martes, 3 de julio de 2012

Sobre la violencia en la sociedad.


Es difícil escribir sobre un tópico en el que otros han derramado ríos de tinta.
La violencia es un factor integrado a la sociedad humana. Los seres humanos nos hemos agredido. Matado y aniquilado a lo largo e la historia de la especie.
Podemos afirmar que somos animales agresivos y codiciosos, que usamos la violencia como forma de dominación y expoliación sobre los eslabones más débiles de la cadena humana.
Los romanos, tenían un principio, la res nullius, la “cosa de nadie”, aquello que por el simple hecho de ser ocupado pertenece al ocupante, por supuesto todo lo que estaba fuera del imperio era pasible de ser ocupado, y por lo tanto la conquista militar otorgaba al romano el derecho de ocupación. Aquello que los romanos obtenían por conquista les pertenecía.
Si lo pensamos atentamente, solo los pueblos originarios africanos, pueden afirmar que su territorio les pertenece, el resto del planeta fue tomado por el homo sapiens a otras especies menos evolucionadas, a medida que se propagó por el mismo.
La historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases, afirmó Max, pro no siempre las clases de una sociedad dirimieron sus diferencias de intereses en el plano local o territorial.
En un mismo espacio socio histórico, podemos observar, lucha entre clases (esclavos vs amos; burgueses vs nobles; proletarios vs burgueses; etc.) pero, al igual que las clases pugnan entre sí, también se alían y trasladan el conflicto a otras latitudes.
Los romanos no formaron las legiones que les permitieron construir el imperio solo con patricios, Napoleón llegó a extender sus dominios desde la península ibérica hasta Rusia con un ejército formado por sujetos de todas las clases sociales de Francia, los esclavos americanos fueron la carne de cañón de los ejércitos que cumplieron los sueños de autonomía de las burguesías criollas.
Para lograr estas alianzas fue necesario desarrollar dispositivos culturales e ideológicos que naturalizaron las estructuras de dominación o permitieran fundar la unión de intereses contrapuestos, en nociones tan abstractas como irreales.
En el primer caso podemos observar al gobernante por derecho divino, el rey o el emperador entronizado por una jerarquía superior, a saber Dios; en el segundo caso, la noción de Patria. Al proclamar la igualdad, la ciudadanía universal, la burguesía debió acuñar una representación suprema a todos los intereses sectoriales, que le permitiera encolumnar a los distintos sectores sociales tras sus intereses hegemónicos  de clase.
Patria, etimológicamente deviene de patria (del latín patria : familia o clan,  patris, tierra paterna y pater, padre) designa la tierra natal o adoptiva a la que un sujeto se ha vinculado por lazos de diversa índole, como los afectivos, culturales o históricos o por ser el lugar donde se nace.
En la medida en que la burguesía se instituyó como clase dominante y construyó al capitalismo como sistema hegemónico mundial, la noción de Patria, adquirió una significación más importante, permitiendo establecer la unidad en los Estados-nación consolidados a partir de la revolución francesa.
La Patria, me iguala al burgués que me explota y lo convierte en un aliado contra la alianza de obreros y burgueses de otras naciones, en nombre de la Patria se han cometido los peores genocidios, o se han justificado las formas mas viles de explotación.
La burguesía se constituyó en la principal impulsora de los estados nacionales y el andamiaje jurídico, que, en términos de Marx, le permite ejercer el derecho de establecer las reglas de explotación y dominación en todo el territorio bajo la tutela del Estado-nación.
Ahora bien, en la medida en que las sociedades occidentales evolucionaron, las luchas de los sectores dominados impactaron en el andamiaje jurídico de estos Estados-nación, imponiendo a la burguesía una serie de derechos gremiales, políticos y sociales.
Es así que, en casi todas las constituciones de las repúblicas o democracias representativas, figuran derechos tales como, libertad de reunión, de asociación (gremial o política) derechos de los trabajadores, tales como ambiente adecuado de trabajo, remuneración justa, derecho a la estabilidad laboral, beneficios sociales y previsionales como jubilación o vacaciones pagas, etc.), derechos a la asistencia sanitaria universal, voto universal, educación igualitaria, etc.
Los Estados modernos se han constituido en no pocas oportunidades, en diques de contención, contra el avance feroz de las corporaciones sobre los ciudadanos, en especial sobre los trabajadores.
Las corporaciones capitalistas, continúan ejerciendo la violencia como forma de explotación y expoliación sobre los más débiles. Muchas veces el Estado-nación más fuerte somete a los Estados-nación más débiles como manera de apropiarse de sus recursos naturales o lograr concesiones para poder establecer empresas que exploten la mano de obra barata.
Aún con la evolución de los últimos siglos, impulsada por las luchas de los sectores más vulnerables de la sociedad humana, continuamos observando la existencia de trabajo esclavo, servidumbre, despotismo, etc.
La violencia capitalista no es solo la ejercida físicamente sobre un ser humano en particular, es violencia, la destrucción del medio ambiente, la explotación salvaje de trabajadores, allí donde el Estado-nación es débil o esta coaptado por la corrupción y permite la humillación de sus trabajadores, como por ejemplo el sudoeste asiático, o regiones enteras de África.
En e mundo, en los últimos años, hemos asistido a las mas aberrantes prácticas de tortura genocidio, persecuciones religiosas o contra grupos minoritarios de una sociedad, uso y abuso del trabajo infantil, proxenetismo y prostitución infantil, etc.
Mi hipótesis es que la naturaleza arcaica del homo sapiens, determinada por la violencia social o de grupo, el afán de posesión y dominio, la avaricia por las riquezas, etc., continúa intacta.
Por la acción de las estructuras jurídicas y sociales, elaboradas por el hombre a lo largo de la historia, ha sido en parte reprimida, pero continúa latente, acechando para poder realizar el deseo de la carga instintiva, animal y salvaje humana; y si para los sectores dominantes de la sociedad fuera posible, retornaríamos a ese animal violento, irracional y brutal que nos constituye.
Prueba de ello, son las grandes guerras del siglo XX, el holocausto, los genocidio como el armenio o en de Ruanda, en Bosnia Herzegovina, las matanzas de campesinos y pueblos originarios en Latino América, los genocidios represivos en Argentina, Brasil, Chile, Perú, Colombia, etc.
Pero no solo encontramos la violencia en los Estados-nación o en las clases dominantes, asistimos a una generalización de la misma, de manera tal que, encontramos grupos o pandillas que atacan a los ciudadanos sin motivo aparente, como las Maras centroamericanas, como los grupos neofascistas europeos, vemos violencia en los espectáculos deportivos, en las calles, vemos en definitiva una sociedad, que ha dejado atrás la tranquila vida rupestre de ayer y en la ebullición de las nuevas tecnologías, en el desarrollo de toda una gama de productos, ha ido remplazando el sentimiento de amor por el otro, de solidaridad, por el deseo de satisfacción de un consumo tan irracional como violento.
El crecimiento de la violencia urbana, se constituye entonces, en un justificativo para atemorizar a las capas medias de la sociedad, aquellos sujetos sociales que tienen algo que perder, y por vía de la construcción mediática de la sociedad, se satura a los ciudadanos con un mensaje, que poco menos, hace aparecer a las ciudades modernas como un coto de caza de depredadores, que, ¡oh¡ causalidad, son los sectores mas vulnerables de la sociedad, jóvenes sin trabajo y educación abandonados por las políticas neoliberales, infectados por el deseo de consumo que les crean los mismos medios hegemónicos, que luego los estigmatizan cuando recurren a la violencia para satisfacer el ansia de posesión.
Se pone en primer plano y se magnifica esta violencia de los marginales sociales, por objetivos políticos, por ejemplo atacar a un gobierno por no resolver un problema que saben que no se puede solucionar en el marco de las actuales condiciones capitalistas de existencia, o por intereses estratégicos, ocultar que esa violencia es solo una pequeña consecuencia de la asimetría social que hace que mientras unos pocos poseen todo la mayoría de la sociedad se vea condenada al hambre y la marginalidad.
Hasta la próxima.

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