sábado, 1 de noviembre de 2025
La encrucijada latinoamericana
Creo que debemos repensar la acción de los sectores revolucionarios en el mundo, pero sobre todo en Latino América
Para realizar esta afirmación me baso en el peso específico que tienen los sectores de izquierda y en lo fundamental aquellos que parten de la lectura de Marx en los procesos políticos de estos países.
A lo largo del siglo XX no fueron pocos los socialistas que tuvieron incidencia en la política del subcontinente. Recordemos a dirigentes socialistas de vasta participación en las luchas obreras (socialistas y anarquistas) de dirigentes de la talla de los cubanos José Martí, Fidel Castro, Camilo Cienfuegos, el español Rafael Barret, el nicaragüense Augusto Sandino, los mexicanos Pancho Villa y Emiliano Zapata, el brasilero Carlos Prestes, el colombiano Camilo Torres, el chileno Luis Emilio Recabarren, los uruguayos Raúl Sendic y Pepe Mujica, el salvadoreño Farabundo Martí, los argentinos Agustín Tosco, Alfredo Palacios, Liborio Justo, Silvio Frondizi, Abelardo Ramos, John William Cooke, Rene Salamanca, Nahuel Moreno, Severino Di Giovanni, Juan B. Justo, Alicia Moró de Justo, Mari Langer, Mario Roberto Santucho, Gregorio Flores, Carlos Massera, Alberto Pichinini, Bernardo Valdivia y el Inolvidable Che Guevara, todos ellos fundadores y militantes socialistas de la izquierda latinoamericana.
Todos ellos luchadores incansables contra el imperialismo de EE. UU. que desde la doctrina Monroe hasta la actualidad consideró a Latinoamérica como territorio colonial yanqui, en su gran mayoría fusilados, asesinados, perseguidos, encarcelados en las llamadas democracias burguesas.
La política imperial se constituyó en base a la corrupción y la dádiva a los gobernantes obsecuentes y rastreros del imperio americano y el garrote a quienes pretendieron desarrollar proyectos de países independientes y se enfrentaron a él.
Hoy, el dominio imperial que ultraja y roba a los latinoamericanos está más vigente con sus efectos de explotación a los obreros del subcontinente condenándolos a vivir en condiciones miserables, sin previsión social, sin asistencia en salud, sin una educación de calidad, sin trabajo digno que satisfaga sus necesidades más elementales, con represión y asesinatos de los dirigentes socialistas.
El hipócrita presidente de ultraderecha de los EE. UU., Donald Trump, conocido por sus negociados inmobiliarios y su banda de forajidos han decidido retomar la política colonialismo de los 60' del siglo veinte y aplicar esa política de garrote y corrupción por medio de dádivas y coimas para robar los recursos de América Latina.
Como lo hizo Bush en los 80' que invento la burda la mentira que Irak poseía armas químicas peligrosas para asesinar a su presidente, o como en 1983 el presidente Ronald Reagan que ordenó atacar Granada y destituir a su líder de izquierda Hudson Austin ligado a Cuba y la URSS, en el marco de la “ Operation Urgent Fury que uso como coartada la participación de políticos traidores del Caribe , o la destitución del presidente de Panamá Manuel Noriega en 1989 por orden del presidente George Bush acusándolo de narcotraficante, o en 1973 la organización del golpe genocida en Chile contra el presidente constitucional Salvador Allende para saquear ese país por orden del presidente de EE.UU. Richard Nixon, un corrupto que debió renunciar por sus oscuras conspiraciones, o el ilegal plan de invasión colonial de Venezuela seguido por el asesinato de Nicolas Maduro ordenado por el presidente Trump para robar el petróleo y otras riquezas en complicidad con traidores Venezolanos como leopardo López o Marina Corina Machado que apoyó el genocidio de la ultraderecha israelí en Gaza y otros negocios sucios de Trump y Netanyahu pero que con semejante prontuario igual le dieron el Premio Nobel a La Paz, o la acusación de narcotraficante contra el presidente colombiano Gustavo Petro, cuando todos sabemos que el socio de los narcos es Trump y que la DEA negocia y apoya a diferentes carteles de la droga las cuotas de ingreso de las drogas a EE.UU. y las coimas que reciben políticos y funcionarios estadounidenses con la complicidad de Donald Trump y otros presidentes anteriores.
Y mientras ataca a gobiernos y partidos populares, se mete en la política interna de los países como en las recientes elecciones argentinas, Trump premia a las mafias corruptas como los Milei, coimeros, estafadores que se enriquecen ilícitamente a costa del hambre y la miseria de su pueblo permitiendo robar las riquezas de los países a él y sus amigos empresarios y banqueros de EE.UU.
Y no solo en Argentina hoy, también en Paraguay donde es amigo de reconocidos políticas corruptos, o apoyando al genocida y fascista ucraniano Zelensky que cometió un genocidio en la zona del Donetsk donde las bandas fascistas ucranianas asesinaron a miles de personas por ser ruso parlantes, o en la Franja de Gaza donde Trump fue cómplice con Benjamín Netanyahu del genocidio palestino.
Los capitalistas son asesinos, genocidas, corruptos, mafiosos porque no tienen los principios ni valores, que si tenemos los socialistas, no les importa los seres humanos, la democracia, el medio simiente, la discriminación, los genocidios, solo les interesa hacerse cada vez más ricos, sin interesarles el costo social y humano de sus nefastas acciones.
En el marco de los cambios de subjetividad de los sectores mas jóvenes que ven con agrado el flagelo de la ultraderecha y que no fueron educado en las consecuencias de la hegemonía de las políticas fascistas, nazis y falangistas que dominaron el escenario político mundial en las décadas de los 20’, 30’ y 40’ con sus consecuencias de genocidio, destrucción total, persecución a los pueblos estigmatizados como el judío, los gitanos, los militantes de izquierda o los discapacitados o con identidad sexual diferente estos sectores se proponen volver atrás la rueda de la historia y retornar a épocas nefastas del medievo, o del siglo XIX con su carga de represión política, esclavismo o persecución sexual y discriminación de las mujeres.
La izquierda debe reformular su agenda, incluir nuevas reivindicaciones, introducir debates sobre las cuestiones laborales necesarias, la calidad democrática, la igualdad social, la fraternidad de los explotados y la búsqueda de una sociedad justa e igualitaria sin privilegios, ni burgueses que aprovechando la propiedad privada sobre los medios de producción y el control del aparato del estado ataquen a los más vulnerables.
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