viernes, 13 de diciembre de 2024

La crueldad

Etimológicamente, la palabra crueldad proviene del latín crudelis que deriba del término crúor y que se refiere a la sangre derramada, y por lo tanto crudelis es alguien que se complace en ver la sangre derramada o que hiere para verterla. O sea que, palabra cruel se define como la existencia de alguien que se deleita en hacer sufrir o que se complace en los padecimientos ajenos. En la historia de la humanidad hemos asistido como especie a las mas sofisticadas y terribles formas de salvajismo, desde las torturas, genocidios, desamparo de los vulnerables, persecuciones por razones políticas o raciales, etc., todas las formas de infligir dolor y dañar al semejante han sido experimentadas a lo largo de la historia de la humanidad, Ahora bien, infligir daño no necesariamente es crueldad, se puede golpear a un semejante en un momento de ira, pero eso no hace cruel al que agrede, lo hace violento, el violento no necesariamente es cruel, como vemos en el origen del término, la crueldad implica un escalón mas en la degradación de la humanidad. La Alemania nazi cometió genocidio contra muchos actores en los tiempos de la guerra, pero la crueldad de los nazis estribaba precisamente en que ellos se regocijaban en causar humillación, dolor y sufrimiento a sus víctimas. Se cometían actos aberrantes en los que los jerarcas y sus esbirros gozaban torturando y matando personas, y en eso estribaba su crueldad, en un orden del goce al causar daño. Pero la crueldad, no es solo gozar, es también hacerle daño al mas vulnerable, a los que no se pueden defender. Hace unos años apareció en España un juego nefasto, se llamaba “El juego del rol” y consistía en aceptar el rol asignado en el grupo para cometer hechos aberrantes, como, por ejemplo, capturar un indigente, rociarlo con combustible y prenderle fuego gozando del “espectáculo”. A la última dictadura militar, no le basto con asesinar a treinta mil desaparecidos, utilizó métodos que generaban terror en la población, por eso se fusilaba a las personas en la calle frente a las viviendas, o se las torturaba con electricidad, ahogamiento, se los tiraba desde los aviones narcotizados, y con ello se enviaba un mensaje a los no acataban sus órdenes, “vean de los que somos capaces de hacer”, porque la crueldad implica que la víctima tome conciencia de su destino, y en ese destino lo peor no es la muerte, lo peor estriba en no saber que es lo peor, hasta donde pueden llegar nuestros captores con sus torturas. El detenido desaparecido no sabía que podía pasarle a él, y lo que es peor a sus familiares y amigos. Por eso es que hubo militantes que denunciaban en la frontera a sus compañeros, o iban con sus captores por las calles entregándolos. La crueldad, es el sinsentido de la vida que quiebra a las personas y las convierte en sombras que deambulas en lugar de existir, y que en esa posición de ruptura de su mundo interior se convierten en marionetas de quienes le provocan los peores sufrimientos. Esto ocurre cuando hablamos de individuos, pero cuando la crueldad asume la forma de política de gobierno es mucho peor, porque no basta con agredir y hacer sufrir a las personas, además, es necesario humillarlas, destruir todo forma de amor propio, de humanidad que puedan tener, de consideración por sí mismo como personas. Los nazis tenían una forma muy sofisticada de humillación con los judíos, los obligaban a limpiar con un cepillo de dientes las aceras de la ciudad, así arrodillados, las victimas se sometían a su envilecimiento, siendo observados por sus verdugos gozosos que los insultaban y golpeaban y también por la población que se sumaba a la grotesca escenificación. Es que ver implica sentir el sufrimiento del otro pensando que puede ser propio y posibilita el sometimiento del sujeto. En el sujeto que observa la vejación se produce una disociación interna, por un lado, su fanatismo le permite gozar de la escena exhibida, porque para poder mirar es necesario que envilezca al humillado, que lo degrade a niveles inimaginados de los inhumano, pero por el otro, la escena comporta la posibilidad de que a él también le ocurra y eso desarrolla un núcleo de terror interno que hace metástasis en su personalidad, posibilitando el acatamiento y la obediencia. Mas allá del debate económico que nos habla del único camino planteado para superar la crisis, podríamos considerar que es un postura, una terrible postura con consecuencia de pobreza y marginación que están alcanzando límites insospechados, pero que en si misma es una política de gobierno, elitista y nefasta, pero lo que determina la crueldad de Milei y su gobierno es el goce que sienten sometiendo a los sectores mas vulnerable de la población a padecer necesidades y carencias extremas y sin sentido, que de ninguna manera posibilitan resolver nuestra problemática de vida como país. No se trata de una política económica equivocada, se trata de satisfacer la avaricia de los sectores mas concentrados de la riqueza a costa de la generalización de la pobreza y la indigencia de las gran mayoría de la población sin importar las consecuencias, se trata de disfrutar del espectáculo social tomando medidas que se saben innecesarias como por ejemplo no repartir alimentos para los indigentes hambrientos y dejar que se pudran en los depósitos, se trata de decir, como lo hace Milei, con una sonrisa que evidencia el placer que le causan sus dichos, que si los jubilados no comen se van a morir. Milei disfruta sabiendo que está colocando a los jubilados en posiciones dilemáticas, o comen y no toman medicamentos, o toman medicamentos y no comen, en ambos casos saben que deben recorrer un sendero que los lleva a acortar el poco tiempo de vida que tienen. En ello reside la crueldad de quien gobierna nuestro país hoy, en hacer caminar a los adultos mayores por un desfiladero escabroso y árido en el que solo pueden caerse al precipicio o morir lentamente por inanición. Y digo que goza con su mirada porque a diferencia de otras culturas en donde la indigencia se trataba de ocultar, el la coloca a la luz del día, porque además del disfrute, el quiere enviar a la sociedad un mensaje, un terrible mensaje. Es como en el circo romano, donde los cristianos se enfrentaban desarmados a las fieras sabiendo que serían devorados y que solo se trataba de orar para que el sufrimiento fuera más corto. Mientras en las gradas el pueblo romano se sumaba al goce de pervertidos gobernantes y clamaba por mas crueldad, por mas daños, por más humillación. Lamentablemente hoy en nuestro país, podemos observar cada vez mas hechos de violencia y sadismo de parte de sectores que atacan y discriminan salvajemente a quienes consideran como inferiores a ellos en la escala zoológica repudiando sus costumbres, sus pensamientos (cuando aceptan que los mas vulnerables pueden pensar) y los golpean con palos de golf o los insultan con todo tipo de improperios poniendo de manifiesto que ellos son ricos y tienen derechos que les niegan al resto. Como un viento malsano, como las invasiones bárbaras en la antigüedad, como en los progroms de Europa en el medioevo, esta epidemia de anulación de los valores se extiende como un virus entre sectores cada vez mas grandes de un sector de la población con sus consecuencias de violencia, racismo, elitismo, odio, indiferencia, etc. La falta o negación de valores que significan lo humano, valores que asumimos a lo largo de mucho tiempo, como la solidaridad, la cooperación, el sentir el dolor y el hambre del otro como propio, la búsqueda ce mejores niveles de vida basados en la justicia social, en la igualdad y, porque no decirlo también, en la libertad, degrada a la sociedad, estimulan la violencia, transforman negativamente los lazos sociales. Sino tomamos conciencia del estado en que se encuentra la salud física y mental emergente de este cuadro de situación, cuando lo hagamos nuestra sociedad estará irremediablemente perdida, hoy es el momento de enfrentar estas lacras que envenenan el clima social, todos somos responsables de dar el combate para tener una sociedad mas democrática, más igualitaria, más saludable.

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