Cuando pensamos lo que pensamos, ¿estamos pensando lo que pensamos?.
La pregunta puede parecer ridícula, pero no lo es tanto si reflexionamos sobre la manera en que pensamos y en base a que se organiza nuestro pensamiento.
En la modernidad, los actores sociales tenemos la posibilidad de acceder a un cuantum de información muy grande, casi podríamos decir infinita, pero esa información no es exactamente la que necesitamos para gestionar nuestras vidas y nuestros intereses, y en muchos casos cumple un papel negativo en el procesamiento de la información, dado que por su magnitud nos avasalla y nos dificulta que logremos discriminar lo necesario de lo superfluo.
Nuestra herramienta más poderosa para poder procesar adecuadamente la información, es como hemos señalado en numerosas oportunidades, la capacidad reflexiva y crítica.
En nuestro trabajo intelectual es necesario que reconozcamos los factores que intervienen en el procesamiento de la información.
Cuando pensamos, lo hacemos desde las operaciones propias de nuestro aparato psíquico, pero no solo a nivel del Yo, sino que también participan en el proceso contenidos propios de nuestro inconsciente.
Por otra parte, a los largo de nuestras vidas nos vemos bombardeados por la acción de los medios de comunicación de masas. Un mito de la modernidad consiste en que la acción de los medios de comunicación de masas nos permite acceder en tiempo real a toda la información disponible, este mito no tiene en cuenta que no solo incorporamos la información que nuestra conciencia percibe, sino que también lo hacemos con mucha información subliminal que participa de la transferencia informativa de esos medios, pero que, a la manera de los virus informáticos, penetra en nuestro psiquismo sin que tengamos noticias de ello. Un ejemplo muy simple es cuando Ud. va a un cine y sale con una ganas tremendas de tomar una Coca Cola, lo que ha ocurrido es que Ud. ha recibido información enmascarada, imágenes de milisegundos de la bebida incluidas en la película, que su conciencia no percibe, pero que Ud. ha incorporado.
Un supuesto básico subyacente es que la información que transmiten los de medios de comunicación es inocuo, que somos lo seres humanos los que la procesamos. Esto no es exacto, ya que la transmisión de los mass media se realiza en forma persistente, creando en nuestro psiquismo, la ilusión de que un hecho ha ocurrido, aun cuando no sea veraz. La información se adultera, se modifica, se transmite mutilada, de manera de adecuarla a lo que a esos medios les interesa que llegue a nosotros.
De esta manera se construye una subjetividad colectiva que lleva a establecer trincheras antagónicas frente a los hechos del acontecer diario y a que cada uno de nosotros adopte una posición en pro o en contra totalmente acrítica. Un ejemplo es cuando a alguien se le pregunta por algo y contesta que es así porque lo escuchó en TN.
Para lograr este nivel de sometimiento de la subjetividad colectiva los medios de comunicación han construido artificios conceptuales del estilo de “periodismo independiente”, “información objetiva”, que ocultan que la información que nos envían ha sido adulterada y se nos transmite tamizada de manera que nuestras decisiones sean funcionales a sus intereses y a los del sector social que representan.
Esto lleva a que consideremos acríticamente como verdadero lo que en más de una oportunidad no los es y a que la sociedad se escinda en bandos antagónicos que no son capaces de escucharse los unos a los otros.
Veamos algunos ejemplos
En Argentina, trabaja como juez en la Corte Suprema de Justicia de la Nación una persona de 98 años, que a pesar de que la reforma constitucional de 1994 estableció que la edad límite para retirarse de la corte es a los 75 años, se mantiene en su puesto por una acordada de los propios jueces de la corte que dictaminaron que ellos se podían retirar a la edad que quisieran dado que habían asumido antes de la reforma.
Desde el oficialismo se sostiene que una persona de esa edad no puede cumplir con las ingentes obligaciones que implica el cargo, se pone en tela de juicio la buena salud del ministro y se piensa que debería retirarse, más aún se sostiene que el juez realiza su trabajo por medio de otro juez oculto que es quien le elabora los dictámenes y él solo los firma.
Desde la oposición se considera que esta postura es un ataque contra la independencia de la justicia, que es inhumano considerar que por la edad alguien no puede cumplir con las exigencias del cargo y que es otro intento de domesticar la justicia para que sea funcional al gobierno.
En el medio estamos los ciudadanos que recibimos las consecuencias del accionar de los jueces que a través de sus sentencias determinan lo que es legal de lo que no lo es, y que tomamos posición frente a esta polémica.
Es sabido que las posturas del oficialismo y la oposición se relacionan con la pertenencia política del juez Fayt, que es el único juez que queda de los nombrados por Alfonsín en 1984. Es un juez que desde 2003 viene sistemáticamente fallando en contra del gobierno actual y a favor de sectores concentrados del poder mediático. Por ejemplo, falló contra la constitucionalidad de la ley de medios y desde hace más de 10 años cajonea la resolución de la corte respecto a una acción legal entablada por la AFIP contra el diario ”La Nación“ por evasión de impuestos.
Antes de tomar posición sobre el porque dicen lo que dicen la oposición o el oficialismo, preguntémonos que dirían estos diferentes actores si en lugar de Fayt el que tuviera 98 años fuera un juez que hubiera fallado más a favor del gobierno, por ejemplo Zaffaroni que aunque tuvo muchos fallos a favor del gobierno (por ejemplo en la ley de medios) también en oportunidades fallo contra del ejecutivo.
Es seguro que en este caso Macri, Massa, Carrió, Solanas, Sans, Aguad, etc., que los medios del grupo Clarín, La Nación, Perfil, que los periodistas mercenarios de esos grupos como Lanata, Majul, Castro, Bonelli, Van de Koy, Blanc, Leuco, etc., se hubieran atropellado para exigir que el juez Zaffaroni se fuera dando argumento similares a los que hoy da el gobierno y que los oficialistas hubieran defendido la permanencia del juez con los mismos argumentos de la oposición.
Si somos críticos, si no nos enrolamos tras intereses que no son los nuestros, veremos que Fayt se queda por la misma disputa de poder que tiene la oposición con el gobierno alrededor de nombrar el sucesor de Zaffaroni, Lo que la oposición busca es ser ella la que cubra las vacantes en el supuesto de que gane las elecciones con el objeto de tener una corte adicta.
No es ni más ni menos esta lucha por el control de la Corte Suprema de Justicia lo que se oculta tras esta polémica, es la práctica que ha llevado a tener en nuestro país jueces conservadores (muchos de ellos que heredamos de la dictadura o el menemismo) y cuya plataforma de acción es el sostenimiento de una justicia al servicio de los privilegiados y jueces que se agrupan en el colectivo “Justicia legítima” más cercanos al kirchnerismo, que tienen como plataforma de acción el cambio estructural de la justicia.
Los seres humanos tenemos una capacidad limitada de conocimiento y percepción de la realidad. Sabemos de lo que pasa en otras partes del mundo a través de lo que leemos en diarios, libros o lo que escuchamos por la radio o miramos en la televisión.
Quien tiene el control de la circulación de la información, tiene el control sobre nosotros los ciudadanos, sobre lo que podemos pensar, como debemos pensar. El control de la comunicación ha reemplazado al viejo palito de abollar ideologías, haciendo superfluo reprimir a alguien por sus ideas o prácticas políticas.
Tal vez es por ello que los sectores más concentrados de la burguesía apuestan a hegemonizar la circulación de libros, revistas, programas informativos, más que a reprimir la escritura de esos libros, artículos o programas.
Una idea que no circula, que no se comunica a las amplias masas, es una idea que pierde su carácter subversivo (en el buen sentido de la palabra). Es tal vez es por ello que el grupo Clarín ha hegemonizado la circulación de diarios y revistas a través de su distribuidora monopólica y que ahora se ha lanzado a dominar el mercado de venta de libros a través de su empresa Cúspide para determinar hasta donde circulan los libros que no son afines a sus intereses, o que empresas distribuidoras de films tratan de monopolizar su comercialización de los mismos. Se ha preguntado el lector cuantas buenas películas no ha visto porque las distribuidoras monopólicas deciden no enviarlas, o sobre el carácter estructurante de una cierta subjetividad colectiva deseada por la gran burguesía, de las películas que si distribuyen.
Las películas, las revistas, los artículos, todas las obras intelectuales que consumimos a diario, aun las que se reclaman científicas tienen un objetivo de dominación, de domesticación, orientado a crear en nosotros un imaginario de comprensión de las realidades afín a los intereses de los poderosos.
Este punto de vista permite comprender como el neoliberalismo, un pensamiento económico que va contra los intereses de las mayorías y acrecienta las riquezas de unos pocos a costa del hambre y la miseria de todos puede ser percibido por las victimas del mismo como una propuesta económica que los favorece.
Los medios de comunicación nos muestran milagros como el de Corea del Sur, de India, de Singapur, de Taiwán, países que desde una situación de ostracismo, sin desarrollo económico, son denominados hoy los tigres del Pacífico porque cuentan con amplias tasas de crecimiento económico, y nosotros admiramos a esos países, y hasta imaginamos recorrer sus mismos caminos, porque lo que no se nos dice, es que las grandes empresas como Adidas, Nike, General Motors, Ford, Coca Cola, etc. Hacen pingues negocios teniendo mano de obra casi esclava trabajando para ellos en esos países por uno o dos dólares diarios, sin derechos gremiales, viviendo hacinados, con una magra alimentación porque su salario no les alcanza para lo elemental, ni que hablar de educar a sus hijos o tener un cuidado adecuado de la salud.
Ese orden de cosas es con el que sueñan nuestros burgueses autóctonos, y los Macri, Massa, Carrió son los empleados que tienen para lograrlo, como en su momento fue la dictadura militar, el menemismo o el delarruismo.
Por ello pensar porque pensamos como pensamos no es una trivialidad, implica poder reflexionar críticamente sobre lo que vemos o escuchamos, comprender que una mentirosa serial y despiadada antiobrera como Carrió no es un accidente en nuestra “democracia” sino que representa hasta qué punto pueden domesticarnos y engañarnos. Y como ejemplo vaya una perla. Como Carrió se paseó por todos los canales opositores difundiendo su teoría de la conspiración entre China, Irán, Venezuela, Cuba y sus cómplices vernáculos para matar a Nismann, la fiscal Fein la citó y luego de 4 horas en las que este Jesucristo moderno con faldas contó su disparatada teoría de la confabulación, la fiscal le pregunto si tenía pruebas, si contaba con elementos probatorios y Carrió dijo que no contaba con ninguna prueba, dejando en claro que ante la realidad el delirio no tiene espacio. Se puede mentir en TN que para eso está, para mentir y difundir las mentiras que apoyan sus propios intereses, pero cuando se enfrenta a preguntas concretas, sin el soporte de los amanuenses de turno, el rey queda desnudo, y allí se ve que Carrió no es más que una pobre psicótica usada por los sectores más reaccionarios y como Macri.
Hasta la próxima.
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