domingo, 16 de noviembre de 2025
EL CAPITALISMO, ¿ES UN MODO DE PRODUCCIÓN ETERNO?
La extrema derecha en su versión conservadora viene desarrollando una importante campaña mediática orientada a establecer la eternidad del capitalismo como sistema económico y la libertad de mercado como organizador social.
Es importante dar el debate sobre estas cuestiones porque la gran burguesía concentrada viene desarrollando a partir de la finalización de la segunda guerra mundial una activa propaganda con eje en los grandes monopolios mediáticos internacionales, con la finalidad de transformar la subjetividad social y orientada a producir un reseteo conservador de la economía capitalista y de la organización social.
En general el planteo de los sectores de ultraderecha no es nuevo, solo que esta vez dispone de nuevos medios de agitación y propaganda para convencer a las grandes masas de la conveniencia de aceptar niveles de explotación elevados con la zanahoria de la esperanza que les proponen a los sectores explotados sobre un proceso muy duro de ajuste que, en un horizonte de largo plazo los llevará a una situación de bienestar profundo.
La lucha de clases no solo es el motor de la historia, es un campo de combate donde los trabajadores le han arrancado concesiones a los burgueses a lo largo de los siglos.
Si comparamos las condiciones de trabajo y existencia de quienes con su trabajo han sostenido la producción de riquezas a lo largo de la historia, observaremos que los sectores dominados, sobre todo en los últimos tres siglos (XVIII, XIX y XX) no se han resignado a su destino de indigencia y malestar cuestionando al capitalismo a través de múltiples revoluciones que, desde Espartaco hasta las grandes revoluciones obreras del siglo XX pasando por la gran revolución francesa les arrebataron conquistas muy importantes a las clases dominantes.
Donde los trabajadores detectaron una necesidad, lucharon y les arrebataron un derecho a los patrones de turno.
La gran revolución francesa estableció la alianza de dos grandes bloques históricos: la burguesía y los trabajadores, pero a partir de ella los caminos de ambas clases sociales divergieron. La burguesía que buscaba el poder del Estado para abatir las fronteras internas al comercio que dificultaban su desarrollo como clase social, lo que implicaba su posibilidad de participar en el diseño de las políticas macroeconómicas confluyó en la revolución francesa con los trabajadores en levantar la bandera de la libertad y la democracia.
Los trabajadores y los sectores subordinados y explotados en cambio abrazaron la consigna de la igualdad, que implicaba terminar con la injusticia social que los condenaba a situaciones extremas de hambre y pobreza.
Si bien ambas clases perseguían diferentes objetivos, los unía la necesidad de abatir el “ancien régimen” y sus privilegios para los nobles y las cortes palaciegas que dilapidaban los recursos de las naciones en guerras innecesarias o en fiestas y situación de vida cargadas de lujos y boato a costa de la mayoría del pueblo.
Es por ello que surge como consigna articuladora “la fraternidad” que permitió durante un corto tiempo, a ambas clases construir el proceso de derrumbe del viejo estado y su reemplazo por un nuevo estado capitalista, permitiendo que se sincronizaran la infraestructura que de hecho estaba hegemonizada por el libre mercado con la superestructura política que se formulaba como un estado democrático basado en una democracia restringida en donde la gestión no la hace el pueblo, la hacen los representantes elegidos por ese pueblo para que gestionen en su nombre.
Un dato importante es que la economía de mercado, base del sistema capitalista, no surge con la revolución francesa, se gestó a lo largo de siglos, durante los cuales fue ocupando espacios cada vez más amplios en la sociedad al punto tal que la estructura social entró en contradicción con la superestructura política gestada después de la caída del imperio Romano. esa contradicción explotó el 14 de julio de 1789 cuando tomó visibilidad y se aceleró un proceso que había incubado por años en la crisis social y económica que surge de las largas guerras sostenidas por las monarquías europeas (en especial la francesa) que llevaban a la bancarrota a los países europeos y extendían la epidemia de hambre y miseria que azotaba a Europa.
A lo largo del siglo XIX se produce un alza importante de la lucha de clases, y las clases explotadas y oprimidas por los burgueses no se resignan a la vida miserable que se los quiere condenar para que la clase dominante pueda acumular cada vez más riquezas.
Europa estuvo marcada por varias oleadas de revoluciones liberales, principalmente en 1820, 1830 y 1848, que se inspiraron en los ideales de la Revolución Francesa y se opusieron al absolutismo y a la Restauración tras el periodo napoleónico. La revolución de 1848, conocida como la "Primavera de los Pueblos", fue la más extendida, con un fuerte componente nacionalista y, por primera vez, obrero.
Se producen las reunificaciones alemana e italiana vitales para fijar las fronteras internas de Europa.
También la historia europea da cuenta de revoluciones en otros países como las de 1820 en el área mediterránea en España, Nápoles, Grecia, las de 1830 en Bélgica, Italia, Polonia y las de 1848, que se extendieron por todo el continente, principalmente Italia, Imperio Austríaco, Alemania, Hungría y Suiza
En esta Europa convulsionada la clase obrera comienza a tener cada vez más participación no solo como clase subordinada a los intereses de las burguesías continentales, también empieza a gestar sus propias experiencias revolucionarias y a mostrar que puede tener un camino independiente al de la burguesía como lo demostró la comuna de Paris en 1871 que llevó a Marx a reconocer que la forma de gestión de la comuna representaba la verdadera esencia de la dictadura del proletariado.
El surgimiento de la conciencia obrera en sí diferenciada de la conciencia para sí, que implicaba que los obreros además de desarrollar conciencia de ser una clase social, lo que se expresaba en el surgimiento de los sindicatos, comenzaban a tener conciencia en sí, de ser una clase independiente que puede conducir el camino revolucionario hacia una sociedad sin explotadores ni explotados.
Sobre fines del siglo XVIII Inglaterra pierde, con la independencia americana su principal colonia, y España y Portugal con la independencia del resto de América Hispánica pierden el principal territorio colonial en estas latitudes.
Por otra parte, los estados capitalistas europeos habían producido revoluciones industriales y agrarias que comenzaron el camino del desarrollo tecnológico que se aceleraría a lo largo del siglo XX hasta límites inimaginables. La producción capitalista necesita nuevos mercados, en la medida en que los mercados nacionales se sobresaturan y también empieza la búsqueda desesperada de nuevos insumos (alimentos, minerales, etc.)
Todas las miradas de la burguesía europea se posan en las colonias africanas con capacidad de proveer minerales preciosos como el oro, piedras preciosas como los diamantes y una masa de mano de obra que, aunque ya no podrá ser usada bajo el formato de esclavitud, todavía constituye mano de obra barata.
En los siglos anteriores las grandes potencias habían ocupado y dividido casi todo el planeta por lo que aquellas que llegaron tarde al reparto del mundo como Italia y Alemania se encontraron con pocas posibilidades de extraer plusvalía a los países colonizados. El camino para buscar un nuevo orden mundial fue la guerra, solo que a diferencia de las guerras del siglo XIX las guerras del siglo XX tendrían mayor extensión territorial, mayor violencia y se convertirían en un espacio de negocios de la industria armamentista mucho más lucrativo.
Argentina, como muchos países latinoamericanos aceptaron las “ideas de la libertad” que suponía definir a la libertad como la libertad de mercado, libertad de propiedad privada, libertad de establecer las condiciones de comercialización de las mercancías producidas, libertad de fijar los salarios de acuerdo a los intereses de la clase dominante, en definitiva la libertad que siempre existió, fue la libertad de explotación de la burguesía sobre los derechos y condiciones de vida de los trabajadores, la libertad burguesa.
En el siglo XIX dos grandes pensadores burgueses argentinos: Sarmiento y Alberdi, llegaron a una misma conclusión, Argentina era un país capitalista, pero carecía de producción industrial, estaba desorganizado desde el punto de vista productivo y con falta de recursos humanos para producir las mercancías que desde su independencia el país importaba de otros países, especialmente Inglaterra. Al punto tal esto era así que Milcíades Peña (2013) nos informa que los gauchos de las pampas argentinas usaban bombachas confeccionadas con Casimir Inglés, dado que el país no producía telas y debía importarlas. Frente a esta situación de un país capitalista sin burguesía industrial, ambos imaginan que la manera de subsanar el inconveniente pasaba por la educación y concluyeron que se debía promover la inmigración de los obreros industriales del norte de Europa.
Para Sarmiento la cuestión pasaba por la educación y era necesario crear escuelas y desarrollar en la población hábitos industriosos, por eso organizó el Congreso Pedagógico Internacional de 1883 en Bs. As, producto del cual surgió la ley 1420 promulgada en 1884 y que establecía la educación gratuita, obligatoria, laica y gradual, un avance impresionante en América Latina.
Alberdi por su parte consideraba que era importante la educación, pero lo que realmente importaba era el aprendizaje por contagio, es decir que los autóctonos aprendieran hábitos industriales por contacto con trabajadores formados en la industria y eso ameritaba lograr atraer a los trabajadores de las industrias europeas.
Seis millones de inmigrantes llegaron a Argentina entre 1860 y 1930, siendo la mayoría de origen italiano y español. Si bien las cifras exactas para todo el siglo XIX son difíciles de precisar, se sabe que la llegada fue masiva, especialmente entre 1880 y 1914, período en que se afincaron en el país unos 4.2 millones de personas. Esta cifra es más importante si consideramos que en 1880, la población de Argentina era de aproximadamente 3.5 millones de habitantes. Este dato proviene de una estimación que marca el inicio de la gran inmigración, ya que en el censo de 1869 según el censo nacional la población era de poco más de 1.8 millones, y para 1887 había crecido a 4 millones.
Pero el detalle inesperado para los promotores de la inmigración europea a Argentina es que quienes vinieron no eran los trabajadores industriales del norte de Europa, sino los campesinos de España e Italia mayormente países en donde había muy pocas industrias.
Pero además con las oleadas inmigratorias llegar muchos socialistas y anarquistas que se exilaban de sus países huyendo de la represión política, y esos obreros rápidamente comenzaron a generar una nueva conciencia política entre los ciudadanos locales.
Según informa Diego Rojas (2020) una de las primeras manifestaciones de repudio al despotismo burgués fue la movilización de mozos y cocineros contra las consecuencias de la libreta de trabajo que daba poder discrecional a los patrones para echar a sus empleados, luego vino la represión de cocheros en el bajo, más tarde la huelga de panaderos organizada por anarquistas por reclamos salariales y hasta un movimiento de fuerza de los clérigos que exigían mejores remuneraciones por sus misas.
En 1887 fue creado el Sindicato de Obreros Tipográfico de Argentina, que se constituyó en el primer sindicato del país, y en 1887 fue creada “La Fraternidad” que agrupaba a maquinistas y fogoneros ferroviarios, en 1872 y 1873 se crearon las secciones francesa, italiana y española de la Asociación Internacional de Trabajadores. Para fines del siglo y comienzos de XX anarquistas de la FORA (Federación Obrera de la República Argentina) del 5º y 10º congreso y los socialistas de la CORA (Confederación Obrera de la República Argentina, se disputaban la conducción de los sindicatos de trabajadores y por esos años llega a la Argentina el enviado de Karl Marx, el belga Raymond Wilmar que se radicó en el país hasta su muerte en 1937.
En 1787 fue creada la Unión Industrial Argentina con 900 industriales asistentes a la asamblea constitutiva de los cuales solo 470 figuraban como socios.
Las dos grandes clases sociales que iban a estar en el centro de la escena de los conflictos sociales a lo largo del siglo XX estaban organizadas en un momento de auge de la lucha de clases en el país.
A la par del desarrollo de la izquierda aparece a fines del siglo XIX una fuerza insurreccional: la Unión Cívica, que luego sería Unión Cívica Radical (UCR) y el 6 de agosto de 1890 se desencadena el levantamiento del parque que culminaría con la caída del corrupto gobierno de Juárez Celman. La UCR protagonizaría otro alzamiento insurreccional en 1905.
La situación social era preocupante para la burguesía, a tal punto que, en 1910, los festejos del centenario de la revolución de mayo se realizaron bajo estado de sitio.
El sector más conservador de la aristocracia criolla decide hacer vía libre a uno de los principales reclamos de la UCR y bajo la presidencia de Luis Sáenz Peña en 1912 se promulga la llamada “Ley Sáenz Peña” que estableció el sufragio universal, secreto y obligatorio para los hombres nativos y naturalizados mayores de 18 años en Argentina, con el objetivo de terminar con el fraude electoral. Aunque se le llamó "universal", no incluía a las mujeres, cuyo derecho al voto se reconoció recién en 1947 con la “Ley de Sufragio Femenino”. En 1916 un partido popular accede al gobierno del país, la UCR de la mano del liderazgo de Hipólito Irigoyen.
Lo que el capitalismo salvaje no pudo contener en los finales del siglo XIX y comienzos del XX, es decir un case obrera y campesina buscando lograr mejorar su calidad de vida y comenzando participar activamente en la política, tampoco lo logró el capitalismo de buenos modales de la UCR, que tuvo que afrontar sublevaciones en el lejano sur, con el levantamiento de los obreros rurales contra los patrones de origen ingleses y vernáculos contra la super explotación a la que eran sometidos por los hacendados terratenientes de la Patagonia, que les pagaban sueldos miserables, y debió recurrir a una represión tan salvaje como la de los conservadores, fusilando de manera impiadosa a entre 3000 y 3500 peones en lucha, o en el caso de los obreros de los Talleres Vasena que en el corazón político del país desencadenaron una huelga y movilización que se conoce como la semana trágica por el salvajismo represivo de la burguesía argentina, como magistralmente lo retrata Bayer O. (2015).
La clase obrera argentina luchó bajo el liderazgo anarquista, socialista y comunista hasta mediados de la década del cuarenta y obtuvo importantes conquistas previsionales, salariales, de la jornada de trabajo, pero en 1943 irrumpió en la escena política un nuevo actor, el peronismo.
El golpe de estado de 1943 que terminó con la llamada década infame durante la cual el país vivió oscuras horas de represión, corrupción, negociados, fraude “patriótico”, persecución a los militantes obreros y de izquierda y en ese golpe participó un actor privilegiado, el Coronel Juan Perón que desde la Secretaría de Trabajo construyó un relato populista a favor de los más desfavorecidos a lo largo de la democracia argentina realizando una serie de reformas y concesiones a los trabajadores que le valió a él mismo ser encarcelado en Martín García, lo que originó una gigantesca movilización de los más vulnerables que llegaron por miles a la Plaza de Mayo para reivindicar a su líder, obligando al establishment a retroceder en la medida y reponer a Perón en la gestión.
El 24 de febrero de 1946 Perón ganaba las elecciones presidenciales con el 53,75% de los votos contra el 45,65% de los votos de Tamborini, candidato de la Unión Democrática apoyado por la gran burguesía local y por el imperialismo norteamericano que intervino directamente en la campaña a través de su embajador Braden, asumiendo por el período 1946/1952. Fue reelecto en 1951 por un nuevo período de seis años con el 66% de los sufragios contra el 33% de la UCR, y finalmente derrocado en un salvaje y cruel golpe de estado que cobró miles de vidas incluido el bombardeo a plaza de mayo.
En momentos de mayor actividad, el gobierno peronista tuvo características de bonapartista, es decir se proponía como un gobierno de conciliación de clases, buscando incrementar la participación de los trabajadores en el porcentaje de las riquezas generadas, logrando la paridad de porcentajes con los ingresos de los empresarios, el famoso fifty/fifty proclamado por Perón.
Fue un gobierno innovador que buscó sacar a la Argentina de la economía agroexportadora promoviendo el desarrollo industrial y apoyando la creación de pequeñas y medianas industrias. En el plano de la salud y la justicia social se preocupó por otorgar a los trabajadores de sueldo anual complementario, vacaciones pagas, renovó el sistema previsional, tuvo amplios planes financieros que garantizaron el acceso a la vivienda digna de miles de trabajadores, desarrolló planes de salud para los más necesitados, etc.
Fue un gobierno capitalista, respetó la propiedad privada de los medios de producción y las ganancias de las grandes, pequeñas y medianas empresas fueron fabulosas. Realizó la cooptación de los sindicatos en manos de la izquierda y logró que la CGT única creada en 1930 y formalizada en su primer congreso en 1936 se constituyera en la columna vertebral del movimiento justicialista.
Sus planes quinquenales fueron exitosos y los primeros indicadores de riesgo aparecen en su segundo mandato con algunas sombras como la crisis económica de 1951 y el contrato petrolero con la Compañía Argentina California de Petróleo muy debatido a lo largo de décadas.
La nivelación social impulsada por el peronismo continuó durante los gobiernos de Frondizi e Illia y la curva ascendente de bienestar del trabajador argentino duró hasta la década del 70´, con bajos índices de inflación, con una tasa anual media del 20% y una de desocupación que se mantuvo entre el 4 y el 6% (no existen datos oficiales del período), con un 3,4 de pobreza en 1974.
La escena política después del 55 estuvo dominada por un dato nuevo, la aparición de focos guerrilleros como el Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP) en la provincia de Salta dirigido por el comandante Jorge Mascetti (periodista y creador de la Agencia de noticias Prensa Latina en Cuba) y la actividad de la resistencia armada peronista, y focos guerrilleros como los Uturunco, Taco Ralo y más tarde la aparición de las formaciones especiales, grupos guerrilleros peronistas y de izquierda como las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias), FAP (Fuerzas Armadas Peronistas) y Montoneros, o en el caso de las guerrillas de izquierda el ERP creado por el PRT “El combatiente”, las FAL (Fuerzas Armadas de Liberación) y otros grupos menores.
Había en la población, sobre todo en la juventud universitaria un fuerte clima de rebeldía que impulsaba a importantes sectores de clase media hacia la izquierda y en algunos casos a buscar soluciones por el camino de la violencia armada.
Es cierto que el capitalismo es un modo de producción extendido a nivel global, pero no existe uniformidad en la gestión capitalista, ni a lo largo de la historia, ni en cada momento histórico concreto.
Existen países que han logrado en el marco del sistema capitalista un nivel de bienestar de su población. Hablamos de países como Finlandia, Dinamarca, Islandia Suecia, Suiza, Noruega, Alemania, Luxemburgo, Países Bajos, Irlanda, Austria, Australia, Bélgica, Japón, por nombrar los más importantes, en la contracara los países con peor calidad de vida son generalmente africanos, asiáticos y latinoamericanos.
Los países con alta calidad de vida generalmente implementan una mezcla de políticas económicas y sociales, más que una única teoría. Comúnmente, combinan principios del capitalismo con Estados de bienestar fuertes y la búsqueda del bien común, especialmente en los modelos nórdicos y continentales.
Existen una serie de elementos claves en estos países, en ellos: a) predomina la búsqueda del estado de bienestar, los modelos más exitosos de alta calidad de vida suelen apoyarse en modelos de estado de bienestar robustos, que incluyen la provisión de servicios públicos universales como salud y educación, y una red de seguridad social fuerte, b) implementan una economía mixta y social de mercado, en lugar de un capitalismo de libre mercado puro, estos países operan con una economía mixta o una economía social de mercado. Esto implica que el Estado regula la economía para corregir fallos del mercado y proteger el interés público, pero también permite el funcionamiento de mercados privados, c) en ellos existe redistribución de la riqueza, los modelos de mayor calidad de vida suelen emplear impuestos progresivos para financiar servicios públicos y reducir la desigualdad, lo que se conoce como redistribución de la riqueza, d) son países con un enfoque en el bien común, la búsqueda del "bien común" es una teoría económica y política subyacente que prioriza el bienestar general de la sociedad, en lugar de centrarse únicamente en el crecimiento económico o la utilidad individual. Se busca garantizar que se cubran las necesidades básicas de todas las personas y que las desigualdades se minimicen.
Estos países logran una espiral dialéctica de crecimiento basándose en que los sectores de menores recursos gastan todos o casi todos sus ingresos en su vida diaria (alimentación, salud, educación, vivienda, vacaciones, confort, etc.). Y que cuando estos sectores tienen potencial capacidad de consumo el mercado tiene mayores oportunidades de satisfacer la demanda aumentando la productividad.
Para lograr este efecto usan herramientas monetarias y tributarias, como por ejemplo pagar menores tasas de interés, gravar el capital ocioso, tener impuestos progresivos, quien más gana más paga, y no todos pagan la misma alícuota de los tributos, a mayor ganancia mayor alícuota con lo que a los empresarios les es más rentable bajar los precios y vender más que pagar impuestos cada vez más altos.
Con respecto a los servicios tienen mayor inclinación a que sean estatales o con importante participación estatal, se subvencionan los servicios como la energía, el agua, el transporte, se construyen autopistas, trenes de alta velocidad, etc.
Lo que se logra es un círculo virtuoso de crecimiento y bienestar duradero cualquiera sea el signo de gobierno.
En cambio, en los otros, en el llamado capitalismo salvaje, en el que predominan las teorías neoliberales como las escuelas de Chicago o Viena, para ordenar la economía y mejorar la rentabilidad empresarial que es el foco de su interés, se deben hacer ajustes periódicos que llevan a menor rentabilidad, mayor inflación, caída del consumo y malestar social. Durante algún tiempo operan engañando a sus poblaciones con relatos irreales, impulsando la esperanza de un futuro mejor en una línea temporal que se coloca cada vez más lejana y crece la desigualdad y la pobreza.
Es un círculo vicioso en el que la única salida es la destrucción del tejido social, la filtración de mafias en la política, corrupción generalizada, etc.
Pero no solo pronostica la caída del capitalismo el bienestar o malestar de la población. El desarrollo tecnológico aporta lo suyo. Hoy no son pocos los especialistas que como Yanis Varoufaquis (2024) , Cedric Duran (2020) o Cairó i Céspedes, G. (2022) , vienen anunciando el sigiloso reemplazo del capitalismo por otro modo de producción que denominan el tecnofeudalismo, basado en la economía digital y el control de la economía por las grandes empresas tecnológicas mediante el control de internet y el tráfico de información que obliga a las empresas a pagar peaje para obtener visibilidad para sus negocios.
Pero si está claro que el capitalismo no es la forma más perfecta a la que puede acceder la humanidad en materia de modos de producción, más aún es un modo de producción hostil a la existencia humana, absolutamente discriminador, dado que tiende a llevar más allá de los límites a la explotación de los trabajadores y la concentración de las riquezas en pocas manos, la inequidad entre sujetos y entre naciones, está más claro aún que no caerá por su propio peso, para que el capitalismo se derrumbe y de lugar a otro modo de producción es necesario la acción consciente de los seres humanos en el sentido que ya no pueden seguir viviendo como viven que deben reemplazarlo por otro sistema más solidario, equitativo, igualitario, saludable, que proteja el medio ambiente y que elimine las guerras y matanzas que han cometido los modos de producción anteriores para el beneficio de reyes, nobles, burgueses, etc.
Para ello debe desmitificarse al socialismo como el lugar de la dictadura y reemplazar la consigna de dictadura del proletariado por la de la democracia obrera participativa e integral.
Las experiencias revolucionarias socialista llevadas adelante por los trabajadores rusos, chinos, cubanos, nicaragüenses, vietnamitas y de tantos otros países, no fracasaron, constituyeron experiencias de las que las nuevas generaciones aprenderán y no cometeran los mismos errores, perfeccionarán las formas que se crearon y abrirán un modo de cooperación humana en el que la paz, el conocimiento, la equidad y la igualdad despejarán las muchas atrocidades que los humanos hemos cometido hasta el momento.
La segunda cuestión con la que los socialistas polemizamos es el mito que dice que el mercado es por sí mismo un regulador de la sociedad, a través de la libertad de mercado se podría construir una sociedad de bienestar basada en parámetros como el libre mercado. Pero no existe tal libre mercado, aun en las sociedades que más tenazmente lo sostienen. En el siglo XIX las leyes antimonopolio de EE. UU. comenzaron a dictarse para constituir el conjunto de leyes federales, comenzando con la Ley Sherman de 1890, que prohíben las prácticas comerciales anticompetitivas, como los monopolios y los acuerdos para fijar precios, con el fin de promover la competencia equitativa. Estas leyes buscan proteger a los consumidores al prevenir la fijación de precios artificiales y la manipulación del mercado, y otorgan al gobierno federal la facultad de demandar a las empresas infractoras. El funcionamiento por medio de la libertad de mercado está instalado en nuestro planeta hace más de quinientos años, las experiencias realizadas en base a dejar librado todo al mercado han fracasado a lo largo y a lo ancho del planeta, y han conducido, como hemos demostrado más arriba a una concentración de la riqueza en muy pocas familias que son las que se benefician de esta situación mientras que el destino del resto es el hambre, el sufrimiento y el abandono.
En Argentina un pequeño grupo de empresarios fijas las condiciones en que funciona el mercado determinan los precios, controlan los gobiernos, convirtiendo la función reguladora del mercado en una ficción.
Sin bien, aunque principios neoliberales como el individualismo, la meritocracia, la competencia entre los seres humanos, etc. han generado cambios científicos y tecnológicos que aumentaron el bienestar y las posibilidades de muchos sectores sociales, pero el costo es una sociedad cada vez más aislada, más asimétrica, que se desinteresa no solo por el futuro propio, lo que es peor se desinteresa por el futuro de las próximas generaciones.
Hemos visto más arriba los datos de las características de las sociedades en las que sus integrantes han alcanzado estándares más altos de bienestar y son aquellas que se enfocan en el bienestar común del pueblo, que consagran derechos como la salud gratuita y de calidad, educación para todos igualitaria, acceso a la vivienda digna, reparto más igualitario de la renta, basadas en economías mixtas con participación estatal, etc.
En cambio la Argentina es palpable como el abandono de estas estrategias de gestión conlleva no solo el fracaso de los negocios, sino que hunde a sus habitantes en la más profunda de las miserias, con familias de clase media endeudadas, que no llegan a fin de mes, que deben abandonar sus niveles de vida obtenidos en los 12 años de kirchnerismo y con una política de derechos y reparto de ingresos y someterse a privaciones inimaginables y sectores vulnerables que vagan como fantasmas por las calles mendigando un poco de comida, o con ocupaciones seudolaborales como limpiar parabrisas, abrir puertas de autos, recoger la basura para conseguir un ingreso lamentable, cuidar autos, etc., o con formas comerciales que implican vender productos inútiles como pañuelos de papel, lapiceras, etc., para sobrevivir.
Esto es lo que ha logrado 2 años de neoliberalismo en Argentina, una sociedad triste, abandonada, sufriente, que ve desfilar ante sí a un circo mediático de un mal cantante de rock y una tarotista y pastelera que de la noche a la mañana han acrecentado sus escasos bienes personales a transformarse en nuevos ricos, pero que los reales beneficiarios de la acción de gobierno son el capital financiero internacional y nacional con sus operaciones de carry try y manejos especulativos y el imperialismo norteamericano que cada vez obtiene más concesiones de un gobierno corrupto y sometido por entero a sus requerimientos y voluntad, mientras el resto de la población padece una de las crisis más pavorosas por las que ha pasado el país y que es sometido a una deuda externa impagable y que no se visualiza la salida de esta situación. Y lo que es peor aún, el éxito del neoliberalismo económico implicaría éxito para unos pocos miembros de la gran burguesía concentrada, financiera, industrial y exportadora, pero que se pagaría con la entrega del país a capitales extranjeros, principalmente de EE.UU. y condiciones paupérrimas de existencia del pueblo trabajador y sus descendientes, como claramente lo han demostrado todas las experiencias neoliberales en Argentina y en especial la nefasta gestión de la cosa pública del gobierno de Javier Milei.
Hoy Milei está en el gobierno gracias al genocidio cometido por la dictadura entre 1976 y 1983 y la activa y nefasta propaganda de corte cuasifasista de los medios hegemónicos de prensa (Clarín, La Nación, Grupo América. etc.) en alianza mafiosa con los grandes monopolios industriales, exportadores y financieros. La dictadura masacró a una generación de oro de nuestro país, intelectuales, trabajadores, sindicalistas, universitarios, profesionales, políticos que luchaban por un país más independiente, más justo, más equitativo y dejó un mensaje claro a las nuevas generaciones respecto a rebelarse contra la injusticia social y contra los poderes económicos. Por otra parte, las innovaciones tecnológicas han logrado que muchos jóvenes se cierren en sus circunstancias íntimas y desconozcan el mundo circundante haciéndose más permeables al discurso fascista que surge del relato del gobierno de Milei, olvidando las nefastas consecuencias de ese relato en las décadas del 20´, 30´ y parte del 40´, con su secuela de genocidio, destrucció
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