces cuando iniciamos una amistad ni siquiera pensamos cuanto va a durar, otras veces una amistad que nos parecía eterna se ve cegada por la comprensión de que esa persona que considerábamos un amigo entrañable, era un simulador, o alguien a quien le habíamos atribuido condiciones que no las tenía y no fuimos capaces de ver defectos que poseía. Decía más arriba que tengo pocos amigos/as en la vida, algunos los he perdido porque dejaron la vida muy tempranamente, otros, muchos, que consideraba amigos me demostraron mi ceguera y candidez al confiar en ellos para luego ser traicionado, están los que se fueron a tierras extrañas y con los que mantengo poco contacto, o los que por circunstancias de la vida dejé de verlos y el vínculo se atenúo. Hoy quiero hacer un sentido homenaje a un grupo de amigos, son los que denomino “La mesa de los sábados”, que tal vez no son tan famosos como la “Mesa de los Galanes” de Fontanarrosa y el Bar “El Cairo” pero que, para mí son tan o más importantes que estos. Somos un grupo que nos reunimos en un bar de Córdoba y Alvear en la ciudad de Rosario desde hace 20 años, tal vez por lo mucho que nos queremos, tal vez por el ejercicio de discutir acaloradamente todos los temas, o simplemente porque la costumbre se nos hizo carne y no nos animamos a decirnos lo mucho que necesitamos ese espacio, y lo mucho que tememos perderlo, cosa que sabemos, algún día ocurrirá irremediablemente. Por eso cuando alguien falta un sábado recibe un mensajito en su teléfono que dice traidor, y a veces acompañado de algunas barbaridades más. Todos sabemos de todo, somos expertos ecuménicos en la totalidad de las disciplinas y opinamos con soltura sobre los temas más diversos, sabiendo que los otros pueden estar en desacuerdo pero que nunca harían algo que hiera a alguno de la mesa. Está Miguel, el más viejo de mis amigos/as, somos amigos desde 1971, un verdadero NYC de Rosario, (aunque nació en Tortugas) que es el más serio, atildado, prolijo integrante de la mesa. Siempre circunspecto, reflexivo, aunque colocando su cuota de ironía y su razonamiento sistémico producto de su formación de ingeniero, no sé porque se me ocurre que él es como el alma mater de la mesa, el que nos reúne y nos da coherencia y consistencia. Ah,…y fanático de Newell´s Old Boys, equipo de futbol que cada quince días lo lleva a ejercitar su dosis de masoquismo primario en la cancha que posee en el Parque de la Independencia. Tenemos a la “Patota” que es Juanchi, ese gordo entrañable (lo de la patota viene por ser gordo), digo entrañable porque creo que es todo corazón y apasionado, cuando discute ante una opinión de otro que no comparte sus primeras palabras son “eso no es cierto”, pero escucha, yo sé que escucha y procesa la información, lo sé porque también es ingeniero, y los ingenieros son duros pero sistemáticos. Es de origen campesino, de un pequeño pueblo llamado Arequito, tierra forjada en la proximidad de la línea de fortines construidos para contener los malones, lo que le dá una tenacidad sin igual. No quiero olvidarme de “la radio”, Néstor, tal vez el más veterano, que lo llamamos así por la estridencia e imperialismo de sus comentarios y participaciones. Con un largo historial de trabajador del acero, filo gremialista, es quién tiene la mayor experiencia de vida y es capaz (como los otros) de sacarse el pantalón para dárselo a un amigo, si es que lo necesita. Ha sido asalariado, patrón, gerente, recorrió el país y siempre brinda jugosas anécdotas de su cosecha personal. En la punta de la mesa, que es la mesa que invariablemente ocupamos los sábados, todos los sábados, al punto de enfurecernos y protestar si algún distraído es capaz de ocuparla, dado que es la única mesa rectangular del bar, está Claudio, pequeño gran hombre que con su silencio, muchas veces, dice más que las mil palabras que pronunciamos los demás. Digo en la punta de la mesa porque siempre ocupamos los mismos lugares en esta mesa de los sábados. Claudio es generoso, inteligente, ha peleado a la vida de igual a igual, y en mi modesta opinión va perdiendo por goleada (mentira creo que gana con holgura). Tiene dos características, es un trabajador no docente de la Universidad de Rosario, pero las características no son otras, su expertis como fotógrafo, profesión que al no ejercerla profesionalmente privó a la ciudad de un buen fotógrafo exitoso, y además es poeta, rara avis en una mesa donde lo que cunde, por cierto, no es la poesía. Otro de los miembros permanentes, (aunque últimamente se acerca con menos frecuencia) es Rosales, que le decimos así porque su apellido judío es más difícil de pronunciar. Otro metódico casi ingeniero en sistemas que recogimos en el camino cuando Miguel y yo éramos seniors en la consultora “Factor” del ingeniero Ochoa y asociados. A diferencia de Miguel, Gustavo es “canalla” el cuadro de futbol antagónico en la ciudad y según los contertulios aparece cuando Rosario Central tiene una buena racha. Creo que Gustavo aporta a la mesa su mordacidad y un fino sentido del humor, ese sentido que tiene, tal vez por ser paisano, aunque a él no le fascina que lo reconozcan por ese origen, él es un argentino más y así se identifica. Frecuentemente tenemos invitados que aportan su granito de arena, y para demostrar que no somos misóginos en algunas oportunidades hemos permitido que alguna que otra mujer se siente y opine siempre que tenga una relación de parentesco con los titulares de la mesa (esposa, madre, hermana, hija), así Adriana, Luis, Ana, Teresita, Alba, Sofía, Cecilia, Sandra, Viviana, Julián, Irina, María Eugenia, Nicolás, Leonardo, Conrado, la hija de Néstor, están presentes ya sea por ser partícipes o porque son invocados en diferentes momentos. En definitiva, es una verdadero tribu urbana que a los largo de los años ha ido hilvanando historias que nos acercan, solidaridades que nos gratifican, presencias que nos acompañan, y por sobre todas las cosas, discusión apasionada sobre todo, mucha discusión apasionada sobre todo. Por eso, creo que en la mesa, tal vez debajo de ella, o en cada silla, se encuentra la verdadera amistad, y a esos seres humanos fantásticos, honestos y responsables, vale la pena llamarlos amigos. Hasta la próxima.

sábado, 21 de marzo de 2015

Nisman, el doble estándar y la plata.


En los dos últimos meses asistimos a una sucesión de eventos sobre los que es necesario reflexionar. En primer lugar quiero distinguir entre el “ciudadano de a pie” y el discurso impulsado por los medios masivos de comunicación, y establecer una conexión entre ambos. Como he afirmado en muchos otros artículos, lo que caracteriza a la burguesía pequeña y a la pequeña burguesía en nuestro país es su incapacidad para pensar por sí misma. Esto no es nuevo, desde el siglo XX, más precisamente luego de la caída del Irigoyenismo, los sectores medios fueron constituyéndose en un sector social sin identidad, que consecuentemente siguió los pasos de la gran burguesía. Obsérvese que durante el peronismo todas las expresiones políticas de este sector (radicalismo, socialismo, comunismo, etc.) se encolumnaron junto a la gran burguesía y a la política americana en la Unión Democrática, en contra del histórico caudillo populista que reivindicaba los derechos de los sectores más vulnerables de la sociedad. A partir de ese momento estos sectores fueron incapaces de construir un proyecto de país que respondiera a sus intereses. La década del 60´fue testigo de la ruptura de la mayoría de estas expresiones políticas. Tanto las expresiones que respondían a la burguesía pequeña, fundamentalmente el radicalismo, como aquellos actores que representaban a la pequeña burguesía revolucionarista (Partido Comunista, Partido Socialista, grupos trotskistas) fueron dividiéndose progresivamente y dieron a luz a nuevas expresiones políticas. Los primeros conformaron las diferentes variantes del radicalismo (UCRI, UCRP, PI) los segundos a lo que se llamó la izquierda revolucionaria. Con la ruptura institucional de 1955 se abre en nuestro país un proceso de debate político que se clausurará en los comienzos de la democracia. Entre las décadas del 60´ y 70´la sociedad se conmueve por un amplio debate que tenía que ver con todos los aspectos de la construcción de un país diferente. Todas las variantes políticas reivindicaban el cambio, solo que en aquel momento no era un cambio reaccionario y retrógrado como el que proponen hoy Masa y Macri (entre otros), sino un cambio total del modo de acumulación social, el capitalismo. Asistimos a la formación de nuevos partidos de izquierda que postulan la necesidad de transformar la Argentina imponiendo un modelo socialista de organización social y acumulación económica. Todos estos sectores compartían la necesidad de una fase previa al socialismo, el desarrollo de una revolución democrático burguesa que cumplimente las tareas históricas que la burguesía argentina había sido incapaz de desarrollar para instaurar en nuestro país un capitalismo moderno y pujante. En general los grupos de la izquierda revolucionaria coincidían en que la Argentina era un país semi colonial, dominado por el imperialismo americano, con zonas que aun mantenían relaciones de producción pre capitalista. De allí la idea de llevar al país al capitalismo en la medida en que este desarrollo iría acompañado de la evolución de la conciencia de los sectores oprimidos y explotados que en el transcurso del proceso asumirían una conciencia de clase en sí, es decir una conciencia revolucionaria. De allí que estos sectores plantearan la lucha nacional contra el imperialismo y la necesidad de confluir con la burguesía nacional en un frente antiimperialista, que tuviera como objetivo la necesidad de instaurar un gobierno revolucionario de amplia coalición democrática, un gobierno obrero y popular, un gobierno popular democrático con hegemonía obrera, etc., en el camino al socialismo. Existían otro sector de la izquierda, la izquierda socialista, que preconizaba que la Argentina era un país capitalista independiente y que la única tarea de los revolucionarios era la toma del poder para instaurar un Estado Obrero. Más allá de lo acertado o no de estas formulaciones, lo que quiero poner de manifiesto es la efervescencia política que hacía que en todo el país se discutieran estas cuestiones. No era un debate futbolero (como los actuales) en el que uno afirmaba algo porque era pro o anti, los que debarían lo hacía sobre la base de una actitud reflexiva y nuestro pueblo se caracterizaba por el alto desarrollo cultural que implicaba lecturas político sociales de lo más variadas. El país vivía en efervescencia, los gremios (aunque dirigidos por camarillas burocráticas) eran verdaderas tradeuniones que trataban de defender los intereses económicos de sus adiliados. Hubieron en esos años largas huelgas reivindicativas como la de bancarios, ferroviarios, etc., y un alza de la lucha de clases sin precedentes en Argentina. En las universidades crecieron los grupos marxistas o marxistizados que pasaron a tener una influencia casi total sobre el estudiantado. Los ciudadanos ganaban las calles con frecuencia regular, solo que, a diferencia de las movilizaciones actuales, que son para pedir que vendan dólares, más seguridad, penas duras a los delincuentes, o esclarecimiento de la muerte de un fiscal corrupto y fiestero, aquellas eran en pos de reivindicaciones políticas claras, que eran independientes de cualquier sector de la burguesía. En las movilizaciones de los 60´y 70´difícilmente un Macri, un Masa, un Biondini, los fiscales conservadores y reaccionarios como Marijuan, Moldes, Campagnoli, o jueces corruptos que integraron la famosa servilleta menemista como Bonadío, hubieran podido participar, no porque alguien se lo impidiera, sino porque las consignas eran claras y opuestas a todo lo que implicaba la ideología burguesa. La burguesía ensayó diferentes recetas para frenar el alza de masas, los gobiernos civiles tutelados como el de Frondizi o Illía, la represión a los trabajadores (aún bajo” gobiernos democráticos”) como el plan CONINTES llevado adelante por Frondizi y que permitía la represión indiscriminada a todos los trabajadores, o cuando todo fracasaba, se hacía cargo del gobierno en forma directa la gran burguesía financiera e industrial por medio de lo que se dio en llamar el partido militar. La dictaduras cívico-militares (ya que ninguna dictadura dejó de contar con el apoyo de sectores civiles como la UIA, la S.R., etc.) se fueron constituyendo en maquinarias represivas cada vez más sofisticadas y salvajes. Con el apoyo de la Escuela de la Américas, que funcionaba en Panamá, EE.UU formó varias generaciones de represores asesinos que junto a los agentes del imperio derribaron gobiernos democráticos e instauraron dictaduras salvajes en América Latina. La máxima expresión de salvajismo la vimos en la última dictadura que asesinó a más de 30.000 personas. Pero este salvajismo, que se realizó a partir de un estado terrorista, no solo buscaba reprimir y asegurar el poder de la gran burguesía, buscaba frenar el proceso de concientización de los sectores más vulnerables haciendo desaparecer físicamente a sus intelectuales y representantes más claros. Tampoco sería correcto pensar que solo la represión produjo el reflujo de la lucha de clases, se utilizaron otros mecanismos como una educación acrítica, el desarrollo de propuestas culturales conservadoras que solo buscaban el entretenimiento banal, adormeciendo el pensamiento crítico y el desarrollo de un formidable sistema de comunicaciones concentrado, que de la mano de las grandes corporaciones mediáticas (CNN, O Globo, Grupo Clarín, Televisa, etc.) reunidas en una supra corporación (ADEPA) organizaron los contenidos que se le debían suministrar a los ciudadanos para evitar que piensen. De la mano de políticas de plata fácil para la pequeña burguesía por medio de créditos se la incentivó a ingresar al reino del consumismo, en el cual uno vale por lo que tiene y no por lo que es. Esto permitió la inserción en el estáblisment de los técnicos del neoliberalismo que basando las políticas económicas en el mercado, centraron la penetración culturan en la idea de que los seres humanos todo lo que hacemos es para ganar dinero y subir en la escala social. Los demás valores de los 60´ y 70´ (solidaridad, cooperación, honradez, amistad, honestidad, entrega por el otro, etc.) quedaron sepultados en estos nuevos valores del dios mercado (eficiencia, eficacia, avaricia, insensibilidad ante el sufrimiento, deshonestidad, etc.) Se construyó una nueva subjetividad en la que solo se pensaba para no pensar, lo importante para Argentina era salir campeones mundiales, comprar dólares, viajar al exterior, tener bienes muebles e inmuebles, etc., sin importar a quien se pisoteaba o a quien se perjudicaba. La burguesía pequeña y la pequeña burguesía de revolucionaristas mutaron a reaccionarias y conservadoras. Apareció una nueva estética en la que lo importante era lo superfluo y lo aparente, como por ejemplo las siliconas en las mujeres, el metrosexual en los hombres, entre tantas otras insignificancias de la vida moderna. Hoy es necesario diferenciarse de aquel que nada tiene. El terror a ser parte de ese sector social lleva a los sectores medios a despreciar a los pobres y vulnerables, a enojarse si se los ayuda con planes sociales, o se les dá vivienda (como van a tener una casa propia y ser iguales a nosotros piensan), o molestarse cuando los vulnerables hacen piquetes y piden por mayor igualdad, o por tan solo un mendrugo de pan. El Estado está dominado por corruptos dirán, aunque no tienen datos que afirmen esa hipótesis, el gobierno es ineficiente porque hay inflación, no vende dólares y hay inseguridad, sin analizar las causas de estos eventos y su veracidad. Todo lo que venga del lado del gobierno actual está mal (aun si los beneficia a ellos), no se preguntan como Argentina sigue en pie después de doce años de gobiernos corruptos e ineficientes, como dicen muy sueltos de cuerpos estos sectores. Y aplican un doble estándar, miden los hechos según se los indique TN o Clarín. Es frecuente escuchar que algo es de tal manera, y ante la pregunta de dónde sacaste ese disparate, responden, es verdad porque lo dijeron en TN. Vemos un ejemplo, imaginen que Aníbal Fernández hubiera pagado su nutricionista y viajes con sus amigas con dineros públicos, hubiera tenido una cuenta secreta en Nueva York con un testaferro, le hubiera pagado a sus amigos grandes sueldos sin que hagan nada exigiéndoles que le dieran la mitad a él, que hubiera ido varias veces por año a Cancún u otros destinos exóticos de turismo con dinero del Estado, que hubieran dicho los medios y políticos opositores. Hubieran pedido un juicio político, lo hubieran llamado corrupto, inmoral, sinvergüenza, delincuente, etc. Bueno cambien Aníbal Fernández por Alberto Nisman, ya que todo eso es lo que hizo Nisman y pregúntense, que dicen los medios y los políticos opositores. Que dicen los 100.000 energúmenos que marcharon con el cartelito “yo soy Nisman”, ¿se auto critican?, ¿critican la conducta del fiscal que cometió malversación de fondos públicos?. Pues no, en este caso es una cuestión de intimidad de las personas, y de estos ilícitos no hay que opinar, más bien hay que taparlo, y si alguien como Aníbal Fernández habla criticando al fiscal que se suicidó porque su ego no resistía el papelón de presentar una denuncia floja de papeles, es una mala persona, un sinvergüenza que critica a un muerto. Esta es la hipocresía de la burguesía, miente, roba, mata, pero si guarda las formas y es en el interés del mercado, todo sirve, todo es correcto. Piénselo a la hora de votar, mire que como dice la presidenta, no hay devolución. Hasta la próxima.

martes, 3 de marzo de 2015

Los unos y los otros.


Entre el 18 de febrero y el 1 de marzo la argentina vivió un duelo de manifestaciones. La oposición, tras la mascarada de una movilización en memoria de Alberto Nisman, convocada por un grupo de fiscales y jueces denunciados por corruptos, encubridores, afectos al prevaricato, jueces de la servilleta, conservadores, reaccionarios, etc., con el apoyo de toda la oposición política. Esta marcha fue el comienzo de campaña de un sector de la burguesía argentina, el sector más concentrado de la misma, conformada por el gran capital financiero, la Sociedad Rural, la Unión Industrial Argentina, etc., que se lanzó a la conquista del poder tratando de desalojar por la vía electoral al gobierno popular de Cristina Fernández de Kirschner. Este es en sí un dato auspicioso, la gran burguesía apuesta a la lucha electoral y no a las bayonetas con las que durante décadas hizo valer sus intereses a sangre y fuego. No es de extrañar que en la movilización estuvieran Macri y el PRO, Masa y el Frente Renovador, Biondini y sus grupos nazis, Cecilia Pando defensora de militares genocidas y apropiadores. Lo desajustado de la marcha fue ver a Hermes Binner, Margarita Stolbizer, Victoria Donda, Pino Solanas, Humberto Tumini quienes desde una supuesta definición de izquierda y progresista desfilaron junto a estos personajes nefastos de la Argentina. Lo interesante no solo estuvo en quienes participaron de la marcha que se parecía a lo que un viejo amigo de los 70’, el Mono Pepe trágicamente asesinado por la dictadura cerca del monumento a la bandera en Rosario denominaba el “Comutac” un movimiento de derecha e izquierda que englobaba todas las ideologías. Comutac venia de Comunistas y Tacuaras los dos partidos de izquierda y derecha de los 60’ y su consigna era “Izquierda y derecha unidas en la brecha”. Como todo movimiento clandestino nadie se conocía en el Comutac, pero como todos eran de derecha e izquierda todos estaban integrados al Comutac, y para adherir al Comutac solo bastaba con pensarse Comutac. Hoy pareciera que para ciertos sectores de la política Argentina, que genéricamente se denominan “progresistas” comparten la teoría de mi amigo, es así que vemos encarar políticas conjuntas a Claudio Lozano que en la sesión del 1M se suma a Berta Arenas la conservadora y reaccionaria diputada por San Luis por el Partido Compromiso Federal en la demanda con carteles sobre la Amia. Vuelve a imponerse la sagacidad de Enrique Santos Discépolo, cuando en “Cambalache” nos dice “siglo XX cambalache problemático y feliz, el que no llora no mama y el que no afana es un gil, que falta de respeto, que atropellaba la razón, cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón, mezclao con Stavisky va Don Bosco y "La Mignon", Don Chicho y Napoleón Carnera y San Martín, igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches se ha mezclao la vida”, yo diría se ha mezclado la política y hoy para algunos políticos todo es lo mismo con tal de alcanzar sus espurios intereses personales y el poder, total después hacen lo que les antoja y no nos dan cuenta de nada a nosotros los ciudadanos. Lo interesante decíamos, son los comentarios de los periodistas de derecha al servicio del grupo Clarín y La Nación luego de la marcha. Fernando Bravo, del que sería un hipócrita si dijera que es un periodista lúcido, en su barbarie dijo lo que otros disfrazaron, que los que fueron a la marcha fueron llevados, pagados, por el choripán y la coca, arriados como ovejas. Digo interesante porque ya no es maldito el kischnerismo, es decir los dirigentes del Frente para la Victoria con la Presidenta a la cabeza, ahora también son maldecidos, injuriados, vituperados quienes asisten a las convocatorias de ese sector político. No importa que no militemos en el kischnerismo, que hagamos críticas a ese movimiento, solo basta que reivindiquemos su labor de gobierno, que consideremos que los más vulnerables de la sociedad nos vimos reivindicados por Cristina y Néstor, para que automáticamente nos convirtamos en los “otros”, esos otros que por supuesto somos una especie inferior a los “unos”. Mi Tía Veneranda, que tenía ínfulas de señora de Alcurnia pero que pertenecía a la clase media baja como toda mi familia solía decir que estábamos los “unos” y los “negros de mierda”, claro que en la Tía Veneranda con su tosca formación cercana al analfabetismo y formada en años de racismo familiar esto podría haber sido entendido, en donde yo vivía se solía decir que cuando alguien hacía algo mal era “cosa de negros”, y un Tía real no la ficticia Veneranda, la entrañable Tía Anita, que cada quince días o un mes llegaba cargada de regalos que compraba en Casa Tía (la ex-empresa del explotador De Narváez) desmentía mi anterior afirmación, ya que con solo su primaria incompleta y su dignidad de trabajadora del servicio doméstico era capaz de enojarse cuando alguien decía esto, ella luchó toda su vida contra el racismo (real o en el lenguaje). Para los “unos” los “otros” nunca tuvimos el derecho a pensar,. A tener emociones, a sentir que somos tan humanos como la gran burguesía, cuando nos movilizamos somos el aluvión zoológico, cuando protestamos somos los piqueteros de mierda, cuando desesperados robamos un mendrugo de pan (parafraseando “los miserables de Víctor Hugo) somos delincuentes, pervertidos drogadictos y asesinos. Alguien decía en mi pueblo que un pobre embriagado era un borracho de mierda, mientras que un rico borracho estaba alegre y divertido. Pero lo más importante es que esta manera colonizada de ver las cosas es creada por los medios de comunicación monopólicos, al servicio del interés de la gran burguesía, pero enunciada en la calle por la burguesía pequeña y la pequeña burguesía “ilustrada”. Al igual que en la Alemania de los treinta los grupos de choque contra la clase obrera son integrados por sujetos de la pequeña burguesía. Nunca escuche a ningún periodista de los grupos mediáticos concentrados decir que los que concurrieron a la marcha del 18F fueron pagados o por el choripán y la coca. Se llega al ridículo de decir que habían miles de colectivos que transportaron a los manifestantes del 1M, claro en su concepto racista esos periodistas piensan que los compañeros que se movilizaron desde Salta, Jujuy, Catamarca, el conurbano debían hacerlo a patacón por cuadra como la abuelita de 91 años que está yendo caminando de Tucumán a Lujan para cumplir una promesa. Tal vez no saben que no todos los argentinos tenemos Mercedes Benz, Audi, BMW como tienen los “unos” y todavía el gobierno no logró el milagro de que todos los sectores vulnerables vivan en palacios y anden en Mini Couper, muchos andamos de a pie y tomamos colectivos. Existe una argentina dividida entre los “unos” y los “otros”, los capitalistas y los trabajadores, los democráticos y los fascistas, y existe una gran diferencia entre las movilizaciones de los millones que sufren la discriminación, la marginación, la explotación, el ultraje, la violencia verbal y no verbal, y los que discriminan, los que explotan, los que ultrajan, los que violentan, mientras que los primeros marchamos con alegría, sabiendo que para nosotros un día democrático es una fiesta, sobre todo si tenemos un gobierno que trata, más allá de los límites que impone el capitalismo, de lograr más equidad e igualdad aplicando políticas re distributivas y sociales y los “unos” que bajo el mando de ese Atila moderno (Héctor Magnetto) que pretende que donde edita un medio de comunicación no vuelva a crecer el pensamiento crítico y reflexivo, concurren a sus demostraciones llenos de odio y violencia, insultado a los que no piensan como ellos, agrediendo a los periodistas sospechados de ser oficialistas, que buscan a jóvenes pobres y vulnerables para lincharlos en plena calle sin juicio previo. Gritan desaforadamente, insultan a los funcionarios y a todos los que son distintos, dicen todo tipo de barbaridades, como por ejemplo hablar de Milagros Salas como esa negra de mierda ladrona cuando ni siquiera la conocen o nunca estuvieron en Jujuy y luego hablan de que vivimos en una dictadura, que tienen miedo a expresarse, que hay persecución. Existe una grieta entre los “unos” y los “otros” pero esa grieta fue cavada por el odio y la discriminación de los “unos” por el terror que los medios de comunicación les metieron en sus toscos esquemas de pensamiento de que si no cavan esa grieta van a ser parte de una sociedad total, en la que no hayan diferencias en la que todos vivamos en paz y con felicidad. Hasta la próxima.

jueves, 26 de febrero de 2015

Pensar el debate.


Uno de los mayores problemas de Argentina (además de los múltiples inconvenientes que tiene la vida en sociedad en este país) es la sordera ideológica que existe, no solo entre los políticos, sino entre todos los actores sociales. El debate político ideológico en una sociedad es más que un simple ejercicio futbolero en el que el único objetivo es ganar, es una necesidad acuciante que permite a los ciudadanos ejercer el control de todos los representantes (oficialistas y opositores) a partir de lo que en muchos artículos hemos definido como el pensamiento crítico reflexivo. Este pensar en términos futboleros implica cerrarse sobre un mismo, gratificarse con los propios argumentos, sin poder escuchar al “otro”, ese alter que necesariamente aporta puntos de vista a nuestro recorrido intelectual. Entre los políticos, esta ceguera ante los argumentos del otro, esconde un interés concreto, el de mantenerse en el poder o el de conseguirlo. Por ello es muy difícil que varios políticos puedan debatir reflexivamente, casi siempre debaten sin escuchar. Esto lo podemos ver en los programas políticos televisivos, allí, el conductor del programa le otorga la palabra a uno de los invitados, este comienza a exponer y en el mismo momento intervienen los que están en la vereda opuesta, y Ud., mi querido espectador, ni siquiera puede escuchar lo que dicen unos y otros, el debate se transforma en una vocinglería sin sentido, en puro ruido comunicacional, y por lo tanto todos se van como vinieron, convencidos que el “otro” no tiene un ápice de razón, y que a él lo asiste “toda la verdad”. Este modelo de debate se repite en los diferentes espacios públicos y semipúblicos, discutimos sin escuchar, no para pensar, sino para aniquilar a nuestro eventual contrincante. Con un agregado, si alguien dice “me parece que lo que hizo el gobierno en tal cosa es bueno” inmediatamente se lo tilda de oficialista y se lo encasilla en el bando enemigo al que hay que destruir, si en cambio el que enuncia dice “creo que la oposición tiene razón cuando critica tal cosa” pasa a ser un opositor al que hay que desechar. Lo tragicómico de la política argentina es que casi siempre opositores y oficialistas son, amigos o compañeros de ruta de ayer, enemigos de hoy. Vean sino a Carrió alabando a Macri, el mismo Macri que ayer denostaba, y denostando a Pino Solanas, con quien hizo una alianza que lo llevo a este último al senado. Vean a Masa que se cruza sin piedad con Aníbal Fernández o Randazzo, cuando no hace muchos años eran compañeros de gobierno cuando Masa era jefe de gabinete, y podríamos seguir con cientos de ejemplos, pero como decía la tía Veneranda, para muestra basta un botón. Los gobiernos no son ni enteramente malos, ni enteramente buenos, algunos tienen una inclinación hacia actos de gobierno que favorecen a los sectores más vulnerables, otros crean vulnerabilidad con políticas de estado. Existen gobiernos execrables que han realizado un genocidio como la última dictadura militar, que arruinaron la industria, que empobrecieron a los argentinos, pero aun así, no me atrevería a decir que todas las medidas que tomaron fueron incorrectas. Hay gobiernos populares, que gobernaron pensando en la gente, como el de Illía, Alfonsín, Néstor Kirschner o Cristina Kirschner, a los que seguramente podemos criticarles muchas cosas, pero lo importante es el balance que hacemos de cada gestión de gobierno. Y no solo pensar lo que un gobierno hizo, sino confrontarlo con largos períodos históricos de un país. Sería incorrecto e injusto adjudicar un mal gobierno a Raúl Alfonsín por la manera en que término su mandato, es necesario ver la situación en que tomó el gobierno, lo que hizo y finalmente los errores que cometió y la operaciones políticas que soportó. El Gobierno de Alfonsín se caracterizó por la transparencia, solo tuvo unos pocos hechos de corrupción denunciados (ej., Delconte en la Aduana) por el valor de enjuiciar a las juntas militares (algo que ningún gobierno democrático posterior a una dictadura había hecho antes) por intentar frenar el avance de las corporaciones (son memorables sus discursos silbados en la Sociedad Rural o el intento de gestar leyes que democratizaran a las organizaciones sindicales, la convocatoria a la movilización popular ante las asonadas militares o su debate con el obispo de Buenos Aires en un Tedeum recordable). Se le puede criticar la falta de decisión en la lucha contra las corporaciones, la tibieza en la implementación del Plan Austral, u otras decisiones que lo llevaron a tener que abandonar el gobierno antes de tiempo por errores propios, pero fundamentalmente por las conspiraciones desestabilizadoras que llevaron adelante sectores corporativos mediáticos, sectores de la burguesía concentrada y sectores políticos funcionales al poder económico y mediático. En la Argentina los llamados gobiernos populares fueron permanentemente hostigados, destituidos, por poderes que se coaligaban bajo el liderazgo del llamado Partido Militar, que era quien a falta de apoyo ciudadano, tomaba el poder con las armas y llevaba adelante planes que tenían como objetivo la satisfacción de los intereses de la gran burguesía financiera, agraria e industrial, con modelos económicos profundamente neoliberales y con presupuestos sociales conservadores y reaccionarios. Los llamados sectores populares liderados por la burguesía mediana y pequeña (generalmente convocados por la Confederación General Económica, con el apoyo de una intelectualidad pequeño burguesa “progresista” y de los movimientos sindicales peronistas y radicales, por la Federación Agraria Argentina, etc.) tuvieron a lo largo del siglo veinte una doble representación política electoral mayoritaria (el peronismo y el radicalismo). Ante la debacle de Malvinas y la bancarrota del partido militar que demostró que además de su incapacidad para gobernar no podía cumplir con su objetivo institucional (la defensa del país) los sectores más concentrados de la burguesía asumieron una nueva táctica (por un lado tratar de crear un partico propio que confrontara electoralmente y por el otro ante las derrotas electorales infiltrar a los partidos “populares”) Este segundo camino será exitoso cuando logran infiltrar al gobierno de Menem e imponer un programa neoliberal traicionando la voluntad popular que lo había votado para hace una cosa distinta a la que hizo Menem. Lo mismo ocurrió con el gobierno de la Alianza, que ganó con un programa electoral e inmediatamente en el gobierno traicionó este mandato y decidió continuar las políticas menemistas. Esto dio lugar a una profunda crisis en la que los sectores dignos como el Chacho Álvarez se retiraron del gobierno y lo sumieron en una profunda debilidad que lo conducirían a su caída a mitad de mandato. Nuestra democracia, aun joven (solo tiene poco más de treinta años) no ha desarrollado mecanismos de control popular que eviten estas traiciones a los mandatos electorales (Menem decía que un político a veces promete lo que sabe que no puede cumplir y otras hace lo que nunca prometió), que limite el poder de las corporaciones, democratizándolas, evitando los monopolios mediáticos y económicos. El desarrollo de mecanismos como el plebiscito, el referéndum, las asambleas populares, la revocación de mandatos, etc., constituyen formas de ampliación de la democracia que es necesario preconizar en forma continua bajo un modo de producción capitalista como vía de incrementar el poder popular y crear herramientas defensivas al servicio de los intereses de los sectores más rezagados y vulnerables de la sociedad. Y es acá, en esta agenda política de reforma democrática donde se inserta la importancia del desarrollo de un pensamiento crítico y reflexivo, de incrementar la capacidad de escucha en el debate y desarrollar el cotejo de las diferentes informaciones que nos atraviesan a lo largo de cada día. La clase dominante, cuando no desarrolla mecanismos comunicativos adormecedores de la conciencia ciudadana (ej. Los programas de chimento, de Tinelli, etc.) impulsa que debatamos temas que son insustanciales, o que si tienen sustancia lo hagamos desde perspectivas que sirven a sus intereses de clase. Discutamos la inseguridad, o la corrupción, nos dicen, pero en el debate que impulsan los medios monopólicos de comunicación no aparecen (o si aparecen solo lo hacen de manera denominativa) la explotación a la que son sometidos los trabajadores, la pobreza y desigualdad que esa explotación genera, la marginación a que son sometidos millones de compañeros que por no tener casa viven en condiciones casi infrahumanas. La corrupción por ejemplo, se denuncia la corrupción oficial, en el ámbito de la gestión de gobierno, y siempre que el gobierno sea kirschnerista (por ejemplo no hay o hay muy pocas denuncias de Clarín y TN de la corrupción del macrismo o de los miembros del masismo), pero nada se dice de la corrupción de los monopolios mediáticos, se ocultan los delitos económicos de los grandes burgueses que realizan operaciones ilegales de lavado de dinero o evasión fiscal por intermedio de bancos como el HSBC, poco se habla de apropiación violenta de empresas como el caso de Papel Prensa, o de sembradíos ilegales que arruinan el ecosistema como es el caso de los sembrados de Aranda (director de Clarín) en Entre Ríos. Pregunta ¿por qué los fiscales, jueces, políticos y ciudadanos que se movilizaron el 18F no pidieron justicia de estas cuestiones? En los jueces, políticos y fiscales es claro, defienden sus intereses corporativos, en los ciudadanos de a pie, en otros artículos explicamos cómo el poder mediático coloniza el imaginario de los mismos y les impone una manera de ver la realidad, de concebir lo que acontece, sin reflexión, mecánicamente. No es necesario ser kirschnerista para ver que este gobierno ha desarrollado una serie de cambios que favorecen a los sectores más vulnerables y medios de la sociedad. En los últimos 12 años ha crecido el salario real mejorando la capacidad de consumo de estos sectores. Esto ha llevado a ventas record de automotores, electrodomésticos, turismo (interno y externo) incremento de la compra de servicios privados de salud y educación, etc. Se han desarrollado políticas sociales como conectar igualdad, asignación universal por hijos, plan procrear, plan procreauto, etc. que le permitió a los sectores más empobrecidos acceder a bienes que antes les estaban vedados. Se ha respetado escrupulosamente la libertad de prensa y de expresión de manera que en los diarios opositores como el Grupo Clarín y la Nación entre otros se pueden comunicar los mayores disparates, insultar funcionarios, mentir, deformar las noticias sin ninguna limitación, y los ciudadanos se expresan en manifestaciones como el 18F sin sufrir ninguna represión. Cualquiera puede decir lo que quiera sin temor a ser sancionado o perseguido por sus dichos cualquiera sea su ideología política. No se reprime ni impide ningún tipo de manifestación, piquete, etc. Se han desarrollado derechos sociales de las minorías como el matrimonio igualitario, la defensa de las personas con capacidades diferentes, la sanción de la trata de blancas, etc. Se han re estatizado empresas señeras de nuestro país como YPF, Aerolíneas Argentinas, las jubilaciones y pensiones, el agua, etc. Se están reconstruyendo los servicios de tráfico de pasajeros en ferrocarriles, mejorando las comunicaciones viales (ej. Autopista a Córdoba), etc. Se ha logrado la independencia satelital con la construcción y puesta en órbita de ISAT el satélite de comunicaciones con el que Argentina accedió a un exclusivo club que comparte con un grupo de países menor a los diez. Se ha impulsado la ciencia y la tecnología con la creación de un ministerio propio y la divulgación del conocimiento mediante diversos mecanismos como el canal Encuentro o Tecnópolis, o la mejora de los espacios y medios educativos incluida la educación superior. En definitiva para no hacer una lista larga (que podría ser considerada una exégesis del gobierno) que pone de manifiesto que existe una obra que mejora las condiciones de vida y de convivencia de los ciudadanos. Existe aún indigencia y pobreza, existe corrupción estatal y privada, existe narcotráfico, existen muchas cosas que no se han resuelto y que quedan para próximas administraciones pero si comparamos los datos de la Argentina actual con los datos históricos del siglo veinte veremos que este país se parece mucho más a la década del 60´ cuando los argentinos tuvimos el mejor nivel de vida de nuestra historia que a la argentina de la década infame, de la dictadura genocida, del menemismo o de la alianza. El debate está abierto. Hasta la próxima.

lunes, 16 de febrero de 2015

El discreto encanto de la hipocresía pequeño burguesa.


La pequeña burguesía ciudadana es por su práctica un sector de clase básicamente hipócrita. Digo esto porque ella oscila entre sus veleidades “progresistas” vinculadas a una moral ficticia de conmiseración con los pobres y abandonados del sistema, reclamando justicia, palabra vana en el capitalismo, exigiendo democracia y libertad de expresión y en su práctica nos muestra a un sector de clase profundamente egoísta, al que solo le interesan sus intereses particulares (comprar dólares, viajar al exterior, cambiar de auto cada uno o dos años, autoritario, ya que no soporta el disenso y agrede a todos los que piensan distinto que ella (cosa que se ve claramente en el odio manifiesto en las movilizaciones de este sector que no admiten nada por fuera del libreto de los medios hegemónicos), poco interesada por lo que le pasa al prójimo y afecta a vincularse a cualquier actor que arrime agua a su molino, como la aceptación de Biondini, Cecilia Pando y tantos otros fascistas en las movilizaciones, incluso en la de 18/F que además es convocada por muchos jueces y fiscales del poder burgués que encubrieron el caso AMIA y muchos otros. Estos actores sociales hablan de libertad de expresión mientras agreden a golpes de puños y con palos a los periodistas que ellos definen como oficialistas (que aunque lo sean tienen el derecho democrático de cubrir las marchas tanto oficialistas como opositoras): Son lo que cuando uno discute con ellos, sino critica todo lo que hace el gobierno, lo tildan inmediatamente de kirschnerista y no lo escuchan más. Son los que dicen (siguiendo el razonamiento de TN) que la presidenta es una hija de puta que ofendió al pueblo chino porque en un Twitter afirmo que habían 1000 personas en la reunión sino-argentina de intercambio comercial e industrial y se preguntó que iba a decir la oposición, que era por el “aloz” y el “petloleo”, forma común que tenemos los argentinos de considerar el habla chino, sin pensar como hieren ellos los sentimientos de los que siguen a la presidenta y a todos los argentinos, porque les guste o no Cristina es la representante de todos los argentinos. Son los que hacen cola en los restaurantes de moda, los que compran autos de media y alta gama, los que veranean en el exterior llenando de dólares a los países vecinos y no tan vecinos, los que (siendo un poco menos acaudalados) llenan los destinos turísticos del país y a la vuelta se quejan de la crisis, que ya no se puede vivir así, que no hay plata que alcance. Son los que dicen que en argentina tenemos miedo a decir lo que pensamos, que hay una dictadura (como afirmó el impresentable de Fernando Iglesias por televisión y que yo sepa nadie lo encarceló por su manera de pensar), o que afirman que esto es fascismo (lo dijo el mismo energúmeno) porque mataron a un fiscal, entonces el fascismo es una ideología orbe et urbi ya que en diferentes países mataron y matan presidentes, periodistas, fiscales, etc. (acaso los franceses viven en una dictadura por lo que pasó con Charlie Ebdo) y dicen lo que quieren en cualquier lugar, haciendo correr las mentiras y difamaciones de las usinas de Clarín, La Nación, Perfil, etc. sin siquiera pensar el contenido de realidad que tienen. La pequeña burguesía es un sector social que ama a sus verdugos. Aman a Magneto del Grupo Clarín, a Macri (del grupo SOCMA), que además de sostener el pensamiento más retrógrado en este país, es parte de un conglomerado industrial y comercial que ha vivido a expensas del Estado, haciendo negocios, muchas veces non santos con el Estado. Son los que como Fernando Iglesias, acompañaron al campo, esa entelequia que durante la 125 reunió a los sectores más reaccionarios y regresivos de la sociedad para enfrentar al gobierno que pretendía establecer una política más justa y equitativa en materia de distribución de los excedentes que genera la renta agraria (en este sentido a estos “progresistas” pequeño burgueses les recomiendo leer a Ricardo quien ya en los albores de la economía burguesa denunciaba los mecanismos de explotación y apropiación de la renta agraria). La pequeña burguesía ama a Carrió y Bullrich y su travestismo político, destruyendo cuanto intento existe de organizar un partido que defienda los intereses de este mismo sector, sino, pregúntenle a Binner y Cobos que paso con el FAU-UNEN. Son los que dicen condolerse de la pobreza y la miseria y cuando algún pibe chorro les toca una rupia de su bolsillo, primero intentan lincharlo (haciendo gala de la democracia que pretenden) o claman porque haya una “justicia” más dura que los meta a todos en la cárcel de por vida (y si es posible –piensan- que los ahorquen, para que no hagan más daño). Es que la pequeña burguesía está en un lugar incómodo. Por un lado, siente terror de que los vaivenes de la economía la depositen en el tan temido infierno de la pobreza, como ocurrió en otros momentos con la aparición de los NUPOS (nuevos pobres) sectores de la pequeña burguesía que al no tener trabajo ni redes de contención social migraban hacia las villas miserias. Por otro lado sueña con poder sumarse a lo que ella, en sus significaciones sociales imaginarias, define como los ricos, y trata desesperadamente de copiar usos y costumbres de la burguesía, sin notar que “aunque se vista de seda la mona queda” Y a medida que pasan los años se vuelve más reaccionaria, odia más a los de abajo y se identifica más con los postulados de los que la condenan a su estado de pobreza intelectual y desdicha material. Cada vez que veo en la pantalla a esos desaforados violentos e intolerantes miembros de la pequeña burguesía, cada día que los escucho en los bares y en las calles repetir como cotorras los eslogan difamadores de TN y el grupo de periodistas mercenarios al servicio de los grupos mediáticos monopólicos, cada vez que destilan su odio de sector desclasado por el infortunio de no poder ser, al menos, parte de la base social de la burguesía, me invade un sentimiento de amargura y tristeza, sobre todo cuando son jóvenes lo que asumen esta actitud, ya que los más viejos difícilmente puedan cambiar, pero en los jóvenes está el futuro de nuestro país, por usar una frase hecha. Me pregunto, como puede una persona siquiera creer lo que un insano fiscal como Nisman trató de hacer con su denuncia de encubrimiento, si tan solo leyeran algunas páginas de la presentación verían lo ridículo de la misma, ello si son capaces de pensar, cosa que a ojos vistas, para la pequeña burguesía es cada vez una misión imposible, porque están conformados en una manera de concebir la realidad que les bajan enlatada desde los medios de comunicación. Como pueden apoyar a una “Señora” como Carrió que lucha contra el derecho de las mujeres a disponer de su cuerpo, que ha mentido en todas sus denuncias falaces, ya que nunca alguien fue condenado por una denuncia de Carrió, porque a ella lo que menos le importa es conocer la verdad o hacer justicia y sí le importa perseguir a los que no piensan como ella. Como pueden apoyar a Macri que hizo escuchar ilegalmente a sus parientes, o a Masa, que tras un ropaje seudo populista esconde a un neoliberal convencido y ambicioso que puede hacer cualquier desastre con tal de garantizar su poder y privilegio. En muchas oportunidades he dicho que no soy kirschnerista, pero que apoyo en líneas generales un proyecto político que a partir de un modelo neokeynesiano que hizo base en el consumo y la expansión del mercado interno, ha posibilitado que muchos compañeros que estaban en condiciones de pobreza pudieran salir de esa situación, un gobierno que se preocupó por los jóvenes, por los jubilados, por las mujeres, en definitiva por los sectores más vulnerables de nuestra sociedad. Es cierto que su política fue de medias tintas, que debió haber transformado el sistema impositivo regresivo y cambiarlo por uno progresivo, que debió ser más inflexible con la corrupción, no solo de políticos, sino también de los empresarios, que si bien se atrevió a sancionar leyes como el matrimonio igualitario, no avanzó sobre cuestiones como la despenalización del aborto y el consumo de estupefacientes. Tal vez algunas leyes no fueron las que necesitábamos, como por ejemplo la ley de inteligencia que se debate en este momento, ya que, no es necesario el espionaje interno en una democracia real, basta con crear una Oficina Federal de Investigaciones de carácter autárquico, pero no es con marchas de silencio que endiosan y elevan a la categoría de héroe a un fiscal mediocre que en doce años no avanzó para nada en la causa AMIA, y que solo supo cultivar su imagen y dilapidar los fondos reservados con los que contaba, como se logra debatir que sociedad queremos. El camino es, como dije hasta el hartazgo, pensando, debatiendo, exigiendo al poder de turno, cualquiera sea su color político, las reformas políticas que necesita nuestro país. Esto no significa pensar que la marcha debe impedirse, que la hagan, es su derecho, solo que con ello no vamos a ninguna parte. Una marcha del silencio que no dice nada y no lleva a ninguna parte, ese no es el camino. Hasta la próxima.