jueves, 12 de mayo de 2011

La idea de la inseguridad y el sentido común.


Quiero abordar dos conceptos diferentes pero íntimamente ligados: el sentido común y la inseguridad.

El sentido común constituye el sentido medio generalizado, que aparece ante nuestros ojos como el sentido compartido por todos.

Por esa razón de ser una conciencia promedio sobre los actos de vida de las personas, el sentido común tiene una fuerte impronta conservadora, nunca se podría tener ideas altamente innovadoras desde el sentido común, o dicho de otra manera, las ideas innovadoras son francamente contrarias al sentido común, porque lo que buscan es precisamente modificar ese sentido común.

Si Galilei, Copérnico y tantos otros hubieran aceptado el sentido común de su época seguramente hoy continuaríamos creyendo que la tierra es el centro del universo, porque eso era lo que sostenía el sentido común. Aparece como una supuesta construcción colectiva, cuando en realidad es una producción de los sectores dominantes de una sociedad en un momento socio histórico determinado, no es el colectivo social el que determina el sentido común, es una construcción imaginaria que se articula en una sociedad para sostener los intereses de quienes detentan el poder.

Este sentido se construye desde los medios de comunicación y permea el pensamiento de los colectivos sociales instalándose como una formación conceptual propia de los mismos, cuando es totalmente ajeno a los ciudadanos que lo ponen en palabras.

También el sentido común suele tener características francamente prejuiciosas, cuando no racistas.

Ello ocurre porque el sentido común no pone en acción el pensamiento crítico reflexivo de los sujetos, sino por el contrario constituye una aceptación pasiva de lo que la mayoría dice. En nuestro país en la segunda mitad del siglo veinte era de sentido común ser peronista porque era un sentimiento fuertemente arraigado en los sectores trabajadores, el peronismo era visto como un movimiento transformador que tenía la misión de reivindicar al explotado y al oprimido. Sin embargo el peronismo no constituyó nunca un movimiento de izquierda, solo pudo serlo en el pensamiento de sectores pequeños burgueses que vieron en el viejo general un conductor revolucionario.

Una visión crítica del peronismo devela que el General era un estadista inteligente y audaz, que apostaba fuerte en política y tenía una visión muy completa de la sociedad en la que vivía.

Recuerdo que a los militantes de izquierda de los años setenta nos resultaba cómico pensar que Perón se definiera como socialdemócrata en un reportaje que se le hiciera en esa época. Para nosotros Perón eran un líder nacionalista populista que se había formado en las ideas mussolinianas de la década del 30[1] y muchas de las estructuras del modelo peronista estában inspiradas en esos movimientos de ultraderecha como por ejemplo un movimiento obrero con central sindical única y subordinado al partido.[2]

La ambigüedad del líder tiñó al movimiento y el peronismo fue un actor político social que integró dentro de sí a sectores contestatarios que propugnaban el socialismo nacional (Montoneros, peronismo de base) junto a versiones ideológicas de extrema derecha que fueron propulsoras del terrorismo de Estado posterior como la triple A de López Rega, el Comando de Organización de Brito Lima, y tantos otros.

Como vemos el pensamiento crítico reflexivo tiende a desmenuzar esa construcción política abandonando la idea de sentido común que si las masas son peronistas debemos ser peronistas.

El pensamiento reflexivo se niega a aceptar las ideas porque son compartidas por la mayoría y preserva su autonomía de análisis tratando de ver los pro y contra de un cuerpo ideológico o de un determinado partido o movimiento político.

Vista las connotaciones del sentido común y su contraposición con el pensamiento crítico reflexivo, pasemos a ver una de las construcciones del sentido común y su relación con el conservadurismo social de la Argentina: el tan hablado problema de la inseguridad.

Hoy vemos que los políticos son unánimes al recortar como problema prioritario de nuestro país la cuestión de la inseguridad y gastan saliva y tinta en criticar la falta de seguridad y enuncian propuestas para resolver el problema de la inseguridad.

Comencemos por una afirmación taxativa y por lo tanto con todo el riesgo de error que ello significa, la inseguridad no es resoluble, quien afirma que va a terminar con el delito o es un ingenuo que formula un deseo o miente en forma oportunista para obtener un rédito político.

La base del delito se encuentra en la inequidad social que existe por ser esta una sociedad dividida en clases sociales muy diferentes y con un alto nivel de fragmentación que hace que unos pocos posean mucho y mucho que no tengan nada.

Esta situación de inequidad, en la que somos permanentemente seducidos a tener una vida feliz basada en múltiples posesiones, hace que los que no puedan acceder a esa vida, potencien su deseo consumista y aumenten su frustración al no poder hacerlo. En la generalidad de los casos los mandatos religiosos y sociales hacen que los sujetos aceptemos nuestro estado de indefensión frente a la sed de consumo por no tener los recursos necesarios que nos permitan acceder a todo lo que deseamos o aspiramos.

Por diferentes motivos que sería muy largo de explicar, algunos miembros de la sociedad no reprimen sus deseos y recurren a diferentes recursos para obtener aquello que los medios de propaganda les proponen y sus recursos escasos les niegan.

Un camino es el endeudamiento, el trabajo a destajo, el esfuerzo ilimitado, pero existe un atajo que permite al sujeto acercarse a lo que su deseo le demanda y ese atajo es el delito en todas sus manifestaciones: el robo, el asesinato, la estafa, etc.

En este punto queremos proponer al lector dos reflexiones. Una, que el delincuente no pertenece a una determinada clase social, ni que el delito es privativo de un determinado país o región. En todos los países del mundo, cualesquiera sea su signo ideológico o su estructura social hay personas que infringen la ley por decirlo en un sentido suave, y los delincuentes pueden en algunos casos invertir mucho dinero para perpetrar el delito. Por ejemplo asaltar un camión de caudales requiere de una logística importante (armas, información, complicidades policiales, etc.) para lo cual detrás de un delito de magnitud suele haber un inversor de importancia.

Esto nos lleva a la segunda cuestión, el discurso que trata de vincular el delito a la pobreza y pone en sospecha a todos los sectores vulnerables de la sociedad.

La segunda línea de pensamiento nos lleva a analizar porque en determinadas épocas los sectores dominantes recurren a anatematizar el delito y a reclamar mayor seguridad. Resulta obvio que una persona que sufrió un despojo tienda a reclamar seguridad pensando que con medidas represivas y mayores penalidades el hecho no hubiera ocurrido. El reclamo por la mayor seguridad no es nuevo, Michel Foucault comenta en uno de sus libros que en el siglo XIX cada tanto surgía el reclamo de mayor seguridad por los continuos delitos a los que eran sometidas las “personas de bien”.

Después de casi dos siglos los reclamos son muy similares, algo ocurre para que miles de millones de seres humanos a lo largo de los siglos no hayan podido resolver esta cuestión tan vieja que los diez mandamientos cuentan con dos o tres referidos a ello (no robarás, no matarás, etc.).

Existe una concepción estrecha del acto delictivo que lo remite al asalto violento, a la agresión con fines de lucro, etc., pero que no ve delito en el cohecho, la coima, los negociados de los empresarios.

Sobre los primeros tipos de delitos, el sentido común formulado por los medios de comunicación y absorbido por los ciudadanos, exige soluciones que por lo general remiten a ampliar la población carcelaria, a tener castigos más duros con los que infringen la ley, con propuestas tan nefastas como el propio delito, como por ejemplo exigir la ablación del miembro viril al violador o la pena de muerte al que mata. Lo que el sentido común no puede pensar, por más que el pensamiento científico lo haya demostrado ampliamente, es que en los lugares en los que el castigo es más riguroso no disminuye el delito, por el contrario tiende a aumentar y crea un problema secundario que es el mantenimiento de una población carcelaria cada vez mas grande.

Lo interesante que los responsables de los otros delitos (llamados de guante blanco) que tiene consecuencias mucho más negativas para el cuerpo social, no solo que no son punibles, sino que hasta suelen contar con la simpatía social. Por ejemplo en la crisis actual de capitalismo los Estados Nacionales (EE.UU, Europa, etc.) invirtieron miles de millos de dólares de asistencia a los banqueros que fueron en no pocos casos repartidos como dividendos por los mismos y muchos fraudes como la quiebra de Enron no fueron penalizados y los responsables no sufrieron ningún castigo.

Entre las propuestas de solución de la inseguridad, escuchadas en estos momentos electorales, encontramos también el reclamo de mayor cantidad de policías en las calles y a veces la exigencia de una policía de mano dura.

Quiero ilustrar con algunos ejemplos la efectividad de la policía como instrumento de prevención del delito.

A mi hijo le robaron el auto en una esquina de Rosario, cuando fue a hacer la denuncia se encontró con diversas personas a las que se les había sustraído el vehículo en la misma cuadra. Pregunta ¿si hay una denuncia de robo puede ser que no se investigue?, y si hay cinco o seis denuncias de robo, ¿no sería lógico que la policía se dé una vueltita por la cuadra a ver qué pasa?, y otra pregunta ¿los cacos sabiendo que el propietario va a denunciar y la policía va a investigar, volverían a robar en el mimo lugar?, por supuesto que la única explicación para todo esto es que ese lugar es una zona liberada en la que la policía le garantiza a los ladrones la seguridad de no intervenir para que “trabajen” tranquilos.

En Rosario se comenta que las comisarias son vendidas a los comisarios, que invierten dinero para ser transferidos a aquellas seccionales más rentables en materias de coimas por existir allí negocios tales como la prostitución, el juego ilegal o el tráfico de drogas.

Nadie pide investigar esta estructura delictiva que constituye la policía, no existen planes para reestructurarla, ello se debe a que los reclamos por “políticas de seguridad” constituyen una manera de mantener a una población temerosa bajo control.

El discurso de la inseguridad constituye un velo que tapa otras cuestiones tales como la inequidad, los privilegios, que se sostienen en base al hambre y la miseria de millones, y el mantenimiento de un sistema social regresivo y políticamente autoritario.

Hasta la próxima.





[1] El mismo Perón confiesa su admiración por el pensamiento del Duche con el que tuvo contacto cuando estuvo en la Italia Fascista.
[2] La CGT siempre se consideró la pata obrera del movimiento peronista y es de recordar que en el gobierno peronista del 70 al 73 se intentó cristalizar ese modelo sindical.

viernes, 6 de mayo de 2011

La vida: entre la finitud y la trascendencia.

Existen dos cosas (entre otras) que son inseparables del ser del hombre, la finitud de la vida y la política.
Uno podría preguntarse porque los hombres hacen política, porque luchan por el poder, que motiva tanto afán por determinar la vida de los demás y la respuesta no sería sencilla.
Es como preguntarle a un capitalista hasta donde quiere acumular riquezas, nunca podría contestar porque su avaricia es más gigantesca que su pensamiento.
La riqueza y el poder nos ponen en evidencia la total falta de límites que tenemos los seres humanos, por estos dos elementos (que tal vez sean uno mismo) a lo largo de la historia de la humanidad se ha matado, se torturó, se persiguió, se cometieron genocidios, y cuanta atrocidad pueda desarrollar la fantasía del lector.
Creo, que lo que motiva al ser humano y a sus miserias es un afán sin medida por trascender sus propios límites, ir más allá de ese límite que la biología impone a todos y que demuestra que la igualdad existe, en la muerte.
En un interesante artículo, Castoriadis[1] desarrolla el formidable cambio del pensamiento griego en los veinticinco años que van de Esquilo a Sófocles en la Atenas democrática. En Esquilo los seres humanos que no conocen la muerte constituyen seres monstruosos radicalmente inaptos para la vida, que deambulan como zombis. La muerte les señala su existencia temporalmente acotada y es a partir de este dato que adquieren humanidad y conciencia.
Al limitarnos, la muerte expande nuestro potencial creativo, parafraseando a Sartre podríamos decir que el hombre es un proyecto hacia su propia muerte, todo lo que hacemos en la vida tiene como dato primordial la finitud de la existencia y el sufrimiento que nos provoca esta constatación empírica nos obliga a elaborar el duelo de la vida que termina, para lo que contamos con un arsenal de recursos.
El principal recurso es la herramienta religiosa, la conciencia teísta nos permite aminorar la carga de sufrimiento que nuestra condición corruptible nos otorga. El mecanismo sobre el que se asienta la conciencia religiosa es muy sencillo, si es posible pensar la existencia de vida más allá de la vida, será posible mitigar los efectos catastróficos de la angustia de muerte.
Una forma más elaborada del pensamiento religioso nos llevaría a pensar en la reencarnación, la posibilidad de que exista un alma trashumante que viaja a través de los tiempos ocupando sucesivamente diferentes cuerpos orgánicos, a diferencia de la conciencia cristiana o musulmán que nos hablan de un mundo perfecto en el que nuestras almas podrán disfrutar de la paz y la armonía con la que son premiados aquellos que han tenido una existencia mesurada y proba.
Pero pareciera que esta conciencia no alcanza para amortiguar el impacto de la finitud y por lo tanto nos esmeramos por realizar en la corta vida de la que disponemos todas aquellas cosas que, en caso de no ser cierta la versión de la religión, permitirán que cuando nos vayamos y seamos nada más que eso, nada, quede algún indicio de nuestro paso por la vida.
Este segundo mecanismo es más importante que el primero, porque tiene, a mi entender, un mayor anclaje con las necesidades de la empresa capitalista. El capitalismo constituye un sistema socioeconómico de gran flexibilidad y con una gran capacidad de absorción de todo lo existente, ello se basa en la posibilidad de convertir en mercancía y someter a la lógica del lucro a todo lo que el hombre produce (y más aún a aquello que se encuentra dado en la naturaleza).
Como ejemplo podemos observar que las ideas y personas más radicales han sido convertidas en objetos de consumo por nuestra sociedad. La editoriales lucran con las obras del pensamiento de Carlos Marx, en cualquier tienda se venden remeras con la imagen del Che Guevara, y no le extrañe querido lector que en poco tiempo comiencen a venderse como pan caliente las remeras que digan “I love a Osama”.
El artista, el intelectual, el empresario, el obrero, todos somos productores, todos participamos de la cadena de valor y nuestros productos concurren al mercado en el que se intercambian por otros productos a través de la mediación del dinero.
A todos nos mueve el deseo de reconocimiento, o como vulgarmente se denomina los cinco minutos de fama, y los medios de comunicación de masas, como toda empresa capitalista, mutan ese deseo en dinero, privilegiando la llamada T.V. basura a hacer de este medio una herramienta de cultura y expansión del espíritu individual y colectivo.
Si no lo cree así, le propongo a Ud., mi querido lector que pregunte a cualquier intelectual o artista si lo único que le importa es la estética de su obra, inmediatamente observará que por debajo de ese interés se encuentra la necesidad de que esa obra sea reconocida y perdure en el tiempo, obramos para ser reconocidos, porque el reconocimiento no da relevancia y poder sobre los demás y si además ese reconocimiento es tal, que augura a nuestra obra la posibilidad de persistir en el tiempo, más profunda será la domesticación de la angustia de muerte, porque habremos hecho un gambeta a la muerte y aunque ella nos alcance podremos ir mas allá de sus garras.
Lo importante es la trascendencia, no importa que la logremos como Aristóteles que desde hace más de veinticinco siglos es leído y discutido generación tras generación por su magnífica obra intelectual, o como Adolfo Hitler que será recordado (tal vez por menos tiempo) por haber sido un monstruo asesino que aniquiló a millones de judíos indefensos en los campos de concentración nazi.
Lo importante para todos nosotros es que produzcamos algo nuevo, algo trascendental que coloque a nuestro nombre en el bronce, pero, el lector se preguntará, y que ocurre con aquellos que no lo logran, pues para ellos queda, parafraseando a Freud, el porvenir de una ilusión.
Cuando no somos capaces de asegurar la trascendencia, la religión constituye un refugio seguro, contra el vendaval angustioso de la historia que sin piedad borra nuestras huellas de este mundo. Después de muertos nadie nos recuerda, nuestros seres amados se han ido, sufrimos todo tipo de persecuciones o intolerancias varias en nuestra vida, pasamos necesidades, no importa porque la muerte no es el final sino el comienzo de la vida eterna.
Es interesante preguntarse qué bien le viene la idea religiosa a quienes ejercen el control de la sociedad y lucran con ese control. Mientras aquellos que son marginados de las bondades de esta sociedad tecnológica y globalizada que tantos “beneficios” tiene, se conforman con la sentencia bíblica: “Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que un rico al reino de los cielos” los poderosos y afortunados ricos dilapidan recursos en extravagancias y destrucción del ecosistema, tal vez pensando que hasta el buen dios puede sucumbir a una jugosa cometa, al fin y al cabo no es más que un político con ciertas facilidades para producir.
Pero algo debemos aprender de ellos, lo importante en la vida es, a partir de la conciencia de su finitud, aprender a gozar de ella, a desenvolvernos buscando el placer más que el deber, a realizar nuestros sueños en esta vida sin esperar a que la eternidad nos colme de placeres, a reconocer que vale más disfrutar de un café con amigos, o de un buen libro antes de acostarnos, que el esfuerzo cotidiano que solo llega agua al molino de quien nos oprime y nos chupa la sangre.
No tengamos miedo a morir, no calmemos nuestra angustia por la finitud de la existencia con la zanahoria de un mundo posterior a este, no dilatemos la satisfacción de nuestros deseos en haras de un futuro mejor, tanto religioso como político, no sacrifiquemos nuestras vida en la pira de la salvación humana, seamos más epicúreos que estoicos y busquemos hacer rendir cada segundo de nuestras vidas al máximo para obtener el mayor placer.
Hasta la próxima mis queridos lectores ah, y buena vida.


[1] Castoriadis C. (2001) Antropogenia en Esquilo y autocreación del hombre en Sófocles, en El avance de la insignificancia. Eudeba. Bs. As.

martes, 26 de abril de 2011

Cambia la Universidad?

En los años setenta el signo social por excelencia era el cambio Los jóvenes de aquellos años teníamos fuertemente adosada a nuestro discurso la palabra cambio, luego vino la dictadura y, en base a una salvaje represión y a uno de los peores genocidios del siglo XX, congeló durante años las ideas de cambio social, de cambio educativo etc.
A los jóvenes de los 70` se nos pueden criticar muchas cosas, nuestra ansiedad por lograr el cambio, los caminos y atajos incorrectos, ciertas formas de pensar la política basada en un pensamiento hegemónico que en alguna medida despreciaba la democracia, etc., pero lo que no se puede negar es que formamos parte de una generación heroica que acometió cual Quijote moderno, contra los monstruosos molinos de viento que eran el poder constituido de la derecha argentina y sus aparatos represivos.
La derecha de los 70`era preconciliar y estaba constituida por la Sociedad Rural, por Confederaciones Rurales, por la Unión Industrial, las patronales bancarias tanto nacionales como ADEBA o las grandes corporaciones financieras internacionales que apoyaban las políticas de represión de aquellos años.
Esta derecha tenía sus expresiones políticas como Tradición Familia y Propiedad, el Movimiento Nacionalista Tacuara, y partidos políticos que aunque no tenían proyección nacional tenían peso regional como el caso del Bloquismo Sanjuanino, el Partido Demócrata Progresista que por aquellos años abandonó todas sus banderas fundacionales, y los partidos de la derecha liberal mas arcaica que surgieron en situaciones coyunturales (elecciones entre golpe y golpe) y cuya presencia fue efímera aunque con cierto peso en los cortos años de democracia representativa que hubo en Argentina entre 1930 y 1984.
Por dar algunos ejemplo nombramos a UDELPA (Unión del Pueblo Argentino experimento político de Aramburu, la Nueva Fuerza y la UCD experimentos de Alsogaray en las elecciones de 1973 y 1982, la Alianza Popular Federalista que fue el intento del Gobierno Militar de tener continuidad política con su candidato que decía ser el Presidente Joven en las elecciones de 1973.
La derecha hizo grande esfuerzos por construir partidos porque siempre tuvo uno fundamental, el partido militar que era su brazo armado con el cual ejercía su dominación de clase.
En la Universidad esta actitud política de los jóvenes era más radical aún, los partidos que tenían definiciones más conservadoras por esos años eran el Partido Socialista Popular y el Partido Comunista, eran minoritarios, el resto tenían definiciones muy extremas, a tal punto que todos preconizaban la lucha armada y la toma violenta del poder para construir una sociedad revolucionaria.
Al interior de los claustros universitarios las definiciones de cambio pasaban por el cambio social, ninguna expresión política de los jóvenes tenía en cuenta el cambio de la Universidad conservadora de los 70` y lo mas académico que se escuchaba era la lucha contra los contenidos reaccionarios de la enseñanza, o combatir contra el poder burgués en la universidad.
Justo es reconocer que en esos años no existían prácticas democrático-representativas en el sistema de educación superior, el último intento de los universitarios por modificar la estructura de la Universidad Argentina se dio en 1918 con la reforma universitaria. En los setenta el pensamiento hegemónico de la izquierda contestataria llevó a los jóvenes a sostener que todo intento de modificar algo en la universidad estaba condenado al fracaso porque la universidad solo iba a cambiar con el triunfo de la revolución socialista.
La represión salvaje de los 70` tuvo como blanco principal a la juventud contestataria, tanto obrera como estudiantil, asesinado a sus dirigentes más esclarecidos, abriendo un impasse hasta el retorno de la democracia representativa.
En 1984 con el triunfo de Alfonsín, la Coordinadora, expresión política de la Juventud radical asumió el control de la Universidad y dibujó un escenario de cambio universitario abriendo los claustros a miles de docentes que habían sido reprimidos y perseguidos durante la dictadura y a otros miles de integrantes de la “juventud maravillosa” de los 70`que con algunos años mas ahora se sumaron a la tarea académica en la universidad.
Han pasado 27 años y es interesante hacer una evaluación de lo que cambió y no cambió en la Universidad[i].
Comencemos por los cambios, en estas casi tres décadas de gestión autónoma de la Universidad asistimos a un irrestricto respeto a la autonomía de gestión de la universidad, la que se ha desenvuelto administrada por las autoridades electas en el marco del sistema representativo de co-gobierno. Esto ha permitido una completa libertad de cátedra y de expresión. Los docentes universitarios hemos construido nuestros respectivos programas de cátedra sin ninguna injerencia de las autoridades de las facultades o del rectorado, y hemos ejercido sin límites nuestra capacidad de crítica.
La continuidad de la gestión representativa ha permitido el desarrollo de las actividades de investigación y el aquilatamiento de las prácticas académicas universitarias, las líneas de investigación están pudiendo programarse a plazos adecuados en el tiempo.
Han mejorado parcialmente las condiciones estructurales en las que se encontraban las universidades, en la UNR por ejemplo se han agregado más de 30.000 metros cuadrados de construcciones que mejoran las posibilidades de desarrollo de la formación universitaria.
Las bibliotecas han sido medianamente actualizadas y los programas de estudio se reformaron aunque no en la medida de lo necesario. Las reformas instrumentadas en los mismos contienen ideas muy innovadoras para abordar el proceso enseñanza aprendizaje (por ejemplo la reforma curricular de Ciencias Médicas de la UNR).
Se está incrementando la producción bibliográfica y las universidades comienzan a recuperar parte del terreno perdido en el concierto latinoamericano.
Se ha sostenido a ultranza la gratuidad de la enseñanza universitaria y el libre acceso a los estudios sin otro requisito que el título secundario.
Se ha incrementado favorablemente la oferta de estudios de post grado y aumentó el número de doctores entre los docentes universitarios lo que pone de manifiesto una mayor competencia de los profesores integrantes del cuerpo docente de las universidades.
En definitiva, la Universidad Argentina en los últimos 25 años ha salido del estancamiento y el oscurantismo en que fue sumida a los largo de décadas de persecución ideológica y política por las sucesivas dictaduras que asolaron la Argentina y ha ganado mucho en el proceso de continuidad democrática que de manera estable se ha sostenido en estos años garantizando la libertad de expresión y de cátedra a la que hacíamos referencia más arriba.
Quiere decir esto que la universidad es un ámbito de  la excelencia y la democracia, lamentablemente la respuesta es negativa.
Para ver las deudas de la universidad con su aporte a la construcción de una sociedad igualitaria y autónoma haremos una exposición en dos áreas fundamentales, la estructural y la política.
Desde el punto de vista de su estructura organizacional la Universidad Argentina se encuentra profundamente atrasada con respecto a las universidades más innovadoras del planeta.
La misma se conserva en .línea del modelo arquetípico de la universidad napoleónica del siglo XIX, es decir, está estructurada en Facultades que responden al modelo de organización disciplinar y cátedras que se corresponden con un modelo de carácter autoritario en el que existen un grupo de profesores (los titulares) que constituyen la elite de la universidad y son los que determinan (amparados en la famosa libertad de cátedra) los contenidos de la enseñanza.
Este modelo, además de anquilosado, no tiene relación con la estructuración de la sociedad, de manera mucho más abierta y con demandas de mayor complejidad que las que existían en el siglo XIX, En aquel momento, por ejemplo, las fronteras entre las ciencias eran mucho más claras, hoy estas fronteras son más difusas y existen zonas de trabajo interdisciplinario y más aun, zonas de transdisciplina.
Pero más importante que esto, este tipo de organización hace que se multipliquen esfuerzos y gastos, ya que por ejemplo los contenidos de Psicología Social que se dictan en diversas Facultades, con una organización moderna y funcional, podrían ser dictados en un espacio académico único.
Porque no cambia este tipo de organización oneroso y poco funcional, pues porque en el podemos encontrar los elementos de relaciones de poder que permiten controlar el flujo de conocimientos que circulan por la universidad. Este mapa de las relaciones de poder nos muestra como unos pocos (los titulares) someten a su arbitrio los contenidos e instrumentos que se utilizan en la cátedra y subordinan a sus colaboradores constriñéndolos a formar a los alumnos desde su punto de vista teórico conceptual.
El resultado de la organización por facultades y cátedras es el empobrecimiento progresivo de los contenidos formativos que se imparten en las distintas disciplinas y la obturación del pensamiento crítico-reflexivo en la universidad.
La Universidad Argentina necesita nuevos aires que se sustenten en un aporte significativo a la reflexión social y ello solo es posible si se amplían los márgenes de participación en las mismas, generando nuevos espacios, en los que los jóvenes profesores se formen desde una perspectiva creadora que se oriente a la búsqueda de la autonomía social.
Desde el punto de vista político la organización de la universidad está en línea con el modelo basado en la representación. Este modelo impide el desarrollo de una auténtica participación del ciudadano universitario en la gestión del conocimiento. Los representantes son electos y a partir de allí no consultan en nada a sus representados, la normativa actual les permite tomar decisiones en nombre de quienes los votaron. Los ciudadanos universitarios no tomamos ninguna decisión ni participamos en la toma de decisiones, más aún ni siquiera somos informados de las decisiones que se toman. Se ha dado el caso que los “representantes” de un determinado claustro deciden sobre cuestiones contrarias a su claustro porque “deben acatar” lo que el decano o alguna autoridad determina.
El mecanismo de selección de los representantes es también arbitrario, se basa en listas completas, por lo que, un ciudadano universitario que quiera participar para ser electo, sino logra formar lista agrupándose con 21 docentes mas no puede hacerlo.  
A ello se agrega un mecanismo de selección indirecto de autoridades, ya que el decano y el Vice Decano son votados por los representantes electos para el Consejo Directivo, y como en el caso de la elección 2011 en Psicología de la UNR, docentes que solo cuentan con menos del 10% de los votos en los diferentes claustros en su conjunto, pueden ser elegidos para gobernar la misma, en una clara violentación de la voluntad de la gran mayoría de los ciudadanos universitarios de la Facultad, que rechazan la continuidad de la camarilla que gobernó la organización en los últimos ocho años. Esto ocurre porque el sistema representativo no es democrático y ha facilitado el anclaje de una burocracia de gestión que gobierna la organización al margen.de la voluntad y sin la participación del con junto de los ciudadanos universitarios.
En este caso el simple expediente del voto directo ponderado por claustros (es decir los votos de los claustros son multiplicados por un índice para respetar la participación en los porcentajes que exige la Ley de Educación Superior) para elegir autoridades posibilitaría una forma más democrática de selección e impediría burlas a la voluntad de la mayoría como la descripta.
La necesidad de democratizarse es una de las deudas más importantes que tiene la universidad con respecto a sí misma, tan importante como la transformación de sus estructuras de corte napoleónico. Ello no es difícil, implica asumir una voluntad de cambio democrático anulando la elección de consejeros a los consejos directivos por listas completas, impulsando la elección de decano en forma directa, reglamentando la revocatoria de los mandatos por pedido mayoritario de los miembros del claustro, poniendo en práctica la publicidad de los actos de gestión, la democratización de las relaciones docentes alumnos, la departamentalización de las facultades con plena participación de los docentes en los mismos a igualdad de condiciones, la implementación de asambleas de claustro para tratar decisiones trascendentales para la facultad, etc.
Como vemos mucho es lo que falta por hacer para lograr un cambio democrático en la universidad.
Debemos tener en cuenta que esta falta de participación plena de los docentes, alumnos, graduados y estudiantes, en la gestión de las universidades, atenta contra la calidad institucional, con el aporte al pensamiento crítico que las mimas realizan y obtura la participación de ellas en la vida social del territorio.
Hasta la próxima.  


[i] Por razones de rigor expositivo tomaré como ejemplo la Universidad Nacional de Rosario que es la que mas conozco aunque la dinámica universitaria tuvo un comportamiento parecido en el resto del país.

lunes, 11 de abril de 2011

¡Cambia la escuela?

Existe una imagen que ha quedado grabada en mi memoria. Siendo muy pequeño, tenía una o dos veces por semana las clases de labores. Se trataba de una modalidad didáctica mediante la cual los niños aprendíamos a hacernos diestros con las manos. Esto es por lo menos lo que dicen los libros de pedagogía. En realidad esas clases de labores eran un monumento a la alienación.
Años más tarde tuve oportunidad de leer “Cien años de soledad” de G. Marquez, en el capítulo en el que el Coronel Aureliano Buendía realizaba un pescadito de oro que vendía en el mercado por una moneda de oro que le permitía elaborar un pescadito de oro para vender por una moneda de oro encontré una explicación para aquellas clases de labores, eran como la máquina del gallego, una máquina que tenia un hueco por el que salía una mano que apretaba un botón para que saliera una mano para apretar un botón, no servían para nada.
Leyendo a Matías, ese entrañable personaje de Sendra que todos los días pone una cuota de ternura a los sufridos lectores del diario Clarín, un temor asaltó mi espíritu; Matías realiza en la escuela labores para el día del padre y tiene una idea genial, intercambiar los trabajitos con sus compañeritos para que el padre pueda tirar esas porquerías sin culpa, ya que lo que le regala no es lo hecho por él sino por un amigo; ¿es que la clase de labores continúa dictándose en las escuelas?.
Para desentrañar tan mayúsculo enigma teórico nada mejor que recurrir a un cientista de la educación, y así lo hice, le pregunté a Ana Paula, mi hija de 9 años que le divertía y que le aburría mas en la escuela. Lo que más la divierte podría contarlo utilizando un boleto de colectivo, de aquellos que había en la era pre-tecnológica, cuando los chicos afanosamente buscábamos el boleto capicúa de la buena suerte. En cambio para poder narrar las cosas que la aburren no me alcanzarían diez rollos de papel higiénico, y no del barato, sino del que la propaganda asegura que tiene 74 mts. exactos. Pero más aún, desde una perspectiva estrictamente científica Ana me relató que en la escuela una de las cosas que más le aburre es el dictado de la materia Tecnología (eso que antes se llamaba labores y que para poder explicárselo a ella tuve que recurrir al diccionario de igualación semántica entre la prehistoria y la actualidad que es la madre de Ana). Para ella es por el dictado, pero yo estoy convencido que los dictados, las cajitas de papel, los telares que les enseñan a hacer son de poca utilidad práctica y poco tienen que ver con el pomposo rótulo de Tecnología, sobre todo con la significación que el vocablo tiene en la era de la informática, las computadoras e Internet.
Es allí que me surgió el interrogante que encabeza este artículo. Muy lejos de dejar de ser una fenomenal máquina de alienación, la escuela ha consolidado sus aristas mas negativas. Es un (permítaseme el arcaísmo) gigantesco aparato ideológico del estado, y por añadidura aburrido. El aburrimiento en los niños con respecto a la escuela crece en forma proporcional a su paso de los grados inferiores a los superiores. Para sostener mi afirmación no necesito argumentos teóricos, como padre he observado como mis dos hijos progresivamente pasaban de un interés total por concurrir a clases a enfermarse con tal de poder faltar (y eso que soy un padre permisivo que le permito ordenar su calendario escolar y faltar cuando quieren).
El síntoma aparece como una forma inconsciente de manifestar su rechazo por todo lo que la escuela significa. Cada queja de Ana (como ayer lo hacía Nicolás) me recuerda mis propias quejas. La escuela es solo un espacio de sacrificio, con gigantescas cantidades de tareas para el hogar que hacen que los padres no sepamos si los chicos aprenden en la escuela o lo hacen en casa. ¿Por que los niños salen en tropel en los recreos, igual que lo hacíamos nosotros?. Es que acaso  consideran que deben dejar ese lugar tan divertido y placentero que es la clase y autoflagelarse con ese espacio, pequeño espacio de libertad vigilada (ya que siempre está sobre los niños la mirada controladora de alguna docente) que es el recreo?.
No es más lógico pensar que están escapando al corset que a su creatividad, a su necesidad de investigar, de conocer, de disfrutar con  el descubrimiento de cosas nuevas les imponen esos viejos y anquilosados programas que todos los años les repiten las mismas y tediosas frases sacralizadas sobre Belgrano, San Martín, Sarmiento y otros muchos próceres de cristal.
Creo, y sé que esto molestará mucho a quienes sincera y fatigosamente ponen lo mejor de sí en la vida cotidiana de la escuela, que los docentes son también víctimas de una burocracia que privilegia el sostenimiento de las “instituciones” autocráticas y alienantes por sobre el desarrollo humano de la libertad y la creatividad de los niños. Ellos también están sometidos a esas instituciones, son en algún sentido un grupo objeto en la escuela, sin palabra y con pocas posibilidades de romper la trampa en la que la burocracia los ha encerrado.
Cierta vez, hace muchos años, un viejo y querido profesor de química de un colegio secundario elaboró una planificación disparatada, no recuerdo exactamente que decía, pero para dar una idea afirmaba entre otras cosas que la química se aprendía jugando al truco con señas. Cuando la entregó me dijo con mucha seguridad que sería aprobada. Ante mi asombro poco tiempo después vi la planificación aprobada con el sello y la firma de la vice - directora.
En no pocas oportunidades escuché las quejas de los docentes sobre la cantidad de papeles a llenar que no les permite dar clases como quisieran. La actitud de mi digno colega, si fuera imitada por todos los docentes tal vez haría que las cosas cambiaran un poco.
El cambio en la escuela o mejor dicho el cambio de la escuela no será solo el producto de las movilizaciones para conseguir aumentos salariales o mayor presupuesto educativo (lo cual todos sabemos que es muy necesario) la escuela debería además por una vez detenerse y reflexionar sobre sí misma, deberíamos preguntarnos todos los que estamos en algún nivel del sistema educativo ¿qué estamos haciendo? ¿que modelo de sujeto estamos formando?. Y esta respuesta debe buscarla en sí misma, no esperar que se la den desde afuera, ya que como dijo una vez mi viejo maestro, el Dr. Ovide Menin, si queremos que algo cambie en la escuela los cientistas de la educación, pedagogos, psicólogos, etc. deberían callar por lo menos por diez años (la frase es una versión libre mía del original de Ovide).
La escuela, mas que modernas teorías de aprendizaje, mas polémicas sobre contructivismo o reproductivismo, mas que “pensar al sujeto de la educación”, mas que teorizar sobre “que es un niño”, y muchos otros “interrogantes científicos” (cuyo debate es muy válido y es muy importante teorizar sobre estos temas), debería recuperar el profundo significado del saber cotidiano que la atraviesa, el maestro debería bajar de la cátedra, ese lugar elevado desde donde emana su saber y poder, para saber junto a sus niños, hacer realidad aquello de aprender enseñando, reconociendo que los niños enseñan aprendiendo.
Parafraseando a un historiador, deberíamos lograr que los niños puedan volver a ir a la escuela cantando, con la alegría del que va a una fiesta, del que sabe que la escuela es un refugio de libertad, tolerancia y creatividad que lo defiende de una sociedad cada vez más hostil y que por el momento privilegia el mercado a la convivencia humana.
En ese escenario estaremos creando las posibilidades de realizar muchas de las cosas que los teóricos del campo educativo preconizan sin decirnos como, “como”, esa palabra mágica que nunca he escuchado en boca de quienes tienen el poder (como los políticos) o gozan del poder momentáneo que les otorga la posesión del saber (como los intelectuales). El niño no es un humano en chiquito, el niño es un humano sin aditamentos, con derechos, responsabilidades, obligaciones, creencias, sentimientos, etc. Y como todos los humanos solo puede tener calidad de vida, solo puede crecer, cuando es libre, cuando puede hacer lo que quiere reconociendo los límites que la convivencia social le impone, pero esos límites deben ser reales, producto de necesidades auténticas, no modos de soyuzgarlo, de constituirlo en un objeto manipulable, porque la libertad antecede a los límites, en sentido psicoanalítico
podríamos decir que la libertad se rige por el principio del placer y los límites por el necesario pero no siempre simpático principio de realidad.
Los mayores sabemos que no somos libres, comenzamos a distinguir entre lo que significa vivir en democracia, en un estado de derecho (lo cual es un paso importante) y lo que es ser libres. Sabemos que no podemos gozar de la vida porque con democracia se puede comer, educar y vivir pero ello no es suficiente, el imperativo de hacer para vivir, debe dejar lugar a otro más importante y profundo, vivir para hacer. Ese hacer del que hablo está significado por la posibilidad de expandir nuestros espíritus hacia el infinito, poder hablar sin temores, disfrutar sin carencias. La sociedad actual no permite esa libertad plena, autentica, solo nos deja gozar de una libertad recortada, y por lo tanto no auténtica. Si nuestros niños de hoy pueden derramar una lágrima ante el que sufre, si pueden compartir su merienda con el que la necesita, si pueden reflexionar sobre los porque de muchos no se que de los mayores, estarán creciendo en libertad y la utopía volverá a estar a la orden del día, pero no como utopía, sino como posibilidad.
Entre lo uno y lo otro hay una brecha muy grande, es por ello que cuando mis hijos se quejan de la escuela siento que algo me duele muy adentro, porque tal vez yo ni siquiera supe quejarme. Dejemos que sean mas libres aunque ello tenga costos de indisciplina, heridas en nuestro narcisismo, dejemos que los niños tengan la oportunidad que nosotros no tuvimos porque ello es indispensable para que la escuela cambie.
Hasta la próxima

P.D.: Este artículo fue escrito en 1997 pero lo edito porque nunca lo hice y como un homenaje al pensamiento creativo de mis hijos que aún hoy no dejan de sorprenderme con su inteligencia y sagacidad.

jueves, 31 de marzo de 2011

Sobre la libertad de prensa.

En estos días en los que un grupo de trabajadores defendiendo sus derechos, ha bloqueado las puertas de la planta Artes Gráficas Rioplatenses (AGR), en la que se imprimen publicaciones del Grupo Clarín, hemos escuchado diversas opiniones sobre la libertad de prensa.
En primer lugar se discute sobre ejes falsos, pues desde  la oposición política, que se ha convertido en el vocero de los intereses del Grupo Clarín, hasta el gobierno de Cristina Fernández, hacen eje en que la libertad de prensa ha sido vulnerada, aunque mientras desde el campo opositor responsabilizan al gobierno de ser cómplice por tener una actitud pasiva frente al bloqueo realizado por los trabajadores[1], desde el oficialismo se argumenta respecto a la no responsabilidad del Estado en este incidente, y muchos miembros del oficialismo o socios políticos del mismo que se cuidan de manifestar su desacuerdo con la medida de los trabajadores y a renglón seguido argumentan, en contra del Monopolio y a favor del gobierno.
Es extraño que quienes argumentan sobre la violación de prensa, nada dicen respecto a lo acontecido en Misiones donde un periodista, Ayala, fue censurado por el mismo grupo monopólico que defienden, cuando la filial de Cablevisión (que es parte del Monopolio Multimedios Clarín) de Posadas le levantó el programa por no firmar un contrato que le impedía criticar a cualquier empresa del Grupo Clarín o a sus funcionarios.
El Grupo Monopólico Clarín en particular y los medios de comunicación de masas nos tienen acostumbrados desde el comienzo de la democracia a censurar y despedir periodistas porque comunican o comentan informaciones que no son del agrado de los propietarios de los medios.
Ejemplos hay muchos, valgan algunos botones para muestra. Recordemos el levantamiento del programa “Lado Salvaje” que conducían Reynaldo Settecase y Maximiliano Montenegro porque no le gustó la manera de conducir la entrevista que le hicieron a uno de los propietarios del canal Francisco De Narváez, en la Provincia de Santa Fe el periodista Carlos Del Frade puede informar de los múltiples despidos que sufrió porque su manera de hacer periodismo iba contra los intereses de los dueños de los medios, y la lista de censuras en los medios y por los medios sería muy larga y ameritaría toda una investigación.
La censura no solo es hacia los periodistas, existen actores y actrices que por sus ideas políticas o militancia son censurados en diversos medios de comunicación impidiéndoles ejercer su profesión con el simple expediente de no contratarlos por no estar en línea con las ideas políticas de la línea editorial de los medios.
Los medios también nos censuran a los ciudadanos cuando no informan sobre los problemas y conflictos que nos ocurren, o cuando ocultan aspectos de los conflictos en la sociedad.
Por ejemplo el diario Clarín no informa sobre cuál es el conflicto que llevó a que los trabajadores bloqueen el acceso a sus plantas, porque eso sería poner de manifiesto que el Sr. Magnetto y sus cómplices violan los derechos de los trabajadores al impedir que se organicen gremialmente en comisiones internas para defender sus derechos laborales, y lo que es peor, como incumple AGR, las disposiciones judiciales de reincorporar a los miembros de la comisión interna despedidos por su militancia gremial.
Acá es donde los argentinos tenemos que debatir el fondo de la cuestión, ¿que es la libertad de prensa?, y ¿Cómo se relaciona con derechos humanos elementales como el derecho al acceso a la información, los derechos gremiales, etc.?
Recurramos a uno de los importantes políticos de comienzos del siglo veinte, Vladimir Ilich Ulanov (Lenin) quien decía que bajo el sistema capitalista y en la democracia representativa burguesa, la libertad de prensa no es otra cosa que la libertad de los medios de prensa para editar sus ideas.
En argentina desde siempre el periodismo sostuvo un maridaje muy confuso con la política. Los grandes periodistas durante el Rosismo utilizaban los medios de prensa para acometer contra Rosas, quien le contestaba desde otros medios de prensa y cuando esto no era suficiente con sus Mazorqueros.
Durante el siglo XX se construyó el mito del periodismo objetivo, una suerte de ente aséptico, que informaba desde un lugar social signado por la neutralidad informativa. En toda sociedad de clases el periodista como actor social, no es neutral, siempre tiene relaciones de compromiso con algún sector de la sociedad, los periodistas responden y escriben en función de su ideología, que está en función de los diferentes intereses de grupos económicos que luchan en el seno de la sociedad.
El periodista puede tener mayor o menor verosimilitud, pero ello estará en relación con la cercanía o lejanía de su pensamiento con el de sus lectores. Tomo un ejemplo personal, desde 1970 leía  el diario Clarín, tenía una cierta confianza en la verosimilitud de la información, y erróneamente creía que Clarín era un diario más  objetivo que los demás, desde la crisis del campo por la resolución 125, comencé a dudar cada vez mas de este medio y actualmente ni siquiera puedo leerlo “de ojito” en algún bar de la ciudad porque Clarín ha manipulado la información de tal manera que muchos de los que lo leíamos ya no creemos ni en su pronóstico del tiempo. Hoy compro otro diario, más afín a lo que pienso, Tiempo Argentino, y en sus páginas encuentro un nuevo motivo para leer las noticias, sin pensar que este es un periódico objetivo y sabiendo que defiende los intereses del gobierno central. Mi paso de un periódico a otro tuvo que ver con cuestiones estéticas, literarias pero fundamentalmente con un mayor acercamiento ideológico con este último.
Pero cuando me sumerjo en Tiempo Argentino observo que en sus páginas solo encuentro las opiniones favorables a la política oficial, por lo que me encuentro con un medio de información tan monolítico como el Monopolio Clarín, solo que con otro signo político.
A esta altura de mi reflexión surge la pregunta: ¿si todos los medios están comprometidos con alguna línea de pensamiento que circula en la sociedad, como podemos informarnos?
Cornelius Castoriadis decía que los seres humanos debemos luchar por la autonomía. Frente a una sociedad heterónoma que nos impide fijar nuestras propias normas como colectivo social y nos obliga a planificar nuestras vidas mediante normas dictadas por otros, ajenos a veces a la sociedad e incluso a nuestro tiempo histórico, la autonomía nos convoca a desarrollar un pensamiento propio. Para ello debemos apoyarnos en una de las cualidades más humanas, la que nos diferencia claramente del resto de las especies animales[2], la imaginación radical. Esta es la cualidad que nos permite tener un pensamiento crítico reflexivo y que nos posibilita evaluar toda la masa de información seleccionando aquella que es más adecuada a nuestras necesidades e intereses.
Podemos leer Clarín, La Nación, Tiempo Argentino o Página 12, pero si usamos la crítica desde la perspectiva de la autonomía podemos reinterpretar los contenidos en clave de nuestros intereses personales y colectivos.
No se trata de ser pro gobierno o anti gobierno, sino de tener ideas propias, de producir criterios autónomos, de no correr tras la manada, siendo individuos intelectualmente productivos, insertos en un colectivo social.
La segunda cuestión que surge es ¿se puede cambiar la situación actual? Creo que sí pero es necesario reformular y profundizar el concepto de libertad de prensa. Comenzando por lo que decíamos más arriba, leer críticamente toda la información de la que disponemos, formular nuestros propios criterios sobre los sucesos, no comprar las operaciones de prensa de cualquier lado que vengan, es un paso adelante en ese sentido.
Pero como esto es insuficiente, debemos trabajar por aumentar los límites de nuestro derecho a la información y la calidad de la información que recibimos.
La ley de medios de prensa tan cuestionada por los grupos comunicacionales monopólicos es un aporte, pero muy pequeño. Decimos que un aporte porque tiende a redistribuir la propiedad de los medios en la sociedad, pero mantiene la propiedad privada sobre los medios de comunicación de masas y la potestad de los propietarios de determinar los contenidos de esos medios.
Es necesario ampliar derechos como el “Derecho a réplica”, y a la vez mejorar la estabilidad laboral de los periodistas. Estas dos cuestiones le quitarían a los dueños de los medios el monopolio sobre lo que se dice en ellos, ya que según el primer derecho, cualquier persona que lo desee debe tener espacio en los medios para contestar aquello que a su entender lesiona sus intereses o creencias, y según el segundo se impediría que los dueños de los medios usen estos para su único usufructo sin tener en cuenta el otro derecho al que hacíamos mención, el derecho a la información genuina y transparente.
Se nos podría objetar que este planteo limita la “libertad de prensa”. Es cierto limita el derecho de los propietarios a publicar lo que les antoja, aun cuestiones francamente mentirosas, o a ocultar información, pero amplia el derecho a la información de todos los ciudadanos y la transparencia informativa, colocando la información como herramienta de desarrollo del pensamiento político y social.
Mas profundo aun sería que el derecho a la información transparente y de calidad sea tomado como una política de Estado, de manera tal que la sociedad cuente con medios de información colectiva que promuevan la participación y el debate ciudadano.
Esto ya ocurre en nuestro país, aunque limitadamente con los canales estatales (canal 7 y Encuentro entre otros), pero esta propuesta no implica el uso monopólico del oficialismo de turno de esos medios, sino la pluralidad participativa de todos en los mismos, y cuando decimos de todos nos referimos a periodistas, ciudadanos, políticos, empresarios, investigadores, docentes, etc.
Como vemos nuestra propuesta va mas allá de lo que preconiza el gobierno, supone la puesta en marcha de un programa de ampliación de la democracia orientado a lograr una democracia real y participativa que supere a esta democracia limitada basada en la mera representación en la que un sector social diferenciado y privilegiado de la sociedad, la capa burocrática de políticos y funcionarios del Estado, ejerce el monopolio de gestión de la cosa pública en un  esquema social en el que los ciudadanos somos convidados de piedra, y donde nuestros intereses y necesidades no son tenidos en cuenta, ya que la capa burocrática se halla al servicio de los intereses de los poderosos.
Es hora que los ciudadanos empecemos a revalorizar este título que implica la búsqueda de la igualdad, la solidaridad y la cooperación como valores de una sociedad democrática participativa y autónoma.
Hasta la próxima.


[1] Curiosamente esos mismos opositores cuando las patronales agrarias bloquearon las rutas desabasteciendo las ciudades, salieron a apoyarlos sin ver en ello un delito como ven ahora, desde su posición genuflexa frente al Grupo Clarín.
[2] Incluso más que el lenguaje o el trabajo.

jueves, 24 de marzo de 2011

En el día de la memoria

La mejor manera de recordar es discutir con el pasado. La memoria no es una copia física de la realidad. Los seres humanos “filtramos” los hechos antes de guardarlos en la memoria, y lo que queda “registrado” es una interpretación de esos hechos y no los hechos mismos. Cuando recuperamos lo pasado volvemos a “filtrar” los recuerdos en función de la situación en que vivimos, de la carga ideológica que tenemos, de factores culturales, afectivos etc.
Poe ello siempre me gustó la expresión ejercitar la memoria. Ejercitar la memoria es ver críticamente aquello que recordamos, analizarlo, ver que cosas están comprometidas en la mirada del hoy cuando recuperamos el ayer.
Por eso quiero críticamente recordar hoy a los amigos, compañeros, vecinos, que fueron víctimas de las dictaduras.
Los setenta fueron años de plomo, en esos días el movimiento estudiantil estaba colonizado por la idea de cambiar el mundo en forma rápida, violenta. Una de las frases más mencionadas era “la violencia es la partera de la historia”. Quienes no adherían a esta máxima eran tildados de pacifistas, reformistas. Era común escuchar “te pensás que la burguesía va a largar el poder así nomás, hay que arrebatárselo”. El arrebatárselo era mediante la guerra popular prolongada o la insurrección armada, según los diferentes ciento y pico de grupos de izquierda que existían y se proclamaban portadores de la conciencia de la clase obrera. Los intelectuales de izquierda, a diferencia muchos pensadores de hoy, se agrupaban en partidos revolucionarios, es así que la palabra revolución era la más usada. Existían el Partido Comunista Revolucionario, el Partido Revolucionario de los Trabajadores, los Grupos Revolucionarios Socialistas, el Partido Obrero Revolucionario, el Socialismo Revolucionario, la Línea de Izquierda Revolucionaria, etc. Hasta los militares golpistas usaban la palabra y el golpe de Onganía en 1966 se autodenominó “Revolución Argentina”.
Desde la caída de Perón la Argentina vivió un proceso de radicalización de los sectores de la Pequeña Burguesía, escena que tenía como telón de fondo la confrontación de las clases sociales y el profundo debate que ello abría.
La Universidad de los 70` era un espacio de debate total, las discusiones políticas eran tan o más importante que la propia función de formarse en las diferentes profesiones.
Los estudiantes en particular y la juventud en general se debatían en controversias francas, honestas desde la posesión de determinados ideales y teorías. Creíamos en lo que pensábamos, hacíamos lo que creíamos. El movimiento estudiantil se caracterizaba, más allá de las diferencias, por los lazos de solidaridad, afecto, respeto que unían a los militantes de las diferentes fracciones, al final de un día o al terminar alguna de las maratónicas asambleas que se hacían, con mucha frecuencia era muy común que fuéramos al bar Odeón o nos paráramos en la puerta de la Facultad para continuar el debate que había empezado antes y seguiría después.
Recuero que en un pasillo vivíamos militantes de diferentes grupos de izquierda y los sábados a la noche nos reuníamos a compartir un magro asadito en el que la principal diversión era discutir sobre tácticas y estrategias políticas
El militante de los 70/ era arrojado, temerario, no tenía miedo a nada ni a nadie, porque su vida no importaba, había una suerte de culto al sacrificio personal, aquello de morir por los ideales fue tallado a sangre y fuego en los jóvenes corazones de ellos.
El debate de las ideas cubría todos los espacios vitales de los militantes, hasta las famosas peñas en las facultades eran un espacio de práctica política.
Éramos muy responsables, la primera indicación a los compañeros que estudiaban, era que debíamos ser los mejores estudiantes, los más destacados para dar el ejemplo a todos los compañeros, para que ellos nos creyeran y fundamentalmente para dar el debate con las ideas reaccionarias que germinaban en algunos estudiantes impulsadas por los discursos de los profesores adictos al régimen.
En las manifestaciones callejeras, los principales dirigentes encabezaban las columnas tomados del brazo, una primera línea compacta para confrontar con los represores. El referente era el más responsable y mas jugado del grupo político, a él se le exigía más que a los demás y era frecuente que él mismo se auto exigiera.
Otra de las ideas principales era la autocrítica, ese movimiento de volver la crítica hacia uno mismo, de confrontar las ideas con los sucesos y reformular tácticas y estrategias.
 La izquierda estudiantil y obrera de los setenta no era un dato menor, después del rosariazo, el Cordobazo, el vivoraso, de los sucesos de Roca y Malargue, las ideas socialistas revolucionarias se expandieron rápidamente y los diferentes grupos socialistas crecieron en número de organizaciones y cantidad de militantes, la llamada izquierda comenzó a fraccionarse en cuatro campos nítidamente definidos: el campo nacional y popular que más tarde sería hegemonizado por los montoneros y su brazo político la J.U.P., la Izquierda Reformista que no aceptaba la lucha armada y planteaba la lucha por la democracia para cambiar el país, sector que con diferencias encolumnaba a los diversos grupos de viejo Partido Socialista Argentino y al Partido Comunista, la Izquierda Revolucionaria que se había constituido a partir de la ruptura de los grupos tradicionales de la izquierda y de los Partidos Burgueses como el Radicalismo y el Peronismo, y cuyo eje central era la lucha contra el imperialismo como paso a la construcción socialista y finalmente un desprendimiento de este último bloque que se autodenominaba Izquierda Socialista que sostenía que Argentina era un país capitalista independiente y que lo que había que hacer era luchar por un gobierno obrero.
La izquierda no supo enfrentar la democratización del país y en democracia naufragó por la falta de política y poco a poco fue minimizándose, las organizaciones armadas ya habían sido casi desmanteladas a fines de 1975 y lo poco que quedaba fue arrasado por la represión en el primer semestre del 76.
Los sectores de la derecha cavernícola argentina no quisieron arriesgar más, y los civiles junto a los militares trazaron un  cuidadoso plan de exterminio de todo sujeto que enunciara un comentario crítico hacia el sistema. Fueron secuestrados, torturados, asesinados en el marco de un Estado Terrorista, miles de personas, militaran en una organización política o no, porque entre los mártires de los setenta habían militantes de diferentes agrupaciones políticas, pero también obreros que participaban de luchas reivindicatorias, personas que sufrieron la represión por tener un conocido o amigo que militaba, madres que buscaban a sus hijos, e incluso disconformes o críticos a la dictadura como ocurrió con empresarios, diplomáticos que cayeron producto de las “internas” del régimen.
Hoy que aquel mundo bipolar de los socialismo reales y los países capitalistas (EE.UU. vs. U.R.S.S) ha desaparecido, los escenarios políticos son muy diferentes y los discursos también. Algo inimaginable en los setenta, que militantes de organizaciones armadas de izquierda o sindicalistas combativos fueran elegidos presidente por las urnas, ocurre, véase los casos de los presidentes brasileros Dilma Rousseff. Ignacio Lula Da Silva, el uruguayo José Mujica. La chilena Michelle Bachelet o el boliviano dirigente cocacolero Evo Morales.
Muchas cosas que en los setenta no imaginamos, hoy son posible, muchas de las acciones que realizamos o fueron vanas o no nos llevaron a buen puerto. El mejor homenaje a los caídos durante la dictadura es ejercitar críticamente la memoria, para que las nuevas generaciones no cometan los mismos errores y para que podamos ir cambiando sin pausa, pero sin prisa el mundo en el que vivimos, tanto ecológica, como política  y socialmente.
En los setenta pensábamos que sacrificar nuestra vida, inmolarnos por la causa era la mayor muestra de amor a la humanidad y nos lanzábamos a la hoguera de la lucha política que consumió a miles de jóvenes activos, críticos, si ellos estuvieran con nosotros tal vez la historia sería distinta. Lo importante es luchar por la vida, conservar la propia porque solo vivos podemos aportar al cambio social, muertos no cambiamos nada. Vivos podemos debatir con el vecino, con el compañero de trabajo, con los funcionarios, podemos construir empresas autogestionarias, organizaciones no gubernamentales para trabajar codo a codo con los sectores vulnerables, sin diferencias ni estigmatizaciones. Hoy es importante recordar que el enemigo no es ese militante de otra organización, o aquel que piensa distinto, sino los fascistas y mafiosos que como el huevo de la serpiente estas acá en nuestro hogar, la Argentina. Si bien la derecha más recalcitrante ya no enuncia un discurso de exterminio, pero sigue pensando igual, sigue intentando someternos para sacarnos hasta la última gota de sangre, para lograr mayores beneficios, sino vean lo que hacen las patronales agrarias explotando y oprimiendo a los trabajadores rurales en contubernio con aquellos que dicen ser sus defensores. Ellos, los asesinos, no están derrotados y aunque hoy enuncien un discurso con “tintes sociales” y hablen de los pobres hipócritamente, siguen con su avaricia económica buscando más beneficios y su sed de sangre para eliminar a todo los que puedan siquiera amenazar su futuro de privilegios y parasitismo social.
Ejercitar la memoria por el golpe y los desaparecidos es comprometernos a luchar para que no vuelva a pasar, para que la democracia sea cada vez más fuerte, bregar por ser más solidarios y cooperativos, luchar contra todo tipo de discriminaciones, por la ecología del planeta y para ello, amigos míos, tenemos que luchar por la vida y vivir para poder luchar.
Hasta la próxima.