lunes, 16 de julio de 2012

Política, medios de comunicación e inflación.


En muchas oportunidades hemos analizado como los sectores de poder utilizan ciertos temas con fines políticos. Uno de ellos es la inseguridad, en este caso hemos distinguido la inseguridad de la sensación de inseguridad, considerando a la segunda como una experiencia subjetiva que es creada en la sociedad por la acción masiva de los medios de comunicación.
No decimos que no existan asaltos, secuestros, salideras, asesinatos, y todo tipo de delitos y crímenes, lo que decimos que si los medios de comunicación de masas, exponen en sus páginas, en sus pantallas, en forma persistente, cada delito que acontece, pueden crear (y en los hechos lo hacen) la sensación de que todos y cada uno de nosotros, cada vez que salimos a la calle, nos encontramos expuestos a ser robados, matados, etc.
En todos los países del mundo existen estos tipos de delitos, en algunos con más, en otros con menos frecuencia.
De lo que se trata es de generar temor en sectores de la población, sobre todo en aquellos más permeables a este discurso, como la pequeña burguesía ciudadana, proclive a absorber formas de propaganda autoritaria y discriminadora.
Los medios de comunicación suelen manipular estadísticas, brindar datos sin decir cual es su fuente, desinformar, etc., todo según el objetivo político que tengan.
De la misma manera vemos como desinforman en este tema, a continuación analizaremos como manipulan la cuestión de la variación de los precios al consumidor, comúnmente conocida como inflación.
En primer lugar quiero exponer una serie histórica obre la inflación, la fuente no es el INDEC tan denostado por la prensa canalla, sino la pagina Méxicomaxico.org.
Veamos un cuadro.

Años
% varación
Años
% variación
1970
21,74
1991
84
1971
39,12
1992
17,5
1972
64,15
1993
7,4
1973
43,77
1994
3,9
1974
40,1
1995
1,6
1975
334,96
1996
0,1
1976
347,55
1997
0,3
1977
160,44
1998
0,7
1978
169,84
1999
-1,8
1979
139,74
2000
-0,7
1980
88
2001
-1,5
1981
131
2002
41
1982
210
2003
3,7
1983
434
2004
6,1
1984
688
2005
12,3
1985
385
2006
9,8
1986
82
2007
8,5
1987
175
2008
7,2
1988
388
2009
7,2
1989
4924
2010
10,9
1990
1344
2011
9,5

Que no dice este gráfico, en primer lugar que entre 1975 y 1991 los índices de inflación fueron de tres dígitos, en segundo lugar que desde 1971 hasta 1992 la argentina soportó tasas superiores al 20%, en tercer lugar que si bien las tasas de inflación brindadas por consultoras privadas hablan de valores cercanos al 20, aun cuando aceptemos esos valores, lo que no dicen es que ese valor se mantiene constante en los últimos años. Existe una gran diferencia entre un tasa que va creciendo (por ejemplo 1%, 5%, 10%.....50%) y una tasa que según esas mediciones privadas ronda el 20%  (20%, 21%, 25%, 20% …..20), ya que en el segundo caso es una tasa que se mantiene estacionaria en el tiempo. Creo que la inflación es un problema, pero como afirmara Marcelo Cavarozzi en un artículo de “Punto de Vista” en la década del 90´una tasa de inflación de menos del 30% a veces no es un gran problema, pudiendo ser una herramienta económica de construcción política.
El otro problema asociado a la inflación es el del valor del dólar, muchos economistas afirman que al haber inflación y no devaluarse la moneda la economía pierde competitividad.
La competitividad no está asociada solo al valor el tipo de cambio, ella depende de la inversión, de la innovación tecnológica, en definitiva de muchos factores, la industria y el comercio en argentina, han basado sus ganancias en obtener altos réditos sobre la base de tener bajos costos internos, lo cual es una solución que periódicamente estalla, porque cuando se implementan políticas activas tendientes a lograr mayor equidad en el reparto de la riqueza, lo que implica mayores salarios, mayor consumo, estos sectores en lugar de aumentar su producción, tienden a aumentar los precios, es decir el camino fácil pero equivocado.
Por otra parte, en los últimos años hemos observado que la prensa canalla (entre los que destacamos a Sanata, Castro, Bonelli, Tenenbaum, Morales Solá) y sus amos Clarín, La Nación, Perfil, han realizado una activa acción de desinformación orientada a crear pánico entre la población con distintos temas (inseguridad, autoritarismo, persecuciones, aumento de precios, corrupción, etc.) tomando, a veces, datos ciertos pero magnificándolos o poniéndolos, como en el caso de la inseguridad, de manera que parezca que Argentina esta sembrada de cadáveres a consecuencia de los asesinatos diarios.
La inflación es uno de esos temas, en los programas televisivos vemos a diario economistas que advierten sobre los efectos catastróficos de la misma, que repiten hasta el cansancio que la inflación es mayor que lo que afirma el INDEC, que  si no se toman medidas vamos a la hiperinflación, etc., pero el lector, si escucha atentamente a estos economistas como Redrado, Lousteau, Broda, De Pablo, Melconián, etc., observará que nunca dicen como hacer bajar la inflación, nunca analizan el salario real en los últimos años, nunca hablan del crecimiento del consumo de los argentinos, y no lo hacen porque para ellos la única manera de bajar la inflación, mejorar el clima de negocios, aumentar la productividad, es aplicando las recetas que se aplican en Europa, en Grecia, España, Portugal, con las consecuencias de mayor hambre, miseria, falta de trabajo, perores condiciones de vida, para la gente y buenos negocios para los bancos, para el capital financiero, para la burguesía concentrada.
En los últimos diez años los argentinos recuperamos mucho de lo que la burguesía concentrada nos había robado por medio de las políticas neoliberales, desde la década del cincuenta, en muchos casos por medio de gobiernos militares dictatoriales y en otros por gobiernos elegidos por el voto popular, pero funcionales a los intereses de los grandes bancos, de las patronales agrarias concentradas, de los grandes grupos mediáticos; hoy se intenta volver a someternos para destruir las conquistas que en el plano económico logramos con años de lucha, y también conquistas sociales que ampliaron la ciudadanía, como el matrimonio igualitario, la ley de medios, la jubilación del 82% móvil, la estatización de Aerolíneas, aguas, Correos, YPF, la mayor inclusión otorgada por planes como Conectar Igualdad, la asignación universal por hijo, etc..
Creo que es hora de pensar en que medidas debemos tomar los ciudadanos contra los que diariamente conspiran contra el bienestar de la población, mintiendo por lo medios de prensa, tratando de sembrar el desaliento entre nosotros para que bajemos los brazos, contribuyendo al alza de los precios con sus pronósticos fatalistas, tratando que la economía entre en crisis para mejorar su posicionamientos políticos o hacer mejores negocios a costa del bienestar de los ciudadanos.
Es hora que apaguemos los televisores cando estos personajes aparecen en las pantallas, que dejemos de comprar la prensa canalla en la que escriben, que no consumamos los productos de los que los sostienen con la publicidad, que los denunciemos en todos los lugares y momentos en los que podamos.
El ciudadano no tiene medios hegemónicos, pero si la fuerza de su palabra y su capacidad crítica.
Hasta la próxima

martes, 3 de julio de 2012

Sobre la violencia en la sociedad.


Es difícil escribir sobre un tópico en el que otros han derramado ríos de tinta.
La violencia es un factor integrado a la sociedad humana. Los seres humanos nos hemos agredido. Matado y aniquilado a lo largo e la historia de la especie.
Podemos afirmar que somos animales agresivos y codiciosos, que usamos la violencia como forma de dominación y expoliación sobre los eslabones más débiles de la cadena humana.
Los romanos, tenían un principio, la res nullius, la “cosa de nadie”, aquello que por el simple hecho de ser ocupado pertenece al ocupante, por supuesto todo lo que estaba fuera del imperio era pasible de ser ocupado, y por lo tanto la conquista militar otorgaba al romano el derecho de ocupación. Aquello que los romanos obtenían por conquista les pertenecía.
Si lo pensamos atentamente, solo los pueblos originarios africanos, pueden afirmar que su territorio les pertenece, el resto del planeta fue tomado por el homo sapiens a otras especies menos evolucionadas, a medida que se propagó por el mismo.
La historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases, afirmó Max, pro no siempre las clases de una sociedad dirimieron sus diferencias de intereses en el plano local o territorial.
En un mismo espacio socio histórico, podemos observar, lucha entre clases (esclavos vs amos; burgueses vs nobles; proletarios vs burgueses; etc.) pero, al igual que las clases pugnan entre sí, también se alían y trasladan el conflicto a otras latitudes.
Los romanos no formaron las legiones que les permitieron construir el imperio solo con patricios, Napoleón llegó a extender sus dominios desde la península ibérica hasta Rusia con un ejército formado por sujetos de todas las clases sociales de Francia, los esclavos americanos fueron la carne de cañón de los ejércitos que cumplieron los sueños de autonomía de las burguesías criollas.
Para lograr estas alianzas fue necesario desarrollar dispositivos culturales e ideológicos que naturalizaron las estructuras de dominación o permitieran fundar la unión de intereses contrapuestos, en nociones tan abstractas como irreales.
En el primer caso podemos observar al gobernante por derecho divino, el rey o el emperador entronizado por una jerarquía superior, a saber Dios; en el segundo caso, la noción de Patria. Al proclamar la igualdad, la ciudadanía universal, la burguesía debió acuñar una representación suprema a todos los intereses sectoriales, que le permitiera encolumnar a los distintos sectores sociales tras sus intereses hegemónicos  de clase.
Patria, etimológicamente deviene de patria (del latín patria : familia o clan,  patris, tierra paterna y pater, padre) designa la tierra natal o adoptiva a la que un sujeto se ha vinculado por lazos de diversa índole, como los afectivos, culturales o históricos o por ser el lugar donde se nace.
En la medida en que la burguesía se instituyó como clase dominante y construyó al capitalismo como sistema hegemónico mundial, la noción de Patria, adquirió una significación más importante, permitiendo establecer la unidad en los Estados-nación consolidados a partir de la revolución francesa.
La Patria, me iguala al burgués que me explota y lo convierte en un aliado contra la alianza de obreros y burgueses de otras naciones, en nombre de la Patria se han cometido los peores genocidios, o se han justificado las formas mas viles de explotación.
La burguesía se constituyó en la principal impulsora de los estados nacionales y el andamiaje jurídico, que, en términos de Marx, le permite ejercer el derecho de establecer las reglas de explotación y dominación en todo el territorio bajo la tutela del Estado-nación.
Ahora bien, en la medida en que las sociedades occidentales evolucionaron, las luchas de los sectores dominados impactaron en el andamiaje jurídico de estos Estados-nación, imponiendo a la burguesía una serie de derechos gremiales, políticos y sociales.
Es así que, en casi todas las constituciones de las repúblicas o democracias representativas, figuran derechos tales como, libertad de reunión, de asociación (gremial o política) derechos de los trabajadores, tales como ambiente adecuado de trabajo, remuneración justa, derecho a la estabilidad laboral, beneficios sociales y previsionales como jubilación o vacaciones pagas, etc.), derechos a la asistencia sanitaria universal, voto universal, educación igualitaria, etc.
Los Estados modernos se han constituido en no pocas oportunidades, en diques de contención, contra el avance feroz de las corporaciones sobre los ciudadanos, en especial sobre los trabajadores.
Las corporaciones capitalistas, continúan ejerciendo la violencia como forma de explotación y expoliación sobre los más débiles. Muchas veces el Estado-nación más fuerte somete a los Estados-nación más débiles como manera de apropiarse de sus recursos naturales o lograr concesiones para poder establecer empresas que exploten la mano de obra barata.
Aún con la evolución de los últimos siglos, impulsada por las luchas de los sectores más vulnerables de la sociedad humana, continuamos observando la existencia de trabajo esclavo, servidumbre, despotismo, etc.
La violencia capitalista no es solo la ejercida físicamente sobre un ser humano en particular, es violencia, la destrucción del medio ambiente, la explotación salvaje de trabajadores, allí donde el Estado-nación es débil o esta coaptado por la corrupción y permite la humillación de sus trabajadores, como por ejemplo el sudoeste asiático, o regiones enteras de África.
En e mundo, en los últimos años, hemos asistido a las mas aberrantes prácticas de tortura genocidio, persecuciones religiosas o contra grupos minoritarios de una sociedad, uso y abuso del trabajo infantil, proxenetismo y prostitución infantil, etc.
Mi hipótesis es que la naturaleza arcaica del homo sapiens, determinada por la violencia social o de grupo, el afán de posesión y dominio, la avaricia por las riquezas, etc., continúa intacta.
Por la acción de las estructuras jurídicas y sociales, elaboradas por el hombre a lo largo de la historia, ha sido en parte reprimida, pero continúa latente, acechando para poder realizar el deseo de la carga instintiva, animal y salvaje humana; y si para los sectores dominantes de la sociedad fuera posible, retornaríamos a ese animal violento, irracional y brutal que nos constituye.
Prueba de ello, son las grandes guerras del siglo XX, el holocausto, los genocidio como el armenio o en de Ruanda, en Bosnia Herzegovina, las matanzas de campesinos y pueblos originarios en Latino América, los genocidios represivos en Argentina, Brasil, Chile, Perú, Colombia, etc.
Pero no solo encontramos la violencia en los Estados-nación o en las clases dominantes, asistimos a una generalización de la misma, de manera tal que, encontramos grupos o pandillas que atacan a los ciudadanos sin motivo aparente, como las Maras centroamericanas, como los grupos neofascistas europeos, vemos violencia en los espectáculos deportivos, en las calles, vemos en definitiva una sociedad, que ha dejado atrás la tranquila vida rupestre de ayer y en la ebullición de las nuevas tecnologías, en el desarrollo de toda una gama de productos, ha ido remplazando el sentimiento de amor por el otro, de solidaridad, por el deseo de satisfacción de un consumo tan irracional como violento.
El crecimiento de la violencia urbana, se constituye entonces, en un justificativo para atemorizar a las capas medias de la sociedad, aquellos sujetos sociales que tienen algo que perder, y por vía de la construcción mediática de la sociedad, se satura a los ciudadanos con un mensaje, que poco menos, hace aparecer a las ciudades modernas como un coto de caza de depredadores, que, ¡oh¡ causalidad, son los sectores mas vulnerables de la sociedad, jóvenes sin trabajo y educación abandonados por las políticas neoliberales, infectados por el deseo de consumo que les crean los mismos medios hegemónicos, que luego los estigmatizan cuando recurren a la violencia para satisfacer el ansia de posesión.
Se pone en primer plano y se magnifica esta violencia de los marginales sociales, por objetivos políticos, por ejemplo atacar a un gobierno por no resolver un problema que saben que no se puede solucionar en el marco de las actuales condiciones capitalistas de existencia, o por intereses estratégicos, ocultar que esa violencia es solo una pequeña consecuencia de la asimetría social que hace que mientras unos pocos poseen todo la mayoría de la sociedad se vea condenada al hambre y la marginalidad.
Hasta la próxima.

miércoles, 20 de junio de 2012

Piquetes y cacerolas, ¿la lucha es una sola?


En el 2001 vimos una interesante alianza entre la llamada clase media argentina y los sectores más vulnerables de nuestra sociedad. En ese momento, me refiero al 20 y 21 de diciembre, los sectores medios se movilizaron tras la consigna “que se vayan todos”, reclamando por sus ahorros aprisionados en el famoso corralito. Los piqueteros, que en ese tiempo período histórico (me refiero al menemato) se movilizaron insistentemente por pan y trabajo, convergieron en la Plaza de Mayo con los sectores medios, tanto en la consigna, como en el interés de imprimir un nuevo rumbo a la trayectoria decadente que afrontaba la Argentina.
Surgieron las asambleas populares, como muestra de la voluntad de algunos sectores (fundamentalmente intelectuales y sectores de izquierda) de construir nuevas formas de representación política.
Es un momento instituyente en el desenvolvimiento social de nuestro país, que duró muy poco, rápidamente los sectores tradicionales de la burocracia política, recompusieron su soberanía sobre las masas rebeladas y reinstauraron la democracia representativa.
Allí los caminos de los piqueteros y la clase media argentina se bifurcan. Deja de escucharse en las calles la consigna “piquetes y cacerolas, la lucha es una sola” y los sectores medios retoman la senda cómodamente reaccionaria que siempre transitaron.
Poco tiempo después, si uno marchaba por las calles porteñas, era común escuchar la queja de estos sectores, movilizados con la música de las cacerolas, para increpar los piquetes por los inconvenientes que les ocasionaban la movilización de aquellos, para los que, la solución a sus problemas, no estaba en que el banco les devolviera sus dólares a 1,40 mas SER, sino que debieron continuar la lucha reivindicativa por pan y trabajo.
Luego vino el kischnerismo, que retomó muchas de las banderas populares abandonadas por los pequeña burguesía revolucionarista, como el juzgamiento a los militares asesinos, la intervención del Estado como instrumento de ampliación de derechos económicos y sociales, la consigna de mayor distribución de la riqueza, etc.
La reacción de la derecha tradicional argentina, representada fundamentalmente por las patronales agrarias, los sectores financieros concentrados y sus medios de comunicación monopólicos, no se hizo esperar, y utilizando la excusa de la resolución 125, enfrentó a un gobierno que claramente no orientaba el rumbo económico y social en función de sus intereses.
Allí, los sectores medios reaccionarios de la sociedad argentina, los mismos que años atrás se movilizaron con las cacerolas, volvieron a la calle, ahora para retomar su alianza estratégica con la derecha tradicional, y el sonido de las cacerolas se volvió  escuchar en defensa de los intereses mas espurios que desde los albores de nuestra nacionalidad, expoliaron a la clase obrera y a los sectores populares, el viejo bloque histórico que durante años gobernó en la Argentina de la mano de los militares Volvía a reconstituirse la entente reaccionaria, ahora con el apoyo de los partidos tradicionales como el radicalismo, y con la beligerante clase media urbana porteña como fuerza de choque reaccionaria.
En los años siguientes años, los índices de crecimiento económico, la implantación de nuevos derechos sociales, la ampliación de ciudadanía, parecieron acallar a las fuerzas de la reacción burguesa, pero en los últimos días hemos visto resurgir a las huestes fascistas pequeño burguesas, que parecieran haber elaborado la derrota histórica que les propinó el kischnerismo en las elecciones de año pasado y vuelven por sus fueros destituyentes.
Es importante aclarar porque hablo de huestes fascistas, al referirme a los que cacerola en mano se movilizaron en los últimos días. Para ello, y para mostrar lo peligroso que pueden ser estos sectores, utilicemos a la historia. Las S. A. de los hermanos Röhm no estaban integradas por obreros, ellas constituyeron la fuerza de choque del nazismo, y estaban formadas mayoritariamente por los sectores pequeño burgueses, y burgueses medios desesperados de las ciudades, que veían peligrar su estilo de vida ante el avance del “peligro comunista”.  
Este sector social tiende a ser coaptado, por las ideas mas reaccionarias ya que es muy conservador en sus creencias y muy beligerante cuando siente amenazado su “tradicional estilo de vida burgués”.
Históricamente ha sido el que ha puesto número a las movilizaciones de la iglesia contra el matrimonio igualitario, la despenalización del aborto, la despenalización del consumo de drogas, y la principal fuerza de apoyatura de los partidos de derecha, en su momento la Nueva Fuerza o la U.C.D. de Alsogaray, y hoy al P.R.O. de Macri.
No sale a las calles porque ve amenazada su existencia por falta de alimentos, o porque teme perder su vivienda o por mas y mejor salud y educación, se moviliza para que le vendan dólares, para poder ir de turismo a Miami, contra el avance de las políticas estatales en favor de relaciones sociales igualitarias, etc., no es casual que en estas últimas manifestaciones hayamos visto a Cecilia Pando, el arquetipo de la lucha para lograr la impunidad de los convictos en delitos de lesa humanidad durante la última dictadura.
Pero la defensa de los intereses reaccionarios no es lo más importante que notamos en estas últimas movilizaciones de los “caceroleros”. Lo importante es como reclamaron que les vendan dólares, el grado de violencia y agresividad que manifestaron, las características discriminadoras de sus discursos.
En la televisión vimos expresiones del tipo “hay que sacar a esta yegua que la votan los negros”, “los militares tendrían que haber matado mas Montoneros y nos salvábamos de estar gobernados por ésta”, o las afirmaciones de quienes, estando con su cacerola y creyendo que estaban ante un micrófono dela CNN pedían ayuda a los Estados Unidos (el eterno aliado de lo golpes militares de derecha) o mostraban sin pudor sus galas de señoras ricas.
Violencia y agresión contra la prensa que definen como oficialista, que llegó hasta los golpes y lesiones, ¿se diferencia acaso esa metodología de la que implementaban los nazis contra los sectores políticos diferentes a ellos? Esa agresión de los “caceroleros” habla del espíritu democrático de estos sectores, los mismos que luego reclaman a través de sus intelectuales orgánicos (Sanata, Sarlo, Tenenbaum, Morales Solá, Ruiz Guiñazú, Castro, Blanc, etc.) por democracia y se rasgan las vestiduras por el supuesto autoritarismo del oficialismo.
Mientras veía en la televisión las imágenes de los “caceroleros” desaforados, gritando barbaridades contra el gobierno e insultando a nuestra presidenta, agrediendo a periodistas, me pregunté: ¿Qué le dirán estos tipos a sus hijos cuando regresan a sus casas?, se reirán junto a ellos por las hazañas de sus padres violentos.
Cuando los especialistas buscan las causas de la violencia en las escuelas, deberían prestar un poco de atención a las consecuencias que sobre los niños y jóvenes tiene ver  sus padres casi en estado de enajenación, gritando todo tipo de improperios contra los que tienen un pensamiento diferentes al de ellos, lastimando salvajemente a trabajadores de prensa por el mero hecho de trabajar en un canal estatal.
Y entonces me vino a la memora la imagen del querido y encumbrado periodista liberal Jorge Sanata, patoteando  un humilde trabajador hotelero en el sur de nuestro país, haciendo uso y abuso de la asimetría de poder existente entre él y su cámara con respecto al trabajador, amenazándolo con que si no le decía lo que quería lo iba a escrachar en todo el país, y no pude menos que pensar, la maquinaria fascista ha comenzado a construirse en nuestro país, con el apoyo de muchos “periodistas progres” que no condenan la violencia salvaje de estos sectores.
Porque rápidamente los medios monopólicos salieron a encubrir el carácter fascistoide de la movilización, Tenenbaum llevó a su programa a algunos participantes de la movilización, para mostrar que los que fueron violentos solo eran unos pocos y que los “caceroleros” eran democráticos y humanos (derechos y humanos se decía en tiempos de la dictadura), y  lejos del clima salvaje que primó en las movilizaciones que agredieron a los periodistas de “678” y de “Duro de domar”, presentó a tres energúmenos que se esforzaron por hablar “civilizada y democráticamente”, pero que no pudieron ocultar su simpatía (los tres) por el PRO. Es decir, gracias querido Tenenbaum por mostrarnos que la movilización de los “caceroleros” fue una movilización del PRO para apoyar los reclamos de las patronales agrarias y para pedir que les den dólares, pero tené cuidado, que, si sin querer seguís deschavando al aparato de tu jefe Magneto y del monopolio mediático para el que trabajás, te pueden dar una patada en el tuje y mandarte a la puta calle.
Quiero cerrar este diálogo con una reflexión, muchos liberales democráticos, muchos miembros de la izquierda, que acosaron sin piedad ala república de Weimar, no combatieron con la misma decisión a los sectores fascistas que se movilizaba a favor de Hitler, y al no darse cuenta que al no ser inclaudicables en la lucha por destruir el huevo de la serpiente, terminaron siendo devorados por ella.
Hasta la próxima.

sábado, 9 de junio de 2012

Canto a nuestra lucha.


Defendamos a Cristina
con toda nuestra garra
que la carne se desgarra
cuando es herida de muerte
por la falta de esperanza.
Defendamos a la idea
de tener una justa sociedad,
para que la ilusión pueda crecer
en nuestros tiernos descendientes
no dejemos que nos roben
el deseo de vivir y esperar
otros tiempos que por buenos
es seguro, van a ser mejores.
No dejemos que nos quiten
Lo único que tenemos
Que no son dólares, ni bonex,
sino la dignidad de trabajar,
de disfrutar de nuestra vida,
que es una vida perdida,
cuando no se la pude gozar.
Valoremos las cosas simples y lindas,
que encontramos cada día,
y al volver a nuestras casas,
y estar con los afectos,
podamos reírnos del circunspecto,
político que nos miente,
mientras vemos que nuestra simiente
se hace hombre o mujer feliz.
Saboreemos el descanso verdadero
que la paz nos está dando.
Defendamos a nuestra Presidenta.
que es defendernos a nosotros,
demostremos a los otros,
que son nuestros iguales.
Y entre todos protejamos,
El país que heredamos,
el país que le legamos
a nuestros seres queridos

martes, 5 de junio de 2012

Revolución y cambio social.


Estos son los términos de uso frecuente en los diferentes espacios políticos vernáculos. El problema de los términos es cuando se hace un uso abusivo y dilatado de los mismos.
Si recorremos las páginas de los medios informativos, libros, escuchamos programas políticos, etc., nos encontraremos que ambos términos se hallan presentes en los relatos de actores de diferentes posicionamientos en el espectro ideológico.
El término revolución, fue usado por dictaduras militares, como por ejemplo la llamada “Revolución Argentina” como denominaron al golpe contra Illía los militares en 1966 o la “Revolución libertadora” nombre que acuñaron Aramburu y los golpistas de septiembre de 1955, en algunos partidos de centro derecha es también posible encontrar la palabra revolución como parte de su denominación, como por ejemplo el Movimiento Nacional Revolucionario de Bolivia, o el Partido Revolucionario Institucional de México.
Una primera conclusión, muy obvia por cierto, el uso abusivo del término revolución ha hecho que pierda significancia. Etimológicamente revolución proviene de revolvere, que implicaría dar vueltas. En algún sentido revolución sería mas que evolución, una re – evolución, llevar las cosas a un salto de carácter cualitativo. 
Por lo tanto la revolución en sentido estricto es un proceso que cambia todo lo existente, modifica todas las instituciones y desde una perspectiva instituyente, reordena la sociedad en un nuevo contrato social, totalmente diferente al existente. 
La revolución, para ser tal, debe contener algunos elementos fundamentales, la noción de cambio total y permanente, la idea de la acción colectiva, para lograr ese tipo de cambio social es necesario que todos o la gran mayoría de los ciudadanos adquieran una conciencia revolucionaria, es decir que integren a su experiencia la idea de cambio y se conviertan en actores significativos del mismo y un proyecto colectivamente construido, no por elites de cualquier tipo, sino por aquellos que son destinatarios del nuevo pacto social. La revolución, como enseñaba Castoriadis, implica necesariamente el paso de una sociedad heterónoma, es decir regida por normas que vienen desde fuera del colectivo social, tanto en el tiempo como en la participación, a una sociedad basada en la autogestión, en la que las nomas no las hacen los políticos, los iluminados, los dirigentes, sino que se producen en el seno de la sociedad con participación de todos.
La revolución no es cuestión de tiempos cortos, mas aun los cambios sociales más profundos, el capitalismo por ejemplo, no fueron realizados, ni por una persona, ni siquiera por una generación, se construyó a lo largo de siglos de cambios pausados en los que intervinieron millones de seres humanos separados por siglos en sus existencias individuales. No hubo un escrito fundacional, sino muchísimas obras que aportaron ideas a la construcción del sistema (Smith, Diderot, D´Alambert., Rousseau, etc.) o inventos que lo hicieron posible (Watt y la máquina de vapor, Cropton autor de la máquina de tejer, Hargreaves que inventó el torno de hilar, Savery construyó la primera bomba accionada con vapor, Fitch construyó el primer buque a vapor, Trevithick hace funcionar la primera locomotora arrastrada por una caldera a vapor).
El capitalismo revolucionó, en el sentido etimológico del término la vida cotidiana de los seres humanos y se convirtió en un sistema social hegemónico en el desarrollo de nuestra especie.
También produjo la escisión de las sociedades humanas en clases claramente diferenciadas, los poseedores de los medios de producción (fábricas, campos, comercios) y los que solo tienen su fuerza de trabajo para poder conseguir su sustento, entre ellas se sitúan una serie de clases y sectores de clases intermedias que actúan como colchón social a las contradicciones del sistema, dotándolo de una increíble flexibilidad que le garantiza perdurar en el tiempo.
La noción de cambio es mucho más estrecha y menos estricta que la de revolución, proviene del Latín cambiare y actúa como sinónimo de trocar, muy usada en el comercio. En castellano la palabra es polisémica ya que se puede referir a cambiar cosas, cambiar las cosas, cambiar de estado, y en política se usa frecuentemente para denotar el deseo de modificación de un estado de situación por otro, sin llegar a tener la altisonancia del término revolución.
Es mucho mas frecuente en el marco del capitalismo hablar de cambio, que de revolución. El cambo propuesto puede ser formal o sustancial, pude ser corto o largo, puede ser aplicado a todos o solo a algunos sectores sociales, puede ser positivo para unos, negativo para otros.
Podría decirse que cambio es el vocablo estrella de la política. Si un actor es elegido para la gestión de lo público necesariamente deberá demostrar que ha realizado cambios que favorecen a la totalidad de los actores sociales, si un partido es opositor necesitará criticar los cambios de gobierno y mostrar una agenda de cambios, a la que tratará de hacer visualizar, como de cambios reales, frente a los cambios “ficticios” de quién ejerce el gobierno. 
Si analizamos las campañas proselitistas veremos que el cambio esta en todos los partidos, tanto de derecha o de izquierda, los llamados progresistas o los denominados conservadores, todos van por el cambio.
Mas aún, si el lector lee atentamente la propaganda política en épocas electorales, encontrará que un candidato que participó en un gobierno del partido X, al que a lo mejor le fue mal en la gestión, dirá que lo voten porque es el candidato el cambio.
Es por ello que cuando encontramos la palabra cambio es necesario que nos preguntemos sobre la historia del actor político que lo enuncia, que exijamos su programa de gobierno, que observemos su plataforma política, y fundamentalmente que pongamos en tela de juicio todo lo que los políticos prometen, recuerde amigo lector, a aquel ilustre político que sentenció “un político promete muchas cosas que sabe que no va a cumplir, y luego hace muchas cosas que nunca prometió”.
Tratemos ahora de unir estas palabras en una reflexión que esté vinculada a la experiencia de nosotros, los ciudadanos de a pie.
Churchill decía que un joven que no es revolucionario es una contradicción y un adulto que sigue siéndolo una estupidez. Creo que muchas veces debemos aceptar que con el paso de los años y la experiencia los seres humanos vamos modificando nuestras ideas. También las sociedades son colectivos llenos de vida que en su proceso de maduración van modificando sus imaginarios sociales y al igual que sus componentes, a veces los cambios en el imaginario pueden ser progresivos o retrógrados. 
Veamos un ejemplo, en los setenta la mayoría de los jóvenes creía en una revolución inminente, un cambio drástico en la sociedad que instalaría la igualdad social y la libertad total en las relaciones internas de la misma.
Las concepciones que mayor cantidad de adherentes tenían se referían a la necesidad de construir una sociedad socialista, al rol de la violencia en el cambio, a la necesidad de construir un partido que liderara el cambo social, etc. 
Casi todos los jóvenes estaban de acuerdo con la necesidad de cambiar la sociedad capitalista y de que ese cambio se produciría en un tiempo relativamente corto. El atajo que hacía visualizar el cambio como mas rápido era la lucha armada y los partidos políticos de la izquierda en sus distintas variantes adscribían a la guerra popular prolongada, a la insurrección armada, etc.
Muchos de los que aceptaban la violencia como un mal necesario, que no veía otra forma de cambio que el cambio rápido y brusco, fueron asesinados por la dictadura militar, algunas veces cayeron en combate contra el ejército en una lucha desigual con final predecible, la mayoría fueron asesinados en los campos de exterminio montados por el llamado “Proceso de Reorganización Nacional” y los que sobrevivieron o se debieron marchar al exilio o refugiarse en un exilio interno.
Muchos de los que sobrevivimos a la dictadura hoy podemos realizar algunas reflexiones que queden como experiencia para las nuevas generaciones. 
Pero esas reflexiones deben tomar como dato, además de lo que pasó n nuestro país, lo que aconteció en lo llamados socialismos reales, lo que les ocurrió a muchos jóvenes revolucionarios en el mundo. 
Debemos ver en primer lugar si la ecuación entre sangre derramada, inteligencia perdida, valores ausentes, contra los logros obtenidos es satisfactoria. Imagine el lector lo que sería de nuestro mundo actual, si grandes intelectuales como Rosa de Luxemburgo, León Trotsky, Karl Liebnick, Bujarin, Kamenev, o las víctimas del castrismo como Camilo Cienfuegos, el General Ochoa (héroe de la guerra de Angola), los muertos de Tian An Men en China y tantos caído o en las purgas de los socialismos reales, en las guerras civiles, etc., hubieran tenido la vida biológica que le cabía sino hubieran sido asesinados. 
Fueron acaso necesarios los resultados catastróficos de las dictaduras de izquierda y de derecha que asesinaron a tanta gente en todo el mundo, después de dos siglos de revoluciones que siguieron a la “Gran Revolución Francesa” el capitalismo continúa siendo el sistema económico hegemónico en la tierra, aun con su explotación, sus masacres, sus diferencias sociales. 
Tal vez es hora de pensar en cambios y revoluciones con un contenido más auténtico de las palabras y con tiempos que no sean tan apresurados, aun cuando sepamos que nosotros no podremos ver la sociedad que nos imaginamos.
Hasta la próxima

sábado, 26 de mayo de 2012

El hartazgo de muchos argentinos.


Hay quiero ser emotivo, quiero transmitir mi hartazgo, como el de muchos argentinos, con un cierto periodismo, ese periodismo encarnado como figura paradigmática por el periodista Jorge Sanata, y a la vez pedir encarecidamente a su entorno, que como en el caso de un enfermo terminal se recurre a la eutanasia, alguien tenga piedad del gordo y le muestre los videos de lo que hace, porque francamente, el único calificativo que le cabe es el de patético.
Pero Sanata no es el único, si bien él es quien mejor expresa a ese periodismo mercenario, al servicio de la gran burguesía reaccionaria que es dueña de las tierras, los bancos y los monopolios mediáticos, la nómina de estos medios es muy extensa.
Si uno recorre los diferentes canales puede llegar a envenenarse con el odio, las injurias, las falsedades, las opiniones interesadas, el ocultamiento de información, los pronósticos fatalistas, que segregan periodistas asalariados de los medios hegemónicos, como Alfredo Leuco, Pepe Eliaschev, José Antonio Díaz, Ernesto Tenenbaum,  Marcelo Zlotogwiazga, Nelson Castro, Joaquín Morales Solá, Magdalena Ruiz Guiñazú, Marcelo Bonelli, Julio Blanck, Eduardo Van der Kooy, Chiche Gelbung, Marcelo Longobardi, y tantos otros.
Estos periodistas como Sanata me recuerdan a Groucho Marx quien decía que él tenía principios, y que si a uno no les gustaban tenía otros para ofrecer, al igual que Groucho, estos “periodistas independientes” tienen un variado menú de principios para ofrecer según quienes los contraten.
Lo que Sanata y su troupe de amigos independientes no se dan cuenta, es que no solo ofenden a la Presidenta con sus fantochadas, ofenden la inteligencia de por lo menos el 54% de los argentinos, que votaron convencidos de que un nuevo modelo de acumulación capitalista se está construyendo en Argentina, como paso previo a una sociedad igualitaria y autónoma.
Sanata, que pretende vanamente emular al genial Tato Bores, no informa ni divierte, solo da pena en su intento por ensuciar y degradar todo lo que el oficialismo hace, como por ejemplo sus comentarios sobre el comercio con Angola, hablando de una plaza del candombe, cuando se refiere aun lugar de homenaje, que ese país realizó con las mujeres que combatieron en la independencia.
Añorando los años en que Menem y De a Rúa nos “metían” en el primer mundo de la convertibilidad (como Grecia entró al mundo del Euro) del cual salimos con las cifras de pobreza e indigencia mas altas que existieron en el siglo XX en nuestro país, Sanata defiende que se pueda comerciar con EE.UU que mantiene un sitio ilegal de tortura en Guantánamo, que sostiene un prepotente e ilegal bloqueo contra un país independiente como Cuba, que participó del asesinato del Che, de Allende y de miles de revolucionarios latinoamericanos a través de agentes suyos como Michael Vernon Townley Welsch (que participó e la logística del golpe contra Allende), Félix Ismael Rodríguez.(que ordenó la muerte de Che), etc., pero no con Angola, que es un país del tercer mundo y no del primero como España, Grecia, etc.
En la misma línea de Sanata, José Antonio Díaz (aquel que dijo que el bicentenario estaba devaluado haciendo alusión a que no iba a congregarse nadie en los festejos), se la pasa haciendo pronósticos catastróficos sobre la marcha de la economía, como en algún momento lo hizo Broda cuando anunció un dólar a diez pesos, o tantos otros “economistas objetivos”. Claro como el capitalismo es un sistema contradictorio de crisis cíclicas, basta con decir que va a ocurrir una crisis y esperar, ya que se supone que en algún momento va a haber una crisis, solo que hace diez años que esperan el momento y no llega y por añadidura existen medios periodísticos “malvados”, que les recuerdan sus pronósticos como lo hacen “Duro de Domar”, “6, 7, 8”, Tiempo Argentino, CN 23, lo que hace que estos mercenario añoren aquellos años del discurso único, en el que podían decir cualquier estupidez sin que nadie les recuerde lo que decían.
Del impresentable Pepe Eliaschev no hay nada que decir, solo basta escucharlo para darse cuenta de la similitud ideológica que guarda con otros dinosaurios conservadores como Mariano Grondona, Mario Vargas Llosa, Luis Majul, Osvaldo Pepe, Marco Aguinis, Tomás Abraham, etc., creo que el problema de Eliaschev es que hace ya mucho tiempo que se le detuvo la neurona trotona (la única neurona que tiene y da vueltas en su cerebro y que cada tanto al moverse engancha un pensamiento) y por eso no puede hilvanar dos ideas coherentes.
No hablemos de los progres como Tenenbaum y Marcelo Zlotogwiazga, el primero escribió un libro “¿Que les pasó?”, ahora a la vista de su defensa del propagandista estrella de la dictadura genocida, Gelbung, en nombre de la libertad de expresión, que parece que para él solo vale para los periodistas opositores, y de sus manipulaciones de los entrevistados para que digan lo que él quiere que digan, debería escribir una segunda parte, le sugiero un título “¿Qué me pasó?”, como decía el gigantesco Atahualpa, “no hay flojo que no se venda por una sucia moneda, aunque siempre en mi patria queda criollaje que la defienda”.
A algunos “periodistas”, como Grondona, Longobardi, Guiñazú, Morales Solá, no es necesario comentarlos, ya los escuchamos mucho durante la dictadura, hablando de los subversivos terroristas, como bien lo denunciara una publicación, “Los sofistas y la prensa canalla” editada por Eduardo Varela Cid cuando recién comenzaba la democracia en 1984, en el que se critica de manera muy fuerte a muchos medios y periodistas por ser el sostén intelectual e informativo de la ultima dictadura militar. Las criticas van fundamentalmente contra Editorial Atlántida (Revista Gente, Somos y Para Ti) y algunos periodistas que escribían a favor de la dictadura en ella como Mariano Grondona, Renee Sallas, etc., pero silenciando cuidadosamente el papel de los medios hegemónicos durante el genocidio o los podemos identificar en el abundante material escrito y gráfico que existe del período que va de1973 a 1984.
Creo que es hora de que la mayoría silenciosa, aquellos sin voz (en los medio de prensa), comencemos a ser parte de la crítica hacia los canallas que no solo defienden los espurios intereses de los sectores mas concentrados de capitalismo, que hagamos sentir nuestra voz para que esos mercenarios a sueldo de los medios hegemónicos dejen de creer que nos pueden manipular. Es hora de que en cada bar en una mesa de café, que en cada charla en la mesa familiar, en conferencia a la que asistamos, en cada momento en que podamos denunciarlos, lo hagamos, no importa lo exiguo de la cantidad de personas que nos escuchen, no importa lo largo o corto del recorrido de nuestra prédica, importa que una, cien, millones de voces de los ciudadanos de a pie nos hagamos sentir desde donde podamos, desde un blog como yo ahora o desde cualquier lugar, que no los escuchemos mas, que no miremos sus programas, para que dejen de mentirnos y dejen de ofender nuestra inteligencia.
La gran burguesía durante el siglo veinte tuvo el control de la circulación de la palabra, ahora gracias a los grandes adelantos tecnológicos como Internet o la telefonía celular existen otras voces que pueden circular, y la palabra se ha podido liberar de las ataduras que le impedían desplegar todas sus potencias revolucionarias y transformadoras.
Parafraseando una consigna podemos decir “Ni olvido, ni perdón, caerán los mentirosos y serán incinerados en la hoguera de las vanidades”, con el combustible de la crítica implacable de un pueblo que no acepta mas que se hable en nombre de él, que quiere ser su propia voz y tener sus propias ideas producidas en el marco de la autonomía social que tan brillantemente propugnara Cornelius Castoriadis.
Hasta la próxima

martes, 15 de mayo de 2012

Trabajo y felicidad en el capitalismo


Este trabajo es una presentación realizada e un Taller en Córdoba, se presentaba un libro de Christian Baudelot y Michel Gollac  ¿Trabajar para ser feliz? La felicidad y l trabajo en Francia de Editorial Miño y Dávila.
La pregunta que formulan los autores es muy interesante, pero a la vez complicada, porque reúne en su enunciado dos cuestiones que en la sociedad de las TICs son sumamente complejas.
Creo conveniente aclarar que el libro contiene una primera parte teórica donde interpela no solo al trabajo, y a la felicidad, y que constituye una invitación al debate dentro del campo delimitado por la investigación realizada en Francia, y que buscó obtener datos sobre la sensación de felicidad en el trabajo de los franceses.
El trabajo de investigación fue realizado sobre datos de la Encuesta Permanente de Condiciones de Vida de los Hogares (EPCV) en 1997 que efectúa el INSEE (Insttut National de la Statistique et des Etudes Económiques).
Comenzaré mi análisis desde un punto que considero seguro, que es el de la razón etimológica de las palabras.
Etimológicamente, entre los latinos, feliz venía de felix que significa fecundo, y se relaciona con el verbo felare que es chupar o mamar, es decir que se vincula al acto de amamantamiento,  en griego el término  para designar a la felicidad es eudaimonia que se usaba para expresar bienestar, felicidad, buena fortuna, abundancia. La palabra es compuesta, tenemos eu que significa bien y daimón, daimono (luego derivaría a Daimoio (demonio), eudaimón es quién tiene un buen espíritu o buen ánimo, en definitiva un buen dios.
Por lo tanto la palabra felicidad es una acción activa que privilegia el dar sobre el recibir y que se relaciona con placeres ancestrales en la vida humana o con la cercanía a la divinidad.
La felicidad sería pues un estado caracterizado por la sensación de bienestar que evoca momentos prototípicos de la vida de un sujeto.
En la sociedad contemporánea, basada en el consumo, la felicidad se relaciona más con la posesión gratificante de bienes que con el bienestar mental y físico.
De todas maneras subsisten formas arqueológicas de representación que remiten a la idea medieval de la felicidad anclada a la vida celestial, como correctamente se señala en el libro, y de la misma como estado de plenitud psicofísica, que acerca la idea a la de la salud.  
Podemos tomar un camino de análisis de la relación de la felicidad con el trabajo en el que, cuanto menos, veamos que constituye un relación de ambigüedad y ambivalencia.
Si bien, en las respuestas al cuestionario aplicado por Baudelot y Gollac, aparecen indicadores que participan de la relación entre felicidad y trabajo (tener trabajo, que mi hija encuentre trabajo, tener salud, dinero, amor, familia, etc.) creo que estamos ante un concepto que podríamos decir que es un falso amigo, ya que, a mi entender estas vinculaciones aparecen porque el trabajo es, en la sociedad capitalista, el medio que poseen los proletarios para poder obtener los recursos que satisfagan sus necesidades más elementales.
Y este es el punto en el que me propongo interpelar al texto, formulando una nueva pregunta, tantas veces escuchada en la vida cotidiana: “Trabajamos para vivir o vivimos para trabajar?”.
Una digresión, se comenta que Ángela Merkel hizo referencia a que los alemanes trabajaban más horas que los españoles y que en ello residía una de las razones del mayor bienestar de los alemanes. Cuando su interlocutor le señaló que los españoles trabajaban más horas, Merkel dijo “entonces es peor de lo que pensaba” (es decir, en ese momento ella pensó, no son vagos, son inútiles).
La concepción de vida de los alemanes se teje alrededor de la noción de esfuerzo y eficiencia permanente, el alemán (en el decir de los españoles) trabaja sin resuello once meses y en el duodécimo ser emborracha con cerveza, que le sirven con eficiencia cantineros, en las ciudades balnearias ibéricas.
Como es de público conocimiento, la palabra trabajo proviene de un instrumento de tortura, el tripaliari, que era el aspa en el que se ataba al esclavo para azotarlo. A lo largo de la historia, las clases sojuzgadas han utilizado términos que remiten al sufrimiento para designar al trabajo, el yugo, el laburo, o términos que remiten a lo que el trabajo asalariado representa para el trabajador, es decir vender su cuerpo (fuerza de trabajo diría Marx) por dinero, no es casual que en nuestras fábricas trabajar, y perdonen el término, cuando se habla de ir a trabajar, se dice “vamos a poner la concha” utilizando una metáfora que alude al desempeño de las meretrices.
Los griegos y los romanos denostaban el trabajo manual, para ellos trabajar con la manos, con materias corruptas significaba corromperse y además una humillación, por ello tenían un ejército de esclavos que hacían esas tareas que para ellos eran denigrantes.
Hoy en argentina existen émulos de esos ancestros de la humanidad que ven al trabajo como algo sucio, a lo que ellos no se acercan, son las clases privilegiadas que viven de la renta y usufructúan el esfuerzo de los demás.
En este punto de las reflexiones que el libro motivó en mí, surge la cuestión del empleo, que como bien señala el texto, es un bien cada vez más escaso, hoy Europa, con diecisiete millones de desocupados, vive algo que los argentinos experimentamos durante la segunda década infame (el menemismo-delarruismo), es decir una sociedad desequilibrada por las altas tasas de desempleo.
El texto narra adecuadamente cual es el sentir de los desempleados, y no solo que acuerdo con lo que dice, sino que también lo expresamos en nuestro libro “El mito de Saturno. Desocupación y vida cotidiana” y lo profundizamos en “Trabajo y no trabajo: la otra mirada”.
El desempleo afecta la psiquis de los desempleados, su vida de relación (familiar y con sus vecinos) su autoestima, y todo lo que se afirma en la parte teórica de este texto. Nosotros, en “El mito” fuimos mas allá y afirmamos que “la desocupación constituye una patología social del capitalismo que en el fin del milenio, afecta individual y colectivamente a la salud de las persona”[1].
En su irracionalidad el sistema capitalista condena a grandes franjas de la población (fundamentalmente jóvenes) a la inactividad laboral, retarda su ingreso al primer trabajo y los hacina en barrios despojados de los más elementales derechos sanitarios y sociales. A los mayores de cuarenta y cinco años los excluye permanentemente  del mercado de trabajo y por lo tanto del consumo y mediante planes de ajuste neoliberales los condena a la miseria, sin asistencia sanitaria, sin formación, y en general ello se hace para sostener las ganancias de los grandes bancos y corporaciones internacionales.
El sufrimiento del proletario es grande en la organización laboral, donde se ve sometido a cargas físicas, psíquicas y mentales, a un ambiente nocivo de trabajo, a exigencias de eficiencia y eficacia. Los nuevos manuales de gestión de recursos humanos impelen a los técnicos a que le reclamen al trabajador que intensifique su ritmo de trabajo, que se comprometa con la organización, que sea un operario emgaggement, positivo, comprometido, pero, con quien, con una empresa que no trepidará en lanzarlo a la calle si le es conveniente reducir su plantilla, ya sea por crisis, por incorporación tecnológica o simplemente por estrategia de negocios.
En este punto vemos que podemos esbozar una primera conclusión, en un sistema en que lo fundamental es la ganancia, y al que no le importa el trabajador, es imposible pensar en términos de felicidad en el trabajo, mas aun cuando el trabajador tiene sobre sí la espada de Damocles de la desocupación, la miseria y el hambre.
El segundo punto que en la lectura del libro me siento interpelado, y al que me quiero referir, es al papel del trabajo en la constitución de la humanidad.
Los autores hacen referencia a Dominique Medá[2], quien critica la concepción antropológica del trabajo, que a mi entender se encuentra en el propio Marx. Marx consideraba que el trabajo constituía la esencia del hombre, la idea es que el hombre se constituye en el proceso de trabajo. Yo discuto esa idea, primero, fundamentalmente porque considero que no existen las esencias, segundo porque no creo que el hombre esté dotado de un espíritu, y en tercer lugar porque el trabajo menos que menos constituye una esencia. El trabajo es una acción, que organizado en términos de herramientas, permite dotar de una cierta lógica al proceso de producción. Esa lógica varía según los diferentes modos de producción y también varía según los patrones de acumulación de cada sociedad (hay sociedades más piramidales y otras más planas)
Vuelvo a mi pregunta y ensayo una respuesta, entre vivir para trabajar y trabajar para vivir, me inclino por la segunda opción. La gran mayoría de los seres humanos, trabajamos porque no tenemos otra opción, porque tenemos que conseguir los recursos alimentarios, para pagar el alquiler, etc. En definitiva trabajamos porque existimos y para poder seguir existiendo.
Aparece en este punto de mi análisis un nuevo concepto, viejo concepto que tan magistralmente definió Sartre, el de la existencia.
Sartre decía que la vida humana es un proyecto hacia la muerte, que proyectamos nuestra propia muerte, pero que ese hacer proyecto es lo que nos permite seguir viviendo y luchar por conservar la vida.
Desde otro lugar teórico Castoriadis[3], trabajando el mito de Prometeo analiza el cambio que en 25 años hubo en la concepción griega del origen del hombre. En Esquilo los proto seres humanos aparecen como zombis, sin ningún tipo de motivación. Lo que Prometeo les da, simbolizado en el fuego, es el conocimiento, conocimiento que transforma a esos seres monstruosos inhábiles para la vida en seres humanos, y ese conocimiento es la certeza de la finitud de su existencia.
A mayor conciencia de lo escaso de la existencia, mayor compulsión a la realización. Vivimos para existir, pero esa existencia tiene una marca cultural y social, que nos impele a la creación de todo tipo (intelectual, material, artística, bélica, etc.).
Es en el proceso creativo que el trabajo se encarna, para darle posibilidades a la existencia humana, el trabajo debe encarnar en la creación, es tal vez por ello que durante siglos haya soportado la ambigüedad de ser algo oneroso, gravoso y a la vez muy requerido.
Resulta obvio que no es posible generalizar sobre los efectos que tiene el trabajo en la percepción subjetiva de la felicidad, pero podemos trazar algunas líneas de significancia, ya que como correctamente se señala en el texto, esta percepción, aunque muy variable de individuo a individuo, puede construirse como cuadrantes de generalización, en los cuales encontramos que el polo de la satisfacción engloba mas a quienes tienen un cierto estatus social y organizacional, un mayor dominio tanto de los objetivos como de los procesos de trabajo; que a quienes están en el punto más bajo de las pirámides sociales y organizacionales, quienes tienen un horizonte de visibilidad muy corto y solo pueden percibir las tareas que ellos realizan y a lo sumo las de sus vecinos de tareas.
Es por ello que su involucramiento en la organización se va a ver más dificultado, solo el miedo en contextos de inestabilidad laboral y social como los que vivimos en la década del noventa en Argentina con más del 50% de la población económicamente activa con problemas de empleo[4] o que se está viviendo en la Unión Europea actualmente con, como expresamos mas arriba, más de 17.000.000 de desocupados, pude lograr, y ello es también materia de discusión, que los sectores explotados y oprimidos puedan sostener el mencionado involucramiento en la organización.
Volviendo a el texto que nos convoca, me quedo con dos partes fundamentales del mismo, la apertura teórica que brinda elementos para comprender la naturaleza del trabajo en el marco de una sociedad de explotación y privilegios, segmentada en clases y estratos sociales, y su parte final en la que se enuncian algunas hipótesis muy interesantes, de las cuales, creo, la más importante es el análisis de las diferencias entre la crítica de artista y la crítica social y la posibilidad de la conjunción de ambas en el drama del trabajo.
Pero por sobre todo, el rescate que el texto realiza de las potencialidades que como intelectuales tenemos, quienes participamos de los análisis de los procesos sociales que se verifican en el campo del trabajo.
Podemos aportar mayores conocimientos que permitan el procesamiento de la conciencia social de los trabajadores respecto a la situación en que realizan sus tareas, desarrollar tecnologías sociales y organizacionales que permitan mitigar el sufrimiento psíquico que produce el trabajo, ampliar en la conciencia de los sectores vulnerables el campo de reclamos por mayores derechos sociales y laborales,  desmitificar ciertas tecnologías blandas que solo pretenden reordenar el sufrimiento, ocultando sus efectos nocivos, denunciar las condiciones y medio ambiente de trabajo a la que son sometidos los trabajadores modernos y ampliar los espacios de ciudadanía e inclusión, remarcando como dijimos más arriba, la visualización de las masas de trabajadores jóvenes que cada vez les cuesta más incluirse, y que cuando lo hacen, muchas veces son sometidos a condiciones inhumanas de empleo y de los trabajadores mayores de cuarenta años que por razones de salud al perder su trabajo quedan permanentemente excluidos del mercado laboral.
Para cerrar, creo que el texto es más que eso, es una invitación al debate, a la polémica profunda que nos debemos quienes trabajamos en este campo, y a discutir nuestro compromiso social y humano. O participamos del simulacro o nos hacemos cargo de nuestro lugar de intelectuales y somos capaces de comprometernos con la crítica social a todo orden laboral injusto.
No se trata de tener una mirada escéptica dela realidad, de sentir que nada es posible, se trata  repensar nuestro aporte a la construcción social justa y solidaria, pero por sobre todo, tener presente que, a diferencia de los intelectuales de los setenta, que contaban con un paradigma que orientaba su reflexión (el socialismo) y un marco teórico (el pensamiento de Marx) hay tenemos que partir de la reconstrucción del pensamiento social crítico, y en ese recomienzo no tenemos un padre, porque la historia lo ha destituido del lugar sacralizado en el que lo habíamos puesto contra su voluntad, hoy somos todos hermanos en la búsqueda de una nuevo paradigma teórico y social
Hasta la próxima.



  



[1] Bonantini C., Simonetti G. et al (199) El mito de Saturno. Desocupación y vida cotidiana. UNR Editora. Rosario. Pagina 76.buenos
[2] Medá D. (1998) El empleo, un bien en vías de extinción. Paidos. Buenos Aires.
[3] Castoriadis C. (1999) Figuras de lo pensable. Antropogénesis en Esq2uilo y auto creación en Sófocles. EUDEBA. Buenos Aires
[4] La población con problemas de empleo engloba a desempleados, subempleados e inactivos.