sábado, 19 de marzo de 2011

Sobre la representatividad.

Después del recreo que implicaron las últimas entradas del blog, volvamos a la filosofía política.
Tomo una charla cotidiana en una Facultad. Una persona dice a otra “No vamos a permitir que elijan Decano a otra persona que no sea la que queremos nosotros, porque somos mayoría entre los estudiantes de la Facultad.”
Cuando escuché la frase me resonaron las voces que debatían en la Facultad en los años 70`, en esos años eran frecuentes los debates acerca de quién representaba el interés de la clase obrera. Existía una multiplicidad de partidos de izquierda, que se arrogaban ser desde el embrión hasta el partido de la clase obrera. Todos sostenían que los obreros debían tener un partido que represente a sus intereses y se postulaban para el cargo.
En general este era un debate al interior del campo marxista, ya que era esta la teoría que enunciaba la necesidad de pasar del capitalismo al socialismo y de allí al comunismo por vía de la acción revolucionaria y violenta llevada a cabo por el sujeto revolucionario (la clase obrera) conducido por su partido de clase.
El problema era que había más partidos de la clase obrera que obreros, allí se agolpaban en las discusiones para dilucidar quien representaba genuinamente los intereses de los obreros, organizaciones más o menos numerosas tales como: el Partico Comunista Revolucionario, el Partido Comunista, el Partido Obrero, el Partido Obrero Revolucionario, el Partido Obrero Revolucionario de los Trabajadores, el Partido Revolucionario de los Trabajadores (El combatiente), el Partido Revolucionario de los Trabajadores (La verdad), Vanguardia Comunista, el Socialismo Revolucionario, los Grupos Revolucionarios Socialistas, la Línea de Acción Revolucionaria, el Partido Socialista Popular, el Partido Socialista Auténtico, el Frente de Izquierda Revolucionaria, etc., etc., un amigo muy obsesivo que llegó a contar los partidos y embriones de partidos de la clase obrera cuenta que contabilizó más de cien y le faltaron muchos que ni conocía.
Ahora bien, la mayoría de estas organizaciones se reclamaban marxistas y decían representar los intereses obreros, y que sus ideas constituían ni más ni menos que la ideología del proletariado. Pero casi todos, por no decir todos, los dirigentes de estas organizaciones eran parte de lo que ellos mismos denominaban la pequeña burguesía, provenían de familias de clase media con buen nivel de vida, eran en su mayoría profesionales o estudiantes universitarios, y la gran mayoría de ellos hoy viven en countries, barrios de clase media y disfrutan de una posición económica cuanto menos holgada, y dentro de vida cotidiana de estas personas, las ideas de izquierdas suelen ser un buen motivo para reunirse y contar anécdotas de militancia pasada. Algunos, mas nostálgicos de la política adscribieron al Alfonsinismo Radical de los ochenta, al Menemismo de los noventa o al Kischnerismo de comienzos del milenio (recuérdese por ejemplo quienes conformaron el Grupo Esmeralda, que elaboró el discurso progresista que Alfonsín enunció en Parque Norte en los 80´, o algunos gobernadores actuales y tantos otros que militaron y militan como asesores, diputados, etc. de esos partidos habiendo pasado antes por esa izquierda revolucionaria.
Cómo funcionaba la lógica discursiva de estos actores sociales para que, un miembro de una clase social, pudiera considerarse líder y conductor de otra.
En primer lugar diré que esto no es nuevo, por ejemplo Moisés, que condujo según la biblia, al pueblo judío a la tierra prometida no era ni más ni menos que un príncipe egipcio[1] miembro del antiguo linaje monoteísta del Faraón Amenhotep, que luego tomara el nombre de Akenatón, para proclamar la existencia de un solo dios, Atón.
Los judíos siguieron a Moisés en busca de la tierra prometida como si fuera uno de ellos
Volvamos a nuestro tema, pareciera que la lógica discursiva sería esta, existe una propiedad sustancial y material de la vida en sociedad, la conciencia[2], que es susceptible de ser elaborada por fuera de los grupos que son portadores de la misma.
Los grupos que se constituirían en sujetos históricos del cambio social, serían a la vez grupos objetos, que deben comprender su destino histórico a través de la producción de sentido realizada por lo que Antonio Gramcsi, denominó los intelectuales orgánicos de clase.
Como determinan estos intelectuales orgánicos que ellos y no otros son los que enuncian la conciencia revolucionaria de la clase obrera, pues bien, la cuestión es sencilla, si uno lee “Del socialismo utópico al socialismo Científico[3], los marxistas se constituyen en los portadores de la conciencia proletaria por cuanto disponen del método científico para analizar la realidad, el Materialismo Histórico, la posesión del método hace que todos sus análisis sean objetivos, y por lo tanto son los únicos que pueden enunciar el desenvolvimiento histórico social. Siguiendo a Grancsi podríamos agregar que los marxistas son los intelectuales orgánicos de la clase obrera y que por lo tanto los partidos comunistas que los agrupan, se convierten en la organización de los intelectuales revolucionarios.
Con este curioso artilugio dialéctico un sector de la pequeña burguesía jacobina se constituye en la guía de los obreros en su lucha por l construcción del socialismo. Quien es que autoriza este espacio de representación de estos intelectuales, pues ni más ni menos que ellos mismos, que habiendo estudiado el marxismo son portadores del método científico para analizar objetivamente la realidad.
El problema es que no existe una realidad, ni tampoco una realidad objetiva, la realidad es una construcción que cada sujeto social realiza en función de la información que dispone, las herramientas con que cuenta para analizarla, la formación que posibilito que posea esas herramientas y los intereses individuales y sociales que sostienen la organización de su pensamiento.
Habrá tantas realidades como sujetos puedan pensar la experiencia y lo que denominamos “realidad” es la resultante del intercambio de todas esas maneras de analizar el entorno mediato e inmediato. Por lo tanto esa realidad, que denominamos objetiva, no es más que una construcción subjetivamente organizada en el espacio social del intercambio entre los seres humanos.
Un ejemplo simple pero ilustrativo, para un turista las montañas o las sierras constituyen un paisaje en el cual se siente transportado a la naturaleza, para un residente de las mismas puede no ser más que el lugar en el que vive, así como la ciudad no es para el turista antes referido, un paisaje, sino el lugar en el que vive, y puede serlo para el visitante ocasional que reside en las montañas o las sierras.
Lo interesante es que en la U.R.S.S. todas esas personas que compartían el método científico terminaron exterminándose unas con otras y sobrevivió el más fuerte, Joseph Stalin, y lo mismo ocurrió en todos los experimentos socialistas que se realizaron en los últimos cien años, lo que no significa desvalorizar o rechazar los principios que el socialismo tiene, los logros alcanzados por estos experimentos y los valores que a lo largo de su corta historia desarrollaron en los respectivos colectivos sociales.
La revolución francesa fue importante no solo porque derrocó a la monarquía en Francia, sino porque extendió el pensamiento liberal construido en los siglos XVI, XVII y XVIII a toda Europa exportando las instituciones democráticas a los puntos más apartados del planeta.
Estos dos movimientos del pensamiento, la democracia liberal y el ideario socialista, no son antagónicos, por el contrario son complementarios, y representan el punto más alto de la evolución del pensamiento humano que tiene como antecedentes históricos la filosofía griega de los siglos IV y V.
Pero ningún pensamiento lleva dentro de sí el carácter de verdad, ni constituye el fin último de la historia, la humanidad evoluciona en forma continua y no en forma lineal, con avances y retrocesos, a altos puntos de civilización los interrumpe la barbarie como por ejemplo los genocidios del siglo XX[4] en plena vigencia de la democracia liberal.
En este encuadre es que debemos ver la cuestión de la representación y su relación con la democracia. No existe una sola forma de democracia, lo que tenemos en general en los países occidentales y por supuesto en Argentina es una de esas formas que denominamos democracia indirecta o representativa, al decir de nuestra constitución, “el pueblo no delibera ni gobierna sino a través de sus representantes”. En el ciudadano no reside la soberanía de gestión, sino la soberanía de representación, es decir que Ud. cuando vota no gobierna sino que escoge a quien va a gobernar en su nombre. Ni siquiera otorga un mandato preciso a su representante, por cuanto ningún gobernante está obligado a cumplir lo que promete en campaña, y más aun muchas veces hace cosas que nunca prometió.
El representante no se compromete a nada con su electorado, puede votar, en el gobierno central o en el parlamento lo que le plazca, aun cuando haya prometido lo contrario y al fin de su mandato no rinde cuentas a nadie, más aún la generalidad de los ciudadanos no sabemos que es lo que votó la persona que dice representarnos.
Analizando un poco más en profundidad el sistema electoral de nuestro país, el ciudadano vota listas completas, lo que significa que vota a personas que no conoce, nunca escucho lo que piensa hacer si son elegidos y nunca le van a rendir cuentas. Y si Ud. ciudadano piensa que puede participar de una contienda electoral y proponerse para un cargo público cualquier persona, está muy equivocado, puesto que para poder participar tiene que hacerlo dentro de esas listas sábanas y ser miembro de algún partido legalmente reconocido. Esto último es muy importante, porque si un grupo de ciudadanos se reúne para acceder a la gestión, no necesariamente quiere decir que va a poder hacerlo, ya que para poder participar en una contienda electoral un partido debe tener reconocimiento legal es decir cumplir con los requisitos de la ley electoral que entre otras restricciones fija que los partidos políticos para poder participar en la siguiente elección, tienen que lograr un piso electoral mínimo que los habilite.
En conclusión la democracia representativa constituye un filtro a la participación en la gestión de la “Res-pública” de los ciudadanos, permitiendo establecer controles para que el poder de gestión y los privilegios sean defendido por un sector especial del colectivo social de un país, la burocracia de gestión, seleccionada desde adentro de los partidos políticos y formada por los mecanismos internos de sujeción ideológica de esos conglomerados.
¿Que otras formas de democracia podrían existir?, son varias, pero la que más nos interesa es la democracia directa. La democracia directa, que una cierta corriente de pensamiento erróneamente asimiló con las experiencias llamadas del socialismo real[5], consiste en la gestión de los intereses comunes a través de formas decisionales que se basan en el libre y autónomo ejercicio de la democracia de manera directa. Es la asamblea de ciudadanos reunidos en lo que los griegos denominaban la Ekklesia, la que toma las decisiones por mayoría.
La democracia directa implica la anulación de la representación y la reivindicación de la autonomía, el ciudadano no posee intermediarios, es él el que toma las decisiones y en los casos más extremos el que las ejecuta. Supone la eliminación de la sociedad heterónoma en la que el sujeto es sujetado por normas externas a él no solo físicamente, sino en la mayoría de los casos históricamente, por cuanto nos sometemos a normas establecidas, en no pocos casos, por los miembros de una o varias generaciones anteriores a la nuestra. Habilita la construcción de una sociedad autónoma, regida por normas votadas por los propios sujetos de las instituciones, normas que surgen de la voluntad y el debate entre pares y que son anuladas por ese mismo método de discusión y gestión.
Un lugar común es la crítica que se realiza a esta manera de tomar decisiones, argumentando que ello solo es posible en comunidades pequeñas. En primer lugar debemos decir que aun en comunidades pequeñas, como lo es por ejemplo una Facultad de una Universidad se usa la democracia representativa y los Decanos y demás autoridades, son elegidos en forma indirecta, ni siquiera por el voto directo de los actores universitarios, y en segundo lugar la democracia directa habilita pensar e imaginar al país desde una perspectiva estructural que va mas allá del paradigma federal imperante por ejemplo, en nuestro país.
Supone autonomizar los municipios, transferir todos los servicios y responsabilidades al Estado Municipal, en los grandes conglomerados federalizar esas comunas en varios municipios, en los cuales sea posible la gestión colectiva de la cosa pública. Se puede conjugar esta forma de tomar y ejecutar decisiones con formas federales que articulen y organicen el Estado Federal de manera de garantizar la equidad entre las diferentes unidades territoriales y el desarrollo autónomo pero homogéneo.
Vistas estas dos formas de democracia, no quiero cerrar este dialogo sin tocar el tema de la representación desde la perspectiva de la conciencia y los peligros que ello conlleva. En la década de los 70` era frecuente que los diferentes grupos de izquierda argumentaran la necesidad de la violencia y la toma del poder por la vía armada para construir la nueva sociedad socialista, para ello se autodefinían como representantes legítimos de los intereses de los sectores más vulnerables.
Más allá del debate que supone pensar que medidas económicas y sociales es necesario tomar para lograr la igualdad, y más aún que tipo de igualdad propugnamos, lo que estos grupos a los que nos referimos, tenían como fuente de legitimación de su conciencia de auténticos representantes de los sectores más desfavorecidos de la sociedad, era su propia representación, es decir, representaban los intereses progresivos de la sociedad porque ellos, a través de su análisis “científico” lo habían decidido, y el uso de la violencia los constituía en un grupo social diferenciado que buscaba imponer en forma autoritaria un modelo social al conjunto. No existe ningún grupo que pueda arrogarse la representación de una fracción de la sociedad (una clase por ejemplo) y menos aún de toda la sociedad, porque las colectividades humanas (sean estas países, barrios, grupos étnicos, etc.) son esencialmente heterogéneas, están constituidos por representaciones comunes o imaginarios colectivos, pero también por intereses y percepciones diferentes de ciudadano a ciudadano, de grupo a grupo, de clase social a clase social.
Cuando en una organización, colectividad o país un grupo no puede definir las diferentes posiciones a su favor, necesariamente no es mayoría, porque el resto aunque se constituya por sujetos que piensen diferentes se conforman en una mayoría circunstancial, y el hacer democrático define que esa mayoría circunstancial[6] es la que decide.
Y si algún grupo no está de acuerdo con las normas establecidas para tomar las decisiones, debe tratar de lograr una mayoría circunstancial que permita cambiar en ese momento histórico social esas normas.
Porque en definitiva, amigo mío de eso se trata la democracia, de debatir y tomar decisiones que luego pueden ser cambiadas por nuevos consensos.
Hasta la próxima.







[1] No quiero decir que esta sea la única interpretación pero existen muchos trabajos en esta línea de pensamiento uno de ellos de Sigmund Freud: Moisés y la religión monoteísta que incluso habla de más de un Moisés en la Mesopotamia.
[2] No nos referimos a la conciencia individual que es una propiedad emergente de la materia, el cerebro que se localiza en la corteza cerebral con una funcionalidad que le otorgan las redes neurosemánticas, sino a la conciencia social o de clase.
[3] Engels F. (1973) Del socialismo utópico al socialismo científico. Marx y Engels obras completas. Ed. Ciencias del Hombre. Bs As.
[4] Por ejemplo el genocidio del pueblo armenio, el holocausto judío etc.
[5] En países capitalistas como Suiza se desarrollan en los cantones experiencias de democracia directa, mientras que en los países del socialismo real la forma democrática fue la de democracia indirecta, es decir los ciudadanos votan por un representante que se autonomiza del colectivo una vez elegido..
[6] Todas las mayorías son circunstanciales duren más o menos tiempo.

sábado, 12 de marzo de 2011

Don Agilio.

El bondi se desplazaba con lentitud en la tibia mañana de primavera, le resultó extraño que se detuviera tan cerca del cordón, distraídamente miró hacia la puerta y vió a dos ancianos trepando trabajosamente por la escalera delantera. Sin saber por qué, o tal vez sí, dos palabras tomaron por asalto su mente: Don Agilio.
El nombre había sido el producto de un apresuramiento del empleado del registro civil que no entendió al nono cuando fue a anotarlo como Egideo, pero él exhibía con orgullo aquel nombre que casi no existía en el país.
Fue un hombre épico, pero su existencia no fue narrada en texto alguno; tampoco se ocuparon de él la televisión, los diarios o la radio.
No conquistó regiones, no construyó imperios, no liberó países.
Si bien no fue actor, ni político, y por ello no formó parte de la farándula, hizo mucho más de lo que se le podía pedir a un ser humano: dio su vida por lo que quería.
La entregó a jirones en sus interminables viajes por ignotos pueblos, a los que llegaba con su carga de alegría y optimismo, en bicicleta, moto, jeep o en el renolcito rojo.
Recorrió casi todo el país y derramó en cada rincón su jovialidad y vitalidad.
También bailó sobre las mesas en noches de milonga y vino.
Cosechó muchos amigos, no se le conoció un solo enemigo, plantó muchos árboles, aunque no llegó a escribir un libro, sean por ello estas líneas un tributo que pretende completar esta carencia y por sobre todo perpetuar su memoria.
Los mass media nunca se ocuparon de él, tal vez porque como los millones que día a día, con su esfuerzo sostienen la realidad, no fue noticia.
No ganó la lotería, aunque por años, cada semana, compraba el 24613, con esa esperanza que oprimía nuestros corazones y los desgarraba cada sábado cuando retornaba del centro silenciosamente porque el maldito número no había salido.
No quiso ser político, nunca le interesó; por sobre todas las cosas era un hombre honesto, decente y trabajador, cualidades que generalmente no se encuentran entre los políticos.
Nunca tuvo a su lado vedettes o arribistas, pero sí una mujer que lo amó y cuatro hijos que lo adoraron, a los que cuando partió les dejó tan sólo su idea de la decencia y su querido recuerdo, lo cual no fue poco.
Nació con la radio, cuando el cine divertía sin palabras y Buenos aires era una gran aldea en cuyas calles compartían el tránsito tranquilo carros con caballos y esa curiosa novedad, el automóvil, que con el tiempo llegaría a ser peor que las siete plagas que asolaron a Egipto.
Cuando su madre lo acunaba lamentándose que a sus cuarenta y dos años era tan vieja que no lo vería crecer y se preguntaba por qué Dios era tan injusto enviándole su primer hijo varón recién ahora, miles de su misma condición social comenzaban a morir luchando por una vida mejor a la salida de los Talleres Vasena, durante la semana trágica, o en la ignota y lejana Patagonia rebelde.
A los nueve años ya era el hombre de la casa, su padre partió prematuramente en ese invierno de 1928, dejando una viuda y seis hijos, cinco de ellas mujeres.
Desde joven fue un hombre de honor, en el buen sentido del término, como lo fue su padre, aquel tano trabajador venido de Italia a finales del siglo XIX, que abandonó el taller ferroviario  porque un capataz lo acusó de robar una herramienta, y nunca volvió, aunque más tarde se supo que era inocente.
El honor, en esos días, según sabía contar, era el único patrimonio que tenía un pobre y por lo tanto se defendía hasta con la vida, no como hoy que las manchas al mismo suelen ser mostradas como grandes logros.
Para Ettore Pío el honor era un bien tan preciado que prefirió morir en la pobreza, antes de volver allí dónde habían dudado de él.
A su turno Don Agilio, con sus casi quince años, prefirió clavar una lima sin mango a escasos centímetros de la cabeza del deslenguado profesor que lo acusó de robar y no volver nunca más a la Escuela de Artes y oficios, aún cuando el “conejo” Diana, el eterno regente del establecimiento le pidiera disculpas y lo invitara a regresar.
A los dieciocho años entró en la Sudan y nunca más se fue. Vivió toda una vida para la empresa que sentía como propia, más aún cuando en 1948, Perón la convirtió en patrimonio del Estado renombrándola como Agua y Energía Eléctrica de la Nación.
Había que ver la alegría y el orgullo que tenía cuando su vástago mayor siguió su camino y se incorporó a la empresa para continuar lo que él por décadas había construido. Lastima que el menor se descarrió y prefirió ser Psicólogo rompiendo con la incipiente tradición familiar.
En 1941 el destino quiso que recalara en un pequeño pueblecito de la Provincia de Santa Fe, San José de la Esquina, que bajo la denominación de San José de la Guardia o el Fortín, había participado de la línea defensiva de la “civilización” para resguardarse de la “barbarie de los salvajes infieles” que en malón solían asolar los pagos que se hallaban cerca del llamado desierto.
Allí conoció a Clemencia, con la que compartió 58 años de vida. La vió, se enamoró y nunca existió para él otra mujer.
Es una pena ver tantas historias de amor en los cines; Marco Antonio y Cleopatra, Salomón y la Reina de Saba, Romeo y Julieta, Harry y Sally, Bonnie and Clyde, y que ésta no haya sido registrada, aún cuando,  como miles de millones que existieron y existen en la historia de la humanidad, fue mas intensa, real y duradera que las que inmortalizó el celuloide del Séptimo Arte, pero que, por cotidiana no mereció ser filmada.
La vida cotidiana que sostiene a la civilización no reviste ningún atractivo que la haga merecedora de ser narrada. Pero, y ésta es su revancha, genera historias más reales, dulces y cálidas, aunque no contengan ese ingrediente que moviliza la curiosidad obscena de los humanos, o produzcan el morbo estimulante del voyeurismo que encontramos en el “affaire” de una vedette con un político, en la separación de un presidente, o en cualquier otro escandalete farandulesco.
Nunca lo invitaron a su programa Grondona, Neustad, Lanatta, Aliverti, Mirta, o cualquier otro de esos periodistas qué, aunque se esmeren por parecer distintos, en lo fundamental son iguales, todos viven de la noticia, esa curiosa construcción apócrifa de la realidad, que bajo la invocación a la “verdad” es contada según los intereses de cada uno, pero con el mismo objetivo globalizador, sostener esa pequeña o gran cuota de poder que les permite continuar con su placentera y célebre existencia virtual, mientras su esencia y sentimientos se desplazan, ocultándose de la mirada indiscreta y peligrosa de rivales y tevescuchas.
Tuvo su momento bohemio o gitano, según sea el ángulo desde el cual se lo mire, y mientras pudo con su pequeña tribu fue de pueblo en pueblo, pero cuando la carga aumentó en número recaló en otro pequeño pueblito, esta vez en la provincia de Buenos Aires.
Nuevamente el destino caprichoso y lacerante, lo colocó ante la disyuntiva de ser el mismo, manteniéndose fiel a sus ideas y principios, o pasar por las horcas caudinas, que en aquellos violentos años cincuenta, había instalado un peronismo con ambiciones hegemónicas e intolerantes.
Tenía que elegir entre mantener el bienestar y la comodidad o renunciar a su dignidad de hombre libre, agachando la cabeza ante las demandas del poder, y como muchos en esos días, afiliarse al partido, o ser castigado por el régimen.
Aceptó estoicamente el castigo y abandonó el cargo que con tanto trabajo y dedicación había obtenido, volvió al llano en la empresa que tanto amaba y si no fue brutalmente despedido, fue porque el golpe del 55’ desalojó al peronismo del gobierno.
Nunca pensó en la venganza, ello no se correspondía con esa esencia de hombre bueno y equilibrado que se trasuntaba en un rostro afable en el que no se distinguía ni una arruga.
Siguió trabajando, haciendo lo mejor que podía y más aún. No se desvivía por el ansiado ascenso que lleva a muchos a vender a sus compañeros por dos monedas de plata o un carguito.
Pero no debe confundirse la mesura de sus expectativas con la resignación frente a la vida. Siempre encontraba algo para hacer, buscaba permanentemente mejorarse, crecer espiritual y materialmente.
Alguna vez fue un curso de armador de radio por correspondencia, otra fue la búsqueda de algún dispositivo ingenioso o una idea nueva en Mecánica Popular, como testimonio de ello quedan en su casa una radio que nunca alcanzó a capturar ninguna estación pero que si atrapaba nuestra curiosidad cada vez que se acercaba para hacerla andar, y la colección de revistas que por años estuvo almacenada en el viejo mueble del comedor reemplazado cundo se renovó el mobiliario.
Hombre inteligente, de una practicidad increíble, podía saber por qué ocurrían los desperfectos eléctricos mejor que un ingeniero, aunque no pudiera dar cuenta teórica de ello.
Aún permanece en el recuerdo la imborrable sonrisa de orgullo que mostraba ese señor apuesto y atildado, cuando erguido y galante entró a la iglesia para entregar a esa bella adolescente – mujer a su “nuevo dueño” en una ceremonia tan ancestral como mágica que renueva en cada ocasión un pacto entre sexos que reconoce sus orígenes en los albores de la civilización.
Don Agilio nos alegraba con su llegada cada viernes, con él venían los regalos y el placer de gozar por tres días de su compañía, luego, como todos los lunes a las cinco de la mañana, su mujer lo despertaría, le prepararía un café con leche caliente que depositaría en la mesa para que se entibiara, y mientras él se lavaba, abriría el portón, pondría en marcha el motor de auto para que se calentara y él subiría para cumplir con el rito semanal de alejarse del hogar para conseguir el sustento familiar, igual que el cazador sale a buscar a la presa para alimentar a los suyos.
En la tranquila vida de Don Agilio los segundos se hicieron minutos, los minutos horas, las horas días, los días meses, los meses años. Sus cachorros crecieron y se hicieron hombres y mujeres y se fueron yendo de a uno en uno.
Aquella casa de tres habitaciones (una para la pareja, otra para las nenas y la restante para los nenes) comenzó a percibirse como gigantesca sin tanto ruido y discusión.
Con su mujer se quedaron solos y él sintió que era la hora de darle al cuerpo un descanso. Apagó el motor, no puso mas en hora el reloj, saludó a los compañeros de toda una vida y con esa pesada pero hermosa carga de recuerdos y afectos se retiró a la plácida vida pueblerina de Galvez, la ciudad que lo vió nacer y que quería que lo viera morir.
Atrás quedó aquel año en Buenos Aires, cuando recién casado comía arroz hervido o parvas de ñoquis porque Clemencia muy joven y inexperta en la cocina le erraba a la cantidad.
Atrás quedaron aquellas tretas de subir al tranvía y cuando el guarda le quería cobrar el boleto luego de varias cuadras preguntaba inocentemente, ¿este tranvía va a Chacarita?, y al recibir la respuesta, no pibe va para el otro lado, bajarse rápidamente y volver a realizar la operación que le permitía ahorrar unos centavos que luego se convertían en pan que depositaba en la mesa familiar.
Atrás quedaron los tiempos de la larga caminata de 24 kilómetros para darle el último adiós a aquella anciana madre, que un día juzgó que había vivido demasiado y con 83 años se dejó caer suavemente en su lecho para esperar resignadamente la muerte.
Atrás quedó la bicicleta italiana con la que a fuerza de pedal y voluntad viajaba a los pueblos cercanos para ahorrarse esos pocos pesos que servían para darle algo mejor a sus hijos.
Atrás quedaron la Pumita primero y la Crawdet después con las que salía en las frías alboradas de invierno a buscar el peso diario para mantener a los suyos y que debiera abandonar a instancia de una esposa acongojada luego del choque en un camino polvoriento con un sulky que no pudo alcanzar a ver.
Atrás quedó el susto del vuelco del Jeep carrozado en la curva de Pagotto.
Atrás quedó aquella rueda traviesa del Renault Gordini que cansada de dar vueltas y vueltas sin saber para que, se decidió a romper su vínculo con la carrocería haciendo que el auto volcara para que en pase mágico de la tecnología virara del gris metalizado al rojo bermellón.
Atrás quedaron los largos viajes a San José de la Esquina o Punta Alta con todos los suyos en los que entonando alegres canciones o parándose a la vera del camino a tomar mates o realizar un improvisado camping, matizaban las largas horas sobre el duro pavimento sabiendo que el premio era ver a tíos y primos que hacía años que no veían, o darse un chapuzón en el mar o en el arroyo.
Atrás quedaron las vacas que según decía en tono de broma le señalaban el camino a San Genaro y que con cara de sorpresa le respondía al interlocutor ingenuo que lo interpelaba sobre la posibilidad de que en algún momento no estuvieran, ¡¡¡sabe que no lo pensé!!! para luego largar una carcajada.
Atrás quedaron esos quince minutos de siesta en el asiento del auto a la mañana, antes de entrar al trabajo, que le permitían reparar el cansancio de horas de viaje.
Juntó sus cosas y se volvió definitivamente a Galvez, con su más preciado tesoro bajo el brazo, el pergamino de reconocimiento firmado por todos sus compañeros de trabajo, que luego tendría un espacio privilegiado en la pared, para mostrar a todos los visitantes que entre los anónimos seres que construyen cada día nuestra historia todavía se reconocen los valores que parecieran haber perdido los que mandan.
Apenas jubilado alguien le propuso integrar la Comisión Directiva de la Cooperativa Eléctrica del pueblo y él, que todavía sentía el hormigueo que le indicaba la necesidad de continuar construyendo, se sentó en un asiento del Consejo Directivo y quiso hacer las cosas bien, como correspondía. Duró poco, porque empezó a chocar con tejes y manejes que no le parecieron claros y antes de entrar en conflicto o sentirse nuevamente compelido a elegir entre la decencia o el buen pasar, prefirió refugiarse en la tranquilidad de su casa y encarar alguna actividad que no implicara esos riesgos.
Padeció esa curiosa enfermedad social que ataca a quienes se jubilan, comienzan a sentir que la comunidad no les da lugar, que habiendo dado todo por los que los rodeaban, se les niega ahora, en la última etapa de sus vidas, la posibilidad de continuar siendo protagonistas de la cotidianeidad, aportando la mucha o poca experiencia que acumularon a lo largo de su vida laboral.
El jubilado se siente compelido a hacer notar que está vivo, que continúa siendo un sujeto del deseo y de la sociedad, que quiere seguir siendo reconocido como un miembro mas de la comunidad. Don Agilio también pasó por ello, primero tomo un conchabo para ayudar a unos amigos en el negocio que recientemente habían puesto, y luego se sumó a las damas de beneficencia para trabajar con ellas. Más tarde se incorporó al centro de jubilados y sin darse cuanta fue siendo parte del gheto de los que son visto como los viejos.
A los viejos la sociedad los condena al gheto, les propone actividades que por lo general no tienen trascendencia social, son tratados como los niños a los que solo se les permite hacer cosas “como de mentirita”.
De alguna manera Don Agilio percibió aquello y su respuesta fue apartarse lentamente de cada una de estas actividades, recluyéndose progresivamente en su casa.
Como un candil que al ir agotándose el combustible va perdiendo lumbre, se fue retirando lentamente sobre sí mismo y los suyos. Los pocos que lo trataron por esa época recuerdan que continuó siendo la misma persona, tierna y amable, y quizás, por la tranquilidad, mas que antes, pero sus movimientos cada año se fueron limitando. Los excesos de tabaco en su juventud, las exigencias de un trabajo peligroso y los esfuerzos de los interminables viajes comenzaron a notarse; y un día el físico exhausto de Don Agilio dijo basta y dejó a todos con esa pena que sólo se experimenta cuando se pierde aquello que quisimos mucho y necesitamos más.
La mesa familiar que reunía a los suyos bajo su austera presidencia en la cabecera de la misma en las fiestas de fin de años, para un cumpleaños o cualquier otro motivo. Sigue existiendo solo que cada vez que se reúnen todos sienten un estremecimiento frente a la silla desocupada, pareciera que las risas se ahogaron, que un vació pesado e infinito se apodera de todos y aunque no lo digan la ausencia de Don Agilio se siente más en esos momentos de reunión que cuando están a solas con sus recuerdos.
Don Agilio se fue con la tristeza de quienes lo conocían, no fueron muchos los que lo acompañaron a su última morada, pero en ese pueblo que lo vió nacer y morir continúa sintiéndose su ausencia.
El viento no se detuvo, el tiempo sigue su rumbo y cada día un pedacito de nosotros muere con cada uno de esos anónimos Don Agilios que se marchan sin que les hagan notas en la T.V., en los diarios o en la radio, pero que sin ellos no existiría ni la T.V., ni los diarios, ni la radio,....ni nosotros.
Como un candil que al ir agotándose el combustible va perdiendo lumbre se fue retirando lentamente sobre sí mismo y los suyos. Los pocos que lo trataron por esa época recuerdan que continuó siendo la misma persona, tierno y amable, tal vez, por la tranquilidad, mas que antes, pero sus movimientos cada año se limitaban más. Los excesos de tabaco en su juventud, las exigencias de un trabajo peligroso y los esfuerzos de los viajes interminables comenzaron a notarse; y un día el físico exhausto de Don Agilio dijo basta y dejó a todos con esa pena que solo se experimenta cuando se pierde aquello que quisimos mucho y necesitamos más.
Don Agilio se fue con la tristeza de quienes lo conocían, no fueron muchos los que lo acompañaron a su última morada, pero en ese pueblo que lo vió nacer y morir continúa sintiéndose su ausencia.
El viento no se detuvo, el tiempo sigue su rumbo y cada día un pedacito de nosotros muere con cada uno de esos anónimos Don Agilio que se marchan sin que les hagan notas en la T.V., en los diarios o en la Radio, pero que sin ellos no existiría ni la T.V., ni los diarios, ni la radio,....ni nosotros.

En recuerdo de mi padre, que creia en la honradez y la honestidad como valores humanos

viernes, 4 de marzo de 2011

Sobre el amor.

Reflexionemos sobre un tema importante, pero sobre el cual discurrimos poco. Tal vez, esto ocurre porque sobre el amor no es posible pensar, sino sentir. Por lo tanto trataré de expresar en palabras mi sentimiento, que aunque parezca una paradoja implica una racionalización acerca de un objeto no racionalizable.
En primer lugar es necesario hacer una taxonomía al respecto, ya que si hablamos de amor debemos tener en cuenta que existen diversos tipos, que implican distintos sentimientos, modos de manifestación, intereses, etc.
No es lo mismo el amor de una madre a su hijo en el que predomina la ternura, el instinto de defensa, la abnegación, que el amor entre un hombre y una mujer, en el que podemos encontrar la pasión, el deseo, aunque también la ternura y el cariño.
Para poder pensar mejor el tema en este trabajo dejaré de lado las otras formas de amor y me circunscribiré al análisis del amor sensual.
No podemos pensar que el amor es uno y para toda la vida, ese criterio es cultural y social. Esto nos lleva a otra clasificación, hay amores largos y amores cortos, amores intensos y amores sensibles.
Lo importante del amor es vivirlo en el día a día, sentir lo que significa el otro para uno en cada instante. Ocurre que muchas veces que las personas pensamos que planificando nuestro futuro aseguramos nuestras vidas, sin embargo los seres humanos tenernos un dato insoslayable, el límite irrebasable es la muerte, y ella no tiene ni fecha ni edad, llega en el momento menos esperado, arrasando con todas las planificaciones y proyectos.
Si bien, en materia de vida en general, la previsión constituye una defensa que nos protege de una vejez infeliz por falta de recursos, o nos ayuda a salvar las contingencias de la vida, en materia de sentimientos, no hay previsión posible, solo tenemos el goce de experimentar sensaciones nuevas en cada momento.
Veníamos diciendo que el amor es un sentimiento polifacético, complejo, multidimensional. En él, como dijimos más arriba, encontramos la pasión intensa, el deseo más vehemente, la búsqueda de la satisfacción más completa, junto a la ternura más delicada, el cariño más tenue, la dulzura más sutil. En el amor encontramos la felicidad, pero también el sufrimiento, gozamos y sufrimos por el ser amado.
El amor es un desafío que nos lleva a enfrentar peligros que afectan nuestra integridad psíquica y física. Pareciera que cuando estamos enamorados perdemos o se debilitan ciertas nociones que nos llevan a preservar nuestra vida.
Porque ocurre esto con las personas enamoradas, intentaré formular algunas ideas para que podamos compartir una búsqueda conjunta.
En primer lugar no es lo mismo amor que sexo, este último en los seres humanos asume la característica de a-funcional, es decir que somos, a diferencia de los otros animales, seres que gozamos más allá del placer de órgano, con la imaginación.
Pero necesariamente, aunque no son lo mismo, el amor se vincula al sexo, el amor es una construcción imaginaria, no amamos lo que es, sino lo que imaginamos que es, y no gozamos con el cuerpo del otro, sino con la construcción imaginaria que realizamos de ese cuerpo, el cuerpo más bello para un enamorado es el de su objeto de pasión.
En la construcción imaginaria a la que hacemos referencia se incluyen todos los parámetros culturales y sociales, entre los que contamos las cuestiones referidas a la estética de la época, los conceptos de cultura que tenemos, las demandas inconscientes, etc.
Esta construcción imaginaria se cruza con otras cuestiones que tienen que ver con sensaciones que promueven una serie de alteraciones corporales y psíquicas, dando como resultado el estado de enamoramiento.
El estado de enamoramiento es, en una primera fase, si se me permite la expresión, un estado de extrañamiento del sujeto, en el cual deja de ser sí mismo para pasar a ser parte de algo mas abarcador y simbiótico que comúnmente denominamos pareja. Mientras dura este estado, los sujetos dejan de ser uno para convertirse en una unidad superadora vinculada por sentimientos de pasión, ternura y cariño.
En este estado, los enamorados pierden las nociones de tiempo y realidad, ya que como señalara Einstein para dos enamorados una eternidad es solo un instante, y en ese instante se suceden un conjunto de secuencias experienciales que toman valor y definición solo dentro del imaginario construido por ellos. En esta fase nos encontramos con la idealización de la persona amada, ella alcanza la perfección y todo en ella es de una belleza inimaginable, el corazón late aceleradamente ante su presencia y las hormonas se revolucionan. Las relaciones sexuales adquieren un carácter especial y la piel vibra al compas de los valses vieneses, el roce de la piel produce una sensación de suavidad y el cuerpo en conjunción con la psiquis alcanza el clímax emocional y sensitivo.
En la segunda fase los enamorados comienzan a retornar a su vida terrenal, podríamos decir que se reintegran al mundo que hasta ese momento parecía que no existía, y la pasión del primer momento comienza a compartir sus espacios con los sentimientos cariñosos, aparece el compañerismo y la necesidad de estar juntos, pero respetando las individualidades. Se comienza a transitar un camino que involucra el conocimiento mutuo, la profundización de la relación mediante la incorporación de un consenso compartido acerca de las responsabilidades de la pareja. Estamos ante el comienzo de un diálogo fecundo que surge de un compartir sereno e involucra patrones culturales referidos a las instituciones más importantes de la sociedad, la familia, los grupos de referencia, los espacios laborales, etc.
La tercer etapa es la que podríamos denominar la del proyecto, este es el momento en que los enamorados visualizan la posibilidad de construir un futuro conjunto y comienzan a incorporar a sus diálogos cotidianos, a los momentos de placer, al compartir de a dos, la necesidad de vertebrar planes y diagramación de recorridos que involucran con mayor fuerza esas instituciones fundantes de la sociedad moderna como lo son la familia, la vida social compartida, la necesidad de establecer espacios comunes.
Cuál es la etapa más importante del enamoramiento, es difícil precisarlo, pues ello depende de las experiencias de vida de cada uno de los integrantes de la pareja, de todas maneras las etapas posteriores no anulan las anteriores sino que las sintetizan en un movimiento integrador que si es eficaz tiene como resultado la consolidación del sentimiento.
Hemos desarrollado un recorrido lineal prototípico, que no necesariamente es el que se desarrolla en la existencia de un vínculo amoroso. Se podría establecer que este derrotero es un camino que podríamos denominar de desarrollo ideal, pero en la vida cotidiana existen una multiplicidad de factores que atentan contra el vínculo libidinal y producen crisis, desencuentros, búsquedas nuevas y retornos esperables.
Si la pareja de enamorados no logra recrear el sentimiento en forma permanente, produciendo innovaciones que permitan refundar cada día la mística del enamoramiento, necesariamente se producirá la crisis y con ella el surgimiento de un tercero, o tan solo el alejamiento que debilita el vínculo.
El amor, mis queridos lectores es como una plantita, de esas que solemos tener en un macetero en nuestros balcones, si no la cuidamos, la acción de los elementos de la naturaleza termina debilitándola y se seca, solo que en el caso del amor los elementos actuantes sobre los enamorados son fundamentalmente de tipo social y vincular.
Pero, cuando hubo fuego, cenizas quedan dice el refrán, y cuando dos personas han pasado por la experiencia del amor, el amor verdadero que les permitió compartir un tiempo de felicidad (largo o corto) algo de ese vínculo quedará en ellos y en forma permanente tenderán a buscar nuevos encuentros y reencuentros, aun cuando sepan que ellos pueden ser fallidos y acarrear una importante dosis de sufrimiento. No hay nada peor que el desencuentro de dos personas que se amaron profundamente, y como en la “Guerra de los Roses”, la ternura y el cariño pueden ser reemplazados por el odio y la violencia que en muchas ocasiones lleva a intentar destruir ese objeto que tanto deseamos y que en algún momento sentimos.
Hasta la próxima.

lunes, 14 de febrero de 2011

Existe un proyecto de país o tenemos un país que es un proyecto.

Mucho se debate en estos días alrededor de una palabra muy significativa en la historia humana: el proyecto.
Para cualquier actividad los seres humanos, antes de llevarla a cabo, realizamos un proyecto. Cuando planeamos nuestras vacaciones hacemos un proyecto que contiene una búsqueda de datos respecto a lugares posibles, costos, disponibilidades o comodidades, etc., luego organizamos esos datos para darle coherencia a la información, comparamos las distintas posibilidades y tomamos decisiones. Vacacionar es la puesta en acto de un proyecto que alguno o todos los miembros de un grupo realizan. Más aún a la vuelta de las vacaciones realizamos una evaluación de nuestras peripecias que supone analizar el cumplimiento del proyecto y los logros que el mismo posibilitó. Cuando vayamos al año siguiente a pensar nuestras vacaciones tendremos en cuenta nuestras experiencias anteriores y esos logros o fracasos tendrán peso en la elaboración de un nuevo proyecto.
Así como tomamos las vacaciones podríamos tomar distintos aspectos de nuestra vida familiar o social y efectuar el mismo análisis.
En docencia, en investigación, en la vida profesional, aparece el proyecto, más aún, hubo un gran pensador existencialista que decía que la vida es un proyecto hacia la muerte, los seres humanos hacemos de nuestra vida un proyecto cuyo límite es tan solo la finitud de la existencia.
Pero si existe un campo en el que el proyecto asume una particularidad importante es en el campo de la política. Todas las organizaciones tienen proyecto, mas aun organizar es proyectar, pero en esa gran organización que es una sociedad, es imprescindible la formulación de un proyecto.
Y en este punto aparece una serie de interrogantes de importancia. ¿Cuál o cuáles son los proyectos que existen en una sociedad?, ¿en que consiste o que es un proyecto de sociedad o país?, ¿Quién o quiénes son los que construyen un proyecto de sociedad?
Trataré de responder estas preguntas ordenadamente. Con respecto a la primer pregunta, en los años setenta la respuesta era obvia, se consideraba que existían dos proyectos de sociedad: el proyecto capitalista (con sus matices capitalismo desarrollado, semicolonial, neocolonial o colonial) y el proyecto socialista que se había plasmado en la sociedad soviética de 1917 a partir de la revolución bolchevique encabezada por Lenin y que luego aparecería en china en 1949 al final de la larga marcha de Mao Tse Tung, en Indochina entre 1954 y 1973 en lo que va de los franceses en Dien Bien Phu por el General Vo Nguyen Giap, al tratado de paz entre Viet Nam y EE.UU., en Cuba en 1959 con el régimen castrista y en una cantidad de caricaturas socialistas en África (Somalia, Etiopía, Angola, Mozambique).
El proyecto socialista fue de fracaso en fracaso, derivando lentamente a un capitalismo monopolista de estado de corte autoritario, con el cercenamiento de las libertades democráticas y con una alta ineficiencia de la economía, colapsando el 9 de noviembre de 1989 con la caída del Muro de Berlín y el sinceramiento de estas economías como capitalistas con una alta asimetría social.
En cuanto al proyecto capitalista no existe uno solo. Albert[1] analiza diversos modelos capitalistas pero centralmente ubicamos dos el modelo americano y el modelo renano.
Podemos establecer diferentes proyectos dentro de estos modelos (no es lo mismo el desarrollo alemán, que el sueco o el dinamarqués) pero se rescatan algunas diferencias importantes. El modelo americano implica una alta desigualdad social, una confianza plena en las fuerzas del mercado y una significativa consideración del individualismo lo que supone una explotación extensiva de la mano de obra, y un menor riesgo de desocupación, con un menor grado de eficiencia del trabajo. El modelo Renano y por extensión el capitalismo Europeo se desarrolló en sociedades más inclusivas que la americana, con un menor grado de desigualdad social, mayor respeto al Welfare State, que supone la existencia de mayores redes de contención social a los sectores más vulnerables de la sociedad. Implicó un mayor grado de incorporación tecnológica a la producción, la abolición de sistemas onerosos para la salud como por ejemplo el taylorismo, mayor productividad del trabajo pero con mayores riesgos de incremento de la desocupación.
Ambos sistemas de acumulación capitalista tienen sus panegíricos que ponen en evidencia las ventajas competitivas de las diferentes economías basadas en uno u otro sistema.
En el plano de las teorías económicas vemos que Europa ha sido más fiel al keynesianismo o neo keynesianismo que aporta la idea de la necesidad de una intervención directiva del Estado sobre la vida económica y social, mientras que el modelo americano ha sido colonizado por el pensamiento económico neoliberal que minimiza la acción reguladora del Estado y confía en la total regulación de las fuerzas del mercado.
Argentina y en general la América del sur ha tenido una tendencia a la vacilación en lo referente al modelo de proyecto de desarrollo que quiere implementar.
En los noventa nuestro país profundizó la tendencia iniciada con el rodrigazo en 1975 implementando un modelo de capitalismo salvaje, basado en el mercado y en el que grandes segmentos de la población excluidos de los mercados de trabajo eran condenados a la más profunda de las miserias.
La famosa teoría del derrame por la cual, cuando rebalsara la copa de la acumulación capitalista generada por la liberación de la vida económica, toda la población gozaría de las bonanza de una economía en crecimiento, nunca se cumplió y en 2001 estallo un sistema que había venido acumulando tensiones en su base y que mostraba números tremendos de un 40% de la población con problemas de empleo, un 75 % de pobreza y un 23 % de indigencia.
A partir del 2003 asumen el control del Estado los representantes de una burguesía industrial ligada al mercado interno que sostiene a un grupo concentrado de empresas prebendarías ligadas a las dádivas del aparato burocrático del Estado. Pero por esta ligazón con el mercado interno y por la necesidad de reflotar la competitividad de la economía argentina este sector lleva adelante un proyecto que se orienta a atender las necesidades de los sectores que se encontraban en mayor estado de vulnerabilidad, complementando sus políticas económicas con acciones orientadas a relegitimar las superestructura del Estado, fundamentalmente la justicia, tan vapuleada por el menemismo[2].
No son pocas las medidas que implementaron los Kirschner en estos años y que se orientaron a mejorar el nivel de vida de muchos sectores de la población excluidos por el menemismo. No haremos mención de estas acciones porque ya las desarrollamos en otros artículos de este blog.
Lo que si queremos señalar, como lo hiciera en un reportaje el dirigente de Autonomía y Libertad, Luis Zamora, que las medidas que se tomaron en los últimos 7 años se orientaron muchas de ellas en un sentido progresivo, beneficiando a grandes sectores de la población y facilitaron que muchos argentinos pudieran reprocesar la interpretación del mundo que día a día construían los grandes grupos monopólicos comunicacionales. El sepelio de Kirschner es una muestra de una nueva mentalidad reflexiva de grandes sectores de la población, especialmente los jóvenes, que vuelven a confiar en la política como herramienta de transformación y a pensar que la pobreza no es una cuestión natural, que la desigualdad no es un camino obligado, que es posible tener una vida digna en el marco de la dignificación social.
Es entonces que, volviendo a las preguntas iniciales, al interrogante ¿Quién o quiénes son los que construyen un proyecto de sociedad?, recuperando al viejo maestro Castoriadis podemos decir que el mismo no saldrá de una mente lúcida o de un conjunto de iluminados reunidos en un partido revolucionario, sino que el proyecto social es un resultado de la acción colectiva y autónoma de todos los actores sociales. Y no solo de los actores sociales contemporáneos, sino que un proyecto social eficiente en términos de desarrollo humano sustentable es un proyecto continuo que se construye por la acción solidaria y cooperativa de muchas generaciones que en el día a día van arrimando cada uno de ellos una piedra para cimentar ese utópico edificio social que hoy ni siquiera podemos imaginar.
Hasta la próxima


[1] Albert M (1992) Capitalismo contra capitalismo. Paidós Bs. As.
[2] Designación de nuevos jueces en la Corte Suprema de Justicia que reemplazaron a los corruptos integrantes de la mayoría automática del menemismo, implementación del Consejo de la Magistratura, etc.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Mi hijo es un pelotudo


La frase atribuida por Gabriela Cerruti a Franco Macri refiriéndose a su hijo Mauricio       Macri en su libro “El pibe”[1],  nos permite iniciar una reflexión sobre la relación entre política y gestión pública y privada.
¿Cómo funciona la designación de las personas para la gestión de las organizaciones? En las organizaciones privadas el reclutamiento de colaboradores tiene la característica de contrato laboral, es decir el responsable de recursos humano integra a la organización, mediante un contrato de trabajo, a las personas que van a colaborar con ella. Por supuesto, este reclutamiento tiene características diferentes según se trate de personas asignadas al escalón más bajo de la pirámide organizacional o de quienes tienen a su cargo la dirección estratégica de la misma.
En la consultoría es frecuente encontrar situaciones problemáticas en relación a la gestión, sobre todo a nivel de las empresas familiares, dado que al superponerse los subsistemas familiar y organizacional, es frecuente la existencia de conflictos en relación a quien toma las decisiones y la legitimidad de las mismas. En las grandes empresas nos encontramos con una situación que se encuentra a mitad de camino entre la selección de cuadros directivos que observamos en empresas familiares y medianas y pequeñas empresas y los métodos frecuentes en el aparato del Estado.
En las grandes empresas existe una lucha política, y cuando hablamos de lucha política nos referimos a la pugna de intereses contrapuestos que enarbolan las diferentes coaliciones internas de las mismas. Esta situación implica tácticas y estrategias en el proceso de lucha por el poder dentro de la organización. Se constituyen formas organizativas que sin tomar la forma de partidos políticos recurren a diferentes métodos de confrontación que van de las traiciones, las coaliciones, la propaganda, el liderazgo construido, etc.
En esas confrontaciones se juega también el clientelismo familiar y político. En la organización aparecen ubicados en los altos cargos miembros del clan familiar que tiene la mayoría accionaria de la empresa, que según Cerruti, fue el caso de Mauricio Macri quien se hizo cargo de las empresas del grupo SOCMA[2] por la sesión graciosa de funciones que realizó su padre Franco y cuyo resultado fueron una serie de desaguisados que entre otras cosas llevaron a que el grupo perdiera la concesión de la producción de automóviles FIAT que tenía la empresa Sevel.
Pero existe una diferencia fundamental entre este estilo de gestión familiarista y clientelar en la empresa privada y en el Estado, mientras que en la primera los errores de gestión son pagados por la organización[3], en el segundo caso el que se ve afectado es el erario público, es decir lo pagamos todos los habitantes de un país.
Por lo tanto si “mi hijo es un pelotudo” y funde la empresa el problema y los costos son a cargo mío y de los demás socios de la empresa, pero si estamos en la esfera pública se perjudican todos los ciudadanos.
En general el modelo familiarista y clientelar ha constituido casi una constante en la política argentina, cuando alguien accede a cargos de responsabilidad en el aparato del Estado por elección ciudadana o por el dedo de alguien encumbrado “democráticamente”, designa en diferentes puestos de responsabilidad a parientes, amigos y favorecedores[4].
Un candidato para poder ganar debe tener muchos votos, es lógico que el solo no puede convencer a todos los m miembros de su comunidad de sus habilidades para gobernar.
Además de la propaganda televisiva, radial y escrita necesita de un ejército de personas que consigan esos votos, para ello organiza sus huestes con un sistema casi militar que va de los coroneles o dirigentes encumbrados que va a ocupar altos cargos en la administración pública si gana, pasando por los punteros o suboficiales que son los que organizan el territorio y finalmente los militantes rasos o soldados que son la fuerza de choque en el territorio.
Cuando accede al poder debe “recompensar” los esfuerzos de sus seguidores, nombrando ministros a sus coroneles, en cargos subalternos a sus suboficiales y en cargos menores a sus soldados, de esta manera la administración pública se puebla de un ejército que la ocupa y que ejerce diferentes cargos sin conocer sus funciones.
Se podría decir que eso ocurre en todos lados, bueno no es tan así, en los países más desarrollados, los partidos políticos cuentan con escuelas de formación de cuadros técnicos que se preparan para el momento de gobernar, estos cuadros ocupan los lugares estratégicos y el resto de los puestos (la mayoría) de la administración siguen ocupados por los mismos que lo hicieron en anteriores administraciones y que seguirán ocupándolos en los gobiernos posteriores, constituyéndose en una especie de memoria colectiva y técnica que perdura en el tiempo y que es refractarias a los diferentes intereses políticos partidarios.
Esta metodología de administración evita un fenómeno recurrente en nuestro país, cada administración que se hace cargo del Estado hace borrón y cuenta nueva, deja de lado proyectos y programas de sus antecesores, aun cuando sean muy buenos o útiles, y promueve nuevas ideas y proyectos.
Otras veces el saber técnico se vuelve contra la administración, ya que el político (diputado, senador, etc.) desconoce muchos de los temas sobre lo que tiene que emitir opiniones o votar y solo tiene como soporte sus asesores (recordemos que tiene un número limitado de asesores, que lo instruyen sobre un número limitado de cuestiones) y allí funciona el denominado centralismo democrático de las organizaciones políticas, se hace lo que mandan los que saben y dirigen. Acaso en los debates parlamentarios participan todos los diputados, por supuesto que no, frecuentemente solo lo hacen los presidentes de bancada, miembros informantes y el resto levanta la mano o aprieta el pulsador para votar lo que le han indicado.
La estructura de la administración pública en el sistema representativo de gobierno en la Argentina es muy onerosa e ineficiente, requeriría de cambios organizacionales de la misma que mejoren la calidad de servicio.
Pero, sería un error hacer estos cambios desde la perspectiva de la organización privada, es necesario realizarlos desde un punto de vista original y propio de “lo público” para no caer en los mismos errores de la organización privada que más arriba criticamos.
No pretendo dar recetas ni propuestas únicas, solo algunas ideas fuerza que considero que pueden cambiar el rumbo de la administración. Pienso que es necesario dar autonomía a las administraciones municipales, traspasar empresas, servicios y funciones a la misma, incrementar la democracia plena en el territorio, mejorar el nivel de representatividad de los funcionarios públicos elegidos (concejales, administradores, etc.), incrementar los organismos de control ciudadano y democratizar su funcionamiento, promover las formas participativas y colectivas en la toma de decisiones de cuestiones importantes que afectan el interés público.
Si comenzamos a discutir estas cuestiones podremos empezar a caminar por el sendero de la transformación autogestionaria de nuestra sociedad.
Hasta la próxima.


[1] Cerruti G. (2010) El pibe. Planeta. Bs. As.
[2] En 1985 fue Gerente General de Sevel, en 1992 vicepresidente y en 1994 presidente.
[3] Nótese que digo la organización y no por los empresarios porque generalmente los que pagan los platos rotos de los desaguisados de los gestores son en primer término los trabajadores de la misma.
[4] Por ejemplo en un provincia la mayoría de los puestos de gestión son designados a dedo por los políticos que ganan las elecciones, cosa que no ocurre en países avanzados, por ejemplo en Francia un Ministro de educación solo puede designar a su secretario ya que los restantes puestos ministeriales son “de carrera” y se accede a ellos por concurso público.