martes, 27 de septiembre de 2011

Sobre la política y la acción política.


Días atrás en un artículo periodístico, el candidato presidencial Hermes Binner se quejaba del estado actual de la política argentina y decía que era peor que la borocotización y que los particos políticos hacían cualquier cosa para tener un diputado más.
En el diario “La Capital” de hoy (27/09/2011) sale una interesante noticia sobre el voto positivo del partido socialista a la ley de jubilación docente del año 2005. Sería una loable actitud la de este partido que en el 2005 estaba preocupado por la salud docente, el desgaste que sufren los mismos en su trabajo y por ello votó una propuesta para bajar la edad jubilatoria; si no fuera que los que votaron aquella ley en tiempos del gobierno peronista de Obeid, incluidos Lamberto (actual presidente de la Cámara de Diputados Provincial) Bonfatti (Ministro de gobierno actual y gobernador electo) son lo que hoy le niegan a los docentes ese beneficio y llevan a la provincia a un conflicto gremial por no querer acceder  a bajar la edad jubilatoria de los mismos, con el argumento que no es sustentable en el tiempo.
Pregunta ¿tanto cambió la situación de la provincia para que sí lo fuera en el 2005 y no ahora? Y si era posible en el 2005 y considerando cuatro años de gobierno socialista con los logros que dice ese gobierno haber tenido, ¿la situación no sería tal, que hoy es más posible que el 2005 otorgar el beneficio a los docentes?
Hace algunos años una encumbrada dirigente de San Pablo del Partido de los Trabajadores decía que los socialistas debíamos saber que muchas de las críticas que habíamos hecho a la derecha cuando éramos oposición, al llegar al gobierno nos dimos cuenta que eran injustas.
Es un importante valor reconocer esto ante un auditorio poblado de intelectuales de izquierda, no debería tal vez el Partido Socialista hacer una autocrítica respecto a su política opositora o a su gestión de gobierno.
Creo que  este suceso da pié para que pensemos en conjunto lo que es la política y la acción política.
Etimológicamente el término deriva del vocablo griego πολιτικος (politikós) que significa ciudadano, civil o relativo a la organización de la ciudad. Genéricamente podríamos decir que es una de las tantas actividades de la vida cotidiana cuya especificidad consiste en tomar decisiones en la esfera del estado orientadas a lograr el bien común. El político en la sociedad actual es un profesional que vive de hacer política, que dedica su vida a la política. Es interesante saber que algunos autores atribuyen el origen del concepto a Aristóteles, quien en su libro “Política” define al ser humano como un animal fundamentalmente político.
Desde otro punto de vista, no antagónico, sino tal vez complementario, la política es el conjunto de estrategias y tácticas orientadas a ganar poder en un determinado colectivo humano con el fin de incidir en el rumbo del mismo.
La política es el arte de lo posible define un viejo dicho, pero además la política es un modo de comunicación con el fin de convencer y obtener poder.
La política no es hoy lo que fue en los años setenta, en la actualidad la política se ve mesclada con la farándula, el jet set, tiene lazos de intereses con los más media y se juega en un escenario ajeno a su origen.
En la antigua Grecia habían tres grandes espacios: el Oikos o esfera privada, la Ekklesia o asamblea del pueblo que era el espacio de lo público y el Ágora o espacio semi público de debate entre los ciudadanos.
En la Ekklesia cualquier ciudadano podía presentar sus problemas, ideas, propuestas, era un espacio de participación colectiva y la política era entendida como la acción en pro del bien público.
En los setenta, tanto en la Universidad como en los sindicatos se dispararon fuertes debates en relación a la acción política, se entendía la misma como la necesidad de generar una discusión que permitiera a las masas esclarecerse acerca de sus condiciones de vida y de los efectos de estás sobre su salud y vida cotidiana. La acción política no era la búsqueda de poder inmediato, no se pretendía obtener un puesto en el parlamento o un lugar (chapa) en algún órgano ejecutivo, era un proceso de acumulación en el seno de una clase orientado a desarrollar la conciencia para sí, y por ello los partidos políticos trabajaban con dos herramientas fundamentales: la agitación que se basaba en el principio de pocas ideas para muchos y buscaba en un determinado conflicto la comprensión súbita del problema concreto y de las soluciones inmediatas; la propaganda en cambio era la presentación de las ideas más estratégicas del partido, es decir muchas ideas para pocos y se orientaba a desarrollar en la vanguardia de los actores sociales en conflicto la comprensión lenta y profunda de las causas más ocultas del estado de situación social.
En ambos casos el debate se deba en el seno de la sociedad, en la clase, en el taller, en la calle, era una relación directa del militante político con los actores sociales, no estaba mediatizado ni por la televisión ni por la radio, no se leían encuestas, ni se dibujaban los perfiles más aceptados de los candidatos, más aún no se conocía uno de los principales actores políticos de la actualidad, las consultoras de opinión e imagen.
La política era una acción de propuestas reunidas en programas y no era la acumulación de sufragios obtenidos por campañas publicitarias bien hechas. Alguna vez escuche a un político decir que ellos prometen muchas cosas que no van a cumplir y una vez que ganan hacen cosas que nunca prometieron. Esto es posible porque el ciudadano está cada vez más ausente del debate social. En el mundo la falta de participación es generalizada y su contraparte la falta de principios en la acción política es cada vez mayor, esto ha sido recientemente verificado en los EE.U. una de las más importantes sedes de la democracia liberal, donde artículos e prensa denuncian que los inquilinos del capitolio están cada vez más mediatizados del ciudadano y toman decisiones en función de sus intereses y el de las corporaciones.
Si uno analiza el programa del Partido Socialdemócrata Alemán en la década del 70´puede visualizar que constituye un extenso programa, que es un contrato con los ciudadanos, esa cultura política que suponía que se constituía un contrato con la sociedad civil ya casi no existe, y no es solo inexistente en la Argentina sino en el mundo, la democracia liberal ha evolucionado a una forma de práctica política en la que solo intervienen en la vida pública los miembros de una nueva oligarquía de orden burocrático que son los integrantes de los partidos políticos.
Estas corporaciones casi no tienen vida interna, solo se desperezan durante los períodos electorales para tratar de posicionar a los candidatos que se han adueñado del aparato partidarios. No existe un debate al interior de las mismas, que suponga discutir tácticas y estrategias y que se resuma esa discusión en programas consensuados que impliquen una acción de gobierno.
El último momento de la democracia liberal, a mi entender fue el retorno a la república representativa en 1983, en ese año la Argentina se volcó a las calles, debatió proyectos y castigo a aquellos que volvieron con el discurso del peronismo de derecha de los 70´. A partir de ese hito democrático liberal, los argentinos asistimos lentamente a un declive de la participación política de amplios sectores de la población, y los proyectos colectivos fueron cediendo a la presión de un modelo de confrontación que alineaba a candidatos antes que propuestas. La acción política se mediatizó de las calles y comenzó a tener como escenario excluyente los set de televisión.
Progresivamente la mal llamada clase política (que no es otra cosa que una burocracia de gestión al servicio de los intereses de los sectores más concentrados de la burguesía) se fue mimetizando con la farándula, y son notorios los históricos papelones de muchos de ellos, siendo el más sobresaliente tal vez, el de  De La Rúa en el programa de Tinelli. Es lo que muchos autores han denominado la tinelización de la política.
En lugar de confiar en sus bases para lograr sus objetivos de poder, centraron sus expectativas en los asesores de imagen que dibujaron sus discursos, cambiaron su fisonomía y determinaron sus propuestas. Los paridos pasaron de ser actores colectivos de producción de ideas a mero continentes de individualidades que buscaban dentro de las estructuras partidarias determinar la mayor influencia de sus proyectos personales.
En la medida en que los dirigentes políticos se mediatizaron de la sociedad y se mimetizaron con la farándula fueron cada vez más dependientes de su exposición mediática y su perfil exitoso en la política estuvo en relación con la cantidad de minutos en el aire.
Los grupos mediáticos hegemónicos pudieron cooptar a la mayoría de los dirigentes proclives a sus intereses estratégicos y usarlos tácticamente como si fueran peones en un gigantesco tablero de ajedrez en el cual el Rey determina la ubicación de las piezas y les exige sacrificios en aras del interés corporativo.
No responder al Rey (el CEO del multimedios) significa lisa y llanamente perder el favor real y desaparecer del único escenario que puede proyectar al político hacia el reconocimiento, aun cuando sostenerse en la pequeña pantalla sea al costo de sacrificar sus ideales e ideología, aceptando la dirección de los patrones sobre las decisiones políticas y teniendo que defender lo indefendible (por ejemplo negar todas las tropelías realizadas por los grupos mediáticos).
Pero al sacrificar la autonomía de la acción política estos políticos aceptaron ser sacrificables ellos mismos, y van desapareciendo de las pantallas en la medida en que dejan de ser útiles a la estrategia de sus patrones (por ejemplo la inimputable Carrió que fue prácticamente borrada de las pantallas después de aquella aciaga noche de agosto en la que no sacó más que el 3% de los votos).
Pero también estos políticos mediáticos farandulescos van desapareciendo de la escena política porque no han podido leer un fenómeno importante en la escena argentina, y que sin ser exagerados podríamos denominar de la reinvención de la política de masas. Fue tal vez Néstor y Cristina Kirchner quienes mejoren leyeron la necesidad de cambiar la acción y el curso del desarrollo de América Latina y avanzaron en un proyecto de renovación capitalista que transita por los senderos del neokeinesianismo activo que propone un capitalismo de mercado que pone el eje en la demanda con grandes inversiones públicas, reconstrucción del aparato asistencial del estado y un fuerte apoyo al consumo, la educación y la producción científico tecnológica.
Como todo modelo capitalista es insuficiente para resolver las contradicciones más profundas del sistema, tan solo logra atenuar las disparidades sociales  y fortalecer una política más inclusiva de la mano de una situación económica favorable.
Pero lo que debemos ver, quienes estamos interesados en ir más allá del reformismo, en reconstruir el tejido social desde una perspectiva solidaria, igualitaria y autónoma, es que el colectivo que tiene en su poder el sistema político ha desarrollado una serie de acciones  que favorecen el desarrollo del debate y la participación social, como por ejemplo el matrimonio igualitario, la ley de medos, el paso del sistema jubilatorio a manos del Estado, el mejoramiento de los haberes jubilatorios, el aporte al desarrollo del sector científico, la construcción de una red de tolerancia a la protesta social, el desarrollo de obras de infraestructura y el mejoramiento de las oportunidades de trabajo, por lo tanto es necesario lograr que se fortalezca ese rumbo de acción que la derecha reaccionaria está interesada en detener y más aún retrotraer a épocas anteriores.
A pesar de lo que digan los medios masivos de comunicación hay un estricto respeto a libertad de expresión, todos podemos decir lo que queremos sin temor a la represalia, esos mismos medios que denuncian la falta de libertad no respetan la libertad de expresión al interior de sus organizaciones. Hoy cualquier profesor, ciudadano empresario sabe que nadie lo persigue por sus convicciones, en Argentina no hay hoy presos políticos o de conciencia.
Quienes pretendemos honestamente trabajar para el cambio social, no desde la perspectiva de las sectas políticas mal llamadas de izquierda que existen, sino desde el interés de mejorar las condiciones de existencia de los ciudadanos en el aquí y ahora, sin tener que esperar a un reino fantasioso de igualdad en un futuro lejano (a imagen y semejanza de la creencia religiosa en el paraíso)sabemos que hoy es necesario empujar a este tibio gobierno de reformas a transitar el sendero de los cambios profundos que la argentina necesita.
Hasta la próxima

viernes, 23 de septiembre de 2011

Cuando el Clarín no suena lo suficiente, la CNN aumenta el volumen.


Es sabido el rol político opositor que ha jugado el monopolio mediático como soporte y difusor del pensamiento conservador de derecha. Esta línea editorial le ha costado al monopolio el creciente descrédito que se ha traducido en una reducción de su tirada diaria en más de 50.000 ejemplares.
Las elecciones primarias de agosto, en las que el oficialismo obtuvo más del cincuenta por ciento de los votos, demostraron que la persistencia de tapas negativas en contra del gobierno ya no tienen efecto sobre el voto popular, por el contrario, pareciera que la principal víctima de esta política editorial tramposa del grupo Clarín y de otros medios como La Nación, y diversos canales de televisión abierta y por cable, son aquellos a los que supuestamente debería ayudar el monopolio mediático, es decir los opositores.
Ningún opositor pudo pasar el 13% de los votos, lo cual es un hecho inédito en la política Argentina, ni siquiera el viejo líder carismático Juan Perón pudo superar a su inmediato perseguidor por casi 40 puntos.
En la medida en que la derecha conservadora va tomando nota de la potencia electoral del kischnerismo, su soporte mediático declina en credibilidad a pasos agigantados.
Frente a esta situación, hoy podemos observar un cambio de estrategia en la política mediática de los sectores más reaccionarios de la sociedad argentina.
El nuevo actor mediático que comienza a pretender ser un actor de peso para limar el poder electoral del oficialismo no es una organización local, sino uno de los principales jugadores mediáticos de la internacional conservadora del mundo globalizado, la CNN.
En su edición de hoy, 23 de septiembre de 2011, este monopolio internacional lanzó su cobertura periodística de las elecciones en Argentina.
El periodista en argentina, Montero, informó de una cobertura extraordinaria de las elecciones en nuestro país la que que tendrá invitados “de excelencia” en vivo.
Van a analizar la realidad política argentina avezadas políticologas como Susana Giménez y Mirta Legrand, periodistas de “prestigio”  definidos por el conductor de CNN como el mejor periodista argentino  Jorge Sanata (supongo que mi baja audición me hizo escuchar mal y se trata de Jorge Lanata) y analistas políticos ”independientes” y encuestadores de fuste como Enrique Zuleta Puceiro.
Comencemos por el último, Puceiro hace un análisis de las últimas elecciones en Argentina y menciona dos, la de Corrientes y la de la Ciudad de Córdoba, pone de manifiesto el triunfo de la oposición y si bien acepta que la suerte de la misma está echada para octubre desliza que estas elecciones pueden marcar un rumbo distinto al de las primarias en octubre. Continúa con la perorata del ataque a la prensa y pone de relieve la negativa de la Presidente a dar el debate a la oposición y el ignorar a la prensa como estrategia de acumulación electoral. El detalle fundamental es que en la mirada de este reaccionario analista político la presidenta basa su campaña en una fuerte línea política internacional que tiene como ejes la defensa de la soberanía en Malvinas ante la Asamblea General de la ONU y con un reclamo enérgico para que el Reino Unido entre en el diálogo, y el apoyo al Estado Palestino como miembro de las Naciones Unidas.
Interesante análisis el de Zuleta Puceiro, ya que habló de dos elecciones que ganó la oposición (una de legisladores provinciales y la otra una elección municipal) y no mencionó el casi 70% de los votos que sacó el Frente para la Victoria con Capitanich en Chaco. No es acaso más importante una elección a gobernador que elecciones municipales o legislativas provinciales?
Como parte de la estrategia conservadora Zuleta Puceiro trata de decirle a la Presidenta como hacer su campaña, obviamente para favorecer a su cliente político la oposición a la Presidenta.
Pero lo que importa como dato en este discurso es que un analista experimentado como Zuleta Puceiro comienza a ver que la Argentina y su gobierno empiezan a instalarse en el escenario mundial como punto de la mirada, con un fuerte prestigio que hace que importantes diarios como New York Times o Times de Londres comenten como ejemplo a estudiar el camino de argentina para salir de la crisis. Pareciera que la Internacional conservadora comienza a sentir a la política argentina como una piedra en el zapato y allí aparece el nuevo rol de la CNN que de golpe comienza a darle espacio a la política argentina y a generar una corriente informativa en este monopolio contra el gobierno de nuestro país.
Si no es así, como debe leerse que una cobertura internacional postule para sus entrevistas a desprestigiados comunicadores o conductoras televisivas de escasa inteligencia e información política y cultural y de clara adhesión a lo más conservador y reaccionario de la sociedad argentina como Giménez, Legrand y Lanata. Hay un viejo refrán que dice “dime con quién andas y te diré quién eres” y en este caso estas personas junto a la CNN en contra del gobierno no dejan lugar a dudas.
La CNN es el ariete mediático de la burguesía conservadora y reaccionaria de EE.UU., defensora del Tea Party, justificadora del golpe en Honduras, crítica feroz de los gobiernos de “izquierda” en América Latina como el populista  venezolano Chávez o Correa y Evo Morales, comienza a interesarse en la política del sub continente de la mano de su cómplices internos los monopolios mediáticos de estos países y usando como instrumento la asociación de patrones periodísticos (la SIP).
En Argentina políticos corruptos y comprados por el monopolio denuncian a diario la persecución a los periodistas “independientes” de los monopolios mediáticos y montan campañas de prensa denunciando persecución y listas negras, como recientemente lo han hecho en relación a un hecho judicial en el que un Juez solicita la dirección de periodistas a los medios en una causa sobre el manejo de consultoras leales a esos medos, para solicitarles que declaren.  “Periodistas independientes” como Magdalena Ruiz Guiñazú, que callaron y no denunciaron las desapariciones de sus colegas durante la dictadura mientras posaban frente a su admirado Videla, salen desaforadamente a denunciar supuestos ataques a la prensa.
Digámoslo de una vez por todas, a este gobierno se le puede criticar mucho, pero de lo qué no se puede decir nada es de su compromiso con los derechos humanos, de la persecución judicial a los genocidas, del aporte a una justica independiente y del compromiso con la libertad de prensa evidenciada en la Ley de Medios Audiovisuales, la abolición del delito de desacato o del castigo con cárcel por calumnias e injurias, todos estos hechos orientados a lograr una mayor libertad de prensa.
En Argentina todos los ciudadanos podemos decir lo que queremos sin temor a la censura, sin ser perseguidos por nuestras ideas, sin ser reprimidos, y lo podemos comprobar viendo los programas de televisión de los monopolios mediáticos que critican de todas las maneras posibles  al oficialismo, muchas veces con mentiras, ocultamientos, campañas mediáticas, etc., y ninguno de los periodistas que están en esos medios ha sido nunca censurado por el gobierno o citado a los estrados judiciales en calidad de acusados.
En los setenta si alguien hubiera dicho que Altamira, el dirigente del Partido Obrero, sería entrevistado por los principales programas televisivos y podría hacer campaña por televisión, hubiéramos dicho que era un disparate porque nadie con ideas de izquierda podía acceder a los medios, y si hubiera accedido los desaparecían a la salida del canal y luego los asesinaban, hoy Altamira expone sus ideas con entera libertad, cabe preguntarle a la oposición ¿Dónde está la censura y persecución a periodistas y políticos? En el Estado que defiende u derecho a decir lo que quieran o en los medio monopólicos que si tienen listas negras de periodistas afines al kischnerismo que no son entrevistados o no les permiten que entrevisten a políticos y los rechazan con ironías o silencio cuando un periodista sospechado de oficialista los entrevista.
Hasta la próxima

domingo, 18 de septiembre de 2011

De periodistas, mercenarios y opineros.


Es sabido que el periodismo siempre tuvo un fuerte lazo con la política. Desde que surgió, el respondió a una determinada fracción de la sociedad y expresó los intereses de la misma.
Moreno, Sarmiento, Mitre, Echeverría, además de educadores, literatos, profesionales, fueron políticos, se lanzaron a la arena política y el periodismo, constituyó para ellos una herramienta para difundir sus ideas y dar la lucha contra las ideas de sus oponentes. Todos ellos fueron fundadores de periódicos o gacetas.
El periodismo es una actividad que consiste en recolectar, sintetizar, jerarquizar y publicar información relativa a la actualidad.
Ahora bien, no es lo mismo el periodismo hoy que en el siglo XIX. En sus albores, el periodismo, si bien era un poderoso medio de difusión y un organizador de la vida política, no tenía el peso que han adquirido en la sociedad de las TICs, los medios de comunicación de masas, que tienen un papel muy fuerte como instrumento de información y que además construyen y modelan la realidad en la que nos desenvolvemos cotidianamente.
Es por ello que hablar de periodismo independiente constituye una falacia total. Los mass media son empresas que además de tener un fin de lucro, siempre están ligadas a un determinado sector de la sociedad.
Es por ello que Lenin, que también ejerció el periodismo, escribió en las páginas de Iskra que era el periódico d los socialdemócratas rusos, para Lenin el Partido Revolucionario debía contar con un periódico, el que, además de ser un medio de difusión de las ideas, constituía un organizador de los obreros. En nuestro país desde comienzos del movimiento socialista, estos contaron con un periódico, los militantes del Partido se reunían en casas obreras a leer y discutir las ideas expuestas en los mismos.
El periodismo es por lo tanto un formidable medio de organización y de colonización política. Cuando alguien habla de periodismo independiente, a que se refiere, ¿a una cierta independencia del gobierno?, ¿a una independencia de opinión de los sectores sociales que pugnan en un determinado país?
Decimos que hablar de periodismo independiente es una falacia, porque el periodismo siempre se ejerce desde un determinado interés político, ideológico y económico.
Para profundizar esta idea quiero citar a Lenin, quien afirmaba que la libertad de prensa en el capitalismo, no es otra cosa que la libertad de los dueños de los medios de prensa.
Si un determinado periodista escribe o difunde algo en un periódico que no esté dentro del marco de la línea editorial del medio, es casi seguro será que quedará fuera del medio, será despedido.
Ejemplos hay muchos, Setecase, Montenegro, Rozin, Cuñado, Del Frade son periodistas que sufrieron el despido, o el levantamiento de un programa por decir cosas que no les gustaban a los dueños del medio, o que tocaban sus intereses.
En nuestro país no existe un estatuto del periodista que le garantice la estabilidad laboral al trabajador de prensa y ellos son despedidos de los medios cuando al propietario no les gusta lo que dicen o juzga que no le son de utilidad.
Los periodistas que pretenden ser leales a sus principios o decir lo que contiene componentes de veracidad se ven enfrenados a la contradicción de ser honestos o perder su empleo, o como ocurre muchas veces a trabajar dentro de ciertos límites impuestos por los dueños de los medios.
La otra falacia que acompaña a la del “periodismo independiente” es la que afirma que el periodista dice la verdad.
La verdad es un concepto engañoso, en general el diccionario de la Real Academia nos informa que la verdad es la conformidad de las cosas con lo que pensamos de ellas, por lo tanto es un hecho subjetivo.
A lo largo de la historia los humildes ciudadanos de a pie hemos visto como se falsifica la verdad, y aunque no se llega a los niveles expresados por George Orwell en “1984”, libro en el cual la burocracia gobernante falsificaba cada día los diarios anteriores para que la información guardada coincidiera siempre con lo dicho o los intereses de la burocracia gobernante[1], es una buena actitud dudar de lo que nos dicen los medios de comunicación de masas.
Una curiosidad es que en este libro el autor nos habla de que el Ministerio de la Paz era el que planificaba la guerra, el ministerio de Salud era el lugar donde se torturaba a los opositores, etc., etc. Digo curiosidad porque durante la guerra de Malvinas, existió un noticiero conducido por Gómez Fuentes, que se llamaba “La hora de la verdad” y al igual que en el libro de Orwell era la hora en que se nos mentía a los argentinos sobre lo que ocurría en la guerra.
Muchos comunicadores hoy cumplen la función d organizar los hechos para difundirlos de manera tal que reflejen lo que los dueños de los medios de prensa quieren que se difunda.
Hoy no está Gómez Fuentes y la Dictadura, pero están los Lanatta, Majul, Bonelli, Blank, Ruiz Guiñazú, Morales Solá, Van Der Koy  y tantos otros que son los encargados de falsificar los hechos de la realidad, desdibujarlos, u ocultar una parte de ellos, para presentar como cierto aquello que les interesa a los Magnetto, Saguier, Mitre, De Narvaes dueños de los medios concentrados o los empresarios más reaccionarios como los miembros de La Rural, de la UIA y demás centrales empresariales.
Estos “periodistas” están dentro lo que llamaría el campo de los periodistas mercenarios, que venden su pluma a sus patrones sin importar los intereses que defienden, muchos de ellos fueron comunicadores de la Dictadura militar, otros, a medida que pasaron los años decidieron sacarse el mote de progresistas o liberales y sumarse a la nómina que pagan los poderosos.
Un segundo grupo lo constituyen aquellos que dicen llamarse periodistas, pero que ni siquiera pueden llegar a serlo en la categoría anterior. Son lo que podríamos decir, los bufones del régimen, personas que ni siquiera relevan hechos, sino que crean aparatosas notas en las que desfilan vedettes pulposas, payasos mediáticos, actores mediocres en busca de popularidad o propaganda y hasta políticos en campaña, no daré nombres para no herir susceptibilidades, pero todo el mundo los conoce, son los chimenteros del mundo del espectáculo, esos que están por la tarde hablando del vida privada  de personas muy interesadas en que no se revele su intimidad pero que hacen lo posible para exponerla en esos programas. Estos programas tienen una función ideológica muy importante en el proceso de construcción de sujetos acríticos y adormecidos por el dominio del capitalismo.
Su función es ocultar las espantosas condiciones de vida a que nos somete el sistema, adormecer nuestra conciencia para que no pensemos en cómo vivimos, en la fragmentación social en la que se desenvuelve nuestra existencia. Ellos aportan a que los que los miran sientan que es más importante la pelea bizarra y lamentable entre dos desprejuiciadas e ignorantes vedettes, o las infidelidades de una pareja, que la situación de miseria a las que somete el sistema a millones de nuestros compatriotas, o la destrucción del ambiente realizada por las mineras a cielo abierto.
Pero también hay en nuestros medios periodistas profesionales, que no claudican en sus ideales, que tratan de ser honestos, de exponer sus ideas como las sienten y las viven, son los Verbitsky, Del Frade, Morales, Russo, Aliverti, Granovsky, Wainfeld, Caballero y tantos otros, ellos sufrieron el exilio, la desocupación y otros sinsabores por tratar de ejercer con honor su profesión.
Son los que hoy trabajan en medios del Estado (y no del gobierno como pretende hacer aparecer la prensa canalla del “periodismo independiente”) porque la verdadera censura es la que ejercen los dueños de los medios hegemónicos de la ”prensa independiente” impidiéndoles ejercer su profesión o aparecer en esos medios porque se negaron a pasar por las horcas caudinas de los monopolios mediáticos.
Para comprobar lo que digo basta con pasear la mirada por T.N, Canal 13, Canal 11, y demás medios al servicio de la restauración conservadora en Argentina y ver que ninguno de estos periodistas aparecen en sus pantallas. Tampoco se los nombra en Clarín o La Nación, se los ningunea, se los invisibiliza, porque como dijo un Director de tesis español del Opus Dei a su tesista que había citado críticamene a un pensador socialista, sáquelo, a estos tipo no se los critica porque para nosotros no existen.
Lo importante es que hoy existe un nuevo periodismo, un ejército de ciudadanos que desde Facebook, desde los Blogs, desde Twitter, se suma a la voluntad crítica y reflexiva para disputar a los medios hegemónicos al servicio de la restauración conservadora de derecha en el mundo, el monopolio de la opinión pública, somos los que decimos basta de dejar que otros piensen por nosotros, que nos mientan, que nos engañen, ahora es el tiempo nuestro, de todos los ciudadanos que no nos sumamos a ser simples maquinas a las que los mass media les dan forma y contenido en su pensamiento, y que estamos dispuestos a sumarnos al campo de los periodistas profesionales para dar un debate honesto y crítico sobre la realidad contemporánea.
Hasta la próxima.





[1] Por ejemplo si en un momento se hacía alianza con un determinado país y luego se entraba en guerra se modificaba el periódico anterior para crear la realidad de haber estado siempre en guerra. 

lunes, 5 de septiembre de 2011

Beatriz Sarlo: la decadencia del pensamiento joven.


Todos saben que Benito Mussolini fue un conspicuo dirigente del Partido Socialista Italiano y luego mando a que sus esbirros torturaran a sus ex compañeros, y uno de ellos Antonio Gramcsi,  pasó la mayor parte de su vida en las cárceles mussolinianas.
El pensamiento no envejece ni traiciona, somos las personas las que traicionamos a las ideas, olvidando nuestros ideales pasados, abandonando nuestras luchas y constituyéndonos en aliados de aquello que criticamos.
Es muy penoso ver envejecer a quienes admiramos, pero más angustiante es que no puedan envejecer con dignidad, sosteniendo lo que constituye la médula de nuestro pensamiento.
Los que vivimos los años de plomo y que en esos años abrazamos el ideario socialista, tenemos derecho a reformular nuestras metodologías y tácticas, pero no tenemos derecho a coaligarnos con aquellos que desde sus páginas fueron cómplices de la masacre de nuestros compañeros.
Tal vez, antes de defender al Grupo Clarín[1], a Joaquín Morales Solá, y tantos otros cómplices intelectuales de la dictadura, Sarlo debería reflexionar sobre la responsabilidad que les cupo a La Nación, a Clarín y a sus plumas más militantes de los años de la dictadura asesina en el asesinato en masa de “nuestra juventud maravillosa”.
Me siento defraudado por una pensadora tan insigne como Sarlo, alguien que en los ochenta organizó junto a Pancho Aricó, el Negro Portantiero, Altamirano y tantos otros el Club de Cultura Socialista, espacio intelectual de excelencia en el que se ventilaban los debates de la intelectualidad de izquierda.
Que distancia tan grande hay de “Punto de Vista” la revista de crítica cultural que editaba en esa época junto a Altamirano, o “La ciudad Futura”, revista de crítica política, que fundó Pancho Aricó y en la que Sarlo defendía el pensamiento de izquierda y criticaba al neoliberalismo publicando interesantes artículos como “El capitalismo democrático en la encrucijada” de A. Przeworski y M.Wallerstein en el que se defendía la construcción de izquierda de los países nórdicos; con este remedo de escriba al servicio de un diario oligárquico como La Nación, o un multimedio reaccionario como Clarín, al servicio de la derecha más recalcitrante y elitista.
Sarlo tiene derecho a abandonar el campo socialista y poner su pluma al servicio de los mismos medios que en los 80´denostábamos en el Club de Cultura Socialista por representar un proyecto diametralmente opuesto al que defendían los socialistas democráticos, pero, espero que por lo menos, nos respete el derecho que tenemos quienes compartimos esos debates a desilusionarnos por su cambio de campo político.
Es duro ver a una intelectual de su talla en el mismo diario que escribe Mariano Grondona, defendiendo a su compañerito de trabajo Morales Solá, acusando a jóvenes como Cinthya Otaviano, de atacar a Solá, querida Sarlo, a Solá, no es necesario atacarlo, todos los que participamos de las luchas de los setenta, de los inicios del proceso democrático de los ochenta, sabemos de la profunda esencia reaccionaria y de derecha de su pensamiento y su adhesión a las dictaduras militares.
Lo que ocurre es que a veces embestimos contra los jóvenes porque nos recuerdan lo idealistas que fuimos y ponen en evidencia nuestro espacio intelectual actual. Otaviano es una periodista crítica, comprometida y entusiasta como lo éramos los jóvenes de los setenta. En muchas cosas, cuando la escucho me recuerda a los jóvenes que escribían en Punto de Vista, defiende muchas de las ideas que se publicaban en esa revista.
Hoy escuchaba a otro respetable filósofo, Santiago Kovadloff, hablando con el puntero intelectual de la derecha, el amigo de cuanto golpe hubo en este país, Mariano Grondona. Este filósofo critica a los funcionarios por atacar a la prensa.
Lo interesante es que atacaba al gobierno, pero no hizo ninguna crítica a los medios, es que Kovadloff cree que Clarín y Nación son perfectos, no se refiere a cuantas veces estos multimedios mienten, ocultan información, distorsionan, ¿es que la filosofía tan original de Kovadloff se funda en la aceptación de la mentira, el engaño, el fraude. Es acaso una filosofía que se basa en el viejo principio de que el fin justifica los medios?
O tal vez su filosofía es prisionera de la lógica política que lleva a oponerse a todo lo que diga o haga el gobierno sin importar si es bueno o malo.
Quiero decirle a estos ilustres intelectuales que yo defiendo el derecho de cualquier funcionario a decir lo que piensa, a defender sus decires y a construir política, lo cual no quiere decir que comulgue con el o los funcionarios, un demócrata va a defender, aun a costa de su propia libertad el derecho que tienen todos a expresarse, sean periodistas o funcionarios.
Defender el derecho a que los demás puedan decir lo que quieran es defender mi derecho a opinar y criticar. Y si son honestos, deberán al menos reconocer que durante el Gobierno Kirschnerista todos pudieron decir lo que quisieron, aún aquellos que superaron los límites del buen gusto y entraron en el terreno de la deshonestidad.
No conozco ningún periodista que fuera preso por sus opiniones o críticas en los últimos años, no conozco ningún diario que haya sido cerrado, si conozco de la censura a la que algunos patrones de multimedios como De Narváez, sometieron a periodistas como Setecase o Montenegro por preguntar cosas incómodas, o el salvajismo político de Magneto echando a miembros de la comisión interna de trabajadores de sus empresas por opinar y defender  los derechos de los trabajadores.
Y dicho y sea de paso, me gustaría que Sarlo o Kovadloff me enviaran los artículos que publicaron en La Nación o Clarín defendiendo a estos periodistas o miembros de la comisión interna, con plumas tan insignes deben ser muy interesantes.
Es cierto que la juventud no es una cualidad, pero viendo el entusiasmo de los jóvenes que se vuelcan a la política, conociendo la garra con que defienden sus ideas, viendo la honestidad de sus planteos, no les da cosa ver que estos jóvenes representen lo que en un tiempo, allá lejos pretendimos representar los jóvenes críticos y revolucionarios de los setenta.
Pueden estar equivocados, como lo estuvimos en los setenta en muchas cosas, pero mi tía Veneranda decía, con esa inmensa sabiduría popular que la caracterizaba, “no se equivoca solo quien no hace nada”, ellos no tienen ni la lucidez, ni la experiencia que tienen ustedes, los intelectuales del establishment  y que desborda en cada entrevista con reaccionarios como Grondona, en comentarios en Radio Mitre o artículos de La Nación, ellos no están al servicios de personajes como los Sbarra Mitre o Herrera de Noble, ellos leen a Cinthia Otaviano en Tiempo Argentino doblado en dos (por eso el formato tabloide) en el subte o en el bondi y no a la Nación con los brazos extendidos en el sillón de cuero de su sala de diez metros por diez metros mientras un sirviente le alcanza él te con masas (por eso ese formato grande), pero tienen algo que tal vez nosotros hemos perdido , el romanticismo y la hidalguía de luchar por causas perdidas, de ser crítico y autocríticos, de defender a los vulnerables, a los abandonados por el capitalismo salvaje que encarnan los Duhalde, Macri, de Narváez, Magneto o Sbarra Mitre.
Esos jóvenes nos dicen con su lucha que los problemas fundamentales de la Argentina están irresueltos, que nosotros podemos vivir con comodidad, con lo que nos pagan los burgueses reaccionarios, pero que esa comodidad nos taladra la conciencia por haber dejado de ser lo que soñamos en los setenta, por representar hoy la decadencia del pensamiento joven y transformador que venía cambiar la sociedad y tal vez debamos volver a leer a Mafalda, sobre todo esa viñeta en la que le dice a sus compañeritos que cambiemos el mundo antes que el mundo nos cambie a nosotros.
Hasta la próxima.


[1] Que con el sinismo reaccionario Lanata define como unadefenza de los débiles, en este caso Clarín.

domingo, 28 de agosto de 2011

Sobre el progresismo.


En la década del 70´, existía una clara diferenciación entre la izquierda y la derecha, quienes nos enrolábamos en la izquierda nos definíamos como socialistas y preconizábamos la necesidad de hacer política para construir una sociedad sin clases en las que las relaciones entre ciudadanos se basaran en la igualdad y la democracia.
La democracia que hacíamos referencia, no era cualquiera, nuestro paradigma era la democracia directa y nuestro modelo de organización estatal era la dictadura del proletariado, definido como un régimen más democrático que la más democrática de las repúblicas burguesas.
El socialismo del que hablábamos, no era cualquier organización social, se diferenciaba claramente del capitalismo al que impugnábamos,  ya que sostenía la necesidad de abolir la propiedad privada de los medios de producción.
Por esos años existía una clara división política entre los revolucionarios socialistas y la socialdemocracia, mientras que los primeros sosteníamos la necesidad de desmontar el Estado Burgués, los segundos veían en la democracia y en el capitalismo un camino hacia el ideal socialista.
Había una distinción que se daba entre reformistas y revolucionarios. Los reformistas (socialdemócratas) estaban agrupados en la Internacional Socialista (la segunda internacional) y los revolucionarios se nuclearon al principio en torno a la tercera internacional.
Los revolucionaros de aquella época cometíamos errores de ortodoxia ideológica y miopía política.
Entre los primeros podemos contabilizar una adhesión dogmática los principios, que no eran ya los  del marxismo, sino su interpretación bajada desde la ortodoxia leninista primero, estalinista después, y finalmente del trotskismo, entre los segundos la falta de un programa de cambio acorde a la comprensión del ciudadano común.
Mucha sangre ha corrido en los enfrentamientos entre estas tendencias del marxismo contemporáneo, pero asombrará al lector que afirme que las tres principales tendencias del marxismo del siglo veinte (leninismo, trotskismo y estalinismo) compartían los postulados políticos en casi toda su esencialidad.
En los años de plomo, la izquierda se definía por una serie de presupuestos básicos, violencia, construcción del partido, gobiernos obrero y popular, construcción del socialismo, abolición de la propiedad privada, dictadura del proletariado. En el margen derecho del movimiento estudiantil estaba la izquierda tradicional, los partidos reformistas, tanto el socialismo socialdemócrata, como el Partido Comunista Argentino que se diferenciaba de la izquierda revolucionaria que había sido dada a luz, en virtud de la voluntad de los jóvenes ansiosos que rompieron con esos partidos organizando un sinnúmeros de organizaciones políticas de vanguardia como los Partidos Revolucionarios de los Trabajadores (PRT ) uno dirigido por Santucho que editaba el periódico “El Combatiente”, y que más tarde diera origen al Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP)  y el otro que con su periódico, “La Verdad” tenía una impronta más sindicalista, el Partido Comunista Revolucionario, (PCR) desprendimiento del viejo Partido Comunista, el Partido Obrero (PO), una organización maoísta Vanguardia Comunista y los grupos armados de la juventud peronista Montoneros, Peronismo de Base, etc. Más tarde surgiría la llamada Izquierda Socialista que se diferencia de la Izquierda Revolucionara por su caracterización de Argentina como país política y económicamente independiente, y en la cual lo que estaba a la orden del día no era una revolución burguesa sino la construcción directa del poder obrero.
Cuales son los errores a lo que me refiero, en primer lugar la cuestión de la conciencia. La izquierda reclutaba principalmente sus cuadros militantes de la pequeña burguesía, fundamentalmente de los estudiantes universitarios, nunca tuvo una gran inserción entre los obreros, ya que sus miembros provenían de las familias profesionales acomodadas que podían pagar los estudios superiores a sus hijos.
Desde el marxismo se sostiene que existe una conciencia inmanente de los trabajadores. Siguiendo y profundizando a Hegel, Marx separa la conciencia en sí, a la que define como la conciencia que tienen los trabajadores de ser una clase social determinada, y que la construyen en su lucha sindical (tradeunionista) de la conciencia para sí, es decir la certeza que asumen los trabajadores de que además de ser una case social, son la clase que dirigirá el proceso de cambio social que conducirá al socialismo como etapa intermedia y al comunismo como objetivo estratégico.
Esta conciencia en Lenin, que es externa a la clase obrera, se traducirá en la concepción de un portador externo a la clase, que debe acaudillar a las masas y que no es otra cosa que el partido de los trabajadores.
Es conciencia externa, que viene desde el afuera y se implanta en la clase obrera por acción de un agente portador que concientiza, el partido. El problema reside determinar quién autoriza a tal o cual partido como portador y en los setenta existieron más de cien partidos o grupos revolucionarios que se definieron como el partido dela clase obrera.
La cuestión de la conciencia no es un tema menor, si tal grupo se autoriza como el partido, será él  quien defina los intereses y necesidades de la clase, de esta manera un grupo que se autoriza como tal, puede, por medio de las armas, sin consenso social tomar el poder, incluso contra los deseos dela clase que dice representar. Muchos ven en el estalinismo una desviación del pensamiento de Lenin, pero es una pensadora tan clara como Rosa de Luxemburgo quien pone blanco sobre negro que el pensamiento estalinista expresa fielmente lo que en la teoría y en la práctica sostenía Lenin.
Rosa dice en Reforma o revolución (y cito de memoria) más o menos lo siguiente. La dictadura del proletariado no es más que la dictadura de un sector dela sociedad sobre toda la sociedad, dentro de este sector la dictadura de un grupo (el partido) sobre toda la clase, dentro del partido es la dictadura de un grupo (el Comité Central) sobre todo el partido y dentro del Comité Central es la dictadura de un hombre sobre el Comité Central, Ud. camarada Lenin.
El problema de la conciencia se enlaza  directamente con el problema de la violencia y la legitimidad. Si un grupo de militantes se auto legitima como representante y portador de la conciencia y los intereses obreros legaliza la toma del poder en una sociedad en forma arbitraria. Esta cuestión es también importante en la actualidad porque a veces algunos grupos se apropian de las organizaciones y las asumen como propias, en tanto ellos representan el interés del “pueblo” lo que piensan es lo que le interesa al “pueblo”.
La conciencia se relaciona también con la cuestión del poder. Un autor contemporáneo ha desarrollado la idea de cambiar el mundo sin tomar el poder, me refiero a John Holloway, sería muy largo discutir sus presupuestos, pero lo que me interesa rescatar es que el autor afirma que si un determinado actor político, se incluye en las prácticas políticas (democráticas o no) de la toma del poder, termina incluyéndose en un campo en el que a la corta o a la larga será lo mismo que pretende cambiar[1].
Por otra parte, la unívoca referencia de este paradigma al poder como un poder centralizado y negativo, el poder impide y reside en el Estado quien tiene todo el poder, contrasta con los estudios de Foucault, respecto al carácter descentralizado y positivo del poder, según el cual todos los actores sociales tienen poder, y la prevalencia de uno u otro poder es el resultado de la existencia de múltiples nodos de poder que pugnan en la sociedad.
Un tema central en los debates de la izquierda setentista, era la cuestión de la caracterización de la estructura económica argentina y la consigna de poder resultante de esa caracterización. Si se pensaba a la Argentina como una colonia o semi colonia, necesariamente se hacía referencia a la necesidad de desarrollar una etapa capitalista en el proceso revolucionario y se visualizaba un sector de la burguesía al que se consideraba progresista. Era lo que se preconizaba como la necesidad de es desarrollar una etapa democrática burguesa que liquidara las rémoras feudales o semi feudales.
Esta consigna llevaba a algunos partidos (la llamada izquierda revolucionara) a luchar por la implantación de diversas formas de organización política del Estado (gobierno obrero y popular, gobierno de amplia coalición democrática, gobiernos popular con hegemonía obrera, etc.) y que en los hecho no eran más que variantes de los frentes amplios populares que surgieron en Europa en el siglo veinte.
Y acá aparece la idea a la que me quiero referir, el progresismo en los setenta respondía a la creencia den la existencia de un sector de la burguesía que se consideraba progresista y con la cual se imaginaba la posibilidad de realizar un recorrido conjunto durante el cual se realizaran las tareas democrático-burguesas necesarias para avanzar en la construcción del socialismo como modelo social que niega al capitalismo para lograr la síntesis superadora que es la construcción de la sociedad sin clases, fin estratégico del movimiento socialista de siglo XIX.
La idea de progresismo, contiene dentro de sí, la utopía de que la sociedad es un modelo de cambio dinámico que avanza paso a paso en la dirección del progreso social. Recuerdo en este momento la frase de Marx, retomada en “Un paso adelante y dos atrás” por Lenin,  a diferencia de las revoluciones burguesas que avanzaban de victoria en victoria las revoluciones proletarias avanza y retroceden a puntos de partida en el proceso revolucionario (cito de memoria).
Es que en ese momento dominaba el paradigma positivista que imaginaba a la ciencia, y la ciencia social por excelencia como el motor del progreso social. El siglo veinte demostró con sus guerras, el nazismo, el falangismo, el socialismo real, etc., lo errado de esta concepción, la especie humana retrocede a escenas de horror inconcebibles, destruye lo hermoso construido y se sumerge en dramas espeluznantes que ni el peor de los romanos hubiera imaginado. La democracia griega naufragó y se necesitaron miles de año para que resurgiera con fuerza en el contexto humano durante la revolución francesa.
La historia no siempre es un camino de mejora de la humanidad, las experiencias más significativas de la cultura se ven alternadas por espantosos retrocesos que implican genocidios, destrucción y muerte (un movimiento revolucionario como el cristianismo que se basaba en el amor, dio lugar a un horror tan grande como la inquisición que se basaba en el dolor y la tortura).
El progresismo, en la actualidad no es más que un ropaje hipócrita de ciertos actores políticos que diciéndose socialistas, ocultan que defienden el interés de la burguesía, que comulgan con la explotación, que no erradican la miseria y la segmentación social.
Son intelectuales vergonzantes que suelen defender los intereses de os grupos mediáticos y que en nombre dela libertad d prensa sostienen los privilegios de sus patrones, son los que trafican ideología diciendo que adhieren a las patronales agrarias avariciosas porque el campo es la columna vertebral de la argentinidad, en definitiva son los que diciéndose socialistas sostienen los peores actores de la sociedad capitalista.
La tradición social de la revolución francesa nos dejó un legado, mientras la burguesía clamaba por la libertad y hacía de ella un factor excluyente del progreso social, los miserables y pobres sans culotes de París exigían la igualdad, como medio de salir de la humillación y el sometimiento al que lo habían sometido los aristócratas, y que pretendían continuar los burgueses.
Se puede estar en el partido dela reforma o el de la revolución, es un legítimo derecho a pensar en el cambio pausado o el abrupto, pero creo que es honesto no esconderse tras la ambigua idea del progresismo para conseguir votos delos humildes y relegados de la sociedad para luego gobernar según los reclamos de lo más encumbrado de la misma, manteniendo la pobreza y la inequidad.
Hasta la próxima



[1] En este sentido recomiendo la lectura de la parábola de George Orwell en Rebelión en la Granja y en 984, agua crítica al pensamiento Leninista y estalinista y aún al trotskista.

lunes, 15 de agosto de 2011

Cristina Coraje


Hoy es un día muy especial, un día en que recordaremos como una mujer, sola pero valiente, que supo enfrentar el poder de los medios, demostró que no son omnipotentes en el proceso de construcción de la realidad, que los ciudadanos somos los que construimos a sociedad y que por suerte la política en tato se democratice y amplié estará cada vez más mediatizada de los medios.
Aunque los mass media se esfuercen, la realidad aparece por detrás de la escena montada por ellos y dice presente contrariando el discurso mediático que durante los últimos años trataron de construir los grupos concentrados y hegemónicos.
Cuando la derecha partidaria del “orden” representada por el matrimonio Duhalde pontificaba la derrota del oficialismo, surgió la larga sombra de una mujer valiente y se proyectó a toda la geografía del país demostrando que los argentinos no somos la Capital, que a la hora de definir nuestro destino nacional apoyamos a una propuesta que en los últimos años demostró ser eficiente en la construcción de una sociedad más igualitaria.
Cristina apareció muy temprano a dialogar con sus ciudadanos, demostró su valor y entereza y, lejos de situarse en el campo de la soberbia que expresan algunos candidatos de la derecha más reaccionaria y conservadora, tales como Carrió y Duhalde, se presento con una arenga humilde y democrática, que buscó incluir a todos.
En su aparición destruyó varios mitos, el primero el de su soberbia y autoritarismo, Muy lejos de esa imagen proyectada por los medios hegemónicos, hablo de la necesidad de unir a los argentinos, tendió la mano a los opositores y marco los logros que en materia de ampliación de los derechos sociales de las minorías y los derechos de los actores políticos obtuvimos los argentinos bajo su liderazgo.
Su discurso contrastó con el autoritarismo de Duhalde, que con un discurso más cerca de la dictadura genocida que de la democracia, remarcó la presencia de banderas “subversivas” en el acto del Frente para la Victoria o lo acusó de tener ideas que no tienen que ver con la nacionalidad (ideas extranjerizantes podría haber dicho) solo le faltó la recomendación que hiciera el líder de la avariciosa patronal agraria y candidato de Carrió (Llambias) acerca de enarbolar de un sucio trapo rojo en lugar de la bandera nacional, o de un De Narváez que persistió en la cantinela del supuesto autoritarismo de Cristina y sus llamados a cambiar la política, término que utiliza muy frecuentemente, pero que pareciera carecer de significado en su práctica reaccionaria como empresario y dueño de medios de comunicación.
No se vio a una Carrió, especialista en pontificar el desastre electoral del Frente para la Victoria, la misma que decía que Cristina no se iba a presentar a la reelección por miedo a perder, o un Alfonsín cada vez más pálido y deshilachado clamando patéticamente su triunfo en Octubre.
En el cuadro general de la oposición los únicos que parecieran preservarse de la debacle, son el candidato Hermes Binner, del Frente Progresista, que con su modesto diez por ciento de los votos parece proyectarse para el 2015 y el líder del Partido Obrero que superó ampliamente el porcentaje necesario para presentarse a la elección de octubre.
No quiero extenderme en un análisis electoral, que con el pasar de los días incitará a los periodistas a hacer correr ríos de tinta en pro y en contra de nuestra presidenta. Quiero referirme al valor de una mujer que en una escena de soledad enfrentó a los poderes más grandes de nuestro país: el mediático y el económico.
Me resultó sobrecogedora la escena en la que la Presienta abrazada a su hija recordó a Néstor.
Solas en un abrazo interminable, en el medio de un escenario inmenso, era una postal del valor de dos mujeres que en el triunfo aparecieron solitarias. Unidas en un abrazo, como si intentaran protegerse la una a la otra, pero rodeadas de todos los que están con ellas.
Y es que, a diferencia de lo que intentaron hacer aparecer los representantes de la “prensa canalla”, Cristina no representa ni el odio, ni el autoritarismo, su presencia en el escenario fue una expresión de amor y tolerancia.
Permítaseme compartir la sensación que experimenté durante su discurso, pude ver a una líder que enamora a su gente, porque Cristina enamora con la suavidad de su tono y la firmeza de sus convicciones, y con una oratoria clara y llena de contenido.
Pero también pude ver a un ser humano excepcional, una persona que sufre el embate despiadado de sus opositores. En sus ojos podía verse la tristeza de quien ha perdido en poco tiempo a su compañero y compartido el dolor de un hijo y una nuera que perdieron un embarazo. Vi la emoción de alguien que habiendo alcanzado todo, siente que le falta lo sustancial, el hombre con que compartió una vida. Pude observa a una persona que en su soledad busca el apoyo reconfortante de sus hijos, y de a gente que la ama hasta el éxtasis. Y lo más importante vi a un ser humano lleno de convicciones, que defiende con entereza, lleno de ilusiones y sueños que busca afanosamente hacerlos realidades, una estadista que puede mostrar lo que hizo, y que lo que hizo no es poco, pero que es capaz de admitir que cometió errores y lo que hizo no es suficiente, alguien que nos dice que hay que hacer más para alcanzar una sociedad igualitaria y democrática.
Viendo esa vena humana de una estadista, pude saber por qué Cristina enamora a su pueblo, es porque ella pulsa la misma cuerda que la gente, habla su mismo lenguaje, en cada acto confraterniza, dialoga con el público, toma lo que éste dice y lo incorpora a sus decires, porque Cristina es uno de los nuestros, y recuerdo en este momento las palabras de Hebe de Bonafini refiriéndose a Néstor, cuando dijo que uno de los nuestros había llegado a la Rosada.
En este punto es necesario clarificar que entendemos que somos “nosotros”, “nosotros” son todos aquellos que creemos en valores humanos, que soñamos en una sociedad más justa, que luchamos por cambiar cada día un poquito, sabiendo que como dijo don Atahualpa, “piedra sobre piedra y piedra hace que uno pegue el grito, la arena es un puñadito, pero hay montañas de arena” y trasladándolo a la sociedad, debemos reflexionar que las sociedades no cambian solo por la voluntad de un hombre o una mujer, ni siquiera de un partido o de un generación, las sociedades cambian por esa voluntad de transformación que tenemos “nosotros”, que cada día en nuestro trabajo, en nuestra familia, en la vida cotidiana, sumamos granito a granito lo que en algún momento y mirando largos períodos históricos, podrá visualizarse como cambio.
Y el gran valor de Cristina es que además de ser una estadista, de ser una política inteligente y emprendedora, es una de “nosotros” de la gente buena que no resiste más ser oprimida por la derecha conservadora y reaccionaria, es parte de esa juventud maravillosa a la que se refería Perón, que se inmoló en los años de plomo y que fue asesinada por los militares que sostenían un discurso similar al que sostienen hoy los Duhalde, Carrió, De Narváez, Alfonsín y tantos otros representantes de la derecha reaccionaria.
Son los mismos que pidieron la renuncia de Zaffaroni y arremeten contra las Madres de la Plaza o las Abuelas, los que claman por el orden y la mano dura a cargo de una policía represiva; y defienden y se enorgullecen de defender a los monopolios mediáticos concentrados como los grupos Clarín y La Nación.  Los que defendieron a las avariciosas patronales agrarias cómplices del genocidio de la dictadura, los que no quieren que haya matrimonio igualitario, ni la democratización de los medios de comunicación. Los que exigen penalizar el aborto o el consumo de drogas, los que sostienen que la sociedad no es parte y responsable de inclinación a la violencia y a la delincuencia de algunos oprimidos y marginados que la ven como la única salida a la miseria y sufrimiento que los condena una sociedad injusta, en definitiva son los que estigmatizan a los sectores más dinámicos del cambio social, la juventud y los trabajadores.
Frente a ellos se alza la figura gigantesca de una mujer que ve en la juventud y en los trabajadores, en los sectores más vulnerables de la sociedad, la esperanza del futuro.
Muchos son los errores que puede haber cometido Cristina, quien no hace no se equivoca dice el saber popular, muchas son las diferencias que podemos tener con su ideología, pero sería de necios no reconocer que ella es una de “nosotros”, que es una de nuestras mejores mujeres, que es una guía material y espiritual de los sectores vulnerables y marginados y que en definitiva Cristina es una pasión que nos enamora porque nos hace pensar que un futuro mejor sí es posible.
Hasta la próxima.

martes, 9 de agosto de 2011

Ética, moral y poder en la sociedad actual. El caso Zaffaroni.


En los últimos días hemos sido avasallados por la información acerca del llamado “caso Zaffaroni”.
Se podría contestar a los pequeños argumentos respecto de si el Juez cometió un descuido intolerable para su alta dignatura, si tenía conocimiento o no del destino que se le iba a dar a los departamentos alquilados, sobre cómo debe ser el comportamiento de un Juez de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, etc. etc.
Pero creemos que existe algo más importante,  debemos preguntarnos acerca de porque la prensa canalla tiene tanto interés en ventilar esta cuestión en un momento electoral.
La segunda pregunta tendría que ser, si el interés de acometer contra Zaffaroni es exclusivo de la “prensa canalla” o es parte de una estrategia mayor de los sectores de la derecha argentina más fundamentalista, vinculada a los sectores religiosos, interesada en desmontar la apertura social, cultural, ideológica y política que los argentinos venimos construyendo desde el retorno a la democracia y fundamentalmente desde que el kischnerismo está en el poder.
Muchos conocidos, de buena fe han criticado al Juez creyendo sostener ideas progresistas, pero es interesante ver quienes fogonean el enjambre de diatribas contra Zaffaroni.
En estos días circula un correo electrónico que habría firmado un ex juez José Humberto Donatti. Vamos el contenido de ese correo y cito textualmente: “Zaffaroni es la cabeza visible de un movimiento que viene desde los años 60, 70 en el neo marxismo europeo triunfante... que a nivel sociológico impuso una nueva antropología seudo científica, completamente falsa, cuyo eje es
Gramsci.  Consiste en sostener que el ser humano es un ser social que construye la realidad a partir de la lógica del amo versus esclavo, una lógica del dominio y una dialéctica de lucha interminable de rebelión.”
Más allá de lo infundamentado de la crítica, que solo se basa en decir que es falsa sin decir porque lo es, lo que demuestra el texto es el carácter reaccionario y fundamentalista de quienes atacan a Zaffaroni, es el mismo discurso que en tiempos  de la dictadura militar hablaba de los sucios trapos rojos que pretendían cambiar la bandera nacional mientras callaba el genocidio de nuestros hermanos.
Pero continuemos con el texto para ver más sobre este discurso: “Esa base falsa y perversa se infiltró en todos los ambientes universitarios argentinos y la enseñanza terciaria se convirtió en una enorme escuela de vaciamiento de todo sentido común, y la "creación" (léase manipulación) de la realidad a partir de ese presupuesto. Todo fue y es "ideologización", propaganda, penetración ideológica a todos los niveles. En este esquema todo pasa por el rasero de la lucha contra el poder sin advertir que en su base está la anarquía, la eliminación de toda jerarquía, salvo la de ellos y la imposición de una espiral de violencia inacabable.”
Este discurso, es el que condujo durante años a la paz de los cementerios, que nos impidió a los jóvenes expresarnos, tener ideas propias, que se enfurece porque en la Universidades impulsamos el pensamiento creativo y la crítica social, porque los jóvenes luchan y se movilizan por una sociedad más justa y solidaria, son los que temen que así como se juzgaron a los militares genocidas, ahora se comience a juzgar a los economistas, médicos, jueces, etc., cómplices del genocidio.
Debatir, movilizarse, no es penetración ideológica, no es anarquismo, que por otra parte es una marera digna y lícita de pensar lo social, es ejercer la democracia en toda su intensidad aunque estos fósiles reaccionarios y fundamentalistas  traten de retrotraernos aun pasado de luto en el que algunos vivieron a costa de un privilegio sostenido por el terror y el genocidio.
Y continúa el autor: “Así comenzó todo por ejemplo con el famoso Mayo francés del 68 que entre
nosotros se transformó en la desjerearquización de todo docente universitario que no pensara como ellos. El alumno controla al docente, las aulas son centros de difusión ideológica y en esos seudo "valores" comienza a cimentarse la nueva oligarquía del intelecto cuya base es la nada, la reivindicación, el odio, el resentimiento, la lucha de todos contra todos, la confusión, el desorden,
lo que Ortega definió como "rebelión de las masas" pero a nivel universitario = perversión. En esa inmensa corriente de mentira, Zaffaroni -con inteligencia indudable y tenacidad de escritura, conferencias, difusión con su supuesta y descontada jerarquía de arlequín en hilos tenebrosos- impuso su nombre, ingresó al procerato "progre". Por sus frutos los conocerán: ¿cuál fue su fruto?
La destrucción del derecho penal a manos de la idea de que el delincuente es un producto social. La persona no existe, lo hace malo la sociedad. No hay ilegitimidad, no hay delito, luego no hay pena no hay derecho.
Como vemos es el discurso del oscurantismo más retrógrado, el discurso de los que quieren retrotraernos a épocas en las que ser homosexual era un delito o en el mejor de los casos una enfermedad, en el que los drogadictos eran seres perversos a los que hay que condenar, y si es con cárcel mejor así no contaminan a los seres puros que son esos sujetos deleznables de la derecha cavernícola; tiempos que todavía perduran y que hacen que una joven violada no pueda abortar porque una jueza ultramontana le niega el derecho.
A los canallas que sostienen estas ideas, que tan caro pagamos los argentinos, costándonos la destrucción de una juventud reflexiva y crítica de los setenta, les decimos que no estamos dispuestos a aceptar sus sucias mentiras, que daremos el debate contra los restos de una ideología propia de trogloditas, que en estos momentos es sostenida y difundida por la prensa canalla. Les decimos que no queremos destruir el derecho, queremos elevarlo al rango de la equidad y la solidaridad, queremos que surja un nuevo derecho, que se base en reconocer la responsabilidad de la sociedad con sus inequidades y fracturas en la producción de la inseguridad y el delito.
También les decimos que no vamos a permitir que destruyan a los símbolos más preciados de la lucha contra la dictadura asesina y por la construcción de la democracia, como las Madres de Plaza de Mayo, La Abuelas, el Juez Zaffaroni, Los piqueteros de diferentes posturas ideológicas, los luchadores sociales como Milagros Sala, De Elías, Alderete, y tantos otros, aunque a veces tengamos diferencias con ellos, nos encontrarán unidos como un muro para contener los bastardos objetivos de quienes quieren volver a la Argentina del privilegio, de la muerte y el terror.
Es por ello que debemos ser muy  responsables en este momento, en el que los sectores más reaccionarios desarrollan lo que Gramcsi denominó la batalla cultural, intentando destruir la conciencia social que les permita para crear el terreno de una nueva dictadura sangrienta.
La derecha retrógrada que apoyo el genocidio no desapareció, ni siquiera está derrotada, esta agazapada esperando su memento para reinstalar la república conservadora que tan bien le viene a sus intereses y que les permita liquidar los avances de los últimos años, los juicios a los genocidas, la ley de medios, el matrimonio igualitario, etc.
No se trata de defender a Zaffaroni por ser Zaffaroni, se trata de ser conscientes que estamos ante una ofensiva más amplias de lo más execrable de la sociedad, esos que estuvieron involucrados intelectual o materialmente con los delitos de lesa humanidad. No defendemos a las Madres solo por su limpia trayectoria en pos del juicio y castigo a los culpables el genocidio, o a las abuelas por su lucha incansable por recuperar a los nietos, sino porque sabemos que también son símbolos  de una sociedad que recién comienza a despertarse de la larga pesadilla en la que vivió, que comienza el largo camino en la búsqueda de la autonomía, que solo se puede alcanzar con un pensamiento crítico y reflexivo que haga de la memoria activa un instrumento para no olvidar, para recordar que todos los días afianzamos un poco más la sociedad equitativa y solidaria que buscamos.
Debemos señalar en cada momento a esos políticos “progresistas” como Carrió que se jactan de haber defendido a nefasto Grupo Clarín al cual se  someten diariamente, debemos recordarle a Ricardo Alfonsín las diferencias que tiene con su padre que nunca se hubiera aliado con empresarios de derecha que conculcan los derechos  de periodistas a ejercer dignamente su profesión, que batalló contra las patronales agrarias, debemos recordarle a Duhalde su concubinato con la negra década del menemato, y los asesinatos de Kotesky y Santillán, cuando defendían los derechos de los excluidos, por la policía de su interinato como presidente y a su mujer que estamos en contra del orden que predica, no es más que el sometimiento del espíritu rebelde que busca liberarnos, y más precisamente de ese orden retrógrado que cree que a la pobreza se la elimina con manzaneras y dádivas, en fin debemos ejercitar la memoria y denunciar a todos lo que fueron, son y pretenden ser  el partido del orden, que no es otra cosa que el viejo conservadurismo de la década infame disfrazado de progresista.
Desde estas humildes páginas convoco a todos los que conservan el espíritu rebelde de los setenta a salir a la calle, a firmar solicitadas, a hacer sentir nuestra voz en la defensa de estas figuras señeras de la lucha por los derechos humanos y el juicio y castigo a todos los culpables, ya que es la mejor garantía para aportar una sociedad justa y solidaria.
Hasta la próxima.