domingo, 14 de febrero de 2016

Estado de situación.


La Argentina se encuentra en uno de los momentos más difíciles de su historia, no porque este inmersa en una crisis terminal de su economía, sino porque este es un momento de encrucijada. En otras oportunidades he referido al término crisis desde su real perspectiva etimológica (del latín crisis, a su vez del griego κρίσις) constituye un momento de cambios en cualquier aspecto de una realidad organizada pero inestable. Aunque los cambios que sobrevienen a una crisis pueden ser previsibles siempre conllevan algún grado de incertidumbre en lo referido a su reversibilidad o profundidad. Si los cambios son profundos, súbitos y violentos, y sobre todo traen consecuencias trascendentales, van más allá de una crisis y se pueden denominar revolución. Las crisis pueden sobrevenir por razones lógicas de desenvolvimiento de una estructura o ser la consecuencia de las decisiones tomadas por un grupo social. Es muy difícil determinar el origen de una crisis y sus causas en el momento en que ocurren, dado que las acciones tomadas no necesariamente se corresponden con los objetivos e intenciones de quienes las toman, y las motivaciones permanecen ocultas tras una parafernalia de escusas y teorizaciones que no tienen relación con lo que está pasando. Las crisis no son puntuales, a veces duran unos días, meses, años, y su resolución es el producto de un conjunto de factores que concurren en un determinado momento, a veces aun sin la intervención de los actores sociales, y más aún, a pesar de su intervención. La última gran crisis en argentina fue la de 2001, cuando la agenda neoliberal caducó por la acción de las fuerzas económicas desquiciadas que llevaron a una alta tasa de desempleo (según Clarín del 26/07/2002 en Argentina había 3.036.000 desempleados: el 21,5% de la población económicamente activa. Y la subocupación llegó al 18,6%, esto es 2.630.000 personas o sea 40,1% de trabajadores con problemas de empleo, 5.666.000 trabajadores), secuestro de los ahorros privados de las personas de parte del Estado (el afamado corralito), endeudamiento persistente con el fin de satisfacer gastos corrientes, festival de cuasi monedas (15 provincias emitían sus cuasi monedas por más de 5000 millones de dólares), aumento de la pobreza y la indigencia a niveles inimaginables (52,8 % de pobreza y 22% de indigencia), las reservas del banco central habían casi desaparecido (estaban cerca de los 10.000 millones de dólares) y los ciudadanos salieron a las calles a manifestar su disconformidad con el estado de situación y fueron ferozmente reprimidos por el gobierno radical de De La Rua con un saldo de muchos muertos y heridos en ciudades del interior del país, totalizando 39 muertos como consecuencia de la represión en los dos días (20 y 21 de diciembre de 2001). La Argentina declaró, a través de sus representantes en el congreso, su quiebra y default de la deuda externa. En este punto álgido de la crisis neoliberal iniciada en los finales del menemato (Menem gobernó entre 1989 y 1999 en base a políticas neoliberales que continuó De La Rua) destacamos algunos hechos políticos hoy olvidados, pero que tuvieron una gran significación. En primer lugar, las consignas encarnadas en el pueblo en aquellos días eran “piquetes cacerolas, la lucha es una sola” que definía el llamado de la pequeña burguesía que salió a las calles a batir cacerolas para manifestar su angustia y desagrado ante una política económica que en la bancarrota se apropiaba de sus ahorros, a unir fuerzas con los desamparados sociales integrados en organizaciones piqueteras que venían resistiendo al neoliberalismo desde comienzos de la democracia. El segundo hecho de relevancia y que va de la mano del “que se vayan todos” es la aparición de las asambleas populares que reunían a ciudadanos enfurecidos que habían decidido deliberar (debatir) por sí mismos la problemática de un país que afectaba profundamente sus condiciones de vida. Estas asambleas se extendieron a diversos puntos del país y si no constituyeron un punto de descarga de una nueva organización política diferente a las tradicionales, y si no prosperaron fue, entre otros factores, fundamentalmente por la acción irresponsable y sectaria de algunos grupos de izquierda que volcaron sus aparatos político-partidario para coparlas, dejando como resultado la rápida extinción de las mismas. Estos dos hechos pusieron de manifiesto la desconfianza de las masas en los políticos de los partidos tradicionales y la búsqueda de nuevas formas de democracia, fundamentalmente la democracia directa. Si los partidos burgueses tradicionales pudieron reconstituirse fue porque en argentina no existió nunca un partido revolucionario capaz de organizar la rebelión de las masas en una estructura de consolidación del poder popular y construcción social transformadora. En el decir de Lenin existían condiciones revolucionarias objetivas, es decir, que los de arriba no podían gobernar como lo hacían, que los de abajo no querían seguir viviendo como vivían, y la existencia de una crisis económica objetivamente comprobable, pero que no era posible que se cuestionara el poder burgués porque no estaba presente la cuarta condición dada por Lenin, la existencia de una conciencia revolucionaria en las masas que se expresara en un programa socialista de transformación de la sociedad. La izquierda no supo, no pudo o no quiso desarrollar un plan de acción unitario y las masas por sí solas no tenían el nivel de conciencia para enfrentar al poder burgués mas allá de la mera confrontación en las calles, en una rebelión condenada al fracaso desde sus inicios. La que sí tomó nota de lo peligroso de la situación existente fue la burguesía que, a partir de allí, consideró las consecuencias catastróficas de la aplicación del programa neoliberal y decidió realizar un cambio de rumbo diametralmente opuesto tomando como guía la propuesta neo keynesiana. Al igual que en la Suecia de 1930, el neo keynesianismo aportó las herramientas heterodoxas para salir de la crisis mediante el plan económico de Duhalde-Lavagna primero y de Kirchner-Lavagna después. Durante doce años la Argentina asistió a una poderosa recuperación económica que impulsó todas las variables hacia arriba con un saldo de un crecimiento (en algunos años) del 8% del PBI anual. A diferencia de las políticas neoliberales que privilegian las ganancias de los sectores más concentrados de la economía, poniendo el énfasis en la regulación del mercado (en la oferta) y la vana ilusión de las masas en la teoría del derrame, el gobierno kirchnerista apostó al mercado interno, al consumo (puso el eje en la demanda) y en una redistribución social que garantizara un cierto nivel de previsibilidad social en el marco de un capitalismo definido por él como “capitalismo con rostro humano”. No es necesario recordar todos los logros de una década de oro para los sectores más desfavorecidos de la economía (trabajadores, desempleados, marginales, vulnerables) como el aumento en términos reales de las jubilaciones y pensiones y universalización del sistema previsional (casi el 100 % de las personas con derecho a jubilarse obtuvieron ese beneficio), la re estatización de sectores claves de la economía como Aerolíneas Argentinas, AFJP (administrados de los fondos de pensión), de empresas de agua, planes de expansión ferroviaria, digitalización de los documentos de los ciudadanos, ampliación de derechos como el matrimonio igualitario, derecho a la identidad, juicio y castigo a los culpables de delitos de lesa humanidad, mejora de los derechos humanos, aumento de la libertad de expresión a niveles desconocidos en argentina con legislaciones innovadoras como la ley de medios, acceso a la tecnología con el plan conectar igualdad, desarrollo de la asistencia social con planes como la asignación universal por hijo, aumento en términos reales de los salarios de los trabajadores con instrumentos democráticos como las paritarias, disminución de la desocupación a niveles inéditos desde hacía décadas (la desocupación fue cercana al 5% en 2015), mayor acceso al crédito mediante planes como “ahora 12”, acceso a la vivienda y a la movilidad como los planes procrear y procreauto, movilidad de los haberes jubilatorios, recuperación de parte de algunos sectores del 82% móvil (por ejemplo en los gremios docentes) aumento del presupuesto educativo y de ciencia y tecnología que superaron el 6% del PBI, creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología y desarrollo de innovaciones tecnológicas como por ejemplo ARSAT-INVAP, en definitiva una agenda de transformaciones en el marco del sistema capitalista que impulsaron a la Argentina a niveles de vida y desarrollo cercanos a las décadas del 50/60 cuando los argentinos tuvimos el mayor nivel de vida de su historia. La gran burguesía (las patronales agrarias, el gran capital financiero, los exportadores y los capitanes de la industria entre otros), si bien se benefició con este proceso, estabilizada la situación económica comenzó a trabajar, de la mano de los monopolios concentrados de comunicación (Grupo Clarín, La Nación, Perfil) en un plan orientado a desalojar del poder a la burguesía media y pequeña interesada en el desarrollo del mercado interno, encarnada en el kirchnerismo. Para ello construyeron una agenda mediática de falsificación de la información, denuncias inconsistentes, ataques infundados, operaciones de prensa llevadas adelante por sus fuerzas de elite, “periodistas” otrora prestigiados como Lanata, Leuco, o simplemente empleados de los monopolios, otrora algunos colaboradores de la dictadura genocida, como Bonelli, Levinas, Longobardi, Van Der Koy, Blanc, Majul, Plager, Bilouta, Wiñazki, etc. Fueron años de socavamiento de las bases de legitimidad y confianza en un gobierno que en 2011 obtuvo el 54% propio de los votos (Macri obtuvo en primera vuelta un 25% de votos propios) y de la mano de la imposibilidad constitucional de la renovación de mandato de Cristina Fernández de Kirchner, que lograron imponer al candidato del ajuste Mauricio Macri. Un dato de relevancia, por primera vez en democracia la Argentina tiene un gobierno atendido por sus dueños, la derecha neoliberal llegó al poder mediante los votos y no por cooptación de algún líder populista. En solo 60 días el ajuste avanzó a caballo de los DNU (decretos de necesidad y urgencia). Se licuaron los salarios con un 50% de devaluación y una alta inflación, se despidieron más de 60.000 trabajadores (estatales y privados), se encarceló líderes populares (como Milagro Sala), se entronizó el clientelismo con contratos millonarios a amigos (como los contratos dados a Caputo), se mejoraron los rendimientos de las patronales agrarias, exportadores y mineras mediante la baja de las retenciones, se reprimió salvajemente a los trabajadores en conflicto (Cresta Roja, Municipales de La Plata, se realizaron allanamientos ilegales contra centros de cultura como el centro de La Cámpora en Olivos o la murga de la villa 1.11.14, se entregó el patrimonio nacional (arreglo leonino con fondos buitres, se pretende poner techo a las paritarias, se ocultó información (por ejemplo no se da más el índice de precios del INDEC), se pretendió nombrar jueces amigos del grupo Clarin (como Rosenkrantz) o de la gran burguesía (Rosatti) a la Corte Suprema de Justicia por decreto, se disparó la inflación (que venía bajando en los último año del anterior gobierno), en definitiva, todas las medidas tomadas por el actual gobierno constituyen una transferencia de ingresos de los sectores más pobres y vulnerables hacia los sectores más ricos de la sociedad, El gobierno goza de un resguardo mediático basado en el otorgamiento de grandes beneficios a los grupos concentrados de la prensa que ocultan gran parte de las medidas que atentan contra el nivel de vida de los trabajadores y a la vez ha echado o propiciado el despido de periodistas honestos que mantienen la ética profesional y denuncian los atropellos del macrismo como Víctor Hugo Morales, los periodistas de 678 o de Radio Nacional, etc., de manera de garantizar su impunidad informativa anulando las voces críticas. Estamos en los comienzos de la articulación de una política económica neoliberal de base antipopular. Para poder lograr ello el gobierno del PRO-RADICLISMO ha tejido una intrincada alianza con otros sectores de la política como Sergio Masa del Frente Renovador, sectores de la derecha kirchnerista como algunos gobernadores, políticos afines a la anterior gestión como Uturbey, Bossio, etc., con sectores de izquierda como Donda, Tumini, Santillán, Solanas, con sectores de la justicia como el presidente de la Corte Lorenzetti, y con sectores del sindicalismo como los viejos burócratas sindicales Moyano, Barrionuevo, Calo que rápidamente negociaron prebendas como el manejo de los fondos de las obras sociales a cambio de obediencia en las paritarias que se vienen y de garantizar el control de los obreros en lucha. Solo algunas centrales (en general vinculadas a los gremios estatales muy afectados por el plan de ajuste) se mantienen enfrentadas a Macri, las que extrañamente no fueron invitadas a la reunión del presidente con los gremialistas. Es decir, asistimos a una reorganización de la gran burguesía que está articulando un plan de ajuste orientado a maximizar sus ganancias a costa de las condiciones de vida de la inmensa mayoría de los argentinos y a la desarticulación de los sectores más atacados por el gobierno del PRO-RADICALISMO, que aún no han enhebrado una respuesta colectiva salvo acciones sectoriales como el paro general de la CTA, las reacciones políticas de sectores de la izquierda o vinculados al anterior gobierno, etc. Debemos ser conscientes que se instala esta reacción conservadora que pretende un modelo político como el de EE UU., en el que republicanos y conservadores se alternan en el gobierno, pero garantizando la misma base política neoliberal, y que en el caso de argentina sería algo así como la pretendida alternancia del macrismo con el masismo o peronistas de derecha como Uturbey o Bossio, la Argentina retrocederá varios casilleros con su consecuencia de hambre, desocupación, pobreza y represión. Hasta la próxima

viernes, 5 de febrero de 2016

La lucha democrática.


Una de las asignaturas pendientes de la izquierda es su posicionamiento frente a la democracia burguesa. La izquierda ha sido capaz de enfrentar las dictaduras y elaborar agendas para momentos de gran represión política y social, pero frente al desafío del juego de la democracia burguesa sus respuestas han sido, por lo general, inertes. Desde la mitad de la década del 60’ y comienzos de los 70’, los llamados años de plomo, la izquierda en todas sus variantes creció incorporando a miles de jóvenes a sus filas. Por aquella época existían tres grandes bloques de la izquierda que eran denominados izquierda tradicional (Partido Comunista, Partido Socialista Popular) que era el único sector que defendía el tránsito pacífico al socialismo y veía en la violencia un enemigo del propio pueblo trabajador. En una asamblea estudiantil de Rosario un conocido militante del P.C.R. descargo contra este sector una fuerte chicana “Marx dijo, la violencia es la partera de la historia, yo digo, el Partido Comunista los anticonceptivos”. La izquierda tenía una fuerte implantación en los sectores estudiantiles universitarios, donde las representaciones de los particos burgueses (fundamentalmente el radicalismo, como la Franja Morada y la Coordinadora que surgieron de la reunión de la Laguna Setúbal en noviembre de 1968, pero solo avanzada la primera mitad de la década del 70’ comenzarían a tener peso en el movimiento estudiantil las ) todavía no eran un actor político privilegiado en la Universidad. Existe una definición de Lenin en “Acerca de la Juventud” donde dice que la juventud es el sector más sensible de la intelectualidad y caja de resonancia de los conflictos sociales. La universidad de los 60´y los 70´sería el eco sonoro de la alta conflictividad social existente en la Argentina por aquellos años. Frente a la gran violencia institucional llevada adelante por el Estado en manos de dictaduras cívico militares que asolaron a la Argentina a partir del golpe septembrino de 1930 contra Irigoyen la izquierda comenzó a buscar nuevos caminos alternativos a la democracia burguesa que también fue reconvirtiéndose de acuerdo a los nuevos contextos mundiales. En el contexto de la post guerra, con los regímenes totalitarios arrasados y los nuevos vientos del estado de bienestar europeo, el peronismo se constituyó un régimen bonapartista que logró a lo largo de sus 12 años en el poder (1943-1955) realizar profundas reformas sociales que permitieron desarrollar un movimiento ascendente de las clases populares (fundamentalmente los trabajadores, profesionales y pequeños y medianos empresarios) que comenzaron a gozar de un mayor nivel de vida, el famoso fifti/fifti de Perón. Los primeros que se atrevieron a criticar la clásica denominación de fascista al régimen peronista y que adoptaron la categoría de régimen bonapartista fueron los sectores trotskistas (que comienzan a tener presencia en la política de izquierda en Argentina en la década del 40’ con intelectuales como Liborio Justo -Quebracho-, Milciades Peña, Hugo Bressano Capacete -Nahuel Moreno-, Homero Cristali -Juan Posadas-) que para desarrollar este análisis se apoyaron fundamentalmente en la crítica de Marx al régimen de Luis Bonaparte, quien desarrolló una política en la que el Estado pretendía ponerse por encima de los intereses de las diferentes clases sociales y actuar como mediador de los conflictos. Más allá de la polémica sobre el carácter del gobierno peronista, lo que está claro es que el peronismo fue siempre un movimiento policlasista, que bajo una dirección burguesa encaró la reforma del estado y la sociedad logrando importantes niveles de igualación social mediante la aplicación de las teorías keynesianas. Es indudable la simpatía inicial de Perón con el fascismo mussoliniano (estuvo estudiando la organización del estado y el sindicalismo bajo Mussolini en la década del 20’) pero luego de la derrota del nazi-fascismo, Perón viró en su imaginario de la sociedad burguesa y adopto muchos de los elementos que tenía el estado de bienestar que surgió en Europa desde la década del 30 en los países escandinavos y en casi toda Europa a partir del fin de la guerra y con la ayuda del plan Marshall. Si bien perón fue derrocado en 1955, sus políticas fueron continuadas por el desarrollismo de Arturo Frondizi (1958-1962) y también por el gobierno de Arturo Illía (1963/1966), siendo este período uno de los más altos en materia de distribución de la riqueza en Argentina (ver Bonantini C. (1996) Educación y sociedad. Tomo II. UNR Editora. Rosario). Si bien el período de inclusión y crecimiento de la clase media argentina se extiende hasta 1975 (retorno del neoliberalismo a través del ministro de Isabel Perón, Celestino Rodrigo) el lapso de tiempo que va de1955 a 1983 constituye uno de los períodos más ricos de la historia de la izquierda argentina, período caracterizado por la ruptura de numerosos partidos burgueses y de izquierda (peronismo, radicalismo, socialismo, comunismo) dando origen a la llamada izquierda revolucionaria. Del Partido Socialista Argentino que se rompe en mil pedazos surge el Grupo Vanguardia Comunista, y su versión estudiantil, la Tendencia Universitaria Popular Antiimperialista Combatiente (TUPAC) de orientación maoísta. El Partido Comunista que perduró a lo largo del siglo XX, en 1967 sufre una escisión, fundamentalmente de los jóvenes de la llamada FEDE (Federación Juvenil Comunista, FJC) y se crea el P.C. (C.N.R.R), comité nacional de recuperación revolucionaria) cuya versión estudiantil era el FAUDI (Frente de Agrupaciones Universitarias de Izquierda) de orientación inicial guevarista pero que luego sumó una orientación maoísta. Algunos partidos trotskistas se sumaron a esta designación de izquierda revolucionaria como Política Obrera dirigido por Jorge Altamira, el Partido Obrero Revolucionario de los Trabajadores (PORT) de Posadas que pretendía crear una nueva cuarta internacional. La izquierda revolucionaria estaba dividida en dos grupos por el eje de la violencia revolucionaria, mientras que los grupos anteriores preconizaban la organización de las masas en el camino a una insurrección popular contra el capitalismo, otros grupos optaron, bajo el influjo de la revolución cubana y la creación posterior de la OLAS (Organización Latinoamericana de Solidaridad) por emprender la lucha armada contra la dictadura de Onganía (continuando la tradición del Ejército Guerrillero Popular (EGP) liderado por el periodista Massetti (ex director de la agencia de noticias cubana Prensa Latina) y los Uturuncos (de filiación peronista) y buscaron crear organizaciones armadas para la toma del poder. Dentro del grupo genéricamente llamado izquierda revolucionaria, que postulaba la lucha armada a partir de guerrillas urbanas estaban algunas organizaciones peronistas como las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) y Montoneros. Todos ellos desarrollaron diferentes formaciones especiales (guerrillas) reconociendo el liderazgo de Juan Perón. Otro Grupo Armado relevante era el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) el combatiente por el periódico que editaba fracción del Partido Revolucionario de los Trabajadores, la otra fracción de igual nombre dirigida por el trotskista Nahuel Moreno se reconocía por el periódico que editaba La Verdad inclinado a la lucha sindical para llegar en un futuro a la insurrección armada de los trabajadores. Finalmente, de la escisión de los grupos que formaban la izquierda revolucionaria surgieron los llamado grupos socialistas que buscaban instaurar el socialismo en argentina sin etapas intermedias (revolución democrática burguesa) mediante un gobierno obrero. La izquierda en todas sus versiones (tradicional, revolucionaria y socialista) tuvieron una presencia muy importante durante las dictaduras que van de 1955 a 1973, donde grupos como el Frente Antiimperialista y por el Socialismo (FAS) fueron capaces de organizar actos que convocaron a más de quince mil militantes, y las formaciones especiales del peronismo, FAR, FAP, Montoneros. llegaron a ser en 1973 organizaciones de masas, convocando una muchedumbre en Ezeiza con motivo de la vuelta de Perón el 20 de junio de 1973. La última dictadura arrasó mediante un régimen de terror con casi todos los objetores del régimen capitalista. Con el advenimiento de la democracia, la izquierda fue incapaz de enhebrar una propuesta creíble y a lo largo de estos más de treinta años (1983 en adelante) nunca constituyó una opción de poder. Es que su carácter espontaneista y movimientista no le permitió superar la etapa infantil de su pensamiento y quedó fijada en un imaginario contestatario incapaz de construir un programa alternativo de gobierno en el marco de la democracia burguesa, como lo hicieron los socialdemócratas escandinavos en la década del 30´. Las masas nunca acompañaron electoralmente a las organizaciones de izquierda durante estos 33 años de democracia representativa, siendo contadas las veces que los grupos de esa tendencia en conjunto superaron el 3 o 4 % de los votos. Las veces que representantes de la izquierda accedieron al parlamento no fueron capaces de hacer uso del mismo y en no pocas oportunidades se fraccionaron dentro del mismo por intereses mezquinos. Podrían desarrollarse muchas razones explicatorias para esta ausencia de representatividad en democracia de la izquierda, pero creo que una de las más importantes es la ausencia de una teoría revolucionaria que piense la lucha democrática, más allá del espontaneísmo de las masas. Pensar la lucha democrática no implica hacerlo solamente en clave política, supone incluir todas las dimensiones determinantes del imaginario democrático, la política, sí, pero también la economía, lo social, lo cultural y lo ideológico. Un sector de la izquierda genéricamente denominada socialista concibió la necesidad de desarrollar la lucha por la máxima ampliación de la democracia y en ese camino tratar de que las masas ganaran en organización y conciencia, pero fue incapaz de sobrevivir a sus propias contradicciones de clase. A mi entender, el problema reside en una concepción paternalista de la izquierda respecto a los trabajadores y sectores populares, es la izquierda la que pretende tomar el poder para dárselo a la clase obrera, de esta manera una vanguardia lúcida de pequeños burgueses organizados en sectas pretende ganar el interés de la clase obrera y tomar el poder mediante la movilización de masas, para una vez instalado en el control del estado comenzar la transformación revolucionaria de la sociedad. La dificultad de esta concepción es que siempre que la izquierda logró alcanzar el poder (Rusia 1917, China 1949, Cuba 1959, etc.) se constituyó en una capa burocrática que lejos de transformar la sociedad, asimiló todas las lacras del capitalismo y mediante luchas intestina se eliminaron unos a otros quedando un grupo enquistado en el poder que lo usó para beneficio propio. Así dieron origen a los llamados estados obreros burocratizados, donde se instalaron dictaduras violentas que conculcaron los derechos de la población y desarrollaron formas de capitalismo monopolista de estado. El esquema de estos “estados obreros burocratizados” naufragó a partir de la década del ochenta y hoy solo quedan en pie algunas dictaduras autoritarias como las de China, Viet Nam, o Cuba, donde un grupo de burócratas ejerce la tutela del pueblo y se mantiene en el poder mediante la represión y el consenso pasivo de la población. Ello no invalida logros alcanzados por este capitalismo monopolista de estado, pero de ninguna manera en ellos se abrogaron los privilegios y se terminó con las diferencias sociales, más aún, en casos como China las diferencias entre ricos y pobres crecieron y en casos como Camboya o Corea del Norte, se cometieron terribles genocidios en nombre de la revolución. Por el contrario, podemos observar que en determinados países capitalistas como los países bálticos la población en general alcanzó un alto nivel de vida en el marco de políticas de desarrollo capitalista y democracia. El problema fundamental de la izquierda, como lo ha demostrado la experiencia de Siriza en Grecia es no contar con una teoría económica alternativa al liberalismo. En los países bálticos se desarrollaron experiencias sinérgicas de administración socialista mediante la aplicación de programas de desarrollo basados en el keynesianismo. Esto permitió que algunos países alcanzaran altos estándares de vida en el marco del estado de bienestar, aunque, justo es reconocer, que no desaparecieron las diferencias sociales, sino que se atenuó la pirámide social. En otras oportunidades he sostenido que los cambios sociales no son producto ni de un líder, ni de un partido, ni siquiera de una generación, el capitalismo tuvo que madurar varios siglos para alcanzar el triunfo de la revolución democrática burguesa sobre el feudalismo y el ancien régimen. Por lo tanto, la búsqueda de un nuevo orden social todavía está en pañales y será necesario mucho tiempo hasta que se logre construir colectivamente una teoría de la transformación social. John Holloway en su libro “Cambiar el mundo sin tomar el poder” sostiene que el problema fundamental de la izquierda tradicional es que trata de cambiar el mundo en el marco de las propias reglas de dominación de la burguesía. La izquierda, sostiene el autor, pretende producir modificaciones en el marco de la política burguesa y ello la lleva a preconizar la lucha por la toma del poder, lo que en la práctica política significa pretender cambiar la sociedad con las mismas herramientas burguesas con las que el capitalismo se sostiene. El piensa en pasar, de la lucha del contra poder, es decir arrebatarle el poder a la burguesía por medios violentos o parlamentarios, a la lucha anti poder, es decir, la búsqueda de lograr visibilidad de los sectores sumergidos y reprimidos de la sociedad y desarrollar en la práctica social un debate entre todos los ciudadanos que lleve a modificar las condiciones estructurales de la conciencia y el imaginario burgués. El cree haber encontrado un ejemplo concreto de su teoría en el movimiento Ejército Zapatista de Liberación Nacional que se orientó más que a la toma del poder a la visibilización de la situación de opresión de los indígenas en Chiapas. En países como Argentina en los que el capitalismo ha logrado un nivel importante de desarrollo y autonomía política respecto a los centros capitalistas mundiales, las demandas de la población tienen una gran heterogeneidad y se corresponden a intereses muy diferentes. En nuestro país aún tenemos relaciones laborales de semi esclavitud (fundamentalmente en los grandes establecimientos agropecuarios explotados por los miembros de la Sociedad Rural Argentina (SRA). Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), CONINAGRO, etc., y una masa de trabajadores informales con bajos sueldos y sin protección previsional, junto a un importante número de trabajadores asalariados, emprendedores, etc., pero es un país en el que las relaciones capitalistas de producción constituyen el modo de explotación hegemónico, un país en el que conviven sectores en situación de vulnerabilidad y hacinamiento junto a nodos de alta tecnología que incluyen edificios inteligentes, alto uso de la informática, millones de celulares, etc. Pero nuestra dificultad es que vivimos en un país de bajo desarrollo democrático. Un sistema educativo obsoleto construye sujetos de la ideología burguesa y no es capaz de configurar una masa de ciudadanos críticos. No existe participación ciudadana en las decisiones colectivas, sino que se ha instituido una llamada “clase política” que funciona a la manera de sistema experto en la gestión del Estado con casi ninguna participación ciudadana en la toma de decisiones importantes para el futuro social. La casi única participación ciudadana se resume en el ejercicio del voto cada dos o cuatro años, luego los representantes hacen lo que se les ocurre sin consultar a los ciudadanos. En América Latina existen países con participación ciudadana como es el caso de Uruguay en el que los ciudadanos son consultados para tomar decisiones trascendentes (por ejemplo, Uruguay no pudo privatizar la empresa de telecomunicaciones porque en el referéndum para decidir el pueblo voto no). Tampoco se ha logrado un nivel de desarrollo del pensamiento crítico y reflexivo y la sociedad argentina se halla colonizada por modos de pensamiento primitivos que tienen que ver con lógicas binarias de amigo/enemigo, con el agravante de existir una fuerte monopolización de los medios de comunicación que repiquetean en la conciencia ciudadana tratando de imponer modelos de pensamiento acordes a los intereses de la gran burguesía. El sistema político es de carácter partidocrático, pero con el agravante de que en todos los partidos burgueses existe la impronta de liderazgos caudillescos que hacen que el programa no sea del partido sino del líder que eventualmente coloniza la organización y la pone a su disposición. Un ejemplo diferente de organización política lo constituye el partido socialdemócrata alemán que en los años setenta construyó un programa político que tenía más de cuarenta páginas, en el mismo se recorrían todas las áreas de gobierno y acción social, el primer ministro socialdemócrata era el líder del partido, pero con la responsabilidad de llevar adelante el programa partidario, no su propio programa acorde a sus intereses individuales o clientelares. En Argentina, salvo honrosas excepciones, el liderazgo es caudillista, alguien llega al poder y somete a las estructuras partidarias y gubernamentales mediante la inclusión en puestos claves de políticos de extrema confianza que a la vez seleccionan colaboradores de extrema confianza. La política tiene una construcción piramidal y verticalista que somete todas las decisiones al mandato del líder antes que al del pueblo. Esta construcción mesiánica de la política posibilita la emergencia de rasgos autoritarios y una corrupción estructural que se ha ido afianzando con el correr del tiempo democrático que se reinició en 1983. Si bien en los últimos doce años de gobierno kirchnerista se logró una notable ampliación de derechos tanto sociales, como culturales o económicos, ello no surgió de un debate profundo en el seno de la sociedad (salvo excepciones como por ejemplo la ley de medios, el matrimonio igualitario) sino por la acción generosa de un liderazgo progresista. El problema de este tipo de liderazgos excluyentes es que cuando desaparece el líder la derecha reaccionaria tiende a revertir los procesos de ampliación democrática que con tanto esfuerzo construyó la sociedad. Creo que debemos pensar en la ampliación democrática como una clave de la construcción social igualitaria, pero con ella sola no alcanza, es necesario realizar acciones enérgicas que involucren el cambio educativo, político y social para poder desarrollar una generación superadora a la actual en materia de autonomía del pensamiento. Ello supone que el cambio educativo, ni empieza en la escuela, ni dentro de ella supone el aumento de la calidad educativa, vista en términos de días corridos de clase. El desarrollo de la autonomía reflexiva y crítica comienza en la familia. En los primeros años de vida el niño desarrolla que Pavlov denominó el reflejo de investigación, la inquietud del infante por reconocer el mundo circundante en base a su propia experiencia exploratoria. Este reflejo es bloqueado por la acción de la familia primero, y de la escuela después, las que se encargarán de abortarlo para desarrollar un sujeto acrítico y consensual que obedezca a los padres, luego a los maestros y finalmente a los patrones sin cuestionar porque debe hacerlo. El ejercicio democrático, cuando va más allá de la mera representación, supone además de la participación ciudadana con el voto o con simulacros de presupuestos participativos que no son tales, la desaparición de la mal llamada clase política, y su reemplazo por el pueblo ejercitando soberanamente su derecho de definir las políticas sociales y económicas, pero para ello es necesario reformar la constitución de manera que el pueblo no delibere ni gobierne sino a través de sus representantes, por una fórmula que establezca que el pueblo no tiene representantes ya que es el quien delibera y gobierna. Es decir, llegar al paradigma griego de la democracia directa donde los ciudadanos ejercitan su poder sin representantes. Por supuesto que ello supone un cambio de conciencia que no se dará en un día, o un año, y que tal vez lleve mucho tiempo, por medio de un proceso en el que los ciudadanos se empoderen sobre la base del pensamiento crítico, cooperativo, solidario, igualitario y reflexivo. En ello la educación tiene mucho que ver, pero no como sistema reglado y graduado, dotado de jerarquías que reproducen las relaciones de poder dominantes que dividen a la sociedad entre opresores y oprimidos, sino un sistema donde el maestro sea tan solo un coordinador técnico de un proceso de apropiación del conocimiento realizado por un colectivo autónomo de alumnos. Si somos capaces de instituir nuevas relaciones sociales en un proceso de cambio instituyente que transforme las relaciones verticales de convivencia en un modelo transversal que involucre a todos los actores sociales estaremos asentando las bases de la sociedad futura. Sino la noche de los tiempos espera agazapada. Hasta la próxima.

viernes, 22 de enero de 2016

Estado, poder y política en la post modernidad.


En el capitalismo es frecuente que se confundan algunos términos que están muy relacionados, esta confusión aparece también, aunque suene extraño en los ámbitos académicos. Me refiero precisamente a lo que implica el estado, el gobierno, la nación y el poder. Comencemos por el primer término, en la concepción más clásica de Marx, en la sociedad de clases, el Estado constituía el instrumento de dominación de una clase sobre la otra. A lo largo de la historia, las diferentes clases dominantes ejercieron su poder y dominio sobre las clases subordinadas en base a dos instrumentos muy claros, por un lado, la ideología que, como falsa conciencia, como el velo que se extiende ante la conciencia de los dominados para limitar la comprensión de la realidad de parte de estos últimos, la ideología siempre muestra a la vez que oculta. En el capitalismo, la ideología transmite a los desposeídos algunas realidades que se comprenden desde el sentido común. No es posible luchar contra el sistema injusto que otorga a unos pocos la posibilidad de gozar lo que a la gran mayoría le está vedado, y no es posible esa lucha porque pobres ha habido siempre. También la ideología pretende sacralizar la propiedad privada como algo que está casi, lindante con lo divino, la propiedad privada sobre los medios de producción, y su correlato la existencia del mercado, constituyen algo que ha existido desde que el hombre es hombre, diría mi tía veneranda. La política es para ayudar a la gente a vivir mejor dicen muchos políticos, lo que no se explica es, a que gente la política ayuda a vivir mejor, porque que yo sepa, luego de más de dos siglos de ejercicio de la política en nuestro país, no ha sido frecuente que los pobres de beneficiaran de ella en gran medida, más aun, en la ideología democrática representativa la política es solo una profesión ejercida por unos pocos, la clase política, que al definirse como clase se separa de la sociedad a la vez que separa la política misma. Ud., en la democracia representativa vota cada un cierto número de años a personas pertenecientes a esta mal llamada clase para que ocupen cargo deliberativos o resolutivos, los que, una vez elegidos no tienen que dar cuenta a nadie de lo que votan o deciden, más aun, pueden prometer cosas durante la campaña que saben que no van a cumplir y luego hacer o votar cosas que nunca prometieron. Otro elemento de la ideología burguesa es la consideración de las fuerzas de seguridad como servidores públicos. Marx decía que hasta el más humilde de los policías podía, en el capitalismo, detener al más encumbrado de los burgueses. También se considera servidores públicos a los jueces y fiscales que imparten justicia y la ideología burguesa nos hace creer que esa justicia impartida es verdadera, y permite que los que delinquen sean penados. Pues les tengo malas noticias, por lo general los delincuentes que son penados en el capitalismo son aquellos que no tienen recursos y se apropian de sumas insignificantes, o los que, ganando fortunas, como los narcotraficantes, lo hacen mediante prácticas y relaciones sociales feudales que ponen en riesgo al sistema en su conjunto. Las cárceles de los EE.UU. que tiene un cuarto de la población encarcelada del mundo, y que como en la mayoría de los países capitalistas se hallan superpobladas por personas provenientes de los sectores más vulnerables, y cuando, como en los EE.UU. se aplica la pena de muerte, los ejecutados pertenecen casi siempre a sectores de bajos recursos, aquellos que por no tener dinero no pueden pagarse un abogado o un ejército de abogados que encuentren la forma de que puedan eludir la acción de la justicia burguesa. Podríamos realizar una crítica a todos los supuestos de la ideología burguesa, pero ello llevaría ríos de tinta (perdón de bits) lo que no es el objeto de este artículo, solo queremos dejar en claro que es lo que la ideología burguesa muestra de algunos hechos como estos y lo que en el mismo movimiento oculta. ¿Como se coloniza la mente de los oprimidos para lograr que acepten esa ideología de la clase dominante como propia?, pues mediante una serie de instituciones como la escuela, las empresas, los medios de comunicación, los partidos políticos, etc. Los medios de comunicación, desde la invención de la imprenta se han ido constituyendo en una de las instituciones privilegiadas para el logro de la dominación de clase en el capitalismo. Hemos afirmado en diversos artículos que las personas como Ud., o yo, o cualquier ciudadano solo podemos conocer aquello que se halla en el radio de nuestra percepción. Ud., solo percibe a través de sus oídos, vista, olfato, gusto y tacto solo aquello que está al alcance de esos sentidos, en épocas recientes se ha hablado de un sexto sentido, la intuición, que posibilitaría sacar conclusiones de los datos que los otros sentidos nos proveen y que no necesariamente nos damos cuenta de cómo llegamos a esas conclusiones, por ejemplo, los presentimientos, las certezas intuitivas, el fenómeno de dejá vú. Pero aun la intuición es de alcance limitado y está sometida a las reglas de contexto. Si lo que podemos percibir es limitado. La pregunta que surge es: ¿Cómo conocemos el resto de la realidad?, pues bien, podríamos decir que allí entra en juego junto a este sexto sentido, la intuición, la capacidad de discernimiento (reflexión y capacidad crítica autocritica) que funcionan también sobre la base de datos que tomamos de nuestros sentidos ampliados, los medios de comunicación. Yo nunca estuve en Jujuy, y alguien podría decirme que no puedo opinar sobre si Milagros Sala es o no una delincuente. Algunos afirmarán que lo es porque tiene procesos, esto es erróneo, un proceso se le puede abrir a cualquiera, culpable o inocente, pero el derecho positivo dice que toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario, el problema es que quien tiene a cargo esa demostración es un juez, es decir una persona corriente a la que se le ha investido de la potestad de dictaminar según su interpretación de la ley, nótese que digo interpretación de la ley y no de la ley porque nunca la ley es clara y precisa y además los jueces como todos los ciudadanos pueden corromperse, comprarse, responder a intereses parciales de tal o cual sector político o empresarial, en tal o cual contexto. Se conocen muchos casos de personas inocentes que fueron condenadas y ejecutadas o pasaron largos años en la cárcel por decisión de un juez, fiscal o abogado venal o corrupto, también existe lo que se conoce como “plantar pruebas” práctica muy común que realiza la policía (recuérdese el jarrón de Coppola). Es frecuente que una persona sea condenada por sectores del periodismo corrupto que en función de sus intereses o participación política, o tan solo por un miserable salario estigmatizan a las personas, prenda el televisor y observe como “periodistas” sicarios de los grandes empresarios mediáticos como Clarín, La Nación, Perfil, como Jorge Lanata, Nelson Castro, Leuco, Luis Majul, Marcelo Longobardi, Van Der Koy, Blanc, y tantos más que la lista sería interminable, estigmatizan a diario a Milagros Sala, logrando que mucha gente prejuiciosa e ignorante y que tiene apolillado el cerebro por no hacer uso de él, condene a la dirigente popular. Por otro lado, tenemos, los que la apoyan y que por lo general no cuentan con los recursos de difusión de los grandes medios concentrados, tratan también de establecer la inocencia de la militante, aunque para ello solo puedan hacerlo con la movilización y las redes sociales. En el medio está Ud., ciudadano probo y honesto, que no sabe a quién creerle. Pues bien, la única manera de formarse un criterio es a través de recorrer diferentes medios con opiniones contrapuestas, y por ejemplo, en lugar de ver solo T.N. y pensar que lo que se dice allí es la verdad, puede mirar otros canales como C5N, Telesur, CN23, o leer Tiempo Argentino u otros medios como El País de España, el New York Times de Nueva York, el Times de Londres. Ud. podrá decirme que no tiene tiempo para ello, pues bien si lo tiene, es una opción, en lugar de ver la T.V. chatarra como el Bailando, a Mirta Legrand, Susana Giménez, etc., dedique parte de ese tiempo a informarse, cotejar la información y sacar conclusiones, le aseguro que si todos hiciéramos así, el país en el que vivimos sería mucho mejor. Ahora bien, la historia demuestra que con la ideología no es suficiente para dominar a una masa desposeída, que periódicamente las masas se desbordan y expresan su odio de clase hacia los sectores dominantes mediante asonadas, insurrecciones, revoluciones varias, como en el París de 1789 y 1848, Moscú y San Petersburgo en 1917, Berlín en 1919, y más cerca nuestro las grandes revoluciones del siglo XVIII y XIX en América Latina, o los movimientos insurreccionales en Argentina en 1890, 1905 (cuando los radicales tenían principios republicanos y no como ahora que son corruptos, autoritarios y venales) 1919, etc., y cada vez que se levantaban las masas pasaban a degüello a muchos burgueses y ricachones. ¿Cómo sobrevivió el capitalismo?, esencialmente, durante los siglos XVII, XVIII, XIX y XX mediante el uso de las fuerzas de seguridad, la policía y el ejército (además de milicias reaccionarias que atacaban periódicamente a los trabajadores. Las fuerzas de seguridad son el brazo armado de la burguesía, sus integrantes están formados para reprimir sin piedad a los trabajadores que protestan, y para ello usan la tortura, el asesinato, los camiones hidrantes, gases, balas de goma y si es necesario de plomo, napalm, armas químicas, etc. Ni una ni la otra son totalmente eficaces por separadas, el absolutismo cayó porque su construcción ideológica ya no podía contener a las masas hambrientas de Europa (Mao Tse Tung decía que con las bayonetas puede hacerse cualquier cosa, menos sentarse sobre ellas) y la represión no fue una respuesta adecuada para su subsistencia. Los estados mal llamados socialistas demostraron que su ideología de libertad (o falsa libertad) no fue suficiente para contener a las masas que querían cada vez más, vivir como en occidente y sus servicios de seguridad sucumbieron sin luchar en la caída del muro de Berlín. El segundo punto es la cuestión del poder, he señalado, siguiendo a Foucault, que el marxismo clásico tiene una concepción negativa y centralizada del poder. Para esta corriente de pensamiento el poder se encuentra situado en el Estado y su objeto es garantizar el dominio de clase en la sociedad capitalista. La negatividad del poder reside que la función del mismo es impedir que las clases y sectores subordinados tengan participación en la gestión del Estado. A partir del autor de referencia, consideramos que el poder no se encuentra situado en ningún lugar, sino que el mismo tiene una circularidad social, y se organiza como redes de poder con nodos que son inestables y cambiantes. Niklas Luhmann pensaba que el poder es también un medio de comunicación generalizado basado en códigos, el poder no es solo un obstáculo, por el contrario, transmite información. El poder es además de un artefacto de impedimento una posibilidad de creación, es un poder hacer y esta característica del poder, como poder positivo es lo nuevo que se ha agregado a los estudios más recientes sobre el mismo. A todo esto, es necesario incorporar al análisis, una cuestión de las sociedades post modernas en las que el control social ha derivado de la represión y encarcelamiento de los cuerpos a formas más sofisticadas de control, que se basan en las nuevas tecnologías de las telecomunicaciones y la información y en el desarrollo de modalidades de construcción ideológica que perforan nuestro sentido de la realidad y organizan nuestro pensamiento según los intereses de la clase dominante. Para ello, en la sociedad post moderna juegan un papel clave los medios de comunicación de masas (radio-televisión y prensa escrita) los que al constituirse en corporaciones concentradas pueden manipular las opiniones de los ciudadanos legitimando aquello que les interesa legitimar y deslegitimando lo que les interesa deslegitimar, Si bien los medios no tienen el control absoluto del pensamiento colectivo, pueden manipularlo mediante tergiversaciones, falsedades, segmentación de la realidad, aunque ello no sea definitivo, Un ejemplo es la demonización de dirigentes populares como Milagros Sala que llevó a que en una encuesta realizada en Bs. As. Personas que ni siquiera la conocían y no conocían la realidad jujeña, ni la obra de la líder, la tildaran de negra sucia, corrupta y prepotente, mientras que avalaban a un personaje deleznable como Morales, el gobernador, que en el comentario popular se lo tilda de corrupto y con relaciones con el narcotráfico, Macri, en una actitud especular con la izquierda más tradicional, pretende volver la rueda de la historia hacia atrás, e implementar políticas de control social propias de capitalismo industrial de los siglos XVIII, XIX y XX, en los que lo predominante eran los estados policiales, que lograban que los trabajadores aceptaran mansamente el orden social, En los primeros treinta días de gobierno el signo distintivo del macrismo fue la represión violenta de la protesta social, la judicialización de la misma, la persecución de los líderes populares (por ej., el caso Milagros Sala y el plan del macrismo duro de avanzar contra Cristina Fernández de Kirchner, La Campora, y las organizaciones y partidos de izquierda y populares). En consonancia con esta política, los funcionarios de gobierno han implementado una política de provocación que va del insulto liso y llano a los trabajadores, con fuertes componentes racistas y discriminadores (véase las declaraciones de su ministro de economía Adolfo Prat Gay), pasando por amenazas y extorsiones con una desocupación que el mismo gobierno se ha encargado de potenciar (despido de más de 30000 empleados del Estado y una creciente ola de despidos en el ámbito privado) o lisa y llanamente acciones de violencia contra los diputados y políticos opositores (reciente desalojo de la oficina de un diputado del PJ por medios violentos). Si bien la democracia representativa no constituye el modelo más acabado de democracia, y en el mundo se desarrollan experiencias de democracia directa, participativa, ella es una forma de gestión del Estado que posibilita el recambio en el marco democrático. Cuando no se respetan las normas de funcionamiento democrático y se ignoran las leyes, como ocurre en Argentina, donde se nombran jueces adictos al gobierno por decreto, se modifica la coparticipación por decreto, se encarcela a las personas sin juicio previo, se reprime salvajemente la protesta social, se injuria e insulta a los trabajadores, se está en una situación intermedia entre una democracia representativa y una dictadura, dado que aunque el gobierno del PRO-RADICALISMO ha sido elegido en elecciones libres y democráticas, el comportamiento al margen de la ley posterior lo aproxima peligrosamente a una dictadura. Esto es tan así que la propia Comisión Interamericana de Derechos Humanos está interviniendo en la política vernácula reclamando la libertad de Milagros Sala (primera presa política del macrismo) viendo con preocupación la evolución de los derechos humanos en Argentina. Esta situación se da en el marco de una división tajante de la población del país en dos mitades casi iguales tremendamente enfrentadas y en la que desde los medios de comunicación los periodistas militantes del macrismo alimentan el odio y la confrontación continuando con su acción de mentiras, injurias, ofensas, falsas denuncias, contra el gobierno anterior y con una actitud de ocultamiento de los aspectos más oscuros de la cuasi dictadura macrista. Además, en solo treinta días asoman actos de corrupción en el nuevo gobierno como la entrega de la televisación de los partidos de los principales equipos de futbol grupo Clarín con lo que se abandona la idea de futbol para todos, dado que en el interior los canales de Bs. As que televisaran esos partidos no llegan con su señal y los más vulnerables no podrán verlos porque para ello habrá que pagar el abono de cable que muchos no pueden hacerlo por falta de recursos, Argentina vive un momento de transición en el que se juega su futuro democrático, si la población no se moviliza en defensa de la democracia y el estado de derecho, los halcones del gobierno impondrán sus políticas de ajuste con violencia y represión mediante el uso de la fuerza pública para controlar la protesta social, en este marco se inscribe la declaración de emergencia en seguridad con la reaccionaria ley de derribo (que es una acto de implementación dela pena de muerte en Argentina) y que no apunta, como afirma el gobierno, a avanzar en la eliminación del narcotráfico y el crimen organizado, sino que es un primer paso para conculcar el estado de derecho, luego vendrá la declaración del estado de sitio y finalmente la implantación de la dictadura lisa y llana. Hoy el gobierno está a tiempo de cambiar el rumbo, al menos en los institucional, respetando la ley y cogobernando con el parlamento, como lo hizo a lo largo de doce años el gobierno kirchnerista, en ese caso estará integrando a la Argentina al mundo democrático. En el caso contrario estará retrocediendo varios casilleros en dirección a un pasado de represión, ajuste, violencia y dictadura. Pero debe saber Macri, que un pueblo que gozó durante doce años de democracia y libertad, con ampliación de derechos, pluralidad política e inclusión social no dejará que le arrebaten sus logros, en ese caso la responsabilidad de la guerra civil será enteramente del gobierno del PRO-RADICALISMO. Hasta la próxima

miércoles, 13 de enero de 2016

El oscuro objeto del deseo pequeño burgués.


He recortado de diversos sitios de internet algunos datos de los “Sans Culottes” y los enrages (rabiosos). El interés de recordar este sector social de la revolución francesa obedece a clarificar con mayor precisión quienes son “los amigos del pueblo”. Aclaro que los párrafos que presento a continuación no son de mi autoría, son recortes realizados a algunos artículos de los muchos que circulan por internet. Los “Sans culottes” constituían un grupo heterogéneo de personas, eran trabajadores independientes, pequeños comerciantes y artesanos (carpinteros, sastres, etc.). Lo que los unía con mayor fuerza eran las condiciones de vida a las que estaban sometidos, vivían en las barriadas pobres de París, no tenían propiedades (por lo que en el sentido de ciudadanía al comienzo de la revolución les negaba la participación) el término era sinónimo de “desarrapados” y se aplicaba a las clases sociales populares de la Francia de ese período. Desde el comienzo de la revolución se constituyeron en aliados de la burguesía, alineándose con el sector más revolucionario de la misma. Una de las más claras diferencia con los burgueses era su forma de hablar, lo hacían mediante el tuteo igualitario, al contrario del rígido protocolo clasista de tratar de «vos» o «Señor». En su mayor parte eran artesanos y tenderos, aunque también hubiese asalariados y algunos campesinos. Ellos protagonizaron la toma de la Bastilla en 1789 y el asalto al Palacio de las Tullerías de 1792. Tal fue la presión que ejercieron sobre los diputados a la hora de votar sobre la condena a muerte de Luis XVI que resultó decisiva para que el monarca acabase en la guillotina. Fueron los militantes radicales de la clase baja, gente común que no formaban parte de la burguesía, la aristocracia o la familia real. Eran mayoritariamente trabajadores urbanos, y a pesar de que no estaban bien equipados, eran los que formaban la masa del ejército revolucionario durante los primeros años de la Revolución. “Tú no tienes experiencia de la Revolución, y no sabes lo que puede pasar en una Comuna cuando ordena el toque de generala y repicar a rebato”, le comentaba un veterano “Sans-culotte” a un joven guardia nacional en la noche que cayó Robespierre. En mayo de 1795, empujados por el hambre y las desigualdades que la Revolución no consiguió erradicar, una muchedumbre proveniente de los barrios humildes de París asalta la sala de sesiones de la Convención. En los sucesos se dispara contra un diputado, se le decapita y exponen sobre una pica su cabeza al presidente de la asamblea. Entre la multitud un ciudadano se dirige a los demás diputados y les grita: “¡Marchaos todos! ¡Vamos a formar la Convención nosotros mismos!”. Y otra voz dice: «Queda suspendido todo poder que no proceda del Pueblo». A estos sucesos se les conoce en historia como las jornadas del Pradial, que fueron brutalmente reprimidas por las tropas militares bajo las órdenes de la burguesía termidoriana. Esto supuso el fin del movimiento popular de los “Sans-culottes”, protagonistas directos de la Revolución Francesa. Quienes eran los líderes de este grupo social. A diferencia de la burguesía revolucionaria, encabezada por Robespierre y los jacobinos, hubo una serie de personas que conocían directamente la situación miserable del pueblo. Ellos fueron los portavoces de los descamisados de las secciones y sociedades populares. Reclamaban una mejor política social a favor de los pobres: tasación de los productos básicos, circulación del asignado, requisa de los granos, limitaciones a los ricos y la eliminación de los especuladores que se beneficiaban a costa del pueblo. Eran los «enragés» (los rabiosos) que se atrevieron a atacar directamente a la burguesía y abogaban por una democracia popular y la nivelación social y económica. El más conocido fue el ex cura Jacques Roux (el cura rojo), que al comienzo de la Revolución participó en la quema de castillos nobiliarios. Abandonó el sacerdocio y fue uno de los líderes de la Sección de los Gravilleros. Formó parte del Consejo General de la Comuna de París y fue la voz radical de los más necesitados. Su fama creció durante la crisis económica y la escasez, hasta terminar molestando a los jacobinos que lo metieron preso; antes de ser guillotinado prefirió suicidarse. Otros dos famosos “enragés” fueron Teóphile Leclerc y Jean Varlet. El primero se hizo notar como un gran orador que atacó a la monarquía; hizo causa común con Jacques Roux en el tema social y criticó al gobierno revolucionario; fue denunciado por los jacobinos y tuvo que alistarse para el frente para salvar su vida. Jean Varlet se hizo famoso por arengar en los suburbios a los transeúntes desde una banqueta o tarima rodante, a diferencia de los otros dos, su discurso era más político que social; cuando la dictadura jacobina empezó a perfilarse y limitó el número de asambleas generales de las secciones, protestó y fue detenido; la defensa de los «sans-culottes» logró su liberación, pero quedó prontamente neutralizado. También podemos añadir a una predecesora del feminismo, la actriz Claire Lacombe que encabezó el Asalto de las Tullerías. Formó parte de la Sociedad de Republicanas Revolucionarias que invadieron la Convención, y se atrevió a tratar de «Señor» (que era un insulto) al mismo Robespierre. Los jacobinos enojados disolvieron la sociedad y terminaron encarcelándola. Los girondinos y los jacobinos representaban el programa político económico de la burguesía, la que destituida la monarquía aspiraba a entronizar su mundo burgués basado en el libre mercado, la democracia representativa y los derechos del hombre. Obsérvese que las dos consignas en pugna, libertad e igualdad, entre los dos sectores sociales revolucionarios en la Francia de 1789 que eran la burguesía y los sectores vulnerables, pobres y olvidados de París. La burguesía operaba desde dos proyectos políticos, uno de la burguesía centrista, los girondinos, más proclives a desarrollar un estado negociado con la vieja clase dominante y el otro radical revolucionario, encabezado por Robespierre (los jacobinos) partidarios de reformas radicales que pretendían dejar fuera del poder a la vieja clase dominante. Los jacobinos eran radicales, pero también burgueses, en ningún momento avanzaron sobre el derecho a la propiedad privada, y su fundamental énfasis estaba puesto en la lucha por la libertad. Los “Sans Culosttes” en cambio estaban más interesados en sus derechos políticos y en la igualdad en todos los sentidos, de nada vale la libertad si no está acompañada de la igualdad entre los ciudadanos. No es que exista dicotomía entre estos dos términos. pero de nada vale tener libertad para morirse de hambre, y poco dura la igualdad cuando se desarrollada en el marco de sociedades sin libertad. El ejemplo de la primera afirmación son las sociedades burguesas de los siglos XVIII, XIX y XX en las cuales la desigualdad creció sin límites, donde los sectores más sumergidos de la escala social sufrieron todo tipo de explotación y ultraje a manos de los burgueses que se hicieron cada vez más ricos. Cuando un burgués habla de libertad es necesario solicitarle que precise a que se refiere, porque en general esta clase lo hace en clave económica, preconizando la libertad de mercado y el estado mínimo, dejando librada la suerte de los trabajadores a su sola voluntad individual, lo que frente al poderío de las corporaciones los convierte en un juguete manipulable. La burguesía en el marco del capitalismo no pudo, ni quiso resolver nunca el problema de la desigualdad, ni aun en países que tienen una pirámide social más achatada como Noruega, Suecia o Dinamarca. Hoy la sociedad humana es más desigual que durante el imperio romano (hemos dicho varias veces que según el Banco Mundial el 1% de la población mundial es dueña del 40% de los bienes del mundo), no debemos ser ingenuos y aceptar sin críticas el relato de los medios hegemónicos reaccionarios que pretenden hacernos creer que no hay otro sistema económico mejor que el capitalismo, ni otro sistema político mejor que la democracia representativa burguesa. En la otra punta de las afirmaciones, no dura la desigualdad sin libertad, el ejemplo más claro es la revolución rusa que a partir de la NEP (Nueva Política Económica) implementada por los bolcheviques en el poder dirigidos por Lenin alrededor de los comienzos de la década del veinte del siglo pasado, con la cual se abandonó la senda socialista de organización social económica de la URSS y se implementó un capitalismo monopolista de estado. Lo que fracasó en la URSS y el bloque socialista y que lo llevó al colapso en 1989 con la caída del muro de Berlín no fue el socialismo, el socialismo como sistema económico nunca estuvo en la agenda de ningún gobierno del mundo, lo que fracasó en la URSS es el capitalismo monopolista de estado que desarrolló un gobierno burocrático que traicionó todas las banderas de octubre (aconsejo leer Rebelión en la Granja el brillante libro de Orwell donde se critica a este sistema). Los pocos “socialismos reales” que quedan hoy en el mundo (China, Corea, Vietnam, Cuba) demuestran que este modelo de organización dictatorial y autoritario del estado sobre la base de una estructura económica de relaciones capitalistas no conduce a la igualdad sino a una desigualdad igual o mayor que en el capitalismo (véase los niveles de riqueza de los magnates chinos) que ahoga todo intento popular de rebeldía (Kronstadt en la URSS, Tiananmén en China, masacres en Corea del Norte, asesinato de Ochoa y miles de presos políticos en Cuba, represión de la primavera de Praga, represión en Budapest en 1954, el archipiélago de Gulag, etc.). Cuando no hay libertad en cada protesta, en cada desavenencia, nos jugamos la vida, cuando no hay igualdad es muy difícil que los trabajadores explotados y oprimidos tengan espacio para la reflexión y la crítica. Los “Sans culottes” fueron ferozmente reprimidos por la misma burguesía revolucionaria encarnada por los jacobinos y sus líderes encarcelados, deportados o guillotinados, pero su ejemplo es válido porque no fueron enceguecidos por el espejismo del relato democrático burgués, ellos sabían que su lucha caminaban junto a la de la burguesía durante un cierto tiempo, pero que en algún momento los caminos se dividirían y la contradicción latente se haría manifiesta. No fueron los únicos mártires de la historia contemporánea, muchos marxistas y anarquistas revolucionarios se inmolaron (con razón o equivocados) en la pira sangrienta de la lucha por la igualdad, recordemos a Rosa de Luxemburgo y a Karl Liebknecht en 1919 en Alemania, a León Trotsky en 1940 en México, a Andrés Nin Pérez en 1937 en España, a Farabundo Martí en El Salvador en 1932, Augusto Sandino en Nicaragua en 1934, Severino Di Giovanni y Joaquín Pennina en Argentina en 1931 y 1030 respectivamente, y la lista sería interminable. La revolución no es tarea de mediocres, tibios e indecisos, que terminan no haciendo nada y naufragando en las aguas borrascosas de la ideología burguesa, constituyéndose en el ala izquierda de los procesos de explotación, ni de ansiosos, aventureros y violentos que necesariamente fracasan por querer servir la comida en forma rápida. La revolución social es un plato que se sirve frio, tomándose el tiempo para prepararla, que no la hace un líder, ni una generación, se va desarrollando por capas acumulativas de experiencias (Marx decía que a diferencia de las revoluciones burguesas que avanzaban de éxito en éxito, las revoluciones proletarias lo hacían de éxito en fracaso, avanzaban un paso y retrocedían dos) para lograr en algún momento la transformación de la cantidad en calidad, solo se hacen posibles cuando en la base social ha anidado el pensamiento crítico y reflexivo, cuando todos los actores han procesado en términos de conciencia y conocimiento que les permite considerar las características de la explotación capitalista, cuando predomina en la sociedad valores éticos de solidaridad, cooperación, aceptación de la diferencia, libertad de expresión, igualdad, etc., y todos los actores sociales son capaces de enunciar un programa de transformación radical que permite avanzar en términos de igualdad pero respetando la libertad. La revolución proletaria es ecuménica, no defiende los derechos de una clase, como en el caso de la burguesía que construyó una sociedad desigual (el capitalismo) para gozar de los privilegios que la propiedad privada le permite, por el contrario el proletariado busca crear una sociedad de derechos para todos, en la cual sus propios derechos desaparecen diluidos en el conjunto, y el cómo clase se funde con todos y se anula en el mismo movimiento en que anula las demás clases sociales. No es una sociedad de antagonismos, por el contrario, al dar cada uno según su capacidad y recibir según su necesidad se anulan los sentimientos perniciosos como la envidia, la avaricia, el afán de poder, etc., y cada cual puede disfrutar de su vida en plenitud. La sociedad socialista ha sido definida genialmente por Marx en una obra poco visitada por los llamados marxistas, La Ideología Alemana, y constituye una utopía que alumbra el camino de transformaciones de la especie humana, camino que no se inicia en el presente, y que no va a terminar nunca, es la utopía humana que nos habla de nuestra naturaleza y que nos dice que el espíritu humano depredador al fin ha sido sometido por la cultura inaugurando una nueva etapa de nuestra especie. Hasta la próxima

lunes, 4 de enero de 2016

Pensar lo humano. (Capitalismo, neoliberalismo y subjetividad).


A lo largo de la historia de la humanidad, el hombre se ha preguntado sobre su esencia. ¿Qué es el hombre?, ¿cuál es la sustancia moral más importante del mismo?, tiene el hombre un alma?, ¿Y si la tiene, ese alma le da la posibilidad de ser virtuoso?. Los filósofos han ensayado múltiples respuestas, pero ninguna ha satisfecho la necesidad de determinar esa esencia de lo humano tan buscada. Hoy, es común, cuando se habla del ser humano, pensar en un ser caracterizado por la bondad intrínseca, el ser humano, dirán algunas corrientes filosóficas, es tener ética, moral, respetar las ideas y tener una vida práctica en consonancia con ellas. ¿Es esto cierto? Creo que la respuesta ensayada más arriba, aun que tiene importantes valores a rescatar, es el producto del idealismo burgués, que a partir de la revolución francesa, intentó crear una condición humana muy diferente a lo que el hombre es, y que está determinada por una esencia imaginaria que reúne condiciones de solidaridad, cooperación, bondad, altruismo, etc. Desde la escuela, estas virtudes, que son reales y que tal vez podemos encontrar en algunos hombres aislados, son preconizadas como virtudes propias de lo humano. Grave error, la antropología nos demuestra que el hombre es un animal depredador, destructivo, salvaje, que ha colonizado al planeta según intereses de clases o sectores de clases y que su principal interés es depredar, no solo al planeta, a las otras especies, sino a su propia especie. Los animales matan porque sus instintos les indican que de esa manera pueden satisfacer su necesidad de alimentos, no matan en vano, no matan por placer, lo hacen ante una necesidad alimentaria concreta. El hombre en cambio mata por necesidad, para alimentarse, y en eso no se diferencia del resto de las especies, pero también lo hace por placer, como una actividad lúdica, por codicia, porque alguien se lo ordena o le paga, y en eso sí, el hombre se diferencia del resto de las especies. ¿Sería una hipótesis realista afirmar que la especie humana está condenada a la violencia, a la agresión, a destruir a todas las especies, al planeta y por lo tanto a sí misma? Podría serlo según el punto de vista desde el que se mire. Los filósofos han lidiado con este interrogante a lo largo de la historia de la humanidad, y la verdad es que los ejemplos en favor de la hipótesis anterior abundan. Desde los comienzos de la organización social, esto es, desde que el hombre comenzó a abandonar la horda, caracterizada por un espíritu nómade y sin más reglas que la ley del más fuerte, y empezó a vivir en sociedades más o menos estables, con reglas aceptadas por los integrantes de cada una de estas comunidades la violencia entre las distintas comunidades ha sido el signo distintivo de la historia. Cuando estudiamos historia vemos que en cada uno de los períodos históricos existieron cientos de guerras (guerras entre países, entre ciudades, entre miembros de un mismo país o ciudad), la guerra se constituyó en el medio por el cual el hombre buscaba expandirse hasta los confines del mundo civilizado (o conocido). Imperios como el de Alejandro, o el romano se construyeron sometiendo por la violencia a otras civilizaciones, más aún, la antropología nos muestra que el hombre de Neardhantal convivió durante algún tiempo con el homo sapiens y no es desatinado pensar que fue extinguido por este último. Según Freud, existen dos instintos fundamentales en el hombre, el eros y el tanatos (instinto de vida e instinto de muerte). Este par dialéctico de instintos ha pugnado por siempre en todas las civilizaciones y aun dentro de cada miembro individual de la especie. La cultura sería la domesticadora de la pulsión tanática que lleva al hombre a la violencia y a su propia destrucción. Sería a través del mecanismo de sublimación como logramos vencer la compulsión a la violencia y la destrucción. El arte, la creación espiritual, la filosofía, las ciencias, constituyen la contracara de la violencia y a través de ellas se pueden producir conceptos y constructos que no son innatos en el hombre sino culturalmente aprendidos e introyectados. Los mismos gobiernos que impulsan las guerras, son mecenas de obras artísticas, los mismos actores sociales que se enriquecen con el sufrimiento y el sometimiento de las grandes mayorías son los que preconizan la caridad, la solidaridad, el logro del bien común. En las clases dominantes, a lo largo de la historia hemos observado un doble discurso, por un lado toman decisiones que empobrecen a la gente y por el otro aquellos mismos avaros hablan de la necesidad de mayor igualdad social, de mayor inclusión. Ni aun el dictador más despiadado sería capaz (aunque lo piense) de decir en público que el objeto de su tiranía es incrementar la pobreza y la indigencia, por el contrario en todas las dictadura existe un discurso de reivindicación de los más pobres y vulnerables de la sociedad. Esta bipolaridad de la estructura de personalidad de quienes gozan de los privilegios en una sociedad se debe a que el discurso de la cooperación, de la solidaridad, de la igualdad, es funcional a los desarrollos de imaginarios sociales instituyentes que determinan que los pobres y desamparados se resignen a esperar su oportunidad en la vida. El capitalismo es el sistema social más flexible que ha desarrollado la humanidad, pero a la vez el que más ferozmente ha exacerbado las contradicciones entre poseedores y desposeídos, y el que con mayor profundidad ha generado un grieta infinita entre las diferentes clases sociales. Pero a la vez los capitalistas son los primeros en bregar por la libertad y en preconizar que la libertad conduce a la igualdad por vía de la meritocracia. Podríamos expresarlo de esta manera, todos nacemos iguales, todos somos iguales ante la ley, el hecho que un ínfima cantidad de humanos sean poseedores de la mayoría de los bienes existentes en el planeta y la gran mayoría no tenga ni un mendrugo para llevarse a la boca reside en las características individuales de cada persona. Hay personas que habiendo nacido en cuna pobre han ascendido a lo más alto de la escala social (ejemplos de estos abundan, aventureros, traficantes, contrabandistas, piratas, etc.). Por lo general la mayoría de las grandes fortunas de la sociedad capitalista actual tienen siempre gigantescas manchas negras por las cuales pudieron constituirse. Evasión de impuestos, corrupción, explotación salvaje, contaminación del medio ambiente, trata de personas, venta de armas, tráfico de estupefacientes, siempre encontraremos algo sucio que permitió que una familia rica exista. Solo como ejemplo podemos citar al uso de mano de obra esclava de parte de Ford Company en la Alemania Nazi, aun cuando esta empresa fuera de origen americano y EE.UU. le hiciera la guerra a Alemania. La guerra, las grandes matanzas se realizan por un móvil económico, la disputa de mercados entre los burgueses de diferentes naciones, la necesidad de las grandes compañías capitalistas de apoderarse de los recursos naturales de otros países por medio de la violencia, etc. Si analizamos todas las guerras veremos que tras de todas ellas hay móviles económicos, está la avaricia y el egoísmo de las clases dominantes por poseer cada vez más, de un afán de riquezas sin límites. Pero a la vez, las guerras constituyen una oportunidad de negocios muy importante para las clases dominantes, en el pasado y en la actualidad. En las guerras quienes más rédito obtienen de las mismas son el complejo militar industrial que provee de armas de exterminio masivo a ambos bandos. No es una novedad que las armas que utilizaba Japón en la segunda guerra mundial le eran vendidas por empresas de armamentos inglesas y americanas. Por lo tanto las guerras, y fundamentalmente las guerras en el capitalismo, son una excelente oportunidad de negocios para la burguesía, tanto por la posibilidad de apoderarse de recursos naturales como de desarrollar su industria armamentista. Los genocidios, las matanzas, las brutalidades de la guerra son un subproducto de la guerra misma. En la guerra el hombre ve liberado su instinto tanático y sin el control de la cultura y de la ley se convierte en una fiera asesina en busca de sangre, y el sufrimiento del otro no hace más que aumentar su apetito voraz. A pesar de que existe una convención de Ginebra que trata de tipificar delitos de lesa humanidad, crímenes de guerra, nunca se ha conocido una guerra humana (en la guerra la espiritualidad no existe) y aunque al final de las guerras se constituyan tribunales de juzgamiento de los criminales de guerra, por lo general los que son juzgados son los vencidos, aunque en la guerra las atrocidades siempre son cometidas por ambos bandos en pugna. La pregunta que flota es: ¿Si el ser humano es violento y destructivo como pudieron existir hombres como Ghandi, Jesucristo, Buda, que a lo largo de su vida enseñaron la no violencia, la necesidad de bregar por la concordia entre los hombres? En este punto es necesario hacer una aclaración, los seguidores de estas personas (de cuya nobleza nadie duda) generaron estados o instituciones de profunda violencia, la iglesia cristiana tiene en su haber millones de muertos por cruzadas, inquisiciones, guerras religiosas, etc. La India (estado fundado por Ghandi) es uno de los pocos países que posee tecnología nuclear de exterminio masivo, y ha protagonizado guerras (bajo la dirección de los discípulos de Ghandi) en las que se asesinó a millones de personas y aun dentro de sus límites estatales se explota salvajemente a sus ciudadanos y las asimetrías sociales son vergonzosas. Tampoco es un ejemplo la vida en los llamados Estados Socialistas como la URSS, China, Viet Nam, etc., dado que en ellos al ahogo por el despotismo de los dirigentes se suma la desigualdad vergonzosa en términos de oportunidades de vida. Los ciudadanos de la URSS prefirieron el calvario de volver a un capitalismo salvaje antes que seguir viviendo en el infierno en el capitalismo monopolista de estado instaurado por Lenin. Inhibe este relato la posibilidad de bregar por una sociedad en la que sus miembros puedan convivir en igualdad. Por supuesto que no, es posible (aunque no a corto, ni a mediano plazo) que la humanidad llegue alguna vez a un estado social en el que todos puedan ser felices. Esa sociedad fue imaginada por Marx en uno de sus libros (La Ideología Alemana) un texto poco visitado por los marxistas en el que describe una sociedad de placer y concordia, la sociedad comunista, en la que cada uno aporta según su capacidad y recibe según su necesidad, donde, al decir del Che Guevara, los estímulos para la creación y la producción no son de corte material, sino que son estímulos espirituales. Pero para que esa sociedad llegue debe existir un cambio profundo en la estructura de pensamiento y en la conciencia de los hombres, no basta con tomar el poder en un país (como en Cuba por ejemplo) porque si el cambio de conciencia no ocurrió, estaremos construyendo un estado autoritario en el que unos pocos disfrutaran del trabajo del colectivo como en el capitalismo. La construcción de una nueva sociedad comienza en las entrañas mismas de la vieja -así lo hicieron los burgueses- y el cambio tiene lugar cuando la conciencia de la clase revolucionaria se hace carne en todos los ciudadanos. Pero a las vez también supone la necesidad de que el cambio no sea el producto de un líder, tampoco de un grupo de iluminados (el partido revolucionario), ni de una generación, el cambio de pensamiento que posibilita la transformación social se da por la Acumulación de cantidad a nivel de la conciencia social para que en algún momentos se produzca el salto en calidad que es la transformación misma. Y esa acumulación en cantidad es lo que diariamente se hace en la educación (tanto escolar como en la vida misma) enseñando a pensar críticamente, a ver al otro como uno mismo, a solidarizarse con el sufrimiento ajeno. Educar para el futuro es enseñar a reflexionar, formulando una ética trascendental que hace que el hombre sea honrado porque así lo siente, que no responda a las agresiones, que predique la paz con sus actos de vida, que su honestidad sea hacer lo que dice como indicaba Platón a sus discípulos, es enseñar a amar al semejante y ese acto de amor debe ser tal que me lleva a despojarme del egoísmo y las vanidades, a producir bienes materiales o espirituales para mejorar a la sociedad en su conjunto porque si la sociedad mejora, yo que soy parte de ella también lo hago, a no ser codicioso deseando tener bienes que en mi vida podre disfrutar, a cooperar con mis semejantes, porque las grandes obras son el producto de la cooperación que no pide nada a cambio, solo la satisfacción de haberlo hecho. Solo si todos los seres humanos son capaces de sobreponerse a las mezquindades, a la violencia, y en ese camino son capaces de resistir los actos despiadados de quienes son los beneficiarios de la sociedad de clases, imponiendo la voluntad a la represión, la resistencia civil a la injusticia, de convocarse por encima de las diferencias entre quienes tienen la voluntad de un cambio real, estarán sembrando las simientes que madurarán algún día y producirán el árbol fecundo que alimentará a todos los espíritus en una sociedad de concordia. Hasta la próxima

domingo, 13 de diciembre de 2015

Los unos y los otros.


La burguesía argentina ha desarrollado un plan por etapas. En la primera etapa, mediante los medios de comunicación concentrados y el uso de sus plumas más incisivas como Jorge Lanata, edificó el imaginario de la grieta, construyó a los supuestos arquitectos de la misma (el kirchnerismo y fundamentalmente a la ex presidenta Cristina Fernández) y los acusó de ser los responsables de la supuesta división de la sociedad y del odio que habrían generado entre los argentinos (durante los últimos años asistimos a la propaganda de la idea que hacía creer a los argentinos que los responsables de sus diferencias era el estilo de gobierno del oficialismo). Todo un ejército de escribas de los principales medios de comunicación oral, escrita y televisada drenaron la gota sobre los cráneos de nuestros conciudadanos maniatados a la pira de los prejuicios. Eran esos actores de la derecha reaccionaria quienes taladraban a los ciudadanos con su agitación de que la presidenta era autoritaria, que no escuchaba, que la cámpora era la quintaesencia del mal, etc., etc. Cada día miles de spots propagandísticos disfrazados de noticias nos mostraban que en Argentina los “delincuentes” mataban a mansalva a ciudadanos indefensos, que la inflación perforaba el bolsillo de los trabajadores, que los buenos y honestos ciudadanos no podían especular con el dólar, que los trabajadores tenían que pagar ganancias, que cada vez eran más los que no tenían vivienda propia, que la Argentina circulaba por un estrecho desfiladero de la crisis, que inevitablemente el país se hundía en la bancarrota de un banco central sin reservas, que el déficit se agigantaba, que se emitía dinero sin control, que todos los funcionarios del gobierno eran corruptos, que los kirchneristas se hacían cada vez más ricos y los ciudadanos cada vez más pobres, etc., etc. Hoy por arte de magia la crisis no es tan grave, en el banco central hay 25.000 millones de reservas, la inflación no era tan alta, ya no hay tantas entraderas, ni tantos muertos en los noticiosos y el Estado está en manos de funcionarios eficientes, honestos, impolutos, todos ellos carmelitas descalzas que vienen a dejar sus vidas y fortunas para llevar al país al luminoso futuro que ya estamos construyendo. Se terminó la grieta, ya no existe, los políticos de derecha opositora (Rodríguez Saa, Stolbizer, Masa, Scioli) se suben al carro del diálogo que el nuevo prócer nacional Mauricio Macri convoca y en un pase de magia todos los argentinos volvemos a ser hermanos, con un destino común, hermanados en el diálogo fecundo, con diferencias, pero en una sociedad que ya no está crispada. Cuando ocurrió todo esto, porque ocurrió esto, milagro gritan los oficialistas, San Mauricio convocó al diálogo y los “opositores” concurrieron presurosos, para ello solo bastaron doce horas en que el terminó el mandato de Cristina y asumió el presidente cautelar Federico Pinedo, doce horas en que los argentinos dejamos de disputar, y nos convertimos en generosos hermanos dispuestos a abrazarnos los unos y los otros. Quienes son los unos y los otros de esta historia. Los unos (en otra época se llamaban gente como uno) son los que de la mano de la sociedad de clases y de la explotación capitalista acumularon riquezas sin límites en nuestro país. Son los que cometieron el genocidio contra los pueblos originarios para arrebatarles (eufemismo por robo) sus tierras y someterlos a regímenes de esclavitud, son los que asesinaron a millones de gauchos (a los que consideraban salvajes) los que se enriquecieron a expensas del Estado (como los Macri, Patrón Costa, Peres Compan, Menditeguy, Martinez de Hoz, Acevedo, Anchorena, los Hermanos Roca de Tetchin) Los capitanes de la industria, los miembros de la Sociedad Rural Argentina, los amos de las finanzas argentinas, y que no trepidan en este momento en volver a prenderse de la yugular de los trabajadores para satisfacer su avidez de ganancias sin límites. Los unos son los que participaron activamente en los golpes de estado en la argentina y fueron la pata civil de las dictaduras que asolaron nuestro país desde los años treinta. Los que avasallaron los derechos humanos, los que asesinaron a trabajadores rurales en la Patagonia a comienzos de siglo, los que acribillaron a los obreros de los talleres Vasena en la Semana Trágica. Los unos fueron el contrincante del caudillo santafesino Lisandro de la Torre en su cruzada por el negociado con las carnes que llevaba adelante el Ministro Federico Pinedo (abuelo del actual presidente de la cámara de senadores Federico Pinedo) son los que históricamente manejaron los “negociados” con el Estado. Los unos son los que manejan la prensa concentrada que machaca cada día sobre nuestro entendimiento las mentiras, difamaciones, falsedades con el objeto de construir un universo de pensamiento afín a sus intereses, son los hipócritas que dicen ser honestos, los ladrones de guante blanco que juran terminar con la corrupción, los que participan en negocios del narcotráfico, de lavado de dinero. Los unos son los dueños de la justicia, los jueces, fiscales, policías, etc., al servicio de los intereses de la burguesía más concentrada, y si un gobierno pretende modificar la estructura de la justicia inmediatamente el partido judicial será el brazo militar actual que de una estocada herirá de muerte cualquier tipo de cambio, lo hemos visto con la actual Corte Suprema de Justicia de la Nación con fallos inverosímiles que solo permiten pensar que esos jueces han sido cooptados por los intereses más poderosos de la nación. En definitiva, los unos son el poder real del país, son los que delinquen a diario, pero casi nunca son procesados, y cuando lo son, casi nunca son condenados, y cuando lo son nunca pasan un día en la cárcel, porque las cárceles en un país capitalista como el nuestro son para rateros de baja monta, que no tienen los recursos económicos para pagar abogados, jueces y fiscales que los libren de las condenas por sus delitos. Desde la colonia unas pocas familias, concentran tanto la riqueza que, actualmente, según la revista Forbes, las 15 familias más ricas de Argentina (Bulgheroni, Roca, Perez Compan, Eurnekian, Roermmers, Lacroze, Pagani, Urquía, Rodríguez de Rey, Roman, Sigman, Liberman, Esquenazi, Blaquier, Arrieta Wollman) tienen bienes por una cifra igual a las reservas del Banco Central al 2 de febrero de 2014 (ambos sumaban 28.000 millones de dólares aproximadamente). Ellos junto a familias patricias como los Mitre, los Saguier, Los Menéndez Betty, los Anchorena, Etchevehere, y demás son los que deciden en nuestro país, y cuando algún gobierno los enfrenta, aunque mas no sea con tibias políticas distributivas, lo mancillan, lo difaman, lo injurian como hicieron con el gobierno de Kirchner a través de los medios periodísticos concentrados (Clarín, La Nación, Editorial Perfil, etc. Los unos son el poder real y ahora han logrado tener un país atendido por sus propios dueños. Los otros son los marginados del poder y de la riqueza, los orilleros de la Buenos Aires colonial, los negros sacrificados en las guerras de la independencia y en las luchas civiles del siglo XIX. Son los millones de obreros que escapando del hambre y la miseria migraron a la América para construir un futuro mejor y tuvieron que soportar la ley de residencia, la represión y la muerte cuando se rebelaron. Son los gauchos que eran asesinados en los pueblos del interior cuando no los alcanzaba una leva militar que los enviaba a morir en las fronteras a manos de los pueblos originarios que se sublevaban contra el despojo y son esos propios pueblos originarios que en la derrota conocieron la humillación y el genocidio que los hizo desaparecer como cultura y comunidades (hace pocos años murió la última Ona en Tierra del Fuego). Los otros son los jóvenes que no se resignan a un país donde reinen los privilegios de cuna, la desigualdad social, el hambre y la miseria de millones para satisfacer el lujo y el boato de unas pocas familias. Los otros son los trabajadores explotados y oprimidos de nuestro país. Explotación y opresión que se realiza con la complicidad de corruptos dirigentes sindicales, que hace mucho que dejaron de ser obreros y son parte del sistema de poder de la burguesía, verdaderos burgueses empresarios que viven en mansiones fastuosas de los dividendos que les produce su corrupción y a los cuales la “justicia” y los “periodistas” nunca los investigan, como el camionero Moyano, su hijo dirigente del gremio de peaje, el “dirigente agrario” de UATRE Momo Venegas, el gastronómico Barrionuevo, el judicial Piumato, y tantos otros que por años han usurpado las organizaciones gremiales usándolas para su beneficio propio y constituyendo una burocracia gremial poderosa que transa con los burgueses más concentrados. Los otros son las minorías sexuales discriminadas, los adictos maltratados y considerados delincuentes, los “delincuentes” que son jóvenes desesperados a los que el sistema capitalista les robó su futuro. Los otros son los que sufren la inequidad, la represión, la muerte a mano de policías de gatillo fácil envalentonados por la aceptación del discurso de la inseguridad que plantea que ellos no son humanos, son “delincuentes” y como tal deben ser eliminados, como en un momento la dictadura cívica/militar salió a eliminar los “terroristas” que no eran otra cosa que revolucionarios que se habían levantado en armas (como lo indica la constitución) contra los usurpadores del poder. Los otros somos todos los que sufrimos cada día a este sistema injusto que limita nuestras posibilidades y nos condena al ostracismo. La pregunta que queda flotando en el ambiente es, ¿Cómo podemos estar unidos los unos y los otros? De ninguna manera puede haber unidad y paz entre los argentinos mientras existan pobres e indigentes, explotadores y explotados, ricos y pobres. Perseguidores y perseguidos. El capitalismo como sistema económico dividido en clases sociales no admite la concordia, solo determina la lucha por mejores condiciones de vida, por mayor libertad, por mayor democracia, por más y mejores derechos ciudadanos, por mayor igualdad, No se confunda Sr. Presidente, Ud. ha sido elegido porque una gran parte del pueblo argentino que fue colonizado por el pensamiento burgués y lo votó, y la voluntad popular debe ser respetada, pero, así como los unos (ustedes) tienen derecho a gobernar, los otros (nosotros) tenemos derecho a resistir sus medidas de hambre y miseria, su avasallamiento de las libertades, sus intentos de retroceder al épocas de falta de democracia y políticas sociales. Los unos son el poder, y por primera vez en la Argentina el poder formal coincide con el poder real. Los otros somos el anti poder, la resistencia eterna de los humillados y sometidos, de los que no se dejan llevar por los cantos de sirena del amor y la bondad, lo que no se unen con sus verdugos, los que luchan y los que a la corta o a la larga van a triunfar. Hasta la próxima.

domingo, 6 de diciembre de 2015

Elogio a la amistad.


La amistad es un águila serena que despliega sus alas en el cielo de la solidaridad. Es un sentimiento compartido entre seres humanos que, cuando es sincero, no espera una respuesta compensadora, por el contrario, en las relaciones de amistad se da sin esperar nada a cambio. Es a (“sin”) y ego (“yo”), por lo que amigo significaría “sin mi yo”, es el sacrificio supremo de la egolatría en el altar de la solidaridad. A lo largo de la vida cosechamos amigos y también los perdemos, y en el final del derrotero nos encontramos con los más auténticos, esos que persisten junto a nosotros sin reclamarnos nada durante el tiempo que compartimos, en esos años que pasan en la vorágine de tiempo que nos consume paulatinamente hasta extinguir la última llama que quedaba encendida de lo que fuimos. Los amigos que se van, cuando la amistad es sincera, persisten en el recuerdo de los que quedan, ellos son los encargados de conservar el patrimonio inconmensurable del legado que cada uno de nosotros dejamos al momento de partir. Que sería de la vida sin esos auténticos amigos con los que confraternizamos cada día. Con ellos compartimos un café, una charla, una fiesta, a veces ideas, otras veces diferencias, pero el fuerte lazo que nos une permite que nos profesemos el cándido sentimiento de amistad aun cuando no pensemos igual. En la vida he tenido muchos amigos, pero pocos verdaderos, porque los amigos verdaderos son fieles y leales con nosotros. Son los que se permiten señalar el error cuando lo consideran para que retomemos la senda correcta, son los que nos apoyan en los momentos difíciles, los que no nos traicionan, los que sí tienen una crítica que hacernos, nos la hacen a nosotros. La lealtad bien entendida, no es obsecuencia, ni tampoco obediencia y mucho menos obediencia ciega, es defender al amigo de los ataques arteros de quienes no tienen la moral suficiente para debatir francamente, no permitir la diatriba insidiosa que solo busca destruir a la persona, pero es también, reconocer, en primer y fundamental lugar, las fallas ante los que queremos. Decía que he tenido muchos “amigos” pero pocos verdaderos. Como distinguimos el amigo verdadero del que no lo es. Enigma de muy difícil solución, tarea propia de un oráculo. Tal vez la respuesta la encontremos en el tiempo. Cuando somos jóvenes hipervaloramos a los amigos, creemos que son perfectos, que siempre van a ser nuestros aliados en el mágico derrotero de la vida. Nuestro grupo de referencia es inmaculado, único, extravagante, insólito, pero es nuestro núcleo de referencia y para un adolescente que está forjando su identidad, los amigos se constituyen en el alter ego que los determina. Hacemos cosas para agradarlos, para que nos reconozcan, para que nos consideren parte, a veces sacrificamos parte de nuestro yo en pos de ese yo colectivo que es el grupo de referencia, como el que se inicia en el tabaco solo por no ser distinto al grupo. Pero estos primeros grupos de referencia se van perdiendo y los amigos entrañables del ayer se constituyen en fantasmas de un viejo pasado que a veces nos cuesta invocar. Otras veces sentimos en carne propia la laceración de la traición de aquellos que suponíamos nuestros amigos, nos abandonan, nos dejan a la vera del camino porque ya no servimos a sus mezquinos intereses personales, para este grupo de personas, la amistad no existe, las personas son solo instrumentos manipulables de sus codiciosos apetitos de poder o dinero. Cuídate de tus enemigos, pero cuídate más de los que supones son tus amigos, detrás de cada tierno cordero, suele ocultarse un lobo hambriento de sangre, y cuando más mediocre es una persona, mas salvaje es su traición. Este grupo está integrado por obsecuentes, aduladores, insignificantes mediocres que solo pueden tener algún espacio en las organizaciones sobre la base de la resignación absoluta de sus principios en pos de algún cargo o prebenda. A lo largo de la vida he compartido y aun considerado amigos a muchos de estos defenestrables sujetos, he recibido sus lisonjas, he participado de su mesa y madurado, incluso, muchos proyectos en las largas sobremesas. Filibusteros de la verdad, carroñeros de la ingenuidad, enredaderas trepadoras que se arrastran sin vergüenza y son capaces de entregar hasta sus más preciados afectos en aras del mero interés personal. He creído en ellos, pero el tiempo se encargó de demostrarme mi error y hoy solo son un mal recuerdo en el arcón de los desperdicios, siguieron con sus negras vidas, flotando como corchos en la correntada y envejecen en la ignominia de la falta de ética y moral, hoy a la distancia los compadezco por sus bizarras vidas, por el sinsentido de su existencia, por la falta de afectos verdaderos, porque al traicionar sus sentimientos se traicionan a sí mismo, creen, en su soberbia, ser los mejores sin darse cuenta que son parte de la cloaca de una humanidad que no ha encontrado la forma de procesar sus desechos. La vida me ha demostrado que este tipo de personas, que son capaces de prenderse como garrapatas malignas a quienes detentan poder, nos acompañan lamentablemente en diferentes etapas de nuestras existencias, y digo lamentablemente, porque desprenderse de ellos no es sin dolor, es un duelo terrible que debemos soportar, una herida narcisista que vulnera y mancilla nuestra autoestima, pero que cuando logramos despojarnos de ellos, sentimos un profundo alivio en nuestros corazones. Estos son los que te dicen “yo nunca te voy a traicionar”, lo que te dicen “a vos te quiero como mi mejor amigo”, “vos sos lo mejor”, y cuando los ves unidos solidariamente a tus enemigos, a los bandidos que se apoderan de las organizaciones, de las comunidades, de las sociedades, te dicen es solo política, es conveniencia, es estrategia o táctica, pero mientras tanto caminan junto a los siniestros personajes que han devaluado la ética y la moral de nuestro país. Cuídate de ellos, decía, porque son los mediocres, los improductivos, los parásitos que abundan en la sociedad capitalista, aquellos que creen que pueden ocupar cualquier lugar, que pueden ser cualquier cosa, solo por el mérito de venderse al mejor postor, de ser alcahuetes del poderoso de turno. Para ellos mi lástima, porque en el final de sus vidas, cuando sepan que son menos que nada, la inmensidad del abandono colonizará su vejez y parafraseando a Whitaker, no hay peor vejez que la del que ha perdido la vida sin poder producir obra alguna, y yo le agrego, aunque mas no sea pequeña. Existe una imagen en 1984, la genial obra de George Orwell, en la que aquel que se ha rendido al poder, que ha entregado todas sus banderas, que ha vaciado de contenido su existencia, se encuentra solo en la mesa de un bar amando al dictador siniestro y derramando una lágrima de compasión por su propio ser inexistente. Los otros, los verdaderos amigos, los que me han continuado acompañando a lo largo de la vida, los que nunca me traicionaron, esos son los que llevo en mi corazón. No quiero que este elogio sea abstracto, sino quiero corporizarlo en personas concretas que, en este particular momento de mi vida, en el que mi carrera académica llega a su fin, se encuentran a mi lado, dándome todo el cariño que necesito para encarar la nueva etapa con todas sus frustraciones, desafíos, alegrías y tristezas. Quiero hacerles un reconocimiento y el orden es arbitrario, no implica una escala amigóbica, una escala de los que son más o menos amigos, porque la amistad no tiene gradaciones, se es o no se es amigo, en las buenas o en las malas. Guillemo Ryan a quien en Cuadernos Sociales le dedique un homenaje: “Te fuiste en silencio”, porque su única traición en el largo camino que recorrimos juntos fue abandonarnos en la flor de la vida. Se fue trágicamente al despuntar el milenio y hoy lo recuerdo con cariño sin poder evitar que una lágrima traviesa decida hacer turismo por mi cansada mejilla. Ovide Menin, el entrañable maestro de todos, el que nos educó y formó en la carrera académica, el que aun con sus defectos supo ganarse un lugar en nuestro recuerdo por ser un paradigma de trabajo y de libre pensamiento, por suerte tuvo una larga existencia y compartimos con él muchos cafés y mucha charla, constructor sin claudicaciones, vive en nuestra memoria. Miguel Cavigliaso, amigo de toda la vida, compartimos las buenas y las malas, socios en muchos trabajos, me permitió aprender que las organizaciones no son solo ideas y que la transformación necesita de la técnica y el trabajo constante. Jamás sentí un reproche de él, jamás tuve que reprocharle nada, de una generosidad entrañable, siempre presente, aun en los peores momentos, y son su serenidad y temple supo calmar los desatinos de mi atropellada personalidad. En él también va el reconocimiento a Alba su compañera de toda la vida, fuerza y entereza a su lado. Juan Larrandebere y Claudio Bruno dos trozos de azúcar que endulzan la vida cada sábado en el bar de la memoria, del debate y del encuentro. Graciela Simonetti que durante muchos años me permitió pensar y reflexionar sobre el trabajo y sobre la existencia, socia en la aventura del conocimiento, con nuestro esfuerzo conjunto fuimos capaces de publicar obras señeras en el campo del trabajo y la salud mental. Estoica y resignada luchadora que ha soportado los mayores desafíos y los mayores dolores, con ella mi homenaje y agradecimiento, y mi pequeño y sentido recuerdo a su hija otra amiga que la vida nos arrebató y que sentí como una pérdida propia. Teresita Finkelstein, viajera incansable, ha recorrido los más lejanos confines del planeta, con ella compartí muchos cafés, cenas y largos debates que me iluminaron en los recovecos del psicoanálisis, leal discípula de Silvia Bleichmar, conductora de instituciones analíticas, pensadora y amiga de siempre. Víctor Quiroga, a quien conocí siendo un pollito y con su vozarrón estruendoso me aturdió a lo largo de estos años, pero que fue un amigo leal y fiel, un co-equiper incansable en la labor de construcción de una teoría del trabajo y las organizaciones. Generoso, hiperactivo, estudioso, heredero de la cátedra que construimos colectivamente con un grupo entrañable de docentes de la Facultad de Psicología de Rosario y brillante editor de la revista que fundamos en sociedad hace más de quince años. Espero que este docente brillante e investigador productivo tenga el porvenir luminoso que se merece. Maria Romina Cattaneo, madre eterna, encantadora, hormiguita de trabajo, persona de confianza, también la conocí en tiempo en los que recién se iniciaba y hoy constituye un orgullo para mí por lo mucho que ha logrado en función de su esfuerzo. Siempre ha estado junto a mí en el trabajo y en la vida, hoy es un honor que continúe trabajando conmigo. Melisa Mandolesi, tal vez el pollito mas pequeño del grupo que se desliza por los intrincados pasillos y recovecos del saber, tenaz como ninguna, poderosa llama que enciende la vida de los que la conocen, amiga leal y tierna, aunque hace poco tiempo que la conozco, tengo toda mi fe y mi aliento depositado en ella. Mariam Milicich, Daniel Poyo García y Gisela Latino, porque además de entrañables amigos y compañeros de cátedra me demostraron que la elección no fue en vano, son parte de la universidad que no se rinde a la mediocridad y que busca el conocimiento. Guillermo Molina, inconmensurable profesor, erudito sin igual, conocedor de nuestra historia, no solo compartimos la cátedra, también la radio, a él mi cariño por los buenos momentos pasados en el trabajo y en la vida privada. Flaviana Ponce que sostiene el trabajo constante en la cátedra de Psicología en el Trabajo y porque además de una amiga es una emprendedora tenaz. Miguel Gallego, uno de los nuevos amigos que me acompaña en la aventura del conocimiento y que ha sabido forjar un horizonte de visibilidad profundo gracias a la prepotencia del trabajo permanente y fecundo. Rodolfo Kaufmann ese medico sanitarista pleno de virtudes que me significó con su amistad, el que fuera “mi cuñado” con el que compartí noches y días de discusión, ejemplo de honestidad y conducta, siempre en el mismo lado de la calle, siempre junto a los que lo necesitan, con él mi homenaje a su constructora y eficiente esposa Rut Kiman. Patricia Kaufmann quien me acompaño durante 30 años y aunque el destino haya separado nuestros caminos continúa teniendo el agradecimiento por el apoyo brindado a lo largo de esos años y por los dos hijos maravillosos que me dio, Su vida fue trabajo y tesón, toda mi admiración para ella, que ha sabido trabajar para los que más lo necesitaban, que ha construido instituciones y ha derramado amor entre sus semejantes. Y en ella a mis dos hijos, Ana y Nicolás que más que hijos son dos soles que me permiten disfrutar de la existencia. Liliana Lampelfeld, la psicóloga errante que recaló en las lejanas tierras catalanas y desplegó toda la significancia del trabajo honesto y constructivo, gracias por los buenos momentos que me diste en esos lugares. Emilia Domínguez Rodríguez, una catedrática a la vieja usanza, profesora intachable, de una generosidad increíble, me enseño mucho, trabajamos mucho y demostramos que los equipos científicos pueden construirse, aunque exista un océano de distancia. Gracias a su hospitalidad conocí la España profunda, y la realidad de la academia distinta y constructiva de la Universidad Española. Gregorio Gomez Jarabo por los años compartidos, por ser tan hospitalario, en definitiva, tan buen amigo, es tal vez una de las figuras señeras de la ciencia española y sus libros le abren el universo de conocimiento a muchas generaciones. Manuel Froufe, catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid, amigo entrañable, guía en la aventura del conocimiento, siempre solícito, siempre junto a uno cuando lo necesita, para él todo el cariño y afecto. Madrid y la autónoma no son lo mismo sin Manolo. Adriana Cicaré, que dejé ex profeso para el final. A la que un gran amigo denominara la mini, pero que en el pequeño cuerpo encierra a una gran mujer, por su ternura de estos años, por sus cuidados, por su cariño, por su lealtad inclaudicable. La señora profesora, la que formó a bastas generaciones de economistas, la investigadora brillante, la que con tesón y ética humana lucha incansablemente por lo reivindicación de los valores humanos. En ella encuentro el placer de caminar sin descanso, de escuchar sin fatiga, de trabajar sin cansancio. Resistió y resiste todas las adversidades, madre del alma, eterna compañera de la vida. Sé que me estoy olvidando de muchos amigos, a ellos les pido perdón, a otros no los menciono porque ya no sé si son amigos, son parte de la nebulosa de la vida que acompaña nuestras sensaciones y emociones, pero por sobre todo gracias a mis amigos por la compañía que me brindaron en estos sesenta y seis años. Hasta la próxima.