martes, 26 de abril de 2011

Cambia la Universidad?

En los años setenta el signo social por excelencia era el cambio Los jóvenes de aquellos años teníamos fuertemente adosada a nuestro discurso la palabra cambio, luego vino la dictadura y, en base a una salvaje represión y a uno de los peores genocidios del siglo XX, congeló durante años las ideas de cambio social, de cambio educativo etc.
A los jóvenes de los 70` se nos pueden criticar muchas cosas, nuestra ansiedad por lograr el cambio, los caminos y atajos incorrectos, ciertas formas de pensar la política basada en un pensamiento hegemónico que en alguna medida despreciaba la democracia, etc., pero lo que no se puede negar es que formamos parte de una generación heroica que acometió cual Quijote moderno, contra los monstruosos molinos de viento que eran el poder constituido de la derecha argentina y sus aparatos represivos.
La derecha de los 70`era preconciliar y estaba constituida por la Sociedad Rural, por Confederaciones Rurales, por la Unión Industrial, las patronales bancarias tanto nacionales como ADEBA o las grandes corporaciones financieras internacionales que apoyaban las políticas de represión de aquellos años.
Esta derecha tenía sus expresiones políticas como Tradición Familia y Propiedad, el Movimiento Nacionalista Tacuara, y partidos políticos que aunque no tenían proyección nacional tenían peso regional como el caso del Bloquismo Sanjuanino, el Partido Demócrata Progresista que por aquellos años abandonó todas sus banderas fundacionales, y los partidos de la derecha liberal mas arcaica que surgieron en situaciones coyunturales (elecciones entre golpe y golpe) y cuya presencia fue efímera aunque con cierto peso en los cortos años de democracia representativa que hubo en Argentina entre 1930 y 1984.
Por dar algunos ejemplo nombramos a UDELPA (Unión del Pueblo Argentino experimento político de Aramburu, la Nueva Fuerza y la UCD experimentos de Alsogaray en las elecciones de 1973 y 1982, la Alianza Popular Federalista que fue el intento del Gobierno Militar de tener continuidad política con su candidato que decía ser el Presidente Joven en las elecciones de 1973.
La derecha hizo grande esfuerzos por construir partidos porque siempre tuvo uno fundamental, el partido militar que era su brazo armado con el cual ejercía su dominación de clase.
En la Universidad esta actitud política de los jóvenes era más radical aún, los partidos que tenían definiciones más conservadoras por esos años eran el Partido Socialista Popular y el Partido Comunista, eran minoritarios, el resto tenían definiciones muy extremas, a tal punto que todos preconizaban la lucha armada y la toma violenta del poder para construir una sociedad revolucionaria.
Al interior de los claustros universitarios las definiciones de cambio pasaban por el cambio social, ninguna expresión política de los jóvenes tenía en cuenta el cambio de la Universidad conservadora de los 70` y lo mas académico que se escuchaba era la lucha contra los contenidos reaccionarios de la enseñanza, o combatir contra el poder burgués en la universidad.
Justo es reconocer que en esos años no existían prácticas democrático-representativas en el sistema de educación superior, el último intento de los universitarios por modificar la estructura de la Universidad Argentina se dio en 1918 con la reforma universitaria. En los setenta el pensamiento hegemónico de la izquierda contestataria llevó a los jóvenes a sostener que todo intento de modificar algo en la universidad estaba condenado al fracaso porque la universidad solo iba a cambiar con el triunfo de la revolución socialista.
La represión salvaje de los 70` tuvo como blanco principal a la juventud contestataria, tanto obrera como estudiantil, asesinado a sus dirigentes más esclarecidos, abriendo un impasse hasta el retorno de la democracia representativa.
En 1984 con el triunfo de Alfonsín, la Coordinadora, expresión política de la Juventud radical asumió el control de la Universidad y dibujó un escenario de cambio universitario abriendo los claustros a miles de docentes que habían sido reprimidos y perseguidos durante la dictadura y a otros miles de integrantes de la “juventud maravillosa” de los 70`que con algunos años mas ahora se sumaron a la tarea académica en la universidad.
Han pasado 27 años y es interesante hacer una evaluación de lo que cambió y no cambió en la Universidad[i].
Comencemos por los cambios, en estas casi tres décadas de gestión autónoma de la Universidad asistimos a un irrestricto respeto a la autonomía de gestión de la universidad, la que se ha desenvuelto administrada por las autoridades electas en el marco del sistema representativo de co-gobierno. Esto ha permitido una completa libertad de cátedra y de expresión. Los docentes universitarios hemos construido nuestros respectivos programas de cátedra sin ninguna injerencia de las autoridades de las facultades o del rectorado, y hemos ejercido sin límites nuestra capacidad de crítica.
La continuidad de la gestión representativa ha permitido el desarrollo de las actividades de investigación y el aquilatamiento de las prácticas académicas universitarias, las líneas de investigación están pudiendo programarse a plazos adecuados en el tiempo.
Han mejorado parcialmente las condiciones estructurales en las que se encontraban las universidades, en la UNR por ejemplo se han agregado más de 30.000 metros cuadrados de construcciones que mejoran las posibilidades de desarrollo de la formación universitaria.
Las bibliotecas han sido medianamente actualizadas y los programas de estudio se reformaron aunque no en la medida de lo necesario. Las reformas instrumentadas en los mismos contienen ideas muy innovadoras para abordar el proceso enseñanza aprendizaje (por ejemplo la reforma curricular de Ciencias Médicas de la UNR).
Se está incrementando la producción bibliográfica y las universidades comienzan a recuperar parte del terreno perdido en el concierto latinoamericano.
Se ha sostenido a ultranza la gratuidad de la enseñanza universitaria y el libre acceso a los estudios sin otro requisito que el título secundario.
Se ha incrementado favorablemente la oferta de estudios de post grado y aumentó el número de doctores entre los docentes universitarios lo que pone de manifiesto una mayor competencia de los profesores integrantes del cuerpo docente de las universidades.
En definitiva, la Universidad Argentina en los últimos 25 años ha salido del estancamiento y el oscurantismo en que fue sumida a los largo de décadas de persecución ideológica y política por las sucesivas dictaduras que asolaron la Argentina y ha ganado mucho en el proceso de continuidad democrática que de manera estable se ha sostenido en estos años garantizando la libertad de expresión y de cátedra a la que hacíamos referencia más arriba.
Quiere decir esto que la universidad es un ámbito de  la excelencia y la democracia, lamentablemente la respuesta es negativa.
Para ver las deudas de la universidad con su aporte a la construcción de una sociedad igualitaria y autónoma haremos una exposición en dos áreas fundamentales, la estructural y la política.
Desde el punto de vista de su estructura organizacional la Universidad Argentina se encuentra profundamente atrasada con respecto a las universidades más innovadoras del planeta.
La misma se conserva en .línea del modelo arquetípico de la universidad napoleónica del siglo XIX, es decir, está estructurada en Facultades que responden al modelo de organización disciplinar y cátedras que se corresponden con un modelo de carácter autoritario en el que existen un grupo de profesores (los titulares) que constituyen la elite de la universidad y son los que determinan (amparados en la famosa libertad de cátedra) los contenidos de la enseñanza.
Este modelo, además de anquilosado, no tiene relación con la estructuración de la sociedad, de manera mucho más abierta y con demandas de mayor complejidad que las que existían en el siglo XIX, En aquel momento, por ejemplo, las fronteras entre las ciencias eran mucho más claras, hoy estas fronteras son más difusas y existen zonas de trabajo interdisciplinario y más aun, zonas de transdisciplina.
Pero más importante que esto, este tipo de organización hace que se multipliquen esfuerzos y gastos, ya que por ejemplo los contenidos de Psicología Social que se dictan en diversas Facultades, con una organización moderna y funcional, podrían ser dictados en un espacio académico único.
Porque no cambia este tipo de organización oneroso y poco funcional, pues porque en el podemos encontrar los elementos de relaciones de poder que permiten controlar el flujo de conocimientos que circulan por la universidad. Este mapa de las relaciones de poder nos muestra como unos pocos (los titulares) someten a su arbitrio los contenidos e instrumentos que se utilizan en la cátedra y subordinan a sus colaboradores constriñéndolos a formar a los alumnos desde su punto de vista teórico conceptual.
El resultado de la organización por facultades y cátedras es el empobrecimiento progresivo de los contenidos formativos que se imparten en las distintas disciplinas y la obturación del pensamiento crítico-reflexivo en la universidad.
La Universidad Argentina necesita nuevos aires que se sustenten en un aporte significativo a la reflexión social y ello solo es posible si se amplían los márgenes de participación en las mismas, generando nuevos espacios, en los que los jóvenes profesores se formen desde una perspectiva creadora que se oriente a la búsqueda de la autonomía social.
Desde el punto de vista político la organización de la universidad está en línea con el modelo basado en la representación. Este modelo impide el desarrollo de una auténtica participación del ciudadano universitario en la gestión del conocimiento. Los representantes son electos y a partir de allí no consultan en nada a sus representados, la normativa actual les permite tomar decisiones en nombre de quienes los votaron. Los ciudadanos universitarios no tomamos ninguna decisión ni participamos en la toma de decisiones, más aún ni siquiera somos informados de las decisiones que se toman. Se ha dado el caso que los “representantes” de un determinado claustro deciden sobre cuestiones contrarias a su claustro porque “deben acatar” lo que el decano o alguna autoridad determina.
El mecanismo de selección de los representantes es también arbitrario, se basa en listas completas, por lo que, un ciudadano universitario que quiera participar para ser electo, sino logra formar lista agrupándose con 21 docentes mas no puede hacerlo.  
A ello se agrega un mecanismo de selección indirecto de autoridades, ya que el decano y el Vice Decano son votados por los representantes electos para el Consejo Directivo, y como en el caso de la elección 2011 en Psicología de la UNR, docentes que solo cuentan con menos del 10% de los votos en los diferentes claustros en su conjunto, pueden ser elegidos para gobernar la misma, en una clara violentación de la voluntad de la gran mayoría de los ciudadanos universitarios de la Facultad, que rechazan la continuidad de la camarilla que gobernó la organización en los últimos ocho años. Esto ocurre porque el sistema representativo no es democrático y ha facilitado el anclaje de una burocracia de gestión que gobierna la organización al margen.de la voluntad y sin la participación del con junto de los ciudadanos universitarios.
En este caso el simple expediente del voto directo ponderado por claustros (es decir los votos de los claustros son multiplicados por un índice para respetar la participación en los porcentajes que exige la Ley de Educación Superior) para elegir autoridades posibilitaría una forma más democrática de selección e impediría burlas a la voluntad de la mayoría como la descripta.
La necesidad de democratizarse es una de las deudas más importantes que tiene la universidad con respecto a sí misma, tan importante como la transformación de sus estructuras de corte napoleónico. Ello no es difícil, implica asumir una voluntad de cambio democrático anulando la elección de consejeros a los consejos directivos por listas completas, impulsando la elección de decano en forma directa, reglamentando la revocatoria de los mandatos por pedido mayoritario de los miembros del claustro, poniendo en práctica la publicidad de los actos de gestión, la democratización de las relaciones docentes alumnos, la departamentalización de las facultades con plena participación de los docentes en los mismos a igualdad de condiciones, la implementación de asambleas de claustro para tratar decisiones trascendentales para la facultad, etc.
Como vemos mucho es lo que falta por hacer para lograr un cambio democrático en la universidad.
Debemos tener en cuenta que esta falta de participación plena de los docentes, alumnos, graduados y estudiantes, en la gestión de las universidades, atenta contra la calidad institucional, con el aporte al pensamiento crítico que las mimas realizan y obtura la participación de ellas en la vida social del territorio.
Hasta la próxima.  


[i] Por razones de rigor expositivo tomaré como ejemplo la Universidad Nacional de Rosario que es la que mas conozco aunque la dinámica universitaria tuvo un comportamiento parecido en el resto del país.

lunes, 11 de abril de 2011

¡Cambia la escuela?

Existe una imagen que ha quedado grabada en mi memoria. Siendo muy pequeño, tenía una o dos veces por semana las clases de labores. Se trataba de una modalidad didáctica mediante la cual los niños aprendíamos a hacernos diestros con las manos. Esto es por lo menos lo que dicen los libros de pedagogía. En realidad esas clases de labores eran un monumento a la alienación.
Años más tarde tuve oportunidad de leer “Cien años de soledad” de G. Marquez, en el capítulo en el que el Coronel Aureliano Buendía realizaba un pescadito de oro que vendía en el mercado por una moneda de oro que le permitía elaborar un pescadito de oro para vender por una moneda de oro encontré una explicación para aquellas clases de labores, eran como la máquina del gallego, una máquina que tenia un hueco por el que salía una mano que apretaba un botón para que saliera una mano para apretar un botón, no servían para nada.
Leyendo a Matías, ese entrañable personaje de Sendra que todos los días pone una cuota de ternura a los sufridos lectores del diario Clarín, un temor asaltó mi espíritu; Matías realiza en la escuela labores para el día del padre y tiene una idea genial, intercambiar los trabajitos con sus compañeritos para que el padre pueda tirar esas porquerías sin culpa, ya que lo que le regala no es lo hecho por él sino por un amigo; ¿es que la clase de labores continúa dictándose en las escuelas?.
Para desentrañar tan mayúsculo enigma teórico nada mejor que recurrir a un cientista de la educación, y así lo hice, le pregunté a Ana Paula, mi hija de 9 años que le divertía y que le aburría mas en la escuela. Lo que más la divierte podría contarlo utilizando un boleto de colectivo, de aquellos que había en la era pre-tecnológica, cuando los chicos afanosamente buscábamos el boleto capicúa de la buena suerte. En cambio para poder narrar las cosas que la aburren no me alcanzarían diez rollos de papel higiénico, y no del barato, sino del que la propaganda asegura que tiene 74 mts. exactos. Pero más aún, desde una perspectiva estrictamente científica Ana me relató que en la escuela una de las cosas que más le aburre es el dictado de la materia Tecnología (eso que antes se llamaba labores y que para poder explicárselo a ella tuve que recurrir al diccionario de igualación semántica entre la prehistoria y la actualidad que es la madre de Ana). Para ella es por el dictado, pero yo estoy convencido que los dictados, las cajitas de papel, los telares que les enseñan a hacer son de poca utilidad práctica y poco tienen que ver con el pomposo rótulo de Tecnología, sobre todo con la significación que el vocablo tiene en la era de la informática, las computadoras e Internet.
Es allí que me surgió el interrogante que encabeza este artículo. Muy lejos de dejar de ser una fenomenal máquina de alienación, la escuela ha consolidado sus aristas mas negativas. Es un (permítaseme el arcaísmo) gigantesco aparato ideológico del estado, y por añadidura aburrido. El aburrimiento en los niños con respecto a la escuela crece en forma proporcional a su paso de los grados inferiores a los superiores. Para sostener mi afirmación no necesito argumentos teóricos, como padre he observado como mis dos hijos progresivamente pasaban de un interés total por concurrir a clases a enfermarse con tal de poder faltar (y eso que soy un padre permisivo que le permito ordenar su calendario escolar y faltar cuando quieren).
El síntoma aparece como una forma inconsciente de manifestar su rechazo por todo lo que la escuela significa. Cada queja de Ana (como ayer lo hacía Nicolás) me recuerda mis propias quejas. La escuela es solo un espacio de sacrificio, con gigantescas cantidades de tareas para el hogar que hacen que los padres no sepamos si los chicos aprenden en la escuela o lo hacen en casa. ¿Por que los niños salen en tropel en los recreos, igual que lo hacíamos nosotros?. Es que acaso  consideran que deben dejar ese lugar tan divertido y placentero que es la clase y autoflagelarse con ese espacio, pequeño espacio de libertad vigilada (ya que siempre está sobre los niños la mirada controladora de alguna docente) que es el recreo?.
No es más lógico pensar que están escapando al corset que a su creatividad, a su necesidad de investigar, de conocer, de disfrutar con  el descubrimiento de cosas nuevas les imponen esos viejos y anquilosados programas que todos los años les repiten las mismas y tediosas frases sacralizadas sobre Belgrano, San Martín, Sarmiento y otros muchos próceres de cristal.
Creo, y sé que esto molestará mucho a quienes sincera y fatigosamente ponen lo mejor de sí en la vida cotidiana de la escuela, que los docentes son también víctimas de una burocracia que privilegia el sostenimiento de las “instituciones” autocráticas y alienantes por sobre el desarrollo humano de la libertad y la creatividad de los niños. Ellos también están sometidos a esas instituciones, son en algún sentido un grupo objeto en la escuela, sin palabra y con pocas posibilidades de romper la trampa en la que la burocracia los ha encerrado.
Cierta vez, hace muchos años, un viejo y querido profesor de química de un colegio secundario elaboró una planificación disparatada, no recuerdo exactamente que decía, pero para dar una idea afirmaba entre otras cosas que la química se aprendía jugando al truco con señas. Cuando la entregó me dijo con mucha seguridad que sería aprobada. Ante mi asombro poco tiempo después vi la planificación aprobada con el sello y la firma de la vice - directora.
En no pocas oportunidades escuché las quejas de los docentes sobre la cantidad de papeles a llenar que no les permite dar clases como quisieran. La actitud de mi digno colega, si fuera imitada por todos los docentes tal vez haría que las cosas cambiaran un poco.
El cambio en la escuela o mejor dicho el cambio de la escuela no será solo el producto de las movilizaciones para conseguir aumentos salariales o mayor presupuesto educativo (lo cual todos sabemos que es muy necesario) la escuela debería además por una vez detenerse y reflexionar sobre sí misma, deberíamos preguntarnos todos los que estamos en algún nivel del sistema educativo ¿qué estamos haciendo? ¿que modelo de sujeto estamos formando?. Y esta respuesta debe buscarla en sí misma, no esperar que se la den desde afuera, ya que como dijo una vez mi viejo maestro, el Dr. Ovide Menin, si queremos que algo cambie en la escuela los cientistas de la educación, pedagogos, psicólogos, etc. deberían callar por lo menos por diez años (la frase es una versión libre mía del original de Ovide).
La escuela, mas que modernas teorías de aprendizaje, mas polémicas sobre contructivismo o reproductivismo, mas que “pensar al sujeto de la educación”, mas que teorizar sobre “que es un niño”, y muchos otros “interrogantes científicos” (cuyo debate es muy válido y es muy importante teorizar sobre estos temas), debería recuperar el profundo significado del saber cotidiano que la atraviesa, el maestro debería bajar de la cátedra, ese lugar elevado desde donde emana su saber y poder, para saber junto a sus niños, hacer realidad aquello de aprender enseñando, reconociendo que los niños enseñan aprendiendo.
Parafraseando a un historiador, deberíamos lograr que los niños puedan volver a ir a la escuela cantando, con la alegría del que va a una fiesta, del que sabe que la escuela es un refugio de libertad, tolerancia y creatividad que lo defiende de una sociedad cada vez más hostil y que por el momento privilegia el mercado a la convivencia humana.
En ese escenario estaremos creando las posibilidades de realizar muchas de las cosas que los teóricos del campo educativo preconizan sin decirnos como, “como”, esa palabra mágica que nunca he escuchado en boca de quienes tienen el poder (como los políticos) o gozan del poder momentáneo que les otorga la posesión del saber (como los intelectuales). El niño no es un humano en chiquito, el niño es un humano sin aditamentos, con derechos, responsabilidades, obligaciones, creencias, sentimientos, etc. Y como todos los humanos solo puede tener calidad de vida, solo puede crecer, cuando es libre, cuando puede hacer lo que quiere reconociendo los límites que la convivencia social le impone, pero esos límites deben ser reales, producto de necesidades auténticas, no modos de soyuzgarlo, de constituirlo en un objeto manipulable, porque la libertad antecede a los límites, en sentido psicoanalítico
podríamos decir que la libertad se rige por el principio del placer y los límites por el necesario pero no siempre simpático principio de realidad.
Los mayores sabemos que no somos libres, comenzamos a distinguir entre lo que significa vivir en democracia, en un estado de derecho (lo cual es un paso importante) y lo que es ser libres. Sabemos que no podemos gozar de la vida porque con democracia se puede comer, educar y vivir pero ello no es suficiente, el imperativo de hacer para vivir, debe dejar lugar a otro más importante y profundo, vivir para hacer. Ese hacer del que hablo está significado por la posibilidad de expandir nuestros espíritus hacia el infinito, poder hablar sin temores, disfrutar sin carencias. La sociedad actual no permite esa libertad plena, autentica, solo nos deja gozar de una libertad recortada, y por lo tanto no auténtica. Si nuestros niños de hoy pueden derramar una lágrima ante el que sufre, si pueden compartir su merienda con el que la necesita, si pueden reflexionar sobre los porque de muchos no se que de los mayores, estarán creciendo en libertad y la utopía volverá a estar a la orden del día, pero no como utopía, sino como posibilidad.
Entre lo uno y lo otro hay una brecha muy grande, es por ello que cuando mis hijos se quejan de la escuela siento que algo me duele muy adentro, porque tal vez yo ni siquiera supe quejarme. Dejemos que sean mas libres aunque ello tenga costos de indisciplina, heridas en nuestro narcisismo, dejemos que los niños tengan la oportunidad que nosotros no tuvimos porque ello es indispensable para que la escuela cambie.
Hasta la próxima

P.D.: Este artículo fue escrito en 1997 pero lo edito porque nunca lo hice y como un homenaje al pensamiento creativo de mis hijos que aún hoy no dejan de sorprenderme con su inteligencia y sagacidad.

jueves, 31 de marzo de 2011

Sobre la libertad de prensa.

En estos días en los que un grupo de trabajadores defendiendo sus derechos, ha bloqueado las puertas de la planta Artes Gráficas Rioplatenses (AGR), en la que se imprimen publicaciones del Grupo Clarín, hemos escuchado diversas opiniones sobre la libertad de prensa.
En primer lugar se discute sobre ejes falsos, pues desde  la oposición política, que se ha convertido en el vocero de los intereses del Grupo Clarín, hasta el gobierno de Cristina Fernández, hacen eje en que la libertad de prensa ha sido vulnerada, aunque mientras desde el campo opositor responsabilizan al gobierno de ser cómplice por tener una actitud pasiva frente al bloqueo realizado por los trabajadores[1], desde el oficialismo se argumenta respecto a la no responsabilidad del Estado en este incidente, y muchos miembros del oficialismo o socios políticos del mismo que se cuidan de manifestar su desacuerdo con la medida de los trabajadores y a renglón seguido argumentan, en contra del Monopolio y a favor del gobierno.
Es extraño que quienes argumentan sobre la violación de prensa, nada dicen respecto a lo acontecido en Misiones donde un periodista, Ayala, fue censurado por el mismo grupo monopólico que defienden, cuando la filial de Cablevisión (que es parte del Monopolio Multimedios Clarín) de Posadas le levantó el programa por no firmar un contrato que le impedía criticar a cualquier empresa del Grupo Clarín o a sus funcionarios.
El Grupo Monopólico Clarín en particular y los medios de comunicación de masas nos tienen acostumbrados desde el comienzo de la democracia a censurar y despedir periodistas porque comunican o comentan informaciones que no son del agrado de los propietarios de los medios.
Ejemplos hay muchos, valgan algunos botones para muestra. Recordemos el levantamiento del programa “Lado Salvaje” que conducían Reynaldo Settecase y Maximiliano Montenegro porque no le gustó la manera de conducir la entrevista que le hicieron a uno de los propietarios del canal Francisco De Narváez, en la Provincia de Santa Fe el periodista Carlos Del Frade puede informar de los múltiples despidos que sufrió porque su manera de hacer periodismo iba contra los intereses de los dueños de los medios, y la lista de censuras en los medios y por los medios sería muy larga y ameritaría toda una investigación.
La censura no solo es hacia los periodistas, existen actores y actrices que por sus ideas políticas o militancia son censurados en diversos medios de comunicación impidiéndoles ejercer su profesión con el simple expediente de no contratarlos por no estar en línea con las ideas políticas de la línea editorial de los medios.
Los medios también nos censuran a los ciudadanos cuando no informan sobre los problemas y conflictos que nos ocurren, o cuando ocultan aspectos de los conflictos en la sociedad.
Por ejemplo el diario Clarín no informa sobre cuál es el conflicto que llevó a que los trabajadores bloqueen el acceso a sus plantas, porque eso sería poner de manifiesto que el Sr. Magnetto y sus cómplices violan los derechos de los trabajadores al impedir que se organicen gremialmente en comisiones internas para defender sus derechos laborales, y lo que es peor, como incumple AGR, las disposiciones judiciales de reincorporar a los miembros de la comisión interna despedidos por su militancia gremial.
Acá es donde los argentinos tenemos que debatir el fondo de la cuestión, ¿que es la libertad de prensa?, y ¿Cómo se relaciona con derechos humanos elementales como el derecho al acceso a la información, los derechos gremiales, etc.?
Recurramos a uno de los importantes políticos de comienzos del siglo veinte, Vladimir Ilich Ulanov (Lenin) quien decía que bajo el sistema capitalista y en la democracia representativa burguesa, la libertad de prensa no es otra cosa que la libertad de los medios de prensa para editar sus ideas.
En argentina desde siempre el periodismo sostuvo un maridaje muy confuso con la política. Los grandes periodistas durante el Rosismo utilizaban los medios de prensa para acometer contra Rosas, quien le contestaba desde otros medios de prensa y cuando esto no era suficiente con sus Mazorqueros.
Durante el siglo XX se construyó el mito del periodismo objetivo, una suerte de ente aséptico, que informaba desde un lugar social signado por la neutralidad informativa. En toda sociedad de clases el periodista como actor social, no es neutral, siempre tiene relaciones de compromiso con algún sector de la sociedad, los periodistas responden y escriben en función de su ideología, que está en función de los diferentes intereses de grupos económicos que luchan en el seno de la sociedad.
El periodista puede tener mayor o menor verosimilitud, pero ello estará en relación con la cercanía o lejanía de su pensamiento con el de sus lectores. Tomo un ejemplo personal, desde 1970 leía  el diario Clarín, tenía una cierta confianza en la verosimilitud de la información, y erróneamente creía que Clarín era un diario más  objetivo que los demás, desde la crisis del campo por la resolución 125, comencé a dudar cada vez mas de este medio y actualmente ni siquiera puedo leerlo “de ojito” en algún bar de la ciudad porque Clarín ha manipulado la información de tal manera que muchos de los que lo leíamos ya no creemos ni en su pronóstico del tiempo. Hoy compro otro diario, más afín a lo que pienso, Tiempo Argentino, y en sus páginas encuentro un nuevo motivo para leer las noticias, sin pensar que este es un periódico objetivo y sabiendo que defiende los intereses del gobierno central. Mi paso de un periódico a otro tuvo que ver con cuestiones estéticas, literarias pero fundamentalmente con un mayor acercamiento ideológico con este último.
Pero cuando me sumerjo en Tiempo Argentino observo que en sus páginas solo encuentro las opiniones favorables a la política oficial, por lo que me encuentro con un medio de información tan monolítico como el Monopolio Clarín, solo que con otro signo político.
A esta altura de mi reflexión surge la pregunta: ¿si todos los medios están comprometidos con alguna línea de pensamiento que circula en la sociedad, como podemos informarnos?
Cornelius Castoriadis decía que los seres humanos debemos luchar por la autonomía. Frente a una sociedad heterónoma que nos impide fijar nuestras propias normas como colectivo social y nos obliga a planificar nuestras vidas mediante normas dictadas por otros, ajenos a veces a la sociedad e incluso a nuestro tiempo histórico, la autonomía nos convoca a desarrollar un pensamiento propio. Para ello debemos apoyarnos en una de las cualidades más humanas, la que nos diferencia claramente del resto de las especies animales[2], la imaginación radical. Esta es la cualidad que nos permite tener un pensamiento crítico reflexivo y que nos posibilita evaluar toda la masa de información seleccionando aquella que es más adecuada a nuestras necesidades e intereses.
Podemos leer Clarín, La Nación, Tiempo Argentino o Página 12, pero si usamos la crítica desde la perspectiva de la autonomía podemos reinterpretar los contenidos en clave de nuestros intereses personales y colectivos.
No se trata de ser pro gobierno o anti gobierno, sino de tener ideas propias, de producir criterios autónomos, de no correr tras la manada, siendo individuos intelectualmente productivos, insertos en un colectivo social.
La segunda cuestión que surge es ¿se puede cambiar la situación actual? Creo que sí pero es necesario reformular y profundizar el concepto de libertad de prensa. Comenzando por lo que decíamos más arriba, leer críticamente toda la información de la que disponemos, formular nuestros propios criterios sobre los sucesos, no comprar las operaciones de prensa de cualquier lado que vengan, es un paso adelante en ese sentido.
Pero como esto es insuficiente, debemos trabajar por aumentar los límites de nuestro derecho a la información y la calidad de la información que recibimos.
La ley de medios de prensa tan cuestionada por los grupos comunicacionales monopólicos es un aporte, pero muy pequeño. Decimos que un aporte porque tiende a redistribuir la propiedad de los medios en la sociedad, pero mantiene la propiedad privada sobre los medios de comunicación de masas y la potestad de los propietarios de determinar los contenidos de esos medios.
Es necesario ampliar derechos como el “Derecho a réplica”, y a la vez mejorar la estabilidad laboral de los periodistas. Estas dos cuestiones le quitarían a los dueños de los medios el monopolio sobre lo que se dice en ellos, ya que según el primer derecho, cualquier persona que lo desee debe tener espacio en los medios para contestar aquello que a su entender lesiona sus intereses o creencias, y según el segundo se impediría que los dueños de los medios usen estos para su único usufructo sin tener en cuenta el otro derecho al que hacíamos mención, el derecho a la información genuina y transparente.
Se nos podría objetar que este planteo limita la “libertad de prensa”. Es cierto limita el derecho de los propietarios a publicar lo que les antoja, aun cuestiones francamente mentirosas, o a ocultar información, pero amplia el derecho a la información de todos los ciudadanos y la transparencia informativa, colocando la información como herramienta de desarrollo del pensamiento político y social.
Mas profundo aun sería que el derecho a la información transparente y de calidad sea tomado como una política de Estado, de manera tal que la sociedad cuente con medios de información colectiva que promuevan la participación y el debate ciudadano.
Esto ya ocurre en nuestro país, aunque limitadamente con los canales estatales (canal 7 y Encuentro entre otros), pero esta propuesta no implica el uso monopólico del oficialismo de turno de esos medios, sino la pluralidad participativa de todos en los mismos, y cuando decimos de todos nos referimos a periodistas, ciudadanos, políticos, empresarios, investigadores, docentes, etc.
Como vemos nuestra propuesta va mas allá de lo que preconiza el gobierno, supone la puesta en marcha de un programa de ampliación de la democracia orientado a lograr una democracia real y participativa que supere a esta democracia limitada basada en la mera representación en la que un sector social diferenciado y privilegiado de la sociedad, la capa burocrática de políticos y funcionarios del Estado, ejerce el monopolio de gestión de la cosa pública en un  esquema social en el que los ciudadanos somos convidados de piedra, y donde nuestros intereses y necesidades no son tenidos en cuenta, ya que la capa burocrática se halla al servicio de los intereses de los poderosos.
Es hora que los ciudadanos empecemos a revalorizar este título que implica la búsqueda de la igualdad, la solidaridad y la cooperación como valores de una sociedad democrática participativa y autónoma.
Hasta la próxima.


[1] Curiosamente esos mismos opositores cuando las patronales agrarias bloquearon las rutas desabasteciendo las ciudades, salieron a apoyarlos sin ver en ello un delito como ven ahora, desde su posición genuflexa frente al Grupo Clarín.
[2] Incluso más que el lenguaje o el trabajo.

jueves, 24 de marzo de 2011

En el día de la memoria

La mejor manera de recordar es discutir con el pasado. La memoria no es una copia física de la realidad. Los seres humanos “filtramos” los hechos antes de guardarlos en la memoria, y lo que queda “registrado” es una interpretación de esos hechos y no los hechos mismos. Cuando recuperamos lo pasado volvemos a “filtrar” los recuerdos en función de la situación en que vivimos, de la carga ideológica que tenemos, de factores culturales, afectivos etc.
Poe ello siempre me gustó la expresión ejercitar la memoria. Ejercitar la memoria es ver críticamente aquello que recordamos, analizarlo, ver que cosas están comprometidas en la mirada del hoy cuando recuperamos el ayer.
Por eso quiero críticamente recordar hoy a los amigos, compañeros, vecinos, que fueron víctimas de las dictaduras.
Los setenta fueron años de plomo, en esos días el movimiento estudiantil estaba colonizado por la idea de cambiar el mundo en forma rápida, violenta. Una de las frases más mencionadas era “la violencia es la partera de la historia”. Quienes no adherían a esta máxima eran tildados de pacifistas, reformistas. Era común escuchar “te pensás que la burguesía va a largar el poder así nomás, hay que arrebatárselo”. El arrebatárselo era mediante la guerra popular prolongada o la insurrección armada, según los diferentes ciento y pico de grupos de izquierda que existían y se proclamaban portadores de la conciencia de la clase obrera. Los intelectuales de izquierda, a diferencia muchos pensadores de hoy, se agrupaban en partidos revolucionarios, es así que la palabra revolución era la más usada. Existían el Partido Comunista Revolucionario, el Partido Revolucionario de los Trabajadores, los Grupos Revolucionarios Socialistas, el Partido Obrero Revolucionario, el Socialismo Revolucionario, la Línea de Izquierda Revolucionaria, etc. Hasta los militares golpistas usaban la palabra y el golpe de Onganía en 1966 se autodenominó “Revolución Argentina”.
Desde la caída de Perón la Argentina vivió un proceso de radicalización de los sectores de la Pequeña Burguesía, escena que tenía como telón de fondo la confrontación de las clases sociales y el profundo debate que ello abría.
La Universidad de los 70` era un espacio de debate total, las discusiones políticas eran tan o más importante que la propia función de formarse en las diferentes profesiones.
Los estudiantes en particular y la juventud en general se debatían en controversias francas, honestas desde la posesión de determinados ideales y teorías. Creíamos en lo que pensábamos, hacíamos lo que creíamos. El movimiento estudiantil se caracterizaba, más allá de las diferencias, por los lazos de solidaridad, afecto, respeto que unían a los militantes de las diferentes fracciones, al final de un día o al terminar alguna de las maratónicas asambleas que se hacían, con mucha frecuencia era muy común que fuéramos al bar Odeón o nos paráramos en la puerta de la Facultad para continuar el debate que había empezado antes y seguiría después.
Recuero que en un pasillo vivíamos militantes de diferentes grupos de izquierda y los sábados a la noche nos reuníamos a compartir un magro asadito en el que la principal diversión era discutir sobre tácticas y estrategias políticas
El militante de los 70/ era arrojado, temerario, no tenía miedo a nada ni a nadie, porque su vida no importaba, había una suerte de culto al sacrificio personal, aquello de morir por los ideales fue tallado a sangre y fuego en los jóvenes corazones de ellos.
El debate de las ideas cubría todos los espacios vitales de los militantes, hasta las famosas peñas en las facultades eran un espacio de práctica política.
Éramos muy responsables, la primera indicación a los compañeros que estudiaban, era que debíamos ser los mejores estudiantes, los más destacados para dar el ejemplo a todos los compañeros, para que ellos nos creyeran y fundamentalmente para dar el debate con las ideas reaccionarias que germinaban en algunos estudiantes impulsadas por los discursos de los profesores adictos al régimen.
En las manifestaciones callejeras, los principales dirigentes encabezaban las columnas tomados del brazo, una primera línea compacta para confrontar con los represores. El referente era el más responsable y mas jugado del grupo político, a él se le exigía más que a los demás y era frecuente que él mismo se auto exigiera.
Otra de las ideas principales era la autocrítica, ese movimiento de volver la crítica hacia uno mismo, de confrontar las ideas con los sucesos y reformular tácticas y estrategias.
 La izquierda estudiantil y obrera de los setenta no era un dato menor, después del rosariazo, el Cordobazo, el vivoraso, de los sucesos de Roca y Malargue, las ideas socialistas revolucionarias se expandieron rápidamente y los diferentes grupos socialistas crecieron en número de organizaciones y cantidad de militantes, la llamada izquierda comenzó a fraccionarse en cuatro campos nítidamente definidos: el campo nacional y popular que más tarde sería hegemonizado por los montoneros y su brazo político la J.U.P., la Izquierda Reformista que no aceptaba la lucha armada y planteaba la lucha por la democracia para cambiar el país, sector que con diferencias encolumnaba a los diversos grupos de viejo Partido Socialista Argentino y al Partido Comunista, la Izquierda Revolucionaria que se había constituido a partir de la ruptura de los grupos tradicionales de la izquierda y de los Partidos Burgueses como el Radicalismo y el Peronismo, y cuyo eje central era la lucha contra el imperialismo como paso a la construcción socialista y finalmente un desprendimiento de este último bloque que se autodenominaba Izquierda Socialista que sostenía que Argentina era un país capitalista independiente y que lo que había que hacer era luchar por un gobierno obrero.
La izquierda no supo enfrentar la democratización del país y en democracia naufragó por la falta de política y poco a poco fue minimizándose, las organizaciones armadas ya habían sido casi desmanteladas a fines de 1975 y lo poco que quedaba fue arrasado por la represión en el primer semestre del 76.
Los sectores de la derecha cavernícola argentina no quisieron arriesgar más, y los civiles junto a los militares trazaron un  cuidadoso plan de exterminio de todo sujeto que enunciara un comentario crítico hacia el sistema. Fueron secuestrados, torturados, asesinados en el marco de un Estado Terrorista, miles de personas, militaran en una organización política o no, porque entre los mártires de los setenta habían militantes de diferentes agrupaciones políticas, pero también obreros que participaban de luchas reivindicatorias, personas que sufrieron la represión por tener un conocido o amigo que militaba, madres que buscaban a sus hijos, e incluso disconformes o críticos a la dictadura como ocurrió con empresarios, diplomáticos que cayeron producto de las “internas” del régimen.
Hoy que aquel mundo bipolar de los socialismo reales y los países capitalistas (EE.UU. vs. U.R.S.S) ha desaparecido, los escenarios políticos son muy diferentes y los discursos también. Algo inimaginable en los setenta, que militantes de organizaciones armadas de izquierda o sindicalistas combativos fueran elegidos presidente por las urnas, ocurre, véase los casos de los presidentes brasileros Dilma Rousseff. Ignacio Lula Da Silva, el uruguayo José Mujica. La chilena Michelle Bachelet o el boliviano dirigente cocacolero Evo Morales.
Muchas cosas que en los setenta no imaginamos, hoy son posible, muchas de las acciones que realizamos o fueron vanas o no nos llevaron a buen puerto. El mejor homenaje a los caídos durante la dictadura es ejercitar críticamente la memoria, para que las nuevas generaciones no cometan los mismos errores y para que podamos ir cambiando sin pausa, pero sin prisa el mundo en el que vivimos, tanto ecológica, como política  y socialmente.
En los setenta pensábamos que sacrificar nuestra vida, inmolarnos por la causa era la mayor muestra de amor a la humanidad y nos lanzábamos a la hoguera de la lucha política que consumió a miles de jóvenes activos, críticos, si ellos estuvieran con nosotros tal vez la historia sería distinta. Lo importante es luchar por la vida, conservar la propia porque solo vivos podemos aportar al cambio social, muertos no cambiamos nada. Vivos podemos debatir con el vecino, con el compañero de trabajo, con los funcionarios, podemos construir empresas autogestionarias, organizaciones no gubernamentales para trabajar codo a codo con los sectores vulnerables, sin diferencias ni estigmatizaciones. Hoy es importante recordar que el enemigo no es ese militante de otra organización, o aquel que piensa distinto, sino los fascistas y mafiosos que como el huevo de la serpiente estas acá en nuestro hogar, la Argentina. Si bien la derecha más recalcitrante ya no enuncia un discurso de exterminio, pero sigue pensando igual, sigue intentando someternos para sacarnos hasta la última gota de sangre, para lograr mayores beneficios, sino vean lo que hacen las patronales agrarias explotando y oprimiendo a los trabajadores rurales en contubernio con aquellos que dicen ser sus defensores. Ellos, los asesinos, no están derrotados y aunque hoy enuncien un discurso con “tintes sociales” y hablen de los pobres hipócritamente, siguen con su avaricia económica buscando más beneficios y su sed de sangre para eliminar a todo los que puedan siquiera amenazar su futuro de privilegios y parasitismo social.
Ejercitar la memoria por el golpe y los desaparecidos es comprometernos a luchar para que no vuelva a pasar, para que la democracia sea cada vez más fuerte, bregar por ser más solidarios y cooperativos, luchar contra todo tipo de discriminaciones, por la ecología del planeta y para ello, amigos míos, tenemos que luchar por la vida y vivir para poder luchar.
Hasta la próxima.

sábado, 19 de marzo de 2011

Sobre la representatividad.

Después del recreo que implicaron las últimas entradas del blog, volvamos a la filosofía política.
Tomo una charla cotidiana en una Facultad. Una persona dice a otra “No vamos a permitir que elijan Decano a otra persona que no sea la que queremos nosotros, porque somos mayoría entre los estudiantes de la Facultad.”
Cuando escuché la frase me resonaron las voces que debatían en la Facultad en los años 70`, en esos años eran frecuentes los debates acerca de quién representaba el interés de la clase obrera. Existía una multiplicidad de partidos de izquierda, que se arrogaban ser desde el embrión hasta el partido de la clase obrera. Todos sostenían que los obreros debían tener un partido que represente a sus intereses y se postulaban para el cargo.
En general este era un debate al interior del campo marxista, ya que era esta la teoría que enunciaba la necesidad de pasar del capitalismo al socialismo y de allí al comunismo por vía de la acción revolucionaria y violenta llevada a cabo por el sujeto revolucionario (la clase obrera) conducido por su partido de clase.
El problema era que había más partidos de la clase obrera que obreros, allí se agolpaban en las discusiones para dilucidar quien representaba genuinamente los intereses de los obreros, organizaciones más o menos numerosas tales como: el Partico Comunista Revolucionario, el Partido Comunista, el Partido Obrero, el Partido Obrero Revolucionario, el Partido Obrero Revolucionario de los Trabajadores, el Partido Revolucionario de los Trabajadores (El combatiente), el Partido Revolucionario de los Trabajadores (La verdad), Vanguardia Comunista, el Socialismo Revolucionario, los Grupos Revolucionarios Socialistas, la Línea de Acción Revolucionaria, el Partido Socialista Popular, el Partido Socialista Auténtico, el Frente de Izquierda Revolucionaria, etc., etc., un amigo muy obsesivo que llegó a contar los partidos y embriones de partidos de la clase obrera cuenta que contabilizó más de cien y le faltaron muchos que ni conocía.
Ahora bien, la mayoría de estas organizaciones se reclamaban marxistas y decían representar los intereses obreros, y que sus ideas constituían ni más ni menos que la ideología del proletariado. Pero casi todos, por no decir todos, los dirigentes de estas organizaciones eran parte de lo que ellos mismos denominaban la pequeña burguesía, provenían de familias de clase media con buen nivel de vida, eran en su mayoría profesionales o estudiantes universitarios, y la gran mayoría de ellos hoy viven en countries, barrios de clase media y disfrutan de una posición económica cuanto menos holgada, y dentro de vida cotidiana de estas personas, las ideas de izquierdas suelen ser un buen motivo para reunirse y contar anécdotas de militancia pasada. Algunos, mas nostálgicos de la política adscribieron al Alfonsinismo Radical de los ochenta, al Menemismo de los noventa o al Kischnerismo de comienzos del milenio (recuérdese por ejemplo quienes conformaron el Grupo Esmeralda, que elaboró el discurso progresista que Alfonsín enunció en Parque Norte en los 80´, o algunos gobernadores actuales y tantos otros que militaron y militan como asesores, diputados, etc. de esos partidos habiendo pasado antes por esa izquierda revolucionaria.
Cómo funcionaba la lógica discursiva de estos actores sociales para que, un miembro de una clase social, pudiera considerarse líder y conductor de otra.
En primer lugar diré que esto no es nuevo, por ejemplo Moisés, que condujo según la biblia, al pueblo judío a la tierra prometida no era ni más ni menos que un príncipe egipcio[1] miembro del antiguo linaje monoteísta del Faraón Amenhotep, que luego tomara el nombre de Akenatón, para proclamar la existencia de un solo dios, Atón.
Los judíos siguieron a Moisés en busca de la tierra prometida como si fuera uno de ellos
Volvamos a nuestro tema, pareciera que la lógica discursiva sería esta, existe una propiedad sustancial y material de la vida en sociedad, la conciencia[2], que es susceptible de ser elaborada por fuera de los grupos que son portadores de la misma.
Los grupos que se constituirían en sujetos históricos del cambio social, serían a la vez grupos objetos, que deben comprender su destino histórico a través de la producción de sentido realizada por lo que Antonio Gramcsi, denominó los intelectuales orgánicos de clase.
Como determinan estos intelectuales orgánicos que ellos y no otros son los que enuncian la conciencia revolucionaria de la clase obrera, pues bien, la cuestión es sencilla, si uno lee “Del socialismo utópico al socialismo Científico[3], los marxistas se constituyen en los portadores de la conciencia proletaria por cuanto disponen del método científico para analizar la realidad, el Materialismo Histórico, la posesión del método hace que todos sus análisis sean objetivos, y por lo tanto son los únicos que pueden enunciar el desenvolvimiento histórico social. Siguiendo a Grancsi podríamos agregar que los marxistas son los intelectuales orgánicos de la clase obrera y que por lo tanto los partidos comunistas que los agrupan, se convierten en la organización de los intelectuales revolucionarios.
Con este curioso artilugio dialéctico un sector de la pequeña burguesía jacobina se constituye en la guía de los obreros en su lucha por l construcción del socialismo. Quien es que autoriza este espacio de representación de estos intelectuales, pues ni más ni menos que ellos mismos, que habiendo estudiado el marxismo son portadores del método científico para analizar objetivamente la realidad.
El problema es que no existe una realidad, ni tampoco una realidad objetiva, la realidad es una construcción que cada sujeto social realiza en función de la información que dispone, las herramientas con que cuenta para analizarla, la formación que posibilito que posea esas herramientas y los intereses individuales y sociales que sostienen la organización de su pensamiento.
Habrá tantas realidades como sujetos puedan pensar la experiencia y lo que denominamos “realidad” es la resultante del intercambio de todas esas maneras de analizar el entorno mediato e inmediato. Por lo tanto esa realidad, que denominamos objetiva, no es más que una construcción subjetivamente organizada en el espacio social del intercambio entre los seres humanos.
Un ejemplo simple pero ilustrativo, para un turista las montañas o las sierras constituyen un paisaje en el cual se siente transportado a la naturaleza, para un residente de las mismas puede no ser más que el lugar en el que vive, así como la ciudad no es para el turista antes referido, un paisaje, sino el lugar en el que vive, y puede serlo para el visitante ocasional que reside en las montañas o las sierras.
Lo interesante es que en la U.R.S.S. todas esas personas que compartían el método científico terminaron exterminándose unas con otras y sobrevivió el más fuerte, Joseph Stalin, y lo mismo ocurrió en todos los experimentos socialistas que se realizaron en los últimos cien años, lo que no significa desvalorizar o rechazar los principios que el socialismo tiene, los logros alcanzados por estos experimentos y los valores que a lo largo de su corta historia desarrollaron en los respectivos colectivos sociales.
La revolución francesa fue importante no solo porque derrocó a la monarquía en Francia, sino porque extendió el pensamiento liberal construido en los siglos XVI, XVII y XVIII a toda Europa exportando las instituciones democráticas a los puntos más apartados del planeta.
Estos dos movimientos del pensamiento, la democracia liberal y el ideario socialista, no son antagónicos, por el contrario son complementarios, y representan el punto más alto de la evolución del pensamiento humano que tiene como antecedentes históricos la filosofía griega de los siglos IV y V.
Pero ningún pensamiento lleva dentro de sí el carácter de verdad, ni constituye el fin último de la historia, la humanidad evoluciona en forma continua y no en forma lineal, con avances y retrocesos, a altos puntos de civilización los interrumpe la barbarie como por ejemplo los genocidios del siglo XX[4] en plena vigencia de la democracia liberal.
En este encuadre es que debemos ver la cuestión de la representación y su relación con la democracia. No existe una sola forma de democracia, lo que tenemos en general en los países occidentales y por supuesto en Argentina es una de esas formas que denominamos democracia indirecta o representativa, al decir de nuestra constitución, “el pueblo no delibera ni gobierna sino a través de sus representantes”. En el ciudadano no reside la soberanía de gestión, sino la soberanía de representación, es decir que Ud. cuando vota no gobierna sino que escoge a quien va a gobernar en su nombre. Ni siquiera otorga un mandato preciso a su representante, por cuanto ningún gobernante está obligado a cumplir lo que promete en campaña, y más aun muchas veces hace cosas que nunca prometió.
El representante no se compromete a nada con su electorado, puede votar, en el gobierno central o en el parlamento lo que le plazca, aun cuando haya prometido lo contrario y al fin de su mandato no rinde cuentas a nadie, más aún la generalidad de los ciudadanos no sabemos que es lo que votó la persona que dice representarnos.
Analizando un poco más en profundidad el sistema electoral de nuestro país, el ciudadano vota listas completas, lo que significa que vota a personas que no conoce, nunca escucho lo que piensa hacer si son elegidos y nunca le van a rendir cuentas. Y si Ud. ciudadano piensa que puede participar de una contienda electoral y proponerse para un cargo público cualquier persona, está muy equivocado, puesto que para poder participar tiene que hacerlo dentro de esas listas sábanas y ser miembro de algún partido legalmente reconocido. Esto último es muy importante, porque si un grupo de ciudadanos se reúne para acceder a la gestión, no necesariamente quiere decir que va a poder hacerlo, ya que para poder participar en una contienda electoral un partido debe tener reconocimiento legal es decir cumplir con los requisitos de la ley electoral que entre otras restricciones fija que los partidos políticos para poder participar en la siguiente elección, tienen que lograr un piso electoral mínimo que los habilite.
En conclusión la democracia representativa constituye un filtro a la participación en la gestión de la “Res-pública” de los ciudadanos, permitiendo establecer controles para que el poder de gestión y los privilegios sean defendido por un sector especial del colectivo social de un país, la burocracia de gestión, seleccionada desde adentro de los partidos políticos y formada por los mecanismos internos de sujeción ideológica de esos conglomerados.
¿Que otras formas de democracia podrían existir?, son varias, pero la que más nos interesa es la democracia directa. La democracia directa, que una cierta corriente de pensamiento erróneamente asimiló con las experiencias llamadas del socialismo real[5], consiste en la gestión de los intereses comunes a través de formas decisionales que se basan en el libre y autónomo ejercicio de la democracia de manera directa. Es la asamblea de ciudadanos reunidos en lo que los griegos denominaban la Ekklesia, la que toma las decisiones por mayoría.
La democracia directa implica la anulación de la representación y la reivindicación de la autonomía, el ciudadano no posee intermediarios, es él el que toma las decisiones y en los casos más extremos el que las ejecuta. Supone la eliminación de la sociedad heterónoma en la que el sujeto es sujetado por normas externas a él no solo físicamente, sino en la mayoría de los casos históricamente, por cuanto nos sometemos a normas establecidas, en no pocos casos, por los miembros de una o varias generaciones anteriores a la nuestra. Habilita la construcción de una sociedad autónoma, regida por normas votadas por los propios sujetos de las instituciones, normas que surgen de la voluntad y el debate entre pares y que son anuladas por ese mismo método de discusión y gestión.
Un lugar común es la crítica que se realiza a esta manera de tomar decisiones, argumentando que ello solo es posible en comunidades pequeñas. En primer lugar debemos decir que aun en comunidades pequeñas, como lo es por ejemplo una Facultad de una Universidad se usa la democracia representativa y los Decanos y demás autoridades, son elegidos en forma indirecta, ni siquiera por el voto directo de los actores universitarios, y en segundo lugar la democracia directa habilita pensar e imaginar al país desde una perspectiva estructural que va mas allá del paradigma federal imperante por ejemplo, en nuestro país.
Supone autonomizar los municipios, transferir todos los servicios y responsabilidades al Estado Municipal, en los grandes conglomerados federalizar esas comunas en varios municipios, en los cuales sea posible la gestión colectiva de la cosa pública. Se puede conjugar esta forma de tomar y ejecutar decisiones con formas federales que articulen y organicen el Estado Federal de manera de garantizar la equidad entre las diferentes unidades territoriales y el desarrollo autónomo pero homogéneo.
Vistas estas dos formas de democracia, no quiero cerrar este dialogo sin tocar el tema de la representación desde la perspectiva de la conciencia y los peligros que ello conlleva. En la década de los 70` era frecuente que los diferentes grupos de izquierda argumentaran la necesidad de la violencia y la toma del poder por la vía armada para construir la nueva sociedad socialista, para ello se autodefinían como representantes legítimos de los intereses de los sectores más vulnerables.
Más allá del debate que supone pensar que medidas económicas y sociales es necesario tomar para lograr la igualdad, y más aún que tipo de igualdad propugnamos, lo que estos grupos a los que nos referimos, tenían como fuente de legitimación de su conciencia de auténticos representantes de los sectores más desfavorecidos de la sociedad, era su propia representación, es decir, representaban los intereses progresivos de la sociedad porque ellos, a través de su análisis “científico” lo habían decidido, y el uso de la violencia los constituía en un grupo social diferenciado que buscaba imponer en forma autoritaria un modelo social al conjunto. No existe ningún grupo que pueda arrogarse la representación de una fracción de la sociedad (una clase por ejemplo) y menos aún de toda la sociedad, porque las colectividades humanas (sean estas países, barrios, grupos étnicos, etc.) son esencialmente heterogéneas, están constituidos por representaciones comunes o imaginarios colectivos, pero también por intereses y percepciones diferentes de ciudadano a ciudadano, de grupo a grupo, de clase social a clase social.
Cuando en una organización, colectividad o país un grupo no puede definir las diferentes posiciones a su favor, necesariamente no es mayoría, porque el resto aunque se constituya por sujetos que piensen diferentes se conforman en una mayoría circunstancial, y el hacer democrático define que esa mayoría circunstancial[6] es la que decide.
Y si algún grupo no está de acuerdo con las normas establecidas para tomar las decisiones, debe tratar de lograr una mayoría circunstancial que permita cambiar en ese momento histórico social esas normas.
Porque en definitiva, amigo mío de eso se trata la democracia, de debatir y tomar decisiones que luego pueden ser cambiadas por nuevos consensos.
Hasta la próxima.







[1] No quiero decir que esta sea la única interpretación pero existen muchos trabajos en esta línea de pensamiento uno de ellos de Sigmund Freud: Moisés y la religión monoteísta que incluso habla de más de un Moisés en la Mesopotamia.
[2] No nos referimos a la conciencia individual que es una propiedad emergente de la materia, el cerebro que se localiza en la corteza cerebral con una funcionalidad que le otorgan las redes neurosemánticas, sino a la conciencia social o de clase.
[3] Engels F. (1973) Del socialismo utópico al socialismo científico. Marx y Engels obras completas. Ed. Ciencias del Hombre. Bs As.
[4] Por ejemplo el genocidio del pueblo armenio, el holocausto judío etc.
[5] En países capitalistas como Suiza se desarrollan en los cantones experiencias de democracia directa, mientras que en los países del socialismo real la forma democrática fue la de democracia indirecta, es decir los ciudadanos votan por un representante que se autonomiza del colectivo una vez elegido..
[6] Todas las mayorías son circunstanciales duren más o menos tiempo.

sábado, 12 de marzo de 2011

Don Agilio.

El bondi se desplazaba con lentitud en la tibia mañana de primavera, le resultó extraño que se detuviera tan cerca del cordón, distraídamente miró hacia la puerta y vió a dos ancianos trepando trabajosamente por la escalera delantera. Sin saber por qué, o tal vez sí, dos palabras tomaron por asalto su mente: Don Agilio.
El nombre había sido el producto de un apresuramiento del empleado del registro civil que no entendió al nono cuando fue a anotarlo como Egideo, pero él exhibía con orgullo aquel nombre que casi no existía en el país.
Fue un hombre épico, pero su existencia no fue narrada en texto alguno; tampoco se ocuparon de él la televisión, los diarios o la radio.
No conquistó regiones, no construyó imperios, no liberó países.
Si bien no fue actor, ni político, y por ello no formó parte de la farándula, hizo mucho más de lo que se le podía pedir a un ser humano: dio su vida por lo que quería.
La entregó a jirones en sus interminables viajes por ignotos pueblos, a los que llegaba con su carga de alegría y optimismo, en bicicleta, moto, jeep o en el renolcito rojo.
Recorrió casi todo el país y derramó en cada rincón su jovialidad y vitalidad.
También bailó sobre las mesas en noches de milonga y vino.
Cosechó muchos amigos, no se le conoció un solo enemigo, plantó muchos árboles, aunque no llegó a escribir un libro, sean por ello estas líneas un tributo que pretende completar esta carencia y por sobre todo perpetuar su memoria.
Los mass media nunca se ocuparon de él, tal vez porque como los millones que día a día, con su esfuerzo sostienen la realidad, no fue noticia.
No ganó la lotería, aunque por años, cada semana, compraba el 24613, con esa esperanza que oprimía nuestros corazones y los desgarraba cada sábado cuando retornaba del centro silenciosamente porque el maldito número no había salido.
No quiso ser político, nunca le interesó; por sobre todas las cosas era un hombre honesto, decente y trabajador, cualidades que generalmente no se encuentran entre los políticos.
Nunca tuvo a su lado vedettes o arribistas, pero sí una mujer que lo amó y cuatro hijos que lo adoraron, a los que cuando partió les dejó tan sólo su idea de la decencia y su querido recuerdo, lo cual no fue poco.
Nació con la radio, cuando el cine divertía sin palabras y Buenos aires era una gran aldea en cuyas calles compartían el tránsito tranquilo carros con caballos y esa curiosa novedad, el automóvil, que con el tiempo llegaría a ser peor que las siete plagas que asolaron a Egipto.
Cuando su madre lo acunaba lamentándose que a sus cuarenta y dos años era tan vieja que no lo vería crecer y se preguntaba por qué Dios era tan injusto enviándole su primer hijo varón recién ahora, miles de su misma condición social comenzaban a morir luchando por una vida mejor a la salida de los Talleres Vasena, durante la semana trágica, o en la ignota y lejana Patagonia rebelde.
A los nueve años ya era el hombre de la casa, su padre partió prematuramente en ese invierno de 1928, dejando una viuda y seis hijos, cinco de ellas mujeres.
Desde joven fue un hombre de honor, en el buen sentido del término, como lo fue su padre, aquel tano trabajador venido de Italia a finales del siglo XIX, que abandonó el taller ferroviario  porque un capataz lo acusó de robar una herramienta, y nunca volvió, aunque más tarde se supo que era inocente.
El honor, en esos días, según sabía contar, era el único patrimonio que tenía un pobre y por lo tanto se defendía hasta con la vida, no como hoy que las manchas al mismo suelen ser mostradas como grandes logros.
Para Ettore Pío el honor era un bien tan preciado que prefirió morir en la pobreza, antes de volver allí dónde habían dudado de él.
A su turno Don Agilio, con sus casi quince años, prefirió clavar una lima sin mango a escasos centímetros de la cabeza del deslenguado profesor que lo acusó de robar y no volver nunca más a la Escuela de Artes y oficios, aún cuando el “conejo” Diana, el eterno regente del establecimiento le pidiera disculpas y lo invitara a regresar.
A los dieciocho años entró en la Sudan y nunca más se fue. Vivió toda una vida para la empresa que sentía como propia, más aún cuando en 1948, Perón la convirtió en patrimonio del Estado renombrándola como Agua y Energía Eléctrica de la Nación.
Había que ver la alegría y el orgullo que tenía cuando su vástago mayor siguió su camino y se incorporó a la empresa para continuar lo que él por décadas había construido. Lastima que el menor se descarrió y prefirió ser Psicólogo rompiendo con la incipiente tradición familiar.
En 1941 el destino quiso que recalara en un pequeño pueblecito de la Provincia de Santa Fe, San José de la Esquina, que bajo la denominación de San José de la Guardia o el Fortín, había participado de la línea defensiva de la “civilización” para resguardarse de la “barbarie de los salvajes infieles” que en malón solían asolar los pagos que se hallaban cerca del llamado desierto.
Allí conoció a Clemencia, con la que compartió 58 años de vida. La vió, se enamoró y nunca existió para él otra mujer.
Es una pena ver tantas historias de amor en los cines; Marco Antonio y Cleopatra, Salomón y la Reina de Saba, Romeo y Julieta, Harry y Sally, Bonnie and Clyde, y que ésta no haya sido registrada, aún cuando,  como miles de millones que existieron y existen en la historia de la humanidad, fue mas intensa, real y duradera que las que inmortalizó el celuloide del Séptimo Arte, pero que, por cotidiana no mereció ser filmada.
La vida cotidiana que sostiene a la civilización no reviste ningún atractivo que la haga merecedora de ser narrada. Pero, y ésta es su revancha, genera historias más reales, dulces y cálidas, aunque no contengan ese ingrediente que moviliza la curiosidad obscena de los humanos, o produzcan el morbo estimulante del voyeurismo que encontramos en el “affaire” de una vedette con un político, en la separación de un presidente, o en cualquier otro escandalete farandulesco.
Nunca lo invitaron a su programa Grondona, Neustad, Lanatta, Aliverti, Mirta, o cualquier otro de esos periodistas qué, aunque se esmeren por parecer distintos, en lo fundamental son iguales, todos viven de la noticia, esa curiosa construcción apócrifa de la realidad, que bajo la invocación a la “verdad” es contada según los intereses de cada uno, pero con el mismo objetivo globalizador, sostener esa pequeña o gran cuota de poder que les permite continuar con su placentera y célebre existencia virtual, mientras su esencia y sentimientos se desplazan, ocultándose de la mirada indiscreta y peligrosa de rivales y tevescuchas.
Tuvo su momento bohemio o gitano, según sea el ángulo desde el cual se lo mire, y mientras pudo con su pequeña tribu fue de pueblo en pueblo, pero cuando la carga aumentó en número recaló en otro pequeño pueblito, esta vez en la provincia de Buenos Aires.
Nuevamente el destino caprichoso y lacerante, lo colocó ante la disyuntiva de ser el mismo, manteniéndose fiel a sus ideas y principios, o pasar por las horcas caudinas, que en aquellos violentos años cincuenta, había instalado un peronismo con ambiciones hegemónicas e intolerantes.
Tenía que elegir entre mantener el bienestar y la comodidad o renunciar a su dignidad de hombre libre, agachando la cabeza ante las demandas del poder, y como muchos en esos días, afiliarse al partido, o ser castigado por el régimen.
Aceptó estoicamente el castigo y abandonó el cargo que con tanto trabajo y dedicación había obtenido, volvió al llano en la empresa que tanto amaba y si no fue brutalmente despedido, fue porque el golpe del 55’ desalojó al peronismo del gobierno.
Nunca pensó en la venganza, ello no se correspondía con esa esencia de hombre bueno y equilibrado que se trasuntaba en un rostro afable en el que no se distinguía ni una arruga.
Siguió trabajando, haciendo lo mejor que podía y más aún. No se desvivía por el ansiado ascenso que lleva a muchos a vender a sus compañeros por dos monedas de plata o un carguito.
Pero no debe confundirse la mesura de sus expectativas con la resignación frente a la vida. Siempre encontraba algo para hacer, buscaba permanentemente mejorarse, crecer espiritual y materialmente.
Alguna vez fue un curso de armador de radio por correspondencia, otra fue la búsqueda de algún dispositivo ingenioso o una idea nueva en Mecánica Popular, como testimonio de ello quedan en su casa una radio que nunca alcanzó a capturar ninguna estación pero que si atrapaba nuestra curiosidad cada vez que se acercaba para hacerla andar, y la colección de revistas que por años estuvo almacenada en el viejo mueble del comedor reemplazado cundo se renovó el mobiliario.
Hombre inteligente, de una practicidad increíble, podía saber por qué ocurrían los desperfectos eléctricos mejor que un ingeniero, aunque no pudiera dar cuenta teórica de ello.
Aún permanece en el recuerdo la imborrable sonrisa de orgullo que mostraba ese señor apuesto y atildado, cuando erguido y galante entró a la iglesia para entregar a esa bella adolescente – mujer a su “nuevo dueño” en una ceremonia tan ancestral como mágica que renueva en cada ocasión un pacto entre sexos que reconoce sus orígenes en los albores de la civilización.
Don Agilio nos alegraba con su llegada cada viernes, con él venían los regalos y el placer de gozar por tres días de su compañía, luego, como todos los lunes a las cinco de la mañana, su mujer lo despertaría, le prepararía un café con leche caliente que depositaría en la mesa para que se entibiara, y mientras él se lavaba, abriría el portón, pondría en marcha el motor de auto para que se calentara y él subiría para cumplir con el rito semanal de alejarse del hogar para conseguir el sustento familiar, igual que el cazador sale a buscar a la presa para alimentar a los suyos.
En la tranquila vida de Don Agilio los segundos se hicieron minutos, los minutos horas, las horas días, los días meses, los meses años. Sus cachorros crecieron y se hicieron hombres y mujeres y se fueron yendo de a uno en uno.
Aquella casa de tres habitaciones (una para la pareja, otra para las nenas y la restante para los nenes) comenzó a percibirse como gigantesca sin tanto ruido y discusión.
Con su mujer se quedaron solos y él sintió que era la hora de darle al cuerpo un descanso. Apagó el motor, no puso mas en hora el reloj, saludó a los compañeros de toda una vida y con esa pesada pero hermosa carga de recuerdos y afectos se retiró a la plácida vida pueblerina de Galvez, la ciudad que lo vió nacer y que quería que lo viera morir.
Atrás quedó aquel año en Buenos Aires, cuando recién casado comía arroz hervido o parvas de ñoquis porque Clemencia muy joven y inexperta en la cocina le erraba a la cantidad.
Atrás quedaron aquellas tretas de subir al tranvía y cuando el guarda le quería cobrar el boleto luego de varias cuadras preguntaba inocentemente, ¿este tranvía va a Chacarita?, y al recibir la respuesta, no pibe va para el otro lado, bajarse rápidamente y volver a realizar la operación que le permitía ahorrar unos centavos que luego se convertían en pan que depositaba en la mesa familiar.
Atrás quedaron los tiempos de la larga caminata de 24 kilómetros para darle el último adiós a aquella anciana madre, que un día juzgó que había vivido demasiado y con 83 años se dejó caer suavemente en su lecho para esperar resignadamente la muerte.
Atrás quedó la bicicleta italiana con la que a fuerza de pedal y voluntad viajaba a los pueblos cercanos para ahorrarse esos pocos pesos que servían para darle algo mejor a sus hijos.
Atrás quedaron la Pumita primero y la Crawdet después con las que salía en las frías alboradas de invierno a buscar el peso diario para mantener a los suyos y que debiera abandonar a instancia de una esposa acongojada luego del choque en un camino polvoriento con un sulky que no pudo alcanzar a ver.
Atrás quedó el susto del vuelco del Jeep carrozado en la curva de Pagotto.
Atrás quedó aquella rueda traviesa del Renault Gordini que cansada de dar vueltas y vueltas sin saber para que, se decidió a romper su vínculo con la carrocería haciendo que el auto volcara para que en pase mágico de la tecnología virara del gris metalizado al rojo bermellón.
Atrás quedaron los largos viajes a San José de la Esquina o Punta Alta con todos los suyos en los que entonando alegres canciones o parándose a la vera del camino a tomar mates o realizar un improvisado camping, matizaban las largas horas sobre el duro pavimento sabiendo que el premio era ver a tíos y primos que hacía años que no veían, o darse un chapuzón en el mar o en el arroyo.
Atrás quedaron las vacas que según decía en tono de broma le señalaban el camino a San Genaro y que con cara de sorpresa le respondía al interlocutor ingenuo que lo interpelaba sobre la posibilidad de que en algún momento no estuvieran, ¡¡¡sabe que no lo pensé!!! para luego largar una carcajada.
Atrás quedaron esos quince minutos de siesta en el asiento del auto a la mañana, antes de entrar al trabajo, que le permitían reparar el cansancio de horas de viaje.
Juntó sus cosas y se volvió definitivamente a Galvez, con su más preciado tesoro bajo el brazo, el pergamino de reconocimiento firmado por todos sus compañeros de trabajo, que luego tendría un espacio privilegiado en la pared, para mostrar a todos los visitantes que entre los anónimos seres que construyen cada día nuestra historia todavía se reconocen los valores que parecieran haber perdido los que mandan.
Apenas jubilado alguien le propuso integrar la Comisión Directiva de la Cooperativa Eléctrica del pueblo y él, que todavía sentía el hormigueo que le indicaba la necesidad de continuar construyendo, se sentó en un asiento del Consejo Directivo y quiso hacer las cosas bien, como correspondía. Duró poco, porque empezó a chocar con tejes y manejes que no le parecieron claros y antes de entrar en conflicto o sentirse nuevamente compelido a elegir entre la decencia o el buen pasar, prefirió refugiarse en la tranquilidad de su casa y encarar alguna actividad que no implicara esos riesgos.
Padeció esa curiosa enfermedad social que ataca a quienes se jubilan, comienzan a sentir que la comunidad no les da lugar, que habiendo dado todo por los que los rodeaban, se les niega ahora, en la última etapa de sus vidas, la posibilidad de continuar siendo protagonistas de la cotidianeidad, aportando la mucha o poca experiencia que acumularon a lo largo de su vida laboral.
El jubilado se siente compelido a hacer notar que está vivo, que continúa siendo un sujeto del deseo y de la sociedad, que quiere seguir siendo reconocido como un miembro mas de la comunidad. Don Agilio también pasó por ello, primero tomo un conchabo para ayudar a unos amigos en el negocio que recientemente habían puesto, y luego se sumó a las damas de beneficencia para trabajar con ellas. Más tarde se incorporó al centro de jubilados y sin darse cuanta fue siendo parte del gheto de los que son visto como los viejos.
A los viejos la sociedad los condena al gheto, les propone actividades que por lo general no tienen trascendencia social, son tratados como los niños a los que solo se les permite hacer cosas “como de mentirita”.
De alguna manera Don Agilio percibió aquello y su respuesta fue apartarse lentamente de cada una de estas actividades, recluyéndose progresivamente en su casa.
Como un candil que al ir agotándose el combustible va perdiendo lumbre, se fue retirando lentamente sobre sí mismo y los suyos. Los pocos que lo trataron por esa época recuerdan que continuó siendo la misma persona, tierna y amable, y quizás, por la tranquilidad, mas que antes, pero sus movimientos cada año se fueron limitando. Los excesos de tabaco en su juventud, las exigencias de un trabajo peligroso y los esfuerzos de los interminables viajes comenzaron a notarse; y un día el físico exhausto de Don Agilio dijo basta y dejó a todos con esa pena que sólo se experimenta cuando se pierde aquello que quisimos mucho y necesitamos más.
La mesa familiar que reunía a los suyos bajo su austera presidencia en la cabecera de la misma en las fiestas de fin de años, para un cumpleaños o cualquier otro motivo. Sigue existiendo solo que cada vez que se reúnen todos sienten un estremecimiento frente a la silla desocupada, pareciera que las risas se ahogaron, que un vació pesado e infinito se apodera de todos y aunque no lo digan la ausencia de Don Agilio se siente más en esos momentos de reunión que cuando están a solas con sus recuerdos.
Don Agilio se fue con la tristeza de quienes lo conocían, no fueron muchos los que lo acompañaron a su última morada, pero en ese pueblo que lo vió nacer y morir continúa sintiéndose su ausencia.
El viento no se detuvo, el tiempo sigue su rumbo y cada día un pedacito de nosotros muere con cada uno de esos anónimos Don Agilios que se marchan sin que les hagan notas en la T.V., en los diarios o en la radio, pero que sin ellos no existiría ni la T.V., ni los diarios, ni la radio,....ni nosotros.
Como un candil que al ir agotándose el combustible va perdiendo lumbre se fue retirando lentamente sobre sí mismo y los suyos. Los pocos que lo trataron por esa época recuerdan que continuó siendo la misma persona, tierno y amable, tal vez, por la tranquilidad, mas que antes, pero sus movimientos cada año se limitaban más. Los excesos de tabaco en su juventud, las exigencias de un trabajo peligroso y los esfuerzos de los viajes interminables comenzaron a notarse; y un día el físico exhausto de Don Agilio dijo basta y dejó a todos con esa pena que solo se experimenta cuando se pierde aquello que quisimos mucho y necesitamos más.
Don Agilio se fue con la tristeza de quienes lo conocían, no fueron muchos los que lo acompañaron a su última morada, pero en ese pueblo que lo vió nacer y morir continúa sintiéndose su ausencia.
El viento no se detuvo, el tiempo sigue su rumbo y cada día un pedacito de nosotros muere con cada uno de esos anónimos Don Agilio que se marchan sin que les hagan notas en la T.V., en los diarios o en la Radio, pero que sin ellos no existiría ni la T.V., ni los diarios, ni la radio,....ni nosotros.

En recuerdo de mi padre, que creia en la honradez y la honestidad como valores humanos