miércoles, 13 de julio de 2011

Que somos cuando decimos quienes somos

En estos últimos días, plagados de información electoral, asistimos a una parafernalia de definiciones de los argentinos.
Los políticos, los periodistas, los faranduleros, todo el mundillo de los mass media se preguntan quiénes son los porteños, los santafesinos, los argentinos y se ensayan una multitud de identidades que pretenden resolver el enigma de porque se vota como se vota.
El dato nuevo es el intento de definir la eficacia del voto  través de una cierta identidad colectiva. Esta operación intelectual no es nueva en Argentina, y es una simple copia de lo que hacen los comunicadores en diferentes partes del mundo.
La identidad de los argentinos puebla las imágenes y las páginas humorísticas de muchos productos editoriales de diferentes países. Los argentinos somos vistos como megalómanos, con esa impronta de que Dios es argentino, que somos los mejores en todo, también se nos atribuye ser los mejores verseros, los que hablamos con un tono de dulzura, como los que creemos que somos los mejores amantes etc.
El primer error del intento de dotar a un colectivo de una identidad consiste en la generalización que ello implica, un argentino puede tener una identidad común con un alemán o un norteamericano mayor que con otro argentino. Por ejemplo un obrero argentino comparte con sus pares alemanes o norteamericanos su identidad de trabajador, identidad que no comparte por ejemplo con un burgués dueño de un fábrica, allí encontraríamos identidades de clase compartidas más allá de las nacionalidades.
Este error tiene consecuencias en la manera de conceptualizar a la sociedad. La equivocación más típica del populismo, es adjudicar identidades colectivas a actores sociales de un determinado país. Por ejemplo la noción de pueblo, cuando nos referimos al mismo, ¿a qué hacemos referencia?, ¿qué intereses comunes existen en el pueblo?
El pueblo es una noción que puede ser utilizada para referir a colectivos sociales que comparten intereses comunes, pero solo a condición, de que esos intereses satisfagan el interés de cada uno de sus integrantes, por ejemplo los pueblos aborígenes resisten la denominación de pueblo, pero no es correcto cuando se trata de designar a colectivos que tienen intereses heterogéneos.
En nuestro país, como ocurrió en diferentes períodos históricos en distintos lugares, es frecuente que se utilice la noción de pueblo en el segundo sentido. Pero la pregunta es qué tiene de común un trabajador (miembro del “pueblo”) con un empresario, un financista, etc. Para llevar al ridículo la noción de pueblo, podríamos decir que el mismo está integrado por un ladrón o un homicida y un policía, el pueblo aúna dentro del concepto sujetos sociales que tienen intereses antagónicos, y entonces, cual es la utilidad de este concepto. Pues bien, el populismo tiene mucho aprecio por la noción de pueblo porque permite ocultar las contradicciones existentes en la sociedad, tratando de aparentar la comunidad de intereses entre quienes son lo contrario, pares antagónicos en el desenvolvimiento social.
Y podemos encontrar una tercera noción incorrecta, la noción de que en la argentina encontramos un “pueblo” que tiene intereses comunes, que comparte una suerte de gen, el gen argentino que definiría la igualdad de los integrantes de este “pueblo”.
La Argentina es un territorio poblado por una multiplicidad de etnias, algunas originarias, otras, producto de la inmigración de los siglos XIX y XX, que hizo que en nuestro país haya una de las mayores diversidades genéticas. Este “pueblo argentino” está compuesto por sujetos que cuando les conviene se llevan cuantiosos recursos financieros a otras partes más redituables[1], por los integrantes de los sectores medios que ante las crisis no dudan de cambiar su pasaporte argentino[2] por el español o el italiano y migrar a Europa. Los integrantes del “pueblo” a diferencia de los pueblos originarios no obran en función del colectivo, sino que se desenvuelven guiados por su interés particular.
Existe otro interés unido al concepto de pueblo, es la noción de caudillo. El caudillo es quien dirige al “pueblo”, y éste deposita en aquel toda su confianza y lo sigue acríticamente, sin cuestionarlo. Nuestro país sufrió largas guerras civiles en el siglo XIX producto del enfrentamiento entre los caudillos de las diferentes regiones. Es así que se libraron más de trescientas batallas entre unitarios y federales, entre federales, entre unitarios, entre caudillos aliados y antagónicos, entre caudillos antagónicos, etc.
El caudillismo es una forma anacrónica de dominación basada en la confianza ciega que el colectivo tiene en un caudillo carismático, que por lo general convence al mismo de que su proyecto individual es el proyecto de todo el pueblo.
Al ser un proyecto personal se constituye en un conjunto de ideas clientelares y familiaristas que no tiene una planificación a largo plazo, el poder del caudillo reside en la posibilidad que tiene de hacer favores a sus seguidores lo que lo siguen por su carisma y por su condición de atender sus necesidades o laudar en los pleitos. Es además una rémora de la sociedad feudal y no es casual que esta estructura se corresponda a relaciones de producción pre capitalistas que subsisten en espacios nacionales poco desarrollados y con un fuerte componente de pobreza e ignorancia.
En el siglo veinte asistimos a la presencia de algunos caudillos carismáticos que ejercieron este tipo de dominio, Irigoyen en los años veinte y Perón en los Cuarenta y cincuenta.
La sociedad se compone de individuos que se agrupan en organizaciones con intereses heterogéneos, y que pugnan por hacer prevalecer sus intereses dentro de los colectivos.
Esos individuos desarrollan representaciones sociales y efectúan atribuciones de sentidos a aquellas personas que, formando parte del estrato burocrático que constituyen los políticos, se insertan en la burocracia de gestión. Esa atribución de sentido conforma las diferentes subjetividades que existen en una sociedad determinada en un momento histórico social.
No son ni buenas ni malas, las personas que interactúan en una sociedad determinada actúan de acuerdo a las ideas que se construyen desde estas subjetividades, las que se configuran por la acción de los mass media, por las tradiciones sociales existentes, por la acción formativa de la educación tanto escolar como familiar, por la presión social que ejercen los grupos de amigos, por los intereses específicos que tiene cada uno de los sujetos, etc.
Cuando nos preguntamos porque ganó Macri en todo Capital Federal, debemos buscar la respuesta en las características de la subjetividad de los porteños. En primer lugar, cuánto es el tiempo que gobernó en ese territorio una fuerza política, no digamos de izquierda, sino de centro. Tan solo en los pocos años que estuvo Ibarra y que fue desalojado por la presión de vecinos en el caso de Cromagnon. El resto del tiempo el voto de Bs. As fue orientado mayoritariamente hacia los políticos de derecha (De la Rua, Macri, etc.). Más aún, durante la crisis del campo, cuando las patronales agrarias codiciosas (emparentadas con el apoyo a la terrible represión de la última dictadura) salieron a la calle a pedir mayores beneficios para el sector, una gran cantidad de porteños salieron a apoyarlas.
Lo raro no es que gane Macri con el 47%, lo raro es que Filmus y Solanas, con un imaginario más centrista, hayan logrado más del 40% por ciento de los votos en la Capital Federal.
Ahora, porque Macri, que tiene pocas condiciones de líder, que fue a elecciones con un discurso desprovisto de contenido, precedido de una acción de gobierno plagado de denuncias de corrupción, de represión a indigentes, de ineficacia en la gestión, cosechó tantos votos. En primer lugar, porque basó su campaña en el modelo neoliberal de sujeto individualista tan arraigado en los sectores más favorecidos de la sociedad porteña. El P.R.O., apoyado por el repiqueteo del discurso de los monopolios mediáticos,  instaló una idea que en la burguesía y pequeño burguesía porteña, se introduce con facilidad, y es la afirmación que la situación económica favorable que tienen, no se debe a la acción de gobierno, sino a la capacidad de trabajo y creatividad de cada uno de ellos, la bonanza económica, no es una cuestión social, sino una mera cuestión de esfuerzo individual.
En segundo lugar , la subjetividad porteña se encuentra permeada por el imaginario de que el kischnerismo es de izquierda[3], corrupto, ateo, etc. O acaso el lector piensa que ese electorado de derecha de Capital vio con buenos ojos la ley de matrimonio igualitario, el juzgamiento a los responsables del genocidio, etc.
Para analizar los resultados de las elecciones de Capital es necesario tener en cuenta este dato de la realidad, nuestro país no es un colectivo con ideas progresistas o de izquierda. El hecho que en algún momento, algún político de izquierda haya cosechado algunos votos, no quiere decir que el electorado tenga un concepto transformador de la sociedad. El argentino actual, y más aún el capitalino, es un sujeto estático, que no quiere oír hablar de cambios, palabra que por demás ha perdido todo contenido al ser usada masivamente por sujetos de diferentes posturas políticas. Es un ciudadano que piensa más desde su interés personal, que en proyectos colectivos que tienen horizontes de visibilidad de largo alcance.
El imaginario revolucionario de los setenta fue sepultado junto a los miles de desaparecidos  y la represión salvaje de la dictadura, hoy es necesario empezar de nuevo, reconstruyendo los valores olvidados, uniéndonos entre los que somos las víctimas del sistema, no confiando en aquellos políticos burgueses que buscan usarnos para profundizar la iniquidad social.
Es el momento de impulsar el debate por la autonomía social, por la unión de los que no tienen voz, los piqueteros, los okupas, los explotados, para lograr un nuevo horizonte de futuro en Argentina.  
            Hasta la próxima

[1] Se calcula que la cantidad de dólares que los burgueses que forman parte del llamado “pueblo argentino tienen en el exterior es equivalente a nuestra deuda externa.
[2] Esto no es una crítica sino una constatación empírica
[3] NO olvidemos el decurso de las patronales agrarias alertando a que quieres cambiar la bandera por “un sucio trapo rojo” o la idea de que la presidenta y todo el gobierno son montoneros, etc.

miércoles, 22 de junio de 2011

Odio y celos en política. ¿Y los programas y propuestas?


Catoriadis afirmaba que la economía no es una ciencia, que los economistas adivinan el futuro de la economía, a veces aciertan a veces no, bien algo similar ocurre con la política.

Los políticos han cambiado en los últimos años, en los setenta existía una forma de hacer política que se basada en la presentación de programas y propuestas. En 1973 antes de las elecciones presidenciales del 11 de marzo, y perdón por la palabrota, Clarín publicó a doble página un cuadro en el que en horizontal estaban los nombres de los partidos políticos y lo que proponían en cada tema, en vertical los temas más importantes que se debatían en esas elecciones.

Los partidos políticos, todavía discutían propuestas del colectivo, no se trataba de un candidato que exponía en forma difusa sus propuestas, sino de una propuesta que se construía en el debate interno de la organización y se plasmaba en el programa partidarios.

En este sentido es muy interesante ver el programa del Partido Socialdemócrata Alemán de la época, que es un librito de unas veinte páginas, en su texto se presenta en forma organizada y explícita, las resoluciones del congreso partidario para implementar desde el gobierno federal.

Hoy este escenario y no existe, las candidaturas casi ni se discuten, los candidatos no enarbolan un programa partidario[1], son el producto del llamado marketing político donde asesores de imagen, encuestadores, etc., determinan las características del mismo.

La práctica política no es una acción derivada de la adhesión a acciones que se construyen desde los principios, sino del sometimiento a aquel que fue encumbrado por el marketing y que propone la realización de una serie de acciones que en muchos casos ni constituyen un programa. Por dar un ejemplo, y dejando constancia que no es una crítica personal, porque no lo conozco más que por sus apariciones televisivas, Alfonsín, el hijo de Don Raúl, Ud. cree, querido lector, que no está allí como candidato por su parecido físico con su padre, si hasta habla y gesticula como él. Y su programa ¿Ud. lo conoce?, cuéntemelo, porque yo no, salvo algunas de las vaguedades que suele balbucear por T.V. cuando lo entrevistan.

Carrió, ¿cuál es su programa, acaso Ud. conoce la definición en materia de economía?, escucho que va hacer con la relación Iglesia/Estado mas confusa, o que está contra la ley de despenalización del aborto o del consumo de drogas. Solo habla de ética, de honradez, dice que a los Kirchner no les interesan los derechos humanos, y de donde lo dice, desde su experiencia de trabajo en el sistema judicial durante la dictadura genocida.

Duhalde, ¿qué propone?, le conocemos su amistad con Menen, su participación en la propuesta neoliberal que amentó la pobreza y la indigencia durante los noventa, su apoyo  clarín y su oposición  a la ley de medios, a la despenalización del aborto y el consumo de drogas, pero ¿qué propone, cuál es su programa?.

El Frente para la Victoria cae en las generales de la ley, y que aunque tiene una propuesta, no es el producto del debate en el espacio político, sino la construcción de un programa de realizaciones que llevó adelante desde el gobierno de Néstor.

Desde la izquierda, que es donde mas deberíamos buscar una metodología participativa en la construcción de las propuestas la situación no mejora nada.

Proyecto Sur es un revoltijo de vaguedades setentistas que no disimulan su alianza con los sectores de la derecha más recalcitrante durante lo últimos años, o no fueron uno de los socios del llamado grupo “A” a la hora de repartirse cargos en el parlamento, ah, y por cierto echen a su negociador en jefe, porque además de claudicar con la derecha no les dieron nada.

Dese el socialismo tampoco encontramos un programa claro, más allá de seguir aportando “soluciones” para que las patronales agrarias se llenen los bolsillos a costa del hambre y la miseria de  la mayoría de los argentinos, proponiendo reducir las retenciones al agro. ¿Acaso piensan que los agrarios van a repartir las rupias que les queden de más en el bolsillo entre los necesitados? Además como se compatibiliza un proyecto de “izquierda” con una vice como Morandini que voto en contra de cuanta ley popular o progresista se trabajó en el parlamento.

Como vemos, ni siquiera la izquierda más radicalizada ha desarrollado propuestas y programas debatidos por los ciudadanos y mucho menos democráticamente al interior de sus organizaciones.

Los políticos de todo el arco en nuestro país coinciden en cumplir a rajatablas aquello que dice la Constitución “el pueblo no delibera ni gobierna sino a través de sus representantes”, ninguno plantea cambiar el modo de representación de manera de facilitar el acceso del ciudadanos a las decisiones que se toman en nombre de él.

Pero existen otras cuestiones problemáticas que afectan a nuestro país y que tienen como causa el ejercicio del poder de parte de esta burocracia de gestión que constituyen los políticos. El modo de hacer política[2] ha sido el de oponerse sistemáticamente al gobierno, asociándose con algunos impresentables de la derecha.

El radicalismo, otrora partido liberal, aquel partido que Don Raúl decía que antes de asociarse con la derecha debía prepararse para perder las elecciones, hoy camina de la mano de De Narváez. O estoy equivocado o este señor no es un militante del partido bolchevique rejuvenecido, y si decimos que es un liberal, es de esos liberales que están en el extremo derecho del liberalismo, portando un conjunto de ideas que van a aumentar la inequidad, la miseria y las malas condiciones de vida para los trabajadores en nombre de la eliminación de esas cuestiones.

En el Partido de Carrió[3] la cosa no es distinta, todos siguen el alucinatorio discurso de Lilita sin pestañar agregándole (con la venia de la patrona) algún tinte intelectual o progre, que no modifica la esencia del discurso reaccionario de la Coalición Cívica, mal que le pese a Iglesias, es un reaccionario con un cierto lenguaje de izquierda que sigue a una líder de derecha que llevaría al país a una suerte de fundamentalismo religioso y alucinatorio, en mi modesta opinión, por supuesto.

.Veamos ahora a que se han apuesto estos señores, algunos más, otros menos, desde su rol de integrantes de la oposición.

Se opusieron al desarrollo de la T.V. abierta satelital, que impide que los grandes monopolios mediáticos nos esquilmen con sus cuotas para ver televisión, en este sentido es interesante no ver a los opositores denunciar a Fibertel por no cumplir con las resoluciones judiciales que les obliga a bajar los precios. No vaya a ser que pierdan un poco de las migajas de cámara y la cuotita de propaganda que les da Magneto en los canales y medios del grupo.

Y por supuesto, la gran mayoría se opuso a la ley de democratización de medios audiovisuales que rompe con el monopolio de los medios y permite la emergencia de otros grupos, que sin ser totalmente democráticos, aumenta la cantidad de voces y en ese debate nos enteramos de alguna información que el monopolio nos quiere ocultar o tergiversar (Caso Herrera de Noble, el fraude en Chubut, la creciente popularidad de Cristina, el bastardeo de las Madres y Abuelas mintiendo para ensuciar su imagen, etc. etc.) y la oposición bien gracias disfrutando de las cámaras mientras los medios hegemónicos mancillan lo mejor que produjo la lucha contra la dictadura.

Veamos el conflicto con el campo, allí fue interesante ver como sectores que se dicen de izquierda se subieron al carro de la movilización contra la 125 y defendieron los bolsillos de las patronales agrarias al costo de que se desabastecieran las ciudades por el lock aut patronal, mientras los dirigentes políticos de derecha (Alfonsín, Carrió, De Narváez, Duhalde etc.) fieles a su ideología, tomaban los estandartes de la defensa de la renta agraria pretendiendo que el campo es el país y tapando que esas mismas patronales acompañaron y hasta fueron cómplices de la dictadura genocida.

El gobierno de Cristina se negó a usar la represión contra los pobres y marginados que buscan desesperadamente trabajo, vivienda y salud, montó dispositivos de diálogo y persuasión para evitar muertes inútiles como las que ocurrieron en el 2001, la oposición se dedicó a criticar como inacción que aumentaba la inseguridad esa política del gobierno, muchachos no muestren la hilacha, digan que añoran el palito de abollar ideologías, pero eso sí, acuérdense como nos dolía cuando en la juventud las dictaduras lo usaban contra nosotros, y si no lo recuerdan, pregúnteles a los hermanos griegos, portugueses, españoles.

En el gobierno de Alfonsín criticamos la claudicación de Don Raúl frente al levantamiento de los cara pintadas, al aprobar la ley de obediencia debida y el punto final, y después a Menen por el indulto, ahora querido lector, Ud. escucha o escuchó a algún político opositor, aplaudir la derogación de esas leyes, decir que bueno están juzgando a los genocidas[4], o por el contrario un silencio infame o el grito de odio de algunos políticos de derecha contra el juzgamiento de sus “amigos” por decirlo amablemente.

En igual sentido son hechos importantes las leyes que permiten la extracción compulsiva de sangre para determinar la identidad y esclarecer el robo de bebés y el banco de datos genéticos (BNDG) que los argentinos solo conocimos por los medios estatales de comunicación (678 por ejemplo hizo un seguimiento cuidadoso del tema) o por medios afines al proyecto kirschnerista (Canal 23, XIX, Tiempo Argentino etc.) y que desde la oposición es poco comentado, ah perdón, Morandini que votó en contra, comenta su oposición a la extracción compulsiva de sangre en el caso Herrera Noble.

Papel Prensa, no es solo un monumento a la corrupción durante la dictadura, está también relacionada con el avasallamiento de los derechos humanos antes de los gobiernos democráticos y después, porque el monopolio del papel prensa es un medio de controlar a aquellos medios que no son parte del monopolio que detentan  los diarios Clarín y la Nación.

La privatización de Aerolíneas Argentinas es un hecho que se debería festejar, esa oposición tan nacionalista (como por ejemplo Pino Solanas) ¿no debería alegrarse?, de que el país tenga de nuevo una aerolínea de bandera que lleve a los ciudadanos a destinos que las aerolíneas privadas o extranjeras no van. ¿Acaso no preconizaron de siempre que la energía, el transporte, la salud, la educación, etc. constituyen servicios que el estado tiene el deber insoslayable de tenerlos bajo su influencia para garantizar la vida digna de los ciudadanos? La izquierda parlamentaria ¿no debería luchar por re estatizar esos servicios aun al costo del déficit que pueden tener? Los servicios públicos deben estar bajo la influencia del estado porque es la única manera de garantizar que sean servicios de universalidad, es decir buenos y baratos para que todos nos podamos trasladar y vivir dignamente.

No hablemos de la jubilación privada, un monumento a la corrupción, si los hay, los trabajadores aportábamos a la jubilación pero como las AFJP se quedaban con el, entre 2 y 3% del salario en concepto de comisión, lo que aportábamos iba al bolsillo de los banqueros y financistas, además de los pingues negocios que hacían con la inversión de nuestros aportes. ¿Recuerda amigo lector el negocio de Clarín con sus acciones que las vendió a las AFJP a precio de oro y las recompró por nada?. Y ya que estamos sería interesante que los opositores mencionados que hablan del 82% móvil, porque en forma oportunista presionaron para dañar el sistema jubilatorio con él, aplicándolo de manera abrupta, mencionaran, ya que nada dicen, de la acción el gobierno de ir otorgando aumentos a los jubilados y el 82% y el 85% móvil a diferentes grupos de trabajadores (municipales, maestros, docentes universitarios, investigadores).

En los últimos días asistimos a otra medida con dirección social igualatoria, la entrega de computadoras a alumnos de escuelas estatales para utilizar en sus aprendizajes, en un programa que se orienta a la alfabetización digital, tratando de achicar esa nueva frontera que fragmenta a la sociedad entre informatizados y no, y condenando a los más humildes a la exclusión a la hora de buscar oportunidades laborales.

En el mismo sentido fue la asignación por hijo a alumnos escolarizados que aumentó la matrícula estudiantil, sobre todo en el primario y secundario. Resulta patético ver a la oposición clamar porque supuestamente le robaron la idea, que importa si la idea es mía, a un político debe importarle que se tomen medidas que mejoren la calidad de vida de los habitantes, no será que la oposición tiene tan pocas ideas en favor de los más carenciados que cuando le sacan una se ponen como locos[5].

Con igual sentido de justicia social la C.G.T. impulsa la concreción de un derecho presente en la constitución de 1957 (art. 14 bis), la participación de los trabajadores en las ganancias. No digo la derecha, porque los patrones van a resistir que “les metan la mano en el bolsillo y la mirada en las cuentas”, pero los muchachos de la izquierda no tendrían que estar haciendo manifestaciones para “apoyar a Moyano” y la CGT en este tema.

La construcción de viviendas con fondos estatales, por parte de grupos de derechos sociales y humanos (el proyecto sueños compartidos de las Madres, la Tupac Amaru de Milagros Salas, etc.) nunca fe comentado cuando en silencio brindaban oportunidades de vivienda digna a los sectores en estado de vulnerabilidad, pero si le dieron amplia difusión a esos proyectos con el caso Schocklender, haciendo silencio al intento del monopolio de ensuciar a esos organismos.

Cuando Néstor rompió con el FMI se elevaron las voces opositoras que pronosticaban el desastre, “nos vamos a quedar sin reservas” decían, lo mismo repetían cuando se pagó con fondos de las reservas, sin embargo no se autocritican ahora que las reservas amentaron y rompen records todos los años y que el gobierno regularizó el default que muchos de los opositores provocaron.

Los argentinos somos futboleros, a nosotros nos pueden sacar el pan de la boca pero no el futbol, en los más pobres este sentimiento es más profundo, para los marginados de la vida cultural y del goce que la sociedad tiene, el futbol es una de las pocas satisfacciones que tienen, ir a la cancha los domingos, festejar el gol es una felicidad para ellos.. Durante años esta alegría estuvo únicamente en manos del el monopolio, al punto tal que ni los goles se podían ver hasta el día siguiente si no se pagaba, además de la cuota del cable, el plus extra para ver futbol. Que hizo la oposición cuando el gobierno le devolvió esta alegría a la gente con el Programa “Futbol para Todos”, como no se puede decir que es una barbaridad sacarle el negocio al monopolio porque es mostrar la hilacha, batió el parche con que no era negocio, que se gastaban recursos que eran necesarios para otras cosas, como si el Estado debiera estar para hacer negocios, el Estado es el mayor regulador de la economía y la vida social, su función desde una perspectiva progresista es favorecer las regulaciones que mejoran la calidad de vida de la gente, cosa que pareciera que a algunos les importa poco.

También es impresentable la actitud de aquellos que se opusieron a la ley de Matrimonio Igualitario como Olmedo, la iglesia y compañía, y lo hicieron de una perspectiva discriminadora y reaccionara de las peores, ahora amigo lector, Ud. escuchó o vio las críticas de los sectores de la oposición a este grupo de dinosaurios sociales, a las marchas de los organismos laterales a la iglesia, a las opiniones de los obispos reaccionarios, cuénteme porque yo no vi, ni escuche ninguna.

Y todavía queda mucho por ver con los debates que se vienen como la despenalización del aborto y del consumo de drogas, una legislación laboral más estricta contra los que tratan personas (no solo mujeres, sino también trabajadores que se desempeñan en condiciones infrahumanas), y tantas otras iniciativas que todavía duermen el eterno descanso en el parlamento.

Pero para cerrar, y ver un poco el odio y los celos en la política veamos algunas declaraciones de los opositores en los medios ante el lanzamiento de la candidatura de Cristina.

Carrió dijo al ver que no se cumplió (otra más que no se cumple) su profecía que Cristina no se presentaba: “Me parece que vamos a un renunciamiento histórico o sacrificial, de tener que seguir siempre es un escenario dramático, con voz quebrada pero es una mentira, yo me convencí que nos está mintiendo. Me di cuenta que ella llora ante los pobres”. Me pregunto si acaso Carrió no tendrá celos del éxito de Cristina, de su popularidad, de lo mucho o poco que avanzó el país durante su mandato, de la admiración que despierta, del liderazgo que tiene, que hace que en donde apoya un candidato éste crece de diez a veinte puntos en las encuestas, en definitiva de lo linda y elegante que es, porque no se justifica la irracionalidad opositora de ella y su grupo.

El señorito Alcalde de Bs. As. con el desprecio que tiene a lo popular y a los pobres, eligió la ironía despectiva diciendo “no me sorprendió el anuncio. No creo que me elija ni a mí ni a Schocklender”.

Duhalde pontificó que no tienen ninguna posibilidad de gobernar bien, claro, su buen gobierno nos dejó las muertes de Kosteki y Santillán, la deuda externa voluminosa de cuando apoyó y fue parte del Gobierno de Menen, el asesinato de periodistas opositores como Cabezas o la impunidad de personajes como Yabrán con muchas dudas acerca de los vínculos políticos del capo mafioso, durante su gobierno de Bs. As., critica la detención de Herrera de Noble, la Ley de Medios, o apoya el monopolio de Papel Prensa y entonces para Clarín gobierna bien. Duhalde, no estaría expresando el odio de la derecha al éxito de aquellas políticas que están en las antípodas de su pensamiento.

Para finalizar, como siempre, tengo que hacer mi descargo, no soy Kirschnerista, tengo muchas críticas al mismo, pero ante tanta falta de creatividad, el escaso desarrollo de ideas políticas, la mediocridad general de los opositores, donde no se encuentra propuestas con sentido social, y cuando la crítica que le hacen al gobierno responde a la defensa de los intereses concentrados de las corporaciones empresariales (del campo o de la ciudad) o al sentimiento de inferioridad de opositores cuyo nivel intelectual es muy bajo a juzgar por su discurso, no piensa amigo lector que, a veces tenemos que defender las propuestas de un gobierno que ha avanzado mucho en el plano social y cultural, reivindicando derechos igualitarios y promoviendo acciones de igualación que sin ser totalmente efectivas están modificando la estructura social y cultural de nuestro país y sus habitantes.

Hasta la próxima



[1] En el sentido de ser un programa discutido por todos los miembros del partido en los órganos partidarios.
[2] Por lo menos en los últimos años
[3] Es muy preciso decir el Partido de Carrió ya que le pertenece, allí nadie cuestiona sus disparates y los genuflexos que la rodean repiten sus dislates como si fuera la verdad revelada, solo les falta llevar aquella hermosa cruz de cincuenta cm. por treinta que llevaba y que dejó de usar casi seguro por cuestión de oportunismo político.
[4] Tanto militares como civiles.
[5] Esto me recuerda el enojo de Menen cuando Alfonsín dio un pequeño aumento al salario mínimo vital y móvil, antes de irse y le quitó la posibilidad de mentir con su tan mentado salariazo  de la campaña.

sábado, 18 de junio de 2011

Quo vadis Radicales?. El camino siguen siendo las madres y las abuelas que son monumentos a la lucha.


Desde el advenimiento de la democracia tuve una simpatía personal con el radicalismo, sobre todo por lo que significó Raúl Alfonsín para nuestro país.

No puedo negar que me emocioné al ver el juzgamiento de los militares que asesinaron a nuestros compañeros, o que me sentí reivindicado cuando Don Raúl amonestó a la Sociedad Rural en su propia casa, diciéndosle que eran unos fascistas porque no sabían tolerar la discrepancia y recurrían al insulto como medio de anulación del otro; o cuando en Yanquilandia se plantó frente a Reagan y con los modos diplomáticos fue fiel a sus principios, diciéndole mucho de aquello que el Presidente Norteamericano no quería escuchar; o enfrentando a un obispo desde su propio púlpito en la Catedral de Buenos Aires, cuando algunos sectores de la Iglesia querían imponerle sus condiciones.

En esos años yo tenía contacto con miembros de la coordinadora, que por supuesto eran muy distintos a lo que son ahora, tenía ideas más radicalizadas, no transaban con lo Cobos, Aguad o Sanz y toda la laya de radicales de derecha que pueblan los puestos dirigentes del partido centenario, y el radicalismo tenía otro perfil, mas socialdemócrata, a tal punto que veía como posibilidad entrar en la internacional socialista.

El discurso de porque norte, que tuve el privilegio de conocer en líneas generales, antes que Alfonsín lo diera, ya que mi amistad con Portantiero, Aricó y algunos allegados al Grupo Esmeralda, me permitía acceder a ciertos contenidos que otros no podían tener, fue una verdadera pieza de pensamiento progresista, allí se expresó la estructura de un Estado moderno, con una democracia representativa sólida.

Ese era el radicalismo de los ochenta, con sus errores, era un radicalismo que trataba de transitar por la senda de una sociedad más justa y democrática. Un partido que representaba la lógica democrática del estado burgués, que tenía y tiene déficits pero que es mucho mejor que las dictaduras sangrientas que asolaron América Latina en los setenta y ochenta.

En el XVIII Brumario de Luis Bonaparte Marx dice que la historia se repite dos veces, la primera como tragedia y la segunda como farsa. Hoy tenemos de nuevo un radicalismo liderado por un Alfonsín, que más allá de su notable parecido con su padre, no llega a ser más que un remedo del notable estadista de los ochenta y el radicalismo no es más que una farsa de aquel que conociéramos en épocas del padre de éste Alfonsín.

Este Alfonsín es lo que en mi juventud decíamos un botarate, un sujeto irresoluto, sin ideas, que a cada paso comete un error o se desdice.

No importa mucho si dijo que nunca iba a aliarse con de Narváez y ahora lo hace, lo que importa es el contenido de aliarse con un político execrable de derecha, que antes de condolerse de la pobreza debería dar cuenta de su estilo de gestión cuando era dueño de Casa Tía y súper explotaba a las humildes trabajadoras más allá de lo tolerable, o cuando echó a periodistas de su canal por hacerles preguntas incómodas.

Aquel Alfonsín no hubiera denostado a las Madres, o apoyado al diario Clarín (más aún lo criticaba ácidamente) y esta afirmación nos lleva a la segunda parte de nuestra conversación.

Porqué todos los políticos de derecha (Alfonsín incluido) asumen una seudo condición de progresistas cuando en nombre de la libertad atacan a la vez aquellas organizaciones que, como las madres, defienden a los derechos humanos o a las organizaciones populares como los piqueteros.

Porqué, la derecha dice defender la libertad para votar contra una ley de medios que sin ser lo mejor garantiza una democratización mayor de los medios de prensa tan concentrados y tendenciosos en nuestro país.

Porqué, no dijeron nada cuando los empresarios agrícolas avariciosos hicieron un lockout patronal desabasteciendo a las ciudades para el logro de sus mezquinos intereses, y más aún salieron a apoyar los cortes de ruta ilegales de éstos, y hoy critican a los pobres y desesperados que salen a cortar calles o la panamericana para hacerse oír en sus reclamos, o a aquellos que al no tener un techo, luchan tomando un parque porque los aliados actuales de los radicales no son capaces de resolver sus problemas.

Porqué, de golpe salen hoy a batir el parche contra las madres, a criticar a Hebe de Bonafini cuando hace unos años las pusieron en un pedestal (merecido por cierto).

No se preguntan estos radicales acerca del pasado de sus aliados, de lo que hicieron durante la dictadura, no leen la alianza estratégica del monopolio Clarín con la dictadura asesina.

Porqué, si son tan democráticos no impulsan la investigación profunda del asesinato de Kosteki y Santillán durante el gobierno de Duhalde.

Porqué, no dicen ni una palabra ante los dichos una política impresentable como Carrió, que dice que nuestra presidenta y el kischnerismo no defendieron nunca los derechos humanos, cuando sabe que es uno de los principales logros de este gobierno. Carrió a lo mejor está molesta porque desde el 2003 están metiendo presos a sus viejos empleadores del Chaco, cuando en épocas de la dictadura militar asesina cuando ella era funcionaria.

Y allí viene la tercera parte de esta charla querido lector. Que son las Madres y Abuelas y que significa atacarlas.

En primer lugar, Las Madres de Plaza de Mayo y las Abuelas de Plaza de Mayo constituyen un símbolo genuino y puro de la lucha contra la dictadura. Muchos de los que hoy las critican aprovechando la deslealtad de uno de sus colaboradores, durante la dictadura o eran cómplices de la misma o eran alcahuetes codiciosos para sacar partido.

En estos días circula por internet un mail malicioso que reproduce un artículo injurioso contra las madres de A. Ussia, estuve muchas veces, en los últimos diez años, en España y no puedo afirmar que sea un notable escritor y periodista como dice el encabezamiento,  porque nunca lo oí nombrar, pero sí sé que sus argumentos contra Hebe, que por buen gusto y para no darles prensa no voy a reproducir, son los mismos que los miserables comunicadores de la dictadura o de algunos “periodistas notables” actuales, pero si me llama la atención el ensañamiento con Hebe, como en otro momento fue con Milagros Salas o con Elías o los piqueteros, o a periodistas serios y honestos como Víctor Hugo Morales..

Con todos ellos tengo mis diferencias, con sus métodos, con algunas de sus ideas, por ejemplo no acuerdo con las declaraciones de Hebe frente al 11 de septiembre o con respecto a la ETA, no estoy seguro que cortar rutas y calles, y sobre todo en forma permanente, sea conveniente para adquirir visibilidad, no estoy de acuerdo con la defensa que D Elias hace de Irán, pero reconozco que estos movimiento populares constituyen una fuerza instituyente en la sociedad que viene a decirnos que no todo está bien en Argentina, que ha muchas cosas que deben cambiar.

Las Madres y las Abuelas son un símbolo del valor, de lo mucho que se puede cuando se tiene voluntad y convicción, y que cuando un político ataca a las madres con un discurso solapado e insidioso, o es un suicida que ataca aquello noble que esta sociedad ha producido y sienta las bases para destruir las posibilidades de creer que tiene una juventud que comienza a actuar en política o es un agente de la derecha más rancia que ataca a las organizaciones que expresan un discurso que pone en tela de juicio su historia y conmueve a los jóvenes impulsándolos a reflexionar sobre lo que paso y lo importante que es luchar para que no vuelva a pasar.

Hasta la próxima.

lunes, 13 de junio de 2011

Intelectuales política y poder.

En estas líneas trataré de trazar una trayectoria de la construcción de los intelectuales y su relación con la política y el poder.

En algunos casos recurriré a autores que han tratado el tema y en otros pondré en juego mis propias ideas al respecto.

Según Christophe Charle, quien se formula la pregunta: "¿Por qué los 'intelectuales', en el sentido del caso Dreyfus, aparecieron como grupo, como esquema de percepción del mundo social y como categoría política, en esa época (1880-1900) de estabilización de la República y de la democracia?"[i] Para el autor, la significación de los intelectuales cobra real sentido si se considera que los mismos son parte de un campo de poder y les asigna tres derechos fundamentales, el derecho a escandalizar a la sociedad, el derecho a coaligarse en pos de la defensa de las causas justas y el derecho a utilizar el poder simbólico que implican los títulos que los mismos pueden exhibir.

Existe un cierto consenso a reivindicar como punto de surgimiento de  los intelectuales, el caso Dreyfus, donde Emile Solá arremete contra todos los privilegios sociales editando su conocido “Yo acuso”, que hiciera temblar al establismet Francés, pone de manifiesto los prejuicios sociales y el intento de impunidad que tiene como centro de la escena a las injusticias cometidas con un humilde Capitán judío de ejercito galo.

Desde hace mucho tiempo viene discutiéndose el rol de los intelectuales en la sociedad, para introducirnos en el tema nada mejor que convocar a uno de los intelectuales que más trabajó sobre el tema, Antonio Gramcsi: No hay actividad humana de la que se pueda excluir toda intervención intelectual, no se puede separar el ‘homo faber’ del ‘homo sapiens’. Cada hombre, considerado fuera de su profesión, despliega cierta actividad intelectual, es decir, es un ‘filósofo’, un artista, un hombre de buen gusto, participa en una concepción del mundo, tiene una consciente línea de conducta moral, y por eso contribuye a sostener o a modificar una concepción del mundo, es decir, a suscitar nuevos modos de pensar. [ii]

Ahora bien, no todos los hombres tienen en la sociedad la función de intelectuales. Es por ello que reservamos el término en un sentido estricto a aquellas personas que utilizan su intelecto como medio de vida.

Tampoco podemos afirmar que todos los intelectuales son lo mismo, en los procesos sociales encontramos diferentes tipos de intelectuales, aquellos que solo usan su intelecto para desempeñarse en la sociedad (periodistas, escritores, artistas, académicos, etc.) y otro grupo que participa delos conflictos sociales defendiendo los intereses de una clase social determinada, a estos últimos Gramcsi va a denominar intelectuales orgánicos o de clase.

En este punto de nuestra charla es interesante establecer la diferencia entre el intelectual y el político. Una persona puede ser un intelectual orgánico de un determinado grupo social, pero ello no quiere decir que se involucre en las estructuras internas de las organizaciones que dicen defender el interés de ese determinado grupo social. El político es un intelectual que hace opción por un determinado “partido” en el sentido de parte de la sociedad, y que desarrolla acciones tendientes a acumular poder a través de la acción política, en cambio un intelectual orgánico hace opción por un determinado grupo social, pero no necesariamente participa de uno de las fracciones políticas que se arroga la defensa de los intereses de ese grupo social.

La organicidad del intelectual estará determinada por la mayor o menor cercanía que el mismo mantiene con el grupo social al que adhiere y cuyos intereses pretende defender, pudiendo operar tanto desde la sociedad civil (conjunto e organismos privados en los que se verifica el debate ideológico que tiene como material de origen las discusiones que espontáneamente desarrollan las masas) como en el nivel del Estado y toda la superestructura jurídica.

Gramcsi solía afirmar que el político se guía por el optimismo de la voluntad y el intelectual se rige por el pesimismo de la inteligencia. Es decir, el político es un constructor de poder que intenta llegar  gestionar la sociedad, debe necesariamente apoyarse en el yo puedo, no tiene espacio para la duda, y su voluntad es poder, mientras que el intelectual es un eterno interpelador e la sociedad, es quien señala al político los Límites de su exitismo, quien critica su falta de coherencia, quien exige profundizar los debates.

Podría decirse que el intelectual tiene como principal herramienta de trabajo la crítica, para él cada respuesta habilita nuevas preguntas, cada reflexión no cierra el debate, abre nuevos caminos del discurso. Frente al político que nos dirá lo que hay que hacer, o lo que hizo, el intelectual preguntará porque se hizo, para que se hizo, si se podría haber hecho de otra manera.

A mi manera de entender, cuando un intelectual se incluye en una organización política, deja de serlo, para convertirse en un político o en un gestor. En ambos casos pierde su independencia de criterio y pasa a ser parte de una estructura que cercena su capacidad crítica, su papel de interpelación al todo social, pasa a ser parte de una ideología como sistema de ideas que responden a una mirada fraccional de lo social.

Ejercer la crítica no define al intelectual como el actor social que traza los lineamiento de la acción, del sector social al que adhiere, porque el intelectual usa la crítica como herramienta de desarrollo del pensamiento social y l autocrítica para lograr instalar en su propio sector el debate sobre el hacer y el pensar de ese fragmento social. Por eso decimos que un intelectual más que definir el camino a transitar, realiza las preguntas y señalamientos que les permitirá a los actores sociales elegir el camino.

Este tema es de fundamental importancia en la Argentina de hoy, en tanto ha comenzado a exponerse en los medios de comunicación los debates entre intelectuales que parten de diferentes posicionamientos teóricos, epistemológicos, sociales y políticos.

Durante la década del noventa los los mass media giraron hacia una práctica discursiva que se sostenía en la imagen como vehículo de comunicación y que implicaba formatos comunicacionales que privilegiaban el esparcimiento, la falta de contenidos y la chabacanería, fue lo que se llamó la tinelización de la televisión o más sencillamente la T.V. basura. Se trataba de poner en sintonía a los medios más populares, con el intento de construir una sociedad frívola, poco interesada en pensar y reflexionar y dada a una suerte de epicureísmo social.

Los costos de estas políticas de la era menemista fueron ingentes, se banalizó la vida en sociedad, se dejó de lado el cuestionamiento al poder, se privilegiaron el consumo y un imaginario de goce perpetuo por sobre el esfuerzo conjunto y solidario en la construcción cooperativa de lo social; y cuando la ficción dio lugar a la cruda realidad el país se vio inmerso en una gigantesca crisis que tuvo como saldo la caída de gobierno y un importante número de muertos por las fuerzas que reprimieron salvajemente la protesta social.

Hoy la realidad es muy diferente, parecería que lentamente se está instalando en nuestra sociedad la necesidad de debatir todo entre todos, en la vida cotidiana se discute política, aumenta la producción bibliográfica sobre la temática, y en lo mass media encontramos como reflejo un incremento de los programas que apuntan a desarrollar ese debate. Ya no es infrecuente sintonizar propuestas televisivas que reúnen a un grupo de ciudadanos que debaten diferentes problemas sociales y políticos (toma de un predio, piqueteros, ley de medios, etc.).

A esto, se le agrego un ingrediente nuevo, la participación e esos debates de los intelectuales. Este dato que podría ser auspicioso, tiene una arista sumamente negativa, existe una acción de cooptación de los intelectuales de parte de los diferentes sectores sociales dominantes, y de los medios de difusión masiva que responden al interés de esos sectores, que integran a su staff a muchos intelectuales con el fin de que se constituyan en plumas sostenedoras de sus intereses, desarrollando una labor intelectual a su servicio.

El debate en lugar de enriquecerse se empobrece y asistimos a intelectuales (algunos de ellos de gran prestigio) que en lugar de analizar la realidad social y ejercer la crítica sobre lo dicho y hecho por la sociedad, se convierten en defensores a sueldo de los centros hegemónicos de poder (de cualquier tipo o signo), dejan de cumplir su rol de provocadores, dejan de estar en el lugar del malestar que aguijonea cual tábano inquisidor a una sociedad que hasta ahora parecía dormir y que comienza a despertar de un largo sueño e inacción y empieza a desperezarse y a participar en la política entendida como un hecho ciudadano que debe concernir a todos.

Esos intelectuales han elegido el camino fácil del elogio sin contenido y la comodidad que brinda el soporte de los monopolios mediáticos para expresarse y adquirir visibilidad social.

En definitiva han decidido abandonar el espinoso camino que implica el pensamiento reflexivo y crítico que nos condena a la soledad y al ostracismo social, para poder concitar un poco de reconocimiento que los acerque a los cenáculos de la fama. Se trata de un farandulización de los intelectuales, porque a semejanza con lo que ocurría en los noventa donde la política se farandulizaba generando la inclusión de los políticos en el mundo frívolo y despoblado de contenidos, confundiéndose con los mediáticos al punto que resultaba difícil distinguir unos de otros. Si los intelectuales no retornamos a nuestras fuentes en materia teórica como discusiva, si persistimos en privilegiar el reconocimiento mediático por sobre la construcción crítica, estamos condenados a ser menos que los políticos frívolos de la década del noventa, ya que estaremos abdicando de lo que es la esencia de nuestro ser social, ser el acicate provocativo que motiva la reflexión de los colectivos sociales.



[i] Charle C. (2011) El nacimiento de los intelectuales. Nueva Visón. Bs. As.
[ii] Gramsci, A. (1984). Los intelectuales y la organización de la cultura. Nueva Visión. Buenos Aires.

domingo, 22 de mayo de 2011

Hoy voté no sé por quién.

Hoy se votó en la Provincia de santa Fe y estrenamos un nuevo sistema electoral, mucho más antidemocrático que los anteriores.
¿Porque antidemocrático?, en otros escritos de este blog nos referimos al carácter representativo, no democrático, del sistema político argentino, fundamentando nuestra opinión en que los ciudadanos votamos a personas que se convierten en nuestros representantes, con el poder de decidir lo que les plazca sin consultarnos.
Peor aún, ni siquiera votan según su conciencia, sino lo que les indica los dirigentes partidarios.
Los representantes que elegimos deben tener una disciplina de bloque y votar según resuelve el bloque, que en la mayoría de las oportunidades significa votar lo que deciden unas pocas personas que son las que dirigen el partido y el bloque.
Es así que no pocas veces nos encontramos que aquellos representantes que hemos votado, toman decisiones que van lisa y llanamente contra nuestros intereses, es decir contra lo intereses de la mayoría de sus votantes, por no decir todos.
En este sistema representativo, tal como dice la constitución, el pueblo no delibera ni gobierna, sino a través de sus representantes. En buen romance el pueblo no delibera ni gobierna.
En el sistema anterior, cuando sufragábamos, lo hacíamos con una boleta en la que figuraban los nombres de las personas por las que votábamos (tanto titulares como suplentes), no importaba que no las conociéramos porque algunos vivían a cientos de km de nuestro lugar de residencia, pero por lo menos sabíamos sus nombres. En la famosa boleta sábana con la que elegíamos nuestros “representantes” figuraban los nombres de todas las personas que eran objeto de nuestra “preferencia”.
El gobierno “socialista” ha realizado, luego de casi cuatro años de gobierno, y supongo, de concienzudos estudios, una reforma política de envergadura, reemplazado la famosa lista sábana, por lo que podríamos llamar un sabanón.
Cuando entre a votar me dieron 5 de estos sabanones, uno por cada cargo (Gobernador, Diputados, Senadores, Intendente y Concejales) en el que figuraban todos los partidos que se presentaban.  
Lo más interesante de este instrumento electoral es que por cada partido y cargo no figuraban los nombres de las personas que participaban de la propuesta electoral (mis “representantes”), sino solo el nombre y apellido de la persona que encabezaba la lista, o sea, no sé por quién voté, solo conozco el nombre y apellido de una persona, el que encabeza la lista (y un detalle participativo, su foto), y el nombre y logo del grupo que lo patrocinaba (pero tan chiquito que no se podía leer si no se tiene buena vista, o sea lo más viejos ni eso pudimos saber).
Esto es el colmo de la representación, no saber por quién voto para que sea mi representante. No sería más práctico que en lugar de seguir tomándonos el pelo a los ciudadanos, la burocracia política lisa y llanamente nombraran los “representante” nuestros sin recurrir a las urnas, que por cierto en el colmo de la imprevisión, hicieron urnas tan chicas que no cabían los votos y las autoridades de mesa en muchos casos debieron abrirlas y compactar los votos, o sea que ni siquiera está la transparencia de que las urnas estuvieron cerradas durante todo el acto electoral.  
Tampoco hablemos del recuento de los votos, sería interesante como van a hacerlo ya que en cada sabanón se ponía una cruz, con una fina lapicera (fina por el trazo, no por la calidad) que proveía la mesa.
En nuestra provincia se ha profundizado la falta de participación ciudadana, crece la insalvable brecha entre la burocracia política que toma decisiones en forma autónoma y sin siquiera considerar o hacer conocer sus decisiones a sus representados.
Es que, como toda burocracia, no le interesa lo que piensan los ciudadanos, actúan en función del interés de sus corporaciones (partido político, empresas con las que tienen lazos, etc.).
Estimado lector, como puede el votante quejarse de lo que se vota en los órganos de gobiernos, sino sabe lo que hacen sus integrantes, si no sabe quiénes son los que lo representan.
Hay, dentro del sistema representativo de gobierno, mecanismos de participación y de consulta, como lo son el plebiscito, el referéndum, la remoción del funcionario cuand con un petitorio se vota y gana la mayoría, etc.
¿En más de 26 años de “democracia” representativa alguna vez se usó alguno de estos mecanismos, alguna vez algún diputado o senador, o intendente o gobernador consultó con los ciudadanos sus medidas de gobierno?, por supuesto que no.
Y no vale decir que lo que afirmo no es cierto porque en Rosario hay ese mecanismo que llaman “presupuesto participativo”, o que se hizo una “descentralización” municipal, porque son simulacros e participación.
En las asambleas de presupuesto participativo (lo sé porque fui a alguna de ellas) lo que se vota está decidido de antemano y se saca de cualquier manera con la participación hegemónica de los miembros del partido (que por lo general son funcionarios de gobierno).
La descentralización de Rosario es una descentralización administrativa, no política. En los distritos no existe participación ciudadana, solamente es una manera de abrir bocas de atención para cobrar impuestos y servicios, pero no hay una forma democrática de participación de los diferentes actores sociales para que decidan sobre los temas que conciernen al distrito.
En el mundo existe muchas formas de democracia representativa, que aunque no es auténtica democracia, permite mayor participación, privilegiando la autonomía del ciudadano en la toma de decisiones. Algunas están más próximas a la real gestión de los actores sociales, la que se inauguró en Santa Fe es la más alejada de una democracia autónoma.
El mecanismo de gobierno es el siguiente, el poder reside en los partidos, una mediatización más al ejercicio del poder de parte de la ciudadanía. Los partidos para colectar votos recurren a un ejército de colaboradores, esas personas que en la calle intentan ganar su voluntad, aunque no lo que no lo hacen por convicción sino siguiendo las órdenes de algún puntero. A la hora de ganar la gobernación o la intendencia el que tiene el ejecutivo (como se dice vulgarmente, la chequera) “retribuye” el esfuerzo realizado con algún carguito (una chapa como se dice en la jerga política) que será de mayor o menor importancia de acuerdo a los votos recolectados o la jerarquía en la estructura partidaria. Es así que los diferentes cargos son ocupados generalmente por personas que no tienen los conocimientos, aptitudes, actitudes, etc., necesarios para gestionar y toman decisiones apoyados en el levanta manos de los miembros de los cuerpos colegiados que obedecen las órdenes del ejecutivo. El legislativo (cámara de diputados o senadores o consejo deliberante) solo adquiere autonomía frente al ejecutivo, cuando la mayoría la tiene la oposición o el bloque opositor (como ocurrió en las cámaras de diputados y senadores luego de las elecciones de 2009 donde el llamado grupo “A” conformó una mayoría circunstancial y repartió cargos entre ellos (que por cierto fue lo único que logró esa mayoría).
Como no quiero ser solo crítico a nuestros “representantes” les acerco una idea (que por lo demás no es original mía, sino copia de Inglaterra) a ver si los motiva a pensar en una democratización real del sistema político.
Dividan la ciudad de Rosario en circunscripciones, digamos 25 (por decir un número), que cada una de esas circunscripciones decidan que deben hacer dentro de sus límites (que calles pavimentar, que cloacas hacer,  que veredas reparar, etc.) dejando los problemas comunes a toda la ciudad a un consejo deliberante integrado por representantes de cada circunscripción, los que serán elegidos por voto uninominal es decir una circunscripción un candidato por partido.
Cuál sería la ventaja, que si ese representante toma medidas en contra de los intereses de la zona, los vecinos podrán ir a golpearle la puerta de su casa porque como condición para ser electo debe residir en forma permanente en la zona, para que no pase como algún político que viene a Santa Fe cada cuatro años para postularse a gobernador.
Ideas sobran, lo que hace falta es confiar más en la participación plena del ciudadano y dejar de hacer de la política un negocio para pocos o una oficina de empleo para que esos pocos hagan negocio.
Hasta la próxima
P.D.: Un tema importante que ningún medio de prensa analizó, En votos a gobernador se anularon 97.984 votos, se impugnaron 913 y se recurrieron 1.861, en blanco 72.400 es decir 173.176 votos no válidos (9,81%) , para diputados se anularon 163.749 votos, se impugnaron 1.212, se recurrieron 2.214, en blanco 217.684 o sea  384.859 votos no válidos (21,82%). Este caudal de botos negativos tiene diversas explicaciones pero lo cierto es que el sistema no funcioná ta bien como quieren hacer ver los medios de comunicación o lo que es peor el 31,63% de los votantes rechazaron a todas las ofertas políticas, es para pensarlo.