lunes, 13 de junio de 2011

Intelectuales política y poder.

En estas líneas trataré de trazar una trayectoria de la construcción de los intelectuales y su relación con la política y el poder.

En algunos casos recurriré a autores que han tratado el tema y en otros pondré en juego mis propias ideas al respecto.

Según Christophe Charle, quien se formula la pregunta: "¿Por qué los 'intelectuales', en el sentido del caso Dreyfus, aparecieron como grupo, como esquema de percepción del mundo social y como categoría política, en esa época (1880-1900) de estabilización de la República y de la democracia?"[i] Para el autor, la significación de los intelectuales cobra real sentido si se considera que los mismos son parte de un campo de poder y les asigna tres derechos fundamentales, el derecho a escandalizar a la sociedad, el derecho a coaligarse en pos de la defensa de las causas justas y el derecho a utilizar el poder simbólico que implican los títulos que los mismos pueden exhibir.

Existe un cierto consenso a reivindicar como punto de surgimiento de  los intelectuales, el caso Dreyfus, donde Emile Solá arremete contra todos los privilegios sociales editando su conocido “Yo acuso”, que hiciera temblar al establismet Francés, pone de manifiesto los prejuicios sociales y el intento de impunidad que tiene como centro de la escena a las injusticias cometidas con un humilde Capitán judío de ejercito galo.

Desde hace mucho tiempo viene discutiéndose el rol de los intelectuales en la sociedad, para introducirnos en el tema nada mejor que convocar a uno de los intelectuales que más trabajó sobre el tema, Antonio Gramcsi: No hay actividad humana de la que se pueda excluir toda intervención intelectual, no se puede separar el ‘homo faber’ del ‘homo sapiens’. Cada hombre, considerado fuera de su profesión, despliega cierta actividad intelectual, es decir, es un ‘filósofo’, un artista, un hombre de buen gusto, participa en una concepción del mundo, tiene una consciente línea de conducta moral, y por eso contribuye a sostener o a modificar una concepción del mundo, es decir, a suscitar nuevos modos de pensar. [ii]

Ahora bien, no todos los hombres tienen en la sociedad la función de intelectuales. Es por ello que reservamos el término en un sentido estricto a aquellas personas que utilizan su intelecto como medio de vida.

Tampoco podemos afirmar que todos los intelectuales son lo mismo, en los procesos sociales encontramos diferentes tipos de intelectuales, aquellos que solo usan su intelecto para desempeñarse en la sociedad (periodistas, escritores, artistas, académicos, etc.) y otro grupo que participa delos conflictos sociales defendiendo los intereses de una clase social determinada, a estos últimos Gramcsi va a denominar intelectuales orgánicos o de clase.

En este punto de nuestra charla es interesante establecer la diferencia entre el intelectual y el político. Una persona puede ser un intelectual orgánico de un determinado grupo social, pero ello no quiere decir que se involucre en las estructuras internas de las organizaciones que dicen defender el interés de ese determinado grupo social. El político es un intelectual que hace opción por un determinado “partido” en el sentido de parte de la sociedad, y que desarrolla acciones tendientes a acumular poder a través de la acción política, en cambio un intelectual orgánico hace opción por un determinado grupo social, pero no necesariamente participa de uno de las fracciones políticas que se arroga la defensa de los intereses de ese grupo social.

La organicidad del intelectual estará determinada por la mayor o menor cercanía que el mismo mantiene con el grupo social al que adhiere y cuyos intereses pretende defender, pudiendo operar tanto desde la sociedad civil (conjunto e organismos privados en los que se verifica el debate ideológico que tiene como material de origen las discusiones que espontáneamente desarrollan las masas) como en el nivel del Estado y toda la superestructura jurídica.

Gramcsi solía afirmar que el político se guía por el optimismo de la voluntad y el intelectual se rige por el pesimismo de la inteligencia. Es decir, el político es un constructor de poder que intenta llegar  gestionar la sociedad, debe necesariamente apoyarse en el yo puedo, no tiene espacio para la duda, y su voluntad es poder, mientras que el intelectual es un eterno interpelador e la sociedad, es quien señala al político los Límites de su exitismo, quien critica su falta de coherencia, quien exige profundizar los debates.

Podría decirse que el intelectual tiene como principal herramienta de trabajo la crítica, para él cada respuesta habilita nuevas preguntas, cada reflexión no cierra el debate, abre nuevos caminos del discurso. Frente al político que nos dirá lo que hay que hacer, o lo que hizo, el intelectual preguntará porque se hizo, para que se hizo, si se podría haber hecho de otra manera.

A mi manera de entender, cuando un intelectual se incluye en una organización política, deja de serlo, para convertirse en un político o en un gestor. En ambos casos pierde su independencia de criterio y pasa a ser parte de una estructura que cercena su capacidad crítica, su papel de interpelación al todo social, pasa a ser parte de una ideología como sistema de ideas que responden a una mirada fraccional de lo social.

Ejercer la crítica no define al intelectual como el actor social que traza los lineamiento de la acción, del sector social al que adhiere, porque el intelectual usa la crítica como herramienta de desarrollo del pensamiento social y l autocrítica para lograr instalar en su propio sector el debate sobre el hacer y el pensar de ese fragmento social. Por eso decimos que un intelectual más que definir el camino a transitar, realiza las preguntas y señalamientos que les permitirá a los actores sociales elegir el camino.

Este tema es de fundamental importancia en la Argentina de hoy, en tanto ha comenzado a exponerse en los medios de comunicación los debates entre intelectuales que parten de diferentes posicionamientos teóricos, epistemológicos, sociales y políticos.

Durante la década del noventa los los mass media giraron hacia una práctica discursiva que se sostenía en la imagen como vehículo de comunicación y que implicaba formatos comunicacionales que privilegiaban el esparcimiento, la falta de contenidos y la chabacanería, fue lo que se llamó la tinelización de la televisión o más sencillamente la T.V. basura. Se trataba de poner en sintonía a los medios más populares, con el intento de construir una sociedad frívola, poco interesada en pensar y reflexionar y dada a una suerte de epicureísmo social.

Los costos de estas políticas de la era menemista fueron ingentes, se banalizó la vida en sociedad, se dejó de lado el cuestionamiento al poder, se privilegiaron el consumo y un imaginario de goce perpetuo por sobre el esfuerzo conjunto y solidario en la construcción cooperativa de lo social; y cuando la ficción dio lugar a la cruda realidad el país se vio inmerso en una gigantesca crisis que tuvo como saldo la caída de gobierno y un importante número de muertos por las fuerzas que reprimieron salvajemente la protesta social.

Hoy la realidad es muy diferente, parecería que lentamente se está instalando en nuestra sociedad la necesidad de debatir todo entre todos, en la vida cotidiana se discute política, aumenta la producción bibliográfica sobre la temática, y en lo mass media encontramos como reflejo un incremento de los programas que apuntan a desarrollar ese debate. Ya no es infrecuente sintonizar propuestas televisivas que reúnen a un grupo de ciudadanos que debaten diferentes problemas sociales y políticos (toma de un predio, piqueteros, ley de medios, etc.).

A esto, se le agrego un ingrediente nuevo, la participación e esos debates de los intelectuales. Este dato que podría ser auspicioso, tiene una arista sumamente negativa, existe una acción de cooptación de los intelectuales de parte de los diferentes sectores sociales dominantes, y de los medios de difusión masiva que responden al interés de esos sectores, que integran a su staff a muchos intelectuales con el fin de que se constituyan en plumas sostenedoras de sus intereses, desarrollando una labor intelectual a su servicio.

El debate en lugar de enriquecerse se empobrece y asistimos a intelectuales (algunos de ellos de gran prestigio) que en lugar de analizar la realidad social y ejercer la crítica sobre lo dicho y hecho por la sociedad, se convierten en defensores a sueldo de los centros hegemónicos de poder (de cualquier tipo o signo), dejan de cumplir su rol de provocadores, dejan de estar en el lugar del malestar que aguijonea cual tábano inquisidor a una sociedad que hasta ahora parecía dormir y que comienza a despertar de un largo sueño e inacción y empieza a desperezarse y a participar en la política entendida como un hecho ciudadano que debe concernir a todos.

Esos intelectuales han elegido el camino fácil del elogio sin contenido y la comodidad que brinda el soporte de los monopolios mediáticos para expresarse y adquirir visibilidad social.

En definitiva han decidido abandonar el espinoso camino que implica el pensamiento reflexivo y crítico que nos condena a la soledad y al ostracismo social, para poder concitar un poco de reconocimiento que los acerque a los cenáculos de la fama. Se trata de un farandulización de los intelectuales, porque a semejanza con lo que ocurría en los noventa donde la política se farandulizaba generando la inclusión de los políticos en el mundo frívolo y despoblado de contenidos, confundiéndose con los mediáticos al punto que resultaba difícil distinguir unos de otros. Si los intelectuales no retornamos a nuestras fuentes en materia teórica como discusiva, si persistimos en privilegiar el reconocimiento mediático por sobre la construcción crítica, estamos condenados a ser menos que los políticos frívolos de la década del noventa, ya que estaremos abdicando de lo que es la esencia de nuestro ser social, ser el acicate provocativo que motiva la reflexión de los colectivos sociales.



[i] Charle C. (2011) El nacimiento de los intelectuales. Nueva Visón. Bs. As.
[ii] Gramsci, A. (1984). Los intelectuales y la organización de la cultura. Nueva Visión. Buenos Aires.

domingo, 22 de mayo de 2011

Hoy voté no sé por quién.

Hoy se votó en la Provincia de santa Fe y estrenamos un nuevo sistema electoral, mucho más antidemocrático que los anteriores.
¿Porque antidemocrático?, en otros escritos de este blog nos referimos al carácter representativo, no democrático, del sistema político argentino, fundamentando nuestra opinión en que los ciudadanos votamos a personas que se convierten en nuestros representantes, con el poder de decidir lo que les plazca sin consultarnos.
Peor aún, ni siquiera votan según su conciencia, sino lo que les indica los dirigentes partidarios.
Los representantes que elegimos deben tener una disciplina de bloque y votar según resuelve el bloque, que en la mayoría de las oportunidades significa votar lo que deciden unas pocas personas que son las que dirigen el partido y el bloque.
Es así que no pocas veces nos encontramos que aquellos representantes que hemos votado, toman decisiones que van lisa y llanamente contra nuestros intereses, es decir contra lo intereses de la mayoría de sus votantes, por no decir todos.
En este sistema representativo, tal como dice la constitución, el pueblo no delibera ni gobierna, sino a través de sus representantes. En buen romance el pueblo no delibera ni gobierna.
En el sistema anterior, cuando sufragábamos, lo hacíamos con una boleta en la que figuraban los nombres de las personas por las que votábamos (tanto titulares como suplentes), no importaba que no las conociéramos porque algunos vivían a cientos de km de nuestro lugar de residencia, pero por lo menos sabíamos sus nombres. En la famosa boleta sábana con la que elegíamos nuestros “representantes” figuraban los nombres de todas las personas que eran objeto de nuestra “preferencia”.
El gobierno “socialista” ha realizado, luego de casi cuatro años de gobierno, y supongo, de concienzudos estudios, una reforma política de envergadura, reemplazado la famosa lista sábana, por lo que podríamos llamar un sabanón.
Cuando entre a votar me dieron 5 de estos sabanones, uno por cada cargo (Gobernador, Diputados, Senadores, Intendente y Concejales) en el que figuraban todos los partidos que se presentaban.  
Lo más interesante de este instrumento electoral es que por cada partido y cargo no figuraban los nombres de las personas que participaban de la propuesta electoral (mis “representantes”), sino solo el nombre y apellido de la persona que encabezaba la lista, o sea, no sé por quién voté, solo conozco el nombre y apellido de una persona, el que encabeza la lista (y un detalle participativo, su foto), y el nombre y logo del grupo que lo patrocinaba (pero tan chiquito que no se podía leer si no se tiene buena vista, o sea lo más viejos ni eso pudimos saber).
Esto es el colmo de la representación, no saber por quién voto para que sea mi representante. No sería más práctico que en lugar de seguir tomándonos el pelo a los ciudadanos, la burocracia política lisa y llanamente nombraran los “representante” nuestros sin recurrir a las urnas, que por cierto en el colmo de la imprevisión, hicieron urnas tan chicas que no cabían los votos y las autoridades de mesa en muchos casos debieron abrirlas y compactar los votos, o sea que ni siquiera está la transparencia de que las urnas estuvieron cerradas durante todo el acto electoral.  
Tampoco hablemos del recuento de los votos, sería interesante como van a hacerlo ya que en cada sabanón se ponía una cruz, con una fina lapicera (fina por el trazo, no por la calidad) que proveía la mesa.
En nuestra provincia se ha profundizado la falta de participación ciudadana, crece la insalvable brecha entre la burocracia política que toma decisiones en forma autónoma y sin siquiera considerar o hacer conocer sus decisiones a sus representados.
Es que, como toda burocracia, no le interesa lo que piensan los ciudadanos, actúan en función del interés de sus corporaciones (partido político, empresas con las que tienen lazos, etc.).
Estimado lector, como puede el votante quejarse de lo que se vota en los órganos de gobiernos, sino sabe lo que hacen sus integrantes, si no sabe quiénes son los que lo representan.
Hay, dentro del sistema representativo de gobierno, mecanismos de participación y de consulta, como lo son el plebiscito, el referéndum, la remoción del funcionario cuand con un petitorio se vota y gana la mayoría, etc.
¿En más de 26 años de “democracia” representativa alguna vez se usó alguno de estos mecanismos, alguna vez algún diputado o senador, o intendente o gobernador consultó con los ciudadanos sus medidas de gobierno?, por supuesto que no.
Y no vale decir que lo que afirmo no es cierto porque en Rosario hay ese mecanismo que llaman “presupuesto participativo”, o que se hizo una “descentralización” municipal, porque son simulacros e participación.
En las asambleas de presupuesto participativo (lo sé porque fui a alguna de ellas) lo que se vota está decidido de antemano y se saca de cualquier manera con la participación hegemónica de los miembros del partido (que por lo general son funcionarios de gobierno).
La descentralización de Rosario es una descentralización administrativa, no política. En los distritos no existe participación ciudadana, solamente es una manera de abrir bocas de atención para cobrar impuestos y servicios, pero no hay una forma democrática de participación de los diferentes actores sociales para que decidan sobre los temas que conciernen al distrito.
En el mundo existe muchas formas de democracia representativa, que aunque no es auténtica democracia, permite mayor participación, privilegiando la autonomía del ciudadano en la toma de decisiones. Algunas están más próximas a la real gestión de los actores sociales, la que se inauguró en Santa Fe es la más alejada de una democracia autónoma.
El mecanismo de gobierno es el siguiente, el poder reside en los partidos, una mediatización más al ejercicio del poder de parte de la ciudadanía. Los partidos para colectar votos recurren a un ejército de colaboradores, esas personas que en la calle intentan ganar su voluntad, aunque no lo que no lo hacen por convicción sino siguiendo las órdenes de algún puntero. A la hora de ganar la gobernación o la intendencia el que tiene el ejecutivo (como se dice vulgarmente, la chequera) “retribuye” el esfuerzo realizado con algún carguito (una chapa como se dice en la jerga política) que será de mayor o menor importancia de acuerdo a los votos recolectados o la jerarquía en la estructura partidaria. Es así que los diferentes cargos son ocupados generalmente por personas que no tienen los conocimientos, aptitudes, actitudes, etc., necesarios para gestionar y toman decisiones apoyados en el levanta manos de los miembros de los cuerpos colegiados que obedecen las órdenes del ejecutivo. El legislativo (cámara de diputados o senadores o consejo deliberante) solo adquiere autonomía frente al ejecutivo, cuando la mayoría la tiene la oposición o el bloque opositor (como ocurrió en las cámaras de diputados y senadores luego de las elecciones de 2009 donde el llamado grupo “A” conformó una mayoría circunstancial y repartió cargos entre ellos (que por cierto fue lo único que logró esa mayoría).
Como no quiero ser solo crítico a nuestros “representantes” les acerco una idea (que por lo demás no es original mía, sino copia de Inglaterra) a ver si los motiva a pensar en una democratización real del sistema político.
Dividan la ciudad de Rosario en circunscripciones, digamos 25 (por decir un número), que cada una de esas circunscripciones decidan que deben hacer dentro de sus límites (que calles pavimentar, que cloacas hacer,  que veredas reparar, etc.) dejando los problemas comunes a toda la ciudad a un consejo deliberante integrado por representantes de cada circunscripción, los que serán elegidos por voto uninominal es decir una circunscripción un candidato por partido.
Cuál sería la ventaja, que si ese representante toma medidas en contra de los intereses de la zona, los vecinos podrán ir a golpearle la puerta de su casa porque como condición para ser electo debe residir en forma permanente en la zona, para que no pase como algún político que viene a Santa Fe cada cuatro años para postularse a gobernador.
Ideas sobran, lo que hace falta es confiar más en la participación plena del ciudadano y dejar de hacer de la política un negocio para pocos o una oficina de empleo para que esos pocos hagan negocio.
Hasta la próxima
P.D.: Un tema importante que ningún medio de prensa analizó, En votos a gobernador se anularon 97.984 votos, se impugnaron 913 y se recurrieron 1.861, en blanco 72.400 es decir 173.176 votos no válidos (9,81%) , para diputados se anularon 163.749 votos, se impugnaron 1.212, se recurrieron 2.214, en blanco 217.684 o sea  384.859 votos no válidos (21,82%). Este caudal de botos negativos tiene diversas explicaciones pero lo cierto es que el sistema no funcioná ta bien como quieren hacer ver los medios de comunicación o lo que es peor el 31,63% de los votantes rechazaron a todas las ofertas políticas, es para pensarlo.

jueves, 12 de mayo de 2011

OLVIDO

La idea de la inseguridad y el sentido común.


Quiero abordar dos conceptos diferentes pero íntimamente ligados: el sentido común y la inseguridad.

El sentido común constituye el sentido medio generalizado, que aparece ante nuestros ojos como el sentido compartido por todos.

Por esa razón de ser una conciencia promedio sobre los actos de vida de las personas, el sentido común tiene una fuerte impronta conservadora, nunca se podría tener ideas altamente innovadoras desde el sentido común, o dicho de otra manera, las ideas innovadoras son francamente contrarias al sentido común, porque lo que buscan es precisamente modificar ese sentido común.

Si Galilei, Copérnico y tantos otros hubieran aceptado el sentido común de su época seguramente hoy continuaríamos creyendo que la tierra es el centro del universo, porque eso era lo que sostenía el sentido común. Aparece como una supuesta construcción colectiva, cuando en realidad es una producción de los sectores dominantes de una sociedad en un momento socio histórico determinado, no es el colectivo social el que determina el sentido común, es una construcción imaginaria que se articula en una sociedad para sostener los intereses de quienes detentan el poder.

Este sentido se construye desde los medios de comunicación y permea el pensamiento de los colectivos sociales instalándose como una formación conceptual propia de los mismos, cuando es totalmente ajeno a los ciudadanos que lo ponen en palabras.

También el sentido común suele tener características francamente prejuiciosas, cuando no racistas.

Ello ocurre porque el sentido común no pone en acción el pensamiento crítico reflexivo de los sujetos, sino por el contrario constituye una aceptación pasiva de lo que la mayoría dice. En nuestro país en la segunda mitad del siglo veinte era de sentido común ser peronista porque era un sentimiento fuertemente arraigado en los sectores trabajadores, el peronismo era visto como un movimiento transformador que tenía la misión de reivindicar al explotado y al oprimido. Sin embargo el peronismo no constituyó nunca un movimiento de izquierda, solo pudo serlo en el pensamiento de sectores pequeños burgueses que vieron en el viejo general un conductor revolucionario.

Una visión crítica del peronismo devela que el General era un estadista inteligente y audaz, que apostaba fuerte en política y tenía una visión muy completa de la sociedad en la que vivía.

Recuerdo que a los militantes de izquierda de los años setenta nos resultaba cómico pensar que Perón se definiera como socialdemócrata en un reportaje que se le hiciera en esa época. Para nosotros Perón eran un líder nacionalista populista que se había formado en las ideas mussolinianas de la década del 30[1] y muchas de las estructuras del modelo peronista estában inspiradas en esos movimientos de ultraderecha como por ejemplo un movimiento obrero con central sindical única y subordinado al partido.[2]

La ambigüedad del líder tiñó al movimiento y el peronismo fue un actor político social que integró dentro de sí a sectores contestatarios que propugnaban el socialismo nacional (Montoneros, peronismo de base) junto a versiones ideológicas de extrema derecha que fueron propulsoras del terrorismo de Estado posterior como la triple A de López Rega, el Comando de Organización de Brito Lima, y tantos otros.

Como vemos el pensamiento crítico reflexivo tiende a desmenuzar esa construcción política abandonando la idea de sentido común que si las masas son peronistas debemos ser peronistas.

El pensamiento reflexivo se niega a aceptar las ideas porque son compartidas por la mayoría y preserva su autonomía de análisis tratando de ver los pro y contra de un cuerpo ideológico o de un determinado partido o movimiento político.

Vista las connotaciones del sentido común y su contraposición con el pensamiento crítico reflexivo, pasemos a ver una de las construcciones del sentido común y su relación con el conservadurismo social de la Argentina: el tan hablado problema de la inseguridad.

Hoy vemos que los políticos son unánimes al recortar como problema prioritario de nuestro país la cuestión de la inseguridad y gastan saliva y tinta en criticar la falta de seguridad y enuncian propuestas para resolver el problema de la inseguridad.

Comencemos por una afirmación taxativa y por lo tanto con todo el riesgo de error que ello significa, la inseguridad no es resoluble, quien afirma que va a terminar con el delito o es un ingenuo que formula un deseo o miente en forma oportunista para obtener un rédito político.

La base del delito se encuentra en la inequidad social que existe por ser esta una sociedad dividida en clases sociales muy diferentes y con un alto nivel de fragmentación que hace que unos pocos posean mucho y mucho que no tengan nada.

Esta situación de inequidad, en la que somos permanentemente seducidos a tener una vida feliz basada en múltiples posesiones, hace que los que no puedan acceder a esa vida, potencien su deseo consumista y aumenten su frustración al no poder hacerlo. En la generalidad de los casos los mandatos religiosos y sociales hacen que los sujetos aceptemos nuestro estado de indefensión frente a la sed de consumo por no tener los recursos necesarios que nos permitan acceder a todo lo que deseamos o aspiramos.

Por diferentes motivos que sería muy largo de explicar, algunos miembros de la sociedad no reprimen sus deseos y recurren a diferentes recursos para obtener aquello que los medios de propaganda les proponen y sus recursos escasos les niegan.

Un camino es el endeudamiento, el trabajo a destajo, el esfuerzo ilimitado, pero existe un atajo que permite al sujeto acercarse a lo que su deseo le demanda y ese atajo es el delito en todas sus manifestaciones: el robo, el asesinato, la estafa, etc.

En este punto queremos proponer al lector dos reflexiones. Una, que el delincuente no pertenece a una determinada clase social, ni que el delito es privativo de un determinado país o región. En todos los países del mundo, cualesquiera sea su signo ideológico o su estructura social hay personas que infringen la ley por decirlo en un sentido suave, y los delincuentes pueden en algunos casos invertir mucho dinero para perpetrar el delito. Por ejemplo asaltar un camión de caudales requiere de una logística importante (armas, información, complicidades policiales, etc.) para lo cual detrás de un delito de magnitud suele haber un inversor de importancia.

Esto nos lleva a la segunda cuestión, el discurso que trata de vincular el delito a la pobreza y pone en sospecha a todos los sectores vulnerables de la sociedad.

La segunda línea de pensamiento nos lleva a analizar porque en determinadas épocas los sectores dominantes recurren a anatematizar el delito y a reclamar mayor seguridad. Resulta obvio que una persona que sufrió un despojo tienda a reclamar seguridad pensando que con medidas represivas y mayores penalidades el hecho no hubiera ocurrido. El reclamo por la mayor seguridad no es nuevo, Michel Foucault comenta en uno de sus libros que en el siglo XIX cada tanto surgía el reclamo de mayor seguridad por los continuos delitos a los que eran sometidas las “personas de bien”.

Después de casi dos siglos los reclamos son muy similares, algo ocurre para que miles de millones de seres humanos a lo largo de los siglos no hayan podido resolver esta cuestión tan vieja que los diez mandamientos cuentan con dos o tres referidos a ello (no robarás, no matarás, etc.).

Existe una concepción estrecha del acto delictivo que lo remite al asalto violento, a la agresión con fines de lucro, etc., pero que no ve delito en el cohecho, la coima, los negociados de los empresarios.

Sobre los primeros tipos de delitos, el sentido común formulado por los medios de comunicación y absorbido por los ciudadanos, exige soluciones que por lo general remiten a ampliar la población carcelaria, a tener castigos más duros con los que infringen la ley, con propuestas tan nefastas como el propio delito, como por ejemplo exigir la ablación del miembro viril al violador o la pena de muerte al que mata. Lo que el sentido común no puede pensar, por más que el pensamiento científico lo haya demostrado ampliamente, es que en los lugares en los que el castigo es más riguroso no disminuye el delito, por el contrario tiende a aumentar y crea un problema secundario que es el mantenimiento de una población carcelaria cada vez mas grande.

Lo interesante que los responsables de los otros delitos (llamados de guante blanco) que tiene consecuencias mucho más negativas para el cuerpo social, no solo que no son punibles, sino que hasta suelen contar con la simpatía social. Por ejemplo en la crisis actual de capitalismo los Estados Nacionales (EE.UU, Europa, etc.) invirtieron miles de millos de dólares de asistencia a los banqueros que fueron en no pocos casos repartidos como dividendos por los mismos y muchos fraudes como la quiebra de Enron no fueron penalizados y los responsables no sufrieron ningún castigo.

Entre las propuestas de solución de la inseguridad, escuchadas en estos momentos electorales, encontramos también el reclamo de mayor cantidad de policías en las calles y a veces la exigencia de una policía de mano dura.

Quiero ilustrar con algunos ejemplos la efectividad de la policía como instrumento de prevención del delito.

A mi hijo le robaron el auto en una esquina de Rosario, cuando fue a hacer la denuncia se encontró con diversas personas a las que se les había sustraído el vehículo en la misma cuadra. Pregunta ¿si hay una denuncia de robo puede ser que no se investigue?, y si hay cinco o seis denuncias de robo, ¿no sería lógico que la policía se dé una vueltita por la cuadra a ver qué pasa?, y otra pregunta ¿los cacos sabiendo que el propietario va a denunciar y la policía va a investigar, volverían a robar en el mimo lugar?, por supuesto que la única explicación para todo esto es que ese lugar es una zona liberada en la que la policía le garantiza a los ladrones la seguridad de no intervenir para que “trabajen” tranquilos.

En Rosario se comenta que las comisarias son vendidas a los comisarios, que invierten dinero para ser transferidos a aquellas seccionales más rentables en materias de coimas por existir allí negocios tales como la prostitución, el juego ilegal o el tráfico de drogas.

Nadie pide investigar esta estructura delictiva que constituye la policía, no existen planes para reestructurarla, ello se debe a que los reclamos por “políticas de seguridad” constituyen una manera de mantener a una población temerosa bajo control.

El discurso de la inseguridad constituye un velo que tapa otras cuestiones tales como la inequidad, los privilegios, que se sostienen en base al hambre y la miseria de millones, y el mantenimiento de un sistema social regresivo y políticamente autoritario.

Hasta la próxima.





[1] El mismo Perón confiesa su admiración por el pensamiento del Duche con el que tuvo contacto cuando estuvo en la Italia Fascista.
[2] La CGT siempre se consideró la pata obrera del movimiento peronista y es de recordar que en el gobierno peronista del 70 al 73 se intentó cristalizar ese modelo sindical.

viernes, 6 de mayo de 2011

La vida: entre la finitud y la trascendencia.

Existen dos cosas (entre otras) que son inseparables del ser del hombre, la finitud de la vida y la política.
Uno podría preguntarse porque los hombres hacen política, porque luchan por el poder, que motiva tanto afán por determinar la vida de los demás y la respuesta no sería sencilla.
Es como preguntarle a un capitalista hasta donde quiere acumular riquezas, nunca podría contestar porque su avaricia es más gigantesca que su pensamiento.
La riqueza y el poder nos ponen en evidencia la total falta de límites que tenemos los seres humanos, por estos dos elementos (que tal vez sean uno mismo) a lo largo de la historia de la humanidad se ha matado, se torturó, se persiguió, se cometieron genocidios, y cuanta atrocidad pueda desarrollar la fantasía del lector.
Creo, que lo que motiva al ser humano y a sus miserias es un afán sin medida por trascender sus propios límites, ir más allá de ese límite que la biología impone a todos y que demuestra que la igualdad existe, en la muerte.
En un interesante artículo, Castoriadis[1] desarrolla el formidable cambio del pensamiento griego en los veinticinco años que van de Esquilo a Sófocles en la Atenas democrática. En Esquilo los seres humanos que no conocen la muerte constituyen seres monstruosos radicalmente inaptos para la vida, que deambulan como zombis. La muerte les señala su existencia temporalmente acotada y es a partir de este dato que adquieren humanidad y conciencia.
Al limitarnos, la muerte expande nuestro potencial creativo, parafraseando a Sartre podríamos decir que el hombre es un proyecto hacia su propia muerte, todo lo que hacemos en la vida tiene como dato primordial la finitud de la existencia y el sufrimiento que nos provoca esta constatación empírica nos obliga a elaborar el duelo de la vida que termina, para lo que contamos con un arsenal de recursos.
El principal recurso es la herramienta religiosa, la conciencia teísta nos permite aminorar la carga de sufrimiento que nuestra condición corruptible nos otorga. El mecanismo sobre el que se asienta la conciencia religiosa es muy sencillo, si es posible pensar la existencia de vida más allá de la vida, será posible mitigar los efectos catastróficos de la angustia de muerte.
Una forma más elaborada del pensamiento religioso nos llevaría a pensar en la reencarnación, la posibilidad de que exista un alma trashumante que viaja a través de los tiempos ocupando sucesivamente diferentes cuerpos orgánicos, a diferencia de la conciencia cristiana o musulmán que nos hablan de un mundo perfecto en el que nuestras almas podrán disfrutar de la paz y la armonía con la que son premiados aquellos que han tenido una existencia mesurada y proba.
Pero pareciera que esta conciencia no alcanza para amortiguar el impacto de la finitud y por lo tanto nos esmeramos por realizar en la corta vida de la que disponemos todas aquellas cosas que, en caso de no ser cierta la versión de la religión, permitirán que cuando nos vayamos y seamos nada más que eso, nada, quede algún indicio de nuestro paso por la vida.
Este segundo mecanismo es más importante que el primero, porque tiene, a mi entender, un mayor anclaje con las necesidades de la empresa capitalista. El capitalismo constituye un sistema socioeconómico de gran flexibilidad y con una gran capacidad de absorción de todo lo existente, ello se basa en la posibilidad de convertir en mercancía y someter a la lógica del lucro a todo lo que el hombre produce (y más aún a aquello que se encuentra dado en la naturaleza).
Como ejemplo podemos observar que las ideas y personas más radicales han sido convertidas en objetos de consumo por nuestra sociedad. La editoriales lucran con las obras del pensamiento de Carlos Marx, en cualquier tienda se venden remeras con la imagen del Che Guevara, y no le extrañe querido lector que en poco tiempo comiencen a venderse como pan caliente las remeras que digan “I love a Osama”.
El artista, el intelectual, el empresario, el obrero, todos somos productores, todos participamos de la cadena de valor y nuestros productos concurren al mercado en el que se intercambian por otros productos a través de la mediación del dinero.
A todos nos mueve el deseo de reconocimiento, o como vulgarmente se denomina los cinco minutos de fama, y los medios de comunicación de masas, como toda empresa capitalista, mutan ese deseo en dinero, privilegiando la llamada T.V. basura a hacer de este medio una herramienta de cultura y expansión del espíritu individual y colectivo.
Si no lo cree así, le propongo a Ud., mi querido lector que pregunte a cualquier intelectual o artista si lo único que le importa es la estética de su obra, inmediatamente observará que por debajo de ese interés se encuentra la necesidad de que esa obra sea reconocida y perdure en el tiempo, obramos para ser reconocidos, porque el reconocimiento no da relevancia y poder sobre los demás y si además ese reconocimiento es tal, que augura a nuestra obra la posibilidad de persistir en el tiempo, más profunda será la domesticación de la angustia de muerte, porque habremos hecho un gambeta a la muerte y aunque ella nos alcance podremos ir mas allá de sus garras.
Lo importante es la trascendencia, no importa que la logremos como Aristóteles que desde hace más de veinticinco siglos es leído y discutido generación tras generación por su magnífica obra intelectual, o como Adolfo Hitler que será recordado (tal vez por menos tiempo) por haber sido un monstruo asesino que aniquiló a millones de judíos indefensos en los campos de concentración nazi.
Lo importante para todos nosotros es que produzcamos algo nuevo, algo trascendental que coloque a nuestro nombre en el bronce, pero, el lector se preguntará, y que ocurre con aquellos que no lo logran, pues para ellos queda, parafraseando a Freud, el porvenir de una ilusión.
Cuando no somos capaces de asegurar la trascendencia, la religión constituye un refugio seguro, contra el vendaval angustioso de la historia que sin piedad borra nuestras huellas de este mundo. Después de muertos nadie nos recuerda, nuestros seres amados se han ido, sufrimos todo tipo de persecuciones o intolerancias varias en nuestra vida, pasamos necesidades, no importa porque la muerte no es el final sino el comienzo de la vida eterna.
Es interesante preguntarse qué bien le viene la idea religiosa a quienes ejercen el control de la sociedad y lucran con ese control. Mientras aquellos que son marginados de las bondades de esta sociedad tecnológica y globalizada que tantos “beneficios” tiene, se conforman con la sentencia bíblica: “Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que un rico al reino de los cielos” los poderosos y afortunados ricos dilapidan recursos en extravagancias y destrucción del ecosistema, tal vez pensando que hasta el buen dios puede sucumbir a una jugosa cometa, al fin y al cabo no es más que un político con ciertas facilidades para producir.
Pero algo debemos aprender de ellos, lo importante en la vida es, a partir de la conciencia de su finitud, aprender a gozar de ella, a desenvolvernos buscando el placer más que el deber, a realizar nuestros sueños en esta vida sin esperar a que la eternidad nos colme de placeres, a reconocer que vale más disfrutar de un café con amigos, o de un buen libro antes de acostarnos, que el esfuerzo cotidiano que solo llega agua al molino de quien nos oprime y nos chupa la sangre.
No tengamos miedo a morir, no calmemos nuestra angustia por la finitud de la existencia con la zanahoria de un mundo posterior a este, no dilatemos la satisfacción de nuestros deseos en haras de un futuro mejor, tanto religioso como político, no sacrifiquemos nuestras vida en la pira de la salvación humana, seamos más epicúreos que estoicos y busquemos hacer rendir cada segundo de nuestras vidas al máximo para obtener el mayor placer.
Hasta la próxima mis queridos lectores ah, y buena vida.


[1] Castoriadis C. (2001) Antropogenia en Esquilo y autocreación del hombre en Sófocles, en El avance de la insignificancia. Eudeba. Bs. As.

martes, 26 de abril de 2011

Cambia la Universidad?

En los años setenta el signo social por excelencia era el cambio Los jóvenes de aquellos años teníamos fuertemente adosada a nuestro discurso la palabra cambio, luego vino la dictadura y, en base a una salvaje represión y a uno de los peores genocidios del siglo XX, congeló durante años las ideas de cambio social, de cambio educativo etc.
A los jóvenes de los 70` se nos pueden criticar muchas cosas, nuestra ansiedad por lograr el cambio, los caminos y atajos incorrectos, ciertas formas de pensar la política basada en un pensamiento hegemónico que en alguna medida despreciaba la democracia, etc., pero lo que no se puede negar es que formamos parte de una generación heroica que acometió cual Quijote moderno, contra los monstruosos molinos de viento que eran el poder constituido de la derecha argentina y sus aparatos represivos.
La derecha de los 70`era preconciliar y estaba constituida por la Sociedad Rural, por Confederaciones Rurales, por la Unión Industrial, las patronales bancarias tanto nacionales como ADEBA o las grandes corporaciones financieras internacionales que apoyaban las políticas de represión de aquellos años.
Esta derecha tenía sus expresiones políticas como Tradición Familia y Propiedad, el Movimiento Nacionalista Tacuara, y partidos políticos que aunque no tenían proyección nacional tenían peso regional como el caso del Bloquismo Sanjuanino, el Partido Demócrata Progresista que por aquellos años abandonó todas sus banderas fundacionales, y los partidos de la derecha liberal mas arcaica que surgieron en situaciones coyunturales (elecciones entre golpe y golpe) y cuya presencia fue efímera aunque con cierto peso en los cortos años de democracia representativa que hubo en Argentina entre 1930 y 1984.
Por dar algunos ejemplo nombramos a UDELPA (Unión del Pueblo Argentino experimento político de Aramburu, la Nueva Fuerza y la UCD experimentos de Alsogaray en las elecciones de 1973 y 1982, la Alianza Popular Federalista que fue el intento del Gobierno Militar de tener continuidad política con su candidato que decía ser el Presidente Joven en las elecciones de 1973.
La derecha hizo grande esfuerzos por construir partidos porque siempre tuvo uno fundamental, el partido militar que era su brazo armado con el cual ejercía su dominación de clase.
En la Universidad esta actitud política de los jóvenes era más radical aún, los partidos que tenían definiciones más conservadoras por esos años eran el Partido Socialista Popular y el Partido Comunista, eran minoritarios, el resto tenían definiciones muy extremas, a tal punto que todos preconizaban la lucha armada y la toma violenta del poder para construir una sociedad revolucionaria.
Al interior de los claustros universitarios las definiciones de cambio pasaban por el cambio social, ninguna expresión política de los jóvenes tenía en cuenta el cambio de la Universidad conservadora de los 70` y lo mas académico que se escuchaba era la lucha contra los contenidos reaccionarios de la enseñanza, o combatir contra el poder burgués en la universidad.
Justo es reconocer que en esos años no existían prácticas democrático-representativas en el sistema de educación superior, el último intento de los universitarios por modificar la estructura de la Universidad Argentina se dio en 1918 con la reforma universitaria. En los setenta el pensamiento hegemónico de la izquierda contestataria llevó a los jóvenes a sostener que todo intento de modificar algo en la universidad estaba condenado al fracaso porque la universidad solo iba a cambiar con el triunfo de la revolución socialista.
La represión salvaje de los 70` tuvo como blanco principal a la juventud contestataria, tanto obrera como estudiantil, asesinado a sus dirigentes más esclarecidos, abriendo un impasse hasta el retorno de la democracia representativa.
En 1984 con el triunfo de Alfonsín, la Coordinadora, expresión política de la Juventud radical asumió el control de la Universidad y dibujó un escenario de cambio universitario abriendo los claustros a miles de docentes que habían sido reprimidos y perseguidos durante la dictadura y a otros miles de integrantes de la “juventud maravillosa” de los 70`que con algunos años mas ahora se sumaron a la tarea académica en la universidad.
Han pasado 27 años y es interesante hacer una evaluación de lo que cambió y no cambió en la Universidad[i].
Comencemos por los cambios, en estas casi tres décadas de gestión autónoma de la Universidad asistimos a un irrestricto respeto a la autonomía de gestión de la universidad, la que se ha desenvuelto administrada por las autoridades electas en el marco del sistema representativo de co-gobierno. Esto ha permitido una completa libertad de cátedra y de expresión. Los docentes universitarios hemos construido nuestros respectivos programas de cátedra sin ninguna injerencia de las autoridades de las facultades o del rectorado, y hemos ejercido sin límites nuestra capacidad de crítica.
La continuidad de la gestión representativa ha permitido el desarrollo de las actividades de investigación y el aquilatamiento de las prácticas académicas universitarias, las líneas de investigación están pudiendo programarse a plazos adecuados en el tiempo.
Han mejorado parcialmente las condiciones estructurales en las que se encontraban las universidades, en la UNR por ejemplo se han agregado más de 30.000 metros cuadrados de construcciones que mejoran las posibilidades de desarrollo de la formación universitaria.
Las bibliotecas han sido medianamente actualizadas y los programas de estudio se reformaron aunque no en la medida de lo necesario. Las reformas instrumentadas en los mismos contienen ideas muy innovadoras para abordar el proceso enseñanza aprendizaje (por ejemplo la reforma curricular de Ciencias Médicas de la UNR).
Se está incrementando la producción bibliográfica y las universidades comienzan a recuperar parte del terreno perdido en el concierto latinoamericano.
Se ha sostenido a ultranza la gratuidad de la enseñanza universitaria y el libre acceso a los estudios sin otro requisito que el título secundario.
Se ha incrementado favorablemente la oferta de estudios de post grado y aumentó el número de doctores entre los docentes universitarios lo que pone de manifiesto una mayor competencia de los profesores integrantes del cuerpo docente de las universidades.
En definitiva, la Universidad Argentina en los últimos 25 años ha salido del estancamiento y el oscurantismo en que fue sumida a los largo de décadas de persecución ideológica y política por las sucesivas dictaduras que asolaron la Argentina y ha ganado mucho en el proceso de continuidad democrática que de manera estable se ha sostenido en estos años garantizando la libertad de expresión y de cátedra a la que hacíamos referencia más arriba.
Quiere decir esto que la universidad es un ámbito de  la excelencia y la democracia, lamentablemente la respuesta es negativa.
Para ver las deudas de la universidad con su aporte a la construcción de una sociedad igualitaria y autónoma haremos una exposición en dos áreas fundamentales, la estructural y la política.
Desde el punto de vista de su estructura organizacional la Universidad Argentina se encuentra profundamente atrasada con respecto a las universidades más innovadoras del planeta.
La misma se conserva en .línea del modelo arquetípico de la universidad napoleónica del siglo XIX, es decir, está estructurada en Facultades que responden al modelo de organización disciplinar y cátedras que se corresponden con un modelo de carácter autoritario en el que existen un grupo de profesores (los titulares) que constituyen la elite de la universidad y son los que determinan (amparados en la famosa libertad de cátedra) los contenidos de la enseñanza.
Este modelo, además de anquilosado, no tiene relación con la estructuración de la sociedad, de manera mucho más abierta y con demandas de mayor complejidad que las que existían en el siglo XIX, En aquel momento, por ejemplo, las fronteras entre las ciencias eran mucho más claras, hoy estas fronteras son más difusas y existen zonas de trabajo interdisciplinario y más aun, zonas de transdisciplina.
Pero más importante que esto, este tipo de organización hace que se multipliquen esfuerzos y gastos, ya que por ejemplo los contenidos de Psicología Social que se dictan en diversas Facultades, con una organización moderna y funcional, podrían ser dictados en un espacio académico único.
Porque no cambia este tipo de organización oneroso y poco funcional, pues porque en el podemos encontrar los elementos de relaciones de poder que permiten controlar el flujo de conocimientos que circulan por la universidad. Este mapa de las relaciones de poder nos muestra como unos pocos (los titulares) someten a su arbitrio los contenidos e instrumentos que se utilizan en la cátedra y subordinan a sus colaboradores constriñéndolos a formar a los alumnos desde su punto de vista teórico conceptual.
El resultado de la organización por facultades y cátedras es el empobrecimiento progresivo de los contenidos formativos que se imparten en las distintas disciplinas y la obturación del pensamiento crítico-reflexivo en la universidad.
La Universidad Argentina necesita nuevos aires que se sustenten en un aporte significativo a la reflexión social y ello solo es posible si se amplían los márgenes de participación en las mismas, generando nuevos espacios, en los que los jóvenes profesores se formen desde una perspectiva creadora que se oriente a la búsqueda de la autonomía social.
Desde el punto de vista político la organización de la universidad está en línea con el modelo basado en la representación. Este modelo impide el desarrollo de una auténtica participación del ciudadano universitario en la gestión del conocimiento. Los representantes son electos y a partir de allí no consultan en nada a sus representados, la normativa actual les permite tomar decisiones en nombre de quienes los votaron. Los ciudadanos universitarios no tomamos ninguna decisión ni participamos en la toma de decisiones, más aún ni siquiera somos informados de las decisiones que se toman. Se ha dado el caso que los “representantes” de un determinado claustro deciden sobre cuestiones contrarias a su claustro porque “deben acatar” lo que el decano o alguna autoridad determina.
El mecanismo de selección de los representantes es también arbitrario, se basa en listas completas, por lo que, un ciudadano universitario que quiera participar para ser electo, sino logra formar lista agrupándose con 21 docentes mas no puede hacerlo.  
A ello se agrega un mecanismo de selección indirecto de autoridades, ya que el decano y el Vice Decano son votados por los representantes electos para el Consejo Directivo, y como en el caso de la elección 2011 en Psicología de la UNR, docentes que solo cuentan con menos del 10% de los votos en los diferentes claustros en su conjunto, pueden ser elegidos para gobernar la misma, en una clara violentación de la voluntad de la gran mayoría de los ciudadanos universitarios de la Facultad, que rechazan la continuidad de la camarilla que gobernó la organización en los últimos ocho años. Esto ocurre porque el sistema representativo no es democrático y ha facilitado el anclaje de una burocracia de gestión que gobierna la organización al margen.de la voluntad y sin la participación del con junto de los ciudadanos universitarios.
En este caso el simple expediente del voto directo ponderado por claustros (es decir los votos de los claustros son multiplicados por un índice para respetar la participación en los porcentajes que exige la Ley de Educación Superior) para elegir autoridades posibilitaría una forma más democrática de selección e impediría burlas a la voluntad de la mayoría como la descripta.
La necesidad de democratizarse es una de las deudas más importantes que tiene la universidad con respecto a sí misma, tan importante como la transformación de sus estructuras de corte napoleónico. Ello no es difícil, implica asumir una voluntad de cambio democrático anulando la elección de consejeros a los consejos directivos por listas completas, impulsando la elección de decano en forma directa, reglamentando la revocatoria de los mandatos por pedido mayoritario de los miembros del claustro, poniendo en práctica la publicidad de los actos de gestión, la democratización de las relaciones docentes alumnos, la departamentalización de las facultades con plena participación de los docentes en los mismos a igualdad de condiciones, la implementación de asambleas de claustro para tratar decisiones trascendentales para la facultad, etc.
Como vemos mucho es lo que falta por hacer para lograr un cambio democrático en la universidad.
Debemos tener en cuenta que esta falta de participación plena de los docentes, alumnos, graduados y estudiantes, en la gestión de las universidades, atenta contra la calidad institucional, con el aporte al pensamiento crítico que las mimas realizan y obtura la participación de ellas en la vida social del territorio.
Hasta la próxima.  


[i] Por razones de rigor expositivo tomaré como ejemplo la Universidad Nacional de Rosario que es la que mas conozco aunque la dinámica universitaria tuvo un comportamiento parecido en el resto del país.

lunes, 11 de abril de 2011

¡Cambia la escuela?

Existe una imagen que ha quedado grabada en mi memoria. Siendo muy pequeño, tenía una o dos veces por semana las clases de labores. Se trataba de una modalidad didáctica mediante la cual los niños aprendíamos a hacernos diestros con las manos. Esto es por lo menos lo que dicen los libros de pedagogía. En realidad esas clases de labores eran un monumento a la alienación.
Años más tarde tuve oportunidad de leer “Cien años de soledad” de G. Marquez, en el capítulo en el que el Coronel Aureliano Buendía realizaba un pescadito de oro que vendía en el mercado por una moneda de oro que le permitía elaborar un pescadito de oro para vender por una moneda de oro encontré una explicación para aquellas clases de labores, eran como la máquina del gallego, una máquina que tenia un hueco por el que salía una mano que apretaba un botón para que saliera una mano para apretar un botón, no servían para nada.
Leyendo a Matías, ese entrañable personaje de Sendra que todos los días pone una cuota de ternura a los sufridos lectores del diario Clarín, un temor asaltó mi espíritu; Matías realiza en la escuela labores para el día del padre y tiene una idea genial, intercambiar los trabajitos con sus compañeritos para que el padre pueda tirar esas porquerías sin culpa, ya que lo que le regala no es lo hecho por él sino por un amigo; ¿es que la clase de labores continúa dictándose en las escuelas?.
Para desentrañar tan mayúsculo enigma teórico nada mejor que recurrir a un cientista de la educación, y así lo hice, le pregunté a Ana Paula, mi hija de 9 años que le divertía y que le aburría mas en la escuela. Lo que más la divierte podría contarlo utilizando un boleto de colectivo, de aquellos que había en la era pre-tecnológica, cuando los chicos afanosamente buscábamos el boleto capicúa de la buena suerte. En cambio para poder narrar las cosas que la aburren no me alcanzarían diez rollos de papel higiénico, y no del barato, sino del que la propaganda asegura que tiene 74 mts. exactos. Pero más aún, desde una perspectiva estrictamente científica Ana me relató que en la escuela una de las cosas que más le aburre es el dictado de la materia Tecnología (eso que antes se llamaba labores y que para poder explicárselo a ella tuve que recurrir al diccionario de igualación semántica entre la prehistoria y la actualidad que es la madre de Ana). Para ella es por el dictado, pero yo estoy convencido que los dictados, las cajitas de papel, los telares que les enseñan a hacer son de poca utilidad práctica y poco tienen que ver con el pomposo rótulo de Tecnología, sobre todo con la significación que el vocablo tiene en la era de la informática, las computadoras e Internet.
Es allí que me surgió el interrogante que encabeza este artículo. Muy lejos de dejar de ser una fenomenal máquina de alienación, la escuela ha consolidado sus aristas mas negativas. Es un (permítaseme el arcaísmo) gigantesco aparato ideológico del estado, y por añadidura aburrido. El aburrimiento en los niños con respecto a la escuela crece en forma proporcional a su paso de los grados inferiores a los superiores. Para sostener mi afirmación no necesito argumentos teóricos, como padre he observado como mis dos hijos progresivamente pasaban de un interés total por concurrir a clases a enfermarse con tal de poder faltar (y eso que soy un padre permisivo que le permito ordenar su calendario escolar y faltar cuando quieren).
El síntoma aparece como una forma inconsciente de manifestar su rechazo por todo lo que la escuela significa. Cada queja de Ana (como ayer lo hacía Nicolás) me recuerda mis propias quejas. La escuela es solo un espacio de sacrificio, con gigantescas cantidades de tareas para el hogar que hacen que los padres no sepamos si los chicos aprenden en la escuela o lo hacen en casa. ¿Por que los niños salen en tropel en los recreos, igual que lo hacíamos nosotros?. Es que acaso  consideran que deben dejar ese lugar tan divertido y placentero que es la clase y autoflagelarse con ese espacio, pequeño espacio de libertad vigilada (ya que siempre está sobre los niños la mirada controladora de alguna docente) que es el recreo?.
No es más lógico pensar que están escapando al corset que a su creatividad, a su necesidad de investigar, de conocer, de disfrutar con  el descubrimiento de cosas nuevas les imponen esos viejos y anquilosados programas que todos los años les repiten las mismas y tediosas frases sacralizadas sobre Belgrano, San Martín, Sarmiento y otros muchos próceres de cristal.
Creo, y sé que esto molestará mucho a quienes sincera y fatigosamente ponen lo mejor de sí en la vida cotidiana de la escuela, que los docentes son también víctimas de una burocracia que privilegia el sostenimiento de las “instituciones” autocráticas y alienantes por sobre el desarrollo humano de la libertad y la creatividad de los niños. Ellos también están sometidos a esas instituciones, son en algún sentido un grupo objeto en la escuela, sin palabra y con pocas posibilidades de romper la trampa en la que la burocracia los ha encerrado.
Cierta vez, hace muchos años, un viejo y querido profesor de química de un colegio secundario elaboró una planificación disparatada, no recuerdo exactamente que decía, pero para dar una idea afirmaba entre otras cosas que la química se aprendía jugando al truco con señas. Cuando la entregó me dijo con mucha seguridad que sería aprobada. Ante mi asombro poco tiempo después vi la planificación aprobada con el sello y la firma de la vice - directora.
En no pocas oportunidades escuché las quejas de los docentes sobre la cantidad de papeles a llenar que no les permite dar clases como quisieran. La actitud de mi digno colega, si fuera imitada por todos los docentes tal vez haría que las cosas cambiaran un poco.
El cambio en la escuela o mejor dicho el cambio de la escuela no será solo el producto de las movilizaciones para conseguir aumentos salariales o mayor presupuesto educativo (lo cual todos sabemos que es muy necesario) la escuela debería además por una vez detenerse y reflexionar sobre sí misma, deberíamos preguntarnos todos los que estamos en algún nivel del sistema educativo ¿qué estamos haciendo? ¿que modelo de sujeto estamos formando?. Y esta respuesta debe buscarla en sí misma, no esperar que se la den desde afuera, ya que como dijo una vez mi viejo maestro, el Dr. Ovide Menin, si queremos que algo cambie en la escuela los cientistas de la educación, pedagogos, psicólogos, etc. deberían callar por lo menos por diez años (la frase es una versión libre mía del original de Ovide).
La escuela, mas que modernas teorías de aprendizaje, mas polémicas sobre contructivismo o reproductivismo, mas que “pensar al sujeto de la educación”, mas que teorizar sobre “que es un niño”, y muchos otros “interrogantes científicos” (cuyo debate es muy válido y es muy importante teorizar sobre estos temas), debería recuperar el profundo significado del saber cotidiano que la atraviesa, el maestro debería bajar de la cátedra, ese lugar elevado desde donde emana su saber y poder, para saber junto a sus niños, hacer realidad aquello de aprender enseñando, reconociendo que los niños enseñan aprendiendo.
Parafraseando a un historiador, deberíamos lograr que los niños puedan volver a ir a la escuela cantando, con la alegría del que va a una fiesta, del que sabe que la escuela es un refugio de libertad, tolerancia y creatividad que lo defiende de una sociedad cada vez más hostil y que por el momento privilegia el mercado a la convivencia humana.
En ese escenario estaremos creando las posibilidades de realizar muchas de las cosas que los teóricos del campo educativo preconizan sin decirnos como, “como”, esa palabra mágica que nunca he escuchado en boca de quienes tienen el poder (como los políticos) o gozan del poder momentáneo que les otorga la posesión del saber (como los intelectuales). El niño no es un humano en chiquito, el niño es un humano sin aditamentos, con derechos, responsabilidades, obligaciones, creencias, sentimientos, etc. Y como todos los humanos solo puede tener calidad de vida, solo puede crecer, cuando es libre, cuando puede hacer lo que quiere reconociendo los límites que la convivencia social le impone, pero esos límites deben ser reales, producto de necesidades auténticas, no modos de soyuzgarlo, de constituirlo en un objeto manipulable, porque la libertad antecede a los límites, en sentido psicoanalítico
podríamos decir que la libertad se rige por el principio del placer y los límites por el necesario pero no siempre simpático principio de realidad.
Los mayores sabemos que no somos libres, comenzamos a distinguir entre lo que significa vivir en democracia, en un estado de derecho (lo cual es un paso importante) y lo que es ser libres. Sabemos que no podemos gozar de la vida porque con democracia se puede comer, educar y vivir pero ello no es suficiente, el imperativo de hacer para vivir, debe dejar lugar a otro más importante y profundo, vivir para hacer. Ese hacer del que hablo está significado por la posibilidad de expandir nuestros espíritus hacia el infinito, poder hablar sin temores, disfrutar sin carencias. La sociedad actual no permite esa libertad plena, autentica, solo nos deja gozar de una libertad recortada, y por lo tanto no auténtica. Si nuestros niños de hoy pueden derramar una lágrima ante el que sufre, si pueden compartir su merienda con el que la necesita, si pueden reflexionar sobre los porque de muchos no se que de los mayores, estarán creciendo en libertad y la utopía volverá a estar a la orden del día, pero no como utopía, sino como posibilidad.
Entre lo uno y lo otro hay una brecha muy grande, es por ello que cuando mis hijos se quejan de la escuela siento que algo me duele muy adentro, porque tal vez yo ni siquiera supe quejarme. Dejemos que sean mas libres aunque ello tenga costos de indisciplina, heridas en nuestro narcisismo, dejemos que los niños tengan la oportunidad que nosotros no tuvimos porque ello es indispensable para que la escuela cambie.
Hasta la próxima

P.D.: Este artículo fue escrito en 1997 pero lo edito porque nunca lo hice y como un homenaje al pensamiento creativo de mis hijos que aún hoy no dejan de sorprenderme con su inteligencia y sagacidad.