viernes, 4 de marzo de 2011

Sobre el amor.

Reflexionemos sobre un tema importante, pero sobre el cual discurrimos poco. Tal vez, esto ocurre porque sobre el amor no es posible pensar, sino sentir. Por lo tanto trataré de expresar en palabras mi sentimiento, que aunque parezca una paradoja implica una racionalización acerca de un objeto no racionalizable.
En primer lugar es necesario hacer una taxonomía al respecto, ya que si hablamos de amor debemos tener en cuenta que existen diversos tipos, que implican distintos sentimientos, modos de manifestación, intereses, etc.
No es lo mismo el amor de una madre a su hijo en el que predomina la ternura, el instinto de defensa, la abnegación, que el amor entre un hombre y una mujer, en el que podemos encontrar la pasión, el deseo, aunque también la ternura y el cariño.
Para poder pensar mejor el tema en este trabajo dejaré de lado las otras formas de amor y me circunscribiré al análisis del amor sensual.
No podemos pensar que el amor es uno y para toda la vida, ese criterio es cultural y social. Esto nos lleva a otra clasificación, hay amores largos y amores cortos, amores intensos y amores sensibles.
Lo importante del amor es vivirlo en el día a día, sentir lo que significa el otro para uno en cada instante. Ocurre que muchas veces que las personas pensamos que planificando nuestro futuro aseguramos nuestras vidas, sin embargo los seres humanos tenernos un dato insoslayable, el límite irrebasable es la muerte, y ella no tiene ni fecha ni edad, llega en el momento menos esperado, arrasando con todas las planificaciones y proyectos.
Si bien, en materia de vida en general, la previsión constituye una defensa que nos protege de una vejez infeliz por falta de recursos, o nos ayuda a salvar las contingencias de la vida, en materia de sentimientos, no hay previsión posible, solo tenemos el goce de experimentar sensaciones nuevas en cada momento.
Veníamos diciendo que el amor es un sentimiento polifacético, complejo, multidimensional. En él, como dijimos más arriba, encontramos la pasión intensa, el deseo más vehemente, la búsqueda de la satisfacción más completa, junto a la ternura más delicada, el cariño más tenue, la dulzura más sutil. En el amor encontramos la felicidad, pero también el sufrimiento, gozamos y sufrimos por el ser amado.
El amor es un desafío que nos lleva a enfrentar peligros que afectan nuestra integridad psíquica y física. Pareciera que cuando estamos enamorados perdemos o se debilitan ciertas nociones que nos llevan a preservar nuestra vida.
Porque ocurre esto con las personas enamoradas, intentaré formular algunas ideas para que podamos compartir una búsqueda conjunta.
En primer lugar no es lo mismo amor que sexo, este último en los seres humanos asume la característica de a-funcional, es decir que somos, a diferencia de los otros animales, seres que gozamos más allá del placer de órgano, con la imaginación.
Pero necesariamente, aunque no son lo mismo, el amor se vincula al sexo, el amor es una construcción imaginaria, no amamos lo que es, sino lo que imaginamos que es, y no gozamos con el cuerpo del otro, sino con la construcción imaginaria que realizamos de ese cuerpo, el cuerpo más bello para un enamorado es el de su objeto de pasión.
En la construcción imaginaria a la que hacemos referencia se incluyen todos los parámetros culturales y sociales, entre los que contamos las cuestiones referidas a la estética de la época, los conceptos de cultura que tenemos, las demandas inconscientes, etc.
Esta construcción imaginaria se cruza con otras cuestiones que tienen que ver con sensaciones que promueven una serie de alteraciones corporales y psíquicas, dando como resultado el estado de enamoramiento.
El estado de enamoramiento es, en una primera fase, si se me permite la expresión, un estado de extrañamiento del sujeto, en el cual deja de ser sí mismo para pasar a ser parte de algo mas abarcador y simbiótico que comúnmente denominamos pareja. Mientras dura este estado, los sujetos dejan de ser uno para convertirse en una unidad superadora vinculada por sentimientos de pasión, ternura y cariño.
En este estado, los enamorados pierden las nociones de tiempo y realidad, ya que como señalara Einstein para dos enamorados una eternidad es solo un instante, y en ese instante se suceden un conjunto de secuencias experienciales que toman valor y definición solo dentro del imaginario construido por ellos. En esta fase nos encontramos con la idealización de la persona amada, ella alcanza la perfección y todo en ella es de una belleza inimaginable, el corazón late aceleradamente ante su presencia y las hormonas se revolucionan. Las relaciones sexuales adquieren un carácter especial y la piel vibra al compas de los valses vieneses, el roce de la piel produce una sensación de suavidad y el cuerpo en conjunción con la psiquis alcanza el clímax emocional y sensitivo.
En la segunda fase los enamorados comienzan a retornar a su vida terrenal, podríamos decir que se reintegran al mundo que hasta ese momento parecía que no existía, y la pasión del primer momento comienza a compartir sus espacios con los sentimientos cariñosos, aparece el compañerismo y la necesidad de estar juntos, pero respetando las individualidades. Se comienza a transitar un camino que involucra el conocimiento mutuo, la profundización de la relación mediante la incorporación de un consenso compartido acerca de las responsabilidades de la pareja. Estamos ante el comienzo de un diálogo fecundo que surge de un compartir sereno e involucra patrones culturales referidos a las instituciones más importantes de la sociedad, la familia, los grupos de referencia, los espacios laborales, etc.
La tercer etapa es la que podríamos denominar la del proyecto, este es el momento en que los enamorados visualizan la posibilidad de construir un futuro conjunto y comienzan a incorporar a sus diálogos cotidianos, a los momentos de placer, al compartir de a dos, la necesidad de vertebrar planes y diagramación de recorridos que involucran con mayor fuerza esas instituciones fundantes de la sociedad moderna como lo son la familia, la vida social compartida, la necesidad de establecer espacios comunes.
Cuál es la etapa más importante del enamoramiento, es difícil precisarlo, pues ello depende de las experiencias de vida de cada uno de los integrantes de la pareja, de todas maneras las etapas posteriores no anulan las anteriores sino que las sintetizan en un movimiento integrador que si es eficaz tiene como resultado la consolidación del sentimiento.
Hemos desarrollado un recorrido lineal prototípico, que no necesariamente es el que se desarrolla en la existencia de un vínculo amoroso. Se podría establecer que este derrotero es un camino que podríamos denominar de desarrollo ideal, pero en la vida cotidiana existen una multiplicidad de factores que atentan contra el vínculo libidinal y producen crisis, desencuentros, búsquedas nuevas y retornos esperables.
Si la pareja de enamorados no logra recrear el sentimiento en forma permanente, produciendo innovaciones que permitan refundar cada día la mística del enamoramiento, necesariamente se producirá la crisis y con ella el surgimiento de un tercero, o tan solo el alejamiento que debilita el vínculo.
El amor, mis queridos lectores es como una plantita, de esas que solemos tener en un macetero en nuestros balcones, si no la cuidamos, la acción de los elementos de la naturaleza termina debilitándola y se seca, solo que en el caso del amor los elementos actuantes sobre los enamorados son fundamentalmente de tipo social y vincular.
Pero, cuando hubo fuego, cenizas quedan dice el refrán, y cuando dos personas han pasado por la experiencia del amor, el amor verdadero que les permitió compartir un tiempo de felicidad (largo o corto) algo de ese vínculo quedará en ellos y en forma permanente tenderán a buscar nuevos encuentros y reencuentros, aun cuando sepan que ellos pueden ser fallidos y acarrear una importante dosis de sufrimiento. No hay nada peor que el desencuentro de dos personas que se amaron profundamente, y como en la “Guerra de los Roses”, la ternura y el cariño pueden ser reemplazados por el odio y la violencia que en muchas ocasiones lleva a intentar destruir ese objeto que tanto deseamos y que en algún momento sentimos.
Hasta la próxima.

2 comentarios:

  1. Yo agregaría algo más a esta muy buena reflexión acerca de una de las palabras más dichas pero menos definida- no es fácil definirla.
    Creo que es un proceso de autorrevelación mutua que nos lleva a darnos completamente al otro en ese misterio que llamamos amor.Por lo tanto siempre hacen falta dos, como en el ajedrez.Cada uno mueve las piezas en relación al otro solo que al final habrá siempre dos ganadores.Por lo menos asi entiendo al buen amor

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  2. Me parece un comentario muy bueno, y me gusta la comparación con el ajedrez y comparto lo de la autorrevelación mutua aunque dreo que nunca terminamos de conocernos.
    Lo importante es la alteridad de la que hablas el dar un paso cada uno.

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