La frase atribuida por Gabriela Cerruti a Franco Macri refiriéndose a su hijo Mauricio Macri en su libro “El pibe”[1], nos permite iniciar una reflexión sobre la relación entre política y gestión pública y privada.
¿Cómo funciona la designación de las personas para la gestión de las organizaciones? En las organizaciones privadas el reclutamiento de colaboradores tiene la característica de contrato laboral, es decir el responsable de recursos humano integra a la organización, mediante un contrato de trabajo, a las personas que van a colaborar con ella. Por supuesto, este reclutamiento tiene características diferentes según se trate de personas asignadas al escalón más bajo de la pirámide organizacional o de quienes tienen a su cargo la dirección estratégica de la misma.
En la consultoría es frecuente encontrar situaciones problemáticas en relación a la gestión, sobre todo a nivel de las empresas familiares, dado que al superponerse los subsistemas familiar y organizacional, es frecuente la existencia de conflictos en relación a quien toma las decisiones y la legitimidad de las mismas. En las grandes empresas nos encontramos con una situación que se encuentra a mitad de camino entre la selección de cuadros directivos que observamos en empresas familiares y medianas y pequeñas empresas y los métodos frecuentes en el aparato del Estado.
En las grandes empresas existe una lucha política, y cuando hablamos de lucha política nos referimos a la pugna de intereses contrapuestos que enarbolan las diferentes coaliciones internas de las mismas. Esta situación implica tácticas y estrategias en el proceso de lucha por el poder dentro de la organización. Se constituyen formas organizativas que sin tomar la forma de partidos políticos recurren a diferentes métodos de confrontación que van de las traiciones, las coaliciones, la propaganda, el liderazgo construido, etc.
En esas confrontaciones se juega también el clientelismo familiar y político. En la organización aparecen ubicados en los altos cargos miembros del clan familiar que tiene la mayoría accionaria de la empresa, que según Cerruti, fue el caso de Mauricio Macri quien se hizo cargo de las empresas del grupo SOCMA[2] por la sesión graciosa de funciones que realizó su padre Franco y cuyo resultado fueron una serie de desaguisados que entre otras cosas llevaron a que el grupo perdiera la concesión de la producción de automóviles FIAT que tenía la empresa Sevel.
Pero existe una diferencia fundamental entre este estilo de gestión familiarista y clientelar en la empresa privada y en el Estado, mientras que en la primera los errores de gestión son pagados por la organización[3], en el segundo caso el que se ve afectado es el erario público, es decir lo pagamos todos los habitantes de un país.
Por lo tanto si “mi hijo es un pelotudo” y funde la empresa el problema y los costos son a cargo mío y de los demás socios de la empresa, pero si estamos en la esfera pública se perjudican todos los ciudadanos.
En general el modelo familiarista y clientelar ha constituido casi una constante en la política argentina, cuando alguien accede a cargos de responsabilidad en el aparato del Estado por elección ciudadana o por el dedo de alguien encumbrado “democráticamente”, designa en diferentes puestos de responsabilidad a parientes, amigos y favorecedores[4].
Un candidato para poder ganar debe tener muchos votos, es lógico que el solo no puede convencer a todos los m miembros de su comunidad de sus habilidades para gobernar.
Además de la propaganda televisiva, radial y escrita necesita de un ejército de personas que consigan esos votos, para ello organiza sus huestes con un sistema casi militar que va de los coroneles o dirigentes encumbrados que va a ocupar altos cargos en la administración pública si gana, pasando por los punteros o suboficiales que son los que organizan el territorio y finalmente los militantes rasos o soldados que son la fuerza de choque en el territorio.
Cuando accede al poder debe “recompensar” los esfuerzos de sus seguidores, nombrando ministros a sus coroneles, en cargos subalternos a sus suboficiales y en cargos menores a sus soldados, de esta manera la administración pública se puebla de un ejército que la ocupa y que ejerce diferentes cargos sin conocer sus funciones.
Se podría decir que eso ocurre en todos lados, bueno no es tan así, en los países más desarrollados, los partidos políticos cuentan con escuelas de formación de cuadros técnicos que se preparan para el momento de gobernar, estos cuadros ocupan los lugares estratégicos y el resto de los puestos (la mayoría) de la administración siguen ocupados por los mismos que lo hicieron en anteriores administraciones y que seguirán ocupándolos en los gobiernos posteriores, constituyéndose en una especie de memoria colectiva y técnica que perdura en el tiempo y que es refractarias a los diferentes intereses políticos partidarios.
Esta metodología de administración evita un fenómeno recurrente en nuestro país, cada administración que se hace cargo del Estado hace borrón y cuenta nueva, deja de lado proyectos y programas de sus antecesores, aun cuando sean muy buenos o útiles, y promueve nuevas ideas y proyectos.
Otras veces el saber técnico se vuelve contra la administración, ya que el político (diputado, senador, etc.) desconoce muchos de los temas sobre lo que tiene que emitir opiniones o votar y solo tiene como soporte sus asesores (recordemos que tiene un número limitado de asesores, que lo instruyen sobre un número limitado de cuestiones) y allí funciona el denominado centralismo democrático de las organizaciones políticas, se hace lo que mandan los que saben y dirigen. Acaso en los debates parlamentarios participan todos los diputados, por supuesto que no, frecuentemente solo lo hacen los presidentes de bancada, miembros informantes y el resto levanta la mano o aprieta el pulsador para votar lo que le han indicado.
La estructura de la administración pública en el sistema representativo de gobierno en la Argentina es muy onerosa e ineficiente, requeriría de cambios organizacionales de la misma que mejoren la calidad de servicio.
Pero, sería un error hacer estos cambios desde la perspectiva de la organización privada, es necesario realizarlos desde un punto de vista original y propio de “lo público” para no caer en los mismos errores de la organización privada que más arriba criticamos.
No pretendo dar recetas ni propuestas únicas, solo algunas ideas fuerza que considero que pueden cambiar el rumbo de la administración. Pienso que es necesario dar autonomía a las administraciones municipales, traspasar empresas, servicios y funciones a la misma, incrementar la democracia plena en el territorio, mejorar el nivel de representatividad de los funcionarios públicos elegidos (concejales, administradores, etc.), incrementar los organismos de control ciudadano y democratizar su funcionamiento, promover las formas participativas y colectivas en la toma de decisiones de cuestiones importantes que afectan el interés público.
Si comenzamos a discutir estas cuestiones podremos empezar a caminar por el sendero de la transformación autogestionaria de nuestra sociedad.
Hasta la próxima.
[1] Cerruti G. (2010) El pibe. Planeta. Bs. As.
[2] En 1985 fue Gerente General de Sevel, en 1992 vicepresidente y en 1994 presidente.
[3] Nótese que digo la organización y no por los empresarios porque generalmente los que pagan los platos rotos de los desaguisados de los gestores son en primer término los trabajadores de la misma.
[4] Por ejemplo en un provincia la mayoría de los puestos de gestión son designados a dedo por los políticos que ganan las elecciones, cosa que no ocurre en países avanzados, por ejemplo en Francia un Ministro de educación solo puede designar a su secretario ya que los restantes puestos ministeriales son “de carrera” y se accede a ellos por concurso público.
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