sábado, 11 de octubre de 2025
QUIERO MORIRME, ME TENGO QUE JUBILAR.
En las sociedades primitivas los ancianos de la tribu eran sujetos de adoración. Se consideraba al anciano como portador de un conocimiento especial vinculado a su experiencia, las que había obtenido a lo largo de su existencia, es por ello que los primitivos cuando necesitaban resolver una situación compleja recurrían al consejo de ancianos de la tribu.
Ese respeto hacia los mayores siguió presente en las familias hasta la primera mitad del siglo XX. En la sociedad patriarcal el padre ocupaba un lugar privilegiado en la mesa familiar, lo que se llamaba la Punta de la mesa y en la otra punta cercana a la cocina se sentaba la madre, eso sí siempre y cuando no viviera el abuelo, en tal caso la punta le correspondía a él.
Los jóvenes de la segunda mitad del siglo pasado, y yo fui uno de ellos, guardábamos respeto y cuidado hacia las personas mayores, las consultábamos, les cedíamos el asiento en los transportes, escuchábamos sus enseñanzas pobladas de anécdotas e historias sociales y el estado era proveedor, además de la asistencia económica y social a las personas mayores, de una educación centrada en es difundir la necesidad y oportunidad de ese respeto.
Existían normas de conducta y valores que condenaban el maltrato a un adulto mayor, a nadie se le ocurría agredir a un abuelo, era, por decirlo de alguna manera intocable.
Los abuelos eran los encargados de proveer felicidad a los nietos, recuerdo con cuanta tristeza y algo de envidia veía como los abuelos de mis amigos acompañaban a sus nietos a las plazas, le compraban golosinas, juguetes, y también mantenían diálogos constructivos con los niños y aún con los jóvenes. No conocí a mis abuelos salvo por los recuerdos que mis padres me transmitieron de ellos dado que uno murió antes de que yo naciera y el otro cuando no tenía un año de vida, pero si tengo grabado en mí ser el relato que mi madre hacía de él los últimos momentos de la vida de mi abuelo, cuando le llevaron un sacerdote con su sotana negra para que le administrara la extremaunción, las últimas palabras del abuelo fueron “saquen a ese cuervo de aquí” y murió. Tal vez ese sea el origen de mi tránsito del catolicismo en la niñez al agnosticismo en la juventud y finalmente al ateísmo en la edad madura.
Esto no significa defender a la sociedad patriarcal, la caída del patriarcalismo y el machismo es un avance en la sociedad humana, es tan solo relatar como se vivía en la primera mitad del siglo pasado.
Los seres humanos hemos avanzado mucho en nuestra ya larga existencia, y en las últimas décadas del siglo XX estos avances fueron vertiginosos al punto tal que cuesta comprender los usos y costumbres de la actualidad. La era exponencial se caracteriza no solo por los cambios tecnológicos, sino también por los cambios culturales y de la vida cotidiana.
De la familia biparental hemos pasado a familias monoparentales, homosexuales, ensambladas, etc., estos cambios son también el producto de la diversidad sexual que esta siendo cada vez más aceptadas y del respeto por las minorías sexuales, étnicas, y de todo tipo.
Evidentemente la sociedad humana ha avanzado mucho, pero también ha perdido en ese recorrido vertiginoso valores fundamentales que hacían a la cohesión social, al respeto por el prójimo, a la empatía con los mas vulnerables. Valores como la cooperación, la solidaridad, la aceptación de derechos, temas como en donde hay una necesidad nace un derecho, son hoy cuestionados, y dentro del abandono de esos valores se encuentra la pérdida del sentido de respeto y asistencia a los adultos mayores.
De ser el norte al que se dirigían todas las consultas, los adultos mayores pasamos a constituirnos en el lastre que arrastran las sociedades capitalistas.
Hoy los abuelos son algo así como el entrenamiento de las fuerzas represivas que se ensañan con los viejos que reclaman lo que legítimamente les pertenece, el derecho a una vejez digna y confortable, rodeados del cariño de los suyos y sintiendo el respeto de los jóvenes cuando concurren a un centro asistencial o van en el transporte público.
En Argentina, la ex montonera revolucionaria devenida a ultraderechista (en Bullrich encontramos clara evidencia de la veracidad de innegable de la frase “de joven incendiario, de grande bombero”) y titular del ministerio de la represión salvaje, ha creado un nuevo juego para entrenar a las fuerzas de la represión tanto ideológica, como físicamente, se llama “fajar con violencia al abuelo”, de manera que los cobardes miembros de las fuerzas represivas muestran su valentía golpeando, gaseando, tirando gas pimienta a los viejo, mujeres, niños que los acompañas, valentía que no tienen para enfrentar a los narco traficantes, asesinos de la peor calaña, con los que eligen asociarse o negociar sus vidas e ingresos.
El gobierno de Javier Milei priva a los jubilados de los medicamentos gratuitos, les paga jubilaciones miserables, los condena al hambre y la miseria ante el silencio cómplice de una sociedad adormecida, que acepta que el maltrato y las miserias de los mayores son justificados con el “no hay plata” de Milei, pero que si hay para regalarle miles de millones de dólares a las exportadoras cerealeras, de cobrarle menos impuestos a los mega ricos, realizar costosos viajes por el mundo con nutridas comitivas para recibir premios pedorros y truchos o para arrodillarse ante el imperio del norte para rogar algún mendrugo y al estilo de Calígula y Neron en el imperio Romano, darle a su vituperado y sometido pruebo el circo de una exhibición bochornosa de algo que parecía ser un espectáculo musical patético y muy malo en el que algunos miles de secuaces gritaban desaforados como si estuvieran escuchando a los Redonditos de Ricota.
Hasta el siglo pasado cuando una persona se jubilaba se la hacía una recepción de reconocimiento, se le entregaba una medalla y se la gratificaba con muestras de cariño y respeto, hoy ni siquiera saludan al que pasa a ser un trabajador pasivo, solo ocurre que un día trabaja y al día siguiente su asiento está desocupado y a nadie le importa nada mas de su vida, solo tendrá un “viste se murió fulano, que macana” y a seguir que el mundo no para.
En la vida cotidiana es común ver el gesto adusto de los jóvenes tras un mostrador, que denota que sienten a la persona mayor como una molestia, o que se lo recibe en un consultorio con un “entrá, que te pasa”, o en un supermercado por ejemplo ver la extrañeza con que el colaborador del super mira al abuelo que pregunta donde es la caja para personas mayores, tema que está establecido por ordenanza municipal.
Para el neoliberalismo, que ha construido en los últimos 80 años una forma terrible de subjetividad, basada en el abandono de los valores de una sociedad equilibrada y los ha reemplazado por el individualismo, la meritocracia, el desapego, el abandono de los más vulnerables, la solución al problema de la atención de los adultos mayores pasa por una receta muy simple, como dijo a ex directora del FMI Christine Madeleine Odette Lallouette; y actual funcionaria del Banco Central Europeo, la corrección de los sistemas jubilatorios pasa por la muerte de todos los jubilados. En la Argentina del neoliberalismo de Milei, pasa por una reforma jubilatoria que aumente la edad de retiro de las personas, reduzca sus estipendios, disminuya sus derechos y si es posible como preconiza Lagarde, que es el apellido del burgués que tiene por marido, autorizar la eutanasia para que los jubilados no sufran mas necesidades y se mueran más rápido.
Lo trágico no solo es que esta idea es compartida por muchos jóvenes que no ven que la vejez, como posiblemente también la pobreza y la indigencia, es una situación que tarde o temprano nos llega a todos y que siguen votando a un mamarracho vinculado a cuanto negocio ilícito hay en la Argentina y aceptan las mentiras y desatinos de este representante cabal del neoliberalismo vernáculo, lo peor es que muchos abuelos creen que ese es el camino y lo votan. En una entrevista una señora mayor reclamaba contra la moratoria jubilatoria porque afirmaba que se le concedía la jubilación a muchos vagos que no aportaron y eso destruía el sistema jubilatorio, el periodista la consulta respecto a si ella era jubilada, y la entrevistada responde que sí, ante la pregunta de cuando se jubiló contesto que lo hizo con la moratoria jubilatoria de Cristina.
No se buscan soluciones como por ejemplo jubilaciones segmentadas atadas a la expectativa de vida de los diferentes sectores de trabajadores, carga tributaria democrática que lleve a que el que mas tiene mas pague como ocurre en países capitalistas avanzados como Suecia, Noruega, Finlandia, Francia, etc., don de el que tributa para una alícuota diferenciada de acuerdo al tenor de sus ingresos, sistemas de protección a la salud y la alimentación de las personas mayores, desarrollo de entornos sociales placenteros para gratificar a los jubilados, etc.
Como vemos, plata hay, recursos hay, solo que es necesario planificarlos, ordenarlos y acabar con el neoliberalismo que no es otra cosa que el proyecto social del capitalismo salvaje.
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